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El abordaje del discurso como acción social, se
presenta como forma de habilitar nuevos caminos en la reconstrucción
de acontecimientos, mostrando tanto las estructuras del lenguaje
como la ideología que compromete a los actores sociales de un
momento determinado.
A partir del libro de Teun A. Van Dijk
se puede conceptualizar esta alternativa para el análisis del
discurso. Para reforzar el enfoque,
se considerará otro texto del mismo autor
para quién
el
análisis del discurso puede describirse en distintos niveles de
estructuras, tales como:
•
La sintaxis: El uso de pronombres, sobre la base de la dualidad
NOSOTROS/ELLOS, es una de las categorías gramaticales más conocida
de la expresión y manipulación de relaciones sociales, status y
poder. De la misma forma, el “estilo" -el conjunto de elecciones que
se hacen entre las posibles estructuras de la forma sintáctica en un
discurso en particular-. Por definición, el estilo es una función
del control ideológico (el uso cortés o descortés en la forma de
dirigirse a otro).
•
Significado e interpretación: El análisis léxico es el componente
más obvio del análisis ideológico del discurso. Los significados son
el tipo de cosas que los usuarios del lenguaje asignan a cada
expresión de procesos de interpretación y comprensión. De modo que
hablante y receptor pueden asignar distintos significados a la misma
expresión, y la misma expresión puede significar distintas cosas en
diferentes contextos. Muchas opiniones pueden volverse
convencionales y codificarse en el léxico, como por ejemplo los
significados negativo y positivo de los términos “terrorista” versus
“luchadores por la libertad”.
•
Proposiciones: Quién aparece como el villano o el héroe, el
victimario y la víctima, son cuestiones que organizan actitudes
ideológicas y tales percepciones pueden ser proyectadas directamente
en estructuras proposicionales y sus formulaciones sintácticas
(activas, pasivas, nominalizaciones).
•
Lo implícito y lo explícito: La función ideológica de ocultar los
hechos o condiciones sociales o políticas “reales” del discurso
puede ser manejada semánticamente mediante diversas formas de dejar
información implícita.
•
Estructuras esquemáticas: Las posiciones ideológicas también quedan
plasmadas en las estructuras formales del discurso: qué aparece en
el titular, qué en la bajada, qué enfatiza el copete y qué resalta
el cuerpo de la noticia.
•
Estructuras retóricas: Predominan en los contextos persuasivos, y
abarcan la repetición, la supresión, la sustitución, figuras de
rima, paralelismos, comparación, metáforas. Se pueden emplear
metáforas para destacar el carácter negativo de nuestros enemigos,
comparaciones para atenuar nuestra culpa, e ironía para desafiar los
modelos negativos de nuestros oponentes.
•
Interacción: Otra forma de expresión ideológica en el discurso son
las estrategias de interacción, en las que quedan impresas la
posición social, el poder y el control que ejercen los miembros
sociales de un grupo. Por caso, los hablantes poderosos podrán
controlar las estructuras contextuales de modo de prohibir las
presencia de ciertos participantes, sancionando formal o
informalmente el léxico, cambiando los tópicos o la agenda de un
encuentro.
Además de
estos enfoques estructurales más abstractos, el discurso puede
estudiarse en términos de los procesos cognitivos concretos de su
producción y comprensión por los usuarios del lenguaje.
El discurso tiene otra dimensión fundamental: ser un
fenómeno práctico, social y cultural. Los usuarios del lenguaje que
emplean el discurso realizan actos sociales y participan en la
interacción social. La interacción social a su vez, está enmarcada
en diversos contextos sociales, tales como reuniones, encuentros
institucionales entre otras formas culturales.
El enfoque del discurso como acción en la sociedad no
significa abandonar la estructura, ya que la misma se concentra en
el orden y la organización. La utilización discursiva del lenguaje
no consiste solamente en una serie ordenada de palabras, cláusulas,
oraciones y proposiciones, sino también en secuencias de actos
mutuamente relacionados. Lo que es válido en lo referente a las
estructuras del discurso lo es también para su procesamiento mental
y para las representaciones requeridas en la producción y la
comprensión: la cognición tiene una dimensión social que se
adquiere, utiliza y modifica en la interacción verbal y en otras
formas de interacción.
Los usuarios del lenguaje utilizan activamente los
textos y el habla no sólo como hablantes, escritores, oyentes o
lectores, sino también como miembros de categorías sociales, grupos,
profesiones, organizaciones, comunidades, sociedades o culturas; en
la mayoría de los casos, complejas combinaciones de roles e
identidades sociales y culturales. De modo recíproco, al producir el
discurso en situaciones sociales, los usuarios del lenguaje al mismo
tiempo construyen y exhiben activamente esos roles e identidades.
Por otra parte, el discurso manifiesta o expresa, y
al mismo tiempo modela, las múltiples propiedades relevantes de la
situación sociocultural que se denomina contexto. El estudio del
discurso como acción no puede simplemente identificarse con el
análisis de la conversación espontánea y tampoco con el lenguaje
oral ya que muchos otros géneros combinan el monólogo y el diálogo,
partes escritas y habladas y pueden ser más o menos espontáneos.
El estudio del discurso como acción puede
concentrarse en los detalles interactivos del texto o del habla,
pero además puede adoptar una perspectiva más amplia y poner en
evidencia las funciones sociales, políticas o culturales del
discurso dentro de las instituciones, los grupos o la sociedad y la
cultura en general.
Aunque el análisis puede identificar diferentes actos
o funciones sociales en diversos niveles, los usuarios del lenguaje
hacen todas esas cosas al mismo tiempo, a veces sin percatarse de
ello. Un enfoque social integrado hacia el discurso no debería
excluir uno de estos niveles por ser menos relevante o menos social.
Las micro acciones de las prácticas sociales complejas son también
actos sociales por derecho propio: son actos mediante los cuales se
realizan las prácticas sociales de nivel superior.
Es decir, tanto los aspectos más locales como
globales del discurso participan en la realización de las prácticas
sociales. Por lo tanto en el análisis social del discurso, también
encontramos que la realidad social puede estar constituida y ser
analizada en cualquier punto desde un nivel de descripción más micro
hasta uno más macro, por ejemplo, como los detalles de actos y la
interacción entre actores sociales, o como lo que hacen
instituciones o grupos completos y analizarse cómo ambos contribuyen
así a la producción y reproducción o desafío de la estructura
social.
Cada vez más, sin embargo, el análisis social del
discurso se ocupa precisamente de las interrelaciones entre las
propiedades locales y globales del texto y el habla social.
El objetivo de este estudio conceptual es analizar
nociones que son necesarias para establecer vínculos teóricos entre
el discurso y la sociedad. Los conceptos seleccionados fueron los
siguientes:
1) Acción: Definimos el discurso como acción, pero
¿qué es exactamente la acción y qué hace que los discursos sean una
forma de interacción social?
Intuitivamente las acciones son la clase de cosas que las personan
hacen; las actividades de los seres humanos tienden a llamarse
“actos” sólo si son intencionales. Más aún, la mayoría de las
acciones son ejecutadas para realizar o para producir alguna otra
cosa, esto es, otras acciones, sucesos, situaciones o estados
mentales; es decir, las acciones tienen metas y esto hace que sean
significativas o tengan un “sentido”, lo que a su vez hace que sus
actores parezcan tener algún propósito.
De acuerdo con este análisis, el discurso es una
actividad humana controlada, intencional y con un propósito: por lo
general no hablamos, escribimos, leemos o escuchamos de modo
accidental. Lo mismo es verdad para muchos de los actos de nivel
superior. Estas acciones pueden tener propiedades muy diferentes,
pero todos son actos comunicativos. Aunque las intenciones y los
propósitos suelen describirse como representaciones mentales,
también son socialmente relevantes porque se manifiestan como
actividad social y porque nos son atribuidos por otros que
interpretan esa actividad: es así como los otros nos interpretan o
definen como personas más o menos racionales y, al mismo tiempo,
como actores sociales.
El análisis de la acción puede depender de la
perspectiva que se adopte, en particular la del hablante o la del
receptor. Para un hablante, la percatación, la conciencia, la
intencionalidad y los propósitos pueden estar asociados con acciones
“reales”. Para los receptores, lo que cuenta es lo que se dice y sus
consecuencias sociales, o sea, lo que escuchan o interpretan como
acción (intencional). Esto es más o menos lo mismo que ocurre cuando
los usuarios del lenguaje asignan significados a los discursos,
atribuyen intenciones a otras personas y así las definen como
actores sociales. Ésta es una de las razones por la que la mayor
parte de los análisis sociales del discurso se concentra menos en
los hablantes, y aún menos en sus (no observables) intenciones, que
en la forma en que las actividades discursivas pueden ser
razonablemente escuchadas o interpretadas, esto es, inferidas como
acciones a partir de lo que se dice, se muestra o se exhibe
concretamente. En esta clase de análisis, lo que prevalece suele ser
la perspectiva y la interpretación del otro: la actividad discursiva
se vuelve socialmente “real” si tiene consecuencias sociales reales.
De este modo, las
personas hacen muchas cosas “con” el discurso de las que no se
percatan, que no son su intención, que están más allá de su control
o que sólo son interpretadas de esa manera por otros. En síntesis,
las intenciones y propósitos que se atribuyen al discurso pueden
tener un alcance variable: algunas consecuencias de los textos
escritos y el habla son concreta e inherentemente intencionales, con
un propósito y bajo control del hablante, mientras que otras lo son
menos.
Si el análisis del discurso es acción, puede
suponerse que la producción o la comprensión de oraciones, palabras,
estilo, retórica o argumentación deberían asimismo entenderse como
acciones. Para realizar el discurso como acción social, necesitamos
llevar a cabo no sólo actos ilocutivos (o actos de habla) como
aserciones y promesas, sino también actos locutivos o actos gráficos
concretos de habla o escritura, además de actos proposicionales
tales como significar algo cuando hablamos o escribimos.
En el análisis del discurso como acción, podríamos
suponer algún nivel de acciones básicas (componentes), por debajo
del cual la actividad lingüística o mental ya no es intencional sino
más o menos automática y por “debajo” de nuestro control.
2) Contexto: El análisis social del discurso estudia
típicamente el discurso en contexto. Sin embargo, aunque utilizada
con frecuencia, la noción de contexto no siempre se analiza con
tanto detalle como el texto y el habla, si bien los contextos son,
para decirlo de algún modo, la interfaz entre el discurso por un
lado y las situaciones y estructuras sociales por el otro.
Intuitivamente, el contexto parece implicar algún
tipo de entorno o circunstancias para un suceso, acción o discurso,
algo que necesitamos saber para comprender en forma apropiada el
suceso, la acción o el discurso, algo que funciona como trasfondo,
marco, ambiente, condiciones o consecuencias.
En el estudio del discurso como acción e interacción,
el contexto es crucial. La distinción principal entre el análisis
abstracto del discurso y el análisis social del mismo es que el
segundo toma en cuenta el contexto. El discurso se produce,
comprende y analiza en relación con las características del
contexto. Por lo tanto, se interpreta que el análisis social del
discurso define el texto y el habla como situados: describe el
discurso como algo que ocurre o se realiza “en” una situación
social.
Sin embargo, no todas las propiedades de una
situación social son parte del contexto de un discurso. Los
participantes humanos parecen ser elementos cruciales del contexto,
y también algunos de sus roles de acción, tales como ser hablantes o
receptores de actos verbales. Otras propiedades de los participantes
son frecuentemente (pero no siempre) relevantes, tales como ser
hombre o mujer, ser joven o viejo, o tener poder, autoridad o
prestigio. Se consideran a estas propiedades contextuales porque
pueden influenciar la producción o interpretación de (las
estructuras de) el texto y el habla; por ejemplo pueden tener
influencia en el uso de pronombres o verbos especiales, en la
elección de temas. Por lo tanto, el contexto se presenta como la
estructura de aquellas propiedades de la situación social que son
sistemáticamente relevantes para el discurso.
Aunque existen variaciones sociales y culturales en
la relevancia contextual, suele suponerse que algunas
características de la situación son relevantes siempre o con
frecuencia, y que otras raramente lo son. El género, la edad, la
clase social, la educación, la posición social, la filiación étnica
y la profesión de los participantes son con frecuencia relevantes.
Por otro lado, la altura, el peso, poseer licencia de conductor
raramente son relevantes. Lo mismo sucede con los roles sociales:
algunos roles sociales y relaciones sociales son por lo general
relevantes, como ser amigo o enemigo, tener poder o no poseerlo, ser
dominante o dominado, mientras que otros parecen tener un impacto
menos sistemático sobre el texto y el habla y su comprensión, tales
como ser primero o último, ser entusiasta del cine o del teatro. En
otras palabras, las propiedades relevantes de los participantes
constituyen condiciones contextuales de propiedades específicas del
discurso.
En síntesis, los tipos de participantes son
usualmente parte de la definición teórica como así también del
concepto de sentido común del contexto: las personas adaptan lo que
dicen -cómo lo dicen y cómo interpretan lo que otros dicen- a
algunos de sus roles e identidades, y a los papeles de otros
participantes. Este es precisamente el sentido del análisis del
contexto: las estructuras del discurso varían en función de las
estructuras del contexto y pueden, al mismo tiempo, explicarse en
términos de estas últimas estructuras; los contextos pueden estar
determinados y ser modificados en función de las estructuras del
discurso; no se estudian los contextos por sí mismos, como lo harían
los científicos sociales, sino también para comprender mejor el
discurso.
El contexto debe incorporar un número de dimensiones
del “marco” de una situación social, tales como el tiempo, el lugar
o la posición del hablante y quizás algunas otras circunstancias
especiales del ambiente físico. Respecto al tiempo, muchos géneros
del discurso están ambientados en períodos temporales específicos,
como el caso de reuniones, sesiones o clases. En relación al lugar,
algunos participantes están típicamente en el frente (como los
docentes y conferencistas) o situados en una posición más elevada
(como los jueces) que otros, y señalarán esto con verbos, pronombres
y otras expresiones apropiadas. En general, las expresiones
deícticas del lugar y tiempo (hoy, mañana, aquí, allí, etc.)
necesitan estos parámetros contextuales para ser interpretables. El
marco puede también ser privado o público, informal o institucional,
como en el caso de los discursos que están marcados por el hecho de
que se realizan en el hogar o en la oficina, en los tribunales, en
el hospital o en el aula. Algunos géneros discursivos sólo pueden
realizarse válidamente en un ambiente institucional apropiado. En
general, los ambientes institucionales están tan estrechamente
vinculados con los géneros del discurso institucional que
interactúan en múltiples formas con las estructuras del texto y el
habla. Los contextos institucionales presentan, además, la utilería
u objetos típicos que pueden ser relevantes para los textos o el
habla formal, tales como uniformes, banderas, mobiliario especial,
instrumentos, etc. Las salas de audiencias de los tribunales, las
aulas, y las salas de prensa, entre muchos otros, “sitios” de
géneros discursivos especiales, están repleto de objetos típicos.
Nótese que se vuelven parte del contexto sólo cuando su presencia
está sistemáticamente marcada en la interacción verbal o en los
géneros discursivos de esas situaciones. La relevancia sistemática
significa, entonces, que se requieren propiedades estructurales
especiales del habla, como un orden de palabras diferente, un estilo
diferente, actos de habla especiales, etc. en presencia de esos
objetos de la situación.
¿Qué más necesitan los contextos y sus participantes
para que el texto y el habla sean comprensibles, apropiados o
válidos? Los actos no verbales significativos, como las
gesticulaciones, las expresiones faciales y los movimientos del
cuerpo. Así, los actos de habla militares pueden requerir saludos, y
algunos actos de habla (como los juramentos) deben realizarse
mientras se está de pie y con la mano alzada. Una multitud de
géneros institucionales combinan textos, habla y otros actos, de
modo tal que el discurso puede ser una condición o una consecuencia
estructural de esos actos.
Como se ha expresado en relación con la acción, esta
presupone intenciones, planes o propósitos a hablantes o escritores
y aunque sean propiedades relevantes de los participantes, también
se las debe admitir en la definición del contexto. Los contextos no
sólo necesitan elementos estructurales en el mismo nivel superior de
la situación completa o suceso. Los contextos toman naturalmente su
lugar en configuraciones, estructuras y sistemas institucional y
socialmente complejos. Por lo que el análisis del contexto puede ser
tan complejo como el análisis del discurso.
Muchos discursos encuentran su racionalidad y
funcionalidad última en estructuras sociales y culturales. Por esta
razón, tiene sentido analítico distinguir entre el contexto local o
interactivo y el contexto global o social.
También debe considerarse que, los contextos no están
más fijos o determinados que el propio discurso. Pueden ser
flexibles y cambiantes, y puede ser necesario negociarlos,
especialmente en la interacción conversacional. Los discursos pueden
estar condicionados por los contextos, pero también ejercen
influencia sobre ellos y los construyen. Esto es, los discursos son
una parte estructural de sus contextos, y sus estructuras
respectivas se influyen mutua y continuamente.
Luego, los contextos, al igual que el discurso, no
son objetivos, en el sentido de que están constituidos por hechos
sociales que todos los participantes interpretan y consideran
relevantes de la misma manera. Son interpretados o construidos, y
estratégica y continuamente producidos como hechos relevantes por y
para los participantes.
Desde una perspectiva más cognitiva, podríamos decir
que los contextos son construcciones mentales (con una base social)
o modelos en la memoria. Como el significado y otras propiedades del
discurso también se manejan mentalmente, esto explica el vínculo
fundamental entre el discurso y el contexto: en tanto
representaciones subjetivas, los modelos mentales de los contextos
pueden así supervisar directamente la producción y la comprensión
del habla y el texto. Sin esta subjetividad de los usuarios del
lenguaje y sus mentes, los mismos contextos sociales tendrían el
mismo efecto sobre todos los usuarios del lenguaje involucrados en
la misma situación. Lo que obviamente no ocurre. Es decir, además de
su definición social acostumbrada, los contextos también necesitan
una definición cognitiva que permita dar cuenta de la variación
personal y la subjetividad, además de explicar el modo en que las
estructuras sociales pueden influir sobre las estructuras
discursivas “por medio de” la mente de los miembros sociales.
3) Poder: Tanto la acción como los contextos del
discurso poseen participantes que son miembros de diferentes grupos
sociales. El poder es una noción clave en el estudio de las
relaciones grupales en la sociedad. Si alguna característica del
contexto y de la sociedad en general tiene efectos sobre el texto y
el habla y viceversa, esa característica es el poder.
En el
marco de la interacción grupal, el ejercicio del “poder” por parte
de un grupo implica la pérdida o limitación de la libertad de otro
grupo
.
Van Dijk define el “poder” desde
una de sus facetas: el control. Es decir, un grupo A ejerce poder
sobre uno B cuando los miembros de A son habitualmente capaces de
controlar a los miembros de B. Esto significa que los miembros de B
no sólo carecen de libertad para hacer los que desean, sino que
también pueden ser conducidos a acordar con los deseos o intereses
del grupo más poderoso, incluso contra sus propios intereses.
Existen
tres formas de ejercer el poder: a) mediante la coerción, basada en
la fuerza física o institucional (policía, fuerzas armadas); b)
mediante el control exclusivo de los recursos necesarios (alimentos,
trabajo, vivienda); c) mediante el control de la mente de los
dominados.
Esta
última -que Van Dijk denomina “persuasiva” y en la que centra su
enfoque- implica que el control sobre la mente de los dominados sea
sutil e indirecto. Una vía para ello es el control al acceso del
discurso público, de manera que sólo puedan expresarse ciertas
formas específicas de conocimiento y opinión. Este tipo de control
discursivo e ideológico parece prevalecer en las sociedades
contemporáneas de la "información y comunicación", donde el
conocimiento y el acceso a los medios masivos y al discurso público
son esenciales para controlar las mentes -e indirectamente las
acciones- de los otros.
En este
contexto, el consentimiento y el consenso desempeñan un rol esencial
en el ejercicio del poder y la reproducción de las ideologías que lo
sustentan. Generalmente, aquellos que tienen poder persuasivo
ideológico y discursivo también poseen el poder coercitivo para
reprimir a quienes no se sometan a las directivas del poder
simbólico. Mientras que los sistemas tradicionales de poder eran
coercitivos (con base en el control físico de la acción, violencia o
poderío militar) gran parte del poder moderno es persuasivo,
discursivo y, por ende, ideológico.
E incluso
la resistencia y la lucha para vencer esa opresión requiere -según
Van Dijk- una base sociocognitiva en término de valores, principios
e ideologías relevantes para los grupos. Y son los líderes e
intelectuales quienes contribuyen en mayor medida al desarrollo de
tales ideologías. Pero para ello es fundamental el acceso al
discurso público, que puede comenzar con el pronunciamiento de
eslóganes en las calles, y canalizarse luego en escritos
confeccionados por académicos, políticos, líderes sindicales y otras
elites. Por definición, esos pronunciamientos deben basarse en
análisis sociales críticos, valores o principios éticos del grupo.
Uno de los
caminos para comprender el mecanismo de dominación entre grupos
consiste en esclarecer la forma en que los discursos ideológicos de
los grupos son presentados en los medios de comunicación.
Cotidianamente, las ideologías más destacadas en los medios de
difusión son las pertenecientes a las elites, en detrimento de las
sostenidas por grupos dominados y opositores.
De todos
modos, ello no impide que las elites simbólicas de los medios
(redactores de mayor jerarquía o columnistas destacados) desacuerden
con las ideologías políticas, empresariales y académicas dominantes.
Por lo
demás, aun cuando ocasionalmente los grupos de elite sean
criticados, en términos generales su representación será favorable
o, como mínimo, respetuosa.
En la sociedad contemporánea,
los medios adquieren una relevancia crucial en la medida que
vehiculizan discursos y opiniones confiriéndoles una “voz pública
efectiva”.
El
creciente control que ejercen las elites sobre los medios de
comunicación (como instrumentos de control ideológico en la
sociedad) explica por qué las ideologías de elite se convierten en
dominantes.
Este tipo
de poder discursivo necesita tres elementos: discurso, acción y
cognición (intención, propósito, motivación). Un discurso en base a
una orden se interpreta de un modo que lleva a los actores a
producir una intención de actuar como nosotros queremos y es sobre
esa intención que se actúa. Los recursos del poder simbólico pueden
estar basados en recursos socio-económicos, legales y políticos.
Las ideologías populares pueden
convertirse en dominantes en la medida que tengan amplio sustento
dentro de uno o varios grupos dominados; sus líderes tengan acceso
al discurso público y a los medios de comunicación -para lo cual los
medios tendrían que estar en connivencia con ellos-; y esas
ideologías populares no sean inconsistentes con los intereses de la
mayoría de las elites. Por lo demás, en los medios de comunicación
masiva, la asignación de tareas, desde la valorización de las
noticias que son importantes, hasta la determinación de quién es
entrevistado y quién no, quién es mencionado y quién no, está
sometida a intereses ideológicos. Por ello la confección de noticias
está sesgada hacia la reproducción de un conjunto de ideologías
dominantes, de elite.
Y a pesar
de las diferencias personales y la libertad de los receptores en su
procesamiento y utilización del discurso mediático, los efectos
ideológicos de los medios son innegables: la gama de ideologías
sociales aceptable es casi idéntica a la de aquellos que tiene
acceso preferencial a los medios. Y aun cuando se producen debates,
oposiciones, diferencias de opinión y diferencias entre los medios,
todo ello se produce dentro de los límites de una variación
ideológica tolerable.
4) Ideología, en otro nivel, las ideologías también
establecen vínculos entre el discurso y la sociedad. En un sentido,
las ideologías son la contraparte cognitiva del poder.
En la
definición cognitiva de “ideología”, Van Dijk emplea el concepto
“creencia” para designar “cualquier cosa que pueda ser pensada”. En
la medida que las creencias constituyen representaciones del mundo,
conllevan su interpretación y comprensión, con lo cual tales
creencias se convierten en un “mundo-según-nosotros”.
Van Dijk
da una primera definición de ideología como un sistema de creencias
sociales compartidas por “grupos”, entre las cuales quedan incluidas
tanto las creencias fácticas (conocimiento) como las creencias
evaluativas (opiniones).
Posteriormente el autor restringe más la noción y afirma que la
ideología es un sistema de creencias sociales generales y
abstractas, compartidas por un grupo, que controlan y organizan el
conocimiento y las opiniones (actitudes) más específicas del grupo.
Es decir, la ideología sería la base de las creencias sociales
compartidas por un grupo social.
Para
clarificar este enunciado, valgan las siguientes consideraciones:
·
Sólo las
creencias sociales -las compartidas por miembros de un grupo o
colectividad y que implican intereses de grupo- son creencias
ideológicas.
·
Estas
creencias son abstractas y generales porque permanecen desligadas
del contexto (con lo cual quedan excluidas las creencias
particulares referidas a episodios específicos).
·
Dentro del
sistema de creencias que conforma una ideología se encuentran:
-
Las
“creencias evaluativas socialmente compartidas” u “opiniones”.
Ofrecen una visión de lo que es correcto e incorrecto. Es
inconducente aplicarle a éstas criterios de verdad, ya que se puede
acordar o no con una opinión, pero no se la puede calificar de
verdadera o falsa.
-
Las
“actitudes” (creencias evaluativas generales - opiniones)
socialmente compartidas por un grupo; más concretamente, conjuntos
específicos de esas creencias (por ejemplo, la actitud sobre el
aborto).
-
Las
“creencias fácticas socialmente compartidas” o “conocimiento”.
Corresponde someter este tipo de creencias a criterios de verdad
(que Argentina es un país europeo es falso y no verdadero).
·
Las
creencias que conforman una ideología son específicas de grupos
sociales dentro de una cultura general. Las creencias culturales -en
cambio- son la base común de prácticamente todas las creencias
sociales de casi todos los grupos de una cultura dada.
Estructura
de las ideologías:
Una de las propiedades fundamentales de las ideologías radica en la
autorrepresentación positiva y la representación negativa de los
otros. El esquema de polarización planteado por la oposición
NOSOTROS/ELLOS ofrece un formato de la estructura de las ideologías.
Según esa
dualidad, los grupos construyen una imagen ideológica de sí mismos y
de los otros, de modo que NOSOTROS estamos representados
positivamente y ELLOS negativamente. Así, las ideologías son
representaciones de lo que somos, lo que sostenemos, de cuáles son
nuestros valores y cuáles nuestras relaciones con otros grupos
(enemigos u oponentes, que se oponen a lo que afirmamos, amenazan
nuestros intereses y nos impiden el acceso igualitario a los
recursos sociales y los derechos humanos).
Desde la
dicotomía NOSOTROS/ELLOS, las ideologías pueden legitimar el abuso
del poder, pero también pueden servir a la resistencia y denuncia de
la dominación y la desigualdad.
En
general, todas las ideologías sociales y políticas enfatizan uno o
más valores societales (democracia, libertad, igualdad,
independencia), que les proporcionan al grupo puntos de referencia
para la construcción de su identidad.
De todas
formas, los valores positivos que definen el orden moral de una
sociedad son usados por todos los grupos para la legitimación de sus
propios intereses y objetivos. En los grupos dominantes, los valores
pueden ser usados para legitimar su dominación y en los grupos
dominados, para legitimar su oposición, disidencia o resistencia.
Como en el caso del conocimiento social, las
ideologías supervisan cómo los usuarios del lenguaje emplean el
discurso en tantos miembros de grupos, u organizaciones (dominantes,
dominados o competidores), y de ese modo tratan de realizar los
intereses sociales y resolver los conflictos sociales. Al mismo
tiempo, el discurso es necesario para la reproducción de las
ideologías de un grupo.
El primer interrogante que se plantea es: ¿qué hacen
las personas con las ideologías? La respuesta es que las ideologías
son desarrolladas por grupos dominantes para reproducir y legitimar
su dominación. El discurso en este enfoque es esencialmente un medio
por el cual las ideologías se comunican de un modo persuasivo en la
sociedad y, de ese modo, ayudan a reproducir el poder y la
dominación de grupos o clases específicas.
La función social de las ideologías es principalmente
servir de interfaz entre los intereses colectivos del grupo y las
prácticas sociales individuales.
En concreto, las ideologías son las representaciones
mentales que forman la base de la cognición social, esto es, del
conocimiento y actitudes compartidas de un grupo. Es decir, además
de una función social de coordinación, las ideologías tienen también
funciones cognitivas de organización de creencias: en un nivel muy
general de pensamiento, les dicen a las personas cuál es su posición
y qué deben pensar acerca de las cuestiones sociales.
Si las ideologías deben representar los intereses y
la autodefinición de cada grupo, deberá existir un esquema del grupo
que posea las contrapartes mentales de las categorías sociales para
describir una identidad grupal: pertenencia, actividades, objetivos,
valores, posición y recursos.
Para el análisis ideológico del discurso, las
primeras condiciones son contextuales: los usuarios del lenguaje
deben hablar o escribir como miembros de grupos.
Ahora bien, se puede restringir
la noción de grupo, conjeturando que un conjunto de personas
constituye un grupo si y sólo si -como colectividad- comparten
representaciones sociales (conjunto organizado de creencias
socialmente compartidas, entre las que se cuentan conocimientos,
actitudes, ideologías, etc.).
El
conflicto social, la lucha y la oposición son criterios esenciales
para la definición de grupo: los grupos dominantes desarrollan una
ideología que sirve a la reproducción de su dominación; y los grupos
dominados desarrollan una ideología como base para sus actitudes,
opiniones, prácticas y discursos de resistencia u oposición.
Los grupos
deben ser además relativamente organizados o institucionalizados y
con un criterio de reclutamiento de miembros basado en la
identificación de un conjunto de propiedades (como actividades,
objetivos compartidos, normas, valores, recursos, posición respecto
a otros grupos).
Así, los
grupos sociales y sus miembros pueden distinguirse por:
-
quiénes
son: género, raza, etnicidad, casta, clase, edad, religión, lengua
y origen.
-
qué
hacen: por su actividad (como los profesionales).
-
qué
quieren: como los grupos que sostienen causas o propuestas.
-
en qué
creen: como los grupos religiosos.
-
dónde se
ubican: cuando los grupos se definen en términos de posición
social y sus relaciones con otros grupos.
-
qué (es
lo que) tienen o (lo que) no tienen: para los grupos cuya
identidad se basa en el acceso o la falta de él a los recursos
materiales o simbólicos sociales (como los sin techo, los
desempleados, los intelectuales, los ricos, etc.).
Explicitados estos puntos, es factible detallar cinco factores
esenciales para que un conjunto de individuos constituya un grupo:
1)
Desarrollar y compartir representaciones sociales.
2)
La identificación de los miembros del grupo.
3)
La defensa de recursos específicos (como la ciudadanía o la igualdad
de derechos).
4)
Las relaciones con otros grupos.
5)
Actividades específicas y al menos un objetivo vagamente compartido.
Finalmente, se puede hablar de una estrategia global de comunicación
ideológica a través del discurso que implica cuatro momentos:
·
Expresar-enfatizar información positiva sobre NOSOTROS.
·
Expresar-enfatizar información negativa sobre ELLOS.
·
Suprimir-desenfatizar
información positiva sobre ELLOS.
·
Suprimir-desenfatizar
información negativa sobre NOSOTROS.
Una de las
formas más transparentes de expresión ideológica en los discursos es
la elección de las palabras para expresar determinados conceptos (v.
gr. “luchador por la patria” versus “terrorista”). Según los cuatro
momentos del “cuadro ideológico” expuesto más arriba es dable
esperar que los “otros” grupos sean descriptos con palabras neutras
o negativas; mientras que nuestro grupo con términos neutros o
positivos.
Desde la
perspectiva del análisis de discurso como acción social, deben
considerarse: por un lado, las estructuras discursivas tales como la
sintaxis, las estructuras retóricas, la dualidad
implícito/explícito, significado e interpretación y proposiciones.
En otro
orden, y en el marco de las relaciones entre poder y discurso
planteadas por Van Dijk, se abordará el tipo de control ideológico
que Van Dijk denomina “persuasivo”. De este modo, y teniendo en
cuenta el acceso al discurso público de los diversos actores
sociales, será factible determinar quiénes se ubicaron en el extremo
de la resistencia y quiénes formaron parte de los grupos
hegemónicos.
Finalmente, conviene efectuar una delimitación conceptual. Se
denominará sectores de resistencia u oposición a quienes se
consideran opositores al poder y que pueden desplegar en un sentido
contrario muchas de las estrategias discursivas utilizadas por los
poderosos. Sin embargo, pueden existir formas específicas del
discurso características de los que carecen de poder. Estas formas
incluyen medios de difusión (panfletos anónimos, afiches, etc.) y
estructuras lingüísticas específicas (como eslóganes, cánticos,
petitorios, solicitadas, mitines, etc.).
Este
cuadro permite el tratamiento de los discursos, que
incluirá el análisis de:
·
Artículos
periodísticos: que conforman el género informativo. Dentro de esta
categoría quedan comprendidas las noticias, cables, crónicas, etc.,
que no posean juicios de valor.
·
Editoriales: como opinión institucional del medio y escaparate de su
coincidencia o desacuerdo con las visiones de los grupos
interviniente en el diagrama de poder trazado para un determinado
momento.
En
síntesis, la interrelación
entre lo factual y el abordaje semiótico de eventos históricos es lo
que permite entender el discurso como entidad inscripta en un
determinado cuadro social, político y cultural. Al analizar el
discurso como acción social
se puede reconstruir, a partir de marcas presentes en los artículos
y demás,
las operaciones y las estrategias mediante las que,
una práctica discursiva confiere sentido a un fenómeno, situación o
problema social, por lo que se
pretende
demostrar que el discurso no es sólo texto sino también una forma de
interacción entre los procesos de interpretación y la interacción
social, juntamente con la descripción de los contextos cognitivos y
sociales.
Bibliografía
Van Dijk, Teun.
·
El discurso como interacción social. Gedisa. Madrid,
2000.
·
Ideología.
Una aproximación multidisciplinaria. Gedisa. Barcelona, 1999.
·
La noticia
como discurso. Comprensión, estructura y producción de la
información. Paidós. Barcelona. 1990.
La Dra
Renée Isabel Mengo
pertenece a la
Universidad Nacional de Córdoba – República Argentina
FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO DE LATINA EN
BIBLIOGRAFÍAS:
Nombre de la autora, 2004; título del texto, en
Revista Latina de Comunicación Social, número 58, de julio-diciembre
de 2004, La Laguna (Tenerife), en la siguiente dirección telemática
(URL):
http://www.ull.es/publicaciones/latina/20042458mengo.htm
Van Dijk, Teun. El discurso como interacción
social. Gedisa. Madrid, 2000.
Van Dijk, Teun.
Ideología. Una aproximación multidisciplinaria.
Gedisa. Barcelona, 1999.
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