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Falsas ideas sobre los papeles
sexuales en la prehistoria
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MARTÍN-CANO ABREU, F. B. (2001): Falsas
ideas sobre los papeles sexuales en la Prehistoria.
Publicado en el periódico electrónico SEIAAL, lugar
virtual en el que se puedan leer los artículos sobre antropología y
arqueología latinoamericana. Resumen: Existe una serie de creencias estereotipadas sobre la Prehistoria que están mediatizados por una educación influenciada por los valores vigentes en la cultura patriarcal en que nos desenvolvemos "del varón dominando a la mujer" y presente en el inconsciente colectivo. Y condicionados por los valores y las creencias del presente, muchos occidentales las han proyectado sobre el pasado, sacando la conclusión de que el estereotipo sexual de su realidad circundante y la distribución de roles de "las mujeres dependientes y los varones sustentadores jefes de familia" siempre ha sido así. Pero son totalmente erróneas para época arcaica, según diferentes estudios antropológicos de Género de la Prehistoria y de otras sociedades primitivas... MADRE DE FAMILIA Y MADRE NATURALEZA Es muy probable que en la Prehistoria, nuestras ancestras volvieran sus ojos hacia las estrellas, para pedir a la Madre Naturaleza, que las cuidara, igual que ellas, como madres de familia, cuidaban a sus hijos. Y les reclamarían que les enviara los fenómenos naturales benéficos, de los que dependía el alimento y las protegiera contra los maléficos, en un momento en el que la supervivencia - de los animales y del ser humano- dependía de una dieta vegetal, cuyo crecimiento hasta dar frutos o su posible destrucción, estaba estrechamente ligado a los fenómenos naturales que se suceden a lo largo del año: lluvia, helada, sequía,... Sin embargo, hoy día son muchos los que están convencidos, de que serían los padres de familia varones, los que pedirían ayuda mágica a un Dios masculino. Y creen que le solicitarían auxilio, para cazar animales y así poder mantener a su compañera embarazada y a sus hijos. Pero este hecho es absolutamente imposible que tuviera lugar, ya que los varones, igual que los primates varones, no se preocupaban en los inicios de la cultura humana, de alimentar a "sus hijos", por muchas razones que desvelaremos en nuestra exposición. Las únicas de quienes dependían la prole, era de sus madres (igual que pasa entre los primates).
FAMILIAS MATRICÉNTRICAS De hecho, se tiene el conocimiento preciso, de que en comunidades arcaicas, sólo se cuidaba de sus hijos las madres. Al menos así se deduce de contemporáneos estudios arqueológicos, antropológicos y evolutivos y corroborados por estudios etológicos. Estos estudios dan apoyo a la existencia de las familias matricéntricas: la mujer en la Prehistoria no se vinculaba al varón, ella sola se cuidaba de alimentar a sus hijos. Y no existía vinculación masculina, porque en este período, el varón desconocía ser el causante de la fecundación humana. Así lo aseguran los enciclopedistas: "el sociólogo escocés (Mac Lennan) parte del supuesto de que la incertidumbre de la paternidad fue lo único que determinó la fase matriarcal." (Espasa, T. 33, 1988: 1001). "Algunos investigadores siguen creyendo que el hombre de la Edad de Piedra no asociaba el sexo con lo que podía llegar nueve meses más tarde". (Frade, 1996). Y fue justo, porque existía la familia matricéntrica, que proporcionaba a la mujer un enorme poder, al formar una fuerte unidad económica con sus hijos, lo que motivó muchos siglos después, la revolución patriarcal, por la que los varones impusieron la familia, descendencia y herencia patriarcal. "La familia natural y la «comunidad» matriarcal queda reemplazada por la «sociedad», del mismo modo que el politeísmo anterior y el panteísmo matriarcal quedan subsumidos en el monarquismo y el monoteísmo propios del Estado" concluye (Mayr, 1989: 18). EN LA PREHISTORIA LOS PRODUCTOS DE LA CAZA NO ERAN CRUCIALES Aunque se crea que la alimentación de los primitivos cazadores-recolectores de la Prehistoria, era dependiente de los productos de la caza, existen diferentes estudios, que ponen de manifiesto que, en realidad, la mayoría de los alimentos provenían de la recolección, tarea femenina.
Los más arcaicos grupos humanos se alimentaban de manera muy variada y no eran tan dependientes de la carne: "... la alimentación cárnica no pudo desempeñar un papel tan importante como a veces se pretende." (Lichardus, 1987: 161). Y: "... se ha demostrado que la dentición de los homínidos ancestrales -como la nuestra- es más apropiada para moler y no para punzar, desgarrar o mascar carne." (Harris, 1979: 2). Estos estudios han sido complementadas con los datos brindados por los estudios de las economías mixtas de las poblaciones actuales primitivas de cazadores-recolectores. Como en los bosquimanos del desierto de Kalahari en Suráfrica, que se comparan con las de los cazadores-recolectores paleolíticos, para poder deducir lo que debió ser con anterioridad. |
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"El trabajo de Richard Lee ... ha ayudado a destruir algunos estereotipos sobre los grupos de cazadores y recolectores... (Nathan, 1987: 18). Y más adelante considera que: ... apoyan la teoría de que la carne y la caza no son tan importantes en el proceso de hominización, ya que la carne sólo constituye una tercera parte de la dieta de los actuales cazadores. Y además aduce: ... el sector femenino de la mano de obra era el único verdaderamente productor de calorías. Los hombre cazan y a veces vuelven con carne de animales grandes; éste es un alimento muy apreciado, pero de hecho no constituye más que una tercera parte del total del consumo de calorías." (Nathan, 1987: 43). Aparte de estos estudios, otros estudios han venido a destruir algunos de los estereotipos vigentes aún en la población general acerca del verdadero papel de los géneros en la Prehistoria, ya que ejempliifcan que la mujer tenía más importancia que el varón para sacar adelante su prole. Recientes estudios llevados a cabo por otros investigadores en poblaciones actuales primitivas de cazadores-recolectores, permiten deducir lo que pasaba entre los cazadores-recolectores paleolíticos. Estos nuevos estudios vuelven a respaldar la idea de que el aporte seguro, fiable, constante y diario de alimentos para los hijos, proviene del propio trabajo de recolección y de caza de pequeños animales de sus madres. Y niega por tanto la creencia que existía (sin pruebas que lo certificase) que una madre y sus hijos del Paleolítico, necesitaba para no morir de hambre, de un varón que cazase para ellos (y contrario a las ideas que aún defienden con prepotencia el mundo académico machista. Véase al respecto mi debate en el Congreso de Zaragoza en el que narro mi enfrentamiento en el año 2001 para defender la idea de que la mujer tenía un importante papel en la sociedad arcaica, cuando no se vinculaba a ningún varón que la ayudara a sacar adelante a sus hijos. Debate académico de arqueología Parte I: http://www.somosmujeresperu.com/mujer/articulos/articulo.php3?id=299). Estos nuevos estudios de cazadores-recolectores actuales han sido recogidos por Jared Diamond. En su capítulo 5, ¿Para qué sirven los hombres? parte de la reflexión (1999, 126): "Los hombres pasaban invariablemente más tiempo cazando animales grandes, mientras que las mujeres pasaban más tiempo recogiendo alimentos vegetales y pequeños animales y cuidando de los niños."... Añade Diamond en (1999, 127 y 128): "Esta teoría, que parece tan obvia que por lo general la damos por descontada, establece dos predicciones directas acerca de la caza masculina. Primero, si el propósito principal de la caza es llevar carne a la familia del cazador, los hombres deben seguir la estrategia de caza que produjese con seguridad la mayor cantidad de carne."... "Segundo, debemos observar que un cazador trae las piezas para su esposa e hijos, o por lo menos las comparte preferentemente con ellos más que con personas ajenas a las familias. ¿Son ciertas estas dos afirmaciones? Sorprendentemente para unas suposiciones tan básicas de la antropología, estas predicciones han sido poco contrastadas. Y quizá de manera poco sorprendente, las comprobaciones pioneras han sido llevadas a cabo por una mujer antropóloga, Kristen Hawkes, de la Universidad de Utah." Tras recoger las medidas cuantitativas de los alimentos producto de forrajeo y de la caza de diversos pueblos actuales de cazadores-recolectores: de los indios aché del norte del Paraguay y del pueblo hadza de Tanzania de diversos investigadores incluidas los de Hawkes, Diamond saca interesantes conclusiones. Por ejemplo el rendimiento de la caza mayor por la que los varones muestran preferencia es muy bajo, y de ella no se benefician especialmente su esposa e hijos, sino cualquiera que esté alrededor. Llega a preguntarse Diamond (1999, 130): "Esta paradoja sugiere que tras la preferencia de un hombre aché por la caza mayor subyace algo distinto a los intereses de su mujer e hijos.".... Manifiesta Diamond en (1999, 131 y 132): "Una familia hadza podría morir de inanición esperando que el padre-marido cumpla su objetivo de conseguir una jirafa. En cualquier caso, toda esa carne cobrada ocasionalmente por un cazador aché o hadza no está reservada para su familia, así que desde el punto de vista de su familia la cuestión de si la caza mayor produce mayores o menores rendimientos que otras estrategias alternativas es puramente teórica. La caza mayor, sencillamente, no es la mejor forma de alimentar a una familia." En (1999, 134): "Así pues, mis cinco esfuerzos para rescatar la caza mayor de los aché como una manera sensata de contribuir noblemente a los mejores intereses de sus esposos e hijos se vinieron todos abajo." En (1999, 138): "¿Qué validez general poseen estas conclusiones? Hawkes y sus colegas estudiaron sólo dos pueblos de cazadores-recolectores, los aché y los hadza. Las conclusiones resultantes esperan pruebas en otros cazadores-recolectores. Es posible que las respuestas varíen entre tribus e incluso entre individuos. Por mi propia experiencia en Nueva Guinea, diría que las conclusiones de Hawkes son susceptibles de ser aplicadas incluso más contundentemente allí." Estas investigaciones certifican una vez más, que la Antroplogía no ha sido totalmente objetiva en muchos de sus estudios "científicos" humanos, ya que introducía el sesgo machista del género masculino, género de pertenencia de los investigadres que durante más tiempo han elaborado hipótesis para explicar diferenciadamente las características de cada género de diferentes culturas. La prueba es que desde que mayor número de mujeres se han acercado a la disciplina, han aportado hipótesis más plausibles y validadas por nuevas investigaciones que apoyan sus conclusiones, contrariamente a las defendidas mayoritariamente hasta no hace mucho por antrópologos varones, ain a pesar de no aportar pruebas que las avalasen e incluso en contra de muchos datos que las contradecían. Como dice Diamond (1999, 100): "La tardía apreciación de tales paradojas por parte de los científicos ha dado como resultado una avalancha de teorías en competencia, cada una de las cuales tiende a reflejar el género de su autor." [Permitidme que en este punto haga una reflexión. En
estos días (primeros de diciembre del 2002) se ha estado comentado en un
foro lo que algunos lectores consideran barbaridades dichas por Juan
Luis Arsuaga, aparecida en una entrevista:
En este texto se pone de manifiesto que Arsuaga, por fin recoge los estudios de las antropólogas y de las investigadoras feministas, que venimos manteniendo desde hace tiempo, que tanto en el Paleolítico como en el Neolítico estaba en manos femeninas la principal fuente económica y de alimentos, así como la cultura. Así en el Paleolítico, en palabras de Arsuaga, respecto a la cultura (las mujeres disponían además de): "Tiempo para juegos, fiestas, relación social, para el arte, la construcción de relatos, mitos, leyendas...". Respecto al alimento: "¡El aporte regular de alimento al grupo lo hacía la mujer!". Y en el Neolítico dice Arsuaga: "En el neolítico, la mujer se convirtió en fuerza de trabajo para el cultivo..." Pero es significativo que Arsuaga se contradiga al dejar ver sus prejuicios. Y mientras concede a la mujer del Paleolítico, en cuyas manos estaba la economía y el trabajo, el mismo estatus que al varón, considere que por hacer lo mismo en la sociedad del Neolítico, convierta a la mujer en meramente: "... un valor de cambio, en una mercancía, en un objeto". Arsuaga comete el mismo error que los misioneros cuando llegaban a una cultura primitiva, en donde la mujer tenía a su cargo la estructura económica de la sociedad, mientras el varón tenía un papel subsidiario. Y así mientras en ambos casos, Arsuaga y misioneros califican a las mujeres autónomas, neolíticas o primitivas, de manera machista como "esclavas" o "explotadas", se observa que usan una distinta vara de medir para definir el papel que ha venido desarrollando el varón en la cultura patriarcal de occidente, en donde casi hasta hace poco, exclusivamente ha estado en manos masculinas la economía y el trabajo, y que por tanto tenía mayor estatus en la sociedad. Por lo que considero que Arsuaga no ve que en las familias tanto paleolíticas como neolíticas, el más importante papel lo jugarían las mujeres, dado que a la mujer se le adjudicaba los trabajos relacionados con la alimentación, por lo que poseían gran autonomía, ocupaba una situación privilegiada y desempeñaba el papel más importante debido a su VALOR ECONÓMICO. Ellas tendrían el mayor status social, ostentarían el poder político, regirían la sociedad: serían reinas, mientras el varón en los primeros grupos ocuparía una posición subsidiaria. Precisamente esta posición sería la que llevó a los varones a rebelarse al final del Neolítico y en la Edad del Bronce, cuando se produjo la revolución patriarcal. A partir de la revolución patriarcal el varón pasó a vincularse a una mujer y a preocuparse de su sustento y el de sus hijos. Con el tiempo se instauró la institución del matrimonio y empezó la relación sexual monógama, por la que la mujer intercambiaba su disponibilidad sexual permanente a su pareja a cambio del sustento. Y fue justo cuando se vinculó el varón a la mujer y se comprometió a la consecución del sustento, cuando sucumbió el poder femenino. Los varones terminaron por arrebatar el poder a la mujer y esclavizaron a la mitad de la población que perdió sus derechos, incluido el de tener un plan de vida propio y tener un trabajo con el que auto sostenerse. Hoy afortunadamente en el siglo XXI, en la sociedad de occidente se está acabando con la subordinación y la situación de marginalidad. Las mujeres empezamos a disfrutar de mayor libertad y autonomía y estamos consiguiendo la independencia y un papel más protagonista en la sociedad, gracias a que estamos recuperando el derecho al trabajo, que nos ha sido arrebatado durante miles de años. Y ello no nos convierte en esclavas ni en explotadas. Así que tampoco os dejéis condicionar por la visión del sr. Arsuaga y su valoración de las mujeres trabajadoras neolíticas como explotadas, cuando en realidad eran autónomas e independientes. Amplío en: Evolución de la sociedad arcaica. Factores
que contribuyeron a la pérdida del poder femenino:
Afirmación de exclusividad femenina también para los yacimientos de Asia, Europa y África: "... cientos y cientos de pequeñas efigies de la diosa-madre en barro, hueso y piedra. Están presentes en el segundo asentamiento neolítico prealfarero de Jericó; están presentes en casi todas las provincias culturales entre Sialk y Gran Bretaña y de Persia a Badarï." (Hawkes y Woolley, 1977: 276). "El analista jungiano Erica Neumann llevó a cabo un estudio seminal y a fondo de los diversos símbolos maternos en su obra Themos Great Mother: An Analysis of themos Archetype (1963). Llegó a la conclusión de que las obras de arte religioso más arcaicas son «figuras de la solitaria gran diosa, imagen paleolítica de la madre, antes de que el padre existiera en la tierra o en el cielo»." (Husain, 1997: 19). (Y que confirma nuestra reflexión anterior de que, en la Prehistoria, no se reconocía la figura del padre en las familias matricéntricas). Y estas imágenes auriñacienses: "Figuran magas, sacerdotisas o vestales (prêtesses)" como afirma Delporte en su referencia a Saccasyn Della Santa en (1982: 276). Por lo que, dado que era la mujer, quien proporcionaba el alimento a sus hijos, sería ella la que, como sacerdotisa, buscaría el medio de asegurarlo, mediante los rituales propiciatorios a la Diosa Madre Naturaleza.
CONCLUSIÓN
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