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060509 - Juan Pablo II, el gran restaurador

Nació el 18 de Mayo de 1920 en Wadowice, sur de Polonia. Hijo de Karol Wojtyla, un militar del ejército austro-húngaro,
profundamente religioso y Emilia Kaczorowsky, de origen lituano. Su madre falleció cuando él tenía 9 años y cuatro años después muere su hermano mayor. De joven su interés se centra en el estudio de los clásicos y un encuentro con el Cardenal Sapieha, le lleva a considerar dedicarse al sacerdocio. En el año 1938 se marcha con su padre a Cracovia, donde se matricula en la universidad Jaghellonica en filología polaca. El 1 de septiembre de 1939, las tropas de Hitler ocupan Polonia cerrando todas las universidades y junto a otros jóvenes organizan una Universidad clandestina donde poder estudiar filosofía, idiomas y literatura. Para evitar la deportación a Alemania, busca trabajo como obrero en una cantera. Ayudó a familias judías para que pudiesen escapar de la persecución del régimen nacionalsocialista. Cuando contaba 21 años fallece su padre y emprende el camino de su preparación para el sacerdocio. En el año 1942 ingresó en el Departamento teológico de la Universidad Jaguelloniana. Durante estos años tuvo que vivir oculto, junto a otros seminaristas, quienes fueron acogidos por el Cardenal de Cracovia. Estuvieron en esta situación hasta el 18 de enero de 1945, fecha en que los alemanes abandonaron la ciudad. El 1 de noviembre de 1946, fiesta de Todos los Santos, con 26 años, fue ordenado sacerdote en el Seminario Mayor de Cracovia, celebrando su primera Misa en la Cripta de San Leonardo en la Catedral de Wavel. Fue enviado a Roma donde obtuvo la licenciatura de Teología en la Universidad Pontificia Angelicum doctorándose también en Filosofía. Profesor de ética en la Universidad Católica de Dublin y en la Universidad Estatal de Cracovia, en 1948 regresa a Cracovia donde es destinado Vicario de la parroquia de Niegowic, e imparte cursos de religión en las escuelas. Un año más tarde es trasladado a la parroquia de San Florián, haciéndose cargo de la pastoral universitarias de Cracovia. En 1951 se dedica a la enseñanza de Ética y Teología Moral en la Universidad Católica de Lublín ejerciendo también en la Facultad de Teología de la Universidad Estatal de Cracovia. El 23 de Setiembre de 1958 fue consagrado Obispo Auxiliar del Administrador Apostólico de Cracovia, Monseñor Baziak, convirtiéndose en el miembro más joven del Episcopado Polaco. Tendrá una activa participación en el Concilio Vaticano II, donde participó activamente, especialmente en las comisiones responsables de elaborar la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium y la Constitución conciliar Gaudium et Spes. El 13 de Enero de 1964 a causa del fallecimiento de Monseñor Baziak, ocupa la sede de Cracovia como titular. En 1966 el Papa Pablo VI convierte a Cracovia en Arquidiócesis. En Mayo de 1967, a los 47 años de edad, es nombrado Cardenal por el Papa Pablo VI. En contra de las autoridades, inaguró una iglesia en Nowa Huta, una ciudad comunista. En 1975 asiste al III Simposio de Obispos Europeos, en el que se le confía la ponencia introductoria: «El obispo como servidor de la fe». Ese mismo año dirige los ejercicios espirituales para Pablo VI y para la Curia vaticana. En 1978 a la muerte Pablo VI es elegido nuevo Papa el Cardenal Albino Luciani de 65 años quien tomó el nombre de Juan Pablo I. El nuevo Papa fallece un mes después de su nombramiento y el 15 de octubre de 1978 Karol Wojtyla es elegido como el sucesor de San Pedro, rompiendo con la tradición de más de 400 años de Papas de origen italiano. Elegido pontífice el 16 de octubre de 1978, escogió los mismos nombres que había tomado su predecesor: Juan Pablo.
Desde el comienzo de su pontificado, realizó 95 viajes pastorales fuera de Italia, y 141 por el interior de este país. Entre sus documentos principales se incluyen: 13 Encíclicas, 13 Exhortaciones apostólicas, 11 Constituciones apostólicas y 41 Cartas apostólicas. El Papa también ha publicado dos libros: "Cruzando el umbral de la esperanza" (octubre de 1994) y "Don y misterio: en el quincuagésimo aniversario de mi ordenación sacerdotal" (noviembre de 1996). Juan Pablo II ha presidido 131 ceremonias de beatificación -en las que ha proclamado 1282 beatos- y 43 canonizaciones, con un total de 456 santos. Ha celebrado 8 consistorios, durante los cuales ha nombrado 201 Cardenales. También ha presidido 6 asambleas plenarias del Colegio Cardenalicio. Desde 1978 presidió 15 Asambleas del Sínodo de los Obispos: 6 ordinarias (1980, 1983, 1987, 1990, 1994, 2001), 1 general extraordinaria (1985), y 8 especiales (1980, 1991, 1994, 1995, 1997, 1998 [2] y 1999). Ningún otro Papa se ha encontrado con tantas personas como Juan Pablo II: en cifras, más de 16 millones de peregrinos han participado en las más de 1000 Audiencias Generales que se celebran los miércoles. Ese numero no incluye las otras audiencias especiales y las ceremonias religiosas [más de 8 millones de peregrinos durante el Gran Jubileo del año 2000] y los millones de fieles que el Papa ha encontrado durante las visitas pastorales efectuadas en Italia y en el resto del mundo. Hay que recordar también las numerosas personalidades de gobierno con las que se ha entrevistado durante las 38 visitas oficiales y las 650 audiencias o encuentros con jefes de Estado y 212 audiencias y encuentros con Primeros Ministros.
El 13 de mayo de 1981 en la plaza vaticana, el terrorista turco Ali Agca le disparó dos tiros que a punto estuvieron de costarle la vida. Juan Pablo II siempre mantuvo que se salvó por la intervención de la Virgen. Ese día se celebraba la Virgen de Fátima. Según el Pontífice una mano disparó -la del turco- y otra, la de Virgen, desvió el tiro que le rozó partes vitales, sin dañarlas. Fue trasladado al policlínico romano 'Agostino Gemelli', donde fue intervenido quirúrgicamente y le extirparon 55 centímetros de intestino. El 20 de junio de 1981, 17 días después de haber sido dado de alta, volvió al 'Gemelli' para ser tratado de una infección de cytomegalovirus, derivada de la operación. El 12 de julio de 1992 fue intervenido de un tumor en el colon en el 'Gemelli'. La operación duró cuatro horas y le fue extraído un tumor benigno del tamaño de una naranja. A la vez le fue extirpada la vesícula biliar y detectados cálculos biliares. El 11 de noviembre de 1993, durante una audiencia, cayó y se produjo una luxación del hombro derecho con fractura de la glena. Ese mismo día fue operado en el Gemelli. En 1994 se fracturó el fémur de la pierna derecha al resbalar cuando salía de la bañera de su apartamento privado del Vaticano. Por quinta vez volvió al Gemelli, donde se le implantó una prótesis de titanio para sustituirle la cabeza del fémur, lo que le obligó a caminar durante varios meses apoyándose en un bastón. En el mes de marzo de 1996 un proceso febril atribuido a un trastorno digestivo le obligó a guardar reposo durante una semana. En menos de tres meses padeció otros dos trastornos intestinales. El 8 de octubre de 1996 volvió a ser ingresado en el 'Gemelli' para ser intervenido de apendicitis previa a la eliminación de adherencias loco-regionales. En junio de 1999 durante su octavo viaje a Polonia cayó en la Nunciatura de Varsovia, abriéndose una herida en la frente que obligó a aplicarle tres puntos de sutura. En marzo del 2002 se le diagnosticó una artrosis en la rodilla derecha, que le obligó a renunciar a presidir algunos ritos de la Semana Santa y no pudo realizar a pie el Vía Crucis a lo largo del Coliseo de Roma. De todas formas, tomó la cruz en las dos últimas estaciones. Hasta mediados de octubre de 2003, cuando celebró los 25 años de pontificado leía el principio y final de los discursos, pero a partir de esa fecha -cuando beatificó a la madre Teresa de Calcuta y celebró su noveno consistorio- ya no leyó párrafo alguno de los textos. Karol Wojtila ha sido sucesivamente el Papa polaco, el Papa viajero, el Papa de María, el Papa renovador de la doctrina social de la Iglesia, el Papa de los jóvenes, el Papa del perdón y de la paz. Juan Pablo II fue sometido a una traqueotomía el 24 de febrero de 2005. Volvió a sus estancias en el Vaticano el 13 de marzo, pero su estado de salud se deterioró y apareció muy fatigado en los actos de Semana Santa, donde apenas pudo pronunciar unas palabras a los fieles. La última aparición pública de Juan Pablo II fue el 30 de marzo de 2005, cuando se asomó a la ventana de sus aposentos para bendecir a los fieles. Aquel día las personas que se congregaban en la Plaza de San Pedro de Roma pudieron ver al Papa muy deteriorado. Intentó hablar, pero no lo consiguió. En la tarde del 31 de marzo de 2005, le fue diagnosticada una infección en las vías urinarias, tras lo cual tuvo lugar "un choque séptico con colapso cardiocirculatorio". A pesar de la gravedad de la situación, Juan Pablo II pidió no ser trasladado hasta el hospital Gemelli y permanecer en sus aposentos del Vaticano. Murió a las 21:37 hora local del 2 de abril de 2005. La causa del fallecimiento fue un 'shock' séptico (una septicemia) y un colapso cardiocirculatorio irreversible.

 

0405 - Juan Pablo II, el gran restaurador - Leonardo Boff

El Pontificado de Juan Pablo II ha sido largo y complejo. Sólo le haremos justicia si lo consideramos dentro de un amplio marco de temas que desde hace mucho tiempo preocupan a la Iglesia.

¿Cuál es la característica fundamental de este Papado? La restauración y el retorno a la gran disciplina. Juan Pablo II no se caracterizó por la reforma, sino por la contrarreforma. Representó la tentativa de detener un proceso de modernización que irrumpió en la Iglesia desde los años 60 y que estaba interesando a todo el cristianismo. De este modo retrasó el ajuste de cuentas que la Iglesia está haciendo en relación a dos graves problemas que la martirizan desde hace cuatro siglos.

El primero está ligado al surgimiento de otras iglesias como consecuencia de la Reforma Protestante del siglo XVI, que fracturó la unidad de la Iglesia romano-católica y la obligó a tolerar otras iglesias que interpretaba como cismáticas y heréticas.

La segunda gran cuestión deriva de la modernidad de las luces, con el surgimiento de la razón, de la tecnociencia, de las libertades civiles y de la democracia. Esta nueva cultura colocaba en jaque la revelación de la cual la Iglesia se siente portadora exclusiva y denunciaba la forma en que la Iglesia se organiza institucionalmente: como una monarquía absolutista espiritual en contradicción con la democracia y la vigencia de los derechos humanos.

En relación a las iglesias evangélicas, la estrategia del Vaticano apuntaba a la reconversión a fin de restaurar la antigua unidad eclesiástica bajo la autoridad del Papa.

Hacia la sociedad moderna la relación era de crítica y condena de su proyecto emancipatorio y secularizador con miras a recrear la unidad cultural bajo la égida de los valores morales cristianos.

Las dos estrategias fracasaron. Las otras iglesias crecieron y se afirmaron en todos los continentes. La sociedad moderna, con sus libertades, su ciencia y su técnica se convirtió en el paradigma para el mundo entero. La Iglesia católica se vió transformada en un bastión de conservadurismo religioso y de autoritarismo político.

Fue obra del buen sentido y la osadía de un Papa, Juan XXIII, la convocatoria de un Concilio Ecuménico para enfrentar valientemente aquellas dos cuestiones no resueltas.

Efectivamente, el Concilio Vaticano II (1962-65) asumió como lema, no más el anatema sino la comprensión, no más la condena sino el diálogo. Respecto a las otras iglesias inauguró el diálogo ecuménico, que presupone la aceptación de la existencia de otras iglesias. Respecto al mundo moderno se planteó una reconciliación con las esferas del trabajo, la ciencia, la técnica, las libertades y la tolerancia religiosa.

Pero aún faltaba el tercer ajuste de cuentas: con los pobres, que son la gran mayoría de la humanidad. Fue mérito de la Iglesia latinoamericana el recordar que no existe solo un mundo moderno desarrollado sino también un submundo subdesarrollado, que suscita una pregunta incómoda: ¿Cómo anunciar a Dios como Padre en un mundo de miserables? Sólo tiene sentido anunciar a Dios como Padre si somos capaces de sacar a los pobres de la miseria, si convertimos esta realidad de mala en buena.

Es precisamente lo que hicieron los sectores más dinámicos en Latinoamérica, animados por algunos profetas como Helder Camara.La consigna era la opción por los pobres y contra la pobreza.

El viraje alentó a muchos cristianos a ingresar en los movimientos sociales de liberación y hasta en frentes armados, mientras numerosos obispos y cardenales asumieron un papel destacado en el combate a las dictaduras militares y en la defensa de los derechos humanos, entendidos principalmente como derechos de los pobres.

Juan Pablo II fue elegido Papa cuando estaba en curso ese proceso.Su Pontificado se situó desde el comienzo en la contracorriente de estas tendencias que eran dominantes. Seguramente fueron deteminantes en su postura su origen polaco y los círculos de la Curia Romana, marginalizados pero no derrotados por el Concilio Vaticano II.En Roma el nuevo Papa se encontró con la burocracia vaticana, conservadora por naturaleza, que pensaba lo mismo que él. Se estableció así un bloque histórico poderoso Papa-Curia con la meta de imponer la restauración de la identidad y la antigua disciplina.

Las condiciones personales de Juan Pablo II lograron realizar de la mejor manera ese proyecto, gracias a su figura carismática, a su innegable irradiación, a su habilidad de dramatización mediática.

Para realizar su designio de restauración se dotó de instrumentos adecuados. Reescribió el derecho canónico para que encuadrara toda la vida de la Iglesia, hizo publicar el Catecismo Universal de la Iglesia Católica y con ello oficializó el pensamiento único dentro de la Iglesia. Quitó poder de decisión al Sínodo de Obispos, sometiéndolo totalmente al poder papal, así como limitó el poder de las conferencias continentales de obispos, de las conferencias nacionales episcopales, de las conferencias de religiosos en los niveles nacional e internacional, marginalizó el poder de participación decisoria de los legos y negó plena ciudadanía eclesial a las mujeres, relegadas a funciones secundarias, siempre lejos del altar y del púlpito.

Junto con su principal asesor, el cardenal Joseph Ratzinger, el Papa profesaba una visión agustiniana de la historia, para la cual lo que realmente cuenta es sólo lo que pasa a través de la mediación de la Iglesia, portadora de salvación sobrenatural.Según esa visión, lo que pasa por la mediación de los hombres y de la historia no alcanza la altura divina y es insuficiente ante Dios.

Esta postura lo indujo a una fundamental incomprensión de la teología latinoamericana de la liberación. Esta afirma que la liberación debe ser obra de los propios pobres. La Iglesia es sólo una aliada que refuerza y legitima la lucha de los pobres.Para el cardenal Ratzinger esta liberación es meramente humana y carente de relevancia sobrenatural.

Es preciso destacar que el Papa tuvo una visión corta y simplista de este tipo de teología, que interpretó con la lógica de sus detractores y, hoy lo sabemos, a partir de las informaciones que la CIA le suministraba, particularmente sobre la influencia de los teólogos de la liberación en Centroamérica. La interpretó como un caballo de Troya del marxismo que él estaba obligado a denunciar, en razón de la experiencia adquirida sobre el comunismo en su Polonia natal. Se convenció de que el peligro en Latinoamérica era el marxismo, cuando el verdadero peligro siempre ha sido el capitalismo salvaje y colonialista con sus élites antipopulares y retrógradas.

En Juan Pablo II prevalecía la misión religiosa de la Iglesia y no su misión social. Si hubiera dicho «vamos a apoyar a los pobres y a comprometer a la Iglesia con las reformas en nombre del Evangelio y de la tradición profética», otro hubiera sido el destino político de América Latina.

Por el contrario, organizó la restauración conservadora en todo el continente: desplazó a obispos proféticos y designó a obispos distanciados de la vida del pueblo, cerró instituciones teológicas y sancionó a sus docentes.

Hubo una gran contradicción entre las actitudes del Papa y sus enseñanzas. Hacia afuera, se presentaba como un paladín del diálogo, de las libertades, la tolerancia, la paz y el ecumenismo; pidió perdón en varias ocasiones por los errores y condenas eclesiásticas en el pasado; se reunió con líderes de otras religiones para rezar, unidos, por la paz mundial. Pero dentro de la Iglesia acalló el derecho de expresión, prohibió el diálogo y produjo una teología con fuertes tonos fundamentalistas.

El proyecto político-eclesiástico asumido por el Papa no resolvió los problemas que se había planteado en relación a la Reforma, la modernidad y la pobreza. Mas bien los agravó, retrasando un verdadero ajuste de cuentas.

Las limitaciones de su estilo de gobierno de la Iglesia no impidieron que Juan Pablo II alcanzase la santidad personal en un grado eminente. Así fue, en el marco de una religión «a la antigua» con gran devoción hacia los santos y especialmente a Nuestra Señora, a las reliquias y a los lugares de peregrinación. Fue hombre de profunda oración. A veces al orar se transfiguraba y empalidecía, otras veces gemía y vertía lágrimas. Una vez lo sorprendieron en su capilla particular extendido en el suelo en forma de cruz, como en éxtasis, a semejanza de los iluminados españoles del siglo XVI.

¿A quién le corresponde la última palabra? A la historia y a Dios. Nosotros sólo podremos acceder a la historia, que nos dirá cuál fue su real significado para el cristianismo y para el mundo en esta fase de cambio de paradigmas y de cambio de milenio.

Leonardo Boff, teólogo de la liberación, en 1985 fue castigado con un año de «silencio obsequioso» y depuesto de sus funciones editoriales y académicas en el campo religioso por las autoridades doctrinales del Vaticano. Copyright Comunica-IPS
 


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