La Importancia de la Caracterización en
el Cine De Terror
A lo largo de todos los artículos
anteriores he analizado los maquillajes aplicados para crear personajes de
terror y su evolución a lo largo de varias décadas. La evolución en la
caracterización de estos personajes que han poblado siempre las películas
de terror se debe a dos factores concretos: por un lado, la época en la
que se enmarca la realización del film (muy importante como creadora de
pautas y estilos); y por otro lado, la visión del propio director, como
generador de un enfoque distinto.
Como
todos sabemos, el cine de terror surgió a comienzos de los años treinta
influenciado por el cine expresionista alemán y también debido a unos
cambios sociales y
económicos como consecuencia de la depresión americana.
La influencia ejercida por la estética expresionista de los años veinte ha
sido decisiva para el buen desarrollo de este género cinematográfico. El
expresionismo inundaba las pantallas cinematográficas de asesinos,
vampiros, locos, monstruos, etc. Y el espectador asistía a la
contemplación de una imagen distorsionada de la realidad, en la que los
decorados, maquillajes e iluminación tuvieron como consecuencia que la
ambientación de estas películas fantasmagóricas se basara en el
expresionismo.
Es por ello que el cine fantaterrorífico
norteamericano se benefició enormemente de la “importación” de los
talentos del cine alemán, sobretodo de aquellos vinculados al cine
expresionista. El cine expresionista que se había iniciado en los años
veinte en Alemania influyó en la estética cinematográfica americana, de
tal modo, que comenzaron a proliferar las películas en las cuales el papel
protagonista no está interpretado por el galán de turno, sino por una
serie de monstruos salidos de la literatura clásica o bien, de la mente de
los directores.
Dentro del género terrorífico, la
monstruosidad es una categoría de la anormalidad y la anormalidad, a su
vez, es un concepto de fundamentación estadística. Lo normal inquieta y
asusta, especialmente cuando se trata de la grave anormalidad que
comúnmente llamamos monstruosidad. Como ejemplo tenemos al monstruo que
creó Marie Shelley. Éste es originalmente "bueno", desde el punto de vista
psicológico y moral, pero la fealdad extrema de su anormalidad física
suscita una aversión hacia él que acaba siendo responsable de su soledad y
de sus ulteriores maldades. En rigor, el monstruo de Frankenstein se
convierte en criminal debido a su fealdad física, a su monstruosidad.
Román
Gubern y Joan Prat Carós establecen un catálogo de la monstruosidad en
razón de sus características físicas y de su origen. De este modo, por sus
características físicas se es monstruo por ser invisible (The Invisible
Man, 1933), o por ser demasiado pequeño (The devil Doll, 1936; The
Incredible Shrinking Man, 1957), o por ser demasiado grande ( King Kong,
las hormigas de Them!), o por ser mitad hombre y mitad animal ( los
diversos hombres-lobos; la mujer-pantera de The Cat People; The Fly,
1959), o por poseer poderes parapsicológicos (Carrie), etc.
1
Los monstruos del cine de terror han sido
siempre feos porque como encarnadores del mal, son antagonistas de la
belleza. Esta deformación es la base de la pérdida del rostro, como bien
apunta Aumont y recuerda una frase de Bazin a colación de la película de
Buñuel Los olvidados (1950): "los rostros más repulsivos no dejan de ser a
imagen del hombre". La deformación, por el contrario, apunta al monstruo,
al no-humano, con riesgo de tener que recurrir, a veces a un fantastique
de pacotilla para encontrarlo. 2
Los cánones que regulan la imaginería del
castillo del vampiro, del laboratorio del sabio loco, de la sala de
tortura, del uniforme de Drácula, o del maquillaje del hombre-lobo, han
sido perfectamente codificados y ritualizados por la industria del cine.
Como lo están el uso del claroscuro, de las penumbras, de los colores
lívidos para el rostro humano, o el contraste del rojo de la sangre sobre
superficies blancas (los grandes operadores del género, como Karl Freund
entre los pioneros y Floyd Crosby en la era del color, han sido los
grandes expertos y depositarios de este repertorio iconográfico)
3. Quiere esto decir que los sentimientos de
angustia, pánico, horror que se producen en el espectador no serían
posibles si no fuera por toda la puesta en escena que se necesita a la
hora de realizar este tipo de películas.
Como ya he dicho alguna vez, la
caracterización cinematográfica es fundamental para el desarrollo del cine
terrorífico. Pero la palabra caracterización en el cine es muy amplia. Por
un lado, la caracterización de personajes no se refiere únicamente a la
construcción de la apariencia física, sino que también es un proceso que
necesita de valores psicológicos para crear un personaje singular y dotado
de coherencia. Por ello, son muchas las personas que se dedican dentro del
cine a la caracterización (guionistas, peluqueros, maquilladores e incluso
se requiere la ayuda de psicólogos que puedan aportar una visión sobre el
comportamiento de los personajes). 4
Dentro de todo el equipo que trabaja en
el rodaje de una película, el equipo de maquillaje es muy importante
porque junto con el equipo de vestuario contribuyen a crear la imagen y
ayudan a recrear el ambiente preciso. Por eso, hay que cuidar muy bien el
maquillaje porque el más mínimo error puede restar credibilidad a la
imagen y no transmitir las emociones necesarias.
Barbas falsas, cabellos teñidos, sangre
artificial y maquillajes capaces de añadir o restar años según las
exigencias del guión dependen de esos técnicos de maquillaje que suelen
convertirse a menudo en los confidentes de las grandes estrellas.
Compañías
como la Universal consiguieron reunir un excelente equipo que otorgó al
cine de terror un estilo inconfundible. Músicos como Hans J. Salter y
Frank Sinner; Jack P. Pierce responsable de maquillajes tan asombrosos
como los del Hombre lobo y el monstruo de Frankenstein; John P. Fulton y
Vernon Walker como creadores de efectos especiales. Este último dirigió el
departamento de efectos especiales de la RKO en los años treinta y su
trabajo se puede reconocer en películas tan exitosas como Son of Kong
(1934), The Last Days of Pompeii (1935) o Notorius (1946).
Jack P. Pierce, la familia Westmore, Jack
Dawn, William Tuttle, e incluso Lon Chaney forjaron un arte en torno al
mundo de la caracterización, gracias a sus revolucionarias técnicas y a su
imaginación para utilizar todo tipo de utensilios y productos con la
finalidad de crear personajes que impactaran en el público. Así, todavía
hoy día, nos pueden sobrecoger todos los personajes de Lon Chaney y ese
Frankenstein que tardaba cinco horas en crearse en un laboratorio, nunca
mejor dicho.
Desde Nosferatu el vampiro (1922) y
Frankenstein (1931) no han dejado de hacerse versiones en toda la historia
del cine mundial. Basados en el texto original, cada director ha
modificado a su personaje dotándolo de características que lo hicieran en
ese momento ser “singular” frente al resto. De tal forma que esta
caracterización ha tenido su inspiración también en lo que demandaba la
sociedad en ese momento y en los cambios sociales que se gestaban. Uno de
los ejemplos más claros lo tenemos con la productora inglesa Hammer, de
los años cincuenta, que de la mano de Christopher Lee creó hasta la
saciedad variaciones de Dráculas, Fránkensteins y Hombres Lobos.
A lo largo de la historia del cine hemos
visto a Dráculas con rostro glabro, cráneo calvo, orejas picudas, manos
deformes con uñas largas, pasando por el de Bela Lugosi, responsable del
nuevo look del vampiro creado por Bram Stoker. Lugosi aparece ante la
pantalla con un frac, camisa blanca con botones de madreperla, pañuelo que
asoma por el bolsillo y con una pajarita al cuello. Además, a Lugosi le
brillan los zapatos y el pelo. Pero el que sin lugar a dudas ha conseguido
quedar totalmente identificado con Drácula en la imaginación popular fue
Christopher Lee, aunque creo que la Hammer cargó bastante las tintas en el
aspecto sexual y en esos ojos cargados de sangre. En cambio, John
Carradine le dio a su vampiro un aire de caballero del sur, que era a lo
que había estado acostumbrado a interpretar.
Así, podemos continuar hablando de las
versiones de todos estos personajes que nos han acompañado en la
cinematografía de terror. Pero, sea como fuere, con creaciones
inmejorables y otras un tanto más pésimas, estas películas no habrían sido
posibles – al menos en aquellos años en los que la animación y creación de
personajes por ordenador no era posible- sin la mano de maquilladores que
transformaban a una persona en el animal más horrible nunca visto Por todo
ello, en mi opinión, creo que para analizar los personajes de las
películas debe tenerse en cuenta no sólo la psicología, cómo viven, qué
dicen, etc., sino también cómo se muestran físicamente al espectador. Esto
es así, ya que el primer conocimiento que tiene el espectador de un
personaje es a través de su apariencia física. Y ya sabemos por
experiencia que los espectadores son capaces de reconocer la maldad o
bondad de un personaje, e incluso saber si desempeña un papel relevante
tan sólo por su aspecto. En el próximo artículo haré una reseña de los más
destacados maquilladores del cine clásico que con su labor contribuyeron
al éxito de este tipo de cine y a que muchos actores fueran recordados
para siempre por los personajes que encarnaron
1 GUBERN, R. Y PRAT CARÓS, J., Las raíces
del miedo. Barcelona, 1978, Ed Lumen, p. 39
2 AUMONT, J. El rostro en el cine. Barcelona, 1998.Ed. Paidos Comunicación
Cine, p. 157
3 Las raíces del miedo, p. 32
4 Para más información, consultar el libro de Linda Seger: Cómo crear
personajes inolvidables. Barcelona, 2000. Ed. Paidós Comunicación
|