Biografías
Julio Verne
Cristian Tello

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Reportaje a Julio Verne - HG Wells Vida y Obra - Julio Verne ¿Inventor o visionario? - Palabras ocultas en los textos de Julio Verne

. En 1863, Julio Verne predice Internet
. Obras de Julio Verne

Viaje a Julio Verne - Biografía detallada de un francés visionario

Infancia y Juventud

Nantes, es una ciudad francesa de origen bretón, que a inicios del siglo XIX, era uno de los más importantes puertos de Francia; en sus muelles atracaban goletas y bergantines dedicados al tráfico de tejidos y especias con las colonias galas de América Central.

Pero el comercio también enseñaba allí su otra cara: el rigor de los libros mayores, la rutina disciplinada de las oficinas de embarque, la gravedad de las transacciones bancarias, en otras palabras, el orden. Los comerciantes coloniales de Nantes se enriquecieron a tal punto, que se convirtieron en dueños de veleros sobre el río Loira y de viviendas en las Antillas. Su opulencia era casi fabulosa, y las gentes del puerto les llamaban "plantadores de Santo Domingo", cuyas cuantiosas fortunas se habían cimentado básicamente sobre el trabajo, el sudor y la muerte de sus esclavos negros en las plantaciones de caña de azúcar.

En 1723, ochenta de estos comerciantes se dispusieron a adquirir un islote arenoso prácticamente deshabitado, enclavado en el río Loira cerca de su desembocadura al mar Atlántico, en pleno corazón de la ciudad. Su único habitante el molinero Grognart, protestó y así obtuvo un buen precio por su molino

Feydeau de Brou, intendente de Bretaña, ratificó el acta de cesión y bautizó la isla con su nombre. Después que, por medio de pilotes y de un piso de maderas exóticas, creyeron fijar para siempre este suelo aluvionario, los compradores levantaron, para su único uso, ochenta lujosas casas, repartidas en ocho bloques regulares, a lo largo de una calle central, la calle Kervegan. Estas moradas, a las cuales el desnivel de su subsuelo acuático ha hecho perder la vertical, se ornaron de balcones labrados, cariátides de estilo clásico y local, tapicerías y otras maravillas.

Los grandes hombres de negocios, vivían exclusivamente entre ellos en aquella especie de ciudad privada. En las noches de verano se les veía ir y venir en el jardín triangular de aquella Pequeña Holanda, conversando de sus negocios, de la blanca azúcar y de los bosques de ébano, bajo los balcones del voluptuoso marqués de la Villestreux, supremo potentado de la isla. Las guerras napoleónicas, el derrumbe de la Compañía de Indias, el tratado de París y las revueltas de los negros, arruinaron a aquellos primeros mercaderes, y sus casas, muebles y demás riquezas pasaron a manos de miembros de las profesiones liberales. Actualmente, esta isla, víctima del progreso, ha desaparecido, debido a las constantes crecidas del río Loira y a la naturaleza precaria de su suelo.

El abogado Pierre Verne, procedente de la ciudad de Provins había llegado a Nantes a mediados de 1825, luego de realizar sus estudios de leyes en París; acababa de comprar el bufete de abogado del maestro Paqueteau. Dos años después, el 19 de Febrero de 1827, contraería matrimonio con Sophie Henriette Allotte de la Fuye, descendiente de una familia de origen bretón y escocés, compuesta por marineros y gente de letras.

Los registros del Ayuntamiento de Nantes y los de la Parroquia de Santa Cruz mencionan que:

"Pierre Verne, hijo de Gabriel Verne, juez de Provins, y de la señora Masthie Prévost, se casó con Sophie, hija de Juan Agustín Allotte de la Fuye y de la señora Adelaida Guillochet de Laperriere, domiciliada, como sus padres, en la calle Olivier-de-Clisson, isla Feydeau".

Dados los escasos medios económicos del joven abogado, el nuevo matrimonio típicamente burgués, debió de instalarse en la casa de los padres de Sophie, en la isla Feydeau.
En esta isla urbana, nacería el 8 de Febrero de 1828, el primer hijo de esta unión, al cual le dieron el nombre de Jules, Julio, por recomendación de su abuelo paterno Gabriel, quien hizo un largo viaje desde Provins, donde era magistrado, hasta Nantes, para asistir al día del bautizo de su nieto. Aquel día, Pierre Verne anunció que su hijo sería también abogado y se haría cargo de su bufete cuando él muriese.

Pierre debido a su condición de hijo y nieto de abogados, era un buen representante del mundo burgués. De apariencia severa y autoritaria, veneraba la posición social basada en el poder económico, culto al dinero, seriedad, amor al orden, pragmatismo, dogmatismo religioso y respeto maníaco por la puntualidad, la exactitud y la disciplina; sin embargo no se le debe considerar como a un padre frío o distante. Sus familiares lo recuerdan como una persona afectuosa, de inteligencia curiosa, algo poeta, amante de la conversación y apasionado de la música. Julio mantendrá con él unas relaciones ambiguas, que siempre se moverán entre la rebeldía y el respeto.

Después del nacimiento de Julio, le seguirán el de Paul en 1829, Anna en 1836, Mathilde en 1839 y Marie en 1842, quedando así conformada la familia Verne, por los padres, dos hermanos y tres hermanas.

Sophie, la madre, era una mujer emparentada con una de esas antiguas y arruinadas familias de armadores y marinos. Ella aportaba a aquel hogar el calor, la fantasía y la sensibilidad artística. Su pariente, el pintor La Celle De Chateaubourg, amigo y retratista del escritor Chateaubriand, será quien cuente a los niños las primeras historias literarias. Otro familiar, el tío Prudent, un antiguo armador de buques, que Julio recordará con cariño, llenará con sus nostalgias y remembranzas marinas la mente de los infantes. Julio le dará años después su nombre a uno de los personajes de su novela Robur el Conquistador.

En 1830, una revolución derriba a Carlos X, el último monarca Borbón de Francia, que pretendía gobernar en forma absolutista, y pone en su lugar a Luis Felipe de Orleans, el "rey burgués". El bueno de Luis Felipe, sería al inicio un rey muy popular, por sus inclinaciones democráticas y su sencillez; de él dependerán los destinos de Francia, durante toda la niñez y juventud de los hermanos Verne.

El pequeño Julio y su hermano Paul, vivieron su infancia en la Nantes provinciana y marítima de la época, sus primeros recuerdos serían pues, los veleros y las gabarras que subían y bajaban por el río Loira y el hermoso puente que unía las dos riberas, delante mismo de su casa, en la ancha y sucia calle Kervegan.

El caserón de sus abuelos maternos era muy grande y viejo, en los desvanes se podían encontrar objetos raros y retratos de marineros barbudos, que a los hermanos Verne les llamaba mucho la atención. Pudieron compartir además la fascinación por la correspondencia de sus antepasados que encontraban dentro de los cofres ubicados en los desvanes del caserón; en aquellos legajos se hablaba de tierras y mares lejanos, relaciones de productos exóticos y de noticias de mundos misteriosos apenas explorados. No es difícil comprender entonces, que criados en este ambiente de comercio fluvial y rodeados de recuerdos marítimos por parte de su familia materna, los inseparables hermanos quisieran ser marineros, para embarcarse rumbo a tierras desconocidas y vivir en ellas las más emocionantes aventuras.

De los dos, sólo Paul podrá realizar el sueño de ser marinero, sueño vedado a Julio que, como hijo primogénito, estará obligado a seguir la carrera de Derecho, para hacerse cargo del bufete paterno.
Paul llegará a convertirse en el gran colaborador de Julio en sus novelas, por sus aportes en el conocimiento de las artes marinas.

Un antepasado de los Verne, Francois de Laparriere, fue un distinguido explorador de las regiones boreales y se le menciona con frecuencia en las tertulias familiares, sobre todo en aquellas a las que asiste el tío Alexandre Allotte, armador de barcos de Nantes, y cuya conversación gira naturalmente alrededor de los viajes y riesgos de las empresas navieras que patrocina. Ese mundo alucinante de viajes, aventuras y maravillas técnicas contrasta con la monótona vida del tranquilo hogar de los Verne.

En 1836, el pensionado de la señora Sambain, recibirá en sus aulas, a los pequeños Julio y Paul. La señora Sambain gustaba de contar a sus alumnos, la historia de su marido, un capitán de barco que había zarpado de Nantes, hacía ya treinta años y al que ella se empeñaba en imaginar en lugares remotos y peligrosas aventuras que le impedían su regreso. Muchos años después, ésta señora quedará encarnada en la señora Branican, una de las escasísimas heroínas de Verne, la cual partiría en viaje en busca de su marido. Estas aventuras imaginarias despertarán aún más en la mente de los niños su vocación marinera, a tal punto que su diversión favorita era la de contemplar en los muelles, la descarga y la estiba de mercancías, que iban y venían de las rutas marinas. De todos los barcos que observan, sienten especial admiración por uno de ellos llamado piróscafo, primer intento de navegación a vapor.

El abogado Verne se cuida mucho de poner al alcance de su hijo libros "peligrosos" que estimulen sus deseos de aventuras; pero el joven Julio encuentra un colaborador en la persona del señor Bodin, boticario y librero de la Plaza Pilori, quien lo guía en sus lecturas de viajes y pone en sus manos las obras del Barón de Humboldt, los relatos de los viajes de Marco Polo y de todos los viajeros famosos.

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En 1837, Julio tiene nueve años y Paul ocho, cuando son internados en el seminario Saint Donatien, donde habían de introducirlos en los secretos del latín y de las humanidades, de acuerdo con la voluntad de su padre, que quiere darles una educación sólida y clásica. Aquí estarán sometidos a reglas bastante rígidas que para ellos será una condena.

En cierta ocasión, mientras dormían, Julio despertó a Paul y le propuso fugar del seminario. Tenía su plan bien proyectado, atando trozos de sábanas, formó una larga cuerda, la colgó de la ventana y a pesar de la inicial oposición de su hermano, se dejó caer a lo largo del improvisado cable. El fugitivo fue descubierto sin que lo sepa por el vigilante, siendo capturado en pleno descenso, mientras que Paul no tuvo tiempo siquiera de bajar. Al día siguiente el rector del seminario, mandó llamar a Pierre Verne, para informarle acerca del intento de fuga de sus hijos; el abogado no podía creer lo que escuchaba, es así que al regresar castigó a los hermanos , propinándoles una severa paliza, que nunca olvidarían

Una vez terminado el curso, los hermanos regresaron al hogar, donde les esperaba una agradable sorpresa: su familia ya no vivía en el viejo caserón de la calle Kervegan, sino en una bella casa en Chantenay, ubicada en las afueras de Nantes, propiedad del tío Prudent.
En Chantenay conocerán y harán amistad con sus primas Carolina y Marie Tronson.
La belleza de su prima Carolina, un año mayor que Julio, despertará una pasión en el futuro escritor que lo habría de marcar para toda su vida, pues los contínuos desaires que sufre a consecuencia de su amor no correspondido, lo sumirán en profundas crisis de melancolía y tristeza.

En 1838, después de concluidos sus primeros estudios, Julio y Paul son ingresados en el colegio Saint Stanislas, donde continuarían con su educación rígida y clásica.

De 1839, es el primer retrato que se conoce de Julio Verne, pintado por su tío La Celle de Chateaubourg, que lo muestra con su hermano Paul, el cual tiene un aro en la mano, elegantemente vestidos, teniendo como fondo, un parque de Chantenay. Este pariente, solía regalar a Julio algunas novelas como Robinson Crusoe, El Robinson Suizo, La Familia Robinson, Ivanhoe, El último Mohicano, entre otras, que despertarían en el pequeño, la costumbre de la lectura, es así que una vez terminadas de leer estas historias de aventuras, comenzó a interesarse por los libros de viajes y de geografía, deleitándose en la contemplación de todo tipo de mapas.

Cabe destacar, que es en esta época, que muchos biógrafos le atribuyen al pequeño Julio, es decir a sus once años, la historia de una fuga de su casa, para embarcarse como grumete rumbo a las Indias, en un barco llamado La Coralie, con la intención de traerle un collar de coral a su prima Carolina de la que estaba enamorado y que es capturado por su padre antes de partir, el cual lo castiga duramente, haciéndole prometer que a partir de ese momento, sólo viajaría en su imaginación.

Recientes estudios han demostrado, que dicha historia nunca ocurrió, y que sólo fue una invención de su primera biógrafa, su sobrina Marguerite Allotte de la Fuye, con la finalidad de realzar la personalidad aventurera del escritor.

En 1841, a sus trece años ingresa en el seminario Petit, para comenzar sus estudios de bachillerato.
En 1844, los hermanos Verne, finalizan sus estudios en el Liceo Real de Nantes.

A estas alturas de su educación, Julio continúa introvertido, refugiado en la lectura de libros de viajes, y se apasiona con las aventuras de los exploradores contemporáneos, que desafían las todavía desconocidas regiones del interior de Africa y Australia. Crea su propia disciplina bibliográfica, toma notas de todo, se vuelve experto en cartografía, y mientras sigue en los mapas las rutas de viajes imaginarios, su mente analítica se anima ya a detallar lugares que nunca ha visto y que posiblemente no verá jamás.

Por otra parte, Julio siguió creciendo y cultivando la amistad de Carolina, que se va convirtiendo en una bonita muchacha. Por aquel tiempo cuando el futuro escritor tenía 16 años, dió comienzo a sus primeros ensayos literarios; hizo versos como casi todos los adolescentes enamorados, donde Carolina era la frecuente destinataria de sus poesías. Pero pronto la vena lírica de Julio se extinguió y se dedicó a escribir piezas teatrales cómicas, entremeses festivos, que leía sus amigos para divertirlos.

En 1845 a sus 17 años, aparecen las primeras manifestaciones literarias de Verne, pues comienza a frecuentar una tertulia existente en una vieja librería de Nantes, escribe una tregedia en verso, cuya representación propone infructuosamente en un teatro de marionetas. Pero lo más trágico de la tragedia no fue ni el tema ni el rechazo por el teatro de marionetas, sino la indiferencia con que la cruel Carolina escuchó la lectura por su rendido enamorado. Julio la asediaba con los únicos medios que disponía: con sus versos, pero resultaba ser un arma ineficaz, pues ella era insensible a los arrebatos líricos de su primo, mas bien era realista y calculdora, educada por su medio para un matrimonio ventajoso, sabía que los versos no le pueden dar una vida cómoda y placentera. El padre trató de quitarle de la cabeza esas inclinaciones literarias, pero el muchacho siguió en sus trece, con gran desesperación del buen abogado.

En esta época, es que el joven Julio obtiene por primera vez una gran satisfacción emanada de su fantasía. Asiste con sus compañeros de clase al café "La Abeja" y allí conoce a un presuntuoso vizconde, que ha pasado alguños años en la India. Julio con gran desparpajo, pretende haber viajado por aquel país, citando lugares, costumbres, personajes y describe todo tan vivamente que el vizconde tiene que reconocer el superior conocimiento del joven escolar. La broma divierte en grande a sus amigos, pero éste empieza a creer seriamente que su imaginación lo guía por el camino de las letras.

En 1846 a sus 18 años, Julio advierte de pronto, que Carolina es ahora una muchacha orgullosa, poco romántica y llena de ambiciones, la cual le manifiesta sus desdenes. A partir de entonces, se vuelve más estudioso y trabajador, obtiene en el Liceo mejores notas y acaba brillantemente los cursos.

En Diciembre de aquel año, las cosas fueron mal para nuestro querido escritor, la bella y desdeñosa Carolina, anunció súbitamente su compromiso para el siguiente año, con el vizconde Felipe de Monceau, un caballero ya maduro, pero de buena familia y muy rico. Julio experimentó una amarga desilución que imprimirá una huella duradera en su carácter, ya que no parece difícil creer que ésta humillación, fuera el orígen de su evidente misoginia y misogamia, presente en toda la obra del novelista. Son en efecto muy escasos los personajes femeninos en sus novelas y cuando aparecen, su relevancia es mínima. Tampoco es difícil interpretar que éste rechazo y fracaso sellaron en su conciencia, el ansia de llegar a poseer fortuna y a entender al dinero como un medio de alcanzar todo aquello que se quiere. Años más tarde, en su novela Familia sin nombre, llamará Carolina a un barco, al que le dá un final trágico, haciéndolo desaparecer en las cataratas del Niágara:

"El mugido de las cataratas se oía ya a menos de media milla. Era la muerte para ella y para él, lo mismo que para las demás víctimas que la Carolina arrastraba consigo...
Y en aquel momento, hacia el medio de la herradura que forma el río, allí en donde la corriente se hunde en una sima verdosa, la Carolina se inclinó y desapareció en el abismo.
"

En 1847 a sus 19 años, ya casada su prima Carolina, escribe dos tragedias en verso: Alejandro VI y La Conspiración, ambas inéditas. Pero su padre deseaba que comenzara sus estudios de Derecho, para que trabaje con él y sus pasantes. Por otro lado Pierre Verne, había notado el sufrimiento de su hijo por culpa de Carolina, es así que lo envía a distraerse en París, aprovechando la fecha de su primer examen de leyes.
Su estancia en la capital, alojado en la casa de una severa tía-abuela, fue muy breve, apenas el tiempo necesario para vislumbrar la gran ciudad, aprobar su examen y ahorrarse el espectáculo de la boda execrable de su prima, además, por aquellos días, el ambiente no es de los mejores, pues ya se oían las voces de una nueva revolución.

La etapa parisina

A inicios de 1848, Julio se prepara a realizar su viaje definitivo a París, para cursar sus estudios de Derecho, conforme lo ha dispuesto la voluntad de su padre. Cuando se disponía a partir, estalló la revolución, o mejor dicho, el movimiento revolucionario que se extendió por gran parte de Europa entre 1848 y 1849, trayendo consigo la aparición de una nueva fuerza social: el proletariado.

En la capital, la prensa denunciaba la corrupción del régimen de Luis Felipe, que se había ido alejando cada vez más, de los sentimientos y necesidades del pueblo, para convertirse en un gobernante autócrata. En vista de tantos abusos, el pueblo de París protestó, se agitó, y se lanzó al motín y a la revuelta. La desazón general era grande en la ciudad, y la confusión y el desorden imperaban por todas partes.
El joven Julio, un tanto decepcionado de la vida, bastante excéptico ya, a pesar de sus escasos veinte años, había comprobado en su primer viaje a París, que allí se encontraban la cuna de la literatura y del teatro, dos de sus grandes fascinaciones. Es entonces que decide, a pesar de los inconvenientes de la revolución, continuar viajando a la capital, a seguir rindiendo exámenes previos, hasta que el ambiente político se normalice. Era en realidad, la coartada perfecta, para huir de la Nantes que le atormentaba, pero sus padres, asustados por los acontecimientos, no lo dejaron partir.
Su viaje definitivo, se retrasó hasta el 10 de Noviembre de 1848, partiendo de Nantes en diligencia, con su amigo Bonamy, no sin antes jurar, que no tomaría parte de las barricadas políticas.

Su llegada a París, coincide con la presentación de la Constitución Republicana, redactada por Lamartine, el genio romántico de la época, en la Plaza de la Concordia

A su vez, Paul, empezaba su carrera de marino, embarcándose en un buque mercante, rumbo a las Antillas. Julio se siente triste y ve con envidia, el horizonte que se abre ante su querido hermano, mientras él, está obligado a hacer lo que no desea, aunque no desperdiciará la libertad que le ha concedido su padre, para aprovecharla en beneficio de sus propios intereses, aún cuando dicha libertad no sea de las mejores, pues seguirá alojado, en casa de la severa tía-abuela.
Ya en la capital, se dá con la sorpresa, que su tía-abuela ha huído, por causa de la revolución, por lo que se ve obligado a instalarse en una modesta habitación del Barrio Latino, en la rue l'Ancienne Comedie.
Julio escribe a su padre, acerca de su situación y éste toma la decisión, de enviarle lo estrictamente necesario para sus gastos, a fin de que no se pervirtiese, en una ciudad donde no lo podía controlar.

La revolución ha terminado, Luis Felipe no pudo sostener más su inestable trono, iniciándose la Segunda República, bajo el gobierno de Napoleón III.
Julio nunca se dejó arrastrar por el torbellino político, se mantuvo al margen de los acontecimientos, asumiendo el papel de un simple espectador, actitud que mantendrá durante toda su vida.
Pasado el momento de las barricadas, los adoquines vuelven a su sitio y el remozado París se convierte en el foco literario más importante de Europa. Una gran constelación de estrellas brilla en sus escaparates: Balzac, Stendhal, recientemente desaparecido, Dumas, Victor Hugo, George Sand, Flaubert, Lamartine, Gautier, Musset, Merimeé, entre otros.

En el Barrio Latino, trabó conocimiento con el pintoresco y bullanguero mundo de la estudiantina internacional que allí se reunía, frecuentando con asuidad, las tertulias y cenáculos literarios, donde empezó a dar pruebas de su talento. Sus estudios de Derecho, realizados por puro respeto a su padre y a la familia de éste, pero sin la menor vocación, fueron grises y escasamente provechosos. Pisaba la Facultad de Derecho de La Sorbona, contadas veces en la semana, dedicando mucho más su tiempo a leer y escribir teatro, que a estudiar su carrera, pues el joven estudiante de leyes, sueña con destacar entre las luces y talentos que abundan en la capital francesa.
El escaso presupuesto económico que le ha asigando su padre, lo obliga a estar seis días, tomando sólo pan y leche, para poder comprarse las obras completas de Shakespeare y Moliere, pues las consideraba indispensables para quien pretende ser un buen dramaturgo. Aunque las lee en ayunas, queda gratamente impresionado.
Su vestimenta se ve también afectada, tal es así que solía pedir en cartas a su madre, que le envíe camisas y calcetines. Posee un único terno para acudir a los actos artístico-sociales, pero lo tiene en propiedad compartida con su amigo Bonamy; ambos lo usaban rigurosamente por turno, hasta el punto de llegar a no saber a quién pertenecía realmente. Con Bonamy comenzaron a compartir también una buhardilla en el Boulevard Bonne Nouvelle, a la que habían ido a vivir, para ahorrar. Esos tiempos de estudiante, con todas las privaciones que supusieron, Julio las recordará con cariño, ya que fueron sus días de bohemia.

Hacia 1849 se conservaba en París, la costumbre de mantener veladas de conversación en los famosos Salones de Madame, organizadas por damas de la alta sociedad, quienes se disputaban el honor de tener entre sus invitados a los personajes célebres del momento. En dichas reuniones, las anfitrionas solían poner a disposición de los participantes, un gran buffet.

Para hacerse invitar, era necesario tener buenas relaciones, es así que gracias al apoyo de su tío Chateaubourg, quien lo recomienda a varias damas, es recibido en uno de los más famosos círculos, el Salón de la Señora Barrère.

Julio, como ya sabemos, no anda muy bien vestido y se preocupa de que no se le note el hambre en las meriendas, sin embargo comienza a establecer relaciones con personajes distinguidos, a los cuales cae en gracia, dado su ingenio y buen sentido del humor.

En una de estas veladas en casa de la señora Barrère, mientras bajaba por las escaleras, Julio se tropieza con un voluminoso señor que subía en forma agitada, el grueso señor agita su bastón furiosamente ante la cara del joven, pero éste en vez de excusarse ante el enojado caballero le pregunta:

-¿Ha cenado usted señor?

-Perfectamente joven, y nada menos que una tortilla de tocino a la nantesina y...

-Las tortillas de tocino a la nantesina de París no valen nada señor, ¿me oye?, hay que echarles azafrán, para que se entere...

-¿Así que sabe usted hacer tortillas, joven?

-¿Que si sé hacer tortillas, señor?, sobre todo me las sé comer. ¿No llevará usted ahí alguna?

-¡Que insolente es usted!, tenga mi tarjeta...es inútil que me dé la suya... vendrá usted este miércoles a mi casa...a hacer una tortilla...

Cuando retorna a su buhardilla y mira la tarjeta, se dá con la gran sorpresa, que se trata nada menos que de Alejandro Dumas padre, figura aclamada e indiscutida por entonces de las letras, autor de exitosas novelas como: "Los tres mosqueteros" y "El Conde de Montecristo". A partir de entonces, Julio mantendrá una gran amistad con Dumas, viendo en él, no sólo a un gran escritor que le puede ayudar en su carrera, sino también al padre que hubiese querido tener, en vez del severo abogado de Nantes.

Pudo ser testigo de las relaciones entre Dumas padre y su hijo, el cual era cuatro años mayor que él, ganándose el aprecio de ambos, gracias a la imaginación que por entonces ya empezaba a relucir.
Dumas no podía siquiera sospechar, que su protegido provinciano, lo llegaría a superar en popularidad y en tirajes, si lo hubiera sabido, es probable que no haya sido tan generoso, dada su reconocida vanidad.

Julio sigue frecuentando salones de conversación, ya no sólo el de la señora Barrère, sino también otros como el de la Señora Mariani, en busca de encontrar las amistades que necesita para conseguir un lugar, en ese mundo de las letras que tanto le apasiona

El 21 de Febrero de 1849, Dumas se hace cargo del Teatro Histórico, que había sido cerrado por la revolución del 48, iniciando su nueva etapa, con una adaptación de Los tres mosqueteros. La noche del estreno, Julio tuvo el honor de compartir el palco con el mismo Dumas, indudablemente su empeño lo estaba haciendo ir de prisa en el mundo de la literatura.
Junto a Dumas, parece despertarse en Verne su vocación, orientada en un principio por el teatro, pues su mismo protector le había recomendado en cierta ocasión:

"El género de más brillante porvenir es la pieza teatral dramática, como el vodevil o la opereta. Escoge uno de estos dos estilos y te aseguro que triunfarás."

Siguiendo su consejo, escribe ese año dos dramas históricos: Abdallah y Un drama bajo Luis XV, los cuales se han mantenido inéditos hasta hoy, puesto que no entusiasmaron a Dumas para ponerlos en escena. Sin embargo el 12 de Junio de 1850, el Teatro Histórico estrena: Las pajas rotas, la primera obra de teatro de Verne en ser representada por su protector. Aunque sólo se mantendrá doce días en escena, el joven autor se siente feliz, pues la crítica se mostró indulgente con su obra, lo que significaba que había empezado a forjarse su propio camino. Es verdad que su éxito fue muy modesto, pero lo poco que ganó, se lo gastó alegremente con sus amigos de la Sorbona: Legarle, Genevois, Hignard, entre otros. Hignard llegará a ser el compositor de la música de varias de sus obras de teatro.

Este estreno le sirvió también de pretexto, para culminar sus estudios de leyes que nunca le agradaron. Pierre Verne acabará por reducirle la pensión que le pagaba, como una forma de obligar a su hijo a que regrese a Nantes e incorporarse en el bufete paterno una vez terminada su carrera; pero Julio no está dispuesto a abandonar la libertad que había conquistado, comenzará entonces a pasar verdaderos apuros económicos, viéndose obligado a conseguir dinero dando clases de Derecho.

Continuando en pleitos con su padre y aún con el recuerdo de su prima Carolina, se junta con otros muchachos y forman la peña : Los once sin mujeres, era para aquellos que habían recibido una decepción amorosa. Uno de los miembros de esta peña, era Charles Maisonneuve, un rico nantés, paisano de Julio, que pagó la impresión de su obra de teatro Las pajas rotas, que en agradecimiento se la había dedicado a Dumas.

Y para coronar el éxito, el Teatro Graslin de Nantes estrena la obrita ante la burguesía de la ciudad, siendo representada así ante su familia, sus amistades y sus vecinos.
Para su padre era todo un dolor de cabeza, pero guardaba la esperanza de que a su hijo se le acabaran estos arranques literarios, pues ya le faltaba muy poco para que termine sus estudios y abandonase definitivamente los peligros de París.

Al graduarse como abogado se le presentó la encrucijada de su vida, el padre reclamaba que fuera a trabajar con él, pero su vocación lo llamaba hacia otro horizonte. Aquella situación la superó respondiendo negativamente a su padre, con una carta en la que entre otras razones, se leían las siguientes frases:

"No creas que me divierto en París, pero una fatalidad me clava aquí. Yo puedo ser un buen literato y no seré más que un mal abogado, por no ver en todo otra cosa que el lado cómico y la forma artística y por no sentirme apegado a la realidad de los negocios."

Pierre Verne desesperado le plantea a su hijo la posibilidad de que pueda realizar las actividades de literato y de abogado en forma simultánea, pero Julio le responde:

"La literatura ante todo, puesto que sólo en ella puedo triunfar. Mi espíritu está irrevocablemente fijado en este punto. ¿Para qué insistir a este respecto? Tú conoces bien mis ideas, querido padre, y sabes muy bien que, pronto o tarde, ejerza o no el Derecho durante unos años, si las dos carreras son proseguidas simultáneamente, una de ellas matará a la otra, y conmigo tu bufete no tendría muchas posibilidades de longevidad."

El padre aterrado por el destino de su hijo, le propone regresar a Nantes sólo por dos años para que sus ideas se aclaren. Pero nuevamente Julio le responde:

"Ausentarme de París durante dos años es perder todas mis relaciones, anular el resultado de mis gestiones, dejar al enemigo reparar sus brechas, reconstruir sus fortificaciones, colmar sus fosos. Es volver a ponerme, al cabo de dos años, en presencia de los obstáculos que ya he franqueado, con menos ardor para combatir, menos fuerza para avanzar, menos juventud para esperar."

Finalmente Pierre Verne abandona la esperanza de que su hijo vuelva al camino que él le había trazado, es así que humillado le retira definitivamente la pensión de estudiante que le ayudaba a sobrevivir en París. Julio busca entonces la intercesión de su madre, a la que escribe una carta en estos términos:

"El dinero es mi mayor preocupación en medio de mis preocupaciones de todas clases. Así pues, la pensión paterna es para mí como una gracia especial. Si la situación se prolongara, tomaría el caracter de un préstamo...".

Pero el padre no cede ante las peticiones del hijo, pues le plantea que: "la miseria es buena consejera "; no dando su brazo a torcer el hijo le responderá: "la miseria es la piedra de toque de las almas ricas."

A pesar de sus problemas escribirá dos piezas teatrales más: La Guimard y Las mil y dos noches con música de Hignard. Son obras no muy esperanzadoras, pero él seguirá adelante en este camino que ha emprendido lleno de entusiasmo y optimismo. Las penurias económicas siguen siendo su vía crucis, las lecciones de Derecho mal pagadas ya no le alcanzan para sacarlo de la miseria. Rechaza la oportunidad de trabajar como pasante de un abogado, ya que no estaba dispuesto a laborar un año y medio en forma gratuita como condición para tomar la vacante.

Para olvidar el hambre se convierte en un lector voraz. En los duros bancos de la Biblioteca Nacional, entra en contacto con la literatura de su tiempo, lee las ideas progresistas de Saint Simon y Fourier. Descubre la extraña obra de un escritor norteamericano, todavía no traducido al francés: Edgar Allan Poe, por quien siempre sentirá una profunda admiración.
Tiene la oportunidad de saciarse en la Biblioteca de lecturas científicas y geográficas, entre ellas: "Le Tour du Monde", dirigida por el sansimoniano Edouard Charton. Se interesará por el estudio de la geometría, física, química, mecánica, biología, geografía, navegación, balística, etc. Es así que concibe la idea de crear: "La novela de la ciencia", sería este un estilo nuevo en el cual podría destacar, pues sabe que en el campo de los románticos llenos de genios en su época no será nadie, necesitaba definitivamente el suyo propio. Cuando su padre le pregunta qué estilo piensa tomar como literato, le responde que trabajará en un campo novedoso que está por crear. Le escribe a Pierre en estos términos acerca de sus piezas teatrales:

"Estas obras no son apenas serias, en efecto. Tengo en mente muchas ideas en la cabeza, millares de proyectos que no soy todavía capaz de formular; si lo que imagino es bueno, lo verás algún día; pero me hace falta tiempo, paciencia y tenacidad."

Su proyecto de novelar la ciencia dándole un toque romántico se lo hace saber a Dumas el cual lo califica de "inmenso". Lo fundamental para Verne era conseguir una documentación extremadamente sólida, y ello exigía un lento y paciente esfuerzo, así como de una tranquilidad económica.

En 1851, independizado ya de su padre, consigue con mucho esfuerzo publicar dos relatos en una revista llamada: Musée des Familles o Museo de las Familias. El primero de ellos fue titulado: Los primeros navíos de la marina mejicana, un cuento histórico inspirado por el viaje al equinoccio americano, del naturalista y explorador alemán Alexander Von Humboldt ; este relato cuenta las peripecias de dos viejos barcos españoles que se pasaron a la causa de los insurrectos, durante la guerra de la independencia de México y Un viaje en globo, retitulada después como: Un drama en los aires, donde cuenta la historia de un aeronauta que, una vez en el aire, descubre en la barquilla de su globo a un loco ilustrado y maniático de los viajes aéreos. Esta es una de las pocas incursiones de Verne en la literatura de terror.

Estos trabajos son ya los anuncios de una obra que empieza a germinar dentro de una imaginación que va descubriendo de a pocos su talento. Escribe dos piezas teatrales más: Quiridine y Los sabios, las cuales no fueron representadas.

Mientras tanto, los acontecimientos políticos se precipitan, pues en Enero de 1852, Napoleón III proclama el Imperio y desencadena un proceso reaccionario, que manda al exilio y a la cárcel a gran número de intelectuales y escritores simpatizantes de la República, entre ellos su futuro editor Hetzel. Pero Verne se adapta perfectamente a esta situación, ya que a sus 24 años, logra gracias a la acogida de sus relatos, entrar en la plantilla de redactores de la revista: Musée des Familles, donde se le encomendó una nueva sección: la científica... ¡Por fin!.

Ahora más que nunca deberá adquirir conocimientos científicos, acudiendo entonces a su primo lejano Henri Garcet, hijo de su tía Antonieta Verne, a quien había conocido en París; éste matemático, maestro de la Sorbona, lo introduce en el maravilloso mundo de la ciencia. Es así que Verne gracias a su ayuda puede entrar en los gabinetes de química y física experimental, visitar el observatorio astronómico y el jardín botánico. Asiste a conferencias y pregunta incansablemente, toma notas, las compara y las discute una y otra vez.

Se hace miembro del Club de la Prensa Científica, donde entabla amistad con exploradores, viajeros, navegantes, periodistas, científicos, etc. El más destacado de estas amistades es sin duda alguna, la del explorador Jacques Arago, hermano de un célebre astrónomo de su época, a quien lo conoció casi ciego. No había duda, la novela de la ciencia sería su destino, está seguro de ser el pionero de este género, aunque la tarea sea lenta y laboriosa.

Por lo pronto sigue publicando en el Musée des Familles, obras con escaso interés literario como: Castillos de arena de California, escrita en colaboración con Pitre-Chevalier, director de la mencionada revista; es una sátira sobre la fiebre del oro tan popular en aquel momento y en la que se puede apreciar la influencia de su amigo Jacques Arago del Club de la Prensa Científica, a quien le fascinaba contarle sus aventuras como guía de muchas bandas de buscadores de oro en Colorado.
Escribe también una comedia en verso sobre los amores de Leonardo da Vinci y la Mona Lisa. Esta obra nunca fue estrenada pero nos da una prueba de las afinidades espirituales y psicológicas entre Leonardo y Verne.
Este mismo año de 1852 publica en el Musée des Familles, su primera obra narrativa:
Martín Paz ; es una corta novela romántica basada en el Perú colonial, inspirada en la exposición de pinturas del artista peruano Ignacio Merino. En esta historia, por primera vez, aparece el antisemitismo de Verne, representado en el personaje del judío Samuel. Escribe así mismo, en colaboración con Charles Wallut, un drama en cinco actos: La torre de Montlhery.

Como en estos trabajos no conseguía el dinero suficiente, aceptó la proposición de su amigo Edouard Seveste, para trabajar como secretario del nuevo Teatro Lírico, del cual era director y que lo dedicaba en ese entonces a la ópera cómica, ya que anteriormente había sido el Teatro Histórico, hecho bancarrota por Dumas. Verne aprovechará esta oportunidad para escribir piezas teatrales en colaboración con Michel Carré y el músico Hignard, que para ese entonces vivía en un apartamento contíguo al de Julio, amueblado con una silla y una mesa igual que la de él, pero con la gran diferencia de tener un piano. Su amistad con Hignard quien además era compositor seguía creciendo pues compartían sus días bohemios gratamente.

En 1853, Hignard y Verne comenzaron a trabajar en un ópera cómica: Le Colin Maillard, que traducido significa La gallina ciega. Michel Carré participó del libreto de la obra, que será estrenada el 21 de abril de ese año. Cuando su padre se entera del contenido de la misma, se disgusta muchísimo, su solo título le parece procaz, pues el juego de la gallina ciega tenía una carga de pecaminosidad para la mentalidad puritana del buen Pierre. Sin embargo la crítica le dá una acogida favorable al estreno de "La gallina ciega" y aunque la obra no pasó de cuarenta representaciones, su relativo éxito se debió sobre todo a la música.
Pero sus trabajos literarios y su ínfimo sueldo de secretario de teatro, no le alcanzan para vivir decentemente, su situación económica se refleja en su vestimenta, esto se puede recoger de una humorística carta a su madre en la que se pueden leer las siguientes líneas:

"Mis calcetines de lana están muertos y enterrados con todos los honores. Los que me ponga el próximo invierno están aún paciendo en las verdes praderas de Berry. Los que llevo de algodón se parecen a una tela de araña en la que hubiera permanecido varias horas un hipopótamo. Nunca el agujero ha dado tantas pruebas de fecundidad. La realidad rodea aún mis pantorrillas, pero mis pies van pisando la nada..."

A pesar de hallarse en esta situación, es capaz de comprarse un piano de tercera mano, pagándolo a plazos. Verne considera que es más importante para un autor de operetas un piano que calcetines, pues para él las necesidades del espíritu son más importantes que las de la carne. Es en realidad un principio que ya practicaba desde su años de estudiante y que mantendrá durante su vida.

En ese mismo año, Julio regresa a vacacionar a Nantes por dos meses en la residencia familiar de Chantenay, es entonces que su familia le propone el casamiento con una rica heredera de su ciudad natal, de nombre Laurence Janmar pero Verne se resiste, pues como miembro de la peña Los once sin mujeres había manifestado ante sus amigos bohemios que:

Antes morir de hambre que perecer de aburguesamiento!."

En 1854 estando de regreso en París, muere Edouard Seveste a consecuencia de la epidemia de cólera que los combatientes de la guerra de Crimea han llevado a París. La muerte del director del Teatro Lírico va a librarle del cargo de secretario que a él le parecía una total pérdida de tiempo, pues siempre anheló tener libertad para poder estudiar y escribir. Verne se resiste incluso a la tentadora oferta que se le hace para que se haga cargo de la administración de la escena del teatro, es decir un empleo superior y mejor pagado, pero lo rechaza definitivamente para dedicarse por completo a la realización de su obra, dejando en su puesto a su amigo Philippe Gille.

Una vez libre de este trabajo, sigue sus intensos estudios en la Biblioteca Nacional, sigue visitando también a su primo matemático Henri Garcet, del cual estudia con esmero una de sus obras: "Elementos de mecánica" y no deja de frecuentar el Círculo de la Prensa Científica con la finalidad de seguir ampliando sus conocimientos. Tanto estudio y trabajo le producen fuertes dolores y acaban produciéndole una parálisis facial que le deforma levemente el rostro; estas parálisis se repetirán a lo largo de su vida cuando intensifique su trabajo. Al resentimiento de su salud se añade ahora la muerte de dos amigos, haciéndolo introducirse en el estudio de temas metafísicos desconocidos para él hasta entonces, con la finalidad de tranquilizar su espíritu. Estos estudios se reflejan en la novela corta que publica en ese año de 1854 en el Musée des Familles:
El Maestro Zacarías; en ella se narra la historia de un relojero que cree haber descubierto el secreto del universo con sus instrumentos reguladores del tiempo, y que desafía a Dios.
La inspiración de este argumento, la encontramos en un hecho real ocurrido a Verne, pues se cuenta que, recién llegado a París, se lanzó a la calle y, deslumbrado por el esplendor de la capital, chocó con un transeunte de aspecto inocente que lo despojó con habilidad de su reloj; al percatarse del hecho el futuro escritor acudió inmediatamente a la gendarmería más cercana para denunciar al ladrón. El policía, con una curiosidad de buena ley, le preguntó de qué tipo era el mecanismo del reloj. El joven no supo qué responder, pero la pregunta lo intrigó tanto, que más adelante estudió por su cuenta el funcionamiento de los relojes, instrumentos dotados de "una especie de corazón que late incesamente en el interior de sus cuerpecillos." Esta anécdota ilustra la atracción absorbente que Verne comenzará a sentir por la ciencia desde ese momento.

La situación anímica del escritor empeora, cuando por aquellos días circula clandestinamente en Nantes una poesía pornográfica titulada: "Lamentaciones de un pelo de culo de mujer" , la cual se le fue atribuída a Julio, creándole innecesariamente más problemas familiares.
Es entonces que va en busca de reposo a las costas de Dunquerque a pasar unos días con el dinero que ganó con la publicación de su último relato. Allí puede apreciar la hermosura del mar del Norte, comprendiendo que su pasión por ese mar que dejó en su infancia, aún le quema con el mismo ardor de sus primeros años.

En 1855, gracias a su experiencia vivida en Dunquerque y habiendo retornado a París, publica: Una invernada entre los hielos en el Musée des Familles. Esta novela corta no es muy buena, pero en ella se puede apreciar ya los rasgos de un trabajo que va tomando forma y que está cercano a llevarlo a la cumbre literaria.
Estrena en el Teatro Lírico la ópera cómica en un acto, escrita en colaboración con Michel Carré: Los compañeros de la Marjolaine. Escribe dos piezas teatrales más: A orillas del Adur y Guerra a los tiranos.

Pero sus obras si bien van mejorando, siguen sin proporcionarle el suficiente dinero para mantenerse adecuadamente; es entonces que su padre vuelve a la carga, con la esperanza aún de recuperar al hijo perdido, proponiéndole una nueva solución matrimonial con una rica heredera de Mortagne. Verne parece aceptar casarse por dinero, pues le había escrito a su madre: "Cásame mamá, tomaré la mujer que quieras, con los ojos cerrados y la bolsa abierta." Pero una vez más, Julio reacciona y tras conocer a la novia renuncia nuevamente a la proposición de su padre, mediante una carta, refiriéndose en estos términos:

"Mi mujer no está ni bien ni mal, no es ni estúpida ni inteligente, ni divertida ni desagradable. Me da un hijo o una hija cada nueve meses, lo que me hace tan feliz como el final de un cuento de hadas. ¿No está ahí mi porvenir, puesto que la felicidad de la existencia consiste en tener el cerebro atrofiado y en vivir la existencia de los patos en una charca?."

Sin embargo, el bohemio miembro de la peña Los once sin mujeres, poco a poco se cansa de su soledad y ansía fundar un hogar, así es que abandona esta agrupación.

En 1856, Legarle, uno de sus amigos de estudio de la Sorbona, le invitó a ser testigo de su boda, la cual se realizaría en la ciudad de Amiens, es entonces que el 20 de marzo de ese año viaja a dicha ciudad, sin sospechar que este breve viaje lo marcaría para toda su vida. Allí conoció a la hermana de la novia, una mujer a cuyos encantos sucumbió, a pesar de su recalcitrante escepticismo. Aquella muchacha era una viuda muy bella, de la misma edad que Julio, se llamaba: Honorine Morel de Viane, tenía dos hijas de su primer compromiso y su padre era un viejo militar jubilado, el cual retiene a Julio durante ocho días, con la intención de asegurar el futuro de su hija y de sus dos nietas: Suzanne y Valentine.

Hasta ese momento, Verne lleva una vida muy dura, llena de privaciones, detrás de un objetivo que vé aún incierto, pero esto no fue obstáculo para que la pidiese en matrimonio, con gran escándalo de su familia en Nantes, ya que ve en Honorine, a la compañera que lo puede apoyar y alentar, en el titánico proyecto que se ha propuesto.
Con la emoción que lo embarga en esos momentos, le escribe a su madre desde Amiens: "...tengo más que nunca decididas ideas sobre el matrimonio. Quiero casarme, hay que casarme; no es posible que la mujer que debe desposarme no haya nacido todavía."

Por otra parte, Julio cree haber encontrado la solución a sus problemas económicos, pues el hermano de Honorine es agente de Bolsa y gana mucho dinero; es así que concibe la idea de dedicarse a la profesión de su cuñado. Para acceder a esta nueva profesión, se asoció con un agente ya establecido en París de nombre Eggly, que se hallaba en busca de un socio capitalista. Para establecer la sociedad necesitaba 50.000 francos, ¿dónde conseguir tan elevada cifra?. Verne piensa en buena lógica que, habiendo conseguido anteriormente vencer la resistencia de su padre, esta vez también lo conseguirá y comienza la lucha. Julio le explica a Pierre con todo detalle lo que desea, le envía informes, le pone al corriente de que no desea dejar la literatura, pero que necesita fervientemente una situación desahogada y una esposa, para poder aspirar a la misma felicidad que él tiene. En una de estas cartas le dice :

"Yo no puedo continuar viviendo del milagro. Correr tras la moneda de cinco perras puede ser divertido a los veinte años. A los treinta, uno pierde en ello su dignidad. Queda por saber si, eventualmente, tú querrías prestarme la suma necesaria a la compra de una parte de agencia de cambio."

Esta proposición aterra a Pierre, produciéndose un nuevo conflicto entre ellos, ya que el severo abogado no puede concibir que su hijo, además de pretender casarse con una viuda con dos hijas, ahora quiera ser financiero y especulador. Pero nuevamente la madre hace entrar en razón al padre y lo convence a arriesgarse en favor de su hijo, concediéndole el préstamo requerido, a pesar de haber vendido hace un año antes su bufete, al resignarse a no tener a su primogénito a cargo del mismo. Incluso consiente en financiar también su boda. Pero otra vez el hijo incorregible le da un nuevo disgusto a sus padres, pues ahora se empeña en no celebrar la boda convencionalmente, sino realizarla en forma secreta, sin más acompañamiento que el necesario, es decir el de algunos familiares y el de sus testigos: Hignard y Garcet.

Durante este año, mientras hace los preparativos para casarse y convertirse en agente de Bolsa, no descuida su trabajo de escritor de obras de teatro, pues estrena: Los felices del día. Paralelamente sigue enriqueciéndose en conocimientos y se esfuerza por ir mejorando cada vez más su "lenguaje científico", que lo ayudará a ser un escritor con estilo propio.

Finalmente, después de ocho meses de noviazgo, el 10 de Enero de 1857, Julio y Honorine se casan en París en la iglesia de Saint-Eugene, ante la presencia de una docena de invitados. Esta forma de contraer matrimonio, irrita profundamente a su padre que la considera fuera de todo protocolo burgués, al mismo tiempo que critica duramente la extravagante indumentaria con que su hijo contrae matrimonio: un traje completamente blanco y unos guantes negros.

Julio se casa, más por llevar la contra a su familia que por auténtico amor, ya que con el pasar del tiempo, sentirá por su mujer sólo indiferencia.
Conseguida su tranquilidad económica, Verne se lanza como una tromba a la consecución de su meta que ya ve cercana. Se levanta a las seis de la mañana, escribe hasta las diez, guarda sus cartillas y se encamina a la Bolsa y las tardes las dedica a estudiar y aumentar su fichero técnico en la Biblioteca Nacional. En estos días, como medio de distracción, escribe numerosas canciones con música de Hignard.

De momento basta señalar que, en contra de los temores de su padre, Julio se desenvuelve bien en la Bolsa, no hace grandes ganancias pero tampoco se arruina. Su nueva ocupación no le absorbe ciertamente y como se ha autodisciplinado y tiene gran capacidad de trabajo, puede dedicar muchas horas a su proyecto literario, aunque sea robándosela al descanso, concepto que le es prácticamente desconocido. Pero es que además, su nueva profesión no está distanciada en absoluto con sus aficiones literarias. En la Bolsa de París hay un buen número de agentes que son escritores o periodistas, entre ellos: Charles Wallut, actual director del Musée des Familles, la revista que publica sus relatos. Con sus amigos, solían formar tertulias en los pasillos del templo del Capital; Julio animaba estas reuniones, en compañía de: Philippe Gille, Charles Wallut, Cardaillac, Duquesnel, entre otros.

Durante 1858 manteniendo su ritmo de vida, escribe el cuento: El destino de Juan Morenas.

En 1859 a sus 31 años, Alfred, hermano de Hignard, les proporciona a Julio y a su hermano músico, dos billetes gratuitos para que viajen ida y vuelta a Escocia, ya que era agente en Saint-Nazare de una compañía de navegación.

El gran sueño de su infancia, ese gran viaje por mar, va a realizarse al fin. Emocionado, Verne envía a su esposa a Amiens para viajar en compañía de Hignard. Visitan Edimburgo, y sobre todo el gran centro industrial de Glasgow, en cuyos astilleros contempla maravillado al gran trasatlántico Great Eastern, el pionero de los modernos trasatlánticos al que será reservado el honor de tender el primer cable transoceánico. Su inmensidad lo deja perplejo a tal punto, que promete navegar en él, cuando tenga el dinero suficiente para costearse un pasaje a bordo.
Inspirado en los recuerdos de este viaje, escribirá el relato: Viaje con rodeos a Inglaterra y Escocia.

Durante una partida de caza, en este año de 1859, Verne estuvo a punto de matarse, al disparársele accidentalmente la escopeta; y horas más tarde tomaría por blanco una extraña pieza que resultó ser el gorro de un gendarme. Esta aventura, produce en él una aversión por la caza que mantendrá durante toda su vida. Para Verne los cazadores incurren en dos fechorías: cazar y relatar sus proezas cinegéticas. Él se limitará a la segunda, pues estas experiencias aparecerán años más tarde relatadas en su historia corta:
Diez horas de caza.

En 1860 estrena las operetas: El Señor Chimpancé y El albergue de las Ardenas, ambas con música de Hignard.
Acomodado en el trabajo y en el hogar, Verne ve pasar el tiempo como una rutina: estudio de temas científicos para su proyecto, estreno de operetas y publicación de relatos de poco interés, que a veces le desespera, como refleja en una carta a su padre:

"Hay veces que me desanimo...Estoy seguro de que con el tiempo alcanzaré mi fin, pero me asusta verme a los treinta y dos años donde estoy, cuando pensaba haber adquirido a los treinta y cinco, una situación estable en la literatura."

Este año conoce a un hombre extraordinario en el Club de la Prensa Científica, a un típico hijo de su época: Gaspard Félix Tournachon, escritor, pintor, periodista, caricaturista y gran fotógrafo, que bajo el pseudónimo de Nadar, gozaba de gran celebridad; pero lo que más lo hizo destacar, era su entusiasmo por la navegación aérea.
Cuando Verne lo conoce, éste se halla entusiasmado por un proyecto: la construcción de un enorme globo dotado de hélice para poder dirigirlo, llamado Le Geant o El Gigante, que atrae en esos momentos la atención de toda Francia, pues Nadar realiza una infatigable campaña de propaganda del proyecto, que es financiado mediante suscripciones y colectas públicas.
Su entusiasmo, despierta el interés de Verne por esa nueva técnica: la aeronáutica, y pronto la inteligencia y capacidad de asimilación del escritor le permitirán dominar sus principios. Verne tiene incluso su propia teoría, contraria a la de Nadar, pues mientras que éste cree en la posibilidad de construir globos dirigibles, aquél piensa que son inviables. La realidad le dará la razón a Nadar, puesto que treinta y ocho años después, el conde Zeppelin, construirá dirigibles perfectamente manejables.

En 1861 estrena la mejor de sus comedias: Once días de asedio, escrita en colaboración con Charles Wallut y representada en el Teatro de Vaudeville.
Ese mismo año, el hermano de Hignard, les proporciona nuevamente pasajes gratuitos a los dos amigos; esta vez el viaje es a Escandinavia, visitando Dinamarca y Noruega. Este nuevo viaje ilusiona de tal forma a Verne, que no duda en marcharse dejando sola a su mujer, la cual se hallaba esperando el primer hijo de su matrimonio. El retorno será antes de lo previsto, ya que por un sentido de responsabilidad, se ve obligado a abandonar su periplo escandinavo, a mitad de viaje en Dinamarca, cuando le avisan que el parto viene adelantado. En este episodio se puede apreciar la falta de interés de Julio por Honorine, aquel enamoramiento, ha resultado ser una ilusión, pues Verne no ama a su mujer. Llega a tiempo para asistir al nacimiento de su primogénito, exactamente el 3 de Agosto; es así que viene al mundo el que será el único hijo de Julio Verne: Michel.
Escribe inspirado en su interrumpido viaje: Miserias felices de tres viajeros en Escandinavia. Sus manuscritos fueron descubiertos recientemente. Aquí Verne está decidido a hablar de sí mismo, describiendo sus estados de ánimo.

Pero mucho más importante para Verne que la paternidad, que de hecho le molesta, pues los llantos del niño no le dejan trabajar, es la novela que, por esos tiempos, concibe y empieza a escribir, novela que será su primera obra auténtica, la que le abrirá las puertas de la fama, la riqueza y la gloria, está a unos pasos de convertirse en el novelista de la ciencia, ya que ahora posee los elementos que le permiten conjugar sus inquietudes literarias y científicas con su pasión por los viajes. Pero no son viajes comunes los que saldrán de su pluma, sino que serán extraordinarios como los llamará más adelante, serán las sagas románticas de hazañas maravillosas pero no imposibles, porque Julio Verne es ante todo un hijo del racionalismo del Siglo de las Luces.

En 1862, su amigo Nadar en el Club de la Prensa Científica y precursor de los dirigibles, intentará una aventura en globo: la travesía del Canal de la Mancha, que atrae la atención del público mundial. Con Nadar fundará este año la Sociedad para la investigación aérea ; con él aprenderá las técnicas y recientes experimentos, se zambullirá en problemas aeronáuticos, obteniendo datos importantes de diversos personajes allegados con los cuales discute constantemente; aprende por ejemplo de una comunicación a la Academia de Ciencias de París por el capitán Meusnier, que un globo puede ser impulsado a través del Africa, gracias a la fuerza motriz que proporcionan los vientos alisios.

Otro tema de gran popularidad en ese entonces, fue el de la expedición de dos exploradores ingleses, John Hanning Speke y el capitán Richard Francis Burton. Speke es un hombre joven, aventurero, periodista, cuyo mayor sueño es viajar a África, para explorar tierras nunca pisadas por el hombre blanco. Burton es uno de los más dinámicos y polifacéticos exploradores de Inglaterra, un hombre culto, capaz de hablar cuarenta idiomas, poeta y antropólogo. En 1854 los dos exploradores consiguen los medios para embarcarse en una aventura única, descubrir el nacimiento del río más grande de Africa, el Nilo.

Luego de una década de haber concebido la novela de la ciencia, se decide por escribir una novela basada en estos dos temas tan en boga en su época. Lo tiene decidido, el argumento estará basado en un viaje en globo a través del Africa. Verne intuye o sabe que está haciendo algo importante, que no está escribiendo un cuento más de los que publica en el Musée des Familles y se entrega al trabajo con esa dedicación casi brutal de que es capaz, sin tener en cuenta las necesidades del cuerpo.
Honorine se quejaba de que "estuviera siempre metido en su globo." Esta incomprensión de su mujer y su rutina en la Bolsa le irritan, se queja de su mala suerte: "Si escribo una comedia para un director, el director cesa; si pienso un título que me gusta, lo encuentro tres días después en cartel; si hago un artículo, aparece uno sobre el mismo tema."

Una vez finalizado su relato, se lanza a la ingrata tarea de buscar editor. De este modo recorre todas las casas editoriales de París, viéndose rechazado por más de una docena. En aquel momento aconteció un hecho en apariencia intrascendente. En Octubre de ese año, Pierre Jules Hetzel ha regresado de su destierro político, Verne se entera de ello y por probar una vez más, le lleva en seguida su manuscrito. Hetzel es la última posibilidad...

Sin embargo, Verne va a ver a Hetzel con pocas esperanzas, pues éste tiene fama de rechazar a los autores jóvenes, pero no le quedan ya más editores que visitar. Hetzel lo recibe escépticamente al ver a un autor joven, con suntuosa displicencia, vestido con un camisón celeste, un gorro de algodón y rodeado de tapices, cristales raros y cueros repujados, pues el editor es un excéntrico que se pasa casi todo el día en cama y se levanta al anochecer. Sin embargo echa una ojeada al manuscrito, lo encuentra interesante a primera vista y lo cita para quince días después, para darle su opinión. Al pasar las dos semanas previstas, Julio retorna lleno de esperanza. Cuando sentado frente al editor, tiembla de miedo al oir su veredicto:

"Joven, no está mal, pero hágame de esto una verdadera novela, dele unidad a estos episodios, acción concreta, dramatismo y tráigame lo que resulte y le firmaré un contrato. ¿Sabe, usted, joven, que tiene talento?."

En aquel instante debió de sentir Verne cómo se abrían todos los más espaciosos caminos para su porvenir. Debió de sentir cómo se despertaba su secreto instinto, hasta entonces bien oculto y soterrado de crear e inventar. Acaso se vió entonces por primera vez en posesión de su personalidad auténtica. Entre tantos editores y expertos literarios que advirtieron su sed de gloria, ninguno había sabido encontrar, la hasta entonces misteriosa vena de su genio. Solamente Hetzel entrevió esa posibilidad, siquiera remotamente.

Después de la entrevista, Julio corre excitadísimo a ver a sus amigos de la Bolsa y les dice:

"Muchachos, los voy a dejar. He tenido la idea de que todo hombre debe tener una oportunidad en la vida y que yo he tenido una sola en mi vida. Acabo de escribir una novela de nueva forma, bien mía. Si tiene éxito será el filón de una mina de oro y entonces seguiré escribiendo, escribiendo sin tregua, en tanto que ustedes seguirán comprando valores en vísperas de la baja y vendiéndolos en vísperas del alza. Abandono la Bolsa, buenas noches, muchachos."

Así que llega a su casa loco de alegría, se encierra en su despacho, "¡Qué papelería!", exclama Honorine, cuando atraviesa de puntillas el cuarto, sin saber que Julio ni ve ni oye nada de lo que le rodea. En 20 días escasos está nuevamente sentado frente al editor, con el relato modificado. Hetzel debió sorprenderse al encontrar sobre su mesa el manuscrito de: Cinco semanas en globo. Lo miró primero distraídamente, quedándose maravillado de la erudición enciclopédica del joven, luego siguió revisando los escritos con curiosidad y finalmente con encendido entusiasmo, dijo: "¡Era esto, era esto exactamente lo que buscaba !."

Verne aprovecha la oportunidad para hacerle conocer a Hetzel su proyecto denominado: "Un paseo por el cosmos de un hombre del siglo XIX", concebido dentro de una imaginación ya madura y apoyada en cientos y cientos de horas de estudio. Estas condiciones hacen ver al editor que se encuentra frente a un verdadero talento literario, no vaciló ni un momento, le adquiere la novela, publicándola finalmente el 31 de Enero de 1863.

La obra asombra al mundo con un éxito de ventas sin precedentes, se convirtió en un auténtico best-seller de su época, al triplicarse el tiro de la revista en que se publicó, pues en ella Verne da con lo que el público estaba esperando. Esa novela de la ciencia que ha preparado durante diez años es algo que inconscientemente, estaba echando de menos la sociedad del siglo XIX, esa sociedad que ve con normalidad el descubrimiento científico más sensacional, el prodigio técnico más revolucionario, la explotación más arriesgada, en una palabra, la conquista de la tierra y la transformación de la naturaleza por la inteligencia y la fuerza del hombre. Por eso el lector acepta el nuevo género y el nuevo estilo que aporta Julio Verne a la literatura.

A continuación, el astuto Hetzel se dispuso a negociar, llamó a Verne y le hizo firmar un contrato en el cual, cláusula a cláusula, salían ganando ambos. Por aquel documento, Verne se comprometía a escribir y entregar a Hetzel dos novelas anuales, durante el período de 20 años, por la cual le pagará 1.925 francos por cada una de ellas, una pequeña fortuna por ese entonces. Su encuentro con Hetzel fue decisivo, pues éste se convirtió no sólo en su editor, sino también en su mentor literario y en su consejero.

El contrato a que Hetzel somete a Verne a partir de sus 35 años, hace de éste un escritor profesional y prácticamente asalariado, pero además condiciona decisivamente su obra en proyecto, al enmarcarla en los límites de la literatura infantil y juvenil.
Dotado de una férrea voluntad y de una capacidad de trabajo prodigiosa, Verne no sólo cumplirá hasta el último día de su vida las obligaciones a que le sometía dicho contrato, sino que incluso fue siempre delante del mismo, con varias obras en reserva. La literatura será para él su vocación, su devoción y su vicio, "privarme de escribir sería la peor de las continencias", dijo.

Este año se da tiempo de publicar el ensayo: A propósito del gigante y el cuento: El Humbug.
Escribió además:
París en el siglo XX, dicha novela fue rechazada siempre por Hetzel, al considerar que estaba dirigida al público adulto, por ser un libro serio, incluso trágico, que no correspondía al proyecto literario que el editor había formado para su joven autor. Sus manuscritos fueron descubiertos recientemente en 1990, por su tataranieto Jean, quien lo encontró en una caja fuerte, perteneciente al hijo del autor: Michel. Finalmente será publicada en 1994.

A principios de 1864, Hetzel, animado por el éxito que le ha proporcionado Verne, concibe el proyecto de lanzar un periódico para la juventud: Magasine d'Education et de Récreation o La Revista de la Educación y la Recreación. Esta revista instructiva y recreativa a la vez, ilustrada y apta para todas las edades, sería dirigida por Verne en la parte científica, acompañado de Jean Macé en la parte educativa y de Stahl, pseudónimo de su editor Hetzel, en la parte literaria. En sus páginas y en forma de folletón, es decir mediante entregas sucesivas, aparece el 20 de marzo, la segunda novela de Julio Verne: "Los ingleses en el Polo Norte", que constituye la primera parte de: Aventuras del Capitán Hatteras, la novela de las latitudes polares. Su aparición suscitó inmediatamente una extraordinaria curiosidad y atención.

Ese mismo año publica una de sus más fascinantes novelas: Viaje al centro de la Tierra, creando un viaje que nadie había imaginado antes que él; para la elaboración de dicha obra cuenta con el asesoramiento del vulcanólogo Saint-Claire Déville, que hasta cierto punto ha intentado la hazaña de visitar las entrañas de la tierra, puesto que ha descendido por la chimenea del volcán Strómboli. El contacto con especialistas que lo asesoren en lo que escribe es un principio que preside el método de trabajo de Verne, quien en el caso concreto de Viaje al centro de la Tierra, se documenta además, en los estudios de geólogos, naturalistas y mineralistas, siguiendo las polémicas científicas que oponen a los naturalistas catastrofistas con los evolucionistas. Viaje al centro de la tierra es un nuevo éxito, Hetzel le modifica los términos del contrato y eleva la cantidad que cobra a 3.000 francos por volumen.

Este año publica además, sus ensayos: El Conde de Chantelaine y Edgar Allan Poe y sus obras, en honor al escritor americano, cuya obra completa para ese entonces, ya había sido traducida al francés por el poeta Charles Baudelaire.
El exceso de trabajo le reproduce las neuralgias y los ataques de parálisis facial. A pesar de ello considera que: "la ociosidad es un suplicio"; por otro lado el contrato con Hetzel, le obliga a seguir escribiendo: "Apenas un libro está terminado, me veo obligado a comenzar otro."

En 1865, decide instalarse en un espacioso piso del residencial barrio de Auteuil, en el que recibe únicamente a sus más íntimos amigos. A finales de ese año publicará en el Journal des Débats, otro de sus grandes viajes: De la Tierra a la Luna, que produce en el público una emoción indiscriptible; hay que mencionar que esta obra va apareciendo en folletón o por entregas, lo que excita aún más la ansiedad de los lectores, a tal punto que en el episodio en que el francés Ardan, personaje que es un homenaje al intrépido aeronauta Nadar, cuyo nombre transforma Verne cambiando el orden de las letras, anuncia mediante un telegrama que piensa viajar en el interior del proyectil con destino a la Luna, sorpresivamente, la editorial Hetzel se llena de telegramas de individuos que quieren participar del viaje, es decir ¡se ha producido un fenómeno de alucinación colectiva!. Las entregas de De la Tierra a la Luna parecen en realidad reportajes de un proyecto aunténtico; hasta tal punto cuida Verne los detalles científicos, acudiendo en este caso al asesoramiento de los matemáticos Henri Garcet, primo suyo y a Joseph Bertrand, que revisan todos y cada uno de los cálculos de curvas, parábolas e hipérboles del vehículo espacial.

Esta novela será una de las más populares del escritor a través de los años, pues Yuri Gagarin, el primer hombre que ascendió al espacio, dirá: "Fue Julio Verne quien me orientó hacia la astronáutica", y la Unión Soviética dará el nombre de Monte Julio Verne a una de las montañas descubiertas en la cara oculta de la Luna por el primer vehículo que realizó el viaje ideado por Verne, el Lunik III.

Este año también publica: Los forzadores del bloqueo o De Glasgow a Charleston.

Ya en 1866, a raíz de la gran aceptación de sus primeros relatos, el editor decide darle un nombre a la colección de novelas que irán apareciendo en los años sucesivos. Cuando Hetzel le pregunta a Verne qué nombre podrían darle, éste decide llamar a su obra: Viajes Extraordinarios, probablemente en honor a las: "Historias Extraordinarias" de Edgar Allan Poe.
Es entonces que la primera novela perteneciente a esta serie es: "Aventuras del Capitán Hatteras", terminada de publicar ese año con la aparición de la segunda parte de la misma: "El desierto de hielo".

Con este nuevo éxito, la fortuna le es nuevamente propicia, mudándose a una casita frente al mar en la costa de Le Crotoy, pequeño pueblo de pescadores en el estuario del Somme, debiendo para ello vencer la oposición de su esposa, quien se queja en su correspondencia: "Julio hace siempre exactamente lo que quiere". En esta localidad vuelve a su mente aquel viejo sueño infantil de cruzar el Atlántico. Años antes antes había prometido embarcarse en el Great Eastern cuando tuviera el dinero suficiente; pero para sufragar el costoso viaje a Estados Unidos, tendrá que multiplicar su trabajo.

De esta necesidad de dinero, Verne acepta la propuesta de Hetzel, de hacerse cargo de una obra enciclopédica: Geografía Ilustrada de Francia y de sus colonias, la cual había sido dejada inconclusa por Teófilo Lavallé, a causa de su muerte, y que venía siendo publicada por entregas, por Hetzel. En su refugio marítimo va escribiendo esta obra de no-ficción, alternándola con la que escribía en esos momentos para su serie de los Viajes Extraordinarios: "Los hijos del capitán Grant". No es de extrañar que Verne aceptara esta proposición, a pesar de interrumpir sus proyectos referentes a su contrato, pues es un amante de la geografía, un apasionado de los viajes de Alexander Von Humboldt y es contínuamente influenciado por los escritos de uno de sus amigos del Club de la Prensa Científica, el geográfo: Eliseo Reclus.

A punto de terminar la Geografía Ilustrada de Francia, regresa a París por unas semanas, en el mes de diciembre. Este trabajo suplementario, escribe en una carta a sus padres, "dará a Honorine los millares de francos necesarios para la casa y para vestirse, y a mí para permitirme hacer con Paul la travesía en el Great Eastern, del que tanto les he hablado."

Este deseo se ve realizado el 20 de Marzo de 1867, partiendo de Liverpool, junto con su hermano a bordo del gran trasatlántico, que llegará sin problemas a Estados Unidos, donde es invitado a dictar conferencias, dado el enorme éxito que causó la publicación en ese país de su novela: "De la Tierra a la Luna".

En el lapso de una semana de estadía, visita Nueva York, las catarátas del Niágara, entre otros lugares, que le causaron una impresión inolvidable y que aparecerán repetidamente en su obra.
Tras una breve escala en Brest, en casa de su cuñado, el capitán de fragata Du Crest de Villenueve, regresa a Crotoy para continuar con la culminación de un gran libro que tiene en mente.

El viaje a Estados Unidos, lo motiva a comprar en 1868, un pequeño velero: el Saint-Michel, nombre dado en honor a su hijo. En dicha embarcación pasará maravillosos ratos de ocio, paseará sobre las aguas, que según se dice, le curarán las neuralgias. Este velero lo convertirá en una especie de gabinete flotante, desde el cual trabajará incansablemente.

Ese año publica su gran novela geográfica: Los hijos del capitán Grant, esta novela es según los críticos, la más perfecta del escritor, que al hilo del argumento desarrolla un auténtico curso de geografía recreativa, valiéndose de las peripecias de los protagonistas para describir el paisaje, la fauna, la flora, las costumbres y la historia de países tan exóticos y lejanos para los europeos del siglo XIX, como los de Sudamérica, Australia y Nueva Zelanda.

En 1869 comienza a publicar por entregas, en la Revista de la Educación y la Recreación: 20.000 leguas de viaje submarino, las cuales terminarán de ser publicadas el siguiente año. Aquí Verne crea el submarino "Nautilus"; la idea de un sumergible que sea un auténtico hogar para el hombre es otra de sus geniales anticipaciones, pues habrá de pasar casi un siglo para que, en la década de 1950, la tecnología atómica construya el primer submarino autosuficiente, un submarino capaz de mantenerse sumergido indefinidamente, capaz de cruzar el casquete polar por debajo del gran banco de hielo, como lo hace el Nautilus al mando del Capitán Nemo. La ilusión del novelista por el tema es obvia, dada su pasión por el mar. A una documentación exhaustiva sobre fauna, flora y geografía marina, añade un factor de ambientación directa, pues se va a escribir en medio de las aguas, en el Saint-Michel, encima de cuyo frágil casco acumula observaciones e ideas.

Sin embargo una contrariedad enojosa oscurece la alegría que pone Verne en su trabajo. En un periódico llamado Petit Journal, comienza a aparecer, a finales de 1867, una novela por entregas titulada Viaje bajo las olas, escrita por Aristide Roger, pseudónimo del doctor Jules Rengade, en el que aparece el submarino Relámpago, manejado por el Capitán Trinitus. A pesar de que la obra apareció en varias ediciones de 1869 a 1877, quedará definitivamente hundida por el Nautilus. Verne llegaría a escribir al director del Petit Journal, puntualizando que hace un año había empezado a escribir su novela submarina. Es curiosa su preocupación para que no lo tomen por plagiario, cuando en realidad el tal Roger es el que escribe imitando claramente a Verne, que ya es un autor de prestigio.

La trama de 20.000 leguas de viaje submarino, se inicia cuando una fragata americana parte en busca de un monstruo marino de extraordinarias proporciones al que se atribuyen múltiples naufragios. El monstruo aparece, se precipita sobre el barco expedicionario y lo echa a pique, llevándose con su espinazo al naturalista Aronnax, a su fiel criado Conseil y al arponero Ned Land. Resultará ser un enorme submarino, el Nautilus, en el cual los tres hombres pasarán cerca de diez meses hospedados por el enigmático Capitán Nemo, artífice del invento. Visitarán los tesoros sumergidos de la Atlántida, lucharán contra caníbales y asistirán a un entierro en un maravilloso cementerio de coral. Nemo, hostil e iracundo, no tardará en revelarse como un proscrito, un sublevado solitario cuyo manto de misterio esconde una identidad principesca y una pesadumbre tenebrosa. Se podría señalar a Nemo como el reflejo de Verne, partiendo del nombre mismo del personaje, pues Nemo es la traducción del latín de Nadie. Ambos viven encerrados, sólos e incomprendidos, el primero en su coraza de acero, el segundo en la soledad de su gabinete, ambos refugiados tras el disimulo y el secreto.

Mientras escribía la rebelde epopeya submarina del Capitán Nemo, Verne intenta modestamente llegar a París en su Saint Michel, embarrancando en un banco de arena y alcanzando al fin la capital con el yate llevado por un remolcador. Lo amarra en el corazón de París, al pie del Pont des Arts, a pocas brazas de la escalinata de la Academia Francesa, escalinata que nunca franqueará. Entonces entrega a Hetzel el manuscrito de su obra, mientras su cansino y humilde yate se ve contemplado por todo París.

En estos años, Verne sufre atrozmente del comportamiento de su hijo, que manifestaba un carácter profundamete perturbado. La permanente evasión del medio familiar en que vivía , mediante su trabajo, sus escapadas a París y sus travesías, había llevado a Verne, "el educador de la juventud", a desentenderse de la educación de su hijo, confiándola a la madre.
A los ocho años, el carácter perturbado de Michel, planteaba tales dificultades que hubo que confiarlo a los métodos educativos de un internado especial. La severidad de estos métodos sólo consiguió exacerbar la rebeldía del niño hasta tal punto que hubo de recurrirse a la asistencia psiquiátrica, con resultados aún más desastrosos.

En medio de estas preocupaciones, va escribiendo: Historia de los Grandes Viajes y los Grandes Viajeros y La ciudad flotante. A su retiro en Crotoy, le llegan tardía y fragmentariamente las noticias de la actualidad, que confirman que el Segundo Imperio hace crisis, desde hace ya buen tiempo, y que probablemente estalle un nuevo conflicto.

En febrero de 1870, Ferdinand de Lesseps, en la cúspide de la gloria por la reciente inaguración del canal de Suez, llevado de su entusiasmo por la obra de Verne, había pedido para éste, a través de su secretario el inefable Nadar, la condecoración de la Legión de Honor, y el ministro se la concede. Pero antes que firme el Emperador el decreto, estalla súbitamente, el 19 de Julio la guerra franco-prusiana, que llena a Verne, idealista y pacifista a ultranza, de una gran ira, peor aún cuando Hetzel, le tiene lista para publicar 20.000 leguas de viaje submarino.
El conflicto se presenta por parte alemana, el genio político de Bismarck busca una guerra y una victoria espectacular, que le sirvan para fortalecer la unidad de los reinos alemanes. Provoca maquiavélicamente a Francia, y ésta cae en la trampa de declarar la guerra; una breve campaña basta para que caiga el Imperio de Napoleón III. Este es derrotado y hecho prisionero por los prusianos en Sedán.

Se proclama la Tercera República, pero el cambio de régimen no va a ser un simple cambio de etiquetas, hay un sector social que ha esperado y pretende un cambio revolucionario: el proletariado. Los derrotados de 1848 vuelven a levantarse y en marzo de 1871, establecen en París el Gobierno de la Comuna, el primer poder proletario de la historia.
La Emperatriz regente, Eugenia de Montijo, firma a la vez el decreto y la orden de movilización de Verne y de su embarcación, como guardacostas en el mismo Le Crotoy. El Saint Michel, lleva como tripulación doce veteranos de la guerra de Crimea, tres fusiles y un pequeño cañón absolutamente inofensivo. Los tranquilos servicios de vigilancia le sirven para escribir otra novela, Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el África austral, que describe una expedición científica para la medición de un arco meridiano en la zona austral del continente negro, inspirándose en los recuerdos de Arago. Aunque la obra se ciñe demasiado a un argumento científico, cabe resaltar su contexto completamente antibelicista.

La guerra civil supone una desgracia concreta para Verne. A consecuencia de los disturbios, los bombardeos y los incendios, Hetzel ha perdido su taller y se encuentra prácticamente arruinado. Por otra parte los ahorros del escritor han volado durante esos meses de guerra, es por eso que se ve obligado a dejar a su familia en Amiens, a donde la había mandado durante la guerra, y vuelve a la Bolsa de París, a intentar ganar el sustento con su antigua profesión de agente.
Afortunadamente, la crisis de Hetzel dura poco, y tan pronto como la editorial vuelve a funcionar, publica: 20.000 leguas de viaje submarino y Alrededor de la Luna, las cuales solucionarán la situación económica, tanto para el autor, como para el editor.

En 1871 muere en París, Henri Garcet, el generoso colaborador que había aplicado laboriosos cálculos matemáticos a los sueños de su primo. Muerte que será seguida en breve, el 3 de noviembre, por la de su padre, en presencia de toda la familia, pero no de Julio, quien llega tan sólo para asistir al entierro.

Hetzel se da cuenta de la gran laboriosidad de Verne, que escribe sin descansar, poniendo a prueba sus fuerzas físicas en exceso; es por eso que el 25 de setiembre de ese año de 1871 le modifica el contrato, en estos términos:

"En lugar de 3 volúmenes al año, el escritor entregará 2 y recibirá 1.000 francos al mes, osea, 12.000 al año, en vez de 9.000. A cambio, el autor concede la prolongación de tres años para el derecho de uso de las ediciones no ilustradas, y por ello sin retribución por los libros aparecidos o por aparecer, al prolongarse también por tres años el tratado. Excepcionalmente, la continuación de los Grandes Viajes y Viajeros, que debe tener aún dos volúmenes más, será entregada a razón de 3.000 francos el volumen."

Publica: Una ciudad flotante, basado en sus experiencias realizadas por su viaje a Estados Unidos en el Great Eastern.

En 1872, liberado de la Bolsa y a petición de su esposa Honorine, se trasladan definitivamente a la ciudad natal de ella: Amiens, donde sus dos hijas habían contraído noviazgo durante la guerra.

Con las ganancias de sus novelas, comprará una soberbia mansión señorial, ubicada en el número 44 del Boulevard Longueville, donde Honorine organizará pretensiosas reuniones de sociedad, sin embargo Verne se distancia de la vida familiar, encerrándose en sí mismo cada vez más. A sus amigos, que no comprenden su decisión de recluirse en una ciudad provinciana, les responde:

"A petición de mi mujer me voy a instalarme en Amiens. Amiens está cerca de París, lo suficientemente cerca para que le llegue el reflejo, sin el ruido insoportable y la agitación estéril. Y para decirlo todo, mi Saint Michel está anclado en Crotoy."

Amiens lo recibió con todos los honores. La burguesía ilustrada se apresuró a rendirle homenaje concediéndole un sillón en la Academia de la ciudad. En un rasgo de ironía, Verne lee como discurso de ingreso en la Academia, una comedia inédita sobre los amores de Leonardo y la Gioconda, una de aquellas mediocres obras de teatro, que escribía antes de la novela de la ciencia y que todo el mundo ha olvidado.

En esos días de su instalación en Amiens, llevaba ya muy avanzada la obra que a la celebridad ya adquirida, le añadiría la fortuna.
En este año publica: Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral.

En 1873 siendo ya un escritor consagrado, alcanzará su máxima popularidad, con la publicación de su obra más exitosa: La vuelta al mundo en 80 días, en forma de folletón en el diario Le Temps. Esta novela lo catapulta a la fama mundial, pues producirá en el público una conmoción y un interés aún superior al de De la Tierra a la Luna, ya que las principales compañías de navegación, que ven las inmensas posibilidades publicitarias que puede ofrecerle la novela, entablan una competencia cerca de Verne para conseguir que éste embarque a sus personajes en los vapores de sus empresas. Sus representantes ofrecen considerables sumas de dinero al escritor para inclinarle hacia una u otra línea de navegación, pero Verne considera esas ofertas como intentos de sobornar su independencia de autor y las rechaza indignado.

Esta novela, que narra las peripecias de Phileas Fogg, un caballero británico, extremadamente exacto, flemático y ordenado, que tras haber apostado su fortuna a que dará la vuelta al mundo en 80 días, empleará todos los medios de locomoción a su alcance: trenes, barcos, coches, y hasta un elefante y un trineo. Pero esta vuelta al mundo, donde se combinan, el humor, la aventura y el heroísmo, reserva una sorpresa: la apuesta que le hace perder un policía que lo sigue a través de todo su viaje, acusándolo de un gran robo en el Banco de Inglaterra, se la hará ganar el sol de forma inesperada

La idea argumental, le fue sugerida a Verne por un anuncio de la Agencia Cook, que comienza a ofrecer a sus clientes viajes turísticos alrededor del mundo en 1871, aunque el desenlace de la novela, la podemos encontrar en el cuento de Edgar Allan Poe titulado Tres domingos en una semana. Sin embargo el verdadero origen de La vuelta al mundo en 80 días, se encuentra en un artículo publicado en 1870 en Le Magasin Pittoresque, que muestra un itinerario casi idéntico al descrito por Phileas Fogg.

El éxito de la novela y el suspenso que generó en el público fue tal, que se llegaron a cruzar apuestas sobre si Phileas Fogg, "el hombre menos apresurado del mundo", lograría llegar a la meta en tan breve tiempo. Incluso no faltó quien le desafiara, asegurando estar dispuesto a realizar el viaje en menos tiempo. Fue precisamente una periodista, llamada miss Bly, reportera del Sun, la cual, antes de la creación del ferrocarril transiberiano, logró su propósito e hizo la travesía en tres días menos, recibiendo la efusiva e irónica felicitación de Verne, quien en definitiva, no sólo había puesto de moda los viajes alrededor del planeta, sino que había demostrado a sus contemporáneos de que el mundo era ya treinta o cuarenta veces más pequeño que a principios de ese siglo.

También publica ese mismo año: El país de las pieles y estrena su obra teatral: Un sobrino en América.
El 29 de setiembre de 1873, Verne es protagonista de una aventura real al mismo estilo de su novela Cinco semanas en globo, pues asciende en globo por encima de la ciudad de Amiens durante veinticuatro minutos.

En 1874, un empresario teatral pide a Verne, una adaptación de su obra La vuelta al mundo en 80 días para la escena. Es entonces que decide con buen juicio confiar dicha versión teatral a un experimentado dramaturgo: Adolph d'Ennery, que la estrena el 7 de noviembre de 1874, en el Teatro de la Porte-Saint-Martin a modo de gran espectáculo, con una escenografía fabulosa para la época.
El día del estreno, Verne experimentó la única experiencia de su vida digna de sus personajes: insistió en revisar personalmente la canastilla que conduciría a Phileas Fogg y a su inseparable criado Passepartout sobre un elefante verdadero. La caída de una parte del escenario asustó al animal, que salió despavorido del teatro con el autor a cuestas, para recorrer el Boulevard de los Capuchinos hasta que el domador los alcanzó en las Tullerías.
La pieza conoció un éxito sin precedentes que le deparó una cuantiosa fortuna, pues consigue que durante dos años seguidos se coloque el cartel de "no hay entradas", en la taquilla. ¡Qué lejos estan aquellas representaciones de sus primeros estrenos!.
Sin embargo, Verne es capaz abandonar la mitad de sus derechos, que eran del 50 por 100, ya que d'Ennery se llevaba el resto, a Edouard Cadol, que había hecho una primera adaptación rechazada por todos los teatros, argumentando por tanto ser coautor de la adaptación teatral . Aunque de su adaptación no quedara nada en la que fue llevada a la escena, él y sus descendientes se enriquecieron con ese 25 por 100 concedido gracias a la generosidad de Verne.

En esta época Verne tiene el humor de escribir un breve trabajo satírico: Una ciudad ideal, Amiens en el año 2000, que leyó en la Academia local. En este discurso, se pueden apreciar muchas similitudes con su novela nunca publicada por Hetzel: París en el siglo XX.

En estos momentos que es alabado por todos y libre de apuros económicos, va a alcanzar una cima mucho más importante que las anteriores, la cima de su propia obra, pues escribe su novela cumbre: La isla misteriosa, con la cual se inicia en el género robinsoniano, iniciado anteriormente por Defoe y Wyss.
En efecto, la isla misteriosa es la coronación del proyecto inical de los Viajes Extraordinarios, y es probable que no hubiera surgido en la forma que la conocemos, de no haber rechazado airadamente Hetzel el manuscrito que Verne le había entregado con el título de El tío Robinson, influido indudablemente por el éxito alcanzado por El Robison suizo de Wyss, un libro aparecido un poco antes. Tal fue la indiganción de Hetzel que criticó a su autor en estos términos luego de leer los manuscritos:

"¿Dónde está aquí la ciencia?...Ochenta y dos páginas de texto y ninguna invención que no hubiese hallado el último cretino...Resuma todo vivamente, casi alegremente...Son todos lentos, ni uno vive. Sus personajes en todos sus libros, son la vida misma, la energía misma...Éstos son un montón de seres lánguidos, ninguno es vivaz, vivo, ingenioso...Abandone a todos estos tipos y recomience con nuevos personajes."

Verne acepta las censuras y se pone a trabajar en una nueva novela de robinsones, documentándose exhaustivamente como siempre. Dolido por la crítica que Hetzel le hiciera de su falta de cientifismo, le dice al editor: "Estoy estudiando química. Paso mi tiempo con profesores de química y en fábricas de productos químicos, en las que mis trajes han atrapado manchas de las que pasaré la cuenta, pues La isla misteriosa será una novela química."

La isla misteriosa narra la historia de cinco hombres que escapan de una prisión federal en Richmond, usando un globo. En plena fuga, son azotados por una tormenta que los lleva hacia una isla desierta en el Pacífico Sur. Los náufragos, guíados por el ingeniero Cyrus Smith, tienen que usar todo su ingenio para poder sobrevivir. Durante su estancia en la isla, los prófugos reciben la generosa ayuda de un misterioso personaje, que resulta ser el Capitán Nemo, reapareciendo después del trágico final de 20.000 leguas de viaje submarino.

Por otro lado, la isla misteriosa es también una novela educativa. Verne escribirá una carta a su amigo el coronel Hennebert en estos términos:

"El lector, no pide sólo que se le instruya sino también que se le divierta, y cuando se quiere instruir hay que hacerlo sin que se note, de modo que si la instrucción no se desliza en la acción, se falla el objetivo."

Tras la isla misteriosa, comienza la etapa pesimista de Verne, que no será más que el reflejo de su tiempo.
Ese mismo año de 1874 también publica la colección de cuentos: El doctor Ox, la cual contiene: Una fantasía del doctor Ox, otros de sus relatos de juventud: El maestro Zacarías, Un drama en los aires y Una invernada entre los hielos y una historia escrita por su hermano Paul: La cuadragésima ascención francesa al Mont Blanc.

Ya en 1875, la celebridad de Verne, le produjo un incidente enojoso, pues en ese año recibió una carta de Polonia de un tal Olschewitz, en la que éste le decía que era su hermano y que hacía treinta y seis años que no se veían. Esta carta fue seguida de otra dos meses más tarde, carta que precedería a la visita de un periodista polaco; el contenido de la entrevista es el siguiente:

"Señor Verne, todo el mundo lo cree francés, pero es inútil ocultármelo a mí. Yo sé, de fuente segura, quién es usted, y su existencia entera me es conocida. Usted es un judío polaco, nacido en Plock, cerca de Varsovia. Su nombre verdadero es Olschewitz, nombre derivado de Olscha, que en polaco tiene la misma significación que en francés el de Vergne o Verne. Es usted mismo quien ha traducido al francés su nombre. Hallándose en Roma, en 1861, abjuró usted de la religión hebraica, a fin de contraer matrimonio con una princesa polaca de gran fortuna. Su abjuración fue hecha en la congregación polaca, en Roma, de los padres resurreccionistas. Tuvo usted como confesor al padre Semenko. Habiéndose roto su noviazgo con la princesa Kryzanoska, el gobierno francés, por consejo de la Santa Sede, le ofreció un empleo en el Ministerio del Interior. Francia le compró su pluma y, desde entonces, jamás ha confesado usted sus orígenes israelitas.

Se equivoca usted en algunos puntos caballero, repuso Verne. Esa polaca se llamaba princesa Crac...ovitz. Yo la rapté, y nos fuimos a vivir a orillas del lago Leman, adonde ella se tiró un día tras una violenta querella amorosa. Este es el eterno remordimiento de mi conciencia. Pero, en cuanto a mis orígenes, silencio, por favor. Yo deseo pasar aquí por un cristiano completo..."

En resumen, el periodista polaco acusa a Verne de poseer una falsa identidad, que no es francés ni se llama así, sino que se trata de un judío polaco emigrado que ha cambiado su nombre eslavo, para adoptar la identidad de un burgués de Nantes.
Sin embargo al final de la entrevista, Verne termina su broma referente a lo de la princesa, diciendo que deseaba pasar por un cristiano completo, de la cabeza a los pies.
Esta leyenda se ha prolongado hasta fechas recientes, a pesar de la publicación hecha por el canónigo nantés Durville, de todos los documentos que prueban incontrastablemente las raíces bretonas de Verne.

En este año de 1875, publica: El Chancellor, una novela con un realismo y una crueldad terribles. Es evidente la influencia de Poe en esta narración, pues la novela asustó al mismo Hetzel cuando la leyó por primera vez. Verne le escribió a su editor acerca de esta obra, en la época en que la elaboraba, con fecha 15 de febrero de 1871: "Le llevaré un volumen de un realismo espantoso. Se titula El Chancellor. Creo que la balsa de La Medusa no ha producido nada tan terrible. Creo sobre todo que tendrá un aire verídico, a menos que me equivoque".

En 1876 publica: Miguel Strogoff, que venía apareciendo en folletón desde 1875. El éxito de la publicación fue apoteósico; su argumento nos narra que el zar debe hacer llegar un mensaje a su hermano, el archiduque, que se encuentra al otro lado de Rusia, en la ciudad de Irkutsk. Por lo que decide llamar a su mejor mensajero, el capitán Miguel Strogoff, encomendándole secretamente que lleve el mensaje a través de la frontera siberiana, que se encuentra invadida por los tártaros.

Verne, gracias a los cuantiosos ingresos que va adquiriendo, por los estrenos y publicaciones de sus obras, cambia su pequeña embarcación por un fino velero, al que llama Saint Michel II, construido ese mismo año de 1876 en el puerto de Havre con un peso de 19 toneladas. En este barco realizará travesías más largas que el primero, aunque sólo lo utilice por el corto tiempo de un año.

En 1877 publica: Hector Servadac. En esta novela se aprecia en toda su magnitud el antisemitismo de Verne, representado grosera y repugnantemente en la despiadada descripción que hace del viejo usurero judío Hakhabut.
Esta novela sin embargo es según la mayoría de estudiosos vernianos la más ingeniosa de sus historias, al crear un viaje a través del sistema solar, con todos los errores científicos que tuvo que cometer para conseguirlo.

En este año de 1877, Verne es declarado inocente en un juicio que le hace León Delmas, un escritor mediocre de aquella época, quien afirmaba que lo habían plagiado. El incidente tuvo lugar, luego de la publicación de Viaje al centro de la Tierra; por ese entonces Léon Delmas, había publicado algunas historias cortas bajo el nombre de René de Pont-Jest, acusando a Verne de haberle plagiado su historia La tête de Mimer que había sido publicada en una revista, que Verne afirmó no haber leído. Delmas sustentaba el supuesto plagio, en la semejanza de la descripción de uno de los pasajes de Viaje al centro de la Tierra. Mientras que Pont-Jest hablaba en su historia de la sombra lunar, Verne hablaba de la sombra solar. Finalmente las acusaciones no tuvieron el fundamento debido, saliendo el escritor airosamente de este percance.

También estrena su ópera bufa: "El doctor Ox", en versión de Phillipe Gille, con música de Offenbach, y publica su novela: Las Indias Negras, historia en la que destaca el personaje de Nina, siendo este nombre el diminutivo de Carolina, la prima amada por Verne en sus años de juventud. Al parecer su recuerdo renace cuando está por cumplir cincuenta años, no habiendo tenido éxito en su matrimonio y viviendo lleno de dificultades en su hogar. Todo hace indicar que dicho recuerdo se manifiesta en Verne, al haber encontrado el amor en una misteriosa mujer de la cual no se conoce mucho; algunos han afirmado que esa mujer es la única que se ganó en secreto el amor del escritor, pero de su rostro, nadie puede decir nada.

Algunos de sus biógrafos familiares, le llaman Duchesne, la cual vivía en el barrio tranquilo y silencioso de Asniéres. Cuando Honorine supo de la existencia de esta señora, no le dio apenas importancia. Sin embargo, cayó gravemente enferma, no podiendo asistir al baile de disfraces, ofrecido el 2 de abril de ese año de 1877 , ofrecido por Verne a la sociedad de Amiens. Finalmente, la abnegada esposa del escritor se recupera al poco tiempo, para tranquilidad de su familia.

Verne ahora que es rico, se da el lujo de comprar al marqués Des Préauxes, viejo castellano del Anjou, de fortuna inmensa, el mejor de sus yates, al que llama Saint Michel III, quien apenas lo ve acabado, lo deshecha para hacerse construir otro más suntuoso todavía. Verne adquiere el navío a la considerable suma de 55.000 francos, pagando la mitad al contado y el resto en un año. En este fastuoso yate, realizará cruceros de placer, en el que invita sólo a personas de alto rango. Era un yate de vapor de cien caballos, con dos cabinas muy confortables y camarotes suficientes para alojar a un buen número de invitados y una amplia tripulación.

En 1878 publica: Los descubrimientos del globo, primera parte de: "Historia de los grandes viajes y los grandes viajeros"; en la elaboración de la misma, es ayudado por Gabriel Marcel, en la traducción de los libros que consulta en la Biblioteca Nacional de París, los cuales se hallaban en diferentes idiomas.
Si bien el éxito permanece acompañando a sus libros, su vida personal le otorgará serios disgustos. Las relaciones con su esposa se vuelven frías y distanciadas, su hijo se ha criado en un ambiente de olvido paterno y frialdad afectiva. Michel crecerá con un carácter rebelde y una personalidad algo descentrada, le creará muchos problemas, cayendo con respecto a él, en los mismos errores de su padre al suponer que la severidad es la mejor forma de afrontar esos conflictos. Debemos recordar que ya de niño, a sus ocho años, Michel había sido enviado a un reformatorio, "para que lo enderecen", creándole muchos traumas. En estas circunstancias, escribe a Hetzel al respecto:

"Su carta admirable me ha conmovido profundamente, pero seguramente Michel no comprenderá. Su vanidad es intratable. Su falta absoluta de respeto por todo lo que hay de respetable, hace de él un sordo a toda observación. Pero yo actuaré, de consumo con mi familia, de la forma más enérgica. Y si no quiere someterse, será embarcado durante años. No sabe que es a eso a lo que va, pero lo sabrá si es preciso...No me hago ninguna ilusión, pues hay en este niño, que tiene veinticinco años a sus catorce, una perversidad precoz. Cumpliré mi deber hasta el fin."

Es sorprendente el error de Verne en la edad de su hijo, pues no tiene catorce como indica, sino diecisiete años. Hechos como este, nos muestran la despreocupación del escritor por su hijo, de quien no sabe su edad exacta. Esto hace de Michel, un joven que vive resentido de su padre, no sólo por el abandono, sino también por los celos hacia el joven Aristide Briand, amigo suyo en el Liceo y protegido por Verne, pues llegará a tener con el escritor estrechas relaciones.

Agotados todos los medios, Verne decidió poner en ejecución su último recurso, el de hacerlo enderezar en manos de marinos. Michel será enviado por su padre como grumete en un barco con destino a la India. Pero lo que debió ser un castigo, se convirtió finalmente en un crucero para el muchacho, dado la fama de su apellido.
Unos meses más tarde, Verne comunicaría a Hetzel haber recibido una carta terrible, en la que Michel, desde la India, le reconoce haber merecido su castigo, pero que sin embargo se elevaba contra la tiranía que debía soportar. Mencionando en su misiva, que la vida marina no le parece nad