|
En el siglo XX el desarrollo de la ciencia política sigue de cerca
la suerte de las ciencias sociales y soporta su influjo ya sea
porque utiliza el modo de aproximarse al análisis del fenómeno
político (o approach) o bien porque hace suyo el uso de ciertas
técnicas de investigación. El país en el cual la ciencia política
como ciencia empírica ha sido cultivada con mayor intensidad,
Estados Unidos, ha sido justamente el lugar en el que las ciencias
sociales han tenido en los últimos años un mayor desarrollo. En ello
se advierte un pasaje al punto de vista "conductista" según el cual
el elemento simple que debe presidir todo estudio de la política que
pretenda hacer un legítimo y fecundo uso de la metodología de las
ciencias empíricas es el comportamiento de los individuos y de los
grupos que actúan políticamente, como por ejemplo el voto, la
participación en la vida de un partido, la búsqueda de una clientela
electoral, la formación del proceso de decisión a los más diversos
niveles, etc. Respecto de la técnica de investigación se produce un
pasaje también decisivo del uso exclusivo de la recolección de datos
de la documentación histórica, al empleo cada vez más frecuente de
la investigación por sondeo o por entrevista, asociado al
conductismo en general y a la sociología en particular, con lo cual
se evidencia un marcado crecimiento del uso de métodos
cuantitativos.
III. Sus condiciones de desarrollo
En confrontación con los estudios políticos del pasado el estado
presente de la ciencia política se caracteriza por la disponibilidad
de un número de datos incomparablemente mayor que aquellos de los
cuales podían hacer uso los estudiosos del pasado. Karl Deutsch
enumera nueve especies de datos desarrollados por los politólogos en
los últimos años o puestos a su disposición: 1) sobre elites; 2)
sobre las opiniones de las masas; 3) sobre el comportamiento del
voto de los electores y de los miembros del parlamento; 4) los
llamados datos agregados obtenidos a través de estadísticas
relevantes para el estudio de los fenómenos políticos; 5) datos
históricos; 6) datos producidos por otras ciencias sociales sobre
las condiciones y los efectos de las comunicaciones; 7) datos
secundarios derivados de nuevos procedimientos analíticos; 8)
matemáticos y 9) estadísticos y de programas de computadoras. Para
darse cuenta de la real entidad de los nuevos datos a disposición
actual de los politólogos, cabe destacar que éstos, a su vez, pueden
ser discriminados por países. En otra palabras: la ampliación
intensiva de los datos se realiza simultáneamente con la ampliación
extensiva.
Este rápido crecimiento extensivo es lo que permite un fuerte
desarrollo del análisis comparativo entre regímenes de los más
diversos países, favoreciéndose los estudios de política comparada.
Aunque en rigor de verdad la política comparada no es un novedad
(Aristóteles es considerado el padre del análisis comparativo), lo
que sí resulta novedoso es la cantidad de datos a disposición. No
obstante, la excesiva fe depositada en este particular método de
investigación significa una subestimación de otros métodos cuya
ingerencia -a la hora de establecer una investigación científica- no
puede ser entendida como menor. En este sentido, la política
comparada erigida como una suerte de "método monopólico", a expensas
del método experimental, el método histórico, y el método
estadístico, niega el hecho de que la política comparada no sólo no
tiene la exclusividad de la comparación (en el sentido que los
politólogos comparatistas intentan imprimir a la investigación) sino
que tampoco se identifica con ella (en el sentido de que los
politólogos comparatistas hacen solamente comparaciones).
IV. Las principales operaciones de la ciencia política
La creciente acumulación y diversidad de datos permite a la ciencia
política contemporánea proceder con mayor rigor en el cumplimiento
de las operaciones y en el logro de los resultados que son propios
de la ciencia empírica: clasificación (Weber y la tripartición de
las formas de poder legítimo); formulación de generalizaciones y
consecuente formación de conceptos generales (la formulación del
concepto de poder); determinación de leyes, al menos leyes
estadísticas o probabilísticas (como la hipótesis de que a un
estadio de desarrollo económico-social corresponde un determinado
estadio de desarrollo político), de tendencia (Marx y Engels con su
enunciado de la gradual extinción del estado en el llamado "estado
de transición"), de regularidad o uniformidad (teoría de las elites,
y que a partir de Michels se elevó a ley: "ley de hierro de la
oligarquía" ), elaboración (o propuesta) de teoría (Easton, Almond y
la noción de sistema político).
V. Explicaciones y previsiones
A través de esta serie de operaciones que van desde la clasificación
a la formulación de generalizaciones, de uniformidad, de leyes de
tendencia y de teoría -operaciones que la acumulación creciente de
datos torna siempre más fecunda pero en general más difícil-, la
ciencia política persigue su objetivo, que es el propio de toda
búsqueda que ambiciona el reconocimiento del estatus de ciencia
(empírica), esto es de explicar y no solamente describir los
fenómenos que tiene por objeto. Esta evolución, de alguna manera, ha
puesto en crisis al tipo de explicación predominante fundado en la
búsqueda de uno o pocos "factores", alentando a los investigadores a
tener en cuenta una notable pluralidad de variables significativas,
cuyas interrelaciones pueden ser analizadas confiando en el cálculo
estadístico. Las explicaciones tradicionales son refutadas por su
carácter simplista en la medida que no tienen en cuenta la
multiplicidad de factores que interactúan, pero, precisamente como
consecuencia de esta reconocida multiplicidad, el proceso
explicativo deviene siempre más complejo y sus resultados aparecen
al menos hasta ahora siempre más inciertos.
El proceso de explicación está estrechamente conectado con el de
previsión, aunque sea posible una explicación que no permita la
previsión y una previsión no fundada en una explicación: se explica
generalmente para prever. La previsión es el principal objetivo
práctico de la ciencia (así como la explicación es el principal
objetivo teórico). Desgraciadamente, cuando el proceso de
explicación es incompleto no se puede hablar de previsión científica
sino en el mejor de los casos de conjetura o, peor aún, de profecía.
Se puede añadir que en las ciencias sociales, que tienen por objeto
comportamientos humanos, es decir un ser que es capaz de reacciones
emotivas y de elecciones racionales, se verifica el doble fenómeno
bien conocido de la previsión que se autodestruye (profecía
verdadera que no se realiza) o que se autosatisface (profecía falsa
que se realiza).
VI. Dificultades propias de la ciencia política
En lo que respecta a la clasificación de la ciencia con base en la
complejidad creciente, la ciencia política se encuentra ante
profundas dificultades: en cuanto el sistema político es un
subsistema respecto del sistema social general, la ciencia política
presupone la ciencia general de la sociedad (un partido política,
antes de ser una asociación política, es una asociación); en cuanto
que el subsistema político tiene la función primaria de permitir la
estabilización y el desarrollo de un determinado subsistema
económico, y la coexistencia o integración del subsistema económico
con determinados subsistemas culturales, la ciencia política no
puede prescindir de la ciencia económica mientras que ésta sí puede
desechar a aquella; tampoco puede prescindir de los subsistemas
culturales (considérese la importancia que tiene para los estudios
de política, por ejemplo, el problema de los "intelectuales" y de
las ideologías).
La ciencia política es además una disciplina histórica, o sea una
forma de saber cuyo objeto se desarrolla en el tiempo y está en
continua transformación: lo que hace imposible de hecho la
experimentación (no se puede reproducir una revuelta de campesinos).
En fin, la ciencia política, en cuanto ciencia del hombre, del
comportamiento humano, tiene en común con todas las otras ciencias
humanas dificultades específicas que derivan de algunas
características de la acción humana, de las cuales tres son
particularmente relevantes: a) el hombre es un animal teleológico
que cumple acciones y se sirve de cosas útiles para el logro de
fines no siempre declarados y frecuentemente inconscientes: se puede
asignar un significado a la acción humana sólo si se logra conocer
el fin, de donde la importancia que tiene en el estudio de la acción
humana el conocimiento de las motivaciones (ninguna ciencia social,
y por lo tanto, tampoco la ciencia política, puede prescindir del
aporte de la psicología); el hombre es un animal simbólico que se
comunica con sus semejantes mediante símbolos (el más importante de
los cuales es el lenguaje): el conocimiento del hacer humano
requiere el desciframiento e interpretación de estos símbolos, cuyo
significado es casi siempre incierto, a veces ignoto y
reconstructible sólo por conjeturas (las lenguas muertas o
primitivas); c) el hombre es un animal ideológico, que se sirve de
valores vigentes en el sistema cultural en que está inserto para
racionalizar su propio comportamiento, que hace uso de motivaciones
distintas de las reales a los efectos de justificarse o de obtener
consenso, y de allí la importancia que asume en la investigación
social y política la tarea de develamiento de lo que está oculto,
esto es el análisis y al crítica de la ideología.
VII. El problema de la avaloración
Si una forma de saber está más cercana al ideal-límite de la
cientificidad cuanto más logra eliminar la intrusión de juicios de
valor (la llamada "avaloración"), la ciencia política está
ciertamente entre aquellas ciencias en que la avaloración se
presenta como más difícil de lograr. Cuando se habla de avaloración
no se hace referencia ni a la valoración que preside la elección del
argumento por estudiar (elección que puede depender muy bien de una
preferencia política) ni la valoración que el investigador puede
sacar de los resultados de la investigación a los fines de reforzar
o debilitar un determinado programa político (en eso consiste la
función crítica o prescriptiva a la que la ciencia política no puede
renunciar). Se hace aquí referencia a la suspensión de los propios
juicios de valor durante la investigación para evitar de esa manera
ser influida y perder objetividad. Es necesario tener siempre
presente la distinción entre la ciencia como operación humana
social, que en cuanto tal es asumida y utilizada para objetivos
sociales, y los procedimientos prescritos para el mejor cumplimiento
de esta operación, entre los cuales ocupa un puesto importante la
abstención de juicios de valor. La avaloración, que es garantía de
objetividad (sólo el carácter de objetividad asegura a la ciencia su
característica función social), es perfectamente compatible con el
compromiso ético y político respecto del argumento previamente
elegido o de los resultados de la investigación, que garantiza la
relevancia de la empresa científica. El peligro de que una
investigación en la que el investigador está demasiado empeñado
carezca de objetividad no es menos grave que el peligro inverso,
esto es que una investigación perfectamente objetiva carezca de
relevancia. Es realmente deplorable la confusión entre objetividad e
indiferencia: la objetividad es un requisito esencial de la ciencia;
la indiferencia es una actitud -no provechosa para la buena
investigación científica- del hombre de ciencia.
En consecuencia, la tarea más urgente y al mismo tiempo más
comprometida en lo que respecta a esta fase de la ciencia política
es la de someter a análisis y, eventualmente, de poner en cuestión
la propia ideología, examinando su significado histórico y actual, y
poniendo de relieve los límites y sus condiciones de práctica. |