Madero y
Zapata cambiaron impresiones, el primero pidió el desarme de las fuerzas
zapatistas y el segundo la
devolución de las tierras; el jefe de la Revolución le aseguró que iría
a Morelos tan pronto le fuera posible. El 12 de junio inició su viaje al
sur, en ferrocarril, acompañado de su esposa y una nutrida comitiva en
la que venía el Ingeniero Tomás Ruiz de Velasco, defensor de los
hacendados.
A su llegada a Cuernavaca, Zapata le preparó una gran
recepción y lo acompañó desde la estación hasta el Palacio de Cortés,
donde lo recibió el gobernador Juan N. Carreón. Los hacendados de la
entidad, al conocer la idea de Madero referente a nombrar otro
gobernador del estado, según acordó con Zapata, tuvieron un gran
disgusto y comenzaron una campaña de desprestigio a través de la prensa
de la ciudad de México en contra del Caudillo del Sur, a quien hacían
aparecer como un bandido y rebelde que debía desaparecer.
El Imparcial fue el más duro en sus ataques. Mientras
Zapata iniciaba el licenciamiento de sus tropas y entregaba 3 500 armas,
en la ciudad de México le lanzaban acusaciones de haberse levantado
nuevamente en armas. Ante estos ataques, el 24 de junio se trasladó a la
capital del país en compañía de su hermano Eufemio, de Abraham Martínez,
jefe de su Estado Mayor, y de los hermanos Magaña, para entrevistarse
con Madero y así informarle del licenciamiento de tropas, y pedirle que
ambos fueran a hablar con el presidente Francisco León de la Barra.
El día 24, Zapata le expuso su plan a Madero, y al día
siguiente éste le informó que su entrevista con León de la Barra había
sido satisfactoria y le pedía que regresara a Morelos a seguir
licenciando sus tropas. Zapata le respondió que era urgente que
procediera a restituir las tierras a los pueblos despojados, así como
designar al nuevo gobernador estatal.
Por su parte, el gobernador Juan Carreón y el
presidente de la República, Francisco León de la Barra, pusieron en
marcha las elecciones para el Congreso local, y el 9 de agosto el
presidente dirigió instrucciones al General Victoriano Huerta para que
marchara al estado y terminara por la fuerza con el licenciamiento de
las tropas zapatistas "porque no debían tratar con bandidos".
Al día siguiente Zapata envió a Madero su demanda por
escrito pidiendo respeto a la soberanía del estado; la separación del
gobernador Carreón, por ser del Partido de los Científicos; que el
gobernador suplente se designara de acuerdo con las aspiraciones del
pueblo y con la aprobación de los principales jefes de su ejército; que
las tropas federales no fueran las encargadas de la seguridad pública, y
que estaba dispuesto a licenciar sus tropas, pero antes pedía se
seleccionaran de entre ellos a los elementos para la seguridad pública.
Solicitó también que las autoridades y los empleados
con quienes no estaban conformes los pueblos fueran designados conforme
a la voluntad de los mismos. Dijo estar dispuesto a retirarse a la vida
privada pero que antes deseaba la paz del pueblo.
Los latifundistas hicieron cada día más difícil la
situación y el 17 de ese mes Zapata le dirigió a Madero otro mensaje en
el que decía: "Causa mucha indignación en el pueblo y el ejército, el
amago de las fuerzas federales que están en intención de ataque contra
nosotros." También le escribió otra carta al presidente interino León de
la Barra donde le decía: "La presencia de las fuerzas federales ha
venido a trastornar el orden público. El pueblo se indigna más con la
presencia y el amago"; en este texto le ruega que retire las fuerzas en
bien de la patria y le ofrece que él conseguirá la paz en 24 horas. "El
pueblo -dice- tiene entendido que un grupo de hacendados 'Científicos'
ha provocado este conflicto."
Madero, con el propósito de solucionar el conflicto,
se trasladó a la ciudad de Cuautla el 18 de agosto por la mañana,
acompañado de su Estado Mayor. Zapata lo esperó en la estación y al
descender le dio efusivo abrazo. Se encaminaron a la plaza principal,
donde Madero pronunció un discurso en el que reprobaba la campaña
emprendida contra Zapata, y, ofreció que cumpliría las promesas hechas
por la Revolución; mencionó que llevaba la calma y la tranquilidad y que
no saldría de Morelos hasta que no estuvieran tranquilas las
conciencias.
Al terminar el mitin ambos dirigentes sostuvieron
prolongadas conferencias en el hotel Mora, después de lo cual Madero
envió un mensaje al presidente interino León de la Barra, comunicándole
que Zapata y sus principales jefes estaban conformes en aceptar al
Ingeniero Eduardo Hay para que gobernara el estado; que igualmente
aceptaban como jefe de armas al Teniente Coronel Raúl Madero, y que al
día siguiente principiaría el licenciamiento de las fuerzas zapatistas.
Cuando todo parecía estar en calma, los terratenientes
redoblaron esfuerzos para conseguir que León de la Barra enviara tropas
a batir a Zapata, movilización que se inició el 19 de agosto. Después de
cambiar impresiones en Yautepec, Madero y Zapata reanudaron el
licenciamiento en esa ciudad, pero el día 21, ante la amenaza de las
fuerzas federales de Huerta, fue suspendido definitivamente.
Aunque el convenio era que las tropas no avanzarían,
sino que se reconcentrarían en Cuernavaca y Jonacatepec, el día 23
marcharon sobre Yautepec. Zapata preguntó a Madero dónde estaba la
autoridad del jefe de la Revolución, y añadió: "acuérdese usted, señor
Madero, que al pueblo no se le engaña y si usted no cumple sus
compromisos, con las mismas armas que lo elevamos, lo derrocaremos".
Madero le contestó: "No, General Zapata, voy a México
y, arreglaré todo. Esta actitud de Huerta ni yo mismo me la explico".
"Se me hace que no va a haber más leyes que las muelles -respondió
Zapata, mostrándole su 30-30-; mientras se siga desarmando a los
elementos revolucionarios y se les dé apoyo a las fuerzas federales, la
revolución y usted mismo están en peligro. Claro vemos que cada día se
entrega usted más en manos de los enemigos de la revolución."
Eufemio Zapata sugirió la conveniencia de aprehender a
Madero, añadiendo que estaba "muy tierno para jefe de la revolución,
sería bueno quebrarlo". Emiliano respondió: "No, Eufemio, sería una
grave responsabilidad para nosotros y no debemos cargar con ella".
Entonces se dirigió a Madero diciéndole que se fuera a México. "y
déjenos aquí, nosotros nos entenderemos con los federales, ya veremos
cómo cumple usted cuando suba al poder".
Zapata se reconcentró en Villa de Ayala, y el 27 de
ese mes lanzó un Manifiesto al Pueblo de Morelos, donde exponía la
gravedad del problema. Como respuesta a esta proclama, el 29 de agosto
el presidente León de la Barra celebró un Consejo de Ministros donde se
acordó que Victoriano Huerta activara la persecución de Zapata hasta
lograr su exterminio.
Huerta ocupó con sus fuerzas la plaza de Cuautla el 31
de agosto; el 12 de septiembre atacó la hacienda de Chinameca, donde se
encontraba Zapata invitado a comer por el administrador de la hacienda.
Tropas al mando de Federico Morales rodearon el lugar y en seguida se
entabló nutrido tiroteo entre ambas fuerzas. Zapata pudo escapar dé esta
trampa gracias al conocimiento que tenía de la zona y logró salir a pie
entre los cañaverales que minutos después incendiaban los federales.
Después de esto, Zapata tomó una actitud ofensiva y el
22 de octubre de ese año sus fuerzas ocuparon Topilejo, Tulyehualco,
Nativitas y San Mateo en el valle de México, y la noche del 23 avanzaron
sobre Milpa Alta. Estos ataques causaron alarma en la ciudad de México,
y la Cámara de Diputados los consideró de importancia nacional.
En la sesión del 25 de octubre de 1911, los diputados
José María Lozano y Francisco M. Olaguíbel reconocieron que la actitud
del Caudillo del Sur era reflejo de los anhelos del pueblo. En el pueblo
de Ayoxustla, municipio de Huehuetlán el Chico, Zapata y Montaño
redactaron el Plan de Ayala; posteriormente los coroneles Severiano
Gutiérrez y Santiago Aguilar recorrieron los campamentos comunicando la
orden de Zapata para una reconcentración en el pueblo de Ayoxustla, y el
28 de noviembre, ya reunidos, firmaron todos los jefes el histórico
plan.
Se nombraron comisiones y tomaron el camino de
Morelos, acampando en Ajuchitán y en el mineral de Huautla; allí
Emiliano ordenó a Bonifacio García, Emigdio Marmolejo y Próculo
Capistrán que invitaran al cura de Huautla para que fuese al campamento
con una máquina de escribir. El sacerdote sacó las copias necesarias y
le dijo a Zapata: "era lo que ustedes necesitaban". De las copias a
máquina, unas se enviaron a la ciudad de México y otras a los jefes
revolucionarios que operaban en diversas regiones del país, como Pascual
Orozco.
El Diario del Hogar de la ciudad de México lo
reprodujo, previa consulta hecha al presidente Madero, quien opinó:
"publíquenlo para que todos conozcan a ese loco de Zapata". En
cumplimiento con los postulados del Plan de Ayala, el 30 de abril de
1912 Emiliano Zapata hizo el primer acto de reivindicación agraria en el
pueblo de Ixcamilpa, Puebla
En enero de 1912, Madero nombró al General Juvencio
Robles jefe de la campaña en la entidad, quien, hasta agosto incendió y
devastó el estado. Madero, queriendo enmendar sus errores, nombró al
General Felipe Ángeles en sustitución de Juvencio Robles. Después de la
Decena Trágica que trajo como consecuencia el asesinato de Madero,
Zapata giró instrucciones de batir a las fuerzas usurpadoras en cuantas
ocasiones se presentara la oportunidad.
Huerta emprendió una campaña en el sur, tendente a que
los jefes zapatistas reconocieran al gobierno implantado por el
cuartelazo. Vázquez Gómez le escribió a Zapata en marzo de 1913,
diciéndole que era conveniente la "cesación de la guerra". El Caudillo
del Sur le respondió que la revolución que nació en el estado y proclamó
el Plan de Ayala, se había propagado en varias entidades federativas con
los ideales de Tierra y Libertad, y seguía luchando a costa de mayores
sacrificios para hacer realidad los principios que sostenía.
Emiliano Zapata lanzó otro manifiesto a la nación el
20 de octubre, donde justificaba su actitud rebelde y hacía un llamado a
todos los mexicanos para que se unieran a la Revolución.
Este llamado fue secundado por grupos como el de
Maximiliano Castillo en Chihuahua, Calixto Contreras en Durango, los
hermanos Saturnino y Cleofas Cedillo en San Luis Potosí, Eutimio
Figueroa en Michoacán, Roberto Martínez y Martínez en Hidalgo, Honorato
Teutle y Domingo Arenas en Tlaxcala, Marcial E. Hernández y Pancracio
Martínez en Veracruz, Teodimiro Rey, Miguel Romero, Jerónimo Olarte,
Miguel Salas y otros en Oaxaca. Con anterioridad ya operaban bajo la
bandera del Plan de Ayala Jesús H. Salgado, Encarnación Díaz, Baltazar
Ocampo, Adrián Castrejón y J. Trinidad Deloya en el estado de Guerrero;
Pedro Saavedra, Francisco V. Pacheco, Everardo González, Antonio
Beltrán, Vicente Navarro, Valentín Reyes, Antonio Barona, Julián
Primitivo y José Gallegos en el Estado de México; Eufemio Zapata,
Francisco Mendoza, Dolores Damián Flores, Gabino Lozano, Marcelino
Alamirra y Agustín Cortés en Puebla; Maurilio Mejía, Francisco Alarcón,
Genovevo de la O, Zacarías y Refugio Torres, Felipe Neri, Amador Salazar
y otros en la entidad morelense.
Las fuerzas zapatistas tomaron Chiautla, en el estado
de Puebla; casi todo Guerrero, incluyendo Chilpancingo; todo Morelos con
su capital, Cuernavaca; parte de Hidalgo incluyendo Pachuca; parte del
Estado de México y el sur del Distrito Federal. El 14 de julio de 1914
se reunieron en San Pablo Oxtotepec, tomaron el acuerdo de ratificar el
Plan de Ayala, nombraron a Emiliano Zapata jefe de la revolución, en
sustitución del "ex general Pascual Orozco", y pidieron que las
peticiones en materia agraria de dicho plan fueran elevadas a preceptos
constitucionales. Victoriano Huerta renunció el 15 de julio y se nombró
en su lugar a Francisco S. Carvajal.
Cuando se creía que la lucha iba a terminar, pues se
esperaba que Carranza hiciera suyos los postulados del Plan de Ayala;
después de ocupar la ciudad de México el 14 de agosto declaró que tenía
60 mil rifles para combatir a Zapata y que no permitiría su entrada en
la capital por ser bandido sin bandera.
Manifestó además sus ideas antiagraristas y dijo "que
la paz sólo se hacía con la sumisión incondicional de las fuerzas
zapatistas a las constitucionalistas", y que no podía reconocer lo que
los surianos habían "ofrecido" porque los hacendados tenían sus derechos
sancionados por las leyes y no era posible quitarles sus propiedades
para darlas a quien no tenía derecho.
A pesar de esto, el 17 de agosto Zapata escribió a
Carranza y le dijo que no debía temer por ninguna "cláusula del
mencionado Plan de Ayala, sino que con todo desinterés y patriotismo
dejara que la grandiosa obra del pueblo que sufre se realizara".
Más tarde trató de tener arreglos con el general
carrancista Lucio Blanco, pero conforme al Plan de Ayala. Desde Milpa
Alta lanzó un manifiesto Al Pueblo Mexicano, donde reiteró la posición
del grupo suriano: que la Revolución no se había hecho para satisfacer
intereses de una persona, de un grupo o de un partido, sino para cumplir
fines más hondos y nobles; que se había lanzado a la revuelta no para
conquistar ilusorios derechos políticos que no dan de comer, sino para
procurarse un pedazo de tierra que habría de proporcionarle alimento y
libertad, un hogar y un porvenir independiente; que no se conformaría
con la abolición de la tienda de raya, si la explotación y el fraude
continuaban bajo otras formas; ni con las libertades municipales, si no
había base para la independencia económica y no se resolvía el problema
agrario.
Venustiano Carranza envió a la entidad una comisión
formada por el General Antonio I. Villareal, el Licenciado Luis Cabrera
y Juan Sarabia, la cual conferenció el día 29 de agosto con el Gral.
Emiliano Zapata, Manuel Palafox y Alfredo Serratos, por parte del
Ejército Libertador del Sur. La comisión carrancista regresó a la ciudad
de México con la propuesta de Emiliano Zapata de que Carranza hiciera
suyos los postulados del Plan de Ayala, a lo que éste se negó.
Más tarde, con el objeto de acordar las reformas
sociales, fijar la fecha de las elecciones, formular el programa de
gobierno y discutir otros asuntos de interés nacional, Carranza convocó
a sus gobernadores y generales a una Convención que se llevó a cabo en
el recinto de la Cámara de Diputados de la ciudad de México el 1º
(Primero) de octubre de 1914.
Cinco días después la Convención suspendió sus
trabajos al reconocer el grave error cometido por haber menospreciado la
participación de zapatistas y villistas. El 13 del mismo mes, a
iniciativa del General Felipe Ángeles, la Convención acordó invitar a
Emiliano Zapata para que asistiera o enviara representantes a participar
en los trabajos.
El día 15 se designó una comisión integrada por los
generales Felipe Ángeles, Rafael Buelna y Calixto Contreras, los
coroneles Guillermo Castillo Tapia y Antonio Galván, quienes se
trasladaron a Cuernavaca, a fin de poner en manos del Caudillo del Sur
la invitación dirigida a él -fechada el mismo día 15 y firmada por el
presidente de la Convención-.
El General Zapata, deseoso de que se hiciera la paz en
la República, así como de que se implantaran los postulados contenidos
en el Plan de Ayala, aceptó la invitación de los convencionistas y
designó una comisión para que asistiera a la Convención, que ahora sería
en Aguascalientes, con instrucciones precisas de luchar hasta conseguir
que la asamblea hiciera suyos los principios sostenidos por el Ejército
Libertador del Sur.
Los representantes zapatistas Paulino Martínez y
Antonio Díaz Soto y Gama lograron que la Convención hiciera suyos los
postulados del Plan de Ayala en su sesión del 28 de octubre.
En la del 30 de octubre la Convención acordó el "cese"
de Carranza como Primer jefe, designando a Eulalio Gutiérrez como
presidente provisional de la República. El 24 de noviembre por la noche
se apoderaron de la capital de la República las fuerzas del Ejército
Libertador del Sur, al mando del General Antonio Barona, obligando al
General Obregón a abandonarla.
El 27 llegó a la metrópoli el General Zapata
acompañado de su hermano Eufemio, alojándose en un hotel muy cercano a
la estación de San Lázaro. El viernes 4 de diciembre se reunieron por
primera vez los generales Emiliano Zapata y Francisco Villa en
Xochimilco, Distrito Federal, donde suscribieron un pacto por el cual se
comprometieron a luchar juntos en contra de Carranza, y el día 6 de
diciembre desfilaron por las principales calles capitalinas, al frente
del Ejército Libertador del Sur y de la División del Norte,
respectivamente.
Para dar cumplimiento a lo dispuesto en los artículos
6º (Sexto) y 7º (Séptimo) del Plan de Ayala, el General Zapata creó las
primeras Comisiones Agrarias, las cuales supervisaba a través del
secretario de Agricultura y Colonización, el general zapatista Manuel
Palafox; estableció el Crédito Agrícola; fundó la Caja Rural de
Préstamos que funcionó con éxito en el estado de Morelos durante 1915 y
1916; reorganizó la industria azucarera, pues comprendía que era la
única fuente de trabajo de que se podía disponer, por lo que puso en
marcha los ingenios del Hospital y de Zacatepec a fines de 1914.
En julio de 1915 el gobierno de la Convención fue
trasladado primero a la ciudad de Toluca; el 19 de octubre a Cuernavaca,
donde fue reorganizado; días después partió a Jojutla, lugar donde se
disolvió a principios de mayo de 1916. Antes se expidió una Ley Agraria
con fecha de 22 de octubre de 1915, y el reglamento de esa ley el 18 de
abril de 1916.
El General Zapata lanzó un Manifiesto al Pueblo
Mexicano, en Quilamula el 10 de julio de 1916, donde hace responsable a
Carranza de la Expedición Punitiva y llama a la unidad nacional para
acabar con los traidores. En 1917, el ejército agrarista finalmente
logró expulsar a las tropas carrancistas de los estados de Morelos y
Guerrero, reinstalando :su cuartel general en Tlaltizapán, donde
continuó trabajando por la implantación de los postulados del Plan de
Ayala.
Para continuar manteniendo el orden de sus tropas, el
General Emiliano Zapata redactó el 24 de febrero un documento en el cual
nombró al Gral. Brig. Prudencio Casals R. inspector general de la zona
dominada por las tropas revolucionarias, y en donde especificaba que
todo individuo sorprendido en delito de robo, violación, allanamiento de
morada o rapto con violencia sería juzgado en consejo sumario y pasado
por las armas.
El 20 de abril publicó una Ley Orgánica Municipal,
donde estableció que los municipios serían administrados por los
ayuntamientos y los ayudantes electos popularmente; éstos no se
mezclarían en la política y no serían reelectos. En circular número 2 de
fecha 13 de abril de 1917, instruía a los ayuntamientos para dar un
"impulso generoso tendiente a la educación de la niñez, que constituye
la generación del mañana".
En la circular número 12 del 17 del mismo mes en
Tlaltizapán, giró instrucciones para reactivar la apertura de las
escuelas oficiales, llamado que volvió a hacer mediante un oficio con
fecha 22 de agosto, en el que insiste que nombren a una persona
responsable de sus zonas correspondientes, e instalen el mayor número de
escuelas.
El 20 de abril, también en Tlaltizapán, lanzó un
Manifiesto al Pueblo, donde señaló los errores del gobierno carrancista
y exhortó a los revolucionarios y a los mexicanos en general a unirse a
su movimiento.
El 20 de mayo lanzó otro manifiesto donde decía que la
caída del gobierno carrancista era una exigencia; reafirmaba la
liberación de la tierra y, la emancipación del campesino, sin capataces
ni amos. Calificó a los soldados carrancistas de aventureros sin
escrúpulos ni conciencia, de no hombres sino furiosos adversarios sin
bandera ni principios, que tenían como programa el pillaje y como
ideales el saqueo y el botín.
El 18 de agosto de 1918, los carrancistas se
apoderaron nuevamente de las plazas principales del estado, con Pablo
González en Cuautla, quien dirigió encarnizada persecución contra el
Caudillo del Sur y sus hombres. Las actividades militares en forma de
guerrillas se redoblaron y gracias a eso los carrancistas no pudieron
expulsar al jefe de la revolución agraria, quien trasladó su cuartel
general a las estribaciones del Popocatépetl.
En ese año, el movimiento zapatista atravesó por
graves circunstancias; no solo tuvo que enfrentar a las tropas de
González, sino que en su círculo director se suscitaron algunas
divisiones y disputas. Un año antes, el Profesor Otilio Montaño, primer
ideólogo del zapatismo, fue acusado de traicionar la causa zapatista,
por lo que fue fusilado.
En mayo de 1918 defeccionó Manuel Palafox, hombre
clave de la facción revolucionaria del sur. Algunos jefes menores como
Victoriano Bárcenas y sus hombres aceptaron la amnistía que les ofrecía
el gobierno, e incluso llegaron a enfrentarse a sus ex compañeros de
lucha.
Pero si bien es cierto que ocurrieron algunas
separaciones de cierta importancia y que otros aceptaron la amnistía, el
caso de Bárcenas fue excepcional, pues la mayoría de quienes aceptaron
la rendición se fueron a sus casas y no se convirtieron en apóstatas, ya
que siguieron prestando sus servicios al zapatismo de una manera
silenciosa, como informantes o proveedores de alimentos.
En los cuadros superiores se logró una permanencia
organizativa, y jefes vitales como Genovevo de la O, Ayaquica, Mendoza,
Capistrán, Francisco Alarcón, Timoteo Sánchez, Pedro y Francisco
Saavedra, Ceferino Ortega y Mejía, mostraron su fidelidad a la causa. No
obstante su unidad y el apoyo que recibieron de las comunidades y
poblados morelenses, el zapatismo perdió terreno, posiciones y hombres.
A pesar de su notoria debilidad, seguía siendo uno de
los principales problemas del gobierno de Venustiano Carranza. A
principios de 1919 la efervescencia política en el país era evidente a
causa de las elecciones presidenciales.
Hombres como el Gral. Pablo González; el Gral. Álvaro
Obregón Salido, carismático y victorioso que para estas fechas había
logrado doblegar al villismo y se perfilaba como la primera figura del
Ejército Nacional, y los partidos políticos nacidos del carrancismo,
buscaban consolidar sus posiciones.
Para algunas de estas facciones el zapatismo era un
obstáculo. Se inició una serie de medidas para vincular el zapatismo con
hombres disidentes del carrancismo, muchos de ellos en el exilio. Se
realizaron contactos con grupos que apoyaban al General Obregón.
La insolencia política mayor de Emiliano Zapata al
régimen carrancista la constituyó su carta abierta del 17 de marzo de
1919, en la que acusaba públicamente al Presidente de ser la causa de
todos los males que sufría el país. El tono agrio y la crítica profunda
de este documento exasperaron a Venustiano Carranza, quien reafirmó su
decisión de aniquilar al movimiento del sur y a su caudillo.
El Primer Jefe Constitucionalista estaba dispuesto a
darle una última lección al zapatismo, que se iniciaría con la muerte de
su caudillo. Era opinión común en los círculos militares y políticos
dominantes de México, que muerto Emiliano Zapata el zapatismo por
añadidura sería sometido. Esta idea la compartían tanto el jefe del
Ejecutivo como el General Pablo González, y a este propósito encaminaron
sus esfuerzos, los cuales se vieron concretados la tarde del 10 de abril
de 1919.
Las secuelas de la muerte del caudillo resultaron
sorpresivas para quienes pensaban que muerto él la pacificación del
estado sería inmediata. El zapatismo acéfalo se reorganizó y, si bien
muchos hombres dejaron las armas, jefes como Genovevo de la O, Gabriel
Mariaca, Francisco Mendoza y Fortino Ayaquica hicieron público su afán
de consumar los ideales por los que tantos años habían luchado y vengar
la muerte de Zapata. En Tochimilco, sede del cuartel zapatista, Gildardo
Magaña, tras un corto proceso de lucha para alcanzar la jefatura del
movimiento, se convirtió en el sucesor de Emiliano.
Así, ante la equivocada opinión del General Pablo
González, el movimiento agrario morelense no fue finiquitado por la
desaparición de su caudillo y se mantuvo en rebeldía hasta 1920, en que
estableció una alianza con la facción revolucionaria obregonista, la
cual triunfó a través de la rebelión de Agua Prieta.
ZAPATA, EMILIANO, muerte de. Se presentan a continuación una serie de
documentos que muestran en conjunto cómo se sucedieron los
acontecimientos que desembocarían con la muerte de Zapata.
La correspondencia que cruzaron Zapata y Guajardo, así
como la documentación oficial sobre la muerte del primero y la ubicación
histórica de los documentos son los tópicos a tratar.
Comisionado para inspeccionar varios destacamentos, el
Coronel Jesús M. Guajardo se había dedicado a cometer tropelías en cada
pueblo por donde pasaba. Los padres de las hijas atropelladas por el
militar elevaron sus quejas y la Secretaría de Guerra comunicó al
gobernador José G. Aguilar que ordenara a Guajardo que se presentara en
la ciudad de México a responder de las acusaciones.
La situación de Guajardo se agravó cuando el
Licenciado José G. Aguilar y el General Pablo González lo sorprendieron
escandalizando en el interior del hotel Providencia, frente al cual
caminaban rumbo al teatro Carlos Pacheco, después de observar las obras
de reconstrucción del Hospital Militar de Cuautla.
Visiblemente ebrio, a caballo y empuñando una pistola,
el Coronel Jesús M. Guajardo recorría las instalaciones del hotel.
Irrumpía en las habitaciones y amenazaba a los huéspedes.
El Licenciado Aguilar le llamó la atención a grito
abierto y le advirtió que el General Pablo González estaba afuera y que
estaba enterado de su escándalo. Guajardo frenó a su animal a las
puertas del comedor, pidió al Licenciado Aguilar que le permitiera salir
y hundiendo sus espuelas en los ijares del caballo al tiempo que lanzaba
un grito, abandonó el establecimiento.
Para atenuar la falta del carrancista, el gobernador
de Morelos le dijo al General Pablo González que Guajardo había cumplido
sus órdenes antes de embriagarse. Esto calmó al general en jefe, quien
sin decir palabra continuó su caminata hacia el teatro Carlos Pacheco.
Dos días después, mientras el Coronel Guajardo
esperaba conocer el castigo que le impondría el General Pablo González
por su escándalo, el gobernador José G. Aguilar recibió en su casa a un
fotógrafo ambulante convertido en uno de los más activos espías de los
federales en el campo zapatista, quien le entregó una carta que le
dirigía Emiliano Zapata al Coronel Jesús M. Guajardo.
En esa carta, que líneas adelante transcribimos,
Zapata invitaba a Guajardo a unirse al zapatismo, argumentándole que
sabía que el General González lo había injuriado y lo iba a procesar por
el incidente en el hotel Providencia.
El gobernador llevó inmediatamente la carta de Zapata
al general en jefe, Pablo González, quien, después de leerla, le ordenó
que al día siguiente a la hora de comer, le llevara a Guajardo, para ver
qué provecho se le podía sacar a la misiva.
González, que era hombre de costumbres disciplinadas,
se sentaba a la mesa a las 13 horas, y lo acompañaban el Señor Sánchez
Neira, su secretario particular, Juan Sarabia y el gobernador José G.
Aguilar.
El día que fue Guajardo, sólo estuvieron en la mesa el
General González y el gobernador Aguilar. Durante la comida, el general,
a través de sus lentes oscuros, examinaba cuidadosamente a Guajardo y
platicaban de asuntos ajenos a los incidentes pasados.
A la hora de los postres, González pidió al Coronel
Guajardo le explicara por qué causas lo citaban en la Secretaría de
Guerra. Guajardo contestó que se trataba de puras calumnias y de malas
voluntades que se había acarreado en el desempeño de comisiones en los
pueblos donde había muchos espías zapatistas.
-¿Así que son calumnias de los zapatistas?- dijo el
general González...
- Sí, mi general; si usted me deja que le explique
todo el caso...
- Bueno coronel, ¿cómo me explica usted, dijo
socarronamente el General Pablo González, sus relaciones con Emiliano
Zapata?
-¿Con Emiliano Zapata? -preguntó sorprendido Guajardo.
-Sí, mi coronel, con Emiliano Zapata -insistió el
Gral. González.
-No es posible, mi general,--contestó Guajardo.
-Tan es posible, coronel, que aquí tengo una carta que
Zapata le dirige, añadió don Pablo, y entregándosela al gobernador
Aguilar agregó: Léala licenciado, léala en voz alta para que la
reconozca el Cor. Guajardo...
"Cuenca, marzo 21 de 1919. Señor Coronel Jesús M.
Guajardo. Donde se encuentre. Muy señor mío: Ha llegado a mi
conocimiento que por causas que ignoro ha tenido usted con Pablo
González algunas dificultades, y en las que ha sido usted amonestado sin
tener causa justa. Esto y la convicción serena y firme que tengo del
próximo triunfo de las armas revolucionarias, me alientan para dirigirle
la presente, haciéndole formal y franca invitación para que si en usted
hay voluntad suficiente, se una a nuestras tropas entre las cuales será
recibido con las consideraciones merecidas. No creo oportuno por ahora,
ya que usted estará bien informado, hablarle del gran incremento que la
Revolución ha alcanzado en todas las regiones del país, y bástele saber
a usted que contra lo que tanto se ha dicho, nuestro movimiento está
perfectamente unificado y persigue un gran fin, el efectivo mejoramiento
de la gran familia mexicana. En espera de sus apreciables letras, quedo
de Ud. atento y s.s. -El General Emiliano Zapata".
Durante la lectura, don Pablo sonreía, mientras que
Guajardo, hosco y sorprendido, escuchaba con atención.
-Buen servicio de espionaje nos tiene Zapata, cuando
ya ven, a unas horas del incidente en el hotel, lo supo --comentó el
General González y, dirigiéndose a Guajardo, comentó: -Coronel, desde
este momento tendrá usted correspondencia con Emiliano Zapata. El Lic.
Aguilar escribirá las cartas y usted las firmará. Vamos a ver para qué
nos sirven estas se relaciones.
Horas después, el mismo espía que había traído la
carta, llevó la contestación de Guajardo a Emiliano Zapata. que decía:
"C. Jefe de la Revolución del Sur, don Emiliano
Zapata, Donde se encuentre. Por su carta fechada en Cuenca el 21 de los
corrientes, quedo enterado de la invitación que se ha servido hacerme
para que me una con sus tropas á fin de que ya á sus órdenes trabaje por
la Causa que tiene por objeto el mejoramiento de la gran familia
mexicana. Le manifiesto a Ud. que en vista de las grandes dificultades
que tenemos Pablo González y yo, estoy dispuesto a colaborar a su lado
siempre que se me den garantías suficientes para mí y mis compañeros, y
a la vez mejorando mis circunstancias de revolucionario que en esta
ocasión como en otras se trata de perjudicarme sin razón justificada.
Cuento con elementos suficientes de guerra, así como municiones, armas u
caballada, tengo en la actualidad otro Regimiento á mis órdenes, así
como otros elementos que sólo esperan mi resolución para contribuir á mi
movimiento. En espera de sus letras y suplicándole una reserva absoluta
sobre este asunto tan delicado, quedo su afmo. y s.s. J. M. Guajardo".
"Campamento revolucionario en el Estado de Morelos, al
primero de abril de 1919. Señor Coronel Jesús M. Guajardo. San Juan
Chinameca. Muy señor mío: Con mucha satisfacción me he enterado de su
muy atento escrito fechado en San Juan Chinameca, en el que me dice que
está dispuesto a unirse á la causa revolucionaria que tiene por objeto
el mejoramiento de la gran familia mexicana. Como le dije a usted en mi
anterior, tanto a usted, como a los jefes, oficiales y soldados que lo
acompañen, se les recibirá con los brazos abiertos y gozarán de toda
clase de garantías, pues se les verá como compañeros. Jefes que han
llegado del Norte, y a los que tengo con mando de fuerzas en Xochimilco,
me han dado excelentes referencias de su gestión revolucionaria en
aquella región, y por ellos mismos he sido informado de que es usted
hombre de convicciones, y que aun cuando distanciado de nosotros, sus
ideas son firmes. Aquí con nosotros contribuirá usted al triunfo de la
gran causa revolucionaria que lucha por el bien general de la clase
humilde, y cuando hayamos llegado al triunfo, tendrá usted la
satisfacción de haber cumplido con un deber y su conciencia quedará
tranquila por haber obrado con justicia. La carta de usted deja ver que
es franco y sincero, y lo juzgo como hombre de palabra y caballero, y
tengo confianza en que cumplirá al pie de la letra el asunto de que se
trata; por mi parte, sólo sé decirle que sé cumplir mi palabra, mientras
no se dé al pueblo lo que necesita. Una vez estando usted aquí con
nosotros, tendrá todo lo que desea, sus circunstancias como
revolucionario mejorarán y tengo la seguridad de que estará satisfecho
de estar a nuestro lado. El regimiento de que habla, ya entiendo poco
más menos cuál es y exacto que ya está de acuerdo, así como de que está
cerca de esa. Creo conveniente decir a usted que deseo haga su
movimiento el jueves, y como Victoriano Bárcenas es un mal elemento, es
necesario que comience usted con él, al fin está muy cerca. Prepárese
bien para dar ese golpe, que es por donde se debe comenzar; al desarmar
a Bárcenas y los suyos, dejará usted la tropa desarmada en Chinameca
hasta nueva orden y a Bárcenas y todos los jefes que están con él, me
los remitirá al rancho de Tepehuaje, previo aviso; ya después
acordaremos los trabajos que debemos seguir haciendo. Advierto a usted
que se necesita obrar con mucha actividad. En Cuautla tengo yo
arreglados varios jefes, así como otros que están destacamentados fuera
de allí. Dichos Jefes sólo esperan que se les diga el día en que deben
salirse para que se incorporen a nosotros, así es que el movimiento va a
ser de importancia y con satisfacción digo a usted que una vez realizado
el movimiento, habremos dado un gran paso hacia el triunfo de la
revolución. En la actualidad me encuentro en esta región, debido, entre
otros urgentes asuntos, a que se me comunicó la presencia de unos
correos enviados por varios jefes, entre ellos del C. General Cipriano
Jaimes, que últimamente se unieron a la revolución en el estado de
Guerrero. Para terminar, juzgo conveniente entrar en algunos detalles
acerca de la situación, por más que deben ser ya de su conocimiento: el
Señor Don Francisco Vázquez Gómez, a quien con placer recordamos todos
los revolucionarios, está haciendo los últimos trabajos cerca de la Casa
Blanca para cruzar territorio nacional y ponerse frente de las columnas
revolucionarias que mandan los Generales Villa, Felipe Ángeles y Martín
López, que perfectamente organizados y con abundancia de elementos,
están atacando plazas importantes y atrayéndose la atención de los
compatriotas y extranjeros. En términos generales, la revolución
prepotente y arrolladora está rápidamente dominando toda la extensión
del territorio nacional. En espera de sus apreciables letras y de que me
diga si hará el movimiento que le indico, quedo de usted afmo. Atto. y
S.S. El General Emiliano Zapata".
"Campamento revolucionario de San Juan Chinameca,
Morelos. C. Jefe de la Revolución del Sur, don Emiliano Zapata. Muy
estimado Jefe: Con satisfacción me he enterado de su extensa carta
fechada hoy, y en debida contestación manifiesto a usted que, con
relación a sus instrucciones respecto a Bárcenas, no es posible dar
cumplimiento para el jueves, por encontrarse éste en Cuautla, llamado
por Pablo González, encontrándose en ésta únicamente Ramón N. Gutiérrez,
uno de sus jefes, como con 40 hombres. Otro motivo principal es el de
tener en dicha ciudad provisión por valor de diez mil pesos, la que nos
haría mucha falta, si ésta se perdiese, así como el Cuartel General
tiene un pedido de mi parte de 20 000 cartuchos, los que me entregará
del 6 al 10 del presente mes; la provisión de referencia estará también
para la misma fecha en ésta. Motivo de satisfacción es para mí fijarme a
la gran causa revolucionaria por la que usted ha luchado, así como los
informes que ha tenido de distintos jefes, de que soy hombre de
convicciones y de ideas firmes, lo cual demostraré a usted con hechos.
Ya me encontraba en antecedentes que el señor Doctor Francisco Vázquez
Gómez trabaja activamente por la unificación de todos los elementos
revolucionarios que se encuentran en este país y en el extranjero, y que
desea el mejoramiento de nuestro suelo patrio. He tenido conocimiento
que los cc. Generales Francisco Villa y Felipe Ángeles, como otros, han
tenido brillantes triunfos en el Norte de nuestra Republica. Una vez
reunidos en nuestro poder los elementos a que hago referencia y que hice
en mi anterior, daremos el primer golpe a Bárcenas y seguiremos
trabajando con éxito. Me permito ofrecer a usted, desde luego, víveres
como artículos de primera necesidad, u otros que pudieran hacerle falta
dejando a su respetable opinión la forma más conveniente para que
lleguen a su poder. Hago de su conocimiento que diariamente mando mulada
con arrieros a Cuautla, por lo que suplico se sirva, si lo cree
conveniente, ordene a los jefes que operan por esa región, no
obstruccionen el paso a los individuos de referencia. Sin más asunto que
tratar por ahora, aprovecho la oportunidad para protestarle mi adhesión
y respeto. El Coronel J. M. Guajardo".
"Campamento Revolucionario en Morelos, a 2 de abril de
1919. Señor Coronel J .M. Guajardo. San Juan Chinameca. Muy estimado
señor Coronel: Con mucha satisfacción doy respuesta a su atenta fecha el
1º (Primero) del actual, habiendo quedado enterado de lo que en ella se
sirve expresarse, recomendándole especialmente el asunto de Bárcenas.
Con relación a los víveres y municiones que en la ciudad de Cuautla
tiene usted, juzgo pertinente los deje allá, aún cuando bien comprendo
que por de pronto pudieran hacernos falta, pues creo firmemente que muy
poco tiempo después esos elementos se pueden recobrar y hay el
inconveniente de que el mismo individuo que le recomiendo, pudiera
enterarse del asunto, en cuyo desgraciado caso, esté usted seguro que lo
haría víctima. Además creo conveniente que en la primera oportunidad que
se le presente arregle de una vez a Bárcenas, sin esperar la fecha del 6
al 10. Su carta ha sido para mí la confirmación de las referencias que
sobre usted me habían sido proporcionadas y no dudo que como usted me
indica, sea sostenido con hechos y sinceramente nos felicitamos por su
patriótica actitud, ofreciéndole en lo particular mi amistad franca y
abierta. Respecto a los víveres de que me habla, efectivamente estamos
escasos, yo le agradezco mucho su buena disposición para
proporcionármelos y esté seguro de que recibiré con gusto todo aquello
que sea su voluntad mandarme. Ya ordeno a la gente que se encuentra
entre esa y Cuautla, no entorpezca el paso a sus arrieros. Sin más por
ahora y en espera de sus apreciables letras, quedo de usted afmo.
General Emiliano Zapata".
"Hacienda de San Juan Chinameca, abril 3 de 1919. C.
Jefe de la Revolución del Sur, don Emiliano Zapata. Donde se encuentre.
Muy estimado Jefe: Con fecha de ayer noche me fue anunciada la presencia
en ésta de su enviado, el señor Feliciano Palacios, a quien recibí
gustoso y después de tener una larga y franca entrevista, le expuse los
motivos para alargar el plazo de capturar a Bárcenas y los suyos, cosa
que estima prudente por ser de esencial importancia para el tiempo
futuro, tener en nuestro poder la cantidad de parque a que ya le he
hecho mención. No creo oportuno entrar en otros detalles, pues entiendo
que su enviado al escribirle a usted le dará cuenta de ellos. Por su
enviado quedo enterado que usted ha acordado que este punto sea mi
campamento, cosa que es de mi agrado, me permito consultarle si las
familias puedo dejarlas en ésta o mandarlas a otro lugar. Le mando un
caballo que espero será de su agrado, así como mercancías que le serán
necesarias. Si usted no puede darme sus instrucciones amplias y
verbales, las espero entonces por escrito, indicándome qué plaza debo
atacar después del golpe de Bárcenas. Tengo en proyecto Jojutla,
Tlaltizapán o Jonacatepec. El trabajo que tengo que efectuar con su
recomendado, será el lunes y lo tendrá en su poder en el punto indicado.
Yo tengo que ir a Cuautla a recibir el parque y venir enseguida con la
gente que tengo en Santa Inés y algunos oficiales. Me es honroso
protestarle mi subordinación. El Coronel J. M. Guajardo".
"Campamento revolucionario en Morelos, 6 de abril de
1919. Señor Coronel J. M. Guajardo. San Juan Chinameca. Muy estimado
señor coronel: Por su estimable, me he enterado de la entrevista que
tuvo usted con mi enviado, y en cuanto al movimiento, le manifiesto que
la base principal es ésta; que con las fuerzas de su mando marche a
Tlayecac, en donde están al mando del capitán Salomé G. Salgado, cien
hombres; que el mismo capitán Salgado reunirá más tropas en
Tenextepango; una vez organizado allí marchará sobre Jonacatepec, el que
una vez tomado, regresará a San Juan Chinameca a recibir instrucciones,
y marchará sobre Jojutla y Tlaltizapán; apoderándose de esta plaza, ya
se puede reorganizar la columna y, después de reforzada, llevar a cabo
trabajos de mayor importancia. Este movimiento debe hacerse
inmediatamente que usted reciba la presente, al fin que Bárcenas pasó
rumbo a Cuautla y ya le pongo gente a retaguardia para ver si es posible
ayudarlo a combatir, pues por más que últimamente he pretendido hacerle
presentar combate, anda escabulléndose para no tener encuentro. Como el
movimiento de usted va a ser por el rumbo opuesto al que lleva el
mencionado Bárcenas, puede prestar oportunidad para que al regresar a
esa hacienda lo capture usted, y para mayor éxito puede usted dejar en
ese punto un jefe con cien hombres y las respectivas instrucciones. En
cuanto a la impedimenta de las familias, pueden quedar, por lo pronto,
en ese lugar, y ya en vista de los movimientos que haga el enemigo, se
verá si es conveniente trasladarlas a otro sitio; pero de antemano creo
que habrá esa necesidad. Con el fin de despistar al enemigo, voy a
distribuir fuerzas en guerrillas, por lugares más convenientes, cercanos
a Cuautla, aparte de una columna competente, formada con las tropas que
puedan reunirse, para el mejor éxito de las operaciones. Adjunto a usted
una orden para el C. Capitán Salomé que, como le digo antes, se
encuentra a mis órdenes en Tlayecac, para que se incorpore a la columna
de usted llevando consigo a sus fuerzas y las de Tenextepango. En el
mismo caso del capitán Salgado, se encuentran otros muchos jefes, que
esperan la primera oportunidad para hacer su movimiento; y por lo mismo,
es necesario que desde luego lo efectúe, sin esperar más tiempo los
pertrechos que ha de recibir, los que se compensan con los elementos que
se han de incorporar después. Sin más asunto por ahora, y deseándole
feliz éxito, quedo de usted afectísimo amigo y atento y seguro servidor.
General Emiliano Zapata".
Al mismo tiempo Zapata recibió una carta de Eusebio
Jáuregui, en la que éste daba amplias referencias de Guajardo, lo que
sumado a las anteriores, Emiliano Zapata creyó en la sinceridad de
Guajardo. Hablamos arriba de alguna intervención de Jáuregui, ex
zapatista que gozando de libertad, y sin respetar su palabra de honor,
reincidió en sus simpatías hacia Zapata y hacia el zapatismo.
Eusebio Jáuregui perdonado de la vida pues se le
capturó con las armas en la mano, no desperdicia ocasión para expresar a
los espías del enemigo algún dato o cierta información que favoreciera a
los suyos. Se sospechaba de su conducta, pero no había testimonio que
confirmara tal sospecha.
Guajardo, por otra parte, debía también aprovechar la
circunstancia y pide a Eusebio una carta de presentación con Zapata; no
se niega el favor, y por el contrario, la carta sobre todo el final,
expresa claramente sus inclinaciones a la rebeldía. Expide, pues, la
carta que copiamos enseguida.
"Cuautla, abril 8 de 1919. C. General Emiliano Zapata.
Donde se encuentre. Muy estimado general: He hablado con el coronel
Jesús M. Guajardo, y me ha manifestado todos los arreglos que usted y él
tienen para la fecha, relativos a que ha reconocido de una manera
incondicional los ideales que usted tiene la alta honra de representar y
como no dudo sea un hecho, me permito manifestar a usted sepa apreciar
los buenos elementos de este ameritado jefe que ayudará e impulsará
nuestra revolución. Espero que mi recomendado le comunicará a usted lo
que yo tengo pensado, a fin de que la revolución obtenga mayores
elementos y con esto grandes triunfos. Debo manifestar a usted, mi
general, que el Coronel Guajardo no cumplió con su orden el día citado,
en vista de que tuvo que atravesar por grandes dificultades. Protesto a
Ud. mi general, mi subordinación y respeto. Jáuregui".
Guajardo, conforme a las instrucciones verbales que
recibía del General González, seguía ratificando su adhesión al General
Zapata, encontrando siempre algún pretexto para indicarle que debía
esperar varias semanas más aliado del gobierno. Pero Zapata, ante la
situación incolora de Guajardo, le pidió de una vez por todas que
definiera su actitud. Ante la exigencia del caudillo suriano, el Coronel
Guajardo se presentó ante el General Pablo González, pidiéndole órdenes
y resolviendo don Pablo dar el golpe final.
La oportunidad para realizar los planes del Ejército
Federal se presentaron cuando Zapata exigió a Guajardo que se le
incorporara; señalándole la obligación de llevar al campo zapatista al
General Capistrán, que se había rendido al gobierno y enseguida atacar y
tomar la plaza de Jonacatepec. El cuartel general federal interceptó una
comunicación del General Zapata dirigida a Eusebio Jáuregui, donde le
daba instrucciones para que aprehendiera al General González.
Eusebio Jáuregui se había rendido hacía varias
semanas, pero, según la comunicación interceptada, la rendición había
sido preparada con el objeto de gestar un movimiento dentro de Cuautla.
Al descubrirse los planes de Zapata, el General González ordenó al
gobernador José G. Aguilar que procediera a la aprehensión de Jáuregui,
que tenía la ciudad por cárcel. El General Pablo González dio la orden
de traer a Emiliano Zapata vivo o muerto. González dijo a Guajardo:
-Por lo que respecta a las pruebas que le pide Zapata,
provea a su gente de parque de salva y ataque la guarnición de
Jonacatepec. Yo daré instrucciones al General Daniel Ríos Zertuche para
que también provea a sus soldados de la misma clase de parque para que,
después de sostener un tiroteo con las tropas de usted, se retire a un
punto convenido en aparente desorden, y como no es posible que se lleve
a Capistrán, pues Zapata le fusilaría inmediatamente, llévese a doce
zapatistas que están condenados a muerte y que si los fusila su ex jefe
pagarán bien pagados los crímenes que han cometido.
Según el parte de Guajardo, el día 8 de abril de 1919,
después de recibir las órdenes de Pablo González, salió con su escolta a
las 8:15 horas con rumbo a Chinameca. Llegó a Moyotepec a las 11 horas
de ese mismo día, donde la esperaba una escolta de 50 hombres, y
prosiguió a Chinameca llegando a las 15 horas.
Con motivo de que varios grupos de campesinos se
presentaron ante Guajardo para quejarse de los desmanes de la gente de
Bárcenas, exigiendo pronta justicia, Guajardo impuso como castigo el
fusilamiento de 59 soldados que militaban a las órdenes de Margarito
Ocampo y del Coronel Guillermo López. Esta orden se cumplió en un lugar
llamado Mancornader. De esta forma demostró Guajardo su rectitud y
lealtad a Emiliano Zapata.
Esto decidió a Emiliano Zapata a concederle la
entrevista, por lo que Palacios le comunicó a Guajardo, que se
encontraría en Tepalcingo. Guajardo, al día siguiente a la 1 (Primera)
hora, con su gente montada y bien municionada dejó la hacienda de
Chinameca y salió rumbo a Huitzila, donde llegó a las 9 horas, dándole
forraje a sus caballos, y recibió las últimas instrucciones para atacar
a Jonacatepec; a las 12:45 horas estuvo frente a esa plaza, donde le
esperaba la gente que llevaba el Capitán Salgado, del 66 Regimiento.
Guajardo procedió al ataque de la plaza donde se
combatió media hora y, según el parte oficial de Guajardo, se perdieron
dos individuos de tropa que murieron en el combate. No se explica cómo
pudo ser esto, pues iban a hacer sólo disparos de salva. En el ataque a
Jonacatepec, el General Ríos Zertuche distribuyó a sus soldados, pues ya
había recibido la orden del cuartel general; simuló la defensa de la
plaza y después sus oficiales hicieron huir a la gente en completo
desorden. Abandonada la plaza, el Coronel Guajardo, con la mayor parte
de sus tropas -ya que algunos se negaron a voltearse- entró victorioso a
Jonacatepec gritando "Viva el General Zapata".
El asalto simulado a Jonacatepec hizo creer al
caudillo suriano en la lealtad de Guajardo. Poco después del asalto a
Jonacatepec, recibió órdenes de presentarse a Zapata. A las 16 horas
salió del pueblo y, por primera vez, frente a la estación del
ferrocarril denominada Pastor llevando un número aproximado de 600
hombres, se entrevistaron y Zapata le dijo:
-Mi General Guajardo, la felicito a usted sinceramente
y acordó el ascenso de él y de la oficialidad. Zapata le manifestó el
deseo de que pasara a Tepalcingo. Guajardo fingió un dolor de estómago y
Zapata la llevó a medicinarse. Como a las 24 horas, Guajardo recibió
órdenes de Zapata para que dejara a su gente en un lugar llamado Los
Limones, mientras que él, Guajardo, debería esperar nuevas órdenes en la
hacienda de Chinameca.
Éste, al día siguiente acampó con su fuerza a tres
kilómetros de la hacienda y procedió a entrar a ella a las 6:30 horas
quedando toda la tropa acuartelada. A las 8 horas Emiliano Zapata llegó
frente a la hacienda con unos 400 hombres, comandados por Pioquinto
Galis, Gil Muñoz Zapata, Adrián Castrejón, Timoteo Sánchez, Joaquín
Camaño, Jorge Méndez, Juan Lima, Jesús Chávez, José Rodríguez, Feliciano
Palacios, y los coroneles Jesús Salgado, Clemente Acevedo, Salvador
Reyes Avilés y otros.
Algunos se habían disgregado en algunas de las
chocitas en busca de alimentos, otros en la plaza platicaban. Zapata fue
saludado por Guajardo en ese lugar, y estaban en eso cuando corrió la
noticia de que se acercaban fuerzas federales. Emiliano Zapata dio orden
a Guajardo de que se mantuviera en la hacienda, y Zapata se posesionó
del lugar llamado Piedra Encimada para repeler el ataque.
Desde ese lugar Emiliano Zapata observaba con unos
prismáticos. Después de cerciorarse, ordenó a Feliciano Palacios que
fuera a ver a Guajardo, para que éste entregara el armamento y
municiones que había ofrecido a Zapata. Palacios salió acompañado de
Jorge Méndez y Juan Lima; los dos últimos se quedaron en el puente de
entrada de la hacienda, y sólo Feliciano Palacios entró a la finca. Como
Palacios no regresaba, Zapata envió al Coronel Agustín Carreón para que
le sirvieran unas cervezas. Carreón regresó sin haber visto a Feliciano
Palacios.
Como a las dos de la tarde, Zapata se retiró a la
Piedra Encimada y se dirigió a la tienda de raya de la hacienda, donde
saludó al español que la regenteaba, y en la bodega preguntó al General
Juan Lima por Feliciano Palacios, a lo que éste contestó que se
encontraba preso por órdenes de Guajardo, y le participó que Guajardo lo
invitaba a comer.
Contrariado el General Zapata por la información que
le dio Juan Lima, aceptó la invitación pero dijo que iría a caballo, por
lo que su asistente, Agustín Cortés, le arregló su montura y ordenó a
Juan Lima y a Jorge Méndez que escogieran diez hombres para que lo
acompañaran a la cita que le había hecho el Coronel Guajardo.
La comitiva fue compuesta por los generales Juan Lima,
Jorge Méndez, Miguel Zúñiga, y el Coronel Clemente Acevedo, más los
asistentes de cada uno de ellos. Guajardo había dispuesto que en el
momento en que entrara Emiliano Zapata se le hicieran los honores de
general y después de la segunda llamada de honor hicieran fuego, estando
el resto de la tropa dispuesta para combatir.
A las 14:10 horas, Emiliano Zapata se presentó en la
puerta de la hacienda, en una de cuyas piezas tenían a Feliciano
Palacios. Al aproximarse Zapata a la hacienda, una banda de guerra
formada tocó llamada de honor y, sin terminar ésta, una trompeta tocó a
fuego. Como los soldados presentaban armas al pasar el General Zapata,
el primero en disparar fue el centinela y a continuación siguieron las
descargas que hacían en su contra.
Zapata quiso sacar la pistola en los últimos momentos
que le quedaban de vida y, tratando de dar media vuelta, el caballo
arrojó su cadáver al suelo. A su lado quedó su fiel asistente Agustín
Cortés, y dentro de las habitaciones de la hacienda quedó el infortunado
Feliciano Palacios que fue asesinado también en el momento en que caía
Zapata.
Las descargas de fusilería se convirtieron en
mortífero fuego general contra los zapatistas desde los puestos en que
los federales se encontraban apostados. Bajo el cerrado fuego de
fusilería, ametralladoras y bombas que simultáneamente estallaban, las
despavoridas fuerzas zapatistas huían sin saber lo que había pasado y
tratando de ponerse a salvo del furioso ataque de que fueron víctimas.
Una vez fuera del alcance de los proyectiles,
comenzaron a reunirse para conocer las causas del ataque. Los mismos que
iban atrás de Zapata informaron la funesta noticia de la muerte de su
jefe.
El parte oficial de Guajardo dice que quedaron muertos
Emiliano Zapata, Zeferino Ortega y otros generales habiendo causado
bajas, entre muertos y heridos, como 30 hombres, que no fue posible
identificar. Guajardo aseguró que él personalmente hizo fuego en contra
de Palacios, Bastida y Castrejón, a los que mató en el acto.
Posteriormente, se ha podido comprobar que ni Zeferino Ortega ni Gil
Muñoz Zapata fueron sacrificados en aquella ocasión.
Después de este artero ataque se procedió a levantar
los cadáveres y se dispuso que se persiguiera al enemigo por todos los
rumbos hasta dispersarlo completamente, haciendo gran número de bajas
entre muertos y heridos.
Con el objeto de conducir el cadáver de Zapata, se
tocó botasilla y, media hora más tarde, a las 16 horas del jueves 10 de
abril de 1919, Guajardo salió de la hacienda de Chinameca con la fuerza
a su mando, rumbo a Cuautla, a donde llegó a las 21:10 horas, haciendo
entrega del cadáver al General Pablo González.
Mientras la tragedia sucedía en San Juan de Chinameca,
el General Pablo González estaba muy inquieto porque no sabía si
Guajardo ya había matado a Zapata. Como a las ocho de la noche llegó un
propio desde Villa de Ayala con el lacónico mensaje "sigo para ésa con
Zapata".
Aunque Pablo González tenía una gran confianza en su
coronel, la ciudad fue puesta en estado de alerta y don Pablo González
salió rumbo al camino de Villa de Ayala para esperar a Guajardo.
El cadáver de Zapata lo llevaban amarrado al lomo de
una mula, y cuando llegaron a las puertas de Cuautla, adelantándose
Guajardo adonde estaba Pablo González, le informó: -Mi general, sus
órdenes han sido cumplidas.
Los despojos de Emiliano Zapata fueron llevados a los
bajos de la presidencia municipal de Cuautla. Para identificar el
cadáver, se hizo traer a Eusebio Jáuregui, que había sido jefe del
Estado Mayor de Zapata, quien declaró ante el notario Ruiz Sandoval.
El cadáver de Emiliano Zapata fue expuesto al público,
colocándosele sobre una caja en la inspección de policía: Allí empezaron
a acudir centenares de curiosos y vecinos del lugar. Para evitar la
descomposición del cadáver se ordenó que el Doctor Loera y varios
practicantes lo inyectaran, realizado lo cual, se ordenó que fuera
puesto en exhibición.
Previamente se le practicó la autopsia y se comprobó
que solamente había ingerido alimentos líquidos, y el cuerpo presentaba
siete perforaciones correspondientes a siete tiros que le debieron haber
causado la muerte casi instantánea. El cadáver no presentaba ni una
herida en el rostro.
Al cadáver de Emiliano Zapata le fue cambiada la ropa;
se le quitó el traje de charro que llevaba y se le puso ropa limpia.
Todos los curiosos que acudieron a ver el cadáver de Zapata, lo primero
que le buscaban era el lunar que tenía arriba de un ojo.
El General Pablo González envió a la ciudad de México
al coronel y licenciado Miguel Cid Ricoy para que comunicara los hechos
al presidente Carranza. Inmediatamente se dio el boletín a la prensa
nacional.
La noticia produjo verdaderas peregrinaciones rumbo a
Cuautla con el objeto de ver el cadáver de Zapata. Se especuló en la
ciudad de México que el cuerpo iba a ser trasladado a esa ciudad, pero
al ser entrevistado por los periodistas, el señor Ricoy declaró que no
creía que hubiera necesidad de trasladarlo a la capital, salvo que
hubiera una orden en contrario dictada por la Secretaría de Guerra.
En la prensa nacional se dieron algunos datos sobre
Guajardo, diciendo que se había incorporado a las fuerzas
revolucionarias el año de 1913, que había empezado su carrera como
soldado raso y que sus ascensos se debían a su singular valor.
Aseguraron que en Saltillo, Puebla, Guerrero y el Estado de México tuvo
participación en importantes combates y que siguió a la Revolución en
todo su formidable avance desde el norte.
Dentro de sus datos biográficos señalaban que su
abuelo había dado muerte a un famoso bandido apellidado Villegas, cuyas
hazañas se consignaban en los anales del bandolerismo de aquella época.
Villegas fue apodado El Endiablado.
Se citó también en la prensa nacional, que Guajardo
había empleado cuatro días en la realización del ardid que dio como
resultado la muerte del cabecilla morelense. Se consignó como dato
original el de que Zapata le había regalado un caballo al Coronel
Guajardo cuando consideró a este militar como de su bando.
Siguió la expectación y se afirmó que seria sepultado
el lunes siguiente en Tlaltizapán, en un mausoleo construido por el
propio Zapata, para que guardara los restos de los firmantes del Plan de
Ayala, bandera de los hombres del campo.
El mausoleo es una sencilla tumba que tiene numerosas
gavetas, en cada una de las cuales podrá verse el nombre de cada uno de
los firmantes; allí reposaban ya los restos de Otilio Montaño, Eufemio
Zapata y algunos otros zapatistas. Se aseguró que en ese lugar debían
quedar los restos de Emiliano Zapata.
Este día también se afirmaba que con la muerte de
Emiliano Zapata quedaba desaparecido el zapatismo, y que muy pronto se
restablecería la paz, pues ya quedaban muy pocas gavillas con las armas
en la mano.
ACTA NOTARIAL DE LA
MUERTE DE ZAPATA.
Media hora después de la llegada del cadáver de
Emiliano Zapata a Cuautla se levantó el acta siguiente: Al margen un
sello que dice: Juzgado de Primera Instancia, del Estado de Morelos,
No.13. En la ciudad de Cuautla, Morelos, a las diez de la noche del día
10 de abril de mil novecientos diez y nueve, yo, el Lic. Manuel Othón
Ruiz Sandoval, Juez de Primera Instancia, encargado del protocolo, me
constituí en las oficinas de la Inspección general de policía de esta
ciudad con el objeto de dar fe del cadáver e identificarlo, del que en
vida llevó el nombre de Emiliano Zapata. Comparecen al acto los señores
Capitán Primero de Estado Mayor, Ignacio Barrera y Gaona, Alfonso G;
Olivares, José Rico y Eusebio Jáuregui, este último que desempeñó algún
puesto en el Zapatismo. Habiéndose mostrado al suscrito y comparecientes
en una de las planchas de la sección médica de esta oficina, el cadáver
de un hombre, al parecer por los signos característicos bien muerto, los
comparecientes lo identificaron como el del que en vida llevó el nombre
de Emiliano Zapata, con lo que se terminó el acto, dando fe el suscrito
notario del referido cadáver. Actuaron como testigos de asistencia los
señores Joaquín Flores G. y Javier del Rayo, y por sus generales todos
dijeron ser: el Sr. Capitán Barrera y Gaona, casado, de veintiséis años
de edad, militar; el Sr. Olivares, casado, de treinta años de edad,
empleado; el Sr. Jáuregui, de veinticinco años, soltero, agricultor, y
todos de esta vecindad, menos el señor Rico que vive en la hacienda de
Tenango, distrito de Jonacatepec, estado de Morelos. El señor Flores G.,
casado, empleado, de treinta y tres años de edad, y el Sr. Rayo,
soltero, de veintitrés años de edad, empleado, y ambos con domicilio en
el hotel Providencia. Leída que les fue a los comparecientes y testigos
la presente acta, y estando conformes con su contenido que se les
explicó, así como su fuerza legal, firmaron hoy, día de su fecha, a las
once y treinta minutos de la noche. Doy Fe, Ignacio Barrera y Gaona,
Olivares, José Rico, E. Jáuregui, J. del Rayo, J. Flores G. -Rúbricas-
autorizó esta acta en Cuautla, Morelos, a once de abril de 1911: Doy Fe,
M.O. Ruiz Sandoval. -Rúbrica- El Sello de Autorizar.
Hoy he extendido en el protocolo que es a mi cargo la
siguiente acta: IDENTIFICACIÓN DEL CADÁVER del que en vida llevó el
nombre de Emiliano Zapata y Fe de que: -Con fundamento en la fracción
31, inciso segundo, artículo 14 de la Ley del Timbre en vigor, opino que
debe causar estos timbres: Dos pesos por foja, en una foja $2.00-
Cuautla, Morelos, 10 de abril de 1919. El Juez de primera instancia,
M.O. Ruiz Sandoval. Rúbrica-El Sello de la notaría No.6.
El Administrador del Timbre en Cuautla, Morelos,
certifica que con esta fecha, se pagaron dos pesos valor de las
estampillas que fijaron y cancelaron en la presente nota firmada bajo la
responsabilidad del Notario que la suscribe. Cuautla de Morelos, Abril
11 de 1919.El Administrador General del Timbre G. A. Baquedando.
Rúbrica. El Sello de la administración federal del Timbre. Sacóse del
registro de instrumentos públicos que es a mi cargo, como primer
testimonio dejando agregada al apéndice del protocolo en el legajo
correspondiente a esta acta bajo la letra A, la nota respectiva del
timbre va en una foja y con los timbres de ley y se expide para la
Secretaría General del Departamento de Administración Civil del Estado
de Morelos. Corregido y copiado en prensa, Cuautla de Morelos, 11 de
abril de 1919. Doy Fe. MO. RUIZ SANDOVAL.
Un sello que dice: Estado de Morelos. Juzgado de
Primera Instancia, Secretario General del Departamento de Administración
Civil del Estado de Morelos, Certifica que las firmas que calzan el
documento anterior son del C. Licenciado Manuel Othón Ruiz Sandoval,
Juez de Primera Instancia, encargado del protocolo de esta ciudad, y las
que acostumbra usar en todos los documentos que autoriza.-Cuautla de
Morelos, Abril 11 de 1919. El Secretario General del DEPARTMIENTO DE
ADMINISTRACIÓN CIVIL DEL ESTADO, J. G. Aguilar. Rúbrica. Al fin un sello
que dice: Gobierno Libre y Soberano de Morelos, Secretaría.
ACTA DE DEFUNCIÓN EXPEDIDA POR EL REGISTRO CIVIL DE LA
CIUDAD DE CUAUTLA. En la heroica ciudad de Cuautla, Morelos a las 6 de
la tarde del día 11 de abril de 1919, y ante mí el ciudadano Pedro
Narváez Juez del Estado Civil de esta cabecera compareció el ciudadano
Alberto Girela originario y vecino de esta ciudad, casado, comerciante,
y artesano de cuarenta y cinco años de edad, manifiesta que el cadáver
que se encuentra en el local de la inspección general de policía es el
mismo del que en vida se llamó Emiliano Zapata, el que según parece
falleció ayer a las 8 de la tarde a consecuencia de heridas producidas
por arma de fuego, que lo conoce perfectamente porque era originario del
pueblo de Anenecuilco municipalidad de Villa de Ayala, Estado de
Morelos, casado, labrador, de 29 años de edad, hijo fue del difunto
Gabriel Zapata y de la finada Cleofas Salazar, de Anenecuilco; se tuvo a
la vista el certificado médico que se archivó con las anotaciones de
ley, suscrito por el Dr. Miguel Loaiza, fueron testigos de esta acta el
comparente y el Sr. Juan Bustamante, originario vecino de esta ciudad,
casado, comerciante y mayor de edad. Se expidió la boleta para la
inhumación del cadáver en fosa de primera clase (gratis) del panteón de
(la) ciudad, y leída la presente acta a los que en ella intervinieron
estuvieron conformes y firmando conmigo el suscrito Juez, Doy Fe E. R; a
que (ilegible). El Juez del Registro Civil Pedro Narváez,(Rúbrica)
Alberto Girela, (Rúbrica) Juan Bustamante, (Rúbrica) Luis de Alvarado,
Secretario, (Rúbrica).
Casi 24 horas estuvo expuesto el cadáver de Emiliano
Zapata y lo vieron no solamente los vecinos de Cuautla, sino los de los
poblados inmediatos y muchas personas que se trasladaron a esa ciudad
desde la capital. La tarde del sábado 12, la ciudad de Cuautla se animó
en sus calles, pues todos los vecinos se dirigían a la plaza principal
para presenciar el sepelio. La animación era callada; en los rostros se
veía sorpresa en unos, y curiosidad en otros.
Ocho prisioneros rebeldes que militaban en las filas
de Zapata, penetraron escoltados a la pequeña pieza donde el cuerpo,
descompuesto ya, estaba listo para ser conducido al panteón municipal.
Frente a la presidencia municipal, tres parientas del muerto llegadas de
Anenecuilco, enlutadas, llorosas, visiblemente emocionadas; dudaban en
presidir la fúnebre comitiva o en seguir separadamente al cortejo.
Con la presencia del General González y de otros jefes
militares que hacían la campaña en contra del zapatismo en Morelos, se
solucionó la incertidumbre, y aquellas mujeres, rodeadas por otras del
pueblo, empezaron su callada marcha detrás del gentío que hacía
imposible el tránsito por la ancha plazuela.
A esta comitiva la seguían fotógrafos llegados de la
ciudad de México y se filmaban escenas de este acontecimiento para el
primer noticiario cinematográfico de la capital.
En el panteón todo estaba listo para dar sepultura al
cadáver; los enterradores, soga o pala en mano, cariacontecidos, se les
veía preparados para su faena. La negra caja de caprichosos dibujos
blancos que guardaba los restos del cabecilla Emiliano Zapata, bajó a la
fosa en presencia del gentío que pugnaba por ocupar la parte delantera
del numeroso grupo; algunas personas trepaban a las tumbas inmediatas
para satisfacer su curiosidad e impedían que los deudos pudieran ver el
resto de la operación.
Una anciana, la madre de Emiliano Zapata, más decidida
que los demás, con los ojos inyectados y llorosos, se abre paso, y
cogiendo un puñado de tierra fue la primera en depositar su ofrenda;
temblorosa, pero enérgica, cumplió los propósitos inspirados en la vieja
tradición.
(Nota: El autor de la biografía, Valentín López
González, menciona
en el párrafo anterior -al parecer erróneamente- que la madre
de Emiliano Zapata lo visitó cuando éste murió.
Sin embargo, al inicio de la biografía menciona también que la madre
de Zapata murió cuando él tenía 16 años de edad.)
Los golpes sordos del martillo que aseguraba los
clavos, las paladas de tierra que caían sobre el ataúd se escuchaban en
medio de un silencio profundo. Los hombres que condujeron a Zapata al
panteón eran ex zapatistas y veían el acto con incredulidad, formados de
dos en fondo.
El General Pablo González y sus más cercanos
colaboradores presenciaron el acto con sendas bolas de naftalina en la
nariz, porque el cadáver despedía ya pútridas emanaciones. Eran las 18
horas.
El sepulturero, con la boleta municipal en la mano,
ratificó la localización de la fosa. Zapata quedó al extremo noroeste
del panteón, en la segunda hilera de mausoleos en la primera clase; y se
identificaba el lugar por un guayabo que erguía su frondosa ramazón en
el costado izquierdo de la cabecera de la tumba. La gente regresa al
centro de la población, unos iban silenciosos, los más comentando el
triste fin de Emiliano, el inculto sembrador; el célebre Atila del Sur.
Aquel pueblo que tanto sufrió por la rebeldía
zapatista parecía experimentar, dos horas después, no una indiferencia
sino una calma que se confundía con la diversión en la plaza al escuchar
la banda militar o jugando a la lotería de cartón, o tomando nieve para
mitigar la sed y calmar el calor regional de la noche.
Emiliano Zapata, ese mismo día se convirtió en una
leyenda. La historia del lunar de bola que se comentaba no tenía el
cadáver de Zapata y que habría de servir para la identificación que hizo
Jáuregui y que al principio negó caprichosamente, después, aquellos que
negaban su existencia, la confirmaron: ¡Era Emiliano Zapata!
Las dudas no aparecían por ninguna parte; todos
confirmaban la declaración de Jáuregui, general zapatista rendido, que
reconoció a su antiguo jefe. Éste fue fusilado el día 14 en el panteón
municipal por un pelotón de soldados carrancistas.
El mismo 10 de abril de 1919, el secretario particular
de Emiliano Zapata; Salvador Reyes Avilés, desde el campo revolucionario
en Los Sauces, daba a conocer el parte oficial de la tragedia al General
Gildardo Magaña, y un día más tarde este mismo general desde su
campamento en Tochimilco; estado de Puebla, hizo circular entre todos
los sobrevivientes del zapatismo la carta que transcribimos:
Al C. General Francisco Mendoza, Su Campamento.
Víctima de la más negra de todas las traiciones, cayó ayer,
gloriosamente, atravesado por las cobardes balas enemigas, nuestro
inolvidable y heroico General en Jefe, don Emiliano Zapata. Que las
maldiciones de todos los buenos mexicanos, de los que hayan sabido
comprender la grandiosa obra del más grande y desinteresado
revolucionario mexicano, caigan sobre los nombres maldecidos y malditos
de los cobardes asesinos.
Hoy, más que nunca, los que bajo las órdenes del ya
glorioso Emiliano Zapata seguimos su ejemplo de patriotismo y de
profundo amor al pueblo, tenemos la sagrada obligación, el ineludible
deber de continuar la lucha, con mayores bríos, con más fe, con más
grandes ardimientos en contra del enemigo carrancista que ya para
siempre manchó su nombre con el lodo de la traición.
Para tratar, pues, sobre la mejor manera de continuar
cumpliendo con nuestros deberes de revolucionarios y de hombres, este
Cuartel General ha acordado convocar a una junta de Generales, Jefes y
Oficiales del Ejército Libertador, que tendrá verificativo en esta
plaza, a la mayor brevedad posible, es decir, tan luego como estén
reunidos los principales miembros del Ejército.
Estimando que usted comprenderá la urgencia de
verificar dicha junta, he de merecerle que lo antes posible, se sirva
pasar a este Cuartel General acompañado de sus jefes, subordinados y de
los compañeros que operen por esa zona. Lo que comunico a usted para su
inteligencia y efectos, reiterándole mis consideraciones y aprecio
distinguido. Reforma; Libertad, Justicia y Ley. Tochimilco, a 11 de
abril de 1919. El General Magaña.
El día 12 de abril se publicó en El Universal la
felicitación de don Venustiano Carranza al General Pablo González.
Del Palacio Nacional de México, el 11 de abril de
1919. Señor General de División; don Pablo González. Cuautla, Morelos.
Con satisfacción me enteré del parte que me rinde usted en su mensaje de
anoche, comunicándome la muerte del cabecilla Emiliano Zapata, como
resultado del plan que llevó a cabo con todo efecto el coronel Jesús M.
Guajardo. Lo felicito por este importante triunfo que ha obtenido el
Gobierno de la República con la caída del jefe de la revuelta en el sur,
y por su conducto, al coronel Guajardo y a los demás jefes; oficiales y
tropa que tomaron participación en ese combate; los felicito por el
mismo hecho de armas; y atendiendo a la solicitud de usted, he dictado
acuerdo a la Secretaría de Guerra y Marina para que sean ascendidos al
grado inmediato el coronel Jesús M. Guajardo y los demás jefes y
oficiales que a sus órdenes operaron en este encuentro, y cuya lista
deberá usted remitir a la propia Secretaría del estado. Salúdolo
afectuosamente. V. Carranza.
La tarde del 14 de abril, el General Juan Barragán,
jefe del Estado Mayor Presidencial contestó por escrito las preguntas
formuladas por los representantes de la prensa nacional. El
interrogatorio versaba sobre diversos asuntos de carácter militar, fue
publicado por los diarios capitalinos, el día 15. El General Juan
Barragán entregó el siguiente boletín autorizado con su firma:
"- ¿Es verdad, señor general, que la situación militar
reinante en Chihuahua ha empeorado durante los últimos días y que el
tráfico ferrocarrilero está interrumpido desde el domingo último?
- No es exacto que la situación en Chihuahua sea
delicada, pues al contrario está mejorando cada día más; el tráfico
ferrocarrilero está al corriente y solo el telégrafo es interrumpido con
frecuencia dada la extensa zona de aquel estado.
-¿Cuál es el resultado de la conferencia entre el
señor Presidente de la República y el general Fortunato Zuazua? ¿Es
verdad que el general Zuazua no regresará a Chihuahua?
-El general Zuazua todavía no habla con el señor
Presidente y no sé si volverá a Chihuahua o se le dará otra comisión.
-Varios periódicos han afirmado que el señor
Presidente ha recibido numerosas protestas de altos jefes del ejército
por el ascenso acordado a favor del Coronel Jesús M. Guajardo. - ¿Qué
hay de cierto?
-El señor Presidente de la República ha recibido
muchas felicitaciones por la muerte del cabecilla Emiliano Zapata y en
todo el ejército ha producido buena impresión el ascenso acordado en
favor del valiente coronel Guajardo. Palacio Nacional, México, Distrito
Federal. 15 de abril de 1919. El general en Jefe de Estado Mayor, J.
Barragán.
EL PARTE OFICIAL DEL CORONEL GUAJARDO.
La confirmación de las noticias de EXCÉLSIOR se puede
ver en el siguiente parte oficial, que el hoy general Guajardo rinde a
la Jefatura de Operaciones: Al margen un sello que dice: Ejército
Nacional Cincuenta Regimiento de Caballería, Comandancia: Tengo la honra
de Informar de las operaciones llevadas a cabo durante los días del 8 al
10 de los corrientes:
Día 8.- Habiendo recibido las últimas instrucciones
del ciudadano general en jefe del Cuerpo de Ejército de Operaciones del
Sur, don Pablo González y salí de ésta con mi escolta rumbo a Chinameca,
a las 8:15 A.M., llegando a Moyotepec a las 11 del mismo día; donde me
esperaba una escolta de cincuenta hombres, al mando de un capitán
2o.(Segundo), saliendo de dicho punto y llegando a Chinameca a las 3
P.M. "Se procedió desde luego a comunicarme con Emiliano Zapata por
conducto del llamado general y licenciado Feliciano Palacios, secretario
del mencionado Zapata, quien tenía algunos días de estar en nuestro
destacamento, ultimando los arreglos para que yo y mi gente
desconociéramos al Supremo Gobierno, recibiendo más tarde instrucciones.
Día 9.- A la una de la mañana de este día, y al frente
de mi gente montada, armada y perfectamente municionada, dejamos la
hacienda de Chinameca saliendo rumbo a la Estación de Huichila, estando
en aquel lugar a las 7 A.M., dándose forraje a la caballada y recibiendo
las últimas instrucciones para el ataque a Jonacatepec, tomando ese
rumbo a las 9 y llegando a un kilómetro antes de dicha plaza a las 12:45
P.M., donde me esperaba la gente que, de acuerdo conmigo, llevaba el
ciudadano capitán 1o. (Primero) Salgado, del 66 regimiento. Desde luego
se procedió al ataque y toma de dicha plaza, combatiendo media hora,
lugar en que perdimos dos individuos de tropa que murieron en el combate
que se libró.
A las,4 P.M., salí de Jonacatepec encontrándome
Emiliano Zapata por primera vez, adelante de la Estación Pastor,
llevando éste número aproximado de 600 hombres. Fui recibido
perfectamente por el cabecilla suriano, quien manifestó deseos de
conocer a mi oficialidad la que en seguida le fue presentada; a
continuación de esto fui, invitado para pasar a Tepalcingo, lo que
acepté llevando mis fuerzas, pernoctando en ese lugar, donde existía un
número de zapatistas aproximado a mil trescientos.
A las 8 A.M. Zapata, con sus fuerzas compuestas
aproximadamente de cuatrocientos hombres, entró a este punto
comunicándome que fuerzas constitucionalistas en número de tres mil
avanzaban con objeto de atacarnos; a la vez, daba órdenes a otras
fuerzas de él para que salieran a combatirlas y dándome órdenes a mí
para que permaneciera en mi lugar, posesionándose Emiliano con su
escolta en la Piedra Encimada, para repeler un ataque.
A partir de esta hora llegaron los llamados generales
Castrejón, Zeferino Ortega, Lucio Bastida, Gil Muñoz y Jesús Capistrán,
llevando consigo un número de fuerzas aproximada a dos mil quinientos
hombres.
A la 1 :30 P.M. me encontraba en la hacienda con
Castrejón, Palacios, Bastida y otro general cuyo nombre no recuerdo, el
cual salió a llamar a Emiliano Zapata, llegando el ciudadano capitán
Salgado en ese momento.
A las 2 P.M., Zapata venía acompañado de cien hombres
para entrar a la hacienda. Estando preparada de antemano la guardia para
que a la entrada de éste hicieran honores y a la vez la orden para que a
la segunda llamada de honor hicieran fuego sobre el cabecilla, estando
el resto de la fuerza arreglada y dispuesta a combatir, dando por
resultado que a las dos y diez minutos de la tarde se presentó ante el
cuerpo de guardia ejecutándose lo dispuesto y quedando muertos el propio
Emiliano Zapata, Zeferino Ortega, Gil Muñoz y otros generales y tropa
que no se pudo identificar, habiéndose hecho bajas entre muertos y
heridos en número aproximado de 30 hombres.
En los mismos momentos yo en persona hacía fuego a
Palacios, Castrejón y Bastida quedando muertos en el acto. A la vez hago
constar que el ciudadano capitán 1o. (Primero) Salgado, que había
permanecido a mi lado salió en el preciso momento de las descargas,
regresando instantes después. Ya dispuesta una fuerza montada, se
procedió a hacer la persecución del enemigo por distintos rumbos hasta
dispersarlos completamente, haciéndole gran número de bajas entre
muertos y heridos, contándose entre estos últimos el llamado general
Capistrán.
Una hora después, con objeto de conducir el cadáver de
Zapata se tocó Bota Silla y media hora más tarde, 4 P.M., salí de la
hacienda con la fuerza de mi mando, rumbo a Cuautla, lugar donde
llegamos a las 9:10 PM, haciendo entrega de dicho cadáver al ciudadano
general en jefe del Cuerpo de Ejército de operaciones del Sur, como
prueba de haber cumplido la orden en comisión que hacía sesenta horas me
había confiado.
En el transcurso de este día a los anteriores, hubo
por nuestra parte 16 dispersos. Tengo el honor, mi general, de hacer a
usted presentes mi subordinación y respeto. Constitución y Reformas.
Cuautla, Morelos, abril 15 de 1919. El coronel jefe del regimiento,
Jesús M. Guajardo. Al C. general jefe del Cuerpo de Ejército de
Operaciones del Sur.-Presente.
PARTE OFICIAL DE LA MUERTE DE ZAPATA DEL EJERCITO
LIBERTADOR DEL SUR. Al margen: Ejército Libertador. Secretaría
particular del ciudadano General en Jefe.- Al centro: Al G. Gral.
Gildardo Magaña.-Cuartel General. Tengo la profunda pena de poner en el
superior conocimiento de usted, que hoy, como a la una y media de la
tarde, fue asesinado el C. General en jefe, Emiliano Zapata, por tropas
del llamado coronel Jesús M. Guajardo, quien con toda premeditación,
alevosía y ventaja, consumó la cobarde acción en San Juan Chinameca.-
Para que usted quede debidamente enterado del trágico
suceso voy a relatar los siguientes detalles: Tal como se lo comunicó a
usted oportunamente, en virtud de haber llegado hasta nosotros informes
sobre la existencia de hondos disgustos entre Pablo González y Jesús
Guajardo, el C. General Zapata se dirigió a éste último, invitándolo a
que se uniera al movimiento revolucionario.
A esta carta contestó Guajardo manifestando estar
dispuesto a colaborar al lado del jefe siempre que se le dieran
garantías suficientes a él ya sus soldados. Con los mismos correos que
pusieron esa carta en manos del jefe, éste contestó a Guajardo
ofreciéndole toda clase de seguridades y felicitándolo por su actitud,
ya que lo juzgaba hombre de palabra y caballero y tenía confianza en que
cumpliría al pie de la letra sus ofrecimientos. Las negociaciones
siguieron todavía en esa forma, es decir, llevadas por correspondencia y
de toda la documentación adjunto a usted copias debidamente autorizadas.
El día dos del actual, el ciudadano general en jefe dispuso, que para
arreglar definitivamente el asunto pasara al cuartel de Guajardo, en San
Juan Chinameca, el C. coronel Feliciano Palacios, quien permaneció
aliado de Guajardo hasta ayer, a las cuatro de, la mañana, hora en que
se nos incorporó y misma a la que, según nos dijo, marchaba Guajardo
rumbo a Jonacatepec.
Aquí debo hacer mención de un hecho que hizo que el
ciudadano general en jefe acabara de tener confianza en la sinceridad de
Guajardo. Las versiones que circulaban en público, asegurando que
Guajardo estaba en tratos para rendirse al ciudadano general Zapata, se
acentuaron a tal grado, que varios vecinos de algunos pueblos que en
esos días visitamos, pidieron al ciudadano general en jefe, que fuesen
castigados los responsables de saqueos, violaciones, asesinatos y robos
cometidos en dichos pueblos por gente de Victoriano Bárcenas, a la sazón
bajo las órdenes de Guajardo.
En vista de esta justa petición, el ciudadano general
Zapata se dirigió a Guajardo, por conducto de Palacios, pidiéndole
hiciera la debida averiguación y procediera al castigo de los culpables.
Guajardo, entonces, separó de entre los soldados de Bárcenas, a
cincuenta y nueve hombres, que eran al mando del "general" Margarito
Ocampo y del "coronel" Guillermo López, todos los cuales fueron pasados
por las armas, por órdenes expresas de Guajardo, en un lugar llamado
Mancornadero.
Esto sucedió ayer. Guajardo se encontraba en
Jonacatepec, plaza que dijo había capturado al enemigo. Al saberlo
nosotros nos dirigimos a Estación Pastor, y de allí, Palacios, por orden
del jefe, escribió a Guajardo diciéndole que nos veríamos en Tepalcingo,
lugar a donde iría el general Zapata con treinta hombres solamente, y
recomendándole él hiciera otro tanto. El jefe mandó retirar su gente y
con treinta hombres marchamos a Tepalcingo, donde esperamos a Guajardo.
Éste se presentó como a las cuatro de la tarde, pero
no con treinta soldados, sino con seiscientos hombres de caballería y
una ametralladora. Al llegar a Tepalcingo la columna, salimos a
encontrarla. Allí nos vimos por primera vez con el que, al día
siguiente, habría de ser el asesino de nuestro general en jefe, quien,
con toda nobleza del alma, lo recibió con los brazos abiertos: Mi
coronel Guajardo, lo felicito a usted sinceramente, le dijo sonriendo.
A las 10 P.M. salimos de Tepalcingo rumbo a Chinameca,
a donde llegó Guajardo con su columna, mientras que nosotros pernoctamos
en Agua de los Patos. Cerca de las ocho de la mañana bajamos a
Chinameca. Ya allí, el jefe ordenó que su gente (ciento cincuenta
hombres que se nos habían incorporado en Tepalcingo), formara en la
plaza del lugar; mientras él, Guajardo; los generales Castrejón, Casales
y Camaño, el coronel Palacios y el suscrito, nos dirigimos a lugar
apartado para discutir planes de la futura campaña. Pocos momentos
después empezaron a circular rumores de que el enemigo se aproximaba.
El jefe ordenó que el Cor. José Rodríguez (de su
escolta), saliera con la gente a explorar rumbo a Santa Rita,
cumpliéndose luego con esa orden. Después Guajardo dijo al jefe: Es
conveniente, mi general, que salga usted por la 'Piedra Encimada', yo
iré por el llano. El jefe aprobó, y con treinta hombres salimos al punto
indicado.
Ya al marchar Guajardo, que había ido a ordenar a su
gente, regresó diciendo: Mi general, usted ordena; ¿salgo con infantería
o con caballería? El llano tiene muchos alambrados; salga usted con
infantería, replicó el Gral. Zapata, y nos retiramos. En Piedra Encimada
exploramos el campo y viendo que por ningún lado se notaba movimiento
del enemigo, regresamos a Chinameca. Eran las doce y media de la tarde,
aproximadamente.
El jefe había enviado al coronel Palacios a hablar con
Guajardo, quien iba a hacer entrega de cinco mil cartuchos y llegando a
Chinameca, inmediatamente preguntó por él. Se presentaron, entonces, el
capitán Ignacio Castillo y un sargento y a nombre de Guajardo invitó
Castillo al jefe para que pasara al interior de la hacienda, donde
Guajardo estaba con Palacios arreglando la cuestión del parque.
Todavía departimos cerca de media hora con Castillo, y
después de reiteradas invitaciones, el jefe accedió: Vamos a ver al
coronel, que vengan nada más diez hombres conmigo, ordenó, y montando su
caballo -un alazán que le obsequiara Guajardo el día anterior- se
dirigió a la puerta de la hacienda. Lo seguimos diez, tal como él
ordenara, quedando el resto de la gente, muy confiada, sombreándose
debajo de los árboles y con las carabinas enfundadas.
La guardia parecía preparada a hacerle los honores. El
clarín tocó tres veces llamada de honor y al apagarse la última nota, al
llegar el general en jefe al dintel de la puerta, de tal manera más
alevosa, más cobarde, más villana, a quemarropa, sin dar tiempo para
empuñar ni las pistolas, los soldados que presentaban armas descargaron
dos veces sus fusiles, y nuestro general Zapata cayó para no levantarse
más. Su fiel asistente, Agustín Cortés, moría al mismo tiempo. Palacios
debe haber sido asesinado también, en el interior de la hacienda.
(Emiliano Zapata en su ataúd, en la foto de la
derecha)
La sorpresa fue terrible. Los soldados del traidor
Guajardo, parapetados en las alturas, en el llano, en la barranca, en
todas partes, (cerca de mil hombres), descargaban sus fusiles sobre
nosotros. Bien pronto la resistencia fue inútil; de un lado éramos un
puñado de hombres consternados por la pérdida del jefe, y del otro, un
millar de enemigos que aprovechaban nuestro natural desconcierto para
batimos encarnizadamente. Así fue la tragedia.
Así correspondió Guajardo, el alevoso, a la hidalguía
de nuestro general en Jefe. Así murió Emiliano Zapata; así mueren los
valientes, los hombres de pundonor, cuando los enemigos para enfrentarse
con ellos, recurren a la traición y al crimen. Como antes digo a usted,
mi general, adjunto copias debidamente autorizadas de todos los
documentos relativos. y haciéndole presente mi honda y sincera
condolencia, por la que nunca será bien sentida la muerte de nuestro
ciudadano general en jefe, reitero a usted, mi general, las seguridades
de mi subordinación y respeto. Reforma, Libertad, Justicia y Ley.
Campamento revolucionario en Sauces, Estado de Morelos.-10 de abril de
1919.El secretario particular mayor, Salvador Reyes Avilés. (IMEZ).
Fuente: Diccionario Histórico y Biográfico
de la Revolución Mexicana / Tomo IV
Biografía de Zapata: Páginas 699 a 706 / Muerte de Zapata: Páginas 681 a
697
Por Valentín López González
Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana
México, 1991