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290904 - El famoso
poeta, pensador y naturalista estadounidense Henry David Thoreau
(nacido en 1817, en la localidad de Concord, Massachussets; y
fallecido allí mismo en mayo de 1862), se destacó ampliamente
por su posición crítica ante las instituciones sociales de su
época. En su pensamiento enfatizó la conveniencia de exaltar y
proteger la naturaleza y los ideales individualistas. Al
comienzo de su celebrado ensayo
Desobediencia Civil (1849), dejó sentado, que él creía de
todo corazón en el lema “El mejor gobierno es el que tiene que
gobernar menos”, y de seguidas agregó que tal signo calificativo
le “...gustaría verlo hacerse efectivo más rápida y
sistemáticamente”. En su planteamiento, se hizo eco de la
posición que reclamaba una vida social en la que la libertad
fuese reconocida y practicada del modo más amplio posible,
exponiendo la necesidad de prescindir, de modo progresivo, de
todo tipo de restricciones provenientes de la autoridad o de
cualquier otro signo de regulación impuesta.
Por consiguiente, cabe subrayar que Thoreau en su obra y
pensamiento filosófico trató de explicar y corroborar que los
ideales abstractos de libertad e individualismo pueden hallar
cabal factibilidad en el contexto integral de la existencia
humana con perspectivas hacia el logro de una especial aptitud
social. Quizás el fundamento del punto de vista sustentado por
este escritor, en torno al aspecto central que hemos enunciado,
se ubica en su especial predisposición afectiva hacia la
naturaleza, volcada esencialmente en Walden (o la vida en los
bosques), una de sus obras más elogiadas en la que expuso con
particular ímpetu y convencimiento los motivos razonables que
existen, en el acontecer existencial humano (tanto en el plano
individual como en el contexto de la convivencia social), para
adoptar una vida contemplativa. Thoreau, se dedicó más que todo
al estudio del ambiente natural; fue uno de los precursores de
la conservación ambiental, si se quiere, lo que no le restó
ánimo y disposición para meditar sobre los problemas de índole
filosófica y al cultivo de la lectura, en especial la de los
clásicos griegos y romanos. En el desarrollo de su producción
literaria y filosófica, contó con el afecto y colaboración muy
cercana de Ralph Waldo Emerson, otro de los grandes de la
literatura estadounidense que descolló durante la segunda mitad
del siglo XIX, así como con contactos y sólidas relaciones con
otros intelectuales de su tiempo.
Ahora bien, nos interesa en este limitado comentario subrayar la
importancia y trascendencia del pensamiento de Henry David
Thoreau respecto del tema que se circunscribe a la toma de
posición frente a los elementos o factores que, de un modo u
otro, conspiran o atentan contra la libertad individual y sobre
el mejor recurso para enfrentar según su apreciación, ese embate
y agresión.
Pese a no estar de acuerdo con las loas al individualismo per
se, nos conviene significar que Thoreau en su acreditado ensayo
de 1849, titulado Desobediencia civil, hizo énfasis en el
concepto de resistencia pasiva, el cual desarrolló como singular
método y sistema para la acción social; lo entendió como medio
de especial significado para enfrentar las fuerzas que desde el
poder gubernamental y el ejercicio de una pretendida autoridad,
muchas veces deslegitimada por la ausencia de respaldo popular y
por el abuso en su ejercicio, se colocan en franca actitud
vulneradora de la voluntad del pueblo y, por consiguiente, del
genuino espíritu democrático.
Thoreau en su profesión de fe política, si cabe la expresión
para su caso en específico, expresó vehemente oposición al
sistema esclavista entronizado por entonces en los Estados
Unidos de América; por ello, ha sido calificado como uno de los
más descollantes pioneros en la lucha por la defensa de los
derechos civiles en su país. Reflejo de su posición lo
constituyó la prisión de que fue objeto (sobre la cual no opuso
resistencia) por una sola noche por rehusar al pago de tributos
exigidos por un gobierno que admitía la esclavitud y vejámenes
contra los negros, sobre todo en las plantaciones sureñas y, al
mismo tiempo, como protesta contra la guerra que por entonces se
sostenía contra México, motivada por disputas territoriales.
Fruto de su actitud rebelde frente al estado de cosas dominante
en su tiempo, fue el texto de su pequeño ensayo Desobediencia
Civil, obra en la que destacó el fundamento teórico de lo que se
conoce como resistencia pasiva, esto es, método y vía de
protesta signada por el pacifismo y la no violencia; sistema que
un siglo después aplicaría el dirigente hindú Mahatma Gandhi
como parte de su estrategia contra el dominio colonial inglés
para lograr la independencia de su país. De igual modo, el
predicador Martin Luther King no restó importancia a las
enseñanzas de Thoreau en su lucha a favor de la defensa de los
derechos civiles, en especial para sus hermanos de color, en los
Estados Unidos, durante buena parte de la década de los sesenta.
Por tanto, el dirigente negro no soslayó la importancia,
significado y trascendencia de aplicar tácticas y políticas
definidas por el pacifismo y la no violencia para tratar de
lograr (como lo logró más tarde, aun con el sacrificio de su
vida) ese reconocimiento por la igualdad de derechos entre todos
los hombres, sin distingos de etnia o color de la piel, dejando
de lado la segregación racial y recalcando –en esa gesta- la
importancia de la desobediencia civil frente a la ola de
atropellos, vejámenes, crímenes y arbitrariedades devenidas como
consecuencia de la aplicación de leyes injustas y desconocedoras
de la esencia de libertad contenida en la Constitución Nacional.
Complementariamente, valga acotar que en alguna medida, los
planteamientos pregonados y defendidos por Thoreau, en especial
los referidos a su criterio acerca del exiguo papel que debe
cumplir la autoridad del gobierno, pueden ser considerados como
uno de los más patentes antecedentes del pensamiento político
favorable al anarquismo libertario, punto y tema que amerita un
comentario más detallado.
Hoy día, pese a algunos pareceres en contrario, se habla –con
mayor fuerza y convicción- de la desobediencia civil legitimada.
Es que la violencia que emana de la imposición autoritaria no ha
desaparecido en muchos lugares de la tierra. La lucha por la
consolidación de un clima de convivencia social en libertad se
nos presenta, en estos tiempos de grandes convulsiones que nos
ha tocado vivir, plagado de nuevos retos y desafíos: las
injusticias, los atropellos de toda índole, la violación de los
Derechos Elementales del Hombre, la persecución de la disidencia
política, los atentados contra la libre expresión del
pensamiento y, en concreto, todos los actos concebidos y
ejecutados para vulnerar la voluntad del pueblo, aun justifican
el recurso caracterizado por un enfrentamiento pacífico, de no
violencia, aun contra la fuerza de las armas y los medios de
poderío político y económico esgrimidos por las nuevas
expresiones de la autocracia, la dictadura y el despotismo;
incluso en el texto de la suprema norma jurídica, la
Constitución Política del Estado, se consagra –como parte de los
derechos que asisten al hombre individualmente considerado y a
la sociedad en general- la facultad que tiene el pueblo, en
libre ejercicio de la soberanía de la cual es único titular,
para desconocer cualquier régimen, legislación o autoridad que
vulnere, viole o contradiga los postulados orientados hacia la
protección de los Derechos Humanos o que atente contra los
valores esenciales de la democracia y la libertad. En este
sentido, aun tiene vigencia la concepción del escritor Thoreau,
uno de los pioneros en la lucha contra la negación de la
libertad mediante la desobediencia civil.
*Abogado, Politólogo y Profesor universitario
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