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Ensayo sobre un fenómeno
mundial
El autor es el periodista y escritor chileno
Introducción
Con este texto se responde a una cantidad cercana a los 300 correos que
llegaron durante el año 2001 al sitio http://www.pololeos.com
preguntando por el tema del ciberamor
En cada caso se elaboró una respuesta particular por tratarse de
individualidades con matices diferentes. Sobre la base detalles respuestas
específicas, y considerando la naturaleza de las preguntas, se construyó
el análisis que se incluye a continuación.
Este es sólo el anticipo de un trabajo de investigación más amplio que
sobre el tema se realiza en consulta con especialistas de diversos países.
Fenómeno mundial
El denominado “ciberamor” es un fenómeno que viven diariamente
millones de cibernautas. Se inicia con el conocimiento de identidades y
direcciones electrónicas en Internet, continúa con el intercambio de
ideas y evoluciona a la construcción de un compromiso que las partes
involucradas sienten como un verdadero sentimiento de AMOR DE PAREJA.
Hablo de AMOR DE PAREJA para diferenciarlo de otras categorías de amor
que pueden surgir a partir de la red Internet y que no son objeto de estas
observaciones.
Entre los adultos actuales, aún no del todo incorporados a la tecnología
comunicacional de la Internet, este fenómeno planetario es conocido pero
sólo practicado por quienes tienen el tiempo para hacerlo o sienten la
necesidad de hacerlo.
Pero entre los adolescentes –incluidos aquellos de naciones menos
avanzadas- es un hecho rutinario porque la red se ha convertido en su
medio de comunicación preferido.
La juventud utilizan los computadores de sus hogares, los de sus colegios
o universidades, los del trabajo (en el caso de los que trabajan solamente
o de aquellos que estudian y trabajan) o los de uso público, en los
denominados “cibercafé” o sitios de charla, que han proliferado en
todas las naciones y que ofrecen bajos precios por hora de conexión.
En este trabajo la atención se centra en el fenómeno juvenil. Por
extensión, algunos conceptos pueden servir a los adultos.
¿Qué es el ciberamor?
Se entiende como “ciberamor” a la relación sentimental de pareja que
nace entre dos personas separadas por miles de kilómetros (o millas) de
distancia.
El ciberamor es un fenómeno nuevo que se expande masivamente como
consecuencia paradojal, quizás, de la incomunicación con quienes nos
rodean.
De éste fenómeno comunicacional hay más opiniones que investigaciones.
Las primeras son producto de la observación de cómo el fenómeno se ha
convertido en una realidad, principalmente, entre los adolescentes.
Las segundas son escasas. El tema pareciera no representar, hasta ahora,
un foco de interés sociológico.
El mayor interés es comercial y está reflejado en los grandes portales
de búsqueda en Internet, o aquellos que representan el soporte electrónico
de medios de comunicación físicos, o que son medios de comunicación
solamente
electrónicos. Estos fomentan los encuentros sentimentales de pareja
usando la red. Para esto han creado secciones especiales (chat o
comunidades). Es una
buena y efectiva forma de aumentar las “visitas electrónicas” que
sirven para atraer avisadores.
Factores que favorecen una relación
Pienso que las relaciones afectivas de pareja que nacen por contactos en
la web y que pueden interpretarse por los comprometidos como vínculos de
amor, se ven favorecidas o se sustentan, principalmente, en la conjugación
de cuatro factores:
1. El albedrío
Esta es la facultad que tiene cada persona para actuar por reflexión y
elección y decidir en un sentido o en otro.
El albedrío es el que, a mi juicio, prevalece en todo este tipo de
relaciones, particularmente en las de los adolescentes
La libertad plena de abrir y cerrar por simple voluntad una comunicación;
de establecer relaciones sin límite alguno; de hablar y decir lo que se
piense; de crear imágenes o desatar la fantasía en todos sus ámbitos;
de ocultar situaciones, crear otras, fingir, falsear o mentir sobre lo que
se es o lo que se quiere o se desea, son, entre muchas otras,
posibilidades de expresión
inexistentes para los humanos antes de la existencia de la red Internet.
2. La intimidad
Para los jóvenes, hasta ahora, es irrelevante que sus conversaciones se
vea interceptadas por los sistemas electrónicos de seguridad activados
por agencias gubernamentales de naciones desarrolladas.
Pero no se sabe claramente si no les interesa porque carecen de conciencia
que éso ocurre, porque no tienen información sobre el particular o,
simplemente, porque en su desenfado les da lo mismo que se haga o no.
La intimidad que se cree que existe en la red Internet potencia el libre
albedrío, porque a la voluntad de decir o expresar lo que se piense en el
momento que se elija, se suma la condición que esto se realiza en el
“secreto electrónico” de una relación bipersonal a distancia, por
escrito, o por voz, o por voz e imagen,.
3. La “instantaneidad diferida”
Este es un término que he creado y lo defino como “la capacidad tecnológica
que posee un instrumento de comunicación para permitir un diálogo
fluido, anónimo, carente de compromisos y a distancia, entre una o más
personas, y que es posible interrumpir a voluntad por una o o alguna de
las partes que intervienen en él, por un tiempo específico o
indefinidamente”.
La instantaneidad diferida, da la opción de suspender, cortar o
simplemente evadir o evitar todo tipo de compromiso a cada parte
comprometida en cualquier tipo de relación cibernética, lo que podría
interpretarse como un factor
beneficioso para valorar la sinceridad de esa relación y también como
reafirmación idílica de amar por lo que dice o expresa otra persona, o
sea por sus ideas o calidades valóricas, más que por su apariencia o
condición física. Pero también conlleva una paradoja: permite ocultar
las peores intenciones.
Porque ¿cuánto de cierto, de real o de válido hay en una relación que
nace entre dos personas al amparo de la red Internet si, como ocurre la
mayoría de las veces, las partes ocultan entre si sus identidades y el país
donde viven?
¿Quién puede garantizar en Internet que su interlocutor es lo que dice
que es, si hasta las fotografías que envíe pueden ser trucadas o
corresponder a otra persona?
De hecho ya existe la figura de varios delitos vinculados al “ciberamor”,
entre ellos el ACOSAMIENTO ELECTRONICO. Ya está contemplado en
legislaciones que combaten el denominado CIBERCRIMEN.
4. La incorporeidad
La libertad plena, en un escenario íntimo también libremente elegido, y
bajo un sistema de instantaneidad diferida alcanza mayor plenitud con la
incorporeidad, el cuarto soporte del ciberamor.
Muy pocos de los que mantienen una relación afectiva por la red Internet
se expresarían como lo hacen frente a la pantalla del computador si
estuviesen de cuerpo presente ante la que consideran su “pareja electrónica”.
De hecho, la mayoría de los cibernautas, como se ha indicado, ocultan sus
identidades con pseudónimos o supuestos nombres, y una parte importante
de las parejas del ciberespacio han optado por no conocer sus verdaderas
identidades, constituyendo tal condición de anonimato en una variable de
preconocimiento que sirve tanto para la sinceridad como para el engaño.
El amor de pareja virtual
La pregunta subyacente es, sin embargo, si realmente puede construirse
amor de pareja a distancia y de existir éste qué sentido tiene y cuáles
son los obstáculos para su final materialización que, en la condición
humana, debería
expresarse en un encuentro físico de las partes involucradas.
Es innegable que se puede conocer gente fascinante por la Internet y
comprometerse progresivamente en un plano de sentimientos. Pero que de esa
afectividad virtual se progrese a un amor de pareja, sólo es una ilusión
porque falta el conocimiento corpóreo de las personas y su mutua aceptación.
Ni las palabras, ni las imágenes transmitidas por Internet pueden
proporcionar una REAL DIMENSION de los sentimientos de las personas.
Hay un margen muy amplio para encubrir propósitos, ideas y pensamientos.
Como también hay un amplio espacio para la sinceridad, que lleva incluso
a libertinajes que en otros medios o soporte comunicacionales serían
absolutamente intolerables y, en la totalidad, censurables.
Así, desde donde se observe el fenómeno del amor de pareja por vía de
Internet, se llega a una primera conclusión: sigue siendo condición
ineludible en los seres humanos la presencia física para que un afecto o
sentimiento evolucione a
la condición de amor de pareja real.
Amor y sexualidad
En esta misma página, en un texto titulado “Amor y sexualidad”,
planteo algunos puntos de vista que me permito reproducir a continuación.
Ellos resultan apropiados para el tema del “ciberamor”.
Señalo que el amor de pareja, independiente de la libre idealización que
cada persona pueda darle desde su propia perspectiva cultural o en el
marco de la sociedad donde se desenvuelve, tiene su base y fundamento en
una conjunción e interacción bioquímica
entre dos personas.
Esa conjunción bioquímica se adentra en lo más profundo de la
estructura genética de la especie humana y constituye la herramienta con
la que ésta busca mantener su supremacía respecto de las demás
especies.
Mecanismo auxiliar
El amor en la pareja humana, por tanto, aparece como un mecanismo
preestablecido auxiliar del instinto sexual. Está inserto en la genética
humana. Por eso es trascendente y, la mayoría de las veces, está por
sobre la razón.
El amor de pareja al ser un mecanismo auxiliar del instinto sexual, actúa
para contribuir a la relación (selección natural) entre los seres
humanos de genero diferente, y sólo en casos de alteraciones en los
cromosomas sexuales y como consecuencia de los trastornos y desorientación
que éstos provocan, entre individuos que aparecen como del mismo género.
Tras el amor de pareja está el instinto sexual y una lógica
evolucionaria que hizo la selección de tal deseo, y que en la práctica
se expresa inicialmente por un mutuo reconocimiento, percepción, evaluación
y aceptación personal. Sigue con un proceso de intercambio de códigos
extraverbales (movimientos y gestos) y, desde que el ser humano aprendió
a hablar, verbales (expresiones
de voz). Se extiende en un etapa de intercambio de experiencias y búsqueda
de afinidades, y culmina en la exploración y estimulación físicas y el
descubrimiento de la sexualidad compartida.
El ser humano, por tanto, ha sido dotado con el amor como un instrumento
que contribuye en el complejo sistema de la sexualidad en virtud del cual
la especie humana se conserva, desarrolla y evoluciona.
Por tanto, las relaciones afectivas interpretadas como “amor” por
Internet, en general, al carecer de ese vital intercambio bioquímico
personal que demanda la naturaleza humana, solamente pueden considerarse
en la categoría de simples
exploración de sentimientos.
¿Se debe aceptar el ciberamor en los adolescentes?
Sin embargo, en el caso de los adolescentes si puede entenderse y
aceptarse el “ciberamor” como un “juego de virtualidad afectiva”
donde un o una joven puede ejecutar pasos simulando una relación de
pareja adolescente, revertirlos, avanzar, ceder y combinar diversas
expresiones de su personalidad con alguien que también juega con él o
ella, que habla un mismo lenguaje, que estimula
sus sentidos y se entretiene en charlas.
En tanto las relaciones de pareja en la adolescencia no son reconocidas ni
se otorga legitimidad al amor que pueda existir entre dos adolescentes,
las relaciones de pareja virtual pasan a constituir sólo una nueva forma
de vincularse sin que ello pueda ser criticado.
Así, los adolescentes han creado en la Internet un escenario virtual y
donde, sin compromisos y a veces amparados en el anonimato, crean modelos
de situaciones que les serán útiles como ejercicio para enfrentar una
relación de pareja adolescente real. Les favorecen en tal propósito el
albedrío, la intimidad, la instantaneidad diferida y la incorporeidad.
Sin embargo, los jóvenes no tienen que confundir el amor de pareja
adolescente con el sentimiento de afecto por alguien. Por eso no deben
sufrir, ni angustiarse, ni distraerse, al tomar conciencia que casi es
imposible encontrarse personalmente con quien vive a 2 mil o 10 kilómetros
(o millas) de distancia, a no ser que intervengan circunstancias muy
extraordinarias.
Deben comprender, además, que la principal barrera para que una relación
afectiva por Internet culmine en amor de pareja es obvia: la distancia
entre los comprometidos.
Se entiende, para estos comentarios, que el “ciberamor” se expresa
entre personas separadas por miles de kilómetros o millas.
Es diferente cuando se crea una relación de sentimientos entre dos jóvenes
que están en un mismo país y a una distancia prudente. Estos sí tienen
oportunidad de llegar a conocerse, lo que no garantiza que sea la base
para iniciar y establecer una relación de pareja adolescente.
En las grandes distancias el costo total de un viaje es una barrera
solamente superable por algunos adultos.
El aspecto económico se agudiza en el caso de los adolescentes, por no
tienen independencia personal (legalmente son menores de edad en la mayoría
de los casos) ni económica. Y resulta muy improbable que un padre o una
madre autorizare y financie los gastos a una hija o hijo para que viaje al
extranjero a conocer a alguien con quien estableció vínculos a través
de la red Internet.
Una de las primeras estadísticas de una encuesta realizada en los Estados
Unidos dejó en evidencia que es inferior a un 5 por ciento la consolidación
final de relaciones de pareja de adultos cuyos vínculos se iniciaron por
Internet, y menos de un 1 por ciento las que terminaron en compromiso
matrimonial luego de conocerse personalmente.
Puede ser beneficioso
Pienso que, a diferencia de lo que pueda ocurrir a los adultos, entre los
adolescentes hombres y mujeres PUEDEN CREARSE a partir de Internet vínculos
afectivos que si no conduce a cuadros de ansiedad, angustia o depresión,
debe ser aceptados como un fenómeno propio del nivel de avance tecnológico-comunicacional
del mundo.
Consecuente con lo anterior, creo que es posible, y hasta beneficioso, que
se construyan RELACIONES VIRTUALES DE PAREJA ADOLESCENTE a través de
Internet, entendiendo a éstas como una vinculación que puede servir de
preparación
y conocimiento de lo que es una relación de pareja real, personal y
directa.
Con la incorporación de voz e imagen a los computadores, incluso ya
existe en Internet, según ellos mismos lo han expresado en sus cartas ( a
http://www.pololeos.com) una
SEXUALIDAD VIRTUAL ENTRE ADOLESCENTES (la hay también entre los adultos).
Se trata de una “intimidad electrónica” donde las partes involucradas
realizan sesiones de masturbación compartida.
El fenómeno del “ciberamor” en el contexto de lo que aquí se ha
analizado es ya una realidad en la red Internet y un fenómeno que no
puede detenerse. El único camino que queda a los adultos es conducir a
los adolescentes y aconsejarlos.
Chile, Verano de 2002
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