280108 -
Altereconomía - Uno de los fraudes teóricos
intelectuales más grandes de los últimos decenios es la idea
de que los bancos centrales no hacen política, sino que se
limitan a adoptar medidas técnicas sobre el conjunto de los
mercados.
Se trata de algo completamente absurdo, además de cínico y
perverso: ¡Con qué fundamento se puede hacer creer que no
son políticas las decisiones que afectan al bolsillo de la
gente, a sus ingresos o patrimonio!
Puede considerarse que gobernar el precio del dinero de una
manera u otra sea más o menos oportuno o conveniente en cada
caso, pero ¿cómo poner en duda que al hacerlo se está
afectando de modo desigual a los diferentes sujetos
económicos y, en consecuencia, que de esa manera se está
haciendo política?
¿No hay que ser muy simple para pensar que la POLÍTICA
monetaria no es POLÍTICA? O quizá mejor, ¿no hay que tener
muy poca vergüenza para hacérselo creer a la gente?
Lo grave es que a partir de ese fraude se establece que los
bancos centrales sean independientes del... ¡poder político!
¡Como si el poder inmenso que tienen no fuera también
político, como si la política que realizan no fuese también
expresión de su poder!
Gracias a ello se secuestra una de los grandes instrumentos
de la política económica del control social, de la voluntad
ciudadana. Y eso es algo que tiene, al menos, tres grandes
inconvenientes.
Por un lado impide que se pueda hacer política económica de
modo coherente. O mejor dicho, empuja a que sólo se pueda
hacer la que responde a la restricción que impone lo
establecido por el banco central.
Hace años lo dijo con toda claridad el Premio Nobel de
Economía James Tobin: «La idea de que el dinero y los
precios pueden separarse y delegarse al banco central
mientras que el Congreso y el Ejecutivo se ocupan por su
cuenta del presupuesto, los impuestos, el empleo y la
producción, es el tipo de falacia que se pone en las
preguntas de los exámenes de introducción a la Economía, una
falacia elevada hoy a doctrina presidencial».
El segundo inconveniente es de otra naturaleza: la economía
(en este caso la política monetaria) es la negación de la
democracia. Y lo que precisamente ha ocurrido al nacer el
poder monetario independiente es que se prostituye la
división de poderes y el principio de representatividad en
que se supone que debe basarse una democracia.
Finalmente, resulta que, de esta forma y gracias a su
independencia, los bancos centrales no son prácticamente
responsables de nada de lo que hagan.
¿Cómo pedirles ahora cuentas, por ejemplo, de su
responsabilidad en la crisis financiera actual al haber
permitido la opacidad y el riesgo extremo? ¿Cómo pedirle
explicaciones por las inmensas cantidades de dinero (dinero
de todos al fin) que están inyectando en los mercados sin
que nadie sepa con certeza dónde están yendo? ¿Cómo
censurarles por su complicidad en la generación de las
burbujas? ¿Cómo enfrentarlos en la plaza pública para que
quedase de evidencia su fundamentalismo sin base científica,
su falta de argumentos sólidos, sus incoherencias,
contradicciones y, sobre todo, su arbitrariedad y apoyo a
los poderosos? ¿Cómo pedirle cuentas, por ejemplo, a los
dirigentes del Banco de España que en los últimos meses han
vendido la mayor parte de nuestras reservas de oro a cambio
de activos muchos más volátiles e inseguros y, por tanto,
menos valiosos?
La independencia de los bancos centrales es un cáncer de la
economía y de las democracias modernas. Y el cáncer hay que
tratarlo de raíz. Mientras perdure el poder independiente de
los banqueros centrales estaremos condenados a vivir una y
otra vez los hitos de inestabilidad, de despilfarro y de
crisis en los que estamos, y las economías no podrán nunca
seguir el camino de la prosperidad.
Y todo ello sin perjuicio de un planteamiento básico: ¿acaso
es que alguien puede creerse que los gobernadores y demás
dirigentes de los bancos centrales son acaso
"independientes", que no se dejan influir por los bancos y
los grandes poderes económicos? ¿que no dan y reciben
favores? ¿Alguien puede creer de verdad que fue su
"independencia" lo que llevó, por ejemplo, al anterior
gobernador del Banco de España (Luis Angel Rojo) al Consejo
de Administración del Banco de Santander o al subgobernador
(Miguel Martín) a la presidencia de la Asociación Española
de Banca Privada (AEB)?
¡Venga ya!
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