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Fuente La Página del Guión
1990 Introducción.
La
ambición de saltar el vacío que separa a investigadores y creadores, nos
ha llevado a imaginar la construcción de una vía en la que pudieran darse
cita -aún cuando no fuera sino para proponer la virtualidad de un diálogo-
dos maneras de ver el cine, dos lenguajes, dos territorios. Este es el
sentido que se le concede a las siguientes líneas: el de un esbozo, lleno
de atrevimientos, de una metodología de construcción dramática del guión,
que incorpore algo del léxico y del rigor que es propio de la actual
investigación humanística, en las áreas de la semiótica literaria y el
psicoanálisis. El resultado, más que de un modelo acabado, signado por las
bondades y las rigideces de una última palabra, pretende sugerir un
horizonte de trabajo que pueda ser compartido por todos aquellos que
creemos que el análisis y la creación pueden no ser más que dos caras de
una misma inquietud, dos visuales complementarias para la obra.
Elementos para la construcción de un guión. Un inventario
En la base de todo método de construcción del guión se ubica una terna de
elementos fundamentales: el personaje, la acción, y el conflicto.
Personaje, acción y conflicto, se entrelazan en sus definiciones, y
constituyen aspectos cuya inevitable soldadura forja el basamento mismo de
la estructura dramática. Revisemos someramente cada uno de ellos:
El personaje
Las diversas exploraciones en torno al problema de la construcción del
personaje del filme de ficción se orientan alrededor de un eje en cuyos
polos se sitúan:
-
una visión esencialista del personaje que lo constituye en recipiente de
atributos o cualidades (personaje definido por su ser, que se rellena
según un conjunto de esencias, según los datos de su biografía, de sus
aspectos físicos o sus datos psicológicos más o menos estáticos).
-
una visión dinámica del personaje que lo entiende como un cierto
conjunto de actividades, de transformaciones unificadas en una
representación, generalmente antropomórfica, que cobra sentido y provee
significaciones en la medida en que hace o, mejor dicho, representa un
hacer.
Un
recorrido por los manuales de escritura del guión nos deja ver que tal
concepción se reparte en ellos sin demasiada autoconciencia: si acaso, un
mayor énfasis en los aspectos dinámicos en los autores norteamericanos de
manuales y cierta confesada preocupación por los personajes en los autores
europeos, es síntoma de una divergencia entre dos concepciones
dramatúrgicas que se hace explícita algunas veces.
No obstante, una relativa homogeneidad en las metodologías, coloca el
énfasis en ciertos elementos de construcción: la biografía del personaje,
el diseño de su "crecimiento", la formulación de sus motivos y sus
intenciones, etc.
En algunos autores, como Lajos Egri, el diseño de la biografía es
exhaustivo: Egri quiere un escritor capaz de conocer a su personaje a la
manera de Ibsen, de listar, en una suerte de anamnesis, todas y cada una
de las cualidades relevantes que lo configuran en el plano "fisiológico",
psicológico y social y que conforman lo que el autor llama la
tridimensionalidad del personaje. Otros autores, como Swain prefieren una
calificación limitada a los requerimientos de la acción: la impresión
dominante, el punto de vista, la actitud dominante, los intereses y lo que
el autor denomina el potencial de clímax, todos están circunscritos a la
esfera de las acciones posibles: la biografía no va mucho más allá del
plano de la manifestación diegética. Field -quizás el más popular
manualista norteamericano- subordina esta construcción biográfica del
personaje a la acción en forma contundente: el personaje es lo que hace.
Su interior es todo lo que suponemos le ha acontecido antes del tiempo
presente narrado en el film y que conforma su carácter actual. Su exterior
es lo que se cuenta en el presente diegético y se revela, casi
exclusivamente, a través de la acción.
Los otros aspectos presentes en los manuales tienen que ver con la
vinculación del personaje con la acción dramática (con la esfera actancial,
como diremos más adelante). Motivación, intención y objetivo, para Vale;
condición, aspiración y realización en Cucca; condiciones sociales y
fuerza de voluntad en Howard Lawson apuntan todos a la construcción de la
acción verosímil, temperada por el requisito de la carácter gradual de la
modificación (obligatoria) del personaje.
Ciertas "leyes" - para dar un nombre a las recomendaciones preceptivas que
soportan los manuales y que, desde Aristóteles, alimentan la dramaturgia
occidental - pueden entresacarse de la lectura: el personaje debe
disfrutar de cierta autonomía -en el sentido de portar una única "línea de
pensamiento" o de "producir diálogos personales"; debe también ser
coherente, es decir, conservar una identidad (un carácter) en el decurso
de sus transformaciones menores; debe crecer y modificarse a través de la
obra; debe estar caracterizado por los rasgos distintivos que conforman
sus diálogos y sus acciones y que lo diferencian orquestadamente del resto
de los personajes; debe, finalmente, hacerse de una fuerza de voluntad tal
(de un potencial de clímax) que sea capaz de llevar la acción hasta sus
últimas consecuencia.
La acción
El aspecto más notable con relación al concepto de acción, tal y como se
recoge de la lectura de los manuales de dramaturgia, se inscribe en la
siguiente paradoja: el término acción es quizás el más naturalmente
nombrado, más requerido por decirlo así y, sin embargo, el que menos rigor
merece en su tratamiento. El crítico y el lego, por lo demás, en el
ejercicio de su evaluación inmediata de un filme, recurren invariablemente
al análisis de la acción: los filmes tienen "mucha" o "poca" acción, o
acciones "lentas" o ninguna acción. El término de acción dramática (como
el de "estructura dramática" o "estructura narrativa"), constituye poco
menos que un comodín con el que se designa una cualidad de la narración
cuya "aparición" parece intuitivamente indudable. Claramente, en el caso
de los manuales, se apela a la intuición del escritor, a un sentido común
que decidirá, en último término, cuando hay acción y con qué intensidad
ésta se presenta.
La anterior circunstancia no ha sido obstáculo para que se desarrolle,
entre los manualistas, una muy completa "teoría" de las acciones
dramáticas. Howard Lawson, por ejemplo, se ha detenido en la consideración
de la arquitectura de las acciones, reconociendo el carácter "enclavado"
de éstas (como ciclos constituidos por una exposición, un ascenso un
momento de choque y un clímax, que se articulan a niveles mínimos para
reproducir la misma estructura a escala macroscópica), y aconsejando al
escritor con relación a la construcción de su progresión, al diseño de su
ritmo, de su causalidad compleja y de las tensiones que regulan su
intensidad. Podría decirse que los manualistas manejan rigurosamente una
materia cuyo término central, indefinido, está confiado a la intuición.
Como el personaje, la acción también tiene sus "leyes" previstas en los
manuales: desde la ley de unidad de acción, aristotélica y polémica, que
concentra en una transformación única el devenir dramático y hace depender
las demás acciones de este tronco común, hasta otras reglas que regulan el
desarrollo de las transformaciones dramáticas, postulando la necesidad de
repartir la acción entre momentos de concentración y momentos de
respiración, que administren modificaciones siempre en avance. Notable es
el énfasis en la motivación de las acciones (asunto bien estudiado por los
formalistas y neo-formalistas, dicho sea de paso) que exige la garantía de
un sustento "lógico" como dispositivo para el adelanto de las acciones.
El conflicto
Contrariamente a lo afirmado con relación a la acción, el término
conflicto aparece definido con claridad en los manuales de dramaturgia:
oposición de fuerzas contrarias, de voluntades y obstáculos, su
formulación es tal que resulta fácilmente identificable para el escritor.
Ciertas exigencias con relación al conflicto dramático se repiten en los
manuales: su intensidad (un "buen" conflicto dramático demanda energía de
las fuerzas en oposición), su equilibrio (de forma tal que las fuerzas en
pugnan compitan con idénticas probabilidades de éxito), sus posibilidades
de permanencia a través del desarrollo total de la obra y, sobre todo, la
irreductibilidad de los términos que se hallan en él comprometidos (y que
se definen uno con relación al otro, como en la simbiosis), es decir, de
su posibilidad de integrar una unidad de contrarios, al decir de Lajos
Egri.
Otras "leyes dramáticas"
Las reglas de construcción recomendadas en los manuales no se agotan en la
utilización de los términos mencionados anteriormente. Rebasan el ámbito
de la historia, por decirlo así (si entendemos por historia la
disposición, lógica y cronológicamente ordenada de los acontecimientos que
integran un filme), para introducir recomendaciones al nivel de su puesta
en discurso. Dicho en términos más sencillos: se trata no sólo de "armar"
las historia creando personajes, acciones y conflictos, sino de
estructurar los mecanismos para que el acto de contar la historia la
valorice y la haga dramática. Un buen ejemplo de "reglas" que actúan en
este sentido lo encontramos en Chion, quien reúne en varias operaciones
los pasos que requiere lo que el autor denomina dramatización de la
historia. Chion exige así la concentración del material a contar con la
finalidad de unificar la historia y de regular la información hasta
límites digeribles por el espectador; la emocionalización del material, es
decir, la búsqueda de una participación emocional del espectador en el
drama; la intensificación, de los sentimientos, de las situaciones vividas
por los personajes y de la irrupción de los detalles significativos, la
jerarquización de los acontecimientos que constituyen la historia previa
y, sobre todo, la creación de una curva dramática, referida no sólo al
discurso, sino también a la disposición general de la historia.
Los modelos de construcción dramática del guión
Una vez revisados los elementos en juego para la construcción de un guión,
todo autor procede a proponer un método de construcción que, pasando por
las diversas etapas del diseño (construcción de personajes, sinopsis,
scaletta, etc.) culmina con la escritura del guión. Brevemente,
revisaremos cuatro de estos modelos, con la finalidad de afianzar las
bases de nuestra discusión.
El Paradigma de Syd Field
Junto con las del español Gutiérrez Espada, las ideas del norteamericano
Syd Field son quizás las que más se han popularizado entre nuestros
profesores de guión. Field, en sus dos textos ya clásicos, propone un
sencillo esquema de trabajo que descansa sobre su llamado "paradigma"
estructural, suerte de horma universal en la que "encajan" los guiones de
cualquier género.
Para Field los primeros pasos de escritura de un guión van de la idea al
sujeto, en un proceso de búsqueda de lo que el autor denomina la
estructura dramática, esta última definida como: "Un arreglo lineal de
incidentes, episodios y acontecimientos relacionados entre sí, que
desemboca en una resolución dramática". ¿Cómo se sigue este proceso? En
primer término, la idea, difusa por naturaleza, debe avanzar hasta
constituir el germen del argumento, lo que el autor denomina el subject,
el sujeto del guión. Si la idea, en general, corresponde a una vaga
tematización, el sujeto ya contiene los rudimentos de la acción
principal.
La disposición posterior de los elementos en juego se realiza según el
paradigma, definido como "un modelo, un esquema conceptual" mediante el
cual es posible visualizar la estructura del guión como un todo. En su
primera versión, el paradigma divide al guión en tres actos: Acto I o
presentación, Acto II o confrontación y Acto III o resolución, del
conflicto principal. Los soportes divisorios, por decirlo así, entre los
diferentes actos, lo constituyen los llamados puntos argumentales o plot
points (en la figura, PA1 y PA2). Un punto argumental es un acontecimiento
que cambia radicalmente el sentido de la acción. Field preve dos de estas
unidades, una al final del Primer Acto y otra hacia el final del Segundo
Acto.
Lo dicho se resume en la figura:
Una vez dispuesto el material según el paradigma, el escritor procede a
elaborar en detalle el principio, el fin y de los dos puntos argumentales,
cuatro unidades que constituyen la armazón básica del guión. El escritor
dispone estos hallazgos en cuatro páginas para configurar una suerte de
sinopsis que conserva la estructura y que será completada una vez que se
redacten las biografías de los personajes. La escritura posterior, que se
lleva a cabo con el sistema de fichas, se sucede de acuerdo a la división
establecida en tres actos. Cada acto es estructurado separadamente. Por
último, se procede a una reescritura que dará lugar a la pmera versión del
guión.
El Tratamiento de Swain
Otro autor norteamericano cuyo pragmatismo lo coloca entre los bestsellers
es Dwight Swain. Su libro Film Scriptwriting, formula una metodología que
se puede resumir en cinco pasos:
-
Paso 1. En primer lugar, el escritor debe ocuparse del anclaje de la
acción en el pasado que antecede el filme. Para ello debe construir el
background, el bagaje histórico que remite y explica la conflictiva a
desarrollarse en el presente del filme.
-
Paso 2. En segundo término, procede a establecer los elementos
fundamentales de la historia, a saber:
a. Los personajes, para cuyo propósito, el autor recomienda: 1)
Establecer el personaje tempranamente y 2) establecer el carácter del
personaje (impresión dominante, gusto por el personaje, aspectos que
lo hacen interesante, potencial físico para la acción, potencial de
clímax).
b. Las situaciones.c. Los escenarios de la acción.
d. Los tonos y atmósferas.
-
Paso 3. En tercer lugar, el guionista establece el comienzo o apertura
del film. Para ello es indispensable diseñar:
a. El gancho (the hook). Un incidente o acción que provoque la
suficiente curiosidad en el espectador como para que éste permanezca
interesado en el desarrollo de la historia.
b. El compromiso (the commitment) del personaje principal en relación
con el logro de su objetivo.
-
Paso 4. Seguidamente el escritor procede a planificar, entre el comienzo
y el final del tratamiento, las crestas (peaks) de la acción, puntos que
marcan las confrontaciones del personaje principal en su lucha por
alcanzar el objetivo. Dichas confrontaciones se planifican:
a. Evitando lo predecible.
b. Acentuando, entre dos soluciones posibles para una confrontación
del personaje, la solución negativa (la cual, según Swain, siempre
resulta ser la más creíble).
c. Espaciando las crisis.
-
Paso 5. Por último, el guionista se dedica a resolver las situaciones
pendientes. Tal resolución se lleva a cabo de dos maneras:
a. Liberando las tensiones creadas por dispositivosecánicos o
externos. La regla básica consiste en traicionar la anticipación
previsible del espectador.
b. Dando salida a las tensiones latentes en los personajes
La metodología de Antoine Cucca.
Para contrastar el enfoque pragmático de los escritores de manuales
anteriormente comentados, procederemos a revisar someramente el trabajo
que el escritor francés Antoine Cucca propone en su libro L'écriture du
scénario. Como para otros autores, el germen inicial del guión se
encuentra en la idea. La idea, "primera condición creativa e
interpretativa del autor", debe cumplir con el requisito de ser visual,
emocional, creíble y universal.
El asunto o argumento constituye un desarrollo completo de la historia a
la luz de consideraciones estructurales. Su elaboración presupone el
hallazgo del tiempo en el relato, de los personajes, de las acciones y
de las situaciones. Para el desarrollo del tiempo se toman en cuenta el
tiempo de la relación de la historia, el tiempo de la evolución de
la historia, el tiempo de la organización del drama, y el tiempo en la
composición escénica.
En segundo lugar, Cucca analiza las posibilidades de la acción de los
personajes a nivel del argumento. O bien las acciones hacen descubrir a
los personajes, o por el contrario, los personajes generan las
acciones.
En tercer lugar Cucca dispone las sucesivas acciones que conformarán el
argumento, cuidándose de distinguir entre las acciones de base
(fundamentos esenciales de la historia), que hacen avanzar la acción, y
las acciones complementarias.
La última fase en la construcción del argumento está constituida por la
elaboración de las situaciones ("Una situación es una unidad superior
del relato, un estado característico determinado por el conjunto de
acciones y personajes"). Las situaciones pueden ser de base (según
contengan por lo menos una acción de base) o complementarias (si constan
solamente de acciones complementarias). Esta últimas constituyen un
ornamento, un relleno que hacen el relato "más incisivo y variable". Las
estructura de las situaciones comporta la clásica división en tres
momentos dramáticos y que Cucca
denomina premisa (o conjunto de condiciones de los personajes al
comenzar la situación); desarrollo (de estas condiciones en busca de
modificación) y resolución.
La elaboración de la scaletta o canevas constituye la
etapa subsiguiente de refinamiento de la estructura y comienza por el
estudio del personaje. La estructuración del personaje requiere en
primer término del estudio del carácter y de las necesidades. De la
misma manera, el estudio del personaje comprende la estimación del
comportamiento ante las acciones de otros personajes, ante los
obstáculos y con relación al lugar. Por último, la consideración de la
diversidad en varios grados (1°, la diversidad física, 2° de objetivos,
3° de comportamiento y 4° las diferencias de comportamiento en un mismo
personaje) conforma el contraste del universo que impone cada situación.
Según Cucca el personaje se revela en la economía de la historia a
través de las acciones que gradualmente modifican la linealidad de su
comportamiento. Es así como la evolución del personaje puede ser
referida, en cada momento, a su condición original, a su aspiración o
deseo y a la realización de estas aspiraciones. El establecimiento al
nivel de la scaletta, de estos parámetros para cada personaje
constituye, un paso obligado de la construcción.
Otro aspecto a considerar para la escritura de la scaletta se refiere al
lugar. Una vez evaluado el espacio en sus posibilidades temáticas,
contextuales y de acción y determinadas las posibilidades del lugar, se
procede a determinar la ubicación espacial de cada componente de la
scaletta.
El siguiente paso en la construcción de la scaletta se refiere a la
estructuración de las situaciones que la conforman. En primer lugar,
estableciendo claramente su contenido, en segundo término procediendo a
la individualización de los elementos que integran cada situación
(personajes, acciones) y de las situaciones entre ellas mismas. Esta
individualización puede proceder por analogía (examinando y
descomponiendo el contenido de una situación, por ejemplo) o mediante un
procedimiento de carácter inductivo "un lugar. un personaje, la causa o
el efecto de una cierta acción, contribuye así a definir todas las
otras".
Por último, el desarrollo del drama requiere de la elaboración de la
situación de comienzo y la configuración de las situaciones sucesivas,
situaciones, que, según el autor, se remitirán a algún caso dentro de
una tipología que comprende: las situaciones de apertura (las cuales
abren expectativas inacabadas y se remiten a otras situaciones); las
situaciones conflictuales, principales o secundarias, las situaciones
interlineales de transición (unidades que sirven de ligazón entre las
situaciones conflictuales y las de cerradura) y las situaciones de
cerradura relativa. (Que concluyen una situación de apertura o
conflictual). El ultimo paso en la elaboración del guión consiste en el
"relleno" de la estructura dada por la scaletta.
El modelo de Lajos Egri
Concluiremos nuestro inventario comentando un modelo que, si bien no
proviene de un manual estrictamente dedicado a la dramaturgia
cinematográfica, recoge, en su excelente exposición, ciertos fundamentos
esenciales, comunes a la escritura dramática.
El punto de partida de la metodología que este autor propone en su ya
clásico texto titulado The Art of Dramatic Writing lo constituye lo que
podríamos denominar la proposición ideológica del texto que el escritor
construye, aunque formulada de manera particular. Esta premisa, al decir
de Egri, es lo que el autor quiere decir con su obra y debe ser
formulada como una proposición (en el sentido lógico del término). Debe
estar enunciada de tal manera que contenga en sí misma al personaje
principal (el héroe), al conflicto principal y al desenlace de la obra.
Un ejemplo basta para aclarar el mecanismo de su formulación: una
proposición como: "La drogadicción conduce a la destrucción", es una
premisa en el sentido de Egri, ya que su sujeto presupone la existencia
de un personaje adicto a alguna droga, inmerso en un conflicto con
relación a esta condición dominante, y actor de un drama cuyo desenlace
es inevitablemente la autodestrucción. De manera similar, una
proposición como "Los Estados Unidos siempre vencerán al comunismo",
presupone la existencia de un héroe típica y paradigmáticamente
norteamericano, que lucha contra la amenaza marxista y que al final,
pedagógicamente, resulta vencedor. Egri proporciona una buena colección
de ejemplos: "El gran amor desafía la muerte" (Romeo y Julieta"), "La
ambición desmedida conduce a la autodestrucción" (Macbeth) y algunos
otros.
La premisa es, al decir del autor, una sinopsis en miniatura, cuya
prueba es el fin indeclinable de la obra. Metafóricamente, uno podría
pensar la premisa como una suerte de hipótesis cuya veracidad la obra se
encarga de probar, de la misma manera que un teorema garantiza la
veracidad de su hipótesis a través de la prueba. Egri sustenta su
sistema en este hallazgo básico para el escritor: la premisa "claramente
definida" (clear-cut premise) une así, el tema escogido por el escritor
y los elementos básicos para la construcción del drama:

El segundo paso en la construcción de la estructura dramática, lo
constituye el diseño del personaje y del ambiente. Para lo primero, Egri
echa mano de la idea ya comentada de tridimensionalidad. Para la
construcción del ambiente Egri toma en cuenta la medida en que éste
determina el actuar del personaje. Seguidamente, sobre la base de su
"enfoque dialéctico", Egri asegura las existencia de motivaciones del
personaje y de su capacidad de crecimiento dentro del drama. La fuerza
del carácter, le permitirá la construcción del protagonista, del
antagonista y del resto de los personajes, contrastados todos bajo el
principio de orquestación.
Es importante remarcar que para Egri el personaje se sitúa en posición
generadora respecto a sus acciones. En otros términos, no es la acción
la que precede al personaje- como sostiene el precepto de la Poética de
Aristóteles- sino que es la construcción dialéctica del personaje, a la
luz de la premisa, la que abre el camino para la construcción de las
acciones.
Una vez diseñado el personaje se procede al estudio del conflicto,
siempre, de cara a la premisa. En primer lugar se estudia el origen de
las acciones, vale decir, el cuerpo de circunstancias ligadas a la
biografía del personaje que explican, en términos de causa y efecto, el
desarrollo de las acciones. Así, lo que en la superficie del drama
aparece como una confrontación, incluye en su seno el desarrollo de una
lucha gestada desde el personaje.
Estas acciones, así diseñadas, se estructuran en ciclos ternarios
comenzados cada uno por una crisis, seguido por el clímax y que culminan
en la resolución. Cada una de estas unidades -que uno supondría
constituyentes de un esqueleto básico de acciones o scaletta- debe ser
abordada en un momento estratégico o punto de ataque y deben disponer un
crecimiento gradual de la acción, que evite los saltos y el estatismo y
crezca gradualmente hacia el clímax general de la obra, en el que se
manifiesta el último enfrentamiento de las fuerzas en conflicto y que
desemboca, por tanto, en la resolución. Una vez más, si esta estructura
así nacida prueba la premisa, se ha obtenido la estructura de la obra.
Hacia una instrumentación de algunos objetos teóricos
Partiendo de las recopilaciones que hemos revisado hasta ahora, es dable
formular nuevamente la pregunta que motiva el presente trabajo: ¿Es
posible -mediante una adecuación suficientemente flexible y comprensiva
de las diferencias en juego- reforzar los elementos y leyes que
constituyen un modelo de escritura del guión cinematográfico, con
algunos objetos y constructos teóricos que provienen, entre otros
campos, del análisis semiótico, del estudio de las interacciones
interpersonales, etc. toda vez que, de alguna manera, y en un sentido
que será indispensable precisar, tanto los unos (los modelos "para
construir") como los otros (los modelos "para entender") hablan de lo
mismo? Las observaciones que siguen son piezas aisladas de lo que puede
entenderse como una primera aproximación a esta idea.
- Sobre la base de los estudios de Vladimir Propp y tomando en cuenta el
modelo actancial propio del análisis greimasiano, podría formularse una
hipótesis, según la cual, todo personaje dramático puede ser construido
a partir de lo que podríamos denominar su falta o su carencia
constitutiva. Este concepto, de obvia extracción lacaniana, permitiría
una concepción del personaje, en virtud de la cual, la investidura
constructiva y con ella, todos los esfuerzos del dramaturgo para diseñar
el personaje, convergerían hacia un polo que, dinámicamente, aglutina
aquellos aspectos que movilizan su acción y su crecimiento en el relato:
la historia es porque el protagonista quiere algo. Desea. O, dicho de
otro modo, carece de algo.
En este sentido, conviene recordar algunos presupuestos de la semiótica
contemporánea. Es sabido que cada personaje es susceptible de desempeñar
un rol actancial, según realice o sufra determinados actos. La
representación de un acto puede representarse mediante fórmulas como:
F (S1) ----> [ (S v O)-------->(S ^ O) ]
o bien:
F (S1) ----> [ (S ^ O)-------->(S v O) ]
En
las que S1 designa al sujeto operador que, mediante el acto F, logra el
cambio de estado de S respecto al objeto O. Si bien el interés de
Greimas se sitúa a nivel del análisis del enunciado, nivel en el cual se
ejecuta la distinción entre, por ejemplo, una estado de conjunción y
otro de disjunción, a nosotros nos interesa una interpretación de estos
modelos actanciales más referida al significado (al efecto de realidad)
que nosotros conferimos al personaje. No se tratará de considerar los
enunciados que remiten a tal a cual estado, sino de interpretar las
representaciones formales como estados mismos que adjudicamos a los
personajes.
Volviendo al problema del diseño del personaje en términos de sus
carencias, podríamos reformular las consideraciones previas señalando
que inventar un personaje, y más generalmente, formular un actante,
implica escoger un conjunto de objetos de valor en disjunción con el
mismo, es decir, formularlo como un sujeto carenciado, signado por la
falta que representa la no conjunción con dichos objetos. Cada personaje
es, en cierto sentido, como el sujeto tachado de Lacan, S, un sujeto
definido por su falta. En términos de una metodología constructiva,
podríamos comenzar diciendo que el primer paso en el diseño de un
personaje consistirá en la determinación de sus faltas y, en particular,
en la formulación del objeto de valor principal asociado al personaje.
Esta formulación generará a su vez una construcción en dos sentidos:
hacia el "pasado" del personaje, y por ende, a la construcción de su
historia previa, en la búsqueda de las determinaciones "psicológicas" o
"históricas" en general que han motivado dichas carencias (y que
aflorarán, explicativa o temáticamente en el transcurso de la diégesis);
y, principalmente, una construcción orientada hacia el futuro, que dará
cuenta del itinerario de "alejamientos" y "acercamientos" entre sujeto y
objeto y constituirá la acción dramática misma.
Algunas de las "leyes" ya mencionadas podrían comentarse a la luz de
esta consideración:
* La autonomía del personaje está relacionada con la esfera de
intereses propia del personaje, es decir, con sus carencias
esenciales. El personaje será fiel a su búsqueda (con una fidelidad
que le es específica) lo cual es también un modo de asegurar su
consistencia.
* La fuerza de la voluntad de un personaje no es más que un síntoma de
la profundidad o de la esencialidad de su falta. El empeño
persecutorio de un policía no nos habla más que de su potencia
reparadora. Idénticamente, la intensidad de una obsesión amorosa de la
necesidad ser de amado, etc.
* En términos globales, la orquestación demandará una repartición de
faltas entre los personajes, faltas que resultarán ser de naturaleza
diferente e incluso contrastante (el que tiene dinero no tiene amor,
el que tiene amor es impotente, la de gran corazón no es bella, etc.).
De esta manera se asegura la circulación de una variedad de objetos de
valor que serán intercambiados en el relato.
-
Los modos de consecución de un objeto de valor constituyen un lo que
llamaríamos un estilo del personaje y pudieran ser asimilados a los
que en el Análisis Transaccional se denominan Guiones de vida. Un
guión de vida es "un programa en marcha, desarrollado en la primera
infancia bajo la influencia parental que dirige la conducta del
individuo en los aspectos más importantes de su vida" James y
Jongeward distinguen cuatro niveles en dichos guiones: guiones
culturales, guiones sub-culturales, guiones familiares y guiones
individuales. Cada una de estas instancias señala un modelo
actitudinal en una esfera específica del comportamiento humano, un
"rol" a ser cumplido por el individuo y cuyo contenido básico puede
ser encerrado en una etiqueta. (Por ejemplo, el guión cultural de
un expedicionario inglés a comienzos de siglo podría englobarse bajo
el término de "civilizador", posición que comporta un catálogo de
actitudes más o menos previsibles). El guión sub-cultural se refiere
al patrón de comportamientos y valores de porciones homogéneas que
comparten una identificación en el seno de una cultura: (West Side
Story). El guión familiar define un cuerpo de comportamientos propio
de un apellido, de una estirpe (El Honor de los Prizzi). Por último,
el guión individual define una suerte de programación personal,
referida a las preguntas "¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? ¿Quiénes son
los otros?" (Para responderse, por ejemplo, como el detective Gites
de Chinatown de Huston: "Soy un terco. Me encanta meter las narices
donde no debo. Hay muchos que andan por ahí jugando sucio", o bien,
como Mr. Cross, el magnate corrupto del mismo film: "Soy un
triunfador. Soy dueño de lo que me rodea. Puedo hacer lo que quiera
con todo el mundo").
-
Hemos dicho que, de acuerdo a Greimas, entenderemos por acto el
cambio de estado de un sujeto con relación a la conjunción o
disjunción de un objeto valor. Estos objetos, o bien representan
cosas, entes materiales valorados cuya posesión se disputa en el
relato, o bien describen valores psicológicos o abstractos. La
formulación de un acto, como ya escribimos, viene dada por una
expresión del tipo:
F (S1) ----> [ (S v O)-------->(S ^ O) ]
-
Ahora bien, tal formalización, aparentemente abstracta, podía
constituir un valioso recurso de identificación de las cualidades de
la acción diseñada por el escritor, al aproximar las respuestas de
ciertas preguntas obligadas: ¿Como se identifica una acción
dramática? ¿Cómo se dispone la acción en la estructura general de
los acontecimientos? ¿Como progresa o se detiene? ¿Cómo se logra su
gradación? La aproximación greimasiana comporta de por sí la virtud
de una definición operacional: hay acción cuando hay intercambio de
objetos, cuando el estado de un sujeto cambia. A la pregunta "¿Qué
pasa?" se le podrá responder siempre afirmativa o negativamente,
siempre que se identifiquen sujeto y objeto con claridad.
Cabe señalar que esta definición abarca incluso los llamados actos de
habla, actos en los que pueden distinguirse varios niveles de acción:
como actividad somática que pone en conjunción a un sujeto y un hacer
gestual significante, como un hacer-saber, es decir "como un hacer que
produce la conjunción del sujeto enunciatario con un objeto del
saber", y también, como un hacer-hacer, "es decir, como una
manipulación de un sujeto por otro mediante el habla (Greimas y
Courtés). Esta distinción, revela un aspecto de importancia central
para el dramaturgo cinematográfico y en particular para el
dialoguista: la dimensión de los actos de habla en términos de la
acción dramática, al descubrir para el escritor los diferentes
sentidos en que el acto de habla es acción.
-
Colocados en este punto, podemos distinguir en el personaje -y sobre
todo en el personaje que habla, en esa instancia constitutiva del
personaje que es el parlamento- diferentes niveles de su hacer
lingüístico. Lo más común es que el escritor -e incluso el
manualista- ponga el acento en el nivel locucionario y se preocupe
del decir del personaje, del "contenido" de ese decir. Pero una
visión más profunda nos lleva a postular como esenciales los dos
niveles restantes, destacando por ejemplo, los enunciados
ilocutorios, aquellos, cuya "función primera e inmediata consiste en
modificar a los interlocutores", (Ducrot y Todorov). Repensados de
esta manera, los parlamentos (y los diálogos) participan de la
acción de una manera distinta según prioricen uno u otro nivel:
pueden ser portadores de información unidimensional o,
simultáneamente, remitir a diversos niveles de la acción (y de la
información).
- Otros aspectos centrales de la acción dramática, tales como
aquellos a los que remiten las preguntas: ¿Qué caracteriza la acción
importante? ¿Cómo se "mide" la intensidad de ésta? ¿Qué diferencia
dos acciones en la misma estructura dramática? podrían ser abordados
desde algunos estudios formales, como por ejemplo los de Abraham
Moles. Así, sería posible estudiar, en detalle, aspectos como la
importancia relativa (extrínseca o intrínseca) de la acción, su
grado de implicación, su valor como acontecimiento o valor de
imprevisibilidad para el observador, su complejidad, su tasa de
riesgo, ligada a la atención emocional que provoca en el espectador,
las estrategias alternativas o posibilidades de reemplazo de una
acción particular por otra que desemboque en el mismo resultado, las
condiciones de sujeción a los actos mínimos que la componen (actomas,
en la terminología de Moles), la duración de la acción en unidades
compatibles con el conjunto, el lugar geográfico donde la acción
tiene lugar, etc. Cada uno de estos aspectos, referidos a la
problemática concreta del guión cinematográfico, puede ser abordado
desde una óptica que utilice elementos del modelo abstracto al que
hacemos referencia, las obvias limitaciones de espacio nos hace
detenernos aquí.
- Las configuraciones triangulares, propias de varios modelos
analíticos -del que no se excluyen los ya mencionados trabajos de
Greimas en algunas de sus interpretaciones y también los de Bremond-
pueden constituir una base de interés para el diseño y la evaluación
de los conflictos. Se orientan en esta dirección algunos trabajos
sobre terapia de familia como los de Virginia Satir, los trabajos de
Theodore Caplow, R. D. Laing, Salvador Minuchin y David Cooper. En
particular resultan adecuados los resultados de Karpmann en el marco
del análisis transaccional.
- Hay que señalar el potencial que pueden brindar, desde esta
perspectiva que hemos escogido, los trabajos ya clásicos de Gérard
Genette referidos al tiempo, el modo y la voz en el relato y que han
encontrado su aplicación en el análisis del fenómeno fílmico en
autores como Vanoye y Zunzunegui y, también, con gran porvenir a
nuestro entender, los estudios de David Bordwell referidos a las
estrategias de narración cinematográficas.
Basta recalcar que estas reflexiones constituyen una primera incursión
en un territorio que, desde ya, se perfila polémico y complejo. No
obstante, la fertilidad de los conceptos con que está sembrado y la
potencialidad de los instrumentos con que quisiéramos interrogarlo,
quizás logren que el diálogo sea uno de sus mejores abonos.
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