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Ciencias Sociales |
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“No hace mucho tiempo, era posible utilizar la noción de vida cotidiana de manera cotidiana. […] Sin embargo, en nuestros días la noción de vida cotidiana ha salido de lo cotidiano. Está fuertemente cargada de reflexiones teóricas, y bajo esta forma ha llegado a ser el concepto clave de
varias escuelas del pensamiento sociológico contemporáneo […]
actividades que se presentan como un mundo en movimiento y que conforman la vida diaria de las personas. Por lo tanto, forman parte de la cotidianeidad: la familia, el trabajo, el sexo, los amigos, el cine, los viajes y las formas de diversión entre la diversidad de prácticas que expresan
diariamente nuestra historia subjetiva e individual
“histórico” sintetiza transformaciones que ya estaban presentes de manera subyacente en la naturalidad de los procesos rutinizados de nuestro acaecer diario. Las tendencias sobre cambios en los modos de producción o en los estilos de vida se expresan en lo cotidiano, antes de que se materialicen en los procesos complejos de transformación. La vida cotidiana no sólo constituye el espacio de lo emocional en las relaciones interpersonales, sino que también conforma un ámbito de creación y construcción de la sociedad, dentro del cual se expresan y aparecen tendencias de cambio existencia social. En este espacio de lo social, las personas se apropian del mundo “objetivado”. En realidad, la cotidianeidad no sólo está llena de objetivaciones, sino que es posible únicamente por ellas, el lenguaje por ejemplo, es el sistema signos más importantes de la sociedad humana, y la comprensión de la realidad de la vida cotidiana también engloba un mundo intersubjetivo e individual que se configura a partir de las elecciones conscientes cargadas de subjetividad, que permiten a los sujetos sociales asimilar la realidad a partir de construir su propio sentido, en el marco de un margen de variabilidad acotado por la posibilidad de la reproducción social En las sociedades actuales, lo cotidiano ya no es un campo dejado exclusivamente a la iniciativa o elección individual: una serie de organizaciones e instituciones lo organizan y sistematizan. La vida cotidiana se encuentra programada con el objetivo de consolidar y estructurar el orden social, o sea, también a través de ella se ejerce el poder, se manifiestan sus expresiones opacadas y los mecanismos de resistencia a la dominación y la aceptación de la misma. El sistema político –por ejemplo- necesita para funcionar de una lealtad política difusa de los ciudadanos electores que se asienta en la cotidianidad, -lo “público” tiene que ser lo más despolitizado posible-. En otro sentido, la cotidianeidad se estructura y organiza en función de una matriz ideológica-simbólica dominante, que a escala global configura el consumo social según el modelo de producción vigente. La publicidad penetra en todos los subsistemas de la vida cotidiana (el deporte, la política, el sexo, la moda, recreación, turismo, etc.), se apropia del deseo de los individuos y los induce a consumir la mayor cantidad posible de objetos materiales y simbólicos, como condición sine qua non para alcanzar un sentido de “felicidad” y “satisfacción individual”. ٭ Docente titular de la cátedra “Sociología de la vida cotidiana” de la Maestría Teorías y Políticas de la Recreación. ٭٭ Docente colaborador de la “Sociología de la vida cotidiana” de la Maestría Teorías y Políticas de la Recreación.
Si bien lo cotidiano en un tiempo estaba signado por el mundo del trabajo, con la expansión del capitalismo de consumo, se fue conformando una cotidianidad vinculada a prácticas diferenciadas de las del tiempo laboral y obligado, efectivizadas en el transcurso de un tiempo que fue denominándose “libre” de la coacción del orden establecido. En este nuevo “tiempo” creado, adquirieron entidad –entre otras- las prácticas de la recreación y el turismo, llegándose a conformar formas de recreación que se asocian a formaciones socioeconómicas concretas. En esa dirección, trabajamos con el concepto <<modos de recreación>> ( Gerlero, Julia; 2003), el que refiere en su significado a la complejidad de factores devenidos de las formaciones socioeconómicas concretas que permiten y a la vez constriñen la posibilidad del acto recreativo como práctica emotivamente agradable y placentera, constituyéndose en el resultado y condición de una sociedad y cotidianidad concreta, a su vez refleja una realidad particular entre lo subjetivo y objetivo configurado en <<habitus>>, en razón de que los factores que posibilitan y constriñen las prácticas recreativas, guardan una estrecha relación con la condiciones de vida de la sociedad y ejercen a la vez influencia en ella. En este sentido, el concepto de modo de recreación contribuye a integrar el estudio de la recreación y las prácticas recreativas en su realidad histórica, no desarticulada ni fragmentada del espacio social y cotidiano, explicada a partir de los <<habitus>> corporizados de los sujetos en el contexto social que los configura y del cual emergen en relación con las condiciones de vida. La conformación del modo de recreación contemplaría las diferentes combinaciones posibles de
algunas o todas de las siguientes dimensiones y sus respectivos pesos
específicos: Desde nuestra visión sociológica de la vida cotidiana, pensamos en el <<turismo>> como una de las prácticas recreativas, que introduce la ruptura de las rutinas cotidianas por medio del traslado a otros espacios sociales e históricos. Esta especificidad y la confluencia de múltiples aspectos que se producen a partir del traslado (viaje, alojamiento, alimentación), pensamos pertinente desarrollar algunas reflexiones sobre: la cotidianidad, rutina y situación turística, como práctica recreativa y cognitiva-comprensiva durante el tiempo libre de los sujetos (Gerlero, J. – Taranda, D.; 2002) Vida Cotidiana – Rutina -Turismo
éste ha de sentirse “ajeno a su rutina diaria, ha de sentir que se encuentra temporalmente en un contexto diferente y desconocido, que pretende de algún modo conocer.” Para algunos este estado de “sentirse turista” no se sustenta en explicación alguna, al punto que algunos autores lo atribuyen a lo esotérico de la magia del turismo. Pero lejos de ser una “magia”, esta <<ajenidad>> que vive el turista debe explicarse a partir de la ruptura que el mismo establece con su rutina diaria originaria. En la <<situación turística>> el sujeto queda desprovisto de sus escenarios de acción, así como del tiempo –en términos de horarios preestablecidos- para cumplimiento de su actividad principal – por ejemplo, la laboral-, y de la interdependencia relacional que exigen las actividades diarias conexas en su conjunto. Estas tres dimensiones – tiempo, espacio e interdependencia relacional- son las que configuran la rutina en el lugar de origen. Como contrapartida, el traslado, la satisfacción de necesidades básicas en el lugar de destino: alojamiento y alimentación, así como la actitud del turista en un contexto sociocultural “nuevo”, serán los factores externos e interno respectivamente, que por ser constitutivos de la <<situación turística>> colaboraran a ese sentimiento de <<ajenidad>>. Es importante reconocer en principio que la ruptura de la rutina es inherente a la <<situación turística>>, y se produce a partir de los factores constitutivos del turismo. Al ser esta ruptura desrutinizadora, se potencian en el turista las posibilidades de experimentar una mayor autonomía, conciencia de libertad, y expresión espontánea de las emociones, en un contexto que muchas veces no alcanza a comprender.
En su acepción más simple, la “rutina” se relaciona con el “hábito”, y designa en consecuencia regularidad en las formas de hacer, de actuar el sujeto en su vida cotidiana. Esa vida social, - para Giddens5 (Giddens, A.; 1995:164)- ocurre en intersecciones de presencia y ausencia de los cuerpos en un tiempo y un espacio, y está constituida por ellos. La regulación del tiempo y el espacio, conlleva la rutinización necesaria para la reproducción social. Ambos, -tiempo y espacio más que elementos participantes en el proceso de rutinización, “co-constituyen” la acción rutinizada del individuo. La constituyen no ya solo como contexto, sino también como texto que organiza las acciones de los sujetos en su vida cotidiana en las formas de ser y hacer. Las rutinas tendencialmente se establecen en función de una actividad principal, aquella que se le presenta al individuo como <<necesaria>> y <<obligatoria>> para su reproducción y que afianza lo societal cotidiano. En este sentido, la rutinización de las trayectorias de los sujetos en el espacio y en el tiempo se conformaran a partir de la reiteración de los desplazamientos de los cuerpos, realizados a la misma hora y en situación de similares características. Estos mismos desplazamientos ordenan las interacciones en ambas dimensiones, y así es como las relaciones sociales pueden reproducirse6. Los sujetos sociales son expertos en el manejo de una serie de mecanismos para sustentar las rutinas y su <<seguridad ontológica>>. La regulación de tales mecanismos (rupturas en las conversaciones, posicionamiento espacial, tacto, rituales de encuentro, etc.) en las interacciones ceñidas en tiempo y espacio, afecta, la dimensión emocional del sujeto. En síntesis, las rutinas cotidianas no son solo “cognitivas sino que están imbuidas de
una significación emocional”, tal lo reconocen Lash y Urry.7 ( Lash y
Urry, 1998) rutinización, y destaca otro de los componentes que consideramos fundamentales en la rutina, esto es la interdependencia relacional. Elías define rutina como: “[…] los canales recurrentes de acción, impuestos por la interdependencia de unos y otros, y que a su vez imponen sobre el individuo un alto grado de regularidad, constancia y control emocional en la conducta y que bloquean otros canales de acción aun cuando correspondan mejor al estado de ánimo, los sentimientos y las necesidades emocionales del momento.[…]”. Para este autor, el grado de rutinización puede variar, entre las prácticas laborales y las que se realizan en el tiempo libre. Éste tiempo presenta algún grado de rutinización, pero son las actividades recreativas donde en mayor medida “la contención rutinaria de las emociones puede hasta cierto punto relajarse públicamente y con el beneplácito social”. El control emocional se aligera en las prácticas recreativas, el sujeto puede manifestarse más espontáneamente, la vivencia de libertad es más cercana. Así mismo se destaca en lo recreativo una intencionalidad hacia la búsqueda de emociones agradables, es decir hacia la obtención de goce y de placer, de sentirse gratificado. Ahora bien, las rutinas son para el individuo un marco definido para la acción. La repetición de trayectos, encuentros en el espacio-tiempo, acota las alternativas diarias de decisión frente a situaciones de similares características. Por la rutina, el sujeto tiene resuelto su accionar cotidiano, sin someterse a la tensión que provocarían decisiones constantes. La rutina genera una serie de posibilidades predecibles de acción propia y de los otros. Este sentimiento de seguridad y certeza para actuar que está sustentado en la <confianza básica>, es lo que Giddens denomina <<seguridad ontológica>> 8 ( Giddens, A.; 1995:399). La misma se expresa en la “autonomía de gobierno del propio cuerpo”, dentro de rutinas predecibles. Es significativo por tanto la predictibilidad y continuidad que se pueda instaurar en el marco de nuevas acciones para el individuo, a fin de resguardar su <<seguridad ontológica>>. Es característica de la modernidad que la confianza ya no necesariamente sea depositada en otros sujetos significativos –como lo fue en las sociedades pre-modernas- sino sobre todo en sistemas abstractos que por su significación social pasan a ser depositarios de confianza.
en masa, fue mediado por acciones meticulosamente planificadas -tal lo realizaba Thomas Coock- en sus “viajes organizados”, en grupo, en destinos absolutamente programados, respondiendo en definitiva a los parámetros de “racionalidad y seguridad” imperantes en la modernidad temprana. En la actualidad con una menor intermediación relativa de agentes de viajes, o a través de ellos, según el grado de desarrollo de los servicios turísticos, prevalece la confianza depositada en sistemas expertos de comunicación globalizados, esto es, publicaciones acreditadas, guías turísticas disponibles en todos los lugares y para todos los lugares del mundo, terminales con información accesible en el destino, etc. Hoy, estos sistemas expertos de información son los que reemplazan al “otro” en la generación de confianza, en la reconstrucción de marcos contenedores para la acción, permitiendo que no se resientan los esquemas de la <<seguridad ontológica>>. Es decir que, frente a la predictibilidad de lo rutinario, la desrutinización que produce la situación turística, está contenida por los marcos de seguridad de los mediadores y de las mediaciones, facilitando las acciones del sujeto en el nuevo contexto sociocultural, y a su vez, acercándole la posibilidad de recrear sus emociones y la cognicióncomprensión de lo nuevo en que se encuentra. La configuración de la situación turística como facilitador de la ruptura de la rutina original El desarrollo alcanzado por la comunicación en la modernidad es uno de los aspectos paradigmáticos de la misma. No solo el desarrollo de las comunicaciones impersonales y mediadas por “aparatos”, sino la comunicación en términos de co-presencia debido a un incremento en intensidad de movilidad y traslado de los propios cuerpos. En comparación con las sociedades premodernas, el sujeto no se mueve solamente en un entorno familiar sino que las posibilidades de encuentros con otros lejanos– más allá de las características que éstos adquieran-, son múltiples. La movilidad o el traslado es uno de los ejes constitutivos de las prácticas turísticas. Traslado implica tiempo y espacio que se sintetizan en una distancia a recorrer. La percepción que del mismo se pueda tener difiere en función del medio de transporte que se utilice. “La convergencia de tiempo y espacio producida por <<las tecnologías que salvan distancias>> designa la disminución del tiempo necesario para moverse de un lugar a
otro” ( Lash y Urry, 1998). posibilidades de su subjetivización para su goce, se conjugan para producir un sentimiento placentero de ajenidad determinado por las trayectorias entre escenarios contrapuestos. Producido el traslado, y ya en el lugar de destino se produce una modificación en las formas de satisfacción de las necesidades básicas. Los elementos y entorno que lo facilitan son diferentes a la cotidianidad que porta el turista. En la situación turística se impone la modificación de las variables externas al sujeto para satisfacer su necesidad de alimentación y descanso. El contexto físico para éste último puede variar desde un alojamiento hotelero, hasta una cabaña, camping, o bien realizarse en casa de parientes o amigos, pero lo definitivo es que no corresponde a su <<rutina>> espacio-tiempo internalizado. De igual modo, la alimentación presenta diferentes alternativas de satisfacerse, pero cualquiera de ellas corresponderá a escenarios distintos al lugar de residencia, con un entorno social diferenciado. Las trayectorias recurrentes en tiempo y espacio, y la interdependencia relacional regularizada, -factores constitutivos de las acciones rutinizadas de los sujetos-, han desaparecido. Conviene considerar ahora la predisposición a actuar que tiene el turista en este nuevo escenario. Hablar de lo actitudinal en las prácticas turísticas, implica incorporar la dimensión de la subjetividad del sujeto. Al análisis de las dimensiones que determinan una configuración turística, se incorpora un elemento que parte desde el propio individuo, y se constituye en un impulso de importancia para establecer el corte con lo rutinario: la predisposición del sujeto frente a la experiencia recreativa, la que conjuga la búsqueda del goce y del placer con lo cognitivo. Esto significa que desde el mismo momento en que se inician los arreglos para el viaje turístico, todos y cada uno de los componentes de la experiencia son evaluados por el turista potencial a fin de obtener de ellos el máximo disfrute. Ésta expectativa anticipa la vivencia turística y sitúa al individuo en un existencial imaginario de “desrutinización” en el lugar de destino El ámbito de las vacaciones como ámbito de la reproducción social, se identifica con una “orientación al presente” del tiempo social 9 ( Lewis y Weigert; 1998). Las prácticas auténticas de ocio permiten que el sujeto perciba que ese tiempo entre paréntesis se ha detenido. Se vive el <<aquí>> y el <<ahora>>. Las actividades desarrolladas en el destino (caminatas en el bosque, escaladas, museos, etc.), absorben tanto al participante que logran que éste vivencie que el tiempo se ha detenido, es ese y no otro, no hay un <<para más adelante>>, y <<no sabe si vuelve>>. Lo expresado, conforma aspectos y/o dimensiones de la recreación en su acepción más general. El disfrute y la búsqueda de satisfacción son inmediatas e inherentes a la actividad recreativa misma ( Deppe Maclean, Carlos;1967) , es decir que no se produce un desplazamiento de expectativas hacia un resultado o hacia otro objeto. En lo recreativo debe existir entonces, una “orientación al presente”. Tal orientación se logra a partir de la confluencia tanto de las características atrapantes que posea la actividad, así como de la actitud del sujeto tal como lo estamos analizando. La actitud del turista en tanto es predisposición al placer, al goce y lo novedoso, interpenetrado con las condiciones externas que conforman la <<situación turística>> contribuyen dialécticamente a romper con la rutina en los aspectos de contención existencial que ésta ejerce. Esta predisposición puede transformarse en acción, a partir de la ruptura establecida en el tiempo y en el espacio producida por el traslado y alentada por las trayectorias en los nuevos escenarios y la satisfacción de sus necesidades básicas, en un contexto de <<seguridad ontológica>>. Entendemos que a partir del estudio de la vida cotidiana, como mundo de lo heterogéneo, de lo racional y a la vez de lo irracional, de lo diverso pero a la vez de lo rutinario, es posible acceder a la explicación y análisis de las prácticas de los sujetos en diversos espacios y temporalidades. Por ejemplo, las vinculadas a la recreación y al turismo, que aparecen a la mirada de una observación ingenua como escindidas de la vida diaria.
Elías, N; Dunning, E. (1992); Deporte y ocio en el proceso de civilización. FCE, Madrid. Deppe Maclean, Carlos (1967); Recreation in American life. Indiana University. California, EE.UU. Gerlero, Julia (2003); El modo de recreación. Aporte teórico para el estudio de la recreación. Tesis de la Maestría en Teorías y Políticas del Tiempo Libre y la Recreación. Facultad de Turismo, UNCo. Gerlero, Julia; Taranda, Demetrio (2002); “El turismo como práctica recreativa comprensiva-cognitiva en el tiempo libre”. Ponencia en las V Jornadas Nacionales de Investigación-Acción en Turismo, Mar del Plata 29 de mayo al 1 de junio de 2002 Giddens, A.(1995); La constitución de la sociedad; Amorrortu, Bs. As. Lash - Urry. (1998); Economías de signos y espacios. Amorrortu. Bs. As Lewis y Weigert (1998); “Estructura y significado del tiempo social”. En Ramón Ramos Torres (comp.), Tiempo y sociedad. CIS - Siglo Veintiuno, Madrid. Lindón, Alicia. Coordinadora (2000); La vida cotidiana y su espacio-temporalidad, Anthropos, México. Reguillo, Rossana (2000); “La clandestina centralidad de la vida cotidiana”. En Lindón, Alicia (coord.) La vida cotidiana y su espacio-temporalidad, Anthropos, México San Martín García, J. E. (1997); Psicosociología del ocio y el turismo. Ediciones Aljibe, Málaga, España. De los niveles del tiempo social propuestos por Lewis y Weigert. |
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