Ciencias Sociales
Diccionario de términos de historia y de filosofía de la ciencia

Alberto Carrasco Rodríguez
acr1@alu.ua.es

Ernesto Tomás Tenza
ett@alu.ua.es

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Fuente HIMC

A

AD HOC.  (Loc. latina); adv. de modo.
1. [Uso formal] Para el fin que se menciona: deseaban construir los templos más grandes de toda Asia, y, ad hoc, reclutaron a miles de esclavos.
2. (adj. invariable) [Uso formal] Aplícase a lo que se dice o hace sólo para un fin determinado: muchas teorías lingüísticas proponen razonamientos ad hoc que sirven para demostrar lo que ellas mismas afirman.

A POSTERIORI.  (De a y posteriori); loc. adverbial latina.
1. Después de algo: primero examinaremos el asunto, y a posteriori podremos hablar con conocimiento de causa.
2. (adj.) [Filosofía] Dicho del conocimiento, que proviene o depende de la experiencia: la cultura es un conocimiento a posteriori
3. (adj.) [Filosofía] Dicho del razonamiento, que asciende del efecto a la causa o de las propiedades de un ente a su esencia: Descartes reforzó su teoría ontológica con infinidad de demostraciones a posteriori

Sinónimos
Después, posteriormente, seguidamente, luego, detrás, inmediatamente, a continuación, empírico, razonado.

Antónimos
Antes, delante, anteriormente, primeramente, supuesto.

[Filosofía] A posteriori
 
La expresión latina a posteriori, que puede traducirse por "lo que viene después", se aplica a todo aquello que puede ser conocido a través de la experiencia, y cuya verificación depende por lo tanto, en último extremo, de nuestros recursos perceptivos y sensitivos.
 
La corriente filosófica que desde el punto de vista de la epistemología ha defendido por encima de todo la validez del conocimiento a posteriori ha sido el empirismo, doctrina que sostiene que tanto el origen como la validez de nuestro conocimiento depende exclusivamente de la experiencia, y que niega la legitimidad de cualquier idea cuyo origen no tenga un correlato previo en la misma y se justifique en ella. Por esto, la expresión que nos ocupa se ha convertido con el tiempo en sinónimo de "empírico", y se ha usado como opuesta a "a priori", que se aplica precisamente a todo tipo de conocimiento que se supone independiente de la experiencia.
 
Desde el punto de vista de la lógica, se habla de razonamientos o demostraciones a posteriori, en oposición a los razonamientos o demostraciones a priori, para hacer referencia a aquellos argumentos que se desarrollan desde la constatación de los efectos de algo hasta la demostración de su causa. Por ejemplo, las cinco vías de demostración de la existencia de Dios utilizadas por Tomás de Aquino son casos emblemáticos de este tipo de argumentación, ya que parten de la constatación de ciertos acontecimientos que suceden en el mundo y en la experiencia, para llegar a Dios como causa de los mismos. Las demostraciones a priori, por el contrario, son las que partiendo de la causa, demuestran los efectos de la misma.

A PRIORI. Es una frase latina que significa "de lo que viene antes" y que contrasta con a posteriori, "de lo que viene después". Estos términos fueron introducidos en el último período escolástico para traducir dos frases técnicas de la teoría del conocimiento de Aristóteles. El filósofo distinguía lo que es anterior en el orden de la naturaleza de lo que es anterior en el orden del descubrimiento o conocido antes por nosotros. Un argumento a priori sería aquel que procede de las causas (lo anterior en el orden de la naturaleza) a los efectos observados (lo conocido por nosotros), mientras que un argumento a posteriori discurriría de los efectos conocidos a las causas, generalmente desconocidas.
A partir del siglo XVII, con Descartes y Leibniz, a priori vino a significar universal, necesario y completamente independiente de la experiencia. El término a posteriori cayó en desuso, y actualmente la expresión a priori suele ser contrastada con "empírico".
Desde el punto de vista de la lógica moderna, se habla de argumentos y de proposiciones a priori. Un argumento a priori es aquel en el que la conclusión se sigue de las premisas deductivamente. Si las premisas son verdaderas y el argumento es válido, no se necesita experiencia alguna para confirmar la conclusión y ninguna experiencia podría refutarla.
Una proposición a priori es aquella que es independiente de la experiencia, excepto en la medida en que es necesaria la experiencia para entender sus términos.
La tradición filosófica occidental ha considerado a lo largo de su historia una serie de ideas a priori, de gran importancia, cuyo origen es difícil de explicar del modo en que lo hacen los empiristas, para quienes las ideas se derivan de la experiencia. Entre aquéllas están las ideas de sustancia, causa, existencia, igualdad, semejanza y diferencia, sin las cuales no podríamos tener ninguna experiencia.

AXIOMA. (Del lat. axioma, y éste del gr. axiwma 'lo que parece o se estima como justo'); sust. m.
1. Proposición aceptada sin necesidad de demostración dada su evidencia: "Los axiomas geométricos no son, pues, ni juicios sintéticos a priori ni hechos experimentales." (Poincaré)

Sinónimos
Principio, verdad, adagio, sentencia, apotegma, aforismo.

Antónimos
Mentira.

[Filosofía] Axioma.

El término "axioma" es una palabra griega que tiene como uno de sus significados originarios el de dignidad. Por derivación, "axioma" viene a significar "lo que es digno de ser estimado, creído o valorado", y en su acepción lógica es el principio que por el lugar decisivo que ocupa en un conjunto de proposiciones debe ser tenido como verdadero.

Tradicionalmente los axiomas se han diferenciado de otro tipo de proposiciones como los teoremas y los postulados. Mientras que los axiomas se han considerado indemostrables y evidentes por sí mismos, los teoremas son proposiciones que podían ser demostradas, ya que no eran evidentes, y los postulados proposiciones que ni podían ser demostradas ni eran evidentes por sí mismas. En este sentido, Aristóteles consideraba a los axiomas como los principios evidentes e indemostrables que constituían el fundamento de toda ciencia.

Ha habido en la historia dos orientaciones distintas en la concepción de los axiomas. Una, la aristotélica, ha destacado la intuitividad y autoevidencia de los axiomas, mientras que la otra, la formalista contemporánea, ha descartado su formalidad y ha evitado dar a ningún axioma el predicado "es verdadero".

Una de las aportaciones principales a la historia de la lógica del Organon de Aristóteles es el método axiomático. El problema del método axiomático surge para Aristóteles del análisis de la estructura de la demostración, la cual consta de tres partes fundamentales: lo que hay que demostrar (o sea la conclusión), los axiomas (es decir las premisas verdaderas por sí de que se parte) y un género cuyas propiedades son objeto de demostración. Que toda demostración tenga que partir de axiomas es probado por Aristóteles mediante el argumento que dice que toda demostración tiene que partir de premisas que no puedan ser, a su vez, objeto de demostración dentro del mismo sistema, y que cualquier definición debe retrotraerse a unos pocos términos tomados como primitivos y no definibles, por su parte, dentro del sistema: "Nosotros sostenemos, sin embargo, que no toda ciencia es demostrativa, sino que la de lo inmediato no se constituye por demostración. (Es evidente que debe ser así, pues si los antecedentes a partir de los cuales se establece la demostración han de ser conocidos y si el proceso demostrativo ha de terminar en proposiciones inmediatas, es necesario que éstas sean indemostrables). Es evidente también que no es posible en absoluto demostrar mediante un proceso circular, puesto que la demostración parte de premisas previas y más conocidas que la conclusión y puesto que una misma cosa no puede ser a la vez antecedente y consiguiente bajo el mismo respecto, si bien puede ser previa para nosotros mientras es posterior en sí misma, como ocurre cuando se conoce por inducción... A quienes afirman que es posible establecer demostraciones de carácter circular, se puede objetar no sólo cuanto se ha dicho más arriba sino también que se limitan a decir que, si algo es, entonces es..." (Segundos analíticos, A, III, 72b).  En este texto, junto a una consideración de carácter gnoseológico consistente en el reconocimiento de que las premisas inmediatas, o sea los axiomas, deben ser conocidos por sí, es decir evidentes, hay una puntualización de carácter claramente logico-metódológico, según la cual no puede haber demostraciones con un retroceso hacia el infinito ni con un proceso circular, de manera que todo sistema deductivo debe partir de axiomas.

Aristóteles aplicó ese método a la lógica misma admitiendo que también en la lógica es posible adoptar ciertas estructuras consideradas como primitivas y, luego, "extraer" otras de ellas mediante determinados "procedimientos" o "reglas de transformación", que no tienen el carácter de estructuras sino más bien el de operaciones verificables sobre estructuras. Aristóteles empieza mostrando que la silogística (véase silogismo) puede ser construida a partir de los cuatro silogismos de la llamada "primera figura", a los que son reductibles los otros mediante las oportunas transformaciones. En este caso los cuatro silogismos se constituyen en verdaderos y propios axiomas de la teoría silogística aristotélica. Muestra, a continuación, que la construcción de esa misma teoría puede verificarse también partiendo de los primeros dos silogismos de la primera figura y, luego, llega incluso a mostrar que pueden tomarse como primitivos silogismos de una figura cualquiera para obtener de ellos los demás (sin excluir los de dicha primera figura), estableciendo de este modo no ya uno solo sino hasta tres tipos distintos de axiomatización de su silogística. Las "reglas de transformación" o "procedimientos" que, a partir de determinados silogismos primitivos, permiten obtener todos los demás, no son siempre explicitadas por Aristóteles con la claridad, pero sea como sea y por citar sólo algunas, recordemos el procedimiento conocido como «conversión» simple de las proposiciones y el de «reducción al absurdo» que, junto con otros tal vez presentados por Aristóteles sólo de manera implícita, permiten precisamente "transformar" de manera prácticamente mecánica una forma de silogismo en otra.

El método axiomático, esbozado y aplicado en el propio Organon aristotélico, ha sido objeto de una visión nueva dentro de una perspectiva muy distinta de la tradicional. Para Aristóteles, la teoría del método axiomático expresaba dos exigencias distintas. Por una parte, se proponía tal método como el más adecuado para elevar un determinado conjunto de proposiciones al rango de ciencia, al hacerlas descender de proposiciones primitivas especialmente seguras y ciertas en cuanto conocidas sin necesidad de demostración. Por otra, ese método era considerado como el más apto para caracterizar la estructura formal de una teoría deductiva. Puesto que, para Aristóteles, no toda deducción era también una demostración, se establecían las características que debían poseer los axiomas: la demostración es una deducción que parte de premisas verdaderas, necesarias y más conocidas que la conclusión, con lo cual puede estarse igualmente seguro de la verdad de las conclusiones. Además, el silogismo científico sólo podía ser tal si sus premisas tenían certeza y verdad. La verdad de las premisas quedaba asegurada por demostraciones previas pero, tarde o temprano, habría que acogerse a algo que fuera "conocido de por sí" sin necesidad de ulterior demostración y aun sin que fuera posible demostrarlo a menos de incurrir en riesgo de absurdo. Estas premisas inmediatas, verdaderas por sí mismas, más conocidas que cualquier otra proposición, eran los axiomas cuando tenían validez general, y los "postulados" cuando su validez no era general, sino limitada al ámbito de una ciencia determinada.

Pero desde otra perspectiva, los axiomas eran simplemente los puntos de partida de la demostración, que deben ser admitidos para evitar un recurso al infinito o un procedimiento circular, que eliminarían la posibilidad misma de toda demostración. El segundo punto de vista dice que debe haber axiomas en cualquier sistema deductivo, mientras el primero trata de especificar cuáles o cómo deben ser.  Desde el segundo punto de vista los axiomas son un simple "comienzo" de la deducción, mientras que desde el primero son verdaderos "principios" de la misma, es decir, no sólo su punto de partida, sino también el "fundamento" de la demostración.

Estos dos puntos de vista permanecieron siempre unidos en la historia de la lógica hasta la aparición de la lógica simbólica (véase lógica matemática). El nacimiento de ésta destacó cada vez más el punto de vista formal y los dos puntos de vista resultaron cada vez más diferenciados. El descubrimiento de las geometrías no euclídeas comenzó a hacer pasar a segundo plano este requisito. El desarrollo del álgebra abstracta y de la lógica simbólica intensificaron luego este proceso, de manera que hacia finales del siglo XIX los tiempos estaban maduros para el paso definitivo, provocado principalmente por la crisis de las paradojas, que debía consistir en abandonar del todo el requisito de la evidencia de los axiomas.

Este modo de concebir los axiomas planteaba tres problemas novedosos: la consistencia, la completitud y la independencia de los axiomas. Mientras los axiomas fueron considerados como evidentes de acuerdo con la naturaleza de la lógica no se podían dar contradicciones. Pero, en cambio, cuando los axiomas eran concebidos como fórmulas ni verdaderas ni falsas, no podía excluirse que deduciendo correctamente desde ellos se llegara a alguna contradicción. ¿Cómo asegurar la no contradictoriedad, consistencia, del sistema axiomático? Además, mientras los axiomas y los postulados eran considerados como los principios de una ciencia determinada, era natural pensar que, escogidos con exactitud, permitirían demostrar todas las proposiciones verdaderas de aquella ciencia. En cambio, con las nuevas perspectivas, ¿cómo asegurarse de que los axiomas elegidos para el cálculo eran capaces de demostrar o de refutar todas las proposiciones del mismo? Finalmente, al no poderse ya decir que los axiomas expresan ciertas nociones o verifican ciertas afirmaciones, ¿cómo asegurarse de que son independientes, o sea de que ninguno de ellos es deducible a partir de los otros axiomas de la teoría?

Estos problemas empezaron a ser estudiados de manera sistemática por David Hilbert en 1899, en su obra Grundlagen der Geonietiie (Fundamentos de la geometría). La manera en que Hilbert trató de conseguir la consistencia y la independencia de los axiomas de su geometría fue la de buscar un modelo de esos mismos axiomas en la teoría ya constituida y consistente de la aritmética, considerándose entonces autorizado a decir que, si esos axiomas fueran capaces de permitir la deducción de una contradicción, también la aritmética debería considerarse como contradictoria. Pero esta prueba de consistencia era relativa, ya que sólo que se habría podido considerar como definitiva si la teoría en que se establecía el modelo se hubiera podido manifestar como consistente de manera directa y absoluta. Además, el descubrimiento de las paradojas ensombreció todas las ramas de la matemática e hizo necesaria una prueba absoluta de consistencia. Hilbert proyectó en 1922-23 resolver el problema de los fundamentos por medio de la prueba absoluta de consistencia de un sistema axiomático.

El programa hilbertiano pretendió que todo el campo de la matemática clásica pudiera ser formalizable en tres sistemas axiomáticos fundamentales: la aritmética, el análisis y la teoría de conjuntos. Las investigaciones verificadas hacia finales del siglo XIX permitían considerar plausible que, una vez probada de manera directa la consistencia de uno de esos sectores, se la pudiera extender también a los restantes. Además, se consideraba que la demostración de la consistencia de la aritmética, como el más sencillo de los sistemas axiomáticos, pudiera lograrse de un modo absoluto y extenderse luego al análisis y a la teoría de los conjuntos. Este proyecto ocupó diez años de la escuela formalista hilbertiana, hasta que se descubrió que era irrealizable con los métodos que Hilbert había previsto, por lo que los resultados de estas investigaciones fueron muy distintos de los que Hilbert había esperado. En 1931 Kurt Gödel demostraría que la prueba de la consistencia de la aritmética no podía obtenerse por medio de los instrumentos pertenecientes al mismo sistema formal que servía para expresar la aritmética. 

B  

C  

CAUSALIDAD. (De causal); sust. f.
1. Causa, origen o fundamento de una cosa: no te preguntes por la causalidad de todas las cosas, porque algunas, simplemente, no la tienen.
2. [Filosofía] Ley que relaciona la causa y el efecto: la causalidad es la clave de uno de los argumentos tomistas para demostrar la existencia de Dios.

Sinónimos
Causa, origen, fundamento, principio, ley, necesidad, relación, conexión.

CIENCIA. u (Del latín scientia, 'conocimiento'); sust. f.
1. Conocimiento cierto de las cosas por sus principios y causas: las leyes de la ciencia han de cumplirse por definición.
2. Cuerpo de doctrina metódicamente formado y ordenado, que constituye un ramo particular del saber humano: muchas ramas del saber humano pretenden ser ciencias, aunque no cumplan los requisitos para serlo.
3. [Uso figurado] Saber o erudición: había adquirido toda la ciencia que tenía a lo largo de muchos años de estudio y trabajo.
4. [Uso figurado] Habilidad, conjunto de conocimientos en cualquier cosa: tiene mucha ciencia  como vendedor y siempre consigue colocar cualquier cosa a un cliente.
5. (sust. f. plural) Conjunto del conocimiento referido a las ciencias exactas, fisicoquímicas y naturales: le costó mucho decidir si su carrera debía ser de ciencias o de letras.

COGNOSCIBLE. {adj.} Conocible.

CONJETURA. Juicio probable que se forma de una cosa o acaecimiento por las señales o indicios que de él se tienen o que se observan.

COSMOVISIÓN.  {f.} Manera de ver e interpretar el mundo.

D  

DEDUCCIÓN. (Del lat. deductio, -onis); sust. f.
1. Acción y efecto de deducir: una vez realizadas las deducciones correspondientes, debe abonar una cantidad de casi cien mil pesetas.
2. Derivación, acción de separar o sacar una cosa de otra: me consta, por deducción a partir de lo que ha dicho, que está mintiendo con respecto a algunos puntos.
3. [Filosofía] Relación de derivación que en un razonamiento lógico vincula la conclusión con las premisas: una de las principales reglas de deducción de la lógica formal es la denominada "modus ponens".
4. [Música] Serie de notas que ascienden o descienden diatónicamente o de tono en tono sucesivos: en esta parte de la melodía, los finos de oído apreciarán una bella deducción

Sinónimos
Derivación, consecuencia, ilación, secuela, inferencia, suposición, consiguiente, conclusión, razonamiento, descuento, disminución, rebaja, separación, sustracción, resta, reducción.

Antónimos
Inducción, causa, aumento, inclusión.

[Filosofía] Deducción
Es uno de los términos técnicos de la Lógica. Se usa para denotar argumentos que son tales que si sus premisas son verdaderas la conclusión también ha de ser, por necesidad lógica, verdadera. Un argumento deductivo se distingue así de un argumento inductivo en que, por muy convincente que éste pueda ser, las premisas podrían ser concebiblemente verdaderas y la conclusión falsa. En este uso de las palabras, las famosas deducciones de Sherlock Holmes y de cualquier otro lenguaje no técnico han de ser consideradas inducciones. En el uso de los lógicos, los argumentos de la matemática son los ejemplos más notables de argumentos deductivos extensos.
El primer análisis exhaustivo de este concepto y la primera clasificación de las distintas formas de razonamiento deductivo se deben a Aristóteles, quien identifica la deducción con el silogismo y la define como razonamiento que procede de lo universal a lo particular; en este sentido, la deducción se opone a la inducción, que parte de los hechos particulares para llegar a la determinación de los principios generales.
El concepto aristotélico de deducción así esbozado recorre toda la filosofía medieval, desde donde se transmite al pensamiento moderno. Es a partir de J. Locke cuando se pone en crisis la relación tradicional entre lógica y ontología, de forma que la deducción se configura más bien como una inferencia a partir de ideas o contenidos mentales. J. S. Mill radicaliza esta postura al definir la deducción como una mera aplicación de reglas generales a casos particulares; pero como las reglas generales se obtienen a su vez por vía inductiva, las proposiciones universales, que según Aristóteles reflejaban la esencia o substancia de las cosas, acaban por ser desterradas de la lógica. Ch. S. Peirce ha tratado de revalorizar, en términos modernos y en directa polémica con el planteamiento de Mill, la distinción aristotélica entre deducción, abducción e inducción: distingue entre inferencia analítica (deducción) y sintética (inducción). La deducción es una regla que, aplicada a un caso, da lugar a un resultado necesario; por ejemplo:
- Regla: todas las bolas que contiene este saco son rojas.
- Caso: esta bola proviene de este saco.
- Resultado: esta bola es roja.
En lógica contemporánea la deducción tiene carácter formal, es decir, prescinde del contenido de las proposiciones sobre las que trata y considera exclusivamente su estructura lógica. Desde un punto de vista técnico, el término "deducción" hace referencia entonces al aspecto sintáctico de la inferencia (o sea, al conjunto ordenado de fórmulas, la última de las cuales es la conclusión, obtenidas por aplicación de las reglas de un sistema formal), y prescinde del aspecto semántico (contenido significativo de las proposiciones). Este hecho no implica ninguna limitación, ya que se puede demostrar que para los sistemas formales usuales esta noción concuerda con la de consecuencia lógica, relación entre proposiciones que subsiste cuando la conclusión es válida en cualquier ámbito del discurso en el que valgan las premisas.

DEISMO. (Del lat. Deus, Dei, 'Dios'); sust. m.
1. Doctrina que reconoce un Dios como autor de la naturaleza, pero sin admitir que exista revelación o que se le deba un culto externo: el deísmo tuvo su origen en Inglaterra, desde donde se expandió hacia Francia y Alemania.

Antónimos
Ateísmo.

[Filosofía] Deísmo
 
La tesis fundamental de la doctrina deísta afirma que sólo debe pensarse a Dios con los atributos que nos enseña la razón natural, lo que lleva a prescindir de cualquier revelación y a rechazar de las religiones todo aquello que no esté de acuerdo con la pura razón. Cualquier religión positiva o histórica (particular) ha de ser despojada de los inevitables errores y absurdos que contiene mediante su confrontación con la religión natural o racional (universal). Los argumentos racionales que el deísmo admite son principalmente aquellos que conducen a Dios como Primera Gran Causa o como Ordenador inteligente del universo.
 
El ensayo de Locke, El cristianismo racional, de 1695, ha sido considerado tradicionalmente como el antecedente más próximo del deísmo; en él, el filósofo distingue la doctrina simple y razonable que se extrae de los evangelios del conjunto de absurdos doctrinarios que resultó de los sucesivos concilios, y que se convirtió en la doctrina cristiana oficial. Con posterioridad, autores como J. Toland, M. Tindal y A. Collins empezaron a criticar las mismas Escrituras, o al menos todo aquello que en ellas no concordaba con la razón o con el principio de uniformidad de la naturaleza, principalmente los milagros. Concretamente, Collins llevó a cabo un estricto análisis filológico de los textos sagrados que le hizo sostener que éstos debían ser considerados como expresiones alegóricas, puesto que tomados al pie de la letra no constituían más que una sarta de incongruencias. En esta línea, T. Woolston lleva la crítica hasta el sarcasmo al afirmar que, de leerse el Evangelio en sentido literal, la figura de Jesús acabaría siendo la de un vulgar timador.
 
Hume, en sus obras Historia natural de la religión (1755) y Diálogos sobre la religión natural (1779), sostiene la imposibilidad de demostrar racionalmente la existencia de Dios, si bien admite que el fenómeno religioso es inevitable por tener su origen en el temor intrínseco y originario de todos los hombres ante la vida.
 
Tal vez fue en Francia donde el deísmo alcanzó sus formas más radicales, sobre todo entre los pensadores de la Ilustración, con Voltaire a la cabeza. En Alemania, H. S. Reimarus, con su Ensayo sobre las principales verdades de la religión natural (1754), puede ser considerado como el deísta más radical, mientras que C. Wolff y M. Mendelssohn se cuentan entre los moderados. Reminiscencias del deísmo del siglo XVIII se encuentran en Kant (La religión dentro de los límites de la simple razón, 1793) y en Fichte (Ensayo de una crítica de toda revelación, 1792).
 
La importancia del deísmo en la historia de las ideas se debe en gran parte al importante papel que tuvo como arma en contra de la ortodoxia católica, lo que provocó que el obispo Butler escribiera La Analogía de la religión natural y revelada; en esta obra, el autor intenta demostrar que las doctrinas de la religión revelada y el curso de la naturaleza son lo suficientemente semejantes como para inferir que el autor de ambas es el mismo. En particular, no existen dificultades intelectuales para aceptar una teología de la revelación que no plantee al creyente una teología puramente natural y racional. A lo que los argumentos de Butler apuntan es al hecho de que el deísmo, en sus puntos más vulnerables, no es más fuerte que la religión revelada. Además, el deísmo es por completo una religión del intelecto. La cuestión de si Dios existe es para él una cuestión del mismo orden que la de si los átomos existen. El deísmo, aún cuando fuera verdadero, tendría, por tanto, bastante poco del tipo de interés que poseen la mayor parte de las doctrinas religiosas.

DETERMINISMO. (De determinar); sust. m.
1. [Filosofía] Sistema filosófico según el cual todo lo que hay y sucede está condicionado y establecido de antemano, bien sea por leyes naturales, bien por la voluntad divina: hay quien opina que la ciencia no sería posible si no se aceptara cierto grado de determinismo en el mundo.

Sinónimos
Fatalismo, predestinación, determinación, causalidad.

Antónimos
Indeterminación, azar, caos.

[Filosofía] Determinismo
 
La tesis del determinismo viene a decir que cualquier evento es una instancia de alguna ley de la naturaleza. Es frecuente enunciar esta tesis con las máximas "todo evento tiene una causa", o "la naturaleza es uniforme", en las que se resume la idea de que todo está regido por una serie de leyes invariables que operan en el universo desde su principio. La doctrina determinista es equiparable por lo tanto a todas aquellas otras que postulan la existencia de un destino ineluctable, o a las que defienden la predestinación, si bien éstas conciernen principalmente a lo que toca a las acciones humanas, mientras que el determinismo estricto refiere al condicionamiento de todos los fenómenos del universo, por lo que incluye a las primeras y las supera.
 
La noción de determinismo se asocia casi siempre con la noción de causalidad; esta última puede entenderse en dos sentidos: como "causalismo" o como "finalismo" o teleología. El primero de ellos hace referencia a la causa eficiente, y así el determinismo causalista vendría a decir que todo en el universo tiene una causa que lo origina; el segundo hace mayor hincapié en las llamadas "causas finales", por lo que el determinismo finalista afirmaría que todo en el universo está orientado hacia determinado fin y tiene su razón de ser en dicho fin o finalidad hacia la que tiende. A lo largo de la historia de la filosofía se ha hablado con más frecuencia de determinismo en relación con las causas eficientes.
 
También se han asociado las doctrinas deterministas modernas con las concepciones mecanicistas del universo, hasta el punto de que en muchas ocasiones se han identificado ambos puntos de vista. Esto se debe a que la tesis determinista se aplica a la realidad con mayor facilidad si ésta se concibe mecánicamente.
 
De cualquier forma, la doctrina determinista no es susceptible de prueba, como tampoco lo es de refutación; por ello ha sido habitualmente considerada como hipótesis, ya sea metafísica o científica; en este último caso se ve como principio metodológico que puede o no ser usado en la investigación. La imposibilidad de probar la tesis se debe, según algunos autores, al carácter finito de la mente humana; en este sentido, es famosa la formulación del determinismo enunciada por Laplace en 1820: "Una inteligencia que conociera en un momento dado todas las fuerzas que actúan en la Naturaleza y la situación de los seres de que se compone, que fuera suficientemente vasta para someter estos datos al análisis matemático, podría expresar en una sola fórmula los movimientos de los mayores astros y de los menores átomos. Nada sería incierto para ella, y tanto el futuro como el pasado estarían presentes ante su mirada." Así, Bergson afirmó que la tesis determinista sería posible únicamente bajo una completa racionalización de lo real, según la cual la realidad se considera como algo completamente dado desde el principio.
 
El problema del determinismo se relaciona con muchos otros que han sido constantes en la historia de la filosofía; uno de ellos es el problema de la justificación de la inducción, también llamado "del vacío inferencial", señalado por Hume. El principio de inducción es fundamental en el desarrollo de la ciencia y en la elaboración de teorías y leyes científicas, y dicho principio presupone la tesis del determinismo, ya que la validez universal de las leyes científicas sólo es posible si se acepta que la naturaleza obra uniformemente. Si el determinismo no es probable, entonces hay que admitir que la ciencia descansa sobre presupuestos no probables. Esta parece ser una de las razones por las que la hipótesis determinista se ha ido abandonando progresivamente para ser utilizada simplemente como principio metodológico, tal y como se señaló más arriba.
 
Otra cuestión importante es la relación del problema del determinismo con el del libre albedrío, la libertad, o la libre determinación de la voluntad. En principio, ambas hipótesis parecen claramente incompatibles, puesto que si todo está determinado, nuestra aparente libertad de actuación y elección es algo ilusorio. Sin embargo, algunos filósofos han intentado compatibilizar ambos principios; así, por ejemplo, Kant, quien afirmaba el determinismo en relación con el mundo de los fenómenos, pero no en relación con el mundo nouménico, en el que sí cabe la libertad.
 
Se puede pensar que el principio de incertidumbre o de indeterminación de Heisenberg proporciona una solución al problema de la libertad de la voluntad; de hecho, las mayores críticas a las tesis deterministas en la época contemporánea se han hecho desde posiciones estrictamente científicas que apelan a la teoría cuántica y al mencionado principio para acabar de una vez por todas con la ilusión predictiva que el determinismo predica. El principio de Heisenberg afirma que es imposible conocer simultáneamente la posición y velocidad de determinada partícula que forma parte de un sistema, lo que constituye una negación de la posibilidad de que se cumplan las condiciones iniciales y necesarias de la hipótesis determinista. De cualquier forma, parece bastante difícil basar la libertad y responsabilidad humanas en esta imposibilidad de determinación de las partículas elementales.

DIACRONÍA. {f.} Desarrollo o sucesión de hechos a través del tiempo.

DOGMA.  (Del lat. dogma, y éste del gr. dÕgma 'opinión, creencia'); sust. m.
1. Principio o verdad innegable de una ciencia o doctrina: esa hipótesis está en contra de los dogmas fundamentales de la física cuántica. [Por extensión] Conjunto de estos principios o verdades: desde pequeño le enseñaron a no apartarse del dogma moral.
2. En religión, doctrina de Dios revelada por Jesucristo a los hombres y testificada como verdadera por la Iglesia: la incorporación del dogma de la Trinidad a la Iglesia católica suscitó numerosas polémicas.
3. [Por extensión] Conocimiento que se considera cierto de un modo absoluto: la ley del fútbol es uno de los dogmas tácitamente aceptados entre los entrenadores.

Sinónimos
Principio, doctrina, verdad, fundamento, axioma, raíz, creencia, teología, revelación, misterio, credo, símbolo, superstición.

Antónimos
Mentira, hipótesis, duda.

[Religión] Dogma

En el ámbito de las confesiones religiosas, el término dogma se reserva hoy día para designar aquellas proposiciones que se presentan como inalterables en su contenido esencial y se imponen como verdades absolutas de forma autoritaria y definitiva a los propios fieles, no sólo para su consideración, sino para dar su asentimiento de fe. En el catolicismo, el proceso de dogmatización de una proposición doctrinal, de una enseñanza religiosa, supone dos requisitos ineludibles: en primer lugar, que tal proposición derive de la revelación, es decir, esté atestiguada de una forma suficientemente clara en la Sagrada Escritura y en la tradición eclesiástica; en segundo lugar, que sea proclamada como dogma por la autoridad máxima de la Iglesia, que ostenta el Sumo Pontífice, solo y con el episcopado.

Durante muchos siglos los dogmas se han establecido en los concilios "ecuménicos", denominados también "generales". En la actualidad, fuera de que no parece tiempo de dogmatizaciones, por innecesarias, la posible declaración como dogma de una proposición religiosa dentro del catolicismo se deja en manos del Sumo Pontífice, quien puede proceder a ella motu proprio o, como parece más correcto y conforme a la tradición, previa consulta al episcopado y a los especialistas en teología. En 1854, el papa Pío IX, en su bula "Ineffabilis Deus", proclamó como verdad dogmática la Inmaculada Concepción de la Virgen María, después de nombrar un equipo de teólogos que estudió el tema y presentó sus conclusiones y después de recabar el voto de los obispos. El mismo Pío IX definió el dogma de la infalibilidad del Papa en el concilio ecuménico Vaticano I (constitución "Pastor æternus", de 1870), suscitando una gran controversia entre los propios padres conciliares, dado que no estaba previsto llegar a ese extremo con anterioridad al concilio, sino que la idea surgió durante su celebración, y el tema era muy espinoso; por ello, algunos conciliares abandonaron el concilio antes de tener que subscribir el decreto definitorio. La definición como dogma de la infalibilidad del Papa dio lugar a un pequeño cisma en la Iglesia católica, el de los viejos católicos. En 1950, el papa Pío XII, en la constitución "Munificentissimus Deus", definió el dogma de la Asunción de María, que se venía proponiendo desde tiempo atrás. Es de destacar a este respecto la petición hecha en ese sentido por la reina Isabell II de España el 27 de diciembre de 1863. El último concilio ecuménico, el Vaticano II, aunque no se preocupó de dogmatizar, aprobó varias constituciones de carácter teórico para ser aceptadas, y obedecidas, por los creyentes como doctrina a seguir. De los dogmas formulados y proclamados a lo largo del tiempo por la Iglesia, la mayoría lo han sido seguidos de fuertes y, a veces, enconadas controversias doctrinales. Los dogmas anteriores al cisma con Oriente son verdades religiosas compartidas por las iglesias ortodoxa y católica.

Es preciso matizar la inalterabilidad de las proposiciones definidas como dogmas. Ciertamente, no se las puede despojar de su fondo, de su núcleo de verdad de fe para siempre, pero no se puede menos de aceptar que se basan en nociones y conceptos relativos, propios de la filosofía, del modo de entender de cada momento, lo que obliga a replantearse su formulación y estudiar hasta qué punto tienen sentido y hasta qué punto se pueden y se deben reentender, o mover de nuevo la discusión teológica sobre las mismas. En todo caso, debe quedar claro que los dogmas son objeto de la fe y no se les puede someter a los criterios de la discusión científica, al modo que se establece para las ciencias profanas. Los límites de la razón humana derivan de la naturaleza sobrenatural y misteriosa de las verdades reveladas, objeto del dogma. De ahí el rechazo de la Iglesia al racionalismo, es decir al intento de racionalizar en exceso los datos revelados. 

E  

EMPIRISMO. (De empírico); sust. m.
1. Sistema filosófico según el cual todos los conocimientos del hombre provienen de la experiencia: David Hume fue el representante más radical del empirismo del siglo XVIII, aunque todavía actualmente existen quienes defienden a ultranza esta doctrina filosófica.

Sinónimos
Experiencia, práctica, pragmatismo, positivismo.

Antónimos
Racionalismo, idealismo.

[Filosofía] Empirismo

El término viene del griego empeiria, que significa 'experiencia'. En filosofía esta palabra se refiere a una teoría que afirma que todo el conocimiento se deriva de la experiencia. W. James llamó empirismo radical a esta teoría. El empirismo ha sido desarrollado principalmente por filósofos ingleses como Locke, Berkeley, Hume, Mill, etc.

Los principios generales de la teoría empirista son opuestos primariamente a los del racionalismo. Hay dos cuestiones centrales en pugna entre racionalistas y empiristas: una se refiere a los conceptos a priori, ideas que no se derivan de la experiencia; y otra se refiere a las proposiciones a priori, verdades necesarias. Sin embargo, para los empiristas (que piensan que no tenemos ningún medio de adquirir conocimientos, excepto mediante la observación de lo que ocurre realmente) las verdades necesarias son verdaderas por definición o analíticas. Es característica del empirismo negar que la razón pueda asegurarnos la verdad de un enunciado genuinamente sintético, y por tanto, que cualquier proposición pueda ser a la vez a priori y sintética. Las soluciones que ofrecen los empiristas a los problemas filosóficos particulares son esencialmente aplicaciones de los principios generales descritos.

El empirismo es primariamente una teoría del conocimiento, pero su influencia también ha sido considerable en el campo de la Ética. Los conceptos morales -como lo correcto, la obligación, el deber...- si son conceptos genuinos y si el empirismo es correcto deben ser derivables de la experiencia, como cualquiera otros. Las ideas morales se derivan de nuestra experiencia interior. Es cierto que no observamos la incorrección de una acción, sino que la sentimos y es este sentimiento lo que ponemos en palabras cuando decimos que una acción es incorrecta.

El establecimiento del empirismo puramente como una tesis sobre la estructura lógica del conocimiento ha sido un estímulo importante para el desarrollo de la lógica matemática. También ha llevado a la concepción de la filosofía como análisis de conceptos y proposiciones, y por consiguiente, a una hostilidad creciente hacia la filosofía especulativa y en particular hacia la metafísica; en su expresión más extrema está el positivismo logico, llamado también empirismo lógico, mantenido sobre todo por el grupo de filósofos conocido como el "Círculo de Viena". (Véase el apartado "El positivismo lógico o neopositivismo" en Positivismo). No obstante, un empirismo más moderado de este tipo es lo que caracteriza al movimiento filosófico contemporáneo, conocido en ocasiones como análisis lingüístico o filosofía analítica.

EPISTEMOLOGÍA. (Del gr. episthmh, 'conocimiento' y -logía); sust. f.
1. Disciplina que estudia los fundamentos y métodos del conocimiento humano: la Investigación sobre el conocimiento humano, de David Hume, es uno de los más importantes tratados de epistemología que han visto la luz a lo largo de la historia.

Sinónimos
Gnoseología, teoría del conocimiento.

[Filosofía] Epistemología

La palabra "epistemología", que literalmente significa teoría del conocimiento o de la ciencia, es de reciente creación, ya que el objeto al que ella se refiere es también de reciente aparición. No obstante, la etimología del término "epistemología" es de origen griego. En Grecia, el tipo de conocimiento llamado episteme se oponía al conocimiento denominado doxa. La doxa era el conocimiento vulgar u ordinario del hombre, no sometido a una rigurosa reflexión critica. La episteme era el conocimiento reflexivo elaborado con rigor. De ahí que el término "epistemología" se haya utilizado con frecuencia como equivalente a "ciencia o teoría del conocimiento científico". Los autores escolásticos distinguieron la llamada por ellos "gnoseología", o estudio del conocimiento y del pensamiento en general, de la epistemología o teoría del modo concreto de conocimiento llamado científico. Hoy en día, sin embargo, el término "epistemología" ha ido ampliando su significado y se utiliza como sinónimo de "teoría del conocimiento". Así, las teorías del conocimiento específicas son también epistemología; por ejemplo, la epistemología científica general, epistemología de las ciencias físicas o de las ciencias psicológicas.

Un ejemplo concreto de la diversidad teórica existente en la idea de epistemología en la actualidad lo constituyen las concepciones de Popper y Piaget. Para Popper el estatuto de la epistemología viene definido por tres notas: por el interés acerca de la validez del conocimiento (el estudio de la forma cómo el sujeto adquiere dicho conocimiento es irrelevante para su validez); por su desinterés hacia el sujeto del conocimiento (la ciencia es considerada sólo en cuanto lenguaje lógico estudiado desde un punto de vista objetivo), es decir, la epistemología se ocupa de los enunciados de la ciencia y de sus relaciones lógicas (justificación); y, por último, por poseer un carácter lógico-metodológico, es decir, normativo y filosófico. Sin embargo, para Piaget la epistemología se caracteriza por principios opuestos a los de Popper, ya que a la epistemología le interesa la validez del conocimiento, pero también las condiciones de acceso al conocimiento válido; de ahí que el sujeto que adquiere el conocimiento no sea irrelevante para la epistemología, sino que ésta debe ocuparse también de la génesis de los enunciados científicos y de los múltiples aspectos de la ciencia que trascienden la dimensión estrictamente lingüística y lógico-formal. La epistemología para Piaget tiene además un carácter fundamentalmente científico, es decir, teórico y empírico, no metodológico y práctico.

Aunque, como puede verse, los autores que se ocupan de la epistemología están lejos de obtener un acuerdo unánime respecto a los problemas principales con los que se enfrentan, ni tienen siquiera un acuerdo sobre el carácter de la propia disciplina a la que se dedican, sí puede decirse de modo aproximativo que epistemología es la ciencia que trata de conocer la naturaleza del conocimiento humano, en sus principios reales y en su funcionamiento real, los tipos o clases de conocimiento y los caminos o métodos que pueden conducir a su realización correcta en cada caso. Según Javier Monserrat, estos son los amplios niveles en los que la reflexión del epistemólogo se mueve para cumplir adecuadamente sus objetivos científicos: autoobservación de los procesos cognitivos tal y cómo se dan en su propia experiencia o introspección;  observación de la  estructura de la experiencia global de la realidad en que el hombre se encuentra, para tratar de entender cómo el hecho del conocimiento humano es en ella un elemento coherente; estudiar cómo se manifiesta el conocimiento, tal como es ejercitado por el hombre en la cultura dentro de la que vive; visión del curso de la historia y del desarrollo del conocimiento científico; finalmente, reflexión científica sobre el conocimiento humano y elaboración de investigaciones sobre él, que conduzcan a determinados ensayos epistemológicos y a elaborar una idea científica de lo que éste sea.

No es fácil distinguir la epistemología de otras disciplinas afines o de otros saberes fronterizos con ella. Como todos los problemas de definición de términos, últimamente se delimita atendiendo a la conveniencia o al consenso del uso, más que a unas presuntas verdad o falsedad inexistentes. Pero incluso cuando el consenso existe es un consenso precario, puesto que en un saber dinámico y constituyente, como es el referido a la reflexión sobre el conocimiento, las fronteras con frecuencia se trasladan de territorios con facilidad.

La primera frontera imprecisa es la que mantienen los conceptos de epistemología y teoría del conocimiento. La relación de la epistemología con la teoría del conocimiento sería la que hay entre la especie y el género, siendo la epistemología la especie, ya que trata de una forma específica de conocimiento: el conocimiento científico. Sin embargo, esta diferencia desaparece entre los neopositivistas y empiristas lógicos, para quienes sólo merece el nombre de "conocimiento" el conocimiento científico, y que califican a cualquier otro pretendido conocimiento de "juego de palabras sin alcance cognoscitivo" (R. Carnap). Sí, en cambio, opinan que tiene sentido hablar de distintos tipos de conocimiento quienes han afirmado procedimientos de conocimiento diferentes a los de la ciencia, como los sentimientos o la intuición. Algunos han propuesto el camino de dirigir las facultades humanas en dirección de "la intuición de las esencias", fundando así una ciencia fenomenológica más allá de la ciencia factual. Hay que reconocer que, aun admitiendo la distinción entre teoría del conocimiento y epistemología, no siempre es posible efectuar tal distinción, ya que la palabra "epistemología" se impone por su mayor sencillez de sustantivo. Para obviar la dificultad se ha creado la palabra gnoseología, pero este neologismo no ha llegado a arraigar y su uso se ha considerado pedante, rancio y escolástico.

La segunda delimitación terminológica frágil es la que se establece entre epistemología y filosofía de la ciencia, debido a la elasticidad de esta última expresión. Si se toma en un sentido amplio, la epistemología sería uno de los capítulos de la primera, una forma de practicar la filosofía de la ciencia, consistente en el análisis lógico del lenguaje científico. Para salvar las diferencias entre ambas nociones, algunos autores intentan desligar a la epistemología de toda relación con la filosofía y evitan usar esta última palabra al ser partidarios del conocimiento científico como la única forma de conocimiento. Sin embargo, aunque se intente limitar el término a lo que es propiamente reflexión sobre la ciencia, no puede desprenderse por completo de una determinada filosofía. En primer lugar, porque buena parte de las epistemologías actuales, como las de Meyerson, Cassirer, Brunschvicg, Eddington, Bachelard y Gonseth, han permanecido estrechamente asociadas a una filosofía; en segundo lugar, porque sobre las epistemologías regionales subsisten problemas de epistemología general que, seguramente, pueden ser tratados por el sabio, pero que sobrepasan su privilegiada competencia de especialista; por último, las epistemologías internas y regionales difícilmente pueden dejar de tratar problemas que podrían calificarse de paracientíficos, por el hecho de que continúan siendo el motivo de separación de los sabios cuyos métodos no permiten su oposición y que podrían llamarse filosóficos, puesto que forman parte de la tradición filosófica.

En tercer lugar, hay dificultades para deslindar los campos de la epistemología y la metodología científica. ¿Son la  epistemología y metodología dos disciplinas distintas, simplemente conexas, o por contra, hay que incluir a la metodología dentro de la epistemología como una de sus partes? Tradicionalmente se ha considerado que la epistemología no estudiaba los métodos científicos, ya que éstos eran objeto de una parte de la lógica llamada "metodología"; la epistemología en concreto tenía como objeto el estudio crítico de los principios, hipótesis y resultados de las diversas ciencias. Hoy difícilmente se considera admisible esta distinción; en ella se daba a la lógica una extensión desmedida, al aceptar la tradicional división escolástica entre la lógica general, que hacía abstracción de los objetos y cuya parte principal es la lógica formal, y la lógica material, aplicada o metodología, que estudia los métodos propios de cada una de las diversas ciencias. También resulta difícil hoy hacer un estudio crítico de los principios de las diversas ciencias, de su valor y objetividad, sin preguntarse al mismo tiempo sobre la naturaleza y valor de los procedimientos a través de los cuales se forman las ciencias y se llega a elaborar un conocimiento científico. En este sentido, Piaget ha señalado que la reflexión epistemológica nace siempre con las crisis de cada ciencia, y que sus "crisis" resultan de alguna laguna de los métodos anteriores que han de ser superados por la aparición de nuevos métodos. De ahí que análisis de los métodos científicos y epistemología sean dos tipos de investigación difícilmente disociables. Por ello en la actualidad se considera a la metodología dentro del campo de la epistemología, no dentro del de la lógica.

La génesis de la epistemología

La epistemología propiamente dicha comienza en el Renacimiento. El conocimiento científico aparecerá en ella como conocimiento, análisis y síntesis de los fenómenos, es decir, de la apariencia o manifestación de la realidad en la experiencia humana. Los momentos más importantes de la maduración de esta metodología de la ciencia como crítica racional de los fenómenos de experiencia están representados por Galileo Galilei (1564-1642), Francis Bacon (1561-1626), René Descartes (1596-1650), Isaac Newton (1642-1727), Locke (1682-1704), Leibniz (1646-1716) y Kant. El Novum Organum y la Gran instauración de las ciencias de Bacon, el Discurso del método de Descartes, la Reforma del entendimiento de Spinoza y la Búsqueda de la verdad de Malebranche ofrecen observaciones interesantes para el epistemólogo, aunque propiamente no pueden considerarse como obras de epistemología. Sí se acercan más al sentido actual de la epistemología el libro IV del Ensayo sobre la inteligencia humana de Locke y en especial la respuesta que le da Leibniz en sus Nuevos Ensayos. En el siglo XVIII, la obra que mejor predice lo que será posteriormente la epistemología es el Discurso preliminar a la Enciclopedia, de D'Alembert. A comienzos del siguiente siglo se consideran precursores el segundo volumen de La filosofía del espíritu humano (1814) de Dugald Stewart, el Curso de filosofía positiva (a partir de 1826) de Augusto Comte y el Discurso preliminar al estudio de la filosofía natural (1830) de John Herschel.

Las dos obras fundamentales con las que, aunque no existiera la palabra epistemología, empezó a desarrollarse el contenido de lo que hoy se llama así propiamente fueron la Wissenschaftslehre (1837), de Bernard Bolzano, y la Filosofía de las ciencias inductivas (1840) de William Whewell. La palabra Wissenschaftslehre, que Bolzano menciona al comienzo de su obra, corresponde en alemán a lo que quiere decir en un castellano inspirado en el griego "epistemología", "teoría de la ciencia". Sin embargo, ambos vocablos, el alemán y el castellano (o el inglés epistemology), no son exactamente sinónimos, ya que el  primero ha conservado de sus orígenes más antiguos un sentido más amplio que el que ha tomado el segundo, que se forjó para designar una disciplina más estricta. A pesar de que en la segunda mitad de su obra abarque un campo más amplio, Bolzano considera la palabra Wissenschaftslehre en un sentido más concreto, aquél en que Wissenschaft designa propiamente el conocimiento científico, excluyendo cualquier otra forma de conocimiento. Con minuciosidad y rigor, su estudio se centra en nociones fundamentales de la lógica y anticipa algunos de los problemas de la metalógica actual.

Las investigaciones de Whewell inauguran el método histórico-crítico, pero ante la amplitud que exigía su tarea separó los dos métodos y publicó primero la Historia, que sirvió de base a lo que poco después será la Filosofía de las ciencias inductivas; Whewell se preocupó de mantener siempre un estrecho contacto entre ambas disciplinas, como indica el título completo de la segunda obra, Philosophy of the inductive sciences, founded upon their history ("Filosofía de las ciencias inductivas, basada en su historia"). De la escala de las ciencias intenta deducir, para cada una de ellas, las ideas fundamentales sobre las que se basan y los procedimientos mediante los que se construyen. Dos de las obras epistemológicas más significativas en continuar el camino abierto por Whewell fueron el Essai sur les fondements de la connaissance humaine et sur les caractères de la critique philosophique (1851) y el Traité de l'enchaînement des idées fondamentales dans les sciences et dans l'histoire (1861), de Antoine-Augustin Cournot. Uno de sus méritos principales fue haber colocado en primer plano de la epistemología la idea de azar, durante mucho tiempo considerada opuesta a la idea de ley y ajena a la ciencia, y la célebre definición que dio de este concepto: la intersección de dos series causales independientes. De esta manera parece haber presentido la gran importancia que iban a adquirir en la ciencia contemporánea los datos estadísticos y las probabilidades.

En el siglo XIX se encuentran también otros numerosos intentos de epistemología científica, que continúan la línea empirista-positivista que en el siglo XVIII había sido continuada por Euler, en Alemania, o D'Alembert, en Francia. El positivismo decimonónico clásico estuvo representado por Augusto Comte (1798-1857), John Stuart Mill (1806-1873), John Herschel (1792-1871), William Whewell (1794-1866) y por el biologista Herbert Spencer (1820-1903). Posteriormente fue continuado por el empiriocriticismo de Richard Avenarius (1843-1896) y Ernst Mach (1838-1916), y ya a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, por Henri Poincaré (1854-1912), Pierre Duhem (1816-1916) y Emile Meyerson (1859-1933), autores todos ellos relacionados por continuación o reacción con el empiriocriticismo.

En el siglo XX, la epistemología científica queda agrupada en tres grandes escuelas o generaciones: el neopositivismo lógico, el racionalismo crítico y el pospopperianismo. El neopositivismo lógico tuvo en Bertrand Russell (1872-1970) y Ludwig Wittgenstein (1889-1951) sus dos principales predecesores. Bajo su influencia, se formó en los años veinte de este siglo el llamado Círculo de Viena, con el que el positivismo se transforma en neopositivismo lógico y toma cuerpo la primera gran escuela de epistemología científica en el siglo XX. Los miembros más representativos de esta escuela fueron Moritz Schlick (1882-1936), Otto Neurath (1882-1945), Herbert Feigl (1902), Félix Kaufmann (1895) y Rudolf Carnap (1891-1970). En el Congreso de Viena sobre epistemología de la ciencia natural, en el año 1929, fue elegido Schlick como presidente del Círculo. En Berlín se formó pronto un nuevo centro de neopositivismo lógico a ejemplo del de Viena, cuyos principales representantes fueron Hans Reichenbach (1891-1953), Kurt Grelling y Walter Dubislav (1895-1937). En 1931, Rudolf Carnap propició la creación de otro centro de neopositivismo en Praga y el filósofo inglés A. J. Ayer (1910) introdujo el neopositivismo lógico en Inglaterra. En el escrito programático del año 1929 hacían la siguiente clasificación de los nombres que habían conducido hasta él: "1. Positivismo y empirismo: Hume, Ilustración, Comte, Mill, Richard Avenarius, Mach. 2. Fundamentos, objetivos y métodos de las ciencias empíricas (hipótesis en Física, Geometría, etc.): Helmholtz, Riemann, Mach, Poincaré, Enriques, Duhem, Boltzmann, Einstein. 3. Logística y su aplicación a la realidad: Leibniz, Peano, Frege, Schroder, Russell, Whitehead, Wittgenstein. 4. Axiomática: Pasch, Peano, Vailati, Pieri, Hilbert. 5. Eudemonismo y sociología positivista: Epicuro, Hume, Bentham, Mill, Comte, Feuerbach, Marx, Spencer, Muller-Lyer, Popper-Lynkeus, Carl Menger (padre)".

En segundo lugar está el racionalismo crítico, la epistemología de K. Popper. El racionalismo crítico se entiende como reacción crítica ante las directrices fundamentales de la epistemología del neopositivismo lógico. El racionalismo crítico discutirá las principales tesis del Círculo de Viena e instaurará una nueva escuela de teoría de la ciencia que, desde 1934, en que publica Popper su primera obra, se irá haciendo poco a poco predominante e influirá en la evolución posterior de los autores del Círculo, por ejemplo en el mismo Carnap o en Reichenbach. Entre los muchos discípulos de Popper pueden citarse a Hans Albert o a John Watkins. La importancia de las teorías popperianas se ha dejado notar en toda la teoría de la ciencia de los años 50 y 60, e incluso en la actualidad, bien sea como aceptación de las mismas, bien para construir otras nuevas a partir de él.

En tercer lugar se encuentran los autores llamados pospopperianos. Se caracterizan por presentar epistemologías que, bien inspiradas preferentemente en el positivismo, bien en Popper, no se identifican totalmente con ninguno de estos dos sistemas, aunque se vean siempre seriamente influidas por ellos. Entre los principales autores pospopperianos cabe citar a T. S. Kuhn, P. K. Feyerabend, I. Lakatos y N. R. Hanson.

Los problemas de la epistemología

Los problemas planteados en la actualidad por la epistemología pertenecen a dos grandes grupos. Unos son de carácter general, ya que abarcan la totalidad de las ciencias. Otros son específicos de cada grupo de ciencias, se refieren a una sola ciencia o a alguna rama de una determinada ciencia.

En primer lugar, la epistemología se plantea problemas que se refieren a las relaciones entre las diversas ciencias. La pluralidad de las ciencias, su incesante proliferación, sus encabalgamientos y enlaces, su dispersión, no satisfacen al espíritu del sabio a quien llevan a preguntarse por los problemas de su coordinación. Hoy ha cambiado el viejo problema de la clasificación de las ciencias y nadie pretende construir un sistema rígido e inmutable en el que cada ciencia tendría su lugar propio y definido con sus diversos compartimentos, pero un cuadro de referencia siempre es necesario y lo único que se exige es que sea manejable y abierto, que refleje el estado presente de la ciencia y admita enlaces y reorganizaciones.

En segundo lugar, la epistemología se plantea también el problema de las relaciones entre los dos grandes grupos en que se distribuyen las ciencias. En general se admite la división entre las ciencias formales, por una parte, lógica y matemáticas, y las ciencias de lo real, por otra. A partir del nacimiento de la matemática racional la pregunta inevitable es la del acuerdo entre sus explicaciones y las de la experiencia.

En tercer lugar, son también problemas de la epistemología los referidos al análisis de algunas nociones comunes a todas las ciencias o a la mayoría de ellas. El matemático, físico, naturalista y lexicógrafo se sirven también de definiciones, pero ¿tienen el mismo significado? Para el matemático la probabilidad es objeto de cálculo; el físico sabe que sus métodos inductivos desembocan en probabilidades y considera a todas sus leyes como probabilidades; el historiador se pregunta sobre la probabilidad de los testimonios: ¿se trata siempre de una misma probabilidad en estas diversas ciencias, o si no, cómo se organizan entre sí estos diversos sentidos?

Se dan también problemas epistemológicos, en cuarto lugar, en las dos maneras de concebir las relaciones entre la parte teórica y la experimental de las ciencias, o, lo que es casi lo mismo, en el significado de las teorías. Cuando se intenta acatar el imperativo de inteligibilidad que compara al científico con el filósofo, y el imperativo de efectividad que lo relaciona con el ingeniero, resulta que no concuerdan entre sí y la tensión resultante determina en el interior de cada ciencia un desacuerdo sobre el ideal científico. Es en las ciencias de la naturaleza donde se manifiesta más claramente tal desacuerdo en las dos maneras de concebir las relaciones entre la parte teórica y la experimental, o, lo que es casi lo mismo, el significado de las teorías: ¿intentan profundizar en nuestro conocimiento de los fenómenos buscando, detrás de las leyes, las causas explicativas, o bien, no son más que una sistematización de un conjunto de leyes? Pero también ocurre algo semejante en otras ciencias, como en biología, con la oposición del mecanicismo frente al vitalismo; en psicología, con la del behaviorismo frente a la reflexología; en historia, dada la oposición de la historia de los acontecimientos con la historia explicativa o más bien comprehensiva, oposiciones que parecen proceder de una dualidad en el ideal científico.

En quinto lugar, y como primera consecuencia del descenso de la generalización epistemológica hacia el ámbito de cada una de las ciencias, se encuentran los problemas específicos del primer grupo de ciencias, las ciencias formales. La lógica, bajo su nueva forma de lógica simbólica o logística, figura junto a las matemáticas y en estrecha unión con ellas, y ello plantea bajo una nueva forma el problema de la relación entre ambas disciplinas. Con la nueva lógica el problema esencial es saber si las matemáticas se pueden reducir a ella, lo que sería una manera de fundarla. Además, cada problema de la epistemología matemática tiene su correspondiente en lógica y a la inversa. Así, por ejemplo, son comunes a ambas ciencias el problema del estatuto ontológico de sus nociones o del correspondiente objetivo de sus términos. Con facilidad puede plantearse en matemáticas el problema de saber si los principios de la lógica expresan leyes del ser, normas del pensamiento o bien reglas para la manipulación de los símbolos, es decir, si la lógica es una ciencia objetiva, normativa, o bien un arte del cálculo y del juego.

En sexto lugar se plantean los problemas de epistemología comunes a las ciencias de la realidad, que tienen en física una forma modélica, ya que al hablar de dichos problemas casi siempre se piensa en ella. Los problemas principales son tres, según se haga hincapié en la construcción de los conceptos, en la estructura de las explicaciones o en la validez de las conclusiones. Los problemas relativos al método experimental y a la naturaleza y justificación de los procedimientos inductivos ocupan evidentemente un lugar importante en dichos estudios, pero el gran problema es el de su unidad: ¿pueden agruparse todas las ciencias de la realidad en un solo tipo fundamental, cuyo modelo más completo sería la física?, ¿sobre qué base lo harían?, ¿deben quedar irremediablemente separadas en dos o tres ramas?

En séptimo lugar están los problemas epistemológicos más particulares, relacionados con las ciencias de la vida y las ciencias del hombre. Aparecen en estas ciencias conceptos fundamentales comunes a la física, como el concepto de ley, pero aparecen también conceptos ajenos a ella, como el de ser; estas ciencias hablan de hechos, pero también de valores. Puede analizarse un ser como una intersección de leyes, pero se elude así la característica esencial de su individualidad. Pueden considerarse los valores como datos de hechos, pero ¿estos hechos son de la misma naturaleza que la de los hechos que trata la ciencia del mundo físico? Los conceptos propios de estas ciencias como los de tendencia, función, éxito y fracaso, normal y patológico, finalidad, son problemáticos y exigen análisis epistemológicos más específicos. El problema más grave es saber si estas nociones pueden interpretarse con el lenguaje de la física, o cuando menos ponerse de acuerdo con él. Además, la presencia en las ciencias humanas de nociones como conciencia, actividad voluntaria, lenguaje, utensilios, política, religión, arte, han hecho surgir nuevos conceptos y problemas, como por ejemplo, en este nuevo campo ¿hay que sustituir la comprehensión por la explicación?; ¿las finalidades pueden, y de qué manera, considerarse causas?; ¿en qué medida, o en qué forma, la aplicación del instrumento matemático es posible y deseable? En el interior de estas ciencias se plantea la cuestión de su homogeneidad y de su jerarquía. En ocasiones, una de estas disciplinas e incluso una teoría surgida de una de ellas preside el conjunto o se atribuye una función rectora. Así, en el siglo XIX, la historia no sólo se desarrolla por sí misma, sino que predomina en todas las partes en donde se habla del hombre, y el materialismo dialéctico de Marx y Engels o el psicoanálisis, habiendo nacido en el seno de una de estas ciencias, han servido de principio general de explicación para todos los temas humanos.

Disciplina filosófica que estudia los principios materiales del conocimiento humano. Es decir, mientras la lógica investiga la corrección formal del pensamiento, su concordancia consigo mismo, la epistemología pregunta por la verdad del pensamiento, por su concordancia con el objeto; la primera es la teoría del pensamiento correcto, la segunda la teoría del pensamiento verdadero. Por consiguiente, los principales problemas epistemológicos son: la posibilidad del conocimiento, su origen o fundamento, su esencia o trascendencia, y el criterio de verdad.

ESOTERICO.{adj.} Misterioso, oculto, reservado, secreto; lo contrario de exotérico.
Se aplica a los conocimientos y fórmulas que sólo se transmiten a personas que han sido sometidas a pruebas iniciáticas.

EX PROFESO. (Loc. latina, variante de ex professo); adv. de modo.
1. [Uso formal] A propósito o con particular intención: no puedes negar que me has hecho daño ex profeso; un representante discográfico ha venido ex profeso desde Los Angeles para oírle cantar.

EXPERIMENTO.  {m.} Acción y efecto de experimentar.
Determinación voluntaria de un fenómeno u observación del mismo en determinadas condiciones, como medio de investigación científica.

EXPERIMENTAR. {tr.} Probar y examinar prácticamente las propiedades de una cosa.
Hacer operaciones destinadas a descubrir o comprobar determinados fenómenos o principios científicos.
Notar, observar en sí una cosa.  

F 

FALSABILIDAD. {f.} [Filosofía] Principio epistemológico que supone que la observación es guiada por la teoría y que rechaza la presuposición de que las teorías científicas puedan establecerse como verdaderas o probablemente verdaderas a la luz de la evidencia observacional.

FALSAR. {tr.} [Filosofía] Someter a falsabilidad, contrastar una proposición con los hechos de forma que exista la posibilidad de refutarla.

FILOSOFÍA. (Del gr. filosofia, a través del lat. philosophia); sust. f.
1. Disciplina que reflexiona acerca de la esencia de las cosas y del hombre, y que trata de dilucidar el lugar que estos ocupan en el universo: el nacimiento de la filosofía se produce al abandonarse las explicaciones míticas de los fenómenos naturales.
2. Sistema de ideas que constituye una reflexión crítica sobre estas cuestiones: una filosofía que ignore la pregunta por el ser de las cosas no puede ser llamada propiamente tal.
3. Reflexión sistemática apoyada exclusivamente en las fuerzas de la razón: toda filosofía sucumbió entonces ante el predominio de la fe, la mística y otros diversos irracionalismos.
4. Doctrina de un pensador, escuela, movimiento o época: la filosofía de Leibniz es una de las más interesantes del siglo XVII.
5. Conjunto de principios establecidos para explicar determinada clase de hechos: la filosofía de la historia ocupó un lugar privilegiado en la doctrina de Vico.
6. Sistema de creencias y valores que cada uno asume para dar sentido a su propia vida: derrochar tanto dinero y tantas fuerzas en una boda es algo que va en contra de mi filosofía
7. [Uso figurado] Fortaleza y serenidad de ánimo para soportar los contratiempos: aceptó la muerte de su madre con admirable filosofía
8. Conjunto de doctrinas que con este nombre se enseñan en los centros docentes: empezó a estudiar filosofía en Madrid, pero pronto vio defraudadas sus ilusiones de sacar algún provecho de ello.
9. Facultad universitaria dedicada a la docencia de esta disciplina: el comedor de filosofía se abarrotaba entre las dos y las tres.

Sinónimos
Filosofismo, metafísica, reflexión, doctrina, explicación, resignación, serenidad, fortaleza, temple, escuela, academia, liceo, facultad.

Filosofía

La filosofía nace a principios del siglo VI a.C. en Asia Menor. El primer pensador conocido es Tales de Mileto, considerado el creador de la metafísica y cuya influencia fue decisiva desde Heráclito a Demócrito. Por entonces sobresalía también Pitágoras, quien se había trasladado desde Samos a la Magna Grecia.  Más tarde, aparecen los grandes pensadores de la filosofía griega: Sócrates, Platón y Aristóteles, figura capital del período clásico, creador de una importante obra cuya influencia se hará sentir de forma extraordinaria en la Edad Media, al dar lugar al desarrollo de la filosofía escolástica, cuyos máximos representantes son San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino.

Con la Edad Moderna, la filosofía se desliga de las diversas ciencias. En el siglo XVII, Descartes crea una metafísica de la razón (Racionalismo) que da origen al idealismo alemán, escuela a la que pertenecieron Fichte, Schelling y Hegel. Como reacción contra el idealismo surgió el positivismo, cuya figura central es Auguste Comte.

Ya en el siglo XX, entre los filósofos más relevantes figuran Bergson, Husserl, creador de la escuela fenomenológica, y Heidegger, padre de la filosofía existencial. En los últimos años, adquiere enorme desarrollo el movimiento denominado existencialismo, continuador del pensamiento de Heidegger, que tiene en Jaspers, Marcel y Sartre, a sus principales representantes.

Teoría de la Historia de la Filosofía

Durante buena parte de su historia, la filosofía no ha tenido Historia. La filosofía fue un hacer que tenía conocimiento del pasado, su pasado, pero sin la pretensión científica de estudiarlo ordenada y metódicamente. Por ello, Lucien Braun en su documentadísima obra Histoire de l´Histoire de la Philosophie (París, 1973) ha distinguido dos etapas principales en el saber sobre la Historia de la filosofía: la etapa de prácticas de Historia de la filosofía y la etapa de desarrollo de la disciplina propiamente dicha. Mientras que la primera etapa se extendería desde Teofrasto (dejando de lado el caso ejemplar de Aristóteles) hasta los comienzos del siglo XVIII (C. A. Heumann), la segunda lo haría desde ese momento hasta nuestros días.

Periodo 'de prácticas' de la Historia de la filosofía

Este periodo incluye las doxografías, biografías y narraciones, sean diadoquistas (vistas desde la perspectiva de un escolarca), heréticas (en el sentido de hairesis o división entre las doctrinas de una escuela y las demás) u holográficas (una historia espacializada y acompañada de figuras secundarias y rasgos anecdóticos).

Como ha escrito Emilio Lledó, el filósofo griego al que realmente preocupó el problema de aquello que después se llamaría "historiografía" fue Aristóteles. El concepto de historia, que cobra en su obra un particular relieve, encierra una cierta dificultad que no surge primariamente de su tarea como historiador, sino de un pasaje de la Poética, en donde se enfrentan historia y poesía en función de su interés filosófico. Una sistematización de los momentos capitales del pensamiento histórico de Aristóteles podría centrarse en torno al texto de la Poética, al libro primero de la Metafísica, a la labor histórica de la Política y a los trabajos de historia natural.

En un texto de la Poética se encuentra la primera reflexión filosófica sobre la historia; el valor científico que Aristóteles otorga aquí a esta disciplina queda bastante disminuido, ya que el carácter filosófico se mide en función de lo universal, y la historia sólo trata de sucesos particulares; por consiguiente, ninguno de ellos puede pretender que esa particularidad sobrepase sus propios y concretos límites. Pero en otro texto de la misma obra parece que se da otra interpretación de la historia o, al menos, se matiza más el pensamiento de Aristóteles al respecto, al dejar entrever una idea más filosófica de esa disciplina, en el sentido de que el acontecer histórico que puede considerarse como fruto del azar tiene una interna concatenación que le presta su auténtico carácter de continuidad. De ahí que Tucídides pretendiese, con su interpretación de la guerra del Peloponeso, superar la pura particularidad de los sucesos para estructurarlos en una adquisición para siempre.

En el libro primero de la Metafísica, Aristóteles realizó la primera historia de la filosofía occidental, ya que además de narrar algunas de las opiniones de los primeros filósofos, establece entre ellos determinadas conexiones y dependencias. Aunque la exposición aristotélica se basa en su propia teoría de las causas, el ensamblaje que esta teoría de las causas establece presta a toda su exposición un auténtico contenido filosófico. El pensamiento histórico aparece como un progreso, y no sólo como la confirmación de que la verdad del pensamiento de Aristóteles ha sido ya vislumbrada por sus predecesores. La historia de la filosofía es, así, el paulatino desarrollo de unos determinados temas que, a pesar de los múltiples caminos y descarríos, encuentran siempre, si de verdad responden a una auténtica exigencia intelectual, su plena solución. Aristóteles ve confirmados en los primeros filósofos sus propias ideas, y esto prueba que la historia es una evolución llena de sentido, que va desde la oscuridad primitiva hasta la claridad y la diferenciación.

Otra obra en la que también se expresó esta preocupación histórica de Aristóteles fue la Política. La razón que le empujó a ampliar sus noticias históricas, a saber, tratar de establecer una constitución lo más perfecta posible, podría ser una confirmación más de su consideración del pasado como origen y última explicación del presente. Y esta misma preocupación por los conocimientos históricos no queda  limitada al campo político, sino que Aristóteles es también el padre de la doxografía, ya que animó a sus discípulos a recoger y clasificar las doctrinas de los antiguos: Eudemo se encargó de redactar la historia de la matemática y de la astronomía; Menón se ocupó de compendiar las doctrinas de los antiguos médicos griegos y Teofrasto llevó a cabo la empresa más ambiciosa, la de recopilar las opiniones de los físicos. Por último, una nueva forma de investigación histórica queda recogida en una de las más voluminosas obras de Aristóteles: la Historia animalium. La Historia animalium es una especie de introducción a los restantes estudios de biología, que tiene por objeto registrar los principales hechos de la vida animal, mientras que los demás tratados tienden a elaborar una teoría a base de hechos registrados.

En la Antigüedad, la obra de Diógenes Laercio Vida de los filósofos más ilustres constituye el ejemplo más claro de una gran erudición que no alcanza la categoría de historia de la filosofía. A pesar de ello su influencia fue enorme, no sólo en toda la tradición filosófica que se extendió hasta el Romanticismo, sino también en el ámbito de la filología, al posibilitar los grandes trabajos, fundamentales para la historia de la filosofía, de Rose, Nietzsche, Maas, Wilamowitz-Möllendorf, F. Leo y Usener.

Tampoco la Edad Media contribuyó mucho con sus compilaciones, apologías y comentarios a la constitución de la disciplina llamada "Historia de la filosofía". No obstante, la historiografía cristiana aporta tres caracteres (universalidad, providencialidad y apocalipticidad) de gran importancia, tal y como ha señalado Collingwood. En primer lugar, que la historia es universal significa que no existe un determinado centro de gravedad, como ocurría en la historiografía pagana, sino que el interés se vuelca sobre toda la historia desde el origen del hombre; y si ha de establecerse un centro de gravedad, ese centro trasciende el mismo devenir histórico. En segundo lugar, la historia no obedece ya a la sabiduría o voluntad de sus agentes, sino que la marcha de la historia está determinada por la Providencia. Esta historia providencial es fruto de Dios; el hombre sigue siempre los caminos que éste le marca y se convierte, así, en un vehículo de los propósitos divinos. El hombre que se da cuenta de este hecho se encuentra ya situado en un nivel superior al que marcaba la vieja sabiduría pagana. La tercera característica es el carácter apocalíptico de la historia. La historia entera gira en torno a la vida histórica de Cristo, que divide la historia del hombre en dos momentos: un período de tinieblas anterior a Cristo, y un período de luz, posterior a Él.

San Agustín es el autor más importante de esta interpretación cristiana. Esto no quiere decir que con anterioridad a él no se hubiese expresado de alguna manera esta nueva interpretación de la historia, pero fue en San Agustín en quien se concretó un nuevo modo de entender la historia radicalmente distinto del que suponía el pensamiento griego. La Ciudad de Dios es el ejemplo perfecto de esta revolución histórica. La Ciudad de Dios fue la respuesta que San Agustín dio a un hecho histórico concreto: la caída de Roma en poder de Alarico, que produjo en el mundo una enorme conmoción. Este hecho le sirve a San Agustín para elevarse, por encima de las consideraciones particulares, hacia una interpretación que explique de alguna forma la conexión entre los sucesos humanos. Como ha señalado K. Löwith, en el fondo de este hecho histórico del que arranca la Ciudad de Dios ve San Agustín el devenir humano como un ininterrumpido combate entre dos reinos invisibles: la ciudad de Dios y la ciudad terrena. Tal vez el deseo de no perder de vista su objetivo final, es decir, la realización dentro del alma de la ciudad de Dios, y el alcanzar, verdadera y objetivamente, esta ciudad, hizo que San Agustín se despreocupase por el desarrollo de la historia humana, en cuanto que ésta implicaba una cierta independencia del poder creador del hombre frente a cualquier consideración escatológica. Sin embargo, San Agustín dejó una interesante muestra de su preocupación por el pasado humano y, concretamente, por el pasado filosófico. En el libro octavo de la Ciudad de Dios aparece extractada una historia de la filosofía desde el punto de vista agustiniano.

En el capítulo tercero de la Ciudad de Dios San Agustín expone el pensamiento socrático como modelo de la constitución dialéctica del espíritu, sobre los fundamentos de las dos ciudades. La revolución de Sócrates consistió en haber apartado a la filosofía de las preocupaciones por las cosas naturales, por el mundo, y en haberla proyectado hacia las costumbres y hacia la purificación de la mente. La parte más extensa la dedica San Agustín a la exposición del pensamiento filosófico de Platón y los neoplatónicos. Aunque a San Agustín le interese, principalmente, el carácter religioso de la filosofía de Platón, ofrece puntos de vista que testimonian rigor en la información. San Agustín va analizando las excelencias del platonismo con respecto a la filosofía física, a la filosofía racional o lógica y a la filosofía moral. En todas ellas descubre cómo Platón está próximo a una concepción cristiana, a la vez que se plantea el problema histórico acerca de los medios de que pudo servirse este filósofo para adquirir aquella visión rayana en la ciencia cristiana (Ciudad de Dios, VIII, 11). En medio de su exposición del platonismo, inserta un capítulo en donde habla de las "Excelencias del cristiano piadoso sobre la ciencia filosófica" (Ciudad de Dios, VIII, 10). Según san Agustín, no importa que el cristiano no esté versado en las letras filosóficas ni sepa distinguir las escuelas: él, por su fe, se encuentra ya en la fuente de la sabiduría, porque "los filósofos profesan o el estudio de la sabiduría o la sabiduría misma"; pero el cristiano no necesita ya de ese estudio, su fe es su ciencia.

La importancia historiográfica de la Ciudad de Dios para la filosofía está en la idea de que el ser humano no posee la verdad que Dios atesora, por lo que se ve obligado a buscar a Dios como en un espejo enturbiado, condenado al desciframiento y recuento de inicios que le acerquen a una verdad nunca dada por entero. Para que el homo viator (hombre viajero) que el ser humano es no se pierda en la miseria de su peregrinaje, debe oír la llamada de Dios, que le encamina hacia él, descifrando todos los signos que le acercan a la divinidad. Esta lectura unitaria ofrece además una historia única y orientada que lleva al olvido y descrédito de las antiguas concepciones cíclicas del devenir. Sin embargo, San Agustín está preso de una concepción diadoquista en su exposición temática, pues ve la filosofía griega como mera preparación para el cristianismo y considera que "su filosofía cristiana es la verdadera filosofía". La importancia de San Agustín para la Historia de la filosofía está en la búsqueda incesante de un centro que otorga diferencias, cortes y dilaciones que permiten hablar, por vez primera, de una Historia en sentido pleno del término: la idea de una Historia unitaria y progresiva en la que el 'alma' y el 'desarrollo temporal' se corresponden en su itinerario.

El Renacimiento inaugura con su historia erudita una dirección que aún vive con fuerza: la historia filosófica. Ésta tiene la pretensión de limpiar y restaurar las adherencias espúreas de una obra para devolverla a su sentido originario en toda su pureza. Este proceder antihistórico del restaurador, que pretende borrar el tiempo para conocer sin prejuicios una supuesta verdad desnuda, produce un efecto opuesto en buena medida al deseado, ya que el que pretende captar el significado verdadero de una obra renacida del pasado se ve obligado a estudiar el idioma original para sumergirse en el mundo cultural de la obra, con lo cual va cobrando conciencia poco a poco a la vez de la diferencia y el verdadero hiato de la obra estudiada y la época del estudioso.

Dentro de la historiografía filosófica del Renacimiento, Emilio Lledó ha llamado la atención hacia Juan Luis Vives, autor de la primera Historia de la filosofía realizada por un español. Su obra De initiis sectis et laudibus philosophiae (1518) es un ejemplo de la ausencia de sentido crítico en el manejo de las fuentes, propia de la actitud renacentista primariamente interesada en destacar el pintoresquismo o la rareza de opiniones y autores. En sus breves referencias a los presocráticos, afirma de Tales de Mileto que anunció un eclipse de sol, pero no menciona su afirmación del agua como fundamento de la tierra. De Anaximandro afirma que conoció que la luna brillaba con luz 'prestada', pero no hace mención del apeiron. El problema filosófico de los comienzos de la filosofía parece escapar completamente a la mirada, en otros momentos tan aguda, de Vives. Ofrece, sin embargo, una mirada sistemática en la primera parte de su trabajo, al anotar que en un principio los filósofos se habían dedicado al estudio de las cosas divinas, entendiendo por ello el estudio de los astros y fenómenos supraterrestres, pero que después descendieron a la tierra. La filosofía es, según Vives, una ciencia universal a la que nada se escapa y que engendra todo tipo de saber, pero un saber eminentemente práctico. La filosofía perdida, el esfuerzo humano por esclarecer el universo y al hombre en él, quedaba así recobrado. Vives expone también algunos puntos de Aristóteles, en donde queda patente la preocupación universal del Estagirita, y en un importante pasaje plantea el problema, tan moderno, de la hermenéutica filosófica. Así, distingue el modo de escribir de ciertos filósofos que confunden profundidad con vaciedad. Por el contrario, el estilo de Aristóteles es copioso, lúcido, transparente. Nuestra torpeza y nuestra poca atención hacen que parezca haber en Aristóteles algunas tinieblas, pero Aristóteles, comparado con los filósofos anteriores, es "más claro que el mediodía". Vives apunta también el problema hermenéutico de la posible falsificación de muchos conceptos griegos en el latín de sus intérpretes: "Es mucho más abierto, más claro, más diáfano el griego nativo de Aristóteles que el latín de su intérprete, pues éste, cuando se esfuerza en reproducir cada una de las voces griegas por otras tantas latinas, titubea, invierte, oscurece, confunde la dicción y el sentido".

La Edad Moderna nace en buena medida como reacción contra la pretensión renacentista de hacer proliferar mecánicamente textos (revolución de la reforma). Así, Descartes aparece como un pensador que, harto de erudición y saber libresco, busca la verdad no en los textos, sino en la evidencia de la idea clara y distinta. Todo el interés de Descartes va dirigido hacia una naturaleza que está ahí, presente y disponible para ser domada. La Historia, saber mucho de Platón y de Aristóteles, es considerada como algo fútil y condenada como algo peligroso.

Será con Leibniz con quien llegue a producirse la síntesis entre la historia erudita y la razón cartesiana pretendidamente atemporal. Leibniz resucitó la metáfora minera del oro y la ganga para justificar el rescate de un núcleo racional en los textos antiguos al compararlos no con la verdad ya conquistada, sino entre sí, y con los descubrimientos nuevos de acuerdo con una "característica universal". El resultado de la filosofía de Leibniz, unida a toda la filosofía pasada, cuyos textos Leibniz empezó a recopilar en sus Acta Eruditorum publicadas desde 1682 en Leipzig, es una cierta 'Filosofía perenne', pero bien entendido que esta historia es un adorno en la marcha segura y triunfal de la razón filosófica. En esta misma línea, Kant se burlará de aquellos eruditos para los cuales la Historia de la filosofía, antigua o moderna, es ella misma su filosofía. La filosofía moderna es pues radicalmente antihistórica. La razón se pliega sobre sí misma por mediación del conocimiento analítico y se encamina a la dominación de una naturaleza presente, a la mano: inerte y troquelada.

Periodo de la Historia de la filosofía como disciplina.

El eje en torno al que gira la Historia de la filosofía como ciencia o, al menos, como disciplina, es Hegel. Por ello puede dividirse la historia de esta Historia en tres momentos: unos esbozos perihegelianos, la concepción de Hegel mismo y las múltiples orientaciones poshegelianas. Destacaremos muy especialmente la decisiva, actual e influyente concepción de la Historia de la Filosofía de Windelband.

Esbozos perihegelianos de la Historia de la filosofía como disciplina.

Además de los estudios de Goclenius y de la historia de la filosofía de Thomas Stanley, uno de los libros más conocidos en la época de Hegel fue la obra de Jakob Brucker titulada Historia crítica philosophiae a mundi incunabilis ad nostram usque aetatem deducta, en cinco volúmenes (1742-1767). En el volumen primero de esta obra, que estudia las filosofías orientales y griegas, detenidamente expuestas a lo largo de 1357 páginas, el autor explica lo que entiende por historia de la filosofía. Brucker, que distingue la historia de las doctrinas de la historia de las personas, ofrece un planteamiento metódico de la disciplina. Para él, el objetivo fundamental del historiador de la filosofía es o bien investigar los hechos filosóficos y su diversa acentuación a lo largo del tiempo (lo que hoy podríamos llamar "historia positiva"), o bien hacer un análisis más profundo, lo que Brucker denomina "historia de la filosofía", en el que los sistemas aparezcan relacionados en su auténtico mundo filosófico. Hay también, según Brucker, una historia de las personas y filósofos que no corresponde como materia capital a la historia de la filosofía, pero que quien pretenda conocer la historia íntima del pensamiento no puede omitir. Aunque sus referencias a los filósofos son anecdóticas y circunstanciales, con esta consideración del mundo que rodeaba a la obra filosófica se apuntaba un aspecto de importancia extraordinaria, como es la apertura al ambiente intelectual y personal al que se refiere vagamente Brucker con su "hay que atender además al signo de los tiempos". El historiador de la filosofía, además de estar dotado de ciertas cualidades morales como sentido de la justicia, imparcialidad y sinceridad, debe prestar atención a las fuentes y a los problemas textuales.

A partir de la publicación de la Fenomenología del Espíritu de Hegel se percibe en Alemania un cambio radical, tanto en la filosofía como en la Historia de la filosofía. Uno de los primeros autores en quien se descubre esta influencia, junto con la de Leibniz y Jacobi, es Joseph Hillebrand. En su principal obra, Propädeitik der Philosophie (1819), define la Historia de la filosofía como la exposición de aquellos esfuerzos del Espíritu que han tenido lugar a lo largo del tiempo en relación con la concretización del concepto de filosofía. Dos ideas eminentemente hegelianas se encuentran ya en esta definición: la primera es su concepción del Espíritu (Geist), que aspira a expresarse a sí mismo; la segunda es la realización del concepto de filosofía a lo largo del tiempo. La Historia de la filosofía es, pues, la manifestación del Espíritu en su decurso temporal. Hillebrand recomienda al historiador de la filosofía, además del estudio de las fuentes, exponer claramente las distintas doctrinas filosóficas, mencionar las circunstancias especiales que han condicionado el surgimiento de cada sistema y mostrar las conexiones externas e internas de los diversos sistemas. Especial importancia reviste, por su originalidad, la segunda recomendación de Hillebrand sobre esas circunstancias condicionantes de la obra del autor y el mutuo condicionamiento de los sistemas entre sí, ya que esta idea no se había dado anteriormente. Como ha escrito Emilio Lledó, la justificación de esta idea se debe al hecho de que la historia ha empezado a preocupar a los filósofos, ya que la estructura de la temporalidad en el devenir de las cosas y los acontecimientos humanos constituye algo esencial para la inteligencia del mundo y del hombre.

En 1822 apareció en Sulzbach la obra de Rixner Hendbuch der Geschicnte der Philosophie. Esta Historia de la filosofía lleva por lema unas líneas de Hegel tomadas de su estudio sobre las diferencias entre las filosofías de Fichte y Schelling en el que se habla del Absoluto y de su manifestación a través de la Razón, y está enfocada de una manera que hoy se suele llamar "filosófica". Rixner afirma que no tiene sentido una historia de la filosofía en la que se digan las cosas que dijeron ciertos autores, si no se expresa, al mismo tiempo, "cómo entendía aquel pensador lo que decía, cómo lo entendían sus contemporáneos, y cómo, de acuerdo con la razón, hay que entenderlo". Por tanto, según Rixner, hay que ir contra la costumbre de algunos manuales y ofrecer en la historia de la filosofía "un todo en el que las partes se organicen de manera armónica y coherente".

En su Introducción, Rixner se refiere a la etimología alemana de Geschichte, y afirma este término significa la exposición científica, llevada hasta sus últimas causas y fundamentos, de aquello que ha sucedido: "Historia es la exposición científica del surgir en el tiempo de todo aquello que ha tenido lugar en algún momento; bien sea en el ámbito de la naturaleza, o en el ámbito de la humanidad". La historia queda así definida, en primer lugar, como exposición científica; en segundo lugar, como una realidad constituida esencialmente por tiempo; y, en tercer lugar, por un sentido de armonía y conexión entre todos los fenómenos que dan contenido y materia al devenir temporal. En esa definición puede verse, como ha escrito Emilio Lledó, el abismo que la conciencia histórica ha introducido entre esta definición y las viejas crónicas y concepciones de la historia. Rixner distingue en la historia entre la labor de la experiencia y la labor de la especulación. A la primera corresponde el buscar los materiales y los hechos, a la segunda descubrir las leyes de la necesidad que sirven para conectar y dar sentido a los fenómenos, ya que lo que puede parecer casual está encadenado en una profunda ley. Este encadenamiento  lleva a descubrir la libertad en la necesidad y viceversa, y además, a ver cómo, en esta armonía, llega hasta el presente la continuidad del pasado, y cómo, de la mezcla de ambos, se hace posible el futuro.

La historia de la filosofía es para Rixner una parte de la historia general, que define como "investigación científica, comunicación y exposición del nacimiento y desarrollo en el tiempo de la ciencia de los últimos principios y leyes, tanto de la Naturaleza como de la Libertad". En la historia de la filosofía hay que distinguir su materia y su forma. La materia son las distintas manifestaciones del espíritu en los diferentes pueblos; la forma es la unidad de la razón, para que los distintos sistemas filosóficos no aparezcan como individualidades inconexas, sino como partes de un todo integrador al que esencial y racionalmente pertenecen. La profunda unidad formal de la razón se apoya sobre cuatro pilares primordiales: la unidad de la razón en todos los pueblos y en todos los tiempos, la unidad de las metas últimas de la investigación filosófica en todos los sistemas, la unidad de sus objetivos teóricos y prácticos y la unidad de las relaciones de la filosofía con los demás dominios del pensamiento.

Además de una concepción de la historia de la filosofía, Rixner ofrece en su obra una metodología historiadora bajo la forma de preceptos. Según él, la historia de la filosofía debe ser orgánica, armónica, especulativa y poética. Orgánica, como un organismo que descansa en sí mismo, se cierra en sí mismo y crece desde sí mismo. Armónica, en el sentido de que aparezcan en ella lo uno y lo múltiple, lo eterno y lo temporal, lo finito y lo infinito, que aunque formalmente parezcan separados y distintos, sin embargo, considerando los sistemas desde el punto de vista de la razón, son como rayos que confluyen en una misma luz. Especulativa, porque la historia de la filosofía es, también, filosofía. Poética, en el pensamiento de Rixner, significa que la exposición del pensamiento de los pueblos se debe considerar algo así como la Ilíada y la Odisea del espíritu humano. La historia de la filosofía se presenta así como una historia íntima del espíritu; algo puramente ideal, frente a lo real que son las otras manifestaciones de la cultura de los pueblos y que dejan ver un aspecto externo del espíritu, solidificado en leyes, costumbres, constituciones, etc.

Hegel valoró esta obra al escribir: "Rixner es un hombre de talla. Su libro es el mejor trabajo, tanto por lo que respecta a la riqueza literaria, cuanto al pensamiento. Con todo, no satisface todas las exigencias de una historia de la filosofía. Pueden censurarse en ella las continuas referencias a otras ciencias y, por consiguiente, la heterogeneidad de la obra. Sin embargo, son méritos indiscutibles, su precisión en las citas y el que, al final de cada volumen, nos ofrezca los pasajes originales más importantes de los distintos autores".

Otra importante concepción de la historia de la filosofía es la que se contiene en la obra de W. G. Tennemann publicada en 1829, en Leipzig, bajo el título Grundriss der Geschichte der Philosophie, a la que Hegel calificó de "buena" desde el punto de vista histórico. Al comienzo de la obra afirma que historia de la filosofía es "la narración de los distintos esfuerzos que, estimulados o paralizados por causas externas, brotan de la evolución de la razón para realizar esa idea de la razón, material y formalmente". En la historia de la filosofía distingue Tennemann una materia externa y una materia interna. La materia interna o inmediata comprende tres elementos: en primer lugar, la continuada orientación de la razón en la investigación de los últimos fundamentos y leyes de esa misma razón y de la libertad; en segundo lugar, los productos del filosofar, las interpretaciones, métodos y sistemas a través de los que la razón gana materiales para la filosofía considerada como ciencia y, además, leyes y principios para su unión en un todo científico; por último, la evolución de la razón como órgano de la filosofía. La materia externa o mediata la constituyen las causas, circunstancias y acontecimientos que han influido en el proceso de la razón que filosofa. La materia externa está constituida por tres factores primordiales: la individualidad del que filosofa, su carácter, su inteligencia, etc.; el influjo de las causas externas sobre la individualidad como, por ejemplo, el carácter y nivel cultural de la nación, educación, constitución política, religión, lengua, etc.; y la presión de la individualidad (admiración, ejemplo, imitación, etc.) sobre las orientaciones, temas y métodos de investigaciones futuras. La pretensión de Tennemann es conseguir una historia de la filosofía que sea ella misma filosófica pero que, al mismo tiempo, no pierda el contacto con la realidad.

Una producción típica del ambiente espiritual en el que se desarrollaron estas historias de la filosofía alemanas es la obra de Friedrich Daniel Schleiermacher Geschichte der Philosophie (Berlín, 1829). En sus notas sobre historia de la filosofía, dice que todo conocimiento es histórico, e intenta entender lo individual por el lugar que ocupa en la totalidad: "Aquél que quiera entender la filosofía tiene que hacerlo históricamente"  y entender, así, en el desarrollo temporal el progreso del conocimiento.

La Historia de la filosofía en G. W. F. Hegel.

Hegel puede ser considerado el centro de una nueva concepción de la historia de la filosofía y el creador de una nueva corriente. En un apartado anterior se ha hecho una exposición más detallada de la interpretación hegeliana de la historia de la filosofía, por lo que en este momento solamente es apropiado indicar algunas de sus características.

A las concepciones prehegelianas, que admitían la totalidad del movimiento filosófico y la evolución de los sistemas, les faltaba el principio dialéctico, único motor capaz de desencadenar el proceso dinámico y de justificar sus distintos momentos. Esta estructura dialéctica es la que proporciona el entendimiento de que la historia de la filosofía es la historia del pensamiento concreto y libre, o razón. Desde esta instancia superior puede superarse la aporía de armonizar la unidad de la verdad con la pluralidad de filosofías. Precisamente, para Hegel, la filosofía es el pensamiento que se hace conciencia, que se ocupa consigo mismo, que se convierte a sí mismo en objeto, que se piensa a sí mismo.

La filosofía es la representación del desarrollo del pensamiento, en sí y para sí, sin cuestiones accesorias, y la historia de la filosofía es este desarrollo en el tiempo: "La filosofía emerge de la historia de la filosofía al contrario. Filosofía e historia de la filosofía son una misma cosa, una imagen de la otra. El estudio de la historia de la filosofía es el estudio de la filosofía misma". Este es el fundamento último de la aparente diversidad de las filosofías: que todas las que existen tienen su razón de existir: "la 'Mnemosine' de la historia del mundo no dispensa su gloria a los indignos; así como reconoce los hechos de los héroes de la historia externa, así también, en la historia de la filosofía, sólo reconoce los hechos de los héroes de la razón pensante. Éstos son nuestro objeto. No son opiniones ni casualidades accidentales; es la razón pensante, el espíritu pensante del mundo el que se revela en ella. La serie de estos hechos es, sin duda, una serie; pero es solamente una obra la que ha sido producida. La historia de la filosofía considera solamente una filosofía, solamente un desarrollo que se nos presenta en diferentes estadios. Por consiguiente, desde siempre ha habido sólo una filosofía: el saber que el espíritu tiene de sí mismo. Esta filosofía única es, por tanto, el pensamiento que se conoce como universal (...) Lo distinto y múltiple que ha producido de sí está supedi