Ciencias Sociales
De la vida cotidiana a la recreación y el turismo
Demetrio Taranda demtar@neunet.com.ar
Julia Gerlero
jgerlero@uncoma.edu.ar

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Diccionario de términos de historia y de filosofía de la ciencia - ¿Qué se entiende por vida cotidiana? - "La vida cotidiana y su espacio temporalidad"  - Alexandre Koyré - La lógica especulativa y experimental de Galileo Galilei - Epistemología de Carl Popper - Diccionario de términos de historia y de filosofía de la ciencia

“No hace mucho tiempo, era posible utilizar la noción de vida cotidiana de manera cotidiana. […]

Sin embargo, en nuestros días la noción de vida cotidiana ha salido de lo cotidiano. Está

fuertemente cargada de reflexiones teóricas, y bajo esta forma ha llegado a ser el concepto

clave de varias escuelas del pensamiento sociológico contemporáneo […]
(Norbert Elías, en Villoria Lindón, Alicia; coord. 2000: 7). El interés por el estudio de la Vida Cotidiana se ubica a partir de reconocer que es allí donde el sujeto se constituye como tal; en la cotidianidad de prácticas que se expresan tanto en el tiempo de trabajo como en el tiempo libre. Por tanto –en el marco de los estudios de la Maestría en Teorías y Políticas de la Recreación- se propone un seminario que contempla la profundización de las temáticas de la cotidianeidad, atento a que la misma es parte analítica del espacio social.


Entendemos por vida cotidiana el conjunto heterogéneo de hechos, actos objetos, relaciones y

actividades que se presentan como un mundo en movimiento y que conforman la vida diaria de

las personas. Por lo tanto, forman parte de la cotidianeidad: la familia, el trabajo, el sexo, los

amigos, el cine, los viajes y las formas de diversión entre la diversidad de prácticas que

expresan diariamente nuestra historia subjetiva e individual

La vida cotidiana tiene para las personas el significado subjetivo de un mundo coherente, que se origina en sus pensamientos y acciones y se encuentra sustentado como una instancia real por éstos.


Pero la vida cotidiana es también sustancia histórica. En los grandes acontecimientos sociales, lo

“histórico” sintetiza transformaciones que ya estaban presentes de manera subyacente en la

naturalidad de los procesos rutinizados de nuestro acaecer diario. Las tendencias sobre cambios

en los modos de producción o en los estilos de vida se expresan en lo cotidiano, antes de que se

materialicen en los procesos complejos de transformación. La vida cotidiana no sólo constituye el

espacio de lo emocional en las relaciones interpersonales, sino que también conforma un ámbito

de creación y construcción de la sociedad, dentro del cual se expresan y aparecen tendencias de

cambio

La cotidianidad nos remite al estudio de la forma en que las persona producen y reproducen su

existencia social. En este espacio de lo social, las personas se apropian del mundo “objetivado”.

En realidad, la cotidianeidad no sólo está llena de objetivaciones, sino que es posible únicamente

por ellas, el lenguaje por ejemplo, es el sistema signos más importantes de la sociedad humana,

y la comprensión de la realidad de la vida cotidiana también engloba un mundo intersubjetivo e

individual que se configura a partir de las elecciones conscientes cargadas de subjetividad, que

permiten a los sujetos sociales asimilar la realidad a partir de construir su propio sentido, en el

marco de un margen de variabilidad acotado por la posibilidad de la reproducción social

En las sociedades actuales, lo cotidiano ya no es un campo dejado exclusivamente a la iniciativa

o elección individual: una serie de organizaciones e instituciones lo organizan y sistematizan. La

vida cotidiana se encuentra programada con el objetivo de consolidar y estructurar el orden

social, o sea, también a través de ella se ejerce el poder, se manifiestan sus expresiones

opacadas y los mecanismos de resistencia a la dominación y la aceptación de la misma. El

sistema político –por ejemplo- necesita para funcionar de una lealtad política difusa de los

ciudadanos electores que se asienta en la cotidianidad, -lo “público” tiene que ser lo más

despolitizado posible-. En otro sentido, la cotidianeidad se estructura y organiza en función de

una matriz ideológica-simbólica dominante, que a escala global configura el consumo social

según el modelo de producción vigente. La publicidad penetra en todos los subsistemas de la

vida cotidiana (el deporte, la política, el sexo, la moda, recreación, turismo, etc.), se apropia del

deseo de los individuos y los induce a consumir la mayor cantidad posible de objetos materiales

y simbólicos, como condición sine qua non para alcanzar un sentido de “felicidad” y “satisfacción

individual”.

La Recreación y el Turismo como prácticas de la Vida Cotidiana.

٭ Docente titular de la cátedra “Sociología de la vida cotidiana” de la Maestría Teorías y Políticas de la Recreación.

٭٭ Docente colaborador de la “Sociología de la vida cotidiana” de la Maestría Teorías y Políticas de la Recreación.

 

Si bien lo cotidiano en un tiempo estaba signado por el mundo del trabajo, con la expansión del

capitalismo de consumo, se fue conformando una cotidianidad vinculada a prácticas

diferenciadas de las del tiempo laboral y obligado, efectivizadas en el transcurso de un tiempo

que fue denominándose “libre” de la coacción del orden establecido. En este nuevo “tiempo”

creado, adquirieron entidad –entre otras- las prácticas de la recreación y el turismo, llegándose

a conformar formas de recreación que se asocian a formaciones socioeconómicas concretas.

En esa dirección, trabajamos con el concepto <<modos de recreación>> ( Gerlero, Julia; 2003),

el que refiere en su significado a la complejidad de factores devenidos de las formaciones

socioeconómicas concretas que permiten y a la vez constriñen la posibilidad del acto recreativo

como práctica emotivamente agradable y placentera, constituyéndose en el resultado y condición

de una sociedad y cotidianidad concreta, a su vez refleja una realidad particular entre lo

subjetivo y objetivo configurado en <<habitus>>, en razón de que los factores que posibilitan y

constriñen las prácticas recreativas, guardan una estrecha relación con la condiciones de vida de

la sociedad y ejercen a la vez influencia en ella.

En este sentido, el concepto de modo de recreación contribuye a integrar el estudio de la

recreación y las prácticas recreativas en su realidad histórica, no desarticulada ni fragmentada

del espacio social y cotidiano, explicada a partir de los <<habitus>> corporizados de los sujetos

en el contexto social que los configura y del cual emergen en relación con las condiciones de

vida. La conformación del modo de recreación contemplaría las diferentes combinaciones

posibles de algunas o todas de las siguientes dimensiones y sus respectivos pesos específicos:

1) mimético; 2) consuntivo; 3) ilinx y 4) alea

Tales dimensiones nos permiten identificar el componente principal del placer recreativo por el que el sujeto adhiere a una práctica determinada a partir de las propias trayectorias constituidas en su cotidianidad.

Desde nuestra visión sociológica de la vida cotidiana, pensamos en el <<turismo>> como una

de las prácticas recreativas, que introduce la ruptura de las rutinas cotidianas por medio del

traslado a otros espacios sociales e históricos. Esta especificidad y la confluencia de múltiples

aspectos que se producen a partir del traslado (viaje, alojamiento, alimentación), pensamos

pertinente desarrollar algunas reflexiones sobre: la cotidianidad, rutina y situación turística,

como práctica recreativa y cognitiva-comprensiva durante el tiempo libre de los sujetos

(Gerlero, J. – Taranda, D.; 2002) Vida Cotidiana – Rutina -Turismo


San Martín García ( San Martín García, J. E.; 1997) en su caracterización del turista anticipa que

éste ha de sentirse “ajeno a su rutina diaria, ha de sentir que se encuentra temporalmente en un

contexto diferente y desconocido, que pretende de algún modo conocer.” Para algunos este

estado de “sentirse turista” no se sustenta en explicación alguna, al punto que algunos autores

lo atribuyen a lo esotérico de la magia del turismo. Pero lejos de ser una “magia”, esta

<<ajenidad>> que vive el turista debe explicarse a partir de la ruptura que el mismo establece

con su rutina diaria originaria. En la <<situación turística>> el sujeto queda desprovisto de sus

escenarios de acción, así como del tiempo –en términos de horarios preestablecidos- para

cumplimiento de su actividad principal – por ejemplo, la laboral-, y de la interdependencia

relacional que exigen las actividades diarias conexas en su conjunto. Estas tres dimensiones –

tiempo, espacio e interdependencia relacional- son las que configuran la rutina en el lugar de

origen. Como contrapartida, el traslado, la satisfacción de necesidades básicas en el lugar de

destino: alojamiento y alimentación, así como la actitud del turista en un contexto sociocultural

“nuevo”, serán los factores externos e interno respectivamente, que por ser constitutivos de la

<<situación turística>> colaboraran a ese sentimiento de <<ajenidad>>.

Es importante reconocer en principio que la ruptura de la rutina es inherente a la <<situación

turística>>, y se produce a partir de los factores constitutivos del turismo. Al ser esta ruptura

desrutinizadora, se potencian en el turista las posibilidades de experimentar una mayor autonomía, conciencia de libertad, y expresión espontánea de las emociones, en un contexto que

muchas veces no alcanza a comprender.


mimético: se refiere a emociones placenteras en relación a la similitud-imitación que establece el participante con el acontecimiento representado.


consuntivo: refiere al placer devenido de las prácticas de consumo real y simbólico.


ilinx: contempla los ejes del riesgo, vértigo y aventura como rectores de la prácticas placenteras.


alea: representa el azar y reúne aquellas prácticas que enfrentan al participante con el “destino” y la “fortuna”).

 

En su acepción más simple, la “rutina” se relaciona con el “hábito”, y designa en consecuencia

regularidad en las formas de hacer, de actuar el sujeto en su vida cotidiana. Esa vida social, -

para Giddens5 (Giddens, A.; 1995:164)- ocurre en intersecciones de presencia y ausencia de los

cuerpos en un tiempo y un espacio, y está constituida por ellos. La regulación del tiempo y el

espacio, conlleva la rutinización necesaria para la reproducción social. Ambos, -tiempo y espacio más que elementos participantes en el proceso de rutinización, “co-constituyen” la acción

rutinizada del individuo. La constituyen no ya solo como contexto, sino también como texto que

organiza las acciones de los sujetos en su vida cotidiana en las formas de ser y hacer.

Las rutinas tendencialmente se establecen en función de una actividad principal, aquella que se

le presenta al individuo como <<necesaria>> y <<obligatoria>> para su reproducción y que

afianza lo societal cotidiano. En este sentido, la rutinización de las trayectorias de los sujetos en

el espacio y en el tiempo se conformaran a partir de la reiteración de los desplazamientos de los

cuerpos, realizados a la misma hora y en situación de similares características. Estos mismos

desplazamientos ordenan las interacciones en ambas dimensiones, y así es como las relaciones

sociales pueden reproducirse6. Los sujetos sociales son expertos en el manejo de una serie de

mecanismos para sustentar las rutinas y su <<seguridad ontológica>>. La regulación de tales

mecanismos (rupturas en las conversaciones, posicionamiento espacial, tacto, rituales de

encuentro, etc.) en las interacciones ceñidas en tiempo y espacio, afecta, la dimensión

emocional del sujeto. En síntesis, las rutinas cotidianas no son solo “cognitivas sino que están

imbuidas de una significación emocional”, tal lo reconocen Lash y Urry.7 ( Lash y Urry, 1998)

Es Norbert Elías ( Elías, N.; Dunning, E., 1992:125) quién analiza lo emocional en los procesos de

rutinización, y destaca otro de los componentes que consideramos fundamentales en la rutina,

esto es la interdependencia relacional. Elías define rutina como: “[…] los canales recurrentes de

acción, impuestos por la interdependencia de unos y otros, y que a su vez imponen sobre el

individuo un alto grado de regularidad, constancia y control emocional en la conducta y que

bloquean otros canales de acción aun cuando correspondan mejor al estado de ánimo, los

sentimientos y las necesidades emocionales del momento.[…]”. Para este autor, el grado de

rutinización puede variar, entre las prácticas laborales y las que se realizan en el tiempo libre.

Éste tiempo presenta algún grado de rutinización, pero son las actividades recreativas donde en

mayor medida “la contención rutinaria de las emociones puede hasta cierto punto relajarse

públicamente y con el beneplácito social”. El control emocional se aligera en las prácticas

recreativas, el sujeto puede manifestarse más espontáneamente, la vivencia de libertad es más

cercana. Así mismo se destaca en lo recreativo una intencionalidad hacia la búsqueda de

emociones agradables, es decir hacia la obtención de goce y de placer, de sentirse gratificado.

Ahora bien, las rutinas son para el individuo un marco definido para la acción. La repetición de

trayectos, encuentros en el espacio-tiempo, acota las alternativas diarias de decisión frente a

situaciones de similares características. Por la rutina, el sujeto tiene resuelto su accionar

cotidiano, sin someterse a la tensión que provocarían decisiones constantes. La rutina genera

una serie de posibilidades predecibles de acción propia y de los otros. Este sentimiento de

seguridad y certeza para actuar que está sustentado en la <confianza básica>, es lo que

Giddens denomina <<seguridad ontológica>> 8 ( Giddens, A.; 1995:399). La misma se expresa

en la “autonomía de gobierno del propio cuerpo”, dentro de rutinas predecibles. Es significativo

por tanto la predictibilidad y continuidad que se pueda instaurar en el marco de nuevas acciones

para el individuo, a fin de resguardar su <<seguridad ontológica>>. Es característica de la

modernidad que la confianza ya no necesariamente sea depositada en otros sujetos significativos

–como lo fue en las sociedades pre-modernas- sino sobre todo en sistemas abstractos que por

su significación social pasan a ser depositarios de confianza.


Giddens define rutinización como: <<El carácter habitual, y que se da por supuesto, del grueso de las actividades de una vida social cotidiana; la prevalencia de estilos y formas familiares de conducta que sustentan un sentimiento de seguridad ontológica y que reciben sustento de este>>.


La referencia a la concepción de rutina en Giddens, no se agota en lo expuesto; se reconocen de importancia conceptos tales como “conciencia práctica”, “conciencia discursiva”, así como la serie de mecanismos que sustentan las rutinas, y otros que no se desarrollarán aquí. El lector podrá consultar en la bibliografía citada.


Los autores reconocen un doble anclaje de la “conciencia prácticas” de Giddens en lo emocional y cognitivo.


Giddens define <<seguridad ontológica>>, como: “certeza o confianza en que los mundos natural y social son tales como parecen ser, incluidos los parámetros existenciales del propio ser y de la identidad social”


El riesgo al que conscientemente se enfrentaban los primeros turistas de la historia del turismo

en masa, fue mediado por acciones meticulosamente planificadas -tal lo realizaba Thomas

Coock- en sus “viajes organizados”, en grupo, en destinos absolutamente programados,

respondiendo en definitiva a los parámetros de “racionalidad y seguridad” imperantes en la

modernidad temprana. En la actualidad con una menor intermediación relativa de agentes de

viajes, o a través de ellos, según el grado de desarrollo de los servicios turísticos, prevalece la

confianza depositada en sistemas expertos de comunicación globalizados, esto es, publicaciones

acreditadas, guías turísticas disponibles en todos los lugares y para todos los lugares del mundo,

terminales con información accesible en el destino, etc. Hoy, estos sistemas expertos de

información son los que reemplazan al “otro” en la generación de confianza, en la reconstrucción

de marcos contenedores para la acción, permitiendo que no se resientan los esquemas de la

<<seguridad ontológica>>. Es decir que, frente a la predictibilidad de lo rutinario, la

desrutinización que produce la situación turística, está contenida por los marcos de seguridad de

los mediadores y de las mediaciones, facilitando las acciones del sujeto en el nuevo contexto

sociocultural, y a su vez, acercándole la posibilidad de recrear sus emociones y la cognicióncomprensión de lo nuevo en que se encuentra.

La configuración de la situación turística como facilitador de la ruptura de la rutina original

El desarrollo alcanzado por la comunicación en la modernidad es uno de los aspectos

paradigmáticos de la misma. No solo el desarrollo de las comunicaciones impersonales y

mediadas por “aparatos”, sino la comunicación en términos de co-presencia debido a un

incremento en intensidad de movilidad y traslado de los propios cuerpos.

En comparación con las sociedades premodernas, el sujeto no se mueve solamente en un

entorno familiar sino que las posibilidades de encuentros con otros lejanos– más allá de las

características que éstos adquieran-, son múltiples. La movilidad o el traslado es uno de los ejes

constitutivos de las prácticas turísticas. Traslado implica tiempo y espacio que se sintetizan en

una distancia a recorrer. La percepción que del mismo se pueda tener difiere en función del

medio de transporte que se utilice. “La convergencia de tiempo y espacio producida por <<las

tecnologías que salvan distancias>> designa la disminución del tiempo necesario para moverse

de un lugar a otro” ( Lash y Urry, 1998).

Así la alteración de espacios puede ser inmediata -avión-, o más lenta, en los transportes terrestres tradicionales. Hoy, el traslado trae aparejado un rápido cambio de paisaje: las oposiciones quizás más generalizada aunque de ninguna manera excluyentes son: urbano-naturaleza, urbano-urbano, urbano-rural.
Pero, no solo la alteración visual de los pares opositores mencionados introduce la ruptura, sino también la diferenciación estético y existencial respecto al lugar de residencia. Así, la expectativa del turista en cuanto a las propias condiciones del escenario externo en que se encuentra y a las

posibilidades de su subjetivización para su goce, se conjugan para producir un sentimiento

placentero de ajenidad determinado por las trayectorias entre escenarios contrapuestos.

Producido el traslado, y ya en el lugar de destino se produce una modificación en las formas de

satisfacción de las necesidades básicas. Los elementos y entorno que lo facilitan son diferentes a

la cotidianidad que porta el turista. En la situación turística se impone la modificación de las

variables externas al sujeto para satisfacer su necesidad de alimentación y descanso. El contexto

físico para éste último puede variar desde un alojamiento hotelero, hasta una cabaña, camping,

o bien realizarse en casa de parientes o amigos, pero lo definitivo es que no corresponde a su

<<rutina>> espacio-tiempo internalizado. De igual modo, la alimentación presenta diferentes

alternativas de satisfacerse, pero cualquiera de ellas corresponderá a escenarios distintos al

lugar de residencia, con un entorno social diferenciado. Las trayectorias recurrentes en tiempo y

espacio, y la interdependencia relacional regularizada, -factores constitutivos de las acciones

rutinizadas de los sujetos-, han desaparecido.

Conviene considerar ahora la predisposición a actuar que tiene el turista en este nuevo

escenario. Hablar de lo actitudinal en las prácticas turísticas, implica incorporar la dimensión de

la subjetividad del sujeto. Al análisis de las dimensiones que determinan una configuración

turística, se incorpora un elemento que parte desde el propio individuo, y se constituye en un

impulso de importancia para establecer el corte con lo rutinario: la predisposición del sujeto

frente a la experiencia recreativa, la que conjuga la búsqueda del goce y del placer con lo

cognitivo. Esto significa que desde el mismo momento en que se inician los arreglos para el viaje

turístico, todos y cada uno de los componentes de la experiencia son evaluados por el turista

potencial a fin de obtener de ellos el máximo disfrute. Ésta expectativa anticipa la vivencia

turística y sitúa al individuo en un existencial imaginario de “desrutinización” en el lugar de

destino

El ámbito de las vacaciones como ámbito de la reproducción social, se identifica con una

“orientación al presente” del tiempo social 9 ( Lewis y Weigert; 1998). Las prácticas auténticas de

ocio permiten que el sujeto perciba que ese tiempo entre paréntesis se ha detenido. Se vive el

<<aquí>> y el <<ahora>>. Las actividades desarrolladas en el destino (caminatas en el

bosque, escaladas, museos, etc.), absorben tanto al participante que logran que éste vivencie

que el tiempo se ha detenido, es ese y no otro, no hay un <<para más adelante>>, y <<no

sabe si vuelve>>. Lo expresado, conforma aspectos y/o dimensiones de la recreación en su

acepción más general. El disfrute y la búsqueda de satisfacción son inmediatas e inherentes a la

actividad recreativa misma ( Deppe Maclean, Carlos;1967) , es decir que no se produce un

desplazamiento de expectativas hacia un resultado o hacia otro objeto. En lo recreativo debe

existir entonces, una “orientación al presente”. Tal orientación se logra a partir de la confluencia

tanto de las características atrapantes que posea la actividad, así como de la actitud del sujeto

tal como lo estamos analizando.

La actitud del turista en tanto es predisposición al placer, al goce y lo novedoso, interpenetrado

con las condiciones externas que conforman la <<situación turística>> contribuyen

dialécticamente a romper con la rutina en los aspectos de contención existencial que ésta ejerce.

Esta predisposición puede transformarse en acción, a partir de la ruptura establecida en el

tiempo y en el espacio producida por el traslado y alentada por las trayectorias en los nuevos

escenarios y la satisfacción de sus necesidades básicas, en un contexto de <<seguridad

ontológica>>.

Entendemos que a partir del estudio de la vida cotidiana, como mundo de lo heterogéneo, de lo

racional y a la vez de lo irracional, de lo diverso pero a la vez de lo rutinario, es posible acceder

a la explicación y análisis de las prácticas de los sujetos en diversos espacios y temporalidades.

Por ejemplo, las vinculadas a la recreación y al turismo, que aparecen a la mirada de una

observación ingenua como escindidas de la vida diaria.


Bibliografía

Elías, N; Dunning, E. (1992); Deporte y ocio en el proceso de civilización. FCE, Madrid.

Deppe Maclean, Carlos (1967); Recreation in American life. Indiana University. California, EE.UU.

Gerlero, Julia (2003); El modo de recreación. Aporte teórico para el estudio de la recreación. Tesis de la Maestría en Teorías y Políticas del Tiempo Libre y la Recreación. Facultad de Turismo, UNCo.

Gerlero, Julia; Taranda, Demetrio (2002); “El turismo como práctica recreativa comprensiva-cognitiva en el tiempo libre”. Ponencia en las V Jornadas Nacionales de Investigación-Acción en Turismo, Mar del Plata 29 de mayo al 1 de junio de 2002

Giddens, A.(1995); La constitución de la sociedad; Amorrortu, Bs. As.

Lash - Urry. (1998); Economías de signos y espacios. Amorrortu. Bs. As

Lewis y Weigert (1998); “Estructura y significado del tiempo social”. En Ramón Ramos Torres (comp.), Tiempo y sociedad. CIS - Siglo Veintiuno, Madrid.

Lindón, Alicia. Coordinadora (2000); La vida cotidiana y su espacio-temporalidad, Anthropos, México.

Reguillo, Rossana (2000); “La clandestina centralidad de la vida cotidiana”. En Lindón, Alicia (coord.) La vida cotidiana y su espacio-temporalidad, Anthropos, México

San Martín García, J. E. (1997); Psicosociología del ocio y el turismo. Ediciones Aljibe, Málaga, España. De los niveles del tiempo social propuestos por Lewis y Weigert.


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