Fuente
Octaedro
2003
François Truffaut, lector temprano, ávido cinéfilo, delincuente juvenil,
crítico cinematográfico, y autor de cine, nació en París el 6 de febrero
de 1932 y murió en 1984. A comienzos de la década del cincuenta fue
adoptado por el crítico André Bazin y Janine, su esposa. Truffaut, que ya
había sido involuntario huésped de instituciones correccionales y desertor
del ejército francés; recibió en el seno de la familia Bazin el afecto y
cariño que le había faltado en su familia, y protección ante el sistema
legal que lo perseguía.
A lo largo de su vida desarrolló una labor incansable primero en el campo
de la crítica y luego en el de la realización. Entre los años 1954 y 1958
habría de reseñar cuatrocientos treinta películas solo para la revista
Arts, sumado a esto su labor en Cahiers du Cinéma la revista creada en
1951 por André Bazin y Jacques Doniol-Valcroze. Desde ambas tribunas
Truffaut sería el más vehemente crítico del cine francés de la década del
cincuenta. Sus invectivas serían dirigidas contra algunas de las figuras
principales del
cine francés de entonces: los guionistas Aurenche y Bost, los directores
Autant Lara, Grémillon, Yves Allegret...
Vida y obra de Truffaut parecen ilustrar una idea de William Blake: el
Hombre habrá de salvarse no solo por el ejercicio de la virtud o de la
inteligencia sino por el ejercicio de la estética. Desde Les Mistons (Los
Mocosos, 1957) , -cortometraje de menos de media hora que constituye una
de las primeras experiencias fílmicas de los jóvenes críticos de Cahiers
du Cinéma, y la primera en ser reconocida, pues obtuvo el Premio de
Especial Calidad, lo que facilitaría mucho las cosas a la hora de
conseguir financiamiento para Los 400 golpes- hasta ¡Vivement Dimanche!
(Confidencialmente Tuya,1983), sus películas serán muchas veces una suerte
de crónica novelada de su vida. Y si bien nos parece reconocerlo, o al
menos reconocer algunos rasgos suyos en películas como Tirez sur le
Pianiste (Disparen Sobre el Pianista, 1960), La Peau Douce (La Piel Dulce
1964), L'enfant Sauvage (El niño salvaje, 1969), La Nuit Americaine (La
Noche Americana, 1973) (1) o L'Homme qui Amait les femmes (El hombre que
amaba a las mujeres, 1977), es más bien en Les Quatre Cents Coups (Los 400
Golpes, 1959), L'Amour à Vingt Ans -Antoine et Colette (El Amor a los
Veinte Años -Antoine y Colette-, 1962) Baisers Volés (Besos Robados,
1968), Domicile Conjugal (Domicilio Conyugal, 1970) y L'Amour en Fuite (El
Amor en
Fuga, 1979) donde está trazado el mapa del camino recorrido por el joven
Truffaut para salvarse de un destino marginal al que parecía
destinado.
La Serie Doinel
Los 400 golpes es el primer largometraje de Truffaut y la primera
película de la "serie Doinel" además de ser una de las primeras películas
de la nouvelle vague. El debut del inconformista Truffaut no pudo ser
mejor: la crítica se deshizo en elogios, recibió el saludo de un
intelectual de la talla de Jean Cocteau ("...nunca me había sentido tan
conmovido por una película...") y de realizadores como Henri Georges
Clouzot, ("...la película me ha encantado, es la más sensible que he visto
desde el fin de la guerra..."). Truffaut recibió además el premio como
mejor director del Festival de Cannes, la nominación al Oscar por mejor
guión original, y finalmente, la película fue un éxito comercial. Fue
producida por una
sociedad formada por la entonces pequeña productora de Truffaut llamada
Les Films du Carrosse -en homenaje a Jean Renoir- y por Sedif, productora
del padre de Madeleine Morgenstern, su primera esposa. Morgenstern era
productor de muchas de las películas más maltratadas por Truffaut desde
Arts y Cahiers du Cinéma, y si bien no lo debe haber alegrado que su hija
se casara con alguien que atacaba sistemáticamente sus producciones,
Morgenstern nointentó impedir la unión. Según Madeleine, en esa decisión pudo tener que
ver el hecho de que sus películas resultaban generalmente éxitos
comerciales, contaban en el reparto con figuras tales como Jean Gabin y
Fernandel, y podían, por lo tanto, prescindir de críticas favorables. La
leyenda dice que Morgenstern puso una condición para aceptar el
casamiento: participar en la producción del primer largometraje que rodara
su futuro yerno.
Aunque Truffaut había condenado apasionadamente a gran parte del cine
francés de éxito de los años cincuenta, entendió desde el principio cuáles
eran los mecanismos de la industria cinematográfica, con sus festivales,
su sistema de estrellas, su necesidad de hacer de quienes trabajan en ella
personajes públicos. La comprensión de dichos mecanismos del sistema
resulto
en que sus películas no resultaran únicamente manifiestos de una cierta
concepción estética, u obras apreciadas sólo por un grupo selecto de
críticos y cinéfilos, sino que, por el contrario, siempre trató de llegar
a la mayor cantidad de público posible.
Los 400 golpes cuenta la historia de Antoine Doinel (Jean-Pierre Leaud)
y de su amigo Rene (Patrick Auffray), personajes que representan al mismo
Truffaut y a Robert Lachennay durante la infancia. En 1959 pudo resultar
sorprendente un película que describía el abuso y abandono de un niño en
principio ignorado por su madre y padrastro, maltratado por sus maestros y
finalmente entregado por su familia a la policía por un robo
insignificante
(2). Después de muchos años e incontables melodramas de diversos autores
que tratan el mismo tema, sorprendentemente, la película sigue
conmoviéndonos y la razón fundamental para que esto sea así es que, lejos
de compadecerse del indomable Doinel, Truffaut nos lo presenta como la
estoica víctima de las injurias causadas por gente más merecedora de
nuestra compasión que ese niño capaz de soportar duras pruebas con la
serena indiferencia de algunos personajes de John Wayne.
La amistad incondicional entre Rene y Antoine es a su vez otro rasgo
conmovedor de la película. Ambos se despedirán en Antoine y Colette,
episodio del film colectivo El amor a los veinte años. Esta vez el joven
Antoine Doinel, alejado ya del delito y de sus padres, padece por el amor
no correspondido de la difícil Colette. Como todos los jóvenes en cierta
etapa de sus vidas Antoine Doinel es solemne y grave, trata de conquistar
a la bella Colette (Marie-France Pisier) asistiendo con ella a conciertos
y charlas sobre música de música clásica y experimental, haciéndose querer
por los padres de ella (en Domicilio conyugal Doinel confiesa el gusto que
siente por "los padres" de otras personas) y finalmente mudándose a un
departamento que está exactamente frente al de Colette; fácilmente
adivinamos el resultado del asedio. No recuerdo ahora si es Truffaut o uno
de sus personajes quien dice "... fui viejo de los dieciocho a los
veintitrés años...", etapa de su vida a la que corresponde Antoine y
Colette.
En 1949 preso en un instituto de menores Truffaut escribiría un texto a
pedido de las autoridades. Las siguientes líneas reflejan su estado de
ánimo en esa época: "Mi vida hasta la fecha ha sido banal, nací el 6 de
febrero de 1932, hoy es 6 de marzo de 1949, tengo diecisiete años un mes y
seis días, he comido casi todos los días y he podido dormir casi todas las
noches, he trabajado ya demasiado. No he tenido satisfacciones ni
alegrías. (...)
Amo
el arte y particularmente el cine, considero al trabajo como una mera
necesidad y a aquellos que no aman su trabajo como quienes no saben vivir,
detesto las aventuras y trato de evitarlas. Tres películas por día, tres
libros por semana y la música de los grandes me bastarán hasta el día de
mi muerte a la que temo. (...) Mis padres lo son por azar y los considero
como a extraños. No creo en la amistad ni en la paz. (...) Si miro por
demasiado tiempo al cielo la tierra me parece un lugar horrible." La
última frase,cargada de pesimismo, nos recuerda a Oscar Wilde, al que Truffaut
admiraba, y quien había dicho años antes: "Todos vivimos en el barro; es
sólo que algunos miramos a las estrellas"
Quienes lo conocieron coinciden en que a los dieciocho años de su vida
se produjo en él una transformación esencial. Según Alexandre Astruc,
Truffaut pudo exorcizar su infancia atormentada y una juventud en la que
había visitado el delito y el encierro y pudo salvarse. Esa salvación,
como hemos visto, está reflejada en El Amor a los Veinte Años, a la que
podemos llamar la segunda obra de la serie Doinel. Pasarán seis años,
durante los que Truffaut rodó cuatro películas, hasta que volvamos a saber
de Antoine Doinel.
El Doinel que reaparece en Besos Robados lo hace como un neurótico
simpático y atolondrado que es expulsado del ejército. Truffaut desertó
del ejército en el año 1953, cuando estaba a punto de ser enviado a
Indochina, lo que derivó en la cárcel y en su rescate por intervención de
Janine y André Bazin. (Los 400 golpes está dedicada a la memoria de este
último, quien había muerto en 1958). En la secuencia inicial de Besos
Robados vemos a
Antoine Doinel, en una prisión militar. Enseguida es llamado en presencia
de un oficial que lo sermonea y termina diciéndole que se ha salvado
gracias a la intervención de algún amigo notable. Libre de la prisión y
del ejército, otra vez Doinel se "instala" en el seno de la familia de la
mujer a quien quiere, Christine (Claude Jade), y otra vez sufre la
angustia de no saber si es querido por ella. A lo largo de la película
Doinel trata de conquistar a Christine a la vez de hacer un recorrido por
una serie de trabajos más o menos inverosímiles: conserje en un hotel
alojamiento, detective privado ytécnico en reparación de televisores. Todos ellos realizados con la
innegable torpeza que le es propia y todos fracasados menos el más
importante, la conquista de Christine.
Durante 1969 Truffaut filma dos películas más: La Sirène du Mississippi
(La Sirena del Mississippi, 1969) y El Niño Salvaje. La ausencia de Doinel
durará hasta el año siguiente, cuando reaparece casado con Christine y
viviendo junto a ella en un departamento de uno de esos edificios
parisinos con patios centrales que, durante el día, son como una
continuación de la calle misma. Esta película es Domicilio conyugal y
tiene el mismo tono humorístico de Besos Robados. Doinel comienza la
película como vendedor en
un puesto de flores, en el mismo patio del edificio, realizando todo tipo
de experimentos para cambiar los colores de las flores que vende,
obsesionado por obtener un método que le permita obtener "el rojo
absoluto" y decidido a cambiar de trabajo si fracasa. El experimento,
desde luego resulta en un fracaso estrepitoso y Doinel encuentra, ayudado
por un malentendido, un trabajo en una compañía constructora. Su tarea
consiste en "timonear" losmodelos en escala de los barcos que están en la maqueta de un puerto,
instalada en un estanque situado en un hermoso parque. Mientras tanto nace
Alphonse, hijo del joven matrimonio. Doinel tiene opiniones muy personales
sobre cualquier tema y, durante una comida con sus suegros, dice con toda
seriedad que el día de la madre es una invención del nazismo. Promediando
la película nos enteramos de que está escribiendo una novela sobre su
vida, sibien ha dejado de ser el grave intelectual de El Amor a los Veinte Años.
Durante una discusión, Christine le reprocha que use la literatura para
vengarse de su madre, diciéndole que una obra de arte no puede estar
destinada a la venganza. En el largometraje documental François Truffaut:
Retratos Robados Ewa Truffaut, una de las hijas, cuenta que su padre solía
bromear muy cruelmente acerca de su madre. Ese film también revela la
enorme impresión que el realizador causó a su madre y a su padre adoptivo
el hecho de verse retratados de manera tan impiadosa en Los 400 golpes: la
película había tenido tal repercusión que eran señalados por la calle.
Esta costumbre de lavar la ropa sucia en público le será reprochado a
Doinel después en El amor en fuga por su padre adoptivo, quien añade, ante
su azoramiento, que su madre era una suerte de anarquista incomprendida
que rechazaba las convenciones y tabúes de una sociedad pacata. El amor en
fuga es la última película de la serie Doinel.
Para llegar hasta allí habrán de pasar otros siete films. Durante el
rodaje de El amor en fuga tanto Truffaut como su actor/alter-ego
Jean-Pierre Léaud padecieron la tristeza de la despedida que significaba
esta película. Sorprendentemente, el final de la serie no será el la
tragedia recurrente en todas aquellas películas de Truffaut donde el tema
es el amor (Disparen Sobre el Pianista, La Piel Dulce, La Novia Vestida de
black, La Historia de Adela H, El Hombre que Amaba a Las Mujeres, La Mujer
de la Próxima Puerta). Quizás Truffaut haya querido reservarle al sufrido
Doinel la salvación que él mismo había perseguido toda su vida. En esta
ultima película vemos a las tres mujeres de Doinel (Colette, Christine y
la última, Sabine) esforzándose para salvarlo, mientras este se vuelve
cada vez más maniático. En Domicilioconyugal una de sus manías era que su esposa no lo mirase mientras se
desvestía, ya que, según sostenía, todos los hombres desnudos son de una
fealdad monstruosa; en El amor en fuga, después de hacer el amor con
Sabine (de quien está enamorado), le dice que se arrepiente por dejarse
arrastrar por la pasión, y que desde ese momento en adelante tratará de
ser casto y de liberarse de las tentaciones. Cabe señalar que en la
película abundan losrelatos que se refieren al pasado de Doinel y que estos relatos están
construidos como flash-backs, usando secuencias o escenas de las películas
anteriores de la serie, y con una pequeña escena de La noche americana
"tergiversada" para que encaje en el relato.
Antoine y Christine se divorcian y su caso constituye el primero de la
nueva legislación que permite el divorcio de común acuerdo, por lo que a
la salida del tribunal se ven asediados por periodistas. Casualmente
Antoine se encuentra con Colette en una estación y se siente obligado a
saltar al tren en el que ella está por viajar. Durante el viaje, Colette,
que está leyendo la novela ya publicada de Doinel, le reprocha algunas
inexactitudes y este responde que se ha tomado algunas licencias poéticas
al llevar su vida a la literatura. Al volver a París se encuentra con que
Sabine está harta de sus
desplantes y que ha decidido dejarlo. Christine y Colette casualmente
tratan de interceder ante Sabine. Finalmente es Doinel quien logra
recuperar su amor contándole la historia, muy extraña y a la vez muy
propia de él, de cómo se ha enamorado de ella aún antes de conocerla. François Truffaut no volvió a trabajar con Jean-Pierre Léaud y a
continuación realizó sus tres películas más ambiciosas: Le Dernier Métro
(El Último Subte, 1980), La Mujer de la Próxima Puerta (La femme d'a cote,
1981), y Confidencialmente Tuya (1983).
Truffaut el fatalista
Salvo Argentina, representada cabalmente por el pobre individualismo
del Martín Fierro, las naciones suelen elegir su escritor clásico, es
decir su tradición clásica, de manera paradójica. La sobria Inglaterra
elige al apasionado Willian Shakespeare, la tormentosa Alemania al
mesurado Goethe. No menos paradójico parece que Francia, la racional
Francia, sea emparentada
con una concepción romántica, apasionada de la vida y el arte. A menos que
ocurra lo que Borges solía repetir: la literatura francesa es tan rica que
admite dos tradiciones. Quizás convenga citar dos ejemplos de cada una de
ellas: a la tradición más racional correspondería Voltaire y a la
tradición romántica, Victor Hugo. Alexandre Astruc afirma en François
Truffaut: Retratos Robados, que solo en La piel dulce decidió el
realizador apartarse
de esa "... cierta tradición francesa de mesura." Creo que la afirmación
de Astruc es parcialmente errónea ya que Truffaut se alejó de esa
tradición francesa en más de una oportunidad: es imposible decir que La
Mujer de la próxima puerta o Historia de Adela H hayan nacido como fruto
de la mesura. A su vez en obras tales como Disparen sobre el pianista,
Jules y Jim y El hombre que amaba a las mujeres hay un elemento temático
propio de esa
tradición que hemos llamado romántica, el mismo elemento que constituye la
idea central de La mujer de la próxima puerta y de La piel dulce, la idea
de que el amor, de que el verdadero amor conduce fatalmente a quienes lo
padecen (los personajes de estas obras parecen estar enfermos de pasión) a
un destino trágico.
Las tres últimas obras
Terminada la "serie Doinel" con El amor en fuga, Truffaut rodará entre
1980 y 1983 El último subte, La mujer de la próxima puerta y
Confidencialmente tuya, obras en las que, ya librado del trabajo de salvar
a Doinel, se dedicará a salvarse a sí mismo a través de aquella idea de
William Blake comentada más arriba: la salvación por la estética, por la
estética pura. Sus tres obras finales son parábolas sin enseñanza, de
fábulas sin moraleja; podría decirse que junto a La novia vestida de black,
son las cuatro únicas
obras de ficción pura de la totalidad de su obra. Sus protagonistas son no
menos simbólicos que las situaciones que viven y Truffaut ya no necesita
exorcizar su pasado. (Quién sabe si ha podido perdonar a su madre o si
frente a la cercanía de su propia muerte se habrá dado cuenta de lo
imposible de la empresa y haya decidido olvidarla)
En El último subte -cuyo argumento nos recuerda al del cuento de Jorge
Luis Borges, Pedro Salvadores (Elogio de la Sombra, Buenos Aires, 1969)-
Truffaut consigue algo muy difícil, y ese logro es similar a aquel de Los
400 golpes donde lejos de compadecernos de Antoine, a pesar del cruel
maltrato al que
es sometido, tendemos admirarlo y aún a envidiarlo. En El último subte nos
olvidaremos de los nazis que ocupan Francia o al menos los veremos como si
fueran la consecuencia de un estado moral de las cosas que reinó en
Francia antes y durante la ocupación. Truffaut no nos propone que odiemos
a los nazis que ocupan Francia, ni aún al miserable Daxiat; sino que nos
invita a
admirar a esos comediantes más o menos talentosos que sobreviven en medio
de un orden de cosas moralmente intolerable. Aún así el colaboracionismo
es execrado en la película. Copio un breve diálogo que Marion Steiner
(Catherine Deneuve) mantiene con su esposo judío, Lucas Steiner (Heinz
Bennent) quien se ha exilado en el sótano de su teatro:
-¿Sabes cuántas llamadas hay por día para denunciar a judíos?
-¿Quinientas?
-No, mil quinientas.
Tampoco se priva Truffaut en esta película de hacer una alusión
humorística a su pasado como crítico temible, haciendo que la profesión
del infame y temido traidor Daxiat (Jean-Louis Richard) sea la de crítico
de teatro. Daxiat, cuyo poder llega hasta decidir qué obras pueden
representarse o no, confiesa amar al arte y al teatro en particular, pero
también saberse odiado por todos aquellos del ambiente teatral (Hay otra
alusión a lo mismo en El
amor en fuga: Antoine Doinel le aconseja a su hijo que trabaje arduamente
en el estudio del violín para llegar a ser un gran músico, el hijo le
responde: "¿Qué seré en caso de no esforzarme?", Doinel responde:
"Crítico").
Como esta hay otras alusiones a los enconos y enfrentamientos en el
ambiente de las artes, por ejemplo Jean-Loup Cottins (Jean Poiret), quien
a pesar de haber sido despreciado por el colaboracionista Daxiat es
encarcelado después de la
liberación, aparentemente solo por haber seguido trabajando durante la
ocupación nazi. Al día siguiente es liberado por la intercesión de amigos
libres de sospecha, pero un día después es encarcelado nuevamente, esta
vez por el cargo de ser amigo de quienes lo habían liberado en primera
instancia. El último subte es una obra de compleja realización,
seguramente la de mayor dificultad que rodó Truffaut, quien no obstante
salió bien
parado de los numerosos problemas técnicos que se le deben haber
presentado durante la realización.
De estas tres últimas obras la más débil es La mujer de la próxima
puerta, aún cuya factura es impecable. Tan bien realizada está que logra
interesarnos en un tema con el que bien podría hacerse un melodrama
televisivo anual. Rica en patetismo, esta historia de amour fou está
sostenida en la extraña belleza de Fanny Ardant, la muy buena tarea de
todos los actores y la habilidad de Truffaut para cautivarnos con las
diferentes biografías de unos burgueses ordinarios y de sus amores
imposibles. Sin embargo, a diferencia de obras que tratan el mismo tema
con cierta ironía, Truffaut parece haberse tomado demasiado en serio a sus
personajes y a su patetismo juvenil. Gracias a que a esta altura de su
vida Truffaut dominaba cabalmente su oficio la película se salva, la misma
historia en manos de alguien menos hábil hubiera resultado en algo como
Leaving Las Vegas (Adiós a Las Vegas, 1995).
La última de sus películas será Confidencialmente tuya, la que, no
importa de qué reseña se trate, suele ser señalada como un homenaje a
Alfred Hitchcok. Esta afirmación, a pesar de ser unánime, no deja de ser
parcialmente cierta. Pero reducir una película tan rica a un "saludo al
Maestro" es un error, o algo aún peor: una simplificación, ya que lo mejor
de Confidencialmente tuya no está en sus elementos hitchcokianos. La
película de Truffaut que es ciertamente un homenaje a Hitchcok es La novia
vestida de black. De hecho, en Confidencialmente tuya, hay dos (no sé si
atreverme a usar la palabra) errores que Alfred Hitchcock no hubiera
cometido, o, mejor dicho, de los que se hubiera arrepentido: uno es no
revelar a los espectadores la identidad de asesino, lo que hace que la
película se parezca peligrosamente a un whodunit. El otro es dejar que el
hombre inocente Julien Vercel (Jean-Louis Trintignant) permanezca durante
toda la película relativamente a salvo de la policía que lo busca. Esa
relativa seguridad hace que no podamos identificarnos con él, debilitando
el suspense. Otro elemento que nos impide la necesaria identificación, en
una película de este tipo, es la antipática rudeza y hasta grosería con la
que Vercel trata a su secretaria Barbara Becker (Fanny Ardant). A pesar de
esto
la película está muy bien lograda y seguir a Fanny Ardant en su pesquisa
para descubrir al verdadero asesino, más bella aún que en La mujer..., es
a la vez divertido y placentero. La película tiene a su vez un tono
humorístico cuyo momento más alto es aquel en el que el asesino se ve
descubierto y, teniendo ya un cigarrillo en la boca, enciende otro y se
dispone a fumarlo. Lo mejor de Confidencialmente tuya es ese tono
divertido que usa Truffaut para tratar un argumento tan oscuro y ese de
sabor de
irrealidad con que nos deja, que se parece a la sensación que sentimos
cuando nos despertamos de una pesadilla.
¿Quién sabe si François Truffaut supo alguna vez que él había podido
despertar de la pesadilla de su infancia? Lo que seguramente debe haber
llegado a comprender es que todas las humillaciones sufridas fueron, en
última instancia, dones otorgados para poder entrelazar con ellos una obra
que perdurará más allá de las escuelas y de la polémica. Una de esas raras
obras cuya contemplación nos deja con la sensación de haber conocido a un
hombre. Film42
Notas:
(1) La Noche Americana ganó en 1975 el Oscar a la mejor película
extranjera, François Truffaut a su vez fue nominado al premio al mejor
director. Hay dos curiosidades de esta película que valen la pena ser
contadas en ella hace un pequeño papel el escritor inglés Graham Greene,
es el representante de la compañía de seguros inglesa que aparece al final
de la película. La segunda curiosidad tiene que ver con una director de
cine del todo distinto a Truffaut, John McTiernan el director de Die Hard
(Duro de Matar, 1988) Last Action Hero (El Último Gran Héroe, 1993) entre
otras, quien cuenta que decidió dedicarse al cine después de ver La Noche
Americana, y que llegó a obsesionarse tanto con la película que la
"aprendió de memoria" llegando a poder reproducirla con dibujos de cada
una de las secuencias desde el principio al final. (volver)
(2) Esto nos recuerda la anécdota que Alfred Hitchcock le contó al
mismo Truffaut en el excelente libro de entrevistas El Cine según
Hitchcock: Siendo Hitchcock niño cometió una travesura al parecer
insignificante, al enterarse su padre, este escribió una carta y le indicó
al pequeño Alfred que fuera a la comisaría y se la entregara al comisario
de policía, una vez leída la carta el comisario procedió a encerrarlo en
una celda.