Ciberespacio
El Ciberamor
Manuel Fuentes Wendling

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Las leyes del ciberespacio - Relaciones amorosas por Internet - Sexualidad, sexo: Implicaciones en el sujeto mediado - La aceleración de la historia Juan Grompone - Internet, fábrica de sueños - La fantasía y los afectos en el chat

Ensayo sobre un fenómeno mundial
El autor es el periodista y escritor chileno 

Introducción

Con este texto se responde a una cantidad cercana a los 300 correos que llegaron durante el año 2001 al sitio http://www.pololeos.com
preguntando por el tema del ciberamor

En cada caso se elaboró una respuesta particular por tratarse de individualidades con matices diferentes. Sobre la base detalles respuestas específicas, y considerando la naturaleza de las preguntas, se construyó el análisis que se incluye a continuación.

Este es sólo el anticipo de un trabajo de investigación más amplio que sobre el tema se realiza en consulta con especialistas de diversos países.

Fenómeno mundial

El denominado “ciberamor” es un fenómeno que viven diariamente millones de cibernautas. Se inicia con el conocimiento de identidades y direcciones electrónicas en Internet, continúa con el intercambio de ideas y evoluciona a la construcción de un compromiso que las partes involucradas sienten como un verdadero sentimiento de AMOR DE PAREJA.

Hablo de AMOR DE PAREJA para diferenciarlo de otras categorías de amor que pueden surgir a partir de la red Internet y que no son objeto de estas observaciones.

Entre los adultos actuales, aún no del todo incorporados a la tecnología comunicacional de la Internet, este fenómeno planetario es conocido pero sólo practicado por quienes tienen el tiempo para hacerlo o sienten la necesidad de hacerlo.

Pero entre los adolescentes –incluidos aquellos de naciones menos avanzadas- es un hecho rutinario porque la red se ha convertido en su medio de comunicación preferido.

La juventud utilizan los computadores de sus hogares, los de sus colegios o universidades, los del trabajo (en el caso de los que trabajan solamente o de aquellos que estudian y trabajan) o los de uso público, en los denominados “cibercafé” o sitios de charla, que han proliferado en todas las naciones y que ofrecen bajos precios por hora de conexión.

En este trabajo la atención se centra en el fenómeno juvenil. Por extensión, algunos conceptos pueden servir a los adultos.

¿Qué es el ciberamor?

Se entiende como “ciberamor” a la relación sentimental de pareja que nace entre dos personas separadas por miles de kilómetros (o millas) de distancia.

El ciberamor es un fenómeno nuevo que se expande masivamente como consecuencia paradojal, quizás, de la incomunicación con quienes nos rodean.

De éste fenómeno comunicacional hay más opiniones que investigaciones.

Las primeras son producto de la observación de cómo el fenómeno se ha convertido en una realidad, principalmente, entre los adolescentes.

Las segundas son escasas. El tema pareciera no representar, hasta ahora, un foco de interés sociológico.

El mayor interés es comercial y está reflejado en los grandes portales de búsqueda en Internet, o aquellos que representan el soporte electrónico de medios de comunicación físicos, o que son medios de comunicación solamente
electrónicos. Estos fomentan los encuentros sentimentales de pareja usando la red. Para esto han creado secciones especiales (chat o comunidades). Es una
buena y efectiva forma de aumentar las “visitas electrónicas” que sirven para atraer avisadores.

Factores que favorecen una relación

Pienso que las relaciones afectivas de pareja que nacen por contactos en la web y que pueden interpretarse por los comprometidos como vínculos de amor, se ven favorecidas o se sustentan, principalmente, en la conjugación de cuatro factores:

1. El albedrío

Esta es la facultad que tiene cada persona para actuar por reflexión y elección y decidir en un sentido o en otro.

El albedrío es el que, a mi juicio, prevalece en todo este tipo de relaciones, particularmente en las de los adolescentes

La libertad plena de abrir y cerrar por simple voluntad una comunicación; de establecer relaciones sin límite alguno; de hablar y decir lo que se piense; de crear imágenes o desatar la fantasía en todos sus ámbitos; de ocultar situaciones, crear otras, fingir, falsear o mentir sobre lo que se es o lo que se quiere o se desea, son, entre muchas otras, posibilidades de expresión
inexistentes para los humanos antes de la existencia de la red Internet.

2. La intimidad

Para los jóvenes, hasta ahora, es irrelevante que sus conversaciones se vea interceptadas por los sistemas electrónicos de seguridad activados por agencias gubernamentales de naciones desarrolladas.

Pero no se sabe claramente si no les interesa porque carecen de conciencia que éso ocurre, porque no tienen información sobre el particular o, simplemente, porque en su desenfado les da lo mismo que se haga o no.

La intimidad que se cree que existe en la red Internet potencia el libre albedrío, porque a la voluntad de decir o expresar lo que se piense en el momento que se elija, se suma la condición que esto se realiza en el “secreto electrónico” de una relación bipersonal a distancia, por escrito, o por voz, o por voz e imagen,.

3. La “instantaneidad diferida”

Este es un término que he creado y lo defino como “la capacidad tecnológica que posee un instrumento de comunicación para permitir un diálogo fluido, anónimo, carente de compromisos y a distancia, entre una o más personas, y que es posible interrumpir a voluntad por una o o alguna de las partes que intervienen en él, por un tiempo específico o indefinidamente”.

La instantaneidad diferida, da la opción de suspender, cortar o simplemente evadir o evitar todo tipo de compromiso a cada parte comprometida en cualquier tipo de relación cibernética, lo que podría interpretarse como un factor
beneficioso para valorar la sinceridad de esa relación y también como reafirmación idílica de amar por lo que dice o expresa otra persona, o sea por sus ideas o calidades valóricas, más que por su apariencia o condición física. Pero también conlleva una paradoja: permite ocultar las peores intenciones.

Porque ¿cuánto de cierto, de real o de válido hay en una relación que nace entre dos personas al amparo de la red Internet si, como ocurre la mayoría de las veces, las partes ocultan entre si sus identidades y el país donde viven?

¿Quién puede garantizar en Internet que su interlocutor es lo que dice que es, si hasta las fotografías que envíe pueden ser trucadas o corresponder a otra persona?

De hecho ya existe la figura de varios delitos vinculados al “ciberamor”, entre ellos el ACOSAMIENTO ELECTRONICO. Ya está contemplado en legislaciones que combaten el denominado CIBERCRIMEN.

4. La incorporeidad

La libertad plena, en un escenario íntimo también libremente elegido, y bajo un sistema de instantaneidad diferida alcanza mayor plenitud con la incorporeidad, el cuarto soporte del ciberamor.

Muy pocos de los que mantienen una relación afectiva por la red Internet se expresarían como lo hacen frente a la pantalla del computador si estuviesen de cuerpo presente ante la que consideran su “pareja electrónica”.

De hecho, la mayoría de los cibernautas, como se ha indicado, ocultan sus identidades con pseudónimos o supuestos nombres, y una parte importante de las parejas del ciberespacio han optado por no conocer sus verdaderas identidades, constituyendo tal condición de anonimato en una variable de preconocimiento que sirve tanto para la sinceridad como para el engaño.

El amor de pareja virtual

La pregunta subyacente es, sin embargo, si realmente puede construirse amor de pareja a distancia y de existir éste qué sentido tiene y cuáles son los obstáculos para su final materialización que, en la condición humana, debería
expresarse en un encuentro físico de las partes involucradas.

Es innegable que se puede conocer gente fascinante por la Internet y comprometerse progresivamente en un plano de sentimientos. Pero que de esa afectividad virtual se progrese a un amor de pareja, sólo es una ilusión porque falta el conocimiento corpóreo de las personas y su mutua aceptación.

Ni las palabras, ni las imágenes transmitidas por Internet pueden proporcionar una REAL DIMENSION de los sentimientos de las personas.

Hay un margen muy amplio para encubrir propósitos, ideas y pensamientos. Como también hay un amplio espacio para la sinceridad, que lleva incluso a libertinajes que en otros medios o soporte comunicacionales serían absolutamente intolerables y, en la totalidad, censurables.

Así, desde donde se observe el fenómeno del amor de pareja por vía de Internet, se llega a una primera conclusión: sigue siendo condición ineludible en los seres humanos la presencia física para que un afecto o sentimiento evolucione a
la condición de amor de pareja real.

Amor y sexualidad

En esta misma página, en un texto titulado “Amor y sexualidad”, planteo algunos puntos de vista que me permito reproducir a continuación. Ellos resultan apropiados para el tema del “ciberamor”.

Señalo que el amor de pareja, independiente de la libre idealización que cada persona pueda darle desde su propia perspectiva cultural o en el marco de la sociedad donde se desenvuelve, tiene su base y fundamento en una conjunción e interacción bioquímica
entre dos personas.

Esa conjunción bioquímica se adentra en lo más profundo de la estructura genética de la especie humana y constituye la herramienta con la que ésta busca mantener su supremacía respecto de las demás especies.

Mecanismo auxiliar

El amor en la pareja humana, por tanto, aparece como un mecanismo preestablecido auxiliar del instinto sexual. Está inserto en la genética humana. Por eso es trascendente y, la mayoría de las veces, está por sobre la razón.

El amor de pareja al ser un mecanismo auxiliar del instinto sexual, actúa para contribuir a la relación (selección natural) entre los seres humanos de genero diferente, y sólo en casos de alteraciones en los cromosomas sexuales y como consecuencia de los trastornos y desorientación que éstos provocan, entre individuos que aparecen como del mismo género.


Tras el amor de pareja está el instinto sexual y una lógica evolucionaria que hizo la selección de tal deseo, y que en la práctica se expresa inicialmente por un mutuo reconocimiento, percepción, evaluación y aceptación personal. Sigue con un proceso de intercambio de códigos extraverbales (movimientos y gestos) y, desde que el ser humano aprendió a hablar, verbales (expresiones
de voz). Se extiende en un etapa de intercambio de experiencias y búsqueda de afinidades, y culmina en la exploración y estimulación físicas y el descubrimiento de la sexualidad compartida.

El ser humano, por tanto, ha sido dotado con el amor como un instrumento que contribuye en el complejo sistema de la sexualidad en virtud del cual la especie humana se conserva, desarrolla y evoluciona.

Por tanto, las relaciones afectivas interpretadas como “amor” por Internet, en general, al carecer de ese vital intercambio bioquímico personal que demanda la naturaleza humana, solamente pueden considerarse en la categoría de simples
exploración de sentimientos.

¿Se debe aceptar el ciberamor en los adolescentes?

Sin embargo, en el caso de los adolescentes si puede entenderse y aceptarse el “ciberamor” como un “juego de virtualidad afectiva” donde un o una joven puede ejecutar pasos simulando una relación de pareja adolescente, revertirlos, avanzar, ceder y combinar diversas expresiones de su personalidad con alguien que también juega con él o ella, que habla un mismo lenguaje, que estimula
sus sentidos y se entretiene en charlas.

En tanto las relaciones de pareja en la adolescencia no son reconocidas ni se otorga legitimidad al amor que pueda existir entre dos adolescentes, las relaciones de pareja virtual pasan a constituir sólo una nueva forma de vincularse sin que ello pueda ser criticado.

Así, los adolescentes han creado en la Internet un escenario virtual y donde, sin compromisos y a veces amparados en el anonimato, crean modelos de situaciones que les serán útiles como ejercicio para enfrentar una relación de pareja adolescente real. Les favorecen en tal propósito el albedrío, la intimidad, la instantaneidad diferida y la incorporeidad.

Sin embargo, los jóvenes no tienen que confundir el amor de pareja adolescente con el sentimiento de afecto por alguien. Por eso no deben sufrir, ni angustiarse, ni distraerse, al tomar conciencia que casi es imposible encontrarse personalmente con quien vive a 2 mil o 10 kilómetros (o millas) de distancia, a no ser que intervengan circunstancias muy extraordinarias.

Deben comprender, además, que la principal barrera para que una relación afectiva por Internet culmine en amor de pareja es obvia: la distancia entre los comprometidos.

Se entiende, para estos comentarios, que el “ciberamor” se expresa entre personas separadas por miles de kilómetros o millas.

Es diferente cuando se crea una relación de sentimientos entre dos jóvenes que están en un mismo país y a una distancia prudente. Estos sí tienen oportunidad de llegar a conocerse, lo que no garantiza que sea la base para iniciar y establecer una relación de pareja adolescente.

En las grandes distancias el costo total de un viaje es una barrera solamente superable por algunos adultos.

El aspecto económico se agudiza en el caso de los adolescentes, por no tienen independencia personal (legalmente son menores de edad en la mayoría de los casos) ni económica. Y resulta muy improbable que un padre o una madre autorizare y financie los gastos a una hija o hijo para que viaje al extranjero a conocer a alguien con quien estableció vínculos a través de la red Internet.

Una de las primeras estadísticas de una encuesta realizada en los Estados Unidos dejó en evidencia que es inferior a un 5 por ciento la consolidación final de relaciones de pareja de adultos cuyos vínculos se iniciaron por Internet, y menos de un 1 por ciento las que terminaron en compromiso matrimonial luego de conocerse personalmente.

Puede ser beneficioso

Pienso que, a diferencia de lo que pueda ocurrir a los adultos, entre los adolescentes hombres y mujeres PUEDEN CREARSE a partir de Internet vínculos afectivos que si no conduce a cuadros de ansiedad, angustia o depresión, debe ser aceptados como un fenómeno propio del nivel de avance tecnológico-comunicacional del mundo.

Consecuente con lo anterior, creo que es posible, y hasta beneficioso, que se construyan RELACIONES VIRTUALES DE PAREJA ADOLESCENTE a través de Internet, entendiendo a éstas como una vinculación que puede servir de preparación
y conocimiento de lo que es una relación de pareja real, personal y directa.

Con la incorporación de voz e imagen a los computadores, incluso ya existe en Internet, según ellos mismos lo han expresado en sus cartas ( a http://www.pololeos.com) una SEXUALIDAD VIRTUAL ENTRE ADOLESCENTES (la hay también entre los adultos).

Se trata de una “intimidad electrónica” donde las partes involucradas realizan sesiones de masturbación compartida.

El fenómeno del “ciberamor” en el contexto de lo que aquí se ha analizado es ya una realidad en la red Internet y un fenómeno que no puede detenerse. El único camino que queda a los adultos es conducir a los adolescentes y aconsejarlos.

Chile, Verano de 2002

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