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021207 -
La palabra ARTE proviene del latín “ars, -artis”. Su significado:
“Poder, habilidad o eficacia para hacer alguna cosa”; “Acto mediante el
cual el hombre expresa lo material o lo ideal y CREA copiando o
fantaseando”. También se considera parte del arte todo lo que “se hace
por industria y habilidad del hombre”; y como no podía se de otro modo,
también pertenecen al arte “el conjunto de reglas para hacer BIEN alguna
cosa”.
No es mi intensión historiar la evolución del arte desde las cavernas
hasta nuestros días. De acuerdo a los filósofos el arte tiene múltiples
sentidos y enfoques que dificultan la elaboración de una definición
universal-única. Pero cualquiera sea “la definición final de mi agrado”,
el arte no es sólo la necesidad de la colectividad humana, sino uno de
los factores esenciales para su desarrollo y perfeccionamiento
constantes. Desde siempre el eje central lo formaban seis artes, a
saber: la arquitectura, la escultura, la pintura, la poesía, la música y
la danza. En estos tiempos modernos todas estas artes se subdividieron
en múltiples expresiones como la novela, el dibujo, el grabado, el
tallado, el modelado, el trenzado, las porcelanas… y tantas otras
manifestaciones imposibles de enunciar. A la cinematografía por su
volumen y magnitud se le confirió el número “7” (séptimo arte) mientras
que el teatro permaneció en la esfera de la danza, sin número.
El arte totalmente olvidado y AUSENTE de nuestra vida cotidiana, al que
hago referencia es al A R T E D E P E N S A R. ¿Qué es
pensar, en qué consiste? Muy someramente es: “Imaginar, considerar,
discurrir, sopesar”, también es reflexionar y examinar con cuidado una
cosa para dictaminar sobre ella; por ello con la meditación y el
desarrollo de la capacidad de análisis se forma un conjunto dinámico
íntimamente ligado entre sí. El arte de pensar, por ser el arte más
importante y sobresaliente del hombre, debería llevar los números “uno y
ocho a la vez” por ser principio y fin de los pensamientos que emanan de
la razón, que a su vez es el sello distintivo del género humano.
Considero que la humanidad nunca consideró al PENSAR como arte ya que,
aparentemente, el pensar carece de “materia prima sobre la cual
manifestarse” como la arquitectura y la escultura se manifiestan
mediante rocas-piedras, la pintura mediante colores-superficies
diversas, la poesía-literatura sobre materiales adecuados varios, la
música mediante instrumentos varios en base a aire-cuerdas-percusión… y
la danza que se manifiesta con los movimientos armoniosos del bailarín o
de un conjunto de danzas. Creer que el ARTE DE PENSAR “no tiene como
manifestarse” es casi un error científico ya que los pensamientos si
bien nacen en la razón, una vez nacidos, vuelven a grabar a la razón; es
como el agua espejada, al caer una piedrita, forma infinitos y cada vez
mayores círculos concéntricos. El hombre amplía el contenido de su
intelecto y va formando su espiritualidad, esa fuerza necesaria para que
forme el muro de contención que enfrenta eficazmente al materialismo
exasperante-esclavizante. Una vez que un pensamiento-conocimiento se ha
grabado en la dupla cerebro-razón, siendo el cerebro la planta motriz
humana, emite mandatos dinámicos impulsados en origen por el instinto,
la intuición y los sentimientos aportados por la irracionalidad, como
acontece con toda naturalidad en el reino animal; en alguna parte del
camino la racionalidad debería hacerse cargo de la posta iniciada por la
irracionalidad y aportar para el perfeccionamiento y desarrollo de la
dinámica humana PENSAMIENTOS EQUILIBRANTES MATERIALIZADOS en lo que hoy
llamamos “VALORES HUMANOS”. Lamentablemente para la humanidad, dichos
valores no emergen más allá de la esfera DECLAMATORIA: “Se habla mucho,
se escriben toneladas, hay miles de canciones y millones de sueños”,
pero para que los valores se transformen en una perceptible realidad
sólo hay que cumplimentar un minúsculo detalle: “DINAMIZAR AL VALOR”; en
otras palabras hay que pasar de “N O S E R” a “S E R”. No basta
con citar a cada instante a los valores; ello no significa nada. Porque
el mucho bla bla no genera dinámica en un mundo donde cada cual
considera que “el que debe cambiar es el prójimo… porque yo, así como
estoy… estoy bárbaro”.
La finalidad del arte de pensar es, para empezar, poner en boga los tres
factores básicos, sin los cuales el pensar nunca puede ser un arte: “Ser
siempre DINÁMICO en mis concepciones” porque mi responsabilidad como
integrante cósmico consiste en SER AFÍN con mi entorno (el Cosmos).
2) “SER ORDENADO en mis concepciones” porque de nuevo debo ser afín con
mi entorno: el Cosmos es PREVISIBLE al milímetro y al segundo (o valores
aún menores); no es una afirmación mía, sino una demostración de la
astronáutica. Es una circunstancia sorprendente considerando que tal
previsibilidad se origina en la irracionalidad, mientras que el hombre,
por ser racional debería ser doblemente previsible… es por el contrario
totalmente imprevisible en sus concepciones y en las consecuentes
dinámicas que desarrolla gracias al desorden conceptual que mora en su
interior.
3) “Debo ser equilibrado”; aquí también debo parecerme al Cosmos, porque
la naturaleza, nuestro Cosmos menor, vive permanentemente en función de
su equilibrio biológico, algo que el hombre, que no sabe lo que
significa “SER”, interrumpe continuamente, por lo cual en muchas partes
se padecen cambios climáticos nada favorables.
El arte de pensar debe modificar el enunciado de “equilibrio” que figura
en el diccionario: “Estado de un cuerpo cuando fuerzas opuestas que
obran en él se destruyen y la resultante es NULA” (Enunciado con final
ESTÁTICO, anticósmico, por ende: antiarte de pensar). El arte de pensar
propone como sustitutivo un fenómeno de la naturaleza: “la temperatura
de 37º grados del cuerpo humano. Los circuitos “nervioso, circulatorio,
respiratorio, digestivo, urinario, sensitivo… trabajan en plenitud y
unisonancia, sin que ninguna fuerza anule a la otra. La temperatura de
37º varía porque una fuerza, por equis fallas, trabaja
desequilibradamente, lo que genera la inestabilidad térmica.
Al ser el equilibrio un valor único se forma una “escala cronológica de
los valores desequilibrados” que en la escala decimal son noventa y
nueve. Es una escala que se debería tener muy en cuenta en la educación,
la convivencia y el sentido de justicia a nivel humanístico (previo a lo
jurisprudencial) para facilitar la “ubicación correcta de los
integrantes de la sociedad. El arte de pensar es un factor pacificador.
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