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¿Es cierta esta historia?
¿O es una ruin mentira que persigue réditos económicos o políticos?
Los hechos
Esta impresionante historia fue,
simplemente, tomada de la edición de Corriere della Sera
de Roma del
día 19 de Agosto por los corresponsales en esa ciudad, de los diarios de
Buenos Aires Clarín y La
nación, evidentemente sin investigarla
Al día siguiente, durante una entrevista
telefónica realizada a María Mercader, viuda de De Sica, durante el
programa "La Ventana" de radio Continental de Buenos Aires, la
actriz de origen española negó los hechos ante la consternación de su
conductora Julia Bowland
Luego, hasta hoy 23 de Agosto, parece que nadie ha vuelto a hablar del
tema
El asunto, la historia atribuida al cineasta del neorrealismo italiano, es
de tanta seriedad y trascendencia histórica que extraña que no haya
merecido un seguimiento adecuado, al menos por los medios o periodistas
nombrados antes, involucrados en la difusión de esta historia
Se
sabe que el rol que el Vaticano
jugó ante el holocausto no es suficientemente claro en cuando a una firme
defensa de los derechos humanos de los europeos de ascendencia hebrea; hay
documentos a favor y en contra de la Santa Sede y de Pío XII
Sabemos mucho sobre Vittorio De Sica, ya que su actividad como actor y
como director de cine fue extensa y prolífica. Uno de los representantes
más importantes del llamado Neorrealismo Italiano, De Sica demostró, con
películas como "Ladrón de bicicletas" o
"El jardín de
los Finzi Contini", una gran sensibilidad y preocupación social, por
lo que la historia que hoy se le atribuye bien pudo ser cierta, es decir,
es verosímil
No obstante por la importancia de la historia y tal como se presentan los
hechos hasta hoy, es necesario expresar algunas cuestiones
1) Jamás De Sica le habría contado esta historia a
nadie y pasaron ya 60 años. Y si lo contó, no
trascendió en la medida de su magnitud
2) Jamás, alguno de los 300 sobrevivientes mencionados o sus
descendientes le habría contado, durante estos últimos sesenta años,
esta historia a nadie y si alguien lo hizo nunca trascendió, lo cual
parece imposible
3) Ríos de tinta corrieron durante los últimos sesenta años hablando
acerca del cineasta italiano. Ensayistas, filósofos, pensadores de toda
disciplina, críticos de arte y cine, biógrafos, en fin...periodistas, se
ocuparon de Vittorio de Sica, su vida y su obra y jamás esta historia
portentosa, admirable y profundamente humana, de salvación de la muerte
de 300 seres humanos, parece haber sido mencionada
4) Sorprende que corresponsales de diarios importantes, a miles de
kilómetros de distancia, se limiten a reproducir así, simplemente, una
noticia de este calibre, sin constatar su verdad, ni acudir a otras
fuentes elementales como pueden ser, en este caso, los mismos
protagonistas: María Mercader está viva, actuó en la película
"Camino al cielo" que
habría servido de excusa para salvar la vida de 300 personas y es la viuda del
mismísimo De Sica
5) También sorprende que los diarios a los que esos corresponsales se
reportan, tomen y reproduzcan sin más, lo que ellos les envían,
realizando además, como es el caso de Clarín una producción gráfica de
dos páginas
6) Luego de varios días de aparecer esta historia, hasta hoy, sábado 23
de Agosto del 2003, nadie parece haberse ocupado más del asunto
¿Es
todo una ruin mentira?
Podemos pensar en causas posibles para que esta mentira fuera urdida:
Una puede ser la intención de ayudar a despejar las sospechas que existen sobre el
Vaticano acerca de una conducta vil con respecto a los perseguidos judíos
Podemos imaginar otra causa posible no menos indignante: un operativa
mediático para promocionar una producción cinematográfica
Cualquiera sea la razón y esperamos estar equivocados en nuestras tristes
sospechas, los medios que se ocuparon de esta historia, deben realizar
todos los esfuerzos para investigarla y aclararla. De otra manera, y si como sospechamos todo puede ser una patraña, sería
como avalar la conducta de los que a lo largo de la historia persiguieron
o infravaloraron o mal utilizaron, de hecho o de palabra y por cuestiones racistas, a otros
seres humanos
Vittorio De Sica
salvó
a 300 judíos de los
nazis, filmando una
película
Julio Algañaraz Fuente
Clarín En 1943, junto con
quien después fue el papa Paulo VI, les dio trabajo a centenares de
perseguidos romanos en su obra "La puerta del cielo".
Dos
películas que recuerdan una epopeya y que podrían dar lugar a una
batalla judicial han reactualizado en estos días la filmación de La
puerta del cielo, que el gran Vittorio De Sica co menzó a rodar hace
60 años, en el verano europeo de 1943. Era una extraña producción
cinematográfica que contaba con el patrocinio del Vaticano y en la que
trabajaba un número extraordinario de actores, técnicos y extras, la
mayoría de los cuales eran alrededor de 300 judíos italianos y un grupo
de perseguidos políticos antifascistas, que fueron así salvados de las
garras del ocupante nazi.
De Sica contó luego que el acuerdo secreto con el Vaticano establecía
que la filmación debía prolongarse todo lo posible hasta que
llegaran los aliados a liberar a Roma, lo que ocurrió el 5 de junio de
1944. Un joven monseñor, alto prelado de la Santa Sede, fue nombrado por
el papa Pío XII —sobre quien pesan algunas acusaciones de haber apoyado
al régimen nazi— como delegado para la producción, con la reservada
misión de salvar a tanta gente de la Gestapo. Su nombre era Giovanni
Montini, quien en 1963 se convirtió en el papa Paulo VI. Alguna
vieja fotografía de la época lo muestra cuando fue a supervisar la
marcha del rodaje por cuenta del Centro Católico Cinematográfico, que
financió la película.
El caso es conocido, aunque se ha reactualizado en estos días por el
aniversario del comienzo de la filmación de La puerta del cielo y
por el conflicto entre el actor y director Christian De Sica, hijo de
Vittorio y de la actriz española María Mercader —compañera entonces
del director y madre de Christian—, quien fue la protagonista del filme,
y el director Maurizio Ponzi, que ha terminado de rodar Con las luces
apagadas, una producción que cuenta también la extraordinaria
historia de aquella filmación.
Christian De Sica hace dos años que anunció su propósito de hacer un
filme sobre lo que pasó en el rodaje de La puerta del cielo. Ahora
se limitó a decir que dio mandato a sus abogados para que estudien si no
están dadas las condiciones para hacer una demanda de plagio contra Ponzi,
quien retruca: "Mi historia es diferente, yo sólo aproveché el
contexto histórico de la época".
El diario Corriere della Sera publicó una página con los
recuerdos de La puerta del cielo y el conflicto entre la familia De
Sica y el director Maurizio Ponzi. Pero lo importante y conmovedor es la
movilización humana y los riesgos que corrieron los protagonistas de un
caso único en la historia del cine mundial por salvar de la persecución
nazi a centenares de perseguidos.
Vittorio De Sica contó varias veces, años más tarde, que también él y
otros cineastas querían prolongar al máximo la filmación para salvarse
ellos mismos de tener que irse de la Roma ocupada a Venecia, la ciudad
donde el régimen fascista de la República de Saló, en el norte de
Italia, había decidido establecer el centro de la actividad cinematográfica.
El dictador Benito Mussolini había sido depuesto en julio de 1943 y
rescatado más tarde por Hitler de su prisión. Los alemanes ocuparon Roma
y Mussolini lideró un régimen fantoche por orden de los nazis,
estableciendo un gobierno en la pequeña ciudad de Saló, en el lago de
Garda.
La puerta del cielo narraba el viaje de un grupo de peregrinos al
santuario de Loreto para pedir la intercesión de la Virgen. El rodaje fue
establecido en la basílica de San Paolo Extramuros, una de las cuatro basílicas
pontificias de Roma, que gozaba de extraterritorialidad y enormes
espacios.
Allí acamparon, hasta que llegaron los liberadores estadounidenses,
centenares de perseguidos antifascistas y judíos romanos cuyo destino
hubiera sido el campo de exterminio. Todos fueron inscriptos con falsos
nombres y vivían en la misma basílica y en sus parques y jardines,
para evitar caer en manos de la Gestapo.
Un momento dramático se vivió en febrero de 1944 cuando el célebre
torturador y represor fascista Pietro Koch, fusilado después de la
liberación de Italia, entró con su banda en la iglesia y se llevó a
60 sospechosos, de los cuales algunos no volvieron más. Otro momento
difícil se vivió unos días después, el 3 de marzo, cuando un bombardeo
aliado causó grandes destrozos pero sin tocar la basílica de San Paolo,
llena de gente como estaba.
La puerta del cielo fue también el filme en el que se encontraron
por primera vez Vittorio De Sica y el más grande guionista que tuvo el
cine italiano: Cesare Zavattini. Otro autor del "copione" fue el
escritor católico Diego Fabbri.
Cuando los norteamericanos liberaron Roma, el día antes del famoso Día D
del desembarco aliado en Normandía, Francia, que dio comienzo a la fase
final de la Segunda Guerra Mundial, De Sica terminó la filmación de La
puerta del cielo. La película fue estrenada en 1945, aunque con poco
éxito. Pero fue un gran acontecimiento de solidaridad humana, lo que lo
convierte en un filme inolvidable.
Fuente: Clarín. Buenos Aires
http://www.clarin.com
CORRIERE DE LA SERA
martedì, 19 agosto, 2003
CINEMA FILM
Pag. 037
De Sica
salvatore di ebrei ispira due film
Li nascose tra le comparse: ora Christian
interpreterà papà, ma è lite su un' altra pellicola rievocativa
La storia di «La porta del cielo» girato nel ' 43 riecheggiata
anche da Ponzi in «A luci spente»
Porro Maurizio
Giusto 60 anni fa, nell' estate del ' 43, il già noto Vittorio De
Sica, dopo I bambini ci guardano, per evitare di seguire i
nazifascisti a Venezia dove Goebbels pensava di fondare il cinema di Salò,
accettò l' offerta del Vaticano di girare La porta del cielo, con la
complicità della futura moglie, la spagnola Maria Mercader scritturata
insieme a Girotti, la Berti e Lupi. E' la storia di un gruppo di malati
che partono per il santuario di Loreto sperando in un miracolo. Il
miracolo, vero, impastato con l' arte di arrangiarsi, lo fece invece De
Sica che, in quell' occasione, prolungò apposta la lavorazione
del film per dar rifugio ai perseguitati del regime: 300 persone, in gran
parte ebrei e irregolari vari, scritturati come finte comparse e salvati
dalla deportazione, nascosti nella chiesa di San Paolo. Nella notte tra il
3 e il 4 febbraio 44, insospettito e furioso, il tenente torturatore
Pietro Koch, penetrò nella chiesa e si portò via 60 sospetti. L' accordo
segreto era però che il film, il cui delegato alla produzione vaticana
era il giovane monsignor Montini, non finisse finché i tedeschi stavano a
Roma: «E il set - disse De Sica - era diventato come
una fortezza assediata». Questa storia, che ricorda quella eroica di
Schindler, sarà raccontata dal figlio di Vittorio De Sica,
Christian, che nella parte del padre, ma forse anche dirigendosi, rivivrà
l' avventura per un film che nel 2004 sarà prodotto da Miramax e Bixio.
Non solo: il regista Maurizio Ponzi, ex critico e studioso, ha girato
nella basilica romana di Santa Sabina (non lontana da quella di San Paolo)
A luci spente, una storia simile, tanto che Christian De Sica
sta valutando se rivolgersi alla magistratura. Ponzi dice di averla
scritta nel 1998, e spiega che le somiglianze starebbero «solo nel
contesto dell' epoca»: «Per il resto - afferma - noi abbiamo inventato
tutto. La mia troupe, che gira Redenzione, storia di una nobildonna che si
improvvisa crocerossina e di un suo nobile spasimante, non ha nulla a che
fare con l' altra, che viene citata nei dialoghi. Il mio regista è gay e
quindi non è De Sica, ha un curriculum molto diverso
dal suo, forse somiglia un poco a Poggioli o a Castellani, e nella vicenda
nessuno salva ebrei, l' azione è spesso in un ospedale militare. Ma sono
due troupe diverse. Certo, il periodo è quello, comparse che si
nascondono forse ce ne furono ovunque, ed anche nella mia storia accade
qualcosa di inatteso quando arrivano sul set un partigiano che fa
innamorare la diva e soprattutto un fotografo che inietta nel regista il
sospetto che il cinema serva a riprendere la vita, mentre nella vita
arrivano gli americani e torna la democrazia: insomma, fu anche così che
nacque il neo realismo, che nessuno invece doveva insegnare a De Sica.
Io ho visto La porta del cielo e si svolge quasi tutto in treno: c' è un
mio film che gli somiglia, ma non è questo è Italiani. Bisognerebbe
sapere cosa successe davvero: penso che qualcosa sia leggendario». Nel
cast Giulio Scarpati, in baffetti e foulard, Giuliana De Sio,
Andrea Di Stefano e il bravo Filippo Nigro, marito della Finestra di
fronte, che fa girare la testa e le idee alla diva del regime, un tipo
alla Carla Del Poggio. «Certo c' è il cinema di allora» conclude Ponzi
«e il titolo a luci spente riguarda la sala di proiezione ma anche i
valori oscurati dal fascismo». Se Ponzi non ammette che si parli di
plagio, ma al massimo di qualche coincidenza, De Sica ha
preferito affidare tutto agli avvocati: «Stanno studiando il copione per
vedere se ci sono gli estremi di un' azione legale, per ora non voglio
parlarne. Io questo progetto l' avevo annunciato da tempo e lo farò,
perché per mio padre questa storia fu importante: gli fece incontrare mia
madre e Zavattini, lo tolse da quell' aureola dei telefoni bianchi per
portarlo in un' altra direzione: non a caso dopo girò Sciuscià e Ladri
di biciclette». La porta del cielo gli piaceva, non solo umanamente».
Qualcuno dice che il Centro di cinematografia cattolica non promosse il
film, De Sica era un concubino confesso. Dice Christian:
«Purtroppo il film, di cui è rimasta una pessima copia al Centro
Sperimentale, uscì clandestinamente o quasi nel ' 45. Non ebbe successo,
fu stroncato anche da firme come Flaiano e dimenticato. Papà diceva che
ci sarebbe voluto un intervento del Padreterno». Maurizio Porro Il
personaggio LA VITA Vittorio De Sica era nato a Sora (Frosinone)
il 7 luglio 1901. Morì per un cancro ai polmoni a Neuilly-sur-Seine,
presso Parigi, il 13 novembre del ' 74. Era stato sposato con Giuditta
Rissone, da cui ha avuto la figlia Emy, e con Maria Mercader, madre di
Christian e Manuel LA CARRIERA Attore fin dagli inizi degli anni ' 30 (diretto
da Mario Camerini in Gli uomini che mascalzoni, Il conte Max, Grandi
Magazzini), passa alla regia con Rose scarlatte e, fra il ' 39 e il ' 74
ha firmato 35 film. De Sica ha vinto l' Oscar con
Sciuscià (1946), Ladri di biciclette (1948), Ieri, oggi e domani (1963),
Il giardino dei Finzi Contini (1970). Il suo ultimo film è stato Il
viaggio con Sophia Loren e Richard Burton CHRISTIAN DE SICA
Attore e regista Christian De Sica interpreterà il
ruolo di papà Vittorio sul set de «La porta del cielo»:
scritturandole come comparse, salvò 300 persone. Ha incaricato i suoi
legali di valutare se l' altro film (di Maurizio Ponzi) sia denunciabile
per plagio MAURIZIO PONZI Regista Ponzi ha finito di girare A luci spente,
una storia simile a quella del film che si prepara a fare De Sica.
Il regista assicura però che le somiglianze starebbero «solo nel
contesto dell' epoca» e sottolinea le differenze tra le due storie G. B.
MONTINI poi Papa Paolo VI Il giovane monsignor Montini (il futuro Paolo
VI, 1963-1978) a quell' epoca era il delegato vaticano alla produzione. L'
accordo segreto prevedeva che il film non finisse finché i tedeschi
stavano a Roma MASSIMO GIROTTI Attore Tra i protagonisti del film girato
da Vittorio De Sica nel 1943 c' era Massimo Girotti:
interpretava la parte di un operaio diventato cieco per colpa di un
collega. Nel cast anche Marina Berti e Maria Mercader GIULIO SCARPATI
Attore Nel cast di A luci spente («il titolo riguarda la sala di
proiezione ma anche i valori oscurati dal fascismo», dice Ponzi) ci sono
Giulio Scarpati, in baffetti e foulard, Giuliana De Sio, Andrea
Di Stefano e Filippo Nigro
El Vaticano y los nazis. Pio XII.
Documentos
A favor:
. http://webs.demasiado.com/pioxii/noticias.html
. http://www.corazones.org/doc/nosotros_recordamos.htm#
Doc%20NOSOTROS%20RECORDAMOS
. Sitio Oficial del Vaticano
http://www.vatican.va/
. L´Osservatore
Romano. Diario Oficial del Vaticano, edición en español: http://www.vatican.va/news_services/or/or_spa/index.html
En contra:
. http://www.angelfire.com/ca6/filosofo/papahitler.html
. http://www.rnw.nl/informarn/html/act010730_pioxxii.html
. http://www.chile-hoy.de/internacional/001027_vaticano.htm
Eugenio Pacelli. Pío
XII
Eugenio Pacelli nació en Roma el 2 de marzo de
1876.Perteneciente a una familia dedicada al servicio papal, tuvo como
padre a un abogado muy prestigioso que trabajó toda su vida en función
de los intereses de la Santa Sede.Eugenio hizo sus primeros estudios en
una escuela católica privada, cuyo director Giuseppe Marchi, era un
confeso antisemita que gustaba ilustrar a sus alumnos acerca de la
“dureza” de corazón de los judíos. Las controvertidas actitudes que
tendría Pio XII en relación a los judíos durante toda su vida quizás
se las deba en gran parte al señor Marchi.
Eugenio Pacelli era alto y flaco, con una nariz
aquilina, de constitución delicada y desde niño demostró una gran
inteligencia y capacidad memorística. Era capaz de recordar libros enteros
después de una sola leída. Le complacía el estudio de las lenguas, clásicas
y modernas, tocaba el violín y el piano, era un excelente nadador y
durante sus ratos libres gustaba montar a caballo. Eugenio fue durante toda
su vida una persona solitaria y reservada, que ya desde su más temprana
edad profesaba una devoción religiosa y un amor por el estudio poco
comunes. Rara vez dejaba traslucir sus estados de ánimo y ninguna de las
personas que estuvieron a su lado pudieron
llegar a desentrañar su más íntimo pensamiento.Eugenio Pacelli
fue ordenado sacerdote en el año 1899 cuando contaba apenas 23 años de
edad.A partir de ese momento inicia una carrera meteórica hacia las altas
jerarquías de la iglesia, indudablemente favorecido por los contactos que
le establecía su prestigioso padre.A los 25 años ya trabajaba en la
Secretaría de Estado del Vaticano.Habiendo culminado con éxito sus
estudios en derecho eclesiástico y civil, en 1902 el Papa Pio X lo nombra
miembro de la comisión encargada de revisar y establecer una nueva
codificación de las leyes canónicas, con el objetivo de promulgar un
nuevo Código de Derecho Canónico.En 1911 es nombrado subsecretario de la
Congregación de los Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios y, a partir de
1914, se convierte en secretario de la misma.En 1917 es elegido como
Nuncio en Baviera, siendo consagrado por el papa Benedicto XV arzobispo
titular de Sardes.
Desde Munich
el nuncio Pacelli fue un estrecho colaborador del papa en sus esfuerzos
por aliviar a las víctimas de la primera guerra mundial.Durante la guerra
Pacelli demostró poseer un gran valor personal y en medio de las peores
miserias humanas sus palabras
de aliento y su acción
caritativa aliviaron las penas de miles de heridos, huérfanos y viudas.Su
prestigio pronto superó las fronteras de Baviera y en 1920 es nombrado
primer Nuncio ante la nueva República de Weimar.En 1924 firma el
Concordato de la Santa Sede con Baviera y en 1929 sus esfuerzos denodados
culminaron con la histórica firma del Concordato entre Alemania y la
Santa Sede.Ese año es nombrado cardenal y antes de despedirse de Alemania
advierte acerca del peligro que representaba el auge del
nacionalsocialismo para el mantenimiento de la paz.Lamentablemente en esa
ocasión su mensaje de advertencia no fue escuchado o su preocupación
parecía exagerada para los líderes de su época.Durante sus años en
Alemania el pensamiento de Pacelli con respecto al antisemitismo sufrío
un cambio complejo.Por un lado su vida en una sociedad xénofoba afirmó
su sentimiento de desprecio hacia los judíos en el sentido cristiano de
culpar a los judíos por la muerte de Cristo.Pero Pacelli era
absolutamente contrario a cualquier tipo de violencia y sentía
repugnancia por la ideología alemana de entonces que abiertamente pedía
el exterminio o la expulsión de los elementos judíos.El fenómeno del
nacionalsocialismo era una síntesis de los peores sentimientos del pueblo
alemán, habilmente explotados por Adolf Hitler y sus secuaces.Pero el
antisemitismo y el odio por los extranjeros no era un invento de Hitler
sino un sentimiento ancestral del pueblo alemán. Cuando Pacelli llegó a
Alemania en 1920 , el partido de Hitler era uno más entre los cientos de
movimientos racistas y nacionalistas que se extendían por todo el país
favorecidos por la grave crisis social y económica que atravesaba
Alemania. Pero en 1929 el nacionalsocialismo era ya uno de los partidos más
importantes de Alemania y sus ideales abiertamente expresados en cuanto a
una guerra de expansión (Lebensraum o espacio vital) y el aniquilamiento
de los judíos constituían
una clara amenaza para la paz no solo de Alemania sino de Europa. El
desprecio de Pacelli con respecto a los judíos era probablemente de orden
puramente teológico, en base a las enseñanzas recibidas en la niñez. La
mayoría de los católicos crecieron y se formaron con la idea de que los
judíos habían sido los responsables de la muerte de Cristo y
cuya dureza de corazón les impedía abrazar la causa cristiana.
Pacelli no fue la excepción pero su desprecio por lo judío
nunca llegó a transformarse en un odio manifiesto ni en un deseo de
aniquilarlos .La sociedad alemana, en cambio, veía al judío como el
culpable de todos sus males y para colmo entendía por “judío” todo
lo no alemán. Gitanos, polacos, italianos y cientos de grupos étnicos
fueron víctimas en los campos de exterminio de la xenofobia alemana.
Cuando se habla de antisemitismo o de holocausto judío se está
circunscribiendo la tragedia en un grupo étnico en particular cuando, en
realidad, hubo también millones de seres no judíos que fueron víctimas
del odio alemán. Eugenio Pacelli fue uno de los pocos en darse cuenta de
esta diferencia y con su lenguaje, quizás excesivamente diplomático trató
de advertirle al mundo acerca de la amenaza
que se estaba incubando en el seno de la Alemania de Weimar.Pacelli,
una vez en Roma, fue nombrado Secretario de Estado del Vaticano.
Convertido
en el hombre más importante de la Iglesia Católica, después del Papa,
Pacelli dio inicio a una política
que fue el fiel reflejo de sus contradicciones internas. La firma en
1933, como enviado de Pío XI,
del Concordato con Austria y con la Alemania nazi es un claro
ejemplo en ese sentido. Por un lado Pacelli detestaba a Hitler y al
nacionalsocialismo pero al mismo tiempo descreía de las democracias y del
sistema parlamentario. El suponía que el sistema de Concordatos era mejor
establecerlos con gobiernos rígidos y dictatoriales, que según su punto
de vista, eran una garantía contra el temido comunismo y a favor de la
paz. Lamentablemente no advirtió que con esta política de concordatos
legitimó a dictaduras sangrientas que ahora podían decir que estaban
aprobadas por el Vaticano. De hecho, Goebbels y su equipo de propaganda
apuntaron en ese sentido: la Santa Sede
aprobaba la política nacionalsocialista. La rápida y ambigua
respuesta de Pacelli negando ese propósito de poco sirvió para reparar
semejante error diplomático que más tarde sería imposible de remediar.
En 1939, a la muerte del Papa Pío XI, Pacelli, es
elegido a la edad de 63 años como el nuevo pontífice de la Iglesia
Católica. Su
nombre sería el de Pío XII en una muestra del aprecio y la admiración
que sentía por su antecesor. El inicio de su pontificado coincidió con
el estallido de la segunda guerra mundial. Durante el conflicto, Pío XII
nunca abandonó su lenguaje elevado y de escaso compromiso con los hechos
concretos. Sus sermones, refinados y abstractos, nunca bajaban al mundo
terrenal. Nunca una condena enérgica o un reproche explícito
que pudiera intimidar
a la política agresiva del Reich alemán. Desde su asunción en marzo
hasta la invasión de Polonia en el mes de septiembre, Pío XII hizo
seguramente menos de lo que podía haber hecho desde su enorme sitial de
poder. Su autorizada opinión, desde su elevada posición de Vicario de
Cristo, quizás hubiese
podido influir en el desarrollo de los acontecimientos de manera mas
incisiva y radical. Sus sondeos con Mussolini, Franco y el mismo Hitler, se
limitaron a burdos intercambios de cortesías y sugerencias, siempre
guardando las formas del buen gusto. Una vez más el diplomático prevalecía
sobre el servidor de Cristo y fiel a la línea de su antecesor, pareció
siempre más preocupado por la seguridad del Vaticano que por la suerte de
Europa y del mundo. Si Pio XI se deshacía en elogios hacia Mussolini
(llegó
a afirmar que era el hombre enviado por la Providencia), Pío XII más
cauto y refinado en su lenguaje prefería no comprometerse con nadie.
Hasta
1943 permaneció casi ajeno a la guerra merced a la inmunidad que gozaba
Roma en su condición de ciudad abierta. Pero cuando empezaron a caer las
primeras bombas en la mismísima Roma, Pío XII despertó de su letargo y
pensando en la seguridad y preservación del Vaticano se apuró en
declarar a Roma ciudad santa. Sus apariciones públicas se hicieron cada
vez más frecuentes e implorando al cielo, en medio de la multitud que
observaba en estado de trance, el Papa estiraba sus finos y largos brazos
en un llamado dramático por la paz. En medio de la desolación y las
bombas, la longilínea y delicada figura de Pio XII, parecía la imagen de
una aparición con su voz de ultratumba
que dejaba a sus desesperados oyentes en un estado de alucinación.
En
una Italia sumida en el caos, con tres gobiernos paralelos, Roma había
sido abandonada por los miembros del gobierno e incluso por el Rey.
Mussolini gobernaba desde el norte en Saló, Badoglio y el Rey estaban en
el sur en Bari con los aliados y el resto de Italia estaba conociendo el
rigor de los nazis que trataban a los italianos como traidores. Roma que
hasta 1943, había vivido la guerra en una isla, ahora padecía en carne
propia el ruido de los aviones y el espantoso efecto de las bombas.
Barrios enteros se transformaban en segundos en un cúmulo de
desperdicios. Pío XII desde sus ventanas del Vaticano asistía horrorizado
junto a la curia y las monjas de servicio a algo que hasta entonces había
sido impensable. Los aliados no respetaban a Roma, la ciudad milenaria y
cuna de la cristiandad. Si no se paraba esa locura el Vaticano también iba
a ser víctima de las bombas aliadas
o del saqueo nazi. Pío XII estaba en una encrucijada. No podía tratar con
los aliados porque Roma estaba bajo el dominio alemán y la represión de
los nazis hubiese sido terrible. Pero tampoco quería tratar con los
alemanes porque las bombas aliadas iban a caer como respuesta sobre San
Pedro. En esas horas su actitud siguió siendo ambigua aunque esta vez con
justos motivos. Sus contadas ayudas a los judíos italianos perseguidos por
la Gestapo se hicieron cuidando de no irritar a los alemanes y con el
preciso objetivo de salvaguardar su posición ante la historia. La derrota
del Eje era casi un hecho y
la rendición de cuentas ante los aliados debía contar con algunas
“pruebas”.Algunos judíos se beneficiaron con esta ambigua política
de Pío XII pero desgraciadamente más
de mil judíos romanos fueron deportados por los alemanes sin que se
supiera más nada de ellos.
Durante la posguerra la figura de Pío XII se difundió
por primera vez a través de los canales de televisión y hasta el final
de su vida mantuvo esa aureola de santidad
que le permitió ser considerado como el Papa entre los papas.
Murió
en 1958 a los 83 años de edad
Vittorio
De Sica
Actor y realizador
cinematográfico italiano, uno de los más brillantes representantes del
neorrealismo (v.) entre los años 1946 y 1952.
N. en Sora el 7 jul. 1902. Después de
estudiar Derecho, empezó a interpretar papeles en el teatro como galán
de comedias. Desde 1930 empezó a encarnar en el cine papeles semejantes,
aunque había hecho ya algunas salidas a la pantalla a partir de 1918 con
El proceso Clemenceau de Edoardo Bencivega. ¡Qué sinvergüenzas son los
hombres! (1932), de Mario Camerini, concreta en De S. el tipo de
protagonista joven y simpático, sentimental y pícaro, que apareció en
numerosas comedias de Camerini: Pero no es una cosa seria (1936), El
señor Max (1937), Grandes almacenes (1939). Con evidentes influencias de
Camerini, De S. comenzó a dirigirse a sí mismo en Rosas escarlatas
(1940), Magdalena, cero en conducta (1940), y Teresa Viernes (1941).
Realiza con escasa fortuna Un garibaldino en el convento (1941) y
sorprende con Los niños nos miran (1942), filme con el que De S. se
enfrenta por primera vez con un tema serio: el efecto psicológico, sobre
un niño de cuatro años, del suicidio del padre, provocado por el
adulterio de la madre. Dirigida con minucioso cuidado, las reacciones del
pequeño son examinadas con precisión casi clínica.
Después de la guerra, y del poco éxito de
su realización La puerta del cielo (1946), De S. hizo El limpiabotas
(1946), un lamento trágico sobre la abandonada infancia de la posguerra.
Con guión de su asiduo colaborador Cesare Zavattini, trató con ternura y
lirismo la trágica historia de dos golfillos romanos como símbolo de
«la indiferencia de los hombres para con las necesidades de los demás».
Para De S. los niños son víctimas de los hombres, y éstos son, a su
vez, destrozados por el monstruo complejo y ciego de la ambición, que
engendra la miseria. En Italia, dominada otra vez por el cine americano,
el film no tuvo el mismo éxito que en el extranjero.
En 1948 De S. filmó por sus propios medios
un guión de Zavattini que ningún productor había querido: Ladrón de
bicicletas. La odisea del obrero Antonio Ricci y su hijito Bruno en busca
de la bicicleta robada que permitirá al padre conseguir trabajo, es una
patética maravilla de ternura dramática, relatada con una notable
sobriedad visual. El film fue premiado en Bélgica, Locarno y Roma, pero
De S. hubo de invertir sus beneficios en Milagro en Milán (1951), una
fábula social contada con realismo fantástico, triunfadora en el
Festival de Cannes. La irresistible belleza de sus imágenes fue
unánimemente elogiada, pero no sucedió así con Humberto D (1952), el
triste drama de un jubilado, que fue un total fracaso de público y se vio
rechazada por parte de la crítica. El filme siguió la definición de
Zavattini: «el realismo es tener el coraie de mirar durante hora y media
-la duración de un film- los ejemplos de las injusticias cotidianas entre
las que vivimos».
A partir de ese momento, De S. vio declinar
su carrera de realizador, con algunos destellos aislados, mientras crecía
su fama de actor cómico, ampuloso y exuberante. Estación Termini (1952)
se vio mediatizada por las imposiciones del coproductor americano David
O'Selznick. El oro de Nápoles (1955), una serie de cuentos napolitanos,
combina neorrealismo y teatralidad. El techo (1955), es un maravilloso
regreso a las constantes neorrealistas, con ternura y sencillez en sus
fragmentos de vida. Después dirigió la tragicomedia El juicio universal
(1960), Dos mujeres (1961), una tremenda historia de guerra que valió a
la ciociara Sofía Loren el Oscar de interpretación; un episodio de
Boccaccio 70 con la Loren; Los secuestrados de Altona (1963) de Jean-Paul
Sartre; de nuevo Sofía Loren en Ayer, hoy y mañana (1964) y en la farsa
Matrimonio a la italiana (1964). Uno de sus recientes filmes ha sido la
amarga sátira El especulador (1965), con Alberto Sordi, y en 1966 hizo
Tras la pista del zorro, una disparatada peripecia de Peter Sellers
coproducida con EE. UU. Su última interpretación ha sido de un prelado
romano en Las sandalias del pescador (1968). Y como director, Amantes
(1968), Los girasoles (1969) y El jardín de los Finzi-Contini (1970). M.
en París, 13 nov. 1974
BIBL.: P. G. HOVALD, El
neorrealismo y sus creadores, Madrid 1962; H. AGEL, Vittorio de Sica,
Madrid 1960; 1. MITRY, Dictionnaire du Cinéma, París 1963; G. SADOUL,
Dictionnaire des Cinéastes, París 1965
Ladrón
de bicicletas
Alfonso Méndiz
Filmada en 1945, pocas semanas antes
de que terminara la II Guerra Mundial, Ladrón de bicicletas supuso
el lanzamiento al estrellato de su apenas conocido director, Vittorio
De Sica; y, más importante aún, la definitiva consagración del
Neorrealismo italiano en el contexto cinematográfico internacional. Sin
embargo, este segundo aspecto ha sido revisado y puesto en tela de juicio
en los últimos años.
La película, en efecto, fue
canonizada desde su estreno como una obra maestra del Neorrealismo, y así
quedó catalogada en todos los manuales de historia del cine. Pero la
cinta -que es, indudablemente, una obra magistral- dista mucho de ser un
ejemplo de ese "cine nuevo, hecho de argumentos casuales, creados
sobre la marcha, filmada en la calle con actores improvisados", como
se autodefinía el neorrealismo italiano. Porque, en esta historia de un
obrero infeliz a la búsqueda de su bicicleta robada, no hay nada de
improvisado.
Para empezar, la película se basa
en una novela de Luigi Bartolini, de cierto éxito, cuyo carácter
picaresco sería reorientado hacia el drama social durante el largo
proceso de escritura del guión. Según testimonia Suso Cecchi D'Amico,
uno de los siete guionistas acreditados (hubo otro más que no apareció
en los créditos), cada uno de los detalles de la acción fue escrito
cuidadosamente de antemano, aunque muchas escenas -como la visita a la
vidente de Via Nomentana- fueran tomadas de la realidad. Además,
el rodaje fue sumamente elaborado: en determinadas secuencias filmadas en
pleno centro de Roma (como la persecución del ladrón en el túnel de Via
Ferrara) fue preciso cortar el tráfico para instalar focos y vías
del travelling, o para mover a un ingente número de figurantes.
Y es que realmente está hecha con
todos los medios necesarios, por mucho que se trate de una modesta
producción independiente. Tres amigos de De Sica financiaron toda
la operación: Ercolle Graziadei, Sergio Bernardi y el conde
Cicogna; pero le exigieron una calidad cinematográfica que en modo
alguno casaba con la pura improvisación o experimentación. De hecho, Sergio
Leone -que actúa como seminarista austríaco en una secuencia
vagamente anticlerical- recuerda los largos y laboriosos ensayos del
director con todos sus actores.
Porque, en efecto, la selección de
intérpretes fue un punto clave para el éxito de la película. Antes de
iniciar el casting, una compañía americana que leyó el guión final
había ofrecido gran parte del presupuesto a condición de que De Sica
contara con Cary Grant para el papel protagonista. Pero el
director, que sabía muy bien el look que la cinta precisaba, rechazó esa
oferta y se lanzó a las calles de Roma a la búsqueda de sus
intérpretes. La periodista radiofónica Lianella Carell, que se
acercó a pedirle una entrevista, fue probada en el papel de María
y dio una imagen perfecta. Entre cientos de obreros reales, De Sica
se fijó en Lamberto Maggiorani, un parado de la construcción que
se había acercado a las cámaras para curiosear durante el rodaje. Y,
entre un número aún mayor de niños, el director encontró por fin a Enzo
Staiola, un rapaz callejero de siete años, cuya "cara redonda,
nariz cómica y ojos vivísimos", llamaron la atención del cineasta
en medio de una banda callejera de los alrededores. El neorrealismo de De
Sica, como el de Rossellini, no se basa en el realismo en sí,
sino en la maestría para crear la ilusión convincente de realidad.
La narración, por otra parte, es
perfectamente clásica. Su estructura es cíclica: el protagonista sale de
la multitud anónima en la primera secuencia y vuelve a ella en el final.
Y el argumento, centrado hábilmente en unos precisos límites temporales
(el 90% de la trama transcurre en un domingo estival), conjuga incidentes
variados con un cierto sentido del suspense: ¿Logrará Ricci recuperar
su bicicleta?
A la postre, más que por su tenue
mensaje social, Ladrón de bicicletas perdura hoy como un documento
insustituible de la Italia de postguerra; y, sobre todo, por su calculada
estilización, por la metáfora escondida en el argumento, y por la
magnífica historia entre el padre y el hijo (lo que uno y otro descubren
de sí mismos en su afanosa búsqueda). Casi al final, tras la comida de
hombre a hombre en la trattoria, Ricci sufre la última
humillación al ser pescado como ladrón y abofeteado delante de su hijo.
Pero no es ésta la última palabra de la cinta: la mano que el hijo le
tiende -inolvidable la mirada de Maggiorani- propicia la imagen
más memorable del filme: el niño que le amaba como a un dios, le amará
en adelante con sus miserias, simplemente porque se trata de su padre.
El
jardín de los Finzi Contini
Alejada
de la estética neorrealista, la obra está basada en la conocida novela
de Giorgio Bassani Il giardino dei Finzi-Contini publicada en 1962 y de la
cual se comentó que "El tema del antisemitismo de la Italia de
aquella época y el clima asfixiante impuesto por el régimen mussoliniano
aparecen tratados críticamente (...). La prosa de Bassani, elegante y
refinada, la excelente factura de los análisis psicológicos junto con
una técnica narrativa impecable permiten equiparar el estilo de este
autor italiano con el de Henry James."
La
película recoge con bastante fidelidad este clima y durante el cine foro,
los analistas señalaron aspectos referentes a la estupidez como una
presencia arquetipal en el ser humano y el procedimiento de la negación (verneinung)
como las respuestas que esta familia ofreció ante una realidad terrible y
amenazante que acabó destruyéndola. Inevitable fue establecer relaciones
con la realidad actual del país y la pasada catástrofe en Vargas.
También se detuvieron en la imagen del jardín y su simbolismo. Se
señaló la posibilidad real de salvación física que el protagonista
logra frente a la amenaza facista al reconocer que está frente a un mundo
vedado, ajeno a su condición y de cuyo desmoronamiento, fue testigo.
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