Ciencias en General
La filosofía y las ciencias
Humberto Pliego Arenas

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¿Qué es la ciencia? - Epistemología de Carl Popper - La Ciencia y el Método Científico - Manipulación del clima con fines militares - El  análisis de ADN

Introducción
En el umbral del tercer mileno, la humanidad ha recorrido una larga y compleja trayectoria que va desde el régimen de la comunidad primitiva, pasando por la esclavitud, el feudalismo, hasta la sociedad capitalista-imperialista de nuestros días, cuya crisis general, producto de sus contradicciones y las luchas sociales y sus consecuencias, abrirán el camino a la sociedad socialista del futuro, un camino impresionante que va desde las cavernas donde habitó, desde la época en que la horda o el clan se procuran los medios de existencia recogiendo plantas comestibles y dedicándose a la caza.

Han pasado milenios desde, cuando el hombre obtenía los medios de existencia con primitivos utensilios de piedra y hueso y desde que vivía horrorizado, aplastado, débil, indefenso e impotente ante las fuerzas ciegas de la naturaleza: relámpagos, truenos, tormentas, terremotos, erupciones, incendios, epidemias, etcétera, fenómenos fantásticos, impresionantes, incomprensibles e inexplicables, para su conciencia en formación, a los que se agregan los sueños y la muerte.

De la edad de las cavernas, la humanidad avanzó hacia una nueva era, la era cósmica; de los instrumentos de piedra, a los robots que hoy utiliza la industria; de las señales de humo a la informática con las computadoras más modernas; de las hogueras en las que cosía su carne, cuando empezó a dominar el fuego, a los hornos de microondas, etc.

En ese largo y penoso andar, el hombre ha ido del mito a la ciencia, del conocimiento empírico al teórico, hasta la etapa de la física cuántica, la cibernética, las calculadoras y computadoras electrónicas, la robotización, la informática, la biogenética, la proteómica, la biónica, etcétera, que ayudan en diversas funciones de la producción moderna de bienes materiales y de múltiples actividades técnico-científicas.

En ese prolongado, complicado y contradictorio proceso de desarrollo, se puede decir que el trabajo y la razón se han inmortalizado en las magníficas obras de la civilización y la cultura, conociendo, dominando y explotando a la naturaleza que en el pasado le asombraba y aplastaba.

El hombre avanzó del no saber al saber limitado y elemental y del saber elemental al saber más amplio y diferenciado.

De la impotencia al poder ilimitado por la vía del saber científico y filosófico.

La fantasía y los mitos
En los albores de la historia, los hombres en su miedo e ignorancia, tenían que recurrir a su fantasía, también en formación, a las fábulas, a la imaginación y a supuestos actos mágicos para explicar los fenómenos naturales y sociales. Así, nacieron los mitos con sus inventos de espíritus y fantasmas, los mitos mágicos relativos a los dioses, a los héroes y a sus hazañas, para invocarlos en cada momento de peligro y para explicarse de manera ingenua y fantástica ese mundo complejo y cambiante, lleno de sucesos y fenómenos incomprensibles.

El mito se presenta como un esfuerzo del hombre primitivo para responder a la preguntas: ¿cómo y por qué se han producido tales o cuáles fenómenos de la naturaleza y de la vida social?

Por lo tanto la mitología es la forma fundamental de la concepción del mundo de los pueblos en los peldaños más remotos de su desarrollo. Un modo original de captación de la realidad y de opinión sobre el mundo.

El mito se caracteriza por concebir todas las cosas y fenómenos como copartícipes de todo lo que existe y sucede en la realidad; de donde se deriva la posibilidad de transferir sin obstáculos las cualidades de unas cosas a otras.

Así, la mitología se basa en la personificación de las fuerzas de la naturaleza, en su representación en forma de imágenes sensoriales, de criaturas fantásticas peculiares (hombres-animales, etc.)

En la imaginación primitiva la vida social de la gente se identifica con la "vida" de la naturaleza. La conciencia mitológica no interpone entre ellas ninguna frontera cualitativa: se atribuyen a los hombres propiedades de las cosas y de los animales y viceversa.

La particularidad de la interpretación primitiva del mundo consistía ante todo en una profunda humanización de la naturaleza, en conferir a ésta todos los atributos de la existencia humana, desde la jerarquía social hasta las relaciones sexuales y en consonancia, en la naturalización de la sociedad o materialización del hombre.

En el nacer de la actividad pensante, la forma específica del enfoque preteórico de la naturaleza, era el mito, que es un modo especial de entender el mundo, consistente en que la fantasía del pueblo, de un modo inconsciente, reelabora a través de imágenes artísticas la naturaleza y las formas sociales. El mito es la primera expresión, la forma más temprana de toma de conciencia por el hombre, del mundo y de sí mismo.

Los actos de la criatura mitológica no eran sobrenaturales para los hombres de aquella época, sino habituales, "completamente reales" y no suscitaban la menor duda. Las hazañas increíbles de los héroes míticos son concebidas como algo que realmente tuvo lugar y como son transferidas con facilidad las propiedades de unas cosas a otras, ello da rienda suelta a la fantasía, en la que el hombre que piensa mitológicamente realiza cualesquiera transformaciones y hazañas.

Las imágenes mitológicas creadas a partir de lo vito y oído son imágenes concretas, sensoriales, materializadas en los correspondientes personajes de la narración, que para el sujeto mitológico son tan reales como él mismo (quizá sin más diferencia que las proporciones, la fuerza física y las aptitudes mentales) En suma aunque la creación mítica, profundamente metafórica, tiene también su lógica, de análisis, clasificación y generalización y posee un juego y contenido intelectual, por su propia naturaleza permanece en el campo de lo concreto, no desborda el marco restrictivo de la sensibilidad, no se puede decir que fuera solamente un vacuo despliegue de la "exaltada fantasía" del hombre primitivo dominado por los fenómenos de la realidad.

En efecto la historia del devenir del homo sapiens, convertido después en homo creator, no es sólo la historia de su actividad laboral sobre la realidad, encaminada a la producción de bienes materiales, sino también la de su meditación abstracta sobre el Universo, respecto del cielo, de la bóveda celeste, del firmamento, de su continuado y penoso esfuerzo para vincular mentalmente estos "dos mundos".

Desde días inmemoriales rindió el hombre culto a la naturaleza, considerando que cada objeto de ella oculta un "espíritu" invisible que lo gobierna, dando origen al animismo primitivo, (que es una de las fuentes de la religión y del idealismo filosófico). Pero con frecuencia, podríamos decir, se entregaba a las meditaciones cosmológicas. Pasmaba y entusiasmaba al hombre primitivo la periodicidad inmutable de los fenómenos celestes: la sucesión del día y la noche, la Primavera, el Verano y el Invierno y, no menos el concierto invariable y majestuoso de las estrellas que, más adelante se contrapondría al mundo desordenado, mudable y perecedero de las cosas y los procesos terrenales. No en vano, preguntado Anaxágoras (500-429 a.n.e) "por qué es mejor nacer que no nacer", respondió este eminente filósofo de la Grecia clásica: "para poder contemplar el cielo y el aparato de todo el Cosmos".

En estas esperanzadas palabras halló expresión no sólo el espíritu del pensamiento heleno en su afán de abarcar con una mirada global "el orden imperecedero de la naturaleza inmortal" en su fastuosa multiformidad, sino también del sentido profundo del eterno combate entre la razón y el Universo. Y si pasamos hoja tras hoja la historia intelectual de la humanidad veremos que ésta reflexionaba profundamente en el mecanismo y en el origen del Universo, ya en los albores de su actividad pensante, ya en la época del raciocinio precientífico, cuando las metáforas míticas y las alegorías religiosas eran los "únicos instrumentos" para el conocimiento del Cosmos. Jamás dejó en paz al ser humano la ansiedad de estudiar el mundo circundante, cuyos horizontes fue ensanchando conforme avanzaba en su andar histórico. Esa reflexión y ese conocimiento tuvo en su momento una profunda relación, un nexo intenso entre la mitología y la ciencia, la filosofía.

De los mitos a la filosofía naturalista
El carácter propio del desarrollo de la sociedad, la vida cotidiana y la práctica en la producción de bienes materiales, hacían surgir cada día más conocimientos.
La filosofía nació en la aurora de la civilización en el Antiguo Oriente -India, China y Egipto- entre los milenos IV y III a.n.e., alcanzando su forma clásica por vez primera en la Grecia antigua.

Así, la forma más remota de concepción del mundo, que precedió directamente a la filosofía, fue la mitología, la religión: el reflejo fantástico de la realidad en la conciencia del hombre primitivo, cuando "toda mitología vence, somete y crea las fuerzas de la naturaleza en la fantasía y con ayuda de la fantasía". En la mitología, con su fe irracional en espíritus y dioses fantásticos, ocupaban un importante lugar los problemas del origen y la esencia del mundo. La filosofía nació de la conciencia mitológica-religiosa, formándose al mismo tiempo en lucha contra ella, como una tentativa de explicar racionalmente el mundo.

La filosofía surgió en el mundo antiguo como una suma universal de conocimientos. Los hombres poseían ya, en aquel tiempo, ciertos conocimientos astronómicos, matemáticos, físicos y de otras clases, pero dichos conocimientos no formaban aún ciencias especiales, particulares, sino que integraban el cuerpo de doctrina a la que se daba el nombre de filosofía. Los tratados de los filósofos antiguos solían titularse de la naturaleza, sobre el Universo, etcétera. Así, el naturalismo, doctrina filosófica sobre la naturaleza, fue la primera forma histórica del pensamiento filosófico.

Suele decirse que la filosofía es la ciencia más antigua y que todas las ciencias proceden de ella. Más esta concepción, a pesar de ser tan habitual no es exacta. La ciencia que surgió en aquella época no era filosofía, propiamente dicha, tal como la entendemos ahora, sino ciencia en general, que encerraba en embrión todas las posteriores ramas del saber, incluida la filosofía moderna.

Los primeros pensadores del mundo antiguo trataban primordialmente, de comprender el origen de los diversos fenómenos naturales, buscaron con ahínco el elemento inicial o materia primaria que diera origen a toda la variedad de objetos del mundo.

La filosofía de la naturaleza o filosofía natural se hallaba en la antigüedad prácticamente fundida con las ciencias naturales. A la par que problemas propiamente filosóficos, se examinaban en ellos multitud de cuestiones hoy reservadas a las ciencias especiales, tales como: el origen de las plantas, los animales y el hombre, el nacimiento del lenguaje, las formas de vida de los Estados, etcétera, es decir la filosofía incluía todos los conocimientos existentes a la sazón, incluidos los conocimientos que el hombre tenía de sí mismo.

Esos conocimientos contenían muchos vislumbres geniales, pues el nacimiento de la filosofía coincide en la historia con la aparición de los gérmenes del saber científico, con la necesidad de la investigación teórica. Algunos filósofos se anticipaban al desarrollo ulterior de la ciencia. Así, por ejemplo, el pensamiento según el cual los cuerpos se hallan formados por átomos fue formulado en la filosofía antigua más de dos mil años antes de que las ciencias naturales vinieran a confirmar experimentalmente la teoría atomística de la estructura de los cuerpos. Y la filosofía proclamó también en la antigüedad el principio de que la materia es eterna y no se crea ni se destruye: principio que, a la vuela de los siglos, se vería corroborado por las ciencias naturales.

En los umbrales del desarrollo de la filosofía, junto a una concepción materialista incipiente y candorosa del mundo, en el sentido de que la materia es la base de todo lo que existe, se expresó también la concepción idealista, que afirmaba que una sustancia incorpore, una idea universal era la creadora del mundo. Se manifestaron también en la actitud dialéctica, de que todo fluye y cambia y que está enlazado por nexos mutuos y la tendencia metafísica que concibe las cosas aisladas unas de otras y sin cambios, como dos formas diferentes de ver el mundo.

En aquel tiempo, las ciencias ocupábanse principalmente de reunir hechos y sistematizarlos, clasificarlos, etcétera; es decir, no se basaban aún en un estudio detallado de lo particular y menos aún de lo general. Los nexos entre los distintos campos del saber humano intentaba establecerlos la filosofía, que trataba de unificar todas las ciencias, de agruparlas en un sistema único. Era normal y frecuente considerar las ciencias particulares como parte de la filosofía, la cual se presentaba como una especie de enciclopedia de los conocimientos humanos y aspiraba al título de "ciencia de las ciencias".

Durante los numerosos siglos del desarrollo de la filosofía se ha modificado constantemente el objeto de ésta como ciencia, en estrecha conexión con el desarrollo de todos los aspectos de la vida material y espiritual de la humanidad.
Los filósofos del mundo antiguo eran, a la vez, investigadores de la naturaleza, al mismo tiempo que en los trabajos de los naturalistas, había ideas filosóficas. De esta forma el multiforme pensamiento filosófico griego encerraba ya en germen todos los tipos posteriores de concepciones del mundo.

Por ejemplo: Tales de Mileto (624-547 a.n.e) Consideraba que el principio de todo lo existente era el agua. Es el fundador del antiguo materialismo griego, contribuyó considerablemente al progreso de los conocimientos matemáticos, astronómicos, meteorológicos y físicos. Después de estudiar los procedimientos que se empleaban en Egipto para medir la superficie de las tierras, compuso una geometría elemental; a su vez basándose en los conocimientos astronómicos de los babilonios, dio principio a la astronomía de los antiguos griegos y se hizo famoso al predecir un eclipse total de Sol.

Anaximandro (610-546 a.n.e.) A él se debe la hipótesis más antigua de las conocidas hasta hoy acerca de la pluralidad de los mundos, así como el intento de dar una explicación científico-natural de la evolución de los animales. Construyó un modelo de esfera celeste y fue el primero que trazó mapas en Grecia. Consideraba el apeirón (materia indefinida e ilimitada) como el fundamento único y eterno de los fenómenos de la naturaleza.

Anaxímenes (585-525 a.n.e.) Estableció por vez primera una diferencia entre los planetas y las estrellas. Para él era el aire el principio material de todas las cosas y fenómenos. De acuerdo con su filosofía, los cambios que se operan en el Cosmos no se explican por la intervención de dioses, sino pura y exclusivamente por el movimiento eterno de la materia. Las ideas científicas sobre la naturaleza, de estos tres filósofos formaban un todo único.

Heráclito de Efeso (530-470 a.n.e.) El fuego era para él el fundamento único y universal de todos los fenómenos de la naturaleza, su principio material. De su obra sobre la naturaleza se conservan cerca de 130 fragmentos, gracias a los cuales podemos formarnos una idea de sus concepciones filosóficas, científico-naturales y políticas. La dialéctica espontánea de Heráclito nos dice que todo fluye, que todo se transforma y nada permanece inmóvil, pone de relieve en sus ideas el papel de los contrarios, de su lucha. "Una misma cosa en nosotros, lo vivo y lo muerto". "Todo es y al mismo tiempo no es, pues todo fluye, todo se halla sujeto a un proceso constante de transformación, de incesante nacimiento y caducidad", etc.

Pitágoras de Samos y Crotona (580-500 a.n.e.) Rechazando el materialismo de los filósofos jonios (Mileto y Efeso), los pitagóricos sostenían que el fundamento de los fenómenos de la naturaleza no era un principio material, sino el número. Conocer el mundo significaba, según los pitagóricos, conocer los números que lo rigen. La doctrina pitagórica de los números representaba uno de los primeros intentos encaminados a abordar el problema del papel y de la significación de las determinaciones cuantitativas de los fenómenos de la naturaleza. En los pitagóricos se encuentran fecundas ideas matemáticas y científico-naturales, aunque "se unen gérmenes del pensamiento científico y de fantasía con la religión, con la mitología".

La concepción pitagórica del alma y del cuerpo desempeñó un papel negativo. Mientras que los antiguos materialistas griegos realizaban los primeros intentos encaminados a explicar acertadamente la vida psíquica, partiendo de su doctrina de la materialidad del mundo, el idealismo pitagórico repetía y defendía los dogmas religiosos de la inmortalidad del alma. Las menciones pitagóricas en el sentido de que el alma inmortal habita temporalmente en un cuerpo mortal y que al morir el ser vivo, aquélla emigra a otro cuerpo, operándose así una transmigración (metempsicosis) del alma, frenaron el progreso de la ciencia.

Otra tendencia idealista de la antigua filosofía griega estaba representada por la filosofía de los eleatas (fines del siglo VI principios del V a.n.e) Jenófanes (565-473 a.n.e.) Parménides, Zenón de Elea, enemigos del movimiento y partidarios de la "inmovilidad", consideran el movimiento como una mera suma de estados de reposo.

La teoría atomista de la materia
Hacia mediados del siglo V a.n.e., Grecia logró considerables éxitos en su desenvolvimiento económico y cultural, se enriquecieron considerablemente los conocimientos astronómicos, físicos, matemáticos y biológicos. Hipócrates sistematizó los conocimientos médicos de la época y elevó a gran altura la práctica de la medicina.

La retórica o teoría del arte de hablar, alcanzó un alto nivel, se cultivó la gramática y la atención de los filósofos empezó a encauzarse hacia los problemas morales y estéticos. También alcanzaron grandes éxitos en el cultivo de la dialéctica en el sentido original del término (arte de confrontar las opiniones opuestas con el fin de descubrir la verdad) Maduró asimismo la necesidad de estudiar los problemas de la lógica. Se desarrollaron felizmente la arquitectura, la escultura y otras artes plásticas, así como la literatura (especialmente la poesía lírica y la tragedia) De esa época son los trágicos de la antigua Grecia (Esquilo, Sófocles y Eurípides), el autor de comedias Aristófanes, y los grandes artistas plásticos, Fidias y Policleto, crearon obras imperecederas.

Todos los filósofos materialistas de esa época consideraban los fenómenos de la naturaleza como resultado de la unión y separación de partículas materiales.

Anaxágoras de Clezómenes (500-428 a.n.e.), considera que el fundamento de todos los fenómenos de la naturaleza son unas partículas materiales, llamadas por él "semillas de las cosas", que se distinguen por su diversidad cualitativa. Los cuerpos derivan de esos primeros elementos, que posteriormente dichas partículas fueron llamadas "homeomerías" (partes semejantes al todo) Anaxágoras explicaba el movimiento de las homeomerías por una fuerza exterior a ellas, el "Nous" o "inteligencia" universal, por la cual entendía el más sutil y ligero de todos los seres.

Empédocles (490-430 a.n.e.), médico e investigador de la naturaleza, consideraba como fundamento último de todos los fenómenos naturales a cuatro elementos materiales o "raíces": el fuego, el aire, el agua y la tierra. Todas las cosas, según él, se forman de diversas combinaciones de estas cuatro "raíces". Estas ideas contenían un fecundo atisbo sobre la esencia de las cosas y sobre el fundamento material de los fenómenos naturales, pero dichas ideas no eran sino el primer intento de generalizar las percepciones inmediatas, sensibles. Empédocles trató de explicar los eclipses de los cuerpos celestes, la acción de los géiseres y la formación del feto humano.

Leucipo, se supone que vivió entre los años (500-440 a.n.e.), pues no existen datos biográficos exactos acerca de él. Fue el primer filósofo de la antigüedad que expuso una doctrina de los átomos, concebidos como partículas materiales indivisibles, fue asimismo el primero que formuló una teoría del vacío. También se debe a Leucipo la formulación del principio de causalidad al decir que ninguna cosa surge sin causa; todo surge por alguna razón y en virtud de la necesidad.
Demócrito de Abdera (460-370 a.n.e.), discípulo de Leucipo, adoptó sus ideas sobre los átomos y enriqueció a la ciencia con un admirable esbozo de la teoría atómica de la estructura de la materia. La concepción atomista de Demócrito descansa sobre el principio del movimiento de la materia. Demócrito poseía todo el rico acervo de conocimientos de su época y conocía perfectamente la filosofía de su tiempo. En sus libros se abordaban los problemas de la filosofía y la lógica (inductiva), de la cosmología (sobre la infinitud del Universo), la física, la biología, así como los problemas de la vida social (para Demócrito la actividad política era un arte supremo, un arte que proporciona al hombre honor y gloria), meditó sobre el origen y desarrollo de la vida social, de la psicología, la ética, la pedagogía, la filología, el arte, la técnica, etcétera. Filósofos posteriores llamaron a Demócrito "naturalista empírico" y primera mente enciclopédica de los griegos.

Además de Demócrito, también algunos sofistas avanzados, en el siglo V a.n.e. fueron ideólogos de la democracia esclavista. La palabra "sofista" significaba "sabio". Los sofistas cultivaban el arte de la elocuencia o retórica, el arte de la discusión o heurística y el de la demostración o dialéctica. La figura más destacada de la antigua sofística fue Protágoras de Abdera (481-411 a.n.e.), él admitía la existencia del mundo material, de "la materia que fluye", fuera e independientemente del hombre. Por sus ideas gnoseológicas, era sensualista, ya que veía en la sensación del principio de todo conocimiento. Por sus ataques a la religión, se le acusó en Atenas de ateísmo y su obra sobre los Dioses fue arrojada a las llamas. Un fragmento de ella que se ha conservado demuestra que Protágoras dudaba de la existencia misma de los dioses. "No puedo decir si los dioses existen ni si no existen, ni quiénes sean, pues muchos son los obstáculos que impiden saberlo: la oscuridad (del problema) y la brevedad de la vida humana".

La ideología regresiva de la aristocracia esclavista halló expresión en la filosofía idealista de Sócrates y Platón, enemigos de la democracia ateniense.

Sócrates (469-399 a.n.e.) Para Sócrates, el objeto de la filosofía es el Yo espiritual humano. No menos característico de sus ideas es también el reconocimiento de que existe una razón universal o Dios como principio que rige el mundo. Fue un tenaz adversario de la concepción materialista del Universo. En la investigación de la naturaleza veía una actividad superflua e irreligiosa. A su modo de entender, el mundo material carecía de interés para el filósofo. En la filosofía socrática, la ética -ética de carácter idealista religioso- ocupaba un lugar esencial. Al decir de Sócrates, la duda filosófica ("sólo sé que no sé nada") debe conducir al autoconocimiento (al "conócete a ti mismo") Pero lo cierto es que esa duda quebrantaba la confianza en la cognoscibilidad del mundo y servía de instrumento a Sócrates y a sus discípulos (Platón, Alcibíades, Critias y Jenofonte) para luchar contra el materialismo.

El más alto exponente del idealismo antiguo es Platón (427-347 a.n.e.) Discípulo de Sócrates, que ha dejado una profunda huella en la historia de la filosofía. Platón se expresaba con odio acerca de los discípulos de Demócrito, a los que calificaba de impíos (faltos de piedad, irreligiosos) Platón es el fundador del idealismo objetivo, y su filosofía la expone en El Banquete, Teetetes, Fedón y otros diálogos. Llamaba a la naturaleza "mundo de las cosas sensibles", y veía en ella a un mundo derivado del reino eterno e inmutable de las esencias espirituales o ideas, a las que denominaba el "verdadero ser". Así pues, las cosas sensibles no son más que sombras de las ideas. Platón afirmaba que si el hombre quiere alcanzar la verdad tiene que renunciar a todo lo corporal, a lo sensible, cerrar los ojos y los oídos, ahondar en su meditación interior y tratar de "recordar" lo que su alma inmortal contempló alguna vez en el mundo de las ideas. Tal es la mística, doctrina de la "anamnesis" de la "reminiscencia", que parte del reconocimiento de que el alma es independiente del cuerpo y del mundo exterior circundante, doctrina que descansa, a su vez, en la fe ciega en la inmortalidad del alma.
Platón se opuso a las ciencias naturales de su época, especialmente a la teoría atomista de la materia.

El más eminente representante de la ciencia griega antigua, la mente más universal es Aristóteles (384-322 a.n.e.), estudió los problemas de la filosofía, la lógica deductiva, la psicología, las ciencias de la naturaleza, cosmología, la historia, la política, la ética y la estética. En sus ideas filosóficas, Aristóteles oscilaba entre el idealismo y el materialismo y formuló graves objeciones contra el idealismo platónico, negando la existencia del reino de las ideas.

La teoría aristotélica del movimiento fue una de las grandes adquisiciones de la ciencia griega. Aristóteles distinguía seis clases de movimiento. Ni Heráclito ni Demócrito habían logrado todavía distinguir diversas clases o formas de movimiento. Aristóteles ofreció una original visión filosófico-natural del Universo. Según él, el fundamento del mundo consiste en cierto sustrato material o materia primera, dotada de dos pares de propiedades contrarias que se repelen mutuamente o "cualidades primarias" donde participan los cuatro elementos fundamentales a saber: el fuego (lo caliente y lo seco), el aire (lo caliente y lo húmedo), el agua (lo frío y lo húmedo) y la tierra (lo caliente y lo seco). Aquí están de nuevo las cuatro "raíces" de Empédocles, pero no como elementos eternos, inmutables del Universo, sino como sustancias capaces de transformarse las unas en las otras y de penetrarse recíprocamente.

Aristóteles admitía también un quinto elemento o éter divino del que se componían el cielo y las estrellas. Según la teoría del "quinto elemento", llamado posteriormente en latín quinta essentia (quinta esencia), la naturaleza se dividía en dos esferas distintas: terrestre y celeste.

En el pensamiento aristotélico se resumen las ideas filosóficas, científico-naturales y políticas de la antigua Grecia, así como las conquistas de la ciencia indivisa griega hasta finales del siglo IV a.n.e. Del seno de esta ciencia única, aún no suficientemente diversificada, Aristóteles destacó una serie de dominios científicos (la filosofía, la lógica, la matemática, la teoría de la naturaleza inorgánica, la doctrina del mundo orgánico, la teoría del Estado, etcétera), creando así, desde el punto de vista teórico, la posibilidad de que fueran desprendiéndose sucesivamente de esta ciencia indivisa las ciencias particulares.

Difusión de la cultura griega
En el año 338 (a.n.e.) la hegemonía de toda Grecia quedó en manos de Macedonia. Después de derrotar a Persia, Alejandro de Macedonia conquistó una parte considerable de Asia Sudoccidental y fundó un Estado inmenso, que en realidad era un conglomerado de muchos pueblos de Europa y Asia. Durante varios años, desde el 343 a.n.e., Aristóteles se hizo cargo de la educación de Alejandro Magno.

Después de la desintegración del imperio de Alejandro de Macedonia que carecía de una base firme y que representaba una agrupación temporal militar-administrativa, se abre un nuevo período en la historia de la sociedad esclavista: el período helenístico, que designa la época cultural que se caracteriza por la difusión de la cultura griega desde el interior de Asia hasta Roma y por la inclusión de elementos orientales en la cultura griega. Originariamente, los helenos eran los habitantes del territorio denominado Hélade, pequeña ciudad de la Tesalia, región histórica de Grecia. Desde el siglo VII a.n.e. se dio este nombre a todos los griegos.

El período helenístico de la historia del mundo antiguo abarca los tres últimos siglos anteriores de nuestra era, desde el 323 hasta el 30 a.n.e., año en el que Roma conquista a Egipto, último gran Estado helenístico.

Entre las ciudades que destacaron en el período helenístico figuraba, en primer lugar, Alejandría. Era entonces el centro de las relaciones comerciales y, además el foco principal de la cultura helenística.

Los hombres de ciencia del período helenístico, que residían principalmente en Alejandría, laboraban en el campo de las matemáticas, la mecánica, la física, la geografía, la fisiología y la medicina, la historia, etcétera. La Biblioteca de Alejandría poseía un riquísimo fondo de manuscritos.

El sabio astrónomo Hiparco fue uno de los primeros en crear la teoría del movimiento aparente del Sol, de la Luna y de los planetas; elaboró asimismo un catálogo estelar que incluía más de mil estrellas. Eratóstenes de Cirene fue el primero que midió la circunferencia de la Tierra.

En la cosmología antigua prevalecían las doctrinas geocéntricas que consideraban erróneamente a la Tierra como el centro inmóvil del Universo. Sin embargo, ya Aristarco de Samos formuló la hipótesis de que la Tierra gira alrededor del Sol y de su propio eje, anticipándose así a la teoría copernicana de la Tierra y el Sol.

Las matemáticas del período helenístico estaban representadas por sabios tan eminentes como Euclides y Arquímedes. En su obra fundamental, Elementos de Aritmética y Geometría Euclides de Megara sintetizaba todo el desarrollo alcanzado por las matemáticas en la Grecia clásica y se sentaban los fundamentos de la geometría.

Los trabajos de Arquímedes de Siracusa (287-212 a.n.e.) en el campo de la mecánica marcaron el comienzo de la investigación minuciosa y exacta de la naturaleza. Arquímedes estudió analíticamente los fenómenos mecánicos, se hizo célebre con sus inventos en ese campo.

Los médicos alejandrinos estudiaron la anatomía humana y llegaron a realizar disecciones en cadáveres. Herófilo estudió la relación de los nervios con el cerebro.

El mérito histórico de los sabios alejandrinos consiste en haber elaborado los primeros métodos de observación rigurosa y de experimentación que no había llegado a conocer la ciencia griega en la época de las ciudades-estados.

Un gran representante de la filosofía y de la ciencia en ese período fue Epicuro (341-270 a.n.e.) Basándose en las nuevas conquistas de la ciencias naturales, Epicuro trataba de fundamentar cada vez más profundamente la filosofía materialista, y se trazaba asimismo el objetivo filosófico de conocer las leyes que rigen la naturaleza y de asegurar a los hombres una vida feliz.

En las "veladas" organizadas por Epicuro se estudiaban temas filosóficos y políticos. Los círculos epicúreos desempeñaban el papel de agrupaciones políticas. En el "jardín" de Epicuro, las mujeres disfrutaban de los mismos derechos que los hombres.

Según Epicuro, las partículas materiales indivisibles o átomos, que se mueven en el vacío, constituyen el fundamento de cuanto existe. Todos los fenómenos de la naturaleza se reducen a diferentes combinaciones de átomos.

Nada procede de lo que no existe y nada puede convertirse en algo inexistente, afirmaba Epicuro; fuera del Universo no hay nada que pueda penetrar en él o provocar en éste algún cambio. En estas tesis se atisbaba ya que la materia eterna e indestructible es el fundamento de todos los fenómenos naturales y se postulaba, a su vez, la necesidad de explicar la naturaleza, partiendo de ella misma, sin recurrir a ningún principio extranatural (sobrenatural)

La misión de la filosofía consiste, según Epicuro, en brindar una teoría general de los fenómenos naturales y especialmente de los astronómicos, basándose para ello en la física de los átomos. Epicuro coronó la ciencia de su tiempo con una teoría cosmológica que postulaba la eternidad e infinitud del Universo: "hay infinitos mundos (por su número) semejantes o desemejantes" (al nuestro).

La teoría epicúrea del conocimiento parte del principio de que las cosas materiales actúan sobre los órganos sensoriales del hombre.

En Roma, la filosofía inició su desarrollo a mediados del siglo II a.n.e. y alcanzó su máximo florecimiento en el siglo siguiente. Después de la conquista de Grecia por Roma (en 146 a.n.e.), se establecieron estrechas relaciones entre ambos países y, tras de hallar entre los romanos un terreno propicio, la cultura helénica se convirtió en una de las fuentes de la cultura romana.

La historia de la filosofía de la antigua Roma es la historia del desenvolvimiento del materialismo y de su lucha con el idealismo. La línea de Demócrito estaba representada en ella por la doctrina materialista de Lucrecio; la línea de Platón, por el eclecticismo de Cicerón, y por la filosofía de los estoicos cuyo iniciador fue Lucio Anneo Séneca (6 ó 3 a.n.e.-65 de la era actual), y de otros idealistas más tardíos, los místicos, cuyo exponente principal fue Filón, que pugnaba por fundir la teología con las doctrinas idealistas de Platón. Para él, el fin supremo de la vida consiste en el éxtasis místico, que asemeja el hombre a "Dios".

Hacia el siglo I a.n.e., se remonta la actividad del gran pensador de la antigua Roma, filósofo materialista y ateo, Tito Lucrecio Caro (99-55 a.n.e.), ideólogo de la democracia esclavista romana. Su poema filosófico De rerum natura ("Sobre la naturaleza de las cosas") es la exposición más completa y sistemática del atomismo antiguo, ya que de las obras de Leucipo y Demócrito sólo se conservan algunos fragmentos y de los libros de Epicuro no han llegado a nosotros más que tres cartas y algunas máximas.

Lucrecio aspiraba a vincular la filosofía con las exigencias vitales de la sociedad romana de su tiempo. Quería liberar a sus contemporáneos de las tradiciones reaccionarias que nublaban sus mentes y, sobre todo, de la preponderancia de la religión romana, que se caracterizaba por su rígido dogmatismo, por sus terribles supersticiones y su acusada hostilidad contra el conocimiento científico. En su poema decía que la religión sume a la humanidad en el mayor infortunio, ofusca la razón de los hombres, les induce a cometer acciones inmorales y crímenes y, por último, esclaviza y humilla al hombre.

Lucrecio trataba de explicar las causas naturales del origen de la Tierra, del mar, del cielo y de los astros; de la vida terrestre, de las plantas y, por último, del hombre. En el poema se intenta explicar, desde el punto de vista del materialismo antiguo, fenómenos como el trueno y el relámpago, la lluvia, el rocío, los torbellinos, el viento, el granizo, la nieve, la escarcha, así como los temblores de la tierra, la acción de los volcanes, las propiedades magnéticas, etc.

Obstinado enemigo del materialismo romano fue el contemporáneo de Lucrecio, famoso orador y jefe político de las Postrimerías de la República Romana, Marco Tulio Cicerón (106-43 a.n.e.)

Sus obras por estar dirigidas y destinadas a la apología del Estado esclavista, y a condenar el materialismo y el ateísmo, gozaron de gran popularidad entre la aristocracia romana, pese a la inconsistencia y la extrema superficialidad de sus ideas filosóficas (fue un típico representante del eclecticismo romano). Cicerón fue el primero que vertió al latín muchos términos filosóficos especiales. La terminología filosófica latina, aceptada comúnmente en los países de Europa Occidental, procede de Cicerón. Según él, la propiedad privada es la institución fundamental de la sociedad y el Estado existe para protegerla, de modo que garantice a los pudientes la posibilidad de disfrutar tranquilamente de sus bienes y defienda su propiedad de los atentados de los desposeídos.

La filosofía y las ciencias en la época feudal
Al empezar el siglo III a.n.e., como resultado de la crisis que sufrió la sociedad esclavista, primero en Grecia y después en Roma, fueron reforzándose cada vez más las tendencias reaccionarias en el seno de la ideología esclavista. Se extendieron las ideas religiosas místicas, se cultivaron la astrología, la demonología y otras pseudociencias. Alejandría se convirtió en centro e oscurantismo religioso. La descomposición y decadencia de la ideología esclavista hallaron expresión en la mística, el escepticismo y el eclecticismo.

La crisis del régimen de la esclavitud condujo en el siglo V de nuestra era al hundimiento del Imperio Romano. La institución del Colonato (sistema de arrendamiento de parcelas de tierra), que se había gestado en las entrañas de la sociedad esclavista, constituía ya en germen las relaciones feudales de producción, se hundía el régimen esclavista, dejando paso a un nuevo régimen, al feudalismo.

En las postrimerías de la antigüedad, en el período alejandrino o postclásico, en que se dibujaba la diferenciación de las ciencias, este proceso se vio detenido en la Edad Media y se prolongó durante largos siglos, ya que en los siglos V-VIII de nuestra era, la cultura grecorromana fue desplazada en Europa por una nueva cultura, la cultura feudal, cuyo pivote ideológico era el cristianismo.

Durante siglos, el catolicismo fue la ideología dominante en la Edad Media occidental. "Los dogmas de la Iglesia eran a la vez axiomas políticos, y los textos bíblicos tenían la validez de una ley en cualquier tribunal... "Esta supremacía de la teología en todas las ramas de la actividad intelectual era, al mismo tiempo, una consecuencia inevitable de la posición de ocupaba la Iglesia.

La Iglesia de Europa Occidental poseía hasta una tercera parte de todas las tierras de labor. Al desperdigamiento caótico de los dominios feudales, la Iglesia oponía su organización rígidamente centralizada. La Iglesia monopolizaba asimismo la cultura. Las escuela íntegramente en manos del clero, estaban adaptadas a las necesidades de éste. La filosofía se hallaba al servicio de la teología, de la religión y de la Iglesia.

En este tiempo, las ciencias naturales en germen cayeron bajo la influencia de la Iglesia. "El dogma eclesiástico era el punto de partida y base de todo pensamiento". Todo el contenido de la jurisprudencia, de las ciencias naturales y de la filosofía era puesto en consonancia con la doctrina de la Iglesia.

Por ejemplo, con la concepción geocéntrica de Aristóteles y Ptolomeo que expresaba la idea de que el centro del universo era la Tierra, se afirmaba: "alrededor de la cual se encontraba la 'esfera celeste'; con sus cuerpos celestes ideales" -el Sol, los planetas y las estrellas-, cuya perfección se manifestaba en su rigurosa esfericidad de su forma y en la limpieza absoluta de su superficie. En la Tierra, se decía, todo es pasajero, perecedero, mientras en la esfera celeste todo es eterno e inmutable. "Dicha concepción geocéntrica estaba en plena armonía con la doctrina cristiana, según la cual, el hombre ha sido creado por "Dios" para servirle y el Universo hecho para el hombre. La criatura humana es la obra suprema del creador divino "La corona de la creación". Sólo para él brillan las estrellas, soplan los vientos, cae la lluvia, corren las olas, crecen los árboles y la hierba. De ahí derivaba que la Tierra como morada del hombre, debe ocupar una situación central privilegiada en el Universo.

Los servidores de la religión cristiana aderezaron el sistema de Aristóteles y Ptolomeo con sus propias invenciones. Anunciaron que en el interior del globo terrestre está el infierno y detrás del Cielo, de las "estrellas inmóviles", la "morada de los santos", "el reino celestial", donde vuelan las almas de los muertos justos y habitan "Dios" y "los ángeles".

Catorce siglos predominó el sistema de Aristóteles y Ptolomeo, que la Iglesia convirtió en uno de los pilares básicos del cristianismo. Todas las dudas en cuanto a la justeza de este sistema eran declaradas como heréticas.

Por eso se persiguió el sistema heliocéntrico, que derrumbaba esos mitos, creado por Copérnico (1473-1543), y defendido, difundido y enriquecido por G. Bruno (1548-1600), y confirmado con mayor fundamento científico por Galileo.
La teoría de Copérnico fue "el acta revolucionaria" por la cual la ciencia de la naturaleza proclamó su independencia. De esa acta data la emancipación de la ciencia de la naturaleza con respecto a la teología.

El dominio de la ideología religiosa y la preponderancia de la Iglesia en la vida espiritual de la sociedad no significaba de ninguna manera que la sociedad feudal representase un retroceso total en el desenvolvimiento cultural de la humanidad. Importa sin embargo, adelantar que, tras el apretado cortinaje de la ideología cristiana, tampoco en la Europa medieval se detuvo, ni podía detenerse el avance de la humanidad, el progreso de su cultura, cosa que concierne ante todo al pensamiento filosófico. Por supuesto, no llegó a las cimas anteriores, pero el pensamiento teórico, bajo la forma de apología religiosa que le imponían las circunstancias históricas, prosiguió su aventura.

Incluso teólogos escolásticos como Agustín (354-430) y Tomás de Aquino (1255-1312), sin desbordar el marco de la cosmovisión teológica que predicaban, elaboraron con profundidad en sus tratados, los problemas del espacio y el tiempo y cuestiones conexas de importante significación cosmológica, ya que la filosofía escolástica, en particular, comprendía la física y la cosmología.

Sin embargo, en la época feudal en Europa, el progreso científico se veía contenido y trabado por la amplia difusión de las supersticiones extraídas de las conclusiones y dogmas de la Iglesia, de la astrología, de la alquimia y de otras "teorías" seudocientíficas, que concebían el mundo saturado de fuerzas incognoscibles y sobrenaturales, de "transmutaciones maravillosas", etc.

Al pensamiento filosófico progresista de esta época se le planteaba la tarea de combatir semejantes doctrinas teológicas y místicas que frenaban el avance y el progreso de la ciencia.

También, ya en las condiciones del feudalismo temprano, sobre todo en los países orientales -China, India, países árabes y Asia Central-, el pensamiento científico avanzó sucesivamente, sobre todo en el campo de las ciencias naturales. Por ejemplo, Ibn-Roghd (Averroes-1126-1198) gran pensador y sabio progresista árabe de la Edad Media, que vivió en España bajo el califato de Córdoba, al desarrollar los elementos materialistas de la filosofía de Aristóteles, afirmaba que la materia y el movimiento son eternos y no han sido creados jamás; negaba la inmortalidad del alma humana y la vida de ultratumba.

Ibn-Sina (Avicena-980-1037) de él se conocen: El libro de la curación y El libro del saber en el que están expuestas la lógica, la física, las matemáticas, etcétera. Su Canon de la medicina sirvió durante siglos, de código de conocimientos médicos, fue el principal manual de medicina en Europa.

Omar Khayyan (1040-1123). Su obra es eminentemente científica. Se especializó en ciencias naturales, Etica, Derecho, etcétera, aún cuando su reputación la logró como astrónomo y matemático, aunque su celebridad la ha adquirido como poeta.

Deslindamiento entre la
filosofía y las ciencias particulares

Al devenir del Renacimiento, cuando la joven burguesía se colocó frente al feudalismo, su interés por las ciencias naturales era doble: como arma ideológica en la lucha contra la concepción religiosa dominante, contra la teología y la escolástica y como fundamento teórico de la técnica de la producción, que comenzaba a emplear en amplia escala.

La actividad laboral de los hombres encaminada a la creación de bienes materiales de vida se denomina producción. Los hombres no pueden vivir sin alimento, ropa, vivienda y otros bienes materiales. La producción encierra tres elementos fundamentales: 1) el propio trabajo del hombre; 2) el objeto sobre el que recae el trabajo y 3) los medios de trabajo, las cosas con ayuda de las cuales el hombre ejerce su efecto sobre el objeto de trabajo; por ello, el hombre adquiere conocimientos variados y complejos en el proceso de la producción.

Por ello, la ciencia aparece y se desarrolla gracias a la actividad práctica de los hombres. En cada etapa de la historia, la ciencia refleja el nivel de conocimientos alcanzado, y sirve para dominar y utilizar las fuerzas de la naturaleza y al mismo tiempo para preservar sus múltiples manifestaciones y entre ellas, al propio hombre. La ciencia de es un sistema de conocimientos sobre la naturaleza, la sociedad y el pensamiento, acumulados en el curso de la historia. La ciencia es la vanguardia de la sociedad humana en marcha. Es la exploradora del futuro, la fiel defensora del presente y la esclarecedora de sucesos pretéritos.

Las ciencias naturales surgieron como ciencias particulares (especiales) y sistemáticas en la segunda mitad del siglo XV.

A medida que se acumularon conocimientos científicos especiales y se elaboraron métodos concretos de estudio y desarrollo de las nociones sobre las leyes que rigen en los distintos ámbitos de la naturaleza, se produjo un proceso de diferenciación del conocimiento teórico hasta entonces indiviso de separación de las matemáticas, la medicina, la astronomía (cosmología, cosmogonía), etcétera.

Pero este proceso no fue unilateral; a la par con la limitación del conjunto de problemas en que se ocupaba la filosofía, se desarrollaron, profundizaron y enriquecieron las nociones filosóficas propiamente dichas, surgieron distintas teorías y corrientes filosóficas. Se formaron disciplinas filosóficas como la Ontología, doctrina del ser en general o de la esencia de todo lo existente; la Gnoseología, teoría del conocimiento; la lógica, ciencia que expone las formas del pensamiento correcto, es decir, coherente, consecuente y probatorio; la Etica, cuyo objeto es la moral y las normas de conducta, la Estética, que es la ciencia que versa sobre la naturaleza de la belleza, de valorizar los fenómenos de la realidad como bellos o feos, sublimes o bajos y trágicos o cómicos.

Desde la época del Renacimiento, que es el reencuentro con la cultura de la Antigüedad, sobre todo en los siglos XVII y XVIII, el proceso de deslindamiento entre la filosofía y las ciencias especiales se acelera cada día más. La mecánica, la física y, más tarde, la química, la biología, la jurisprudencia, la pedagogía, la psicología, la historia, la economía política, etcétera, se convierten en ramas independientes de la cognición científica. Esta progresiva división del trabajo en el campo del saber científico modifica cualitativamente el papel y el lugar de la filosofía en el sistema de ciencias particulares. La filosofía no se ocupa ya en resolver problemas específicos de la mecánica, la física, la astronomía, la química, la biología, el derecho, la historia, etcétera. Sin embargo, en su campo de acción figura el estudio de problemas científicos generales, de problemas relativos a la concepción del mundo, que se plantean en las ciencias particulares, pero que no pueden ser resueltos en los límites de éstas con los métodos especiales que les son inherentes, si no cuentan con una fundamentación filosófica general. Eso significa que existen problemas tratados no sólo por las ciencias particulares, sino por la filosofía también. Tales problemas, como es natural, pueden ser resueltos únicamente con los esfuerzos mancomunados de la filosofía y de las ciencias particulares. Existen asimismo problemas filosóficos específicos que puede y debe resolver sólo la filosofía, pero eso si la filosofía se apoya en el cúmulo de datos científicos y en la práctica social de vanguardia.

Por ejemplo, a cada paso nos preguntamos: ¿qué es el mundo? ¿Cuál es la esencia de la naturaleza, del Universo? ¿El mundo ha existido siempre? ¿Ha sido creado? ¿Es eterno? ¿La naturaleza se desarrolla por vía propia, sin ingerencia de fuerzas sobre naturales? ¿Qué es la materia? ¿Qué es la vida? ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es su lugar en el mundo? ¿Cuál es su esencia? ¿Qué relación existe entre la conciencia y el mundo exterior? ¿Entre lo espiritual y lo material? ¿Entre lo ideal y lo real? ¿Entre lo objetivo y lo subjetivo? ¿Qué es el conocimiento? ¿Qué es la felicidad? ¿Cómo es el hombre? ¿Cómo debe de ser? ¿Cuál es el sentido de la vida?, etc.

Estos y otros muchos interrogantes análogos ocupan profundamente a todos los hombres que piensan (que reflexionan). Y desde antaño existía la insuperable necesidad de contestar a estas preguntas que son parte del contenido de la filosofía.

Además, el hombre solamente puede comprender los acontecimientos que se registran a su alrededor si se guía por una determinada concepción del mundo, la cual es una asociación de opiniones acerca de la vida, del mundo en su conjunto, de unos u otros fenómenos y acontecimientos.

En la época de la Ilustración, consecuencia del Renacimiento, ya no son creíbles y aceptadas, sin más las tradiciones religiosas, las prescripciones morales, las leyes y las instituciones políticas, sino que son sometidas al juicio de la razón, se agudizó el pensamiento crítico y el interés y entusiasmo por la naturaleza.

Incluso, sabemos por la historia que las relaciones entre la filosofía y las ciencias particulares tuvieron un carácter muy complejo y contradictorio, por cuanto las ciencias especiales se limitaron durante mucho tiempo a efectuar primordialmente investigaciones empíricas, la filosofía hubo de ocuparse en los problemas teóricos generales de estas ciencias. Pero como el estudio filosófico de los problemas teóricos de las ciencias particulares no se apoyaba en hechos suficientes para este fin -que, como regla general, no habían sido aún reunidos-, tenía un carácter abstracto, especulativo. Los resultados de semejante estudio estaban a menudo en contradicción con los nuevos hechos descubiertos por las ciencias particulares. Sobre esta base surgió una contraposición que adoptó una forma singularmente violenta en las doctrinas filosóficas vinculadas a la religión, las cuales justificaban desde un punto de vista teórico la concepción religiosa del mundo, incompatible con la ciencia, ya que la religión no es una forma de conocimiento de la realidad. Se desvía del campo del conocimiento para derivar hacia el mundo de la ficción imaginativa y proyecta la realidad bajo una forma invertida, por su fe en fuerzas sobrenaturales a las que atribuye la dirección del mundo, y el culto de esas fuerzas.

Con todo, la ciencia se desarrolló y marchó adelante, al mismo tiempo que la sociedad adquiría un conocimiento cada vez más profundo y exacto de la realidad. Con el modo de producción capitalista, las ciencias naturales adquirieron una importancia muy particular. A fin de poder desarrollar la industria, la burguesía tenía necesidad de la ciencia.

Con Galileo (1564-1642) que descubre y construye el telescopio, comienza un nuevo capítulo de la Astronomía en general y de la Cosmología en particular. El cielo que el gran científico observa dista mucho de ser tan inmaculado como quería la secular cosmología cristiano-bíblica. Galileo descubre no sólo manchas en el Sol, montañas en la Luna, sino satélites de Júpiter y la composición estelar de la Vía Láctea.

La fecha "oficial" del nacimiento de la mecánica clásica, fue el año 1687, cuando en Londres salió a la luz del libro de Newton (1642-1727), Philosophise Naturalis Principia Matemática. En este libro Newton anunció por vez primera los tres principios fundamentales de la mecánica clásica.

Lomonósov (1711-1765). Descubre la ley de la conservación de la materia y el movimiento como ley general y universal. Su actividad científica era casi universal y sobre todo en química y en física sus realizaciones son muy importantes. Lomonósov fue en química el fundador del atomismo que ha mostrado la estructura atómica y molecular de la materia. Consideraba que los hábeas-culos (moléculas) se componen de partículas infinitesimales o "elementos" (átomos).

Un duro golpe al idealismo y a la metafísica en el campo de la biología fue asestado por Federico Wolf (1734-1769). Rechazó la "teoría inmóvil" y metafísica del preformismo, dominante entre los biólogos de su tiempo, y desarrolló la teoría de la epigénesis opuesta a aquélla y muy progresiva para su época. Llegó a ella sobre la base de sus propios datos experimentales en el estudio de las fases iniciales del desarrollo de las plantas y de los animales. En su teoría de la generación, publicada en 1759, investigaba minuciosamente cómo y cuándo aparecen las hojas, las flores y las diversas partes de las plantas y cómo y cuándo se forman sus frutos y semillas. Estableció también que el nacimiento y desarrollo de todo ser vivo no es un proceso puramente cuantitativo, sino un proceso puramente cuantitativo, sino un proceso de aparición de nuevos y nuevos órganos cada día más complejos.

Fue el primero que, en la historia de la biología situó sobre bases científicas el estudio del desarrollo individual del ser vivo. (Ontogénesis).

En filosofía, Kant (1724-1804) Es el fundador del idealismo filosófico alemán, creador de la hipótesis nebular, historia universal de la naturaleza y teoría del cielo, hipótesis materialista de un filósofo idealista. "El rasgo fundamental de la filosofía de Kant es que concilia el materialismo con el idealismo, sella un compromiso entre éste y aquél, compagina en un sistema único direcciones filosóficas heterogéneas, opuestas". Por una parte, Kant reconoce la existencia de un mundo de cosas al margen de nuestra conciencia, de "cosas en sí" y "cosas para nosotros". Por otra parte, la "cosa en sí" de Kant es, en su principio, incognoscible, se encuentra más allá de nuestro conocimiento. "Cuando Kant admite que a nuestras representaciones corresponde un algo existente fuera de nosotros, una cierta cosa en sí, entonces Kant es materialista. Cuando declara a esta cosa en sí incognoscible, trascendente, ultraterrenal Kant habla como idealista".

Hegel (1170-1831). Filósofo alemán que desempeñó un papel considerable en la elaboración de la teoría dialéctica del desarrollo. De acuerdo con su idealismo objetivo, cierta "Idea absoluta", mística, preexistente al margen de la naturaleza y del hombre, constituye el fundamento del mundo. La "Idea absoluta" implica contradicciones internas; se mueve y cambia transformándose en su contrario, sufre una metamorfosis convirtiéndose en la naturaleza, que es la encarnación de la "Idea absoluta".

El comienzo del siglo XIX fue una época interesante, tanto para el historiador en general, como para el historiador de la ciencia. Marx (1818-1883). Gracias a su estudio completo de la vida económica y política de la sociedad burguesa, describe los orígenes del capitalismo, define las leyes y las tendencias de su desarrollo, y prueba la ineluctabilidad de su desaparición, y en el silencio de los laboratorios, tan escasos en aquella época, cambiaban resueltamente las ideas sobre la naturaleza de las cosas.

Young en Inglaterra y Fresnel en Francia crearon las bases de la teoría ondulatoria de la luz (unilateral). Abel en Noruega y Galois en Francia pusieron las primeras piedras del fuerte edificio del álgebra moderna. El francés Lavoisier y el inglés Dalton demostraron con sus trabajos que la química es capaz de penetrar profundamente en la esencia de las cosas.

Todas las ramas de las ciencias naturales experimentaron un vertiginoso avance. En biología se abre paso la doctrina de la evolución de Darwin (1809-1882) y la teoría celular, a la que habrían dado forma definitiva Schleiden y Schwann (1839).
Descuella el suceso por el que el naturalista alemán Mayer, el físico inglés Joule, el investigador ruso Lens y el ingeniero danés Keldin establecen el hecho de la transformación de la energía. La ley de la conservación y transformación de la energía es formulada en 1842-1845, confirmando así, casi cien años después lo descubierto por Lomonósov en 1745.

Haeckel (1834-1919). Desarrolló y concretó la doctrina evolucionista de Darwin. En su obra Enigmas del Universo, somete a una crítica implacable al idealismo y se esfuerza por crear un sistema materialista armonioso fundado en las últimas conquistas de la ciencia. Crea la teoría de la filogenia o sea la historia de la evolución de un grupo de organismos.

Mendeleiev (1834-1907). Químico, descubrió la ley periódica de los elementos en 1869, base de su clasificación. Al establecer un vínculo entre el aspecto cuantitativo y el cualitativo de los elementos, entre el quimismo y el peso atómico, desarrolló el atomismo de Lomonósov.

La física avanza del calórico y demás materias imponderables como el "éter", para demostrar científicamente la unidad, concatenación y transición recíproca de las distintas formas de la materia.

En la medida que se desarrollan las ciencias naturales se van estrechando más y más sus vínculos con la filosofía. Engels (1820-1895). Sintetizó en el plano teórico las conquistas de las ciencias naturales, y al esbozar sus perspectivas, acometió una tarea de proporciones grandiosas. Un ejemplo de ello, son sus estudios de la interrelación entre la filosofía y las ciencias naturales. El estudio sobre la dialéctica de las ciencias naturales se concentra en tres temas: 1) las ciencias y su historia, hasta mediados del siglo XIX; 2) el presente (de su época); 3) el futuro: tendencias y perspectivas. Estudió innumerables obras de matemáticas, física, química, biología, etcétera, y demostró que el impulso a las ciencias lo dan las actividades prácticas de la producción; estableció el nexo entre la filosofía y la ciencias particulares y elaboró la concepción dialéctica de materia, movimiento, espacio y tiempo, la idea central fue la clasificación de las ciencias en base a las formas de movimiento. Su obra Dialéctica de la Naturaleza, es un trabajo fundamental en lo que respecta a la relación entre la filosofía y las ciencias naturales. En especial Engels resalta la importancia de estudiar la historia de la filosofía para aprender el arte de manejar conceptos

Así, la filosofía se convierte en una concepción científica del mundo, que se basa en los datos de las ciencias naturales y sociales, que generaliza estos datos y que tiene una significación formidable para las propias ciencias, ya que la filosofía estudia las leyes más generales del movimiento, del cambio y desarrollo de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento.

En la ciencia surgen dificultades a cada paso. Y cada día tratan de superarlas los científicos. En vísperas del siglo XX la física penetró en un mundo asombroso, invisible e inconcebible, cuando los físicos decían que la materia se desmaterializaba, que "la materia desaparecía". Estas manifestaciones de los físicos testimoniaban el total desconcierto de aquellos naturalistas cuya concepción del mundo no estaba filosóficamente estructurada. Esta dispersión teórica llevó a pensar que la ciencia había agotado sus posibilidades de progreso. La idea absurda de que la materia "desaparece" era una afirmación derivada del descubrimiento de la estructura eléctrica del átomo, de la posibilidad de desintegrarlo y de la variabilidad de la masa de electrón.

Todo se reduce, según subrayó la filosofía, en voz de Lenin (1870-1924), a saber si existen los electrones fuera de la conciencia humana, como realidad objetiva, o no existen. Las ciencias naturales respondían sin el menor titubeo: ¡Sí, existen! Lo cual significaba que los electrones eran tan materiales como los átomos formados por ellos y como una sustancia ponderable corriente. Consecuentemente, no cabía hablar de la "desaparición de la materia" en modo alguno. No era la materia la que desaparecía, sino la anterior idea limitada de los físicos sobre la estructura y las propiedades de la materia, abriendo paso a un conocimiento más profundo de las mismas. Las ciencias naturales llevaban a conocer la unidad de la materia; esto representaba una grandiosa conquista de las ciencias, pues implicaba una penetración más profunda en la esencia de las cosas. "El electrón es tan inagotable como el átomo" dice la filosofía. La tesis sobre la infinitud de la materia en profundidad y sobre la inagotabilidad de la materia en todas sus formas y en sus partículas más diminutas representa una profunda generalización del desarrollo de la ciencia en lo concerniente a la estructura y a las propiedades de la materia.

La mecánica cuántica y el siglo XX
La mecánica cuántica es coetánea del impetuoso siglo XX. Coetánea en el sentido estricto de la palabra, porque la historia de las ciencias cuenta la edad de la teoría cuántica a partir del 17 de diciembre de 1900, cuando el científico alemán Max Planck dio a conocer en la sesión de la Sociedad Física de la Academia de Ciencias de Berlín su intento de vencer una de las dificultades de la teoría de la radiación térmica. Pero el intento de Planck tuvo una importancia trascendental: predeterminó el desarrollo de la física en un futuro de muchos años. De la semilla de la nueva concepción de las radiaciones expuesta por Planck creció el árbol gigantesco de los nuevos conocimientos de hoy. De esta misma semilla nacieron también admirables descubrimientos, que ni la fuerza imaginativa de los novelistas de ciencia ficción más perspicaces pudo prever. De la hipótesis de Planck surgió, la mecánica cuántica que expuso a la observación de los hombres un mundo absolutamente nuevo. Un mundo que hasta entonces columbraban vagamente y que con más vaguedad aún se figuraban: el mundo de las cosas súper pequeñas, de los átomos, de los núcleos atómicos y de las partículas elementales. Los laceres o amplificadores y generadores de luz; los máseres o amplificadores y generadores de ondas electromagnéticas y los dispositivos electrónicos -semiconductores- sin la mecánica cuántica hubieran sido algo muerto.

Einstein (1879-1955) Expone en 1905 y 1915 la teoría general de la relatividad, trata de explicar la diferencia entre sistemas acelerados y sistemas no acelerados y la naturaleza de las fuerzas que actúan en ambos y que se basa en dos postulados: 1) que las leyes de la física son las mismas en todos los sistemas de referencia; 2) que la velocidad de la luz en el vacío es constante para todos los observadores, independientemente del estado de movimiento de la fuente o del observador. Además afirma que la materia y la energía son lo mismo en dos formas distintas.

Iván Pavlov (1849-1936) Creó la doctrina de la actividad nerviosa superior del hombre y los animales, una verdadera revolución en las ciencias naturales. Esta doctrina asestaba un golpe decisivo a la psicología idealista, y echaba los fundamentos de una psicología realmente científica. Confirmó que los reflejos condicionados, se forman sobre la base de los reflejos incondicionados y aseguran una mejor adaptabilidad del animal y del hombre a las condiciones incesantemente variables del mundo exterior.

Así, el hombre del siglo XX se convirtió en el poseedor de numerosos descubrimientos científicos y de numerosos medios técnicos. Desintegró el átomo, creó aparatos volantes cósmicos y variada maquinaria electrónica, llevó la investigación a las profundidades del océano y a las entrañas de la Tierra, aprendió a vencer numerosas enfermedades. Pero al mismo tiempo los descubrimientos de la física nuclear hicieron posible la creación de la bomba atómica, etcétera. Los descubrimientos de la química y de la biología hicieron posible crear armas químicas y bacteriológicas. Se generó contaminación radiactiva, contaminación de la atmósfera, de los ríos, mares y océanos, envenenamiento del medio natural con residuos industriales: tal es la enumeración incompleta de las consecuencias negativas del progreso científico-técnico, o dicho con mayor propiedad de la utilización irresponsable y antihumana de sus resultados. Para comprender esos hechos contradictorios es fundamental el dominio de la filosofía.

El diagnóstico social de la época, junto con sus espacios luminosos, proyecta lamentables sombras que patentizan que el pensamiento irracional todavía camina triunfante por el mundo. La razón se ve atrapada por los prejuicios, los temores y los actos innobles.

"La época actual somete al ser humano a una cura de deshabituación del pensamiento en gran escala". No es que se diga que pensar está prohibido o que los pensamientos propios no sean deseables; sino que se produce el pensamiento deseado en tal cantidad, que frente a esta masa, el pensamiento propio no aparece en absoluto y se filtra de modo tan refinado en el cerebro, el pensamiento inducido, que a los seres humanos el pensamiento ajeno se le antoja como su propio trabajo intelectual y su más alta posesión mental. Y se completa el círculo: así para enajenar al hombre y a la sociedad se bombardea tercamente para el consumo ilimitado, lo mismo de sexo que de mitos religiosos; se fabrican adictos lo mismo al alcohol, que a las drogas y a los prejuicios (juicios sin fundamento suficiente o fuera de lo razonable). La racionalidad naufraga y se imponen, en la época de la Revolución Científico-Técnica (RCT), otra vez, las viejas fábulas, las leyendas, mitos y fanatismos. Se sujeta a los seres humanos y en especial a la juventud, en el espeso cieno de las falsas tradiciones o sea de los prejuicios seculares, que duran desde hace siglos.

Al mismo tiempo, en nuestros días la RCT penetra profundamente en todas las estructuras de la actividad humana. Transforma en muchos sentidos el contenido y el carácter del trabajo, de la enseñanza y de las diversas manifestaciones de la actividad cultural; plantea en forma nueva los problemas del desarrollo del intelecto humano y del individuo en particular; ejerce cierta influencia sobre la concepción del mundo de los hombres y de sus concepciones ideológicas; genera nuevos modos y formas en la organización de los estudios científicos. Es preciso recalcar que la RCT contemporánea, a diferencia de anteriores revoluciones de la ciencia y la técnica, invade todas las esferas de la vida social e influye de una u otra manera, en su desarrollo. Al lado de las transformaciones que se producen en la industria y en la agricultura, se manifiestan visibles progresos en los transportes, en el sistema de comunicaciones, en la transmisión de informaciones, en la organización de la salubridad pública la Revolución Científico-Técnica se transforma en Revolución Científico-Productiva. Marca a la vez, con profunda fuerza el signo de la formación del hombre de siglo XXI.

La sociedad computarizada y la esencia del hombre
¿Qué papel y qué lugar corresponderá al hombre en la producción el futuro, automatizado a más no poder? ¿Qué perspectivas tendrá en la sociedad computarizada del mañana? ¿Se convertirá el hombre en un apéndice peculiar de la técnica cada vez más perfecta o, como dice la filosofía científica, con el desarrollo de la RCT tendrán lugar la continua afirmación del hombre como personalidad y su perfeccionamiento multilateral?¿Qué exigencias presenta el progreso tecnocientífico al hombre, a sus capacidades, instrucción y calificación?

Porque el hombre seguirá trabajando de manera productiva junto a los autómatas como su creador, su ajustador y su controlador. Disminuirá notablemente el volumen de cargas físicas y el trabajo adquirirá en lo esencial el carácter de actividad intelectual. Además del conocimiento empírico y la experiencia de cada día, en la actividad laboral se introducirá el conocimiento teórico, sistemático en distintas formas de aplicación de las capacidades morales y culturales del hombre.
Una vez que todas las funciones no creadoras sean mecanizadas y automatizadas, la misión del hombre consistirá en realizar una actividad creadora, indagadora e investigadora propiamente dicha. En ese sentido cada ser humano será un científico, pero no en el sentido estrictamente profesional de ahora, sino por el carácter mismo de su actividad indagadora, heurística, por el nivel de desarrollo de su facultades intelectuales y emocionales.

En nuestros días el progreso de la humanidad transcurre a ritmo intenso y acelerado por el avance arrollador de la ciencia y la técnica: cibernética, computarización, robótica, informática, biogenética, biotecnología, proteómica, genómica, etc.

¿Qué debe saber el hombre del siglo XXI?
La nueva tecnología con sus grandes posibilidades origina la demanda de los talentos y capacidades humanas muy variados. En condiciones de la producción automatizada el hombre como sujeto del trabajo debe poseer determinadas cualidades, tener conocimientos profundos y universales, hábitos estables, habilidad para hacer distintas cosas, un alto nivel cultural y una actitud consciente hacia el trabajo. Junto al dominio de las matemáticas, de la física nuclear, de la genómica de la informática, de la técnica del cómputo, etcétera, quien se dedique a la ciencia, con mayor razón debe dominar el pensamiento filosófico.

Al tratarse de la perspectiva histórica, la filosofía científica forma la imagen del hombre dotado de diversas aptitudes, hombre creador, activo, de acusada individualidad. Además, al referirse al futuro de la humanidad, la filosofía arranca de la idea del aumento del papel que corresponde al hombre en todas las esferas de la actividad social y de esta manera llama la atención a la necesidad de activar el factor humano en la aceleración del progreso tecnocientífico.

La filosofía impulsa el desarrollo de toda la riqueza de la naturaleza humana, el desarrollo del hombre como personalidad en el proceso e su actividad material y espiritual (teórica y práctica), de su trato con los semejantes, de su instrucción, educación, cultura, etcétera. Es decir que el hombre se forma sobre la base del florecimiento de sus mejores cualidades, de la personalidad multilateralmente desarrollada. Para conocer al hombre en su integridad (en su esencia) y unidad, la filosofía ha de recurrir al mundo exterior de los objetos y fenómenos y a la vida interior del hombre, y de estas fuentes -distinta una de la otra-, pero con una misma raíz ha de extraer, multiplicar y profundizar sus representaciones de la naturaleza del hombre en constante cambio y desarrollo. La filosofía está llamada a ayudar al hombre a definirse en la realidad, a descubrir la dialéctica de lo objetivo y de lo subjetivo en su vida y en la vida de la sociedad, dialéctica que expresa las posibilidades reales del hombre, el carácter y los principios de su creatividad libre y, al mismo tiempo, responsable social y moralmente.

De esta suerte, el valor y la significación de la doctrina filosófica del hombre no sólo dependen de hombres a menudo diferentes por sus principios básicos. Con ellos se manifiestan y se denominan asimismo doctrinas filosóficas especiales acerca del hombre como son: el existencialismo, el pragmatismo, la filosofía de la vida, etc.

¿Qué determina el desarrollo histórico de la esencia humana? De una parte, la suma de las fuerzas productivas, la tecnología alcanzada, y de otra parte las formas de comunicación social, las relaciones sociales existentes. Las dos líneas de esta doble determinación no representan sino los diversos aspectos de la creación cultural histórica del propio hombre social. Toda generación humana, toda persona en particular se encuentran ante estas fuerzas productivas y relaciones sociales como algo dado, ante el fundamento real de su práctica; no existen ni pueden existir otras premisas de ella, que todo el desarrollo histórico precedente, que la obra materializada de las generaciones anteriores.

La humanización del hombre, la esencia del hombre, no es determinada por su naturaleza biofisiológica, no tiene lugar en el curso de su maduración biológica (si bien va acompañada de ella), ni condicionada de alguna manera sobrenatural. El hombre por naturaleza, es un ser social, lo humano en el hombre, lo engendra la vida en sociedad y la cultura creada por la humanidad. En el proceso de la interacción, del aprendizaje y de la asimilación de la experiencia de las generaciones precedentes, de la iniciación en la cultura. "Conectándose" al conocimiento, a la comunicación, al trabajo, a las obligaciones profesionales, civiles, familiares, desarrolla en sí el sentimiento social, forma el carácter.
A la vez, la cognición del mundo circundante no tiene límite ni fin, ya que este mundo, inmenso e infinito, además de no tener fronteras se halla en constante desarrollo.

Nuestra cognición el mundo -no la percepción, sino la cognición- ya hace mucho y de una forma convincente e incuestionable, evidencia un solo hecho: en cada descubrimiento, en cada ley y en cada propiedad de la inagotable materia se encierran particularidades y cualidades que todavía ignoramos en la etapa dada del conocimiento.

Al contemplar desde las altura de la ciencia contemporánea el mundo que nos rodea advertimos cada vez nítidamente la esencia de sus fenómenos y entendemos mucho mejor que antes, la compleja dialéctica de su desarrollo y la profundidad de su contenido. Sin embargo, al igual que antes, inagotables, se plantean ante nosotros las cuestiones a las cuales hay que buscar respuesta. En ello reside el imperecedero encanto del conocimiento científico y filosófico.

Mejorar la calidad del pensamiento humano
Hemos iniciado el camino de un nuevo siglo, el progreso de la humanidad seguirá transcurriendo a ritmo acelerado. La historia seguirá generando cambios, transformaciones y progresos como los que se produjeron a todo lo largo del siglo XX en la vida social, política y económica, incluyendo el progreso arrollador de las ciencias naturales y de la técnica que continuarán influyendo con creciente fuerza sobre el progreso de la sociedad humana.

Esos cambios profundos y contradictorios en la vida social presentarán, sin duda, crecientes exigencias a las convicciones ideológicas, al pensamiento científico y a la cultura filosófica de las nuevas generaciones. Debido a ello, necesariamente aumentará la importancia del estudio de las ciencias y en especial crecerá sin cesar y por doquier el afán de grandes sectores sociales por estudiar la filosofía científica con su elevada calidad. Ya que en los sistemas filosóficos de Platón y Aristóteles, Bacon y Descartes, Locke y Hume, Kant y Hegel y muchos otros, la ontología -teoría del ser- La lógica -teoría de las formas, del pensamiento- y la gnoseología -teoría del conocimiento-; se estudiaban aisladamente; en ciertos casos llegaban sólo a rozarse, pero no se mantenían unidas, es decir, en un sistema único de concepciones filosóficas.

A la luz de esta típica separación, y de su contraposición mutua, la auténtica cima del pensamiento filosófico es la unidad de la dialéctica, la lógica y la teoría del conocimiento defendida por la filosofía científica del materialismo dialéctico.
Pero, también en nuestra época, en el siglo nuevo, que será de mayor progreso del pensamiento científico y filosófico, se podrán escuchar voces que pongan en tela de juicio, el derecho de la filosofía a la existencia como ciencia especial del conocimiento o, que la ignoren, degraden o deformen, en los centros de estudio, su enseñanza.

Sería erróneo pensar que la lucha de la reacción contra la ciencia es cosa de la edad Antigua y Media, porque no ha cesado en la época del capitalismo. Los capitalistas muestran interés por el avance de las "ciencias positivas": física, química, biología, matemáticas, etcétera, por cuanto ese avance se halla en relación directa con los éxitos de la técnica, de ciertas capacidades y aptitudes prácticas, pragmáticas. Pero no desean en absoluto la propagación de la filosofía científica, materialista, de una concepción científica del mundo que permita adquirir una noción exacta de cuanto ocurre en derredor, saber cómo reaccionar y qué actitud adoptar ante cada acontecimiento.

De ahí que los ideólogos de la burguesía traten de evitar las conclusiones materialistas e incluso ateas que se derivan de los descubrimiento científicos, recelosos de que eso pueda significar un peligro para su dominación. Prefieren que la onda de misticismo, fanatismo, superstición y charlatanería, se extienda por el mundo. Por ese camino será imposible cambiar la calidad del pensamiento del hombre.

Una de las corrientes idealistas más difundidas es el Positivismo de Augusto Comte (1798-1857) El positivismo pretende haber terminado con la filosofía y apoyarse no en "especulaciones abstractas", sino exclusivamente en hechos positivos. Pretende elevarse por encima del materialismo y del idealismo, y no ser ni lo uno ni lo otro. La "negación" de la filosofía constituye un subterfugio para introducir el idealismo en la ciencia.

El papel de la ciencia consistiría en describir y no explicar los hechos. Supone que la ciencia ha de renunciar a penetrar en la esencia de las cosas, limitándose a describir el aspecto exterior de los fenómenos. La teoría positivista del conocimiento encuentra también expresión en sus afirmaciones de que toda la historia de la gnoseología es una sucesión de los tres estados de la mente humana, o métodos: teológico, metafísico y positivo.

El método teológico, según Comte, representa la primera fase en el desarrollo de la mente y que aspira al conocimiento absoluto, a explicar los fenómenos observados por la acción de fuerzas sobrenaturales y divinas. Por lo tanto, presenta la religión como el primer peldaño del conocimiento científico. La segunda fase de desarrollo de la mente humana es el "método metafísico" representado por abstracciones por "esencias", metafísicas y corresponde a la filosofía. La tercera fase de desarrollo de la mente humana es el método positivo representado por las ciencias naturales. Suprime la filosofía como tal y la reduce a una simple suma de conclusiones generales de las ciencias de la naturaleza.

Algunos representantes de la filosofía actual, los neopositivistas (positivismo lógico), niegan la importancia que tiene la filosofía, para el desarrollo de la ciencia y tergiversan la esencia de la interdependencia de la ciencia y la filosofía. Al manifestarse bajo el signo del saber científico "positivo" aplicado, apartan la filosofía, de la ciencia, procurando demostrar que la ciencia no necesita filosofía alguna en general, que "la ciencia es de por sí filosofía".

B. Rusell, (1872-1969), uno de los fundadores del positivismo lógico o neopositivismo, declara que la filosofía no puede aportar ningún conocimiento nuevo acerca del mundo y que su misión se reduce a ofrecer un análisis lógico del conocimiento científico; la esencia de la filosofía reside según esto, en la lógica, entendida como una ciencia formal. También Rusell decía: "la filosofía es algo intermedio entre la teología y la ciencia. A semejanza de la teología, consta de especulaciones en torno a materias, cuyo conocimiento exacto ha sido hasta ahora inaccesible; pero a semejanza de la ciencia, apela más bien a la razón humana que a la autoridad, ya sea la autoridad de la tradición o de la revelación. Todo conocimiento exacto pertenece, a mi juicio a la ciencia; todos los dogmas, por cuanto superan el conocimiento exacto, pertenecen a la teología. Pero entre la teología y la ciencia existe una "tierra de nadie", expuesta a los ataques desde ambas partes, esta tierra de nadie es la filosofía".

R. Carnap, otro representante del neopositivismo, va todavía más allá que Rusell. Según él el análisis lógico, fundamentalmente, es el análisis del lenguaje "la lógica es sintaxis" y el cometido, de la filosofía se reduce al estudio lógico de las palabras, las proposiciones, etcétera. Así concebida la filosofía, a diferencia de la ciencia, no afirma verdades, sino que solamente enseña a expresarlas.

Pero la historia de la filosofía y de la ciencia refuta las opiniones positivistas y neopositivistas. Demuestra de manera convincente que la Ciencia y la Filosofía son inseparables.

¿Quién y para qué necesita la filosofía?
Cada hombre o mujer por muy indiferente o distante que esté de la actividad científica, de práctica y actividad política y del movimiento revolucionario, se pregunta sin embargo a sí mismo: ¿de dónde y cómo han surgido los conocimientos científicos? ¿Qué es el bien y la justicia? ¿Qué es la conciencia y cómo se forma? ¿Cómo se forman las galaxias? ¿Qué es el magnetismo? ¿Cómo está constituida y cómo funciona la memoria? ¿Cómo será el mundo en un futuro previsible? ¿Qué espera del futuro el hombre? ¿Un incendio de guerra o una vida de paz? ¿Cómo será la Tierra? ¿Un planeta lleno de vegetación y animales o el progreso científico y técnico llevará a la muerte a la naturaleza viva? Y finalmente, ¿desaparecerá la opresión, la explotación y la injusticia social o existirá eternamente?

Pocos serán los que nunca se hayan hecho tales preguntas. No se trata de mera curiosidad. La realidad misma plantea estas interrogantes constantemente. Y el hombre necesita darles contestación para determinar correctamente y de manera racional el rumbo de su actividad y su propio lugar en la vida.

Por ello, estos problemas preocupan a toda la humanidad y a cada individuo. Para responder a estas cuestiones y encontrar una solución acertada, es necesario tener conocimientos filosóficos. Por eso estas cuestiones deben y pueden ser resueltas únicamente por la filosofía.

Es urgente ampliar y fortalecer la orientación científica de los seres humanos ante la complejidad de los fenómenos naturales y sociales. Elevar su cultura general incluyendo la cultura política, con sólidos conocimientos y por esa vía desarrollar las capacidades cognoscitivas, enriquecer el mundo espiritual y ampliar su horizonte intelectual. Desarrollar en distintos grados la capacidad para hacer análisis, síntesis, observaciones, comparaciones, abstracciones y generalizaciones, así como extraer conclusiones de fenómenos particulares (deducción), o generales (inducción) Desarrollar y fortalecer firmes ideales (no ilusiones) y convicciones ideológicas y una elevada moral con sus correspondientes reglas y normas de conducta. Es decir, darle una nueva calidad al pensamiento del hombre.

La filosofía científica, que aporta una concepción del Universo como unidad, una concepción total y armónica del mundo, permite al hombre de ciencia, al investigador social, al naturalista, al economista, al ingeniero, al químico, al político, al historiador, al literato, al cibernético, al pedagogo, etcétera, en cualquier rama de la ciencia, enfocar con un horizonte visual e intelectual, más amplio todos los problemas por él estudiados o llevados a la práctica. Y ello, le ayuda a sobreponerse, en su modo de abordar el objeto estudiado a la unilateralidad a la que inevitablemente propenden las ciencias especiales.

Por mucho que avancen en su desarrollo las ciencias particulares, por mucho que se ramifique el árbol de la ciencia, la filosofía jamás perderá su razón de ser.
Con la ayuda de la ciencia filosófica -como ciencia de los fenómenos generales- y de las ciencias particulares, la humanidad ejerce su dominio sobre las fuerzas de la naturaleza, aprende a desplegar la previsión; desarrolla la producción de bienes materiales y espirituales y transforma las relaciones sociales. La ciencia filosófica coadyuva a la elaboración de la concepción el mundo, de la sociedad y del pensamiento, libera al hombre de prejuicios, temores y supersticiones y perfecciona sus facultades mentales, lo libera de la enajenación y de la alienación.
 

Pero cuidado, la ciencia es en su historia una lucha constante de los científicos y filósofos avanzados contra la ignorancia y la superstición, contra la reacción en política y en el campo de las ideas. Se puede decir que desde que surge la filosofía tratando de ser una concepción del mundo más o menos completa, hubo como las hay ahora, fuerzas a quienes perjudica la plena comprensión del mundo y por lo tanto la difusión de las concepciones científicas avanzadas. Unas veces los retardatarios se opusieron abiertamente contra la ciencia (la consideraban cosa del "diablo". Detrás de los dioses estaba la fe irracional y esta fe no da lugar para la duda), y persiguieron con odio a los sabios y filósofos progresistas, sin que se detuvieran ni ante la prisión o el crimen; otras veces, se esforzaron por deformar los descubrimientos científicos despojándolos de su contenido científico materialista progresivo.

Los aristócratas reaccionarios destruían en la antigua Grecia las obras de Demócrito. Epicuro exaltado en la antigüedad como héroe que quitó a los hombres el miedo a los dioses y glorificó la ciencia, durante dos mil años sufrió el anatema de "padres" de la Iglesia, que lo representaban como un hombre que sembraba el libertinaje y era enemigo de la moral. Más tarde la Inquisición creada por la Iglesia para combatir con toda saña a los pensadores avanzados, llevó a la hoguera, a las cárceles y persiguió a muchos filósofos y científicos. (G. Bruno, M. Servet, etc.)
 

Voltaire, el famoso filósofo francés del siglo XVIII, estuvo recluido en la Bastilla, y la misma suerte corrió Diderot, filósofo materialista de aquel tiempo, etc.
La moderna burguesía, no quema en la hoguera a los científicos y filósofos avanzados, pero recurre a otros procedimientos -más sofisticados- para impedir que en los seres humanos se forme una concepción científica del mundo. Así, difunde y fortalece todo lo que mantenga abotagado el pensamiento de los hombres y da nueva vida a las ficciones, ilusiones y fantasmas que la alterada e ingenua imaginación y fantasía del hombre del pasado creó acerca de los fenómenos de la naturaleza y de la sociedad, que no podía explicarse ni comprender, y de esa manera la clase dominante presiona sobre la conciencia de los hombres de hoy, impidiendo que adquieran una concepción racional acerca del mundo y de la vida.

Finalmente recordaremos que estudiando, conociendo, comprendiendo y utilizando la filosofía científica, se reduce, baja nuestro coeficiente de ignorancia.

Bibliografía

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