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Fuente: Universidad de Tel
Aviv
Argentina,
peronismo y revolución La resistencia a la política dictatorial no tardó en manifestarse en movilizaciones que culminaron en rebeliones populares como el "Cordobazo" (mayo 1969), donde las fuerzas de represión debieron enfrentarse con la protesta espontánea masiva y con manifestaciones de lucha armada clandestina. En un ambiente cultural de ascendente legitimización a la violencia revolucionaria inspirada en las teorías de Franz Fánon, surgieron grupos de cineastas que vieron en la creación cinematográfica comprometida con la militancia política un frente de lucha donde las sujetos intelectuales y creativos se vincularían con el proletariado y las masas movilizadas Las organizaciones obreras se habían integrado al sistema político desde la gestación del peronismo a partir de 1945. Su exclusión después del golpe militar de 1955 creó condiciones para que sectores sociales medios y progresivos, anteriormente hostiles, transformasen la imagen de Perón hacia fin de los años sesenta en un foco de identificación alternativo. La clase media argentina no había logrado constituirse en factor de poder luego del golpe militar que destituyó al presidente populista Hipólito Yrigoyen en 1930. El decenio peronista 1946-1955 la favoreció económica y socialmente, pero cultural e ideológicamente seguía dependiente de la hegemonía francófila y el pacto neo-colonial establecido por la oligarquía terrateniente El
régimen militar instituido en 1966, que excluía y pauperizaba también a
la clase media, provocó un vacío identificatorio que fue llenado por la
imagen del exilado Perón. Discursos que expresaban diversos intereses y
sectores sociales comenzaron a reconstruir la imagen del líder ausente y
la convirtieron en un foco de identificación cuya nebulosidad, promovida
por el ex-presidente, permitió interpretaciones contradictorias de su
significado histórico. Corrientes nacionalistas xenófobas e incluso
filo-nazis, movimientos de izquierda nacional, burócratas sindicales y
sus adversarios, intelectuales desilusionados de la izquierda tradicional,
que no logró comprender el apoyo proletario al peronismo, convergían en
la postulación del "tirano prófugo" -como lo llamaba
eufemísticamente el diario La Prensa-
al frente del movimiento de liberación nacional policlasista y
polifacético.3 El cine militante A
principios de los años sesenta fracasó la llamada "Nueva Ola"
argentina, intento de producir cine "de Autor" competitivo con
la producción extranjera que dominaba los circuitos de distribución.
Nuevos directores y algunos veteranos del cine de estudio en bancarrota
practicaron estrategias estéticas y organizativas gestadas en los
cine-clubes y la actividad amateur, pero se trataba de expresiones
personales que no conformaron un Proyecto pluralista. Por primera vez
colaboraban escritores y directores jóvenes que emulaban, como era
habitual en la cultura neo-colonial, las novedades europeas. El dominio de
los monopolios hollywoodienses sobre los circuitos de distribución y la
censura ideológica castraron esa experiencia, durante cuya corta
duración hubo en los films paradójicas expresiones de creatividad
estética y crítica social atenuada, que explotaban el confuso control de
la actividad cinematográfica por los representantes del gobierno.4 A fines de los sesenta floreció una generación de jóvenes cineastas formados en el cineclubismo y concientes del fracaso histórico de la Nueva Ola. También eran testigos de la cooptación del Cinema Nôvo brasilero por la dictadura. Conjugando la toma de conciencia acerca de la imposibilidad de hacer cine político comercial con el proceso de "nacionalización" y "peronificación" que vivían partes de las clases medias, algunos cineastas comenzaron a filmar una obra no sólo testimonial, sino también agitadora: La hora de los hornos (Fernando Solanas-Octavio Getino, 1968). Estos activistas estaban dispuestos a producir colectivamente cine comprometido con los conflictos sociales actuales, eludiendo la intervención de la Censura y la Policía, desviculándose del control estatal que hizo surgir un cine patriótico-histórico y renegando del negocio cinematográfico dominado por los distribuidores del cine extranjero.5 El trabajo clandestino dio lugar a la formación del Grupo Cine Liberación, que organizó circuitos de distribución alternativos en organizaciones obreras y estudiantiles, iglesias y casas particulares. A diferencia de la "nueva ola", esta vez se trataba de un Proyecto con incidencias socio-políticas y perspectiva global.6 El
discurso público sobre el peronismo era un campo de combate simbólico
acerca de la concepción de Argentina deseada. En La
hora de los hornos se manifestó una estrategia discursiva
conocida como "contra-historia", cuyo objetivo era la
destrucción de la memoria del "Otro" oligárquico-militar y su
reposición por la del proletariado peronista y las masas populares, que
fueron representadas como el sujeto histórico cuyo accionar es el eje
historiográfico.7
El Grupo se acercó a sectores que vieron en el Peronismo la posibilidad
de insertarse en el seno del proletariado y gestar la Revolución Nacional
y Social, dando origen a la Izquierda Peronista. Sus miembros activaron
durante la breve existencia de la Confederación General de Trabajadores
de los Argentinos (1968-69), organismo opuesto a la dirección
burocratizada de los sindicalistas que aspiraban a liberarse de la
conducción de Perón, y posteriormente actuaron como "brazo
cinematográfico" del movimiento peronista, obteniendo la
colaboración de Perón para filmar un extenso reportaje doctrinario.8
Grupo
Cine Liberación (GCL) apoyó a la guerrilla Montoneros, alrededor de la
cual se organizó la "tendencia revolucionaria". Llegado el
peronismo al poder legal en 1973, GCL se integró al proceso democrático,
criticando la lucha armada mientras rige la Constitución. Montoneros
dejó de combatir a las fuerzas armadas, pero se hallaba en guerra con la
dirigencia burocrática. Asesinatos de activistas y sindicalistas se
hicieron parte de la vida cotidiana. En 1974 se produjo el cisma entre la
izquierda y Perón, que falleció poco tiempo después. El Grupo condenó
publicamente la violencia y respaldó la gestión constitucional de Isabel
Perón. A pesar de esto, los cineastas salieron al exilio en 1976, bajo
amenazas de muerte y no retornaron hasta la democratización en 1983.9 Paralelamente
a los films testimoniales y de agitación política, GCL realizó
películas concebidas como herramienta político-cultural de cambio
social. Éstas no sólo producirían transformaciones en la conciencia del
sujeto espectador sino también povocarían una toma de actitud
transcendente en los conflictos sociales. Fueron proyectadas para la
distribución comercial masiva que proyectaban efectuar con el esperado
retorno de Argentina a la democracia y de Perón al poder, representando
un cierto retroceso de la idea del "Tercer Cine", caracterizado
como creación colectiva con objetivos militantes, y aproximándose al
cine "de Autor" en la expresión del estilo personal. El
camino hacia la muerte del Viejo Reales (Gerardo Vallejo,
1971), El familiar (Octavio
Getino, 1973) y Los hijos de Fierro
(Fernando Solanas, 1975) ofrecieron narrativas organizadas alrededor de
una "metáfora familiar" donde la hermandad simbólica, real o
imaginaria de los miembros del protagonista colectivo representaba una
llamada a la unidad popular y nacional en torno al peronismo
revolucionario.10 Vallejo había estudiado cinematografía en la escuela universitaria dirigida por Fernando Birri, pionero del cine testimonial en Argentina y Getino había recibido, como cuentista, el Premio Casa de las Américas, otorgado en Cuba. Solanas había estudiado composición musical y posteriormente teatro en el Conservatorio Nacional, no existiendo en Buenos Aires estudios formales en cinematografía. Había trabajado como guionista de historietas, participando en una versión de "El Eternauta", narrativo de ciencia ficción que criticaba alegóricamente la situación neo-colonial y denunciaba al Ejército como fuerza de ocupación extraña. Su formación personal era análoga a la trayectoria recorrida por el cineasta soviético Sergei Eisenstein en los años veinte, que había pasado del teatro revolucionario al cine de montaje intelectual Cineastas que repudiaban el populismo peronista viéndolo como un agente que desvía al proletariado del proceso histórico revolucionario, comenzaron a desarrollar una actividad similar. Raymundo Gleyzer era un cineasta vinculado familiarmente al Partido Comunista y al teatro IFT, foco de creación cercano a organizaciones judías identificadas con el partido. Gleyzer cursó estudios cinematográficos formales en la Universidad de La Plata y como muchos en esos tiempos, se alejó de la ortodoxia stalinista, acercándose a los movimientos de izquierda foquista Desde
los años sesenta hacía films cortos de orientación antropológica,
habiendo colaborado con el hoy conocido antropólogo visual Jorge
Prelorán, y hacía notas periodísticas para un noticiero televisivo,
entre ellas un reportaje gráfico pionero sobre las Islas Malvinas,
pequeña colonia arrancada por Inglaterra a la joven Argentina en el siglo
XIX, cuya recuperación fue utilizada como símbolo de la mitológica
lucha por la Soberanía Nacional en el discurso patriótico. También
había hecho el corto La tierra quema
(1964), sobre el campesinado brasilero en vísperas del golpe militar, y
el mediometraje Méjico, Revolución
congelada (1970), que construyó una alegoría pedagójica
relevante a la situación argentina: las masas campesinas y obreras
mejicanas habían cometido el error histórico del espontaneismo y caído
bajo la dominación de oligarquías que explotaron su combatividad para
construir una base de poder y enriquecimiento personal. El espectador
argentino debería llegar a la conclusión ineludible que el peronismo
paralizaba las luchas sociales, como el Partido Revolucionario
Institucional lo hacía en Méjico, y que no habría Revolución sin la
construcción de un Partido Revolucionario que conduzca a las masas.11 Gleyzer,
en cuya trayectoria resaltaba la búsqueda cinematográfica de la realidad
social como postulaba el cineasta soviético Dziga Vertov, dirigió en
1972 la película ficcional Los
traidores, con aporte financiero de un productor norteamericano
veterano de las Brigadas Internacionales en España. Ante las limitaciones
económicas, cineastas y actores entusiasmados por el tema anti-burocrático
del argumento formaron una cooperativa de producción. La filmación y el
montaje se hicieron en la clandestinidad, ocultando el objetivo real de
los trabajos. El "Grupo Cine de la Base" se constituyó en torno
a la voluntad de no aceptar condicionamentos a los contenidos del film,
optando por distribuirlo en circuitos políticos de izquierda:
agrupaciones vecinales, sindicales y barrios humildes, a veces en programa
conjunto con el film Operacion Masacre
(Jorge Cedrón, 1972)12
, que recuperaba la memoria de los asalariados fusilados por su apoyo
pasivo al frustrado putsch peronista
del general Valle en 1956.13 Algunos miembros de la producción eran activistas del Partido Revolucionario de los Trabajadores, brazo político del Ejército Revolucionario del Pueblo que caracterizaba al Peronismo y su líder como una forma de bonapartismo. Primeramente participaron en un Frente de Trabajadores de la Cultura, prontamente disuelto por la dirección partidaria, fiel al principio obrerista que exigía la proletarización de los activistas y la agitación en el seno del proletariado industrial. "Grupo Cine de la Base" (GCB) fue difusor cinematográfico de la organización armada clandestina. En algunos films cortos practicó una estética cercana a la concepciones de Vertov, precursor del lenguaje periodístico televisivo que Gleyzer dominaba con soltura: montados con material filmado en la vida social, destinados a contrarrestar la desinformación difundida por el régimen militar y a constituir un sujeto proletario y revolucionario Durante el corto interregno democrático peronista (1973-76), el ERP continuó atacando a las fuerzas del Ejército y la Policía. Al mantener en funcionamiento el aparato clandestino, el GCB logró sobrevivir la desaparición y asesinato de Gleyzer en 1976 y difundir en 1977 un film que desenmascaraba la acción asesina de las fuerzas de seguridad del régimen en la denominada "Guerra Sucia". Posteriormente se dispersaron y las copias de Los traidores que se salvaron de la represión fueron escondidas hasta años después del retorno a la democracia La
actividad de los grupos de cine militante argentinos fue muy similar a
pesar del abismo ideológico que los separaba. GCL optó por integrarse al
movimiento de masas peronista y colaborar con el retorno al régimen
constitucional, apartándose de su primario apoyo a la guerrilla foquista.
Sus películas en esta etapa ofrecieron estilos variados y un común
intento de reconstruir la memoria popular desde la perspectiva del
proletariado peronista, difundiendo una "hermandad argentina",
que adquiría un aspecto legendario dado el sangriento enfrentamiento
entre la derecha sindical y la izquierda montonera. GCB se identificó con
la línea marxista que vio en la coyuntura argentina de los setenta una
situación prerrevolucionaria. La apertura democrática con el retorno de
Perón al poder era desde ese punto de vista una maniobra destinada a
frenar el proceso histórico. La lucha armada debería desnudar las
características represivas y anti-populares del sistema ante las masas,
cuyos intereses históricos las llevarían a destruir el sistema
capitalista neocolonial. El rompimiento total de relaciones entre ambos
grupos tuvo lugar en 1974, cuando GCL publicó su apoyo a la gestión de
Isabel Perón.14 Estética
y revolución: entre Moscú y Buenos Aires Los
traidores y Los
hijos de Fierro rememoran en forma analógica las diferencias
suscitadas entre Dziga Vertov y Sergei Eisenstein, los cineastas de la
Revolución Soviética. Ambos trabajaban en el ambiente cultural del
Constructivismo post-revolucionario que caracterizó el primer decenio de
la Revolución Rusa. El entusiasmo por la tecnología, la
industrialización y los materiales de construcción despreciados por el
arte clásico, junto con la efervescencia ideológica de la época, los
había llevado a conclusiones parecidas acerca del carácter dialéctico
requerido del montaje cinematográfico, al que transformaban en una obra
de ingeniería estética, sensual e intelectual.15 La materia prima visual preferida los enfrentaba radicalmente: Eisenstein, que había estudiado ingeniería y trabajado en el teatro revolucionario de Meyerhold, optaba por el material ficcional puesto en escena minuciosament; mientras Vertov, que activó en los trenes de propaganda durante la guerra civil, exigía material filmado exclusivamente en la vida social y se burlaba de lo que denominaba "cine-dramas". El primero criticaba el montaje épico (descriptivo) para transformar los desarrollos paralelos o entrecruzados que percibía en las películas hollywoodenses de D. W. Griffith en montaje dramático (antagónico), vehículo del discurso dialéctico. El segundo construía con planos de la vida soviética una "realidad cinematográfica", una abstracción ideológica que no respetaba las unidades de tiempo y espacio aristotélicas, hecha con el curso del tiempo convención televisiva falta de filiación política: Vertov preveía la trasmisión de imágenes en pos del reciente desarrollo de la radio Como
marxistas fieles a la Revolución y al Partido, tanto Eisenstein como
Vertov postulaban el film con objetivos ideológico-políticos. Mientras
el primero aspiraba a construir la conciencia social del sujeto espectador
planificando en sus menores instancias el proceso emocional que inducía
por medio del "montaje de atracciones" y las metáforas
intelectuales, el segundo intentaba provocar una concientización del
espectador acerca de las relaciones sociales invisibles mediante la
ubicación insólita de la cámara -"ojo mecánico"- y la
integración del proceso cinematográfico entre las actividades
productivas cotidianas del pueblo trabajador que aparecían en la
pantalla. Vertov profetizaba la auto-reflexión cinematográfica que el
"cine de autor", particularmente Jean-Luc Godard, practicaría
en los sesenta y posteriormente se transformaría en una convención
vaciada de la crítica original al rol mistificador del cine en la
cultura.16 Ambos creadores habían llevado el cine soviético a cúspides estéticas y políticas, pero las carencias económicas de un régimen que intentaba sobreponerse al retraso tecnólogico y social que sufría la sociedad rusa, empujó a los cineastas a la competencia por los presupuestos necesarios. El enfrentamiento agudizó aún más la discusión intelectual acerca de las ventajas de lo documental o lo ficcionial. El advenimiento del stalinismo y el Realismo Socialista impuesto por los comisarios del Partido cercenaron la libertad creativa. Tanto el "montaje intelectual" de Eisenstein como "el desciframiento comunista del mundo social" de Vertov poseían un potencial ideológico crítico que la hegemonía burocrática y chauvinista rusa prefería mantener bajo control Las dos películas aquí tratadas tienen en común la exposición de la historia de las luchas sociales en Argentina a partir de la deposición de Perón por el Ejército en 1955, haciendo una crónica cinematográfica enraizada en la resistencia del proletariado a los diversos gobiernos y la experiencia de los activistas de base. Ambas critican el rol desempeñado por los burócratas sindicales, presentados como el "enemigo interno" y "traidores". La narrativa maestra compartida por la izquierda peronista y no peronista en los setenta estaba viciada por el determinismo histórico y la confianza en el carácter inmanente del proceso histórico. La clase obrera era pintada como víctima de la traición que impedía concretar sus intereses históricos y la "justicia popular" ejercida por los grupos armados era un eufemismo que justificaba el asesinato de adversarios políticos La estéticas elegidas para cada una de las películas manifiestan influencias de las concepciones elaboradas por los cineastas soviéticos, no como homenaje nostálgico a la tradición del cine revolucionario, sino como opción por formas cinematográficas coherentes con el discurso emitido y el contexto argentino. Son filmes cuyo modernismo estético, a diferencia de la "nueva ola", manifiesta el Proyecto político. Al margen de la crítica a la apología de la lucha armada en las películas que la perspectiva histórica permite y exige realizar, deben ser analizadas como testimonios de una época conflictiva y como exponentes de una posición crítica relevante ante la hegemonización actual de la cultura por los códigos del capitalismo globa Los
hijos de Fierro El
régimen militar instaurado en 1966 había estimulado por medios
administrativos y económicos el florecimiento del cine patriótico y
folklorista. Grupo Cine Liberación criticó este cine considerándolo
vocero de la hegemonía oligarquico-militar. En Martín
Fierro de Torre Nilsson el grupo veía la expresión de los
intereses militares, mientras que en "Don Segundo Sombra" de
Antín percibía el discurso de la oligarquía terrateniente. A su
entender, las películas construían un sujeto pasivo, sumiso a los
dictados dictatoriales e inocuo frente a la explotación neocolonial.17 Consecuente
con la estrategia discursiva de la "contra-historia" y la
"contra-información", Fernando Solanas planificó filmar una
versión alternativa del Martín
Fierro, que se distribuiría en 1972, rememorando el centenario
de la publicación del poema oríginal de José Hernández. Los avatares
de la época demoraron el trabajo más de lo pensado y el film estuvo
listo en 1975, cuando las circunstancias políticas ya no permitían su
exhibición. Solanas salió al exilio en 1976 llevándose su obra sin
estrenar. En Europa, donde el Socialismo Nacional y el peronismo eran
interpretados como una forma de fascismo vernacular, fue vista muy poco,
pero a pesar de la incomprensión, le valió a Solanas ser considerado
"el más grande cineasta épico desde Eisenstein" por algunos
críticos que vieron el film en París.18 La película es una interpretación actualizada del poema nacional escrito un siglo atrás, cuando expresó la protesta contra el Estado-Nación servidor de los intereses de la oligarquía terrateniente modernizadora. Durante decenas de años se desarrollaron en la cultura argentina combates simbólicos para definir el lugar del Martin Fierro en el canon literario y el significado de su protagonista como representación de la identidad argentina. El discurso nacionalista definía desde 1913 al gaucho Fierrro como personaje paradigmático, dueño de características propias de la imagen del "Noble Salvaje" que los intelectuales nacionalistas asimilaban de la cultura europea: valiente y violento, intuitivo e instintivo, individualista y celoso de su honor. Desde 1920 se consideraba "lo gauchesco" como componente esencial de la argentinidad y el peronismo en el poder desde 1945 hizo del gaucho un mito nacional El
discurso hegemónico, entre cuyos portavoces se contaba Jorge Luis Borges,
neutralizó el potencial político crítico del personaje y la narrativa,
considerándolos como una estrategia estética que revela las relaciones
entre la ciudad y el campo. Depuesto el peronismo en 1955, la ciencia
literaria oficial despojó a Hernández del status de "Homero
argentino" y Fierro fue interpretado como un individualista que llora
las penas de su vida tormentosa. El arraigo de la obra en la cultura
argentina es sintomático de la variedad de interpetaciones posibles y su
capacidad de funcionar como foco de identificación. El discurso peronista
de los setenta utilizaba citas del texto original instrumentadas de
acuerdo a la coyuntura actual, incluso para explicar el paternalismo que
caracterizó al peronismo en el poder.19 La
versión de GCL se apropia de la narrativa controversial, transformándola
en un poema épico-político cuyo referente es la memoria popular, desde
una perspectiva peronista anti-burocrática, contrapuesta tanto a la
imagen construida en la versión de Torre Nilsson, como también
desvirtuando la concepción verticalista del peronismo que difundían los
sindicalistas. Las transformaciones y agregados efectuados bajo la
dirección de Solanas, construyeron un mito, en la cual el proletariado es
el sujeto de la historia y los peronistas combativos son los auténticos
representantes del movimiento nacional y popular. Los
hijos de Fierro pone en práctica las teorías del filósofo
Ernest Casirer, quien sostenía que la Nación no puede existir sin Mito,
pero -a diferencia de otros pensadores- repudiaba la supuesta
contradicción entre el Mito y la Historia.20 A
diferencia de Eisenstein, que veía en el montaje dialéctico la
expresión necesaria de la naturaleza conflictiva del mundo físico y
social, repudiando el montaje épico (descriptivo) y exigiendo el montaje
dramático (dialéctico), Solanas y GCL concibieron la estética como un
producto de las necesidades políticas planteadas en el mundo real, de
acuerdo a las teorías de Brecht estudiadas en la Academia de Teatro.21
La polarización social y política argentina brindó inocultables
contradicciones sociales y políticas como materia prima del film, siendo
el montaje eisensteiano reemplazado por una dialéctica de estilos
visuales y modos narrativos: del expresionismo al realismo, de la
estética del western al realismo poético. La opción por lo ficcional,
como planteaba Eisenstein, es notoria en el uso de tomas documentales del
pueblo rebelde durante el" Cordobazo" intercaladas con las tomas
ficcionales de modo que el espectador no especializado no las reconoce.
Este uso de las imágenes documentales ejemplifica la manipulación de la
memoria popular por el discurso de la izquierda peronista, interpretando
el "Cordobazo" como "un momento más" en el proceso
histórico, mientras que el discurso marxista revolucionario veía en los
sucesos de Córdoba la aparición de una alternativa de lucha
independiente de viejos liderazgos políticos o sindicales.22
Los
hijos de Fierro se
aparta de las convenciones narrativas cinematográficas: hay diversos
narradores -siempre activistas peronistas y fugazmente sus compañeras-,
la continuidad es fragmentada en episodios anunciados por titulares cuyo
diseño recuerda libros de leyendas. El proletariado peronista es
representado como productor de una cultura alternativa donde no faltan la
música popular ciudadana y campesina, escenas de manifestaciones con
banderas y pancartas peronistas, activistas armados, retratos de Perón,
incluso la imagen de Evita "santificada".23 Persecuciones políticas y torturas de prisioneros son vistas en un estilo cercano al "Montaje de Atracciones" propuesto por Eisenstein: momentos cinematográficos, no precisamente ligados al desarrollo de la narrativa, que conmueven violentamente la estabilidad psicológica del espectador, ejerciendo una manipulación estética de sus sentimientos que conduce a conclusiones ideológicas premeditadas. En este caso, las luchas de los peronistas "auténticos" son presentadas como un martirologio que les atribuye superioridad moral, como cuando uno de los hermanos explica que no temió a la tortura sino a convertirse en delator, o cuando asesinatos de activistas peronistas son representados en escenas de deguello y ejecución que citan las narrativas gauchescas La escena que reproduce los enfrentamientos entre peronistas por lograr el control de los sindicatos ofrece una imagen carnavalesca de la política corrupta, violenta y fraudulenta que practica la burocracia.24 El uso exagerado de los medios de expresión -proyección acelerada, retrocesos reiterados, superposición de inscripciones onomatopéyicas diseñadas en estilo pop como en la serial televisiva Batman difundida en esa época, la milonga en la banda de sonido- recuerdan la experimentación estilística en La huelga de Eisenstein (1924), rasgo común en el vanguardismo modernista europeo de los veinte, que le valió ser criticado como "formalista", peyorativo denigrante en el contexto revolucionario Las
cargas explosivas improvisadas con que los activistas de la Resistencia
peronista perturbaban el orden, construidas con piezas de cañería de las
cuales recibieron el apodo de "Caño", son rememoradas en el sueño
de uno de los hermanos junto con el fracasado putsch
del general Valle: mientras combaten a una patrulla militar en un depósito
de inmensos caños apilados, reciben la sorpresiva ayuda de un oficial
llamado Cruz, que les reparte armas. La escena se refiere al episodio en
el poema original cuando el sargento Cruz, enviado en persecución de
Fierro, cambia de bando y lucha contra su propia patrulla. Cruz en la película
tiene un rango militar más alto, expresando la esperanza que surja en
Argentina una oficialidad revolucionaria, como había sucedido en Perú en
1968. Su accionar distorsiona la memoria del frustrado
putsch del general Valle, al que la dirección de la
Resistencia obrera no apoyó.25 Los
inmensos caños agrandan simbólicamente la escasa incidencia de las
cargas explosivas sobre la estabilidad del régimen y simultáneamente
recuerdan al espectador la lucha armada en los setenta, siendo "caños"
un eufemismo que designa armas de fuego. El sueño es un recurso
surrealista, apropiado a la imposibilidad real de crear un frente
obrero-militar revolucionario mientras la burocracia sindical y algunos
sectores de la oficialidad aspiraban a establecer un pacto político
corporativista. La escena ejemplifica la representación de la mitología
mediante el uso de sucesos históricos reales como materia prima estética,
mientras que acontecimientos históricos referenciales son representados
en forma mitológica utilizando imágenes del poema. De esta forma la República
dominada por la alianza oligárquico-militar y su salvación a manos del
peronismo es representada por el episodio de la liberación de la Cautiva
en el poema original, escenificada en un estilo propio de las aventuras
hollywoodienses.26 Como en La huelga, El acorazado Potemkim (1925) y Octubre (1927), el héroe de Los hijos de Fierro es el colectivo proletario, aquí constituido por la hermandad simbólica de tres obreros peronistas que representan diversos modos de participación personal en las luchas sociales, renunciando a tratar el conflicto momentáneo en un efoque táctico, para plantear una visión a largo plazo, estratégica, de la lucha de clases, analógica a la lección histórica dictada en La huelga Eisenstein
incluía aficionados y gente de pueblo en el elenco de sus películas,
conforme con la concepción del "tipo", cuya fisonomia e imagen
transmiten el concepto abstracto del estereotipo social. Aquí algunos
personajes son desempeñados por activistas e intelectuales como Julio
Troxler, sobreviviente de los fusilamientos de 1956 en el rol del hermano
con percepción política mas aguda, y César Marcos, intelectual y mentor
ideológico de la izquierda peronista en el papel del burócrata Pardo
ejecutado por su traición a los intereses de la clase obrera. Su nombre
simboliza la ideología fascista y corporativista atribuida a la
burocracia. Pardo es fotografiado delante de un mural que representa el Ejército
Libertador de San Martin durante las guerras de la independencia,
acentuando la contradicción entre su acción y lo requerido por el
proceso histórico. Su estertor final ocurre entre estantes cargados de
carpetas en el archivo claustrófobico, advertencia visual que el film
transmite al enemigo.27 Los hijos de Fierro expresa la auto-imagen mitológica de la izquierda peronista: Perón es apropiado en base a la retórica del giro a la izquierda que utilizó a partir de 1962, las masas obreras con caracterizadas como anti-burocráticas en esencia, la dirigencia sindical como traidores a la clase y la liberación nacional, la resistencia peronista transformada en una guerra interna que se continúa en la guerra anti-imperialista actual, la subcultura peronista obrera presentada como la auténtica argentinidad. Es un discurso excluyente, emitido en una situación donde la exclusión era el código común a todos los discursos sociales. La conclusión indefectible es que Perón fue producido por el pueblo y los peronistas "auténticos", incluyendo la organización armadas, son "el Pueblo Argentino" Los
traidores La
distribucion clandestina de la película comenzó poco antes del retorno a
la democracia. Durante la "primavera política" de 1973, Octavio
Getino, activista de Grupo Cine Liberación, ejerció durante unos meses
como director de la Censura. Grupo Cine de la Base pidió autorizar
Los traidores, negándose a atenuar el mensaje virulentamente
anti-burocrático que Getino consideró no apropiado a la coyuntura política.
El Grupo prefería respetar la integridad de la obra, actitud que
reflejaba una crítica a los cambios que introdujo Grupo Cine Liberación
en la version de La hora de los Hornos
liberada a exhibiciones comerciales en esa época. A al poco tiempo fue
desplazada la izquierda y Los
traidores siguió distribuida en circuitos alternativos.28 La trama narra los últimos días de un dirigente sindical corrupto que finge ser secuestrado para ganar la simpatía de loa afiliados cuando se realizan elecciones en las que pretende ser reelegido. Los recuerdos que lo acosan durante los días de reclusión voluntaria describen la transformación un joven activista obrero peronista en burócrata que usufructúa su posición traicionando los intereses de clase. Mientras el ámbito familiar simbólico en Los hijos de Fierro representa la unidad en la lucha, la familia Barrera es el sitio donde se manifiesta la traición como psicología que se desarrolla y se acentúa al faltar el sustento ideológico. Barrera comienza su trayecto como joven activista en los días de la Resistencia, donde se distingue por las acciones de protesta violencia que merecen la censura de su padre, viejo y honesto sindicalista de base: Barrera desmerece la memoria de su hermano mayor asesinado por la represión y "tira bombas" en lugar de organizar a los compañeros en la fábrica. Posteriormente se casa con una muchacha de la mediana burguesía, a la que luego traicionará con una amante Cuando Barrera es elegido delegado de fábrica comienza la traición a la clase, "dejándose comprar" por el empleador. Cuando llega a los niveles de dirección nacional, no vacilará en delatar opositores a la policía, sabiendo que serán torturados y también envía matones que asesinan a uno de ellos. Cuando el pueblo protesta en la ola de movilización cuya culminación fue el "Cordobazo", Barrera se niega a decretar la huelga de apoyo y critica la infiltración comunista, apropiándose del discurso militar. Finalmente es asesinado por un grupo obrero armado revolucionario cuando festejaba su triunfo electoral. El título en plural sugiere que el problema no es el personaje fictivo sino el fenómeno social que representa. Este carácter simbólico de lo que aparenta ser un drama realista es acentuado por el nombre Barrera, que denota la consecuencia política de sus intereses personales: frenar la lucha de clases La película cumple la función de "Ojo mecánico" definida por Vertov al proporcionar una experiencia sensitiva por la cual el espectador comprende aspectos no conocidos de la realidad social: escenas ficcioniales presentan en estilo realista la tortura policial despiadada, las negociaciones laborales donde el dirigente "vende" las reclamaciones obreras, los negocios particulares usufructuando los fondos del sindicato, los acuerdos secretos con la dictadura militar. El film recurre al surrealismo cuando Barrera sueña su propio entierro, donde políticos y militares festejan con "lágrimas de cocodrilo" la muerte del dirigente obrero lacayo. Similar a Los hijos de Fierro, aquí el sueño marca la imposibilidad que los burócratas sindicales tomen conciencia de su traición La primer escena del film es una combinación del "ojo mecánico" con la "atracción eisensteiana": puñetazos dirigidos a la cámara en primer plano toman desprevenido al espectador, causando tanto la sorpresa emocional de sentirse agredido, como la percepción de la represión desde un punto de vista que identifica al espectador con la víctima en una forma distinta a lo melodramático habitual La película fue filmada en localizaciones auténticas con participación de gente de pueblo en diversos personajes. La filmación de la ocupación de una fábrica causó conmoción y solidaridad entre los vecinos del barrio, para los cuales el acontecimiento puesto en escena no se distinguía de los conflictos sociales reales y consiguientemente ofrecieron ayuda a los "huelgistas". Esta fusión de lo real con lo ficcional no uniforme: las escenas del "Cordobazo" son presentadas en una secuencia estéticamente diferenciada que no da lugar a confusión sobre su carácter documental. Durante el film aparecen frecuentes titulares que ubican la acción tanto en el presente de la trama, que dura pocos días, como en el tiempo histórico que dura 17 años, reforzando la sensación de la crónica social a pesar de ser la mayor parte del film ficcional Vertov sostenía que el montaje se realiza en tres etapas: 1) la elección del tema y su estudio; 2) la planificación y la realización de la fotografía; 3) el montaje. Su teoría es aquí suplantada por el montaje entre diversos estilos y modos de representación, del documental al surrealismo pasando por el drama y la parodia. La observación minuciosa de los procesos sociales por el ojo mecánico supuestamente imparcial es reemplazada por la pretendida "objetividad" del discurso revolucionario partidario. El estudio previo es reemplazado por el conocimiento de las prácticas burocráticas sindicales que era vox populi Conclusión Al romper la izquierda peronista con Perón en 1974 y volver posteriormente a la clandestinidad, las organizaciones guerrilleras intensificaron las actividades en conjunto que habían comenzado parcialmente durante la estadía conjunta en las cárceles de la dictadura, para llegar a la unión completa durante "la guerra sucia" contra el régimen del "Proceso". En cambio, los grupos que originariamente habían pensado su actividad como brazo cinematográfico de la lucha armada, sostenían ahora posiciones contrapuestas y no había lugar a la colaboración entre ellos La estética del cine militante argentino revivió en forma parcial y no siempre coherente los principios estéticos de los maestros soviéticos. En cambio, mientras ellos habían trabajado al servicio de la Revolución triunfante y sometidos al control ideológico ejercido por el régimen, los cineastas argentinos desarrollaron su actividad creativa mayormente en la clandestinidad, dando lugar a formas de producción y distribución que respondían a las limitaciones impuestas por el conflicto social Tanto Grupo Cine Liberación como Grupo Cine de la Base vieron el objetivo del cine en el cambio social y no en la creatividad estética misma. En sus films mezclaron elementos de la vida social y elementos ficticios, así como diversas estrategias estéticas y tradiciones. Las diferencias esenciales radicaban en la identificación política, que implicaba participación en discursos sociales dueños de características culturales contrapuestas En las dos películas analizadas resaltan similitudes propias del modernismo y el experimentalismo que los cineastas asimilaron en la actividad cineclubista, y diferencias producto de la personalidad específica de los directores: el peronismo cinematográfico en Los hijos de Fierro se inclina a lo épico y lo mitológico, mientras que el discurso revolucionario en Los traidores prefiere la crónica. Solanas trajo a su film tradiciones teatrales cuyas raíces remontan al cine de Eisenstein, mientras que Gleyzer abrevaba en las fuentes del documentalismo y el reportaje televisivo cuyas fuentes se remontan al cine de Vertov La diversidad entre Eisenstein y Vertov, cuyo meollo intelectual era la oposición entre lo documental y lo ficcional, pero tenía también origen material en la escasez de presupuestos, revivió en la imposibilidad de unificar la actividad de los cineastas militantes argentinos. Concepciones cinematográficas cercanas en su base materialista dialéctica, en la preocupación por develar la historia de las luchas sociales contrarrestando el discurso hegemónico, en los modos de producción, en el eclecticismo estético orientado al objetivo social fuera de las pantallas y en la distribución politizada, no lograron superar las diferencias, así como las diferentes izquierdas argentinas no lograron proponer un Proyecto unificador alrededor del cual se pudiera organizar una resistencia popular eficiente contra la dictadura militar Bibliografía Asi,
año XVII, Núm. 790, 27/7/1971. Caterina,
José, y Allio, Carlos, Análisis
sociológico y psicosocial de la Dependencia, Editorial
Guadalupe, Buenos Aires, 1973. Colombo, Ariel y Palermo, Vicente, Participación política y pluralismo en la Argentina Contemporánea, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1985 Dan, Iosef , "Ideas del Mito en la investigación moderna", 2000, Núm. 8, 1993, pp. 145 164 Demaría, Laura, "Borges y Bioy Casares, 1955 y la Poesía Gauchesca como paradójica rebeldía.", Latin America Literary Review, Vol XXIII, Núm. 44, 1994, pp. 2-29 Eisenstein, Sergei, Film Sense, Faber & Faber, New York, 1968 Fukenstein, Amos, "Historia, contra-historia y narrativa", 2000, No. 4, 1991, pp. 206-223 (hebreo) Cárdenas, Gonzalo et al., El Peronismo, Carlos Perez Editor, Buenos Aires, 1969 Jakubowicz, Eduardo A., "1955-1960: El combate simbólico en el campo cinematográfico", ponencia en Mesa Temática "Conflicto y exclusión en la sociedad contemporánea 1945-2000 . Sus representaciones en el cine", VIII Jornadas Interescuelas y Departamentos, Salta, septiembre 2001 La Opinión, 19-10-1974 Laclau, Ernesto, Emancipación y diferencia, Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1996 Loshitzky, Iosefa, The Radical Aspects of the Self Reflexive Cinema, U.M.J.-Dissertive Information Service, Michigan, 1991. (Ph.D. dissertation) ---, The Radical Faces of Godard and Bertolucci, Wayne University Press, Detroit, 1995 MacBean, James Roy, Film and Revolution, Indiana University Press, Indiannapolis, 1975 MacCabe, Colin, "Realism and the Cinema: notes on some Breachtian theses", in Id., Theorical Essays, Film, Linguistics, Literature, Manchester University Press, Manchester, 1985 (1st. ed. 1971) Martins , Laura M., En primer plano: literatura y cine en Argentina, 1955-1969, Louisiana State University, 2001 Melón, Julio César, "La Resistencia Peronista - Alcances y Significados", Anuario del IEHS, Universidad del Centro, Tandil, 1993, pp. 221 Mestman, Mariano , "Notas para una historia de un cine de contrainformación y lucha política", Causas y Azares, Núm. 2, Otoño 1995, pp. 144-161 Mestman, Mariano y Peña, Fernando M., "La imagen recurrente. La representación del Cordobazo en el cine argentino de intervención política", Ponencia en Mesa Temática: "Conflicto y exclusión en la sociedad contemporánea 1945-2000 . Sus representaciones en el cine", VIII Jornadas Interescuelas y Departamentos, Salta, septiembre 2001 Michelson, Annette, Kino-Eye: The Writing of Dziga Vertov, University of California Press, Berkeley, 1984 Newman, Kathleen, La violencia del discurso - el Estado autoritario y la novela política argentina, Catálogos Editora, Buenos Aires, 1991 Pastoriza, Lila "Atizador de fuegos", Crisis, no. 59, abril 1989, p. 76 Peña, Fernando Martín, "Los traidores", Film, febrero/marzo 1994, pp. 60-65; ---, "Clásicos nativos", Film, octubre/noviembre 1994, pp. 34-37 Peña, Fernando M. y Vallina, Carlos, El cine quema - Raymundo Gleyzer, Ediciones de la flor, Buenos Aires, 2000 Perón - del exilio al poder, eds. Amaral, Samuel y Plotkin, Mariano Ben, Editorial Cántaro, Buenos Aires, 1993. Polan, Dana B., "The Politics of a Brechtians Aesthetics", in: Id., The Political Language of Film and Avantgarde, U.M.I. Research Press, Ann Arbor, Michigan, 1981. (Ph.D. dissertation) Scheines, Graciela, Las Metáforas del Fracaso, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1993 S.M.Eisenstein-Selected Works, ed. Taylor, Richard, Indiana University Press, Bloomington and Indianapolis, 1988, pp. 161-179 Solanas, Fernando y Getino, Octavio, Cine, Cultura y Descolonización, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 1973 Stam, Robert, Subversive Pleasure - Bakhtin, Cultural Criticism and Film, John Hopkins University Press, London, 1989 Tal, Tzvi, "Inclusión política y exclusión genérica - Metáfora familiar en películas del Grupo Cine Liberación". Ponencia en Mesa Temática: "Conflicto y exclusión en la sociedad contemporánea 1945-2000 . Sus representaciones en el cine", VIII Jornadas Interescuelas y Departamentos, Salta, septiembre de 2001 Testimonios Latinoamericanos, "Solanas-Martín Fierro en París", Nov.-Dic, 1980, pp. 24-26 Tzvi Tal es Doctor en Historia y Profesor de la Universidad de Tel Aviv NOTAS Y REFERENCIAS: 1. La "defensa del modo de vida argentino, occidental y cristiano" postulada por la hegemonía oligárquico-militar llevó a la creación de códigos de censura excluyentes, que durante la dictadura del "Proceso" postularon la exclusión física y el aniquilamiento del opositor. Este discurso solía recurrir a la "metáfora orgánica", según la cual la sociedad argentina adolecía de un cáncer (la subversión) que debía ser extirpado en favor de la salud de la Nación, eufemismo que designaba el orden existente. Para una comprensión del discurso de la censura en su desarrollo histórico y sus manifestaciones, ver: Andrés Avellaneda, Censura, autoritarismo y cultura - Argentina 1960-1983, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1986; Kathleen Newman, La violencia del discurso - el Estado autoritario y la novela política argentina, Catálogos Editora, Buenos Aires, 1991 2. En 1973, año del retorno a la democracia, más de la mitad de la opinión pública legitimaba la lucha armada. Ver: Ariel Colombo y Vicente Palermo, Participación política y pluralismo en la Argentina Contemporánea, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1985, p. 68 3. A principios de los sesenta Perón realizó un "giro a la izquierda" en su retórica, que le permitió atraer el apoyo de generaciones jóvenes cuyo imaginario estaba construido alrededor de Vietnam, Ché Guevara y Mao, en lugar del imaginario populista conformado en la posguerra y la guerra fría. Para un análisis del proceso de la identidad argentina y el rol de la imagen de Perón durante los sesenta, ver: Ernesto Laclau, Emancipación y diferencia, Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1996, pp. 99-101 4. Ver: Laura M. Martins, En primer plano: literatura y cine en Argentina, 1955-1969, Louisiana State University, 2001; Eduardo A. Jakubowicz, "1955-1960: El combate simbólico en el campo cinematográfico", ponencia en Mesa Temática "Conflicto y exclusión en la sociedad contemporánea 1945-2000. Sus representaciones en el cine", VIII Jornadas Interescuelas y Departamentos, Salta, septiembre de 2001 5. Las condiciones del apoyo estatal a la producción originaron una larga serie de películas que reprodujeron la visión hegemónica de "lo gauchesco" como exponente de la identidad argentina, particularmente Martín Fierro (Leopoldo Torre Nilsson, 1968) y Don Segundo Sombra (Manuel Antín, 1969), y biografías de héroes nacionales, como El santo de la Espada (Torre Nilsson, 1970). Eventualmente hubo intentos de presentar versiones que suavizaban el conflicto historiográfico entre nacionalistas y liberales, como en Júan Manuel de Rosas (Antín, 1972). El chauvinismo oficialista encontró su fiel expresión en Argentino hasta la muerte! (Fernando Ayala, 1971) 6. Para una comprensión de los postulados de Grupo Cine Liberación, ver: Fernando Solanas y Octavio Getino, Cine, Cultura y Descolonización, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 1973 7. La "contra-historia" es un género historiográfico ampliamente difundido, del cual el "Manifiesto Comunista" es uno de los exponentes más explícitos. Utiliza las fuentes del adversario para minar su posición y destruir la identidad en ella basada, reemplazándola con la propia. Ver: Amos Fukenstein, "Historia, contra-historia y narrativa", 2000, No. 4, 1991, pp. 206-223 (hebreo) 8. Perón atribuyó importancia al cine político que permitiría a su imagen ser percibida por la generación de jóvenes militantes carentes de experiencia en el encuentro "personal" con su carisma. El extenso discurso cinematográfico denominado: "Actualización doctrinaria para la toma del poder" fue filmado por Grupo Cine Liberación con su beneplácito. Ver: "Perón en el cine", Asi, Año XVII, No. 790, 27/7/1971 9. La Opinión, 19/10/1974 10. La metáfora familiar funcionó en la trilogia mencionada como estrategia discursiva de inclusión del peronismo en la argentinidad de la cual había sido excluido. A su vez, los films excluían al género femenino del frente de lucha por la liberación nacional y social, relegando a las mujeres a los roles tradicionales, lo que proporcionaba al sujeto consuelo ante las angustias que las propuestas de cambios sociales radicales causaban. Ver: Tzvi Tal, "Inclusión política y exclusión genérica - Metáfora familiar en películas del Grupo Cine Liberación". Ponencia en Mesa Temática: "Conflicto y exclusión en la sociedad contemporánea 1945-2000 . Sus representaciones en el cine", VIII Jornadas Interescuelas y Departamentos, Salta, septiembre de 2001 11. La biografía de Gleyzer puede ser vista como representativa del proceso que vivió la generación que impulsó el proceso revolucionario a principio de los setenta. Su exposición verbal reproduciendo las características del montaje cinematográfico no sólo rinde homenaje al cineasta asesinado, sino también manifiesta el momento crítico que pasaba la sociedad argentina, fraccionada y descompuesta en discursos propensos a la exclusión violenta del "Otro". Ver: Fernando Martín Peña y Carlos Vallina , El cine quema - Raymundo Gleyzer, Ediciones de la flor, Buenos Aires, 2000 12. Cedrón, cercano a Grupo Cine Liberación sin ser miembro pleno y habiendo estudiado en La Plata como Gleyzer, puede ser visto como un comunicante entre los grupos. Apoyó a los Montoneros luego del rompimiento con Perón. En el exilio realizó un reportaje filmado al comandante de la guerrilla titulado Resistir. Murió en oscuras circunstancias en París, 1980, tal vez asesinado por agentes de la dictadura. Testimonio de Mariano Mestman, 30/8/1999 13.
El golpe militar planificado por Valle para junio de 1956 fue controlado
con facilidad. Valle y otros activistas fueron fusilados sin juicio previo
y sólo la intervención del Papa logró suspender la continuación de las
ejecuciones. 14. Para una descripción de la producción denominada genericamente Cine de la Liberación, ver: Mariano Mestman, "Notas para una historia de un cine de contrainformación y lucha política", Causas y Azares, Núm. 2, Otoño 1995, pp. 144-161; Peña y Vallina, El cine, passim 15. Para una comprensión de las teorías del cine soviético revolucionario en su contexto constructivista, ver: Sergei Eisenstein, "The Dramaturgy of Film Form-The Dialectical Approach to Film Form", in: Richard Taylor (ed.), S.M.Eisenstein-Selected Works, Indiana University Press, Bloomington and Indianapolis, 1988, pp. 161-179, Sergei Eisenstein, "Montage of Attractions", in: Id.; Film Sense, Faber & Faber, New York, 1968, pp. 230 - 233; Sergei Eisenstein, Vsevold Pudovkin and Alexandrov, Grigory, "Statement on Sound", Ibidem, pp. 113 - 114; Annette Michelson, Kino-Eye: The Writing of Dziga Vertov, University of California Press, Berkeley, 1984 16. La auto-reflexión porta una crítica radical al efecto ideológico realista de la representación cinematográfica. Ver: Iosefa Loshitzky, The Radical Aspects of the Self Reflexive Cinema, U.M.J.-Dissertive Information Service, Michigan, 1991(Ph.D. dissertation); Idem, The Radical Faces of Godard and Bertolucci, Wayne University Press, Detroit, 1995. La tradición cinematográfica iniciada por Vertov fue recuperada por el grupo de cine político maoista "Grupo Dziga Vertov" que organizó Godard luego de los sucesos de mayo 1968 en París. Ver: James Roy MacBean; Film and Revolution, Indiana University Press, Indiannapolis, 1975, pp. 139-147 17. Ver: " Significado de la aparición de los Grandes Temas Nacionales en el cine llamado Argentino", en: Solanas y Getino, Cine, p. 93 18. "Solanas-Martín Fierro en París", Testimonios Latinoamericanos, Nov.-Dic. 1980, pp. 24-26 19. Graciela Scheines, Las Metáforas del Fracaso, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1993, pp. 63-64; Laura Demaría, "Borges y Bioy Casares, 1955 y la Poesía Gauchesca como paradójica rebeldía.", Latin America Literary Review, Vol XXIII, 1994, Núm. 44, pp.2- 29; Pedro Geltman, "Mitos, sómbolos y héroes en el Peronismo", en Gonzalo Cárdenas et al., El Peronismo, Carlos Pérez Editor, Buenos Aires, 1969, pp.125-131; José Caterina y Carlos Allio, Análisis sociológico y psicosocial de la Dependencia, Editorial Guadalupe, Buenos Aires, 1973, p. 107, citando "Martin Fierro", líneas 2319-2324, "Hacéte amigo del juez,\ no le dís de que quejarse;\ y cuando quiera enojarse\ vos te debés encojer,\ pues siempre es gueno tener\ palenque ande ir a rascarse" 20. Casirer elaboró sus teorías durante la Republica de Weimar y el alza del hitlerismo. Criticaba a los nazis y antisemitas que veían al Mito como un sentimiento irracionial opuesto a la Historia y a esta como representante del Racionalismo. Ver: Iosef Dan, "Ideas del Mito en la investigación moderna", 2000, Núm. 8, 1993, pp. 145-164 21. Para comprender las implicaciones de las ideas de Brecht en el cine, ver: Dana Polan, "The Politics of a Brechtians Aesthetics", in: Id., The Political Language of Film and Avantgarde, U.M.I. Research Press, Ann Arbor, Michigan, 1981. (Ph.D. dissertation); MacCabe, Colin, "Realism and the Cinema: notes on some Breachtian theses", in Id., Theorical Essays, Film, Linguistics, Literature, Manchester University Press, Manchester, 1985 (1st. ed. 1971) 22. Mariano Mestman y Fernando Martín Peña, "La imagen recurrente. La representación del Cordobazo en el cine argentino de intervención política", Ponencia en Mesa Temática: "Conflicto y exclusión en la sociedad contemporánea 1945-2000 . Sus representaciones en el cine", VIII Jornadas Interescuelas y Departamentos, Salta, septiembre de 2001. En este mismo número de FILMHISTORIA Online se ofrece como artículo 23. Solanas rechazó la acusación del culto religioso de la personalidad y recuerda los ritos católicos con que se acompañó la desaparición de Palmiro Togliatti en Italia. Cada cultura gesta sus formas de recordación y pautas de identificación. Testimonios Latinoamericanos, Nov.-Dic. 1980, p. 26 24. Bakhtin describió el carnaval medioeval como prácticas culturales que dispersan el Poder social y subvierten la hegemonía ideológica en forma simbólica. Ver: Robert Stam, Subversive Pleasure - Bakhtin, Cultural Criticism and Film, John Hopkins University Press, London, 1989, pp. 122 25. Los oficiales exigieron documentos de identidad de los activistas a cambio de armas. Los militares desconfiaban del "pueblo en armas" y la posibilidad que el golpe militar degenere en una revolución social los procupaba.Ver: Lila Pastoriza, "Atizador de fuegos", Crisis, Núm. 59, abril 1989, p. 76 26. Las acciones de la Resistencia eran generalmente de carácter simbólico y no lograban inquietar al Gobierno. En ellas se formó una generación de militantes propensos a la acción de "grupos de choques" y la violencia callejera. Ver: Julio César Melón, "La Resistencia Peronista - Alcances y Significados", Anuario del IEHS, Universidad del Centro, Tandil, 1993, pp. 221, Samuel Amaral, "El Avión Negro - Retórica y Práctica de la Violencia", en: Samuel Amaral y Mariano Ben Plotkin (eds.), Perón - del exilio al poder, Editorial Cántaro, Buenos Aires, 1993 27. También el sindicalista Raul Legumarsino y los escritores Dalmiro Saenz y Gerardo Pisarello 28.
Peña, Fernando Martín, "Los traidores",
Film, febrero/marzo 1994, pp. 60-65; Idem, "Clásicos
nativos", Film,
octubre/noviembre 1994, pp. 34-37. |
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