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Cine Negro
Juan Carlos Paredes

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Dashiell Hammett Vida y Obra - Dashiell Hammet, prisionero en Nueva York - Howard Hawks Vida y Obra -

Fuente Polipage

Introducción


La fuente más cercana al cine negro es la novela negra norteamericana, derivada por su parte de la novela policíaca que guarda no pocas relaciones con la novela negra inglesa -el gothic tale del siglo XIX-. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el lector francés, ávido devorador de relatos policíacos de origen norteamericano que en muchos casos se encuadraban en obras de corte popular y que usaban el crimen como entretenimiento, parecía haber perdido su interés, debido a que, superada la opresión nazi, el crimen ya no era un motivo frívolo.

Así, en 1945, el editor Marcel Duhamel reunió para la editorial 'Gallimard' un buen puñado de novelas con un único común denominador: seguir la tradición anglosajona, fiel al realismo y ala crítica social, con autores tan diversos como Raymond Chandler, Dashiell Hammett, Horace McCoy o Jim Thompson. Jacques Prévert, poeta y guionista de las mejores películas de Marcel Carné (Les Visiteurs du Soir, Les Enfants du Paradise o Le Jour se Lève) y amigo íntimo de Duhamel, le proporcionaría a éste el nombre genérico para una colección de estas características, "Série Noire", ('Serie Negra'), un velado homenaje a la palabra "Black" ('Negra'), tan influyente en la evolución de la novela realista norteamericana de tema criminal. El vocablo hacía referencia por un lado a Black Mask, la mítica revista que aglutinó los mejores relatos de Hammett, Chandler y compañía y, por otro, a la manera en que William Irish (seudónimo de Cornell Woolrich) denominaba algunas de sus novelas de la década de los años cuarenta.

El término de "Série Noire" comenzó a utilizarse en relación al género negro cinematográfico cuando tras la aparición de la colección de Duhamel llegaron a Francia desde el otro lado del Atlántico películas como El halcón maltés (1941) de John Huston (adaptación de la obra de Hammett), Historia de un detective (1944) de Edward Dmytryk y El sueño eterno (1946) de Howard Hawks (basadas en novelas de Chandler), o Perdición (1944) de Billy Wilder (adaptación de una novela de James M. Cain). De esta manera, al igual que se había institucionalizado la acepción "novela negra" ('roman noir') para tratar de estas obras en literatura, se empezó a hablar de cine negro y, más particularmente, de "films noirs", para referirse a películas enclavadas en un contexto muy determinado -Estados Unidos-, aunque temporalmente nunca estuvo bien delimitado, pues la crítica no acaba de discernir si el cine negro constituye un género o, por el contrario, fue un movimiento. En el primer caso, el cine negro llegaría incluso hasta nuestros días (Al caer el sol -Robert Benton, 1996-, L.A. Confidential -Curtis Hanson, 1997- o Poddle Springs -Bob Rafelson, 1998-) y, desde luego, desbordaría el límite espacial aludido anteriormente; si se acepta la segunda posibilidad, está claro que el cine negro pertenece a un lugar (Estados Unidos) y a un período que comenzaría en 1941 con El halcón maltés, de John Huston, y terminaría en 1958 con Sed de mal de Orson Welles, aunque otros estudiosos por su parte han situado el ocaso del género en el año 1960 con La ley del hampa de Budd Boetticher.

La raíz de su aparición

A principios de los años veinte, finalizada la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos se convierte en la primera potencia económica mundial. Experimentará durante toda esta década un crecimiento industrial que, entre otras cosas, permitirá que en muchos hogares se introduzcan la radio, algunos electrodomésticos y los automóviles que hasta la fecha han estado reservados a las altas esferas de la sociedad.

En otro orden de cosas, el partido republicano, que ocupa el poder a lo largo de la década, afronta diversas acusaciones de corrupción que ponen en duda la moralidad oficial y, sobre todo, la justicia de los organismos públicos; la paz y la seguridad ciudadana se ven así amenazadas por una incertidumbre político-social difícil de soportar, lo cual, unido al impacto de los "pulps" -baratas revistas populares, impresas en papel de pulpa (de ahí su nombre), que no eran más que relatos para consumo llenos de violencia, crímenes y acción-, atrae a las grandes urbes a hombres sin escrúpulos que sólo buscan un rápido enriquecimiento, tal y como presenta Budd Boetticher en la película La ley del hampa (1960).

El cine negro, gracias a su enfoque testimonial y crítico del tema criminal, con sus consiguientes vertientes -cine de gángsters, de denuncia social, ciclo penitenciario, apologías de los agentes de la ley- debe interpretarse también como una crónica histórica del presente norteamericano, en la que los sociólogos ven la metáfora de la "pesadilla norteamericana", es decir, la persecución del sueño americano.

Consecuencias que provocan su aparición

Una rápida secuencia de acontecimientos provoca la aparición de la novela negra de corte claramente realista y del género negro. En primer lugar se aprueba la ley Volstead de 1919, la conocida como "Ley Seca", lo que hace que surjan bares clandestinos controlados por bandas mafiosas y cuyos clientes, al ser aprobada la ley, se convierten en delincuentes habituales, algo que se verá muy bien reflejado en la tetralogía de Josef von Sternberg (La ley del hampa -1927-, Los muelles de Nueva York -1928-, La redada -1928- y Thunderbolt -1929-). Sigue a esto el crash de la bolsa neoyorquina en febrero de 1929 (el llamado Martes Negro), que sume al país en una crisis social, económica y de valores sin precedentes en la historia de los Estados Unidos. Esto desencadena el pesimismo más absoluto en los norteamericanos, y dio lugar a las películas más violentas del subgénero de gángsters: El enemigo público (1931) de William Wellman, Hampa dorada (1931) de Mervyn LeRoy o Scarface (1932) de Howard Hawks.

En 1933, bajo la presidencia del demócrata F.D. Roosevelt, el cine negro tomará nuevos aires, renovados entre otras cosas por la derogación de la Ley Seca el 5 de diciembre de ese mismo año. Las bandas mafiosas no tienen, pues, más remedio que hacerse respetables y encauzar sus heterodoxos métodos hacia los sindicatos, las drogas y la prostitución, algo que el subgénero de gángsters reflejará perfectamente; en contrapartida, surge el FBI, cuyas represivas medidas contra estos grupos fuera de la ley queda patente en el filme de William Keighley, The G-Men (1935), con James Cagney en el papel de agente del FBI.

La entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, a raíz del bombardeo de Pearl Harbour por los japoneses el 7 de diciembre de 1941, sumerge al país en el desasosiego y el temor más absolutos, que se traduce en producciones como El halcón maltés (1941) de Huston, Perdición (1944) de Wilder, o La mujer del cuadro (1944) de Lang, claves de un género que vive durante esos años su edad de oro, y que refleja fielmente el sentir de una América inquieta inmersa en plena guerra.

El cine negro de aquel tiempo muestra la inquietud de una sociedad que, a pesar del desenlace de la Guerra (Estados Unidos queda como primera potencia militar del mundo), ve cómo la desmovilización de los excombatientes, el inicio de la Guerra Fría y la paulatina transformación de la industria bélica en una industria civil mucho menos próspera traen consigo el desempleo, la delincuencia y, sobre todo, la desilusión general ante la pérdida de los más elementales valores morales. Todo este periodo de angustia, que se cierra a finales de la década de los cincuenta, encuentra su metafórico espejo en el cine negro que será, además, uno de los géneros más visitados junto a, por ejemplo, el western y la ciencia ficción, por los perseguidos del maccartismo (las listas negras del Comité de Actividades Antinorteamericanas), que los utilizarán como medio de protesta contra la represión político-ideológica que sufre el país en general y la industria cinematográfica en particular.

Características estéticas

El hecho de que el "film noir" sea capaz de reflejar todas estas angustias -derivadas de las condiciones sociales, las situaciones políticas o los sentimientos morales- se debe a la naturaleza de sus contenidos y a la peculiar disposición de sus estrategias narrativas y lingüísticas, y, sobre todo, a una serie de características estéticas muy definidas, tales como una banda sonora realista, llena de sonidos urbanos, que cualquiera puede reconocer; iluminación de muy poca intensidad (a veces, incluso nula) para crear inusuales efectos de claroscuro y extrañas sombras que acentúan la psicología del personaje; una elevada proporción de escenas nocturnas; encuadres desde ángulos oblicuos para provocar situaciones de intranquilidad; tomas desde lugares iluminados solamente por lámparas bajas o, por el contrario, colgadas a gran altura en el techo; interiores claustrofóbicos y composiciones desequilibradas de las calles y los edificios (aquí fueron especialmente relevantes directores artísticos como Albert S. D'Agostino, Duncan Cramer, Alexander Golitzen o Russell A. Gausman); perspectivas distorsionadas de clara influencia expresionista -mundo exterior que expresa sutilmente el mundo interior de los personajes-, etcétera.

Por supuesto, el hecho de que todos estos condicionantes se den en una película no implica que ésta pertenezca al género negro; de hecho, Son of Frankenstein (1939) de Rowland V. Lee, la tercera y última aparición de Boris Karloff en el papel del monstruo que le dio fama, contiene una buena cantidad de los elementos antes enumerados y se encuadra dentro del género de terror. Es más, parte de la crítica especializada considera que el cine negro es el resultado de la fusión entre el cine de terror clásico, es decir, el de la Universal Pictures, y el subgénero de ladrones y policías-. Por otra parte, se da también el caso contrario: El sueño eterno (1946) de Howard Hawks, considerada tradicionalmente una de las mejores muestras del género negro, no presenta casi ninguna de las antes mencionadas premisas, posiblemente debido al peculiar talante artístico de su director.

Uno de los elementos corrientes en el "film noir", las perspectivas de cámara más o menos distorsionadas, se debe a la influencia del cine expresionista alemán de los años veinte. Muchos de los directores que más han aportado al estilo visual y narrativo tan característico del género eran judíos alemanes o austríaco que huyeron de la amenaza nazi y que, directa o indirectamente, tuvieron relación con el movimiento expresionista: Otto Preminger (Laura, 1944; Ángel o diablo,1945; Angel Face, 1953), Billy Wilder (Perdición, El crepúsculo de los dioses, 1950), Robert Siodmak (La dama desconocida, 1945; La escalera de caracol, 1945; Forajidos, 1946; etc.), Fritz Lang (La mujer del cuadro, Perversidad, 1945; Los sobornados, 1953; etc.) o Michael Curtiz (Alma en suplicio, 1945).

La visualidad de estas películas se debía a la sombría fotografía y a la tenebrosa iluminación que intentan recrear el mundo de pesadilla característico del universo "negro"ahogando cada fotograma. Este tipo de estrategias estrategias de angulación e iluminación eran puestas en práctica por directores de fotografía como Nicolas Musuraca (Stranger in the Third Floor, 1940, de Boris Ingster, La escalera de caracol, de Siodmak o Retorno al pasado, 1947, de Jacques Tourneur), gente que venía del cine de terror, expertos en el arte de los picados, contrapicados y otras situaciones de la cámara, perfectas para describir la fragilidad de la víctima o el agigantamiento del héroe. A otros, como Elwood Bredell (Forajidos o La dama escondida, ambas de Robert Siodmak) o Arthur Edeson (El halcón maltés, de Huston o Pasión ciega, 1940, de Raoul Walsh) se les daba de maravilla el retrato frío y realista de los bajos fondos del crimen y la corrupción, en películas en las que rara vez el héroe se distingue del villano, y en las que un profuso juego de luces y sombras resalta sus continuos desequilibrios. Y algunos, como Sid Hickox (El sueño eterno, de Hawks), Lucien Ballard (Atraco Perfecto, 1956, de Stanley Kubrick), John F. Seitz (Perdición, de Wilder), Joseph LaShelle (Laura, de Preminger) o Milton Krasner (responsable de alguna de las obras maestras de Fritz Lang) hicieron magníficas escenas nocturnas con decorados en exterior llenos de elementos sombríos y amenazadores (lluvia que cae, pavimento húmedo y resbaladizo, débil luz de farolas, anuncios de neón, hoteles baratos, bares de mala muerte) y una iluminación que enfatizaba la atmósfera de fatalismo (reforzada por la oblicua coreografía de la acción) que rodeaba a los personajes del "film noir" clásico.

Características generales. Iconografía básica.

Desde el punto de vista iconográfico, el "film noir" es el género más rico de todos, pues a diferencia de lo que ocurre en el western o en el cine bélico cada símbolo, cada aparato, cada carácter puede contener más de un significado (ocurre igual con la novela negra). Gran parte de sus iconos característicos son compartidos con el subgénero 'gángster film': bares en el centro de una ciudad nocturna y amenazante, lujosos y lujuriosos -pero "serios"- night-clubs, variopintas salas de juego, sórdidas habitaciones en hoteles baratos o moteles de carretera; sin embargo, el énfasis es completamente diferente. Por ejemplo, en el "film noir" la ciudad (a la que William Riley Burnett llamó 'la jungla de asfalto'), aparte de peligrosa, suele estar desierta y llena de ojos acechantes en contra de un héroe "fuera de la ley"; o el casino, símbolo del poder y de la ascensión social del gángster (representado como héroe, lógicamente) en estos filmes de los primeros treinta, es regentado por un poderoso criminal, que es, a su vez, una especie de amenaza para el héroe, como bien se podía apreciar en Gilda (1946) de Charles Vidor, o Johnny O'Clock (1947) de Robert Rossen.

Pero la imagen "negra" más típica es la del héroe (detective privado, por regla general) solo en la noche en alguna oficina o habitación de hotel barato, a oscuras o iluminado por los flashes intermitentes de algún anuncio de neón, tal y como aparecen Phillip Marlowe (Dick Powell) en el flash-back de Historia de un detective, de Dmytryk, el asesino de The Unsuspected (1947), de Michael Curtiz, o Christopher Cross (Edward G. Robinson) en el final de Perversidad de Fritz Lang.

En lógica asociación con la fórmula expresionista (El Gabinete del doctor Caligari, 1919, de Robert Wiene) se encuentra el escenario -que corre parejas con la locura, los deseos no satisfechos o las pesadillas- del parque de atracciones o de la feria; así, gran parte de Nightmare Alley (1947), de Edmund Goulding, transcurre durante la celebración de un carnaval. Mucho más conocido es el caso de Extraños en un tren (1951), de Alfred Hitchcock, cuya secuencia final, la del asesinato de Miriam por Bruno -visto a través de las gafas de la primera, en una típica distorsión expresionista- se desarrolla en un parque de atracciones, al lado de un tiovivo de insistente movimiento. Secuencia tan memorable como la escena de los 'espejos' de la 'casa de la locura' en La dama de Shanghai (1948), de Orson Welles, en la que el director situó el punto clave de su película.

Aparte de gafas delatadoras y espejos paranoicos, otros objetos han pasado a la galería iconográfica 'negra' por derecho propio: el teléfono como hilo conductor entre la víctima y el criminal, como medio para transmitir miedo y suspense, unas veces a un personaje (Voces de muerte, 1948, de Anatole Litvak) y otras al propio espectador (Crimen perfecto, 1954, de Alfred Hitchcock); el revolver del matón a sueldo (El cuervo, 1942, de Stuart Heisler); la gabardina del detective privado, y el cigarrillo en la comisura de la boca (El sueño eterno, El halcón maltés, etc...); las gasolineras (Forajidos) o las botellas de licor, los botines, la metralleta y el automóvil desde donde ésta se dispara, etc. son objetos y herramientas afines a la iconografía propia del subgénero de gángsters.

El propio Orson Welles utilizó como nadie otro de los recursos iconográficos que han ayudado a constituir, con el tiempo, el universo único del "film noir": una comunidad fronteriza, o la frontera misma, siempre poco acogedoras, como el propio director refleja en Sed de Mal (1958) desde el plano-secuencia inicial por encima de las casas del pueblo. Lo mismo sucede en Where Danger Lives (1950), de John Farrow, o Border Incident (1949), de Anthony Mann -impactantemente fotografiada en blanco y negro por John Alton-, si bien en esta última la amenaza viene tanto de los malos como del terreno fronterizo: un pantano que está a punto de tragarse a los dos protagonistas.

Los edificios, las mansiones, las casas, los invernaderos, incluso los bancos (como en la magistral escena de El demonio de las armas, 1949, Joseph H. Lewis), etc. han sido utilizados -siempre en relación con motivos oscuros, sexuales o violentos- por el "film noir", creando escuela iconográfica para futuras realizaciones. Los ejemplos son muchos: desde el invernadero del General Sternwood que hace clamar de calor a Philip Marlowe (Humphrey Bogart) en El sueño eterno, de Hawks, a la mansión del Mr. Grayle en Historia de un detective, de Dmytryk, que parece más bien un museo, o la habitación donde pasa la mayor parte de su tiempo Clifton Webb en The Dark Corner (1945), de Henry Hathaway, que parece totalmente una galería de arte. Ya sea el balneario de Alma en suplicio, de Curtiz, o el de Historia de un detective; la cabaña cerca del mar de Rebeca (1940), de Alfred Hitchcock, o de The Reckless Moment (1949), de Max Ophüls, o la casita de montaña en Retorno al pasado, de Tourneur, el "film noir" ha hecho uso como ningún otro género -excepción hecha de las prisiones en el subgénero carcelario de los años treinta, y de los muelles y puertos del 'gángster film'-, de edificios y decorados interiores con la intención de hacer todavía más tenebrosas y claustrofóbicas sus imágenes.

Pero, sin lugar a dudas, la iconografía por excelencia del cine negro se basa en sus personajes, especialmente en dos de ellos, institucionalizados por tres escritores de novela negra -James M. Cain, Raymond Chandler y Dashiell Hammett- que también fueron guionistas en Hollywood: la "femme fatale" -predominante en la obra de Cain-, glamurosamente ataviada y maquillada, provista de toda clase de adornos en sus manos y cuello, e incluso en los tobillos -como Barbara Stanwyck, en Perdición-, y el duro detective privado -introducido por Hammett y Chandler-, descuidadamente embutido en su raída gabardina. La figura de la primera empuñando un arma en dirección al segundo es otra de las imágenes perfectamente reconocible, utilizada en muchísimas producciones del periodo clásico. Algunos ejemplos serían Claire Trevor amenazando a Dick Powell en la escena cumbre del balneario en Historia de un detective, o mismo escenario con distintos personajes en Alma en suplicio. Los otros personajes del "film noir" -timadores, ricos decadentes, prostitutas, camareras, jugadores de fortuna, políticos corruptos, matones a sueldo, entre otros- suelen ser siempre secundarios, y, aunque no gocen del atractivo de los primeros, no por ello son menos importantes: destacan el criminal gordo y con pocos escrúpulos -paradigma del cual podrían ser Sydney Greenstreet o Laird Cregar-, el dandy pequeño y afeminado (como Peter Lorre) o el gángster a sueldo y siempre perdedor (como Elisha Cook, Jr.).


El detective privado. El antihéroe de Hammett y Chandler.

Dashiell Hammett, que había comenzado a publicar pequeñas historias en la revista Black Mask en los años veinte, al igual que haría Chandler una década después, rescató la fórmula habitual de las historias de detectives clásicas del siglo XIX y principios del siglo XX (el Sherlock Holmes de Conan Doyle, el Hércules Poirot de Agatha Christie o el Nick Carter de John R. Coryell) y la invirtió: había nacido el duro detective privado, el héroe cínico y elocuente, el anti-héroe que aúna crudeza y sensibilidad a partes iguales. Hammett creó un personaje atormentado por sus recuerdos del pasado que se siente personalmente involucrado en la historia del personaje, ya sea por motivos morales o sexuales o porque el criminal o el crimen cometido le atañen directamente.

Lo cierto es que El halcón maltés (1931) de Roy del Ruth, primera versión de la novela homónima de Hammett publicada un año antes, intentó ser lo más fiel posible al original pero no consiguió crear escuela, en gran parte porque el Código de Producción actuaba muy rigurosamente con este tipo de cintas, al extremo de que las películas de detectives debían ser thrillers con mucho de comedia. De hecho, cuando Hammett fue contratado por la Paramount como guionista, el tono de la producción detectivesca estaba marcado por el éxito de la década, The Thin Man (1934), de W.S. Van Dyke, una película que se distancia, al igual que todas las continuaciones que tuvo, de los "films noir" de los años cuarenta.

Hubo que esperar hasta 1941, a la versión de El halcón maltés de John Huston, quien se mantuvo muy fiel a la historia original para que el "film noir" adquiriese una solvencia crítica y un empaque realista del que no había gozado anteriormente, y para que el detective duro -en este caso, Sam Spade-, privado, cínico y aquí algo misógino, se convirtiese en una estrella del cine negro.

Mención especial merece por su importancia, a pesar de ser menos conocida, La llave de cristal (1942) de Stuart Heisler, la otra novela de Hammett adaptada a la gran pantalla, enclavada más fuertemente dentro de la corriente de corrupción política, que contiene una situación que será muy utilizada más tarde en el "film noir": la brutal paliza al héroe-detective privado -aquí, Alan Ladd- por parte de uno de los malos.

La actividad literaria de Hammett cesó cuando fue definitivamente "fichado" por Hollywood, recogió el testigo Raymond Chandler, cuyo primer relato apareció en Black Mask en 1933, y quien consiguió, a raíz de la publicación de la novela novela El sueño eterno (1939), que su detective Philip Marlowe pronto fuese el detective privado más popular. La consecuencia inmediata de este éxito fue que Chandler marchase a Hollywood, también a la Paramount, para trabajar como guionista. Su primer encargo consistió en escribir junto a Billy Wilder -que sería director de la película-, la adaptación de la novela de James M. Cain Double Indemnity (titulada en España Perdición), aunque su obra más exitosa fue la versión cinematográfica de su novela Farewell, My Lovely, que se tituló Murder, My Sweet (Adiós, muñeca), en la que desarrolló plenamente la figura del detective privado que ya se había apuntado en El halcón maltés, y en la que establecería la futura idiosincrasia estilística y psicológica de la producción "noir".

Chandler y, en menor medida, Hammett desarrollarían, primero en sus novelas y luego en las adaptaciones que de ellas llevaron a cabo, la total ausencia de certezas morales en el mundo "negro"clásico; es decir, aunque el detective haya resuelto el problema, sigue habiendo cosas extrañas, tales como que el bien durará poco o bien el precio ha sido demasiado alto, como puede apreciarse en muchas de estas películas en las que el héroe no para de encontrarse cadáveres a lo largo de la historia.

Desde luego, ambos autores -Hammett y Chandler- definirían con sus personajes y sus novelas, con detective privado o no, la estructura de investigación habitual en los "films noirs". Pero el universo "negro"contiene dos mundos claramente diferenciados; por un lado, el oculto del crimen, y por otro, el respetable mundo de la burguesía, con sus reglas bien establecidas que es, por supuesto, un mundo ambiguo, siniestro y encubierto que se esconde bajo falsas apariencias, en el que no se puede confiar en nadie y en el que el héroe se encontrará perdido y con la sensación de estar siendo constantemente engañado. Aunque el héroe investigador sabe protegerse bien de estos mundos, su mayor peligro vendrá de la sensual "femme fatale", quien utilizará su poder sexual para atraer al héroe; los ejemplos son numerosos, desde Historia de un detective, hasta Forajidos, pasando por Retorno al pasado y, desde luego, El halcón maltés, al extremo de que algunos estudiosos piensan que la solución del problema o del crimen no es tan importante como la investigación de la mujer.

Cuando el héroe investigador es un policía, casi sin excepciones, es un ser solitario que no comulga con la política de sus jefes y vive intentando solucionar sus obsesiones personales -venganza, anticorrupción, etc.- sin hacer demasiado caso a las indicaciones de su superior, tal y como ocurre en Los sobornados o en The Big Combo (1955), de Joseph H. Lewis. Otra de las características de este héroe investigador es el ser un superviviente nato que se desenvuelve a la perfección entre los peligros que le acechan en el mundo "negro".

La femme fatale. La perdición de Cain.

James Mallahan Cain, a diferencia de sus dos prestigiosos colegas -Chandler y Hammett-, llegó a Hollywood antes de escribir las novelas que le harían mundialmente famoso. Curiosamente, Hollywood le descubrió un lugar ideal para situar esas novelas llenas de pasión, calor y lujuria. Su paso por los estudios (primero Paramount y después Columbia) fue más bien mediocre, pero su contribución al "film noir" es innegable con tres adaptaciones de sus novelas: Perdición, El cartero siempre llama dos veces, 1946, de Tay Garnett y Alma en suplicio.

Su estilo literario fue igual de duro ("hard-boiled") que el de Chandler o Hammett y sus personajes masculinos más cínicos y misóginos; también introdujo en el universo "negro" otra clase de discurso narrativo y acendró la imagen "negra" de la "femme fatale". En sus novelas, y después en las películas que de ellas se realizaron, El cartero siempre llama dos veces y Perdición, el personaje masculino se presenta sexualmente obsesionado por el femenino, introduciéndose así en un mundo "negro" más psicológico que físico, con lo cual estará dispuesto incluso a matar al marido de la mujer para poseerla plenamente. Esto hace que la historia tome un rumbo totalmente innovador, dominado por el miedo del héroe a ser descubierto y, sobre todo, por un naciente y corrosivo sentimiento de culpa que, a medida que transcurre la narración, se hace prácticamente insoportable. Así, en primer lugar, la "femme fatale" es el mismísimo retrato del engaño, de la tentación y de la seducción y, en segundo, el héroe es una víctima de sus propios deseos y obsesiones que tiene, sin embargo, poco que ver con los otros héroes investigadores aunque, al igual que éstos, se introducirá en una red de relaciones en las que la verdadera naturaleza de sus intenciones se oculta bajo mentiras y falsas apariencias.

Fueron muchos los autores que siguieron el camino de Cain, entre éstos cabe destacar a Lang (La mujer del cuadro, Perversidad, Deseos Humanos, 1953), Welles (La dama de Shanghai), Siodmak (El abrazo de la muerte, 1949; The File of Thelma Jordon, 1949), Robert Stevenson (The Woman on Pier 13, 1949), Brahm (The Locket, 1946) o Preminger (Angel Face, 1952). Algunas veces se encuentran los dos tipos de héroe, el héroe investigador y el héroe víctima: en Forajidos, de Siodmak, aparece el personaje de Edmond O'Brien, que es el primero, y el de Burt Lancaster, que obviamente es el segundo; en Retorno al pasado, de Tourneur, se riza más aún el rizo, el héroe investigador (Robert Mitchum) deviene en héroe víctima en el momento en el cual es seducido por una maravillosa "femme fatale" (Jane Greer). En todas estas películas es difícil que el héroe mate por influencia de la mujer, pero el poder de ésta es tal que rara vez escapa con vida. Si lo consigue, como es el caso de Perversidad, Pitfall (1948) de André de Toth, o The File of Thelma Jordon, acaba mentalmente desequilibrado o con la vida destrozada. En otras historias parecidas, como The Suspect (1945) de Robert Siodmak, El merodeador (1951) de Joseph Losey o Conflict (1945) de Curtis Bernhard, en las cuales la mujer no es una "femme fatale", el héroe se conducirá como los de Cain, es decir, matará por poseerla.

En otras películas básicas del género se observa que la "femme fatale" está ya en posesión de otro hombre, lo que origina diferentes relaciones entre la figura masculina y la femenina. Si el héroe es su marido, y es rico, la mujer le utilizará como fuente de dinero y de seguridad (así se conducían las heroínas de las historias de Cain o La dama de Shanghai de Welles); si el héroe es soltero, atractivo, joven y viril, la "femme fatale" será por lo general más rica y de mayor edad que él, lo que genera implícitamente una estructura edípica, incluso si la mujer no es una típica "femme fatale", como en el caso de 711 Ocean Drive (1950) de Joseph M. Newman; por el contrario, si el héroe es un hombre maduro, poco viril y casado, la "femme fatale" casi siempre es bastante más joven y, como en La mujer del cuadro, Perversidad y Pitfall, mentalmente mucho más fuerte.

Existe también un personaje, más frecuente en las historias de héroe víctima que en las de héroes investigadores, que se opone a la figura de la "femme fatale": la esposa o la novia del héroe, imagen de la tranquilidad, del hogar y del amor, enemiga de la "femme fatale" -a pesar de los esfuerzos del Código de censura, que hace introducir en los guiones el "te quiero" (I love you)- en la que impera el deseo sexual y no el amor. No siempre se produce esta enemistad, aunque sí cierta oposición porque el carácter sexual de la "femme fatal" está mucho más arraigado; así al menos reaccionaban la camarera, incorporada por Shelley Winters, de Doble vida (1947) de George Cukor, o Gloria Grahame, la novia del gángster sádico (Lee Marvin) de Los sobornados de Lang. Este segundo tipo de mujer, a la que se podría clasificar como "mujeres sexuales", no busca como la anterior su conveniencia a todo coste, aunque ello suponga en la mayoría de los casos la perdición o la muerte del héroe; y por otra parte, aunque la "femme fatale" sea una derivación un tanto malvada y acendrada de las "mujeres sexuales", no siempre las segundas son necesariamente la primera, como dejan bien claro Lauren Bacall y, en menor medida, Dorothy Malone, en El sueño eterno.

Recursos narrativos del "film noir": el flash back y la voz en off.

El recurso del flash back había sido utilizado por Orson Welles en su ópera prima Ciudadano Kane (1941) y en dos clásicos -ya fuera del "film noir"- Rebeca (1940), de Alfred Hitchcock, y Yo anduve con un zombi (1943), de Jacques Tourneur, en los que se halla implícito desde el principio gracias a la voz en off que introduce la historia. Sin embargo, el flashback y la voz en off no adquirieron verdadera entidad hasta que Billy Wilder y Charles Brackett mostraron en Perdición a Fred MacMurray confesando a un dictáfono el crimen perpetrado en compañía de Barbara Stanwyck, momento a partir del cual ambos métodos se convirtieron en parte integrante numerosas historias del "film noir", como en la adaptación cinematográfica de El cartero siempre llama dos veces, en la que el protagonista cuenta de viva lo sucedido (en la novela de Cain, publicada en 1934, escribe a un sacerdote).

Muchos géneros y diferentes tipos de películas han utilizado el flash back como recurso narrativo, pero es evidente que por la naturaleza incierta de sus historias y la ambigüedad de los personajes, el "film noir" se presta con mayor naturalidad a que la reconstrucción de los hechos que dan pie al desenlace final o de la propia escena del crimen se produzcan en flashback. Así, el mismo año de Perdición, 1944, otras dos películas claves del género "negro"recurrirían al flashback de manera magistral: Laura e Historia de un detective. La lista de los 'films noir' que han recurrido al flashback y a la voz en off puede llegar a ser interminable. Incluso, muchos años después, Blade Runner (1982), de Ridley Scott, una película de ciencia ficción ambientada el apocalíptico Los Angeles del 2019, basa gran parte de su carácter "negro" en la incorporación de la voz en off del protagonista (Rick Deckard/Harrison Ford) y en la recreación de algunas escenas del pasado del mismo en fascinantes flashbacks.

Evolución del género.

El cine negro nació, como ya se dijo, a raíz de una serie de circunstancias históricas ocurridas en los Estados Unidos durante más de tres décadas -desde mediados de los años veinte hasta finales de los cincuenta-, pero también se dieron otros factores que, indudablemente, han circulado casi paralelos a las ficciones que se iban representando en la gran pantalla. En la evolución del cine negro se pueden detallar sus antecedentes y subgéneros, así como las corrientes, ciclos, tendencias y fases que se fueron sucediendo a lo largo de su historia.

Novela Negra.

Fue el origen del género negro en Estados Unidos, allá por los comienzos de los años veinte, en una revista "pulp", llamada Black Mask, fundada en 1920 por los intelectuales Henry Mencken y George Jean Nathan que contaron con Dashiell Hammett y Raymond Chandler para que crearan la figura del detective privado; con Horace McCoy y su visión crítica de todas las capas sociales; con James M. Cain y sus "mujeres fatales"; con Cornell Woolrich (William Irish), con Jim Thompson y su descarnada mirada de los bajos fondos y también con Erle Stanley Gardner, Norbert Davis y Carroll John Daly, entre otros muchos escritores. Sin embargo, los antecedentes de este tipo de escritura habría que encontrarlos al otro lado del océano, en la Europa del siglo XIX, en el Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle, en el Philo Vance de S.S. Van Dine, Ethel King, Nat Pinkerton o en el Arsène Lupin de Maurice Leblanc.

El Género Negro y el Código de Producción Hays.

Entre la publicación a finales de los años veinte y principios de los treinta de las novelas de Hammett, Chandler, Cain, Thompson y compañía, y las adaptaciones que de éstas se hicieron para la gran pantalla a partir de 1941, existe un lapsus en el tiempo. Esto se debió a distintos factores, entre los cuales quizá uno de los más importantes fue el famoso Código de Ética y Moralidad, llamado también Código de Censura o Código Hays por haberse encargado su creación a Will H. Hays. Creado en 1930 por la M.P.P.D.A. (Motion Pictures Producers and Distributor of America), se aplicó con mayor dureza a partir del 1 de julio de 1934, cuando tras doce años de controles informales en los cuales algunos géneros pudieron mostrar lo más oscuro del sistema americano, pasaron a censurarse todos los guiones y películas que se hacían. Algunos de los principios del citado código que concernían al cine negro decían textualmente: "Ninguna película debe llevar a que la audiencia sienta simpatía por el crimen, los malhechores, lo malvado y/o el pecado", "La venganza en tiempos tan modernos no está nunca justificada", "Los métodos del crimen nunca deben ser mostrados explícitamente" o "El tráfico ilegal de drogas nunca debe ser presentado". De hecho, aparte de la tetralogía de Sternberg antes citada, surgieron por aquellos años tres de los subgéneros más violentos, comprometidos socialmente y crueles de todo el género: el 'gangster film', el 'ciclo presidiario' y el 'ciclo de denuncia social'.

Los primeros pasos del género: El 'Gángster film'.

Los gángsters ya habían aparecido en la pantalla antes de que, entre octubre de 1930 y enero de 1931, se estrenan respectivamente The Doorway to Hell, de Archie L. Mayo, y Hampa dorada, de Mervyn LeRoy, cuyo éxito provocó una avalancha de producciones que tomaban como ejemplo la vida de un mafioso de ficción, Cesare Rico Bandello, interpretado por Edward G. Robinson, para crear una línea narrativa que mostraba la ascensión social y posterior derrumbamiento de un personaje al margen de la ley con una intención claramente ejemplificadora. Resultado de esto fue el surgimiento de las bandas de gángsters brutales y sedientos de poder y sangre, que poblaron una serie de filmes, como El enemigo público (1931), de William A. Wellman, y culminados en 1932 por el clásico Scarface, el terror del hampa, de Howard Hawks.

Las pantallas mostraban la situación que se vivía en las calles de las ciudades norteamericanas por aquellos años, se podría decir que fue una crónica cinematografiada de la realidad. Cuando Roosevelt accede al poder en 1933, el país comienza a luchar contra la crisis y la política toma renovados bríos, con lo cual se pierde la visión romántica del gángster, exponente claro de lo cual son las producciones a partir de esta fecha, películas como la comedia Pequeño gigante (1932) de Roy del Ruth.

Este subgénero primitivo, para muchos el "ciclo fundacional" de la corriente que se dio hasta 1933, es el núcleo más complejo y homogéneo de la corriente a la que regaló su nombre, cuyas otras fases aparecieron durante los siguientes veinticinco años. Una de ellas fue la llamada "sociología del gangsterismo", que tuvo lugar en la segunda mitad de los años treinta, y que trajo consigo el cambio de protagonismo del gángster por el del policía (Contra el imperio del crimen, 1935, de William Keighley), la infiltración de la mafia en los negocios honorables (Bullets or Ballots, 1936, de William Keighley), la introducción del destino redentor del gángster (Ángeles con caras sucias, 1938, de Michael Curtiz), la reconsideración global de la historia del gangsterismo (Los duros años veinte, 1939, de Raoul Walsh) y el análisis del rechazo social contra los atracadores surgidos de la Depresión (El último refugio, 1941, de Raoul Walsh). Otra de las fases fue el "neogangsterismo en versión film noir", propio de la segunda mitad de los cuarenta, donde se presenta a un gángster con gran poder mental, lógicamente situado al margen de la ley, pero no tanto por voluntad propia como por circunstancias sociales, patológicas y amorosas.

Las raíces criminales se encuentran en los crueles métodos utilizados y en el gran parecido que existe entre este personaje y el héroe detectivesco (ambos están aislados y son presa fácil de un destino fatal). Sobresalen entre todos los gángsters los incorporados por Burt Lancaster en dos películas de Robert Siodmak (Forajidos, 1946; y El abrazo de la muerte, 1948), así como el cruel Cody Jarret de James Cagney en la obra maestra de Raoul Walsh, Al rojo vivo (1949), en la que mientras mata a un hombre se come un muslo de pollo; y el mucho menos interesante en conjunto 'ocaso en color', allá por los últimos años de los cincuenta, si bien, se produjeron dentro de estos años algunas muestras más cercanas al espíritu "negro"de los gigantes del género que a la producción media general, como por ejemplo Horas desesperadas (1955), de William Wyler o La casa de bambú (1955), de Samuel Fuller.

En los primeros años de la década de los treinta, el reforzamiento del Código Hays hace que el "gángster film" comience a transformarse paulatinamente hasta casi desaparecer, mientras que sus actores más carismáticos -James Cagney y Edward G. Robinson- se pasan al otro lado de la ley, es decir, a los papeles de policías. Esta transformación, lenta y progresiva, fue derivando en sucesivos ciclos; además, el gángster no dejó nunca de gozar de cierto protagonismo, si bien se dio un fenómeno acorde con el devenir biográfico del personaje: su encarcelamiento.

El 'ciclo presidiario' y el 'ciclo de denuncia social'.

Esta corriente, también conocida como "cine penitenciario", tuvo dos etapas bien separadas en el tiempo. La primera transcurrió desde 1932 hasta 1934 y fue anterior al código Hays; en ella se mezclan los elementos propios del género con los de naturaleza melodramática, lo que hace considerar las películas de esta época más cerca del melodrama social que de la crónica criminal. La otra discurrió entre 1950 y 1958, aproximadamente; lo avanzado de la fecha permite a las producciones de esta etapa introducirse más libremente en ámbitos impensables en años anteriores, como las cárceles de mujeres (Sin remisión, 1950, de John Crowell) y la pena de muerte (Cell 2455, Death Row, 1955, de Fred F. Sears, o ¡Quiero vivir!, 1958, de Robert Wise).

Antecedentes del primer ciclo se pueden considerar El presidio (1930), de George Hill y The Criminal Code (1931), de Howard Hawks; pero sin duda, el ciclo que origina esta nueva corriente es Soy un fugitivo (1932), de Mervyn LeRoy. Los personajes de estas películas, ambientadas en las más diversas penitenciarias federales, ya no son tan seguros ni tan poderosos, sino que se humanizan hasta el punto de ser en muchos casos víctimas del destino, aunque también del amor o del honor, como es el caso del Tom Connors de Veinte mil años en Sing Sing (1933), de Michael Curtiz, encarcelado por encubrir un asesinato perpetrado por la mujer a la que ama. Estas cintas forman un perfecto nexo de unión entre el primer 'gangster film' y una manifestación ulterior: el 'ciclo de denuncia social', que dará comienzo en 1933, antes del Código Hays, y concluirá hacia 1939, en la que se incluyen filmes sobre el sempiterno tema del falso culpable y del sentimiento amoroso como única esperanza tales como las dos primeras obras maestras de Fritz Lang en Estados Unidos, Furia (1936), y Sólo se vive una vez (1937), ambas situadas en la América contemporánea de la Depresión.

El Film Noir clásico.

Antes de los ciclos detectivesco y criminal y tras el ocaso del "gángster film", floreció en el género, aunque sin cambiar demasiado las estructuras narrativas, estilísticas y dramáticas, un nuevo tipo de héroe, el policía íntegro y el incorruptible agente federal del ciclo policial quienes, paradójicamente, portaron las mismas caras que los gángsters y malhechores contra los que luchaban en la etapa anterior: James Cagney y Edward G. Robinson. El primero, después de ser el "enemigo público", pasa a ser un abogado servicial que es requerido por el FBI para combatir el crimen organizado en Contra el imperio del crimen (1935), de William Keighley; mientras que el segundo se infiltrará como policía en una de las bandas de gángsters que antes tanto frecuentaba para desmantelarla.

Este ciclo policial, que en su primera etapa abarcaría toda la segunda mitad de los años treinta, conoció otras dos importantes vertientes: una, de estilo documental sobre los estilos policiales, en los últimos años de la década de los cuarenta, que cuenta entre su producción con un par de películas memorables del género: La ciudad desnuda (1948), de Jules Dassin, y Relato criminal (1949), de Joseph H. Lewis; y la otra, que explota una crítica exacerbada de las instituciones policiales y de los policías -unos que se toman la ley por su mano y otros que la corrompen-, tuvo lugar hacia 1955; cabe destacar de esta etapa dos producciones, la que da origen a la vertiente y la que la concluye: Los sobornados (1953), de Fritz Lang, y Sed de Mal (1958), de Orson Welles.

El ciclo detectivesco.

Aunque ya se han delimitado suficientemente las características iconográficas de elementos y personajes del "film noir", resulta imprescindible trazar un pequeño recorrido histórico desde su pistoletazo de salida oficial en 1941, con El halcón maltés, de Huston, con Humphrey Bogart en el papel de Sam Spade, y su punto y seguido en 1947, con la pequeña obra de serie B de John Brahm titulada, The Brasher Doubloon. Punto y seguido porque durante los años siguientes, hasta la mitad de la década de los cincuenta, tuvo lugar una fase un tanto distinta dentro del ciclo detectivesco: nació el detective violento y sin código ninguno. Son los momentos de actividad de Mike Hammer, el particular detective privado creado por Mickey Spillane, llevado a la gran pantalla en tres ocasiones: I, The Jury (1953), de Harry Essex; El beso mortal (1955), de Robert Aldrich, y My Gun is Quick (1957, de George White, y que en los años ochenta daría lugar a una famosa serie de televisión.

Antes brillaron con luz propia en la pantalla dos detectives privados nacidos de las plumas de Dashiell Hammett y Raymond Chandler: Sam Spade y Philip Marlowe, personajes mucho más ambiguos que los héroes que les precedieron en el cine (el gángster y el policía) y con mayores dificultades a la hora de decidirse por el bien o por el mal. El arquetipo del detective que aparece en la novela negra, tuvo sus antecedentes en el Lupin de Poe, el Hércules Poirot de la Christie y el Sherlock Holmes de Conan Doyle-, y sólo surgió cuando el gángster y el policía cedieron terreno en la ficción cinematográfica.

Curiosamente, el film 'noir' arquetipo que pone en liza Huston con El halcón maltés no tendrá respuesta inmediata (cabe recordar que la novela de Dashiell Hammett había sido ya adaptada en dos ocasiones que no tuvieron mayor trascendencia dentro del género: El halcón maltés, 1931, de Roy del Ruth, y Satan Met a Lady, 1936, de William Dieterle), ya que el Código de censura Hays, debido a la guerra en la que está envuelto el país, prefería presentar a la sociedad héroes patrióticos.

Así las cosas, Sam Spade desaparecerá casi para siempre del celuloide para dejar paso, a partir de 1944, a Philip Marlowe quien tomará el aspecto de Dick Powell (Historia de un detective, 1944, de Edward Dmytryk), Humphrey Bogart (El sueño eterno, 1946, de Howard Hawks), Robert Montgomery (La dama del lago, 1946, del propio Montgomery) y George Montgomery (The Brasher Doubloon, 1947, de John Brahm). A partir de este último año, el detective privado irá desvaneciéndose lentamente y sus cualidades serán utilizadas, como premonitoriamente lo hiciese el teniente-detective Mark McPherson (Dana Andrews) de Laura (1944), de Preminger, por otros personajes del "film noir", como el falso culpable de Senda tenebrosa (1947), de Delmer Daves, o el detective marcado por la fatalidad (Robert Mitchum) de Retorno al pasado (1947), de Robert Siodmak.

La serie criminal.

Al amparo del ciclo detectivesco, la serie criminal se asienta también en la década de los años cuarenta, pero su forma estructural hay que buscarla entre otras manifestaciones "negras", historias enclavadas en el ciclo presidiario o en el sobresaliente dueto, ya comentado, dirigido por Fritz Lang en la segunda mitad de los treintacuyo héroe es el americano medio -ya sea como transgresor o como defensor de la legalidad-. De esta manera, asentada la realidad más inmediata en los ciudadanos, y recogiendo los frutos de ambigüedad sembrados por el ciclo detectivesco, se desarrollarán una serie de filmes que estudiarán no tanto el recorrido delictivo de la trama, sino más bien la psicología del asesinato. Alfred Hitchcock, con su incisiva y sardónica mirada del carácter humano, empieza esta fase con Sospecha (1941) y La sombra de una duda (1943), pero la psicología criminal adquirirá su más brillante complejidad a partir de 1944, con Perdición, de Wilder, Laura, de Preminger, y La mujer del cuadro, de Lang, cuando aparece la "femme fatale" y se establezcan las bases narrativas que ya se habían dejado sentir en las novelas de James M. Cain y William Irish.

A raíz de este año emblemático, hombres amnésicos y obsesos sexuales, asesinos y víctimas, se muestran a merced de mujeres fuertes, celosas y ansiosas de dinero y poder. Así se verán en Que el cielo la juzgue (1945), de John M. Stahl, en Ángel o diablo (1945), de Otto Preminger, y en El cartero siempre llama dos veces (1946), de Tay Garnett. Y así también sucederá, tras el progresivo abandono de los aspectos más oníricos, en la década de los años cincuenta, cuando la serie criminal se hace más ecléctica. El estudio de la psicología criminal es entonces tan detallado que la historia volverá a adquirir los perdidos tintes de narratividad, plena de toda clase de paranoias, como dejará claro de nuevo Hitchcock en el filme que abre esta fase, Extraños en un tren (1951), y como redondeará poderosamente Otto Preminger en Anatomía de un asesinato (1959), la cinta que pondrá punto y final a esta otra fase más analítica y la corriente criminal. A partir de este momento, el cine negro se mezclará con otros géneros y finalmente acabará por homenajearse a sí mismo.

De los sesenta a los noventa: mestizaje, pastiches y homenajes.


Al contrario de lo que sucedió en los años setenta y al igual que volvería a pasar en los ochenta y noventa, el término "film noir" en la década de los sesenta fue utilizado para referirse a un género que vivió momentos mejores en las décadas precedentes. En estos años el cine negro en estos años vivió una crisis de producción y, sobre todo, sufrió un mal absolutamente imposible de curar: el tiempo. Gran parte de la extraordinaria fuerza del "film noir" clásico residía en su contemporaneidad, en el hecho de que retrataba la realidad cotidiana. El intento de volver al género en los sesenta fue una vuelta al pasado para recuperar arquetipos y atmósferas que en su día habían estado en la calle. Se ensayaron toda clase de procedimientos para renovar las técnicas, desarrollar nuevos personajes y crear diferentes historias, pero todo parecía ya visto. Se optó entonces por crear otros héroes, y así nació Harper (1966), de Jack Smight, con Paul Newman en el papel de detective privado contratado por Lauren Bacall, y se intentó endurecer la historia, recurriendo a un claro mestizaje cine negro/thriller/acción, como hace el director John Boorman en A quemarropa (1967).

En los setenta, el género "negro" vivió un cierto renacer, aunque éste tenía tintes de homenaje. Lo que se hacía por estos años era claramente opuesto a lo que se hizo en los cuarenta: grandes presupuestos para recrear no el ambiente del universo "negro", sino para calcar el ambiente de las películas que lo recreaban. La tecnología se imponía y el blanco y negro había sido sustituido por el color, ya no había censura y los cineastas, que tenían más dinero, se esforzaban en hacer lo que para muchos de ellos era un sueño: el tipo de películas con las que crecieron amando el cine, y en especial el cine negro. Esta vuelta al "film noir" clásico constituyó un ciclo excepcional, en cuanto al acabado formal y también porque no tuvo ningún tipo de continuación. Así, Raymond Chandler fue de nuevo el autor más solicitado, y el detective más buscado, Philip Marlowe. Se hicieron películas como El largo adiós (1973), de Robert Altman, y Adiós, muñeca (1975), de Dick Richards, con Elliot Gould y Robert Mitchum, respectivamente, en el papel del mítico detective, personaje que se volvió a retomar tres años después en otro remake de lujo, El sueño eterno (1978), de Michael Winner. También, aunque el año de producción fuese 1969, se puede citar, por encontrarse mucho más afín a la línea de los setenta, la adaptación de la novela de Chandler The Little Sister, filmada por Paul Bogart con el título de Marlowe (1969). Aparte de la saga que originó El Padrino (1972), de Francis Ford Coppola, enclavada en la vertiente del "gangster film", se pueden citar otras dos películas de esta década, consideradas por la crítica como "joyas del cine negro": Chinatown (1974) de Roman Polansky y The Late Show (1977) de Robert Benton, una refundición de las novelas de Chandler y Hammett .

Dado que en la década siguiente la producción "negra" no bajó en intensidad, pareció haber un nuevo intento de recuperar el viejo estilo clásico, que no quedó más que en una serie de películas homenajes, incluidos varios remakes como El cartero siempre llama dos veces (1981) de Bob Rafelson, y otros filmes un tanto "pasticheros" como Hammett (1983), de Wim Wenders, o El Crack (1981) y su continuación, El Crack 2 (1984) de José Luis Garci; así como otras mucho más violentas, como Blood Simple (1984) de Joel Coen, o reconvertidas en comedias como Dead Men Dont' Wear Plaid (1982) de Carl Reiner. Hubo otras dos películas con enorme éxito de público, aunque no tuvieron continuación: Fuego en el cuerpo (1981) de Lawrence Kasdan, en la línea de las historias de Cain, y con Kathleen Turner como "femme fatale", y la otra es Blade Runner (1982), de Ridley Scott, la más fiel y vanguardista representación de un "film noir", con todos los clichés de éste -personaje principal, secundarios, trama, elementos estéticos y recursos narrativos-, pero en un ambiente futurista.

En los noventa el cine negro, ya es casi un mito, una manera de hacer cine con voluntad de homenajear. Cuando se asoma a la gran pantalla, lo hace con timidez, sin pureza, recurriendo al mestizaje de géneros -El ojo público (1992), de Howard Franklin, puede ser un buen ejemplo-, al pastiche de lujo -como la fabulosa y, por cierto, muy clásica L.A. Confidential (1997), de Curtis Hanson-, o al calco descarado como ocurre en Al caer el sol (1996) de Robert Benton, y en Poddle Springs (1998) de Bob Rafelson, ésta última basada en una novela incompleta de Chandler.

Mención aparte merece el director John Dahl, que se ha encargado de mantener viva la llama del cine negro, claramente obsesionado desde el punto de vista artístico con el arquetipo de la "femme fatale" institucionalizado por James M. Cain, como dejaba patente en Kill Me Again (1989) o The Last Seduction (1994).

Principales películas del cine negro

1927:La ley del hampa, de Josef von Sternberg
1930:Hampa dorada, de Mervyn LeRoy
1931:El enemigo público, de William A. Wellman
1932:Scarface, el terror del hampa, de Howard Hawks
1936:Furia, de Fritz Lang
1937:Sólo se vive una vez, de Fritz Lang
1938:Ángeles con caras sucias, de Michael Curtiz
1939:Los violentos años veinte, de Raoul walsh
1941:El último refugio, de Raoul Walsh
El halcón maltés, de John Huston
1943:La sombra de una duda, de Alfred Hitchcock
1944:La mujer del cuadro, de Fritz Lang
Historia de un detective, de Edward Dmytryk
Perdición, de Billy Wilder
Laura, de Otto Preminger
La dama desconocida, de Robert Siodmak
1945:La escalera de caracol, de Robert Siodmak
Alma en suplicio, de Michael Curtiz
Ángel o diablo, de Otto Preminger
Perversidad, de Fritz Lang
1946:El sueño eterno, de Howard Hawks
Forajidos, de Robert Siodmak
La dama del lago, de Robert Montgomery
Gilda, de Charles Vidor
El cartero siempre llama dos veces, de Tay Garnett
1947:Senda tenebrosa, de Delmer Daves
Retorno al pasado, de Jacques Tourneur
Encrucijada de odios, de Edward Dmytryk
1948:La dama de Shanghai, de Orson Welles
Yo creo en ti, de Henry Hathaway
El abrazo de la muerte, de Robert Siodmak
La ciudad desnuda, de Jules Dassin
1949:El demonio de las armas, de Joseph H. Lewis
Al rojo vivo, de Raoul Walsh
Relato criminal, de Joseph H. Lewis
1950:La jungla de asfalto, de John Huston
El crepúsculo de los dioses, de Billy Wilder
1951:Brigada 21, de William Wyler
Extraños en un tren, de Alfred Hitchcock
1952: Clash by Night, de Fritz Lang
Angel Face, de Otto Preminger
1953:Manos peligrosas, de Samuel Fuller
Los sobornados, de Fritz Lang
1954:Deseos humanos, de Fritz Lang
1955:El beso mortal, de Robert Aldrich
La casa de Bambú, de Samuel Fuller
1956: Más allá de la duda, de Fritz Lang
Atraco Perfecto, de Stanley Kubrick
Mientras Nueva York duerme, de Fritz Lang
1958: Sed de mal, de Orson Welles
1959:Anatomía de un asesinato, de Otto Preminger
1960:La ley del hampa, de Budd Boetticher
1967:A quemarropa, de John Boorman
A sangre fría, de Richard Brooks
1972:El padrino, de Francis Ford Coppola
1973:El largo adiós, de Robert Altman
1974:El padrino, II parte, de Francis Ford Coppola
Chinatown, de Roman Polansky
1975:Adiós, Muñeca, de Dick Richards
1977:El gato conoce al asesino, de Robert Benton
1981:Fuego en el cuerpo, de Lawrence Kasdan
1982:Blade Runner, de Ridley Scott
1984:Sangre fácil, de Joel Coen
Érase una vez en América, de Sergio Leone
1986:Terciopelo Azul, de David Lynch
1989:La muerte golpea dos veces, de John Dahl
1990:El padrino, III parte, de Francis Ford Coppola
1992:El ojo público, de Howard Franklin
1994:The Last Seduction, de John Dahl
1997:L.A. Confidential, de Curtis Hanson

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Enciclopedia Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2003

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Glosario del Cine

10 cosas que hay que saber sobre Cine Negro - Ernesto Diez Martínez Guzmán

UNO. ¿Realmente el film-noir (cine negro en cristiano) es un género? ¿No será, más bien, un estilo formal y narrativo que puede adaptarse a otros géneros claramente definidos como el melodrama o la comedia?

DOS. En todo caso, lo que conocemos ahora como film-noir nace en los años 40 en Hollywood, propiciado por el ambiente de ansiedad y sospecha en el que entró Estados Unidos a raíz de la Segunda Guerra Mundial.

TRES. El film-noir clásico puede leerse como una severa crítica a la “enferma” sociedad estadounidense, con su galería de personajes cínicos, alienados, corruptos y desilusionados.

CUATRO. Estilísticamente, el film-noir es claro descendiente del expresionismo en su iluminación de manchas y sus encuadres inclinados.

CINCO. Literariamente, el film-noir tiene su origen en las novelas policíacas hard-boiled de Raymond Chandler, James M. Cain y Dashiell Hammet, entre muchos otros. Algunas de las novelas de estos escritores han sido llevadas al cine y ellos mismos participaron como guionistas de grandes clásicos fílmicos. Para no ir muy lejos, Chandler escribió los guiones de Pacto de Sangre/Double Indemnity (Wilder, 1944), La Dalila Azul (Marshall, 1946) y Pacto Siniestro (Hitchcock, 1951), entre varios más.

SEIS. El estilo visual del film-noir se ha transplantado a otros géneros como la comedia (El Ocaso de una Estrella/Wilder, 1950; La Guerra de los Roses/DeVito, 1989), el melodrama (Días sin Huella/Wilder, 1945) o hasta la ciencia-ficción (Blade Runner/Scott, 1982).

SIETE. En los últimos años se han realizado varias películas muy similares en su temática e inspiración al film-noir aunque, por su cambio de escenarios y su iluminación brillante, se les ha llamado film-soleil (filmes soleados, pues). ¿Ejemplos?: notables ejercicios como Camino sin Retorno (Stone, 1997) y Phoenix (Cannon, 1998).

OCHO. Las vueltas que da el film-noir: la novela hard-boiled Cosecha Roja de Dashiell Hammett fue convertida en una de las grandes cintas de samurais de todos los tiempos: Yojimbo (Kurosawa, 1961).

NUEVE. Dos por una: la obra maestra de los Coen De Paseo a la Muerte (1990) está claramente inspirada por dos novelas de Hammett, Cosecha Roja y La Llave de Cristal, aunque en los créditos no aparece el nombre del novelista por ningún lado.

DIEZ. ¿El mejor film-noir mexicano? Acaso La Noche Avanza (1951) del maestro Roberto Gavaldón. De hecho, Gavaldón es el cineasta nacional que con mayor seguridad se movió en la estilística y temática del cine negro. Más recientemente, hay otros dos ejemplos más que rescatables: Motel (Mandoki, 1983) y, sobre todo, la obrita maestra Llámenme Mike (Gurrola, 1982).

Influencia del Cine negro en los últimos años

Las siguientes son muestras de la influencia del Cine Negro en las últimas décadas.

A Quemarropa - John Boorman
Lee Marvin. Angie Dickinson

Una historia de traición entre cómplices de un robo. En el medio una mujer infiel; luego la venganza implacable. Seca, cortante, sin personajes simpáticos, sin lugar para ningún sentimentalismo. Todo parece seguir un curso inexorable, solo al final existe un solo y aislado acto de voluntad donde la vida importa mas que nada. Película que tiene todos los elementos propios del cine negro clásico: un "mundo paralelo" sin policías; mujeres ambiciosas o promiscuas, otras que son derechas y pierden la cabeza por el tipo recio; respetables organizaciones como fachada de grandes negociados, climas sórdidos y ambiguos y sentimientos enmascarados.
Una de las escenas antológicas: la búsqueda frenética del cómplice traidor por parte de Lee Marvin, mientras como fondo se escuchan sus pasos.

Barrio Chino - Roman Polanski
Jack Nicholson. Faye Dunaway

Clásica mujer rubia, misteriosa, seductora, que arrastra al investigador a un embrollo donde, esta vez, ganan los malos. Una trama ejemplar, compleja, interesante como pocas del último cine negro. Un negocio inmobiliario de proporciones en Los Angeles, con un malvado y perverso personaje interpretado estupendamente por John Huston. Otro idea recurrente: La adicción del investigador por hurgar más allá de lo que fija el contrato, un afán riesgoso por ir hasta el fondo de la cuestión, de la cual no se sale indemne, porque es... Chinatown.

Contacto en Francia II- John Frankheimer
Gene Hackman. Fernando Rey

Segunda parte de "Contacto en Francia". "Popeye Doyle" sigue al hábil franchute a Paris. Allí cae en manos del narcotraficante quien busca destruirlo volviéndolo drogadicto. Luego, la recuperación y la venganza. Las secuencias del hotel donde Popeye es drogado es comparable a las furibundas palizas que recibían en un oscuro callejón los investigadores de los antiguos filmes negros, o del corte de la nariz que Polanki le hace a Nicholson en Barrio Chino. Pero en la idea de "Contacto en Francia II" el ajuste de cuentas es mas escabroso y perverso aun, tal como corresponde a un franchute refinado, que interpreta otro malo de película: Fernando Rey. Es interesante notar un aspecto reiterado en muchos de los filmes negros que aquí es llevado al extremo, es decir ,el castigo que siempre recibe el investigador o el policía de turno; luego, entre los vapores del whisky o los cuidados de un damisela, la recuperación y la venganza. En "Contacto en Francia II" se trata de los cuidados que le prodiga un colega francés (Bernard Fressón) a Popeye Doyle.

Cuerpos Ardientes - Lawrence Kasdam
William Hurt. Kathleen Turner

Este es otro caso de un filme que recupera y valoriza los elementos del cine negro clásico. Una bella mujer, inquietante, manipuladora, que sabe exactamente que es lo que quiere y como lograrlo. Un abogado incompetente y mujeriego que sucumbe en sus garras y será su "alfil " para hacer caer al "rey" y apoderarse de su fortuna. En las películas negras de los últimas décadas el erotismo y el sexo son mas explícitos y siguen jugando el rol fundamental que siempre tuvo este tipo de cine. "Cuerpos Ardientes " es un buen ejemplo de un erotismo funcional y atractivo desde el punto de vista artístico. Vale resaltar las actuaciones de todos lo que intervienen en esta película. La sola escena en que la arpía que interpreta Kathleen Turner se muestra por primera vez al incauto William Hurt, justifica lo que el hace en el resto del filme.

De paseo a la muerte - Joel y Ethan Coen
Gabriel Byrne. Albert Finney

Existe un aspecto poco remarcado en los filmes negros y es aquel en el cual , a veces, el amor y fidelidad entre los personajes masculinos es mas fuerte que el amor entre ellos y sus respectivas compañeras de turno. Este es el caso de "De paseo a la muerte", que sorprende justamente por el tratamiento que los hermanos Coen le dan al asunto. Otra vez falta presencia de los que habitan "la superficie", la gente respetable, los agentes del orden, etc., aquí todos tienen las manos sucias pero nosotros nos identificamos con "la pareja" central que forman Gabriel Byrne y Albert Finney.

Terciopelo Azul - David Linch
Kyle Maclachlan. Isabella Rossellini

Después del comienzo de la oreja pastando en el jardín cualquier cosa puede suceder en el film de Linch. Efectivamente en el menú hay de todo : brutos y degenerados, drogadictos, victimas de sometimientos sexuales, policías fascistas y corruptos. En contraposición, un par de "saludables jóvenes" hurgando donde no se debe, arrastrados hacia el fondo del pozo. Este filme demuestra que se puede renovar el cine negro incorporándole elementos "más fuertes" al gusto actual. El clima es sórdido y equivoco al punto que al verlo emocionado a Dennis Hooper mientras Isabella Rossellini canta "Blue Velvet" no sabemos si compadecerlo o denunciarlo a la policía más cercana.

Blade Runner - Ridley Scott
Harrison Ford. Sean Young

Inclasificable, cierto. Un hito en el cine, cierto. Pero existe un innegable trasfondo negro en "Blade Runner". Veamos. Desde que se inicia el filme, la forma en que Harrison Ford comienza a describir la situación en primera persona, es cine negro. También lo es el primer rechazo que tiene por la muchacha pues se trata de un androide y luego el amor por la misma con el consiguiente enredo antinatural, pero a quien le importa. También lo equívoco de los valores que tienen los personajes. ¿Quién es más malo, el científico o el androide que quiere seguir con vida? La música de Vangelis nos retrotrae al "viejo estilo negro". La soledad de la ciudad posmoderna es la misma que aquella de las ciudades de la década del cuarenta. En este filme aparece un componente maravilloso que mejora las cosas. Se trata de un trasfondo existencial, decadente y melancólico, en fin, un tratamiento poético que enriquece el filme, lo hace distinto. Al efecto recordar el ultimo encuentro entre el Harrison Ford y Rutger Hauer en el techo del edificio.

Los Ángeles al Desnudo - Curtis Hanson
Kevin Spacey. Kim Basinger

Cine negro pero con todos los aditamentos del cine de acción actual. Nuevamente el clima sórdido donde se entremezclan policías íntegros y de los otros, rufianes, mafiosos de toda laya y las inefables rubias. También contamos con el narrador en primera persona y una nota insólita cuando en forma sorpresiva el personaje más simpático es asesinado, y sobre todo, una constante de los tiempos actuales, los climas con una violencia física exacerbada y permanente. Esto hace a la forma en que se tratan actualmente los "temas negros", los guardan muchas diferencias con aquellos de hace cincuenta años atrás. Sobre todo en cuanto a la preponderancia de escenas de violencia y de sexo, que se han hecho mucho mas explícitos, al punto que hoy un filme sin estos condimentos es impensable. Tomemos por caso los arreglos de cuenta al final del filme, se trata de secuencias a toda orquesta con armas de guerra, explosiones, incendios, etc., cuando se suponía que a los "buchones" se los silenciaba muy discretamente. En las viejas películas negras bastaba un encontronazo final y solitario, un par de disparos el ulular lejano de las sirenas y a otra cosa. También se observa cuánto ganó el cine negro en la forma dinámica de contar sus historias, evitando, por otro lado, que prevalezcan los fuegos artificiales sobre el nudo de la cuestión, como es común observar en otras películas de acción.


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