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Julio Verne. Anexo 2

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Julio Verne

Julio Verne / Anexo 01 / Anexo 02 / Anexo 03

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El entorno político de Julio Verne

09 - Palabras ocultas en los textos de Julio Verne - Ariel Pérez

De manera creciente, en los últimos años, se han venido presentando una serie de artículos y materiales que de forma novedosa tratan de demostrar la profunda elaboración con la que el autor francés Julio Verne trabajaba en cada una de sus historias y la gran importancia que este le concedía a los nombres de sus personajes. En 1903, en una de las entrevistas que le hiciese Robert Sherard, el autor francés, al hablar de este particular, expresó: “Le concedo cierta importancia a los nombres (...) Cuando encontré el apellido Fogg me sentí complacido y orgulloso. Y era muy popular. Fue considerado un hallazgo real. Pero fue especialmente el nombre, Phileas el que le dio tal valor a la creación. Sí, los nombres tienen gran importancia. Siga como ejemplo los padrinazgos de Balzac”.

Era conocido que Verne apuntaba todo lo que encontraba, en sus lecturas de las más famosas revistas de la época, en pequeñas tarjetas, las cuales en cierta ocasión, de acuerdo a lo afirmado por el propio autor, llegaron a ser más de veinte mil. Los estudiosos y especialistas de la obra verniana afirman que Verne, al morir, tenía varios miles de logogrifos entre estas tarjetas, así como también apuntes de posibles historias y datos que hoy pudieran haber resultado de sumo interés para entender mejor el pensamiento verniano. Aún se desconoce lo que pudo ocurrirle a todos estos apuntes y la conclusión a la que han arribado casi todos los especialistas de la obra del autor galo es que el propio Verne destruyó todos estos papeles poco antes de morir.

La serie verniana de Los Viajes Extraordinarios estuvo plagada desde un principio de una amplia gama de elementos criptográficos y criptológicos, y aun cuando quizás hayan pasado desapercibidos en su época, un siglo después los estudiosos de su obra han lanzado novedosas y variadas hipótesis que han permitido descubrir el trasfondo de los nombres de los personajes, los lugares y las expresiones que Verne utilizó en muchas de sus historias, usando técnicas tales como los anagramas, los palíndromes y las transposiciones.

Para comenzar con la ejemplificación del significado de los nombres en la obra verniana tomemos, por ejemplo, a uno de sus personajes más famosos, el capitán Nemo de Veinte mil leguas de viaje submarino. Nemo en latín significa “nadie” y la caracterización de una personalidad tan apasionada como la del capitán del Nautilus hace que Verne busque y encuentre en esta palabra latina el significado que encierra su acción y su comportamiento ante el resto de los seres humanos. Nemo ha renegado del mundo y él mismo se ha destinado a vivir para siempre lejos de todos y de todo, guardando y haciendo partícipe a su submarino de su profundo odio contra la humanidad. Por otra parte, ante los hombres, Nemo, que había abandonado su Patria, no existe, no es nadie. Mientras conversa con el profesor Aronnax el propio Nemo expresa: “(...) He roto con toda la sociedad por razones que sólo yo tengo el derecho de apreciar. No estoy sometido por lo tanto a ninguna de sus leyes (...)

En el capítulo XV de este propio libro, Verne - que incorpora a lo largo de toda la historia algunas otras frases en latín, destacándose entre ellas la famosa Mobilis in mobili - avivó la curiosidad de muchos lectores contemporáneos y modernos, cuando el segundo del capitán Nemo pronuncia una frase cuyo significado nunca se comenta explícitamente en el texto: Nautron respoc lorni virch. Las palabras que componen esta frase no parecen formar parte del vocabulario de ningún idioma conocido, por tanto su examen detallado sugiere inmediatamente la posibilidad de un mensaje a través de una combinación de un lenguaje artificial inventado por Verne.

Varias han sido las hipótesis con respecto a la identificación del contenido de esta frase. Una primera explicación le atribuye el siguiente significado: la palabra nautron sería la raíz de una palabra grecolatina, nauta que significa piloto (de barco); respoc la deformación de respicere (percibir); lorni sugeriría una alusión a la palabra anteojos (del francés lorgnette), instrumento con el cual todas las mañanas el segundo de a bordo exploraba el horizonte; virch sería la negación de la frase. Luego de este análisis nos quedaría algo así como: “El piloto no percibe nada con el anteojos”.

Luego, apareció una segunda variante explicando que nautron es la raíz de la palabra Nautilus, respoc es un anagrama de la palabra Crespo (en el contexto de la historia, este es el nombre de la isla a la cual Nemo esperaba llegar). En esta hipótesis lorni sigue siendo una alusión de la palabra francesa lorgnette y virch es muy parecido al término alemán nicht que indica negación. Luego, esto nos daría la frase “Crespo no esta a la vista del Nautilus”.

En conclusión, luego de analizar las dos variantes se puede llegar a la conclusión de que ambas tratan de llegar a un significado similar al deducido por el profesor Aronnax luego de escuchar esta expresión durante varios días consecutivos. El francés dedujo que esta expresión significaba algo así como: “No hay nada a la vista” y como se puede ver el significado final de este expresión no difiere mucho del significado final de las frases logradas luego del análisis de las dos hipótesis anteriores. Es necesario recordar que en el libro se dice que la gente del Nautilus hablan una lengua que sólo ellos comprenden, la cual parece ser una lengua artificial, creada presumiblemente a partir de las lenguas de los tripulantes del submarino, quienes poseen disímiles nacionalidades.

Dejémosle pensar con más calma sobre el posible significado de la expresión anterior y pasemos a analizar los ejemplos más comunes y más famosos, que no por ser manidos dejan de ser interesantes. Por ejemplo, si se toma el apellido de Héctor Servadac, personaje principal de la historia homónima y lo escribimos de derecha a izquierda, nos da la palabra francesa cadavres que significa cadáveres. Ardan que es el apellido del intrépido Michel (De la Tierra a la Luna) es un anagrama de la palabra Nadar, que es el seudónimo de Felix Tournachon, un famoso fotógrafo de la época y gran amigo de Verne. Alcides Pierdeux es el nombre original de uno de los personajes de la novela El secreto de Maston. Si analizamos detenidamente este apellido nos daremos cuenta de que se puede dividir en tres partes (pi-r-deux) lo cual significa pi-erre-dos, habiendo entonces una clara alusión a la fórmula para calcular el área de la circunferencia. Otro ejemplo clásico: en el cuento El doctor Ox aparecida en la colección de cuentos Ayer y mañana el personaje principal lleva por nombre Ox y su auxiliar se llama Ygene. Si unimos los dos nombres esto nos da la palabra francesa oxygene o sea oxígeno, la cual guarda una gran significación con el contenido de la historia.

Otros ejemplos menos conocidos y que recientemente han sido expuestos son: Robur (personaje principal de Robur el conquistador y Dueño del mundo) viene de la palabra robust, que significa fuerza, robustez; Urrican, apellido de uno de los participantes en El noble juego de los Estados Unidos (El testamento de un excéntrico) sugiere la palabra francesa hurricane (huracán), mientras que en esta propia historia Foley, apellido de Jovita, que es otra de las competidoras del juego, sugiere la expresión folie (locura, desatino).

Verne no solo se contentó con intrigar a sus lectores con los nombres de los personajes, sino que además en uno de sus títulos se precia, como el mismo dijese, de hacer un juego de palabras en francés. Fue en 1889 cuando apareció en Francia una nueva novela bajo el título Sans dessus dessous. Una expresión como esta no existe en francés y sí es común escribir sens dessus dessous, que significa “patas arriba, en desorden”. El propio Verne, en una carta de respuesta a un periodista de Amiens que le había escrito pensando que el título de la novela había sido escrito de forma incorrecta, explica que la palabra sans debía ser escrita con a y no con e. A través de aquel título realmente Julio quería decir algo así como sans dessus NI dessous, que si tiene un significado lógico y puede traducirse como “sin pies ni cabeza”. Pero si se traduce literalmente la expresión francesa esto nos daría algo así como “Sin abajo arriba”, lo cual no tiene sentido alguno. Es por esto que el título de esta novela ha sido traducido de varias maneras. En el caso del español, algunas ediciones fueron publicadas bajo el título “Sin pies ni cabeza”, y otras (la gran mayoría) fueron publicadas bajo un título que no tiene nada que ver con el título original: El secreto de Maston.

Volviendo a los nombres, es hora de hablar de dos controvertidos ejemplos: Phileas Fogg y Arne Saknussem. En el caso de Phileas Fogg (La vuelta al mundo en ochenta días) mucho se ha escrito y comentado sobre el mismo. Unos dicen que el apellido Fogg viene de la palabra inglesa fog (niebla) y que Phileas viene del latín filius (hijo), lo que daría “hijo de la niebla”. Los partidarios de esta teoría tienden a vincular la creación del nombre con las iniciales del Reform Club al cual pertenecía el inmutable inglés. Estos ven en RC (las iniciales del nombre del club) una alusión a la palabra Rose-Croix, que significa Rosa Cruz (grupo ocultista fundamentado en conocimientos místicos) y además una alusión a La niebla, una supuesta sociedad mística de la época a la cual se dice que pertenecían algunos de los más connotados personajes de la sociedad parisiense. Otros presumen que Phileas viene de un verbo del griego antiguo que significa “el que gusta”. Tomando como punto de partida la teoría de la significación de la palabra fog del ejemplo anterior tenemos “el que le gusta la niebla”, que pudiera tener la connotación de ser una persona enigmática.

En cuanto a Arne Saknussem (Viaje al centro de la Tierra), se dice que si leemos en francés el nombre acentuando la fuerza de pronunciación en la k, esto implicaría pronunciar que (equivalente al “que” castellano) o queue (palabra con que se designa en lenguaje vulgar al miembro viril masculino). Luego de la k tenemos las letras nu, lo que en francés significa desvestido y sem, voz eufónica de sème, que viene del verbo semer, el cual puede ser asociado con la palabra semence, siendo uno de los sentidos de esta última la palabra sperme (semen). De este modo, sale a la luz la frase Sa queue nue sème, lo cual le da un sentido completamente sexual a la expresión, dando a entender que Arne es un hombre de gran actividad sexual. Los defensores de esta explicación además manifiestan que esta obra en su conjunto pudiera ser considerada como una metáfora erótica, al tomar en consideración que, al final de la novela, Verne describe la imagen de una eyaculación, cuando se refiere a la expulsión de los exploradores fuera del cráter del volcán.

En el cuento El eterno Adán (originalmente titulada Edom), Verne dejó a sus futuras generaciones de lectores uno de sus más interesantes mensajes ocultos. En esta extraña historia, que se sale del estilo de la serie Los viajes extraordinarios, Verne nos habla del ciclo de la vida en el Universo y nos trata de convencer de la destrucción y el resurgimiento de las civilizaciones. El galo, que ubica su historia 20 000 años hacia adelante (o sea, ¡en el vigésimo tercer milenio!), en una época con idioma y costumbres muy diferentes a las actuales, hace uso de un léxico peculiar, donde asistimos a la lectura de expresiones y de nombres en un idioma desconocido.

William Butcher, profesor de una universidad en Hong-Kong y activo investigador de la obra verniana le ha dado un origen chino a los nombres de Verne en este relato. Por otra parte, Christian Porcq sostiene que todo este lenguaje verniano inventado está cargado de alusiones sexuales, lo cual constituye nuevamente una interpretación atrevida. Para citar uno de los ejemplos de Porcq, los “hombres de la cara bronceada” se nombran en el relato Andarti-Ha-Sammgor. Christian asegura que la palabra andarti pudiera traducirse como ardent (ardiente) y que sammgor es un anagrama de orgasme (orgasmo), lo que daría ardents à orgasmes, o sea “ardientes en el orgasmo”. Otros sostienen que Verne utilizo para la invención de estos nombres un poco de las lenguas antiguas (latín, griego, hebreo). Lo cierto es que el misterio de nombres tales como Sofr-Aï-Sr, Hars-Iten-Schu, Andarti-Mahart-Horis, etc. aún se mantiene vigente.

El trabajo más reciente aparecido en el mundo verniano europeo con respecto a este tema data de unos dos años y fue un francés, Gilles Carpentier, quien publicó en una edición del Boletín de la Sociedad Julio Verne de París el artículo Les mysterieuses sources d’une île (Las misteriosas fuentes de una isla), donde hace un exhaustivo análisis de los mensajes ocultos en La isla misteriosa, uno de las más famosas novelas vernianas. Gilles afirma que el nombre de Ciro Smith (Cyrus Smith en el original) es una anagrama de la palabra Jesucristo y basa su exposición en los distintos milagros que el ingeniero logra hacer en una isla desierta e inhóspita, e incluso llega a sugerir que es el propio Verne el que pudiera verse reflejado en el personaje del periodista Gedeon Spilett. Carpentier dice: “El autor nos describe a Gedeon como un verdadero héroe de la curiosidad, de la información, de lo inédito, de lo desconocido, de lo imposible. ¿No podemos ver ahí la descripción del autor de Los viajes extraordinarios? Las iniciales del nombre son G.S. Sumémosle 3 a cada letra. Resultado: J.V. o sea ¡Julio Verne!”

Después de haber visto las más atrevidas tesis y los más significativos ejemplos planteados por los estudiosos de la obra verniana, cabría preguntarse ¿cuánto hay de especulación en todos estos razonamientos? Si bien hay algunos que parecen tener un significado evidente, hay otros que se tornan muy atrevidos. Lo cierto es que a Verne le gustaba darle significación a mucho de sus personajes y a muchas de las acciones narradas en sus novelas. Tomemos por ejemplo, el principal papel que despliega la criptografía en novelas tales como La jangada y Matías Sandorf cuyos argumentos dependen en gran medida del descubrimiento de los criptogramas presentes en ambas novelas. ¿Y que decir de las famosa inscripción Et quacumque viam dederit fortuna sequamur aparecida en uno de los capítulos de Viaje al centro de la Tierra? Con cada nuevo estudio sobre este particular se abren nuevas investigaciones, permitiendo en ocasiones entender al autor y su obra.

Al final, nos queda preguntarnos, ¿cuánto nos hubieran aportado las miles de notas que supuestamente Verne debía haber dejado al morir y de las cuales no hay rastro? Posiblemente hubieran sido suficientes para develar algunos misterios; posiblemente no nos hubieran aportado nada. Verne cuidó muy bien de esconder lo que quería expresar y debido a esto ha hecho mover a los especialistas entre la especulación y la realidad. Y esta dualidad, que hace enriquecedor el análisis, no evitará que nos sigan llegando en el futuro nuevas hipótesis de posibles interpretaciones de las palabras ocultas en los textos vernianos.

Bibliografía consultada

  • Les mysterieuses sources d’une île, por Gilles Carpentier. Publicado en el Boletín de la Sociedad Julio Verne, París. Número 128, 4to trimestre, 1998.

  • Verne à l’eau, Poe au feu, por Jean-Pierre Picot. Introducción a Maître Zacharius et autres recits publicado en París en el año 2000.

  • Mensajes del foro internacional Julio Verne disponibles en el sitio de Zvi Har’El

Monumento a Julio Verne

El entorno político de Julio Verne - Cristian Tello

El conocimiento del contexto histórico en el que se desenvuelve la vida de un escritor, nos resulta imprescindible para comprender su obra. En el caso de Julio Verne, tendríamos que situarnos en los acontecimientos políticos y sociales que ocurrieron en la Francia del siglo XIX, hechos que influyeron de una u otra manera en el modo de ver el mundo de su época.
En las siguientes líneas realizaremos una breve descripción de las circunstancias políticas que rodearon la existencia del visionario autor, cuya vida (1828-1905) atravesó los últimos años de la Restauración Borbónica (1815-1830), la monarquía burguesa del rey Luis Felipe (1830-1848), la revolución de 1848 y la Segunda República (1848-1851), el Segundo Imperio de Napoleón III (1851-1870), la guerra de Crimea (1854-1856), la guerra franco-prusiana (1870-1871), la Comuna de París (1871) y una buena parte de la Tercera República, desde Thiers hasta Loubet.

La revolución de 1830

En 1828, cuando Julio Verne vino al mundo, detentaban el poder en Europa una serie de monarquías absolutas, que, tras la derrota de Napoleón en 1815, intentaron aniquilar los frutos que la revolución francesa de 1789 había producido. En 1830, el deterioro de la situación económica en Francia había generalizado un amplio descontento frente al gobierno de Carlos X, el último de los Borbones, quien había restablecido el absolutismo monárquico. Cuando Carlos X anunció la disolución de la Cámara de Diputados, la anulación de la libertad de prensa y una ley electoral aún más restrictiva, estalló la rebelión. Los acontecimientos en París produjeron un ciclo revolucionario en Europa, que significó el triunfo del liberalismo.

La burguesía conformada por industriales, comerciantes e intelectuales, no terminaba de agitarse, buscando de una u otra manera su acceso definitivo al poder, a fin de llevar al gobierno más cerca de la sociedad, una sociedad que había cambiado de forma importante hasta aquella fecha. Finalmente, la presión social derriba a Carlos X y pone en su lugar a Luis Felipe de Orleans, «el rey burgués». El bueno de Luis Felipe, sería al inicio un rey muy popular, por sus inclinaciones democráticas y su sencillez, dando comienzo a la Edad de Oro de la burguesía, que bajo el lema «enriqueceos», acumulará grandes fortunas, merced a sus actividades mercantiles y empresariales. De Luis Felipe dependerán los destinos de Francia, durante la niñez y adolescencia de Julio Verne.

La revolución de 1848 y la Segunda República

A inicios de 1848, el joven Verne de veinte años se preparaba para viajar nuevamente a París a seguir rindiendo sus exámenes de Derecho. Pero cuando se disponía a partir, estalló la revolución, aquel movimiento que se extendió por gran parte de Europa. La oleada de revueltas de 1848 comienza, como en 1830, en Francia, siendo conocida bajo el nombre de «La primavera de los pueblos». La desazón general era grande en París, y la confusión y el desorden imperaban por todas partes, trayendo consigo la aparición de una nueva fuerza social: el proletariado. En la capital, la prensa denunciaba la corrupción del régimen de Luis Felipe, quien se había ido alejando cada vez más de los sentimientos y las necesidades del pueblo, para convertirse en un autócrata. En vista de tantos abusos, el pueblo protestó, se agitó, y se lanzó al motín y a la revuelta.
Podemos resumir las causas de la revolución en la crisis económica de 1847 en el sector agrario, debido a las malas cosechas, especialmente del alimento básico de la patata, que influyó en el sector industrial y financiero, donde el paro obrero alcanzó enormes cifras. Así también, en la ausencia de derechos y libertades para grandes sectores de la población, ya que la monarquía de Luis Felipe sólo satisfacía los intereses de la alta burguesía, mientras la pequeña burguesía y el proletariado quedaban relegados política y económicamente.

A causa de la revolución, la madre del escritor se negó a su partida, pues temía por su seguridad, pero el joven puede continuar sus estudios con el apoyo de algunos familiares en París. Con la revolución de 1848, Julio Verne adquiere conciencia política, al notar que la atmósfera de la capital contrasta con la quietud burguesa de Nantes, su ciudad de origen, aunque es lícito pensar que él no haya podido reflexionar profundamente aún sobre aquella súbita revolución. Sin embargo, con el pasar de los años, Julio Verne adoptará una actitud de orientación republicana, llena del romanticismo revolucionario muy propio de la tradición del 48, reflejándola en sus numerosas obras, a través de sus simpatías por las luchas de liberación de las naciones europeas.
En febrero, después de muchos días de encarnizados combates, Luis Felipe no puede sostener más su inestable trono. Finalizados los conflictos se instala un gobierno provisional de la República presidido por el poeta Lamartine. Se abolió la esclavitud, se suprimió la pena de muerte para los reos políticos, se garantizó las libertades de prensa y de reunión y se implantó el sufragio universal. Para combatir el desempleo, el gobierno creó los llamados «talleres nacionales». Luego, la asamblea constituyente, elegida en abril, llevó al poder a los republicanos más moderados, quienes decidieron suprimir dichos talleres nacionales. Esto provocó en junio, una insurrección obrera que fue ahogada en un baño de sangre.
Cuando el ambiente político se tranquiliza, Julio parte definitivamente a estudiar en París, haciendo todo lo posible para no faltar a la gran fiesta romántica del día 12 de noviembre, organizada en la Plaza de la Concordia por Lamartine, no sin antes jurar, que no tomará parte de las barricadas. Sin embargo, llegará a la capital en la noche de la fiesta cuando sólo humeaban las últimas velas.
En las elecciones presidenciales de diciembre, tras la aprobación de la constitución, resultó vencedor Luis Napoleón Bonaparte, el sobrino del general Napoleón, quien fuese encarcelado anteriormente por dos tentativas de golpe de Estado en 1836 y 1840, iniciándose la Segunda República sobre una plataforma que promete un gobierno fuerte de consolidación social y grandeza nacional.

Segundo Imperio de Napoleón III

Luis Napoleón, elegido por un período de gobierno de cuatro años, según lo establecía la actual constitución, no podía presentarse a las elecciones presidenciales de 1852. Como no consiguió modificarla por medio de la vía legal, decidió disolver la asamblea legislativa en diciembre de 1851 y proclamó personalmente una nueva constitución. Un año más tarde convocó un referéndum que lo designó Emperador, derrocando violentamente a la Segunda República. Luis Napoleón restablece el Imperio y se convierte en Napoleón III en diciembre de 1852, contando con el apoyo de la iglesia católica, la burguesía, las masas obreras y los nacionalistas, instaurando así un régimen dictatorial con el que emprendió grandes planes económicos, siendo el gran déficit de su gobierno las políticas exteriores.

A partir de entonces se inició un proceso reaccionario, que mandó al exilio y a la cárcel a un gran número de intelectuales y escritores simpatizantes de la República, entre ellos su futuro editor Jules Hetzel, quien había sido en 1848 jefe de gabinete de Lamartine, Ministro de Asuntos Extranjeros del gobierno provisional, había abandonado ese puesto luego de la elección de Luis Napoleón como presidente, pero había continuado oponiéndose activamente a las ambiciones de este último. Fue arrestado por unas horas durante el golpe de Estado de diciembre de 1851, pero logró escapar a Bruselas-Bélgica, donde se convirtió en el principal editor del también exiliado escritor Víctor Hugo. Dada la proclamación de la amnistía para los condenados políticos, Hetzel volverá a Francia en 1860, inaugurando en 1864 la publicación de una revista ilustrada para la juventud, el Magasin d’Éducation et de Récréation, de la que Verne será uno de los fundadores.

La guerra de Crimea

La decadencia del poderoso Imperio otomano (Turquía, Armenia, Tracia, Siria) y las intenciones expansionistas de la Rusia de Nicolás I por sus intervenciones en los Balcanes y en la estratégica zona del mar Negro, derivaron en la guerra de Crimea (1854-1856), un conflicto que enfrentó a Rusia contra los aliados: Francia, Gran Bretaña y Turquía. La flota anglo-francesa penetró en el mar Negro y sitió Sebastopol, ciudad que caería en septiembre de 1855. La derrota rusa trajo como consecuencia la firma del tratado de París de 1856, que significó el hundimiento de los intereses rusos, mientras que el Imperio otomano conservó su integridad. De otro lado, Gran Bretaña, detuvo el avance ruso hacia los estrechos del mar Negro, protegiendo la India, mientras que Francia, bajo el impulso de Napoleón III, volvió a adquirir su estatus de gran potencia europea.

Años más tarde, la guerra de Crimea será utilizada por Julio Verne como base argumental de su novela Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el África austral publicada en 1872, que cuenta la historia de una delegación científica conformada por seis sabios, tres rusos y tres ingleses, quienes parten hacia Sudáfrica con el objetivo de medir un arco de meridiano, pero su labor se verá interrumpida a causa del inicio de la guerra de Crimea que enfrenta a sus naciones: “Enemigos separados por un gran abismo, enemigos que ya no pueden estar juntos ni aún en el terreno científico... Los ingleses, unidos a los franceses y turcos, luchaban ante Sebastopol. La cuestión de Oriente se discutía a cañonazos en el mar Negro... La impresión fue enorme entre aquellos ciudadanos rusos e ingleses que poseían en alto grado el sentimiento de la nacionalidad.”

La guerra franco-prusiana

Culminada la guerra de Crimea, Francia intentó asumir el papel de «árbitro europeo», interviniendo en todos los conflictos para fortalecerse como potencia continental, obteniendo al comienzo algunos éxitos. El canciller Otto von Bismarck de Prusia, deseoso de unificar su país con Alemania, buscó iniciar una guerra nacionalista en contra de Francia, para que de esta manera los estados germanos atrapados en el medio no tuvieran otra opción que unirse al bando prusiano. Ante estas circunstancias, Napoleón III le declara el 19 de julio de 1870 la guerra a Prusia, que será desastrosa para Francia y que dará vía libre a la conformación del Segundo Reich.

La declaración de la guerra, hace que Eugenia de Montijo, la Emperatriz regente, firme el decreto y la orden de movilización de Verne como guardia nacional en la bahía de Le Crotoy donde vivía, a bordo de su embarcación el Saint Michel. Su yate, llevaba como tripulación a doce veteranos de la guerra de Crimea, tres fusiles y un pequeño cañón absolutamente inofensivo. Los tranquilos servicios de vigilancia le sirvieron al autor para seguir escribiendo sus novelas.
Tras las campañas victoriosas de los comienzos de su reinado, Napoleón III hizo esta vez una errónea evaluación de sus fuerzas disponibles. Francia sufrió una serie de derrotas frente a un ejército mucho más numeroso, mejor organizado y equipado. Las hostilidades se prolongaron durante el mes de agosto hasta desembocar en septiembre en el desastre francés de la batalla de Sedán, donde el Emperador fue hecho prisionero. De otro lado, en Francia, el general Louis Jules Trochu y el político Léon Gambetta derrocan al Imperio y establecen el «gobierno de Defensa Nacional», conocido como la conservadora Tercera República. El gobierno republicano ordenó resistir, pero los alemanes asediaron París y derrotaron a las tropas que intentaron liberar la capital. No les quedaba más que negociar la paz. Finalmente, Bismarck impuso la cesión de Alsacia y parte de Lorena, además del pago de cinco mil millones de francos-oro.
La guerra civil supone una desgracia concreta para Julio Verne. A consecuencia de los disturbios, los bombardeos y los incendios, Jules Hetzel ha perdido su taller y se encuentra prácticamente arruinado. Afortunadamente, esta crisis dura poco, y tan pronto como la editorial vuelve a funcionar y a publicar las novelas de Verne, los problemas económicos se solucionarán tanto para el autor como para el editor. A pesar de esto, Julio Verne no parece haber sido especialmente traumatizado por la guerra, ya que no puede hablarse que dentro de su obra exista un despertar de su conciencia nacional a causa de la derrota francesa ante la Prusia de Bismarck.

La Comuna de París

En el año 1871, el historiador y político francés Louis Adolphe Thiers, quien fuese repetidas veces primer ministro bajo el reinado de Luis Felipe se convirtió esta vez en jefe del Estado francés. La derrota de Francia por Alemania había provocado la huída de París de toda la burguesía francesa. Los sufrimientos del asedio de París por los alemanes y la humillación de la derrota aceptada por Thiers mantenía la exasperación. Pero había un sector social que venía esperando y que pretende ahora un cambio revolucionario: «el proletariado». Aquellos derrotados de 1848 vuelven a levantarse, tomando el control del gobierno, y el 18 de marzo de 1871, establecen en París el «Gobierno de la Comuna», el primer poder proletario de la historia. Thiers rechaza cualquier negociación con los comuneros y se instala en Versalles para reconquistar París por la fuerza.

La Comuna estaba formada por consejeros municipales, elegidos por sufragio universal en los distritos de la ciudad; la mayoría de estos consejeros eran obreros, o representantes reconocidos de los obreros. La Comuna ejercía los poderes ejecutivo y legislativo. El error que tuvo la Comuna fue ser demasiado blanda con sus explotadores, los burgueses, quienes conspiraban fuera de París para derribarla. Otro error fue el no construir un ejército obrero para enfrentar al ejército burgués y defender el gobierno que habían establecido. En suma, la Comuna terminó aplastada dos meses después por los ejércitos burgueses que entraron a París el 21 de mayo en la «semana sangrienta», en donde fueron fusilados masivamente obreros y revolucionarios. El movimiento obrero francés quedará mutilado durante mucho tiempo y la Comuna se convertirá en un símbolo internacional de la lucha del proletariado contra la burguesía.

La Tercera República

En este estado de violencia interna y de humillación externa nace la Tercera República, y Verne, como defensor del conservador gobierno de Defensa Nacional, prefiere retirarse a Amiens, la ciudad de su esposa, en donde se instalará definitivamente. Tras haber obtenido la supresión de la Comuna. Thiers gobernó de 1871 a 1873 bajo el título de presidente provisional, siendo sustituido en su cargo por Patrice MacMahon, duque de Magenta, quien se convirtió en presidente de 1873 a 1879. Es en 1875 cuando una serie de Leyes Orgánicas crean oficialmente la Tercera República, creándose un parlamento con dos cámaras, así como los cargos de Presidente de la República y Presidente del Concilio. Desde entonces los gobiernos que siguientes se caracterizaron por ser extremadamente débiles. Hasta la muerte de Julio Verne en 1905, los posteriores presidentes de Francia fueron: Jules Grévy (1879-1887), Sadi Carnot (1887-1894), Jean Casimir-Perier (1894-1895), Félix Faure (1894-1899) y Emile Loubet (1899-1906).
La Tercera República se caracterizó por el sostenimiento, aunque atravesado de crisis, de la prosperidad económica y de la expansión colonialista de Francia, así como del resto de potencias europeas, prefigurándose desde ya las tensiones y enfrentamientos que confluirán en el siglo XIX, en el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial, de la que Verne ya no será testigo, aunque, como de tantas otras cosas, hubiera sido profeta.

Bibliografía

Ediciones Hyspamérica. Apéndices de las obras de Julio Verne.

Jean Chesneaux. Una lectura política de Julio Verne.

Larousse. Historia de la Humanidad. Tomo: Un mundo en evolución.

Larousse. Gran Historia Universal - JVerne

Julio Verne / Anexo 01 / Anexo 02 / Anexo 03

 


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