Ciencias en General
¿Método científico o azar?
Juan Carlos Codina Escobar

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La formulación de la ley de gravitación universal o el descubrimiento de la penicilina, ¿se debieron a la aplicación del método científico o fueron simples sucesos del azar y de la casualidad? Nos han enseñado, y nosotros enseñamos a nuestros alumnos, que el método científico es el proceso básico para que cualquier investigación dé lugar a resultados válidos y fiables. Orden y control son los aspectos fundamentales de dicho método y, por tanto, el azar y la casualidad no deberían jugar ningún papel en el mismo. ¿Son pues dos aspectos excluyentes?

En cualquier investigación científica se puede producir una observación o descubrimiento inesperado, fruto del azar. Pero para que tenga un significado, debe ajustarse a un patrón de ideas previas en la mente del observador. Una observación fortuita puede ser desperdiciada si es realizada por alguien que no tiene la preparación adecuada. En palabras de Louis Pasteur, En el campo de la observación, el azar sólo favorece a la mente preparada. Un descubrimiento no puede producirse si no se configura en el cerebro del observador como un nuevo patrón de ideas basado en asunciones previas.

Si tomamos como ejemplo el descubrimiento y posterior purificación de la penicilina, comprobaremos que el azar por sí solo no fue suficiente para que se produjera el mismo. Sólo se reconoce a sir Alexander Fleming como el descubridor de la penicilina, describiéndose en muchos libros de texto el suceso casual que le llevó a tal descubrimiento. Pero deberíamos saber que Fleming compartió en el año 1945 el Premio Nóbel de Medicina y Fisiología con Ernst Chain y Howard Florey por el descubrimiento y purificación de este antibiótico. Y aún así, la lista se quedaría corta. Muchos otros científicos, conocidos y desconocidos, participaron con observaciones casuales que contribuyeron al descubrimiento de la penicilina.

Ya por el año 1500 a.C., aunque sin una comprensión efectiva del agente activo que lo causaba, mucho menos del proceso celular implicado, se empleaban hongos y materiales fermentados como agentes terapéuticos. Se trataba simplemente de observaciones efectuadas al azar. Hay que avanzar hasta el año 1800, fecha en la que muchos bacteriólogos se dedicaron a la búsqueda de sustancias con posible uso terapéutico. El principal problema con el que se enfrentaron fue la contaminación de sus cultivos puros por hongos y bacterias. Problema que sirvió de cuerpo de observación para bacteriólogos de finales del siglo XIX. Así, Louis Pasteur y Jules Francois Joubert observaron que el crecimiento de Bacillus anthracis resultaba inhibido en presencia de hongos. En 1871, Joseph Lister comprobó que muestras de orina que habían sido contaminadas con hongos, no resultaban posteriormente contaminadas por bacterias. Y en 1874, William Roberts observó que los cultivos del hongo Penicillium glaucum no exhibían contaminación bacteriana.

Pero no sólo científicos reputados en su época contribuyeron con sus observaciones al "descubrimiento por azar" de la penicilina. En 1897, el estudiante francés de medicina, Ernest Duchesne informó del descubrimiento, purificación parcial y comprobación efectiva en animales de una sustancia antibiótica aislada del moho Penicillium. Su prematura muerte en 1912 no le permitió ver el fruto posterior de su trabajo.

¿Qué hubiese sido del descubrimiento de Fleming sin el concurso previo de todas estas observaciones? En la década de 1920, Alexander Fleming investigaba en la búsqueda de agentes antibacterianos. Ya en 1922 había descubierto una enzima presente en lágrimas y mucus que ocasionaba la lisis bacteriana. Sin embargo, fue incapaz de aislar el agente activo presente en tales materiales. No obstante, en 1928 Fleming pasó a engrosar la lista de los "afortunados" científicos a los que sonrió el azar. Investigando las propiedades de los estafilococos observó un día que tales bacterias resultaban lisadas en el área inmediatamente cercana a un hongo contaminante que había crecido en la placa de cultivo. Posteriormente aisló un extracto del hongo al que denominó penicilina.

Sin embargo, sus ulteriores intentos por producir un extracto concentrado de penicilina fracasaron y con ello la posibilidad de probar su valor terapéutico. Hubo que esperar hasta 1939 para que Ernst Chain, Howard Florey y Edward Abraham fueran capaces de purificar y estabilizar una forma de penicilina que posibilitó la demostración de su potencial valor terapéutico. Y de nuevo el azar jugó un papel positivo. Eligieron para sus estudios de laboratorio a una de las pocas especies animales para las que la penicilina no resultaba tóxica. El primer ensayo en humanos tuvo lugar en 1941, en concreto el paciente sometido a tratamiento fue un policía con osteomielitis, que falleció debido a la escasez de penicilina para dicho tratamiento. De hecho era tan escasa que se recogía la orina del paciente para recristalizar la penicilina excretada.

El advenimiento de la Segunda Guerra Mundial y los consiguientes bombardeos sobre Inglaterra urgieron el desarrollo de un proceso para producir penicilina de uso medicinal en cantidades suficientes para el tratamiento de heridos y víctimas de la guerra. Chain tuvo que trasladarse a Estados Unidos para encontrar la tecnología necesaria para la producción en masa de penicilina. La encontró en la producción de cerveza por medio de biorreactores. Esto permitió la producción de grandes cantidades de penicilina de uso clínico para el ejército, que contribuyeron a salvar la vida a decenas de miles de heridos que en su ausencia hubiesen fallecido debido a infecciones bacterianas.

¿Método científico o azar? ¿De qué sirve el azar si la persona a la que favorece no está preparada para comprender el significado de un hecho fortuito? Lo que es azar o suerte para la mente no preparada puede suponer un revulsivo fascinante para el desarrollo de nuevas ideas en la mente preparada.

Juan Carlos Codina Escobar es Profesor de Educación Secundaria en el I.E.S. La Paz de Cádiz

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