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La Sociedad Civil y la transformación social: límites del concepto habermasiano y líneas de superación

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María Cecilia Tosoni - En los últimos años ha cobrado relevancia la discusión acerca de la sociedad civil como espacio plural, que posibilita la autonomía individual y la integración social. Aparece, pues, como el lugar de automediación de la sociedad con el Estado cuya función consiste en regular las alternativas generadas en ella. Los múltiples usos del término han puesto en evidencia una serie de expectativas en torno a su función en la transformación social. En esta ponencia nos proponemos delinear los elementos básicos de dicho concepto. Primero presentamos la concepción habermasiana de la sociedad civil, luego desde la formulación hegeliana señalamos sus límites y por último desde la Ética de la Liberación de E. Dussel esbozamos algunos lineamientos que posibilitan a nuestro entender la apliación del concepto habermasiano.

 

Para Jurgen Habermas la sociedad civil se estructura en torno al espacio de la opinión pública (Öffentlichkeit), cuya trama comunicacional le da consistencia. Así, la opinión pública o el espacio de opinión pública no es una organización ni una institución, es un fenómeno social:

"El espacio de opinión pública, como mejor puede describirse es como una red para la comunicación de contenidos y tomas de postura, es decir, de opiniones y en él los flujos de comunicación quedan filtrados y sintetizados de tal suerte que se condensan en opiniones públicas agavilladas en torno a temas específicos."

El espacio de la opinión pública es un lugar de ejercicio de influencia o de la lucha por ejercer influencia. En él los problemas resuenan y se tematizan. La sociedad civil tiene su base en los espacios de comunicación abiertos que se relacionan con el ‘mundo de la vida’. La sociedad civil está separada del Estado, la economía o de otros sistemas funcionales pero su relación con el mundo de la vida le otorga características como la pluralidad, la publicidad, la privacidad y la legalidad. El espacio público por su continuidad con la vida privada y los mundos de vida estructura la sociedad civil como un ámbito propio y la constituyen los grupos que emergen en él

"La sociedad civil se compone de esas asociaciones, organizaciones y movimientos surgidos de forma más o menos espontánea que recogen la resonancia de los ámbitos de la vida privada, la condensa y elevándole, por así decir, el volumen o voz, la transmiten al espacio de la opinión pública política."

Sin embargo y pese a su privilegiada ubicación la sociedad civil carece de resortes propios para efectivizar los reclamos de los cuales es eco, ya que su poder es limitado; su influencia depende de la institucionalización de la formación democrática de la opinión y voluntad política. Así, la sociedad civil, para Habermas, puede transformarse directamente a sí misma pero sólo influye indirectamente en el sistema político institucionalizado, mientras su influencia en el subsistema económico es prácticamente nula porque este se desarrolla bajo la lógica instrumental y aquella sigue la lógica la razón comunicativa


En este punto cabe preguntarnos si la concepción habermasiana de la sociedad civil limita la comprensión del poder de transformación social que esta categoría implica. Es decir, si la estructuración comunicativa sociedad civil restringe la efectividad del cambio social que ella provoca a un mero reclamo ante el Estado. Pues, entonces la transformación social que desde ella se puede operar estaría condicionada a las posibles realizaciones estatales.

Para responder a dicha pregunta nos referiremos en primer lugar a la distinción y vinculación entre sociedad y estado, que históricamente posibilita la conceptualización de la sociedad civil. Los conceptos de ‘Estado’ y ‘sociedad’ que ahora se diferencian fueron sinónimos hasta el siglo XVIII, ambos significaban la unión de los hombres para desarrollar su fin común, objetivo y universal. En el sentido moderno, la sociedad civil, se constituye a partir del fortalecimiento y garantía de los derechos individuales y de propiedad, para asegurar las condiciones de la realización de los fines particulares. Mientras el término ‘Estado’ se utiliza para la organización de la consecución de los fines colectivos.


Hegel fue el primero en distinguir ambas realidades. En su concepción, la racionalidad de la sociedad civil (su integración) se asienta en la dependencia y reciprocidad que nace de la búsqueda del interés particular; el egoísmo se transforma en bienestar general, en contribución a las necesidades de todos. La satisfacción de las necesidades es un fin egoísta pero su universalidad posibilita la conexión en tanto todos necesitan producir bienes para sobrevivir. El ‘sistema de necesidades’ es la base de la sociedad civil.

La división del trabajo genera lo que Hegel llama ‘trabajo abstracto’ que no mira a la satisfacción de las necesidades del individuo, sino que produce un bien para todos. Esto implica la especialización del trabajo que aumenta la producción, pero que lo vuelve más simple y mecánico haciendo que el individuo sea suplido por la máquina. Esta lógica que posibilita la riqueza social es la que da lugar a las desigualdades y en última instancia a la miseria.

"Aquí se plantea, que la Sociedad Civil no es suficientemente rica, en medio del exceso de la riqueza; esto es, no posee en la propia riqueza lo suficiente como para evitar el exceso de miseria y la formación de la plebe."

Para Hegel la sociedad civil avanzada presenta una válvula de escape para la tensión acumulada por su propio progreso. Esta apertura se realiza mediante la ‘expansión colonial’, que permite colocar el excedente de población y abrir nuevos mercados para consolidar la expansión del sistema productivo interno. Cuando el Estado asume esta tarea otorga unidad y universalidad a una sociedad civil cuya dinámica implica tanto su desintegración como su expansión.

 

La contraposición entre ambas concepciones es evidente. Mientras la sociedad civil en Habermas sólo influye en el ejercicio del poder mediante la resonancia de sus reclamos en la opinión pública política. La dinámica de la sociedad civil en Hegel la presenta tan potente que su lógica es la que provoca la transformación social entendida como expansión colonial. Así, la fuerza de la sociedad civil en Hegel está dada por su articulación en el ‘sistema de necesidades’, cuya lógica es irrefrenable e irrevocable. El Estado como fuerza colectiva sólo puede orientarla, en la medida que organiza la expansión colonial que es su ‘válvula de escape’.


Ahora bien, aún cuando Habermas señala explícitamente que su concepción de la sociedad civil se aparta de la hegeliana, nosotros consideramos que al aparecer el subsistema económico como telón de fondo, convertido en un subsistema funcional que se reproduce autopoiéticamente según la lógica implacable de la razón instrumental, se profundiza la dependencia de la sociedad civil del ‘sistema de necesidades’.

Por debajo de las diferencias ambas concepciones implican la resignación ante la lógica de un ‘sistema de necesidades’ que se reproduce a espaldas de los sujetos. El subsistema económico sigue para Habermas una lógica tan irrefrenable e irrevocable como el ‘sistema de necesidades’ hegeliano. Este subsistema es absoluto en la medida en que sigue una lógica propia y es sordo ante los reclamos de los grupos y de los particulares. El estado es el que debe escuchar las voces y ejercer influencia en el subsistema económico. Pero al igual que el estado hegeliano está sometido a su dinámica, sin otra opción que seguir la lógica expansiva propia o aceptar la expansión de otros estados más poderosos. De allí que en la concepción habermasiana la sociedad civil, anclada en la estructura comunicativa que configura los mundos de vida, aparece como un ámbito de reclamo pero de escasa posibilidad desencadenar y orientar una transformación social, pues sólo influye en la opinión pública política.


Cabe preguntarse ahora si desde otra comprensión la sociedad civil puede entenderse como un espacio efectivo de transformación social. El punto clave sería incorporar una dinámica entre la lógica del ‘sistema de necesidades’ (subsistema económico) y la esfera de la opinión pública. Es decir, una comprensión de la integración social que incluya la integridad sistémica no como una lógica ciega y sorda sino como el resultado de las relaciones intersubjetivas, no simplemente mecánicas sino humanas. En la que el acto de trabajo, la organización de la satisfacción de las necesidades no sea considerada un inexorable destino o quede ignorada por los individuos sino que estos reconozcan que la producción y distribución de bienes es una acción colectiva humana por lo tanto analizable, revisable y modificable.


En este punto cabe señalar algunos elementos de la Ética de la Liberación de Enrique Dussel que consideramos nos posibilitarían ampliar la concepción de la sociedad civil en la dirección antes mencionada. Dussel parte de la consideración del factum de la vida humana que en tanto vulnerable implica exigencias para seguir existiendo. Por una parte, se necesita comer, beber, vestir para vivir y por otra, la vida no puede ser vivida si se cambian algunas condiciones materiales, si sube la temperatura en la tierra, o si se seca el agua del planeta. La vida humana es la vida productiva, que es siempre una actividad genérica. La producción, la reproducción y el desarrollo de la vida de cada individuo se verifica en una comunidad. La comunidad humana es una comunidad de productores/consumidores que se organizan para la satisfacción de sus necesidades.

"Pero en este ámbito, la ‘económica’ no es meramente un ‘sistema’ (en el sentido habermasiano) que coloniza el ‘mundo de la vida’ cotidiana (...), sino que es igualmente lo a priori ya siempre presupuesto en todo acto-de-trabajo o de consumo: la comunidad de productores/consumidores (...). Pero la ‘comunidad de productores consumidores, trascendentalmente presupuesta en todo acto de trabajo/consumo económico, tiene como momento constitutivo el establecimiento de una ‘relación práctica’ interpersonal (...). La ‘acción comunicativa’ o la ‘acción económica’ son dos dimensiones de la relación práctica entre personas."

La comunidad de vida se genera en las relaciones prácticas, de trabajo, eróticas, educativas en las que nos encontramos, pero estas no son mecánicas ni eternas, son sociales, por lo tanto históricas, y son expresables lingüísticamente, por lo tanto revisables discursivamente.


Desde esta perspectiva que integra lo económico con lo comunicativo, se vuelve expresable y revisable el sistema de necesidades. Lo cual consideramos, es clave para reconstruir un concepto de sociedad civil que profundice la relación entre el modo de satisfacer las necesidades y la discusión de sus integrantes sobre él. De forma que la satisfacción de las necesidades pueda direccionarse racionalmente y no mecánicamente.


Por supuesto, desde esta perspectiva se deberá redefinir las relaciones entre la sociedad civil y el Estado. No bastará entonces que este asuma la lógica expansiva propia de un modo de satisfacción de necesidades dado (Hegel) ni que escuche los reclamos de los afectados por la mecánica de un subsistema autopoiético, sino que desde el Estado se deberá promover y procurar la organización de un sistema de necesidades que ha sido revisado críticamente por sus miembros.


En síntesis, el término sociedad civil debe ser redefinido a partir de una conceptualización que integre el modo de satisfacción de las necesidades y la opinión pública, de modo que sea posible una asunción socialmente reflexiva de aquel, que de lugar a una organización conciente y esclarecida del trabajo y de las necesidades. Sólo desde una conceptualización de la sociedad civil compleja y precisa será posible una verdadera transformación social. Esperamos que estas reflexiones hayan sido una contribución a ella - Ética

 


 

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