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A los 25 años de su muerte
Este año se cumple el veinticinco aniversario del cruel
asesinato de
Pier Paolo Pasolini en manos de un adolescente. Contaba cincuenta y tres
años. Su hipersensibilidad, su intuición, su honestidad intelectual y su
talante provocador convirtieron a este poeta y cineasta homosexual en un
alma solitaria, denostada por propios y ajenos y portadora de ideas e
imágenes que sus contemporáneos no pudieron o no quisieron comprender.
Desde la perspectiva católica es difícil encontrar en el siglo XX un
oponente de tamaña dignidad: su pasión por lo humano, su adhesión a la
vida y su búsqueda insaciable de lo sagrado hicieron de él un héroe
trágico más parecido a Ícaro o a Hércules que a cualquier escéptico
ideólogo del laicismo europeo
Las fuentes
cinematográficas de Pasolini

"Han dicho que tengo tres ídolos: Cristo, Marx y Freud. En
realidad mi único ídolo es la Realidad. Si he elegido ser cineasta al
mismo tiempo que escritor, se debe al hecho de que en lugar de expresar
esta Realidad a través de esos símbolos que son las palabras, he preferido
el cine como medio de expresión: expresar la Realidad a través de la
Realidad". Leído así parece que Pasolini –conocido en el medio
periodístico como PPP- era un declarado neorrealista. Pero ello sólo lo
fue en parte, en el aspecto más documental de sus films, en los que
reflejó fielmente la cotidianidad proletaria romana, los maravillosos
rostros suburbanos, la tez cuarteada por el sol, las campiñas quemadas por
el estío y la intangible verdad de lo rutinario del pueblo,... los
paisajes y grupos humanos de la que podríamos llamar "Italia profunda".
Este estilo documental alcanzó su plenitud en las distintas encuestas
antropológicas que realizó, como la Encuesta sobre el amor (1964), donde
PPP ofrece un espectro muy preciso de las contradicciones internas de la
mentalidad italiana contemporánea.
Pasolini lo tenía claro siempre que alguien le
preguntaba sobre sus referentes cinematográficos: Renoir, Chaplin,
Mizoguchi, Clair, Dreyer, Murnau, Keaton, Tatí, Von Stroheim y el
neorrealismo italiano, todo ese cine que él denominaba "de valor" y que,
según decía, se hacía contra los intereses de los productores. PPP carecía
de formación profesional audiovisual y a muchos de los citados autores los
conoció muy tarde, cuando él había realizado ya varias películas, con lo
que su influencia –excepto en el caso del neorrealismo- no se deja notar
demasiado. Pero todos ellos tenían algo en común: su capacidad de poner en
escena aspectos esenciales de la condición humana, bien desde el humor,
bien desde el drama. De todas formas, las raíces del cine pasoliniano
tienen más ingredientes literarios, poéticos y semiológicos que
cinematográficos. No olvidemos que nuestro autor empezó a hacer cine en
1961, cuando ya tenía cuarenta años y una larga trayectoria literaria.
Fernando González, en su tesis doctoral sobre Pasolini,
llama la atención acerca de tres curiosos puntos. Primero, que las
adaptaciones literarias de PPP o se basan en libros antiguos y
renacentistas o se basan en sus propios textos. Segundo, que los tres
grandes padres de la Tragedia Griega aparecen en su filmografía. Tercero,
que hay otro grupo de obras que se refieren a la tradición judeo-cristiana.
Es decir, que PPP va directamente a las fuentes de nuestra tradición y las
trae al presente de forma crítica, como posibilidad de juicio
contemporáneo.
Aunque su cine va a sufrir una importante evolución
ideológica siempre mantendrá un estilo visual, como el rechazo del plano
secuencia y el protagonismo de lo geográfico y documental.
Cine y realidad en
Pasolini
La Realidad a la que se alude en la cita inicial, escrita
en mayúsculas por el propio Pasolini, no es una abstracción de sabor
marxista, como cabría esperar. Se refiere a la fisicidad de un rostro, a
las aceras tórridas de las borghate romanas, a la carnalidad sexual que
nada tiene que ver con el erotismo de venta fácil,... demasiada concreción
para que la pueda asumir cualquier ideología. Aunque Pasolini reivindique
el valor ideológico de sus imágenes, lo hace como llamada de atención a su
relevancia y provocación histórica frente a un cine connivente con la
homologación que impone la postindustrial sociedad de consumo. Está claro
que Pasolini pertenece de lleno a la tradición europea del cine de autor,
más preocupado de proponer a la conciencia del espectador un juicio
decisivo que de contarle una historia más o menos banal. Por eso llega a
afirmar de Accatone, su opera prima: "El film debería ser una violenta
llamada a la burguesía estúpidamente lanzada hacia un futuro que supone la
destrucción del hombre, de los elementos antropológicamente humanos,
clásicos y religiosos del hombre"
Pasolini y
Gramsci: de Accattone a El Evangelio según San Mateo
PPP extrae de Gramsci, uno de los fundadores del Partido
Comunista Italiano, una mirada épica sobre el pueblo. Se sitúa
deliberadamente a medio camino entre el Partido y el pueblo llano,
posición libre que sólo le traerá soledad. Del marxismo ortodoxo hereda su
odio a las grises clases dirigentes: "Alimento un odio visceral, profundo,
irreductible, contra la burguesía, contra su suficiencia, su vulgaridad;
un odio mítico, o, si lo prefiere, religioso". De Gramsci recupera para el
campesinado un valor de sujeto histórico insustituible. "La idea del
comunismo apareció para mí fundida a la las luchas campesinas, a las
realidades de la tierra. [...] No veo qué pueda tener de malo amar al
pueblo, verificar concretamente sus ideas". Desde esta visión del pueblo
como signo definitivo de lo humano, PPP accede en sus primeros films a una
mirada mística sobre sobre "los hombres de la tierra": "Accatone, Mamá
Roma y El Evangelio son de carácter épico-lírico, de ritmo casi religioso.
Su carácter épico-mítico se debe a mi ilusión gramsciana. Yo pensaba con
Gramsci que se podían realizar grandes obras nacionales y transformarlas
en populares, destinadas a un pueblo idealizado. Pero ese pueblo ya ha
desaparecido de Italia y ha surgido la masa consumidora".
Esta "ilusión" pasoliniana se percibe claramente en la
puesta en escena de sus obras iniciáticas. Pensemos en la reyerta de
Accatone con su cuñado, con la música de Bach de fondo: "La música de La
Pasión según San Mateo se dirige al espectador y le pone en guardia, le
hace comprender que no se encuentra ante una pelea de estilo neorrealista,
sino ante una lucha épica que desemboca en lo sagrado, en lo religioso".
El Evangelio... le proporciona en 1964 el primer premio que
recibirá de la OCIC (Oficina Católica Internacional del Cine), así como de
la Liga Católica para el cine y la televisión. Sin embargo no debemos caer
en la tentación de "bautizarlo". Las motivaciones del film son las
arriba expuestas y no nacen de una concepción divina de Cristo. Se trata
de un canto al pueblo y a su dimensión sagrada. No es una película más
religiosa que las demás. "Pese a que mi visión del mundo sea religiosa, yo
no creo en la divinidad de Cristo. Yo he hecho una película donde se
expone toda mi nostalgia de lo mítico, lo épico y lo sagrado". Cuando le
preguntan sobre su fe en los milagros que narra en el film, responde: "Los
milagros estorban nuestra visión pretendidamente objetiva y científica de
la realidad. Pero la realidad subjetiva del milagro existe. Existe para
los campesinos del Mezogiorno italiano, como existía para los de
Palestina. El milagro es la explicación inocente e ingenua del misterio
real que habita en el hombre."
La crisis del
marxismo. Uccelaci e Uccelini
Tras las películas "gramscianas", los sucesos que culminan
en el 68, pero que comienzan en los cincuenta, y el surgimiento de la
contestación política, sumen a PPP en una profunda melancolía. Si el
gramscismo había sido una ilusión, ahora venía un nuevo desencanto. ¿Acaso
no entendían esos hijos de burgueses que estudiaban en la Sorbona, que los
policías a los que apedreaban serán realmente más hijos del pueblo que
ellos? A Pasolini aquellos acontecimientos le provocan un sentimiento de
culpa: si la juventud está confundida es porque la generación de sus
padres, la propia de Pasolini, no había sabido transmitir las experiencias
auténticas. Reflejo de esa crisis es Uccelaci e Uccelini (1966), film de
transición entre una herencia clásica neorrealista y un cine más
ideológico. Los personajes de Toto y Ninetto representan la cultura del
pueblo, son figuras "neorrealistas". El cuervo simboliza la pérdida de
rumbo del marxismo, la conciencia problemática del intelectual de
izquierdas: "No lloro por el fin de mis ideas, que seguro que ya vendrá
alguien y tomará mi bandera. Lloro por mí mismo...", dice el ave. En
cierto modo, ese cuervo tiene algo de autobiográfico, declara PPP. A
partir de este film PPP entra en un período que él va a llamar
"problemático".
La búsqueda de un pasado
significativo. De Edipo Rey a Medea.
Con Edipo Rey (1967), PPP hace un film supuestamente
autobiográfico en el que el freudiano complejo de Edipo se proyecta sobre
el mito clásico. Digo "supuestamente" porque sólo Pasolini puede saber en
qué sentido alegórico tiene que ver la película con su difícil relación
paterna. El padre de Pier Paolo era militar y mantenía una relación fría y
algo despótica con su esposa, a la que Pier Paolo adoraba.
Teorema y Porcile son también films problemáticos, basados
en textos propios. En 1968 Teorema consigue para PPP el segundo galardón
que va a recibir de la OCIC, en medio de una polémica de lo más
interesante.
Medea (1969) abandona esa revisión autobiográfica y se
centra en la fenomenología e historia de las religiones que a PPP le
descubre Mircea Elíade. Los primeros veinte minutos de Medea, de un
profundo sentido religioso, son los minutos cinematográficos preferidos de
Pasolini. Él se centra en los mitos porque representan la vida como era
concebida antes de la era industrial. Para PPP, únicamente los que creen
en el mito son realistas.
Los últimos
filmes. El cine de la provocación
A partir de 1971 Pasolini realiza su tetralogía del
escándalo: El Decamerón (1971), Los cuentos de Canterbury (1972), Las mil
y una noches (1974) y Saló o los 120 días de Sodoma (1975). PPP confiesa
que en un ambiente cultural de crisis donde todo es una estéril
confrontación entre burguesía y protesta contra ella, la corporalidad –y
el sexo- parecían la única realidad preservada. La cantidad enorme de sexo
que hay, por ejemplo, en Saló es "la metáfora de la relación del poder con
los que están sometidos a él: la reducción del cuerpo a cosa.[...] El sexo
está llamado a tener en mi película un papel metafórico horrible".
De todas formas nada tiene que ver el erotismo del cine
pasoliniano con el de cualquier film comercial de los últimos treinta
años. No hay sensualidad, regodeo ni placer gratuito: es una sexualidad
primaria, esencial, que no busca la connivencia del público fácil sino la
provocación ideológica. No vemos "sex symbols" ni cuerpos atractivos, sino
a la gente sudada del pueblo que busca el amor.
Esta época coincide con el defenestramiento cultural de
Pasolini. El acoso que sufre debido a su homosexualidad le arrastra a una
conciencia de soledad que le acompañó hasta la muerte. "Hace veinte años
que el periodismo italiano ha contribuido a hacer de mi persona un
negativo moral, un proscrito. No hay duda de que a esta exclusión por
parte de la opinión pública ha contribuido la homosexualidad, que se ha
imputado como una marca de ignominia: el sello de una abominación que
condenaría todo lo que soy, mi sensibilidad, mi imaginación, mi trabajo,
la totalidad de mis emociones, de mis sentimientos y de mis acciones",
declara poco antes de morir. "Sólo acierto a temblar; y me estremezco en
mis entrañas, yo, el excluido de un mundo al que no logro odiar pero
tampoco amar, ese mundo que ahora puede hacerme pedazos, pero no acompasar
mi vida con la suya".
Profeta del desencanto y
mártir de la modernidad.
"Sólo tuve el carnet del Partido Comunista un año. No lo
renové. La orientación cada vez más staliana de la política de Togliatti,
esa mezcla de autoritarismo y paternalismo sofocante, no me parecía muy
favorable al desarrrollo de las grandes esperanzas de la postguerra. Para
comprender ese desencanto es preciso haber sido italiano". Pasolini
arrastra ya muchos desencantos. El antifascismo, el marxismo, la
cultura del pueblo,... todo se ha pervertido ante sus ojos. "Por desgracia
ha desaparecido un mundo arcaico que, con todos sus defectos, era un mundo
que yo amaba. Un mundo represivo es más justo, más bueno que un mundo
tolerante: porque en la represión se viven las grandes tragedias, surgen
la santidad y el heroísmo. En la tolerancia se definen las diversidades,
se analizan y aíslan las anomalías, se crean los guetos. Yo preferiría ser
condenado injustamente a ser tolerado". Es en ese momento de abominación
del nuevo Poder trasnacional y homologador que se avecina, cuando Pasolini
se da cuenta de que su enemiga tradicional, la Iglesia, puede ser ahora el
único aliado del pueblo. "Allí donde se habla de Dios, aunque sea para
expresar la propia incredulidad, no se halla la burguesía".
Pasolini escribe que la Europa neo-capitalista avanzada se
encamina hacia una religión en la que la Caridad prevalezca sobre la Fe y
la Esperanza; en la que los sacerdotes ya no sean necesarios y el
Evangelio baste. Esa interpretación profética de los hechos le va a llevar
en seguida a un posicionamiento que le va a suponer la expulsión de las
filas de la izquierda.
Cuando en Italia comienza el debate público a favor del
aborto, Pasolini toma una actitud clara: "Debido a mi sentimiento profundo
de hierofanía, del carácter sagrado de todas las cosas –una cierta visión
gnóstica que tengo del mundo- me repugna ver destruido el ordel principal
de la vida". Asimismo, cuando PPP lee en el Paese Sera el resumen del
discurso de Juan XXIII en el que el Pontífice afirma que el Poder ya no
necesita a la Iglesia, no puede evitar reaccionar con ímpetu: "Ahora que
el poder burgués después de haberla explotado durante tantos años no sabe
qué hacer con ella y la arrojado al mar, la Iglesia debería pasarse
decididamente a la oposición. Porque la oposición contra el Nuevo Poder no
puede ser más que una oposición de carácter religioso". PPP afirma que la
cultura materialista es tan enemiga de Cristo como del ideal marxista.
La puerta de la
esperanza, nostalgia de lo sagrado
Para Pasolini, la afirmación de lo sagrado es lo que más
odia el poder. Y él ve este sentido religioso como algo muy manipulable
desde dicho poder. "Cada vez me siento más escandalizado por la ausencia
del sentido de lo sagrado en mis contemporáneos. Yo defiendo lo sagrado
porque es la parte del hombre que menos resiste a la profanación del
poder". PPP ve cómo muchos cristianos se asimilan al poder dando la
espalda a su sentido religioso, convirtiéndolo en mero idealismo. Esta
constatación le supone a nuestro artista una brecha infranqueable en su
relación con la fe. "Yo no he tenido formación religiosa. Mi padre no
creía en Dios y mi madre mantenía las tradiciones religiosas de los
campesinos. Su fe era la prolongación de la poesía, una religión natural.
La enseñanza del catecismo me resultaba insoportable. Yo no amo el
catolicismo como institución, no por ateísmo militante, sino porque mi
sentido religioso se ofusca ante él. Mi visión religiosa del mundo
prescinde del idealismo cristiano. Me inclino a una contemplación mística
del mundo por una veneración y una necesidad irresistible de admirar los
hombres y la naturaleza, de reconocer la profundidad allí donde otros sólo
descubren la apariencia inanimada y mecánica de las cosas".
Sin embargo, el reconocimiento de la herencia cristiana
puede ser para Pasolini una forma de custodiar su identidad frente a la
invasión del Nuevo Poder. "Soy anticlerical, pero sé que hay en mí dos mil
años de cristianismo: yo he construido con mis antepasados las iglesias
románicas, después las iglesias góticas y después las iglesias barrocas:
son mi patrimonio, en el contenido y en el estilo. Estaría loco si negara
esa poderosa fuerza que está en mí: si dejara a los curas el monopolio del
Bien"
Pasolini ante la
muerte
Pasolini comenzó a vivir en soledad y acabó en ella. Siendo
muy joven escribía: "Una experiencia de absoluta soledad había disminuido
extraordinariamente mi vida espiritual: cuando encontré el nombre místico
para ese estado de interiorización, comencé a esperar la Gracia, es decir,
la posibilidad de concebir a Otro, a Dios." A ese Dios que alguna vez
intuye le dirige estos versos: "Tu darás la pureza en el único juicio que
nos queda y es tremendo y dulce: el que no haya nunca desesperación sin
algo de esperanza". Con esta gravedad Pasolini afronta la muerte: "Si
fuéramos inmortales seríamos inmorales, porque nuestro ejemplo no tendría
un final y, por tanto, resultaría indescifrable, eternamente aplazado y
ambiguo."
Esto no excluye para él la dramaticidad del hecho final:
"Yo no puedo vivir porque no consigo y no conseguiré acostumbrarme a
pensar que también para mí hay un tiempo, una muerte". "Podría haber
desmitificado la realidad de la situación histórica,... la figura de
Cristo mediatizada por el Romanticismo y la Contrarreforma, podría
desmitificar todo, ...pero ¿cómo desmitificar el problema de la muerte? El
problema que no puedo desmitificar es ese tan profundamente irracional y
también tan religioso que es el misterio del mundo. Eso no es
desmitificable."
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