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José Rojas
Bez - Nos gustaría llegar a compartir con todos el
triunfo de una visión más rica y, a la vez, precisa del cine o, al menos,
de algunos aspectos esenciales suyos relacionados con sus actuales modos
de ser y de manifestarse, luego de un devenir ya secular.
Y, con el ánimo de contribuir a dicha superación, invitamos a reflexionar
sobre verdaderos problemas del cine, entre los que daríamos prioridad
ahora a:
1. El propio concepto de "cine"
2. El cine como relativa síntesis de las artes, y
3. La relación cine—vídeo.
Y nos arriesgaríamos aquí, con tan breve
espacio, a una reflexión al respecto ya que nuestras apretadas síntesis
pudieran valer como premisas para concepciones maduras y actualizadas
sobre el cine (aun cuando no se asumiesen como conclusiones) y, en segundo
lugar, porque responden a una serie de reflexiones y publicaciones ya
hechas a lo largo de años en diferentes ámbitos artísticos, investigativos
y docentes.
Así, lejos de temer, nos entusiasma adentrarnos en las referidas
cuestiones esenciales
I. EN BUSCA DE UNA DEFINICIÓN ACTUALIZADA DE "CINE"
De inicio, acogemos gustosos las tendencias que niegan —sobre todo luego
de muchos intentos como los de G. della Volpe para deslindarlos con
exactitud, y los de U. Eco y E. Garroni para rechazarlos— la existencia de "específicos" del cine (lo mismo que de
las demás artes y espectáculos), en el sentido de que existan o no
determinados elementos "lingüísticos" o "semióticos" que sean sólo del
cine y figuren en todo filme, renuentes a la hibridación con otros
elementos, y al margen de la evolución y las asunciones institucionales de
este arte.
Cualquier hipotético "específico", como cualquier definición o concepción
fundamental de un arte, evolucionará según las experiencias de dicho arte,
de sus prácticas y asunciones institucionales y de su interrelación con
las demás.
Todo "específico" será siempre específico "para" ese momento
sociocultural, grupo, recepción y función; y todo supuesto "específico
semiótico" de un arte es susceptible de aparecer en otro arte o de
mezclarse con él
No por ello dejará de existir lo específico "temporal", relativo o
"funcional" en correspondencia con una manifestación, una operación
creativo—receptiva y una función social definida.
Si no es posible hablar de la existencia de "específicos" absolutos,
tampoco se puede afirmar la absoluta inexistencia de especificidades.
Cualesquiera que fuesen las aspiraciones y tendencias presentes, no puede
postularse de ningún modo la existencia de una sola arte, integrada y
única, sino la diversidad de artes, de sus manifestaciones y de sus
recepciones públicas.
Así como el color naranja, no anula las particularidades del rojo y el
amarillo, por muy relativas o indefinidas que permaneciesen sus
"fronteras"; la pintura y la escultura, por ejemplo, no son absolutamente
iguales o, al menos resultan claramente diferenciables en la mayoría de
los casos, aunque las mezclas, hibridaciones y negaciones de límites sean
frecuentes, válidas y admirables.
En síntesis, no somos partidarios de la vieja búsqueda de especificidades
puras, exclusivas o absolutas basadas en semas, estructuras y otras
unidades; pero sí lo somos de una definición "estética"
actualizadora de "cine", con un valor lógico y metodológico lo
suficientemente amplio para no limitarnos al punto de vista (y su
correspondiente análisis) de una sola disciplina y tendencia (semiótica,
hermenéutica, psicoanálisis, etc.) sino para posibilitar los múltiples
enfoques y aproximaciones, y acoger la existencia de híbridos y
experiencias limítrofes.
Adoptando esas premisas, entre otras, llegamos a una redefinición
actualizadora del cine, que lo concibe como "arte (espectáculo)
de la sucesión coherente de imágenes (hoy día
audiovisuales) recreadas (proyectadas, transmitidas...)
en una superficie a partir de una matriz".
Y para aquilatar bien la definición propuesta, valga el recurso de
oponerla a otra, a aquella primitiva y burda del cine como "arte de las
imágenes en movimiento", tan pobre en calificaciones, o sea, tan extensa
que, sin desearlo, incluye al teatro, al ballet y al cine, además de otras
manifestaciones: ¿acaso el ballet, el teatro y la pantomima, no se
conforman también por mediación de, y no nos proporcionan, en fin de
cuentas, "imágenes en movimiento"?
Así, resulta imprescindible que, junto a otras calificaciones, hagamos
referencia a la índole "matricial" del cine —a sus
matrices—, sobre lo que volveremos luego.
Como segunda precisión, negamos los términos "en movimiento", valiéndonos
de otros que sin rechazar del todo el "movimiento" enriquece dicho
concepto, incorporándolo en una genuina negación dialéctica. Hablamos de "sucesión
orgánica (o coherente) de imágenes" pues, a lo largo de la
historia del cine, resaltan "movimientos" de imágenes mucho más sutiles,
eficaces y ricos que el simplemente sensorial, que una basta imitación o
reproducción visual de desplazamientos corporales.
Existen, por ejemplo, sucesiones coherentes de imágenes (o fotos) fijas,
siguiendo la inspiración de los fotomontajes, o de los "comics" y
fotonovelas; como en esa creativa línea que va desde la secuencia de los
leones en la escalinata de Potemkin, de Eisenstein, hasta
La Jetée, de C. Marker, sin olvidar Now,
de S. Álvarez.
Incluso hay momentos con la pantalla en negro, como en El camino
de la esperanza, el clásico filme de Pietro Germi, en cuyo inicio
se nos ofrecen varios segundos con la pantalla oscura, en consonancia con
el descenso de una cámara "subjetiva" hacia las entrañas de una mina; y
como en el final de El sabor de las cerezas, de Abbas
Kiarostami, con insustituibles efectos expresivos. Y escenas con simples
sucesiones de luces, como en la serie de filmes vanguardistas y
abstraccionistas tan abundantes en las décadas de los 60 y los 70.
Se trata de una praxis fílmica tan asimilada ya por
realizadores y públicos, tan "naturalizada" que aparece aun —desbordando
el reino de las paradojas aparentes— en filmes de género tan "movido" como
el musical. Así ocurre en Varietés, de J. A. Bardem, en
cuyo inicio Sara Montiel narra y reflexiona en off sobre
una sucesión de imágenes fijas.
Por supuesto, no nos oponemos a la terminología de "imagen en movimiento"
siempre que entendamos "movimiento" en ese sentido más amplio, sutil e
intelectual; aunque nosotros seguimos prefiriendo la de "sucesión
coherente".
En tercer lugar, creemos necesario subrayar el moderno perfil
audiovisual, incluso a sabiendas de que existe el cine "mudo" o
"silente" y una definición o concepción cabal del cine no puede olvidarlo.
Ahora bien, quizás parezca un juego lógico, pero nunca hubo cine del todo
"silente" —sin diálogos, música ni ruidos. Y díganlo los pianistas
acompañantes, los locutores o narradores en las proyecciones, y los
primigenios intentos de sonorización, desde Edison, con sus fonógrafos
acoplados ya en 1895, y Gaumont, con su chronophone del 1903.
El cine fue siempre pensado o proyectado como "sonoro". Como dijo el poeta
y cineasta R. Desnos: "Uno de mis amigos me hacía notar cuán espantoso
deviene un filme en una sala silenciosa y, de hecho, el cine no es mudo;
sino que es el espectador el sordo."
Además, y aunque parezca otro juego lógico o de palabra, pudiésemos
concebir aquella etapa como la "gestación" de un arte, y no como su
plenitud ni su cabal "nacimiento" aún.
Nunca hubo “específico” más falso que el del “icono mudo” tratado de
perpetuar y consagrar en el cine; ni batalla más perdida que la de quienes
se opusieron al sonido (en rigor: palabras, diálogos; pues la música, los
ruidos de fondo y otros sonidos jamás hallaron
oposición) en el cine.
En su historia, su devenir, su desarrollo, el cine se fue consagrado como
arte audiovisual, independientemente de que tampoco podamos asumir la "audiovisualidad"
de modo absoluto negando tajantemente las posibles y muy raras (más bien
experimentales) manifestaciones no sonoras de hoy.
Y llegamos a la otra arista medular para nuestra redefinición, a la
"recreación sobre una superficie", pues el cine se destaca por su creación
("recreación") de imágenes en una superficie; no por crear objetos (como
la escultura y la arquitectura), ni por un espacio concretamente escénico
(como el teatro, el ballet y demás manifestaciones de los escenarios
propiamente dichos).
Creación de imágenes, a partir de una matriz, en una superficie. Mas, ¿qué
superficie?
En sus orígenes, una pared o un telón. Hoy, se suman la pantalla
fluorescente y otras análogas. También en la televisión y en el monitor de
vídeo disfrutamos filmes, ¿verdad?
Con el cine nos hallamos ante imágenes en una superficie de muy diversa
materia y tamaño, y logradas mediante proyección, transmisión u otro
procedimiento: en síntesis, "recreación en una superficie".
Paso a paso, hemos llegado al momento de resumir y desglosar nuestra
concepción actualizada del cine, el "arte de la sucesión coherente
de imágenes (hoy día generalmente audiovisuales)
recreadas (mediante proyección, transmisión u otro recurso
análogo) en una superficie a partir de una matriz".
Definición que implica estos aspectos:
1. Una sucesión coherente de imágenes
2. comúnmente audiovisuales (pero en su sentido más amplio, pudiendo
implicar o incluso circunscribirse a las imágenes “fijas” en sucesión
coherente, organizadas mediante un relato, o un proceso mental, o
emocional o simplemente sonoro, o todo ello a la vez).
3. recreadas (mediante proyección, transmisión, etc.) en una superficie
4. a partir de una matriz.
Definición que rehuye los específicos "lingüísticos" o "semióticos"
estrechos o petrificados, y que no se contradice con las experiencias
híbridas y totalizadoras, a la vez que asimila conjunciones (la plástica
en el cine, la música en el cine, lo "teatral" en el cine y, a la inversa,
el cine en el escenario teatral, el influjo cinematográfico en la
narrativa literaria, etcétera); definición que, sin dejar tampoco de
defender los relativos límites operacionales y definitorios, se mueve en
un plano estético de moderada amplitud: ni demasiado general, amplia o
vaga, ni demasiado estrecha, de manera que admite visiones, análisis y
precisiones de diversas disciplinas (semiótica, hermenéutica,
psicoanálisis, etcétera)
A ello volveremos luego, en busca de mayores precisiones
II. EL CINE: ¿SÍNTESIS DE LAS ARTES?
Casi desde los mismos orígenes del cine y al menos desde las primeras
reflexiones coherentes sobre esta manifestación, es decir, desde aquellos
tiempos del "Manifiesto de las artes" de Riccioto Canudo,
se fue constituyendo la tradición de considerar al cine como una especie
de "síntesis de las artes".
Cuando tal idea surgió, aún predominaban las concepciones más clásicas
sobre las artes y, de modo más o menos esquemático, la pintura era pintura
(sólo y puramente pintura), el teatro era sólo y puramente teatro, ... y
todo lo demás eran "híbridos" o combinaciones.
Al superarse dichos puntos de vista, a medida que las experiencias
estéticas se fueron enriqueciendo; no ha dejado de contemplarse en cierta
medida al cine como manifestación capaz de sintetizar signos, estructuras,
recursos y experiencias de las diversas artes; lo cual queda evidenciado
en su uso del espacio y el tiempo, de la visualidad y el sonido, de las
experiencias dramatúrgicas, entre otros factores; amén de que, a la
inversa, muchas artes pueden valerse del cine como recurso.
En efecto, no podemos negarle al cine un cierto rol o cariz sintético
respecto a determinadas propiedades y recursos de las manifestaciones
artísticas que le precedieron. Ahora bien, el cine no es el único ni el
primer arte con personalidad sintetizante: he ahí, por ejemplo, al teatro
y la ópera, nacidos mucho antes que él. Resulta ineludible admitir la
capacidad del cine para valerse a la vez de la imagen plástica y de la
imagen sonora ("incorporadas" en su imágenes audiovisuales), de los
recursos escénicos y los factores espaciales y temporales más generales.
En muchos casos con menos limitaciones que las demás artes.
Pero, sólo en cierto sentido. Rigurosamente hablando, el cine no puede
asumir todas las propiedades y recursos artísticos ni sustituir cabalmente
a ninguna de las artes, sobre todo en lo relativo a las diversas
recepciones e institucionalizaciones de cada una de éstas.
El cine es una relativa síntesis desde el punto de vista de ciertos
elementos semióticos, estructurales y técnico—artísticos; pero es un arte
(y espectáculo) diferenciado y limitado desde otros ángulos, especialmente
en los sociales, como los de la recepción, las instituciones y lo
socioeconómico. Ello significa, por ejemplo, que el cine utiliza elementos
y valores visuales o plásticos, como la pintura y demás artes plásticas;
pero sus imágenes y propiedades visuales (en verdad "audiovisuales") jamás
serán recepcionadas igual que si nos hallásemos ante un óleo o una
escultura. Asimismo, que e cine utiliza el sonido (como la música, la
poesía, el teatro...); pero sus imágenes "sonoras" (en realidad nunca sólo
"sonoras", sino "audiovisuales") jamás serán recepcionadas del mismo modo
que en dichas artes.
Incluso, al compararlo con las artes más "próximas" a él, como el teatro y
las demás manifestaciones escénicas, nunca nos será lícito olvidar no sólo
sus diferencias técnico—artísticas sino tampoco las particularidades de
sus recepciones respectivas.
Esto nos ayuda a explicarnos por qué el cine no ha sustituido
completamente ni eliminado a ninguna de las artes. Cada una tiene sus
"especificidades", sus instituciones y recepciones, aunque relativas y
cambiantes. Explicación que, claro, no se identifica con defensas ni, por
el contrario, con ataques "purezas" ni a "hibridaciones" artísticas. Ese
es otro problema, que ya antes esbozamos. Independientemente de que se
rechace o se propugne el uso de filmaciones en el escenario o de recursos
teatrales en el cine; de poemas o elevada dialogicidad en el cine, etc.;
siempre habrá aspectos en los que el arte cinematográfico funcione a
manera de síntesis de las demás artes, y otros en que no lo logre. Tal es
la lección de los 100 años transcurridos desde 1895 hasta hoy y, por lo
que podemos conjeturar, la del futuro.
III. LA RELACIÓN CINE—VÍDEO
Uno de los problemas estéticos más controvertidos en los dos últimos
decenios, ha sido el de las relaciones entre el cine y el vídeo.
Se han buscado respuestas a muy diversas cuestiones desde el orden
estético hasta el económico: ¿son el cine y el vídeo un
mismo lenguaje y arte?, ¿qué aportan las técnicas del vídeo
al arte cinematográfico?, ¿supone el vídeo un
enriquecimiento o un abaratamiento del cine y del gusto o los hábitos
receptivos del público general?
Cuando, al inicio de estas páginas, reflexionábamos sobre una definición
actualizada de "cine" y, luego, sobre el relativo carácter sintético de
este arte; no dejábamos de tener en mente, junto a los diversos fenómenos
apuntados, el del vídeo.
Si el cine es el arte de "la sucesión coherente de imágenes
(hoy día comúnmente audiovisuales) recreadas (mediante
proyección, transmisión, etc.) en una superficie a partir
de una matriz"; dicha sucesión de imágenes
vale fundamentalmente por su "sustancialidad", es decir, por su tipología
u "ontología"; y no por la matriz, ya sea fotográfica o electromagnética,
con que la obra (el modelo conformado por imágenes) se reproduce recrea, e
independientemente de los matices (por ejemplo, el grado de definición)
determinados por los actuales estados técnicos o condicionantes artístico—perceptuales
(como la clase de planos y los colores más convenientes para uno u otro
tipo y tamaño de pantalla).
Estas últimas son, en fin de cuentas, diferencias incluso más
circunstanciales y relativas que las ya dadas y bien conocidas
históricamente en cualquier otro arte. Por ejemplo, como en la pintura lo
son el óleo sobre lienzo en grandes dimensiones, respecto a la acuarela y
ambos, a su vez, respecto a las tintas chinas sobre cartulina en pequeño
formato.
Nos hallamos ante diferencias técnicas y artístico—perceptuales que de
ningún modo anulan la infinidad de semejanzas sígnicas, perceptivas
generales y de otras índoles.
Resulta así que una filmación puede constituirse (o no) en arte
cinematográfico, lo mismo al ser realizada según los más viejos o
tradicionales procedimientos de la matriz o soporte fotográfico que según
las más modernas técnicas de vídeo (e incluso
multimedia).
Las diferencias son menos esenciales aun que las dadas entre el
lenguaje articulado (y la literatura), las
distintas lenguas (poesía francesa, poesía china, etc.) y
las distintas hablas (o estilos, corrientes, escuelas)
dentro de una misma lengua (o literatura).
Valiéndonos de tal comparación (utilizada sólo como metafórico método
explicativo, sin darle otro valor), el arte cinematográfico sería como el
gran "lenguaje" manifiesto en diversas "lenguas"
(cine—tradicional, vídeo, C. D., etc.) y "hablas"
(western en soporte tradicional, western en
vídeo; documental en soporte tradicional, en vídeo;
...); "lenguas" incluso más "intercambiables" y "traducibles" que las
literarias: a nadie le extraña, sin negarles la misma condición de
"poesía", la imposibilidad de "realizar" y traducir determinados aspectos
de la poesía china a la española, ni que un lector hispanoparlante
desconocedor del chino, no entienda, siquiera remotamente, un poema en
lengua china, por ejemplo.
¿Hemos de asombrarnos, entonces, porque el vídeo demande
tratamientos semióticos diferentes a los del cine—tradicional; porque tal
o más cual plano, tal o más cual iluminación no pueda ser idéntica cuando
se filma con vídeo que cuando se realice con película
fotográfica?
Fundamentar, en base a ello, una tajante dicotomía entre cine tradicional
y vídeo; establecer que son "lenguajes" y artes
diferentes, y en modo alguno expresiones de un mismo universo artístico
caracterizado por lo audiovisual, espaciotemporal y "matricial" (recreado
a partir de matrices); nos parece francamente ingenuo.
Reafirmamos nuestra consideración de ambos como un mismo arte y un mismo
"lenguaje" general, pero con dispositivos y matrices técnicamente
distintos, y con diferentes implicaciones de consumo y socioeconómicas
generales: una identidad ontológica dentro del universo
de las imágenes ("lenguajes") audiovisuales y una divergencia notable en
lo técnico—económico y en los hábitos públicos de su recepción y consumo
(en sus "lenguas" y "hablas").
Diferencia de matrices, instalaciones y formas de consumo en un arte
diversificado aún más por las técnicas, recursos, corrientes, estilos y
modas.
De esta manera, los nuevos soportes colocan al cine tradicional y a las
concepciones sobre él, en circunstancias análogas a aquellas en que la
escritura y, luego, la imprenta fueron ubicando a las tradiciones y
literaturas orales, o a aquellas en que el óleo y la pintura sobre lienzo
pusieron a la pintura más antigua.
Y no olvidemos que ésta no ha sido la única cuestión suscitada por las
modernas tecnologías y cambios en el consumo y modas. Entre otras muchas
figura, por ejemplo y emparentada con la que acabamos de bosquejar, esa
que pretende anunciar la muerte o definitiva
decadencia del cine: profecía pesimista o absurda, por demás,
pues, en fin de cuentas, ¿de qué cine? En todo caso, de
canales o soportes, tipos de
recepción, compartimentación o especialización de públicos, pero
nunca del cine que, según las perspectivas deducibles de
la experiencia artísticosocial hasta hoy, más bien se diversifica, cambia,
plantea nuevas formas y, por ello, se enriquece.
IV. ARTES, CINE, VÍDEO: FACETAS A
RESALTAR
Henos aquí, habiendo cumplido lo que enunciamos en las primeras
líneas de este trabajo. Mas, el cúmulo de proposiciones e ideas generales
nos mueve a recapitular y precisar tales reflexiones y conceptos:
1. Insistimos en la necesidad de establecer una definición actualizada
(artística o estética) del cine, lo suficientemente amplia para eludir los
"específicos" absolutos o estrictos, y asumir los cien años de
experiencias dadas y tendencias manifiestas en el devenir del cine.
Por nuestro lado, redefinimos al cine como "arte (y espectáculo) de la
sucesión coherente de imágenes (hoy comúnmente
audiovisuales) recreadas (mediante proyección,
transmisión u otro recurso análogo) en una superficie a
partir de una matriz."
2. Asumimos también la índole relativamente sintética del cine, en la
medida en que se relaciona con el espacio y el tiempo, lo visual y lo
sonoro; con recursos expresivos, estilísticos y artísticos generales dados
ya en las manifestaciones artísticas y los espectáculos anteriores a él:
de modo que el cine se vale de todo ello en sus escenarios,
musicalizaciones, dramaturgia, montaje e imágenes audiovisuales, en
general.
Pero síntesis muy relativa, en la medida en que no puede asumir todos los
caracteres de las demás manifestaciones; por ejemplo, el tipo peculiar de
percepciones psicoestéticas y recepciones, ni las institucionalizaciones y
fenómenos históricos y socioeconómicos propios de cada una de las artes.
Cada arte permanece valedera e insustituible, tanto desde ángulos
propiamente estético—ontológicos como institucionales, entre muchos más.
3. Sobre toda esta base, concebimos una identidad "lingüística" y
artística (o sea, del infinito universo de signos audiovisuales
"matriciales") de esas dos "lenguas" (prosiguiendo nuestro parangón) y
técnicas de realización constituidas por el cine tradicional y el
vídeo; cuyos ámbitos de imágenes y recursos devienen, de modo
global, utilizables o traducibles” del uno al otro, y cuyas producciones
(obras) brindan percepciones y satisfacciones estéticas sumamente
análogas, cuando no idénticas.
Pero dos soportes, es decir, dos técnicas y procesos económicos y
psicosociales diferentes, tan distintos como los del óleo sobre lienzo
respecto al fresco, o los de la literatura escrita respecto a la oral.
Cine tradicional y vídeo: el mismo arte de
sucesión coherente de imágenes (hoy audiovisuales) recreadas en una
superficie a partir de una matriz.
Cine tradicional y vídeo: diferentes soportes,
técnicas e instituciones sociales, y diferentes posibilidades y vías para
realizar y disfrutar cine.
Notas
Este texto es, con leves
modificaciones, el de la ponencia presentada en el "Segundo Taller
Nacional de los Críticos de Cine" (Camagüey, 1995), realizado en memoria
del centenario del cine. Forma parte del libro en proceso editorial De
cine, TV y otros medios.
Entre ellas: 1) la ponencia "El concepto y los géneros del
cine" (I Conferencia de Investigaciones sobre Arte, del Inst. Superior de
Arte, en noviembre de 1980); 2) la ponencia "Cine-videotape: lenguaje,
arte, medios y públicos" (IV Conferencia Científica sobre Arte, del Inst.
Superior de Arte, noviembre de 1986); 3) el libro Artes, cine, videotape:
límites y confluencias, Holguín, Colección"Premio de la Ciudad", 1987; 4)
el libro Temas y conceptos de Cine, La Habana, Edit. Pueblo y Educación,
1992; 5) el ensayo "Estética y sociología de la relación cinevideo",
revista Cine Cubano, n. 138, ICAIC, La Habana, 1993; y 6) el ensayo "Audiovisualidad,
estética y educación: lo uno y lo diverso", rev. Educación, n. 83, La
Habana, septdic. 1994 (Segunda época).
Uno de los últimos intentos serios para establecer
"específicos lingüísticos" de las artes, aparece en el capítulo "Laocoonte
1960", de la Crítica del Gusto de Galvano della Volpe; y, por el
contrario, reflexiones rigurosas en contra de la existencia de tales "especfícos",
se hallan en Garroni, Emilio: Semiótica y Estética, y Proyecto de
semiótica; Schefer, J. L.: Escenografía de un cuadro; y Goodman, Nelson:
Los lenguajes del arte.
Frente a actuales teorías que niegan al cine la condición
de arte; nosotros seguimos defendiéndola (como la de la literatura y la
pintura, a pesar del kitsch, de sus banalizaciones, su industrialización y
comercialización). De todos modos, éste no es tema de discusión aquí y,
donde dice "arte de..." pudiera leerse "espectáculo de...", sin alterar
provisionalmente la médula de nuestras reflexiones.
"Música y subtítulos", ParísJournal, abril 13 de 1923 (en:
Cinéma, Paris, Gallimard, 1966, p. 99. Textos recopilados por André
Tchernia).
José Rojas Bez
(Banes, 1948). Doctor en Ciencias Pedagógicas. Profesor Titular del
Instituto Superior de Arte y miembro de la UNEAC, entre otras
instituciones culturales. Ha publicado diez libros sobre literatura, cine,
artes y teoría de la cultura en Cuba y México, y ha colaborado en
importantes revistas de Cuba, México, Brasil, Costa Rica, Estados Unidos y
España. Considerado en Iberoamérica un importante crítico y ensayista
sobre la audiovisualidad, ha impartido cursos, conferencias y talleres en
universidades, fundaciones e instituciones culturales de España, Colombia,
México y Ecuador, así como en la Escuela Internacional de Cine de San
Antonio de los Baños.
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