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Fuente: Universidad de Tel
Aviv
Argentina,
peronismo y revolución
América
Latina vivió durante los años sesenta un proceso de agitación social y
radicalización política donde confluyeron nuevas corrientes ideológicas
y filosóficas, la protesta de las masas populares ante la puesta en
marcha de modelos económicos desarrollistas que carcomían las conquistas
sociales logradas durante los regímenes populistas y el enfrentamiento
entre los dos grandes bloques geopolíticos capitalista y comunista. La
aparición del Tercermundismo como opción política global concretada en
la Conferencia Tricontinental, se manifestó a nivel local en la aparición
de nuevos movimientos que se apartaban de las izquierdas tradicionales y
postulaban la acción revolucionaria voluntarista. La subsistencia de la
Revolución Cubana y la aparición de guerrillas urbanas y campesinas
orientaron nuevas estrategias, a las cuales se incorporaron sectores
sociales hasta ese momento no alineados con el proletariado y sus
organizaciones.
La
dictadura militar instaurada en Argentina en junio de 1966 aspiró a
asegurar el orden socio-económico oligárquico-financiero, ejerciendo una
política económica que redujo el nivel de vida de los sectores populares
y provocó la pauperización de sectores de la clase media. Siguiendo el
ejemplo del régimen militar brasilero instaurado en 1964, y gozando del
apoyo político, económico y militar de Estados Unidos, la Junta
prometió gobernar por largo plazo, emprendiendo una política de
represión ideológica y política caracterizada por severas restricciones
al movimiento obrero, intervención a las instituciones académicas, y una
acción "moralizante" que tuvo en la Censura cinematográfica
una de sus representantes más fieles.1
La
resistencia a la política dictatorial no tardó en manifestarse en
movilizaciones que culminaron en rebeliones populares como el "Cordobazo"
(mayo 1969), donde las fuerzas de represión debieron enfrentarse con la
protesta espontánea masiva y con manifestaciones de lucha armada
clandestina. En un ambiente cultural de ascendente legitimización a la
violencia revolucionaria inspirada en las teorías de Franz Fánon,
surgieron grupos de cineastas que vieron en la creación cinematográfica
comprometida con la militancia política un frente de lucha donde las
sujetos intelectuales y creativos se vincularían con el proletariado y
las masas movilizadas
Las
organizaciones obreras se habían integrado al sistema político desde la
gestación del peronismo a partir de 1945. Su exclusión después del
golpe militar de 1955 creó condiciones para que sectores sociales medios
y progresivos, anteriormente hostiles, transformasen la imagen de Perón
hacia fin de los años sesenta en un foco de identificación alternativo.
La clase media argentina no había logrado constituirse en factor de poder
luego del golpe militar que destituyó al presidente populista Hipólito
Yrigoyen en 1930. El decenio peronista 1946-1955 la favoreció económica
y socialmente, pero cultural e ideológicamente seguía dependiente de la
hegemonía francófila y el pacto neo-colonial establecido por la
oligarquía terrateniente
El
régimen militar instituido en 1966, que excluía y pauperizaba también a
la clase media, provocó un vacío identificatorio que fue llenado por la
imagen del exilado Perón. Discursos que expresaban diversos intereses y
sectores sociales comenzaron a reconstruir la imagen del líder ausente y
la convirtieron en un foco de identificación cuya nebulosidad, promovida
por el ex-presidente, permitió interpretaciones contradictorias de su
significado histórico. Corrientes nacionalistas xenófobas e incluso
filo-nazis, movimientos de izquierda nacional, burócratas sindicales y
sus adversarios, intelectuales desilusionados de la izquierda tradicional,
que no logró comprender el apoyo proletario al peronismo, convergían en
la postulación del "tirano prófugo" -como lo llamaba
eufemísticamente el diario La Prensa-
al frente del movimiento de liberación nacional policlasista y
polifacético.3
El
cine militante
A
principios de los años sesenta fracasó la llamada "Nueva Ola"
argentina, intento de producir cine "de Autor" competitivo con
la producción extranjera que dominaba los circuitos de distribución.
Nuevos directores y algunos veteranos del cine de estudio en bancarrota
practicaron estrategias estéticas y organizativas gestadas en los
cine-clubes y la actividad amateur, pero se trataba de expresiones
personales que no conformaron un Proyecto pluralista. Por primera vez
colaboraban escritores y directores jóvenes que emulaban, como era
habitual en la cultura neo-colonial, las novedades europeas. El dominio de
los monopolios hollywoodienses sobre los circuitos de distribución y la
censura ideológica castraron esa experiencia, durante cuya corta
duración hubo en los films paradójicas expresiones de creatividad
estética y crítica social atenuada, que explotaban el confuso control de
la actividad cinematográfica por los representantes del gobierno.4
A
fines de los sesenta floreció una generación de jóvenes cineastas
formados en el cineclubismo y concientes del fracaso histórico de la
Nueva Ola. También eran testigos de la cooptación del Cinema Nôvo
brasilero por la dictadura. Conjugando la toma de conciencia acerca de la
imposibilidad de hacer cine político comercial con el proceso de
"nacionalización" y "peronificación" que vivían
partes de las clases medias, algunos cineastas comenzaron a filmar una
obra no sólo testimonial, sino también agitadora: La
hora de los hornos (Fernando Solanas-Octavio Getino, 1968).
Estos activistas estaban dispuestos a producir colectivamente cine
comprometido con los conflictos sociales actuales, eludiendo la
intervención de la Censura y la Policía, desviculándose del control
estatal que hizo surgir un cine patriótico-histórico y renegando del
negocio cinematográfico dominado por los distribuidores del cine
extranjero.5
El trabajo clandestino dio lugar a la formación del Grupo Cine
Liberación, que organizó circuitos de distribución alternativos en
organizaciones obreras y estudiantiles, iglesias y casas particulares. A
diferencia de la "nueva ola", esta vez se trataba de un Proyecto
con incidencias socio-políticas y perspectiva global.6
El
discurso público sobre el peronismo era un campo de combate simbólico
acerca de la concepción de Argentina deseada. En La
hora de los hornos se manifestó una estrategia discursiva
conocida como "contra-historia", cuyo objetivo era la
destrucción de la memoria del "Otro" oligárquico-militar y su
reposición por la del proletariado peronista y las masas populares, que
fueron representadas como el sujeto histórico cuyo accionar es el eje
historiográfico.7
El Grupo se acercó a sectores que vieron en el Peronismo la posibilidad
de insertarse en el seno del proletariado y gestar la Revolución Nacional
y Social, dando origen a la Izquierda Peronista. Sus miembros activaron
durante la breve existencia de la Confederación General de Trabajadores
de los Argentinos (1968-69), organismo opuesto a la dirección
burocratizada de los sindicalistas que aspiraban a liberarse de la
conducción de Perón, y posteriormente actuaron como "brazo
cinematográfico" del movimiento peronista, obteniendo la
colaboración de Perón para filmar un extenso reportaje doctrinario.8
Grupo
Cine Liberación (GCL) apoyó a la guerrilla Montoneros, alrededor de la
cual se organizó la "tendencia revolucionaria". Llegado el
peronismo al poder legal en 1973, GCL se integró al proceso democrático,
criticando la lucha armada mientras rige la Constitución. Montoneros
dejó de combatir a las fuerzas armadas, pero se hallaba en guerra con la
dirigencia burocrática. Asesinatos de activistas y sindicalistas se
hicieron parte de la vida cotidiana. En 1974 se produjo el cisma entre la
izquierda y Perón, que falleció poco tiempo después. El Grupo condenó
publicamente la violencia y respaldó la gestión constitucional de Isabel
Perón. A pesar de esto, los cineastas salieron al exilio en 1976, bajo
amenazas de muerte y no retornaron hasta la democratización en 1983.9
Paralelamente
a los films testimoniales y de agitación política, GCL realizó
películas concebidas como herramienta político-cultural de cambio
social. Éstas no sólo producirían transformaciones en la conciencia del
sujeto espectador sino también povocarían una toma de actitud
transcendente en los conflictos sociales. Fueron proyectadas para la
distribución comercial masiva que proyectaban efectuar con el esperado
retorno de Argentina a la democracia y de Perón al poder, representando
un cierto retroceso de la idea del "Tercer Cine", caracterizado
como creación colectiva con objetivos militantes, y aproximándose al
cine "de Autor" en la expresión del estilo personal. El
camino hacia la muerte del Viejo Reales (Gerardo Vallejo,
1971), El familiar (Octavio
Getino, 1973) y Los hijos de Fierro
(Fernando Solanas, 1975) ofrecieron narrativas organizadas alrededor de
una "metáfora familiar" donde la hermandad simbólica, real o
imaginaria de los miembros del protagonista colectivo representaba una
llamada a la unidad popular y nacional en torno al peronismo
revolucionario.10
Vallejo
había estudiado cinematografía en la escuela universitaria dirigida por
Fernando Birri, pionero del cine testimonial en Argentina y Getino había
recibido, como cuentista, el Premio Casa de las Américas, otorgado en
Cuba. Solanas había estudiado composición musical y posteriormente
teatro en el Conservatorio Nacional, no existiendo en Buenos Aires
estudios formales en cinematografía. Había trabajado como guionista de
historietas, participando en una versión de "El Eternauta",
narrativo de ciencia ficción que criticaba alegóricamente la situación
neo-colonial y denunciaba al Ejército como fuerza de ocupación extraña.
Su formación personal era análoga a la trayectoria recorrida por el
cineasta soviético Sergei Eisenstein en los años veinte, que había
pasado del teatro revolucionario al cine de montaje intelectual
Cineastas
que repudiaban el populismo peronista viéndolo como un agente que desvía
al proletariado del proceso histórico revolucionario, comenzaron a
desarrollar una actividad similar. Raymundo Gleyzer era un cineasta
vinculado familiarmente al Partido Comunista y al teatro IFT, foco de
creación cercano a organizaciones judías identificadas con el partido.
Gleyzer cursó estudios cinematográficos formales en la Universidad de La
Plata y como muchos en esos tiempos, se alejó de la ortodoxia stalinista,
acercándose a los movimientos de izquierda foquista
Desde
los años sesenta hacía films cortos de orientación antropológica,
habiendo colaborado con el hoy conocido antropólogo visual Jorge
Prelorán, y hacía notas periodísticas para un noticiero televisivo,
entre ellas un reportaje gráfico pionero sobre las Islas Malvinas,
pequeña colonia arrancada por Inglaterra a la joven Argentina en el siglo
XIX, cuya recuperación fue utilizada como símbolo de la mitológica
lucha por la Soberanía Nacional en el discurso patriótico. También
había hecho el corto La tierra quema
(1964), sobre el campesinado brasilero en vísperas del golpe militar, y
el mediometraje Méjico, Revolución
congelada (1970), que construyó una alegoría pedagójica
relevante a la situación argentina: las masas campesinas y obreras
mejicanas habían cometido el error histórico del espontaneismo y caído
bajo la dominación de oligarquías que explotaron su combatividad para
construir una base de poder y enriquecimiento personal. El espectador
argentino debería llegar a la conclusión ineludible que el peronismo
paralizaba las luchas sociales, como el Partido Revolucionario
Institucional lo hacía en Méjico, y que no habría Revolución sin la
construcción de un Partido Revolucionario que conduzca a las masas.11
Gleyzer,
en cuya trayectoria resaltaba la búsqueda cinematográfica de la realidad
social como postulaba el cineasta soviético Dziga Vertov, dirigió en
1972 la película ficcional Los
traidores, con aporte financiero de un productor norteamericano
veterano de las Brigadas Internacionales en España. Ante las limitaciones
económicas, cineastas y actores entusiasmados por el tema anti-burocrático
del argumento formaron una cooperativa de producción. La filmación y el
montaje se hicieron en la clandestinidad, ocultando el objetivo real de
los trabajos. El "Grupo Cine de la Base" se constituyó en torno
a la voluntad de no aceptar condicionamentos a los contenidos del film,
optando por distribuirlo en circuitos políticos de izquierda:
agrupaciones vecinales, sindicales y barrios humildes, a veces en programa
conjunto con el film Operacion Masacre
(Jorge Cedrón, 1972)12
, que recuperaba la memoria de los asalariados fusilados por su apoyo
pasivo al frustrado putsch peronista
del general Valle en 1956.13
Algunos
miembros de la producción eran activistas del Partido Revolucionario de
los Trabajadores, brazo político del Ejército Revolucionario del Pueblo
que caracterizaba al Peronismo y su líder como una forma de bonapartismo.
Primeramente participaron en un Frente de Trabajadores de la Cultura,
prontamente disuelto por la dirección partidaria, fiel al principio
obrerista que exigía la proletarización de los activistas y la
agitación en el seno del proletariado industrial. "Grupo Cine de la
Base" (GCB) fue difusor cinematográfico de la organización armada
clandestina. En algunos films cortos practicó una estética cercana a la
concepciones de Vertov, precursor del lenguaje periodístico televisivo
que Gleyzer dominaba con soltura: montados con material filmado en la vida
social, destinados a contrarrestar la desinformación difundida por el
régimen militar y a constituir un sujeto proletario y revolucionario
Durante
el corto interregno democrático peronista (1973-76), el ERP continuó
atacando a las fuerzas del Ejército y la Policía. Al mantener en
funcionamiento el aparato clandestino, el GCB logró sobrevivir la
desaparición y asesinato de Gleyzer en 1976 y difundir en 1977 un film
que desenmascaraba la acción asesina de las fuerzas de seguridad del
régimen en la denominada "Guerra Sucia". Posteriormente se
dispersaron y las copias de Los
traidores que se salvaron de la represión fueron escondidas
hasta años después del retorno a la democracia
La
actividad de los grupos de cine militante argentinos fue muy similar a
pesar del abismo ideológico que los separaba. GCL optó por integrarse al
movimiento de masas peronista y colaborar con el retorno al régimen
constitucional, apartándose de su primario apoyo a la guerrilla foquista.
Sus películas en esta etapa ofrecieron estilos variados y un común
intento de reconstruir la memoria popular desde la perspectiva del
proletariado peronista, difundiendo una "hermandad argentina",
que adquiría un aspecto legendario dado el sangriento enfrentamiento
entre la derecha sindical y la izquierda montonera. GCB se identificó con
la línea marxista que vio en la coyuntura argentina de los setenta una
situación prerrevolucionaria. La apertura democrática con el retorno de
Perón al poder era desde ese punto de vista una maniobra destinada a
frenar el proceso histórico. La lucha armada debería desnudar las
características represivas y anti-populares del sistema ante las masas,
cuyos intereses históricos las llevarían a destruir el sistema
capitalista neocolonial. El rompimiento total de relaciones entre ambos
grupos tuvo lugar en 1974, cuando GCL publicó su apoyo a la gestión de
Isabel Perón.14
Estética
y revolución: entre Moscú y Buenos Aires
Los
traidores y Los
hijos de Fierro rememoran en forma analógica las diferencias
suscitadas entre Dziga Vertov y Sergei Eisenstein, los cineastas de la
Revolución Soviética. Ambos trabajaban en el ambiente cultural del
Constructivismo post-revolucionario que caracterizó el primer decenio de
la Revolución Rusa. El entusiasmo por la tecnología, la
industrialización y los materiales de construcción despreciados por el
arte clásico, junto con la efervescencia ideológica de la época, los
había llevado a conclusiones parecidas acerca del carácter dialéctico
requerido del montaje cinematográfico, al que transformaban en una obra
de ingeniería estética, sensual e intelectual.15
La
materia prima visual preferida los enfrentaba radicalmente: Eisenstein,
que había estudiado ingeniería y trabajado en el teatro revolucionario
de Meyerhold, optaba por el material ficcional puesto en escena
minuciosament; mientras Vertov, que activó en los trenes de propaganda
durante la guerra civil, exigía material filmado exclusivamente en la
vida social y se burlaba de lo que denominaba "cine-dramas". El
primero criticaba el montaje épico (descriptivo) para transformar los
desarrollos paralelos o entrecruzados que percibía en las películas
hollywoodenses de D. W. Griffith en montaje dramático (antagónico),
vehículo del discurso dialéctico. El segundo construía con planos de la
vida soviética una "realidad cinematográfica", una
abstracción ideológica que no respetaba las unidades de tiempo y espacio
aristotélicas, hecha con el curso del tiempo convención televisiva falta
de filiación política: Vertov preveía la trasmisión de imágenes en
pos del reciente desarrollo de la radio
Como
marxistas fieles a la Revolución y al Partido, tanto Eisenstein como
Vertov postulaban el film con objetivos ideológico-políticos. Mientras
el primero aspiraba a construir la conciencia social del sujeto espectador
planificando en sus menores instancias el proceso emocional que inducía
por medio del "montaje de atracciones" y las metáforas
intelectuales, el segundo intentaba provocar una concientización del
espectador acerca de las relaciones sociales invisibles mediante la
ubicación insólita de la cámara -"ojo mecánico"- y la
integración del proceso cinematográfico entre las actividades
productivas cotidianas del pueblo trabajador que aparecían en la
pantalla. Vertov profetizaba la auto-reflexión cinematográfica que el
"cine de autor", particularmente Jean-Luc Godard, practicaría
en los sesenta y posteriormente se transformaría en una convención
vaciada de la crítica original al rol mistificador del cine en la
cultura.16
Ambos
creadores habían llevado el cine soviético a cúspides estéticas y
políticas, pero las carencias económicas de un régimen que intentaba
sobreponerse al retraso tecnólogico y social que sufría la sociedad
rusa, empujó a los cineastas a la competencia por los presupuestos
necesarios. El enfrentamiento agudizó aún más la discusión intelectual
acerca de las ventajas de lo documental o lo ficcionial. El advenimiento
del stalinismo y el Realismo Socialista impuesto por los comisarios del
Partido cercenaron la libertad creativa. Tanto el "montaje
intelectual" de Eisenstein como "el desciframiento comunista del
mundo social" de Vertov poseían un potencial ideológico crítico
que la hegemonía burocrática y chauvinista
rusa prefería mantener bajo control
Las
dos películas aquí tratadas tienen en común la exposición de la
historia de las luchas sociales en Argentina a partir de la deposición de
Perón por el Ejército en 1955, haciendo una crónica cinematográfica
enraizada en la resistencia del proletariado a los diversos gobiernos y la
experiencia de los activistas de base. Ambas critican el rol desempeñado
por los burócratas sindicales, presentados como el "enemigo
interno" y "traidores". La narrativa maestra compartida por
la izquierda peronista y no peronista en los setenta estaba viciada por el
determinismo histórico y la confianza en el carácter inmanente del
proceso histórico. La clase obrera era pintada como víctima de la
traición que impedía concretar sus intereses históricos y la
"justicia popular" ejercida por los grupos armados era un
eufemismo que justificaba el asesinato de adversarios políticos
La
estéticas elegidas para cada una de las películas manifiestan
influencias de las concepciones elaboradas por los cineastas soviéticos,
no como homenaje nostálgico a la tradición del cine revolucionario, sino
como opción por formas cinematográficas coherentes con el discurso
emitido y el contexto argentino. Son filmes cuyo modernismo estético, a
diferencia de la "nueva ola", manifiesta el Proyecto político.
Al margen de la crítica a la apología de la lucha armada en las
películas que la perspectiva histórica permite y exige realizar, deben
ser analizadas como testimonios de una época conflictiva y como
exponentes de una posición crítica relevante ante la hegemonización
actual de la cultura por los códigos del capitalismo globa
Los
hijos de Fierro
El
régimen militar instaurado en 1966 había estimulado por medios
administrativos y económicos el florecimiento del cine patriótico y
folklorista. Grupo Cine Liberación criticó este cine considerándolo
vocero de la hegemonía oligarquico-militar. En Martín
Fierro de Torre Nilsson el grupo veía la expresión de los
intereses militares, mientras que en "Don Segundo Sombra" de
Antín percibía el discurso de la oligarquía terrateniente. A su
entender, las películas construían un sujeto pasivo, sumiso a los
dictados dictatoriales e inocuo frente a la explotación neocolonial.17
Consecuente
con la estrategia discursiva de la "contra-historia" y la
"contra-información", Fernando Solanas planificó filmar una
versión alternativa del Martín
Fierro, que se distribuiría en 1972, rememorando el centenario
de la publicación del poema oríginal de José Hernández. Los avatares
de la época demoraron el trabajo más de lo pensado y el film estuvo
listo en 1975, cuando las circunstancias políticas ya no permitían su
exhibición. Solanas salió al exilio en 1976 llevándose su obra sin
estrenar. En Europa, donde el Socialismo Nacional y el peronismo eran
interpretados como una forma de fascismo vernacular, fue vista muy poco,
pero a pesar de la incomprensión, le valió a Solanas ser considerado
"el más grande cineasta épico desde Eisenstein" por algunos
críticos que vieron el film en París.18
La
película es una interpretación actualizada del poema nacional escrito un
siglo atrás, cuando expresó la protesta contra el Estado-Nación
servidor de los intereses de la oligarquía terrateniente modernizadora.
Durante decenas de años se desarrollaron en la cultura argentina combates
simbólicos para definir el lugar del Martin
Fierro en el canon literario y el significado de su
protagonista como representación de la identidad argentina. El discurso
nacionalista definía desde 1913 al gaucho Fierrro como personaje
paradigmático, dueño de características propias de la imagen del
"Noble Salvaje" que los intelectuales nacionalistas asimilaban
de la cultura europea: valiente y violento, intuitivo e instintivo,
individualista y celoso de su honor. Desde 1920 se consideraba "lo
gauchesco" como componente esencial de la argentinidad y el peronismo
en el poder desde 1945 hizo del gaucho un mito nacional
El
discurso hegemónico, entre cuyos portavoces se contaba Jorge Luis Borges,
neutralizó el potencial político crítico del personaje y la narrativa,
considerándolos como una estrategia estética que revela las relaciones
entre la ciudad y el campo. Depuesto el peronismo en 1955, la ciencia
literaria oficial despojó a Hernández del status de "Homero
argentino" y Fierro fue interpretado como un individualista que llora
las penas de su vida tormentosa. El arraigo de la obra en la cultura
argentina es sintomático de la variedad de interpetaciones posibles y su
capacidad de funcionar como foco de identificación. El discurso peronista
de los setenta utilizaba citas del texto original instrumentadas de
acuerdo a la coyuntura actual, incluso para explicar el paternalismo que
caracterizó al peronismo en el poder.19
La
versión de GCL se apropia de la narrativa controversial, transformándola
en un poema épico-político cuyo referente es la memoria popular, desde
una perspectiva peronista anti-burocrática, contrapuesta tanto a la
imagen construida en la versión de Torre Nilsson, como también
desvirtuando la concepción verticalista del peronismo que difundían los
sindicalistas. Las transformaciones y agregados efectuados bajo la
dirección de Solanas, construyeron un mito, en la cual el proletariado es
el sujeto de la historia y los peronistas combativos son los auténticos
representantes del movimiento nacional y popular. Los
hijos de Fierro pone en práctica las teorías del filósofo
Ernest Casirer, quien sostenía que la Nación no puede existir sin Mito,
pero -a diferencia de otros pensadores- repudiaba la supuesta
contradicción entre el Mito y la Historia.20
A
diferencia de Eisenstein, que veía en el montaje dialéctico la
expresión necesaria de la naturaleza conflictiva del mundo físico y
social, repudiando el montaje épico (descriptivo) y exigiendo el montaje
dramático (dialéctico), Solanas y GCL concibieron la estética como un
producto de las necesidades políticas planteadas en el mundo real, de
acuerdo a las teorías de Brecht estudiadas en la Academia de Teatro.21
La polarización social y política argentina brindó inocultables
contradicciones sociales y políticas como materia prima del film, siendo
el montaje eisensteiano reemplazado por una dialéctica de estilos
visuales y modos narrativos: del expresionismo al realismo, de la
estética del western al realismo poético. La opción por lo ficcional,
como planteaba Eisenstein, es notoria en el uso de tomas documentales del
pueblo rebelde durante el" Cordobazo" intercaladas con las tomas
ficcionales de modo que el espectador no especializado no las reconoce.
Este uso de las imágenes documentales ejemplifica la manipulación de la
memoria popular por el discurso de la izquierda peronista, interpretando
el "Cordobazo" como "un momento más" en el proceso
histórico, mientras que el discurso marxista revolucionario veía en los
sucesos de Córdoba la aparición de una alternativa de lucha
independiente de viejos liderazgos políticos o sindicales.22
Los
hijos de Fierro se
aparta de las convenciones narrativas cinematográficas: hay diversos
narradores -siempre activistas peronistas y fugazmente sus compañeras-,
la continuidad es fragmentada en episodios anunciados por titulares cuyo
diseño recuerda libros de leyendas. El proletariado peronista es
representado como productor de una cultura alternativa donde no faltan la
música popular ciudadana y campesina, escenas de manifestaciones con
banderas y pancartas peronistas, activistas armados, retratos de Perón,
incluso la imagen de Evita "santificada".23
Persecuciones
políticas y torturas de prisioneros son vistas en un estilo cercano al
"Montaje de Atracciones" propuesto por Eisenstein: momentos
cinematográficos, no precisamente ligados al desarrollo de la narrativa,
que conmueven violentamente la estabilidad psicológica del espectador,
ejerciendo una manipulación estética de sus sentimientos que conduce a
conclusiones ideológicas premeditadas. En este caso, las luchas de los
peronistas "auténticos" son presentadas como un martirologio
que les atribuye superioridad moral, como cuando uno de los hermanos
explica que no temió a la tortura sino a convertirse en delator, o cuando
asesinatos de activistas peronistas son representados en escenas de
deguello y ejecución que citan las narrativas gauchescas
La
escena que reproduce los enfrentamientos entre peronistas por lograr el
control de los sindicatos ofrece una imagen carnavalesca de la política
corrupta, violenta y fraudulenta que practica la burocracia.24
El uso exagerado de los medios de expresión -proyección acelerada,
retrocesos reiterados, superposición de inscripciones onomatopéyicas
diseñadas en estilo pop como en la serial televisiva Batman
difundida en esa época, la milonga en la banda de sonido- recuerdan la
experimentación estilística en La
huelga de Eisenstein (1924), rasgo común en el vanguardismo
modernista europeo de los veinte, que le valió ser criticado como
"formalista", peyorativo denigrante en el contexto
revolucionario
Las
cargas explosivas improvisadas con que los activistas de la Resistencia
peronista perturbaban el orden, construidas con piezas de cañería de las
cuales recibieron el apodo de "Caño", son rememoradas en el sueño
de uno de los hermanos junto con el fracasado putsch
del general Valle: mientras combaten a una patrulla militar en un depósito
de inmensos caños apilados, reciben la sorpresiva ayuda de un oficial
llamado Cruz, que les reparte armas. La escena se refiere al episodio en
el poema original cuando el sargento Cruz, enviado en persecución de
Fierro, cambia de bando y lucha contra su propia patrulla. Cruz en la película
tiene un rango militar más alto, expresando la esperanza que surja en
Argentina una oficialidad revolucionaria, como había sucedido en Perú en
1968. Su accionar distorsiona la memoria del frustrado
putsch del general Valle, al que la dirección de la
Resistencia obrera no apoyó.25
Los
inmensos caños agrandan simbólicamente la escasa incidencia de las
cargas explosivas sobre la estabilidad del régimen y simultáneamente
recuerdan al espectador la lucha armada en los setenta, siendo "caños"
un eufemismo que designa armas de fuego. El sueño es un recurso
surrealista, apropiado a la imposibilidad real de crear un frente
obrero-militar revolucionario mientras la burocracia sindical y algunos
sectores de la oficialidad aspiraban a establecer un pacto político
corporativista. La escena ejemplifica la representación de la mitología
mediante el uso de sucesos históricos reales como materia prima estética,
mientras que acontecimientos históricos referenciales son representados
en forma mitológica utilizando imágenes del poema. De esta forma la República
dominada por la alianza oligárquico-militar y su salvación a manos del
peronismo es representada por el episodio de la liberación de la Cautiva
en el poema original, escenificada en un estilo propio de las aventuras
hollywoodienses.26
Martín
Fierro en la película es metafórico a Perón exilado, pero lejos de ser
una personalidad carismática transformada por los medios cinematográficos
en un héroe, su imagen falta de características personales es una
corporización de las ansias populares, casi nunca fotografiada en primer
plano. Fierro aparece frente a sus hijos reclamando unidad, analógicamente
al encuentro de Hamlet con el fantasma del padre que reclama justicia. Su
personaje es un símbolo de la imagen ambivalente de Perón diseminada por
el discurso de la izquierda peronista: nacido de la lucha popular de sus
hijos imaginarios, líder que maniobra conservando el delicado equilibrio
entre los sectores hostiles de su movimiento, estratega dependiente de la
voluntad de sus cuadros, emisor de un discurso nebuloso que los diversos
sectores interpretan en función de sus tácticas y estrategias
Como
en La huelga, El
acorazado Potemkim (1925) y Octubre
(1927), el héroe de Los hijos de
Fierro es el colectivo proletario, aquí constituido por la
hermandad simbólica de tres obreros peronistas que representan diversos
modos de participación personal en las luchas sociales, renunciando a
tratar el conflicto momentáneo en un efoque táctico, para plantear una
visión a largo plazo, estratégica, de la lucha de clases, analógica a
la lección histórica dictada en La
huelga
Eisenstein
incluía aficionados y gente de pueblo en el elenco de sus películas,
conforme con la concepción del "tipo", cuya fisonomia e imagen
transmiten el concepto abstracto del estereotipo social. Aquí algunos
personajes son desempeñados por activistas e intelectuales como Julio
Troxler, sobreviviente de los fusilamientos de 1956 en el rol del hermano
con percepción política mas aguda, y César Marcos, intelectual y mentor
ideológico de la izquierda peronista en el papel del burócrata Pardo
ejecutado por su traición a los intereses de la clase obrera. Su nombre
simboliza la ideología fascista y corporativista atribuida a la
burocracia. Pardo es fotografiado delante de un mural que representa el Ejército
Libertador de San Martin durante las guerras de la independencia,
acentuando la contradicción entre su acción y lo requerido por el
proceso histórico. Su estertor final ocurre entre estantes cargados de
carpetas en el archivo claustrófobico, advertencia visual que el film
transmite al enemigo.27
Los
hijos de Fierro
expresa la auto-imagen mitológica de la izquierda peronista: Perón es
apropiado en base a la retórica del giro a la izquierda que utilizó a
partir de 1962, las masas obreras con caracterizadas como anti-burocráticas
en esencia, la dirigencia sindical como traidores a la clase y la liberación
nacional, la resistencia peronista transformada en una guerra interna que
se continúa en la guerra anti-imperialista actual, la subcultura
peronista obrera presentada como la auténtica argentinidad. Es un
discurso excluyente, emitido en una situación donde la exclusión era el
código común a todos los discursos sociales. La conclusión indefectible
es que Perón fue producido por el pueblo y los peronistas "auténticos",
incluyendo la organización armadas, son "el Pueblo Argentino"
Los
traidores
La
distribucion clandestina de la película comenzó poco antes del retorno a
la democracia. Durante la "primavera política" de 1973, Octavio
Getino, activista de Grupo Cine Liberación, ejerció durante unos meses
como director de la Censura. Grupo Cine de la Base pidió autorizar
Los traidores, negándose a atenuar el mensaje virulentamente
anti-burocrático que Getino consideró no apropiado a la coyuntura política.
El Grupo prefería respetar la integridad de la obra, actitud que
reflejaba una crítica a los cambios que introdujo Grupo Cine Liberación
en la version de La hora de los Hornos
liberada a exhibiciones comerciales en esa época. A al poco tiempo fue
desplazada la izquierda y Los
traidores siguió distribuida en circuitos alternativos.28
La
estructura narrativa es una combinación de la revelación del presente
con la reconstrucción de la memoria obrera, creando una crónica histórica
concordante tanto con las ideas de Vertov como con el estudio de la
conciencia que caracterizaba a la "nueva ola" francesa,
especialmente en films de Alain Resnais como Hiroshima
mon amour(1959) y Hace un año
en Mariembad (1962). En el narrativo ficcional se conjugan
hitos históricos de la lucha de clases expuestos con material documental
y sucesos ficcionales que presentan un caso sinécdocal: sus
particularidades simbolizan el fenómeno social de la burocratización y
sus consecuencias. Vertov repudiaba el drama ficcional y exigía un cine
basado exclusivamente en lo social. Aquí lo ficcional representa procesos
políticos que no podía registrar la cámara documental, especialmente
los aspectos sabidos pero no visibles de los intereses personales que actúan
tras las bambalinas del negocio sindical
La
trama narra los últimos días de un dirigente sindical corrupto que finge
ser secuestrado para ganar la simpatía de loa afiliados cuando se
realizan elecciones en las que pretende ser reelegido. Los recuerdos que
lo acosan durante los días de reclusión voluntaria describen la
transformación un joven activista obrero peronista en burócrata que
usufructúa su posición traicionando los intereses de clase. Mientras el
ámbito familiar simbólico en Los
hijos de Fierro representa la unidad en la lucha, la familia
Barrera es el sitio donde se manifiesta la traición como psicología que
se desarrolla y se acentúa al faltar el sustento ideológico. Barrera
comienza su trayecto como joven activista en los días de la Resistencia,
donde se distingue por las acciones de protesta violencia que merecen la
censura de su padre, viejo y honesto sindicalista de base: Barrera
desmerece la memoria de su hermano mayor asesinado por la represión y
"tira bombas" en lugar de organizar a los compañeros en la fábrica.
Posteriormente se casa con una muchacha de la mediana burguesía, a la que
luego traicionará con una amante
Cuando
Barrera es elegido delegado de fábrica comienza la traición a la clase,
"dejándose comprar" por el empleador. Cuando llega a los
niveles de dirección nacional, no vacilará en delatar opositores a la
policía, sabiendo que serán torturados y también envía matones que
asesinan a uno de ellos. Cuando el pueblo protesta en la ola de movilización
cuya culminación fue el "Cordobazo", Barrera se niega a
decretar la huelga de apoyo y critica la infiltración comunista, apropiándose
del discurso militar. Finalmente es asesinado por un grupo obrero armado
revolucionario cuando festejaba su triunfo electoral. El título en plural
sugiere que el problema no es el personaje fictivo sino el fenómeno
social que representa. Este carácter simbólico de lo que aparenta ser un
drama realista es acentuado por el nombre Barrera, que denota la
consecuencia política de sus intereses personales: frenar la lucha de
clases
La
película cumple la función de "Ojo mecánico" definida por
Vertov al proporcionar una experiencia sensitiva por la cual el espectador
comprende aspectos no conocidos de la realidad social: escenas
ficcioniales presentan en estilo realista la tortura policial despiadada,
las negociaciones laborales donde el dirigente "vende" las
reclamaciones obreras, los negocios particulares usufructuando los fondos
del sindicato, los acuerdos secretos con la dictadura militar. El film
recurre al surrealismo cuando Barrera sueña su propio entierro, donde políticos
y militares festejan con "lágrimas de cocodrilo" la muerte del
dirigente obrero lacayo. Similar a Los
hijos de Fierro, aquí el sueño marca la imposibilidad que los
burócratas sindicales tomen conciencia de su traición
La
primer escena del film es una combinación del "ojo mecánico"
con la "atracción eisensteiana": puñetazos dirigidos a la cámara
en primer plano toman desprevenido al espectador, causando tanto la
sorpresa emocional de sentirse agredido, como la percepción de la represión
desde un punto de vista que identifica al espectador con la víctima en
una forma distinta a lo melodramático habitual
La
película fue filmada en localizaciones auténticas con participación de
gente de pueblo en diversos personajes. La filmación de la ocupación de
una fábrica causó conmoción y solidaridad entre los vecinos del barrio,
para los cuales el acontecimiento puesto en escena no se distinguía de
los conflictos sociales reales y consiguientemente ofrecieron ayuda a los
"huelgistas". Esta fusión de lo real con lo ficcional no
uniforme: las escenas del "Cordobazo" son presentadas en una
secuencia estéticamente diferenciada que no da lugar a confusión sobre
su carácter documental. Durante el film aparecen frecuentes titulares que
ubican la acción tanto en el presente de la trama, que dura pocos días,
como en el tiempo histórico que dura 17 años, reforzando la sensación
de la crónica social a pesar de ser la mayor parte del film ficcional
Vertov
sostenía que el montaje se realiza en tres etapas: 1) la elección del
tema y su estudio; 2) la planificación y la realización de la fotografía;
3) el montaje. Su teoría es aquí suplantada por el montaje entre
diversos estilos y modos de representación, del documental al surrealismo
pasando por el drama y la parodia. La observación minuciosa de los
procesos sociales por el ojo mecánico supuestamente imparcial es
reemplazada por la pretendida "objetividad" del discurso
revolucionario partidario. El estudio previo es reemplazado por el
conocimiento de las prácticas burocráticas sindicales que era vox populi
Conclusión
Al
romper la izquierda peronista con Perón en 1974 y volver posteriormente a
la clandestinidad, las organizaciones guerrilleras intensificaron las
actividades en conjunto que habían comenzado parcialmente durante la
estadía conjunta en las cárceles de la dictadura, para llegar a la unión
completa durante "la guerra sucia" contra el régimen del
"Proceso". En cambio, los grupos que originariamente habían
pensado su actividad como brazo cinematográfico de la lucha armada,
sostenían ahora posiciones contrapuestas y no había lugar a la
colaboración entre ellos
La
estética del cine militante argentino revivió en forma parcial y no
siempre coherente los principios estéticos de los maestros soviéticos.
En cambio, mientras ellos habían trabajado al servicio de la Revolución
triunfante y sometidos al control ideológico ejercido por el régimen,
los cineastas argentinos desarrollaron su actividad creativa mayormente en
la clandestinidad, dando lugar a formas de producción y distribución que
respondían a las limitaciones impuestas por el conflicto social
Tanto
Grupo Cine Liberación como Grupo Cine de la Base vieron el objetivo del
cine en el cambio social y no en la creatividad estética misma. En sus
films mezclaron elementos de la vida social y elementos ficticios, así
como diversas estrategias estéticas y tradiciones. Las diferencias
esenciales radicaban en la identificación política, que implicaba
participación en discursos sociales dueños de características
culturales contrapuestas
En
las dos películas analizadas resaltan similitudes propias del modernismo
y el experimentalismo que los cineastas asimilaron en la actividad
cineclubista, y diferencias producto de la personalidad específica de los
directores: el peronismo cinematográfico en Los
hijos de Fierro se inclina a lo épico y lo mitológico,
mientras que el discurso revolucionario en Los
traidores prefiere la crónica. Solanas trajo a su film
tradiciones teatrales cuyas raíces remontan al cine de Eisenstein,
mientras que Gleyzer abrevaba en las fuentes del documentalismo y el
reportaje televisivo cuyas fuentes se remontan al cine de Vertov
La
diversidad entre Eisenstein y Vertov, cuyo meollo intelectual era la
oposición entre lo documental y lo ficcional, pero tenía también origen
material en la escasez de presupuestos, revivió en la imposibilidad de
unificar la actividad de los cineastas militantes argentinos. Concepciones
cinematográficas cercanas en su base materialista dialéctica, en la
preocupación por develar la historia de las luchas sociales
contrarrestando el discurso hegemónico, en los modos de producción, en
el eclecticismo estético orientado al objetivo social fuera de las
pantallas y en la distribución politizada, no lograron superar las
diferencias, así como las diferentes izquierdas argentinas no lograron
proponer un Proyecto unificador alrededor del cual se pudiera organizar
una resistencia popular eficiente contra la dictadura militar
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Tzvi
Tal es Doctor en Historia y Profesor de la Universidad de Tel Aviv
NOTAS
Y REFERENCIAS:
1.
La "defensa del modo de vida argentino, occidental y cristiano"
postulada por la hegemonía oligárquico-militar llevó a la creación de
códigos de censura excluyentes, que durante la dictadura del
"Proceso" postularon la exclusión física y el aniquilamiento
del opositor. Este discurso solía recurrir a la "metáfora
orgánica", según la cual la sociedad argentina adolecía de un
cáncer (la subversión) que debía ser extirpado en favor de la salud de
la Nación, eufemismo que designaba el orden existente. Para una
comprensión del discurso de la censura en su desarrollo histórico y sus
manifestaciones, ver: Andrés Avellaneda,
Censura, autoritarismo y cultura - Argentina 1960-1983, Centro
Editor de América Latina, Buenos Aires, 1986; Kathleen Newman, La
violencia del discurso - el Estado autoritario y la novela política
argentina, Catálogos Editora, Buenos Aires, 1991
2.
En 1973, año del retorno a la democracia, más de la mitad de la opinión
pública legitimaba la lucha armada. Ver: Ariel Colombo y Vicente Palermo,
Participación política y pluralismo
en la Argentina Contemporánea, Centro Editor de América
Latina, Buenos Aires, 1985, p. 68
3.
A principios de los sesenta Perón realizó un "giro a la
izquierda" en su retórica, que le permitió atraer el apoyo de
generaciones jóvenes cuyo imaginario estaba construido alrededor de
Vietnam, Ché Guevara y Mao, en lugar del imaginario populista conformado
en la posguerra y la guerra fría. Para un análisis del proceso de la
identidad argentina y el rol de la imagen de Perón durante los sesenta,
ver: Ernesto Laclau, Emancipación y
diferencia, Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1996, pp. 99-101
4.
Ver: Laura M. Martins, En primer
plano: literatura y cine en Argentina, 1955-1969, Louisiana
State University, 2001; Eduardo A. Jakubowicz, "1955-1960: El combate
simbólico en el campo cinematográfico", ponencia en Mesa Temática
"Conflicto y exclusión en la sociedad contemporánea 1945-2000. Sus
representaciones en el cine", VIII
Jornadas Interescuelas y Departamentos, Salta, septiembre de
2001
5.
Las condiciones del apoyo estatal a la producción originaron una larga
serie de películas que reprodujeron la visión hegemónica de "lo
gauchesco" como exponente de la identidad argentina, particularmente Martín
Fierro (Leopoldo Torre Nilsson, 1968) y Don Segundo
Sombra (Manuel Antín, 1969), y biografías de héroes
nacionales, como El santo de la Espada
(Torre Nilsson, 1970). Eventualmente hubo intentos de presentar versiones
que suavizaban el conflicto historiográfico entre nacionalistas y
liberales, como en Júan Manuel de
Rosas (Antín, 1972). El chauvinismo oficialista encontró su
fiel expresión en Argentino hasta la
muerte! (Fernando Ayala, 1971)
6.
Para una comprensión de los postulados de Grupo Cine Liberación, ver:
Fernando Solanas y Octavio Getino, Cine,
Cultura y Descolonización, Siglo XXI Editores, Buenos Aires,
1973
7.
La "contra-historia" es un género historiográfico ampliamente
difundido, del cual el "Manifiesto Comunista" es uno de los
exponentes más explícitos. Utiliza las fuentes del adversario para minar
su posición y destruir la identidad en ella basada, reemplazándola con
la propia. Ver: Amos Fukenstein, "Historia, contra-historia y
narrativa", 2000, No.
4, 1991, pp. 206-223 (hebreo)
8.
Perón atribuyó importancia al cine político que permitiría a su imagen
ser percibida por la generación de jóvenes militantes carentes de
experiencia en el encuentro "personal" con su carisma. El
extenso discurso cinematográfico denominado: "Actualización
doctrinaria para la toma del poder" fue filmado por Grupo Cine
Liberación con su beneplácito. Ver: "Perón en el cine", Asi,
Año XVII, No. 790, 27/7/1971
9.
La Opinión, 19/10/1974
10.
La metáfora familiar funcionó en la trilogia mencionada como estrategia
discursiva de inclusión del peronismo en la argentinidad de la cual
había sido excluido. A su vez, los films excluían al género femenino
del frente de lucha por la liberación nacional y social, relegando a las
mujeres a los roles tradicionales, lo que proporcionaba al sujeto consuelo
ante las angustias que las propuestas de cambios sociales radicales
causaban. Ver: Tzvi Tal, "Inclusión política y exclusión genérica
- Metáfora familiar en películas del Grupo Cine Liberación".
Ponencia en Mesa Temática: "Conflicto y exclusión en la sociedad
contemporánea 1945-2000 . Sus representaciones en el cine", VIII
Jornadas Interescuelas y Departamentos, Salta, septiembre de
2001
11.
La biografía de Gleyzer puede ser vista como representativa del proceso
que vivió la generación que impulsó el proceso revolucionario a
principio de los setenta. Su exposición verbal reproduciendo las
características del montaje cinematográfico no sólo rinde homenaje al
cineasta asesinado, sino también manifiesta el momento crítico que
pasaba la sociedad argentina, fraccionada y descompuesta en discursos
propensos a la exclusión violenta del "Otro". Ver: Fernando
Martín Peña y Carlos Vallina , El
cine quema - Raymundo Gleyzer, Ediciones de la flor, Buenos
Aires, 2000
12.
Cedrón, cercano a Grupo Cine Liberación sin ser miembro pleno y habiendo
estudiado en La Plata como Gleyzer, puede ser visto como un comunicante
entre los grupos. Apoyó a los Montoneros luego del rompimiento con
Perón. En el exilio realizó un reportaje filmado al comandante de la
guerrilla titulado Resistir.
Murió en oscuras circunstancias en París, 1980, tal vez asesinado por
agentes de la dictadura. Testimonio de Mariano Mestman, 30/8/1999
13.
El golpe militar planificado por Valle para junio de 1956 fue controlado
con facilidad. Valle y otros activistas fueron fusilados sin juicio previo
y sólo la intervención del Papa logró suspender la continuación de las
ejecuciones.
14.
Para una descripción de la producción denominada genericamente Cine de
la Liberación, ver: Mariano Mestman, "Notas para una historia de un
cine de contrainformación y lucha política",
Causas y Azares, Núm. 2, Otoño 1995, pp. 144-161; Peña y
Vallina, El cine, passim
15.
Para una comprensión de las teorías del cine soviético revolucionario
en su contexto constructivista, ver: Sergei Eisenstein, "The
Dramaturgy of Film Form-The Dialectical Approach to Film Form", in:
Richard Taylor (ed.), S.M.Eisenstein-Selected
Works, Indiana University Press, Bloomington and Indianapolis,
1988, pp. 161-179, Sergei Eisenstein, "Montage of Attractions",
in: Id.; Film Sense, Faber
& Faber, New York, 1968, pp. 230 - 233; Sergei Eisenstein, Vsevold
Pudovkin and Alexandrov, Grigory, "Statement on Sound", Ibidem,
pp. 113 - 114; Annette Michelson, Kino-Eye:
The Writing of Dziga Vertov, University of California Press,
Berkeley, 1984
16.
La auto-reflexión porta una crítica radical al efecto ideológico
realista de la representación cinematográfica. Ver: Iosefa Loshitzky, The
Radical Aspects of the Self Reflexive Cinema, U.M.J.-Dissertive
Information Service, Michigan, 1991(Ph.D. dissertation); Idem, The
Radical Faces of Godard and Bertolucci, Wayne University Press,
Detroit, 1995. La tradición cinematográfica iniciada por Vertov fue
recuperada por el grupo de cine político maoista "Grupo Dziga Vertov"
que organizó Godard luego de los sucesos de mayo 1968 en París. Ver:
James Roy MacBean; Film and Revolution,
Indiana University Press, Indiannapolis, 1975, pp. 139-147
17.
Ver: " Significado de la aparición de los Grandes Temas Nacionales
en el cine llamado Argentino", en: Solanas y Getino, Cine, p.
93
18.
"Solanas-Martín Fierro en París", Testimonios
Latinoamericanos, Nov.-Dic. 1980, pp. 24-26
19.
Graciela Scheines, Las Metáforas del
Fracaso, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1993, pp. 63-64;
Laura Demaría, "Borges y Bioy Casares, 1955 y la Poesía Gauchesca
como paradójica rebeldía.", Latin
America Literary Review, Vol XXIII, 1994, Núm. 44, pp.2- 29;
Pedro Geltman, "Mitos, sómbolos y héroes en el Peronismo", en
Gonzalo Cárdenas et al., El Peronismo,
Carlos Pérez Editor, Buenos Aires, 1969, pp.125-131; José Caterina y
Carlos Allio, Análisis sociológico y
psicosocial de la Dependencia, Editorial Guadalupe, Buenos
Aires, 1973, p. 107, citando "Martin Fierro", líneas 2319-2324,
"Hacéte amigo del juez,\ no le dís de que quejarse;\ y cuando
quiera enojarse\ vos te debés encojer,\ pues siempre es gueno tener\
palenque ande ir a rascarse"
20.
Casirer elaboró sus teorías durante la Republica de Weimar y el alza del
hitlerismo. Criticaba a los nazis y antisemitas que veían al Mito como un
sentimiento irracionial opuesto a la Historia y a esta como representante
del Racionalismo. Ver: Iosef Dan, "Ideas del Mito en la investigación
moderna", 2000, Núm.
8, 1993, pp. 145-164
21.
Para comprender las implicaciones de las ideas de Brecht en el cine, ver:
Dana Polan, "The Politics of a Brechtians Aesthetics", in: Id., The
Political Language of Film and Avantgarde, U.M.I. Research
Press, Ann Arbor, Michigan, 1981. (Ph.D. dissertation); MacCabe, Colin,
"Realism and the Cinema: notes on some Breachtian theses", in
Id., Theorical Essays, Film,
Linguistics, Literature,
Manchester University Press, Manchester, 1985 (1st. ed. 1971)
22.
Mariano Mestman y Fernando Martín Peña, "La imagen recurrente. La
representación del Cordobazo en el cine argentino de intervención política",
Ponencia en Mesa Temática: "Conflicto y exclusión en la sociedad
contemporánea 1945-2000 . Sus representaciones en el cine", VIII
Jornadas Interescuelas y Departamentos, Salta, septiembre de
2001. En este mismo número de FILMHISTORIA
Online se ofrece como artículo
23.
Solanas rechazó la acusación del culto religioso de la personalidad y
recuerda los ritos católicos con que se acompañó la desaparición de
Palmiro Togliatti en Italia. Cada cultura gesta sus formas de recordación
y pautas de identificación. Testimonios
Latinoamericanos, Nov.-Dic. 1980, p. 26
24.
Bakhtin describió el carnaval medioeval como prácticas culturales que
dispersan el Poder social y subvierten la hegemonía ideológica en forma
simbólica. Ver: Robert Stam,
Subversive Pleasure - Bakhtin, Cultural Criticism and Film,
John Hopkins University Press, London, 1989, pp. 122
25.
Los oficiales exigieron documentos de identidad de los activistas a cambio
de armas. Los militares desconfiaban del "pueblo en armas" y la
posibilidad que el golpe militar degenere en una revolución social los
procupaba.Ver: Lila Pastoriza, "Atizador de fuegos", Crisis,
Núm. 59, abril 1989, p. 76
26.
Las acciones de la Resistencia eran generalmente de carácter simbólico y
no lograban inquietar al Gobierno. En ellas se formó una generación de
militantes propensos a la acción de "grupos de choques" y la
violencia callejera. Ver: Julio César Melón, "La Resistencia
Peronista - Alcances y Significados", Anuario
del IEHS, Universidad del Centro, Tandil, 1993, pp. 221, Samuel
Amaral, "El Avión Negro - Retórica y Práctica de la
Violencia", en: Samuel Amaral y Mariano Ben Plotkin (eds.), Perón
- del exilio al poder, Editorial Cántaro, Buenos Aires, 1993
27.
También el sindicalista Raul Legumarsino y los escritores Dalmiro Saenz y
Gerardo Pisarello
28.
Peña, Fernando Martín, "Los traidores",
Film, febrero/marzo 1994, pp. 60-65; Idem, "Clásicos
nativos", Film,
octubre/noviembre 1994, pp. 34-37.
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