Un lenguaje
cinematográfico nuevo y vivo
Si se pide a cualquier
persona de cualquier parte del mundo que nombre a un sueco moderno famoso,
lo más probable es que diga Ingmar Bergman. Ese legendario director de
cine se convirtió hace ya mucho tiempo en la principal exportación
cultural de Suecia, y ello por buenas razones. Durante toda su
extraordinariamente prolífica carrera, que abarca la segunda mitad del
siglo XX, Bergman ha producido una obra intensamente personal, que ha
cambiado en profundidad la forma de pensar de la gente del mundo entero
sobre el cine como medio de expresión. En películas clásicas de las
décadas de 1950 y 1960 como Noche de Circo, El Séptimo Sello, Fresas
Salvajes, Los Comulgantes y Persona (por sólo citar unas pocas), el
director inventó un lenguaje cinematográfico nuevo y visualmente distinto,
que aplicó a temas psicológica o metafísicamente complejos abordados raras
veces en el cine de aquella época. Con sus imágenes realzadas y
simbólicas, su utilización de alegorías, la memoria y sueños, por no
hablar de la intensidad emocional del contenido, esas películas cayeron
como una bomba en el mundo del cine. El aspecto y los sentimientos
despertados por sus filmes eran tan especiales que, al igual que el
maestro director italiano
Federico Fellini, Bergman llegó a ver su nombre
transformado con frecuencia en un adjetivo (en inglés): Bergmanesque, para
denotar su intenso estilo cinematográfico. Incluso imágenes específicas
-el caballero que juega al ajedrez con la muerte en El Séptimo Sello, por
ejemplo- han adquirido una resonancia de iconos conocidos a nivel mundial.
Esa fuerza de sus imágenes, combinada con una dedicación implacable a una
marca muy personal de auto expresión, tuvo una importancia histórica para
contribuir al concepto entonces en desarrollo del "art film", al tiempo
que consolidó para siempre la posición de Bergman en el panteón de la
cinematografía.
Diversidad de temas
Durante 50 años y en igual
número de filmes, Bergman exploró una diversidad de temas. Aunque puede
que fuera más famoso, al menos en un principio, por sus lúgubres
meditaciones en cuestiones metafísicas sobre Dios, surgieron también
inevitablemente otros temas. De ellos, los más importantes fueron el papel
del Artista y la línea, a veces tan fina, de demarcación entre la
creatividad y la locura. Este tema forma ya parte integral de Noche de
Circo y Persona, y es igual de importante en La Hora del Lobo. Además, la
fascinación de Bergman por la mujer ha sido un motivo de largo alcance que
culminó en Gritos y Susurros, película famosa no sólo por su
extraordinaria (y vistosa) utilización del color rojo, sino también por
las notables actuaciones de las tres actrices protagonistas: Liv Ullmann,
Harriet Andersson e Ingrid Thulin (todas ellas, como cabe observar,
aparecen con regularidad en toda la obra de Bergman).
Y con la diversidad en los
temas llegó la diversidad en el tono. A pesar del tópico sobre Bergman de
que es "pesado", este director ha demostrado ser asimismo un maestro de la
comedia. Su jovial obra maestra de 1955, Sonrisas de una Noche de Verano
no es más que un ejemplo. Otro es el ultimo largometraje de Bergman, Fanny
y Alexander (1982), una de sus obras más estimadas tanto en su país de
origen, Suecia, como en otras partes del mundo. Aunque es una obra en el
fondo muy seria, Fanny y Alexander constituye también un poema épico y de
amor suntuoso por el mundo del teatro, que estalla verdaderamente con su
amplia porción de pasajes bulliciosos y cómicos.
Teatro y televisión
La importancia del teatro en
Fanny y Alexander no es accidental. Y es que Bergman es un hombre del
teatro en tanta medida como lo es del cine. El hecho de que esa faceta
crucial de su carrera sea menos conocida fuera de Suecia, se debe
únicamente a que el teatro en vivo es mucho más difícil de exportar que el
cine. Primero en diversos teatros regionales y, luego, durante cuatro
décadas en el Real Teatro Dramático de Estocolmo, de renombre mundial,
Bergman escenificó más de cien producciones. A menudo con la intervención
de algunos de los actores que aparecen en sus películas, el teatro de
Bergman es conocido por la agudísima claridad psicológica que el director
da (sobre todo) a textos clásicos. Usando una escenificación
sorprendentemente sencilla y económica para realzar lo más esencial de una
obra dramática, esas producciones teatrales mantienen todo el tiempo un
aspecto visual distinto y poético. En el canon teatral de Bergman aparecen
con regularidad producciones innovadoras de
Ibsen,
Shakespeare y Molière,
aunque, como no es de extrañar, haya sido el gran dramaturgo sueco August
Strindberg, el que ha tenido una importancia monumental en la obra general
de Bergman.
Siempre ambicioso, Bergman no era nadie
que pudiera pasar por alto el medio de la televisión. En esta categoría,
la más famosa es sin duda la miniserie de 1973, en seis capítulos, Escenas
de un Matrimonio (divulgada fuera de Suecia en una versión cinematográfica
más corta), que demostró ser un éxito popular sin precedentes para el
director. Tal como se cuenta, una vez a la semana durante una hora, toda
Suecia se paraba prácticamente cuando los suecos sintonizaban sus aparatos
en todas partes para ver el drama entre Marianne (Liv Ullmann) y Johan (Erland
Josephson), cuyo matrimonio se estaba
desmoronando.
Algo notable es que Marianne y Johan volvieran a aparecer unas tres
décadas después en Saraband (2003), el último telefilme de Bergman que él
mismo escribió y dirigió. Esa película obsesionante pero, en el fondo,
esperanzadora vuelta a sacar a la pantalla a aquella pareja (con Ullmann
y Josephson en sus mismos roles), que se reencuentra después de no
haberse visto durante 30 años. Al verlos intentar ponerse de acuerdo sobre
sus vidas, el carácter personal de la película resulta cada vez más
palpable.
El legado continúa
En marzo del 2002, Bergman
donó 45 cajas de cartón con material original al Instituto del Cine Sueco
(SFI). Ese material incluía un verdadero tesoro escondido de manuscritos,
notas, fotografías y otros, referentes a la larga carrera del director.
Junto con el Real Teatro Dramático de Suecia, la Televisión Sueca y AB
Svensk Filmindustri, el SFI ha creado la Fundación Bergman con la
finalidad de organizar y administrar ese material. Ahora se están
organizando un archivo y una base de datos en la Internet, para que
investigadores, escolares y, posiblemente, los entusiastas de Bergman en
general puedan beneficiarse de esa generosa donación. El archivo de la
Fundación Bergman será, con toda seguridad, de gran importancia para los
investigadores que, en el campo cinematográfico, deseen ampliar sus
conocimientos sobre el cine sueco, tal como lo resume Åse Kleveland,
director general del Instituto del Cine Sueco: "Con sus vastos
conocimientos y su compromiso, nadie ha hecho una aportación mayor a la
conservación de la herencia cinematográfica de Suecia que la de Ingmar
Bergman. Ahora, con la Colección Bergman, podremos sostener la orgullosa
historia del cine sueco en todo su esplendor."
Stan Schwartz es un periodista "freelance",
crítico en los campos cinematográfico y teatral, con un interés especial
por el cine y el teatro suecos. Radicado en la ciudad de Nueva York, pasa
también temporadas en Estocolmo, donde ha escrito para periódicos como
Dagens Nyheter, Expressen y Teater Tidningen. En los Estados Unidos, Stan
ha escrito para publicaciones como The New York Times, Time Out New York,
Film Comment Magazine y Filmmaker Magazine.
El autor es el único
responsable de las opiniones expresadas en este artículo -
Traducción: Felipe Mena González - Editor: Instituto Sueco -
Fecha de publicación: 2 de julio 2004 (este artículo ya ha sido publicado
en
www.sweden.se/espanol el 9 de febrero 2004).