Fuente
Otro Campo
Introducción
Con sus recientes éxitos de taquilla, el cine latinoamericano acaba de
marcar un punto de inflexión en su historia. La aparición de una nueva
generación de cineastas, en la Argentina, Brasil y México en particular,
confirma la emergencia de un cine joven e innovador. De todos modos, a
pesar de su notoriedad internacional, este cine todavía continúa siendo
demasiado marginal ya que coincide con la consolidación de otro, más
comercial, que adhiere a los modelos dominantes y engendra importantes
éxitos nacionales.
Es este fenómeno, y el carácter urbano de dicho nuevo cine
latinoamericano lo que quisiera abordar aquí. Para mí, esta “urbanidad”
se define por su concepción estética: imágenes, signos, referencias,
decorados, temáticas y comportamientos se inspiran en un lenguaje visual
salido de la imaginería hollywoodense y de su poder mediático. La ciudad
está aquí caracterizada por cierta violencia, por la corrupción, por el
sexo, en suma por imágenes “fuertes”.
Por mi parte, he elegido tratar esta temática con la intención de
analizar los nuevos códigos de un lenguaje fílmico que domina la
tendencia actual y que es retomado en un modo más “soft” por los
talleres del Sundance Institute. Pues, hay que decirlo, a pesar de sus
veleidades de independencia, el modelo Sundance no deja de hacer suyo el
esquema narrativo hollywoodense. En las páginas que siguen, intentaré
demostrar que esta dependencia es la de un cine basado en la acción
y el suspenso, que atrae al público, pero que puede tener también
efectos perversos.
Todo esto me lleva a pensar que el “método Sundance”, en el que se han
inspirado muchos realizadores latinoamericanos en los últimos años,
podría convertirse finalmente en una suerte de Caballo de Troya.
Bajo la aparente generosidad de Sundance, se vislumbra una voluntad, más
sutil, pero no menos hegemónica que la de Hollywood. La compararé aquí
con los subsidios concedidos por ciertos países europeos. Abordaré
también la noción de una necesaria “desconstrucción” de los códigos
hollywoodenses, como aquella practicada por ciertos cineastas ante un
cine más comercial, más accesible, pero confrontado por este simple
hecho a la recuperación que ya hace de él Hollywood. Para finalizar,
examinaré ejemplos que me parecen reunir con éxito otros tantas visiones
urbanas siguiendo los temas y las formas de estos países.
La ideología del público
El modelo hollywoodense exitoso funcionó siempre siguiendo el mismo
esquema: narrativo, estructuralista y lineal, hecho de continuaciones,
remakes y subproductos vendidos gracias a la presencia de
stars. Una suerte de producción en cadena, en suma, con el relevo
del video y la televisión. Todo este sistema reposa sobre el mismo
procedimiento narrativo, con el héroe y la coreografía de la muerte en
el film de acción, o la familia unida gracias a los valores puritanos en
la comedia de costumbres. Podemos suponer entonces, que la mayoría del
público, si no la casi totalidad, adhiere a esta ideología. Si no fuera
éste el caso, los espectadores irían a ver films antitéticos. Pero no lo
hacen: lo testimonia el “fracaso” de ciertos films. De tal manera, será
la oposición fracaso/éxito, la que será pertinente para evaluar las
diferentes cinematografías.
En efecto, en muchos films latinoamericanos recientes, la extrema
“urbanización” de los sujetos, de los temas y de la forma, a través de
la introducción del suspenso y del espectáculo como hilo conductor del
relato, es directamente tributaria de la escuela de guión hollywoodense.
Este fenómeno me parece que entraña un cierto abandono de la escritura
visual que, poco a poco, confirma una dependencia respecto del modelo
estadounidense. He aquí, a grandes rasgos, otros tantos factores que,
aún habiendo tenido efectos benéficos en la recuperación de un público
(algo que concedo, reconociendo yo también por mi parte sus efectos
benéficos consiguientes para las respectivas cinematografías), corren no
obstante el riesgo de más largo plazo de contribuir a marginar películas
más experimentales, o más marcadas por una búsqueda en el plano de la
escritura fílmica. Existe entretanto el riesgo, si no el peligro, de una
estandarización de los films, que se convertirían así en “productos”.
Cediendo a la violencia visual, y verbal, los cines nacionales de
América Latina, parecen haber ido sacrificando uno tras otro el lenguaje
cinematográfico y los valores nacionales sobre el altar de las malas
compañías, siendo recompensados en contrapartida por el “espejismo” del
mercado norteamericano. El guión, el casting, el dinero, se han
convertido en el núcleo de este proceso. Detrás de tal radicalización de
la línea económica, se encuentra todo el paisaje del cine
latinoamericano (y del cine mundial) que comienza a sufrir su propia
metamorfosis. Es esto lo que yo llamo el Caballo de Troya de
Hollywood.
Flash-back
Forjados en las luchas de liberación de los años ‘70, el Cinema Nôvo
y el Tercer Cine, denunciaban la violencia colonial y
neo-colonial, aquella engendrada por el hambre y/o la dictadura. En
Brasil, proliferaban las favelas; hacía su aparición una nueva
urbanidad, donde iba a desarrollarse una violencia de proximidad (la de
los barrios calientes, de la droga, de la corrupción policial, etc.). En
el cine, esta época está marcada por una ebullición cultural, fruto de
una mezcla de tradiciones, de folklore, de compromiso político, de donde
surgió la evidencia de un cambio necesario. El Cinema Nôvo y la obra de
Glauber Rocha fueron sus abanderados. En Argentina, esta urbanidad
tomaba otro sentido: la “guerra sucia”, las desapariciones y el exilio
de numerosos intelectuales dieron lugar a otro pensamiento crítico,
inspirado en un imaginario revolucionario. En todos los casos, esta
efervescencia cultural fue una fuente de esperanza que inspiró a toda
una generación. El Tercer Cine y
La hora de los hornos se hallaban a la vanguardia de ésta.
Dos teorías complementarias iban a ser portadoras de este cambio
necesario: La estética del hambre de Glauber Rocha denunciaba
este estado y proponía inscribirlo en una marcha cinematografica, aquí
más próxima al tropicalismo musical caro a Gilberto Gil o a Caetano
Veloso (como en
Terra em Transe). El tercer cine de Solanas y Getino abría, por
su parte, el camino a una nueva y fundamental puesta en cuestión del
cine como industria y espectáculo, y llamaba, a su manera, a la
emergencia de “otro” cine, más popular y nacional, inspirado en ”lo
real maravilloso” de Carpentier (ilustrado por
Los
hijos de Fierro).
Pero, ¿qué ocurre hoy? Las favelas, convertidas poco a poco en infiernos
urbanos, sirven de decorado a los video-clips de Michael Jackson,
convertidos a su vez en inspiración para algunos films de nuestros días.
La dictadura argentina es caricaturizada en una opereta que ha permitido
a Madonna ocupar el papel de Eva Perón...
No cabe el sarcasmo, pero tampoco deja de ser cierto que el cine
norteamericano, con su imaginería, hoy más dominante que nunca, ha
sabido imponer su ley y su modelo. Violencia, espectáculo, espectáculo
de la violencia, suspenso y secuelas, han reemplazado a la denuncia, el
imaginario y la mirada liberadora del Cinema Nôvo o del Tercer Cine.
“We Can Make Our Own Foreign Pictures”
Conviene recordar aquí otro fenómeno hegemónico norteamericano que
apareció en los años ‘60 y ‘70. Con la emergencia de las nuevas
cinematografías en Europa (la Nouvelle Vague en Francia, Cinema Nuovo en
Italia, Free Cinema en Inglaterra) y la de nombres tales como Fellini,
Godard, Richardson, Truffaut, Antonioni, aparecía por entonces una
necesaria renovación en el paisaje global del cine. Como es siempre el
caso, estos films extranjeros sólo tenían un acceso restringido al
territorio “sagrado” de los EEUU. En razón de la gran popularidad de
estos realizadores, surgió entonces la idea de invitar a algunos de
ellos a hacer sus films en Hollywood. Como decía por entonces Jack
Valenti, el capitoste de la MPAA, ¡los estadounidenses pueden hacer su
propio cine extranjero! Pero en la mayor parte de los casos, el
resultado fue catastrófico. Con el tiempo Hollywood decidió limitarse a
las remakes de los grandes éxitos extranjeros.
¿Verdaderamente han cambiado las cosas hoy?
Aun dominando como nunca antes las pantallas mundiales y la función
misma del cine, Hollywood está de nuevo anémico. Tiene siempre necesidad
de novedades, de sangre nueva. El método sigue en uso, y los films
recientes de muchos cineastas latinoamericanos nos dan la prueba:
Alfonso Cuarón (Hart’s War, 2002), Alejandro González Iñárritu (Hire:
The Powder Keg, 2002), Guillermo del Toro (Blade
II, 2002), o Bruno Barreto (View from the Top, 2003) son
buenos ejemplos. Ahora, sin embargo, los grandes estudios los contratan
solamente para realizar obras por “encargo”. Se convierten así en
“artesanos” al servicio del cine dominante.
Pero con el film del argentino Fabián Bielinsky,
Nueve reinas,
volvemos a la solución de la remake, lo que evita tener que
asegurar una mejor distribución de las versiones originales de estos
films y protege al mercado norteamericano contra tales “invasiones
bárbaras”. Pero creo yo que el método Sundance es aún más insidioso. ¿No
se puede decir, en efecto, que el fenómeno de los talleres de guión es
una suerte de desvío del cine independiente al mismo tiempo que una
manera de torpedear los cines nacionales?
¿Un canto de sirenas?
Los cines europeos de los ’70 tenían bases sólidas para resistir estos
cantos de sirenas. Pero hoy, en América Latina, Hollywood ataca en dos
frentes: por un lado, la holgura financiera de Sundance sirve para
propagar el método norteamericano de hacer cine; por el otro, se compran
los films de los buenos alumnos a buen precio, confundiéndose todos los
territorios. Partiendo así del pretexto de la “conquista” del mercado
estadounidense, los films caen bajo el control directo de las grandes
firmas de Hollywood. Vuelven a continuación a los territorios del sur a
través de sucursales de estas mismas compañías (Columbia, Fox, Warner,
etc.). ¿El resultado? Las grandes corporaciones del norte pueden
controlar entonces como les parezca la distribución de estos films,
ajustando los estrenos a su ritmo y según sus prioridades.
O si no, adquieren los derechos, retiran la versión original y hacen una
remake. Se cierra así el círculo.
A los buenos alumnos aplicados, se les propone directamente ir a
trabajar a Hollywood. No se trata ya para ellos de hacer “películas
extranjeras” para el mercado norteamericano, sino de proveer sangre
nueva a un cine que se ahoga. La lección de los ’70 se aprendió bien. La
sirena se transformó en caballo de Troya.
¿No podremos decir, tomando en cuenta esta tendencia, que incluso para
el cine independiente de los EEUU, el fenómeno Sundance, más allá de sus
pretenciones de off Hollywood, sólo habrá dado a luz quizás un “off-Sundance”,
mejor conocido como Slamdance? El cine independiente tan
comúnmente elogiado hoy sólo tiene de independiente el financiamiento y
los modos de producción. En lo que toca al resto, se trata de un cine
que se fabrica según los mismos criterios y los mismos códigos que el de
Hollywood, y que va dirigido al mismo público que éste.
Tomemos otro ejemplo, esta vez de otro dominio: el de la música, en el
que esta invasión es todavía más insidiosa. ¿No acaparan acaso los
artistas “latinos” made in usa, como Cristina Aguilera, Gloria
Estefan, Jennifer López, Ricky Martin, o Shakira, una amplia parte del
mercado de discos en la propia América Latina, gracias sobre todo a la
poderosa maquinaria de propaganda y marketing norteamericana?
[1] No es erróneo decir que ocupan un lugar de
predominio en el “consumo”, a veces en detrimento de la producción
nacional de aquellos países. ¡”Ley del mercado”, se me dirá! Pero,
¿gozan acaso los artistas nacionales de las mismas ventajas
promocionales, de la misma visibilidad, y de los mismos medios de
difusión a escala continental? ¿A qué se debe que en el cine, por
ejemplo, los films de esos países sean poco vistos en el continente,
mientras que la música “latina” made in usa atraviesa todas las
fronteras? ¡Y cuando estos films son vistos, es porque han sido
comprados por las Majors!
Además, esta situación-fenómeno ¿no tiene acaso como efecto perverso una
marcada declinación del pluralismo cultural? ¿No es entonces paradójico
que se pueda hablar todavía de diversidad cultural? Como quebequenses,
vivimos esta búsqueda de modo cotidiano ya que aquí, en Montreal, somos
todos conscientes de la importancia de salvaguardar los medios de
producción y de difusión, ante esta mezcla de todas las disciplinas.
Creo que sería necesaria una verdadera guerra preventiva contra la
mercantilización y estandarización de la cultura. No sólo nuestros
gobiernos deben ser llamados al orden respecto de este problema, sino
que hay también que sensibilizar a la opinión pública sobre la necesidad
de conservar nuestras identidades, y esto, por medio de la cultura. El
impacto que puedan tener las distintas disciplinas artísticas (teatro,
cine, música, danza, letras) sobre un pueblo no es sólo cuantificable en
términos de taquilla, sino que contribuye muy claramente a su proyección
a futuro y su identidad.
La lección del guión rentable
Es hecho conocido y reconocido que durante la etapa del guión se elabora
y se revela el costo de un film. Del guión emerge el presupuesto: se
trata de aquello que formulaba más arriba como el triángulo guión-casting-dinero.
Este proceso, aun cuando puede hacer nacer esperanzas de ventas o de un
éxito de taquilla, puede también transformar completamente un proyecto
de escritura cinematográfica en una empresa de marketing. Como
contrapartida de algunos cuantos éxitos loables, cuántos de estos
“productos de taller” no se habrán convertido finalmente en mamarrachos
comerciales...
En cierto modo, la incitación a utilizar medios cada vez más
importantes, y a inflar los presupuestos para hacer un cine fácil de
comercializar, de exportar, ¿no se halla acaso ligada muy a menudo con
la “fabricación” de un “producto” que entra en competencia directa con
su modelo? Me refiero al modelo de un cine que posee medios mil veces
superiores, y que se apoya en una prensa tan dominante como invasora.
La inflación económica derivada de la imposición de dicho modelo de
explotación y de distribución con eje en la publicidad, la
mediatización, las stars, los productos derivados, y campañas
publicitarias de costo más elevado que el de la producción, ¿no corre el
riesgo de arrastrar a todo el cine a un abismo sin fondo? Por otra
parte, los buenos alumnos que progresan en este sistema emigran. Este
éxodo permite al cine hollywoodense encontrar una renovación en medio de
su falta de ideas. Pero, ¿tiene lugar realmente una renovación en
Hollywood?
Es quizás tiempo de reevaluar este tipo de “urbanización” de las formas
y de los temas, y hacerlo, a la luz incluso de los efectos ciertamente
positivos del fenómeno, con el fin de mejor discernir los efectos
perversos de esta fuga hacia delante. Por el momento, sólo la Argentina
parece poder y querer salir del atolladero. Las condiciones de aparente
miseria en las que se encuentra el cine de este país, me parecen
paradójicas en relación con la riqueza, la innovación visual, y el vigor
de la escritura de la mayoría de estos films. ¿Cómo quedará el próximo
film de Lucrecia Martel, directora que nos había dado la excelente
La ciénaga
(¡salida sin embargo de aquellos mismos talleres de guión!), cuando su
guión haya sido triturado por los consejos conformistas de Sundance y
las objeciones monetarias de una producción a cargo de HBO?
En este punto, es interesante ver con más detenimiento y comparar, tal
como decía yo más arriba, los tipos de subsidio ofrecidos a las
cinematografías latinoamericanas en Europa. Estos subsidios tienen
características completamente opuestas a las del método Sundance. Ya se
trate del Fondo Hubert Bals del Festival de Rotterdam, del Fondo de
Subsidio del Festival de Goteborg (Suecia), del Fondo Sud (Francia), de
la Fundación Jan Vrijman de Amsterdam, del Programa Ibermedia, o el de
Cine en Construcción de la OCIC, que concede subsidios para la
conclusión de films a través de los Festivales de Toulouse y de Donostia-San
Sebastián, estas intervenciones tienen más bien tendencia a conceder
asistencia directa, por concurso, para la provisión de servicios
técnicos o a través de una ayuda a cineastas siguiendo un plan más
personal. Se ha visto, por el contrario, que la tendencia estadounidense
es la de implantar un modelo, pervertir una realidad para imponer una
manera de hacer y responder a un mercado condicionado por el modelo
dominante. En descarga de dicho método, hay que decir, empero, que
muchos cineastas lo buscan, ya que encarna sus aspiraciones... Pero
en tales casos, la gran renovación que se atribuye a estos films tiene
que ver quizás en mayor medida con la temática, o el exotismo del
decorado, que con la forma como tal.
El fenómeno Cidade de Deus
Hemos dicho más arriba que el modelo hollywoodense es entonces
esencialmente el del cine de acción. No intenta representar una realidad
sino un modelo, una utopía, un mito. Pero, ¿cuál es la especificidad del
film de acción? Se halla en él casi siempre un decorado esencialmente
urbano, el héroe mítico, el personaje ejemplar, la ilustración del
combate entre el bien y el mal, una legitimación de la muerte por el
peligro, un tratamiento visual de tipo publicitario, una puesta en
escena coreografiada de la muerte. Se trata de un cine que concuerda de
modo perfecto con la imagen mediática: la imagen que mitifica para crear
leyenda.
Como lo dice tan bien la crítica Ivana Bentes, el cine ha pasado en el
Brasil del esteticismo del hambre a un cosmeticismo del
hambre. Y con films como Carandiru, este cine habría pasado, de
acuerdo a ciertos críticos, a la estetización del bandidaje. El
modelo produce un cine “nuevo”, en el que la violencia se desencadena no
ya como denuncia de un estado de cosas, sino como imagen fascinante de
un mundo urbano prohibido; un puñetazo “estético” que tiene más de
espectáculo que de compromiso o denuncia. El espectáculo del hambre se
ha convertido en mercancía para un cine que, en lugar de denunciar,
fascina y corre el riesgo de perpetuar tanto el modelo como
la situación social que es la fuente de su discurso y su forma.
[2]
El truhán de favela que aterroriza a todo el mundo se ha convertido en
un ícono. Su nueva imagen le permite matar sin remordimientos a policías
que están de todos modos corrompidos. El, en cambio, se cree
indestructible. Se convierte en estrella. Lo que resulta, claro,
excelente para un cine comercial, pero ¿qué implica tal cosa para
la sociedad?
Atención, a pesar de lo que acabo de decir, que nadie se engañe sobre
mis intenciones. Como espectador sólo puedo admirar el film de Meirelles.
Es evidente que se trata de una mecánica muy bien orquestada. Pero si me
preguntan si me ha gustado esta banalización de la violencia, esta
explotación de los jóvenes, esta ausencia de compasión, esta
caracterización de los jóvenes de una manera tan demoníaca, eso ya es
otra cosa. Se va a fondo en esta mecánica infernal, porque es el fruto
de una receta consagrada. Se admira el talento del realizador, y de
hecho es imposible negar que se trata de un film muy hábil, el trabajo
de un artesano que hizo sus primeras armas en la publicidad y el
video-clip.
Con Meirelles se siente ese frenesí, es una máquina de hacer cine. Es de
la generación de Tarantino, otro producto de Sundance. Pero la gran
cualidad de
Cidade de Deus, lo mejor de su contenido social es quizás haber
llegado a más de 3,5 millones de espectadores brasileños. Es decir, son,
a pesar de todo, 3,5 millones menos de espectadores para
Chicago.
Pero, por otra parte, ¿no es posible decir también que estos
espectadores fueron a ver Cidade... justamente porque se parece a
Chicago...?
¿Glauber o Tarantino?
Llegó el momento de decirlo: no todo es malo en la empresa Sundance. Es
una cuestión de dosificación y de autenticidad. Central do Brasil
es también un producto Sundance, pero es una obra que posee un motor
dramático verdadero: introduce la relación madre-hijo, pero también el
descubrimiento del Brasil a través de una road movie que parte a
la búsqueda del padre. En contrapartida,
Abril
despedeçado, del mismo Salles, salido también de los
laboratorios Sundance, es un film sin alma, una temática desencarnada,
sazonada con salsa western. Es la receta Tarantino aplicada a un tema
intimista. Un film sin corazón, lleno de buenas ideas visuales, pero
¿cómo se puede mezclar la miseria con un objeto de puro esteticismo? El
resultado se halla lejos del efecto deseado. Este año, en Brasil, otro
film se enrola en esta tendencia de la estética de la violencia. O
homen do ano, de José Henrique Fonseca, es otro puro producto de la
“escuela Tarantino”.
La lista sería larga si quisiéramos enumerar otros films salidos de las
“fábricas” Sundance. Es error de muchos creer que este “pasaje” es la
panacea del éxito o la clave del mercado norteamericano. Hay que
decir, sin embargo, que a estos films bien retocados, ajustados a la
receta, les falta en gran medida la libertad de una cámara, una poesía y
un imaginario, un lirismo y una frescura que caracteriza sin embargo a
una buena parte de los otros films de esta nueva ola
latinoamericana.
En una categoría aparte, lejos de cierta urbanidad, con un retorno a los
valores del Brasil profundo,
Lavoura arcaica, de Luiz Fernando Carvalho, es mucho más
auténtica. Se trata de una película que emprende con éxito un mestizaje
temático y estético en una obra lírica que es fiel a los principios de
Glauber Rocha.
Pero no quisiera olvidarme de mencionar otros films que llegan hoy de
Brasil, como O invasor, de Beto Brant, film “urbano” si los hay,
pero que denuncia la corrupción en el medio inmobiliario de Sao Paulo, y
que, sin sacrificar esta urbanidad justamente, desconstruye esta
estética, la utiliza a contrapelo para crear un film cargado de tensión
y de contenido, donde la violencia está constantemente insinuada, jamás
mostrada. O también Estorvo, un ensayo sorprendente y de gran
rigor de Rui Guerra (caído desdichadamente en el olvido tras ser
asesinado por la crítica francesa en Cannes). O la nueva road movie
urbana de Ricardo Elias, De passagem, que sabe hacernos sentir la
violencia latente de una megalópolis como Sao Paulo, pero sin jamás caer
en la receta. He aquí films que, por su forma o su temática, se conectan
con este itinerario y esta libertad.
El nuevo cine argentino, o una desconstrucción de los códigos
hollywoodenses
Es quizás en la Argentina donde se encuentra en mayor medida la “otra
urbanidad”. Por ejemplo, en
El
bonaerense, de Pablo Trapero, la historia de un cerrajero que se
convierte en policía a pesar suyo, seguimos diversas complicaciones, no
a la manera de un film policial, sino más bien acompañando al personaje
a medida que intenta sobrevivir en un medio hostil. Silvia Prieto,
de Martín Rejtman, explora la vida cotidiana de una joven en busca de su
identidad en una gran ciudad, y se detiene a describir una pequeña vida
y una existencia sin disfraz. En
Vagón
fumador, de Verónica Chen, un film más bien duro, pero que no
cae en una sordidez inútil, aborda la realidad de los jóvenes de la
calle sin moralismo ni pretenciones sociológicas, presentándonos
personajes sorprendentemente lúcidos y articulados, y una reflexión
fascinante sobre el desamparo urbano. O
Taxi, un encuentro,
de Gabriela David, en donde, en la noche urbana, se anuda la trama de
una historia íntima que atempera la desolación en la que vagan
sobrevivientes solitarios. O, también,
Un día de suerte, de Sandra Gugliotta, retrato muy contemporáneo
de un Buenos Aires hundido en el desempleo y los conflictos políticos, y
donde Elsa, joven de veinticinco años, está a la búsqueda de un trabajo
decente que le procure el dinero necesario para la realización de su
sueño: un viaje a Italia. O, finalmente, la más reciente
Tan de repente, de Diego Lerman, donde dos lesbianas punk
encuentran en Buenos Aires a Marcia, una vendedora de lencería
acomplejada, obesa y solitaria, y la arrastran, más o menos contra su
voluntad, en una suerte de road movie iniciática, una errancia
contemporánea sobre los temas de la soledad y el encuentro que recuerda
los films de Wenders o de Jarmusch. Desde 1997, obras de este tipo
caracterizan la nueva ola de este país...
Pero la Argentina no está tampoco inmunizada contra la invasión
hollywoodense que se manifiesta allí sin embargo de modo bien diferente.
Si los films de Marcelo Piñeyro (Plata
quemada), de Juan José Campanella (El
hijo de la novia), o de Alberto Lecchi (El
juego de Arcibel), participan de la ola comercial, nos hallamos
con todo en una sociedad muy diferente de la brasileña. La violencia no
es aquí urbana del mismo modo que en Brasil. Es quizás más política.
Además, en la Argentina hay una tradición cinematográfica y referencias
cinematográficas más europeas; aquí, la influencia de Sundance tal vez
sea menor. Cuando se estrena un film como Nueve reinas, es más
probable que quieran hacer una remake. Este es el efecto
boomerang del fenómeno Sundance. Un guión brillante, un éxito nacional
que Hollywood querrá poner bajo llave para sustituirlo por su propio
“producto”.
Para la mayoría de los jóvenes autores argentinos, existe la voluntad de
imponer un cine nacional y de desmitificar cierto cine estadounidense.
Al hablar con ellos se siente esta necesidad; se siente también que el
desafío no tendrá posibilidades de éxito si no se rompen los códigos del
cine hollywoodense. La situación económica y política argentina tiene
sus dificultades, pero éstas tuvieron como efecto, de todos modos, la
necesidad de los cineastas de buscar otras maneras de rodar, lejos de
ese ardiente deseo de una imagen mítica que busque el consenso y quiera
federar las opiniones bajo la consigna de un cine rentable.
El caso mexicano
En México, al día siguiente al anuncio de una renovación del cine
nacional con
Amores
perros, film que venía a romper reglas y convenciones, su
realizador, Alejandro González Iñárritu, fue invitado a rodar su próximo
film en Hollywood. Comprado en muchos países por sucursales de las
Majors, aquí y allá, el film sería archivado durante varios meses
para no obstaculizar los estrenos de las producciones estadounidenses.
Lo mismo pasó con Alfonso Cuarón, el realizador de
Y tu mamá
también (de la que también se habló de hacer una remake),
y con Carlos Carrera, director de
El crimen del Padre Amaro. Ambos fueron invitados a realizar
sendas películas en la meca del cine-espectáculo. Los mejores cineastas
de esta nueva ola mexicana trabajan ahora en los EEUU. Así es como
Hollywood intenta renovarse: estimulando una fuga de cerebros
cinematográficos.
Y sin embargo, desde hace unos cuatro o cinco años, hay en este país un
cine que resiste y que da a luz obras que hablan de otra urbanidad,
cambiando el paso del lenguaje tradicional y proponiendo una mirada más
crítica. Benjamín Cann traza, en Crónica de un desayuno, un
retrato humorístico y por momentos chirriante de una familia mexicana
disfuncional que no tiene nada que ver con The Osbournes
[3]; Salvador Aguirre trata de la desilusión de un
retorno de inmigración a los EEUU en
De ida y vuelta; Marisa Sistach y Jorge Buig denuncian la
violencia contra los adolescentes en
Perfume de violetas, y más recientemente
Amar te duele, de Fernando Sariñana, se inspira con éxito en un
esquema tradicional (la historia de Romeo y Julieta) que le permite
echar una mirada al racismo en el centro de la megápolis de México.
En todos los casos, estos y otros excelentes films mexicanos encuentran
hoy todo tipo de dificultades: explotación rechazada y/o trunca para
hacer lugar a films estadounidenses, lagunas en el plan de promoción de
los estrenos, etc. Recientemente, por presiones de la estadounidense
MPAA, las Majors presentes en México rechazaron un programa de
subsidio que consistía en la deducción de un peso (!) del precio de la
entrada de cine para volver a financiar el IMCINE. Es cada vez más
frecuente que falten fondos para proyectos que no encuentran ya los
presupuestos que exigen los guiones revisados y corregidos por los
docentes de Sundance.
Conclusión provisoria
Trapero, Bielinsky, Rejtman, y Chen, en la Argentina, Carvalho, Amorim,
Brant, y Amaral, en Brasil, Cann, Hermosillo, Ripstein, y Tort en
México, y muchos otros cineastas en otros lugares pregonan un tipo de
narración libre, un tratamiento visual más europeo, el de la errancia y
del cuestionamiento de la identidad. Nos dan un cine inspirado por una
mirada crítica. Practican un cine que toma distancia del pensamiento
mistificador, que no intenta ocultar la reflexión. A veces han sabido
incluso retomar géneros en voga para apartarlos irónica o
ideológicamente de su concepción original, y romper así el
condicionamiento creado por la imagen mítica. Todos proponen una
reflexión sobre la sociedad y su historia. También, sus films ponen a
menudo en escena personajes sometidos a un sistema que los condiciona
tanto más por su imagen que por su política. Es así que denuncian, de
manera implícita, a la máquina hollywoodense y, por la puesta en escena,
repiensan el papel del cine y el lugar del espectador en la sociedad
latinoamericana.
En cierto sentido, en muchos de estos países aparece desde 1995 un cine
más des-constructor y post-moderno que utiliza las imágenes que condena
para fines subversivos, remontándolas, mezclándolas de otro modo, para
aportar un sentido que desvirtúa a la apología mítica. Es por ello que
afirmo que el rostro oculto del modelo Sundance, su intención no
declarada, es la de oponer un cine industrial a un cine más artesanal,
de búsqueda, y más crítico. ¿Un cine que exige medios importantes, y que
al fin del camino, no cuenta con los medios promocionales adecuados?
Entre el éxodo de talentos, las exigencias presupuestarias del modelo,
la sustitución de las obras por las “remakes” norteamericanas, el
caballo de Troya de Hollywood parece estar dando sus resultados. Pero,
si queremos la supervivencia de un cine nacional, corresponde hacer un
oportuno balance.
Notas
1. En el
cine, estrellas como Penélope Cruz, Cameron Díaz o Salma Hayek tienen
efectos similares, aunque no tan masivos. [volver]
2. Mientras escribo estas líneas, informan que el protagonista de
Cidade de Deus, Rubens Sabino da Silva, acababa de ser detenido por la
policía de Rio luego de cometer un nuevo delito, y que al intentar escapar
del hospital en el que había sido alojado, se despeñó en las rocas que se
hallan debajo de dicho hospital, hiriéndose gravemente. [volver]
3. Comedia de MTV que sigue la vida ficcional de Ozzy Osbourne y su
familia [T.]. [volver]
André
Paquet es Consejero independiente en cine, encargado de los seminarios y
eventos especiales de cine de Quebec y de cine canadiense para diversos
organismos. Cursó estudios en historia del arte y literatura. Creador y
director artístico de «Studio 9», un cliente de arte y ensayo en Quebec
(1962-1966). Funda y dirige la sección de cine canadiense de la Cinemateca
de Quebec de 1967 a 1970. Organiza los «Servicios Culturales de Quebec en
París» (1980-1987). Organizador del Coloquio Internacional «Celebracion
del Documental» por el cincuentenario de la Oficina Nacional de Films en
1989, y la Retrospectiva «Los cines de Canadá» para Téléfilm Canada y el
Centro Georges Pompidou en París, en 1993, y la Muestra «El cine de Quebec»,
presentada en La Habana en 1995, y en Buenos Aires y Montevideo en 1997.
Conservador invitado para «Summer Nights, Winter Days», un programa de
documentales de los países nórdicos que circuló por las grandes ciudades
canadienses a cuenta del Consejo Nórdico de ministros, en Copenhague.
Desde 1987 organiza y/o programa numerosos eventos cinematográficos
canadienses y de Quebec en numerosos países de Europa y América Latina.
Desde el año 2000 es programador de la seccion Cine de America Latina para
el Festival des Films du Monde de Montreal. Ha escrito artículos desde
1962 para publicaciones y libros especializados sobre cine, tanto en su
país de origen como en el extranjero.
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