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Una tipología estructural
Metaficción y vida cotidiana
La metaficción es un campo de estudio
poco explorado en nuestra lengua. La ficción acerca de la ficción, que
incluye no sólo los cuentos acerca del cuento o las películas acerca del
cine, sino las formas de experimentación con el lenguaje mismo de la
ficción, se encuentra en las raíces de la misma tradición moderna.
La metaficción, entonces, puede ser
entendida como un conjunto de estrategias retóricas cuya finalidad
estética consiste en poner en evidencia las condiciones de posibilidad de
toda ficción, es decir, de toda construcción de sentido y de toda
textualidad como articulación de signos en un contexto cualquiera.
La reflexión semiótica que implica la
existencia de la metaficción es parte substancial de todo proceso
retórico, es decir, de todo proceso de comunicación. Sólo quien es capaz
de reflexionar sobre su propio uso del lenguaje es capaz de comunicarse
efectivamente. De ahí que la metaficción constituya un recurso retórico
que sólo por un error de astigmatismo epistemológico ha sido considerado
como una estrategia excepcional de comunicación. De hecho, podría pensarse
que la metaficción es la condición sine qua non de la misma comunicación,
pues sin su existencia sería impensable la confirmación o transformación
de las convenciones del lenguaje.
La importancia del estudio de la
metaficción, entonces, rebasa con mucho el terreno de la narativa, y se
inscribe en la vida cotidiana, en la medida en que toda verdad es una
ficción. Por esta misma razón, la comunicación social está apoyada, cada
día de manera más explícita, en una lógica reflexiva. Esto es lo que ahora
se ha empezado a estudiar bajo el nombre de meta-pop, que no es otra cosa
sino la presencia de la auto-referencialidad en la cultura de masas.
Cuando todos los procesos y productos de
la comunicación social están sometidos a esta lógica, nos encontramos ante
un fenómeno nuevo: la redefinción constante de la cotidianidad a partir de
una reflexión sobre sus condiciones de posibilidad.
Limitaciones de las tipologías
existentes
La metaficción ha sido estudiada, en
general, en tres áreas principales: narrativa literaria, narrativa
cinematográfica y lenguaje ordinario. Sin embargo, raramente han sido
señaladas las similitudes entre las formas de metaficción de naturaleza
literaria y las de naturaleza audiovisual. En este trabajo los ejemplos
que presento son casi exclusivamente cinematográficos, con el fin de
mostrar la presencia cotidiana de una de las más populares formas de
metaficción. Sin embargo, los mecanismos señalados pueden ser reconocidos
con igual frecuencia en la narrativa literaria y en el lenguaje ordinario.
La mayor parte de la crítica acerca de la
metaficción (en cine y en literatura) ha sido producida en el contexto
europeo y norteamericano, y al margen de la retórica o de la teoría del
cine. Casi todos estos materiales concluyen proponiendo modelos
tipológicos, a pesar de que originalmente forman parte de una tradición de
reflexión acerca de la naturaleza de la ficción y del lenguaje en general.
Para mostrar este hecho es suficiente estudiar los estudios canónicos de
Linda Hutcheon, Jean Ricardou, Lucien Dällenbach, Gérard Genette, Sarah
Lauzen, Jaime Rodríguez y Robert Stam, entre otros.
Esta situación parece ser parte
substancial de los estudios sobre metaficción, de acuerdo con la idea de
que "(.) no theory of metafiction can be produced, only consequences for
literary theory" ("no es posible producir una teoría de la metaficción,
tan sólo consecuencias para la teoría literaria") (Linda Hutcheon 1980,
155) .
Sin embargo, las tipologías existentes
tienen varias limitaciones, que señalo a continuación:
a) Incluyen la totalidad de una película
o una novela en una sola categoría, y por lo tanto no consideran los
múltiples mecanismos metaficcionales que están presentes de manera
simultánea;
b) por lo tanto, las categorías
propuestas en ellas no son muy útiles al enfrentarse al análisis de
películas o textos narrativos específicos, lo cual permitiría distinguir
lo que les da su especificidad particular;
c) por otra parte, no incluyen las muy
interesante formas de metaficción producidas fuera de Europa y los Estados
Unidos;
d) estas taxonomías no consideran la
naturaleza de la metaficción corta y ultracorta
e) tampoco consideran el análisis de la
metaficción cinematográfica
En este trabajo sólo me centraré en este
último punto, ya que una discusión sobre el resto de los problemas
señalados ocuparía un espacio mucho mayor.
Un ejemplo de las limitaciones señaladas
se encuentra precisamente en la definición que ofrece Linda Hutcheon de
metaficción posmoderna, ya que de manera deliberada se deriva de la
lectura de novelas europeas, norteamericanas y canadienses. Cuando ella
define a la metaficción posmoderna como historiográfica es necesario
observar los numerosos ejemplos de metaficción en el cine hispanoamericano
o leer los cientos de cuentos metaficcionales producidos en Hispanoamérica
a lo largo del siglo XX para comprobar que no existe un solo ejemplo de
metaficción historiográfica en ninguno de estos géneros (con tan sólo una
o dos excepciones). Aunque Hutcheon engloba a los casos de metaficción
hispanoamericana bajo el nombre de narrativa barroca, esa denominación no
resuelve el problema conceptual que su mera existencia pone en juego.
La discusión acerca de la naturaleza de
la metaficción posmoderna en Hispanoamérica y en el resto del mundo, así
como la discusión sobre las demás limitaciones de las tipologías
existentes, derivadas de esta limitación, es tema de otros trabajos (L.Zavala
1998a; 1998b; 1998c). A continuación me centraré únicamente en la
propuesta de una tipología que no surja únicamente de la lectura de los
materiales estudiados, sino que parta de un modelo más general, lo cual
permite que pueda ser extrapolado a otros contextos de análisis, como la
vida cotidiana o el lenguaje ordinario.
En otras palabras, en lo que sigue
presento una tipología que podría ser considerada como una meta-tipología,
en la medida en que puede ser utilizada para agrupar las categorías
propuestas por las tipologías ya existentes en dos grandes estrategias
retóricas, así como en su respectiva yuxtaposición para el caso de la
puesta en abismo.
Esta tipología propone que hay tres
clases de estrategias metaficcionales en el cine, derivadas del modelo
estructural de Roman Jakobson:
a) Metonímicas: consistentes en el empleo
de diversos procesos de iteración con diferencia
b) Metafóricas: consistentes en el empleo
de diversos procesos de interpretación subtextual
c) Puesta en abismo, en cuyo caso se
yuxtaponen diversas estrategias metafóricas y
metonímicas en función de una auto-referencialidad
tematizada
En lo que sigue presento la argumentación
que justifica esta meta-tipología, y muestro cómo, por su naturaleza
igualmente tipológica, no escapa a las limitaciones de todo modelo
descriptivo.
La falacia de las tipologías
tautológicas
La mayor parte de los estudios de
carácter general realizados hasta la fecha sobre la metaficción en cine y
literatura, en lugar de proponer modelos de análisis han propuesto modelos
de carácter tipológico. Estos modelos aparentemente son muy útiles en
términos generales, pues permiten reconocer los diversos tipos de textos
metaficcionales. Sin embargo, es necesario contar con modelos de carácter
más preciso, en los que se señale la existencia de diversas estrategias
metaficcionales. La utilidad que podrían tener estos modelos resulta
evidente al observar que en un mismo texto o en una misma película
coexisten diversos mecanismos metaficcionales.
En otras palabras, en lugar de una
tipología externa, que permita clasificar los textos en tipos, lo que se
requiere son modelos de análisis que permitan realizar análisis de textos
específicos. Un modelo con estas características consiste, precisamente,
en el diseño de una tipología interna, no de los tipos de textos
metaficcionales, sino de los recursos retóricos puestos en juego en cada
texto particular.
La tipología externa más conocida es la
propuesta por Linda Hutcheon, quien ha señalado la distinción entre la
metaficción tematizada (explícita) y la metaficción actualizada
(implícita), además de establecer una importante distinción entre la
metaficción diegética y la metaficción lingüística.
Esta doble distinción es fundamental para
reconocer que no solamente aquellos textos cuyo tema es la ficción pueden
ser considerados como metaficcionales, sino que, en general, toda
experimentación con las convenciones literarias puede ser considerada como
un ejercicio metaficcional.
Pero más allá de su enorme poder de
seducción, esta tipología conlleva un doble riesgo conceptual.
Por una parte, este modelo taxonómico
permite pensar que toda ficción literaria puede ser considerada como
metaficcional, en la medida en que, por su naturaleza creativa, todo texto
narrativo necesariamente trasciende las convenciones lingüísticas,
genéricas, ideológicas o incluso lógicas en las que sin embargo se apoya
para poner en juego la posibilidad de construir un espacio narrativo. Me
refiero aquí al conjunto de presupuestos formales y referenciales que
hacen posible lograr el balance entre las dimensiones descriptiva y
prescriptiva, balance que permite distinguir a cualquier discurso
narrativo de otros géneros del discurso (Paul Ricoeur 1996). Esto último
significa que, llevado a sus últimas consecuencias, el principio
taxonómico de este modelo pragmático legitima la idea de que toda ficción
es metaficcional, sabiendo leer entre líneas los rastros de su naturaleza
inevitablemente intertextual. Pero en el momento en el que una distinción
lleva a la disolución de cualquier diferencia, el principio mismo de la
tipología desaparece, y la lógica de la distinción tipológica deja de
tener sentido. Esto es lo que llamo la falacia tautológica.
El otro riesgo derivado de esta tipología
consiste, como ocurre con las tipologías internas (es decir, centradas en
el reconocimiento de los elementos propios del género discursivo al que
pertenecen), en que su utilidad termina siendo únicamente descriptiva. La
mera clasificación de un texto como perteneciente a una u otra forma de
metaficción no es suficiente para reconocer su especificidad textual, lo
cual es o debería ser, en última instancia, el objetivo de todo análisis
lingüístico, literario o cinematográfico.
Por otra parte, estas mismas tipologías
internas (entre las que destaca por su exhaustividad la de Sarah Lauzen)
están centradas en el reconocimiento de las estrategias retóricas de
exageración, reducción, excentricidad o auto-conciencia explícita de
trama, personaje, ambiente, tema, estructura, lenguaje o medio. Esta
taxonomía tiene la limitación de permitir efectuar únicamente un
reconocimiento de la estrategia retórica a la que se ven sometidos cada
uno de estos elementos, es decir, estrategias tales como la exacerbación,
la disminución, la eliminación, la sustitución o la multiplicación. Sin
embargo, con el empleo de esta clase de tipologías no se llega a dar
cuenta de la articulación que existe inevitablemente entre todos estos
elementos durante la lectura del texto ni se llega a mostrar en qué
consiste la especifidad estética de cada texto literaio o cinematográfico.
Esto es lo que llamo la falacia descriptiva.
Cómo construir un modelo meta-tipológico
En este trabajo propongo lo que podría
ser considerado como una meta-tipología, pues a partir de ella sería
posible agrupar diversas categorías señaladas en las taxonomías
existentes. Sin embargo, es necesario señalar que ninguna tipología puede
escapar, por su propia naturaleza, de la falacia descriptiva y de la
falacia tautológica.
La lógica de este modelo es la del doble
eje de combinación y sustitución desarrollado en su momento por Roman
Jakobson. A partir de esta lógica sería posible proponer la existencia de
dos tipos básicos de estrategias metaficcionales en cine y literatura:
estrategias metonímicas y estrategias metafóricas de reflexividad y auto-referencialidad.
En este modelo trataré únicamente aquellas formas de metaficción
tematizada y explícita, pues ello evita las confusiones a las que lleva la
disolución de las fronteras entre ficción y metaficción.
Por otra parte, la puesta en abismo que
caracteriza a los textos que tematizan y convierten en objeto de la trama
narrativa precisamente la creación del texto que se está produciendo,
constituye un tercer tipo de metaficción, en la que simultáneamente se
superponen elementos metonímicos y metafóricos, y por lo tanto constituye
un caso especial de metaficción.
Metaficción metonímica:
una retórica del fragmento y la
combinación
La retórica del fragmento y la
combinación es, precisamente, la retórica del montaje cinematográfico.
Esta lógica se apoya en los mecanismo de autotextualidad, es decir, de la
iteración de fragmentos en el interior de la narración. Esto produce un
mecanismo de enmarcación (framing), donde un fragmento de la narración
permite explicar la totalidad en función de su relación con otros
fragmentos del relato.
A partir de las estrategias metonímicas
el espectador reconstruye la posible articulación entre totalidad y
fragmento. Y de ahí deriva la lógica misma del análisis, propiciada por la
estructura de la narración. Estos mecanismos se apoyan en el principio de
la iteración, es decir, de la repetición con diferencia. Un estudio más
general de estos mecanismos en la cultura posmoderna se puede encontrar en
los trabajos de Umberto Eco, Gilles Deleuze, Omar Calabrese y Gérard
Gennette, entre muchos otros estudiosos de la intertextualidad itinerante.
Los principales mecanismos
metaficcionales de naturaleza metonímica son los siguientes:
Iteración circular (Final como Inicio).
Esta es la narrativa que se narra a sí misma (self-begetting narrative).
El caso más carácterístico es el de la historia que concluye en el momento
cuando el protagonsita decide que va a narrar la historia que acaba de ser
contada, como es el caso de A la recherche du temps perdu (En busca del
tiempo perdido) de Marcel Proust o Amator (El aficionado) de Krysztof Kieslowski.
Al concluir la historia el lector descubre que lo que se ha narrado es la
historia de la transformación del protagonista en el narrador de la
historia, de la cual ha sido simultáneamente un testigo privilegiado.
Iteración diferida (Reciclaje de Nudos).
Esta narración está construida como una constante repetición diferida de
acontecimientos, donde cada repetición crea una diferencia, pues emplaza a
un contexto distinto. Este es el caso de India Song de Marguerite Duras;
L'Anne Derniere en Marienbad (El año pasado en Marienbad) o L'Homme Qui
Ment (El hombre que miente) de Alain Robbe-Grillet. En todos estos casos
el espectador recibe numerosas versiones contradictorias y fragmentarias
de una historia que a su vez es muchas historias, parcialmente imaginadas,
soñadas, inventadas o simplemente inexistentes
Iteración con variantes (Re-Enmarcación).
Aquí el enmarcamiento es repetitivo (reframing) a partir de un modelo
inicial. Esta es la función que cumplen las imágenes fijas en forma de
postal con colores alterados que aparecen como capitulares al inicio de
cada sección de Contra las Olas.
Iteración narrativa (Narrador Explícito).
En este caso existe un narrador frenete a la cámara, de naturaleza externa
a la diégesis. Se trata de un observador de la acción, que conoce el final
del relato epifánico y cuya función consiste en establecer una especie de
suspenso y un ritmo regular al relato, de tal manera que el espectador
puede tomar cierta distancia antes de la revelación conclusiva. Este es el
caso de la vecina en La Femme d'a Côte (La mujer de al lado) de Francois
Truffaut; de la voz en off del narrador ya muerto en Sunset Boulevard, y
de la cámara misma en Citizen Kane.
Metaficción metafórica:
una retórica de la selección y la
sustitución
La lógica de la selección y de la
sustitución es, en esencia, la lógica de la intertextualidad. Por esta
razón se puede afirmar que toda forma de metaficción puede formar parte de
una estrategia intertextual. En lugar de enmarcación, los mecanismos de
selección y sustitución se apoyan en la lógica de las epifanías, es decir,
de la revelación de alguna verdad narrativa frente a la cual el lector o
espectador se encuentra inerme, a diposición de la instancia narrativa.
Condiciones Detrás de la Cámara
(Distanciamiento Brechtiano). Este es el mecanismo retórico más
característico de la narrativa moderna. Lo que aquí está en juego es una
ruptura de las reglas de verosimilitud. La cámara en Zoot Suit (Fiebre
Latina) constantemente muestra las escenografías del relato, y sin corte
directo pasa de una a otra. Esto mismo ocurre en la secuencia inicial de
Tout une Vie (Toda una Vida) de Claude Lelouch, donde se muestra el
momento en el que una mujer pasea por la plaza pública y se congela esa
imagen para mostrarla en la cabecera de la cama de la misma mujer en el
momento de dar a luz el hijo del fotógrafo. O la secuencia final de E la
Nave Va (Y la nave va) de Federico Fellini, donde se muestra que las olas
que hemos visto durante el hundimiento del Titanic son parte de una
escenografía montada ex professo.
Historia Detrás del Personaje (Epifanía
del Rol). En este caso el actor sale de su personaje y se dirige
directamente al espectador, interpelándolo precisamente en su calidad de
espectador. Esto ocurre durante un momento en A Bout de Souffle (Sin
Aliento) cuando el personaje de Jean Paul Belmondo se dirige a nosotros
para comentar acerca del personaje de Jean Seberg, que está conduciendo el
auto recién robado por él: "¿No les dije que ella es adorable?" Y ocurre
constantemente en Tout Va Bien (Todo va bien), Sympathy for the Devil
(Simpatía por el diablo) y Prénom: Carmen (Carmen), todas ellas de Jean-Luc
Godard.
Autor Detrás del Narrador (Narrador
Ultimo). El director o el autor del texto narrativo se presenta en algún
momento detrás de la cámara, rompiendo la frontera de la cuarta pared.
Este es el caso de Interview (La entrevista) de Federico Fellini.
Ficción Detrás de la Realidad
(Metalepsis). La metalepsis es la yuxtaposición del plano ficcional y el
plano referencial, como otro mecanismo de disolución de fronteras
ficcionales. Este es el caso más frecuente de metaficción en el cine
contemporáneo, y generalmente tiene un carácter muy irónico frente a las
convenciones genológicas. El caso paradigmático es The Purple Rose of
Cairo (La rosa púrpura del Cairo) de Woody Allen. Otros ejemplos
importantes son Last Action Hero (El último gran héroe) de John McTiernan
(donde el actor Arnold Schwarzenegger constantemente se parodia a sí mismo
hasta el límite de la hipérbole); Gremlins 2, donde los mismos gremlins
intervienen en la sala de proyección, haciendo creer que se ha quemado la
película que el espectador está viendo; Roger Rabbit y Cool World, donde
se yuxtaponen seres animados y seres humanos, dibujos pertenecientes a
distintas compañías de animación, géneros narrativos clásicos como el
policiaco y el western, etc. El caso más interesante, todavía en el cine
mudo, es el de Sherlock Jr. de Buster Keaton, las parodias de Mel Brooks a
los géneros clásicos, y los juegos irónicos del grupo Monthy Python, donde
el protagonista sale de la pantalla para encontrarse con los espectadores
y con personajes de las películas que se están filmando en otras salas de
rodaje.
En todos estas estrategias
metaficcionalesd resulta claro que constantemente creamos ficciones para
dar sentido a la realidad. Y estas estrategiasias ponen en evidencia este
hecho, en el que se apoya la suspensión de incredulidad.
La puesta en abismo como apuesta total
Existe un mecanismo de reflexividad que
permite yuxtaponer las estrategias metafóricas y metonímicas, y consiste
en la narración que tiene como objeto último su propia existencia. Este es
el caso de 8½ de Federico Fellini o el documental Chronique d'un eté
(Crónica de un verano) de Jean Rouch.
Observaciones conclusivas
Todos estos mecanismos reflexivos son
parte de un modelo que no necesariamente tiene una interpretación única.
La tipología presentada aquí permite establecer el análisis de textos
concretos y reconocer su especificidad. Sin embargo, es posible retomar en
este contexto la falacia tautológica, pues todo texto ficcional puede ser
leído como metaficcional, y su reconocimiento como tal depende de la
itinerancia de las interpretaciones, es decir, de la perspectiva de
interpretación adoptada por el lector.
Esto es así porque la distinción entre
ficción y metaficción depende de un sistema de convenciones de lectura que
pueden ser puestas en evidencia precisamente debido a la naturaleza
reflexiva de los textos metaficcionales.
Queda por ser elaborado, entonces, un
sistema de análisis que escape de la falacia tautológica y de la falacia
descriptiva, y que permita elaborar análisis de textos metaficcionales en
los que se haga justicia a su naturaleza paradójica, pues en todo texto
metaficcional coexisten las dimensiones de la ficción y la anti-ficción.
Pero eso será objeto de otro trabajo.
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