Ciencias Políticas
La Polis griega / The polis greek

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. The Greeks - The Polis (English) - H.D.F. Kitto
. Polis
(English)


La Polis
(Español) - Alberto Bonini

En general, cuando se refiere al análisis de la polis, se tiende a utilizar tan sólo una parte de su real concepción. Aunque la experiencia de Atenas fue la más significativa, el concepto de polis engloba otras alternativas.


NOCIÓN DE POLIS Y ACLARACIONES SOBRE LA PERSISTENCIA HISTÓRICA Y SOBRE LA DIFUSIÓN GEOGRÁFICA DE LA CIUDAD-ESTADO

Por p. se entiende una ciudad autónoma y soberana, cuyo cuadro institucional está caracterizado por una magistratura (o por una serie de magistraturas), por un consejo y por una asamblea de ciudadanos (politai).

La noción anticipada (en cuya formulación concurren categorías jurídicas de laguna manera extrañas al espíritu griego) es en realidad el fruto de un proceso de abstracción de situaciones históricas muy diferentes entre sí. Es suficiente decir que se puede hablar de p. en Grecia con referencia tanto a los regímenes oligárquicos (típicos de los siglos VIII-VI) pero que se encuentran también en los siglos posteriores), como en los regímenes democráticos (que se encuentran a partir del siglo VI más o menos). Por otra parte el fenómeno de la ciudad-estado no se agota en el mundo griego, es decir en el territorio de la Hélade y en las regiones colonizadas por los griegos en oriente y occidente (como la Magna Grecia). En efecto, también Roma en sus orígenes, y por un largo período, es una ciudad-estado; aquí nos limitaremos sin embargo a tratar los acontecimientos fundamentales de la p. por antonomasia, vale decir, la griega.

ORÍGENES DE LA POLIS EN GRECIA Y SUS CARACTERÍSTICAS FUNDAMENTALES

Los momentos más oscuros de la historia de la p. son los de los orígenes, es decir el período de su afirmación como estructura política propia del mundo griego. En esta materia existen opiniones muy diversas: algunos autores fijan el nacimiento de la p. alrededor del 500 a.C.; otros hacen remontar el fenómeno a la época monárquica (como se describe en los poemas homéricos). Obviamente, estas divergencias son el fruto de las distintas perspectivas en que se ubican los estudiosos; pero hay que reconocer que de todas maneras el problema no es de fácil solución. Uno de los mayores obstáculos para una precisa determinación de las circunstancias históricas que favorecen el surgimiento de la poleis lo representa la vexata quaestio de la invasión dórica; según una corriente de estudiosos serían justamente los dorios, otro pueblo de origen indoeuropeo y de estirpe helénica, pero más joven y militarmente más fuerte, los que sometieron a los aqueos, ya asentados en el territorio de la Hélade y regidos con monarquía. En la consiguiente caída del régimen monárquico y en la instauración del régimen oligárquico habría nacido una nueva organización política, es decir, la p. Otra corriente de estudiosos no considera digna de fe la tradición de la llegada de los dorios (que sería un nuevo nombre de los aqueos, que éstos reciben en el momento de su expansión en otros lugares). También según esta segunda tesis la p. habría de todos modos surgido en el momento del paso de la monarquía a la oligarquía; la misma, sin embargo, se habría afirmado sin la intervención de factores exteriores, es decir por el simple efecto del predominio del a nobleza militar sobre el poder monárquico (predominio que se generaliza en el curso del siglo VII y que reduce el basileus, cuando no lo elimina, a simple órgano del estado o a rex sacrificulus).

Con esta premisa es útil fijar algunos puntos esenciales para la comprensión del desarrollo histórico. El primero se refiere a la particular configuración orográfica de Grecia, que sin duda favorecía la formación de pequeños estados, constituidos por un distrito, en general de pequeñas dimensiones, y por una campiña aledaña, también de reducidas proporciones.

El segundo punto se refiere a las relaciones entre p. y organismos políticos menores; estos últimos, además de la familia en sentido estricto, son más precisamente, en orden creciente de amplitud, el ghenos (es decir el conjunto de aquellos que están vinculados por un origen familiar común), la fratría (asociación de familias con tareas de defensa común y de asistencia, y con sus propios cultos), y la tribu (conjunto de fratrías que en la ausencia de un poder estatal eficiente termina asumiendo deberes de gran importancia). La p. se habría formado justamente con el reconocimiento de una autoridad superior a la de los organismos mencionados. Debe también decirse que cada uno de estos organismos, y en particular del ghenos, se discute la anterioridad respecto de la p.; pero puede también agregarse que por lo menos una parte de la misma tradición política griega considera los orígenes de la p. de la manera que se ha expuesto hasta ahora.

El tercer punto, vinculado con el precedente, afecta la calidad y la cantidad de las funciones asumidas por la ciudad-estado; en efecto, resulta claro que la superposición de la p. a los organismos menores no podía significar la inmediata supresión de todas las funciones que éstos habían desempeñado hasta el momento. Muchos institutos conservaron por mucho tiempo las huellas de su origen en los organismos preestatales: piénsese por ejemplo en la represión del homicidio que, habiendo sido en un tiempo confiada a los organismos menores, permanece luego subordinada al ejercicio de una acción penal privada (es decir sin ninguna intervención del os órganos estatales). También el derecho de familia quedó esencialmente libre de injerencias de la p.; es decir que se conservaron las normas vigentes en los ordenamientos menores y el estado se limitó a pretender su observancia.

El último punto se refiere a las relaciones entre poleis. Hay que decir, en este sentido, que las ciudades griegas estuvieron ligadas desde la época más antigua por vínculos de carácter sagrado, en el sentido de que los grupos de poleis se reunían alrededor de un célebre santuario. Estas ligas sagradas o anfictionías (de las cuales la más importantes es la de Delfos en la Fócida) jamás lograron, sin embargo, actuar en favor de una unificación política de Grecia. Se formaron, es cierto, unidades cantonales ligadas por un vínculo federativo; pero la renuncia a las prerrogativas soberanas, o aun sólo a un ap arte de las mismas, les pareció a cada una de las poleis un sacrificio demasiado grave. La más significativa de las confederaciones es la peloponésica, también porque el peligro de la hegemonía de una de las ciudades adherentes (peligro que los griegos sentían de manera particular) se realizó aquí plenamente, y el predominio de Esparta, en un primer momento sólo en el plano de los hechos, fue luego reconocido incluso formalmente. Uniones de ciudades aun más amplias se realizaron excepcionalmente en caso de peligro de invasiones exteriores; de ese modo la amenaza persa tuvo el poder, en el 481 a.C., de reunir por lo menos momentáneamente a Atenas y a Esparta, tradicionalmente rivales. Pero, puede concluirse, a la unidad de la cultura griega no correspondió, en la época de la poleis, una visión unitaria (vale decir nacional) en el plano político.

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LA POLIS OLIGÁRQUICA

Delineados de ese modo, aun sumariamente y según las tesis más tradicionales, los problemas de origen, y fijados los puntos fundamentales para la comprensión del desarrollo histórico, podemos ahora hablar brevemente de la p. oligárquica.

En este sentido sabemos ya que la superación de las instituciones monárquicas se produjo con el predominio de la nobleza militar; por esta razón justamente el nuevo ordenamiento de la p. se llamó aristocrático. Pero los cambios económicos que se verificaron a partir del siglo VIII, con la difusión del comercio marítimo, tuvieron como resultado la formación de una rica burguesía ciudadana e influyeron también sobre le gobierno de la ciudad. Sustancialmente, los que se habían enriquecido, y que habían empleado sus recursos financieros en la adquisición de terrenos, tuvieron poco a poco la posibilidad de tomar parte más activamente en la vida política. Nace de ese modo la oligarquía timocrática, o plutocrática, en el sentido de que el acceso a los cargos públicos está vinculado al alcance de un determinado patrimonio, generalmente muy elevado.

La tipología de las ciudades oligárquicas es muy variada y destinada a evolucionar en el tiempo. Por esta razón sólo en el plano lógico Aristóteles (Pol. IV, 5, 1 y 6-8) podía distinguir cuatro formas (es decir una primera forma en la cual el patrimonio para participar en el gobierno era bastante bajo, de modo que las magistraturas eran accesibles para la mayoría; una segunda en la cual el patrimonio necesario era más alto y los magistrados eran elegidos por cooptación; una tercera en la cual el patrimonio exigido era aun mayor y los cargos se trasmitían por vía hereditaria, y, en fin, una cuarta, en la cual se forma inclusive una "dinastía", preeminente por riquezas y no sometida a la ley, como los otros tipos de oligarquía.

En lo que se refiere a los órganos de la ciudad oligárquica, éstos son los mismos que se encontrarán en la ciudad democrática y que se han enumerado precedentemente.

La diferencia fundamental entre los dos regímenes no consiste en el número de estos órganos sino más bien en la gama de poderes que se les atribuyen. En la práctica en la p. oligárquica era menor en el peso político, y también jurídico, de la asamblea de los ciudadanos (especialmente cuando el número de los mismos era muy elevado), mientras que el consejo y los magistrados tenían mayores poderes. Si por ejemplo tomamos el ordenamiento constitucional de Esparta, que permaneció siempre como la típica ciudad oligárquica, nos damos cuenta inmediatamente de que, por lo menos a partir de una cierta época (pasada la mitad del siglo VII, la Apella, es decir la asamblea, tuvo poderes casi exclusivamente formales (salvo en lo que se refiere, como veremos, a la elección de los efori.

Amplios poderes, para los negocios interiores como para las relaciones exteriores, le correspondían en cambio a la gherousia, que estaba formada por veintiocho miembros elegidos de por vida de la asamblea entre aquellos que habían cumplido los sesenta años. De la gherousia formaban parte también los dos reyes, o diarcas, de manera tal de llevar el número total de sus miembros a treinta; los diarcas eran obviamente un residuo, más resistente en Esparta que en otras partes, de la antigua monarquía, y en sus orígenes tenían funciones de gran relieve (que progresivamente irán perdiendo en favor de otros órganos).

No hay dudas de que bajo el perfil jurídico también el consejo era una verdadera magistratura (más aún, los griegos lo consideraban la magistratura más elevada); sin embargo, también por necesidades de división del trabajo (y por lo tanto de especialización), y de preparación de la actividad del consejo, aparecieron sucesivamente otros magistrados (que en el caso específico de Esparta son los cinco efori). Estos magistrados, justamente porque eran elegidos cada año por la Apella, representaron sin duda un órgano más cercano a la voluntad popular (y aumentaron cada vez más sus poderes, al comienzo de control, en perjuicio de los diarcas). Sin embargo se trató siempre de una magistratura muy discutida a la cual se imputaba sobre todo la traición a sus orígenes populares y la tendencia a un poder absoluto. También por este motivo puede decirse que la constitución espartana (tradicionalmente atribuida al legislador Licurgo, en el que por otra parta la crítica moderna ve sólo una figura mítica), permaneció siempre tendencialmente oligárquica.

LA TIRANÍA Y EL NACIMIENTO DE LA POLIS DEMOCRÁTICA

En el curso del siglo VI se verificó en muchas ciudades griegas un profundo cambio político. Respecto de esto es necesario considerar que en el paso de la oligarquía aristocrática a la timocrática no siempre y no toda la clase media, es decir lo que entonces se llamaba demos, había encontrado reconocimientos políticos adecuados. Si bien ya desde hacía bastante tiempo la burguesía ofrecía una esencial contribución al ejército citadino, que en la transformación del ejército de caballeros en el ejército de hoplitas, es decir de infantes, había justamente recurrido a todos aquellos que eran capaces de procurarse personalmente una armadura (indudablemente menos cara que el mantenimiento de un caballo). A esto debe agregarse que por debajo de la clase media existía un amplio estrato de desposeídos, vale decir una base tendencialmente disponible en una lucha de facciones o incluso de clases. Respecto de esta masa de (pequeños) burgueses y de desposeídos se colocaban algunos objetivos inmediatos (como la codificación de las normas consuetudinarias) y otros en una perspectiva más lejana. Para alcanzar estos objetivos, o parte de los mismos, a las clases inferiores se les presentaba la alternativa entre un acuerdo con las clases dominantes (y a este fin responden los nombramientos de esimneti, o pacificadores, y también de legisladores) y viceversa, el apoyo a un jefe capaz de desplazar el eje del poder político. La elección de un jefe de ese tipo (con frecuencia perteneciente a las clases más ricas) daba lugar a la "tiranía", institución aborrecida por el pensamiento político griego (sobre todo porque el tirano tendía a afirmar a toda costa su poder personal), pero a la cual puede reconocérsele una precisa función en el paso de la oligarquía a la democracia.

Como es fácil entender, el advenimiento de la democracia implicaba en primer lugar la atribución del máximo o poder político a la asamblea y llevaba consigo nuevos criterios para la elección de los magistrados (hasta la atribución de las magistraturas por sorteo). En este punto debe precisarse que también la idea democrática encontró una amplia y explícita oposición intelectual. De Sócrates a Platón y Aristóteles, si bien con distintos matices, la condena del individualismo vinculado con la idea democrática y la aversión a la omnipotencia de la asamblea (que frecuentemente terminaba gobernando por medio de decretos y no según la ley), representa en efecto una de las constantes del pensamiento político. Limitándonos a Aristóteles puede observarse que él destaca repetidamente el riesgo de una degeneración de la democracia en demagogia; riesgo mucho más grave en cuanto ya la democracia es considerada una degeneración de la politia, es decir de aquella óptima forma de constitución en la que gobernaba la mayoría, pero en el interés de todos y no de una sola clase social, aunque sea la más numerosa. Aristóteles (Pol. IV, 4, 2-7, y también IV. 5, 3-5) distingue cinco formas de democracia: la primera es aquella en la que la clase de los ricos y los pobres están por la ley en un plano de igualdad (aun si, siendo más numerosos los pobres, el gobierno de la ciudad tocara inevitablemente a éstos, con la implícita consecuencia de una política de clase); la segunda es aquella en la cual para presentarse a las magistraturas es necesario un patrimonio, pero muy bajo; la tercera es aquella en la cual los cargos son accesibles a todos los ciudadanos de nacimiento incensurable; la cuarta es aquella en la cual todos los ciudadanos pueden aspirar a los cargos; la quinta es aquella en la cual siendo soberana no la ley (como en las formas precedentes) sino la masa (es decir la asamblea) se produce justamente el fenómeno de la demagogia (tanto que Aristóteles termina por adherir a la opinión de aquellos que ven en este último caso inclusive la ausencia de una constitución ciudadana).

LA CONSTITUCIÓN DEMOCRÁTICA DE ATENAS EN SUS PRINCIPALES INSTITUCIONES Y MOMENTOS HISTÓRICOS

En contraposición a Esparta, Atenas es la ciudad democrática por antonomasia. La constitución democrática de Atenas se formó seguramente por grados; la tradición ha destacado por esta razón algunos momentos fundamentales, vinculados con las mayores personalidades políticas.

Dejando de lado a Dracón, en el que la crítica moderna tiende a ver no al autor de una constitución sino más bien de una codificación del derecho, la primera figura de gran importancia en la historia de la democracia ateniense es sin duda la de Solón. Solón obtuvo el arcontado (que era la magistratura epónima) en 594-593, con el encargo de reordenar la constitución y de eliminar los contrastes entre las clases en lucha. En efecto, elaboró toda una serie de medidas: en primer lugar abolió con efecto retroactivo la servidumbre por deudas (y declaró también la nulidad de las hipotecas sobre los bienes indispensables para la vida del deudor), pero, al mismo tiempo, se negó a autorizar nuevas distribuciones de tierras; en segundo lugar, y en un plano más directamente constitucional, procedió con base en las distinciones ya existentes, a la división de los ciudadanos en cuatro clases (la de los pentakosiomedimnos, de los hippeis, de los zeugitai y de los thetes), atribuyendo luego el electorado pasivo sólo a las tres primeras clases (y para ciertas magistraturas sólo a la primera y a la segunda clase) y el electorado activo a todos los ciudadanos indistintamente; en fin, también en un plano constitucional, dio vida a nuevos órganos, como la heliea, o tribunal del pueblo, cuyos miembros se elegían por sorteo entre todos los ciudadanos, y bajo cuya competencia recaían las acusaciones públicas.

La valoración de la actividad de Solón y de su línea política siempre ha interesado mucho a la historiografia moderna; entre las interpretaciones extremas de Solón como fundador de la democracia ateniense o, viceversa, como simple conservador iluminado, el juicio más frecuente y equilibrado es aquel según el cual él realizó una revolución moderada, no todavía en sentido plenamente democrático, pero seguramente preparatorio de la democracia.

Después de Solón, Atenas conoció muchos años de luchas civiles, y luego largos años de tiranía con Pisístrato y con su hijo Hipias. Se trató no obstante de una tiranía bastante respetuosa de la constitución. Luego de la caída del gobierno de Hipias (que había sido provocada por los aristócratas con la ayuda de los espartanos) surgió otra figura de gran relieve: Clístenes. También él era un aristócrata (como por otra parte lo era Solón), pero su acción política y sus reformas (que comenzaron alrededor de 510), después de su nombramiento como arconte) fueron dirigidas claramente a favor del demos. Clístenes dividió el país en diez tribus territoriales; cada tribu estaba formada por tres distritos (o trittys), y cada uno de esos distritos, a su vez, por distritos menores (o demos). Esto no sólo quebró los derechos que eran naturales de las antiguas tribus gentilicias sino que constituyó también la base para la instauración de un nuevo órgano, la bulé de los Quinientos, en la cual participaban cincuenta ciudadanos sorteados por cada tribu: la bulé, magistratura colegial, se convirtió en el máximo órgano administrativo de la ciudad y tuvo también una función probuleumata que comportaba la redacción de la orden del día de la asamblea popular.

Por lo demás Clístenes no modificó sustancialmente la constitución de Solón; debe señalarse sin embargo la creación de la institución del ostracismo que aumentó aún más los poderes de la asamblea popular (si bien los estudiosos no están todos de acuerdo en la atribución del instituto a Clístenes).

La constitución de Clístenes permaneció prácticamente invariable pro varios decenios, hasta el advenimiento de Pericles; una de las novedades más importantes de este período (aunque marcado por eventos como las guerras persas y las renovadas divergencias entre los partidos) es la reforma del sistema de nombramiento de los arcontes, elegidos en ese entonces por sorteo (aun cuando esta novedad coincidió con una disminución de importancia del arcontado, y con el aumento de influencia de la estrategia, magistratura creada por Pisístrato y destinada a convertirse en la más importante de la ciudad). Otra innovación de relieve fue la reducción de la competencia del Areópago (órgano naturalmente conservador, ya que estaba compuesto por miembros elegidos de por vida) sólo a los homicidios premeditados, realizada por Efialtes en 461 a.C.

La era de Pericles, que comenzó en 460 con su primer elección como estratega, fue marcada por una compleja e intensa relación entre quien representaba una especie de jefe de gobierno (en cuanto reelegido estratega de la asamblea alrededor de treinta veces) y la misma asamblea popular. Las innovaciones de este período son en efecto muy indicativas: por un lado se introdujo la acusación pública de paranomia, que se puede experimentar contra quien propone un decreto en divergencia con las leyes (con el claro objetivo de disminuir el peligro de continuas abrogaciones a la ley por parte de la asamblea); por otra parte se concedió una indemnización (mistoforia) a aquellos que cubrína un cargo público (con el fin evidente de permitir también a los menos ricos, ya admitidos al sorteo para las magistraturas, la participación en el gobierno de la polis).

Durante el predominio de Pericles comenzó también la guerra del Peloponeso que opuso principalmente a Atenas contra Esparta, haciendo luego estallar de manera violenta también la divergencia entre democráticos y oligárquicos dentro de cada una de las ciudades. Se produjo de ese modo un temporal retorno a la oligarquía en Atenas: el mayor episodio en este sentido fue el gobierno de los Treinta. La restauración del régimen democrático se realizó en 403, con el retorno a la constitución de Clístenes y de Pericles; el régimen democrático, aun entre los continuos conflictos entre poleis y entre clases sociales, fue sólido en Atenas hasta el 338, es decir hasta la batalla de Queronea (que marcó, como se sabe, el predominio de los macedonios sobre los griegos).

ASPECTOS SALIENTES DE LA DEMOCRACIA ATENIENSE

La constitución democrática de Atenas ha sido juzgada de distintos modos incluso por los mismos griegos (como habíamos ya dicho), y luego por los estudiosos modernos. Más allá de las polémicas no hay duda de que el régimen democrático ateniense presentó muchos aspectos positivos (y todavía dignos de meditación); pero hay que reconocer que la exasperación de algunos principios implicó significativos inconvenientes. Se hace necesario, a título puramente ejemplificativo, señalar algunos puntos. El primero de ellos (crucial para toda valoración de un régimen político y de un ordenamiento jurídico) se refiere a lo que en la actualidad se llama poder judicial. Si por un lado tenemos presente la composición del máximo tribunal de la Atenas democrática (la heliea en la cual todos los ciudadanos tenían derecho a participar), y por el otro la no figuración del estado como persona jurídica, vemos inmediatamente que no puede hablarse de poder judicial en el sentido moderno (y mucho menos de separación de poderes); en sustancia, el ciudadano, participando en el desempeño de las funciones judiciales, participa directamente en la soberanía de la p. (entendida como sociedad de politai). Resulta claro que la no profesionalidad del juez puede presentar algunas ventajas, sobre todo porque evita que el cuerpo judicial tienda a aislarse como una "casta" (casi siempre custodia de ordenamientos superados); pero no puede desconocerse que abre también el camino a la incompetencia y en algunos casos a la corrupción. Otro punto significativo lo representa la relación entre ley y decreto (en el sentido, completamente griego, de deliberación de la asamblea), en un ordenamiento constitucional en la cual la asamblea popular ocupa un puesto de gran importancia. Es evidente que la asamblea tenderá con frecuencia a modificar la ley existente mediante una simple deliberación, es decir sin haber abrogado antes la ley vigente. Justamente para evitar una continua inversión del ordenamiento jurídico (inclusive las mismas normas constitucionales) se crean algunos remedios, y en primer lugar la ya recordada acusación pública de paranomia (que se debía presentar a la heliea. Más allá de los remedios estaba siempre, sin embargo, la realidad de una asamblea numerosa, en la cual funcionaban bien las presiones momentáneas, y en la cual la legalidad, para ser salvaguardada, tenía necesidad de encontrar defensores.

LA VICTORIA MACEDONIA Y EL FIN DE LA POLIS.

La democracia, restaurada en Atenas a fines del siglo V a.C. encuentra en el siglo IV su decadencia. Como destacan los mismos griegos, las causas de la decadencia pueden reducirse a una sola, es decir al predominio del individualismo más desenfrenado, de modo tal que hasta la participación en la asamblea no se entiende más como contribución al bien común sino como medio para obtener beneficios personales. Por otra parte es muy significativo que el misthos lo pague el estado no sólo a los titulares de una magistratura sino también a los simples participantes de la asamblea. Es la señal más evidente de un clima político cambiado, pero el cuadro general es aún más rico de elementos negativos. En la asamblea participan ahora sobre todo los desposeídos; esto sin embargo basta para poner en crisis los recursos de un estado en el que las magistraturas financieras son cada día más importantes. Se configura cada vez más la inclinación de una parte considerable del pensamiento político hacia el régimen monárquico, al cual únicamente se le daba crédito en cuanto a la posibilidad de traer orden nuevamente al estado.

Las guerras contra los macedonios aceleran este proceso de decadencia; las condiciones de paz impuestas por Filipo II, con la creación de la liga de Corinto, dan gran contribución a la afirmación de la idea panhelénica. En ese entonces puede considerarse terminada la época de la ciudad-estado griega, aun sin formalmente continúan subsistiendo las poleis y sus particulares ordenamientos. El nuevo ideal político es decididamente, para muchos, el monárquico.

Fuente: Norberto Bobbio, Nicola Matteucci y Gianfranco Pasquino: Diccionario de Política. Siglo Veintiuno Editores


The Greeks - The Polis - H.D.F. Kitto

"The polis was a community, and that its affairs were the affairs of all." p. 71

"Individuals are lawless, but the polis will see to it that wrongs are redressed. But not by an elaborate machinery of state-justice, for such a machine could not be operated except by individuals, who may be as unjust as the original wrongdoer. The injured party will be sure of obtaining justice only if he can declare his wrongs to the whole polis. The word therefore now means 'people' in actual distinction from 'state.' p. 72

"It was everyone's duty to help the polis. We cannot say the 'help the state', for that arouses no enthusiasm; it is 'the state' that takes half our incomes from us. Nor 'the community' for with us 'the community' is too big and to various to be grasped except theoretically. . . . How much do bankers, miners and farm workers understand each other; But the 'polis' every Greek knew; there it was, complete, before his eyes. He could see the fields which gave it its sustenance - or did not, if the crops failed; he could see how agriculture, trade and industry dovetailed into one another; he knew the frontiers, where they were strong and where weak; if any malcontents were planning a coup , it was difficult for them to conceal the fact. The entire life of the polis, and the relation between its parts, were much easier to grasp, because of the small scale of things. Therefore to say 'It is everyone's duty to help the polis' was not to express a fine sentiment but to speak the plainest and most urgent common sense. Public affairs had an immediacy and a concreteness which they cannot possibly have for us." - p. 71

"What Aristotle really said is 'Man is a creature who lives in a polis'; and what he goes on to demonstrate, in his Politics, is that the polis is the only framework within which man can fully realize his spiritual, moral and intellectual capacities." p. 78

"The polis was so much more than a form of political organization. It was a living community, based on kinship, real or assumed - a kind of extended family, turning as much as possible of life into family life, and of course having its family quarrels." - p. 78

"The Greek thought of the collective laws, the nomoi, of of his polis as a moral and creative power. They were designed not only to secure justice in the individual case, but also to inculcate justice; this is one reason whey the young Athenian, during his two years with the colours, was instructed in the nomoi - which are the basic laws of the state . . . The Greeks had no doctrinal religion or church; they did not even have what we think is a satisfactory substitute, a Minister of Education; the polis instructed the citizens in their moral and social duties through the Laws." p. 94

"Nowhere is one so certain as in Periclean Athens that one will never meet anything vulgar, bizarre, quaint or superficial. Most characteristic to comedy: it has roaring obscenities that could not possibly be printed today, but never anything to snigger at. The reason that a people of fine quality were living in conditions which habituated them to high spiritual, mental and physical endeavor.

"Everywhere the polis gave a certain fullness and meaning to life, but most notably in Athens, where political democracy was carried to its logical extreme. There are of course those who deny that Athens was a democracy at all, since women, resident aliens and slaves had no voice in the conduct of affairs. If we define democracy as participation in the government by all the adult populations of a country, then Athens was no democracy - nor is any modern state: for because of its size every modern state must delegate government to representatives (not the all the people) and professional administrators, and this is a form of oligarchy.

If we define it as participation in the government by all citizens, then Athens was a democracy - and we must remember that the normal Greek qualification for citizenship was that at least the father, if not both parents, should have been citizens - the Greek 'state' being (in theory and in sentiment) a group of kinsmen, not merely the population in a certain area.

The Assembly was supreme, and everything possible was done to maintain its supremacy in fact as well as on paper. There was no possibility in Athens of the machine taking control - another advantage of the small scale. The Assembly consisted of every adult Athenian male who had been accepted as legitimate by this 'deme', and had not been expressly 'disfranchised for some grave offence. No trace of property qualification remained except - significantly - in the army. So much was the polis the community of citizens, so little a superhuman 'state', that the citizen had to find his own equipment: consequently the man rich enough to own a horse served in the cavalry - on his own horse, though while he was on service the polis paid for its keep. The moderately well-to-do served in the heavy infantry (hoplites), providing his own armour; and the poor, who could provide nothing but themselves, served as auxiliaries, or rowed in the fleet. The resident aliens served alongside citizens but slaves never served in either army or navy, except once in a moment of great danger, when slaves were invited to enlist on the promise (which was honored) of freedom and full civil (not political) rights.

This Assembly, a mass-meeting of all the native male residents of Attica, was the sole legislative body, and had, in various ways, complete control of the administration and judicature. First, the administration. The old Areopagus, composed of ex-archons, did nothing now except deal with case of homicide. The archons, once so powerful, were now chosen by annual ballot form the Assembly. And citizen, any year, might find himself one of the nine archons; this meant, naturally, that the archonship, although it had administrative responsibility, had no real power. Power remained with the Assembly. the Assembly met once a month, unless specially convened to settle something of importance. Andy citizen could speak - if he could get the Assembly to listen; anybody could propose anything, within certain strict constitutional safeguards. But so large a body needed a committee to prepare its business, and to deal with matters of urgency. This committee was the Council ('boule') of five hundred, not elected, but chosen by ballot, fifty from each tribe. Since this Council was chosen haphazard, and was composed of entirely different people each year, it could develop no corporate feeling. That was the whole idea: nothing must overshadow the Assembly. Most of the administrative boards ('Government department were manned by members of the Boule. But since five hundred men could not be in constant session, and were too many to make an efficient executive committee, there was an inner council, the 'prytany', composed in turn, of the fifty men drawn from each of the ten tribes, which remained in session for one-tenth of the year. Of these, one was chosen by ballot to be chairman each day. If there was a meeting of the Assembly, he presided; for twenty-four hours he was titular Head of the State. (It happened, Greece being an essentially dramatic county, that Socrates held this position one day towards the end of the war when the Assembly ran amok - as sometimes happened, but not often - and quite illegally demanded to impeach the whole of the Board of Generals for failing to rescue survivors of the successful naval battle of Arginusae. Socrates defied the mob, and refused to put the irregular proposal to the vote.) As a further check on the administration, all outgoing magistrates had to submit to the Assembly an account of their official acts, and their responsibility did not end until they had passed the 'audit'. Until they had done this they might neither leave Athens nor sell property.

One important office could not be left to the hazard of the ballot - the command of the forces, on land or afloat. The ten Strategoi ('generals' or 'admirals' indifferently) were elected - but annually, though to re-election was permissible and indeed normal: but it was no unusual thing for an Athenian to be a general in one campaign and a private soldier in the next. This was an extreme case of the basic conception of democracy, 'to rule and to be ruled in turn'. It was as if the trade-union official of one year automatically returned to his bench the next. Being the only officials expressly elected on the grounds of special competence, and holding offices of such importance, the strategoi naturally wielded great influence in the city's affairs. It was through this office, and through his personal ascendancy in the Assembly, that Pericles led the Athenians for so long.

The Assembly controlled not only legislation and administration, but justice as well: as there were no professional administrators, so there were no professional judges or pleaders. The principle was preserved that the aggrieved man appealed directly to his fellow-citizens for justice - in the local courts for trivial matters, in Athenian courts for important matters, criminal or civil. The jury was virtually a section of the Assembly, varying sized from 101 to 1, 001, according to the importance of the case. There was no judge, only a purely formal chairman, like our 'foreman'. There were no pleaders; the parties conducted their own case, though in fact a plaintiff or defendant might get a professional 'speech-writer' to make up his speech; but then he learnt it and gave it himself. This popular jury was judge both of law and of fact, and there was no appeal. If the offense was one for which the law laid down no precise penalty, then - since a large jury could not conveniently fix the sentence - the prosecutor, if he won his case, proposed one penalty, the accused proposed an alternative, and the jury had to choose one of the two. This explains the procedure in Plato's Apology: when Socrates had been condemned, the prosecution demanded the death penalty, but Socrates, first suggesting the Freedom of the City as the alternative, formally proposed, not exile, which the jury would gladly have accepted, but an almost derisory fine.

This survey, brief though it is, will bring out one essential point, that public affairs in Athens were run, so afar as possible by amateurs. The professional was given as little scope as possible; indeed, the expert was usually a public slave. Every citizen was, in turn, a soldier(or sailor), a legislator, a judge, an administrator - if not as archon, then certainly as member of the Boule. The extraordinary use made of amateurs may strike the reader as ludicrous: it was indeed severely criticized by Socrates and Plato, though not so much because it was inefficient as because it entrusted to men entirely ignorant of it the major function of 'the political art', namely, to make men better. But this is by the way.

Beneath this general aversion to the professional there was a more or less conscious theory of the polis; namely that the duty of taking party, at the appropriate season of life, in all the affairs of the polls was one that the individual owed both to the polis and to himself. It was part of that full life which only the polis could provide: the savage, living for himself alone, could not have ti, nor the civilized 'barbarian living in a vast empire ruled by a King and his personal servants. To the Athenian at least, self-rule by discussion, self-discipline, personal responsibility, direct participation in the life of the polis at all points - these things were the breath of life.

And they were incompatible with a representative government administering a large area. This is the reason why Athens could not grow as Rome did, by incorporating other poleis. To the Athenians, the responsibility of making his own decisions, carrying them out, and accepting the consequences, was a necessary part of the life of a free man. This is one reason why the popular art of Athens was the tragedy of Aeschylus and Sophocles and the comedy of Aristophanes, while ours is the cinema. The Athenian was accustomed to deal with things of importance: an art therefore which did not handle themes of importance would have seemed to him to be childish.

This account of the Athenian constitution, necessarily a very short one, will probably suggest to the reader at least two reflections: how very amateurish it all sounds, and wheat an enormous amount of time the Athenians must have spent in public business, if such a system was to work at all.

to begin with the former point. It was government by amateurs in the strict sense of the word: that is to say, by people who liked government and administration. To put it in this way is perhaps misleading, because the words 'government and 'administration have, among us, acquired capital letters: they are things in themselves, pursuits to which some misguided persons devote their lives. To the Greeks, they were merely two sides of that many-sided thing, the life of the polis. To attend to the business of the polis was not only a duty which a man owed to the polis: it was also a duty which a man owed to himself - and it was an absorbing interest too. It was part of the complete life. This is the reason why the Athenian never employed the professional administrator or judge if he could possibly help it. the polls was a kind of super-family, and family life means taking a direct part in family affairs and family counsels. This attitude to the polis explains, too, whey the Greek never, as we say, "invented" representative government. Whey should he 'invent something which most Greeks struggled to abolish, namely being governed by someone else?

In ordinary parlance, 'demokratia' (literally, 'control by the people') mean political democracy as described above, but the political theorists, notably Plato and Aristotle, used it in the sense 'government by the poor', and consequently condemned it as being only an inverted form of oligarchy or tyranny, government t inspired by self-interest. 'Polity' was the name given to government by general consent, without reference to class.

Polis

A 'polis' (πόλις, pronunciation pol'-is) plural: poleis (πόλεις) — is a city, a city-state and also citizenship and body of citizens. When used to describe classical Athens and its contemporaries, polis is often translated as "city-state."

The word originates from the ancient Greek city-states, which developed during the Archaic period, the ancestor of city, state and citizenship, and persisted (though with decreasing influence) well into Roman times, when the equivalent Latin word was civitas, also meaning 'citizenhood', while municipium applied to a non-sovereign local entity. The term city-state which originated in English (alongside the German Stadtstaat) does not fully translate the Greek term. The poleis were not like other primordial ancient city-states like Tyre or Sidon, which were ruled by a king or a small oligarchy, but rather a political entity ruled by its body of citizens. The term polis which at archaic Greece meant city, changed with the development of the governance center in the city to indicate state (which included its surrounding villages), and finally with the emergence of a citizenship notion between the land owners it came to describe the entire body of citizens. The ancient Greeks didn't refer to Athens, Sparta, Thebes and other poleis as such; they rather spoke of the Atticans, Lacedaemonians, Thebans and so on. The body of citizens came to be the most important meaning of the term polis in ancient Greece.

The Greek polis encompassed a town or city or even a village and its surrounding countryside.  The town or city or village served as the focus or central point where the citizens of the polis could assemble for political, social, and religious activities.

In some cases, the polis, the central meeting point, was a hill, such as the Acropolis in Athens, which would serve as a place of refuge during attack.  This location was also used later as the religious center on which temples and public monuments were built.  Below the acropolis would be an agora, an open place that served both as a place where citizens could assemble and as a market.

The size of each polis varied from place to place, from a few square miles to a few hundred square miles.  The larger ones resulted from consolidation: a smaller polis would join together with another, resulting in one, larger polis.  The territory of Attica was at one point made up of 12 poleis (plural of polis), but eventually became one, single polis over time (Athens).

Our word politics comes from the Greek term polis, although polis was much more than just a political organization.  It was a community of citizens in which all political, economic, social, cultural, and religious activities were focused.  As a community, the polis consisted of citizens with political rights (adult males), citizens with no political rights (women and children), and non-citizens (slaves and resident aliens – outsiders).  All citizens of a polis possessed fundamental rights, but these rights were matched with responsibilities.  The Greek philosopher Aristotle argued that the citizen did not just belong to himself:  “we must rather regard every citizen as belonging to the state.”  The unity of citizens was important and often meant that states would take an active role in directing the patterns of life.  One result of this unity was that citizens of one polis would greatly distrust the citizens of a different polis.  This distrust kept Greece divided into strongly individual city-states.

New Military System for a Polis

As the polis developed, so did a new military system.  Previously, wars in Greece had been fought by aristocratic soldiers: nobles on horseback.  These aristocrats, who were large landowners, also dominated the political life.  But a new military order started based on hoplites: heavily armed infantrymen who wore bronze or leather helmets, body plates, and shin guards.  Each person carried a round shield, a short sword, and a spear about 9 feet long.  Hoplites moved into battles as a unit, forming a rectangular formation, usually 8 ranks deep.  These hoplites made up the new military power and could challenge aristocratic control.

Colonization

In time, large numbers of Greeks left their homeland to settle distant lands.  Poverty and land-hunger created by the growing division between rich and poor, overpopulation, and the development of trade were all factors that led to the establishment of colonies.  Some Greek colonies were trading posts or centers from where goods could be shipped to the Greek mainland.    Many colonies were larger settlements that included good agricultural land taken from the native people found in those areas.  Each colony was arranged as a polis and was usually independent of the metropolis (“mother polis”) that had set it up.

In the western Mediterranean Sea, new Greek colonies were set up along the coastline of southern Italy, southern France, eastern Spain, and northern Africa.  Greeks also settled along the shores of the Black Sea and also secured routes approaching to the Black Sea, especially areas located near the Bosporus Straits.  By establishing these settlements, the Greeks spread their culture throughout the Mediterranean region.  Colonization also led to increased trade and industry.  The Greeks on the mainland sent their pottery, wine, and olive oil to these areas; in return, they received grains and metals from the west, fish, timber, wheat, metals, and slaves from the Black Sea region.  In many poleis, the growth of trade and industry created a new group of rich men who wanted more political privileges (rights), but found it impossible because of the power of the ruling aristocrats.

Rise of Tyrants

The wants of these new rich men led to the rise of tyrants.  Tyrants were not necessarily evil, as we know it today.  Greek tyrants were rulers who seized power by force and who were not subject to the law.  Support for the tyrants came from the new rich men who made their money in trade and industry.  Support also came from poor peasants who were in debt to the landholding aristocrats.  Tyrants usually achieved power by overthrowing the aristocrats, using mercenary soldiers.  Once in power, they built new marketplaces, temples, and walls that not only glorified the city but also enhanced their own popularity.  Tyrants also favored the interests of merchants and traders.  Tyranny, too, lost popularity, as it seemed contrary to the ideal of law in Greek communities.  Though it soon faded, tyranny was important as it brought about the end of aristocratic power.  Greater numbers of people were taking part in government.  This led to the development of democracy in some city-states, while in other city-states some aristocrats managed to hold on to some power.  A wide variety of governmental structures and organizations spread amongst the many different city-states, clearly seen in the two most famous and most powerful Greek city-states, Sparta and Athens.

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