0804 - A diferencia de los centros portuarios del país que
fueron objeto de un explosivo crecimiento demográfico, determinado
por la inmigración, la provincia de Córdoba, como otras
mediterráneas, sufrieron este fenómeno pero en virtud de un proceso
paulatino aunque seguro. En 1882 aparecía una obra teatral de
Alberto Stirner, inmigrante alemán, afincado en las cercanías de
Villa Allende. Comedia en dos actos que bajo el título de “El orden
familiar” nos entregaba una pincelada de la sociedad de la época.
Allí en su escena segunda, Alberto, criado de la hacienda decía a su
patrón: “Así están las cosas señor; para algunos la opulencia y la
holgazanería y para otros la agitación.” A esto respondía el
interlocutor: “Me parece adivinar en tus palabras demasiada
tendencia al razonamiento y sobre todo a quejarte de tu suerte”.
Este lejano antecedente encuentra marco orgánico en la última década
del siglo XIX, cuando comienzan a estructurarse los gremios locales
en torno a la seccional de Obreros Tipógrafos de la capital
provincial. En un periódico de efímera vida perteneciente al círculo
ácrata “La antorcha”, aparece una pequeña pieza dramática que
culminaba en el siguiente monólogo rimado: “Amemos la lucha
compañeros/luchemos que la lucha regenera/la vida de su cauce
verdadero/se aparta si el dolor no impera.”
Un hecho será fundamental para el desarrollo de las
ideas anarquistas en la región. Dos maestros racionalistas catalanes
Puyalt y Montalvet fundaron el círculo “Los forjadores del Ideal” y
dos años más tarde, en 1898, la primera escuela libertaria, en el
barrio popular de Alberdi. Estos pioneros, seguidores de la posición
pedagógica del teórico europeo Malato esbozaron un programa que hoy
podemos reconstruir. Proponían desarrollar la institución de la
siguiente manera:
“1º grado. 1ª. Sección : rudimentos de lectura y
escritura, deletrear y silabear, paleografía de las primeras letras;
primeras nociones de escritura. 2ª . Sección : las mismas
asignaturas en más adelanto.
2º grado. 1ª Sección: lectura corriente, lectura
sencilla. Aritmética: rudimentos. Gramática: rudimentos. Principios
de dibujo. 2ª Sección: lecturas varias (manuscritas). Escritura
(ensayos de dictado). Aritmética, sistema decimal. Gramática en
grado intermedio. Creación de cuadros filo dramáticos. Normas de
ensayo y construcción de piezas dramáticas y de declamación y
oratoria. Dibujo lineal. Talleres de carpintería y elementos
escénicos.
3ª y 4ª grados: lectura corriente y manuscrita.
Caligrafía. Aritmética, sistema decimal y ecuaciones simples.
Geometría, dibujo lineal de adorno, de figuras y cuerpos (en copia y
moderna). Nociones generales de geología, astronomía, química y
física. Sociología, trato social, historia, geografía. Política y
economía.
Mañana y tarde. Matrícula por mes adelantado $1 para
1º y 2º grados y de $ 2 para 3º y 4º.”
Esta propuesta es bastante ilustrativa del
pensamiento contestatario inicial sobre el currículo escolar; una
suerte de satisfacción de requerimientos destinados a introducir en
la formación infantil cuestionamientos al orden imperante. Sin duda,
materias como sociología ( es difícil entrever qué objetivos
procuraba la cuestión “trato social” ), economía y política eran
absolutamente osadas, reservadas con exclusividad para el escenario
de las vanguardias. A pesar de los innumerables problemas que tuvo
este establecimiento para desarrollar su tarea debido a las
múltiples provocaciones de la burguesía regional el taller de
producción dramática dejó algunos monólogos que Julio Chaves,
miembro del mismo hoy desempolva para nosotros: “Yo tenía catorce
años y trabajaba en un horno de ladrillos quince horas diarias. Los
patrones nos explotaban con todo. Para colmo los sectores de la
construcción eran muy fuertes y tenían banca en el gobierno. De
hecho muchos funcionarios les obedecían ciegamente. Sólo la
empecinada voluntad del hombre organizado sindicalmente y el fervor
idealista de luchadores por la justicia social logró abrir una
brecha en la blindada coraza de los explotadores y la idea de la
organización penetró como un fresco mensaje para los peones y los
trabajadores de acarreo . Aún en las mujeres contratadas para que
con su miserable oficio de prostitutas hicieran olvidar a los
esclavos de sus negras horas de tortura laboral y miseria, a la vez
que servían de cebo-carnada para que la bebida, el juego y las riñas
fueran el obligado espectáculo que diera salida a resentimientos y
rivalidades. De esta manera se evitaba el acuerdo de los que sufrían
esas condiciones bestiales de trabajo y de vida. Yo, que era
bastante caradura y me gustaba declamar integré varios cuadros filo
dramáticos y organicé bibliotecas populares, todas destruidas por el
odio patronal”.
Hemos hallado en registros de la escuela “Negras
banderas” la disponibilidad de obras de Gorki, Hauptmann y Suderman,
junto con múltiples citas de piezas de elaboración propia con
indicación de producción colectiva bajo seudónimo. Algunas de las
funciones fueron anunciadas y publicitadas desde las páginas de la
prensa ácrata, lo que aseguraba la crítica periodística del
espectáculo y estimulaba ciertos estilos escénicos. Apreciamos un
especial apego por el monólogo. Este papel de privilegio está
claramente explicado porque retiene con facilidad la atención del
público, en muchos casos semianalfabetos o analfabetos funcionales,
y genera la fuerza didáctica de lo que se muestra o expresa.
Empleaban una fraseología cercana a la arenga y permitía presentar
causas, denunciar, exponer y convencer, resaltándose el valor
pragmático de la palabra pronunciada desde un tablado. Los monólogos
observados cumplen con las leyes típicas de este teatro de acción: -
la repetición de fraseología, temas, enseñanzas o de la presencia de
un personaje esclarecido y esclarecedor encargado de dar una lógica
interna proselitista. La originalidad no es buscada, pues la
insistencia del discurso es la que garantiza la eficacia
publicitaria del mensaje, la economía que permita erradicar del
texto lo innecesario o inalcanzable para la puesta en escena. Se
utiliza la condensación y la simplificación como maniobras útiles
que permiten racionalizar la cantidad de personajes y los signos
escénicos. Una muestra de estos monólogos construido en torno de la
dialéctica explicaciones – (a través de las cuales se informa e
ilustra al público – testigo de los horrores padecidos por el
proletariado y el origen de los mismos) – preguntas (interrogaciones
que el personaje esclarecido dirige al destinatario interno del
texto en quien se proyecta el público), es “Lucha sin tregua”,
aparecido en el número 3 del periódico “Brecha obrera” del día 5 de
mayo de 1905. En él el autor hizo decir a su personaje concientizado:
“Es urgente/que la clase dirigente/retroceda en su demencia/de ser
del pueblo tutora/pues lo tiene uncido al yugo de su ambición y su
jugo/el trabajo le devora/.¡Pobre pueblo!/El labra tierra/caminos,
minas y tosqueras/da vida a las quebraderas/muere por Córdoba en la
guerra. Es avaro de la gloria/de la libertad que engrandece/y tan
solo ser merece/héroe anónimo de la historia. Se le engaña y se le
explota/con un cinismo sin nombre/y en vez de darle renombre/se le
trata como a ilota. ¡Inhumanos no agradecen/nada el rico ni el
gobierno!. Por el contrario, en eterno/desprecio vil lo
escarnecen!”.
En la primera década del siglo numerosos círculos y
centros libertarios florecieron en la capital mediterránea y en
numerosas localidades de la pampa cordobesa. El cuadro filo
dramático “Ciencia y progreso” estrenó el 1º de mayo de 1910 la obra
“Extraña traición”. En ella queda expuesta la lucha de los obreros
del gremio alimenticio que abogan por la reducción de la jornada de
trabajo y por la reglamentación de la labor de los niños, mujeres y
ancianos. Alberto líder de la insurrección debe organizar a la masa
ignorante, adoctrinarla y coordinar con el resto de los sindicatos
el boicot y huelga general. Su joven mujer Paula trabaja en la casa
de los patrones como doméstica y por momentos parece defeccionar.
Alberto, junto a Soto, linotipista, redactan libelos, preparan
reuniones y jornadas de acción directa. Asimismo logran la adhesión
de Don Goyo, hombre respetado de la campaña que resueltamente
incorpórase a la causa. La policía reforzada por elementos de la
Liga Patriótica local reprimen el movimiento matando en una
emboscada a Don Goyo e hiriendo de gravedad al propio Alberto. Al
enterarse de lo acontecido, Paula comprende el sentido último de la
confrontación y se suma a las improvisadas trincheras donde es
“sableada” por un cosaco. Soto, ahora líder del estallido obrero,
intenta convencer a los renuentes a continuar el paro. Los
rompehuelgas habían comenzado su accionar disgregador.
-
SOTO: Sé lo que es el hambre, ese
hambre que se mitiga con el mendrugo de pan que los potentados
niegan a los miserables, ese mendrugo que tanto nos cuesta para
ganarlo cuando empuñamos la herramienta y que los amos, no contentos
con explotarnos en el trabajo, cuando sentimos en nuestros corazones
las ideas de la liberación nos niegan el derecho de ganarlos con
nuestros esfuerzos. Pero, tú, no debes desesperar; todos los
compañeros están dispuestos a ir a la huelga para obligar a la
administración que te restituya en tu trabajo.
-
HÉCTOR.: (un rompehuelgas, enmascarado
como obrero). Muchos han aprobado continuar la huelga pero pocos lo
cumplirán. El movimiento fracasará con el sacrificio de unos pocos.
Aún cuando todos fuesen a la huelga, llevarían posibilidades de
perder. Los trabajadores tenemos el deber de fijarnos en las
consecuencias. La huelga es un arma de dos filos que bien puede
herir a los capitalistas como a nosotros mismos. Cuidemos siempre
que no nos hiera a nosotros y que nos sirva para asestar golpes
mortales al capitalismo. (Acto I, cuadro III, escena IV).
La obra finaliza con el pueblo resistiendo y con un
monólogo vibrante de Soto.
- SOTO: “¡Compañeros!. No desmayéis. El yugo burgués
será aplastado y de nuestra sangre vertida brotarán retoños de
libertad. La huelga general es nuestra herramienta. Rumian los
patrones sabedores de su derrota. No abandonemos la esperanza y
construyamos un mundo sin dolor, explotación ni odio”. (Acto II,
cuadro V, escena III).
En cuanto a la estructura superficial podemos
encontrar elementos clásicos de un teatro didáctico simple. En
relación con lo expuesto con respecto a los artificios observamos el
encuentro personal, la extraescena realista, la coincidencia
abusiva, la causalidad lógico-temporal y los niveles de prehistoria
en el principio. Con referencia al sistema de personajes aparecen el
esclarecido activo, Alberto y el pasivo, Soto. Héctor, falso obrero
enviado para quebrar la huelga oficia como personaje negativo. El
entrega los datos que permiten asesinar al personaje positivo,
clarificador, embrague. Y sin hesitar el personaje al que se intenta
convencer es el proletariado local.
La estructura profunda nos entrega a Alberto
Muñoz como Sujeto y a la organización de la resistencia
proletaria para obtener reivindicaciones sociales concretas como
Objeto. Como oponentes actúan Héctor, la policía del lugar, los
miembros de la Liga Patriótica, el clero, los patrones y el
orden injusto. El destinatario es el proletariado y a través de
él la concientización de la humanidad toda, mientras que el
destinador es el tejido social injusto. Alberto no alcanza su
objetivo al ser herido de muerte pero Soto, investido como líder
continúa la lucha. La aparición del hijo menor de Soto, Javier,
apenas un niño, simboliza la esperanza. Este artilugio es una de
la características comunes de todas las piezas ácratas.
En las formaciones discursivas aparecen dos ejes:
el social – libertario, que representa Alberto, Soto y Don Goyo
y el proletariado cordobés en orden de jerarquía.
Antagónicamente se introduce el discurso oficialista, expresado
en los bandos oficiales , la prensa burguesa, los jefes
policiales y la patronal.
Héctor, que oscila entre ambos no puede
encuadrarse en ninguno de los dos ejes y queda sin voz. Un
ejemplo claro del discurso oficial es que la pieza refleja en el
acto II, cuadro IV, escena V, cuando Soto lee las noticias
desarrolladas por el diario conservador “La voz del interior”,
que como vocero de la reacción comenta: “Esas bestias cuasi
humanas, llevadas de la nariz por panfletarios energúmenos,
fracasarán en su intento asesino por destruir el orden y la
propiedad. Los elementos sanos de la población pronto
controlarán junto a nuestra valiente policía los arrebatos de la
chusma”.
El discurso de las capas bajas de las fuerzas de
seguridad del lugar puede ejemplificarse con este párrafo
correspondiente al acto I, cuadro II, escena V. Un cabo grita:
“¡ A lonjazos, quiero la cabeza de estos cabrones! ¡Vamos! Que
son pura cabeza como ternero de pobre”.
En relación con el discurso de Alberto podemos
agregar que una vez herido mortalmente Soto conviértese en el
personaje embrague, trocando de una actitud secundaria a un
accionar de liderazgo. En un momento reflexiona: “ Desear el
combate en cerros y senderos/ no dudar ante el golpe artero/
nuestra existencia en búsqueda de lo verdadero/ se consuma si
abandona al compañero”. Finalmente consideramos al idiolecto
cordobés inmerso en el discurso de la masa proletaria
libertaria. “Está dura la cosa. Pero no puede ser que a mí nomás
se me llueve el rancho”.
En otro tramo un obrero dice: “Mirálo al Héctor
y Hasta luego dijo Pérez y no volvió nunca”. (Acto III, cuadro
IV, escena I).
La segunda década del siglo trajo consigo un
importante crecimiento en el número y la actividad de los
centros libertarios de la provincia. En 1925 contaban cerca de
ciento veinte grupos con una integración aceitada con la red
Buenos Aires – Santiago de Chile, que les permitía extenderse
hacia el NO siguiendo el tendido de las vías férreas. Estos
núcleos produjeron, imprimieron y difundieron folletos, libros,
obras de teatro, cancioneros e impulsaron la fundación de
escuelas racionalistas, centros de enseñanza independientes,
talleres libertarios, ateneos, bibliotecas, comunas libres,
círculos de estudios, universidades populares e inmigrantes con
el objetivo de promover una propaganda educadora.
En 1919 la Federación Obrera seccional Córdoba
apoyó el fortalecimiento de la organización gremial en todo el
tendido de la red ferroviaria, incluyendo la zona serrana. Ese
mismo año tenemos noticias de un cuadro filo dramático
denominado “La luz”, que actúa en numerosas jornadas libertarias
en centros y círculos ubicados en Traslasierra. Nos cuenta
Flavio Spezia: “Mi hermano José hizo experiencia teatral
integrándose como peón de playa a uno de los circos que
recorrían la provincia. Debo insistir que siempre le advertí la
necesidad de que nuestro sindicato apoyara las actividades
culturales. Yo mismo participé de los cuadros dramáticos y
valiéndome de mi fresca u excelente memoria aprendía la letra de
las piezas y comedias que el elenco circense daba en la segunda
parte de la función. Por tal motivo más de una vez, ya sea por
ausencia o enfermedad del titular subí junto a José al escenario
a reemplazarlo. Participé del grupo declamatorio “La agitación”,
del cual fui su primer director. Veníamos de una gran derrota
sindical luego de la huelga general de mayo y en base a los
compañeros que pudimos regresar después del “desparramo”
comenzamos la acción. La compañía estaba formada por José
Gelogich, Roberto García, Danilo Romero, Desiderio Murúa, Félix
Murúa, Pablo Acuña, Simón Arraigada, Lino Galbán, Orlando Herra,
Juan Dios, Juan Marizza, Abel Rodríguez y algún otro que se me
puede haber ido de la memoria. Las artistas del pueblo más
notorias fueron Clara Faíni, Adoración García, Argentina
Estévez, Joaquina de Jaime y Catalina Sommer. Nuestro repertorio
(aparte de varios “sketchs” cómicos de los que el más reidero
resultaba uno caricaturesco de ambiente local titulado “La paga
de don Sempronio”, que compusimos con Desiderio Murúa, donde el
papel más hilarante estaba a cargo de Danilo personificando a
una criolla vieja mandona y autoritaria) tenía como obras de
fondo debidamente ensayadas a “Las víboras” de Rodolfo González
Pacheco, a la comedia dramática “De frente” y al drama
antibélico de Rostand “El hombre que yo maté”. Este elenco
funcionó satisfactoriamente entre 1919 y 1925; después de ello
una nueva generación de sus componentes lo llevó a la inacción
definitiva”.
La provincia fue recorrida por los mensajeros o
acólitos, cuya función era la difusión de los principios social
– libertarios. En general se trataba de hombres jóvenes con una
elemental formación y locuacidad suficiente para convencer al
ocasional compañero de charla.
Un panfleto fechado en Villa Dolores el 8 de
marzo de 1920 reproduce una obra de títeres pensada para la
técnica de guante. En el soliloquio de rigor el protagonista
exclamaba: “Oh penas obreras/llanto de los niños
vapuleados/gritos callados de las mujeres vejadas/dispersas ante
el flamear de la ácrata bandera de la dignidad”. La labor de
estos primeros emisarios se complementaría en la década del
treinta con el infatigable trajinar de los crotos, verdaderos
trashumantes, que viajaban en vagones y chatas del ferrocarril,
con su atado al hombro. Recorrían innumerables parajes a veces
con el ánimo de hallar fugaces trabajos y a veces sólo por el
placer de vagabundear. Aquel mundo de los crotos estaba tejido
de silencios y discreciones. Gente con dolores callados y con
pasado inquietante compartían las viadas con hombres que se
automarginaban de una sociedad sorda a todo lo que no fuesen
valores materiales y con jóvenes ansiosos de mundo nuevo.
También iban a parar (o a andar ) seres atormentados por
problemas psicológicos, los pasados del mono (los que habían
enloquecido en la vía). Entre ellos deambulaban muchos , tal vez
la mayoría, para quienes estando cerradas las oportunidades
laborales en sus diminutos pueblos rurales de origen, sabían
buscarlas sin esperanza de arraigar al pie de trabajos estables.
Nadie preguntaba en semejante mundo por la historia del otro, ni
por las razones de su errabundia. Nadie trababa compañía con
otro, sino temporaria, apenas por algunas estaciones. La amistad
no exigía otra frecuentación que algún encuentro para “otra
vez”, en tal sitio, para un tiempo que fijarían el trabajo, el
clima o el azar. Tanta discreción había facilitado la
infiltración de los que dejaban otras cuentas pendientes con la
justicia. Pero también propiciaba el desplazamiento de los
propagandistas ideológicos que compartían con los crotos
permanentes la inmunidad derivada de su propia marginalidad. Por
eso muchos militantes libertarios eligieron la vida en la vía
para llegar por regiones impensadas su ideal libertario en
panfletos, folletos y libros, con cuyas ensoñaciones de
emancipación social encendían nuevo trasfoguero junto a la
ranchada de los crotos.
Ruben Stirk, croto ácrata recuerda : “El sitio preferido que yo
recuerde fue Santa Victoria, ferrocarril Pacífico, en tiempos de
la administración inglesa, allá por los años 1928 al 32. Era un
punto tranquilo, que invitaba al descanso a los caminantes que
transitaban bajo el intenso azul cielo de Córdoba. La autoridad,
la ley, no figuraban de ningún modo ; la hermosa libertad
brillaba en todo su esplendor. Los vagabundos encontrábamos ahí
un clima, un ilimitado campo de seguridad y tranquila estancia.
En la amplia playa de maniobras, marginando los desvíos, y una
larga vía muerta, dos tinglados de abierto alero con mojinetes
de norte a sur ofrecían sus “comodidades” a los golondrinas
eventuales. La vía muerta, en cuya terminal, junto a los restos
derruidos de lo que fuera un embarcadero de vacunos, con
bebederos oxidados, había un grifo del que aún manaba un fresco
chorro de agua. Sobre aquellos rieles en desuso, destartalado y
herrumbroso, yacía un vagón inservible.
Era un armatoste cerrado , de los llamados “hamburgo”.
Había quedado allí abandonado por alguna ignorada causa y por
milagro conservaba el techo y la estructura lateral casi
intactos”.
Stirk nos da un primer escalón para desarrollar
un estudio futuro sobre los modismos y lunfardías de los hombres
de los rieles en las primeras cuatro décadas del siglo XX.
Córdoba actuó como centró multiplicador del
mensaje ácrata a provincias limítrofes como Santiago del Estero
y San Luis. El papel del centro “Mártires de Chicago” fue
fundamental en este sentido con la labor activa de su comité de
propaganda.
Sin embargo las persecuciones constantes, las
detenciones y posterior deportaciones de los líderes teóricos
más representativos, sumado a partir de la segunda mitad de la
década del 20 , a los procesos políticos y sociales de
radicalización reaccionaria, decidieron la suerte de esta
corriente del pensamiento humano en la región. La característica
de ser un campo intelectual circular y las agresiones de la
cultura oficial le depararon una doble muerte al sumirlos en las
nubes del olvido.
Bibliografía
Bilsky, Eduardo. Esbozo de historia del
movimiento obrero argentino, desde sus orígenes hasta el
advenimiento del peronismo. Cuadernos Simón Rodríguez, Nº 3.
Buenos Aires. Editorial Biblos. 1987
Costas, Enrique. El racionalismo en Argentina.
Buenos Aires. Ediciones Cántaro. 1986
Fos, Carlos. Educación libertaria. Salamanca.
Ediciones Real Universidad de Salamanca. 1996
Fos, Carlos. Teatro libertario y su acción
pedagógica. Salamanca. Ediciones del huerto. 1995
Hardman, Francisco. Ni patria, ni patrón. San
Pablo. Ediciones Brasilienses. 1984
Luizzeto, Flavio. Cultura y educación libertaria
en el inicio del siglo XIX en Educación y sociedad. Nº 12,
septiembre 1982. México D.F. Ediciones UNICAMP. 1982
Oslak, Oscar. La formación del Estado Argentino.
Buenos Aires. Editorial Planeta. 1997
Oved, Iaácov. El Rebelde. Buenos Aires. Ediciones
Populares. 1988
Stirner, Alberto. El orden familiar. Córdoba.
Ediciones del autor. 1882
Publicaciones ácratas consultadas
La antorcha 1897-1906. Colección completa
Banderas agitadas 1901-1914. Colección completa
Brecha obrera Nº 3, 5/5/1905
El
Dr. Carlos Fos es Investigador
senior y docente CIETM