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Roger van der Weyden |
09 - I. A. Gaya
Nuño -
El
pintor flamenco conocido con este apellido se llamaba realmente
Roger de la Pasture, y él mismo adoptó esta otra forma, la
traducción exacta a la lengua flamenca.
Nació en Tournai en 1399 ó 1400, hijo de un escultor
llamado Henri. Un tanto tardíamente, en marzo de 1427, lo que
induce a sospechar que los primeros estudios los realizase en el
taller paterno, ingresa en el de Robert Campin, en el que
permanece hasta 1432, teniendo por colega a Jacques Daret; ambos
obtienen, en dicho año, la certificación de maestría, Mucho
antes de esa fecha ha contraído matrimonio con Elisabeth
Goffaerst, de la que tiene tres hijos: Corneille (m. 1473),
religioso cartujo; Pierre (m. 1514), pintor; y Jan (m. 1468),
orfebre.
Roger consta el 21 abr. 1435 como pintor titulado u oficial de
la ciudad de Bruselas, para cuyo municipio pinta cuatro cuadros
de temas de justicia -La justicia de Trajano, El Papa rogando
por Trajano, Archambault de Barbón dando muerte a un sobrino
suyo y Agonía de Archambault. Estas obras perecieron en el
bombardeo de Bruselas en 1693, pero podemos tener idea de las
dos últimas por sus reproducciones en tapicerías de la tienda de
campaña de Carlos el Temerario, recogidas por los suizos después
de la batalla de Morat, No hay otros datos de Roger hasta 1439,
en que, en unión del escultor Jan Evere, se ocupa del monumento
del convento de Recoletos, en Bruselas; parece que su
participación consistió en la pintura de una imagen de la Virgen
y de los retratos de las duquesas de Brabante y de Gueldres. En
1450 realiza un .viaje a Italia, visitando seguramente Milán y,
con toda seguridad, Ferrara y Roma. Era a la sazón grandísimo el
prestigio de la pintura flamenca en Italia, y muy concretamente
el de Roger, lo suficientemente como para que todavía en 1460 y
1463 haya ecos de ello en la relación entre el artista y la
duquesa de Milán, sobre todo a propósito del pintor milanés
Zanetto Bugatto, voluntario discípulo de Roger. Incluso es
posible que esta excursión a Italia haya dulcificado más de una
arista prototípica del maestro de Tournai. Finalmente, éste
muere en Bruselas el 16 jun. 1464 y es enterrado ante el altar
de S. Catalina, en la catedral de S. Gúdula.
Su vida, no corta, había sido excepcionalmente fecunda
en obras maestras. Consideremos como la primera de ellas, tanto
en orden cronológico como cualitativo y no superada más tarde,
el extraordinario Descendimiento que durante tanto tiempo estuvo
en El Escorial y hoyes una de las piezas más singulares del
Museo del Prado. Es una obra pintada hacia 1435, esto es, poco
más tarde de alcanzar la maestría, para la capilla de los
ballesteros de Lovaina, la de Nuestra Señora de las Victorias.
Felipe II suspiró por su posesión, y para contentarse de algún
modo hizo que Michel Coxcie copiase esta maravilla; llegó luego
a manos de María de Hungría, ya poco, pasaría a la colección
escurialense. Parece inútil describir ni ponderar obra tan
bella, tan admirable de colorido, tan afortunada de composición,
en suerte tal que, pese a integrarse diez figuras en la misma -sapientísimamente
repartidas.. nunca repitiendo una actitud-, el concepto es de
total homogeneidad, excepcionalmente bien trabado. Varias son
las figuras inolvidables de esta bella tabla, pero posiblemente
ninguna es tan vanderweydana como la de la Virgen, en azul y con
toca blanca, sostenida por S. Juan, en túnica roja. El cuerpo de
Cristo, en diagonal, no deja de mostrar, realista, el rictus de
rigidez cadavérica. Se comprende que sean varias las copias
conocidas de este capolavoro, en todo momento famoso. Lo es
tanto y con tal justicia que pudiera asegurarse que si no
poseyéramos otra fuente de información acerca del arte de Roger,
esta tabla bastaría y sobraría para su perfecta valoración de
artista.
El tríptico de S. Juan Bautista se supone pintado
antes de 1438 y se identifica con el regalado en 1476 a la
iglesia de S. Jacques, de Brujas, por el mercader pisano
Battista Aquelli. Pasa pronto a la cartuja de Miraflores
(Burgos), y, desbaratadas sus tablas, se vuelve a reunir en el
Museo de Berlín. En la misma institución se guarda otro tríptico
que sería su compañero, el de la Vida y muerte de Jesús,
igualmente procedente de dicha cartuja burgalesa. De éste hay
réplica, también de mano del artista, con dos tablas, en la
capilla real de Granada, y una tercera en el Metropolitan Museum,
de Nueva York. Es de notar que las nueve tablas de estos tres
trípticos -Nacimiento, bautismo y degollación de S. Juan en el
primero; Nacimiento, Piedad y Cristo apareciendo a su madre, en
los dos segundos, repetidos- se enmarcan dentro de fingidas
guarniciones de arquitectura y escultura gótica, de muy delicada
factura. Dado que el expediente no es habitual en la pintura
flamenca del tiempo, aunque la utilizara Petrus Christus,
conviene pensar que en Roger era consecuencia de estar
familiarizado con la escultura, la profesión de su padre. Con
todo, no deja de proporcionar al artista una sensación de
goticismo que se diría superior a la de Van Eyck. Se levanta,
precisamente aquí, un punto de interrogación acerca de cuáles
pudieran ser los débitos de Roger respecto de Jan, y hay uno que
se ofrece como probable.
Una de las obras más importantes del pintor de
Tournai es la de San Lucas pintando a la Virgen, de la que se
conocen tres versiones, fechables hacia 1450: la del Museo de
Boston, se cree que la priginal, procedente de España; la del
Ermitage de Leningrado, que también salió de Eso paña, y que, en
determinado momento fue serrada por la mitad, reuniéndose las
dos partes en Rusia -1884- y restaurándose; y la de la
Pinacoteca de Munich. Siendo excelentes las tres versiones,
basta con que nos fijemos en una, la de Boston, la más
prestigiosa, para deducir su admirabilísima belleza. A la
derecha, S. Lucas, con túnica roja, anota las facciones de la
Virgen, sentada a la izquierda, bajo dosel, dando el pecho al
Niño. Ahora bien, la disposición del fondo, abierto un ventanal
con dos columnas a un paisaje urbano surcado por un río en el
centro, es de idéntica fórmula a otro fondo, también de ciudad y
río, el de La Virgen del canciller Rollin, de Jan van Eyck, en
el Louvre. Para coincidencia, se diría excesiva. Mas, en caso de
mediar una dependencia, ella no merma la preciosidad de la obra
de Roger, que ha añadido, en el centro de la composición, una
pareja de espaldas contemplando el río, lo que en cierto modo
traso torna la relación indicada. Aparte de la mayor o menor
originalidad, esta pieza es de las más sensacionales en el haber
del artista.
El llamado Tríptico Braque, en el Museo del
Louvre, se supone pintado poco después de 1452, fecha de
defunción de Jean Braque, que había casado poco antes con
Catalina de Brabante, en 1450/51. La viuda, que se volvió a
casar en 1461 y murió en 1497, lo habría encargado en memoria de
su primer esposo. Sus tablas son: Cristo bendiciendo, la
central; S. Juan Bautista a la izquierda; y la Magdalena, a la
derecha. Esta Magdalena es la parte más bella, sin discusión,
del conjunto, pintura de suma exquisitez y de la mayor elegancia
en las vestiduras y toca de la santa, que sostiene el pomo en la
mano dere. cha, la figura recortada sobre un ameno paisaje de
colinas y arboledas. Además, por rara fortuna, se conserva el
dibujo original. Si no tuviéramos la casi certeza de haber sido
pintada esta obra después de 1452, su solo examen cercioraría de
que es posterior a la estancia en Italia de Roger. Algo
indefinible hay aquí de dulzura italiana, y algún buen conocedor
del Louvre ha pensado concretamente en Fra Angélico.
Preferiríamos no dar nombres y pensar en un influjo total que ha
traído, luego del viaje, nuevos ingredientes de espiritualidad a
la pintura del maestro.
Muy poco posterior es otra pintura conservada en
el Museo del Prado. Se trata del gran tríptico de La Redención,
encargado a Roger el 16 jun. 1455 por el abad de S. Aubert, de
Cambrai, aunque por estilo y factura diríase anterior a esa
fecha, ya que se continúa la trao diciÓn, más bien temprana, de
las esculturas fingidas. Son muchas las representaciones
ingeridas en el conjunto, las principales aludiendo a hechos del
Génesis, de la Pasión y del Juicio Final, lo que enseña la gran
variedad de inspiración y nervio del artista, bien que reducido
todo a una narrativa demasiado menuda. De fecha poco pos. teríor
es considerado el gran retablo que se conserva en el Hospital de
Beaune, y que fue donado por el canciller Nicolás Rollin, el
mismo que encargó otra tabla hermosísima, en este mismo artículo
mencionada, a Jan van Eyck. Retratado por éste y por Roger,
coinciden los rasgos de este preclaro mecenas flamenco, y aun se
dirá que la efigie por V. der W. no es inferior a la dejada por
su ilustre colega y predecesor. El tal políptico hubiera debido
ser, por su ambición y dimensiones, digno rival del de S. Bavón
de Gante, pero ha llegado hasta nuestros días mutilado y con
graves repintes, que dificultan graveo mente su reconocimiento.
La posibilidad de beligerancia con el políptico de los Van Eyck
queda, por ello, excluida; pero no eliminada la condición de
conjunto insigne que debió de ser al tiempo de su conclusión.
Con ello, se puede considerar terminada la antología de obras de
V. der W. más significativas de su factura, así como de las que
se pueden fechar con poco riesgo de error; pero ello no implica
el final del comentario a su más bien larga producción. P. ej.,
el Descendimiento de El Escorial-Prado aconseja llevar cerca de
su data dos piezas muy similares y cuantiosas, el Calvario que
continúa en dicho monasterio escurialense, y el díptico de la
Crucifixión, en la Col. Johnson, del Museo de Filadelfia. La
circunstancia de que el fondo de esta notable obra fuera
originalmente dorado es una prueba de su temprana fecha. Parece
que fue en el s. XVIII cuando se sustituyó por el actual, y es
lástima, porque hubiera constituido una prueba del goticismo más
temprano del artista. De este goticismo, advertible en el amor
de Roger para con la arquitectura de tal estilo, no se deben
olvidar dos trípticos importantes: el de los Sacramentos, en el
Museo de Amberes, donde las tres acciones quedan opaquecidas por
el énfasis otorgado a los respectivos interiores góticos donde
aquéllas se desarrollan; y el de la Pinacoteca de Munich (
Anunciación- Epifanía-Presentación) en que también aparece, en
la úl- tima de dichas tablas, un interior gótico. La Anunciación
de Munich es muy bella y fragante, pero quizá no pueda
compararse con la del Louvre, donde el interior resulta más
suntuoso y pormenorizado, y donde el Arcángel obtiene mayor
categoría representativa que María. El pintor lo ha representado
con dalmática de brocado, muy enjoyada y acompañada de perlas y
pedrería, suntuosidad a la que verosímilmente no eran ajenas las
vestiduras de los ángeles cantores y músicos del tríptico de
Gante.
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Roger van der Weyden |
Aún
cabría mencionar varias otras obras de Roger, como las Vírgenes con
Niño del Museo del Prado y del Art Institute de Chicago, pero
preferimos dedicar algún párrafo a los retratos de mano del pintor
de Tournai, que reafirmaron la escuela de este género comenzada por Jan van Eyck. Los de Roger acaso no lleguen a la aguda, sintética
virtualidad, que es característica de los de Jan; quizá sean más
plácidos, pero, por ello mismo, dejan más surco abierto en la
posterior iconografía flamenca. En la National Gallery de Washington
queda el retrato de su esposa; y en ésta y en la de Londres, otros
de damas no identificadas, cubiertas con grandes y complicadas
tocas, y siempre con las manos cruzadas. Son seguramente más
interesantes y diferenciados los retratos masculinos, como el de
Antonio de Borgoña (Museo de Bruselas), el de Felipe de Machfoing
(París, Col. Tudor- Wilkinson) o el de un burgomaestre (Nueva York,
Metropolitan Museum), en los que queda bien patente la
jerarquización social de los efigiados, ello por no hablar de
retratos de donantes como Nicolás Rollin o Felipe de Croy.
Esta dedicación iconográfica confirma la condición de pintor
total que hay que atribuir a V. der W ., el pintor de grandes
posibilidades y arrestos que ha hecho todo cuanto de él se esperara.
Su labor puede separarse en dos ciclos cronológicos, el anterior y
el posterior a su estancia en Italia. En el primero se revela como
el verdadero Roger, muy gótico todavía, muy cristalino y nervioso
-se diría que quebradizo-, cuidando mucho de los detalles de
reminiscencia escultóríca, como los violentos pliegues de paños; en
el segundo, obra con mayor naturalidad y con estilo menos
preconcebido, de lo que puede ser testimonio la perfecta Magdalena
del tríptico Braque.
No obstante, tantas veces continúa reapareciendo
el Roger primero, el más característico, siempre tenso en su
nerviosidad y en su claridad expositiva. No es menos
compendiador de las esencias de la pintura gótica que J an van
Eyck, y ambos mucho más -componiendo capítulo cerrado- que todos
cuantos actuaron tras ellos. Basta recordar que fue el autor del
Descendimiento. Ver varios análisis de
El descendimiento de la cruz, de Van Der Weyden
BIBLIOGRAFÍA. : W. VON BODE, Roger van der
Weyden's sogen. Reisealtar Kaisers Karl V in K. F. Museum und
der Altar mit gl!!ichen Darstellungen in der Capilla Real des
Doms zu Granada, «Amtliche Berichte» XXX (1908); P. LAFOND,
Roger van der Weyden, Bruselas-París 1912; I. DESTRÉE, Van der
Weyden, Bruselas- París 1926; H. BEENKEN, Rogier van der Weyden
und Jan van Eyck, «Pantheon» XXV (1940) 129; íD, Rogier van der
Weyden, Munich 1951.
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