Ciencias Sociales

Polémica imaginaria entre Popper y Kuhn
Héctor A. Palma
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Polémica imaginaria entre popper y Kuhn sobre el progreso de la ciencia según un punto de vista evolucionista - Universidad de Buenos Aires

ABSTRACT: Habida cuenta de los intensos debates de los años '60 y '70, al interior de la tradición anglosajona en filosofía de la ciencia, y que minaron los postulados más básicos de la Concepción Heredada, apareció la necesidad de explicar el desarrollo de la ciencia en la historia, es decir el despliegue mismo de la racionalidad científica. Las epistemologías evolucionistas constituyen uno de esos intentos, aunque de su analogía con la teoría de la evolución biológica surge como problema el desajuste de explicar una empresa teleológica (la de la ciencia) mediante un modelo no teleológico (el de la evolución de las especies). En este trabajo se realiza un polemica imaginaria entre un epistemólogo evolucionista (Popper) y otro que no lo es (Kuhn) respecto de la cuestión del progreso de la ciencia: el primero, comprometido ontológicamente con un punto de vista evolucionista, mientras que el segundo realiza sólo una analogía.

I. La 'Nueva Imagen' De La Ciencia

A. Las críticas a la 'concepción heredada'

Una serie de críticas y objeciones de diversos orígenes fueron socavando poco a poco la fuerza y rigurosidad inicial de los fundamentos básicos de la CH. Así, la idea de reconstrucción racional, el presupuesto empirista, las nociones de objetividad, decidibilidad empírica, intersubjetividad y racionalidad, la idea de que la ciencia es sólo un sistema de enunciados, y fundamentalmente la restricción al contexto de justificación, recibieron, en conjunto o por separado, objeciones desde múltiples frentes:

a) Los tempranos trabajos, fuertemente críticos, de K. Popper,

b) La concepción holista de las teorías (tesis Duhem-Quine),

c) Los análisis de Quine sobre la indeterminación de la traducción y, sobre todo, la infradeterminación de la teoría por los datos, además de su propuesta de naturalizar la epistemología.

d) El fuerte poder crítico y hasta corrosivo de algunas ideas al interior mismo de la tradición epistemológica anglosajona, como por ejemplo las de Feyerabend, pero fundamentalmente las de T. Kuhn,

e) la sociología del conocimiento científico que, inspirada en buena medida en una lectura no ortodoxa de Kuhn, además de lograr un desarrollo relativamente autónomo respecto de la filosofía, comienza a reclamar la palabra en asuntos epistémicos.

B. A la búsqueda de un sujeto

Estos elementos críticos van mostrando, más allá de la absoluta heterogeneidad de objetivos, filiación y alcances, la necesidad de traspasar el corsé del contexto de justificación para reconocer que el conocimiento científico es producido, aceptado y justificado por seres humanos, y que el proceso de producción de tal conocimiento y las condiciones de posibilidad del mismo son algo más que un mero escenario. En suma, comienza a verse, sobre todo a partir de los años '60 y '70, la necesidad de dar respuesta al quién y al cómo de la producción científica. En al ámbito sociológico se produce una suerte de 'giro cognitivo': los estudios de sociología ya no respetaban la división del trabajo impuesta por los contextos de justificación y descubrimiento y comenzaron intentos de establecer relaciones causales entre los enunciados científicos y las condiciones sociales de su producción, intentos cuyo ejemplo más polémico es el Programa Fuerte. Por el lado de la filosofía de la ciencia, el reclamo kuhniano de reservar un lugar para la historia no pasó desapercibido, y aunque de hecho generó más debates que unanimidades colocó en el centro de la controversia la cuestión del

progreso de la ciencia. Desnudadas las limitaciones de la historiografía whigg explicar el progreso de la ciencia pasó a ser un problema desde dos puntos de vista: desde el cómo de su producción, pero también desde la necesidad de identificar al sujeto epistémico (sea individual, social, o sencillamente plantear una epistemología sin sujeto).

Las epistemologías llamadas evolucionistas constituyen algunos de los intentos de dar respuesta a, entre otras cosas, la dinámica de la ciencia.

II. El Progreso De La Ciencia En Cuestion

En general la estrategia de los epistemólogos evolucionistas consiste o bien en mostrar las analogías existentes entre el desarrollo de la ciencia o el conocimiento y la evolución biológica, o bien restar importancia a los desajustes en tales analogías.

El problema del progreso parece plantear un desajuste particularmente devastador entre biología y desarrollo del conocimiento científico. En efecto, casi todos los críticos y defensores acuerdan en que la evolución conceptual difiere de la evolución biológica en un importante respecto. En ciencia, se sostiene, hay progreso hacia una meta, mientras que en la evolución biológica no hay metas.

No plantearé aquí un debate entre epistemólogos evolucionistas o entre éstos y sus oponentes, sino una polémica imaginaria acerca de si la teoría de la evolución puede servir de modelo para el progreso de la ciencia, entre Kuhn y Popper.

Thomas Kuhn en las últimas páginas de La Estructura de las Revoluciones Científicas considera a la teoría de la evolución como un buen modelo para describir la historia de la ciencia. Llama la atención acerca del hecho de que casi ha concluido el libro y todavía no se ha tocado la cuestión de la 'verdad'. Según la visión tradicional de la ciencia, la 'verdad' operaría como el telos de la ciencia, ya sea alcanzable según el optimismo neopositivista o como idea regulativa inalcanzable para Popper. Pero, se pregunta Kuhn, "¿es preciso que exista esa meta, no podemos explicar tanto la existencia de la ciencia como su éxito en términos de evolución a partir del estado de conocimientos de una comunidad en un momento dado?... Si podemos aprender a sustituir la-evolución-hacia-lo-que- deseamos- conocer por la evolución-a-partir-de-lo-que-conocemos, muchos problemas difíciles desaparecerán en el proceso"(Kuhn, 1969: 263).

El paralelo con la Teoría de la Evolución se establece según las afirmaciones por las que fue más revolucionaria y resistida: contradecía la idea de que la evolución estaba dirigida hacia algún fin predeterminado, es decir expulsaba la teleología en la conformación de la diversidad del mundo biológico.

En La Estructura Kuhn entiende la ciencia como una empresa de resolución de enigmas dentro de un paradigma y de cambio revolucionario entre paradigmas. Esto le permite extender un poco más la analogía: así como la "selección natural, resultante de la mera competencia entre organismos por la supervivencia, (ha producido)... junto con los animales y las plantas al hombre" el proceso "descrito como la resolución de las revoluciones (...) constituye, dentro de la comunidad científica, la selección, a través de la pugna, del mejor camino para la práctica de la ciencia futura. El resultado neto de una secuencia de tales selecciones revolucionarias, separado por períodos de investigación normal, es el conjunto de documentos maravillosamente adaptado, que denominamos conocimiento científico moderno.

Las etapas sucesivas en ese proceso de desarrollo se caracterizan por un aumento en la articulación y la especialización. Y todo el proceso pudo tener lugar, como suponemos actualmente que ocurrió la evolución biológica, sin el beneficio de una meta preestablecida, de una verdad científica fija y permanente, de la que cada etapa del desarrollo de los conocimientos científicos fuera un mejor ejemplo" (Kuhn, 1969: 265).

Como no se trata aquí de hacer una exégesis de la obra kuhniana, basta con el planteo del argumento realizado hasta aquí, aunque es justo reconocer que algo más tarde, en el Coloquio Internacional de Filosofía de la Ciencia celebrado en Londres en 1965, Kuhn intentó anular las consecuencias relativistas de este planteo y bastante más tarde (en 1990 en "The road since structure") utilizó una analogía con el evolucionismo para desentenderse de las acusaciones de idealista de que había sido objeto, modificando los alcances y significación de los isomorfismos planteados entre biología y desarrollo de la ciencia y del conocimiento.

III. La Racionalidad De Las Revoluciones Cientificas

Este es el título de uno de los tantos artículos en los que Popper (Popper, 1975) expone su punto de vista evolucionista. Y realmente el título resume con gran claridad la problemática que aborda: dar cuenta del proceso histórico en el cual la ciencia tiene lugar pero salvaguardando la racionalidad del mismo. Pero Popper fue siempre muy claro a la hora de diferenciar los 'contextos':

"(...) la justificación de la preferencia de una teoría a otra , ha de distinguirse tajantemente de todo problema genético histórico y psicológico (...) Hablo pues de epistemología evolucionista, aunque sostengo que las ideas fundamentales en epistemología no son de carácter fáctico, sino lógico" (Popper, 1972b: 71).

A. El primer problema de Popper

Surge entonces lo que aquí llamo el primer problema de Popper: explicar el proceso de la ciencia -y el carácter racional del mismo- sin hablar de historia, génesis, subjetividad, etc.

La estrategia de Popper es utilizar el método de ensayo y eliminación del error en distintos niveles : el de la mera evolución biológica, el de la conducta en general y el del conocimiento -ya sea el conocimiento común como el científico en el cual se inaugura la forma de conjeturas y refutaciones. (Cf. Popper 1972b, 1974, 1975, 1977)

De tal modo, al mismo tiempo que establece un continuo y una unidad desde los mismos orígenes biológicos hasta las más sutiles y abstractas teorías científicas, se constituye en un claro ejemplo -aunque no el primero ni el único- dentro de las epistemologías evolucionistas, no ya de traer un modelo biológico a la epistemología, sino del proceso inverso, es decir utilizar una concepción gnoseológica para explicar la evolución biológica.

Pero, siguiendo la analogía, podría objetarse: ¿es posible pensar la muerte de un individuo y aún de una especie como un error ?. Perder en la lucha por la supervivencia parece ser sólo eso: perder (y morir). Pero un error se comete "(...) en un momento y lugar especificables, por un individuo determinado. Tal individuo no ha obedecido una de las reglas establecidas de la lógica o del lenguaje, o bien de las relaciones entre algunas de esas y la experiencia" (Kuhn, 1977: 302).

Como quiera que sea, todo el proceso de desarrollo del universo es planteado por Popper a partir de novedades (evolución emergente) que van abasteciendo los distintos subniveles que conformarán los tres mundos, desde el átomo más simple hasta los elaborados objetos de la cultura humana, y restricciones a esas novedades. (Cf. Popper, 1977)

B. El segundo problema de Popper

Abordaré ahora lo que llamo el segundo problema de Popper: cómo explicar un proceso teleológico mediante un modelo no teleológico.

La novedad que aparece en la actividad científica de ninguna manera es aleatoria como las mutaciones en la naturaleza. Y la actividad científica no es aleatoria porque, para el mismo Popper, tiene una finalidad , tiene una dirección, esto es el acercamiento progresivo (aunque inalcanzable ) a la verdad. Popper es absolutamente consciente de este inconveniente (Cf. Popper, 1975: 160).

A decir verdad la Teoría de la Evolución parece guardar una relación isomórfica más estrecha con el instrumentalismo que con una posición correspondentista como la de Popper, ya que los caracteres de los organismos sólo resultan ventajosos para determinadas condiciones ambientales. Si éstas cambian pueden resultar irrelevantes o hasta perjudiciales. Hay teorías falsas pero no nidos falsos. Si respetamos el isomorfismo planteado por Popper no tendría sentido examinar una teoría en cuanto a su verdad o falsedad sino, en el mejor de los casos, en cuanto a su funcionalidad respecto de la supervivencia humana; esto es según su utilidad.

Esta perspectiva conduciría a un verdadero dilema porque: o se abandona la distinción entre génesis y validez y con ella la idea de verdad objetiva o bien se abandona este enfoque naturalista del progreso científico. La primera alternativa indica una tendencia inherente a la epistemología de Popper hacia el instrumentalismo, que sin embargo él rechaza enérgicamente. La segunda alternativa debilita la posición popperiana de que hay progreso en ciencia entendida al modo del falsacionismo.

No obstante, la estrategia de Popper no consiste en reconocer la deficiencia del isomorfismo planteado, sino en proponer una Teoría de la Evolución biológica propia, en la cual acentúa los aspectos teleológicos.

La Teoría de la Evolución legitima su carácter de modelo de explicación para ámbitos ajenos a la biología, en los éxitos y consensos logrados, precisamente, dentro de ésta. Resulta sumamente interesante entonces mostrar que en el caso de Popper el recorrido del modelo original al analógico, resulta inverso. Ya he mostrado que utiliza una concepción gnoseológica (ensayo y eliminación del error) para explicar lo biológico. Algo similar ocurre cuando propone 'su' Teoría de la Evolución sabiendo que "puede ser muy objetable para la mayoría de los biólogos que crean que las explicaciones teleológicas en biología son tan rechazables, o casi, como las teológicas"(Popper, 1972b: 244 y ss.).

IV. Final

Sintetizando nuestro debate imaginario, el sujeto epistémico de Kuhn, como por otra parte él lo señala expresamente, es un sujeto histórico que construye y reconstruye históricamente la racionalidad científica, mientras que para Popper, la respuesta a los debates de los años '60 es una vuelta de tuerca más a sus postulados de los años '30 y, en definitiva una suerte de salvataje de algunos puntos básicos de la concepción heredada que habían mostrado su fragilidad. El punto de vista evolucionista le permite a Popper pensar a la ciencia como un sistema de enunciados ubicados en un mundo objetivo y realizada por un sujeto biológico (con lo cual la racionalidad descansa sobre fundamentos 'naturalistas'), pero no por un sujeto histórico.

Bibliografía

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