Fuente CIDOB
1 de enero
de 1944, Hosh Bannaga, Shendi, estado del Río Nilo
Proveniente de una familia de trabajadores rurales de la tribu
musulmana jaalayín, recibió la educación secundaria en la capital,
Jartum, donde sus padres se habían instalado huyendo de la precaria
vida en Hosh Bannaga, una localidad situada a unos 100 km al nordeste.
Al tiempo que estudiaba, trabajó de ayudante en un taller de
automóviles para cooperar en los magros ingresos familiares.
Como otros muchos jóvenes pobres con deseos de promoción social, se
unió a la única institución que le ofrecía perspectivas, el Ejército.
Aceptado en la Academia del Aire, se graduó como piloto en las Fuerzas
Aerotransportadas y luego fue destinado a una brigada de Infantería.
En 1966 se graduó en la Academia para oficiales de Jartum.
En los años siguientes fue cimentando su hoja de servicios como
militar de carrera; se diplomó en la Academia de Estudios
Administrativos de Jartum, obtuvo sendas licenciaturas en Ciencias
Militares en la Escuela de Comandantes de Sudán y en otro centro de
Malasia, y posteriormente asistió a un curso superior en Pakistán.
Asimismo, entre 1975 y 1978, durante la dictadura de partido único del
general Jaafar an-Numeiry, sirvió como agregado militar en la embajada
sudanesa en los Emiratos Árabes Unidos. En este período, en 1973, tuvo
una breve experiencia de combate como segundo oficial al mando de la
brigada de paracaidistas enviada por el Gobierno sudanés al área del
Canal de Suez durante la guerra del Yom Kippur que enfrentó a Egipto e
Israel.
En 1988, derrocado ya Numeiry e instaurado un Gobierno civil presidido
por Sadiq al-Mahdi, Bashir recibió el mando de la 8ª Brigada de
Infantería, que participaba en los combates contra el Ejército Popular
de Liberación de Sudán (SPLA). Esta organización guerrillera surgió en
1983 como una rebelión de animistas y cristianos -creencias
mayoritarias en las provincias meridionales-, tanto civiles como
militares, contra la implantación por Numeiry de la sharía o
ley islámica, y la derogación de las leyes autonómicas.
Tenía Bashir el grado de teniente general y estaba seleccionado para
asistir a un cursillo en la Academia Militar G. A. Nasser de El Cairo
cuando el 30 de junio de 1989 dirigió un golpe de Estado incruento que
derrocó el gobierno democrático de Mahdi, que ese mismo día se
disponía a derogar la sharía para facilitar las negociaciones de paz
con los rebeldes.
La junta militar que se constituyó, el Consejo del Mando
Revolucionario para la Salvación Nacional, derogó la Constitución
interina de 1985, suspendió el Majlis Watani o Asamblea Nacional y
prohibió los partidos políticos. Además de presidir la junta, Bashir
asumió las jefaturas del Gobierno, el Ministerio de Defensa y las
Fuerzas Armadas.
La alianza establecida entre los militares de Bashir y los
fundamentalistas musulmanes del Frente Nacional Islámico (NIF)
liderado por Hassan al-Tourabi, quien se convirtió en el ideólogo y en
la eminencia gris del flamante régimen al cabo de un proceso de varios
años de infiltración de la intelligentsia islamista en las
Fuerzas Armadas, no sólo mantuvo la sharía, sino que la reforzó.
El fenómeno recordaba lo sucedido en Pakistán en 1977, cuando los
islamistas alcanzaron el poder por la vía del golpe de los militares y
sin apoyo popular; dicho de otra manera, el triunfo islamista en Sudán
siguió el patrón justamente opuesto al del Irán shií diez años atrás.
Precisamente, el hueco dejado por la muerte del ayatollah Jomeini días
antes del golpe de mano en Jartum pretendía ser ocupado por los
islamistas sudaneses, deseosos de prestigiarse como los primeros que
se habían adueñado del Estado en el campo sunní.
Bashir y sus compañeros de viaje se proponían destruir los partidos
tradicionales, el Umma de Sadiq al-Mahdi y el Unionista Democrático de
Ahmad Ali al-Mirghani -jefe del Estado antes del golpe como presidente
del Consejo de Soberanía-, a su vez las respectivas plataformas
políticas de las grandes cofradías sunníes Ansari y Khatamiyya, que
controlaban fuertemente los hábitos religiosos de la población; su
desarraigo facilitaría la implantación en este ámbito del NIF, que por
la vía de la legalidad parlamentaria había fracasado totalmente en
atraer adeptos a su visión rigorista y militante de la islamización
del Estado y la sociedad.
El celo político y religioso del tándem Bashir-Tourabi exacerbó la
guerra contra el SPLA de John Garang, pero los programas de
islamización forzosa y la persecución de los signos de occidentalismo
y laicismo toparon también con la oposición civil en el norte,
sumamente débil al principio por la desunión de la clase política en
la clandestinidad o en el exilio, a la que el régimen dio un
tratamiento policíaco en una ola represiva sin precedentes. Por otro
lado, los frustrados golpes de Estado de 1990 y 1991 revelaron que el
decidido rumbo islamizante y antioccidental encontraba resistencias en
sectores de las Fuerzas Armadas, con el consiguiente refuerzo de las
purgas y la "reeducación" forzosa en sus filas.
Un proceso de legitimación institucional del régimen, que siempre se
preocupó de hacer olvidar sus orígenes golpistas y de dudoso apoyo
popular con apelaciones revolucionarias e internacionalistas, comenzó
con la disolución del Consejo del Mando Revolucionario el 16 de
octubre de 1993 y la transferencia de todo el poder ejecutivo a Bashir,
en calidad ahora de presidente de la República, un formalismo que en
nada cuestionó la esencia militar y dictatorial del poder que
detentaba.
Entre el 6 y el 17 de marzo de 1996 se celebraron unas elecciones
generales para cubrir 275 de los 400 escaños del Majlis Watani a
partir de 900 candidatos del NIF o independientes favorables al
Gobierno, toda vez que los partidos políticos permanecía rigurosamente
prohibidos. Los 125 escaños restantes fueron cubiertos el mes de enero
anterior por un colegio denominado Congreso Nacional, nombrado por el
Gobierno e integrado por 4.000 electores.
En las elecciones presidenciales celebradas al mismo tiempo Bashir
venció con el 75,7% de los votos a otros cuarenta postulantes, la
mayoría completamente desconocidos por el electorado, en un remedo de
juego competitivo que apenas rehabilitó al gobierno de Bashir en el
exterior. Tanto el SPLA como la oposición civil consideraron este
intento de legitimación democrática una farsa y llamaron al boicot.
En el plano internacional, Bashir estableció una alianza triangular
con la Libia de
Muammar al-Gaddafi y el Irak de
Saddam Hussein, alineándose decididamente con éste último durante
la crisis desatada por la invasión de Kuwait en 1990. Irán (visitas
del presidente Ali Akbar Hashemi Rafsanjani a Jartum en diciembre de
1991 y septiembre de 1996) no tardó en ser incluido en este elenco de
interlocutores. Así, el Gobierno de Teherán le ofreció a Bashir su
solidaridad islámica y procedió a financiar gustosamente, sobre todo
en el capítulo de armamentos, a un régimen que presentaba, salvando
las distancias doctrinales entre el sunnismo y el shiísmo, afinidades
ideológicas.
