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Cine / Cinema
Vittorio De Sica y los 300 judíos
Jorge T Colombo

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- Copia del Original de Corriere Della Sera
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Sobre Vittorio de Sica
- Eugenio Pacelli Pío XII Vida
- Vittorio De Sica Vida
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¿Es cierta esta historia? ¿O es una ruin mentira que persigue réditos económicos o políticos?

Los hechos

Esta impresionante historia fue, simplemente, tomada de la edición de Corriere della Sera de Roma del día 19 de Agosto por los corresponsales en esa ciudad, de los diarios de Buenos Aires Clarín y La nación, evidentemente sin investigarla
Al día siguiente, durante una entrevista telefónica realizada a María Mercader, viuda de De Sica, durante el programa "La Ventana" de radio Continental de Buenos Aires, la actriz de origen española negó los hechos ante la consternación de su conductora Julia Bowland
Luego, hasta hoy 23 de Agosto, parece que nadie ha vuelto a hablar del tema
El asunto, la historia atribuida al cineasta del neorrealismo italiano, es de tanta seriedad y trascendencia histórica que extraña que no haya merecido un seguimiento adecuado, al menos por los medios o periodistas nombrados antes, involucrados en la difusión de esta historia

Se sabe que el rol que el Vaticano jugó ante el holocausto no es suficientemente claro en cuando a una firme defensa de los derechos humanos de los europeos de ascendencia hebrea; hay documentos a favor y en contra de la Santa Sede y de Pío XII
Sabemos mucho sobre Vittorio De Sica, ya que su actividad como actor y como director de cine fue extensa y prolífica. Uno de los representantes más importantes del llamado Neorrealismo Italiano, De Sica demostró, con películas como "Ladrón de bicicletas" o "El jardín de los Finzi Contini", una gran sensibilidad y preocupación social, por lo que la historia que hoy se le atribuye bien pudo ser cierta, es decir, es verosímil
No obstante por la importancia de la historia y tal como se presentan los hechos hasta hoy, es necesario expresar algunas cuestiones
1) Jamás De Sica le habría contado esta historia a nadie y pasaron ya 60 años. Y si lo contó, no trascendió en la medida de su magnitud
2) Jamás, alguno de los 300 sobrevivientes mencionados o sus descendientes le habría contado, durante estos últimos sesenta años, esta historia a nadie y si alguien lo hizo nunca trascendió, lo cual parece imposible
3) Ríos de tinta corrieron durante los últimos sesenta años hablando acerca del cineasta italiano. Ensayistas, filósofos, pensadores de toda disciplina, críticos de arte y cine, biógrafos, en fin...periodistas, se ocuparon de Vittorio de Sica, su vida y su obra y jamás esta historia portentosa, admirable y profundamente humana, de salvación de la muerte de 300 seres humanos, parece haber sido mencionada 
4) Sorprende que corresponsales de diarios importantes, a miles de kilómetros de distancia, se limiten a reproducir así, simplemente, una noticia de este calibre, sin constatar su verdad, ni acudir a otras fuentes elementales como pueden ser, en este caso, los mismos protagonistas: María Mercader está viva, actuó en la película "Camino al cielo" que habría servido de excusa para salvar la vida de 300 personas y es la viuda del mismísimo De Sica
5) También sorprende que los diarios a los que esos corresponsales se reportan, tomen y reproduzcan sin más, lo que ellos les envían, realizando además, como es el caso de Clarín una producción gráfica de dos páginas
6) Luego de varios días de aparecer esta historia, hasta hoy, sábado 23 de Agosto del 2003, nadie parece haberse ocupado más del asunto

¿Es todo una ruin mentira?
Podemos pensar en causas posibles para que esta mentira fuera urdida:
Una puede ser la intención de ayudar a despejar las sospechas que existen sobre el Vaticano acerca de una conducta vil con respecto a los perseguidos judíos
Podemos imaginar otra causa posible no menos indignante: un operativa mediático para promocionar una producción cinematográfica
Cualquiera sea la razón y esperamos estar equivocados en nuestras tristes sospechas, los medios que se ocuparon de esta historia, deben realizar todos los esfuerzos para investigarla y aclararla. De otra manera, y si como sospechamos todo puede ser una patraña, sería como avalar la conducta de los que a lo largo de la historia persiguieron o infravaloraron o mal utilizaron, de hecho o de palabra y por cuestiones racistas, a otros seres humanos


Vittorio De Sica salvó a 300 judíos de los nazis, filmando una película 
Julio Algañaraz
Fuente Clarín

En 1943, junto con quien después fue el papa Paulo VI, les dio trabajo a centenares de perseguidos romanos en su obra "La puerta del cielo".

Dos películas que recuerdan una epopeya y que podrían dar lugar a una batalla judicial han reactualizado en estos días la filmación de La puerta del cielo, que el gran Vittorio De Sica co menzó a rodar hace 60 años, en el verano europeo de 1943. Era una extraña producción cinematográfica que contaba con el patrocinio del Vaticano y en la que trabajaba un número extraordinario de actores, técnicos y extras, la mayoría de los cuales eran alrededor de 300 judíos italianos y un grupo de perseguidos políticos antifascistas, que fueron así salvados de las garras del ocupante nazi.

De Sica contó luego que el acuerdo secreto con el Vaticano establecía que la filmación debía prolongarse todo lo posible hasta que llegaran los aliados a liberar a Roma, lo que ocurrió el 5 de junio de 1944. Un joven monseñor, alto prelado de la Santa Sede, fue nombrado por el papa Pío XII —sobre quien pesan algunas acusaciones de haber apoyado al régimen nazi— como delegado para la producción, con la reservada misión de salvar a tanta gente de la Gestapo. Su nombre era Giovanni Montini, quien en 1963 se convirtió en el papa Paulo VI. Alguna vieja fotografía de la época lo muestra cuando fue a supervisar la marcha del rodaje por cuenta del Centro Católico Cinematográfico, que financió la película.

El caso es conocido, aunque se ha reactualizado en estos días por el aniversario del comienzo de la filmación de La puerta del cielo y por el conflicto entre el actor y director Christian De Sica, hijo de Vittorio y de la actriz española María Mercader —compañera entonces del director y madre de Christian—, quien fue la protagonista del filme, y el director Maurizio Ponzi, que ha terminado de rodar Con las luces apagadas, una producción que cuenta también la extraordinaria historia de aquella filmación.

Christian De Sica hace dos años que anunció su propósito de hacer un filme sobre lo que pasó en el rodaje de La puerta del cielo. Ahora se limitó a decir que dio mandato a sus abogados para que estudien si no están dadas las condiciones para hacer una demanda de plagio contra Ponzi, quien retruca: "Mi historia es diferente, yo sólo aproveché el contexto histórico de la época".

El diario Corriere della Sera publicó una página con los recuerdos de La puerta del cielo y el conflicto entre la familia De Sica y el director Maurizio Ponzi. Pero lo importante y conmovedor es la movilización humana y los riesgos que corrieron los protagonistas de un caso único en la historia del cine mundial por salvar de la persecución nazi a centenares de perseguidos.

Vittorio De Sica contó varias veces, años más tarde, que también él y otros cineastas querían prolongar al máximo la filmación para salvarse ellos mismos de tener que irse de la Roma ocupada a Venecia, la ciudad donde el régimen fascista de la República de Saló, en el norte de Italia, había decidido establecer el centro de la actividad cinematográfica.

El dictador Benito Mussolini había sido depuesto en julio de 1943 y rescatado más tarde por Hitler de su prisión. Los alemanes ocuparon Roma y Mussolini lideró un régimen fantoche por orden de los nazis, estableciendo un gobierno en la pequeña ciudad de Saló, en el lago de Garda.

La puerta del cielo narraba el viaje de un grupo de peregrinos al santuario de Loreto para pedir la intercesión de la Virgen. El rodaje fue establecido en la basílica de San Paolo Extramuros, una de las cuatro basílicas pontificias de Roma, que gozaba de extraterritorialidad y enormes espacios.

Allí acamparon, hasta que llegaron los liberadores estadounidenses, centenares de perseguidos antifascistas y judíos romanos cuyo destino hubiera sido el campo de exterminio. Todos fueron inscriptos con falsos nombres y vivían en la misma basílica y en sus parques y jardines, para evitar caer en manos de la Gestapo.

Un momento dramático se vivió en febrero de 1944 cuando el célebre torturador y represor fascista Pietro Koch, fusilado después de la liberación de Italia, entró con su banda en la iglesia y se llevó a 60 sospechosos, de los cuales algunos no volvieron más. Otro momento difícil se vivió unos días después, el 3 de marzo, cuando un bombardeo aliado causó grandes destrozos pero sin tocar la basílica de San Paolo, llena de gente como estaba.

La puerta del cielo fue también el filme en el que se encontraron por primera vez Vittorio De Sica y el más grande guionista que tuvo el cine italiano: Cesare Zavattini. Otro autor del "copione" fue el escritor católico Diego Fabbri.

Cuando los norteamericanos liberaron Roma, el día antes del famoso Día D del desembarco aliado en Normandía, Francia, que dio comienzo a la fase final de la Segunda Guerra Mundial, De Sica terminó la filmación de La puerta del cielo. La película fue estrenada en 1945, aunque con poco éxito. Pero fue un gran acontecimiento de solidaridad humana, lo que lo convierte en un filme inolvidable.

Fuente: Clarín. Buenos Aires
http://www.clarin.com


CORRIERE DE LA SERA
martedì, 19 agosto, 2003
CINEMA FILM
Pag. 037
De Sica salvatore di ebrei ispira due film

Li nascose tra le comparse: ora Christian interpreterà papà, ma è lite su un' altra pellicola rievocativa La storia di «La porta del cielo» girato nel ' 43 riecheggiata anche da Ponzi in «A luci spente»

Porro Maurizio

Giusto 60 anni fa, nell' estate del ' 43, il già noto Vittorio De Sica, dopo I bambini ci guardano, per evitare di seguire i nazifascisti a Venezia dove Goebbels pensava di fondare il cinema di Salò, accettò l' offerta del Vaticano di girare La porta del cielo, con la complicità della futura moglie, la spagnola Maria Mercader scritturata insieme a Girotti, la Berti e Lupi. E' la storia di un gruppo di malati che partono per il santuario di Loreto sperando in un miracolo. Il miracolo, vero, impastato con l' arte di arrangiarsi, lo fece invece De Sica che, in quell' occasione, prolungò apposta la lavorazione del film per dar rifugio ai perseguitati del regime: 300 persone, in gran parte ebrei e irregolari vari, scritturati come finte comparse e salvati dalla deportazione, nascosti nella chiesa di San Paolo. Nella notte tra il 3 e il 4 febbraio 44, insospettito e furioso, il tenente torturatore Pietro Koch, penetrò nella chiesa e si portò via 60 sospetti. L' accordo segreto era però che il film, il cui delegato alla produzione vaticana era il giovane monsignor Montini, non finisse finché i tedeschi stavano a Roma: «E il set - disse De Sica - era diventato come una fortezza assediata». Questa storia, che ricorda quella eroica di Schindler, sarà raccontata dal figlio di Vittorio De Sica, Christian, che nella parte del padre, ma forse anche dirigendosi, rivivrà l' avventura per un film che nel 2004 sarà prodotto da Miramax e Bixio. Non solo: il regista Maurizio Ponzi, ex critico e studioso, ha girato nella basilica romana di Santa Sabina (non lontana da quella di San Paolo) A luci spente, una storia simile, tanto che Christian De Sica sta valutando se rivolgersi alla magistratura. Ponzi dice di averla scritta nel 1998, e spiega che le somiglianze starebbero «solo nel contesto dell' epoca»: «Per il resto - afferma - noi abbiamo inventato tutto. La mia troupe, che gira Redenzione, storia di una nobildonna che si improvvisa crocerossina e di un suo nobile spasimante, non ha nulla a che fare con l' altra, che viene citata nei dialoghi. Il mio regista è gay e quindi non è De Sica, ha un curriculum molto diverso dal suo, forse somiglia un poco a Poggioli o a Castellani, e nella vicenda nessuno salva ebrei, l' azione è spesso in un ospedale militare. Ma sono due troupe diverse. Certo, il periodo è quello, comparse che si nascondono forse ce ne furono ovunque, ed anche nella mia storia accade qualcosa di inatteso quando arrivano sul set un partigiano che fa innamorare la diva e soprattutto un fotografo che inietta nel regista il sospetto che il cinema serva a riprendere la vita, mentre nella vita arrivano gli americani e torna la democrazia: insomma, fu anche così che nacque il neo realismo, che nessuno invece doveva insegnare a De Sica. Io ho visto La porta del cielo e si svolge quasi tutto in treno: c' è un mio film che gli somiglia, ma non è questo è Italiani. Bisognerebbe sapere cosa successe davvero: penso che qualcosa sia leggendario». Nel cast Giulio Scarpati, in baffetti e foulard, Giuliana De Sio, Andrea Di Stefano e il bravo Filippo Nigro, marito della Finestra di fronte, che fa girare la testa e le idee alla diva del regime, un tipo alla Carla Del Poggio. «Certo c' è il cinema di allora» conclude Ponzi «e il titolo a luci spente riguarda la sala di proiezione ma anche i valori oscurati dal fascismo». Se Ponzi non ammette che si parli di plagio, ma al massimo di qualche coincidenza, De Sica ha preferito affidare tutto agli avvocati: «Stanno studiando il copione per vedere se ci sono gli estremi di un' azione legale, per ora non voglio parlarne. Io questo progetto l' avevo annunciato da tempo e lo farò, perché per mio padre questa storia fu importante: gli fece incontrare mia madre e Zavattini, lo tolse da quell' aureola dei telefoni bianchi per portarlo in un' altra direzione: non a caso dopo girò Sciuscià e Ladri di biciclette». La porta del cielo gli piaceva, non solo umanamente». Qualcuno dice che il Centro di cinematografia cattolica non promosse il film, De Sica era un concubino confesso. Dice Christian: «Purtroppo il film, di cui è rimasta una pessima copia al Centro Sperimentale, uscì clandestinamente o quasi nel ' 45. Non ebbe successo, fu stroncato anche da firme come Flaiano e dimenticato. Papà diceva che ci sarebbe voluto un intervento del Padreterno». Maurizio Porro Il personaggio LA VITA Vittorio De Sica era nato a Sora (Frosinone) il 7 luglio 1901. Morì per un cancro ai polmoni a Neuilly-sur-Seine, presso Parigi, il 13 novembre del ' 74. Era stato sposato con Giuditta Rissone, da cui ha avuto la figlia Emy, e con Maria Mercader, madre di Christian e Manuel LA CARRIERA Attore fin dagli inizi degli anni ' 30 (diretto da Mario Camerini in Gli uomini che mascalzoni, Il conte Max, Grandi Magazzini), passa alla regia con Rose scarlatte e, fra il ' 39 e il ' 74 ha firmato 35 film. De Sica ha vinto l' Oscar con Sciuscià (1946), Ladri di biciclette (1948), Ieri, oggi e domani (1963), Il giardino dei Finzi Contini (1970). Il suo ultimo film è stato Il viaggio con Sophia Loren e Richard Burton CHRISTIAN DE SICA Attore e regista Christian De Sica interpreterà il ruolo di papà Vittorio sul set de «La porta del cielo»: scritturandole come comparse, salvò 300 persone. Ha incaricato i suoi legali di valutare se l' altro film (di Maurizio Ponzi) sia denunciabile per plagio MAURIZIO PONZI Regista Ponzi ha finito di girare A luci spente, una storia simile a quella del film che si prepara a fare De Sica. Il regista assicura però che le somiglianze starebbero «solo nel contesto dell' epoca» e sottolinea le differenze tra le due storie G. B. MONTINI poi Papa Paolo VI Il giovane monsignor Montini (il futuro Paolo VI, 1963-1978) a quell' epoca era il delegato vaticano alla produzione. L' accordo segreto prevedeva che il film non finisse finché i tedeschi stavano a Roma MASSIMO GIROTTI Attore Tra i protagonisti del film girato da Vittorio De Sica nel 1943 c' era Massimo Girotti: interpretava la parte di un operaio diventato cieco per colpa di un collega. Nel cast anche Marina Berti e Maria Mercader GIULIO SCARPATI Attore Nel cast di A luci spente («il titolo riguarda la sala di proiezione ma anche i valori oscurati dal fascismo», dice Ponzi) ci sono Giulio Scarpati, in baffetti e foulard, Giuliana De Sio, Andrea Di Stefano e Filippo Nigro


El Vaticano y los nazis. Pio XII. Documentos

A favor:
.
http://webs.demasiado.com/pioxii/noticias.html
. http://www.corazones.org/doc/nosotros_recordamos.htm#
Doc%20NOSOTROS%20RECORDAMOS
 
. Sitio Oficial del Vaticano
http://www.vatican.va/
. L´Osservatore Romano. Diario Oficial del Vaticano, edición en español: http://www.vatican.va/news_services/or/or_spa/index.html

En contra:
. http://www.angelfire.com/ca6/filosofo/papahitler.html
. http://www.rnw.nl/informarn/html/act010730_pioxxii.html
. http://www.chile-hoy.de/internacional/001027_vaticano.htm


Eugenio Pacelli. Pío XII

Eugenio Pacelli nació en Roma el 2 de marzo de 1876.Perteneciente a una familia dedicada al servicio papal, tuvo como padre a un abogado muy prestigioso que trabajó toda su vida en función de los intereses de la Santa Sede.Eugenio hizo sus primeros estudios en una escuela católica privada, cuyo director Giuseppe Marchi, era un confeso antisemita que gustaba ilustrar a sus alumnos acerca de la “dureza” de corazón de los judíos. Las controvertidas actitudes que tendría Pio XII en relación a los judíos durante toda su vida quizás se las deba en gran parte al señor Marchi.

Eugenio Pacelli era alto y flaco, con una nariz aquilina, de constitución delicada y desde niño demostró una gran inteligencia y capacidad memorística. Era capaz de recordar libros enteros después de una sola leída. Le complacía el estudio de las lenguas, clásicas y modernas, tocaba el violín y el piano, era un excelente nadador y durante sus ratos libres gustaba montar a caballo. Eugenio fue durante toda su vida una persona solitaria y reservada, que ya desde su más temprana edad profesaba una devoción religiosa y un amor por el estudio poco comunes. Rara vez dejaba traslucir sus estados de ánimo y ninguna de las personas que estuvieron a su lado  pudieron  llegar a desentrañar su más íntimo pensamiento.Eugenio Pacelli fue ordenado sacerdote en el año 1899 cuando contaba apenas 23 años de edad.A partir de ese momento inicia una carrera meteórica hacia las altas jerarquías de la iglesia, indudablemente favorecido por los contactos que le establecía su prestigioso padre.A los 25 años ya trabajaba en la Secretaría de Estado del Vaticano.Habiendo culminado con éxito sus estudios en derecho eclesiástico y civil, en 1902 el Papa Pio X lo nombra miembro de la comisión encargada de revisar y establecer una nueva codificación de las leyes canónicas, con el objetivo de promulgar un nuevo Código de Derecho Canónico.En 1911 es nombrado subsecretario de la Congregación de los Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios y, a partir de 1914, se convierte en secretario de la misma.En 1917 es elegido como Nuncio en Baviera, siendo consagrado por el papa Benedicto XV arzobispo titular de Sardes.

Desde  Munich el nuncio Pacelli fue un estrecho colaborador del papa en sus esfuerzos por aliviar a las víctimas de la primera guerra mundial.Durante la guerra Pacelli demostró poseer un gran valor personal y en medio de las peores miserias humanas  sus palabras de aliento  y su acción caritativa aliviaron las penas de miles de heridos, huérfanos y viudas.Su prestigio pronto superó las fronteras de Baviera y en 1920 es nombrado primer Nuncio ante la nueva República de Weimar.En 1924 firma el Concordato de la Santa Sede con Baviera y en 1929 sus esfuerzos denodados culminaron con la histórica firma del Concordato entre Alemania y la Santa Sede.Ese año es nombrado cardenal y antes de despedirse de Alemania advierte acerca del peligro que representaba el auge del nacionalsocialismo para el mantenimiento de la paz.Lamentablemente en esa ocasión su mensaje de advertencia no fue escuchado o su preocupación parecía exagerada para los líderes de su época.Durante sus años en Alemania el pensamiento de Pacelli con respecto al antisemitismo sufrío un cambio complejo.Por un lado su vida en una sociedad xénofoba afirmó su sentimiento de desprecio hacia los judíos en el sentido cristiano de culpar a los judíos por la muerte de Cristo.Pero Pacelli era absolutamente contrario a cualquier tipo de violencia y sentía repugnancia por la ideología alemana de entonces que abiertamente pedía el exterminio o la expulsión de los elementos judíos.El fenómeno del nacionalsocialismo era una síntesis de los peores sentimientos del pueblo alemán, habilmente explotados por Adolf Hitler y sus secuaces.Pero el antisemitismo y el odio por los extranjeros no era un invento de Hitler sino un sentimiento ancestral del pueblo alemán. Cuando Pacelli llegó a Alemania en 1920 , el partido de Hitler era uno más entre los cientos de movimientos racistas y nacionalistas que se extendían por todo el país favorecidos por la grave crisis social y económica que atravesaba Alemania. Pero en 1929 el nacionalsocialismo era ya uno de los partidos más importantes de Alemania y sus ideales abiertamente expresados en cuanto a una guerra de expansión (Lebensraum o espacio vital) y el aniquilamiento de los  judíos constituían una clara amenaza para la paz no solo de Alemania sino de Europa. El desprecio de Pacelli con respecto a los judíos era probablemente de orden puramente teológico, en base a las enseñanzas recibidas en la niñez. La mayoría de los católicos crecieron y se formaron con la idea de que los judíos habían sido los responsables de la muerte de Cristo y  cuya dureza de corazón les impedía abrazar la causa cristiana. Pacelli no fue la excepción pero su desprecio por lo judío nunca llegó a transformarse en un odio manifiesto ni en un deseo de aniquilarlos .La sociedad alemana, en cambio, veía al judío como el culpable de todos sus males y para colmo entendía por “judío” todo lo no alemán. Gitanos, polacos, italianos y cientos de grupos étnicos fueron víctimas en los campos de exterminio de la xenofobia alemana. Cuando se habla de antisemitismo o de holocausto judío se está circunscribiendo la tragedia en un grupo étnico en particular cuando, en realidad, hubo también millones de seres no judíos que fueron víctimas del odio alemán. Eugenio Pacelli fue uno de los pocos en darse cuenta de esta diferencia y con su lenguaje, quizás excesivamente diplomático trató de advertirle al mundo acerca de la amenaza  que se estaba incubando en el seno de la Alemania de Weimar.Pacelli, una vez en Roma, fue nombrado Secretario de Estado del Vaticano. Convertido en el hombre más importante de la Iglesia Católica, después del Papa, Pacelli  dio inicio a una política que fue el fiel reflejo de sus contradicciones internas. La firma en  1933, como enviado de Pío XI,  del Concordato con Austria y con la Alemania nazi es un claro ejemplo en ese sentido. Por un lado Pacelli detestaba a Hitler y al nacionalsocialismo pero al mismo tiempo descreía de las democracias y del sistema parlamentario. El suponía que el sistema de Concordatos era mejor establecerlos con gobiernos rígidos y dictatoriales, que según su punto de vista, eran una garantía contra el temido comunismo y a favor de la paz. Lamentablemente no advirtió que con esta política de concordatos legitimó a dictaduras sangrientas que ahora podían decir que estaban aprobadas por el Vaticano. De hecho, Goebbels y su equipo de propaganda apuntaron en ese sentido: la Santa Sede  aprobaba la política nacionalsocialista. La rápida y ambigua respuesta de Pacelli negando ese propósito de poco sirvió para reparar semejante error diplomático que más tarde sería imposible de remediar.

En 1939, a la muerte del Papa Pío XI, Pacelli, es elegido a la edad de 63 años como el nuevo pontífice de la Iglesia Católica. Su nombre sería el de Pío XII en una muestra del aprecio y la admiración que sentía por su antecesor. El inicio de su pontificado coincidió con el estallido de la segunda guerra mundial. Durante el conflicto, Pío XII nunca abandonó su lenguaje elevado y de escaso compromiso con los hechos concretos. Sus sermones, refinados y abstractos, nunca bajaban al mundo terrenal. Nunca una condena enérgica o un reproche explícito  que pudiera  intimidar a la política agresiva del Reich alemán. Desde su asunción en marzo hasta la invasión de Polonia en el mes de septiembre, Pío XII hizo seguramente menos de lo que podía haber hecho desde su enorme sitial de poder. Su autorizada opinión, desde su elevada posición de Vicario de Cristo, quizás  hubiese podido influir en el desarrollo de los acontecimientos de manera mas incisiva y radical. Sus sondeos con Mussolini, Franco y el mismo Hitler, se limitaron a burdos intercambios de cortesías y sugerencias, siempre guardando las formas del buen gusto. Una vez más el diplomático prevalecía sobre el servidor de Cristo y fiel a la línea de su antecesor, pareció siempre más preocupado por la seguridad del Vaticano que por la suerte de Europa y del mundo. Si Pio XI se deshacía en elogios hacia Mussolini (llegó a afirmar que era el hombre enviado por la Providencia), Pío XII más cauto y refinado en su lenguaje prefería no comprometerse con nadie. Hasta 1943 permaneció casi ajeno a la guerra merced a la inmunidad que gozaba Roma en su condición de ciudad abierta. Pero cuando empezaron a caer las primeras bombas en la mismísima Roma, Pío XII despertó de su letargo y pensando en la seguridad y preservación del Vaticano se apuró en declarar a Roma ciudad santa. Sus apariciones públicas se hicieron cada vez más frecuentes e implorando al cielo, en medio de la multitud que observaba en estado de trance, el Papa estiraba sus finos y largos brazos en un llamado dramático por la paz. En medio de la desolación y las bombas, la longilínea y delicada figura de Pio XII, parecía la imagen de una aparición con su voz de ultratumba  que dejaba a sus desesperados oyentes en un estado de alucinación. En una Italia sumida en el caos, con tres gobiernos paralelos, Roma había sido abandonada por los miembros del gobierno e incluso por el Rey. Mussolini gobernaba desde el norte en Saló, Badoglio y el Rey estaban en el sur en Bari con los aliados y el resto de Italia estaba conociendo el rigor de los nazis que trataban a los italianos como traidores. Roma que hasta 1943, había vivido la guerra en una isla, ahora padecía en carne propia el ruido de los aviones y el espantoso efecto de las bombas. Barrios enteros se transformaban en segundos en un cúmulo de desperdicios. Pío XII desde sus ventanas del Vaticano asistía horrorizado junto a la curia y las monjas de servicio a algo que hasta entonces había sido impensable. Los aliados no respetaban a Roma, la ciudad milenaria y cuna de la cristiandad. Si no se paraba esa locura el Vaticano también iba a ser víctima de las bombas  aliadas o del saqueo nazi. Pío XII estaba en una encrucijada. No podía tratar con los aliados porque Roma estaba bajo el dominio alemán y la represión de los nazis hubiese sido terrible. Pero tampoco quería tratar con los alemanes porque las bombas aliadas iban a caer como respuesta sobre San Pedro. En esas horas su actitud siguió siendo ambigua aunque esta vez con justos motivos. Sus contadas ayudas a los judíos italianos perseguidos por la Gestapo se hicieron cuidando de no irritar a los alemanes y con el preciso objetivo de salvaguardar su posición ante la historia. La derrota del  Eje era casi un hecho y la rendición de cuentas ante los aliados debía contar con algunas “pruebas”.Algunos judíos se beneficiaron con esta ambigua política de Pío XII pero desgraciadamente  más de mil judíos romanos fueron deportados por los alemanes sin que se supiera más nada de ellos.

Durante la posguerra la figura de Pío XII se difundió por primera vez a través de los canales de televisión y hasta el final de su vida mantuvo esa aureola de santidad  que le permitió ser considerado como el Papa entre los papas. Murió en 1958 a los 83 años de edad


Vittorio De Sica

Actor y realizador cinematográfico italiano, uno de los más brillantes representantes del neorrealismo (v.) entre los años 1946 y 1952.
      N. en Sora el 7 jul. 1902. Después de estudiar Derecho, empezó a interpretar papeles en el teatro como galán de comedias. Desde 1930 empezó a encarnar en el cine papeles semejantes, aunque había hecho ya algunas salidas a la pantalla a partir de 1918 con El proceso Clemenceau de Edoardo Bencivega. ¡Qué sinvergüenzas son los hombres! (1932), de Mario Camerini, concreta en De S. el tipo de protagonista joven y simpático, sentimental y pícaro, que apareció en numerosas comedias de Camerini: Pero no es una cosa seria (1936), El señor Max (1937), Grandes almacenes (1939). Con evidentes influencias de Camerini, De S. comenzó a dirigirse a sí mismo en Rosas escarlatas (1940), Magdalena, cero en conducta (1940), y Teresa Viernes (1941). Realiza con escasa fortuna Un garibaldino en el convento (1941) y sorprende con Los niños nos miran (1942), filme con el que De S. se enfrenta por primera vez con un tema serio: el efecto psicológico, sobre un niño de cuatro años, del suicidio del padre, provocado por el adulterio de la madre. Dirigida con minucioso cuidado, las reacciones del pequeño son examinadas con precisión casi clínica.
     
      Después de la guerra, y del poco éxito de su realización La puerta del cielo (1946), De S. hizo El limpiabotas (1946), un lamento trágico sobre la abandonada infancia de la posguerra. Con guión de su asiduo colaborador Cesare Zavattini, trató con ternura y lirismo la trágica historia de dos golfillos romanos como símbolo de «la indiferencia de los hombres para con las necesidades de los demás». Para De S. los niños son víctimas de los hombres, y éstos son, a su vez, destrozados por el monstruo complejo y ciego de la ambición, que engendra la miseria. En Italia, dominada otra vez por el cine americano, el film no tuvo el mismo éxito que en el extranjero.
     
      En 1948 De S. filmó por sus propios medios un guión de Zavattini que ningún productor había querido: Ladrón de bicicletas. La odisea del obrero Antonio Ricci y su hijito Bruno en busca de la bicicleta robada que permitirá al padre conseguir trabajo, es una patética maravilla de ternura dramática, relatada con una notable sobriedad visual. El film fue premiado en Bélgica, Locarno y Roma, pero De S. hubo de invertir sus beneficios en Milagro en Milán (1951), una fábula social contada con realismo fantástico, triunfadora en el Festival de Cannes. La irresistible belleza de sus imágenes fue unánimemente elogiada, pero no sucedió así con Humberto D (1952), el triste drama de un jubilado, que fue un total fracaso de público y se vio rechazada por parte de la crítica. El filme siguió la definición de Zavattini: «el realismo es tener el coraie de mirar durante hora y media -la duración de un film- los ejemplos de las injusticias cotidianas entre las que vivimos».
     
      A partir de ese momento, De S. vio declinar su carrera de realizador, con algunos destellos aislados, mientras crecía su fama de actor cómico, ampuloso y exuberante. Estación Termini (1952) se vio mediatizada por las imposiciones del coproductor americano David O'Selznick. El oro de Nápoles (1955), una serie de cuentos napolitanos, combina neorrealismo y teatralidad. El techo (1955), es un maravilloso regreso a las constantes neorrealistas, con ternura y sencillez en sus fragmentos de vida. Después dirigió la tragicomedia El juicio universal (1960), Dos mujeres (1961), una tremenda historia de guerra que valió a la ciociara Sofía Loren el Oscar de interpretación; un episodio de Boccaccio 70 con la Loren; Los secuestrados de Altona (1963) de Jean-Paul Sartre; de nuevo Sofía Loren en Ayer, hoy y mañana (1964) y en la farsa Matrimonio a la italiana (1964). Uno de sus recientes filmes ha sido la amarga sátira El especulador (1965), con Alberto Sordi, y en 1966 hizo Tras la pista del zorro, una disparatada peripecia de Peter Sellers coproducida con EE. UU. Su última interpretación ha sido de un prelado romano en Las sandalias del pescador (1968). Y como director, Amantes (1968), Los girasoles (1969) y El jardín de los Finzi-Contini (1970). M. en París, 13 nov. 1974

BIBL.: P. G. HOVALD, El neorrealismo y sus creadores, Madrid 1962; H. AGEL, Vittorio de Sica, Madrid 1960; 1. MITRY, Dictionnaire du Cinéma, París 1963; G. SADOUL, Dictionnaire des Cinéastes, París 1965


Ladrón de bicicletas
Alfonso Méndiz

Filmada en 1945, pocas semanas antes de que terminara la II Guerra Mundial, Ladrón de bicicletas supuso el lanzamiento al estrellato de su apenas conocido director, Vittorio De Sica; y, más importante aún, la definitiva consagración del Neorrealismo italiano en el contexto cinematográfico internacional. Sin embargo, este segundo aspecto ha sido revisado y puesto en tela de juicio en los últimos años.

La película, en efecto, fue canonizada desde su estreno como una obra maestra del Neorrealismo, y así quedó catalogada en todos los manuales de historia del cine. Pero la cinta -que es, indudablemente, una obra magistral- dista mucho de ser un ejemplo de ese "cine nuevo, hecho de argumentos casuales, creados sobre la marcha, filmada en la calle con actores improvisados", como se autodefinía el neorrealismo italiano. Porque, en esta historia de un obrero infeliz a la búsqueda de su bicicleta robada, no hay nada de improvisado.

Para empezar, la película se basa en una novela de Luigi Bartolini, de cierto éxito, cuyo carácter picaresco sería reorientado hacia el drama social durante el largo proceso de escritura del guión. Según testimonia Suso Cecchi D'Amico, uno de los siete guionistas acreditados (hubo otro más que no apareció en los créditos), cada uno de los detalles de la acción fue escrito cuidadosamente de antemano, aunque muchas escenas -como la visita a la vidente de Via Nomentana- fueran tomadas de la realidad. Además, el rodaje fue sumamente elaborado: en determinadas secuencias filmadas en pleno centro de Roma (como la persecución del ladrón en el túnel de Via Ferrara) fue preciso cortar el tráfico para instalar focos y vías del travelling, o para mover a un ingente número de figurantes.

Y es que realmente está hecha con todos los medios necesarios, por mucho que se trate de una modesta producción independiente. Tres amigos de De Sica financiaron toda la operación: Ercolle Graziadei, Sergio Bernardi y el conde Cicogna; pero le exigieron una calidad cinematográfica que en modo alguno casaba con la pura improvisación o experimentación. De hecho, Sergio Leone -que actúa como seminarista austríaco en una secuencia vagamente anticlerical- recuerda los largos y laboriosos ensayos del director con todos sus actores.

Porque, en efecto, la selección de intérpretes fue un punto clave para el éxito de la película. Antes de iniciar el casting, una compañía americana que leyó el guión final había ofrecido gran parte del presupuesto a condición de que De Sica contara con Cary Grant para el papel protagonista. Pero el director, que sabía muy bien el look que la cinta precisaba, rechazó esa oferta y se lanzó a las calles de Roma a la búsqueda de sus intérpretes. La periodista radiofónica Lianella Carell, que se acercó a pedirle una entrevista, fue probada en el papel de María y dio una imagen perfecta. Entre cientos de obreros reales, De Sica se fijó en Lamberto Maggiorani, un parado de la construcción que se había acercado a las cámaras para curiosear durante el rodaje. Y, entre un número aún mayor de niños, el director encontró por fin a Enzo Staiola, un rapaz callejero de siete años, cuya "cara redonda, nariz cómica y ojos vivísimos", llamaron la atención del cineasta en medio de una banda callejera de los alrededores. El neorrealismo de De Sica, como el de Rossellini, no se basa en el realismo en sí, sino en la maestría para crear la ilusión convincente de realidad.

La narración, por otra parte, es perfectamente clásica. Su estructura es cíclica: el protagonista sale de la multitud anónima en la primera secuencia y vuelve a ella en el final. Y el argumento, centrado hábilmente en unos precisos límites temporales (el 90% de la trama transcurre en un domingo estival), conjuga incidentes variados con un cierto sentido del suspense: ¿Logrará Ricci recuperar su bicicleta?

A la postre, más que por su tenue mensaje social, Ladrón de bicicletas perdura hoy como un documento insustituible de la Italia de postguerra; y, sobre todo, por su calculada estilización, por la metáfora escondida en el argumento, y por la magnífica historia entre el padre y el hijo (lo que uno y otro descubren de sí mismos en su afanosa búsqueda). Casi al final, tras la comida de hombre a hombre en la trattoria, Ricci sufre la última humillación al ser pescado como ladrón y abofeteado delante de su hijo. Pero no es ésta la última palabra de la cinta: la mano que el hijo le tiende -inolvidable la mirada de Maggiorani- propicia la imagen más memorable del filme: el niño que le amaba como a un dios, le amará en adelante con sus miserias, simplemente porque se trata de su padre.


 El jardín de los Finzi Contini

 Alejada de la estética neorrealista, la obra está basada en la conocida novela de Giorgio Bassani Il giardino dei Finzi-Contini publicada en 1962 y de la cual se comentó que "El tema del antisemitismo de la Italia de aquella época y el clima asfixiante impuesto por el régimen mussoliniano aparecen tratados críticamente (...). La prosa de Bassani, elegante y refinada, la excelente factura de los análisis psicológicos junto con una técnica narrativa impecable permiten equiparar el estilo de este autor italiano con el de Henry James."

     La película recoge con bastante fidelidad este clima y durante el cine foro, los analistas señalaron aspectos referentes a la estupidez como una presencia arquetipal en el ser humano y el procedimiento de la negación (verneinung) como las respuestas que esta familia ofreció ante una realidad terrible y amenazante que acabó destruyéndola. Inevitable fue establecer relaciones con la realidad actual del país y la pasada catástrofe en Vargas. También se detuvieron en la imagen del jardín y su simbolismo. Se señaló la posibilidad real de salvación física que el protagonista logra frente a la amenaza facista al reconocer que está frente a un mundo vedado, ajeno a su condición y de cuyo desmoronamiento, fue testigo.
 

 

 

 

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