Ciencias Sociales
Seguridad ciudadana  y
desarrollo local

Enrique Oviedo

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Seguridad ciudadana en Europa - M Foucault y el panóptico

Seguridad ciudadana

Cuando se hace referencia al concepto de seguridad, se entiende la situación personal de encontrarse a salvo, con defensas contra el azar, como una condición fundamental para el desarrollo individual y social. Tal seguridad, debe ser comprendida en cada país por el Estado de Derecho. Por su parte el concepto de ciudadanía, alude al ideal en donde los sujetos son portadores de derechos y responsabilidades y cuentan en la sociedad con espacios, mecanismos, posibilidades y garantías para ejercerlos (EZE 1997). Así entendida, la seguridad ciudadana es entonces un concepto del sistema democrático.

La seguridad ciudadana involucra la vida social en general --seguridad política, social, económica, laboral, etc.--, no obstante en ciertos momentos, como los actuales, se reconozcan como prioritarios los fenómenos de la delincuencia, el narcotráfico y la drogadicción.

 

Indicadores de violencia urbana: tasas de victimización y homicidios

Los delitos característicos de las ciudades del mundo son los denominados delitos contra la propiedad: hurtos, robos con fuerza y robos con violencia. Según información publicada el año 1996 por la United Nations Centre for Human Settlements (HABITAT), basada en un estudio que aplicó una encuesta internacional de victimización (1988-1994), a 74,000 personas en 39 países, demuestra que las cifras de robos en el mundo son significativas en todos los continentes. Un 29% de la gente reconoció haber sido víctimas de robos con daños a sus vehículos, un 20% de robos con fuerza, un 29% de otros robos, y un 19% de asaltos y otros delitos con contacto personal. Un 61% de la población de las ciudades del mundo dice haber sido víctima al menos una vez en los últimos cinco años.

Cuadro 1

Porcentaje de población que fue víctima de crimen urbano en áreas con más de 100.000 habitantes, en los últimos cinco años

 

Robos y daños a los vehículos

Robos con fuerza

Otros robos

Asaltos y otros crímenes con contacto personal*

Todos los delitos

Europa de Oriental

34

16

27

15

60

Europa del Este

27

18

28

17

56

Norte América

43

24

25

20

65

Sud América

25

20

33

31

68

Asia

12

13

25

11

44

África

24

38

42

33

76

TOTAL

29

20

29

19

61

* Incluye asaltos en la calle, robo con violencia, heridas y lesiones, asaltos sexuales

Source: UNICRI (United Nations International Crime and Justice Research Institute) (1995), Criminal victimisation of the developing word, Rome, drawing from UNICRI and Ministry of Justice of the Netherlands, international survey of victims of crime (1988-1994), based on a sample of 74,000 persons in 39 countries.

Un indicador tradicionalmente ocupado para establecer el grado de violencia en las ciudades es la tasa de homicidio por cada 100.000 habitantes. Como se puede apreciar en el cuadro Nº2, la tasa de homicidios varía significativamente en las distintas ciudades de la región de las Américas. Mientras determinadas ciudades de Nueva Inglaterra presentan una tasa de 1,7 homicidios por cada 100.000 habitantes, en la ciudad de Medellín la tasa es de 435,1 homicidios por cada 100.000 habitantes.

Cuadro 2

Tasas de homicidios en algunas ciudades de América

 

Países

Tasas/100.000

(a)

Estados Unidos, determinadas ciudades de Nueva Inglaterra, raza blanca

1,7

(b)

Santiago de Chile

2,0

(a)

Estados Unidos, determinadas ciudades del sur, de raza blanca

4,8

(a)

Cartagena Colombia

17,6

(a)

Estados Unidos, hispanos en Dallas

31,5

(b)

Sao Paulo

35,0

(b)

Río de Janeiro

60,0

(a)

Bogotá, Colombia

62,0

(a)

Estados Unidos, afroestadounidenses en Dallas

68,4

(b)

Washington DC

70,0

(a)

Cali, Colombia

90,9

(a)

Medellín, Colombia

435,1

Fuente: (a) Proyecto ACTIVA-OPS, basado en Estadísticas de Salud de las Américas, 1991, 1994; 1989 World Health Satatstics Annual; Nisbett, 1993; Gaitán y Díaz, 1994; McAlister y Dozier, 1995; (b) United Nations Centre for Human Settlements (HABITAT). Global Report on Human Settlements 1996. pp 123-125.

 

La expresión urbana de la pobreza ciudades inequitativas y segregadoras: los ghetos

Los ghetos, lugares extramuros de la ciudad, donde habitan minorías --a veces mayoritarias-- nacen en nuestras ciudades como resultado de la triple acción de la pobreza, la inequidad y la segregación social. La vida en esas condiciones tiene como consecuencia la cristalización de valores, usos, costumbres y normas, de desintegración social, de carácter típicamente urbano.

En muchas ciudades de la región de las Américas, ya sean identificadas como lugares apacibles o violentos, se pueden reconocer la convivencia de situaciones tan diversas que es posible decir que en la ciudad existen sectores comparables, por calidad de vida y violencia, a Medellín, Cali, Río de Janeiro, Cartagena, Santiago, o ciudades de Nueva Inglaterra en EUA. En general en las ciudades de América, existe preocupación por el aumento de las cifras estadísticas que indican un alza de la criminalidad violenta, así como por la demanda creciente de la población por seguridad en sus casas, barrios y ciudad en general. Todo esto ha generado en la gente, desconfianza, intolerancia y, en algunos casos, ha incidido sobre el rechazo a la vida comunitaria, así como también en la expresión de reacciones violentas.

Los crímenes violentos hoy tienen mayor visibilidad en las ciudades. La influencia de los medios de comunicación de masas --diarios, radio, televisión--, en las percepciones de los habitantes es incuestionable, sin embargo tampoco es posible desconocer la existencia de un aumento de la inseguridad, del temor, que ha incidido en la adopción de medidas de autoprotección y defensa, como evitar determinados lugares, comprar grandes perros que ladren fuertemente, comprar armas, cercar las casas, instalar sistemas de alarmas y/o cámaras de observación, contratar guardias privados de seguridad, entre muchas otras. La percepción de inseguridad también se ha acompañado --ya sea como causa o efecto--, de grandes cambios en la forma espacial de las ciudades, dentro de estos destacan nuevas modalidades de ordenamiento de los lugares públicos y privados.

El temor al crimen se expresa en la construcción de casas y edificios infranqueables; tiendas comerciales con sistemas de seguridad en grandes centros de servicios y enrejadas en los barrios, lo que da un carácter amenazador a la ciudad, mientras deja los espacios públicos deshabitados. La segregación social se fortalece y se distancia la posibilidad del encuentro social entre personas diferentes.

La inseguridad cambia el uso que la gente le da a la ciudad. Un efecto inmediato consiste en el desincentivo del uso de las calles y los espacios públicos. Por ejemplo, en Santiago de Chile, un 13% de sus habitantes manifiesta sentirse inseguro en sus residencias, un 18% en las calles de su barrio durante el día, un 42% en las calles de su barrio durante la noche, un 66% en el transporte colectivo y un 71% en el centro de la ciudad; un 45% dice haber limitado lugares de compras, un 33% haber limitado lugares de recreación, un 7% haber sentido necesidad de adquirir armas y un 17% haber sentido necesidad de mudarse (SUR 1996). En general, existe una tendencia a abandonar los espacios públicos o a hacerlos privados. Las calles donde los niños usualmente jugaban, donde los vecinos se congregaban, hoy son menos usadas o han sido enrejadas a modo de un gran jardín para una comunidad de casas.

En muchas ciudades a través del mundo, los grupos de ingresos altos, están viviendo, trabajando, comprando y recreándose en lugares cerrados, ya no hacen uso de las calles y espacios públicos. Estos se encuentran entregados a la gente sin casa, los mendigos y los niños de la calle. La gente de estrato alto se moviliza en autos privados, entre sus sofisticados departamentos o casas y sus oficinas. Cada lugar con estacionamientos, y complejos sistemas de seguridad. (HABITAT 1996).

Una consecuencia común en nuestras ciudades --en el último tiempo--, que manifiesta los grados crecientes de percepción de inseguridad de la población, es la masificación de los seguros contra robo. Los seguros, además de ser un muy buen negocio, actúan como una manera de adaptación de los que tienen dinero a un contexto urbano hostil.

En general en las ciudades el centro tradicional es abandonado por la gente de ingresos altos e ingresos medios. Estos, difícilmente visitan el centro pues satisfacen sus necesidades en servicios descentralizados cercanos a sus lugares de residencia. La inseguridad --sin lugar a dudas--, deteriora la calidad de vida de ciertos barrios y del centro de la ciudad. Como indicadores objetivos de la pérdida de calidad, se observa en ellos un decrecimiento de los valores de las casas, un deterioro de las construcciones y una menor oferta de servicios urbanos. Un ejemplo común a muchas ciudades de los países americanos lo entrega el transporte público y la policía, quienes no entran a determinadas poblaciones, barrios jóvenes, barrios populares o urbanizaciones.

En todas las ciudades existen barrios pobres socialmente marginados, donde residen delincuentes peligrosos. Su población en general, se ve doblemente victimizada. Son víctimas fácil de sus propios vecinos delincuentes, y son víctimas de la sociedad que les estigmatiza, sin haber hecho nada a parte de sobrevivir a situaciones de gran injusticia. A estos habitantes de la ciudad se les niega el trabajo, los prestamos bancarios, los créditos en casas comerciales, el libre tránsito desde y hacia afuera de los límites de su barrio, por la falta de locomoción colectiva, en fin la posibilidad de surgir. Para ellos la sociedad de las oportunidades es una gran mentira. Sus condiciones los constriñen a permanecer como castas, en la posición social donde nacieron.

El sociólogo Alemán contemporáneo Max Weber decía que la mejor política preventiva de la criminalidad era una buena política social. Para alcanzarla, se debe tener en cuenta que las políticas sociales sectorializadas --Salud, Educación, Vivienda, Trabajo--,cuando logran permear los barrios pobres marginalizados, generalmente no alcanzan resultado positivos. Sólo la manutención en el tiempo de políticas sociales integrales parece ofrecer la oportunidad de integración y de disminución de la criminalidad. La situación es compleja por cuanto se trata de zonas de desintegración social, donde agentes tradicionales de socialización como la escuela, la iglesia, han perdido presencia y donde la familia y los grupos de pares si existen, tampoco son una buena alternativa.

Familia, efectos sobre la integración social y la violencia urbana

La familia es, sin lugar a dudas, un agente importante en la difusión de los valores y normas culturales a las nuevas generaciones. Se dice que una vida sin apoyo del hogar, puede conducir a una inadaptación del niño al colegio, una falta de disciplina personal, que puede subir el riesgo de actividades antisociales o criminales. Sin embargo, la familia transmite la porción de la cultura accesible al estrato y al grupo social donde los padres se encuentran. El niño está expuesto a los prototipos sociales en las conductas diarias, así como a los expresados en las conversaciones casuales de los padres o de quienes ejercen ese rol. (Horkheimer y otros 1994).

La familia puede actuar como un agente socializador de valores y normas de integración social o como un agente promotor de actitudes y conductas desintegradoras, o de violencia social.

Un tema que genera gran controversia es el del castigo físico al interior de las familias. Investigaciones en EUA (Estados Unidos de América), asocian el castigo corporal dentro de la familia con la predisposición al crimen. Cuando los niños son golpeados, incluso si este se debe a su mal comportamiento, los pocos beneficios conductuales obtenidos a corto plazo, tienden a incidir negativamente en el largo plazo.

Los resultados de las investigaciones de Nagaraja (1984), Patterson (1982), y Patterson et al. (1987), basadas en niños con severos problemas de comportamiento, permiten hipotetizar sobre la causación circular y acumulativa de la violencia. Estas investigaciones encontraron que cuando los padres usaban el castigo corporal o agresión verbal para tratar el comportamiento de los niños, los niños hacían uso de similares tácticas coercitivas con los padres. Los padres, por supuesto, consideraban esto como un comportamiento más grave aún y volvían a castigar a sus hijos. Los niños, con el nuevo castigo, reforzaban sus conductas anteriores y tendían a comportamientos aún más coercitivos y hostiles. Estos resultados manifiestan como los padres, sin ninguna intención, legitimaban la violencia al hacer uso de ella.(Murray 1994).

La gente que opta conscientemente por el castigo corporal como una forma de educación de sus hijos, generalmente expresan que usan la agresión física debido a que los niños no responden a sus indicaciones. Sin embargo, las investigaciones sobre la violencia familiar muestran una realidad totalmente diferente. En general, se recomienda que para tratar a los niños difíciles, se debe detener el castigo corporal.

Se maneja la idea de que el castigo corporal incide en una alza de la violencia y la delincuencia  Si bien, esto parece difícil de creer debido a que la mayoría de la gente que golpea a sus niños o que ha sido golpeado, no ha manifestado conductas delictuales, existen indicios de la existencia de una relación. Según Murray A. Straus, muchos pueden pensar que no obstante fueron golpeados, hoy no son delincuentes o criminales, pero eso no demuestra que el castigo corporal no provoque daño. Los estudios desarrollados en los EUA, manifiestan que quienes han sido golpeados cuando niños tienden a tener esta conducta violenta con sus hijos en mayor proporción que aquellos que no fueron golpeados. Un 25% de los padres golpeados tiende a golpear a sus hijos, lo que quiere decir que un 75% de los padres, habiendo sido golpeados, no golpean a sus hijos. En base a estas cifras y a una investigación sobre consumo de tabaco, desarrollada en los EUA en 1987, Murray nos plantea la siguiente analogía: “dos tercios de los fumadores compulsivos pueden decir: que han fumado toda su vida y sin embargo están bien; de igual manera que un 75% de los hombres casados pueden decir que fueron golpeados y que no golpean a sus parejas e hijos”. En estos casos el complemento de las personas fumadoras resulta tener cáncer, mientras que el complemento de las personas golpeadas son golpeadores frecuentes en sus familias.(Murray 1994).

Otras investigaciones en los EUA, muestran que la prevalencia de las conductas violentas en los niños es más probable si el castigo corporal es acompañado por el abuso verbal, ya que ello agrega el riesgo de daño al ego personal del niño (Vissing 1991); por el contrario, las conductas violencias futuras en los niños son menos probables, si el castigo corporal es administrado al mismo tiempo que se dan explicaciones razonadas (Larzelere 1986). Razonar y explicar a los niños reduce, pero no elimina, la relación entre castigo corporal y la manifestación de conductas agresivas en los niños.(Murray 1994).

Aunque no es posible desconocer que existen muchos factores relacionados a la expresión de conductas violentas, las investigaciones en general han verificado que golpear a los niños tienen efectos negativos en sus conductas en el largo plazo. Muchas características de las familias que permiten explicar la alta tasa de violencia y delincuencia, están relacionadas con una historia de golpes de pareja y hacia los niños.

Sólo a modo de ejemplo, cabe destacar que un estudio sobre jóvenes internos en un Centro de Rehabilitación del Estado de Chile se indica que son determinantes los factores familiares en el desarrollo de la delincuencia: baja escolaridad, ausencia de figuras de autoridad en la familia, falta de cohesión y desorganización familiar, y consumo de alcohol y drogas.(Pérez, Vicente y Quiroga 1991).

 

Incidentes cotidianos y acciones de mayor violencia

En toda sociedad existen tolerancia a cierto grado de expresión de la violencia. En ese marco, algunos actos de violencia son considerados triviales según el sentido común, lo que impide comprender que ellos puedan precipitar acciones de mayor contenido de violencia. El sólo hecho de pensar esta alternativa viola nuestra racionalidad, nuestro sentido de realidad en términos éticos: morales y legales. Por ejemplo, es posible afirmar que la mayoría de las personas no están por terminar con sus familias, aún tengan incidentes cotidianos de violencia. Sin embargo, no es posible tener posiciones absolutas sobre estas materias. Para personas predispuestas a una vida anormal o para aquellas que sufren de alguna patología, el asesinato puede ser inducido por un evento de circunstancias que en cualquier otra persona puede ser controlado plenamente. (Gilligan 1996).

¿Pero cuándo una acción de violencia cotidiana puede convertirse en una acción de violencia mayor,?. Es una pregunta difícil de responder porque, entre otras cosas, su definición obedece a un marco sociocultural determinado. En sociedades menos tolerantes con la violencia existe un convencimiento de que cualquier acto violento engendra violencia y que en casos extremos pueden conducir a situaciones socialmente rechazadas. Se sabe que en la medida que estos actos están avalados por valores, usos, costumbres y normas sociales, su cambio tiene mayor dificultad. Un ejemplo importante se puede apreciar con la violencia intrafamiliar. Hasta hace algunos años no muchas personas eran sensibles a este tipo de violencia; se consideraba como una forma de convivencia entre hombres, mujeres e hijos, o se la veía como parte de la expresión de distintos caracteres.

Investigaciones han demostrado que la expresión de la violencia varía de sociedad en sociedad. Sin embargo no existen estudios sobre el rol que le cabe a la vergüenza o la frustración, en la generación de una acción de violencia grave. Esto no ha sucedido, quizás porque la violencia trivial se percibe lejana de la causa precipitante de un acto de violencia grave, o porque ciertas conductas violentas están avaladas culturalmente lo que hace muy difícil reconocerlas. (Gilligan 1996).

Precisamente los incidentes que causan vergüenza, frustración o menoscabo, son triviales. Muchas personas se demuestran muy vulnerables frente al medio externo y suelen disgustarse por hechos sin importancia. Muchas personas ante estas causas generan incidentes violentos, lo que para algunos ojos resulta sorprendente y chocante. Tales situaciones son posibles de comprender sólo en el marco de una sociedad que no ha generado habilidades para resolver conflictos por medios pacíficos.

Existe evidencia de que la intensidad de la pena, la frustración o la vergüenza, actúan como factores poderosos en la producción de la violencia. Precisamente es la misma trivialidad lo que provoca la violencia. Algunos homicidios y suicidios, se deben a hechos cotidianos como las peleas familiares, las peleas entre amigos y amantes, las peleas en las calles o bares por una mala mirada, un empujón o un coqueteo prohibido, o un choque en automóvil. Para mucha gente tales incidentes, cuando terminan en violencia verbal o física, sin ninguna proporción, son comprendidos bajo el proverbio “último recurso”. Estas situaciones se comentan en los diarios como hechos triviales e insólitos cuando llevan al crimen, sin embargo son más comunes de lo que muchos llegamos a pensar. (Gilligan 1996).

Considerar la violencia trivial de una sociedad resulta importante porque las acciones de violencia grave como los asesinato, no pueden ser visto como un evento puntual, sino que deben ser comprendidos como un proceso. Si bien la mayoría de las personas no responde a las humillaciones triviales,  o a situaciones embarazosas, con una explosión impulsiva, existen casos que si terminan con gran violencia. Esto sucede con mayor recurrencia donde dichas actitudes y conductas son socialmente aceptadas.

 

La ciudad un espacio social

La ciudad es un modo de vida social. Alude a una población de adultos y niños de ambos sexos, asentada de modo más o menos permanente dentro de un territorio. Ahí se realiza la vida social y familiar; ahí se desarrollan las actividades económicas, políticas, religiosas, artísticas, entre muchas otras.

La calidad de vida al interior de las ciudades se relaciona a la seguridad que sus habitantes alcanzan en su interior. La libertad de sus habitantes para movilizarse y permanecer en cualquier espacio urbano, se relaciona a la forma en que ellos mismos usan sus áreas. Un uso constante y masivo de los espacios públicos, en un contexto de convivencia solidaria y de respeto a las diferencias, entrega la posibilidad de una protección social a través de la sola observación de muchas personas anónimas, pero comprometidas colectivamente. Una gran ciudad, con lo mejor de las pequeñas y tradicionales viejas ciudades.

La violencia, así como la pobreza, la exclusión social y política, es un problema social que puede ser resuelto socialmente. Durante mucho tiempo en nuestras ciudades hemos actuado en contra de valores de respeto, de solidaridad, que podrían permitir a los habitantes de la ciudad vivir juntos, resolviendo pacíficamente sus conflictos. 

 

Factores asociados a la violencia urbana

La violencia es considerada como uno de los problemas de salud pública más serios de la región (OPS 1995), y en ese marco se busca reconocer posibles soluciones. Investigaciones desarrolladas sobre la violencia urbana, muestran que esta responde a un sinnúmero de factores que varían según los distintos contextos socioculturales.

Según las conclusiones de la Montreal Conference of Mayors de 1989: "la causas del alza de la violencia, estaría asociada al crecimiento urbano, con la marginación de los menos privilegiados y de los grupos en riesgo, la insuficiencia cuantitativa y cualitativa de los programas de vivienda social, programas comunitarios, y el desempleo de la gente joven”.(HABITAT 1996).

Las fuertes desigualdades sociales, políticas y económicas, al interior de la ciudad, son consideradas por algunos especialistas como un terreno fértil para la violencia. Entre ellas destacan la destrucción de las identidades culturales, la discriminación y el racismo. Se hace muy difícil para cualquier individuo que forma parte de minorías discriminadas, vivir bajo esas condiciones. Los problemas se dan en todos los ámbitos de la vida social desde su inserción laboral, hasta el acceso a los bienes y servicios urbanos. Por otra parte, el lujo, la ostentación de bienes materiales, en un contexto de pobreza y de valores metas de éxito económico, potencian la actividad criminal para quienes no aceptan su situación disminuida y no ven posibilidades ciertas de dejar esa posición por medios socialmente correctos.

En muchas ciudades la población evalúa negativamente la acción de las policías y de la justicia. La percepción de indefensión frente al crimen, resguarda la actividad delictual, a la vez que puede generar respuestas violentas por parte de quienes no confían en las instituciones del Estado, como por ejemplo hacerse la justicia por las propias manos.

Entre los factores ambientales que suelen relacionarse a la violencia, destacan la tenencia de armas, la exposición a la violencia a través de los medios de comunicación de masas, especialmente la televisión, haber sido víctima y/ o testigo de actos de violencia, además del abuso en la ingesta de alcohol y drogas. (OPS 1996). Una variable asociada al incremento de acciones de violencia en muchas ciudades del mundo ha sido el aumento del negocio de las drogas. Se ha comprobado en muchos sectores populares, así como de ingresos altos, una unión entre la delincuencia común y los traficantes de drogas. Dicha situación es preocupante toda vez que el comercio ilegal de las drogas genera grandes ganancias en poco tiempo, dando un poder significativo a quienes se benefician de este negocio. Cada vez más, es común ver en nuestras ciudades que la gente joven con muy bajas posibilidades de conseguir un empleo digno, han recurrido a la rentable actividad económica de la venta de drogas. En las poblaciones o barrios populares muchos jóvenes han dejado escapar sus vidas por la ingesta de la pasta base o también llamada “la angustia”. Hoy la solución al tráfico de drogas supone también un control de la violencia: muertes por sobredosis, lesiones, suicidios o asesinatos bajo la ingesta de drogas y, lo que es aún peor, asesinatos por diferencias o por encargo.

En Chile, un país históricamente apartado del gran negocio de la droga, hoy presenta una situación preocupante a nivel de distintas ciudades del país. Por una parte se aprecia una sobre-criminalización por delitos de drogas, cuya expresión más grave se da en las mujeres y por otra parte, se observa una falta de ideas claras para enfrentar el problema del narcotráfico.(CEPAL 1997).

Un estudio nacional de consumo de drogas, realizado en hogares a fines de 1994, basado en una encuesta aplicada a una muestra probabilística de 8.271 personas entre 12 y 64 años, establece que un 13.4% de la población chilena ha consumido drogas --marihuana, pasta base, clorhidrato de cocaína--, alguna vez en la vida, en tanto que un 4.5% lo hizo en el último año. (CEPAL 1997).

Cuadro 3

Prevalencia de vida según tipo de droga

Tipo de Droga consumida

Porcentaje

Marihuana

12.9

Pasta base

2.0

Cocaína

2.4

Fuente: Consejo Nacional para el control de estuperfacientes CONACE.. Estudio Nacional de Consumo de Drogas. Informe final de 1996. En CEPAL 1997

Se observa una diferencia importante entre las prevalencias de consumo de drogas ilícitas en la población encuestada en hogares, respecto de las personas entrevistadas --en una semana típica de 1994-- en los servicios de salud de urgencia, así como en los detenidos en comisarías de Carabineros durante 1994-1995. [1] (CEPAL 1997).

Entre los detenidos, en todas las ciudades del país, se observa un mayor consumo de drogas ilícitas.

Cuadro 4

Prevalencia del consumo de droga ilícita en el último mes 1994

Ciudad

Hogares

Urgencia

Detención

Iquique

1.4

2.9

32.8

Valparaíso

2.8

5.5

28.8

Santiago

2.2

3.5

39.0

Talcahuano

1.4

2.7

7.1

Valdivia

0.9

1.5

16.0

Total

2.0

2.9

29.2

Fuente: Ministerio de Salud. Depto. Programa de las Personas. Unidad de Salud Mental. “Vigilancia Epidemiológica de alcohol y drogas en Servicios de Urgencia y Centros de Detención. Estudio 1994-1995”. Informe, junio 1996. En CEPAL 1997

 

El mejoramiento de la calidad de vida en la ciudad un tema  de  moral social

Cuando se habla de moral social se alude al conjunto de valores, normas, usos sociales y costumbres de un grupo de seres humanos que cooperan en la realización de varios de sus intereses principales, entre los que figuran su propio mantenimiento y preservación.

Tener una ciudad con mejor calidad de vida, tener una ciudad segura, supone un mayor compromiso individual y colectivo de sus habitantes. Se requiere de personas que ejerciten libre, consciente, y respetuosamente, sus deberes y derechos como ciudadanos. Personas que comprendan que el tema de mejoramiento del hábitat urbano, es además de un tema material, de infraestructura, un tema moral. Para mejorar nuestra ciudad debemos asumir compromisos, basados en fuertes valores de convivencia social. Valores, que como tales, representan algún costo. No sirve para nada la sola expresión de valores sin un respaldo normativo y conductual. La lírica pura, sólo puede conducir a nuevos discursos. Generalmente tendemos a hablar sobre valores de respeto, equidad social, no discriminación, igualdad de oportunidades, sin embargo los vamos adaptando de tal manera que estos nunca representan un sacrificio personal. Ello nos lleva a una felicidad inmediata, mientras nos oculta en el presente, los impactos negativos que luego descubrimos en su real crudeza.

En general en nuestras ciudades existe la tendencia a reconocer problemas, y culpables colectivos, corporativos, pero no individuales. Existe una tendencia creciente, peligrosa, a negar la responsabilidad de la gente y atribuir las culpas a sus diferentes tipos de colectividades. Las ideas tradicionales respecto de la responsabilidad personal, en contra de las presiones de la vida organizada, han desaparecido. De tal manera que nadie se siente llamado a respetar normas de convivencia social. Los mecanismos de justificación a conductas personales irrespetuosas de los “otros” se multiplican. Siempre existe una salida alternativa que deja el valor sin su correlato en las normas, actitudes y conductas. Con ello, la obtención de una mejor calidad de vida en la ciudad sólo puede ser vista como una idea romántica sin bases reales.

 

Gobernanza y seguridad ciudadana

La seguridad ciudadana nos empuja hacia un tema ético, relacionado a conocer el sentido que le dan los hombres y mujeres, habitantes de la ciudad, a sus decisiones relacionadas con la constitución de una vida social común.

La participación social destaca, dentro de otros grandes aportes que se le reconocen en la actualidad, por constituir uno de los pilares de la gobernanza[2] y por que su ejercicio es percibido por académicos y políticos como una forma de incrementar el capital o patrimonio social de una localidad, región o país. (DOS 1997).

De la misma manera que se considera la importancia que cumple el patrimonio o capital económico para una sociedad o grupo social, en su actual estabilidad y futuro desarrollo, actualmente se reconoce el rol precedente y estratégico del patrimonio o capital social. Este comprende un conjunto de usos, costumbres y normas que definen el grado de lealtad, solidaridad e intercambio entre familias, barrios o regiones. Además se refiere a las capacidades, habilidades de aprendizaje necesario para que una sociedad viva en cierta armonía con los cambios sociales propios de nuestros tiempos. El capital o patrimonio social, constituye uno de los factores fundamentales para el desarrollo económico y social, ya que gracias a él se pueden lograr acuerdos estratégicos y que se mantengan en el tiempo. (DOS 1997).

En la meditada y organizada trama de la política moderna, las personas están cada vez más relegadas a roles menores. Hoy mucha de la política moderna es política mediada. La mayoría de los ciudadanos gastan parte importante de su tiempo político, eligiendo y, en el mejor de los casos, pidiendo cuentas de sus decisiones a otros ya elegidos. Aunque muchos desearían ver a los ciudadanos tener un rol más directo en la toma de decisiones políticas, actualmente para la gran mayoría de los ciudadanos su única voz en el proceso político se da a través de relaciones de representación.

A medida que se desciende en la escala territorial, existe una mayor probabilidad de un ejercicio democrático directo.

Los ciudadanos deben poseer canales para informar y ser informados, opinar sobre ciertas materias, impugnar o criticar las decisiones o acciones del gobierno. Esta relación es importante independientemente de sí uno cree que el gobierno es justo, o que debería ser cambiado. Para la gran mayoría de los ciudadanos, las acciones diarias de los gobiernos locales y de sus funcionarios públicos, tienen un impacto mucho mayor que las decisiones nacionales.

Debido a la escala moderna de los gobiernos y su carácter acumulativo a través del tiempo, las decisiones locales sobre seguridad ciudadana, que en un momento pueden ser vistas como marginales, no son comúnmente menos importantes que la más memorable de las decisiones de la seguridad nacional o la seguridad pública a nivel nacional.

Sin lugar a dudas que en el tema de la seguridad ciudadana ocupa un lugar central la relación entre lo local y lo regional o nacional. Muchas decisiones locales, para tener real éxito, deben recurrir a iniciativas compartidas con otras instancias territoriales. Viceversa, la preocupación por solucionar problemas como los del crimen y la drogadicción, deben reconocer su desarrollo en espacios más pequeños, locales. En otras palabras: no sólo debiéramos preocuparnos de la corrupción en gran escala, sino que también de los actos de negligencia o corrupción individual; no sólo debiéramos fiscalizar la acción del Presidentes, sino que también de los funcionarios públicos municipales. De manera similar, debiéramos considerar no sólo los problemas globales del narcotráfico y delincuencia, sino que sus efectos locales, a nivel de los barrios, de las familias.

 

Contra la fatalidad: el cambio social

Michel Foucault decía que no era necesario “ser triste para ser militante, incluso si la cosa que se combate es abominable. El lazo entre deseo y realidad es lo que posee fuerza revolucionaria (y no su huida hacia las formas de la representación)”.

Al observar la situación de la violencia en el mundo, una primera reacción podría ser la de adoptar conductas retraídas o conformistas. Sin embargo, también es posible tener conductas que apoyen el cambio social. La situación actual, nos presenta una parte importante de los habitantes del mundo, que miran críticamente su violencia, que son capaces de reconocerla y horrorizarse ya sea que esta provenga de sus Estados, o de acciones de colectivas o individuales de los ciudadanos. Sin duda queda mucho camino por recorrer, pero también existen ideas para orientar posibles soluciones. A modo de ejemplo citamos algunas de aquellas desarrolladas por el Forum Europeo para la Seguridad Urbana (1995):

1 Conectar la seguridad urbana con una estrategia de desarrollo social. La política de seguridad debe basarse en decisiones de políticas de desarrollo urbano y social que resguarden el bienestar de la población a largo plazo. La promoción de valores de solidaridad, respeto, control social, a través de la amplia gama de medidas públicas: laborales, de salud, económicas, urbanas, arquitectónicas, entre otras, asegura un mejor escenario para la política de seguridad. La estrategia de desarrollo social así como la de seguridad, por lo tanto debe involucrar al conjunto de la sociedad: policía, autoridades públicas y ciudadanía.

2 Una respuesta pública más rápida y cercana a la gente. La justicia en Europa está recurriendo a procedimientos que permitan aportar una respuesta rápida, inmediata: sobreseimiento condicional (incluso despenalización) para faltas menores, mediación penal, descentralización de la justicia, rápida comparecencia ante el tribunal para delitos que justifican una acción judicial pero no requieren detención preventiva, ni investigación complementaria, son algunas de las respuestas.

3 Reconocer todas las modalidades de regulación del conflicto, apoyándose en las modalidades de regulación comunitaria. Basados en la constatación de la crisis de la legitimidad de los sistemas de justicia criminal, que se debe en parte a su lenta respuesta y a la distancia entre algunas normas jurídicas y sociales, se plantea la necesidad de reconocer todos los sistemas de regulación no judicial --de mediación o conciliación--. Se busca hacerlos visibles, de entender como funcionan, donde intervienen, la naturaleza de sus respuestas y sobre todo evaluar su utilidad social. Se debe resguardar en cada uno de estos casos, la referencia al interés general, al interés público, así como la reivindicaciones de justicia e igualdad.

4 Afirmar el reconocimiento de las víctimas. Basados en investigaciones realizadas en los Países Bajos donde se demuestra que las víctimas desean participar del proceso penal, el Forum Europeo se establece la importancia de un contacto personal, de calidad, entre las víctimas y las autoridades, como una manera de estrechar la distancia entre demanda social de seguridad y oferta pública de seguridad. Este contacto supone la posibilidad de expresión de la víctima, así como de información a la víctima sobre las etapas del proceso.

5 Inventar estrategias civiles para recuperar los “territorios perdidos”. Con ello se alude a la recuperación por el Derecho y la ciudadanía de territorios institucionales, de gestión de conflictos, o de territorios urbanos donde se manejan con la ley del más fuerte. Como un ejemplo de la recuperación de territorios institucionales de resolución de conflicto se menciona el ejemplo de las mujeres víctimas sexuales en los Países Bajos. Ellas utilizan el procedimiento civil en vez del penal para defenderse porque entre otras cosas, es poco costos, fácil de comprender, rápido, flexible, con un índice relativamente alto de éxito, además de que presenta mejor acceso a la prensa para publicitar los casos con la orientación de llamar la atención sobre los actos de violencia sexual y de la posibilidad de acabar con ellos.

6 Introducción del Derecho en los barrios pobres. Las delegaciones jurídicas en algunos barrios pobres, permiten introducir el derecho ayudando a superar conflictos socialmente graves, además de combatir la sensación de abandono que generalmente experimentan sus habitantes.

 

Referencia bibliográfica

Comisión Económica para América Latina y el Caribe CEPAL.. Diagnóstico y evaluación de la gestión del Consejo Nacional para el Control de Estupefacientes (CONACE) y de su Política y Plan Nacional de Prevención y Control de Drogas. Informe final de la primera etapa. Santiago, junio de 1997.

Dirección de Organizaciones Sociales DOS. Ministerio Secretaría General de Gobierno y SUR, Centro de Estudios Sociales y Educación. Estudio sobre indicadores para la medición de la participación social a nivel local. Informe final de la investigación (no publicado). Santiago. 1997.

EZE. Asociación Protestante de Cooperación para el Desarrollo. América Latina: entre el desencanto y la esperanza. Edic. Viva la Ciudadanía. Santa fé de Bogotá, Colombia. 1997.

Forum Europeo para la Seguridad Urbana. Nuevas formas de criminalidad urbana, nuevas formas de justicia. Saint Denis. Francia. 1995.

James Gilligan. Violence. Our deadly Epidemic and Its Causes. A Grosset / Putman Book. Published by G.P. Putnam`s sons. New York. 1996.

Murray A. Straus. Beating the devil out of them. Corporal Punishment in American Families. LEXINGTON BOOKS. Mexwell Macmillan International. New Yorck. 1994.

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Organización Panamericana de la Salud. Oficina Regional de la Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS). Estudio Multicéntrico sobre Actitudes y Normas Culturales sobre la Violencia (proyecto ACTIVA). Washington. Estados Unidos.1996.

Pérez M, Vicente B, Quiroga C. Familia, pobreza y delincuencia. Revista de Trabajo Social (Santiago: P. Universidad Católica de Chile) 1991; (59): 32-37.

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SUR, Centro de Estudios Sociales y Educación. Actitudes y Normas Culturales sobre la Violencia en Santiago de Chile (proyecto ACTIVA).Santiago. Chile.1996.

United Nations Centre for Human Settlements (HABITAT). An Urbanizing World. Global Report on Human Settlements. 1996. pp213 -125.


[1] En los Servicios de Salud se entrevistó en forma individual a todas las personas que concurrieron a pedir atención, independientemente de la causa de la consulta, durante las 24 horas del día, a lo largo de una semana catalogada como típica. Los estudios en los servicios de salud así como en los centros de detención , se hicieron en cinco ciudades de Chile: Iquique, Valparaíso, Santiago, Talcahuano y Valdivia.

[2] Este termino actualmente de moda, proviene de la tradición teórica de la ciencia política anglosajona y es utilizado como medida de desarrollo social y, por lo tanto, antecedente del desarrollo económico. La gobernanza alude a la dimensión política del gobierno, la que debe ser considerada como un complemento de las dimensiones administrativas y técnicas. La gobernanza muestra que las decisiones de gobierno no solo son decisiones de sus departamentos administrativos, sino que han de incorporar a las organizaciones o grupos cuyos intereses son afectados (Naciones Unidas 1995).
 

Enrique Oviedo es Investigador SUR - Santiago de Chile, 1998

Hipótesis  Hipótesis en la Investigación - Sujeto y estructura social - Alexandre Koyré - Filosofía de la Conciencia - Epistemología de Carl Popper - La lógica especulativa y experimental de Galileo Galilei

Qué es seguridad ciudadana - Enrique Castro Vargas

El concepto de “seguridad ciudadana” aparece de manera alternativa al de “orden interno”, que incluye propuestas para enfrentar al terrorismo y se limita a la función de las fuerzas del orden (Policía y otras formas de seguridad) para mantener y controlar las conductas que irrumpen la tranquilidad pública, sin importar que el orden protegido sea injusto e irracional y a veces paternalista. La seguridad ciudadana se funda en la protección del ciudadano antes que en la del Estado; en la satisfacción objetiva de condiciones de vida adecuadas, así como en la institucionalización del diálogo como herramienta para la solución de conflictos interpersonales y sociales. Sobrepasa la esfera de la acción policial y, además de repensar el orden imperante, integra a organismos e instituciones tanto del Estado cuanto de la sociedad civil, lo que permite afianzar los niveles de gobernabilidad

 


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