Filosofía
Introducción a la geofilosofía de las ciencias
Guillermo Treboux

gtreboux2002@yahoo.com.ar

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Nuestro tema es llegar a caracterizar el contexto geofilosófico de la emergencia del las ciencias en la modernidad. Y para llegar a configurar ese contexto, como lugar en el que acontecen las ciencias, necesitaremos puntualizar muchos aspectos. No empezamos, pues, por las ciencias, si por su acaecer, sino por todos los conceptos históricos y filosóficos que abren el lugar, el espacio de este contexto geofilosófico

 

1.- CATEGORÍAS Y PERIODIZACIONES.

 

1.1.- Periodizaciones

 

“El camino que hay que recorrer es más difícil porque no sigue los signos aparentes de Kronos sino las huellas escondidas pero profundas de Logos”[1]

 

Las periodizaciones establecen regiones epocales, en duraciones y en yuxtaposiciones de

categorías de análisis. Ese el aspecto, sin o arquitectónico, al menos geométrico y topológico de las narraciones. Si las periodizaciones establecen –aún yuxtapuestas y discontinuas- los Antes, Durante y Después de los períodos, las categorías son los mojones y señalizaciones de los períodos que se narran y analizan.  Por razones de economía conceptual, comenzaremos diciendo que no hay periodizaciones sin categorizaciones, y que en este estudio, tomaremos algunas de esas categorizaciones que irán correlativas a las periodizaciones. Un estudio exhaustivo, que dé cuenta de múltiples e importantes singularidades debe por fuerza ser muy extenso. Por lo tanto, restringiremos a un grupo de nueve o diez categorías hacia la configuración del contexto.

 

1.2.- Moderno, Modernismo, Posmodernismo

 

“Mediante la acuñación del término ‘posmodernismo’: un vacío que esconde otro vacío, en una regresión serial de cronología autocongratulatoria”[2]

 

Con esas palabras, Perry Anderson adviertes obre un vacío categorial que pretende ir más

allá de su propio vacío. Para él, el Modernismo es, en cierta significación, un ámbito que contiene todos los elementos que en algunas caracterizaciones se le asigna al Posmodernismo, por lo que éste último término, en su afán de ir más allá, sólo significa un modo del modernismo.

 

            Mi opinión es que hay filosofías ‘posmodernas’ que pueden leerse a la manera de las filosofías clásicas, sin que se caiga en reduccionismos ni en supresión de singularidades y diferencias. Más aún, los estudios de Ilya Prigogine, como ‘La Nueva Alianza), no hacen sino pensar lúcidamente lo pre-moderno, tanto como la Antropología de Claude Lévi-Strauss. Lo que es innegable, en cambio es que con el Modernismo, hay una nueva percepción, primero temática (al promover significables regiones ocultas a lo Moderno) y luego conceptual, (al hacer posibles descripciones a partir de las nuevas tematizaciones). El problema es salgo contradictorio: hay demasiadas historicidades, justamente, quizás, por haber fructificado el espíritu de la época del siglo XIX, que en uno de sus proyectos salientes quería historiografiar todos los pasados posibles.

 

            Lo Moderno no es lo Modernista. Modernidad es una categoría que opera sobre periodizaciones cronológicas, pero también semánticas, y ambos sentidos son, muchas veces, indiscernibles. Lo moderno implica una Estética para las Artes, una Racionalidad para la Filosofía, una Metafísica para las Religiones, y una Epistemología para las Ciencias. Pero también implica una idea del Estado y las Instituciones para la Política, y una idea de Libertad y Democracia para la Antropología.

 

Pero, todas estas implicancias están estrechamente vinculadas con aspectos muy problemáticos que incesantemente desbordan y cuestionan su sentido conceptual-categorial. Quizás, en vez de decir ‘aspectos’ (que de alguna manera aluden a la relatividad de los puntos de vista) habría que decir que se trata de otras categorías. Diré entonces que ‘categoría’ está dicho en sentido ‘fuerte’ y ‘aspecto’ en sentido ‘débil’. Pero la problematización es la siguiente:

 

ü        La Universalización de lo Moderno, y

 

ü        Universalización de las categorías sin eurocentrismo.

 

Estos   problemas   permanecen   abiertos. Mi  propia posición es   crítica a la idea de eurocentrismo, pero, ¿Cómo podría ser de otra manera, si toda descentración supone un centro de des-centrar? Vale decir que en lo que muy bien Bachelard hubiera podido llamar ‘el obstáculo antropológico’ se juega la siguiente contradicción:

 

a)       Si debe operarse un descentramiento, lo es sobre cierto centro.

 

b)      Sin o hay centro, no hay nada que descentrar.

 

En el primer caso, la historia como interpretación y praxis, es posible, pero, en  el segundo

caso, no lo es, ya que, abolido el centro y sobrepasadas las señalizaciones de períodos y categorías, la historia es ficción, y ni siguiera una ficción privilegiada.

 

1.3.- Progreso, Evolución, Desarrollo

 

            Estas tres categorías aparecen más o menos explícitamente en las periodizaciones históricas, auxiliadas  con las nociones de decadencia y transición. Si bien parecen proceder de una cierta manera de la racionalidad y  la acción teleológica, estas categorías no pueden negarse ni afirmarse acríticamente, sin matices los in la inclusión de la idea de circunstancias, o de contexto.

            Para Eugenio Trías, no hay cabida a la idea Moderna de Progreso, pero tampoco ‘una explicación de la variedad de épocas y edades en azar[3]

            Propone en cambio un ‘principio de variación’,  que permite pensar, si no resolver, el problema de lo Mismo y de lo Otro, de la Repetición y la Diferencia.

            Retóricamente, una reflexión escéptica puede decir, como Ciorán, que la idea de progreso es autocontradictoria, porque supone descreer de un progreso anterior. Pero se trata de un idealismo formal, ingenuo (aunque Ciorán  no lo sea en absoluto).[4]

 

 

            El error más evidente es confundir progreso con acumulación, error trágico, por lo demás, suscitado por la revolución industrial inglesa y sus sucedáneos post-gran depresión del ’29 en este siglo, en que, ante la pregunta ¿Qué hacer con lo acumulado?, la respuesta fue la producción de escasa o regulada duración de útiles en la naciente mercadotecnia, y la sobreabundancia de estímulos propagandísticos y publicitarios. En 1929 se produce la primer gran contradicción moderna del complejo ciencia-técnica-mercado, producto de la crisis interna (que se haría externa), de la confusión de progreso con acumulación.

 

            La Evolución es una categoría histórica sumamente proteica que se acomoda igualmente en ciencias naturales. Probablemente haya que remontarse hasta Aristóteles y las explicaciones de potencia y acto para rastrear su arqueología eidética. Lo que está en potencia prefigura la más moderna idea de Evolución. Pero las explicaciones aristotélicas no tienen la especificidad que las ciencias naturales le asignaran. La Física conservó la idea de ‘energía potencial’, y Darwin estableció un nuevo indiscernible: aquel que liga evolución a mejoría. En historia, suelen describirse movimientos tales como ‘evolución de los acontecimientos’, con lo que no siempre se entiende una mejoría, en sentido del naturalismo darwiniano. Durante los años ’50 y ’60, el interesante debate entre ontogénesis y estructuras llevó las tesis revolucionistas hacia la Psicología y la Sociología, siendo Piaget el eje de la inflexión entre Bergson y Husserl.

            El error, esta vez, es el de confundir Evolución con mejora (los procesos ‘mayorantes’), ya que puede caerse en la ilusión de que lo nuevo es lo mejor, y esto siempre debe analizarse,  por lo menos con la filosofía bachelardiana, la cuál sostiene –dialéctica mediante- que la manera de conservar es más importante que lo conservado. Además, la aufhebung hegeliana hay que remitirla a las condiciones materiales aunque éstas no sean de ninguna manera entidades en-sí. 

La categoría de Desarrollo, que también admite muchos usos, tiene una carga económica, particularmente industrial, y política. El Desarrollo suele ligarse a una liberación de las fuerzas productivas, en que campea la concepción de mundo industrial, con la sobredeterminación de la acumulación de productos.

            El Desarrollo, esta vez como idea-fuerza política, insta a poner en movimiento fuerzas productivas, y su mayor ilusión social es la de suscitar acción allí donde hay ‘estancamiento’ o fuerzas inerciales incapaces de autoregularse. La categoría de Desarrollo es típicamente Moderna, y se debe tanto a la revolución industrial como a la pragmática de Kant, que forja un ideal de la razón para poner todo lo demás en movimiento. Una vez más, despejar el contexto en que actúa la categoría de Desarrollo es poder determinar en la multiplicidad social e histórica, espacial y temporal, dónde se hallan los contextos en los cuáles las fuerzas inerciales son incapaces de autoregularse. Allí donde se hallen esos contextos, la categoría de Desarrollo juega un importante papel explicativo.

            El error, en este caso, es suponer que a todos los contextos cabe asignarles la categoría explicativa de Desarrollo.

 

1.4.- Agricultura, Feudalismo, Burguesía, Industria

 

            Estas categorías de estudio histórico-social postulan una flecha del tiempo, en que en la mayoría de los estudios históricos aparece como secuencia irreversible: Agricultura, Feudalismo, Burguesía e Industria. Aún admitiendo que esas categorías se singularizan de acuerdo al país, región o pueblo estudiado, y que, aún así existen solapamientos o superposiciones, aparece como una constante que el ordenamiento categorial es sucesivo.

            Muchos problemas surgen de esta secuenciación. Al decir de Perry Anderson, respecto al Feudalismo:

‘Según Voltaire, el Feudalismo no es un acontecimiento, sino una forma muy antigua que, con diferentes administraciones, subsiste en tres cuartas partes de nuestro hemisferio’, y luego anota Anderson: ‘Es preciso subrayar que la inflación genérica del término feudalismo no se limita a los marxistas... la mayor parte de muchos ensayos descubren el feudalismo en todas partes donde lo buscan’[5]

 

            Una vez más, el eurocentrismo historiográfico lleva sus categorías por todas las regiones en las que practica la historia.

            En cuanto a la agricultura, o el vínculo originario con la tierra, hay dos filosofías de la historia que no pueden sintetizarse, y cuyo valor como tensión epistemológica es extraordinario

 

a)       El estudio de la Agricultura de historiadores como Georges Duby, que ubicaré como fuera de la Historia Social Tecnológica.

 

b)      El estudio de la Agricultura como relación originaria con la tierra y el territorio, más acá de la Historia Social Tecnológica propuesta por Popper. Y aquí hay que ubicar a Engels (Dialéctica de la Naturaleza); y a Gilles Deleuze y Félix Guattari (El Anti-Edipo)

 

a)       Los estudios históricos a la manera de Georges Duby (Economía rural y vida campesina

en el Occidente Medieval), son extraordinariamente exhaustivos, empleando todos los recursos de fuentes, archivos, documentaciones, testimonios de época, registros comerciales. Historias como las de Duby son estilísticamente irreprochables, y logran llevar a la manera de Collingwood o Werner Jaeger, a un verdadero apropiarse del pasado a través de una recreación y reconstrucción que es a la vez real y pasada. Georges Duby es un escritor que no vive ‘su’ época, y resulta un obstáculo muy difícil de remover: construir el pasado como tal, sin modificaciones actualistas. Es un historiador que Helge Kragh llamaría sin dudas ‘diacrónico’.

 

            Alexandre Koyré es un geofilòsofo de las ciencias y produce una verdadera reforma agraria en la historia de las ciencias, y quizás, en la economía política, como viò Jacques Lacan en la elaboración del sujeto de las ciencias. (la ciencia y la verdad, escritos 1).

 

b)      La relación tierra-territorio, entendida como productos de superficie –noción plenamente industrial- problematiza el vínculo históricamente precedente (agricultura), hacia todas las formas en que la mercadotecnia deslocaliza y expropia, en complejos sistemas mercantiles, ideológicos, lingüísticos, televisivos, y científicos y filosóficos. La idea de superposición o yuxtaposición, muy cercana a la de sobredeterminación, se expresaría de esta manera: si la porción de territorio admite un tejido (alodio), más otro tejido (feudo), más (iglesia), más (estado) o (monarquía), el resultado es un tejido denso de fibras de carácter sociológico y político en que el elemento primero (tierra), deviene territorio, y éste, sobredeterminado por las yuxtaposiciones, transforma el estar espacial y ontológico y el habitar (ser-en) de los hombres y grupos sociales[6].

La tensión que se produce entre una historia de tipo a) y una historia de tipo b) tiene notables consecuencias. La primera de ellas es que las historias de tipo a) son insuficientes, pero de ninguna manera innecesarias, y las historias de tipo b), que propongo incluir en la que Popper llamaba Historia como Ciencia Social Tecnológica[7] se hacen posibles a partir –por lo menos- de la fase capitalista a partir de l929.

 

            La Categoría de Burguesía, muchas veces denostada como contrarrevolucionaria, tiene sin embargo la marca fuerte de su carácter universalista, tal como se desprende de la Revolución Francesa. El problema sociológico de las ciudades y el campo pasa por un análisis de las instituciones, en el que no me extenderé.

 

            Sin embargo, una vez más, Eugenio Trías ha estudiado muy bien la noción latina de limes, límite o frontera, en la que la composición espacial-territorial se complementa con la configuración categorial filosófica y estética (Lógica del Límite).

 

            Por tanto, las historias de tipo a) diferencian muy bien las ciudades (Burgos) de las zonas rurales, y solamente desde una perspectiva  histórica de tipo  a) el sentido de esa división es fuerte, No lo es, en cambio, desde una historia de tipo b), en que las nociones de sobredeterminación, superposición, yuxtaposición y solapamiento nos proveen de una aproximación más hacia nuestra idea inicial de contexto de emergencia de las ciencias en la Modernidad.

 

             En la República Argentina, los trabajos de Alfred du Graty durante en s.XIX proporcionan una medida adecuada a todas estas consideraciones de geofiosofìa de las ciencias y economía política.

 

2.- ANTROPOLOGÍA. Individuo, Trabajo y Sociedad

 

            Modos de producción pre-capitalistas:

Cuando dijimos que hay sistemas inerciales que se autorregulan, estamos aludiendo a modos de producción precapitalistas. Así, aunque la datación histórica sea aleatoria, podemos tomar el siguiente caso:

 

“En 1883 un grupo autodenominado de filántropos y humanitarios estadounidenses comenzaron a estudiar el ‘problema’ de los indios cherokees, que habitando en el territorio indio Independiente en Oklahoma, mantenían la tierra en propiedad colectiva. Viviendo prósperamente. El senador Dawes, después de una visita de inspección, escribió: ‘No había ni un pobre  en esa nación, y la nación no debía ni un dólar ( ...) ninguna familia carecía de hogar. Sin embargo, el defecto del sistema resultaba evidente. No pueden ir más allá de dónde han llegado, porque la  propiedad de las tierras es común. Bajo este sistema no existe el espíritu emprendedor que te lleva a hacer que tu casa sea mejor que las de tus vecinos. No  hay egoísmo, que constituye la base de la civilización”[8]

 

Se desprende fácilmente de esa situación, que hay dos prácticas ideológicas que

conforman una misma weltanschauung: del Sr. Dawes:

a)       La comparación e imbricación a escala de cosmovisión del trabajo entendido como una competencia del Hombre y la Máquina.

 

b)      El narcicismo como ética y práctica de la solidaridad.

 

En lo que respecta al punto a), Federico Engels escribió:

 

“El cuerpo no es un motor a vapor, que sólo sufre fricción y desgaste. El trabajo fisiológico sólo es posible con continuos cambios químicos en el cuerpo mismo, que dependen también del trabajo del corazón y del proceso de la respiración. Es claro que no se pueden comparar dos casos de trabajo fisiológico que se han desarrollado en condiciones en otro sentido idénticas, pero no es posible medir el trabajo físico de un hombre según el trabajo del motor de vapor, etc. Sus resultados exteriores, sí, pero no los procesos mismos, sin considerables reservas”[9]

 

            Es decir que el llamado ‘espíritu emprendedor’ supone la industrialización y la tecnología. Y es decir también que el caso del sistema inercial autorregulado de los cherokees es solamente un caso de una multiplicidad enorme que puede encontrarse tanto histórica como contemporáneamente. Y sobre esos sistemas inerciales actúan el principio a) muy bien resumido por Engels.

 

            En lo que respecta al punto b), la situación es algo más compleja. Este segundo principio actúa de esta manera: En la Modernidad comienza a gestarse el pensamiento científico, primeramente ligado a la Filosofía, e inmediatamente a la Tecnología. En el Modernismo, la Tecnología produce un olvido de las formas científicas y solamente se asimilan los productos. Los productos tecnológicos refuerzan el principio del  placer (confort, comodidad, defensas medicinales). Una vez asentado el principio de placer, éste se vuelca sobre el Ego. Y el Ego, satisfecho por su éxito placentero, piensa en los demás a partir de su propio rasero. Por lo tanto, lo que es bueno para el Ego, tendrá que serlo para cualquier alter-ego extrapsíquico, que es percibido como un igual, sobrepasando la diferencia. De esta manera, el altruismo luego del pre-capitalismo, se construye sobre la base de que el otro es un igual proyectdo o calcado sobre el Ego maquínico-tecnológico.

En el mundo tecnológico, observa Perry Anderson, ocurre una respuesta colectiva que desborda las posiciones de izquierda y derecha tradicionales: dice a propósito de corrientes estéticas.

 

“En ningún caso fue el capitalismo como tal exaltado por cualquier de las ramas del ‘modernismo’. Pero esta extrapolación fue hecha posible precisamente por el carácter imprevisible del modelo socioeconómico aún incipiente que más tarde se consolidaría en torno a aquellas. No se veía muy claro a dónde conducirían los nuevos inventos e ingenios. De aquí la celebración ambidiestra, por así decirlo, de tales inventos desde la derecha y desde la izquierda: Marinetti o Mayakovsky”[10]            

 

2.1.- El Individuo y la Naturaleza Humana

 

Durante los siglos XVI y XVII, tres obras cardinales sobre Antropología Filosófica indican la relación Hombre, Naturaleza y Sociedad. Estas son: el Tratado de las Pasiones (Descartes), la Ética (Spinoza) y el Tratado de la Naturaleza Humana (Hume). Inauguran la época Moderna. Ninguno de los tres filósofos dejó de pensar la Antropología sin una consideración fundamental sobre las ciencias, aunque esto es más explícito en Descartes y Hume. Estas obras son Modernas –y no Medievales- entre otros motivos porque no se basan en la autoridad de la Iglesia, sino en la Razón que regula las Pasiones y el Conocimiento. La vía del Idealismo, que luego criticaría Marx (La Ideología Alemana) y  Nietszche (El Crepúesculo de los Ídolos) era un postulado incoado, en estado de posibilidad, y no el resultado final de esas filosofías. Por el contrario, son las Ciencias y la posición que ante ellas se asumiría, el verdadero factor decisivo que en la historia de largo plazo marcaría a fuego el rumbo de Europa y de todo el mundo que se vinculase con su era Moderna.

 

            Para Spinoza, la naturaleza humana no contradice la libertad y la necesidad, a condición de considerar inmodificables ciertas condiciones del mundo natural y social, a la manera de los estoicos latinos.

¿No se advierte una universalidad extraña en el ascetismo estoico, el de los cristianos, de los budistas, los protestantes weberianos y la voluntad ascética de Schpenhauer en estas palabras?

 

“El aprender a vivir y a morir constituye el núcleo de los ‘ejercicios espirituales’ elaborados por los estoicos, y por Séneca en particular. Su finalidad es guiar hacia un dominio, por lo demás incompleto, sobre los efectos. Esto permite al sabio liberarse de las limitaciones de la propia individualidad y alcanzar –en un estado de lúcida consciencia- el conocimiento del mundo y de sí mismo  perturbado lo menos posible por las pasiones. Mediante tal terapia –que transforma la escuela del filósofo en una ‘sala de operaciones’; el sapiente, comenzando a ejercitarse a partir de las cosas más simples, llega a ser señor de sí mismo, a conformarse a la razón universal y a insertarse en la estructura del cosmos, recortándose en sí  mismo  un pequeño espacio en que puede eficazmente intervenir, renunciando al resto, sobre el cuál es en cambio completamente impotente”[11]

           

Antes de Max Weber y de la Genealogía de Nietszche, hay aquí una muestra del cobijo estoico y parcialmente escéptico. Pero iré algo más lejos: durante los siglos XVI  y XVII empezó a existir realmente el Mundo Exterior inmutable e inmodificable que instara a la subjetividad a volcarse sobre sí. Este movimiento siempre se ha encontrado en todas las épocas, más, la Época Moderna, y su perduración, encontró el Mundo Exterior, pero también buscó entender sus leyes materiales. Así, la Filosofía Natural no se distinguía de las Ciencias, hasta que éstas se distinguieron de la Filosofía, modificando a ambas y estableciendo  nuevas relaciones Hombre-Naturaleza. Pero en esta nueva forma de paralelismo, no alcanzan las explicaciones materialistas ni las espiritualistas. Afirma Koyré:

 

“Pues mal que le pese a Aristóteles, el Hombre no está animado naturalmente del deseo de comprender: ni siguiera el Hombre de Atenas... No fueron los harpedonautas egipcios, que tenían que medir los campos del valle del Nilo quienes inventaron la geometría: fueron los griegos, que no tenían que medir nada de nada”[12]

 

Una controversia planteada por el Materialismo Histórico y el Materialsimo Dialéctico parte del supuesto de las ‘condiciones objetivas de los modos de producción’. Althusser empleó la categoría de sobredeterminación para intentar explicar de qué manera lo indeterminado surge de lo determinado. Pero solamente bajo la idea Moderna de Mundo Exterior la Filosofía y las Ciencias rebasarían, aunque no totalmente, la ética estoica y las actitudes escépticas. No acuerdo, en cambio, con el proyecto de Althusser de expurgar las Ciencias de Ideología Filosófica, tal como propuso en sus conferencias sobre Jacques Monod en 1967.

Ese problema ¿de demarcación’ es epistemológicamente previo a Epistemologías Transdisciplinarias como las de Piaget y Nagel.

La Tecnología, que sobrevendría luego del Mundo Exterior de la Filosofía y las Ciencias Modernas, es el cruce de la acumulación económica y el progreso en las ciencias. Las historias de tipo ‘A’ (Duby), son una versión válida que debe complementarse –difícilmente sintetizarse

           

            3.- EL CONTEXTO DE EMERGENCIA DE LAS CIENCIAS EN LA MODERNIDAD

 

Si el breve recorrido seguido hasta aquí ha servido para desbrozar el camino hacia ese lugar, que tiene algo de mítico pero también de histórico, que denominamos contexto,  entonces consideremos los componentes que lo configuran:

           

            3.1.- Condición de Posibilidad y Sobredeterminación Geofilosòfica.

 

La noción kantiana de condiciones de posibilidad alude a que todo acontecimiento debe ser posible antes de acontecer. La historia enseña muy bien –aún bajo sus formas A y B-, que lo que acontece en un momento y lugar social determinado, cuando es singular, sorprende por su emergencia. Así surgen las preguntas: ¿Por qué en ese momento y lugar y no en otro momento u otro lugar? Si esas preguntas no fueran parte de la curiosidad del historiador y el filósofo, no habría historia ni filosofía. La pregunta en este caso es: ¿Por qué las ciencias emergieron en la modernidad europea, y no en otra configuración espacial, epocal y social? Ensayemos respuestas.

 

a) Las ciencias surgieron en la Modernidad Europea (hacia los siglos XVI y XVII) Acontecimiento tradicionalmente indiscutido, no simple.

 

b) Las Ciencias surgieron hacia el siglo XIX, anteriormente, se estaba en una etapa precientífica (Tesis de Bachelard)

 

c)   Las Ciencias son universales, y si no consideramos más que Europa o la cultura occidental, no es más que por pereza intelectual y falta de investigación. (Esta idea, con algunos matices, parece relacionar a Marx y Engels, Piaget, Lévi-SraussJ. Needham).

d)   Las Ciencias provienen de un contexto imposible, o de un contexto imposible de reconstruír (Idea de J. L. Mena, para quién un diálogo como el Parménides, sólo tiene un lugar mítico, imposible de hecho pero no de derecho).

 

e)  Las Ciencias, al igual que la Filosofía, sólo aleatoriamente se ubican en Grecia Antigua y Clásica en su emergencia: su acontecer es inmanente y geofilosófico: allí donde se produzca. (Tesis de Gilles Deleuze y Félix Guattari).

 

f) Las Ciencias suponen dos contextos: el de descubrimiento y el de justificación

      (Reichembach), lo que indica que la dialéctica post-hoc/ante-hoc es nuclear, y quizás solamente por argumentaciones y convenciones historiográfico-semánticas es posible decidir entre  condiciones de posibilidad y sobredeterminación.

 

3.2.- ¿Qué Ciencias se formaron en la Modernidad Europea, y cuáles fueron sus condiciones de posibilidad y cuáles sus sobredeterminaciones?

 

            Llegamos entonces a formular la pregunta que da sentido a ese contexto, y a esa Modernidad.

 

A.- Las Ciencias Experimentales

 

            Requeriría un largo análisis explicar distintas maneras en que la experimentación posee –o se le asigna- contenido. Pero, a través de Galileo Galilei y algunos otros científicos, lo que en la antigüedad griega había reservado para mentalidades como la de Arquímedes, durante la época Moderna se convirtió, no espontáneamente, sino por así llamarlo, una sedimentación histórica, en una renovación de las relaciones entre la sociedad humana, la Naturaleza y el Espíritu. Lo verdadero respecto a la Naturaleza será considerado como una posibilidad de repetición ante distintas miradas, de un mismo resultado experimental en el que teoría, medición y conformación del contexto experimental conforman una unidad de sentido observacional.

 

            Contexto es, en este sentido preciso, una composición de Condiciones de Posibilidad, y de Sobredeterminación.

 

B.- Las Condiciones de Posibilidad

 

Lo que hace posible que la experimentación provea resultados nuclearmente unívocos, y parcialmente equívocos, es el rigor conceptual y la precisión formal (lógica y matemática) de aquello que se producirá invariablemente al repetirse un experimento. El pensamiento divergente, escéptico, o condicionado preconceptualmente (situaciones comunes a cualquier hombre), se apoyará en todos aquellos resultados o interpretaciones que no se acomoden a lo previsto o anticipado por los experimentadores. Serán de allí en más los supersticiosos, los que antepongan formas de subjetividad, muchos filósofos, religiosos y metafísicos. Pero también aquellos que sociológica e institucionalmente vean afectados sus argumentos de autoridad. Es un tema muy interesante el de contraponer versiones internalistas y externalistas en torno al contenido de las ciencias.

            En cambio, el pensamiento convergente, hallará en el núcleo constante del resultado de las experimentaciones, una evidencia confirmadora de que la teoría formalmente fundante de la interpretación de los resultados, es suprasubjetiva, quizás universal, para todas aquellas personas que hallan conducido sus razonamientos a un estado de comprensión y acuerdo antes inédito, esto es, los estados de precomprensión arquimedianos, galileanos.

 

C.- Sobredeterminación

 

            La sobredeterminación, que también forma parte de los contextos, son todas aquellas circunstancias que convierten un contexto (que cualquiera sea siempre se halla en un espacio-tiempo), en un modo especial de respuesta urgente. Vale decir, que no es lo mismo la determinación formal (por ej. el mecanicismo laplaciano), que la sobredeterminación. Para explicar esto de manera simplificada  en general, diré que un determinismo en sentido laplaciano, equivale algo así como a la paciencia de Dios, ya que, aunque todo instante sea precedido y sucedido por otro instante, solamente a un inmortal le resulta indiferente lo que acontece antes, durante y después.

            La sobredeterminación, por el contrario, lo que indica, es que se superponen, yuxtaponen o solapan distintas intencionalidades y acciones o, simplemente movimientos de la materia y de la Naturaleza, produciendo duraciones (o instantes-contextos), en los que emerge una resultante de las urgencias y los espacios sobrecondicionados.

 

D.- Internalismo, Externalismo y Época Moderna

 

            Desde una manera de entender las ciencias en sentido internalista, no hay nada entre Arquímedes y Galileo Galilei. Esto es una exageración deliberada, pero indica una consecuencia lógica, formal, de implicación sucesiva. Es abolir las historias intermedias como irrelevantes al caso.

            De una manera externalista también simplificada, las condiciones de sobredeterminación que van de un tejido yuxtapuesto (agricultura, feudalismo, iglesia como poder político, monarquía como poder político, y Estado como poder político igualmente), nos encontramos conque todas las situaciones en que las urgencias sociales (hambruna, enfermedades sin asistencia, guerras) implican una emergencia  de conflictos que estaban en estado de posibilidad no-realizada, pero que, en lenguaje aristotélico, son forzados a acontecer (acto).

            Por tanto, la Época Moderna acontece al menos de dos maneras:

 

1.- Durante los siglos XVI y XVII, en Europa. Y con algunos nombres propios: Galileo Galilei, René Descartes, Martín Lutero.

 

2.- La Época Moderna –como zietgeist-[13] (Espíritu de la Época, o, como recientemente se ha traducido ‘Talante de la Época), acontece en todos aquellos contextos en que se reproduce el ámbito de experimentación (bajo sus condiciones de posibilidad y sus sobredeterminaciones) en una doble inscripción –internalista la una, externalista la otra- en que la obra de Arquímedes pase de una singularidad Antigua a una universalidad galileana Moderna.

 

            Podemos arriesgar la siguiente hipótesis: durante los siglos XVI y XVII no hubiera sido posible una Historia Social Tecnológica. Y es que la modificación de las condiciones de vida no eran tan determinantes, incluso biológicamente, con la tecnología disponible entonces. Sin embargo, todo ha cambiado en el Modernismo que le seguiría. El anteojo con que Galileo registraba los ciclos planetarios era el mismo anteojo con que los comerciantes avistaban en los puertos la llegada de barcos con mercancías, a fin de negociar ventajosamente los productos que habrían de llegar.

            Y es el momento de preguntar si no es un error lingüístico u ontológico decir el ‘mismo’ instrumento: en un caso la finalidad es el conocimiento del mundo natural, que, aunque existente, con independencia del científico, retiene los ordenamientos que lo rigen.

 

            En otro caso, el mundo social reglado por leyes de pertenencias e intercambios, en el que es posible acumular riqueza. La historia posterior enmarañaría esas intenciones hasta hacerlas una trama compleja y dominante. Si los harpedonautas del Nilo hubieran  hecho mediciones por razones económicas de acumulación y así hubiese surgido la geometría y la aritmética, entonces, ¿Qué hubiera cambiado? ¿Què cambios son visibles hoy en la estructura de nuestros saberes, en Oriente y Occidente, por asì decir, en la piel de nuestro tiempo?

 

Guillermo Carlos Treboux

Gtreboux2002@yahoo.com.ar            

 

Filosofía e Historia de las Ciencias

Universidad Nacional del Comahue

Consejo Provincial de Educación - Neuquén

 

BIBLIOGRAFÍA

           

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Crouzet, Maurice, Historia General de las Civilizaciones, Vol 7, Ed. Destino, Barcelona, 1961 cap. La época contemporánea, ‘En búsqueda de una nueva civilización’

 

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 Trías, Eugenio, Lógica del Límite, Ensayos/Destino, Barcelona, 1991

 

Vitiello, vincezo, Historia, naturaleza, redención en  ” Los confines de la modernidad”, Granica ed.Barcelona, 1988

 

[1] Vincenzo Vitiello, Historia, Naturaleza, Redención, en Los Confines del a Modernidad, Granica, Ed. Barcelona, 1988, p. 17

[2] Perry Anderson, Modernidad y Revolución, en El debate modernidad-posmodernidad, Puntosur Ed. Bs. As. 1991, p. 115

[3] Eugenio Trías, La Edad del Espíritu, Ensayos/Destino, Barcelona, 1994, p. 685

[4] Emile Ciorán, Adiós a la Filosofía,  Alianza Ed. Madrid,

[5] Perry Anderson, El Estado  Absolutista, Siglo XXI Ed. Madrid, 1979, p. 423

[6] Manuel E. Macchi, Presentaciòn de “La confederación Argentina” Alfred Du Graty, traducción: Sara Elena Bruchez, Museo “Palacio San José”, archivo històrico nacional, Cocepciòn del Uruguay Entre Rìos, Argentina

[7] Karl Popper, D. Miller (comp.) De Miseria del Historicismo, cap. IV, La teoría del  desarrollo histórico, FCE, México, 1995, pág. 313.

[8] Susana Mazza Ramos, Razonamientos Falaces, Diario Río Negro, Rca. Argentina, 11/10/1999, p.13

[9] Federico Engels, Dialéctica de la Naturaleza, Cartago Ed. Bs. As. 1981, p. 247

[11] Remo Bodei, Geometría de las Pasiones, FCE, México, l995, pág. 215

[12] Alexlandre Koyré, Estudios de Historia del Pensamiento Científico, S XXI Ed. México, 1978, p. 384

[13] La traducción de ‘zeigeist’ por ‘talante de la época’ es de Joan Vilaplana, en Imposturas Intelectuales, de Sokal y Bricmont, Paidós, 1999

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