Introducción
Toda película tiene un “asunto”, un “qué”, que da lugar a que se cuente
una “historia”. Su forma correcta de presentación para permitir
convertirlo en un producto reconocible como película se denomina guión.
Te explicaremos qué es exactamente un guión, cuál es su función y su
utilidad. En sucesivos epígrafes te familiarizaremos con los elementos que
conforman un guión: la estructura, el esquema o esqueleto racional de los
actos del relato; las escenas, secuencias y planos, o la división
funcional del guión, cuyo principal valor es servir de guía de trabajo
para el equipo técnico-artístico; los personajes, los “quién” del texto,
los actores del relato; y finalmente los diálogos, aquello que los
personajes se comunican.
Toda historia tiene un germen en una idea que se desarrolla en una serie
de pasos hasta llegar a la forma de guión definitiva. Estas historias
pueden ser originales, creadas por el escritor desde su propia imaginación
o adaptadas, convertidas en guiones a partir de textos previamente
existentes.
Dado que todo guión se crea para ser convertido en película,
distinguiremos entre guión literario, aquél cuyo valor primordial es el
relato mismo y guión técnico, aquél cuyo valor esencial es indicar todos
los procesos de la puesta en escena.
Concluiremos este bloque con el epígrafe cuyo revelador título es “Fin”,
advirtiendo de la importancia que tiene conocer cómo termina una historia
antes de empezar a escribirla
¿Qué es el guión?
Existe una máxima incontestable en el mundo del cine: un buen guión no
garantiza una buena película, pero sin un buen guión no puede haber una
buena película; y un corolario complementario: un mal director puede
estropear un buen guión pero ni el mejor director salvará un mal guión
(quizá con la sublime excepción del trabajo mexicano de Luis Buñuel). Pero
¿qué es el guión?
La definición exacta de Guión se antoja compleja y con
variaciones según los autores. En cierta manera se establece en un punto
de equilibrio entre la fuerza creativa de literatura y la del séptimo
arte. De igual modo que hay guiones que se convirtieron en novelas como
2001, una Odisea del Espacio de Arthur C. Clarke son multitud los
ejemplos de novelas que se transforman en guiones y luego en películas o
series televisivas (desde El Quijote hasta Harry Potter o
El señor de los anillos). El resumen más simple podría indicar que un
guión es un texto escrito concebido desde su origen para transformarse en
imágenes. Cierto es que, como indica Jean Claude Carrière, coguionista
habitual de Luis Buñuel, el guión se halla más próximo a la imagen, al
director, que a la forma escrita, al escritor.
Ya hemos indicado en otros epígrafes que la narrativa
fílmica es causal. Es decir que los guiones comienzan o parten de un punto
(con frecuencia sin dar ninguna información sobre los procesos acaecidos
con anterioridad) y se constituyen como trayecto que avanza por medio de
acciones y conflictos de los personajes para llegar a otro punto que se
determina como final (y deja conscientemente al margen la evolución
futura). Dos ejemplos: ¿qué era de la vida de Torrente antes de entrar en
el bar, plano con el comienza el primer film de la saga? o ¿qué hacen ‘los
otros’ en la actual sociedad de la información en la que las islas del
canal son paraísos fiscales?
Como se sabe, la progresión lineal de incidentes,
episodios y acontecimientos relacionados entre sí que conducen a una
resolución dramática se han definido ancestralmente como planteamiento o
principio, nudo o medio y desenlace o final. El norteamericano Syd Field,
la autoridad más reconocida entre los autores de manuales de escritura de
guiones, hasta tal punto que sus libros se han traducido a 17 lenguas y
han vendido unos 600.000 ejemplares en todo el mundo, establece unas
normas para la escritura de los guiones por las que se considera que cada
página Din A 4 de un guión equivale a un minuto de proyección en pantalla,
de lo que puede deducirse que debe trabajarse con un promedio de unas 120
páginas por guión.
Con este modelo tripartito, paradigma en las palabras de
Syd Field, utilizaremos las primeras 30 páginas como planteamiento de la
historia, las siguientes 60 páginas equivaldrán al segundo acto o nudo y
las 30 últimas páginas serán de resolución, el tercer acto. Recordemos que
estas medidas son promedios, hay películas que duran 90 minutos y otras
que llegan a las cuatro horas de proyección, hay films que pueden llevar
su planteamiento hasta el minuto 40 o reducirlo al 25, pero salvo
elecciones azarosas podremos aplicar proporcionalmente el paradigma a
cualquier película o guión que analicemos.
Según Doc Comparato, otro autor cuyos libros tienen gran
circulación en el mercado español y latinoamericano, todo guión se compone
de tres elementos esenciales: Logos, el discurso sustentado por la
palabra, la organización verbal del guión; Pathos, el drama, la acción
convertida en conflicto y que genera los acontecimientos y Ethos, el
significado último de la historia, lo que se quiere decir, el motivo por
el que se escribe, las preguntas y las respuestas.
Con independencia de que en la actualidad sea
relativamente habitual la publicación editorial de los guiones de las
películas de éxito, lo cierto es que un guión como forma escrita es
perecedero. Su existencia depende del tiempo que se tarda en convertir en
producto audiovisual y luego permanece como sustrato de la forma visible
que es el film. Como cada uno de los elementos que intervienen en el
proceso creativo fílmico su virtud se basa en su invisibilidad para el
espectador medio. Lo que no obsta para que un buen ejercicio de análisis
fílmico consista en tratar de ver una película, aconsejablemente de corte
comercial, e intentar cronometrar en qué minutos situamos el final de la
presentación y el inicio del desenlace
La estructura
A pesar de que a lo largo de la historia del cine existen
ejemplos de autores y pensamientos que han organizado el pensamiento
artístico cinematográfico desde una perspectiva liberada de ataduras,
resulta innegable que en todo los procesos de la creación fílmica
predominan una serie de normas técnicas que establecen un sistema
unificado que limita las alternativas. Ya conocemos que la elaboración de
las historias fílmicas está muy condicionada por esas reglas de causalidad
narrativa, motivaciones psicológicas de los personajes de cara a la
superación de los obstáculos y la consecución de los objetivos.
Paralelamente, el material narrativo de una película está representado con
una determinada estructura del guión en tres actos y a su análisis
dedicaremos este epígrafe.
Primer acto o planteamiento. El guionista dispone de un
máximo de 30 páginas para situar al espectador: hacerle entender de QUÉ
trata la historia, QUIÉN la protagoniza y CÚAL es su premisa dramática. En
la primera fase hay que enganchar a la audiencia y hay que hacerlo en diez
páginas; como cualquier espectador conoce, con mucha frecuencia los
iniciales minutos de una película suelen determinar si nos gusta o no o,
al menos, si nos interesa o no.
Los métodos de inicio de un relato audiovisual varían.
Podemos encontrar emocionantes secuencias iniciales repletas de acción,
presentaciones peculiares de los personajes, o simplemente la exposición
de la situación y los personajes a un ritmo cadencioso. Cineastas como
Howard Hawks o Billy Wilder (que se inició como guionista y lo siguió
siendo de todas sus películas) insistían en comparar un film con una
montaña rusa, donde el inicio debía ser dinámico y emocionante y luego
durante todo el relato ir intercalando descansos y ascensos en el clímax
hasta su resolución.
El final del primer acto viene determinado por el primer
nudo de la trama, un hecho que hace avanzar la historia mediante un giro,
una situación que relacionada directamente con la historia la dota de una
nueva perspectiva y obliga al protagonista a seguir adelante.
Ejemplaricemos con una historia: Un policía desmantela una operación de
tráfico de estupefacientes y descubre que sólo ha requisado un pequeño
alijo que servía de señuelo a una operación de mayor envergadura. Diez
páginas para mostrar la redada en el muelle comandada por el protagonista
que, tras un tiroteo, descubre el alijo. Veinte páginas para mostrar su
entorno, su gloria y finalmente, primer nudo de la trama, la certeza de ha
sido objeto de un engaño. QUIÉN; el policía, QUÉ; su lucha por destruir un
conglomerado de narcotraficantes y obtener un gran triunfo personal, CÚAL;
descubrir el motivo del engaño y la posible restitución de su reputación.
Segundo acto o confrontación; se basa en el conflicto
personal o psicológico y los obstáculos que lo producen. No hay historia
si no hay impedimentos que interrumpan al protagonista alcanzar su meta.
Estas dificultades componen la acción dramática de la historia. Lo que se
denomina en inglés plot, trama o desarrollo. El personaje tiene
definido su objetivo y durante las siguientes 60 páginas o minutos de
proyección el espectador le acompañará en su trayecto para alcanzarlo.
Este proceso se inicia con la complicación del problema;
en nuestro ejemplo: el policía se ve implicado con el descubrimiento en su
casa de una partida de droga. La situación puede empeorar. El guionista
quizá recurra a un intento de normalización por medio de la acción; aún
suspendido en sus funciones, nuestro policía sigue con la investigación
haciendo nuevos descubrimientos, recurriendo a sus amigos y contactos en
los bajos fondos. Finalmente se alcanza un estado de crisis que
corresponde con el final del segundo acto en forma de segundo nudo de la
trama, un nuevo giro o descubrimiento que conduce a la historia a su
resolución; el protagonista descubre que su compañero de patrulla está
involucrado en sus desgracias y, además, ha secuestrado a su madre.
Tercer acto o resolución; el final de la historia está
determinado desde un inicio por la causalidad narrativa. En otras
palabras: el final debe completar y explicar la historia para dotarla de
unidad. Si el guión es un trayecto, el guionista debe saber cuál es la
estación de destino. Si se sabe a dónde se va, se puede elegir el modo. En
caso contrario el escritor puede terminar deambulando sin rumbo y no
llegar a puerto. El final ha de estar relacionado con el inicio pero
dotándolo de otra perspectiva. En nuestro ejemplo, el policía salva a su
madre viéndose obligado a matar a su (ex)amigo, salva su reputación, pero
ya no le interesa la gloria de su profesión, o su oficio mismo.
La mejor opción es el final cerrado, es la más habitual
porque satisface mejor las expectativas creadas. La narración audiovisual
es, ante todo, un negocio y para mantenerlo hay que complacer al público,
no ofenderle o decepcionarle. Sin embargo, cada vez son más frecuentes los
finales abiertos que dejan al espectador completar la propia historia
De la idea a la historia
Todo guión es la traslación de un tema de ficción,
documental o informativo al lenguaje cinematográfico. Es decir que en el
principio siempre hay una idea que provoca la necesidad de narrar
en imágenes y de comunicarla. Provendrá de la memoria de nuestra
experiencia personal, de lo que captamos en el entorno, de lo que leemos,
vemos u oímos. Se enumera en pocas palabras y contiene la razón de ser de
la historia. Por ejemplo, idea núcleo: un policia abate a tiros a su
compañero de patrulla que utilizaba a su madre como escudo y rehén.
El segundo paso del proceso es crear el story line
o síntesis de la historia. Abarca unas pocas líneas. Es equivalente a
los resúmenes de las películas en los periódicos o revistas especializadas
y en muchos casos es lo único que leen los productores antes de implicarse
en un proyecto. Por ejemplo; Un policía se ve desprestigiado por un engaño
llevándole a arriesgar todo, empleo, familia, amigos, para limpiar su
nombre, y cuya resolución, la traición de su compañero de patrulla, le
hará replantearse sus antiguos valores.
La tercera etapa es la sinopsis, un breve resumen en dos o
tres páginas donde ya se especifican los personajes, las acciones
principales y las intenciones. No contiene diálogos, pero ya empieza a ser
un texto que quiere ser trasladado a la pantalla en imágenes. Es una
mirada general, primera forma textual del guión, que los guionistas
utilizan en sus primeras entrevistas ante el productor, quien quizás se
sirva de ella para conseguir dinero o coproducción. Sólo llega a manos de
directores o productores por lo que su forma ha de ser clara y concisa.
Existiría una cuarta fase que en ocasiones puede
identificarse también con la sinopsis y que se denomina argumento. Entre
cinco y veinte páginas, describe la historia completa de los hechos y
personajes principales en tiempo presente. Asimismo puede ser una sucesión
numerada de escenas, y que tiene su forma más eficaz en el método de las
fichas. Cada ficha equivaldría a una escena y no existe un número
determinado de ellas a utilizar. La escritura creativa no es un proceso
matemático y la prueba de ello es que algunos guiones se argumentaron en
una docena de fichas y otros necesitaron un centenar. Es, sin más, un
método práctico para organizar un orden escénico de la historia, de
carácter abierto y por ello de gran potencial creativo. Puede darse la
situación de que gracias a esta visión una secuencia varíe su posición en
el orden narrativo o que una historia cronológica se descubra enriquecida
como una sucesión de flashbacks.
El guionista pasa a continuación al tratamiento, una
descripción detallada de la película que suele abarcar unas 30 páginas.
Fue una herramienta creada en el periodo de transición del cine mudo al
sonoro para que los guionistas, aún desacostumbrados al sonido, pudieran
entender la acción de las escenas. Todavía no aparecen los diálogos pero
sí todos los personajes, situaciones y acciones. Es un proceso arduo
puesto que da, desde una perspectiva aún literaria, todos los componentes
del relato. La película ya estará ahí.
Puede pasarse entonces al guión literario, sobre el que
profundizaremos en el siguiente epígrafe, donde ya se reflejan las formas
del guión propiamente dichas, con su particular nomenclatura. Contiene las
acciones y los diálogos y es el instrumento de trabajo de todo el equipo
de rodaje, tanto técnicos como actores. La última fase no pertenece ya a
la labor del guionista sino al equipo de dirección y recibe el nombre de
guión técnico (véase epígrafe 9.5), donde se determinarán cuestiones
concretas de producción y sobre todo la visión técnica (tamaño de los
planos, movimientos de cámara, etc. ) que el director tiene del texto.
Un ejercicio estimulante y entretenido sería llevar a cabo
todas estas fases con una idea propia o con una noticia aparecida en los
diarios que reclame nuestra atención. ¿Hasta qué etapa eres capaz de
llegar? No escatimes esfuerzos, la creación y el desarrollo de la
imaginación es un ejercicio tan ameno como productivo
El guión literario
El guión literario consiste en la presentación narrativa y ordenada de
las acciones y diálogos, todo ello estructurado en secuencias y dispuesto
ya a ser llevado a la pantalla. Contiene la historia que el director con
sus colaboradores técnicos y artísticos trasladará a la pantalla mostrando
su punto de vista (y no el del guionista), y eso hasta el punto que con
frecuencia en los rodajes es el texto que se utiliza para el desarrollo
del trabajo dejando para el último momento la planificación exacta. Es lo
que habitualmente se publica editorialmente (en realidad lo que se publica
se prepara una vez que la película se ha terminado).
El guión literario ante todo ha de ser lingüísticamente
sencillo y formalmente directo; debe huir de los detalles y situaciones
secundarias que recargan la acción y retardan la culminación del relato.
Un buen guionista no hace indicaciones de cámara, a lo sumo sugiere alguna
pues como hemos dicho más arriba la labor de determinar el punto de vista
pertenece al director.
En las productoras, americanas y las importantes
españolas, existen una serie de personas que se dedican exclusivamente a
leer guiones. Ellas son la primera y una de las barreras más difíciles de
sobrepasar para los jóvenes guionistas. Por ello, conocedores como son del
oficio de guionista, cualquier muestra de desconocimiento de las reglas
formales de presentación que perciben en pocas páginas les lleva a
desechar en minutos la labor de meses de un desafortunado aspirante a
profesional. A veces se dice que en torno al ochenta por ciento de los
guiones que se reciben en una productora son rechazados con la única
mirada que confirma la falta de profesionalidad en el conocimiento de la
normas que se utilizan en la industria. En suma, es decisivo seguir las
reglas y la forma del guión no escapa a esta máxima.
Como ejercicio para agilizar el proceso de creación del
guión literario puede seguirse el modelo que realiza el director y
guionista español Julio Diamante De la idea al guión (véase
bibliografía) en donde se antepone al desarrollo del guión literario una
breve entradilla en el que aparecen aspectos tales como el tema, el
objetivo o meta del protagonista, los conflictos entre otros. Luego divide
el guión entre una fase de exposición (escenas 1 a 8), fase de desarrollo
(escenas 9 a 50), fase de desenlace o final (escenas 51 a 55).
Sea como fuere, el guionista debe escribir la historia
escena a escena y, eventualmente, plano a plano (sobre todo en films
documentales). Syd Field establece la distinción entre planos maestros y
planos específicos; los primeros abarcan los espacios escénicos amplios
como calle, habitación, estación, y los segundos se refieren a una parte
determinada de ese espacio como un portal, una cama, la taquilla.
Veamos la forma ‘canónica’ del guión literario desde la
guía de nuestro ejemplo:
3. EXTERIOR/NOCHE. MUELLES DE NUEVA YORK. (Se
indica el número de orden de la secuencia en el guión; y el tiempo y lugar
en que se desarrolla la acción; tampoco es infrecuente verlo al revés:
MUELLES DE NUEVA YORK, EXT/NOCHE).
Tom Doyle se limpia el sudor de la frente. Su compañero
ADRIAN DUNBAR le presta un pañuelo. La noche es fría y todos los policías
apostados van abrigados. Contemplan el barco BELLASEAMUS. (Se procede a
una escueta y clara descripción de los personajes, el lugar y las
acciones. Los personajes que son presentados por primera vez se escriben
en mayúsculas
El guión técnico
Si al guión literario se le incluye la planificación a
realizar y los movimientos de cámara, nos encontramos con lo que en la
industria se denomina el guión técnico.
Según lo visto en el epígrafe anterior puede deducirse que
con el guión literario los actores pueden empezar a aprender sus papeles y
los técnicos pueden empezar a preparar las necesidades de sus respectivos
departamentos. Aunque sigue existiendo un cierto número de realizadores
que mantienen que el tamaño, número de planos y los movimientos de cámara
deben decidirse in situ en rodaje tras ver a los actores
evolucionando sobre los decorados, el modelo más frecuente de trabajo
cinematográfico es la creación de un guión técnico y la planificación
previa del director de todas las secuencias o escenas. Este método permite
preparar con mayor concreción las necesidades para cada plano. Al respeto
máximo a este modelo se le conoce como "guión de hierro", por lo que tiene
de inmodificable en el rodaje, y conocidos cineastas de lugares y tiempos
muy distintos como Vsevolod Pudovkin, Alfred Hitchcock o Alejandro
Amenábar han sido o son sus valedores. En el lado contrario, directores
como Roberto Rossellini defendieron que planificar por adelantado era
absurdo.
El director redacta el guión técnico señalizando los
momentos concretos en los que ha decidido utilizar las distintas
herramientas del lenguaje audiovisual: el emplazamiento de la cámara y los
tamaños de plano (general, medio, primer plano...), ángulos de la toma
(picado, a ras de suelo...), los movimientos de cámara (panorámica,
steadycam, travelling...), las transiciones entre planos (fundidos,
encadenados, desenfoques...), efectos dramáticos (juegos de luces o
sonidos,...) y en ocasiones, si su preparación se lo permite, las focales
(objetivos, enfoques de términos,...).
El storyboard es una presentación en dibujos o
fotografías del guión técnico. A modo de cómic se presentan cada uno de
los planos tratando de aproximarse al máximo a la concepción que el
director tiene. Posee su propia nomenclatura de signos (flechas para
indicar que tres dibujos consecutivos serán el mismo plano rodado en
movimiento...) y abreviaturas. Su uso se ha generalizado tanto que ya
existe como profesión específica como puede apreciarse en los créditos
finales de las películas. La aplicación de las nuevas tecnologías ha
llevado en algunos casos a hacer storyboards digitales,
tridimensionales y en movimiento de determinadas secuencias para prever
problemas o sencillamente para realizar una visualización previa.
A pesar de que en la redacción del guión técnico
prevalecen los gustos de cada director, históricamente se han dado dos
modelos centrales de representación escrita. En Europa ha predominado una
forma en que la hoja se dividía en dos columnas; en la parte de la
izquierda aparecían los requerimientos técnicos y en la columna de la
derecha los diálogos. A su vez, en Estados Unidos han prevalecido los
guiones técnicos escritos a una única columna. En la actualidad ésta
última manera se ha convertido en hegemónica entre los profesionales.
Veamos ahora un ejemplo de guión técnico en el que las siglas P.G
corresponden a plano general, las de P.M a plano medio y las de P.AM y PP
a las de plano americano y primer plano, respectivamente
Guión original y guión adaptado
Más de la mitad de las películas que se hacen en el mundo provienen de
textos previos: novelas, obras teatrales, canciones, cómics,
noticias; incluso en las formas fílmicas no narrativas es frecuente la
visualización de poemas o composiciones musicales. Uno de los más
habituales ejercicios de todas las escuelas audiovisuales consiste en
adaptar esos textos en la búsqueda de su equivalencia fílmica. Es más, en
industrias altamente desarrolladas como en Estados Unidos existen
profesionales que se dedican a la búsqueda de novelas con hipotético
potencial para convertirse posteriormente en éxitos cinematográficos. En
los últimos tiempos el fenómeno ha alcanzado unas dimensiones tan extremas
que se llegan a comprar novelas aún no escritas por las expectativas
creadas alrededor de un autor.
No hay diferencia sustancial entre el método para escribir una obra
original o los procesos de adaptación de obras previas. Adaptar es
transformar las peculiaridades de un medio a otro, es la capacidad de
adecuar dos lenguajes por medio de cambios o ajustes. Por centrarnos en el
caso más habitual como es el paso de una novela a una película, los ‘ritos
del pasaje’ entre ambos medios o la búsqueda ‘del trazo de la letra en la
imagen’ constituye uno de los filones característicos de debates
intelectuales y disputas prolongadas durante décadas.
Obviamente, en toda adaptación se trata de valorar en cada caso las
zonas compartidas por ambos medios (el punto de vista, los estilos
narrativos...) y también las zonas de conflicto (el cine y la literatura
son modos de representar la realidad que utilizan procesos distintos). En
suma, que la transformación de "leíble a visible", en la definición del
cineasta español Manuel Mur Otí, no es un proceso automático sino que
obliga a unas pericias técnicas entre las que destacan el conocimiento de
las servidumbres que impone la duración de las películas, con mucha
frecuencia más reducidas en su extensión narrativa que las novelas.
El corolario evidente es que en el cine se debe realizar una selección
drástica del texto literario original. El guionista no sólo tiene que
realizar una condensación, puesto que no se trata tan sólo de resumir,
sino que en muchas ocasiones hay que eliminar personajes, tramas,
subtramas, reducir su importancia o, en algunos casos, inclusive crear
nuevos personajes y situaciones. Algo que inevitablemente afectará al
ritmo narrativo y a los mecanismos de envolvimiento psicológico del
espectador.
El conocido crítico y teórico francés André Bazin diferencia tres tipos
de adaptaciones:
- Las que se conciben con el mayor respeto al espíritu de la obra
adaptada, por ejemplo la adaptación de El Quijote (1991) de
Manuel Gutiérrez Aragón
- Las adaptaciones libres basadas en la simpatía hacia la obra o en la
compra de los derechos de autor tal como ocurre con Carne trémula
(1997) de Pedro Almodóvar.
- Las que establecen una dialéctica original entre cine y literatura
como las películas de Marguerite Duras.
-
Lo cierto es que cine y literatura son dos productos distintos
condicionados por sus propios modelos de consumo y los placeres que
proporcionan a sus públicos. La historia del cine tiene ejemplos de todo
tipo: desde excelentes películas surgidas de novelas mediocres, hasta
decepcionantes films emanados de notables novelas. Sin descartar que, al
margen de las operaciones de marketing, una obra de éxito en un medio no
implica necesariamente el éxito en el otro, como demuestra el fracaso de
adaptaciones como La costa de los mosquitos o La hoguera de las
vanidades.
Por ello el mejor consejo es que el guionista trabaje como mejor
considere para hacer una buena película; aunque, cierto es, puede tener
cortapisas con respecto a las cláusulas contractuales establecidas en la
compra de los derechos, como en España establece Arturo Pérez Reverte.
En esencia, un guión adaptado se limita a seguir las mismas normas que
uno original. Desde un punto creativo, la adaptación es en esencia una
labor de toma de decisiones. Lo importante de una obra previa es el tema;
quizás lo más inalterable a la hora de convertirla en guión, ya que
contiene el espíritu de lo que se desea narrar. En este sentido es vital
centrarse en los detalles que podamos elevar a las categorías subyacentes
en el texto y remitirnos al conocido aforismo de ‘una imagen vale por mil
palabras’, una sóla secuencia puede abarcar una gran cantidad de páginas
de un libro
Escenas, secuencias y planos
Un guión no tiene como objeto sino ser una película y, como tal, toda su
estructura está concebida para facilitar el trabajo. De esta manera, un
guión se divide en partes, básicamente porque cada una de ellas
constituye un módulo a partir del cual (como se verá en el bloque 10) se
puede organizar la producción. La clasificación más operativa es la que
distingue entre una serie de escenas, divididas en secuencias que, a su
vez, se dividen en planos.
Una escena es un bloque de acción dramática asentado en
una idea que las más de las veces sirve para dar coherencia al relato y
para avanzar en el trayecto de la historia hacia el desenlace. El lenguaje
común nos da ejemplos útiles; nos es necesario ser un cinéfilo para hablar
de la escena del robo, la escena de la boda, etc. No existe un número
limitado de escenas en un guión, cada historia tiene sus necesidades. En
Náufragos (1944) de Alfred Hitchcock toda la acción transcurre en un bote
en medio del mar y consta de menos escenas que, por ejemplo, cualquiera de
las secuencias que se nos ocurran de la serie de James Bond. Baste tan
sólo apuntar que la unidad dramática que establece la escena debe respetar
la tríada característica de planteamiento, nudo y desenlace. Y, excusado
es decirlo, debe ayudar a la construcción o resolución del tema.
Analicemos brevemente la escena de la persecución por los pasillos en
Tesis (1995) de Alejandro Amenabar. En ella, la protagonista Ángela (Ana
Torrent) ve a Bosco (Eduardo Noriega) y le persigue; es descubierta, entra
en un aula en la que se imparte una clase y cuando ésta finaliza, en un
giro que lleva a la conclusión, se produce la claudicación ante Bosco: la
cazadora cazada. La escena es un todo en sí misma, posee unidad siendo,
como decíamos anteriormente, un bloque de acción dramática.
Si las escenas son el contexto general, las secuencias son
el contenido.
La secuencia es la unidad dramática de espacio y tiempo.
La secuencia nos indica siempre un espacio, si sucede en un interior
(casa, estación, coche...) o un exterior (campo, calle, mar...), y un
tiempo, si sucede de día o de noche. Cada vez que se cambian estas
variables se produce un cambio de secuencia. El operativo es meramente
logístico y está relacionado con cuestiones de producción. Permite
organizar de forma eficiente los cambios de cámara o luz al cambiar de
localización.
No hay un número estándar de secuencias en una película;
tampoco tienen una duración determinada (salvo por limitación tecnológica,
ya que una bobina de 35 mm de una cámara estandarizada puede abarcar, como
máximo, diez minutos de proyección continua) pudiendo incluir desde un
personaje cruzando una calle hasta el renombrado plano secuencia de La
soga (1948) de Alfred Hitchcock que comprende prácticamente el noventa por
ciento de la duración completa de la película (los cambios de la bobina de
la película se camuflaron aprovechando los movimientos de los actores).
Tan sólo se puede decir que las secuencias no deben reiterar lo
previamente establecido o separar al espectador del desenlace que tenga el
guionista establecido. Suele ser una premisa ampliamente aceptada que la
diferencia entre una buena y una mala película es que la primera insinúa
con sutileza y la segunda reitera machaconamente. Aunque cada secuencia se
inicie y termine es usual que los guionistas, sobre todo si nos han
mostrado adecuadamente el contexto en que se desarrolla y cómo se engarza
con las secuencias previas y con las expectativas del final, reflejen sólo
una parte del espacio y el tiempo que representa, dando por entendido el
resto. El contexto nos ha situado, permitiendo estas elipsis.
Por último, el plano es la unidad narrativa mínima. Viene
determinado por la posición y el movimiento de la cámara. No suele
indicarse, pero en ocasiones en el pasado venía indicado en el guión
técnico con una clasificación basada en el orden del abecedario, por lo
que es un instrumento más propio del director que del guionista. Veamos
nuestro ejemplo extraído de un guión:
3. EXT/NOCHE. MUELLES DE NUEVA YORK.
A. Posible P.G. con movimiento de travelling hasta
llegar a PM)
B. P.M. (la luz es muy contrastada) Tom Doyle se
limpia el sudor de la frente.
C. P.M. en contraplano Su compañero ADRIAN DUNBAR
le presta un pañuelo.
D. Desde P.AM. en grúa
ligeramente ascendente y en horizontal hasta...) La noche es fría y todos
los policías apostados van abrigados.(P.G.) Contemplan el barco
BELLASEAMUS.
Cierto es que pueden plantearse escenas
de transición con el fin de ambientar el tema o enlazar sus periodos: en
un viaje los consabidos planos de ruedas de locomotoras, humos, raíles,
etc. Asimismo, pueden ser considerados como escenas los planos desligados
de secuencias que contribuyen a crear el carácter del personaje o del
ambiente como los llamados planos de recurso; piénsese que un plano buen
plano de recurso puede ser descriptivo y más útil para el relato que un
minuto de diálogo
Personajes
La causalidad centrada en los personajes es la base de la
narrativa cinematográfica. Huelga decir que existe algún resquicio para
que la causalidad fílmica se articule a partir de motivos impersonales
como cuando el desencadenante de la trama es la propia naturaleza
(irrupción de volcanes, inundaciones o similares desastres), o que lo haga
a partir de grupos sociales como pasaba en las películas soviéticas de los
años veinte, pero lo cierto es que son las cuitas psicológicas de los
personajes el timón que guía el trayecto del guión-film (los
acontecimientos históricos se suelen presentar como ausentes de causa;
piénsese en Juana La Loca de Vicente Aranda (2000) y la
imposibilidad absoluta que tiene el espectador de esa película para
comprender los procesos históricos).
De esta manera, todo relato ha de tener un personaje, o
varios. Éste no ha de ser necesariamente un ser vivo, puede tratarse de un
lugar, como ocurre en Roma (1972) de Federico Fellini, aunque los procesos
de identificación son la base del éxito de un producto audiovisual y por
ello, salvo excepciones, el protagonista de una película es una persona
que ha de superar obstáculos para conseguir una meta. Obviamente, si el
personaje es el eje motriz de la acción causal, deberá contar
obligatoriamente con una serie de rasgos psicológicos. En otras palabras,
el guionista debe dar una vida interior y otra exterior al personaje que
ayude a comprender sus acciones.
La vida interior sería la biografía, la vida del personaje
hasta el momento en que se inicia la historia que se ha decidido contar.
Es su período de formación que el espectador no conoce directamente pero
que condiciona al personaje. Su sexo, contexto histórico, procedencia,
entorno, clase… cuantos más datos se desarrollen, más completo es y más
posibilidades ofrece al escritor para el guión. Puede resultar útil, por
las contaminaciones que vienen de los procesos publicitarios, que el
guionista parta de unas fichas en las que se establezca la vida interior
del protagonista.
La vida exterior es la que se narra en la película; todo
personaje ha de enfrentarse a conflictos para alcanzar su objetivo, se
relaciona con otros personajes e interactúa consigo mismo. Un buen
ejercicio consiste en parcelar la vida del personaje en tres ámbitos; el
social, con quién se relaciona, cuál es su estado civil; el profesional,
en qué trabaja, a qué se dedica; y el privado, qué piensa, en qué cree. La
tensión dramática provendrá de los obstáculos que ha de superar para
lograrlo y de sus acciones. Un personaje es lo que hace más que lo que
dice.
Al igual que las escenas y las secuencias, los personajes
necesitan de un contexto y un contenido. El contexto es un punto de vista,
la manera de ver el mundo que tiene el guionista. También es una actitud,
un modo de comportarse y de reaccionar, en nuestro repetido ejemplo de los
epígrafes 4, 5 y 7 el policía Tom Doyle es autosuficiente y por ello
optimista y presuntuoso. Posee una ‘personalidad’, es cínico y socarrón
con su compañero. Manifiesta una conducta, se mantiene vigilante en su
labor y reacciona a los sonidos inesperados por ser su prioridad,
confiscar el alijo. También, según indica Syd Field, la construcción del
personaje es revelación; y por ello a lo largo de la película iremos
descubriendo datos sobre su personalidad: siente la tensión del momento o
le gusta la pizza con atún. El contenido de los personajes será el actuar
que surge de todos estos contextos especificados.
A la hora de escribir una idea original pueden darse dos
situaciones: que se tenga una idea núcleo inicial y haya que encajar en
ella a los personajes o que al ir desarrollando las peculiaridades de
aquéllos se vaya cristalizando la trama de la historia. El proceso de
escritura y creación da lugar a descubrimientos sorprendentes que conducen
al guionista por caminos inesperados. Por ejemplo, el antagonista Adrian
Dunbar debía ser el compañero que ayudaba a Tom Doyle a resolver el engaño
que sufrían ambos, pero el desarrollo de su pasado y su personalidad
conllevan que se transforme y sea él mismo el traidor, una opción que no
existía en una primera visión general de la idea. También se puede
encontrar un filón dramático en los personajes secundarios que, sin ser
centrales en la causalidad, pueden suponer uno de los nudos de la trama,
como bien sabe el espectador de cine español, al provocar reacciones en el
protagonista.
A modo de consejo: es interesante conservar como propios
todos los datos físicos que conforman el personaje y sean inherentes al
relato, pero salvo que sus características condicionen la propia historia,
no es conveniente resaltarlo en el guión para que las posibilidades de
encontrar actores sea más amplia. Especificar en exceso puede producir
rechazo por parte de un interprete
Fin
Las historias que se establecen en las películas van
creciendo hacia un punto culminante. Según avanza el trayecto del relato
la causalidad que enlaza todas las escenas y secuencias se va encauzando
hacia una única resolución. Lo cerrado de las estructuras fílmicas hace
que los espectadores avezados intuyan la previsibilidad en el desarrollo y
en el final de las historias cinematográficas.
Los cánones indican que un guión ha de tener un momento
cumbre en el que culminen los trayectos causales de la película y donde se
resuelvan los problemas planteados en su curso; tras el desarrollo
dramático de ese momento, el film ha de concluir rápidamente. La situación
es tan visible que durante décadas las películas finalizaron con un
letrero categórico: The End, Fin. Cierto es que en el cine contemporáneo
se parte de que no existe un punto final concreto, sino la interrupción de
una historia en un momento dado y que nosotros como espectadores podemos
prolongarla hasta el infinito. De ahí que como generalidad haya
desaparecido el último cartel.
Sin embargo, esas dudas no pueden existir en el guionista.
Él o ella se ven en la tesitura de elegir una opción definitiva, un
verdadero the end, donde concluya el periplo de sus creaciones. De la
dificultad que entraña este proceso es buena muestra que existen
directores que llegan a variar e introducir cambios constantes en el guión
hasta el inicio o durante el rodaje. De hecho, una buena práctica es
considerar que el final de una historia es lo primero que ha de conocer el
guionista. Todo girará alrededor de ese final. , pues desde ese punto se
podrá trazar la evolución del personaje y podrán establecerse los
obstáculos para llegar a esa conclusión. Es el método básico del suspense
y de la causalidad fílmica: conocer la resolución para ir ocultando al
espectador los detalles que desvelen demasiado pronto la intriga,
permitiendo al mismo tiempo ir dándole claves y pistas que le permitan
llegar a la solución del enigma al unísono que el protagonista. En otras
palabras, si se desconoce el destino del protagonista es imposible
trazarle el camino.
Desde el punto de vista del guión, el fin de una película
es la combinación de tres momentos que pueden darse juntos o levemente
separados: culminación del climax, desenlace y final propiamente dicho.
Son muchos los que opinan que el final acaba siendo casi lo más importante
de la película; y que aunque los personajes sean buenos, los diálogos
excelentes y la trama entretenida, si el final es descendente (recordemos
la idea de clímax in crescendo) o simplemente vulgar y
decepcionante, toda la película habrá perdido su peso.
No es fácil establecer un final aunque a priori parezca
basarse en una simple lógica, la consecución del objetivo. Retomando
nuestro repetido ejemplo podíamos optar por un final que hace que ambos
policías resuelvan el engaño realizado por terceros; por otro en el que
Tom Doyle resuelva el enigma añadiéndole una porción de venganza por la
muerte de su colega; y hasta un tercero en que la traición de su compañero
resulte ser la solución al caso. Cualquiera de estas tres opciones variará
completamente el relato y sin embargo el concepto general es el mismo: la
consecución del objetivo.
Siempre será mejor un final cerrado que uno ambiguo.
Siempre será mejor un final feliz que uno triste. Pero nada es una verdad
absoluta y existen grandes películas en la Historia del cine que
contradicen estas posturas base del cine industrial y comercial. El valor
social que muchas generaciones han dado al hecho de ir a ver una película
nos dice que una película es un producto de consumo cuya principal función
es la de entretener y, dado que su visionado representa por parte del
espectador un esfuerzo económico (pago de entrada, alquiler o compra de
sistema casero de visionado), temporal y físico (desplazamiento al cine o
videoclub, un tiempo de inactividad), hay que satisfacerle en la medida de
lo posible.
El guionista William Goldman, galardonado con el Oscar,
sostiene que es mejor una mala historia con un buen final que lo
contrario. Lo que la gente mejor recuerda son los finales y si no haz la
prueba y pregunta cómo termina Los otros (2001) de Alejandro
Amenabar o Airbag (1997) de Juanma Bajo Ulloa.
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