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. Algunas de sus obras
 

09 - Federico Barrile - Introducción

La introducción que me dispongo a escribir la considero algo difícil, ya que el artista en cuestión es nada más y nada menos que Van Gogh. Debo confesar que Vincent me resultó mucho más interesante de lo que pensaba, su extraña vida que lo llevó a ser lo que fue es sin lugar a dudas asombrosa, sus pinturas, sus cartas y sobre todo su locura, ese mundo que se ve reflejado en su pintura, su sufrimiento interior, su dolor. Teniendo que hacer un breve análisis del pintor creo que cada una de sus obras muestran los rasgos de su locura.

Guiado por una base impresionista Van Gogh refleja con cotidianos objetos su desviada personalidad. Tiempo después, imposibilitado de libertad, decide mostrarse a él mismo, en la tortura de su encierro manicomial: su rostro en los sucesivos autorretratos dan cuenta del avance de su locura a la vez que de la perfección de su arte

"En cuanto a mí, tengo inquieta mi mente a menudo, porque pienso que mi vida no ha sido lo bastante tranquila; todas esas amargas decepciones, adversidades, cambios, evitan que me desarrolle completa y naturalmente en mi carrera artística."
Vincent van Gogh, 16 de Junio 1889

Los Primeros Años

Vincent van Gogh nació en Groot Zundert, Holanda, el 30 de Marzo de 1853. Fue hijo de Theodorus van Gogh (1822-85), un pastor de la Iglesia Reformada Holandesa, y de Anna Cornelia Carbentus (1819-1907). Desgraciadamente no existe prácticamente ninguna información relacionada con los primeros diez años de vida de Vincent. Estuvo dos años en un internado y posteriormente estudió dos más en la secundaria King Willem II en Tilburg. En aquel año, 1868, Van Gogh dejó sus estudios cuando tenía 15 años para no volver.


Van Gogh. Autorretrato y Daguerrotipo de Víctor Morin

En 1869 comenzó a trabajar en la compañía Goupil & Cie., empresa de vendedores de arte en La Haya. La familia Van Gogh estuvo durante mucho tiempo relacionada con el arte: los tíos de Vincent, Cornelius ("Tio Cor") y Vincent ("Tio Cent"), fueron vendedores de arte. Theo, su hermano menor, desarrolló su vida de adulto trabajando como vendedor de arte, por lo que tuvo una tremenda influencia durante la última etapa de la vida artística de Vincent.

Vincent era relativamente exitoso como vendedor de arte y permaneció con Goupil & Cie. durante siete años más. En 1873 fue transferido a la sucursal en Londres. La relación entre Vincent y las galerías Goupil se deterioró conforme pasaban los años y en mayo de 1875 fue transferido a la sucursal de París. En el siguiente año de trabajo, quedó claro que Vincent no estaba contento vendiendo pinturas que eran poco atractivas con relación a sus gustos. Vincent dejó Goupil a fines de marzo de 1876 y regresó a Inglaterra donde sus dos años en esa ciudad fueron, durante la mayor parte del tiempo, felices y gratificantes.


Café en Arles, de Van Gogh.

Inicios como Artista

En otoño de 1880 Vincent se fue a Bruselas para comenzar sus estudios de arte. Vincent se inspiró para comenzar estos estudios como resultado de la ayuda financiera de su hermano, Theo. Vincent y Theo habían estado siempre cercanos desde niños y a través de la mayor parte de sus vidas, manteniendo una correspondencia continua y conmovedoramente reveladora. Es a través de estas cartas (existen más de 700) que se ha obtenido la mayor parte de nuestro conocimiento de los comentarios de Van Gogh acerca de su propia vida y obra.

En el verano vivió de nuevo con sus padres, quienes moraban en Etten, y durante ese tiempo conoció a su prima Cornelia Adriana Vos-Stricker (Kee). Kee (1848-1918) había enviudado recientemente y educaba a su joven hijo. Vincent se enamoró de Kee y quedó devastado cuando ella rechazó sus intentos de enamorarla.

A pesar de los problemas sentimentales con Kee y las tensiones personales con su padre, Vincent encontró el apoyo de Anton Mauve (1838-88), su primo político. Mauve estaba establecido como un artista famoso, y desde su casa en La Haya, suministró a Vincent su primer juego de pinturas de acuarela, dando así la primera oportunidad a Vincent para trabajar con colores.

Vincent van Gogh conoció a Clasina Maria Hoornik (1850-1904) a fines de febrero de 1882, en La Haya. Cuando Van Gogh la encontró, esta mujer, conocida como "Sien", estaba esperando a su segundo hijo, pero se fue a vivir con Vincent casi inmediatamente. Convivieron durante un año y medio. Su relación fue tormentosa, en parte debido a las volátiles personalidades de los dos, y en parte a causa de la extrema pobreza en la que vivieron.

1883 fue otro año de transición para Van Gogh: tanto en su vida personal como en su vida artística. Vincent comenzó a experimentar con óleos en 1882, pero no fue hasta 1883 cuando comenzó a trabajar con este medio con mayor frecuencia. Conforme sus habilidades para dibujar y pintar se incrementaban, su relación con Sien se deterioraba hasta que finalmente se separaron. Vincent decidió recuperarse de su relación fallida aislándose completamente. Con mucha tristeza, particularmente por sus sentimientos hacia los hijos de Sien, Vincent dejó La Haya a mediados de septiembre para viajar a Drenthe, un distrito casi desolado de Holanda. Durante las siguientes seis semanas, Vincent vivió más bien como nómada, moviéndose por toda la región y dibujando y pintando los paisajes lejanos y a sus habitantes.


Noche estrellada, de Van Gogh.

Momento Crucial en 1885: Las Primeras Obras Importantes

Durante los primeros meses de 1885 Van Gogh continuó su serie de retratos de campesinos. Vincent veía estos trabajos como "estudios", que le servirían para mejorar su técnica y preparar su obra más ambiciosa realizada hasta esa fecha. Vincent trabajó durante marzo y abril en estos estudios, aunque tuvo una breve distracción en su trabajo debido a la muerte de su padre el 26 de marzo. Vincent y su padre habían mantenido una relación muy forzada durante los últimos años pero, aunque ciertamente no estaba feliz por la muerte de su padre, Vincent pudo separarse emocionalmente y continuar con su trabajo. Todos los años de trabajo duro, de continuo refinamiento de su técnica y de aprender a trabajar con un medio diferente, sirvieron de escalones intermedios para lograr la primera obra importante de Vincent van Gogh: Los comedores de papas (Les mangeurs de pomme de terre).


Campo de trigo con cuervos, de Van Gogh.

Nuevos Comienzos: París

El período París es fascinante por la importancia de su rol en tanto transformador de Vincent como artista quien disfrutó pintar en el ambiente parisino durante 1886. Su paleta comenzó a moverse fuera de los colores más oscuros y tradicionales de su Holanda natal e incorporaría los tonos más vibrantes de los impresionistas. Para agregar algo más al complejo tapiz del estilo de Van Gogh, fue en ese punto en París que Vincent se interesó en el arte japonés.

Como un motivo repetido a lo largo de su vida, el tiempo miserable durante el invierno dejó a Vincent irritable y deprimido. Nunca fue más feliz que en ese entonces cuando estaba a la intemperie, en plena comunión con la naturaleza y el clima estaba en su mejor momento. Pintando o simplemente haciendo largas caminatas, Vincent van Gogh vivía para el sol. Los dos años de Van Gogh en París tuvieron un impacto tremendo en su actual evolución como artista. Pero él había adquirido lo que estaba buscando y era tiempo de moverse. Nunca del todo feliz en las grandes ciudades, Vincent decidió dejar París y seguir al sol y a su destino, hacia el sur.


El sembrador, de Van Gogh.

El Estudio del Sur

Vincent van Gogh se mudó a Arlés a principios de 1888. No hay duda que Van Gogh quedó decepcionado por Arlés durante sus primeras semanas allí. En busca del sol, Vincent la encontró inusualmente fría y sucia de nieve. Esto debe haber sido descorazonador para Vincent, que dejó todo el mundo que él conocía para buscar calidez y renovación en el sur. Aún así, el duro clima fue corto y comenzó a pintar algunos de los trabajos más preciados de su carrera.

El 23 de diciembre, en un acto de locura irracional, mutiló la porción inferior de su oreja izquierda. Se cortó el lóbulo con una navaja, la envolvió en un paño y la llevó a un burdel, presentándosela a una de las mujeres del lugar. Luego Vincent se volvió tambaleando a la casa donde colapsó. Fue descubierto por la policía y llevado al hospital Hôtel-Dieu en Arlés.

Durante su estadía en el hospital, Vincent estaba bajo el cuidado del doctor Félix Rey (1867-1932). La semana que siguió a la mutilación de la oreja fue crítica para Van Gogh, mental y psíquicamente. Tuvo una gran pérdida de sangre y continuó sufriendo serios ataques en los cuales quedaba incapacitado. Theo, quien se apresuró a venir desde París, estaba seguro que Vincent moriría, pero para el final de diciembre y los primeros días de enero, Vincent casi estaba completamente recuperado.

Por este tiempo, sin embargo, algunos ciudadanos se habían quedado alarmados por el comportamiento de Vincent y firmaron una petición detallando sus preocupaciones. La petición fue enviada al Mayor de Arlés y eventualmente al superintendente de policía quien ordenó que Van Gogh sea readmitido en el hospital Hôtel-Dieu. Vincent permaneció allí por las próximas seis semanas, pero se le permitió salir en excursiones supervisadas, para pintar y poner sus posesiones a resguardo. Fue un tiempo productivo, aunque emocionalmente desalentador para Van Gogh. Pero aunque estaba produciendo algunos de sus mejores trabajos, Vincent se dio cuenta que su posición era precaria y, luego de discusiones con su hermano Theo, acordó confinarse voluntariamente en el asilo de Saint-Paul-de-Mausole en Saint-Rémy-de-Provence. Van Gogh dejó Arlés el 8 de Mayo.


Campo de trigo con cuervos, de Van Gogh.

Reclusión

El asilo no era de ninguna manera una "cueva de serpientes", pero van Gogh estaba desanimado por los gritos de los otros residentes y la mala comida. Encontró deprimente que los pacientes no tuvieran nada que hacer durante todo el día, sin estimulación de ningún tipo. Parte del tratamiento incluía "hidroterapia", una inmersión frecuente en una gran bañera de agua. Sin ser esta "terapia" cruel en ninguna forma, no fue tampoco benéfica en términos de ayudar a Vincent a recuperar su estado de salud mental.

El 23 de diciembre de 1889, exactamente un año después del incidente de la oreja, Vincent sufrió otro ataque: una "aberración", como refiere él mismo. El ataque fue serio y duró cerca de una semana, pero Vincent se recuperó razonablemente rápido y volvió a pintar, esta vez principalmente copias de trabajos de otros artistas, a causa de su confinamiento bajo techo, tanto por su estado de salud mental como por el clima. Tristemente, Van Gogh sufrió más ataques durante los primeros meses de 1890. Estos ataques se produjeron más frecuentemente y dejaron a Vincent más incapacitado que cualquiera de los anteriores. Irónicamente, durante este tiempo cuando Van Gogh estaba probablemente en su peor momento y en el estado mental más desesperado, sus trabajos comenzaron a recibir finalmente aplausos de la crítica.

Luego de hacer algunas averiguaciones, Theo sintió que el mejor curso de acción sería que Vincent regresara a París y entrara a cuidado del doctor Paul Gachet, un terapeuta homeopático que vivía en Auvers-sur-Oise, cerca de París. Vincent estuvo de acuerdo con los planes de Theo y empacó sus cosas en Saint-Rémy. El 16 de Mayo de 1890 Vincent van Gogh dejó el asilo y tomó un tren nocturno a París.


Segador, de Van Gogh.

"La tristeza durará por siempre . . . ."

El viaje de Vincent a París no tuvo incidentes y fue recibido por Theo al llegar. Durante las siguientes tres semanas Vincent reanudó la pintura y, como sus cartas sugieren, estaba razonablemente feliz. Le escribió a su madre y hermana: "Por el momento me siento mucho más calmado que el año pasado, y realmente la agitación de mi cabeza se ha aquietado grandemente"

Aunque los detalles puestos en las diversas crónicas se contraponen, los hechos básicos del 27 de julio de 1890 están claros. Se entera que Theo había tenido un hijo y, en la noche de ese domingo, se encaminó, con su atril y sus pinturas, al campo. Allí tomó un revólver y se disparó en el pecho. Vincent se las arregló para volver tambaleante a la posada Ravoux donde cayó en una cama, donde fue descubierto por Ravoux. El doctor Mazery, el practicante local, fue llamado, al igual que el doctor Gachet. Se decidió no intentar sacar la bala del pecho de Vincent, y Gachet escribió una carta urgente a Theo. Desdichadamente, el doctor Gachet no tenía la dirección de la casa de Theo, y le tuvo que escribir a la galería donde él trabajaba. Esto no causó una demora importante: Theo llegó la tarde siguiente.

Vincent y Theo permanecieron juntos por las últimas horas de la vida de Vincent. Theo se dedicó totalmente a su hermano, abrazándolo y hablándole en holandés. Vincent pareció resignado a su destino y Theo más tarde escribió: "El mismo quería morir; cuando me senté a su cabecera y dije que trataríamos que mejore y que esperábamos que nos ahorre este tipo de desesperación, dijo 'La tristesse durera toujours' ('La tristeza durará por siempre.') Entiendo qué es lo que quería decir con esas palabras." Theo, siempre el más grande amigo y soporte de su hermano, sostenía a Vincent cuando dijo sus últimas palabras: "Desearía morir así".

Vincent van Gogh murió a las 1:30 AM el 29 de Julio de 1890. Theo muere sólo 6 meses después.

Nota del Dr. Adrián Sapetti: se han postulado distintos diagnósticos para la enfermedad de Vincent, desde una esquizofrenia o un tipo de epilepsia hasta una enfermedad metabólica como la porfiria aguda intermitente.

El impresionismo

Los antecedentes más claros del impresionismo, que podemos remarcar a grandes rasgos, fueron Rembrandt, Velázquez, Hals, Watteau, Fragonard, Goya, Delacroix, el mismo Courbet, y aun antes, los venecianos, habían venido preocupándose por la luz y sus efectos sobre las cosas. Muy cerca están también tres pintores ingleses, que, por el énfasis que dan a la luz, adelantan el primer postulado del impresionismo: Richard Bonintong (1802-1828) y sus compatriotas Turner y Constable.

Pero en estos años de la segunda mitad del siglo XIX, con los descubrimientos que hace la física sobre la naturaleza de la luz, es cuando se despierta en los pintores un interés más vivo sobre los fenómenos luminosos y su aplicación a la pintura. La luz es el vehículo necesario de toda impresión visual, por lo que es lógico que constituya la primera y principal preocupación del pintor. Es la luz solar la que, cayendo con mayor o menor inclinación, con intensidad distinta, directa o reflejada, sobre las cosas, engendra la ilusión del color y de la línea, que es inherente al fenómeno de diferenciación de los colores. De manera que lo que nosotros vemos, en rigor, no son los objetos sino las manchas coloreadas -atmósfera, luz- que las envuelven y que es lo que hay que pintar, pues es lo cierto que, a pesar del carácter irreal de la impresión, para el pintor tiene el mismo valor que la realidad objetiva.

Como resultado de esta teoría, la técnica pictórica sufrió una profunda transformación. Puesto que la retina viene a ser el laboratorio donde los colores, que llegan separados, se unen y combinan según leyes de simpatía para dar la sensación última, se hacía innecesaria la mezcla en la paleta, y bastaba, para el fin propuesto, su yuxtaposición, observando las leyes de complementariedad y contraste.

En consecuencia, los impresionistas compusieron una paleta de colores puros, desterrando los tonos oscuros, neutros y grises que no aparecen en el espectro solar, con lo que el resultado es una pintura luminosa, de tonalidades vivas y claras. El procedimiento tiene, además, la indudable ventaja que, realizándose la mezcla con luz coloreada, el tono resultante es de una limpieza que jamás la puede lograr la mezcla física de los pigmentos.

Como todo este maravilloso mundo coloreado, para hacerse visible, requería la colaboración de la luz libre, los impresionistas se dedicaron, sobre todo, al paisaje, dando origen a la pintura llamada “plenairista” o al aire libre.

Aunque como ya se ha advertido, hay antecedentes en distintas épocas y países, el impresionismo como escuela puede decirse que nació en Francia, cuando un grupo de pintores empezó a interesarse en los problemas de la luz y quiso aplicarlos a sus pinturas, formulando unas reglas que pueden definirse así:

1. El pintor debe pintar lo que ve, la sensación que reciben sus ojos, aunque sepa que las cosas son de otra manera de como las percibe. Es la impresión visual lo que hay que transmitir.

2. Las cosas no tienen color propio, sino que es la luz la que lo engendra y presenta como una apariencia real.

3. Por tanto la luz, las condiciones con que se produce, influirán decisivamente en el aspecto sensible de las cosas. La atmósfera, el día, la estación, cambian los colores, de tal modo que las cosas no son iguales a sí mismas en ningún momento.

4. Los colores, modulados y desdoblados en matices y tonos más claros o más oscuros, sirven para sugerir la forma de los objetivos y la distancia. La línea, el contorno cerrado y bien perfilado, no tienen sentido para los impresionistas.

5. En la naturaleza no existe el negro, por lo que las sombras más oscuras tendrán cierto grado de claridad, proveniente de los reflejos de las cosas circundantes y del aire atmosférico que las envuelve. El efecto general será, pues, de gran claridad.

6. Por virtud de las leyes de complementariedad, las partes no iluminadas directamente tendrán tonalidades violetas. Los efectos luminosos, por lo tanto, se basarán en el contraste binario: amarillo-morado.

7. Para lograr la limpia intensidad de la luz real, los colores no se mezclan en la paleta, sino que se aplican separadamente buscando el tono adecuado por medio de la combinación óptica. De aquí que los impresionistas trabajasen con una serie de colores limitada a los del espectro solar, o sea, rojos, amarillos, violetas, azules y, en menos proporción, el blanco.

Algunas de sus obras

Título: Autorretrato (1889)
Autor: Van Gogh
Museo: Colección privada
Caract.: Óleo sobre lienzo 57 x 43´5 cm.
Estilo: Neo-Impresionismo

Este cuadro pintado por Van Gogh, mientras estaba internado en el manicomio de Saint-Rémy, describe el estado emocional, por el que atravesaba el artista.
La locura parece estar resaltada en la mirada de sus ojos, la palidez de su rostro así como los colores apagados de su vestimenta, se enmarcan en un fondo oscuro, resaltando aún más lo desviado de su expresión. Sólo la paleta y alguno de sus pinceles que acompañan el retrato, parecerían conectar al artista con alguna posible vivencia.
La luminosidad de su rostro contrasta con la oscuridad de su ropa oficiando de fondo, y señala una de las características principales del movimiento impresionista.

 

Titulo: Los comedores de patatas (1885)
Autor: Van Gogh
Museo: Colección particular
Estilo: Neo-impresionismo

Los comedores de patatas, refleja su obsesión para la época que era pintar campesinos, en este cuadro se puede apreciar los claroscuros que se observan en muchas pinturas de Van Gogh: el detalle de la luz tenue que alumbra la mesa y los rostros, y la oscuridad del fondo que tampoco llega a ser absoluta son signos de la pintura impresionista.

 

 

Título: Habitación de Vincent en Arlés (1889)

Autor: Van Gogh
Museo: Chicago Art Institute
Caract.: Óleo sobre lienzo 73 x 92 cm.
Estilo: Neo-Impresionismo

Este cuadro inundado de colores, donde llamativamente el color blanco no aparece y el negro sólo se encuentra en el marco de la ventana, parece romper con el estilo impresionista clásico que se demarca en sus demás pinturas. Describe su habitación, y ese mundo de encierro, encierro de colores al que su mente lo llevaba, trasmite una asfixia sin límites

 

 


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