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Análisis de la película La ciénaga (Lucrecia Martel, 1999) desde la perspectiva de los estudios de género Pedro Ernesto Sorrentino

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Asesinato de Kennedy - Postulados del documental - El suspenso narrativo - Vida de Woody Allen

[1] Abstract: Nos proponemos reflexionar en torno a la construcción en torno a la construcción  de algunos personajes  femeninos desde la perspectiva de los estudios de género en la película  La ciénaga. Aunque la realizadora de la película no ha  mostrado una identificación con el movimiento feminista en los reportajes públicos que le han hecho, ni la película parece pretender inscribirse dentro de alguna de las principales líneas que los teórico identificaron dentro de ese movimiento, es quizás éste el punto que resulta más atractivo para el análisis.  Sin hacer votos de una propuesta discursiva de carácter reivindicativo en relación a la problemática de género, tanto en el contenido como en las formas, consideramos que hay una serie de aspectos vinculados a esta problemática que se revelarán como significativos al adoptar una mirada que contemple esta perspectiva. Una perspectiva que contempla la posibilidad de construir “otros objetos y sujetos de visión” distintos al modelo patriarcal hegemónico, pero también distintos al de las propuestas del feminismo más radicalizado.

 

Introducción

 

Aunque la realizadora de la película no ha mostrado una identificación con el movimiento feminista en los reportajes públicos que le han hecho, ni la película parece pretender inscribirse dentro de alguna de las principales líneas que los teórico identificaron dentro de ese movimiento, es quizás éste el punto que resulta más atractivo para el análisis, ya que sin hacer votos de una propuesta discursiva de carácter reivindicativo en relación a la problemática de género, tanto en el contenido como en las formas, consideramos que hay una serie de aspectos vinculados a esta problemática que se revelarán como significativos al adoptar una mirada que contemple esta perspectiva.

La crítica cinematográfica ya se ha encargado de destacar las grandes virtudes y hallazgos estético planteados en la película, lo que también ha sido reconocido a través de premios en diversos festivales y una asistencia significativa de público a las salas donde se proyectó. Quizás esta popularidad haya sido lograda por esa rara combinación que a veces se produce entre una propuesta cinematográfica al borde de lo vanguardista y cierto gusto popular. Lo sorprendente de la película está en la utilización de ciertas sutilezas del lenguaje, pequeñas referencias, miradas o gestos dentro de un discurso en apariencias sobrio, en el cual se deja entrever una trama de relaciones entre personajes donde están latentes, entre otras cosas, signos de antiguas y actuales dominaciones de raza, de clase y de género en el seno de una decadente estructura de familia burguesa provinciana. No se trata de una película de fácil abordaje ya que como señala la propia directora: “mi cine es así, un fragmento de un proceso de pensamiento. Ni siquiera es un pensamiento, sólo un proceso. Es el proceso de pensar sobre alguna cosa. Y eso es una cosa que esta suelta, y esta viva, porque no es un pensamiento terminado” [2] y mucho menos si el marco de análisis tiene límites muy preciso como en nuestro caso.

Para poder ver La ciénaga desde una perspectiva de género, se nos hace necesario encuadrarla dentro de alguna corriente, a fin de tener una referencia teórica donde anclarla. Un encuadre que no deja de ser útil y arbitrario simultáneamente. Así es que nos proponemos seguir la línea abordadas por Teresa de Lauretis en Repensando el cine de mujeres; Teoría Estética y Feminista y desde allí preguntarnos ¿dónde podríamos ubicar a La ciénaga?

De Lauretis plantea que “hay algo específico y constitutivo del propio movimiento feminista: una doble tensión hacia lo positivo de la política o hacia los movimientos de acción afirmativa de las mujeres como sujetos sociales por un lado, y hacia lo negativo inherente a la crítica radical de la cultura patriarcal y burguesa por el otro” [3], asociado a dos preocupaciones que podríamos resumir como “la toma de conciencia del problema” por una parte y la “ruptura de los códigos de representación hegemónicos” por otra. Este debate de gran intensidad y trascendencia particularmente en el ámbito de la Teoría Fílmica Feminista anglosajona, tuvo como epicentro en la década del setenta, las reflexiones teóricas de Laura Mulvey. El debate estaba condicionado, como señala de Lauretis, por los “términos de las nociones tradicionales del arte; específicamente, de las propuestas por la estética modernista”.[4] Y vinculado con una propuesta de vanguardia, que al igual que otras propuestas vanguardistas anteriores y de la época, se erigía fuertemente dogmática: la idea era que un cine de mujeres “debería evitar la ideología de las emociones y en lugar de ello problematizar la identificación de la espectadora con la imagen de la mujer en la pantalla”.[5] No todas las mujeres y ni tampoco la totalidad de las realizadoras, que aunque identificándose con la necesidad de denunciar la “ideología burguesa y patriarcal” subyacente en buena parte del cine de Hollywood, estaría dispuesta a compartir que la alternativa fuera una única opción, por muy esclarecedora que resultara su exposición teórica de la situación de dominación. He aquí también alguno de los síntomas de la crisis que atraviesa a muchos movimientos y campos de conocimiento que tuvieron pretensiones totalizadoras, es decir, la pretensión de explicar todo a partir de una causa o una perspectiva, de la que el feminismo tampoco pudo escapar. Esta crisis no deslegitima ni los hallazgos anteriores, ni los logros conseguidos, pero si obliga a ampliar las consideraciones.

De Lauretis da un paso más en el debate al proponer que “preguntar si hay una estética femenina o mujeril o un lenguaje específico del cine de mujeres, significa permanecer atrapado en la casa del señor”[6] en todo caso la intención no es la “de destruir o descontinuar la visión centrada en lo masculino, representando sus nudos ciegos, sus brechas, sus aspectos reprimidos. El esfuerzo, el desafío son ahora los de lograr otra visión: construir otros objetos y sujetos de visión y formular las condiciones de representación de otro sujeto social”[7].

La ciénaga transita por esa línea, al menos en lo referente a construir “otros objetos y sujetos de visión”. Su trama no se monta alrededor de ningún héroe que trata descubrir la verdad, ni posee la estereotipada progresión dramática del guión que se enseña en la academia con la clásica secuencia lineal desde una introducción, atravesando un nudo, para desembocar en un desenlace que “cierre la historia”. Hay sí una narración innovadora que tiene la virtud de deslizarse a través de una delgada línea que separa la ruptura radical del relato de corte modernista de buena parte del cine de los años 60’ y una débil conexión entre escenas más emparentada con la narrativa clásica. Y en cuanto a la construcción de personajes, la definición es más compleja aún, ya que para la directora “las personas no son tan personas como las imaginamos, tan individuos con una personalidad. Las personas son cosas que se modifican mucho, depende en relación con quién. Una diversidad de actitud muy grande. Entonces, me parece que en esa especie de mosaicos, la rigidez del individuo se diluye”[8]. En esto se condensa la idea de “creación de otros sujetos de visión”. La película de Martel tiene ese distanciamiento y consideración escéptica respecto a las ideas referentes a la verdad, el saber, el poder, el sujeto en un ánimo claramente deconstructivo propio de buena parte del arte postmoderno.


La utilización de la metáfora de La ciénaga permite articular una serie de ocultaciones operadas a través del fuera de campo, que sin embargo están presentes como fantasmas del pasado, del presente o del futuro cargando de una enorme tensión narrativa cada secuencia. Como apunta Luis Ormaechea[9] hay una serie de elementos centrales que no aparecen representados o mejor dicho, se representa sólo la punta del iceberg de los mismos, que van desde aspectos en apariencia más banales a problemáticas de una densidad agobiante:

 

·        La ausencia de trabajo de los adultos y la asistencia a la escuela de los niños aprovechando la excusa de las vacaciones;

·        Los ajíes que produce la familia de Mecha;

·        La Virgen del Perpetuo Socorro que se aparece en el tanque de agua de unos vecinos que es la principal noticia de la televisión local;

·        La rata africana que mantiene en vilo a los más chicos;

·        La sexualidad. Hay una serie de intrincados lazos que unen a José, Mecha, Mercedes (Silvia Baylé) y Gregorio (Martín Adjemian). José vive en Buenos Aires y duerme con Mercedes, amiga de su madre y ex amante de su padre. También aparece en la relación casi incestuosa que une a los hermanos a la hora de la siesta, cuando todos duermen en la misma cama;

·        El racismo que aparece en el trato discriminatorio dado al personal doméstico, a los que se alude despectivamente como “coya de mierda” o “chinita carnavalera” o acusándolas de robarse toallas;

·        La fangosidad apremiante de un verano que no concluye y agobia a los personajes.

 

Hasta aquí el contexto de la trama y los principales tópicos. Ahora, volviendo sobre nuestra intención de abordaje de la película desde una perspectiva de género, esta aparece legitimada conceptualmente en lo señalado por Joan W. Scott[10] en cuanto a considerar el género “como forma de referirse a la organización social de las relaciones entre sexos”. La propuesta de Scott apunta a “descubrir el alcance de los roles sexuales y del simbolismo sexual en las diferentes sociedades y períodos, para encontrar que significado tuvieron y cómo funcionaron para mantener el orden social o para promover su cambio”.[11] Si bien su propuesta está centrada en los estudios de tipo histórico, los conceptos son también útiles y extrapolables al ámbito de los estudios cinematográficos. Inquietudes del tipo “¿Cómo actúa el género en las relaciones sociales humanas?”[12] son preguntas relevantes en nuestro campo de estudio. Aunque hace una precisión importante de antemano: “el uso del género pone de relieve un sistema completo de relaciones que puede incluir el sexo, pero no está directamente determinado por el sexo o es directamente determinante la sexualidad.”[13]

 

Hay en la película una voluntad abiertamente provocativa respecto a la sociedad descripta[14] que se traduce por ejemplo en una elaboración formal que como ya señaláramos, no presenta héroes, ni personajes nobles e inmaculados en búsqueda de una verdad. Tampoco hay una centralidad en ninguno de ellos. En cada secuencia parece cobrar protagonismo alguno para luego diluirse en la siguiente. Sin embargo, casi siempre es alrededor de las preocupaciones de mujeres adultas, niñas, adolescentes, burguesas, pobres, blancas, indias que gira cada micro relato, cada instancia de significación. Elegiremos a algunos de estos personajes para centrar nuestro análisis: Mecha, Tali, e Isabel sobre las cuales nos tomaremos la licencia de inferir algunas cuestiones que tiene que ver con la problemática de género.

 

Mecha

 

Bourdieu señalaba en la conclusión de un estudio con relación a las preferencias de elección de hombres realizado sobre mujeres francesas que “en la imagen que se forjan de su relación con el hombre al que su identidad social está (o estará) unida, las mujeres tienen en cuenta la imagen que el conjunto de los hombres y de las mujeres se harán inevitablemente aplicando los esquemas de percepción y de valoración universalmente compartidos (en el grupo en cuestión). Como esos principios comunes exigen de manera tácita e indiscutible que el hombre ocupe, por lo menos aparentemente y de cara al exterior, la posición dominante en la pareja, es por él, por la dignidad que ellas le reconocen a priori y que quieren ver universalmente reconocida, pero también por ellas mismas, por su propia dignidad, por lo que ellas sólo pueden querer y desear a un hombre cuya dignidad está claramente afirmada y demostrada en y mediante el hecho de que «las supera» visiblemente”[15]. Bajo la óptica de Bourdie se entiende que el campo de actuación y de decisión de las personas está fuertemente condicionado por las estructura sociales a las que pertenece, no sólo como una fuerza coercitiva legal, sino a través de mecanismos que se internalizan y predisponen de determinadas maneras a los individuos. Estas se imponen revelando en el caso de las mujeres una “lógica paradójica de la dominación masculina y de la sumisión femenina, de la que puede afirmarse a la vez, y sin contradecirse, que es espontánea e impetuosa, sólo se entiende si se verifican unos efectos duraderos que el orden social ejerce sobre las mujeres (y los hombres), es decir unas inclinaciones espontáneamente adaptadas al orden que ella les impone”[16]. En el caso de Mecha, es cierto que parte de su frustración se debe a la “equivocada elección” que hizo en su momento de su marido y que fue por libre decisión, tal como lo señala Tali casi como en un lamento diciendo: “Si le hubiera hecho caso a la madre!”. Esta equivocación se expresa en algunas líneas de diálogo, pero principalmente a través de innumerables gestos y actitudes. La más evidente es cuando comenta como en un susurro “¡Qué porquería resultaste!” al encontrarlo otra vez borracho. Probablemente haya imaginado en su unión con Gregorio la posibilidad no sólo de asenso o mantenimiento de su categoría social, sino de una vida ociosa, sensual y relajada. Tal vez poco le hubieran importado las aventuras extramatrimoniales, si su marido no se hubiera convertido en la personificación de la decadencia, la inacción y la inutilidad. Lo que probablemente agrega un peso mayor a la desgracia de su vida es precisamente la de haber consentido abierta y libremente la voluntad de estar con él. La indignidad de él, se hace parte también de su indignidad.

El haber descubierto la infidelidad en el marco circunstancias del presente la autorizan a humillarlo frente al resto de la familia, por ejemplo en la escena del almuerzo y hasta echarlo de la habitación “al cuartito del fondo”. Una mujer blanca, de clase acomodada siempre podrá “elegir” divorciarse, aunque él prefiera mantener ciertas apariencias de manera hipócrita -sin ironía y entre los vahos del alcohol se pregunta “¿Qué van a decir los chicos?”. Deshacerse de su marido tendrá un corto alcance, le basta con que se vaya a dormir a otro lugar de la casa. Para Mecha es difícil ponerse a pensar en una vida sola, a su edad. Con cuatro hijos tampoco la tiene fácil. El camino que le queda es el de vivir encerrada en su pieza, como ya lo hizo su madre según le recuerda Momi, su hija -“Yo ya se como va a terminar todo esto, vos no vas a salir más del cuarto igual como la abuela”- sin asumir una actitud diferente. Y por más que Momi la espoleé señalándole la verdad, ella prefiere insultarla, negarlo y enmascararlo detrás del alcohol.

Como dijéramos, la infidelidad es apenas una excusa, la gran frustración está en que Gregorio no se comporte “como hombre”, es decir no asuma responsabilidades que tradicionalmente le caben, como el hacerse cargo de las reparaciones del hogar -Mecha le endilga indirectamente que “no funciona nada en esta casa”, algo que también pone de manifiesto José en algún momento-; no se haga cargo de “vender los pimientos” para poder mantener económicamente la familia y que en cambio viva preocupado por la decadencia física que ocasiona la llegada de la vejez tiñéndose ridículamente las canas. Hay una secuencia en que los niños más pequeños desde dentro del auto señalan en una burla socarrona el mal teñido de su pelo. Según el saber popular, los niños y los borrachos dicen la verdad y lo que se pone en evidencia en esa escena es el fantoche en que se ha convertido Gregorio.

Lo paradójico es que a la hora de encontrar responsables de la situación, para Rafael, el marido de Tali, “la culpa la tiene Mecha porque hace rato que lo tendría que haber echado” en referencia a la desorganización familiar en que viven. Y Tali asiente. La importancia de que sea Rafael quien señala esto radica en su apariencia de autoridad moral para emitir ese juicio. Como una voz de la conciencia social.
 

Tali

 

Tali es la prima de Mecha, que se compadece de la situación en la que vive la “pobre” y trata de animarla. Aunque la critica, no deja de justificarla y entenderla.

Es un personaje interesante porque, bajo la apariencia de ser una mujer libre, de tener un marido comprensivo y familiero, es la que asume con mayor docilidad el discurso del poder. Con sutileza, Rafael no deja de ejercer su autoridad sobre las decisiones de ella. Por ejemplo, está en desacuerdo con que Tali viaje con Mecha a Bolivia -“¿Cómo van a ir dos mujeres solas con lo peligroso que es?”- y se pasa toda la película haciéndose el desentendido con relación a los papeles del auto. Cuando el viaje se torna inminente, compra él los útiles escolares y así anula la principal excusa del viaje, pero no se lo dice a Tali. Sin embargo Tali en lugar de reaccionar enojada por la situación, se muestra contrariada al principio, para luego consentir la situación y asumir el discurso de su marido. Desde ese momento su reflexión respecto del viaje se referrirán en término de despropósito, “vamos a evitar una desgracia”, cuando hasta hace nada constituía una pequeña gran ilusión existencial.

 

Tali trata en todo momento de disimular las tensiones y justificar situaciones. Por momentos actúa de manera ingenua y crédula, lo que se puede ver a través del comentario que hace respecto de la veracidad de la aparición de la “Virgen del Perpetuo Socorro”. Y de a ratos aparece iluminada, como por ejemplo cuando se dirigen en el auto a la primera visita a la casa de Mecha y de la conversación con su marido comenta la relación extramatrimonial de Gregorio con Mercedes, la amiga en común con Mecha que vive en Buenos Aires. Rafael le reprocha el comentario ya que según él: “No hay que hablar estas cosas delante de los chicos”. Ella responde: “Hay que hablar porque después estas cosas siempre se repiten”. Es como si asumiera de pronto el presagio que está rondando en toda la película, la idea de circularidad, de eterna repetición de fatalidades.

Tali se da cuenta de las cosas, pero al igual que Mecha está presa de las complejidad de las circunstancias. Quiere mejorar el clima, pero irremediablemente cae en esas pequeñas trampas de las historias personales, envolviéndose en situaciones tirantes. Por ejemplo cuando idealiza la figura de su amiga Mercedes que está en Buenos Aires y es una “mujer profesional” con una carrera y autonomía económica. Le hace el comentario a Mecha de “Qué inteligente Mercedes en la facultad!”. A lo que Mecha responde irónicamente “...es de las que nunca duerme sola”.

Sin embargo Tali no entiende la ironía y se compadece de esa situación, “Si pobre...”. Como si el destino de las mujeres fuera dormir con un solo hombre toda su vida. En todo, momento la moral dominante parece que se le colara inconscientemente y sin filtro a través de alguna de sus palabras. Como en un descuido.

Luego la escena se carga de tensión cuando Mecha ahogada en su rencor vuelve a descargarse contra la vida de Mercedes, diciendo “Mercedes siempre tuvo debilidad por los inútiles, lástima que mi cuenta tarde...”. Lo hace aprovechando que Gregorio está rondando por la pieza con la clara intención de denigrarlo. En el fondo quizá no la odie a Mercedes. No le cae bien, pero sabe que es la tabla de salvación económica –“es la única que vende los pimientos” y mantiene amancebado a su hijo en la capital.

La tragedia familiar que sucede sobre el cierre de la película, la muerte de Lucho, el hijo de Tali, es aparentemente de los más gratuito y arbitrario que ocurre. Sin embargo, consideramos que es coherente con el clima de tensión creado desde el comienzo de la propuesta, con relación a que “algo malo está por pasar” y le puede ocurrir al más inocente.
 

Isabel

 

Es quizás el personaje con mayor dignidad, con mayor autonomía a pesar de tenerlas todas en contra: ser mujer, joven, “coya”, pobre y  probablemente con baja escolarización. Trabajadora como su madre en el servicio doméstico de una familia de clase acomodada.

Prefiere ignorar las humillaciones que se refieren a ella como “china carnavalera”, “esas indias” y las acusaciones de robarse las toallas, a cargarse de odio y resentimiento. Es la que se mantiene lúcida en las situaciones de crisis, siendo capaz de tomar las decisiones más atinadas como la del comienzo de la película cuando es la que dirige la situación de emergencia suscitada por la caída y los cortes con vidrio de Mecha.

Es la que puede pensarse por encima de su situación personal. Y lo hace sin rencor, más bien desde la altura de quien es totalmente íntegro, no como casi todos los demás. Puede hasta sacar una comida deliciosa de los “bagres” que desprecian todos los de la familia y se hace patente en la actitud de los hijos de Mecha cuando los tiran a la calle.

 

Y hay particularmente una escena de la cual es protagonista que muestra en toda su complejidad y singularidad la concepción patriarcal de la mujer en esa sociedad, que es la del baile de carnaval. En la figura de Isabel se podría condensar esa concepción de la mujer que para algunos hombres se mueve entre los extremos, aunque siempre como objeto. Analicemos brevemente: mientras en la banda sonora se escucha en primer plano la letra de una canción popular a ritmo de cumbia[17] que dice “las mujeres son siempre así,  te hacen sufrir, te hacen llorar...” en un perfecto contrapunto con lo que se está mostrando en imágenes donde Isabel es acosada y toqueteada por diversos hombres en su camino a cumplir la “orden” que le da su novio “El Perro” de ir a comprar una cerveza. Ahora, cuando es un conocido de otra clase social, José, el que se mete con Isabel, aflora el “macho” que sale a defender a su mujer y se toma a golpes para vengar el honor mancillado. Todo está allí: la mujer idealizada que abandona al hombre construida en la banda sonora, la mujer fuente de posible satisfacción de sus placeres sexuales masculinos, el cuerpo sagrada que no se debe tocar porque forma parte de la propiedad de algún hombre. No hay diálogos en la escena. Las miradas, los gestos y las actitudes son por demás reveladores del clima y del significado.

La caracterización del personaje de Isabel podría confundirse con la heroína del melodrama clásico latinoamericano, sin embargo no lo es. Porque no busca la salvación intentando enamorar al hijo de los señores de la casa, de hecho lo rechaza en la escena del baile de carnaval. No hace las cosas con la intención de congraciarse con los de la clase alta, como podría ocurrir en las películas de género. Posee una dignidad y una manera de asumir sus circunstancias en el mundo que se ven por ejemplo en la escena en que revela a su novio estar embarazada. Casi en secreto fuera del bar y registrada en un único plano general del cual no se escuchan los diálogos. La fuerza dramática estriba en la comparación que se hace con el plano de Momi, que en un gesto aniñado se come la solapa de su camisa, mientras en segundo plano y fuera de foco hay un joven parecido a “El Perro” acunando un bebé. Es la forma de comunicar a los espectadores la clave del comportamiento de Isabel. Mientras Momi, que tiene la misma edad que Isabel, no comprende muy bien lo que está pasando, ella asume con decisión el que hará con su vida.

Finalmente, otro momento donde podemos ver su entereza se da cuando le comunica que no trabajará más en la casa a Mecha. Prefiere hacerlo de manera indirecta, sin revelar la verdad y si tartamudea cuando le habla a su patrona no es por temor, sino que las jerarquías de clase continúan presentes internalizadas en las actitudes corporales y se revelan en estas situaciones límites de confrontación con quien es la “dominadora”.

 

Algunas consideraciones finales

 

Hay por lo menos dos escenas en la película con un aparente significado anodino y que sin embargo llaman la atención sobre la construcción de personajes femeninos realizados desde una mirada de género, que difícilmente encontraríamos retratada si detrás de la historia no estuviera una mujer. Una es cuando las dos adolescentes se están repartiendo la ropa después del fin de semana en la casa como lo más normal. Esa actitud de intercambio de indumentaria tan propio de las mujeres es difícil encontrar en el universo masculino.

La otra es cuando Tali le pone el talco en el pecho para la cicatrización de las heridas a Mecha y conversan sobre la posibilidad de hacerse una cirugía estética para poder lucir que pueda lucir un escote, -“con lo que me gusta usar el escote a mi” dice Mecha. Tali lo compara con hacerse una cesárea y luego Mecha le comenta las lindas manos que tiene Tali. En una conversación que dura menos de 30. Lo interesante de la escena son la diversidad de temas abordados en tan corto período de tiempo y todos relacionados con preocupaciones típicamente femeninas. Tampoco encajaría pensar una situación similar desde una óptica de género diferente. 

 

Conclusiones

 

En una película dura, donde se plantea que todo está destinado a repetirse, las adolescentes a ser como sus madres que a su vez serán como sus abuelas. Donde los hombres también están condenados a ese destino fatal, hay un lugar para la dignidad. Una dignidad que no será producto de la revancha de clase, sino de la entereza moral. Nuestro análisis a buscado encontrar aquellos rasgos de construcción de personajes donde creemos se impone una perspectiva de género, a diferencia por ejemplo de lo que hubiera sido una crítica cinematográfica o un análisis desde una perspectiva psicoanalítica. Esta mirada con perspectiva de género fue pensada en que como se ha señalado desde hace ya tiempo, “el cine de mujeres es cine”. A secas. Y puede tener el estilo cinematográfico que mejor exprese a la directora o equipo de realización, sin embargo habrá elementos narrativos que potencien determinados aspectos que tiene que ver con el género, como vimos en nuestro caso. Mecha, Tali e Isabel no son reales, pero su presencia en la película dan cuenta de muchas mujeres como ellas en el mundo, sobre las que gira a su alrededor la vida, donde su acción o su simple presencia es desencadenante del complejo entramado social en el cual nos desenvolvemos los seres humanos y que inevitablemente está marcado por las relaciones entre los géneros. Unas relaciones entre los géneros que no se da en abstracto y en el vacío, sino que está marcada por las circunstancias de dominación y puede verse reflejada en cada acto. Basta que un ojo atento y sutil como el de Lucrecia Martel lo pueda retratar.

Bibliografía

·        ALCOFF, Linda Alcoff. “Feminismo Cultural Versus Pos-estructuralismo: la Crisis de la Identidad en la Teoría Feminista” en “Feminaria” Nº 4, Buenos Aires, 1989.

·        DE LAURENTIS, Teresa (1984) “Alicia ya no. Feminismo, Semiótica, Cine” Ediciones Cátedra, Colección Feminismos. Madrid, 1992

·        DE LAURETIS, Teresa. “Repensando el cine de mujeres. Teoría Estética y Feminista” en “Debate Feminista”, Año 3, Vol 2. Marzo 1992.

·        PALENCIA VILLA, Rosa María. “Hable con ella a la luz de la Teoría Fílmica Feminista” en “Animus”, Brasil, 2003.

·        SCOTT, Joan W. “El género: una categoría útil para el análisis histórico” en Amelang, James S. y Nash, M. eds. “Historia y Género: Las mujeres en la Europa Moderna y Contemporánea”.  Edicions Alfons el Magnànim, Estudios Universitarios 38, Valencia, 1990 pp 23 -56.

·        SELVA, M. y SOLÀ, A. “El cine de mujeres es el cine” en Selva M. y Solà A. (compiladoras) “Diez años de la Muestra Internacional de Filmes de Mujeres de Barcelona”, Paidós, Barcelona, 2002, pp 19-28

 

Páginas de Internet

 

·        MONTEAGUDO, Luciano. “Juegos a la hora de la siesta” en Diario “Página 12”, 2001. http://www.pagina12.com.ar/2001/01-04/01-04-12/pag27.htm

·        NORIEGA, Gustavo. “Los jóvenes viejos” en publicación virtual de la FIPRESCI. http://www.fipresciargentina.com.ar/archivo/cienaga.htm

·        ORMAECHEA, Luis. “En un mismo lodo todos manoseaos”, en Revista Virtual “Otro Campo”. http://www.otrocampo.com/criticas/lacienaga.html

·        RIVAL, Silvina Rival. Crítica cinematográfica de la película  La Ciénaga en Revista virtual “Otro Campo” http://www.otrocampo.com/festivales/mardel01/lacienaga.html

 

Ficha técnica

 

La ciénaga
Argentina / España, 1999.
Castellano, color, 102m.
Dirección: Lucrecia Martel.
Intérpretes: Martín Adjemian (Gregorio), Diego Baenas (Joaquín), Leonora Balcarce (Verónica), Silvia Bayle (Mercedes), Sofía Bertolotto (Momi), Juan Cruz Bordeu (José), Graciela Borges (Mecha), Noelia Bravo Herrera (Agustina), María Nicol Ellero (Mariana), Andrea López (Isabel), Sebastián Montagna (Luciano), Mercedes Morán (Tali), Daniel Valenzuela (Rafael), Franco Veneranda (Martín), Fabio Villafañe (Perro), etc.
Guión: Lucrecia Martel.
Sonido: Herve Guyader, Emmanuel Croset, Guido Beremblun, Adrian de Michele.
Fotografía y cámara: Hugo Colace.
Montaje: Santiago Ricci.
Dirección artística: Graciela Oderigo.
Ambientación: Cristina Nigro.
Producción: Lita Stantic.
Co-Producido por: Diego Guebel, Ana Aizemberg y Mario Pergolini.
Co-productor en España: José María Morales.
Distribución en Argentina: Lider Films.
Estreno en Buenos Aires: 12 de abril de 2001.
 

Bio-Filmografía de Lucrecia Martel

 

Lucrecia Martel nació en Salta, Argentina en 1966. Su formación la llevó por la Escuela de Cine de Avellaneda (Provincia de Buenos Aires), y la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC). Su 1er. reconocimiento fue con su corto Rey Muerto (1996), uno de los ganadores del concurso para la producción de cortometrajes para jóvenes realizadores promovido por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) de Argentina, Historias Breves I. Su primer largo, La Ciénaga (2001), se llevó el premio a Mejor Opera Prima en el Festival de Berlín 2001 y la impuso como la mayor promesa del Nuevo Cine Argentino. La niña santa (2004), su último film, fue seleccionado para la competencia oficial del Festival de Cannes 2004.


[1] Monografía realizada en el marco del Programa de Doctorado en Comunicación Audiovisual y Publicidad – Opción Teoría e Historia de la Representación Audiovisua,l 2004/07 para la asignatura “La Teoría Feminista en los Estudios Audiovisuales” a cargo de la Dr. Rosa María Palencia. Universidad Autónoma de Barcelona, con el apoyo del Programa AlBan, Programa de becas de alto nivel de la Unión Europea para América Latina, beca nº E04D049131AR. Mayo de 2005.

 

[2] MARTEL, Lucrecia. Entrevista realizada por Agustín Mango en Revista Virtual “Espacio de Cine Independiente”.  Junio de 2004. www.cineindependiente.com.ar

[3] DE LAURETIS, Teresa. “Repensando el cine de mujeres. Teoría Estética y Feminista” en “Debate Feminista”, Año 3, Vol 2. Marzo 1992. Pág. 252. (Lo destacado es mío).

[4] Idem Pág. 253.

[5] Idem. Pág. 254.

[6] Idem. Pág. 256.

[7] Idem. Pág. 260.

[8] MARTEL, Lucrecia. Entrevista realizada por Agustín Mango en Espacio de Cine Independiente.  Junio de 2004. www.cineindependiente.com.ar

[9] ORMAECHEA, Luis. “En un mismo lodo todos manoseaos” en http://www.otrocampo.com/criticas/lacienaga.html

[10] SCOTT, Joan, “El Género: una Categoría Útil para el Análisis Histórico”. ” en Amelang, James S. y Nash, M. eds. “Historia y Género: Las mujeres en la Europa Moderna y Contemporánea”.  Edicions Alfons el Magnànim, Estudios Universitarios 38, Valencia, 1990 pp 23 -56. pág. 24.

[11] ZEMON DAVIS, Natalie, “Women’s History in Transition; The European Case”,  “Feminist Studies” Nº 3, Citado por Joan W. Scott en “El Género: una Categoría Útil para el Análisis Histórico”, pág. 24

[12] SCOTT, Joan, “El Género: una Categoría Útil para el Análisis Histórico”. ” en Amelang, James S. y Nash, M. eds. “Historia y Género: Las mujeres en la Europa Moderna y Contemporánea”.  Edicions Alfons el Magnànim, Estudios Universitarios 38, Valencia, 1990 pp 23 –56. pág. 27.

[13] SCOTT, Joan, “El Género: una Categoría Útil para el Análisis Histórico”. ” en Amelang, James S. y Nash, M. eds. “Historia y Género: Las mujeres en la Europa Moderna y Contemporánea”.  Edicions Alfons el Magnànim, Estudios Universitarios 38, Valencia, 1990 pp 23 –56, pág. 29.

[14] Una provocación que se puede cotejar analizando por ejemplo estas declaraciones de Lucrecia Martel “Yo estoy absolutamente en contra de la idea de realidad que está instalada en el mundo. Estoy absolutamente en contra del sistema de valores morales, absolutamente en contra del sistema de valores económicos, estoy en contra del libre mercado. Todo eso me parecen falsedades sin nombre. Pero esos que parecen grandes temas no son grandes temas, son cosas de todos los días. El constreñimiento de esas cosas las percibís en el día a día. Esas ideas tan generales son las que hacen que un tipo en Salta pierda su trabajo, tenga que ir a cortar una ruta, o que yo en mi trabajo de cine consiga plata para hacer una película que no le va a importar a nadie.” Espacio de Cine Independiente.  Junio de 2004. www.cineindependiente.com.ar.

[15] BOURDIEU, Pierre. “La dominación masculina”. Editorial Anagrama, Barcelona, 2000. Pág. 52.

[16] BOURDIEU, Pierre. “La dominación masculina”. Editorial Anagrama, Barcelona, 2000. Pág. 54.

[17] La “cumbia” en argentina es sinónimo de música de las clases populares. Tiene características propias, ligeramente distintas a la que se concibe en Centroamérica.

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