Parte 1 -
Parte 2
Tren de
sombras - Relaciones humanas
El rico período creativo
anteriormente comentado pareció torcerse con La
carcoma (1971) correcta película pero obra menor en comparación con
las que le rodean, demasiado intensas como para que, por contraste,
resulte visible dentro del panorama general del cine de Bergman en su
momento.
Su comienzo resulta muy
penetrante, con la escena del encuentro de la protagonista con su madre
recién fallecida, tan reciente que se entera a su llegada al hospital,
resuelta de forma magnífica y mostrando en el personaje de la
protagonista, una vez más, el efecto dela muerte, la angustia de la
soledad y la insignificancia de la vida. No obstante, poco a poco, la
película va tomando unos derroteros más rutinarios, utilizando un
procedimiento más lineal, lejos de la complejidad visual de sus obras
anteriores para ilustrar al espectador sobre los efectos de un elemento,
en forma de tercera persona, distorsionador sobre un matrimonio.
De nuevo las relaciones de
la pareja aparecen como tema prioritario en la propuesta pero utilizando,
en mi opinión, metáforas no por bellas menos elementales y reduciendo la
película a un muestrario de los elementos que conforman el deterioro del
matrimonio de manera más o menos previsible y renunciando al avance visual
y expresivo que su cine experimentaba en su obra anterior.
La mediocridad de sus
personajes va tiñendo el film de una cierta apatía que se adueña del
espectador. Quizás no sea ajeno a ello la utilización de un actor para mí
inadecuado, o al menos chocante en el contexto de su cine, como Elliot
Gould, a no ser que trate de expresar con su aspecto banal, en contraste
con los actores llenos de expresividad habituales, la pequeñez de la
existencia de sus protagonistas.
Tres hermanas, una de ellas
a punto de morir de cáncer en la casa familiar, las otras dos acuden
cuidarla, y una sirvienta, pero algo más que una sirvienta, sus relaciones
con la hermana enferma son profundas a consecuencia de un episodio pasado
de maternidad de la sirvienta. Estos son los mimbres de
Gritos y susurros (1972) y con estos
mimbres se construye una de las obras más angustiosas del director.
Esta película fue tachada de
esteticista en su momento y una cierta parte de la crítica la despreció
por esa causa. Evidentemente hay algo de cierto en ello, el exceso de
decorativismo y de primeros planos en atención al buen hacer de sus
actrices, y un cierto apoyo visual innecesario a los temas tratados reduce
algo la calidad del film. Pero, por el contrario, esa elaboración estética
nos lleva a una utilización de espacios, rostros y color como pocas veces
se han visto y todo ello sin perder nada de los conceptos vertidos en ella
por Bergman, que, como no podía ser de otro modo repite muchas de sus
obsesiones en la misma.
Después de la aparente
mediocridad reflejada en La carcoma, y
apreciado un camino sin salida y repetitivo en la expresión de sus temas
más queridos, aquí reaparece con fuerza el hombre, sacando el máximo
partido a la escenografía a la luz y al color. El blanco de la inocencia,
el rojo de la pasión y el negro del dolor y la muerte se combinan con
inteligencia y elegancia en una fenomenal fotografía de Sven Nykvist,
quien como anteriormente en Pasión,
utiliza magistralmente sus recursos para sumergirnos en un tremendo drama
de dolor y la falta de comunicación.
Una idea recurrente que
asoma en muchas películas de Bergman es el contacto físico como medio de
comunicación y de ayuda, la necesidad de muchos de sus personajes de dicho
contacto y la dificultad de conseguirlo. Ese contacto que asienta a sus
personajes en la tierra y les proporciona un asidero físico imprescindible
para poder descansar de sus temores e incertidumbres.
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Gritos y susurros
(1972) |
En
Gritos y susurros aparece claramente
esta necesidad, donde el dolor de la enfermedad, tanto física como moral,
pretende ser, de alguna forma, aliviado por ese difícil, casi imposible,
contacto entre las hermanas, cada una con sus propios problemas y con el
horror que les produce la presencia de la muerte presentida de la hermana,
y resuelta magistralmente en ese plano tan pictórico –alabado y criticado
en su momento por el excesivo esteticismo–, representando a la Pietá, con
el personaje de Anna, la sirvienta, acogiendo a la enferma en su seno,
como el único personaje capaz de aliviar su sufrimiento ante su próxima
muerte
Las hermanas, ante el
espectáculo tremendamente angustioso del dolor de la enferma y ante la
proximidad de su muerte, van mostrando sus carencias de amor. Una de
ellas, la mayor y más intelectual, porque ya ha renunciado a él, su
carácter es áspero, desprecia a su marido, quien llega a producirle
repulsión física y llega a automutilarse en una escena que recuerda otra
que, muchos años más tarde, causó un choque emocional en muchos
espectadores que olvidan o no conocen los antecedentes. Esta mujer se
encierra en un caparazón de autoprotección y no es capaz de darse a los
demás. La más joven es diferente, sensual, alegre, consagrada a sí misma y
a su propio bienestar y belleza, no tiene un interés real en llegar a
comunicarse con las demás es pura apariencia y, en el fondo, cruel, pero
siendo diferentes coinciden en que, en ambos casos, no saben qué hacer ni
cómo reaccionar ante los terribles dolores que sufre su hermana.
La enfermedad y la muerte
les aterra, pero el panorama es visto desde un segundo plano por la
sirvienta, que solo interviene cuando las hermanas no están. En esos
momentos es la única que sabe qué hacer, cómo calmar los dolores físicos y
mentales de la enferma, es la única que puede aportar ese contacto físico
y ese amor que es negado a las otras, es la única que puede llegar a una
real comunicación con la enferma, y la enferma descansa con ella.
Bergman, a pesar de la
exquisitez de su puesta en escena, no nos ahorra los momentos más
desagradables en largos planos de la enferma sufriendo con terribles
dolores, su aproximación al dolor es tan física que hace daño, resulta
difícilmente soportable, la angustia violenta al espectador tanto como la
acogida de Anna a la enferma le alivia. Sin embargo, a pesar de este
alivio y de las imágenes finales, que rememoran los buenos y viejos
tiempos, esta película, con sus fundidos en sangre, deja un sabor amargo
de pesimismo ante la actitud final de las hermanas cuando, tras la muerte,
continúan con sus egoísmos... aunque siempre queda una Anna de esperanza.
Plenamente centrado en esa
época en aspectos del ser humano más realistas, menos metafísicos, realiza
para la televisión la película Escenas de un
matrimonio (1973), una serie de más de cinco horas de duración en
la que, en diversos episodios, disecciona con la precisión de un cirujano,
las relaciones de pareja entre dos personas.
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Escenas de un
matrimonio (1973) |
Desgraciadamente la versión
que conozco es la que fue proyectada en las pantallas de los cines y
corresponde a un montaje especialmente realizado para ello de
aproximadamente la mitad del tiempo original de la serie, y, aunque dicho
montaje alternativo fue llevado a cabo por el propio director, es
absolutamente imposible que sus intenciones originales no quedaran
distorsionadas por los necesarios recortes. Así pues, salvo dar algunas
ideas de lo que recuerdo de la película, me limitaré a exponer las líneas
generales del film ya que no me parece correcto el hablar de algo que
considero no conozco en su debida forma por no haberla visto en las
condiciones adecuadas.
En la película se van
mostrando las diversas etapas de la relación de una pareja comenzando por
el período en el que su matrimonio funcionaba con normalidad y pasando por
las diferentes fases de aburrimiento, discordia, separación, intento de
reconciliación y, finalmente, su conversión en amantes.
Todo ello se produce a lo
largo de una serie de situaciones y conversaciones, mostrando a los
protagonistas en la intimidad y en la relación con otras personas, y todo
visto desde una cámara que, al contrario de su película anterior, es menos
notoria, más funcional, menos visible, como corresponde a un estudio más
realista preparado para la televisión donde lo que prima es la sencillez
antes que el exceso de elaboración, teniendo en cuenta el amplio espectro
de personas que pueden contemplar la obra.
Este examen profundo de las
relaciones de pareja se resuelve magníficamente en ciertos momentos
mediante tensas situaciones catárticas en que los personajes sacan a la
superficie sus problemas ante otros como sintiendo la necesidad de que con
esa confesión se aplaquen sus problemas.
Mis recuerdos de ella no son
especialmente buenos, salvo en escenas y en momentos concretos que
recuerdo espléndidos, pero supongo que la razón de esa impresión es la
falta de conocimiento real del film en su conjunto ya que, por otro lado,
es una película que siempre ha sido muy bien acogida por la crítica que,
supongo, ha tenido acceso al montaje televisivo.
Un período de crisis
creativa
Dada la doble actividad de Bergman en los
campos teatral y cinematográfico, era de esperar que en algún momento se
decidiera a mezclar ambas disciplinas y este fue el momento que consideró
propicio, después de una época en la que parecía que en su cine todo
estaba dicho y necesitaba un cambio de ideas para mantener la atención.
Por otro lado y sorprendentemente, la
elección de Bergman para llevar a cabo este experimento no fue una obra de
teatro al uso (Strindberg podría haber sido una elección más que razonable
en su trayectoria) sino una ópera. Claro que siendo una ópera si que
parece que Mozart era una posibilidad lógica teniendo en cuenta la
admiración del director por ese músico utilizado con frecuencia en sus
películas.
En cualquier caso
La flauta mágica (1975), obra de música
alegre y desenfadada parecía en el extremo opuesto de su cine, áspero,
amargo y trascendente, así que su elección constituyó toda una sorpresa
que fue recibida con prevención por los seguidores de su cine que
esperaban sorprendidos cómo se iba a llevar a cabo la conjunción de dos
genios, uno musical y otro cinematográfico de épocas tan dispares.
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La flauta mágica (1975) |
Aquí se le planteaba al director un
dilema, ¿cómo llevar a cabo esa representación? Las convenciones dicen que
hay que evitar que la traslación del teatro al cine se limite a una pura
filmación del hecho teatral que sucede sobre el escenario, el cine y el
teatro son medios distintos y así deben seguir. Y sin embargo Bergman se
limita a eso, a mostrar el escenario durante la representación, no
estáticamente, claro, pero en ningún momento oculta que lo que el
espectador contempla es teatro, ahora bien introduce una serie de
elementos que le permiten una cierta personalización de la representación.
Utiliza carteles manejados por los
propios actores, haciendo más notoria la representación, los efectos
puramente teatrales son agudizados, escenario, decorados se emplean de
forma que el espectador es siempre consciente de lo que ve, con insertos
de rostros atentos como un efecto distanciador, y resuelve el problema de
la introducción musical con el recurso de mostrar, con una cadencia
musical, los rostros de esos teóricos espectadores que asisten en la sala
al espectáculo, en uno de los momentos más interesantes del film, donde la
aparición de los rostros de espectadores de diversas razas y lugares
parece pretendr ser un símbolo de la capacidad de la música para llegar a
todo el mundo.
Sin embargo esta es una película que
gustará a los que gustan de Mozart y de su ópera pero que apenas introduce
nada nuevo en la concepción del mundo personal del director que salva los
papeles con dignidad pero sin especial acierto.
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Cara a cara (1976) |
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Después de la extraño paso dado con
La flauta mágica, Bergman comienza a
evidenciar síntomas de una cierta crisis creadora. De nuevo trata de
esbozar, con Cara a cara (1976) una
película de repercusiones psicológicas, esta vez utilizando el recurso del
suspense, pero comienza a repetirse en el fondo sin aportar recursos
diferentes el la forma. Parece elaborada para seguir una trayectoria
personal, pero resulta más forzada, menos original, más rutinaria.
La película estaba prevista como una
serie de cuatro episodios televisivos que acabó siendo un film único y
quedan algunas secuelas de la transformación en la película, con la
aparición de ciertas insistencias innecesarias.
Apunta ideas como la imposibilidad de
cura de enfermedades mentales por procedimientos psicológicos, que
desarrollaría mejor en De la vida de las
marionetas, o la posibilidad de compaginar los desequilibrios
mentales con la vida social, considerando esa enfermedad como un estadio
mas de la personalidad del individuo pero utiliza procedimientos ya
conocidos para producir sensaciones impactantes, como las escenas oníricas
de la protagonista, donde, como es habitual en el director, no existe
ruptura entre el sueño y la realidad haciendo que el espectador se sumerja
en el mundo mental de la protagonista como si fuera –de hecho lo es– parte
de su vida “normal”.
Una vez terminada
Cara a cara, y en con la crítica
enfrentada, Bergman decide realizar su inmediata película fuera de Suecia.
Con capital alemán y producida por De Laurentiis dirige
El huevo de la serpiente (1977), una
atípica película del director cuya estructura cinematográfica es,
posiblemente, la más convencional de toda su obra. Lejos de exhibir los
miedos internos de sus personajes, aquí el horror está introducido por un
elemento externo.
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El huevo de la
serpiente (1977) |
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La apariencia de la película es de una
extraña aventura, en la que sus personajes se ven envueltos. Este aspecto
perturbó a los que, de alguna manera se habían acomodado a un especial
universo creado en su producción anterior, pues lejos de continuar con su
personal mundo, dio un aparente salto al vacío para realizar un cine más
convencional, con aspectos muy langianos. Este es un extraño y
desconcertante film, que, como él mismo definió, trata sobre el terror,
pero sobre el terror que el nazismo provocó en su época, en los año
previos a la guerra.
Sus personajes se mueven en una
fantasmagórica Alemania llena de miseria y de tristeza, completamente
desolada, donde la especulación triunfa y donde unos monstruos, que
deberían ser humanos, juegan y trafican con hombres y objetos ante la
impotencia de las víctimas. Ese aislamiento remite, de alguna forma, al de
los protagonistas de El silencio, y la
trama en la que se ven envueltos es una trama sin salida posible, la
muerte está presente continuamente, desde las primeras escenas. Bajo ese
punto de vista la película no deja de ser una continuación de su obra,
pero la forma convencional de realizarla, como si un film de suspense se
tratara, y la aparición de una serie de personajes algo convencionales y
esquemáticos, redujo el interés de la película, que, sin embargo, no es en
absoluto despreciable, ni siquiera en el contexto de su obra.
Después de la extraña impresión que
produjo la aparentemente más impersonal El
huevo de la serpiente, y de las malas críticas conseguidas tras sus
anteriores películas, Bergman trató de recomponer su prestigio mediante la
realización de Sonata de otoño (1978),
una pieza de cámara en la que, en forma de dúo, enfrentó a una de sus
mejores actrices habituales, Liv Ullman, con la que, en aquel instante,
era uno de los monstruos sagrados e la interpretación en el panorama
internacional, la actriz sueca Ingrid Bergman.
En esta vuelta a su estilo, de nuevo se
planteaba los términos de las relaciones familiares, tortuosas y
difíciles, entre una madre, intérprete musical reconocida, que por su
profesión y por sus gustos vive un tipo de vida de alto nivel social y una
hija, que no comparte, esa forma de vida y que pretende una subsistencia
más sencilla, más personal, menos volcada hacia el entorno.
La película está construida de una forma
perfecta, como la pieza musical que pretende ser, con escenas entre los
personajes que van desgranando sus recelos y sus odios. Sin embargo,
resulta un tanto esquemático la contraposición de la madre egoísta, que
solo piensa en su arte, con la hija sencilla, capaz de sentimientos
humanos, que parecen casi incompatibles con la madre. Todo ello reforzado
con más subrayados de lo habitual en miradas y actitudes. Sin embargo las
grandes interpretaciones y la buena arquitectura de la puesta en escena,
hacen que, sin ser una de las grandes, merezca la pena su contemplación
Marionetas y vivencias
Tras este período de una cierta
decadencia artística , de pronto, lo que parecía un rumbo negativo sin
vuelta atrás toma otra dirección, y realiza dos películas que son un
resumen lúcido de sus conceptos sobre la vida y el cine. Se trata de
De la vida de las marionetas (1980) y,
sobre todo, de Fanny y Alexander (1982)
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De la vida de las
marionetas (1980) |
El propio título
De la vida de las marionetas, nos lleva
a pensar en una representación. Los personajes son manipulados por el
director como él quiere, para presentarnos y analizar el retrato del
asesino de una prostituta en un hecho sin sentido que se transforma al
final en un hecho de libertad individual, de ruptura de ataduras. La
película está realizada en blanco y negro pero comienza con la exposición
del pánico de la muerte en colores violentos al principio y termina
también en color, una vez conocida la realidad de los motivos.
A lo largo de la misma aparecen
cuestiones de despojamiento de identidad, el de las marionetas manejadas
por unos hilos ajenas a ellas, donde la personalidad se diluye hasta
desaparecer en su entorno y en las relaciones con los demás. La
individualidad desaparece hasta necesitar un acto que reivindique la
necesidad de dicha individualidad.
Es un film pesimista donde la felicidad
solo existe en la imaginación o el sueño y siempre es perecedera , como
las relaciones de pareja. Las partes más oscuras del ser humano salen a la
luz a través de entrevistas y conversaciones, sucesión de informes médicos
y policiales, de una forma fría, donde deja traslucir la inutilidad de la
psiquiatría para el conocimiento verdadero de las motivaciones humanas.
Es una buena película con una buena
puesta en escena, austera y seca, que, sin embargo, se ve limitada por un
cierto exceso de apoyo de Bergman en su realización, que reduce el alcance
de la obra.
Si De la vida
de las marionetas es una película árida y cercana a una obra
musical de cámara, Fanny y Alexander es
como una gran sinfonía, incluso en su estructuración que, curiosamente
comienza con unas marionetas, como mostrando la continuación en otros
términos, radicalmente distintos en cuanto a forma, de la obra anterior.
Constituye un gran fresco familiar con
bastante contenido autobiográfico. Es una exposición a lo largo de las
casi cinco horas y media de duración, en diferentes capítulos, de los
temas que el director ha recorrido a lo largo de su obra y vida. En la
película caben referencias a varias de sus anteriores obras. Aparecen,
dramas, terrores, obsesiones, incluso elementos de comedia –con recuerdos
de Sonrisas una noche de verano– en la
descarada despreocupación con que se desenvuelven algunos personajes en su
intento de seducción durante momentos de la fiesta familiar.
El comienzo del film, tras el prólogo,
reproduce esa fiesta, y aprovecha para ahondar en el conocimiento tanto
del grupo familiar y sus relaciones entre ellos como de cada uno de los
individuos que componen el grupo, en esta especie de historia coral que
constituye toda la primera parte, aunque centrada y filtrada por la visión
que de ella tienen los ojos más inocentes de los niños. La aparición,
fascinante para Alexander, de la linterna mágica (titulo también de uno de
los libros escritos por Bergman) dota al episodio de un contenido
reflexivo sobre la dicotomía teatro/cine que ha constituido la experiencia
artística del director a lo largo de toda su vida.
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Fanny y Alexander (1982) |
La presencia de la muerte y de la
decadencia a lo largo de los diferentes episodios que constituyen la
película, son objeto de diversos momentos capitales, uno de ellos, y el
más importante, es la larga la agonía y muerte del padre tras la
representación teatral, que constituye todo un apartado del film, en el
que muestra uniéndolas algunas de sus principales inquietudes temáticas,
la representación, el dolor y la muerte.
Tras la difícil peripecia que supone para
el niño el cambio de un padre extrovertido y amable que tiene en el teatro
y en la representación su forma de vida por un padrastro hosco, lleno de
prohibiciones, de ascetismo y de malos tratos, se plantea al espectador la
posibilidad de escape que da la imaginación como medio de superar los
miedos reales de la propia vida. Esta imaginación o subjetividad se
muestra en la pantalla sin solución de continuidad con los hechos reales,
como ya es habitual en Bergman desde sus primeras películas importantes,
poniendo en el mismo plano ambas realidades.
Todos estos elementos son expuestos a lo
largo de la película con gran fluidez, permitiendo que el espectador
interiorice las preocupaciones expuestas sin necesidad de resaltarlas. La
contraposición de las asociaciones teatro/alegría con religión/tristeza,
en el recorrido vital de los niños protagonistas es fundamental para
comprender la situación espiritual de un director que, a lo largo de su
obra, ha recorrido fases muy diferenciadas en su actitud ante la muerte y
ante su propia obra.
Al comienzo Alexander, trasunto posible
de Bergman, juega con las marionetas en un teatro, como el propio director
maneja a los actores y con ellos a los espectadores. Posteriormente
descubre la representación de la linterna mágica que constituye una
novedad en su forma de ver las cosas. Más adelante tras un período de
oscuridad y tristeza es la pretendida magia del amante de su abuela la que
permite al protagonista librarse de la negrura que su padrastro ha
introducido en su vida. Al final la madre abre de nuevo el teatro para
representar El sueño de Strindberg. El ciclo artístico/vital del
niño/autor se ha cerrado.
La presencia de un Gunnar Bjornstrand
enfermo de cáncer avanzado, que moriría pocos meses después, realizando un
esfuerzo para interpretar el film parece como una metáfora de lo que el
director quiere exponernos, la importancia de la representación ante la
inevitable muerte.
Una grandísima película que constituye
todo un resumen de la obra del realizador
Últimas producciones
Bergman había dicho que
Fanny y Alexander iba a ser su última
película, pero, como consecuencia de la reiteración de ese comentario por
su parte, y a pesar de que la película citada era lo más parecido a un
testamento cinematográfico, la gente le creyó a medias, y sin embargo
cumplió su promesa, aunque a medias, pues si bien fue la última película
pensada en su proyección en salas cinematográficas, su actividad creadora
lo único que hizo, afortunadamente, fue trasladarse a otros campos.
Esto ha servido para demostrar que no
necesariamente los filmes realizados para televisión deben tener una
calidad inferior a los realizados para su exhibición en salas. De hecho a
lo largo de su carrera Bergman había trabajado con frecuencia para la
televisión, recordemos que, por poner un par de ejemplos, tanto
Fanny y Alexander como
Escenas de un matrimonio tuvieron
montajes alternativos más completos para ser emitidas por episodios en
televisión, así pues no debe extrañarnos que tras su larga carrera
cinematográfica se refugiara en este medio para continuar con su
desarrollo artístico.
De su obra en televisión posterior a los
filmes comentados sólo he podido ver dos películas, la primera
Después del ensayo (1984) es una obra de
reafirmación de principios. El protagonista, un director de teatro cuyo
nombre es Vogler, alter ego del propio Bergman, quien analiza su
vida y su obra tras del ensayo de una obra de Strindberg, El sueño,
casualmente la obra con la que la madre de Alexander abría de nuevo el
teatro al final de Fanny y Alexander.
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Después del ensayo (1984) |
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Es una película muy rica en propuestas en
la que, cómo no, vuelve a enfrentarse con sus fantasmas. Dividida en tres
bloques en el primero de ellos mantiene una confrontación con una actriz
joven, encarnada magníficamente por Lena Olin, en el segundo con el
fantasma de la madre de dicha actriz, antigua amante del director ahora
fallecida y, de nuevo, con la actriz joven, y, a través de esos
enfrentamientos, se analiza la relación del protagonista con su carrera s
profesión y su vida en general.
Los tres personajes hablan se mueven
aislados, sobre un escenario vacío, sin escapes y, de nuevo, la ensoñación
y la realidad se plantean en pie de igualdad. Bergman se muestra muy
crítico consigo mismo y con su profesión y no elude la dureza y crueldad
de su análisis. Las escenas con su ex-amante muerta son especialmente
agrias cuando ella le echa en cara sus miserias. Vuelve a exponer las
relaciones humanas de dominio entre las personas, relaciones variables que
pasan de uno a otro según los momentos.
Se incide en la extraña relación del
director pero también del espectador con el arte de la representación,
mezcla de amor y pesada carga, Como hace con frecuencia, examina su arte
cinematográficamente pero analizando su relación con el teatro. Cine,
teatro y televisión han sido espacios dramáticos afines a Bergman que se
ha sentido tan cómodo en uno como en otro, al fin y al cabo todos han sido
medios de fascinación sobre el espectador que, de una u otra forma,
quedaba enganchado en las redes mágicas del engaño y de la manipulación,
con el poder que eso conlleva.
Al final Vogler, de nuevo ilusionista
como el propio Bergman, utilizando unos estupendos diálogos, muy pensados
y llenos de dobles sentidos, sin música, en una esencialidad pura de los
comportamientos sin adornos, nos ha vuelto a conducir a otra
representación tras el ensayo, solo que los actores no son los de la obra,
sino el director y la representación ha sido lo que pensábamos era la
vida. Una estupenda película.
Finalmente, y a falta de conocer casi
toda su última producción televisiva, que desgraciadamente tiene muy pocas
posibilidades de distribución, por su formato y por el escaso interés que
en una actividad tan mercantilizada como es en la actualidad la
distribución cinematográfica, tiene un cine tan poco comercial, comentaré
con más detenimiento, por ser una película poco conocida y de difícil
acceso, la última obra que conozco de este apasionado y apasionante
director, En presencia de un clown
En presencia de un clown
En presencia
de un clown (1997), es una película realizada en video para la
televisión que, como he dicho en el apartado anterior, demuestra
palpablemente que si lo que habitualmente vemos en nuestras pequeñas
pantallas es inane y falto de interés no lo es por el formato sino porque
o bien las cadenas no está interesadas en suministrar calidad o porque en
la actualidad no se dan con frecuencia creadores del talento del que nos
ocupa o, me temo, porque ambas situaciones confluyen en perjuicio del
espectador.
Partiré diciendo que es una obra que me
ha parecido magnífica, hacía tiempo que un film no conseguía conmoverme
con sus imágenes como en este caso, y me ha reafirmado que Bergman con
todos sus excesos y defectos, con toda su retórica y su obsesivo mundo, es
uno de los mayores talentos del cine mundial de todos los tiempos.
Me temo que deberéis perdonar que desvele
muchas partes de la película pero en una film como éste, cuyo interés
consiste en él mismo no en el teórico suspense de la trama, el problema es
menor. Por otra parte quería analizar con un poco más cuidado esta obra ya
que, a diferencia de las otras anteriormente comentadas de las que todo o
casi todo está dicho, en este caso, por su novedad y por la dificultad de
su contemplación se puede realizar un estudio sin temor a la repetición,
más limpio.
La película comienza con un largo prólogo
donde presenta a sus personajes. Este prólogo tiene lugar en la época del
cine mudo en una clínica psiquiátrica donde nuestro protagonista, Carl
Åkerblom, está siendo tratado debido a su actitud violenta, provocada por
una enorme insatisfacción interior, que le ha llevado a agredir a su novia
Pauline. Su obsesión es Schubert, su música y su vida, y se pregunta
insistentemente sobre la reacción del músico al descubrir que iba a morir
al verse infectado por la sífilis. Pone en un gramófono una y otra vez un
fragmento de su música y se encuentra en un estado de excitación
considerable. El doctor que le atiende, cansado y escéptico no es capaz de
sacarle de su mundo, ni de conectar con él, en un paso más del director en
mostrar las carencias de la psiquiatría para aliviar los problemas
humanos.
Sin embargo, en su estancia del hospital
recibe tres visitas, una de un nuevo paciente, Osvald Vogler amable y
culto, esposo de una riquísima mujer muda, que le habla de la libertad
interior que, encerrada en uno mismo, es imposible de destruir, enfrentada
a la libertad aparente, convencional, y que consigue llamar la atención de
Carl con una de sus lecturas. Carl le habla de sus proyectos, nada menos
que realizar la primera película sonora y ambos se ilusionan con la idea
de llevarlo adelante con una obra sobre el final de la vida de Schubert.
Posteriormente, una vez que su compañero ha abandonado la clínica, recibe
a su novia, muy enamorada de él, a pesar de todo, que quiere ayudarle y
que se implica con él en sus proyectos con el fin de que consiga liberarse
e su tormento interior.
Pero entre los dos encuentros, en un
momento de soledad, despertándole de un sueño y a los acordes de la
melodía de Schubert que le obsesiona, tiene un tercer encuentro, un
encuentro escalofriante con un personaje que ha reconocido desde su
infancia, un clown ambiguo de figura femenino con el que mantiene un
enfrentamiento dialéctico y que trata de atraerle sexualmente. La luz ha
cambiado, se ha hecho lechosa, a diferencia de en otras películas suyas
hay una clara distinción entre las imágenes de la realidad y las de los
sueños. La imagen de la muerte se le hace presente pero de una forma
alucinada, fantasmagórica.
No obstante este preludio termina con una
escena positiva y esperanzadora, cuando Osvald Vogler aparece ahora
acompañado de su mujer –sordomuda– ofreciéndole financiación para su
proyecto. Ya, en esta parte, se empiezan a analizar las relaciones del
arte con la realidad, cuando, por ejemplo, ante la exposición de Carl a su
novia del proyecto de film, en el que mezcla los últimos momentos de
Schubert con la historia que Osvald leía en su estancia en la clínica,
ella reacciona diciéndole que lo que va a exponer en su película no es
cierto, que no coincide con la realidad, a lo que Carl responde que eso no
tiene importancia, es cine.
Este prólogo está realizado con
precisión, no sobra ni falta nada, define a los personajes aunque, por
ponerle algún defecto, resulta un tanto explícito en alguno de sus
símbolos, no olvidemos que es un producto para televisión.
Pero a partir de aquí, en el centro
neurálgico del film, hay un giro en la realización, mucho mas emotiva y
cálida. En una elipsis magnifica se nos presenta a los personajes en plena
gira de actuaciones con el nuevo sistema de cine sonoro, elemental pero
ingenioso. La mujer de Osvald, les ha abandonado en vista de la poca
repercusión del invento, y les ha dejado sin dinero, solo el que pueden ir
rebañando de sus actuaciones pueblo tras pueblo apenas suficiente para
mantenerlos. La industria que, en opinión del director, debe ser sorda y
muda, abandona al artista si no hay dinero de por medio.
Han llegado al pueblo natal de Carl, y
pretenden dar una representación en una casa desvencijada. Su madrastra,
aún relativamente joven, trata de conseguir que abandone el proyecto en
una ambigua conversación con Paulina a la que él no asiste. Osvald, está
viviendo en su propio mundo esperando que vengan a por él para llevárselo
con su esposa y ser internado.
Se han vendido once localidades y
empiezan a llegar los espectadores, uno a uno, personalizados por las
explicaciones de la anfitriona en el pueblo, buscando en el acontecimiento
un avance en la cultura. También acude la hermana de Carl, que ha querido
verle. Y empieza el espectáculo. Bergman filma las expresiones arrobadas
de los espectadores ante la filmación, están asistiendo a algo importante,
se sienten espectadores de algo grande, están fascinados. De pronto, la
lamentable y precaria instalación eléctrica comienza a arder, y el
operador, trata de apagarlo, la película se interrumpe y el color
blanquecino del reflejo de la pantalla en los rostros se torna cálido.
En ese punto el espectáculo pasa de la
pantalla a la realidad, los espectadores contemplan los esfuerzos de
extinción del fuego como si fuera un espectáculo, no están asustados, es
como si las claves simplemente hubieran cambiado, la realidad es también
el espectáculo. Tras el incidente y ante la imposibilidad de seguir con la
proyección, y el mal tiempo reinante, Osvald propone continuar la
representación pero en vivo, utilizando la iluminación de las velas que
acaban de encender, teniendo en cuenta que son ellos mismos los actores de
la película y que conocen sus papeles. Los espectadores aceptan
encantados.
El cine se transforma en teatro pero, aún
más , en el paso del primer “acto” al segundo, y como consecuencia de un
cambio de escenario, los espectadores pasan a situarse en el lugar ocupado
anteriormente por los actores, e incluso una de las espectadoras propone
la lectura de un bello texto, lo que, tras el acuerdo de todos, hace
emocionada. El público se ha convertido en representación, lo real y lo
imaginario se confunden, todo es una representación, todos son actores y
público. El mismo Osvald, que desde que su mujer les abandonó parece vivir
en un mundo aparte, confunde continuamente su realidad con la
representación.
Mientras tanto y fugazmente durante la
representación, el clown se deja ver a Carl un par de veces, esta vez sin
disociación de ningún tipo, ni de luz ni de color, solo las notas del tema
musical. La segunda vez, aterrado, interrumpiendo su papel cae al suelo
angustiado, lo que da lugar a uno de los momentos más bellos del film, la
hermana acude rápidamente e inclinándose acerca el rostro al de su hermano
y le musita palabras de tranquilidad en un precioso plano que me recuerda
por su intimidad y calidez el de Anna y Agnes en
Gritos y susurros, cuando Anna acoge a
la enferma en su regazo. La emoción aparece de una manera simple y pura,
sin retórica. Una vez más el contacto y el calor humano sirven de bálsamo
a los terrores internos.
Finaliza la obra, la tempestad de nieve
remite y todo el mundo, que ha asistido más que a un espectáculo a un
ritual de comunicación, tiene que abandonar el lugar. Osvald a
requerimiento de unos alguaciles que venían a recogerle ya lo ha hecho
anteriormente. Antes de despedirse pasan uno por uno por delante de Carl y
Pauline apuntándoles unas frases de admiración, como los fieles se
despiden del celebrante del ritual religioso al concluir el oficio, uno de
ellos, que no se pierde ningún acontecimiento cultural –según comentaba la
anfitriona a su llegada– les hace un comentario sobre la superioridad del
teatro sobre el cine.
Quedan conversando con la hermana que
reitera su deseo de que Carl permanezca con ellos, con su familia, lo que
es rechazado y aceptado por ella con cariño. Se nota que todo ha
terminado, no solo la representación de ese día, sino el sueño. No hay
dinero, Paulina y Carl están solos de nuevo. En el breve epílogo ambos
están dormidos cuando el clown vuelve a aparecer, la luz blanquecina
inunda la pantalla y las notas de Schubert despiertan a Carl que,
angustiado, despierta a Pauline, la violencia incontrolada vuelve a
aprisionarle, ella, que no puede ver al payaso, espera su agresión
aceptando su papel resignada. Finalmente él, desesperado, viendo lo que
está a punto de hacer, se retira de ella e intenta quitarse la vida pero
ella lo abraza y se tiende sobre él confortándole. Fin.
La emoción creada por esta hermosa
película es imposible de explicar, si tenéis ocasión de verla no lo
dudéis, pues es tan difícil encontrar cine que hable del hombre y de los
sentimientos de forma tan apasionada, que no se pueden desperdiciar las
ocasiones
Actores, directores de fotografía y
una curiosidad
En un cine que tanto debe a la expresión
de los rostros, ha sido siempre fundamental la utilización de unos actores
de primer orden y perfectamente adaptados a las indicaciones del director.
Para ello, a lo largo de su trayectoria
Bergman ha contado siempre con un grupo de actores y actrices fieles que
aparecen en casi todas sus películas. Son además grandes actores que han
sabido transmitir el difícil discurso del director sin dar síntomas de
encasillamiento.
Los actores más utilizados han sido la
gran terna, Max Von Sydow hasta principios de los 70, el más
internacional y conocido, hasta que emigró a países más generosos,
Gunnar Björnstrand, a lo largo de casi toda su trayectoria y Erland
Josephson, su actor más carismático de la última época, aunque
presente ya en El rostro a finales de
los 50, y que trabajó asimismo con Tarkovski en sus dos últimas películas.
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Liv Ullmann, Max Von Sydow, Bibi Andersson, Erland Josephson e Ingrid
Thulin |
Con respecto a las mujeres, Bergman, que
siempre ha sabido interpretar el mundo femenino como pocos, ha utilizado a
más "fijas" aunque de elegir las más características habría que pensar en
Bibi Andersson, presente desde los años 50, hasta mediados de los
70, Liv Ullman, que tras su aparición en Persona, se constituyó en
el rostro femenino de Bergman por excelencia y la continuadora de su
estilo llevando a la pantalla guiones del mismo, Ingrid Thulin,
esencial en varias de sus películas más representativas y que continuó
intermitentemente trabajando con él hasta sus últimas realizaciones,
Harriet Andersson, fundamental en su obra desde
Un verano con Mónica hasta
Fanny y Alexander, como una base sólida
en la que se apoyaba continuamente, Gunnel Linbdlom, menos
conocida, pero participante en sus películas desde finales de los 60 y
esencial en El manantial de la doncella
y El silencio, aunque su colaboración se
extendió hasta Secretos de un matrimonio
y finalmente, por no extendernos, Eva Dahlbeck, actriz que trabajó
con él en varias películas, desde mediados de los 50 hasta
Por no hablar de esas mujeres, en 1964.
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Eva Dahlbeck y Harriet Andersson, Gunnar Bjornstrand, Gunnel Lindblom,
Sven Nykvist y Gunnar Fischer |
Es evidente que la utilización de un
equipo casi fijo de actores le permitió realizar con comodidad sus
composiciones ya que trabajaba con "materiales" conocidos en quienes
confiaba para poder transmitir con facilidad sus inquietudes.
Eso también se puede ampliar al gran
director de fotografía, uno de los mejores de la historia del cine,
Sven Nykvist, que ha trabajado con él en gran parte de sus películas,
aunque, curiosamente, en su período más popular (El
séptimo sello, Fresas salvajes...),
trabajó con otro magnífico colaborador, y gran director de fotografía,
Gunnar Fischer.
Antes
de terminar, quizás sea este el momento de recordar un detalle que a lo
largo de su filmografia me ha interesado. Se trata de los nombres de
muchos de sus personajes. La cantidad de veces que alguno de sus
protagonistas se llama Vogler, es algo digno de mención. Vogler es
el ilusionista, el manipulador, el cómico, el que se pone la máscara , el
que engaña y el que crea, la libertad, y, habitualmente, se opone a otro
apellido clásico de sus personajes, Vergerus, la razón, la
seriedad, lo establecido, el escepticismo, la ciencia, la limitación a
unos esquemas. Ni que decir que Bergman suele estar del lado de Vogler, ya
que es él mismo.
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Max von Sydow (Albert
Emanuel Vogler)
Ingrid Thulin (Manda Vogler)
Gunnar Björnstrand (Dr. Vergerus)
Gunnar Björnstrand (Mr. Vogler)
Liv Ullmann (Elisabeth Vogler, The Actress)
Ingrid Thulin (Veronica Vogler)
Erland Josephson (Elis Vergerus)
Bibi Andersson (Eva Vergerus)
Max von Sydow (Andreas Vergerus)
Bibi Andersson (Karin Vergerus)
Heinz Bennent (Hans Vergerus)
Jan Malmsjö (Bishop Edvard Vergerus)
Kerstin Tidelius (Henrietta Vergerus)
Erland Josephson (Henrik Vogler)
Erland Josephson (Osvald Vogler)
Gunnel Fred (Emma Vogler)
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Ansiktet (1958)
Ansiktet (1958)
Ansiktet (1958)
Persona (1966)
Persona (1966)
Vargtimmen (1968)
En Passion (1969)
En Passion (1969)
Beröringen (1971)
Beröringen (1971)
The Serpent's Egg (1977)
Fanny och Alexander (1982)
Fanny och Alexander (1982)
Efter repetitionen (1984)
Larmar och gör sig till (1997)
Larmar och gör sig till (1997)
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Filmografía
castellano optamos por poner en primer lugar
el título original)
01.
Saraband (2003) (TV) (recién terminada)
02. Bildmakarna (2000) (TV)
03. Larmar och gör sig till (En
presencia de un clown. 1997) (TV)
04. Sista skriket (1995) (TV)
05. Backanterna (1993) (TV)
06. Markisinnan de Sade (1992) (TV)
07. Dokument Fanny och Alexander (1986)
08. Karins ansikte (1986)
09. Två saliga, De (1986) (TV)
10. Efter repetitionen (Después del
ensayo. 1984) (TV)
11. Hustruskolan (1983) (TV)
12. Fanny och Alexander (Fanny y
Alexander. 1982)
13. Aus dem Leben der Marionetten (De la
vida de las marionetas. 1980)
14. Fårö-dokument 1979 (1979) (TV)
15. Höstsonaten (Sonata de otoño. 1978)
16. Serpent's Egg, The (El huevo de la
serpiente. 1977)
17. Ansikte mot ansikte (Cara a cara.
1976)
18. Trollflöjten (La flauta mágica.
1975)
19. Misantropen (1974) (TV)
20. Scener ur ett äktenskap (Escenas de
un matrimonio. 1973)
21. Viskningar och rop (Gritos y
susurros. 1972)
22. Beröringen (La carcoma. 1971)
23. Fårödokument 1969 (1969) (TV)
24. Passion, En (Pasion. 1969)
25. Riten (1969) (El rito. TV)
26. Skammen (La vergüenza. 1968)
27. Vargtimmen (La hora del lobo. 1968)
28. Stimulantia (1967)
29. Persona (Persona. 1966)
30. För att inte tala om alla dessa kvinnor
(Por no hablar de esas mujeres. 1964)
31. Tystnaden (El silencio. 1963)
32. Nattvardsgästerna (Los comulgantes.
1963)
33. Drömspel, Ett (1963) (TV)
34. Såsom i en spegel (Como en un
espejo. 1961)
35. Djävulens öga (El ojo del diablo.
1960)
36. Jungfrukällan (El manantial de la
doncella. 1960)
37. Oväder (1960) (TV)
38. Ansiktet (El rostro. 1958)
39. Rabies (1958) (TV)
40. Venetianskan (1958) (TV)
41. Nära livet (En el umbral de la vida.
1958)
42. Smultronstället (Fresas salvajes.
1957)
43. Herr Sleeman kommer (1957) (TV)
44. Sjunde inseglet, Det (El séptimo
sello. 1957)
45. Sommarnattens leende (Sonrisas de
una noche de verano. 1955)
46. Kvinnodröm (Sueños. 1955)
47. Lektion i kärlek, En (Una lección de
amor. 1954)
48. Gycklarnas afton (Noche de circo.
1953)
49. Sommaren med
Monika (Un verano con Mónica. 1953)
50. Kvinnors väntan (La espera de las
mujeres. 1952)
51. Sommarlek (Juegos de verano. 1951)
52. Sånt händer inte här (1950)
53. Till glädje (Hacia la alegría. 1950)
54. Törst (La sed. 1949)
55. Fängelse (Prisión. 1949)
56. Hamnstad (Una mujer libre. 1948)
57. Musik i mörker (Noche eterna. 1948)
58. Skepp till Indialand (Barco a la
India. 1947)
59. Det regnar på vår kärlek (Llueve
sobre nuestro amor. 1946)
60. Kris (Crisis. 1946)