Croto -
Ácrata
A lo largo de su historia, la
ciudad de Rosario albergó importantes movimientos sociales, cuyo
estudio es esencial para comprender la dinámica social rosarina.
Entre estos movimientos se destacan los de índole contestataria
hacia el orden establecido. A finales del siglo XIX y primeras
décadas del siglo XX, por ejemplo, aparece un combativo movimiento
obrero y un no menos influyente movimiento
anarquista. Dos
movimientos estrechamente vinculados desde sus orígenes y más aún
cuando el surgimiento del sindicalismo de orientación
anarco-comunista durante la primer década del presente siglo.
El nacimiento y desarrollo de
estos tempranos movimientos contestatarios se inscribe dentro del
desarrollo capitalista agro-exportador que se percibe claramente
desde mediados del siglo pasado y el cual se acelera a partir de
1880. Este tipo de desenvolvimiento, a partir del cual se construye
la Argentina moderna, promover un notable crecimiento en la región
de la pampa húmeda, donde se asentaron la mayor parte de los
capitales y de la mano de obra (provista mayoritariamente por la
inmigración europea, aunque también debe tenerse en cuenta el
significativo flujo migratorio desde el resto del estado argentino
hacia la zona pampeana).
Al compás de este proceso,
surgirán o se expandirán populosos núcleos urbanos, donde se
alojarán los inmigrantes que no encuentren su lugar en el ámbito
agrario, al no poder acceder a la propiedad de la tierra u obtener
contratos de arrendamientos favorables. En estas ciudades,
paralelamente al crecimiento de las actividades comerciales y de
servicio durante las últimas décadas del siglo pasado, nacerán
talleres, pequeñas industrias y algunas fábricas propiamente dichas.
Rosario, gracias a este vertiginoso desarrollo, en pocas décadas
pasará de minúscula villa a segunda ciudad de la república,
rivalizando con Buenos Aires en cuanto a actividad económica y polo
atraedor de inmigración. Pilares fundamentales de esta mutación
rosarina serán su puerto y los ferrocarriles que convergían hacia
él, los cuales transportaban hacia el puerto rosarino la producción
cerealera y, en menor medida, ganadera de la denominada "pampa
gringa".
De manera concomitante a este
crecimiento económico y demográfico, se irán constituyendo las
primeras organizaciones obreras (mutuales y sociedades de
resistencia), a partir de las cuales trata de canalizar sus demandas
de mejoramiento social la naciente clase trabajadora local.
Aparecerán, asimismo, las primigenias actividades de anarquistas y
socialistas, las corrientes ideológicas predominantes hacia fines
del siglo XIX y primeras décadas del XX dentro del movimiento obrero
argentino, añadiéndose a ellas el sindicalismo revolucionario desde
1905, luego trocado simplemente en sindicalismo.
Rosario no sólo será la segunda
concentración obrera del país sino, también, la ciudad donde los
conflictos sociales alcanzarán una magnitud similar o superior a los
de Buenos Aires, lo cual podría estar relacionado -en cierta medida-
con las condiciones de vida más duras que debían soportar los
trabajadores rosarinos. En Rosario tuvieron lugar las primeras
huelgas generales, en el marco de una localidad, del país. Las
mismas se registraron a fines de 1901, a raíz de un conflicto
iniciado en la Refinería de Azúcar (que empleaba más de 1000
personas, siendo una de los establecimientos industriales más
grandes del país), y a principios de 1902. Además, existió un conato
de huelga general en 1896.
La primer huelga parcial
registrada en el país también se habría producido en Rosario. Se
trata de la huelga protagonizada por los aguateros en 1877. Plácido
Grela (1), en un artículo sobre los orígenes del movimiento obrero
en Rosario, menciona además una serie de conflictos anteriores a la
huelga de los aguateros, algunos de los cuales se habrían registrado
en la campaña próxima a Rosario.
Por otra parte, la primera víctima
mortal del movimiento obrero argentino fue Cosme Budeslavich o
Budislavich, un trabajador eslavo oriundo del Imperio Austro-Húngaro
que trabajaba en la ya citada Refinería de Azúcar. Budeslavich
encontró la muerte en un conflicto registrado entre los obreros y la
empresa durante octubre de 1901.
A principios de siglo, Rosario era
denominada la "Barcelona del Río de la Plata" debido a la importante
concentración obrera y al predicamento del acratismo. La influencia
alcanzada por esta ideología en Rosario durante el período en
cuestión parece sólo comparable con la que logró el anarquismo en
Barcelona, superando incluso -en términos relativos- a la ciudad de
Buenos Aires. Existen al respecto una serie de testimonios
elocuentes de personas no comprometidas con el anarquismo y que por
ende no tenían intención de agigantar su incidencia, como sí podía
suceder entre los informadores libertarios. El médico catalán Juan
Bialet Massé, por ejemplo, en su informe sobre la situación de los
trabajadores en el interior del país a principios del siglo XX,
expresa que el anarquismo "imperaba en las clases obreras de Rosario
como único señor" [1]
Testimonios parecidos pueden
hallarse en las declaraciones de dirigentes socialistas coetáneos.
Enrique Dickman, apreciando que la actividad libertaria se percibía
más en Rosario que en la Capital Federal, la definía como la "Meca
del anarquismo argentino". Adrin Patroni, otro de los principales
líderes socialistas de aquel entonces, también testimonia dicho
fenómeno en una carta dirigida al periódico socialista LA
VANGUARDIA, publicada el 20 de noviembre de 1901.
Las primeras actividades
anarquistas en Rosario sobre las cuales tenemos conocimiento cierto
se remontan a 1890, cuando aparece EL ERRANTE, grupo de propaganda
anarquista. En ese mismo año está registrada la presencia anarquista
en el acto del 1º de mayo celebrado en la Plaza López de Rosario, en
concordancia con lo establecido por el Congreso Socialista Obrero de
París en 1889. Hacia 1893 aparece DEMOLIAMO, periódico
comunista-anárquico, la primera publicación ácrata editada en
Rosario de la cual ha quedado un documento directo. En efecto, el
original del nº 2 de DEMOLIAMO se conserva en el Instituto
Internacional de Historia Social de Amsterdam, a donde llegó gracias
a la donación efectuada por el historiador austriaco libertario Max
Nettlau de su cuantiosa biblioteca, hemeroteca y archivo personales.
Muy probablemente la presencia anarquista dataría de años anteriores
a 1890. Así, en 1888 se habría editado la publicación EL OBRERO
PANADERO, la cual respondería a los lineamientos ácratas. Este
órgano, según Plácido Grela, perduraría hasta mediados de 1890,
contribuyendo a difundir las alternativas del acto del 1º de Mayo
antes mencionado. Dos destacados ácratas, Francisco Berri y Virginia
Bolten habrían estado ligados a EL OBRERO PANADERO, que además de
ser un órgano libertario, según Grela, era el vocero de la sociedad
de resistencia de los obreros panaderos rosarinos, uno de los
gremios más activos en aquellos años y entre cuyos miembros solían
reclutarse no poco militantes anarquistas.
Existiendo una presencia ácrata en
Buenos Aires desde la década de 1870 y habiendo llegado tanta
inmigración europea a Rosario desde mediados del siglo XIX no es
aventurado pensar que, por lo menos, ya en la década de 1880 hubo
algún tipo de actividad anarquista en esta ciudad del sur
santafesino. Referencias literarias a estas actividades se pueden
encontrar en un cuento de Alberto Campazas titulado "Venancio
borracho", donde se habla de un obrero español
bakuninista que durante los años ’70 del siglo pasado trabajó en
la construcción del ramal ferroviario Rosario-Cañada de Gómez y
trató de organizar sindicalmente a los obreros que participaban en
aquella empresa. Lo cierto es que en la última década del siglo
pasado aparecen en Rosario una importante cantidad de grupos de
propaganda anarquista, se editarán periódicos y folletos, se
efectuarán variadas actividades culturales y se observarán intentos
de orientar al movimiento obrero hacia finalidades libertarias, que
cristalizarán con el surgimiento de la FEDERACIÓN OBRERA LOCAL, que
hacia 1896 editará el periódico LA FEDERACIÓN OBRERA. Respecto de la
participación en las sociedades obreras se registró una dura
polémica entre dos tendencias anarquistas denominada una
"organizadora" y la otra "antiorganizadora" o "individualista". Los
primeros eran partidarios de la actividad gremial en la medida que
no se renunciara a los objetivos libertarios, mientras que los
segundos se oponían a la misma, pues definían a esas sociedades como
reformistas y autoritarias, y por ende contrarias a los principios
ácratas. La preeminencia lograda por los organizadores dentro del
anarquismo local en los últimos años de la década de 1890 definió el
pleito a su favor. A partir de entonces, y con la creación de la
FEDERACIÓN OBRERA ARGENTINA (F.O.A.), luego FEDERACIÓN OBRERA
REGIONAL ARGENTINA (F.O.R.A.), se irá delineando el sindicalismo de
orientación comunista-anárquica. De esa manera, los sindicatos
impulsados por los libertarios se convertirán en la organización
privilegiada dentro del movimiento, desplazando de ese lugar a los
grupos de afinidad o grupos específicos de propaganda
El hecho de que Rosario ocupara un
sitio de primer orden en cuanto a la magnitud y radicalización de
las luchas sociales no parece ajeno a la hegemonía alcanzada por el
anarquismo dentro del movimiento obrero local, pues los anarquistas
trataban de obtener el máximo de las concesiones en cada conflicto y
aspiraban a convertir la huelga general en la antesala de la
revolución social por ellos preconizada. Para visualizar como se fue
dando esta preeminencia resulta imprescindible estudiar los medios
que se dieron los ácratas para llevar adelante sus propósitos,
difundiendo las propuestas libertarias, promoviendo la organización
de los trabajadores y oprimidos en general, canalizando sus demandas
de mejora social y ofreciéndoles actividades para el tiempo libre.
En suma, debemos estudiar la manera en que estas organizaciones se
adecuaron a las necesidades de una gran parte de los trabajadores.
El estudio del anarquismo rosarino
es de gran valor tanto para una mejor comprensión del anarquismo
argentino como para la del temprano movimiento obrero de estas
latitudes. Por supuesto, una mejor comprensión de estos fenómenos
nos permite una más adecuada consideración de la sociedad rosarina y
argentina de la época.
A pesar de la importante
significación de estos temas para el conocimiento de la realidad
histórica local y nacional, no ha existido, hasta mediados de la
década de 1980, una gran preocupación por la historia social
rosarina y de los sectores trabajadores en particular. Existían
sí algunas obras relativas al movimiento obrero y a la clase
obrera argentinas que brindan algunos datos sobre la
organización obrera y la actividad anarquista en Rosario.
Tenemos así, por un lado, los trabajos clásicos sobre el
movimiento obrero argentino, escritos por Sebastián Marotta
(sindicalista), Diego Abad de Santillán (anarquista), Jacinto
Oddone (socialista), Martín Casaretto (socialista) y Rubens
Iscaro (comunista). Estos autores abordan la historia del
movimiento obrero argentino desde sus respectivas orientaciones
ideológicas. A esta bibliografía debemos agregar las
producciones bibliográficas más tardías de Alberto Belloni,
Julio Mafud, Hobart Spalding, Samuel Baily, Julio Godio, José
Panettieri, Jorge Solomonoff y otras más recientes de Ricardo
Falcón, Edgardo Bilsky, Antonio López, Leandro Gutiérrez y
Ricardo González. Varios de estos autores centran su interés en
la relación establecida entre los anarquistas y la organización
sindical. Por otro lado, se encuentran las obras dedicadas
específicamente a los anarquistas. En esta categoría figuran las
obras de Ernesto Gilimón, Enrique Nido, Diego Abad de Santillán,
Max Nettlau, Fernando Quesada (los cinco eran militantes
anarquistas), David Viñas, Hugo del Campo, Iaacov Oved, Gonzalo
Zaragoza y Dora Barrancos. Todas estas producciones, en mayor o
menor medida, privilegian lo acontecido en Buenos Aires, el
resto del país actúa como telón de fondo.
Hasta los últimos años, como
decíamos, existían muy pocos escritos referidos a la historia de
los trabajadores rosarinos. Los pioneros en estos estudios han
sido Daniel Maquirrian, Roberto Marrone y Plácido Grela.
Afortunadamente, desde 1984 se ha registrado un mayor interés
por este tema. Han salido a la luz, de esa forma, una serie de
investigaciones. Un trabajo dirigido por Ofelia Pianetto trata
acerca de las condiciones de la vida obrera y de la formación
del movimiento obrero en Rosario. Debido a su carácter general,
esta obra vale más por su índole pionera que por las precisiones
aportadas. Diego Armus y Jorge Hardoy se han dedicado al estudio
de las condiciones de vida de los sectores populares locales
hacia fines del siglo XIX y principios del presente.
Además, un conjunto de
investigaciones específicas se están llevando a cabo por jóvenes
historiadores locales de la Universidad Nacional de Rosario.
Ricardo Falcón, Alicia Megías, Alejandra Monserrat, Agustina
Prieto, Maricel Bertolo, Adrin Ascolani, por ejemplo, han
elaborado trabajos referidos a los intentos estatales por
disciplinar y moralizar a los sectores populares rosarinos, a
las condiciones de vida de los mismos y a las actividades de
anarquistas, socialistas y sindicalistas en el lapso comprendido
entre las postrimerías del siglo XIX y las primeras décadas del
XX
Una característica relevante
de la producción bibliográfica sobre el anarquismo argentino es
la concentración de los estudios en torno al papel desempeñado
por los ácratas en el ámbito sindical, relegando a un lugar
secundario otras cuestiones esenciales en la práctica de los
libertarios, a saber : la educación libertaria, la literatura
creada por los escritores anarquistas (Alberto Ghiraldo,
Alejandro Sux, Florencio Sánchez, Félix Basterra, Antonio De
Carlo, etc), diversas manifestaciones artísticas (cuadros filo
dramáticos, coros, payadores libertarios, tangos sociales) y
recreativas (veladas, picnics), los centros de estudios
sociales, bibliotecas y Casas del Pueblo, la propaganda oral y
escrita desarrollada por los grupos de afinidad, con la
consecuente proliferación de periódicos, folletos, libros,
manifiestos, ensayos cooperativos e intentos de establecer
comunidades libertarias (como la experiencia frustrada de
Macedonio Fernández y el padre de Borges en Paraguay). También
permanecen en un segundo plano o directamente no son tratadas
cuestiones claves en el discurso y la práctica anarquista, como
ser el papel de la mujer (tanto a nivel de su participación en
el movimiento anarquista, como la imagen y las propuestas que
tenían los anarquistas respecto de ellas), el internacionalismo,
el antimilitarismo, el pacifismo, la cuestión religiosa (más
allá de la prédica anticlerical y atea, subyacen en la ideología
ácrata una serie de elementos frecuentemente asociados a ciertas
cosmovisiones religiosas, como ser creencias escatológicas,
mesiánicas y apocalípticas), el tratamiento de la cuestión
indígena y de los "salvajes" en general, las consideraciones
naturistas y eugenésicas, la defensa de una lengua internacional
(por ejemplo, el Esperanto). Además, sería necesario profundizar
el análisis de las diferentes concepciones sobre los medios y
los fines presentes en el movimiento anarquista local, tanto a
nivel sincrónico como diacrónico. Diego Abad de Santilln rescató
en sus obras la importancia de algunas de estas cuestiones y lo
mismo podemos decir de las memorias redactadas por Miguel
González, Laureano Riera Díaz y Juana Rouco Buela y de las
extensas cartas que a modo de memorias durante varios años José
Fernández remitiera a quien escribe estas líneas. En estos
últimos años, además, Dora Barrancos, Mabel Bellucci, Jean
Andreu, Mauricce Fraysse, Eva Golluscio de Montoya y Hernán Diaz
han dedicado valiosas investigaciones acerca de algunas de las
cuestiones mencionadas.
Otra cuestión a tener en
cuenta es la importancia que tuvieron los crotos o linyeras en
la propagación del anarquismo, sobre todo a partir de fines de
la segunda década del presente siglo y hasta principios de los
años ’30. Estos trotamundos que usaban sus piernas y los vagones
del ferrocarril a modo de alas, son los protagonistas de varios
artículos de Hugo Nario y Alicia Maguid y de sendos libros de
dos ex crotos : Beppo Ghezzi y Angel Borda. Referencias acerca
de ellos también hallamos en los recuerdos de viejos
libertarios, como los ya citados José Fernández y Miguel
González. Mucho queda por estudiar para precisar la incidencia
de los crotos libertarios en el surgimiento de sindicatos
rurales o de pequeñas poblaciones, en el establecimiento de
bibliotecas obreras, en la organización de huelgas en los
pueblos y en el campo, en la circulación de las ideas
anarquistas.
Sin lugar a dudas la figura de
Hugo Woollands se destaca en este camino de acero, merced a su
temple y actividad continua. La misma va a ser registrada en un
pequeño diario. “Recuerdos de un militante anarquista”, libro
286 páginas, es un sintético relato de la intensa vida del
idealista que unió, en prolija catarata, lirismo, vertientes
sindicales, políticas, sociales y culturales sin ningún tipo de
claudicaciones. En el comienzo un párrafo dice: ”Saludo al
compañero Croto, trashumante, jinete consumado de los cargueros
que recorrían la república llevando folletos anarquistas en el
mono y sueños de redención en el alma.”
Hijo de Luis Woollands,
seudónimo Juan Crusao autor de la célebre “Carta Gaucha “, obra de reacción valiente ante la injusticia, nació en Mar del
Plata por 1918, a los 10 años fue peón de chacra. A temprana
edad conoció militancias, trotamundos y destinos inquietos, a
veces promovidos u obligados por actitudes policíacas. Su
padre, no lo inscribió en el registro civil, creyó que se
estaba en los albores de una nueva vida en libertad y justicia.
En uno de los irracionales allanamientos a su casa, del pueblo
de 25 de Mayo, con 13 años y su hermano 15 fueron esposados y
llevados presos hasta otra ciudad. Así comenzó a conocer el
lado tenebroso del poder político. Dos años mas tarde,
radicado con su familia en Tandil, trabajó en mudanzas, venta
ambulante y en una panadería. Luego siguieron aventuradas
juntadas de maíz por norte de las provincia de Buenos Aires y
Santa Fe, partidas y regresos en trenes de carga acompañado
ocasionalmente por los célebres “Bepo” Ghezzi y Mario Penone,
hoy desaparecidos, pero afortunadamente rescatados en la
laureada película “Que vivan los Crotos” de Ana Poliak. Allí
en una de sus acotaciones dice: “Los Crotos no se sometían a la
bajeza y humillación de ir a solicitar una limosna de puerta en
puerta”.
Una de sus memorables
travesías en trenes, la realizó a bordo de vagones mixtos de Hunter a Buenos Aires, luego en el techo de un carguero,
templándose en el nocturno frío de agosto, envuelto solamente
en un poncho y con un simple ”mono” como equipaje: Temperley,
Dolores, Maipú, Ayacucho y Tandil. Su natural lirismo, oculto
en un manto de modestia lo volcó a la simpleza de la realidad.
Le escuchamos entre otras obras su “Canto a la alpargata” :
Alpargata, modesta, humilde, humildísima alpargata/ voy a
cantarte aunque no soy poeta ni se hacer versos/ Si habrás
andado, alpargata, ceñida a las patas malolientes de los
criollos que se bajaban del caballo, solamente para dormir/ Si
habrás andado abrazada a los pies de Crotos caminadores, de
aquellos, que llevaban folletos Anarquistas en el “mono” y
sueños de redención en el alma.
Volvió a Mar del Plata en
noviembre de 1939, para quedarse definitivamente. Inmediatamente
se vincula a la Casa del Pueblo y Biblioteca Juventud Moderna.
Despliega profusa actividad sindicalista y de actor en un
conjunto filo dramático. Esta inquietud la mantiene
persistentemente y no resulta extraño que en 1971, coincidiendo
con los esfuerzos de construcción del teatro Diagonal, garantizó
en anonimato, con su peculio particular la deuda contraída,
acompañado por otros militantes entre los que se contaba Rubén
García. Posteriormente, con la dirección de Domingo Agüero
representó un destacado papel en la obra de Thorton Wilder
“Nuestro Pueblo”, que se ofreció en dicha sala, hoy
paradójicamente ocupada por un grupo religioso.
El protagonismo obrero, le
encontró en la esfera de la labor constante, sin que por ello
descuidara su hogar y lo referente a la tarea de fomento
barrial. Aportó un caudal interminable de docencia y conceptos
cooperativos, principios que quedaron en su zona, como realidad
de invalorables obras públicas. Su espíritu de lucha lo situó en
el seno de la Federación de Cooperadoras y Proveedurías
Escolares, Acueducto Sur, Sala de primeros auxilios, Biblioteca
Juventud Moderna, F.L.A y Casa del Pueblo adherida a la F.O.R.A.
Al realizarse 1996 la Primer
Cumbre de Crotos, bajo el lema Libertad Derecho supremo del
hombre, "Don Héctor" disertó sobre el tema "Libres y Crotos"
como colofón de su charla afirmó "El Croto, de hondo sentido
solidario es libre por vocación, ha aprendido la profesión de
hombre plenamente, ayudado por las circunstancias y auxiliado
por las necesidades. La madre naturaleza le ha indicado la
manera de vivir y los secretos de la vida, para que pueda
sobrevivir y no carecer de las cosas más elementales". En julio
de 1997 en un reportaje dijo: " Si me tocara repetir la vida
haría lo mismo", ... 48 horas mas tarde al inicio de un acto
cultural, asistimos impotentes a la realidad de la detención de
su inmenso corazón libertario.-
Angel Somoza nos cuenta de sus viajes por el país. El conforma
la primera etapa de formador de acólitos. Los crotos que
siguieron, en general, y debido a las grandes persecuciones no
contaban con un bagaje teórico importante y sólo tomaban algunos
elementos aislados de la práctica nómada. Aquí tenemos un
pequeño testimonio:
"Iba y venía, subía y
bajaba, paraba en un sitio, estaba dos o tres días, tomaba otro
carguero, elegía una chata abierta cuando había sol y hacía frío
y me echaba en el fondo, pasaba de un ramal a otro, si había
pique en la arpillera o en alguna chacra y me gustaba el sitio
me quedaba más tiempo, pero si una mañana alumbraba linda o
escuchaba el pito de algún tren, pedía las cuentas, cargaba el
mono y otra vez salía en busca de la estación mas próxima y
subía al primer carguero que pasara para cualquier parte. Yo era
con mi libertad como un chico con un juguete nuevo".
"Mi casa tiene catorce
kilómetros de ancho por 47.000 de largo. Y la ventaja principal
es que el dueño está en Inglaterra. Así que no me cobra
alquiler".
"El perro era el enemigo
del croto. Había que esperar la noche. Como el perro se pasaba
todo el día corriendo, persiguiendo alimañas, cuando caía
dormido no lo despertaba nadie. Pero eso sí: el momento era el
primer sueño, el más pesado. A eso de las once de la noche,
cuando toda la familia dormía, y el perro también, uno se metía
en el gallinero y se llevaba una curva".
Uno de los desafíos de la
investigación que me he propuesto es armar con el material
recogido, basado en miles de testimonios orales y escritos, un
pequeño glosario croto-libertario y un manual de apuntes con
instrumentos ideológicos que utilizaban en su prédica.
Como muy breve muestra
presento el siguiente material:
Glosario croto
Bagayera.
Bolsa pequeña en la que se lleva el bandolión, algún plato,
cuchara, jarro, yerba y comestibles mínimos.
Bandolión.
Lata de aceite, cuadrada, de 5 o 10 litros, que se corta de lado
y sirve para cocinar.
Bullone fato.
Asunto terminado.
Catango.
Empleado de estación ferroviaria. Gusano que vive debajo de la
bosta.
Cerdo.
Chacarero rico.
Changa solidaria.
Donación de uno o dos días de trabajo de los ocupados en
cosechas u otras actividades, a los recién llegados que carecen
de posibilidades de colocación. Una versión reducida fue "el
barato": la donación de una o dos horas de trabajo.
Chapón.
Pederasta.
Croto.
Linyera, caminante, hombre que va andando.
Culo largo.
Puestero de estancia o peón mensual de a caballo.
Curva.
Gallina.
Dar el te.
Dar una paliza; dar un castigo que puede terminar en la muerte.
Engrasar los rieles.
Morir bajo las ruedas del tren. También: "Engrasar las vías".
Hacer la Católica.
Pedir de puerta en puerta. También: "Batir la Católica" o
"Isabel la Católica".
Hacer una farmacia.
Robar en una cocina. Hacer galopiar la pera. Comer demasiado
rápido.
Hacer mate italiano.
Calentarse el trasero cerca del fuego.
Juan Figura.
Vigilante, policía. Las Tres Marías. Pan, carne y yerba.
Maranfio.
Puchero, cocido.
Mono.
Atado de ropa que se arma descosiendo las costuras de una bolsa
de trigo o con un trozo de lienzo. Se coloca la ropa en diagonal
(para que no se arrugue); se atan las puntas del cuadrado que
quedan en la diagonal opuesta a la ropa y luego las dos puntas
restantes. Y se cuelga al hombro.
Pasado de mono.
Loco, chiflado.
Pedernera.
Borracho.
Pique.
Trabajo.
Porcacha.
Mujer joven de las chacras.
Porcachona.
La esposa del chacarero.
Ranchada.
Lugar donde se pernocta al raso; por extensión, todo lugar en
donde se acampe alrededor de un fogón.
Tartago.
Mate. "Vamos a tomar unos tartagos." También "verdes".
Trabajar el cerdo.
Robarle a un chacarero rico.
Viada.
Lapso que transcurre en la vida de un croto; la vida en las
vías.¤
Manual de consideraciones
ideológicas
Del trabajo y la educación:
“Las ganas de trabajar no
pueden ser nada más que el efecto de un largo desarrollo físico,
intelectual y moral del trabajador. El trabajo, el trabajo
auténtico, el que produce la riqueza y es fuente de la ciencia,
tiene mucha necesidad de regularidad, de perseverancia y de
sacrificio para poder ser amigo durante mucho tiempo de la
pasión transitoria, por naturaleza inconstante y desordenada”.
“Todas las acciones, los
movimientos, los pensamientos, los productos humanos tienen este
carácter artístico; pero dicho arte nos lo dice la práctica de
las cosas, lo desarrolla el trabajo: sucede que cuanto la
habilidad del hombre se acerca más al ideal, tanto más él se
levanta por encima de los sentidos. Lo que constituye el
atractivo y la dignidad del trabajo es el poder de crear gracias
al pensamiento, de liberarse de la mecanicidad, de superar la
materia. Esta tendencia, débil en el niño demasiado inmerso en
la vida sensitiva, más acentuada en el joven orgulloso de su
fuerza y habilidad, pero sensible ya a los valores del
espíritu, se refuerza con la madurez. ¿Quién no ha encontrado a
algunos de esos obreros que han llegado a ser artistas de forma
espontánea por larga asiduidad en el trabajo, para los que la
perfección de la obra es una necesidad tan imperiosa como la
subsistencia, que descubren en una especialidad aparentemente
mezquina, perspectivas brillantes”.
“La filosofía y la ciencia
nacen de la espontaneidad de los hombres… La idea con sus
categorías, nace de la acción y a ella debe volver, so pena del
decaimiento del que acciona. Y, ya que la acción es sobre todo
trabajo, el problema del origen del trabajo está unido al origen
de la ciencia. La idea se reconoce contemplándose en su obra”.
“Como en la antigüedad la
iniciación a la belleza nacía de la divinidad, así en un futuro
lejano la belleza saldrá como obra del trabajador, auténtico
asceta y artista, y pedirá a las innumerables formas de la
producción su expresión siempre nueva y siempre verdadera.
Entonces por fin el Logos se demostrará y la humanidad
trabajadora, más bella y libre que con los antiguos griegos, sin
nobles y esclavos, ni magistrados ni sacerdotes, formará sobre
la tierra cultivada una familia de héroes, de sabios y de
artistas”.
“Hay que levantar la condición
del obrero, empezando por levantar su valor por medio de la
instrucción: fuera de esto no hay solución…Que los trabajadores
lo den por enunciado”
“El aprendizaje es para
nosotros la instrucción pública; la autoridad que debe presidir
al mismo es la universidad que no se limite solamente a cuatro o
cinco facultades sino que incluya en su amplio ámbito ciencias,
arte, industrias, agricultura, comercio, trabajos públicos,
ejército, economía, política, destino del género humano: desde
los elementos del pensamiento hasta las últimas profundidades de
la inteligencia. El derecho del aprendiz es conocer todo, ver
todo, experimentar todo; su deber es el de realizar alegre y
valientemente todas las fatigas impuestas por las necesidades de
la sociedad y por el servicio interior de la fábrica. Este es el
deber del aprendiz y la ley de la igualdad”.
“Fuerza del cuerpo, destreza
de la mano, prontitud del espíritu, potencia de la idea, orgullo
por las dificultades superadas, por la naturaleza sojuzgada, por
el saber adquirido, por la independencia asegurada, por la
comunión alcanzada con el género humano, por la participación
solitaria al bienestar colectivo”.
Es necesario un período de
selección de la totalidad de registros con que se cuenta para
encarar, entonces la redacción de al menos dos volúmenes que
recuperen la magna tarea de estos trashumantes, generalmente
reconocidos por los estudios oficiales como marginales o pseudo
héroes románticos. Este proceso de desideologización es muy
funcional a la tarea académica dominante.
De lo expuesto se deduce que,
a pesar de los progresos realizados en los últimos tiempos, es
necesario profundizar las investigaciones realizadas y
extenderlas hacia áreas temáticas y geográficas no
suficientemente exploradas.
No podemos concluir estas
consideraciones sin hacer mención a las fuentes. Dos problema
fundamentales se presentan a los investigadores del temprano
movimiento obrero y anarquismo rosarino o argentino en general :
a) la pérdida de una gran cantidad de diversos testimonios
escritos elaborados por las organizaciones que los conformaban y
b) la dispersión y mal estado de la documentación restante.
No obstante, el recurso a otro
tipo de documentación (diarios o publicaciones de carácter
general, registros estadísticos, memorias y cartas de antiguos
protagonistas) y la consulta de todo tipo de bibliografía que
pueda brindar algún dato, incluyendo obras de literatura, son
instrumentos de gran valía que nos permiten avanzar en la labor
heurística. Dentro de este conjunto debe brindarse especial
atención a los trabajos ligados a la historia rosarina y
Argentina.
Otro recurso lo constituye la
consulta de publicaciones obreras elaboradas en países cuyos
movimientos laborales estaban estrechamente vinculados ,
básicamente por cuestiones migratorias o por vecindad
geográfica, con el argentino. Entre ellos sobresalen España,
Italia, Francia, Uruguay, Chile y Brasil. Además, dado el
carácter fuertemente internacionalista del anarquismo y, en
menor medida, del socialismo argentinos, no sería extraño hallar
referencias acerca de la situación local en publicaciones de
dichas tendencias esparcidas por otros sitios de América y
Europa.
La actividad de los crotos
libertarios se fue diluyendo cualitativa y cuantitativamente
desde fines de 1930. Si bien la concepción de libertad
experimentada por los trabajadores golondrinas siguió a lo largo
de por lo menos dos décadas relacionándola con el ideario
ácrata, esta percepción es errónea.
Pero sus interminables
esfuerzos, más allá de persecuciones y asesinatos, aún registran
productos culturales (en especial bibliotecas populares) en
muchos parajes del país.
El ejercicio de la memoria
para no negarlos una vez más es mi compromiso.
[1] BIALET
MASSÉ, Juan : El estado de las clases obreras argentinas a
comienzos del siglo XX, Córdoba, U.N.C., 1968, p.453.
Bibliografía
Benson, Eduardo. Papeles para
una historia del movimiento ácrata en sudamérica. Cuadernos del
Sur. Buenos Aires. Edición Labor. 1969
Costas, Enrique. El
racionalismo en Argentina. Buenos Aires. Ediciones Cántaro. 1986
Duarte, Mario. En busca del
pasado anarquista. Paraná. Ediciones del Copista. 1990
Rios, Carlos. Educación
libertaria. Salamanca. Ediciones Universitarias. 1996
Rios, Carlos. Teatro
libertario y su acción pedagógica. Salamanca. Ediciones del
huerto. 1995
Hilley, Edmundo. Banderas
negras. San Pablo. Editorial Libre pensamiento. 1985
Luizzeto, Favio. Cultura y
educación libertaria en el inicio del siglo XX en Educación y
sociedad. Nº 12, septiembre 1982. México D. F. Ediciones UNICAMP,
1982
Orton, Marcus. El teatro
libertario. Nueva York. Editorial Nuevos rumbos. 2001
Ponce, Julio. La escena
ácrata. Montevideo. Ediciones dos banderas. 1995
Stirner, Alberto. El orden
familiar. Córdoba. Ediciones del autor. 1882
PUBLICACIONES ACRATAS
CONSULTADAS
Dignidad obrera. 1898-1905.
Colección completa
El primero de mayo. 1904-1908.
Colección completa
Lucha proletaria. 1906-1923.
Colección completa.
Además deben consignarme las
entrevistas realizadas por el autor del ensayo a los crotos
libertarios Liborio Giménez, Claridad Aunchen, Baldomiro Ordóñez
y Justicia Herrero
Carlos
Ríos es
Doctor en historia con masteres en literatura y antropología
Vocabulario -
Avizora
Croto -
Carlos de la Torre
La palabra "croto" significa vago, atorrante, mal vestido, sucio
etc.- En tiempos que el Dr. José Camilo Crotto era intendente de
la ciudad de Buenos Aires, promulgó una ordenanza municipal que
castigaba con prisión menor a todo individuo que circulara por
las calles, con aspecto de los adjetivos citados.- Parece que
dentro del marco del lenguaje carcelario, al preguntársele a
algún individuo que purgaba prisión por tales problemas, porque
estaba preso, contestaba simplemente:" por Crotto".- Lo demás es
obvio. - Gracias: Abraham Steel
Si bien "croto" proviene del
apellido "Crotto", siendo este no intendente de la ciudad de
Buenos Aires, sino Gobernador de la Provincia homónima, decretó
una ley no persiguiendo a los menesterosos. Por el contrario, el
Decreto Nº 3 del 7 de enero de 1920 permitía a los trabajadores
rurales, llamados "peones golondrinas", viajar gratis en los
vagones de carga vacíos, para trasladarse a las diferentes
localidades donde presumían poder hallar conchabo transitorio
(trabajo en el campo o doméstico). En un principio se les
llamaba "los hombres de Crotto" y más luego simplemente "Croto".
Con el tiempo se deformó el termino haciéndose extensivo a
personas menesterosas.
Etimologías
Ácrata
El término ácrata designa a aquél que no se somete a
ninguna autoridad, es decir al que de alguna manera es
partidario de la acracia (Del griego no-violencia,
no-ejercicio de la fuerza) y la practica. El término es
amplio e incluye personas radicales con doctrinas que, a pesar
de tener varias similitudes y estar relacionadas en ciertos
aspectos, difieren en su perspectiva inicial y en sus conceptos
elementales.