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Fuente
The Observer -
Clarín -
Traducción: Cecilia Beltramo 0905
El cine negro fue el ámbito en el que más
contribuyó. Creó un mundo de soledad, aislamiento y angustia.
Desde los primeros días del cine, los
realizadores recurrieron a artistas plásticos en busca de inspiración, lo
que tal vez se refleja mejor en la frase "iluminación de Rembrandt", que
usaba Cecil B. De Mille para convencer a algún productor impresionable
respecto de escenas particularmente oscuras. Sin embargo, el artista más
influyente de nuestra época fue Edward Hopper. Este nació en 1882; tenía
trece años cuando por primera vez se proyectaron imágenes en una pantalla
y 21 años cuando El gran robo del tren se vio en todo el mundo. El
cine sonoro hizo su entrada cuando él tenía cuarenta años largos. Murió en
su estudio de Washington Square en 1967, apenas antes del estreno de
Bonnie & Clyde.
Hopper adoraba el cine. "Cuando no tengo ganas de pintar", decía, "voy al
cine durante una semana o más. Me doy una panzada de cine." El cine le
devolvió el cumplido recurriendo a él en busca de inspiración de estilo.
El cine negro se convirtió en su gran pasión y en el ámbito en que tuvo
mayor influencia. Creó un mundo de soledad, aislamiento y angustia sorda
que llamamos hopperesco.
El mentor de Hopper, Robert Henri, creador de la "escuela del basurero"
realista, lo alentó a ir al cine y al teatro, y a observar la comunidad.
En lugar de ello, Hopper registró el aislamiento de cada espectador
mientras esperaba que se levantara el telón o se apagaran las luces.
Atrapados por la pantalla o el escenario, se vuelven sobre sí mismos en
una sucesión de trabajos inolvidables. Los aguafuertes de Hopper titulados
The Balcony (La galería) o The Movies (El cine) presentan
dos figuras aisladas que miran una pantalla que no se ve. Su obra maestra,
New York Movie (Cine de Nueva York), de 1939, es la imagen de una
acomodadora parada bajo una luz lateral de una sala en sombras y
constituye la mejor pintura del interior de un cine.
El expresionismo alemán influyó en Hopper durante su paso por París. El
aguafuerte Night Shadows (Sombras nocturnas), de 1921, parece el
storyboard de una toma cinematográfica de Fritz Lang. Pero lo que
más influencia ejerció en él fueron las películas que se filmaban en los
grandes estudios de Hollywood de los años '30 y '40. Al igual que las
películas de la era dorada de Hollywood, sus pinturas versan sobre "la
ciudad", pero sobre una idea abstracta y no sobre una ciudad en
particular. El voyeurismo es una condición de la vida urbana y del cine, y
las pinturas de Hopper espían a la gente en habitaciones sin cortinas. Son
momentos de la vida de otra persona, cuadros de una película que no
podemos recordar del todo.
Alguna vez Hopper se ganó la vida diseñando tapas e ilustraciones para
revistas sensacionalistas que lo obligaban a condensar una historia o un
libro en una sola imagen. Según su biógrafa, Gail Levin, pintó su obra más
famosa, Nighthawks (Los halcones de la noche), de 1942, luego de
leer el cuento Los asesinos, de Ernest Hemingway, en el que dos
matones llegan a un pueblo para asesinar a un ex boxeador por motivos que
no se dan a conocer. En la clásica versión cinematográfica de 1946, Robert
Siodmack, el maestro alemán del cine negro, recrea la pintura la pintura
de Hopper en blanco y negro. La película usó dos de los típicos lugares de
Hopper para representar el miserable alojamiento del ex boxeador y su
humilde lugar de trabajo: la habitación oscura de un hotel o pensión donde
una persona reflexiona en soledad y la desolada estación de servicio en
una ruta, tal como en Gas o en Four Lane Road.
Dos años después, Abraham Polonsky, el escritor de izquierda que pronto
quedaría en la lista negra, hacía su primera película, el clásico del cine
negro La fuerza del mal, de 1948. Después de tres días de rodar en
Nueva York, Polonsky llevó a uno de los grandes camarógrafos
cinematográficos, George Barnes, a una muestra de pinturas de Hopper y le
dijo: "Así es como quiero que sea la película", y así fue. Barnes volvió a
Hollywood y filmó Sansón y Dalila y El mayor espectáculo del
mundo para De Mille.
Después de eso, la influencia de Hopper se hizo, conscientemente o no, muy
fuerte. Psicosis (1960), de Hitchcock, combinó la siniestra
verticalidad de la casa de techo abuhardillado de la primera pintura
famosa de Hopper, La casa junto a la vía de tren, de 1925, con la
horizontalidad chata de sus numerosas pinturas de hoteles. Hopper ejerció
gran influencia en las road movies. George Stevens usó esa misma imagen de
la mansión abuhardillada aislada en Gigante, imagen que luego
retomó Terrence Malick en Días de cielo. Mucho antes, la misma casa
le había inspirado a Charles Addams la residencia de su familia animada.
La principal contribución de Hopper al cine negro fue su forma de
presentar esas sombras oscuras en color, el contraste entre la luz y la
oscuridad. James Wong Howe, uno de los mejores directores de fotografía de
Hollywood, fue uno de los primeros que estudió eso. Cuando el color se
impuso en el cine norteamericano y la calidad se volvió cada vez más
sofisticada, Howe utilizó sus conocimientos, no en un thriller, sino en la
versión cinematográfica de 1955 de Picnic, la obra de William Inge
que obtuvo un Pulitzer. Muchos planos de la pequeña ciudad de Kansas de la
película parecen detalles de una pintura de Hopper y reflejan la sorda
desesperación de las vidas de sus habitantes.
Como la fama de Hopper aumentó, las alusiones a su obra se convirtieron
inevitablemente en homenajes deliberados. El director Walter Hill, que
trabaja con el camarógrafo Philip Lathrop, se basa en sus pinturas en
Tiempos difíciles (que transcurre en Nueva Orleans durante la
Depresión) y Driver (un thriller negro que transcurre en una ciudad
anónima y cuyos personajes son igualmente anónimos). Lathrop ya había a
recurrido a Hopper como fuente de inspiración cuando trabajó con John
Boorman en Point Black (1967). Más adelante colaboró con Wim
Wenders en Hammett (1982), una película en la que la influencia de
Hopper era evidente.
Norman Mailer, admirador declarado de Hopper, inició su única película,
Los tipos duros no bailan, con un montaje de faros y casas de Hopper
en la costa de Nueva Inglaterra. Muchos camarógrafos, entre ellos Gordon
Willis (responsable de la trilogía El Padrino y de la mayor parte
de las películas de Woody Allen), Michael Chapman, John Bailey y Laszlo
Kovacs, también son admiradores de Hopper. El gran productor británico Ken
Adam reprodujo las pinturas de Hopper Nighthawks y New York
Movie cuando trasladó Pennies From Heaven (1981), de Dennis
Potter, de la Gran Bretaña anterior a la guerra al Medio Oeste
estadounidense durante la Depresión.
En El fin de la violencia (1997), Wim Wenders sorprendió al público
con su evocación californiana de Nighthawks. Otro director europeo
que trabaja en los Estados Unidos, Sam Mendes, recurrió a Hopper para su
thriller de época Camino a la perdición, tanto para los interiores
oscuros del filme como para el aspecto desolado del país durante la
Depresión. En la última secuencia, la casa junto al lago, aparentemente
deshabitada y de una inocencia seductora, se inspira en las pinturas de
casas frente al mar o a un lago. Es un engaño, y es Hopper en estado puro.
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