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Julio Verne. Anexo 3

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Julio Verne

Julio Verne / Anexo 01 / Anexo 02 / Anexo 03

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Julio Verne ¿Inventor o visionario?

09 - Reportaje a Julio Verne -
Publicada en McClure's Magazine, en enero de 1894 - Traduc Ariel Pérez

Julio Verne en casa. Su propia narración de su vida y su obra - Robert H. Sherard

"El gran pesar de mi vida ha sido el hecho de que nunca he tenido lugar alguno en la literatura francesa."

El hombre decía estas palabras al tiempo que su cabeza se inclinaba, y una gran tristeza parecía asomar en la alegre y cordial voz.

"No he tenido lugar alguno en la literatura francesa" - repitió. ¿Quién era aquel que hablaba así, con la cabeza gacha y con tono de tristeza en su alegre voz? ¿Algún escritor de folletines baratos pero populares para la prensa, algún hombre de letras que nunca ha tenido escrúpulo en declarar que él se ha ganado su vida con su pluma como instrumento y que siempre ha preferido el dinero en efectivo de la Sociedad Francesa de Letras a la gloria y el honor? No. Extraño, monstruoso, así parece ser, pero nuestro hombre no es otro que Julio Verne. Sí, Julio Verne, el Julio Verne, su Julio Verne y el mío también, aquel que nos ha deleitado a todos alrededor del mundo durante tantos años y que seguirá encantando a muchos durante generaciones y las generaciones por venir.

Fue en la habitación de descanso de la Sociedad Industrial de Amiens que el maestro me dijo estas palabras. Nunca olvidaré el tono de tristeza con las que las dijo. Era como la confesión de una vida sin sentido, el suspiro de un viejo hombre que nunca puede volver hacia atrás. Me causó un dolor tan profundo oírlo hablar de aquella manera y todo lo que pude hacer fue decirle, con verdadero entusiasmo, que él era para mí y para millones como yo, un gran maestro, la persona que tanto admiramos y respetamos, el novelista que nos deleitó a muchos de nosotros, mucho más de lo que lo hubiera hecho cualquier novelista que hubiera tomado alguna vez una pluma en la mano. Pero él sólo se limitaba a agitar su cabellera gris y decir: "No cuento para nada en la literatura francesa". Sesenta y seis años, y todavía se mantiene fuerte de espíritu, muchos rasgos de su cara me hacen recordar a Víctor Hugo; como un viejo capitán de mar, rojo de cara y lleno de vida. Un párpado ha comenzado a caer ligeramente, pero la mirada se mantiene firme y clara. De su persona emana un aroma de bondad interior y de corazón. Estas han sido las características del hombre, del cual Hector Malot1 dijo, algunos años atrás, que era el mejor de los compañeros; del hombre al cual el frío y reservado Alejandro Dumas quería como a un hermano; del hombre que no tiene ni ha tenido nunca, a pesar de su gran éxito, un enemigo real. Desafortunadamente, su salud le preocupa. Últimamente sus ojos se han debilitado, y por momentos él se siente incapaz de guiar su pluma y hay algunos días en los cuales la gastralgia lo martiriza. Pero él sigue tan valiente como siempre.

"He escrito sesenta y seis volúmenes" - dijo -, " y si Dios me concede vida llegaré a ochenta."

Julio Verne vive en el Bulevar Longueville, en Amiens, en la esquina de Rue Charles Dubois, en una espaciosa casa que él alquila. Es una casa de tres pisos, con tres filas de cinco ventanas que abren hacia el bulevar, tres ventanas en la esquina, y tres más que tienen su ubicación hacia la Rue Charles Dubois. La otra entrada está en esta calle. Desde las ventanas que dan hacia el bulevar se puede tener una vista muy pintoresca del pueblo de Amiens con su vieja catedral y otros edificios medievales. Justo delante de la casa y al otro lado del bulevar hay un pedazo de vía férrea, la cual - estando exactamente en la dirección opuesta a la ventana del estudio de Verne -, desaparece en un lugar de la calle, donde hay una gran plaza, en la que la banda del regimiento toca cada vez que el tiempo se lo permite. Esta combinación le sugiere a mi pensamiento un emblema del trabajo del gran escritor: el tranvía acercándose, con el rugido y el estrépito de lo ultramoderno y el romance de la música. Y, ¿no es ésta combinación de la ciencia y el industrialismo las que hacen que sean elementos más románticos en la vida real que en las novelas de Verne, donde poseen una originalidad que no puede encontrarse en los trabajos de ningún otro escritor vivo, incluso ni en aquellos que sí tienen un lugar dentro de la literatura francesa?

La residencia del novelista

Una alta pared bordea la Rue Charles Dubois y esconde el patio y el jardín de la casa de la vista del transeúnte. Una vez que uno llama a la puerta ubicada en la pequeña entrada lateral, la puerta es abierta e inmediatamente uno se encuentra en un patio pavimentado. En la dirección opuesta se encuentran la cocina y las oficinas; a la izquierda un agradable jardín repleto de árboles y a la derecha de la casa una larga fila de anchos pasos se extienden a lo largo del camino. Un acogedor lugar lleno de flores y palmas forman el vestíbulo. Atravesando éste el visitante entra en la sala, la cual está ricamente amueblada con mármoles y bronces, bellas figuras colgantes y las más cómodas butacas. Era la típica habitación de un hombre común, sin ningún rasgo característico en específico. Parece una habitación poco usada; esto se debe al hecho de que los señores Verne son personas muy simples, que no les importa mostrar su riqueza, sino disfrutar de tranquilidad y comodidad. El comedor, que era la habitación inmediata solo se usaba en caso de cenas especiales o cuando la familia celebraba una fiesta. El novelista y su esposa realmente comen en una pequeña habitación que está al lado de la cocina. Desde que el visitante entra al patio puede divisar en la esquina lejana de la casa una alta torre y la escalera en forma de espiral que termina en las habitaciones del piso superior de la torre. Al llegar a la cima de la escalera llegamos a los lugares de dominio privado del señor Verne. Luego de llegar aquí encontramos un pasillo con alfombras de color rojo, al igual que la escalera. A lo largo del mismo se divisan varios mapas y al final, en una esquina, se encuentra una pequeña habitación, la cual está amueblada con la armadura de una cama. Junto a un pequeño balcón se encuentra una pequeña mesa donde se puede ver una gran cantidad de papel manuscrito delicadamente cortado. Sobre el manto que cubre la pequeña chimenea se encuentran dos estatuas, una de Moliere y la otra de Shakespeare y sobre éstas un cuadro pintado con acuarela, que representa la entrada de un yate a la bahía de Nápoles. Es ésta la habitación en la que Verne trabaja. El cuarto contiguo está reservado para varios estantes llenos de libros que van desde el techo hasta la alfombra.

Al hablar sobre sus métodos de trabajo Verne dijo: "Me despierto todas las mañanas poco antes de las cinco - quizás un poco más tarde en la temporada invernal -, y a las cinco ya me encuentro en mi escritorio y permanezco trabajando hasta las once. Trabajo muy despacio y con gran cuidado, escribiendo y volviendo a escribir hasta que cada oración tome la forma que yo deseo. Siempre tengo, al menos, en mi mente las ideas de hasta diez novelas paralelas, siempre estoy pensando en nuevas historias. De esta forma, si trabajo con perseverancia, no tendré dificultad en completar las ochenta novelas de las cuales le hablé. Pero es en las correcciones donde invierto la mayor parte del tiempo. Nunca estoy satisfecho cuando he hecho menos de siete u ocho revisiones y las corrijo una y otra vez, hasta que se pueda decir que la última corrección tiene pocos rastros de lo que una vez fue el manuscrito original. Esto significa un gran sacrificio, tanto desde el punto de vista monetario como de tiempo. No obstante, siempre he intentado hacer todo lo que esté a mi alcance para respetar la forma y el estilo, aún cuando las personas nunca me han hecho justicia en lo que respecta a esta consideración."

Entramos juntos en la habitación de la Sociedad Industrial. Al entrar Verne me señaló hacia un pila de hojas. "La sexta corrección" - dijo -. Luego me mostró un gran manuscrito que miré con gran interés, "esto es..." - dijo el novelista, con su genial sonrisa -, " ...es solo un informe que voy a enviar al Consejo Municipal de Amiens, del cual soy miembro. Yo muestro gran interés por los asuntos del pueblo."

Le había pedido al señor Verne que me contara de su vida y su trabajo. Él me dijo que me diría cosas que nunca antes había dicho. Mi primera pregunta fue sobre su juventud y su casa natal y esto fue lo que me dijo:

"Nací en Nantes el 8 de febrero de 1828, de manera que en estos momentos tengo sesenta y seis años. Debe ser mejor que se me pregunte por mis impresiones de la vejez y no por los recuerdos de mi niñez. Éramos una familia muy feliz. Nuestro padre, que fue un hombre admirable, era parisiense de nacimiento, o más bien, de educación. Realmente él nació en Brie, pero fue educado en París, donde cursó sus estudios universitarios y se graduó como abogado. Mi madre era bretona, de la ciudad de Morlaix, de manera que por mis venas corre una mezcla de sangre bretona y parisiense."

Estos elementos son interesantes desde el punto de vista psicológico y ayuda a las personas a entender el carácter de Julio Verne que lleva en su interior la alegría de la vida de un frecuentador de bulevares parisienses. Claretie escribió sobre esto: Él es igual a esas personas que suelen frecuentar los bulevares de París. Tiene ese carácter desde la punta de los dedos hasta las de los pies. Verne además ama la soledad, la religiosidad y adora el mar, los cuales son rasgos que heredó de la parte bretona.

"Tuve una juventud muy feliz. Mi padre era abogado en Nantes y estaba en posesión de una buena fortuna. Él era un hombre de cultura y de un gran sabor literario. Él escribía canciones en la época en que aún en Francia se escribían; esto fue en los años desde el 1830 hasta el 1840. Pero él era un hombre que no tenía ambiciones y aunque podría haberse distinguido en el campo de las Letras - si así lo hubiera querido -, evitaba todo tipo de publicidad. Sus canciones se cantaban dentro del ámbito familiar. Muy pocas de ellas fueron impresas. Puedo comentarle que ninguno de nosotros ha sido ambicioso; hemos intentado disfrutar nuestras vidas y hacer nuestro trabajo lo más tranquilamente posible. Mi padre murió en 1871 a la edad de setenta y tres. Él podría haber dicho Tenía dos años cuando el siglo nació, en honor al comentario del famoso Víctor Hugo sobre la fecha de su nacimiento. Mi madre murió en 1885, dejando treinta y dos nietos y si contamos a los primos y primos hermanos, en total serían noventa y siete descendientes. Todos nosotros aún vivimos, es decir, la muerte no nos ha llevado a ninguno de los cinco. Somos dos varones y tres hembras y todos estamos vivos en estos momentos. Los hombres y las mujeres de Bretaña son de constitución sólida. Mi hermano Paul era y es mi más estimado amigo. Sí, realmente puedo decir que él no sólo es mi hermano, sino que es, además, mi amigo más íntimo. Y nuestra amistad comenzó desde el primer día que puedo recordar. ¡Qué excursiones tan maravillosas solíamos hacer montados en botes remendados a través del Loira! Cuando tenía quince años no había un sólo rincón o lugar del Loira que no hayamos explorado. ¡Qué embarcaciones más peligrosas eran aquellas y que riesgos corríamos! A veces yo era el capitán, en otras ocasiones era Paul. Pero Paul era el mejor de los dos. Conoce usted que, después que se alistó en la marina, él se podría haber convertido en un funcionario muy distinguido. Pero no hubiera sido un Verne. O sea, quiero decirle, él no tenía ambiciones."

"Empecé a escribir cuando tenía doce años. Escribía entonces poesía, y los poemas no eran muy buenos. Aún recuerdo una que compuse para el cumpleaños de mi padre. Fue recibida muy bien, incluso, fui felicitado y me sentía bastante orgulloso. Recuerdo que por esa época yo solía pasar un gran tiempo ocupado con mis escrituras, copiando y corrigiendo. Nunca llegaba a sentirme satisfecho con lo que había hecho."

"Supongo que unos pueden ver en mi amor por la aventura y por el mar lo que sería el giro que tomaría mi mente unos años más tarde. Ciertamente, el método de trabajo que yo tenía se me ha afianzado desde entonces y ha permanecido conmigo durante toda mi vida. No creo que haya hecho en alguna ocasión algún trabajo descuidado."

"No, no puedo decir que fui particularmente atrapado por la Ciencia. De hecho, nunca he estudiado Ciencias. Pero en la época en que era un muchacho adoraba ver como trabajaban las máquinas. Mi padre tenía una finca en Chantenay, una ciudad situada cerca del Loira. Cerca del lugar se encontraba la fábrica de máquinas gubernamentales de Indret. En ninguna de mis estancias en Chantenay dejé de visitar la fábrica. Allí, me quedaba de pie horas y horas observando como las máquinas hacían su trabajo. Esta característica ha seguido conmigo por el resto de mi vida. Aún hoy, siento tanto placer en mirar como trabaja la máquina de vapor de una locomotora como en contemplar un cuadro pintado por Raphael o Correggio. Mi interés en las industrias humanas siempre ha sido un marcado rasgo de mi carácter, tan marcado, de hecho, como mi amor por la Literatura - de la que hablaré en unos momentos - y mi deleite por las bellas artes que me han llevado a visitar cada museo y galería de alguna importancia en Europa. La fábrica de Indret, las excursiones en el Loira y mi intento de escribir versos fueron las tres grandes pasiones y ocupaciones de mi juventud."

Cómo fue educado

"Fui educado en el liceo de Nantes, donde permanecí hasta que concluí con mis clases de Retórica. Luego, fui enviado a París con el objetivo de estudiar Leyes. Mi estudio favorito siempre ha sido la Geografía, pero en la época en que estuve en París fui completamente atrapado por los proyectos literarios. Estaba bajo la gran influencia de Víctor Hugo, de hecho, me encontraba muy excitado leyendo y volviendo a leer sus trabajos. Por aquel entonces, si me lo preguntaban, quizás podría haber recitado páginas enteras de Nuestra señora de París. Pero fue su trabajo dramático el que más influyó sobre mí y fue, bajo esta influencia, que a los diecisiete años comencé a escribir varias tragedias y comedias, por no mencionar novelas. De esta forma, escribí una tragedia en verso en cinco actos titulada Alejandro VI, la cual era la tragedia de el papa de Borgia. Otra de las tragedias en cinco actos y en verso que escribí por esa época fue La conspiración de la pólvora, con Guy Fawkes como héroe. Un drama bajo Luis XV, fue otra de las tragedias en versos, y en cuanto a las comedias existía una en cinco actos y en verso llamada Los felices del día. Todo este trabajo fue realizado con el mayor cuidado y con la constante preocupación de que el estilo me pareciera el correcto. Siempre he cuidado mucho el estilo, pero las personas nunca me han dado crédito por eso."

"Llegué a París a estudiar en la época en que abundaban aquellas jóvenes de origen latino que se erigieron en una clase trabajadora. No puedo decir que frecuentaba las habitaciones de muchos de mis compañeros de estudio. Es conocido que nosotros, los bretones, somos personas que gustan de no hacer muchas nuevas amistades. Casi todos mis amigos eran viejos compañeros de escuela de Nantes, los cuales habían tenido la oportunidad de llegar a la Universidad de París al igual que yo. Mis amigos eran casi todos músicos, y en ese periodo de mi vida yo era músico también. Yo entendía armonía y creo, ahora puedo decirle, que si hubiera elegido la carrera musical podría haber tenido muchas menos dificultades que muchos otros para tener éxito. Víctor Masse era un estudiante amigo mío y también lo era Delibes, con quien llegué a entablar una íntima relación. Solíamos tratarnos de tú, el uno al otro. Estas fueron algunos de las personas con las que tuve cierta amistad cuando estaba en París. Entre mis amigos bretones se encontraba Aristide Hignard, un músico, que aunque había ganado el segundo Prix de Roma, pero que nunca llegó a tener el éxito esperado. Solíamos trabajar juntos. Yo escribía la letra y él, la música. De esa manera, produjimos una o dos operetas, las cuales fueron escenificadas, y algunas canciones."

"Una de estas canciones se titulaba Los Gavieros. Solía ser cantada por el barítono Charles Bataille, quien era muy popular por aquella época. El coro según recuerdo era algo así como:"

Alerta,
Alerta, muchachos, alerta,
El cielo es azul, el mar es verde,
Alerta, alerta

"Otro de los amigos que conocí siendo estudiante y que ha continuado siendo mi amigo desde entonces es Leroy, el diputado actual de la ciudad de Morbihan. Pero el amigo a quien le debo la deuda más profunda de gratitud y afecto es Alejandro Dumas, el hijo, el cual conocí a la edad de veintiuno. Nosotros nos hicimos amigos casi al instante. Él fue el primero en animarme. Pudiera decirse que él fue mi primer protector. No nos hemos encontrado desde hace un buen tiempo atrás, pero mientras yo viva, nunca me olvidaré de su bondad ni tampoco la deuda que le debo. Él me presentó a su padre; él trabajó junto a mí en colaboración. Juntos escribimos una obra llamada Las pajas rotas, la cual fue escenificada en el teatro parisiense Gymnase, además de una comedia en tres actos que titulamos Once días de asedio, la cual fue puesta en escena en el Teatro Vaudeville. En aquel entonces yo vivía en una pequeña pensión mantenido por mi padre, y fue entonces cuando comencé a tener los sueños de riqueza que me llevaron a una o dos especulaciones en la Bolsa. En realidad esto no convirtió en realidad mis sueños. Sin embargo, extraje algún beneficio de mis constantes visitas a la Bolsa. Fue ahí donde llegué a conocer los secretos del comercio y la fiebre de los negocios, las cuales he descrito y usado a menudo en mis novelas."

"Al mismo tiempo que especulaba en la Bolsa, colaboraba con Hignard en operetas y canciones, con Alejandro Dumas en comedias; también escribí cuentos que fueron apareciendo en algunas revistas. Mi primer trabajo apareció en la revista Museé des familles, donde podrá encontrar una historia mía sobre un hombre que no estaba en sus cabales y el cual iba dirigiendo un globo. Este fue el primer indicio sobre el estilo de novela que posteriormente seguí. Por aquellos años era secretario del Teatro Lírico y luego, secretario del señor Perrin. Adoro el teatro y todo lo que esté conectado a él y el trabajo que más he disfrutado ha sido, sin duda, el de haber escrito obras para la escena."

El principio del éxito literario

"Tenía veinticinco años cuando escribí mi primera novela científica. Se tituló Cinco semanas en globo. Fue publicada por Hetzel en 1861 e inmediatamente se convirtió en un gran éxito."

Al llegar a este punto de la conversación interrumpí a Verne y le dije: "Quiero que me diga cómo escribió la novela y por qué, y qué preparación tenía para hacerla. ¿Tenía conocimiento de como se viajaba en un globo o había tenido alguna experiencia propia?"

"Ninguna" - contestó Verne -, "escribí Cinco semanas en globo, no pensando en una historia sobre como viajar en globo, sino en una historia sobre África. Siempre he estado muy interesado en la Geografía y los viajes y con la novela quise dar una descripción romántica de África. De manera tal que no había otra forma de llevar a mis viajeros hacia África a no ser en un globo, y esta es la respuesta de por qué es introducido un globo en la historia. En ese momento nunca había hecho un ascenso en globo. De hecho, sólo he viajado en globo en una ocasión en mi vida. Fue en Amiens, mucho después de que mi novela fuese publicada. La travesía se verificó en tres cuartos de hora, debido a que tuvimos un problema al subir. Godard, el aeronauta, estaba besando a su pequeño hijo al tiempo que el globo comenzaba a elevarse; de manera que tuvimos que llevar al chico con nosotros. El globo estaba tan pesado que no pudo ir muy lejos. Viajamos hasta Longeau, una ciudad por la que usted pasó antes de llegar aquí. Puedo decirle que tanto en el momento en que escribí la novela como ahora, no tengo fe en la posibilidad de dirigir globos, a excepción de que se estuviera en una atmósfera completamente estancada como, por ejemplo, en esta habitación. ¿De qué manera se puede construir un globo que logre enfrentar corrientes de seis, siete u ocho metros por segundo? Es sólo un sueño, aunque creo que si la pregunta alguna vez fuera resuelta esta sería con una máquina que fuera más pesada que el aire, siguiendo el principio del pájaro que puede volar aun cuando es más pesado que el aire."

¿Entonces usted no tenía ningún estudio científico en que basarse?

"Ninguno. Puedo decirle que nunca he estudiado Ciencias, aunque gracias a mi hábito de leer he podido adquirir conocimientos que me han sido útiles. Soy un gran lector y cada ocasión que leo lo hago con un lápiz en la mano. Siempre llevo un cuaderno conmigo e inmediatamente apunto, tal y como lo hacía Dickens, algo que me interese o que pueda ser de posible uso en mis libros. Vengo aquí todos los días después de almuerzo y de inmediato me dispongo a trabajar. Leo hasta quince publicaciones distintas, siempre las mismas quince, y puedo decirle que son muy pocos los artículos que aparecen en ellas que escapan a mi atención. Cuando veo algo de interés lo escribo en mi cuaderno. Leo publicaciones tales como Revue Bleue, Revue Rose, Revue des deux mondes, Cosmos, La nature de Tissandier y L'astronomie de Flammraion. También leo los boletines de las sociedades científicas, sobre todo aquellos de la Sociedad Geográfica. Debo significar que la Geografía es mi pasión y mi estudio. En mi biblioteca personal se encuentran todos los trabajos de Elisée Reclus - por el cual siento gran admiración -, y todos los de Arago. He leído una y otra vez, debido a que soy un lector muy cuidadoso, la conocida colección Le tour du monde, la cual es una serie de historias donde se describen viajes a diferentes partes del universo. Poseo miles de notas actualizadas sobre diferentes temas. En estos momentos cuento con veinte mil notas que pueden ser revertidas en mi trabajo, pues hasta los días de hoy no han sido usadas. Algunas de estas notas fueron tomadas en conversaciones. Me gusta oír hablar a las personas, sobre todo a aquellas que me proveen de información sobre tópicos que conocen."

¿Cómo ha podido hacer lo que ha hecho sin estudio científico alguno?

"He tenido la buena fortuna de venir al mundo en una época donde existen diccionarios de todo tipo. Si deseo buscar alguna información, todo cuanto tengo que hacer es localizarla en mi diccionario. Por supuesto, en mis horas de lectura también recopilo una gran cantidad de información. Como le dije anteriormente muchas ideas siempre rondan en mi cabeza. Fue así como, un día, en un café en París leí un artículo de El siglo. En él se decía que un hombre podría viajar alrededor del mundo en sólo ochenta días. Inmediatamente mi mente se iluminó con la posibilidad de que debido a la diferencia horaria, el viajero pudiera adelantar o retrasar un día en su viaje. Había encontrado un argumento para una historia. No escribí la historia hasta mucho después. Siempre llevo varias ideas en mi cabeza durante años - diez o quince en algunas ocasiones -, hasta darles la forma definitiva."

"A través de mis novelas, mi objetivo ha sido dar una imagen de la Tierra y no sólo la Tierra en sí, sino el Universo. Recuerde que, en algunas ocasiones, he llevado a mis lectores mas allá de la Tierra. Al mismo tiempo he intentado mantener la belleza en el estilo. Se dice que no puede haber estilo en una novela de aventura. No es cierto, aunque admito que es más difícil escribir una novela de este tipo a un nivel literario aceptable, que escribir el tipo de novelas modernas, basadas en un estudio profundo de los personajes de la misma. Quiero aclarar" - dijo Verne elevando ligeramente sus anchos hombros - "que no soy un gran admirador de la llamada novela psicológica, porque no entiendo que tiene que ver una novela con la psicología. Exceptúo aquí a Daudet y De Maupassant2. Siento gran admiración por De Maupassant. Él es un hombre genial que ha recibido del cielo el don de escribir sobre muchas cosas y lo ha hecho tan natural y fácilmente como un árbol de manzanas produce manzanas. Mi autor favorito, sin embargo, es y siempre ha sido Dickens. No sé más de cien palabras del idioma inglés, de manera que tengo que leer sus obras en traducciones. Declaro" - dijo Verne, mientras situaba sus manos en la mesa con énfasis -, " que he leído diez veces, al menos, todas las obras de Dickens. No puedo decirle que prefiero a Dickens y no a Maupassant, porque no hay comparación posible entre los dos. La prueba de mi admiración por Dickens es mi próxima novela llamada Aventuras de un niño irlandés. Soy también y siempre he sido, además, un gran admirador de las novelas de Cooper. Al menos quince de ellas las considero inmortales."

Las insatisfacciones del genio

Entonces, con aire de meditación pero hablando en alta voz, Verne agregó: " Cuando yo me quejaba de que mi lugar en la literatura francesa no había sido reconocido, Dumas solía decirme: Tú debías haber sido un autor americano o inglés. Entonces, tus libros traducidos al francés, hubieran tenido una enorme popularidad en Francia y habrías sido considerado por tus compatriotas como uno de los más grandes escritores de ficción. Como puede comprobar, no ha sido considerado mi lugar dentro de la literatura francesa. Quince años atrás, Dumas propuso mi nombre para la Academia y como en ese momento tenía varios amigos en la Academia entre los que estaban Labiche, Sandoz y otros; parecía que era la gran oportunidad para que se determinara mi elección y el reconocimiento formal de mi trabajo. Pero nunca ocurrió. Cuando recibo cartas de América dirigidas a Señor Julio Verne, miembro de la Academia francesa no puedo evitar una sonrisa. Desde el día en que mi nombre fue propuesto han habido, desde entonces, no menos de cuarenta y dos elecciones en la Academia francesa que, por así decirlo, se ha renovado completamente. Pero yo he sido olvidado."

Fue entonces que Verne dijo las palabras que, por su importancia, he ubicado al principio de este artículo.

Para cambiar la conversación le pedí a Verne que me hablara de sus viajes y dijo: "Me he dedicado a la navegación por puro placer, pero siempre con el objetivo de conseguir información para mis libros. Esta ha sido mi preocupación constante y cada una de mis novelas han sido beneficiadas por mis viajes. De esta forma, en Un billete de lotería será encontrada la narración de mis experiencias y observaciones personales en una excursión que tuve la oportunidad de realizar a Escocia, Iona y Staffa; así como también de un viaje a Noruega en el año 1862, cuando viajé desde Estocolmo hasta Christiana a través del canal. Fue un viaje extraordinario de tres días y tres noches en un vapor y luego llegamos a la parte más salvaje de Noruega llamada Tolemark. Visitamos, además, las cataratas de Gosta, la cual tiene una altura de novecientos pies. En Las indias negras está la descripción de mi gira por Inglaterra y mi visita a los lagos escoceses. La idea original de Una ciudad flotante sobrevino cuando viajaba hacia América, en al año 1867, a bordo del famoso transatlántico Great Eastern. Allí visité Nueva York, la ciudad de Albany y además el Niágara. Tuve la maravillosa oportunidad de ver el Niágara cubierto de hielo. Fue el día 14 de abril. Se podían ver algunos torrentes de agua entrando a raudales a través de algunos orificios abiertos en la superficie helada. Matías Sandorf fue el resultado de una excursión desde Tánger3 hasta Malta4 en mi yate, el St. Michel, el cual fue nombrado así en honor a mi hijo Michel, que me acompañó en ese viaje, así como también me acompañaron su madre y mi hermano Paul. En el año 1878 tuve una instructiva y agradable excursión a través del Mar Mediterráneo junto a Raoul Duval, el hijo de Hetzel y mi hermano. Viajar era el gran placer de mi vida y fue con gran pesar que en el año 1886, fui forzado a abandonar tal distracción a consecuencia de mi accidente. Seguramente, usted sabe la triste historia de cómo un sobrino mío, que me adoraba y al cual yo también quería mucho, vino a verme un día a Amiens y después de murmurar algo, ferozmente, me apuntó con un revólver y me disparó, hiriendo mi pierna izquierda. A consecuencia de este hecho, nunca más he podido caminar como lo hacía antes. La herida nunca se ha cerrado y nunca me han extraído la bala. El pobre muchacho estaba fuera de sus cabales. Luego, dijo que lo había hecho para atraer sobre mi la atención, de manera que se escucharan mis demandas por un puesto en la Academia francesa. Él está ahora en un asilo y temo que nunca se curará. El gran pesar que esto me trajo es el hecho de que nunca más podré ver América de nuevo. Me hubiera gustado visitar la ciudad de Chicago este año, pero dado el estado de mi salud y esta herida que no cierra, será imposible para mi salir de Francia. Amo a América y a los americanos. Comoquiera que usted es americano y está escribiendo para ellos, asegúrese de decirles que si ellos me aman - que conozco que sí, debido a que recibo miles de cartas todos los años desde Estados Unidos -, yo les devuelvo su afecto con todo mi corazón. ¡Si pudiera ir y poder verlos a todos! ¡Esa sería la gran alegría de mi vida!

"Aunque la mayoría de las descripciones geográficas en mis novelas son extraídas de mi observación personal, en algunas ocasiones he tenido que apoyarme en las cosas que he leído para hacer las descripciones. En la novela sobre la que le hablé titulada Aventuras de un niño irlandés, la cual muy pronto será publicada, describo las aventuras de un muchacho en Irlanda. La historia comienza cuando el chico tiene dos años de edad y termina cuando cumple los quince, que es cuando él y sus amigos labran sus propias fortunas. ¿No cree que es un buen argumento para una novela? En el libro, el joven viaja por toda Irlanda y debo decirle que yo nunca he visitado ese país, de manera que todas las descripciones de los lugares y escenarios han sido tomadas de libros."

"Tengo varios libros esperando por ser impresos. La próxima novela, es decir, la que se publicará el próximo año se titula Las maravillosas aventuras de Antifer, y ya está completamente terminada. Es la historia de la búsqueda y hallazgo de un tesoro y en la novela se expone un problema geométrico muy curioso. Estoy muy apegado a la novela, la cual aparecerá en el año 1895, aunque no puedo decirle nada más por el momento. Al tiempo que elaboro éstas historias, también escribo cuentos. En el próximo número de El Fígaro, el cual será publicado para las navidades se publicará un cuento mío titulado, El señor Re-sostenido y la señorita Mi-bemol. Usted conoce que el re-sostenido y el mi-bemol son exactamente las mismas notas musicales cuando son ejecutadas en un piano. Ahí está implícito mi conocimiento musical. Nada de lo que uno ha aprendido deja de utilizarse alguna vez en la vida."

"Las personas me preguntan a menudo, tal y como usted lo ha hecho, por qué resido en Amiens; especialmente yo, que era una persona tan parisino en mis instintos. Como le he dicho, soy de sangre bretona y adoro la calma y la tranquilidad y nunca podría ser más feliz que estando en un claustro. Una vida tranquila, llena de estudio y trabajo, es mi deleite. Llegué a Amiens en el año 1857. Aquí conocí a la mujer que es ahora mi esposa, la cual por aquel entonces - su nombre era Honorine de Viane - era viuda y tenía dos pequeñas hijas. Los lazos familiares y la tranquilidad del lugar me han mantenido desde entonces atado a Amiens. Hetzel me comentó hace unos días que si yo viviera en París hubiera escrito, al menos, diez novelas menos de las que he hecho. Disfruto mucho mi vida aquí en la ciudad. Ya le he dicho cómo es que trabajo por las mañanas y leo por las tardes. Hago tanto ejercicios como puedo. Ese ha sido el secreto de mi salud y mi fuerza. Continúo siendo aficionado al teatro y siempre que hay una obra en el pequeño teatro de la localidad puede estar seguro que podrá encontrar a la señora Verne y a su esposo en la luneta. Días atrás, nosotros cenamos en el Hotel Continental. Lo hicimos con el propósito de tener un momento de distracción y para darles un descanso a nuestros sirvientes. Nuestro único hijo, Michel, vive en París, donde está casado y tiene hijos. Él ha escrito algunos artículos científicos. Tengo sólo una mascota. Usted seguramente habrá visto en mi casa un cuadro de mi estimado y viejo amigo. Es un perro llamado Follet."

Un escritor mal pagado

Al llegar a este punto de la conversación le hice entonces a Verne una pregunta algo indiscreta, pero me pareció que era necesaria. He oído que los ingresos que Verne recibe por sus maravillosos libros están muy por debajo de los que gana un periodista ordinario. De fuentes confiables me ha llegado el comentario de que los ingresos de Julio Verne no llegan a un promedio anual de cinco mil dólares. Verne dijo: "Me gustaría no hablar sobre ese tema. Es cierto que mis primeros libros, incluyendo mis más exitosos, se vendieron por una ínfima parte de su valor, pero después del año 1875, es decir, luego de escribir Miguel Strogoff, mis ingresos fueron reconsiderados y comencé a ganar una justa porción de las ganancias de mis novelas. No tengo queja alguna. Tanto mejor si mi editor ha ganado dinero también. Ciertamente, yo pudiera recriminarme a mí mismo el hecho de no haber concertado mejores contratos. Para que tenga una idea, La vuelta al mundo en ochenta días produjo en Francia una ganancia de diez millones de francos y Miguel Strogoff, siete millones. He tenido muy poca participación en estas ganancias. Pero yo no soy y nunca he sido un hombre de dinero. Soy un hombre de letras y un artista. Vivo siguiendo un ideal, generando nuevas ideas y mejorando con entusiasmo mi trabajo. Y cuando he hecho mi trabajo aparto todo de mi mente y olvido tantas cosas que, a menudo, me acomodo en mi estudio y comienzo a leer una novela de Julio Verne, y la leo con entusiasmo. Si mis compatriotas hubieran tenido un poco más de justicia conmigo, esto lo habría apreciado un millón de veces más que una ganancia de algunos miles de dólares que viniera de mis libros. Eso es lo que lamento y siempre lamentaré."

Sobre uno de los botones de la chaqueta azul de Verne pude observar una insignia de color rojo que lo acredita como funcionario de la Legión de Honor.

"Sí" - dijo -, "ese es un reconocimiento". Entonces, con una sonrisa dijo: "Yo fui el último hombre condecorado por el imperio. Dos horas después de firmado el decreto que me hizo miembro de la Legión de Honor, el imperio había dejado de existir. Mi promoción a funcionario se firmó en julio del año pasado. Pero no son las condecoraciones lo que yo ansío. Lo que deseo es que las personas reconozcan lo que hecho o lo que he intentado hacer y no lo dejen pasar por alto. Soy un artista" - repitió Julio Verne, preparándose para levantarse al tiempo que apoyaba su pie en la alfombra.

"Soy un artista" - dijo Julio Verne.

Tan pronto como este artículo sea leído, toda América, seguramente se hará eco de sus palabras

1. Literato y novelista francés (1830-1907). Autor de interesantes novelas, entre las que deben citarse Las víctimas del amor y Sin familia.
2. Su nombre completo era E. R. A. Guido de Maupassant (1850-1893). Célebre y fecundo novelista francés, el discípulo más aventajado de Gustavo Flaubert. Murió loco.
3. Ciudad de Marruecos, situada en la costa sudoeste del Estrecho de Gibraltar.
4. Isla del Mediterráneo, situado al sur de la de Sicilia...


Julio Verne ¿Inventor o visionario? - Ariel Pérez

Fue Julio Verne el más incomprendido de los visionarios del siglo XIX o uno de los inventores más grandes de la pasada centuria? La pregunta continúa aún sin respuesta y los defensores de ambas teorías siguen aportando continuamente nuevos elementos con el objetivo de demostrar la equivocación del bando contrario. Para los primeros el autor francés fue un visionario a la altura de Nostradamus, un hombre capaz de prever con visión de largo alcance muchos de los adelantos científicos que nos traería el siglo XX, un hombre que, por inspiración divina o, como dicen muchos de ellos, por la información suministrada por seres extraterrestres, fue capaz de adelantarse en el tiempo de una forma asombrosa. Los defensores de la segunda teoría son menos osados y más conservadores y afirman que Verne no hizo más que inventar sus máquinas a partir de la información científica de la época.

En un plano más neutral, desde la tribuna de lo imparcial, les propongo un recorrido a través del cual analizaremos las interioridades de las “visiones” o los “inventos” que comenzaron bien pronto desde su primera novela publicada.

Conquistando los cielos

Se dice que la historia de la aerostación empezó a finales del siglo XVIII, en Francia cuando los hermanos Montgolfier fueron los primeros en construir un globo de papel. Utilizando un gas mucho más ligero que el aire, consiguieron que éste se elevara, en su primera ascensión, hasta los quinientos metros. ¡Habían inventado el globo aerostático! En el año siguiente, en 1783, los hermanos Montgolfier, en una demostración en el Palacio de Versalles, colgaron un cesto del globo y metieron dentro a una oveja, un pato y un gallo y estos fueron, por consiguiente, los primeros pasajeros de la historia del globo. El primer vuelo con personas se realizó ese propio año y en esta ocasión el intrépido fue Pilâtre de Rosiers que ascendió hasta los mil metros de altura, durando el vuelo unos veinticinco minutos, y recorriendo unos diez kilómetros. El globo confeccionado por los hermanos Montgolfier, llevaba una cesta de mimbre en la que se había colocado un horno de leña con el fin de mantener el aire caliente dentro del globo. La historia también recoge que fue en 1785 cuando se llevó a cabo el primer vuelo sobre el Canal inglés, en 1821 el primer viaje de larga duración que duró dieciocho horas, recorriéndose la distancia de quinientas millas entre las ciudades de Londres y Weiburg en Alemania y en 1849 el primer viaje a través de los Alpes recorriendo la distancia entre Marsella y Turín. No se podría completar la historia sin decir además que hacia finales del siglo XVIII se inventaron también los globos de gas y los dirigibles, siendo estos últimos los grandes protagonistas del aire durante el siglo XIX.

Ochenta años después del invento de los hermanos Montgolfier, un compatriota, el escritor y novelista francés Julio Verne publicaba Cinco semanas en globo donde describe un viaje sobre África a través del cual el Doctor Fergusson y sus acompañantes asisten a la confirmación de la existencia de varios lugares descritos por los primeros exploradores del continente africano. Muchos consideran que Verne hizo en esta novela su primera gran predicción, la referente a los viajes en globo. Si bien podemos tomar en consideración que ya con anterioridad los viajes en globo propiamente dichos eran realidad, también se puede significar que en la época en que Verne escribe su viaje sobre África, el hecho de que se pudiese viajar en globo a través de largas distancias era algo más que una hipótesis. Verne simplemente describe un viaje de una duración mucho más larga que la usual, detallando además un novedoso método que permite el ascenso y descenso del globo, además de la posibilidad de dirigirlo. El mismo autor expresa en una entrevista: “Puedo decirle que tanto en el momento en que escribí la novela como ahora, no tengo fe en la posibilidad de dirigir globos, a excepción de que se estuviera en una atmósfera completamente estancada como, por ejemplo, en esta habitación. ¿De qué manera se puede construir un globo que logre enfrentar corrientes de seis, siete u ocho metros por segundo? Es sólo un sueño, aunque creo que si la pregunta alguna vez fuera resuelta esta sería con una máquina que fuera más pesada que el aire, siguiendo el principio del pájaro que puede volar aun cuando es más pesado que el aire.

Verne recrea la idea de utilizar una máquina más pesada que al aire con el objetivo de dominar el espacio aéreo en Robur el conquistador. El Albatros es descrito de la siguiente manera: “Todo el aparato volante del ingeniero Robur participaba o ejercía ambas funciones. He aquí la descripción exacta, que podía dividirse en tres partes esenciales: la plataforma, las máquinas de suspensión y de propulsión y la maquinaria. La plataforma: era una construcción de treinta metros de longitud por cuatro de anchura, auténtico puente de nave con proa en forma de espolón. En la parte inferior quedaba colocada en forma redonda un casco, sólidamente encajado, que encerraban los aparatos destinados a producir la potencia mecánica, el pañol o depósito para las municiones, los aparatos, los útiles, el almacén general para las provisiones de toda especie, incluyendo los depósitos para agua. (…) Las máquinas de suspensión y de propulsión: encima de la plataforma aparecían verticalmente treinta y siete ejes, de los cuales quince iban en la parte delantera a ambos lados, y los siete restantes, más elevados, se hallaban en el centro. A primera vista, parecía el aparato un buque con treinta y siete mástiles. Sólo que todos aquellos mástiles, en lugar de velas, llevaban cada uno dos hélices horizontales, de un paso y de un diámetro bastante pequeños, sin que esto fuera obstáculo para que se les pudiera imprimir una rotación prodigiosa. Cada uno de aquellos ejes tenía un movimiento independiente del movimiento de los otros, y además, de dos en dos, cada eje giraba en sentido inverso; disposición necesaria para que el aparato no emprendiera un movimiento giratorio. De esta manera las hélices, continuando su elevación sobre la columna de aire vertical, mantenían el equilibrio contra la resistencia horizontal. (…) La maquinaria: no era al vapor de agua u otros líquidos, ni al aire comprimido u otros gases elásticos, ni a mezclas explosivas capaces de producir una acción mecánica, a quienes Robur había pedido la potencia necesaria para sostener y mover su aparato, sino a la electricidad, a este agente que, andando el tiempo, habrá de ser el alma del mundo industrial. Por otra parte, no empleaba ninguna máquina electromotriz para producirlo. Solamente pilas y acumuladores.

La descripción de esta máquina, de hecho, bastante ingeniosa, puede llevarnos a pensar en algo similar a los modernos helicópteros. Pero, ¿fueron las ideas originales de Verne las que dieron lugar a la descripción de semejante máquina? Recientes descubrimientos apuntan a decir que, mucho antes de escribir su novela, Julio conoció, en 1863, a los ingenieros Gabriel de Landelle y Gustave Ponton d’Amecourt quienes eran miembros del club de aviación fundado en ese mismo año por Nadar. Ponton d’Amecourt había creado con anterioridad maquetas de helicópteros propulsados por vapor y había creado además un modelo de aeronave muy parecida al Albatros de Robur. Algo que sí parece original es la idea del uso de la electricidad como fuerza motora del aparato, algo en lo cual Verne no se limitó sólo al Albatros, puesto que muchas otras de sus máquinas usan la misma fuente de energía.

Si se toma en consideración que el primer intento de vuelo vertical del cual se tiene conocimiento fue realizado por Paul Cornu el 13 de noviembre de 1907 y que la historia reconoce que los primeros modelos de helicópteros fueron diseñados por el ruso Igor Sikorsky en 1908, se debe concluir entonces que Verne se adelantó algunos años a describir algo parecido a lo que luego sería un helicóptero. Por ultimo, es interesante decir que algo nunca imaginado vino a incitar la opinión pública cuando, varios años más tardes, Igor en su autobiografía declaró que su lectura juvenil de Robur el conquistador le inspiró directamente a trabajar en la idea del helicóptero. Había jurado que algún día construiría una máquina como el Albatros.

El ciclo verniano del dominio de los cielos terrestres terminó unos años después, cuando el genial autor francés volvería a excitar la imaginación de millones de lectores en el mundo entero con la descripción de una nueva máquina más ingeniosa y más asombrosa que la descrita en Robur el conquistador. Se trataba del Terror, tal era el nombre que le daba su creador, que no era otro que el mismo Robur que años antes había secuestrado a Uncle Prudent y lo había llevado a recorrer el mundo a bordo del Albatros. Esta nueva máquina tenía la propiedad de comportarse bajo cuatro aspectos diferentes: como barco, avión, submarino y automóvil. Este aparato luego de conquistar el aire, el agua y la tierra es destruido por el fuego, el cuarto elemento, lo que constituye algo en extremo simbólico y muy propio de las historias de Verne. De acuerdo a Pierre Versins en su artículo “El sentimiento del artificio”, Verne pudo haberse inspirado en la novela Los devoradores de fuego de Jacolliot, publicada en 1887, para fabricar el prototipo del Terror.

Las sorpresas de un viaje submarino

Veinte mil leguas de viaje submarino ha sido una de sus novelas más polémicas y a la vez más populares, sobre todo para la industria del cine y la televisión. Si bien no se puede afirmar que Verne se antepone con su imaginación a lo que sería un siglo después el submarino, sí se pueden extraer de esta novela algunas otras anticipaciones interesantes. Según expresó el propio Verne en una entrevista, el submarino - o al menos una idea de lo que era - ya existía en su época, por lo que él solo recreó su uso, dotándolo en la novela de ciertas características finamente descritas que le proporcionaban al lector la idea de encontrarse a bordo del Nautilus navegando hacia lo desconocido.

En efecto, aun cuando se ha dicho, redicho y propagado como un mito que Verne tuvo a su cargo la primera descripción de los modernos submarinos, lo cierto es que no fue así. Hacia finales del siglo XVIII había sido presentado en el Directorio de París por Robert Fulton, un inventor norteamericano, un prototipo de submarino, que casualmente llevaba el mismo nombre que el de la novela de Verne. La prueba de este submarino fue realizada con éxito en Francia entre los años 1800 y 1801, cuando Fulton y tres mecánicos descendieron a una profundidad de 25 pies. Es necesario dejar claro además que la historia del submarino se remonta a muchos años antes de esta presentación cuando en 1620 fue construido el primer submarino que sirvió de base para los futuros, siendo esta invención obra de Cornelis Drebbel, que había diseñado un vehículo sumergible de madera forrado en cuero. Podía llevar a 12 remeros y un total de 20 hombres. ¡Todo un acontecimiento para la época! El aparato podía zambullirse a la profundidad de 20 pies y tener un recorrido de 10 kilómetros.

Pero existen elementos en la novela que sí constituyen ideas de anticipación. El uso de las escafandras en el siglo XIX le posibilitaba al buzo mantenerse bajo las aguas. En los trabajos submarinos el individuo iba provisto de un traje impermeable y con la cabeza protegida por un casco metálico, mientras que recibía el aire para poder respirar a través de unos tubos de goma que lo unían a la fuente de entrada y salida de este fluido en la embarcación. El capitán Nemo invita al profesor Aronnax a un paseo submarino. Al mostrarse sorprendido es entonces cuando Nemo dice: “…En estas condiciones el hombre no goza de libertad de movimientos. Está prendido por un tubo de goma que lo une a la tierra como una verdadera cadena…de ese modo no sería mucha la distancia que podríamos recorrer…”. A la pregunta del profesor Nemo responde con la existencia de un aparato que “…se compone de un fuerte receptáculo de metal, en el cual se almacena el aire a una presión de cincuenta atmósferas. Este recipiente va fijado a la espalda mediante unas correas similares a las que usan los soldados…”. Este sencillo aparato no es otra cosa que el conocido tanque de aire que llevan los buzos, y que le aseguran largas estancias en el mar y libertad de movimientos a través del mundo subacuático. Verne había descrito la escafandra autónoma que hizo su aparición en el siglo XX.

Otro de los elementos a notar radica en el uso que el capitán Nemo le da a la electricidad. No sólo le proporciona iluminación al submarino, sino que además es utilizada como fuerza motriz del aparato, además de tener otros usos. El propio Nemo afirma: “Existe un agente poderoso, dúctil, rápido, sencillo, que se adapta a todas las aplicaciones y que reina como dueño absoluto a bordo de mi máquina. Todo se hace gracias a él. Me ilumina, me proporciona calor, es el espíritu de mis aparatos mecánicos. Ese agente es la electricidad…”. Pero más sorprendente aún resulta el hecho de que instantes después Nemo argumenta que es el propio mar quien le proporciona los medios necesarios para generar la electricidad y explica: “¿Conoce usted la composición del agua de mar? En mil gramos hay noventa y seis centésimas y dos tercios, más o menos, de cloruro de sodio, y después, en menores cantidades, cloruros de magnesio y de potasio, bromuro de magnesio, sulfato de magnesio, sulfato y carbonato de cal. Como usted ve, el cloruro de sodio figura principalmente en esta composición. Ahora bien, este sodio es el que yo extraigo del mar para construir mis elementos…”.

Aparecen las máquinas de guerra y las intenciones bélicas

En el año 1879, Verne publica una de sus novelas más escalofriantes. Se trata de Los quinientos millones de la Begún, donde posiblemente se hace la descripción de una de las más impactantes y controvertidas “predicciones” vernianas. Sus palabras anticipadoras adquirieron carácter de trágica profecía. En esta obra mostró a las generaciones futuras lo que sería en el siglo XX, el ascenso del fascismo y su tristemente célebre caudillo, Adolfo Hitler, el cual guarda una asombrosa similitud con el Herr Schultze de su novela. Este individuo formaba vastos proyectos para destruir a todos los pueblos que rehusasen fusionarse o someterse al pueblo germánico. Herr Schultze estaba decidido a conquistar el mundo. Su única obsesión consistía en difundir la idea de que la raza germánica tenía que absorber a todas las demás, las cuales naturalmente debían desaparecer para dar paso a la vencedora, y eso por una razón sencilla: la raza  germánica era superior a las otras. Muchos lectores se burlaron ante la creación de un hombre tan siniestro. A pesar de ello diez años después nacía, en la localidad austriaca de Braunan, Adolfo Hitler.

La discusión fundamental en torno a esta “profecía” radica en un punto. Se conoce que fue Pascal Grousset (que escribía bajo el seudónimo de André Laurie) quien escribió gran parte de esta novela, por tanto cabría preguntarse ¿quién concibió el personaje de Herr Schultze? ¿Fue Verne o Pascal? Los especialistas no han podido dar una respuesta acertada sobre este punto, pues no se tiene referencia de las partes que cada uno de ellos escribió para la novela. En cualquier caso, aunque la “predicción” es asombrosa, los especialistas vernianos han querido guardar silencio en cuanto a proclamar ésta como una de sus posibles anticipaciones.

Otra posible anticipación bien controvertida es la que propone a Julio Verne como el primer ser humano en hablar de la bomba atómica. En Ante la bandera, publicada en 1896 se describe una terrible arma. Un sabio enloquecido por la soberbia pone en manos de un inescrupuloso un potente explosivo: “el fulgurador Roch”. Verne lo describe en los términos siguientes: “…consistía en una especie de aparato autopropulsivo de fabricación muy especial, cargado con un explosivo compuesto de sustancias nuevas… Este aparato al ser dirigido de cierta manera, estallaba no al chocar contra el objeto, o sea el blanco de la puntería, sino a una distancia de cientos de metros y su acción sobre las capas atmosféricas era tan enorme, que toda construcción, ya fuera una fortaleza o un buque de guerra, debía quedar aniquilado dentro de una zona de diez mil metros cuadrados…”.

Los defensores de la “profecía” argumentan que las bombas atómicas norteamericanas lanzadas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki en 1945 destruyeron en su totalidad las edificaciones en un área cercana a la cifra proporcionada por Verne en su novela. Por otra parte, los detractores de tal teoría afirman que “el fulgurador Roch” era un explosivo muy poderoso, pero que de manera alguna puede compararse con la bomba atómica y agregan además que fue a partir de la versión de Veinte mil leguas de viaje submarino llevada al cine por los Estudios Disney que se comenzó a creer de forma extendida que era Verne el que había profetizado con muchos años de antelación el uso de la bomba atómica en el siglo XX.

En La casa de vapor, el autor galo describe una inmensa fortaleza rodante, en la cual un grupo de personas viajan a través de la India. La descripción de este gigante de acero nos da una imagen muy semejante a los actuales tanques de guerra que hicieron su aparición en la Primera Guerra Mundial. Comienza Verne su descripción de la siguiente manera: “En el amanecer de aquel día se puso en marcha desde uno de los arrabales de la capital de la India la más extraña que la inteligencia humana haya podido concebir. Era una especie de tren que subía a orillas del río Hugli llevando a la cabeza un enorme elefante de 20 pies de alto por 30 de largo, con la trompa medio enroscada y con la punta al aire… Aquel monstruo tiraba de una especie de tren compuesto de dos inmensos vagones, que eran más bien dos casas o bungalows rodantes, montados sobre cuatro ruedas cada uno, las cuales tenían estrías en las llantas, los cubos y los rayos. El primer coche estaba unido al segundo por medio de un puentecillo articulado…”.

Luego, en los párrafos siguientes se dedica a describir detalladamente el interior del gigante: “El maquinista iba en la torrecilla que había sido hecha a prueba de balas y en la que, en caso de necesidad, podían refugiarse los pasajeros… No había miedo de que patinasen las ruedas, pues no sólo eran estriadas como ya se dijo, sino que, además, el peso estaba perfectamente repartido entre ellas, y, en caso de necesidad, el maquinista tenía a su disposición frenos automáticos. El aparato estaba construido de tal modo que le era fácil subir pendientes hasta de diez y doce centímetros de inclinación por metro… Y aun tenía aquel aparato otra particularidad, y es que podía flotar y atravesar un río, pues el vientre del elefante y la parte inferior de los dos coches formaban barcos de fina chapa de metal…”.

El tanque de guerra propiamente dicho hizo su primera aparición en 1908 cuando un ingeniero inglés apellidado Roberts se presentó en las afueras de Londres conduciendo un vehículo blindado que, en lugar de ruedas, tenía planchas giratorias a modo de orugas. En 1912 al austriaco Gunter Bursyn se le ocurrió dotarlo de un cañón, y así nació el primer tanque de guerra. La idea no fue aceptada por ningún ejército hasta que, tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939-45), la guerra de trincheras impuso la necesidad de desplazarse con un vehículo ligero, todo terreno, poderoso e indestructible a través del frente. En este caso, Verne se adelanta a la invención del tanque.

Para completar sus descripciones de aparatos o invenciones relacionados con la guerra, Julio nos describe en El castillo de los Cárpatos las características de las alambradas electrificadas que se usarían mucho más tarde en la Primera Guerra Mundial. Nick Deck intentaba penetrar en el castillo del barón de Gortz y Verne describe el intento de la siguiente forma: “Nick se adelanto hasta la poterna… Se agarró a una cadena del puente levadizo y subió por ella hasta lo más alto del muro…en aquel momento se oyó un grito…Pero ¡que grito!…Lo había dado Nick Deck. Sus manos agarradas a la cadena, la suelta de pronto y cae al fondo del foso como herido por una mano invisible…

En ruta hacia el espacio exterior

Nuestro autor no solo quería conquistar los cielos terrestres; también quería que el hombre se lanzase a la conquista del espacio extraterrestre, algo que comenzó a ver la luz en pleno siglo XX en la carrera por el dominio del espacio protagonizada principalmente por los Estados Unidos y la ex Unión Soviética, las dos potencias más poderosas del mundo en el pasado siglo.

Desde su publicación, De la Tierra a la Luna, se erigió en la más impresionante de sus novelas, a la vez que se convertía en la más errónea desde el punto de vista científico. Sin dudas, sus más conocidas predicciones proceden de esta novela, en la cual Verne describe con asombrosa exactitud lo que sería en 1969, el lanzamiento del primer viaje tripulado a nuestro satélite natural: la Luna. Asombrosa resulta la descripción del lugar desde donde partiría la expedición. Es precisamente Barbicane, el presidente del Gun Club quien dice: “…Este sitio está situado a trescientas toesas sobre el nivel del mar a los veintisiete grados siete minutos de latitud norte y cinco grados siete minutos de longitud oeste; me parece que por su naturaleza árida y pedregosa presenta todas las condiciones que el experimento requiere…desde aquí, desde la cúspide…nuestro proyectil volará a los espacios del mundo solar...”. Con gran intuición Verne ubica el lanzamiento en un lugar del estado de la Florida. Estas medidas convertidas al sistema métrico decimal y llevadas al meridiano de Greenwich, nos dan la situación geográfica, casi exacta, de Cabo Cañaveral, la gran base espacial norteamericana, desde donde despegó la tripulación de Apolo XI más de cien años después de escrita la novela.

Otro de los detalles descritos en la novela sorprendentemente ocurrió un siglo después. Resulta que el proyectil lanzado por el cañón gigantesco en la novela del francés contenía una tripulación de tres hombres. A la tripulación de Impey Barbicane, Michel Ardán y el capitán Nicholl se opuso luego la de Neil Armstrong, Edwin “Buzz” Aldrin y Michael Collins, tripulantes de la misión Apolo XI. Quizás los hechos más precisos al compararlos con la realidad son: que la bala enviada a la Luna es de la misma altura y peso que el del cohete enviado a la misión del Apolo VIII, que ambos artefactos son lanzados desde la Florida y observados por medio de un telescopio gigante desde las Montañas Rocosas, y que al igual que Apolo VIII –y no Apolo XI, como erróneamente se dice– la bala cae en el Pacífico a un punto que se encuentra cuatro kilómetros distante del lugar donde aterrizó Apolo VIII en su regreso a la Tierra.

Ante estas evidencias, el mundo científico tuvo que admitir que la anticipación de Verne era impresionante. A tal efecto, los especialistas vernianos no muy dados a creer en las llamadas predicciones aseguran que fue Henri Garcet, su primo y profesor de matemáticas además, quien hizo todos los cálculos necesarios para que la novela tuviese un trasfondo matemático creíble y que por demás había mucha literatura anterior que esbozaba la idea del viaje a la Luna, incluida entre ella una de las historias de Edgar Allan Poe que trataba el tema.

Por otra parte, Verne escribe algunos años después la continuación de su novela a la cual da el título de Alrededor de la Luna. Es considerada por muchos una novela aburrida y llena de descripciones y es a la vez la historia que nos proporciona el conocimiento del final de la misión del Gun Club, así como nos da una lección total y autorizada de todo lo referente a los paisajes lunares, para lo cual, sin lugar a dudas, Verne consultó las cartas lunares existentes en su época.

En De la Tierra  a la Luna convergen otras posibles invenciones. Muchos suelen decir que el hecho de que se haya empleado un gran cañón para lanzar una bala a la Luna significa una predicción de lo que sería en el siglo XX el uso de los cohetes espaciales. Sin embargo, en esta novela también convergen una buena cantidad de errores científicos y el más grande de todos es que el hombre y los materiales no pueden ser lanzados desde un cañón y alcanzar la velocidad de escape, ya que la forma de alcanzar esta velocidad es con el uso de cohetes durante un período relativamente largo en tiempo. Sin embargo, no es menos cierto que aun cuando Verne probablemente conociese esta circunstancia debió usar un cañón debido al estado tan atrasado de la cohetería en su época. Sin dudas, el uso de otro tipo de medio de transporte para abandonar la Tierra pudiera haber hecho poco creíble su historia sobre el viaje al espacio exterior. Al crédito de Verne se reserva sin embargo la apreciación del hecho que los cohetes funcionarían en el vacío.

Pero Verne no sólo se limita a escribir sobre el viaje a la Luna. Algunos años después de escribir su “novela de la Luna”, escribe Héctor Servadac donde describe un viaje interplanetario cuando varios habitantes del globo terráqueo son “arrancados” por el cometa Gallia, al paso de éste por la Tierra. Luego, todos estos viajeros descubren que se encuentran a bordo de un cometa, que han salido de la atmósfera terrestre y que comienzan a viajar por el espacio. Aun cuando Verne nos haya impresionado con la descripción de un viaje interplanetario lo cierto es que el hombre, más que hacer de astronauta o turista en el entorno de la Tierra, desearía poder hacer viajes interplanetarios, interestelares y, por qué no, algún día, intergalácticos. Los inmensos espacios que separan los astros y el tiempo limitado de nuestra vida son inconvenientes muy difíciles de superar con cualquier tecnología actual o previsible sin violar las leyes físicas que rigen el Universo. Por tanto, mientras no se logre viajar a otros planetas quedará en un compás de espera la opinión sobre la recreación verniana del viaje interplanetario.

¿Computadoras e Internet en el siglo XIX?

Es tan vasta la obra del autor galo que no resulta extraño que en ella se encuentren muchos pasajes en los que se puede leer, más de un siglo después, las descripciones primitivas de muchos de los adelantos tecnológicos con que contamos hoy. Tomemos como punto de partida las descripciones tecnológicas hechas por Verne en tres de sus obras, conocidas mundialmente por contener la exposición de tecnologías propias del pasado siglo tales como: la computadora, la calculadora, el fax, el sintetizador y la red Internet. Pero, ¿qué hay de cierto en todo esto? ¿Existían algunas ideas con relación a algunos de estos dispositivos en la época en que Verne vivió?

La aparición a finales del año 1994, en Francia, de París en el siglo XX, una novela “perdida”, que durante aproximadamente ciento treinta años se mantuvo en el anonimato y el auge que, en la década de los noventa del pasado siglo, tomó, a escala mundial, la red Internet dieron lugar a la publicación de un sinnúmero de trabajos sobre las nuevas “predicciones” aportadas por Verne, aprovechándose además la oportunidad para rescatar del olvido otras anticipaciones provenientes de obras anteriores.

La computadora es uno de los tantos dispositivos modernos que le han sido atribuidos a la pluma de Verne y es en el quinto capítulo de París en el siglo XX donde el lector asiste al encuentro de un novedoso aparato cuando el escritor nos habla de que “…la casa Casmodage poseía verdaderas obras maestras; sus instrumentos se asemejaban, en efecto, a vastos pianos; presionando las teclas de un teclado se obtenían instantáneamente las sumas, las restas, los productos, los cocientes, las reglas de proporción, los cálculos de amortización y de intereses compuestos por períodos infinitos y a todas las cuotas posibles. ¡Había notas altas que daban hasta un ciento cincuenta por ciento! Nada más maravilloso que estas máquinas…”. De esta forma nos indica el autor la existencia de ciertas máquinas que los partidarios de la idea de Verne como profeta han querido ver como la predicción de la existencia de las modernas computadoras. Los más conservadores han manifestado que no hay nada en las obras del francés que indique que pudo predecir la aparición de las computadoras, o sea el modelo de la máquina binaria de Von Neumann, en la cual están basadas todas las computadoras personales actuales. Afirman además que la historia ubica el nacimiento de la computación en una fecha tan remota como 1852, cuando Charles Babbage hizo los planos de la Máquina Analítica, una segunda versión de la Máquina de Diferencias ya anteriormente diseñada por él. En defensa de estos últimos se pudiera argumentar que si bien es cierto que las ideas de Babbage eran primitivas y rudimentarias, ya en la época en que Verne vivía se habían hecho algunos esfuerzos por construir una máquina que pudiese hacer cálculos aritméticos, que es la base de las operaciones de las computadoras actualmente existentes.

En La isla con hélice, Verne nos presenta un gran cúmulo de adelantos tecnológicos enmarcados en una historia singular en la cual los protagonistas viajan desde San Francisco hasta San Diego a bordo de una inmensa isla artificial diseñada para moverse a través de las aguas del Océano Pacífico. Uno de los fragmentos de esta novela resulta muy llamativo. En él se habla de una biblioteca que “…contiene también un cierto número de libros fonográficos; para evitarse el trabajo de leer, se aprieta un botón y sale la voz de un excelente lector que lee con tal perfección, que sería algo así como la “Fedra”, de Racine, leída por Legouvé…”. Realmente estamos en presencia de una de las descripciones más impresionantes dentro de la novela, la cual nos lleva a pensar en algo tan común hoy en el mundo informático como las aplicaciones multimedios a través de las cuales podemos escuchar el texto de lo que vemos en pantalla. No se conoce aún qué información previa pudiese haber tenido el escritor galo para el desarrollo de semejante descripción con más de un siglo de adelanto.

Es en este mismo libro donde Verne se refiere además al uso de la corriente eléctrica para transportar información, datos, voces e imágenes. La tecnología se describe en estos términos: “la isla está al tanto de las novedades por las comunicaciones telefónicas con la bahía Magdalena, donde se unen los cables sumergidos en las profundidades del Pacífico…”. Muchos han querido ver en esto la descripción de lo que es hoy la red mundial de computadoras Internet. En el relato, un cable conecta a la isla flotante con la costa Este de Estados Unidos. Los detractores del mito de Verne como profeta aseguran que ya en la época en que Verne vivió se disponía del conocimiento científico primario para poder imaginar algo así y reconocen que es muy atrevido admitir que esta descripción pueda asemejarse al funcionamiento de la actual red de redes.

Aun cuando París en el siglo XX y La isla con hélice fueron novelas pródigas en descripciones de adelantos tecnológicos, no lo fue menos el cuento En el siglo XXIX: la jornada de un periodista americano en el 2890, publicada por primera vez en inglés en el periódico The Forum de la ciudad de Nueva York bajo el título In the year 2889. Entre las anticipaciones del relato destaca una que resulta ser de particular interés y es la que se refiere a un aparato que nombra telefoto. Se describe de la siguiente manera: “El teléfono complementado por el telefoto, una conquista más de nuestra época. Si desde hace tantos años se transmite la palabra mediante corrientes eléctricas, es de ayer solamente que se puede transmitir también la imagen. Valioso descubrimiento, a cuyo inventor Francis Bennett no fue el último en agradecer aquella mañana, cuando percibió a su mujer, reproducida en un espejo telefótico, a pesar de la enorme distancia que los separaba”. Nada más parecido a la descripción de lo que se conoce como tele conferencia. Pero es, al llegar a este punto, donde surgen entonces las dudas sobre la autenticidad de esta historia que se presume fue escrita originalmente por su hijo Michel. Aparentemente, un año después, Julio tomó el texto escrito por el hijo, lo mejoró y lo recirculó en algunos periódicos franceses.

Los exploradores del globo

Otra de las más renombradas “predicciones” de Verne lo es, sin dudas, el descubrimiento del emplazamiento de las fuentes del río Nilo . Uno de los objetivos del doctor Samuel Fergusson -el personaje principal de su novela Cinco semanas en globo- era llegar a comprobar la veracidad de la existencia de las fuentes del río Nilo, y en su viaje aéreo sobre el África la buena fortuna le da la posibilidad de corroborar la información de sus antecesores. La alegría del doctor llega a extremos insospechados cuando afirma: “¡Miren!, las referencias de los árabes eran exactas. Hablaban de un río, por el que desaguaban hacia el norte el lago Ukerené, y ese río existe, vamos siguiendo su cauce…Ese caudal que se desliza bajo nuestros pies va, seguramente a confundirse con las ondas del Mediterráneo. ¡Es el Nilo!… ¡Si, es el Nilo! Es ese río cuyo origen etimológico ha apasionado a los sabios tanto como el origen de sus aguas… ¡Poco importa después de todo, puesto que al fin y al cabo ha entregado el misterio de su nacimiento!…

Para los que afirman que Verne predijo el lugar exacto en su novela, se le opone la historia, ya que fue en el año 1859 (3 años antes que Verne escribiese esta historia) cuando el explorador inglés John Hanning Speke –que había viajado al África junto a Richard Burton– regresó a Europa e hiciera público su descubrimiento de que el lago Victoria era la fuente principal del río Nilo. De hecho, Verne en su libro hace mención de la expedición efectuada por Speke y Burton. Si algo se le puede achacar a Verne es el hecho de confirmar que el lago Victoria era una de las fuentes principales del Nilo, como después se comprobó.

Los Polos siempre constituyeron una obsesión para Verne y en varias de sus novelas y cuentos hace alusión a la llegada y los viajes del hombre a los Polos. Es en Aventuras del capitán Hatteras, donde expone su teoría acerca del momento de la llegada de los humanos al Polo Norte. La expedición del Forward, dirigida por el capitán John Hatteras tiene como objetivo llegar a toda costa al Polo. El Forward no puede avanzar más allá de los 83 grados, 35 minutos de latitud. Esta latitud que indica Verne en su libro solo diferiría unos kilómetros con respecto al sitio donde más de cuarenta años después, en 1909 detuvo su barco el norteamericano Robert Edwin Peary, para lanzarse hacia la conquista del Polo Norte. En 1911, el explorador noruego Roald Amundsen se convirtió en el primer hombre en llegar al Polo Sur. Cuarenta y cuatro años antes el mítico capitán Nemo, creación de nuestro conocido autor, pisaba el suelo polar.

Su obsesión con los Polos lo llevaría a situar allí, a lo largo de su vida, partes de relatos o historias completas, llevadas a los lectores a través de libros como: El país de las pieles, César Cascabel, La esfinge de los hielos y Una invernada entre los hielos, entre otras, en los cuales la acción principal se desarrolla indistintamente en cualquiera de los dos Polos.

Definitivamente, ¿fue Julio Verne un profeta o un escritor imaginativo?

El tema de las “predicciones” de Julio Verne es inagotable. Los estudiosos de la obra verniana recomiendan no leer tan profundamente en los textos y no exagerar lo que allí se encuentre. Un misil autopropulsado no es lo mismo que un misil autoguiado, el delirio de un científico que exagera el poder de su explosivo no es necesariamente equivalente a una predicción de la bomba atómica, la proyección a través de potentes reflectores de una imagen que no se mueve no es en modo alguno algo parecido a la descripción del cine que conocemos actualmente.

Se puede notar que las más atrevidas “anticipaciones” ocurren en sus últimas obras con descripciones notables de: un helicóptero (Robur el conquistador), un cañón gigante para corregir el eje de la Tierra (El secreto de Maston), reproducción audiovisual (El castillo de los Cárpatos), una vía férrea trans-siberiana (Claudio Bombarnac), una isla flotante motorizada (La isla con hélice). En La asombrosa aventura de la misión Barsac –nuevamente aquí subyace el problema de la autenticidad– describe el láser, el control remoto, la lluvia artificial y la tortura por medio de descargas eléctricas. Muchas de ellas llegan ya junto al precario avance de la tecnología de finales del siglo XIX.

Por otra parte, muchas de las ideas para sus “predicciones” no son originales de él. El propio autor dice que sus lecturas de los desarrollos científicos contemporáneos eran la fuente de la gran mayoría de sus ideas. En cualquier caso, virtualmente todas las ideas que Verne usaba habían aparecido de una forma u otra en ficción. En el siglo XXIX probablemente sea un plagio de El siglo XX (Le vingtième siècle) de Albert Robida, escrito en 1882, aunque esta afirmación aun necesita ser sustentada. En línea general, los estudiosos vernianos afirman que en al menos tres de los treinta y un “libros de anticipación”, la idea básica no había sido usada con anterioridad en obras de ficción: los fósiles vivos en Viaje al centro de la Tierra, la satelitización alrededor de la Luna, y la unión de partes de la Tierra a un cometa y su viaje posterior alrededor del sistema solar en Héctor Servadac.

Para muchos las “predicciones” que se le atribuyen al autor galo no son más que extrapolaciones hechas a partir de técnicas emergentes o de especulaciones a partir de cosas conocidas teóricamente (la electricidad, por ejemplo) o imperfecciones (las exploraciones por ejemplo). No se debe olvidar que Verne reunía muchos documentos geográficos y científicos antes de escribir sus novelas y que leía muy regularmente un gran número de revistas científicas y geográficas. Lo cierto es que el gran talento de escritor de Julio Verne lo llevó a incluir en sus novelas todas estas “anticipaciones” que casi cien años después de su muerte –aun cuando muchas de ellas son ya algo común en nuestro siglo– siguen cautivando y encantando a las generaciones actuales e inspirando a otros artistas.

Usted, estimado lector, ¿de que bando se encuentra? ¿Está entre los que piensa que nuestro autor recibió conocimientos por inspiración divina y se convirtió en un profeta del porvenir? o ¿es de los que afirman que el autor de La vuelta al mundo en ochenta días no hizo más que desarrollar en su imaginación la incipiente tecnología del siglo XIX y llevarla un poco más adelante en el tiempo? Después que se declare partidario de uno de los dos bandos entonces podrá responder definitivamente a la pregunta inicial: ¿fue Julio Verne inventor o visionario?

Bibliografía consultada

  • Mensajes del foro internacional Julio Verne disponibles en el sitio de Zvi Har’El

  • El sentimiento del artificio de Pierre Versins, en la antología de ensayos vernianos de distintos autores, Verne: un revolucionario subterráneo, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1968.

  • Jules Verne: A Reappraisal, escrito por William Butche

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