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. George Washington, el genocida
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Biografía oficial del NARA

George Washington nació el 22 de febrero de 1732 y murió el 14 de diciembre de 1799. Fue militar y llegó a ser el primer Presidente de los Estados Unidos (1789 – 1797) y Comandante en jefe del Ejército Continental de las fuerzas revolucionarias en la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos (1775–1783).

Los orígenes

Washington, como paradójicamente hace todo estadounidense que se precie de serlo, pretendió siempre descender de la aristocracia europea (cuestión harto complicada si tenemos en cuenta la ralea que se instaló en las colonias). El caso es que, de noble cuna o no, lo que está claro es que sus padres habían logrado establecerse cómodamente en Virginia, y la niñez del prohombre transcurrió, plácida, en las plantaciones familiares a orillas del río Potomac.

Como cualquier intelectual de la época Washington dedicó sus mayores esfuerzos al aprendizaje de las disciplinas básicas del conocimiento: buenas maneras para tratar a la sociedad de las plantaciones, matemáticas básicas para hacer cuentas y "valores humanos", eufemismo bajo el que se esconde el aprendizaje de los rudimentos básicos de control de los medios de producción del negocio familiar: los "afro americanos". Es sorprendente comprobar lo poco que ha cambiado el sistema educativo de las clases dominantes siglos después, ajeno a la influencia del "Emilio".

Este nene bien de la época, con todo, era un poco más mastuerzo de lo habitual, y sus frecuentes enfados y rabietas, así como la agresividad que manaba de él, aconsejaron dedicarlo a cuestiones menos trascendentes que el incremento del patrimonio familiar, de manera que desde muy joven se le encauzó hacia mundos para hombres de verdad: la guerra y la política.

Fundamentos ideológicos

George Washington inicia una saga de políticos (los Presidentes de los Estados Unidos) y como es lógico es en parte responsable de haber marcado las pautas posteriores. Tan alta magistratura fue desempeñada ya por su primer inquilino con una absoluta carencia de bases ideológicas. En este sentido no puede sino reconocerse un indudable mérito a Washington, pues sin duda marcó escuela. Nuestro hombre, todo un avanzado, era un político de los de ahora, absolutamente desinteresado de cuestiones distintas a los beneficios que una u otra postura le reportaban personalmente.

De hecho Washington cambió de aliados y chaqueta cuantas veces pudo y le convino y sólo su perseverancia en masacrar a los indios nos permite vislumbrar un rasgo de enternecedora ideología. Su mandato fue una especie de síntesis de las corrientes que agitaban la política norteamericana de la época: es decir Washington, que pasaba olímpicamente de todo excepto de ser Presidente y sacar pasta gracias a ello, cobijaba en su Gobierno tanto a federalistas como Hamilton (su Secretario del Tesoro) como a republicanos como Jefferson (su Secretario de Estado, téngase en cuenta que los republicanos de esa época acabaron por ser el partido dominante que a su vez se escindió en demócratas-republicanos) que se llevaban fatal y no hacían nada por disimular su antipatía.

Washington, por encima de todo, actuaba y se creía un semi-Dios, un nuevo César que estaba por encima del bien y del mal y que todo el mundo debía reverenciar. Como veremos, estaba absolutamente en lo cierto.

Carrera pública

La carrera pública de Washington se divide en dos partes, como la de todo buen caudillo: las glorias militares de un lado y su labor como Padre de la patria de otro (llamar carrera política a su magnífico tutelaje de los americanos de a pie sería desmerecer).

WASHINGTON

Caudillo de América por la Gracia de Dios. Como cualquier gran hombre que contribuyó a crear una nación de la nada, proveyéndola de honor y decencia, Washington fue cocinero antes que fraile. Si acabó siendo llamado a ejercer la Suprema Jefatura de las Fuerzas Armadas de su país fue tras haber mostrado una impecable hoja de servicios en el frente:

- Ya muy joven el mozo se alistó en la lucha de británicos contra la malvada coalición de franceses e indios. A pesar de que el curso de la guerra fue en general favorable a los intereses de la civilización y de que cientos de miles de indios fueron aniquilados, la presencia de Washington era un irmán de derrotas. Allí donde él actuaba los ingleses estaban perdidos. Eso sí, su gran genio militar le permitió escapar con vida de los sucesivos desastres tácticos que organizaba y sus apoyos entre los plantadores de Virginia (que preferían tenerlo lo más ocupado posible) así como cierto carácter fanfarrón le permitieron, sin embargo, escalar posiciones en el Ejército. Acostumbrado a ordenar a seres inferiores en casa el joven Washington mandaba a sus huestes a la muerte con una firmeza que tenía extasiados a sus jefes.

- Como colofón a sus fracasos con los franceses Washington llegó incluso a desertar, lo que sin duda nos permite hacernos una idea bastante certera de la calaña del personaje.

- Cuando, acabada la guerra entre ingleses y franceses, Washington vuelve a la plantación pronto empieza a aburrirse. Como las cosas empresarialmente le enfrentan a la Madre Patria no tardará en convertirse al independentismo, intereses económicos mediante. A sus motivos para la rebelión unía el agravio comparativo que había padecido en sus propias carnes: exitosos oficiales ingleses habían ascendido con rapidez durante la guerra, mientras que él, por ser "de colonias", estaba estancado, algo sorprendente en alguien con su inmaculada hoja de servicios.

- Inciada la Guerra de Independencia Washington, sorprendentemente, es elegido Comandante en Jefe por la Convención. Los motivos de esta elección son un verdadero misterio y los historiadores que resaltan la "moderación" y "discreción" de nuestro héroe durante las discusiones nos comunican el hecho sin explicar qué factores fueron tenidos en cuenta para obrar así. La sospecha de que la corrupción y la venta de cargos existían al más alto nivel sólo se difumina si nos inclinamos por pensar que se trató de una malévola maniobra para hacer fracasar la Revolución.

- Esta estrategia, si es que lo fue, a punto estuvo de ser un éxito total. La incompetencia militar de Washington, por si todavía era preciso que quedara patente, fue puesta de manifiesto una y otra vez. Perdió una batalla tras otra y a punto estuvo de perder incluso su capital, Filadelfia. Sólo con la llegada de la ayuda prusiana (¿cómo podía ser de otra manera?) del Barón von Steuben y, sobre todo, francesa (a cargo del Marqués de Lafayette) las cosas se equilibraron. Tras algunas victorias rotundas con apoyo francés en el frente sur (justo el que no controlaba Washington) que acabaron con las tropas de Cornwallis, la victoria cayó del lado continental.
 

- La única batalla de enjundia que en justicia ganó Washington a lo largo de la guerra fue la desarticulación del llamado Conway Cabal, una intriga que buscaba destituirle y colocar a alguien mínimamente capaz de Comandante en Jefe. Con métodos expeditivos, y que no requirieron estrellar avión ninguno (en esto sí fue superior a nuestro Caudillo, Washington se reafirmó en el puesto.

LA PRESIDENCIA

Acabada la guerra Washington, generosamente, se retiró a sus cuarteles de invierno. Como todo buen patriota y militar sabía, como el General de Gaulle, que las cosas no funcionan sin disciplina ni mano dura, pero prefirió que la gente se diera cuenta por sí misma. Cuando, redactada una nueva Constitución, se hace preciso un Guía para la nación, Washington es aclamado Presidente y el Colegio Electoral le elige masivamente en 1789. Esta espectacular victoria de la democracia indirecta garantizó a los Estados Unidos un Primer Presidente absolutamente impresentable que se dedicó a hacer bien poco salvo tratar de equilibrar las cosas en las ya por esa época complejas relaciones Norte-Sur.

Washington, moderno incluso en eso, dejó las riendas de su política en su Secretario del Tesoro (Hamilton), que creó el antecedente de la actual Reserva Federal, que es la que manda ahora en el mundo. El único contrapeso a ese poder era Jefferson, encargado de la política exterior, y una de las pocas atribuciones ejecutivas que tienen los Presidentes de los Estados Unidos. Como en esos años las cuitas internacionales y las Cumbres en la materia eran escasas el lucimiento era también mínimo. Sólo la guerra entre franceses e ingleses le obligó a actuar, pero el Presidente se sacó un conejo de la chistera e inventó la "neutralidad" que desde entonces tan buenos réditos ha proporcionado a Suiza y tan nefastas consecuencias a España siempre que la ha intentado.

Y la verdad es que poco más hizo, lo que le garantizó una espectacular reelección en 1792. Si acaso destacó su labor política de persecución, hostigamiento y ejecución sumaria de los indios. En 1797 se retira, renunciando, como los grandes hombres, a un tercer mandato (entonces posible), para morir dos años después.

 

George Washington, el genocida 
 

En América del Norte, durante la guerra contra los franceses, las tribus iroquesas tomaron partido por Inglaterra y fueron recompensadas con un estatus que les confería derecho sobre las tierras, protección contra la expansión de los colonos y derechos comerciales. Al estallar la guerra de independencia las tribus iroquesas del Estado de Nueva York, sedentarizadas, apoyan a los soldados ingleses y participan en las acciones contra los colonos rebeldes. El 4 de junio de 1779, el general del ejército revolucionario George Washington, en violación del tratado, ordena la invasión del territorio de la confederación iroquesa. Insiste en que sean muertos tantos indios como sea posible, sin que se tenga en cuenta edad o sexo. Los sobrevivientes deben entregarse como esclavos agrícolas a los colonos que lo merezcan. «Es fundamental destruir no sólo a los hombres, sino también sus poblados y plantaciones. Se arrancará todo lo sembrado y se impedirá cualquier nueva plantación o cosecha. Lo que no pueda lograr el plomo, lo harán el hambre y el invierno.» De junio a diciembre, son masacrados 40 poblados indios y miles de plantaciones indias son devastadas - Red Voltaire
 

Biografía oficial del NARA

El mayor de seis hijos del segundo matrimonio de su padre, George Washington nació siendo miembro de la clase de hacendados en la hacienda Wakefield en Virginia, en el 1732. Él vivió ahí y en otras haciendas a lo largo de los ríos Potomac y Rappahannock, incluyendo la que después fue conocida como Mount Vernon, hasta los 16 años. Su educación fue elemental, probablemente obtenida de tutores y posiblemente de escuelas privadas; y también aprendió agrimensura. Su hermanastro Lawrence que había servido en la Marina Real, fue su mentor, después de que él perdió a su padre cuando tenía 11 años. Como resultado, el joven desarrolló interés en obtener una carrera en la marina, pero su mamá lo disuadió.

A la edad de 16, en el 1748, Washington se unió a un partido de agrimensores el cual fue mandado al valle Shenandoah por el barón Fairfax, un hacendado. En los próximos años, Washington condujo sondeos en Virginia y en lo que es actualmente West Virginia y por esto se mantuvo interesado en el oeste el resto de su vida. Del 1751 al 52, él también acompañó a Lawrence a una visita que él hizo a Barbados, en las Indias Occidentales, por razones de salud justo antes de su muerte.

Washington empezó su carrera militar al año siguiente, cuando el gobernador real lo nombró a una ayudantía en la milicia como mayor. Ese mismo año, como emisario gubernativo, y acompañado de un guía, viajó al fuerte Le Boeuf, en Pennsylvania, en el valle del río Ohio, para entregar a las autoridades francesas un ultimátum para que cesaran de hacer fortificaciones y poblados en territorio inglés. Él también trató de mejorar las relaciones entre los ingleses y varias tribus de indios en este viaje.

En el 1754, cuando obtuvo el rango de teniente coronel y después de coronel en la milicia, Washington condujo un grupo militar que aspiraba a desafiar el control francés del valle del río Ohio, pero que fue derrotado en el fuerte Necessity, en Pennsylvania - un suceso que ayudó a desencadenar la guerra Franco-India (1754-63). Luego en el 1754, no contento con la disolución de su rango debido a la llegada de soldados de línea ingleses, renunció su comisión. En ese mismo año, él arrendó a Mount Vernon, la cual heredó en el 1761.

En el 1755 Washington volvió al servicio miltar con el título de cortesía de coronel, como ayudante del Gen. Edward Braddock, y apenas escapó la muerte cuando los franceses derrotaron las fuerzas del general en la batalla de Monongahela, en Pennsylvania. Como recompensa por su valor , Washington obtuvo de nuevo el rango de coronel y el mando de las fuerzas de la milicia de Virginia, encargada de defender la frontera de la colonia. Debido a la escasez de hombres y de equipo, él encontró la misión bien difícil. Luego , a finales del 1758 principios del 1759, y desalentado por el menosprecio del gobierno hacia la milicia e irritado porque no subía de rango, renunció y regresó a Mount Vernon.

Washington, entonces se casó con Martha Dandridge Custis, una viuda rica y madre de dos niños. El matrimonio no tuvo hijos, pero Washington crió los de su esposa como si fueran suyos. Durante el período del 1759 al 74, él administró sus haciendas y sirvió en la Cámara de Burgueses de Virginia. Él apoyó las primeras protestas en contra de las políticas inglesas; tuvo un papel muy activo en el movimiento contra la importación en Virginia; y luego, particularmente debido a su experiencia miltar, se convirtió en líder de los Whigs.

En los 1770s, las relaciones entre la madre patria y la colonia estaban bien tensas. Cuidando su conducta , pero fuertemente apoyando la posición Whig, pero resentido con las restricciones y la explotación comercial inglesa, Washington representó a Virginia en el primer y segundo Congreso Continental. En el 1775, después de la masacre en Lexington y Concord, el Congreso lo nombró comandante a cargo de las fuerzas armadas Continentales. Superando obstáculos muy severos, especialmente en provisiones, él eventualmente creó un ejército bien entrenado y disciplinado.

La estrategia que Washington desarrolló consistía en hostigar constantemente las fuerzas inglesas mientras evitando acciones generales. Aunque sus tropas perdieron un número de batallas y tuvieron que ceder muchas tierras, persistieron aún durante los inviernos en Valley Forge, Pennsylvania y los de Morristown, New Jersey. Finalmente, con la ayuda del ejército y la flota francesa, ganó una victoria muy importante en la batalla de Yorktown, Virginia, en el 1781.

Durante los próximos dos años, y todavía al mando del agitado Ejército Continental, al cual no se le había pagado y sin provisiones, Washington denunció las propuestas de que el ejército tomara las riendas del gobierno, incluyendo una que proponía hacerlo rey, pero apoyó las peticiones del ejército al Congreso Continental para ser indemnizado debidamente. Tan pronto se firmó el Tratado de París (1783), renunció su comisión y regresó de nuevo a Mount Vernon. Los sacrificios económicos y las ausencias largas, así como los préstamos generosos que hizo a amigos, deterioraron su extensa fortuna, que consistía mayormente de haciendas, esclavos, y propiedades de tierras en el oeste. Sin embargo, él tuvo muy poco tiempo para reparar sus finanzas porque su retiro fue corto.

Disgustado con el progreso nacional que operaba bajo los Artículos de la Confederación, abogaba por un gobierno central. Él fue el anfitrión de la Conferencia de Mount Vernon (1785) que se hizo en su hacienda después de las reuniones iniciales en Alexandria, aunque él aparentemente no participó directamente en las discusiones. Él no asistió a la Asamblea de Annapolis (1786) a pesar de sus simpatías con las metas de la misma. Pero al año siguiente y apoyado por muchos de sus amigos, el obtuvo la presidencia de la Asamblea Constitucional, cuyo éxito se debió a su presencia y dignidad. Después de la ratificación del nuevo instrumento de gobierno en el 1788, el colegio electoral lo nombró unánimamente el primer Presidente.

El próximo año, después de un viaje triunfal desde Mount Vernon hasta la ciudad de New York, Washington tomó el juramento de oficio en Federal Hall. Durante sus dos siguientes términos, él gobernó con dignidad y cautela. Él le dió estabilidad y autoridad a la nación naciente, la cual lo necesitaba, le dió substancia a la Constitución, y obtuvo la reconciliación entre bandos opuestos y políticas divergentes dentro de su gobierno y administración. Aunque no se oponía a ejercitar el poder presidencial, respetó la posición del congreso y no violó sus privilegios. Él también trató de mantener armonía entre el Secretario de Estado Thomas Jefferson y el Secretario del Tesoro Alexander Hamilton, cuyas diferencias representaban las divisiones de partidos que se desarrollaban, de las cuales Washington no quería ser parte.

Pero casi siempre dependiendo de los consejos de Hamilton, Washington apoyó su plan para asumir las deudas de los estados, convenido en la constitucionalidad del estatuto que estableció el Banco de los Estados Unidos y que favoreció la promulgación de tarifas por el Congreso para proveer ingresos federales para proteger a los fabricantes domésticos.

Washington tomó varios pasos para fortalecer la autoridad gubernamental, incluyendo la represión de la Rebelión del Whisky (1794). Para unificar el país, él viajó por el noroeste en el 1789 y por el sur en el 1791. Durante su administración, el gobierno se mudó de New York a Philadelphia en el 1790, dirigió el plan para la localización del Distrito de Columbia, y puso la piedra angular para el Capitolio (1793).

En asuntos extranjeros, a pesar de la oposición del Senado, Washington ejerció su influencia. Él apoyó los intereses de los Estados Unidos en el continente de Norte América a través de tratados con Inglaterra y con España. Insistió en mantener la neutralidad hasta que la nación se fortaleció. Por ejemplo cuando la revolución francesa creó guerra entre Francia e Inglaterra, no le prestó atención a las protestas del pro-Francia Jefferson y a las del pro-Inglaterra Hamilton.

Aunque muchas personas apoyaban a Washington para que obtuviera un tercer término, él estaba cansado de la pólitica y reusó. En su discurso de despedida, (Farewell Address, 1796), él incitó a sus compatriotas a renunciar a las diferencias de partido y a evitar enredarse en guerras y en las políticas domésticas de otras naciones.

Washington solo disfrutó de unos años de retiro en Mount Vernon. Todavía, demostrando su buena voluntad para hacer sacrificios por su patria en el 1798, cuando la nación estaba a punto de la guerra con Francia, él aceptó el mando del ejército; pero sus servicios finalmente no fueron requeridos. Él murió a la edad de 67 años en el 1799. En su testamento le otorgó la libertad a los esclavos - NARA

 


 

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