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120808 -
1. Introducción
A este tercer milenio lograron
llegar los “más fuertes”, los “más resistentes”, los que mejor se
adaptaron a los desafíos naturales y culturales de toda la
humanidad. Uno de esos héroes que atravesaron exitosamente la línea
que separa la vida de la muerte, es el idioma guaraní.
Por ello, podemos afirmar que el guaraní es una lengua
maravillosa, valiente y viva; lo que no que quiere decir
que sea la única. Ya sé que —como suele ser habitual— este escrito
traerá cola a partir de dicha afirmación. Lo más seguro es que se
crucen en el camino los pocos colonialistas y antiguaranístas
a intentar —vanamente— pisotear, retrucar, romper, tironear o borrar
lo que aquí expongo; y como también ya se hizo costumbre, no
faltarán quienes me traten de fanático o xenofóbico o
nacionalista a ultranza o contrera del progreso y la
civilización y otros disparates más, a los que ya estoy
acostumbrado y que dicho sea de paso no me vienen ni me van.
Creo que la condición de lengua
maravillosa y valiente siempre trajo problemas al guaraní;
ya que desde la Colonia lo convirtió —en esta parte de América— en
“competencia” del imperialismo castellano y portugués. Es así que
durante la época de la Colonia, el guaraní se convirtió en
el akârasy (dolor de cabeza) de los conquistadores,
particularmente de los misioneros, que —tras mucho insistir por
todos los medios, incluidos los violentos, para imponer el
castellano— tuvieron que, muy a pesar de sus intenciones originales,
valerse del guaraní para reducir físicamente (no lingüísticamente)
al indígena. De hecho, solamente lo hicieron con unos pocos porque
la gran mayoría se mantuvo en el monte, en su hábitat tradicional.
No olvidemos que cuando los jesuitas fueron expulsados (seis
generaciones después = 150 años), los indígenas abandonaron las
reducciones y ni cortos ni perezosos retornaron a su
vida montés, el único sitio donde la libertad les fue y les
sigue siendo posible. Con el tiempo las reducciones se convirtieron
en ruinas, constituyéndose en el derrumbado y mudo
testimonio de la opresión y la represión. Posteriormente, el guaraní
llegó a ser la principal preocupación de la Triple
Alianza, durante la guerra librada de 1865 a 1870. La cuestión
esencial era: eliminemos al guaraní para así eliminar al
Paraguay: no existe otro camino. Idéntica cosa ocurrió de 1932
a 1935, durante la Guerra del Chaco, ya que el guaraní, a
no dudarlo, fue el más valioso aliado de las tropas paraguayas. En
el Chaco, varias batallas se ganaron en
guaraní.
Pasado el período colonial y los dos
enfrentamientos bélicos, y a pesar de los pesares, el
guaraní permaneció firme, heroico y sobre todo victorioso.
Una lengua enclenque o débil, incompleta, torpe e imperfecta,
no hubiera resistido lo que el avañe’ê
resistió. El guaraní es una lengua soberana,
maravillosa, valiente y heroica, americana. No le falta
nada y tiene de todo y para todos los gustos. Y mi afirmación subirá
de tono al sentenciar que la cultura guaraní fue y es una
cultura perfeccionista. El solo hecho de
concebir o tener la noción de lo perfecto o de la
perfección, ubica a los “nativos” guaraní en una posición de
vanguardia. La palabra perfecto o perfección
existe en guaraní y es katu (y su variante
ngatu que se utiliza con las palabras
nasales). Esto no es un invento actual o una concesión graciosa
del castellano para enriquecer la cultura guaraní. No. La palabra
katu (amóva hekokatu) preexistió a la conquista. Es más, un
intento de borrar ese concepto fue el uso postcolonial de la
expresión tekoporâ (amóva hekoporâ).
Los guaraní aplicaron la concepción de lo
perfecto a muchas circunstancias de su vida cotidiana, como por
ejemplo, al uso de la palabra. Ellos se consideran ñe’êngatu;
ñe’ê = palabra + ngatu = perfecta, es decir, emiten
palabras perfectas y, por consiguiente,
dicen solamente lo que deben decir, de manera objetiva.
Para ellos, la palabra es sagrada. Solamente hablan
cuando tienen algo que decir. En esencia, el indígena guaraní no
miente; y por consiguiente, la lengua tampoco.
El concepto de la perfección es algo que les
apasiona. Es su razón de ser. Basta recordar que en el Alto Paraná y
Kanindeju viven los Ava Guaraní o Avakatu o Avakatuete
(donde ete es superlativo), es decir, personas
perfectas o plenas. Debemos aclarar que ellos —entre sí— se
autodenominan de esa manera y no aceptan la denominación de Ava
Chiripa, nombre con el cual se los bautizó desde afuera.
Resulta claro que ellos no vienen a especular con aquello de que
somos perfectibles o que debemos vivir procurando el camino de la
perfección. Es por ello que los Avakatu o Ava Guaraní están
obligados moral y éticamente a practicar lo correcto, el error sólo
puede ser una casualidad.
La imperfección siempre fue una
molestia para el indígena. De allí también la tradición del
tera’o (quitarse o cambiar el nombre). Esta notable práctica se
daba y se da cuando la persona comete una infracción moral. Ocurrida
la imperfección, el siguiente paso será ponerse un nombre nuevo,
con lo que la persona recupera su tekokatu (teko = vida + katu =
perfecta). Pero ¡ojo!, la cuestión no pasa por andar cambiando
de nombre a cada rato. El tera’o es prácticamente un acto
de humillación social. Por otra parte, tampoco perdamos de vista que
el indígena guaraní está seguro de que puede llegar a la
plenitud de la perfección: el aguyje (estado
de gracia, que nada tiene que ver con nuestro cotidiano “muchas
gracias”). Estos ejemplos no son invenciones sino hechos ciertos.
Así fueron y así son los ya pocos indígenas que aún quedan
viviendo intensamente sus tradiciones milenarias y
consuetudinarias. Lo de milenario tampoco es un invento. Los restos
fósiles (enterrados en las tradicionales urnas funerarias guaraní
llamadas “japepo”) encontrados durante las excavaciones de
la Represa de Itaipú y analizados con la técnica del carbono 14,
tienen hasta diez mil años de antigüedad.
Pese a 500 años de haber sufrido todo tipo de
agresiones (una más violenta que la otra), la
morfología (estructura) y la sintaxis (funcionalidad) de la lengua
guaraní permanecen invariables e incorruptibles,
pese también a los varios intentos de degradación y de destrucción
que —sistemáticamente— sufrió. El guaraní, en su
estructura profunda, sigue siendo guaraní. No existe el
jopara. El jopara o jehe’a es apenas una ilusión. El
jopara no es el cáncer ni el sida del guaraní... es apenas un susu’a.
El jopara o jehe’a es la demostración de la pereza mental del
paraguayo, no del indígena: dueño y usuario original del
guaraní, quien aunque no contó ni cuenta con un sofisticado y
moderno soporte académico y tecnológico de transmisión, supo
mantener la esencia profunda de la lengua guaraní.
2. Desarrollo
El sueño de cualquier lingüista es toparse con el
idioma más sencillo, más simple, más fácil; aquel que resulte menos
complicado en su análisis y en su definición. Los idiomas o lenguas
complejas son el dolor de cabeza de quienes nos dedicamos a
estudiar las diversas formas de comunicación.
Contrariamente al pensamiento de cierta gente
no conocedora del guaraní, que cree y que dice que el guaraní
es difícil; nosotros estamos en condiciones de demostrarle que el
guaraní es fácil de interpretar y de usar. Como cualquier otra
lengua, el guaraní tiene sus claves misteriosas. Pero, en
esencia, el guaraní es una lengua muy simple, ágil, agradable al
oído, bella y plena. Con el propósito de demostrarlo me
remitiré a algunos casos objetivos y sencillos de interpretar:
- El guaraní pertenece, por su tipología, a la
clase de lenguas aglutinantes; es
decir, forma sus palabras por aglutinación,
valiéndose por consiguiente de la composición: palabra +
palabra (akâ + rasy = akârasy) y de la polisíntesis:
afijos (prefijos y/o sufijos) + palabras (a + guata + se
= aguatase). Por las dudas, aclaro que akârasy
quiere decir cefalea (dolor de cabeza) y “aguatase”
significa camino (yo), es la
conjugación del verbo “caminar”, en la primera persona, del
singular. El castellano por su parte, por su tipología, es una
lengua de flexión o flexiva.
- El guaraní posee todos los recursos léxicos
para nominar cualquier elemento. No perdamos de vista que,
antes de la llegada de los conquistadores, todo lo que
había en esta parte de América tenía nombre en guaraní: las
personas (kuimba’e, kuña, mitâ, ava), sus obras culturales:
concretas (óga, apyka, japepo, yvyrapâ) y abstractas (Ñande Ru
Papa, tekojoja, tekokatu, tekomarâ), la naturaleza: plantas (ygary,
tajy, takua, hy’a), animales (maino’i, jaguarete, piraju,
panambi), minerales (juky, itaju, y). Todo ya tenía nombre en
guaraní, hasta el más insignificante elemento del entorno tuvo
su nominación en el Avañe’ê. No en balde se afirma que el
guaraní es la lengua que más nombres aportó a la botánica
después del griego y el latín.
La coherencia formal del guaraní inclusive se puede
percibir en su mecanismo de formación de palabras. Así, el
guaraní siempre dio nombre a los lugares por la presencia
abundante de algún elemento natural en ellos, utilizando los
sufijos “ty (ndy)” para referirse a vegetales (aguai-ty,
kurupa’y-ty, ka’arê-ndy, ky’ÿi-ndy) y minerales (juky-ty,
yvy-ty-rusu, ita-ty); y “kua” para indicar
abundancia de animales y personas (jaguarete-kua, guasu-kua,
tapira-kua-y, kamba-kua). Usó asimismo, el sufijo “y”
para nominar las variedades forestales (karanda-y, guapo-y,
kurupa-y, jata-y, juasy-y, amba-y), y en zonas acuáticas la
“y” para indicar ríos, arroyos o cursos de agua con
abundancia de determinados peces u otras especies y variedades
acuáticas (pirape-y, jatyta-y, akara-y,
javevýi-y).
- El guaraní ni se parece al
castellano... es más que el castellano, en muchas
cuestiones. Así, por ejemplo, el guaraní posee 33 fonemas, 9 más
que el castellano; que posee 24 fonemas (5 vocálicos y 19
consonánticos). Así también, el guaraní posee un mayor número de
vocales, 12 en total; por su parte, el castellano tiene apenas
5. La sexta vocal guaraní es la gutural “y”, y paralelamente a
las seis vocales orales, se encuentran las seis nasales; que en
su uso, generan variaciones semánticas (pyta
= talón / pytâ = rojo // oke =
duerme / okê = puerta // pytu
= hálito / pytû = oscuro // aky
= inmaduro / akÿ = húmedo).
- El guaraní es un idioma de silabación
directa; lo que equivale a decir que sus sílabas
siempre terminan en vocal. El modelo clásico de las sílabas del
guaraní es consonante más vocal (v + a = va) o vocal sola (a).
En otros idiomas existen sílabas indirectas (que terminan en
consonantes o en consonantes compuestas) y mixtas. La
silabación directa es la silabación más sencilla. Es por ello
que las sílabas y palabras del guaraní son fáciles de
pronunciar, que no sea por tres o cuatro consonantes que no
existen o no son comunes en las demás lenguas. Así: jaguarete =
ja / gua / re
/ te // panambi = pa / na
/ mbi // apykape = a / py
/ ka / pe.
- En guaraní la nasalidad
tiene un régimen especial en materia de aglutinación,
pues la gran mayoría de los afijos (prefijos y sufijos) poseen
dos formas, unas para ser utilizadas con las palabras orales; y
otras, con las palabras nasales. Así por ejemplo, la palabra
nasal ñana (la n y la
ñ son consonantes nasales) agregará el sufijo
ndy, así ñanandy (que
significa yuyal: “ñana” = yuyo, y “ndy” = lugar donde
abunda). En cambio, una palabra oral como pakova
agregará el sufijo ty, así pakovaty
(que significa bananal o lugar donde abundan bananos: “pakova” =
banano, y “ty” = lugar donde abunda). A modo de muestra aquí,
brevemente, una mención de afijos similares: je – ñe
(ajeheka – añenupâ),
mbo – mo (amboguata – amoñe’ê),
pa – mba (oguatapa
– osêmba), kue – ngue
(ogakue – akângue).
- En guaraní existen sustantivos
uniformes, biformes y triformes que tienen también un
régimen especial de uso. Los uniformes tienen
una sola manera de uso, por ejemplo, jagua que quiere
decir perro. Al indicar posesión, se dice: che
jagua (mi perro), nde jagua (tu perro), ijagua
(su perro). La palabra “jagua” no varía. En cambio, en los
sustantivos biformes las palabras tienen dos formas,
así: “ta’ýra” – “ra’y” que significa hijo (del varón).
Al usar, se dirá: che ra’y (mi hijo),
nde ra’y (tu hijo), ita’ýra
(su hijo). Por último, los sustantivos triformes tienen
tres formas: “tesa” – “resa” – “hesa” que significa ojo.
Al usar, se dirá: che resa (mi ojo), nde
resa (tu ojo), hesa
(su ojo). Cuando no se indica posesión se usa tesa,
así: tesa oîva ojesareko hese (todos los
ojos se fijaron en él).
- Cosa rara pero interesante: en guaraní,
los sustantivos indican tiempo; a más del
verbo, que por naturaleza lo hace. Así por ejemplo, se dice:
“che ao” (mi ropa), “che aokue” (mi ex ropa o
la ropa que fue mía), “che aorâ” (mi “futura”
camisa o la que será mi camisa), y “che aorângue”,
mezcla de presente y pretérito (la que iba a ser mi ropa... pero
no fue).
- En guaraní los objetos (inertes o
inanimados), por ejemplo, las palabras como “apyka” (silla),
“óga” (casa), “korapy” (patio), etc. son de género
neutro. En cambio, en castellano “silla” es de género
femenino, “casa” es femenino y “patio” es masculino, pese a ser
inertes y no estar sexuados. Igual situación se presenta a la
hora de definir el género de los insectos como “tarave”
(cucaracha), “tahýi” (hormiga), y “ky” (piojo). Estos insectos
corresponden en guaraní al género epiceno. En
cambio, en castellano y de manera arbitraria, “la” cucaracha es
“la” (todas, sin excepción, aunque existan de sexo masculino);
igualmente, “la” hormiga es “la” (todas, sin excepción, aunque
existan de sexo masculino); y por último, “el” piojo es “el”
(todos, sin excepción, aunque la mitad sean de sexo femenino).
- En guaraní a más de los grados:
positivo, comparativo y superlativo (que
también existen en el castellano); existen varios otros más
intensos y descriptivos: eterei – iterei: “iporâiterei”;
rasa: “iporârasa”; etereirasa – itereirasa: “iporâitereirasa”.
Estos tres casos ejemplificados de los grados del
guaraní no existen en el castellano; por consiguiente,
para la traducción, hay que hacer magia para —por lo
menos— aproximarnos a la significación de cada uno.
- El adjetivo posesivo de la
tercera persona del guaraní, también denominado índice de
posesión de tercera persona, tiene diferentes formas que se
usan tomando en consideración las características del sustantivo
al cual se refieren. Ejemplo: Su ropa es
Ijao, Su cabeza es
Iñakâ, Su cara es Hova,
Su patio es Ikorapy,
Su cabello es Hi’áva.
En guaraní la “ij” (ijao) se utiliza con
sustantivos orales; que empiezan en vocal y tienen
acentuación tónica final. En cambio, la “iñ”
(Iñakâ) se usa con sustantivos nasales; que empiezan en
vocal y tienen acentuación tónica final. Por
su parte, la “h” (hova) se utiliza con
sustantivos triformes. En tanto que, la “i”
(ikorapy) se usa con cualquier otro sustantivo que no
empiece con la “t” u “o” móvil
inicial. Por último, la “hi” (hi’áva) se
utiliza con sustantivos orales o nasales que empiezan
en vocal tónica inicial.
- Lo siguiente es casi insólito: en guaraní
apenas existen 6 verbos irregulares. Todos los
demás son verbos regulares. En el castellano y en los demás
idiomas existen numerosos verbos irregulares (“ser” y
“satisfacer”, a modo de ejemplos, son dos de los que causan
estragos en el hablante paraguayo). No perdamos de vista que la
presencia de verbos irregulares complica las chances de
cualquier hablante en el aprendizaje de cualquier lengua; por
consiguiente, a menor número de verbos irregulares podríamos
decir aumentan y mejoran las posibilidades del hablante, no
solamente para aprender a conjugar; sino —y sobre todo— en el
aprendizaje “fácil” de una nueva lengua.
- En Guaraní, en la conjugación de los
verbos, los afijos que señalan número y persona
ocupan una posición prefija al verbo; en tanto que, en
el castellano los morfemas que, entre otros,
indican número y persona ocupan una posición sufija
al verbo.
Aguata = Camino
Reguata = Caminas
Oguata = Camina
Jaguata = Caminamos
Roguata = Caminamos
Peguata = Camináis
Oguata = Caminan
- El guaraní posee dos pronombres de
primera persona (plural). A uno de ellos lo denominamos
incluyente y es ñande; y el otro
recibe el nombre de excluyente y es ore;
ambos equivalen al “nosotros” del castellano. Al
conjugar, se dice: ñande
jaguata, y luego, ore
roguata. Ambas conjugaciones en
castellano corresponderán a “nosotros
caminamos”.
- En materia de concordancia
conviene afirmar que los adjetivos calificativos
del guaraní no poseen variaciones ni de número ni
de género. Por ejemplo, el adjetivo calificativo yvate,
tiene una sola forma para su uso; por consiguiente, la
concordancia entre el sustantivo y el adjetivo calificativo
no existe en el guaraní. En cambio, en el
castellano los adjetivos calificativos sí
poseen variaciones de número y género, así por ejemplo:
alto, alta, altos, altas, en directa relación de concordancia
con el sustantivo al cual se refieren. Así:
Karai yvate = Señor alto
Karaikuéra yvate = Señores
altos
Kuñakarai yvate = Señora
alta
Kuñakaraikuéra yvate =
Señoras altas
- En guaraní, las oraciones pueden tener el
verbo elíptico o tácito. Por ejemplo, el guaraní hablante
dice “Kóva che róga ha amóva nde róga” y al analizar
encontraremos que “kóva” (éste / a) y “amóva” (ése / a) son
pronombres demostrativos, que “che” (mi) y “nde” (tu) son
adjetivos posesivos; y que “róga” (casa) es
sustantivo. La traducción: “Ésta es mi
casa y ésa es tu casa”. En síntesis, el verbo
“ser” no aparece escrito en la oración, pero está
presente —sin ninguna duda— en la estructura profunda de la
oración.
- En guaraní existe la denominada
construcción del genitivo, donde el poseedor precede a
la cosa poseída, al contrario de la construcción castellana. Por
ejemplo:
Guaraní: Kalo rembireko ohókuri Ka’aguasúpe
Traducción directa: Carlos esposa fue Ka’aguasu a
Castellano: La esposa de Carlos fue a Ka’aguasu
- En guaraní existen posposiciones;
en el castellano, por su parte, existen preposiciones.
El hablante del avañe’ê dirá: “che aha ógape”.
En este ejemplo se aprecia que “pe” va pospuesto a la palabra “óga”.
La traducción directa será: “yo voy casa a”; lo
que en castellano se dirá: “yo voy a casa”.
- En guaraní, por ejemplo, existe un
saludo cotidiano a la siesta y que es “Mba’éichapa
ndeasaje”, cuya traducción sería aproximadamente:
“Buenas siestas” o“Cómo estás a la siesta”;
expresión de cortesía ésta que no existe en el castellano. Lo
que demuestra que el guaraní es una lengua diferente y más
expresiva.
Estos son apenas algunos muy contados casos que
demuestran que el guaraní es una
lengua singular, viva, completa; con estructura lingüística propia
definida y soberana, distinta a otras lenguas.
3. Conclusión
El guaraní es una lengua maravillosa y
valiente, hablada por casi diez millones
de personas en América (de las cuales cerca de cinco millones viven
en el Paraguay). El guaraní es una necesidad, es nuestra
esencia vital. El guaraní sobrevivió a las agresiones. Pese
a todo, en la actualidad quien no habla guaraní está prácticamente
perdido (gobernante, abogado, médico, ingeniero, agricultor,
comerciante, periodista, sindicalista, policía, etc.). Por ejemplo,
los políticos —incluidos aquellos que hasta hace poco tiempo
renegaban del guaraní— hoy se ven obligados a
hablar el Avañe’ê, a fin de evitar el fracaso o el descrédito
político. El número de contreras del guaraní, comparado a
veinte años atrás, se redujo notablemente.
Para suerte del guaraní esos pocos
colonialistas y antiguaranístas cada día son menos. Algunos en
su afán de liquidar al guaraní han envejecido más
rápidamente, hoy usan bastones y ya no les queda mucho tiempo de
vida. Creo seriamente que en unos años más morirán todos.
En cambio, el guaraní, quebranto de ellos, sigue
bien vivo y sorteando todo tipo de batallas que la vida le
presenta. Hasta me arriesgo a decir que el guaraní funciona en base
a la premisa: a más batallas libradas, más y mejores experiencias
ganadas para enfrentar exitosamente los siguientes desafíos.
Cada batalla ganada engrandeció más y más al
guaraní no solamente en el Paraguay sino que en todo el mundo. Por
eso, hoy el guaraní es el centro de atención de una gran parte del
mundo (investigadores, universidades, Internet, etc.). El
guaraní ya se hizo pire atâ (piel dura). Al guaraní ya no le
entran balas. Hoy sus defensores y promotores están
esparcidos como hongos por todas partes. Pensar que tuvo
tantos detractores de todos los colores y pelajes; así como también
muchos fueron los que “vaticinaron” su desaparición y muerte. Pero,
insisto, no pudieron y no podrán con el Avañe’ê. Al
guaraní no lo van a destruir con meros discursos “contreras” e
infundados. Para matar al guaraní habría que matar a cerca de
diez millones de personas que lo siguen hablando; y
que, en la mayoría de los casos, tienen al guaraní como único
idioma.
El propio Ministerio de Educación tendrá que rever
a corto tiempo su pésima y deplorable actitud hacia
la promoción del guaraní. No tiene otro camino. El vano intento del
MEC, desde 1999, de aplicar la enseñanza del jehe’a mal llamado
jopara (mezcla de castellano y guaraní) en sustitución del
guaraní cayó en saco rotó, resultó ser un lamentable fracaso. Hoy,
todos nos quejamos de ese supuesto guaraní que el MEC
impuso y que está plagado en todos sus libros. A ellos les
recuerdo que los intereses generales están por sobre los
particulares: todos deseamos la correcta enseñanza del guaraní; por
consiguiente, debemos volver a enseñar guaraní. Lo que hoy se enseña
NO es guaraní. La necedad no conducirá al MEC a ningún puerto
seguro. La enseñanza del jopara en sustitución del guaraní se
identifica plenamente con la mediocridad.
El jopara es el sinónimo de la mediocridad. No es
castellano ni es guaraní. Es la resultante de nuestra pereza mental.
No existe la mentada “tercera lengua”. Eso es un
soberano disparate que tiene por objetivo
desprestigiar al guaraní. Lo notable es que los que se
“emperran” con esa idea, y que lo hacen con premeditación y
alevosía, solamente “ven” el jopara en el guaraní y no lo ven (y no
lo quieren ver) en el castellano. Es más, nadie enseña (ni quiere
enseñar) el castellano jopara.
Recorriendo la historia, encontraremos que todos
los grandes investigadores del mundo que tuvieron contacto con el
guaraní quedaron maravillados y cayeron rendidos ante la exuberancia
y la plenitud del Avañe’ê, no del jopara; entre
ellos, el más destacado, respetado y objetivo: Moisés
Santiago Bertoni; quien dedicó gran parte de su vida a promocionar,
con profunda convicción, la cultura y la lengua guaraní por
considerarla el reflejo de la milenaria, justa, solidaria,
democrática y evolucionante civilización guaraní.
Sin
dudas, el Guaraní es una lengua
maravillosa, valiente y viva...
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