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Parte 3
2. Dos Aproximaciones para el Análisis de la Influencia
de los Medios en la Opinión Pública: Las Teorías sobre la Persuasión y la
Semiótica
2.1 Teorías sobre la Persuasión
2.1.1 El grupo de Investigaciones de Yale
El primer abordaje sistemático sobre el tema se le
atribuye a Carl Hovland, Irving Janis y Harold Kelley (1953). Su foco se
centraba en el cambio de actitud en función de la persuasión, bajo una
óptica más cercana a los procesos cognitivos del aprendizaje que al
conductismo en boga (Liska y Cronkhite, 1995). Su aproximación al tema
parecía prometer que el cambio de las actitudes podían ser un método
efectivo en combatir el prejuicio, los estereotipos, la delincuencia y los
efectos negativos de la propaganda (Philipchalk y McConnell, 1994).
Según su enfoque, para que un mensaje persuasivo cambie la
actitud y la conducta, tiene que cambiar previamente las creencias del
receptor del mensaje. Este cambio en las creencias se produciría siempre que
el receptor recibiera creencias distintas a las suyas y además que estas
fueran acompañadas de incentivos. Será entonces el proceso de persuasión
dividido en etapas con diferentes niveles de análisis, cada una con
elementos claves, a saber:
- La fuente (quien emite el mensaje: su experiencia,
sinceridad, atractivo, semejanza con el receptor, poder, etc.).
- El contenido del mensaje (calidad de los argumentos,
incentivos prometidos, organización, claridad, si pone énfasis en los
aspectos racionales o emocionales, etc.).
- El canal comunicativo (visual- auditivo;
directo-indirecto) y
- El contexto (relajado, serio, agradable o desagradable,
distracciones, etc).
Por supuesto es que estos efectos estarán mediatizados por
ciertas características de los receptores como la susceptibilidad ante la
persuasión, edad, nivel educativo, creencias previas, autoestima, etc.
Entonces esperaremos que un mensaje con argumentos muy complicados y
técnicos tendrá ciertos efectos positivos en un público con abundantes
conocimientos sobre el tema y con gran interés en saber o en el tema,
esperando lo contrario con un público que carezca del interés y/o el
conocimiento necesario.
Hovland y su equipo (Liska y Cronkhite, 1994) describieron
cuatro efectos psicológicos que los mensajes pueden producir en el receptor,
como son la atención, comprensión, aceptación y retención, siendo
todos ellos necesarios para que el mensaje persuasivo sea efectivo. El
concepto de atención reconoce que no todos los mensajes que se emiten con
intención de persuadir son captados por los receptores, por lo que un
mensaje, aunque sea sintáctica y semánticamente muy bueno, si no es captado
es más bien ignorado, desechado o inútil frente a las creencias que la
persona ya posee.
La comprensión es otro elemento axial del proceso de
persuasión. Los mensajes demasiado complejos o ambiguos se pueden perder sin
efecto alguno o, peor aún, pueden ejercer el efecto en sentido contrario al
deseado por el emisor. Un claro ejemplo de ello pueden ser las informaciones
de la Bolsa, los artículos técnicos sobre economía o…el informe del tiempo.
El paso de la aceptación se consigue cuando los receptores
llegan a estar de acuerdo con el mensaje persuasivo. Se postula que el grado
de aceptación de un mensaje depende fundamentalmente de los incentivos que
ofrezca al receptor. Finalmente la retención es una etapa necesaria si se
pretende que el mensaje tenga un efecto en el largo plazo.
2.1.2 Las
Doce Etapas de la Persuasión, según McGuire
Este autor en sus investigaciones desde 1969 hasta 1985 se
ha centrado en los procesos que ocurren en el receptor en la comunicación
persuasiva, postulando doce pasos del proceso de persuasión: exposición,
atención, interés, comprensión, generalización de cogniciones relacionadas,
adquisición de habilidades relevantes, aceptación, memorización,
recuperación, toma de decisión, actuación y consolidación postacción.
Según Morales, Rebolloso y Moya (1994), este esquema está basado en el
modelo del grupo de Yale, aunque es más detallado y con etapas adicionales.
Este modelo ha sido reducido frecuentemente a dos factores
que son recepción y aceptación para hacer un marco de referencia a la
investigación en Psicología Social en el campo de la persuasión (Eagly y
Chaiken en Morales, 1994). De este modo obtendremos un mejor pie para ver el
efecto de las distintas variables de un mensaje persuasivo y su efecto sobre
alguno de los ejes de la teoría.
El modelo de McGuire implica dos aspectos a considerar.
Primero es que los diversos pasos o etapas dependen unos de los otros; el
receptor deberá pasar por cada uno de los pasos si se quiere que la
comunicación tenga su impacto persuasivo, o sea no hay comprensión sin
atención, así como no hay aceptación sin comprensión (McGuire en Morales,
1994). Lo segundo es que el efecto de una comunicación sobre el cambio de
actitud puede comprenderse mejor si se analiza su impacto en cada etapa. Es
así posible que ciertas características del mensaje o de la fuente tengan
efectos positivos en unas etapas y negativos en otras. Esto se entenderá
mejor en el caso del nivel intelectual del receptor, que aumentará
probablemente la atención y la comprensión de un mensaje, pero no su
aceptación.
2.1.3 La
Teoría de la Respuesta Cognitiva
En realidad el enfoque cognitivo está también presente en
el enfoque de McGuire y en las dos teorías a exponer a continuación, y la
focalización casi exclusiva en los procesos de este orden que ocurren en la
persuasión son proverbiales en la psicología social.
La teoría de la respuesta cognitiva postula que siempre
que un receptor recibe un mensaje persuasivo, este lo dicho por la fuente
con sus sentimientos y actitudes previas respecto al tema en cuestión,
generando respuestas cognitivas (Greenwald, 1968 en Morales, 1994). Estos
mensajes reinterpretados y autogenerados, y en especial su aspecto
autoevaluativo y asociativo, son los que determinan el resultado final del
mensaje persuasivo. Si los pensamientos van en la dirección indicada por el
mensaje, habrá persuasión, no así si van en contra, donde puede incluso
producirse un efecto boomerang. Entenderemos entonces que los receptores ya
no son persuadidos por la fuente o el mensaje, sino más bien por sus propias
respuestas ante lo que la fuente y el mensaje dicen.
Para esta teoría lo fundamental es determinar que factores
y de que manera influyen sobre la cantidad de argumentos que el receptor
genera, a favor o en contra, de lo propuesto por el mensaje. Existen
variables que influyen sobre la cantidad de argumentos generados, como la
distracción, que disminuye el número de argumentos, así como la
implicación personal del receptor en el tema (que aumenta la cantidad de
los argumentos positivos o negativos de forma directamente proporcional a la
implicancia). La manera en que estos factores influyen sobre el resultado
del mensaje es compleja, ya que no depende sólo de la cantidad de argumentos
generados, sino del tipo de estos argumentos, o sea, a favor o en contra del
mensaje. Así si los argumentos autogenerados favorables al mensaje, la
distracción tiene un efecto negativo o reductor de la persuasión; de forma
contraria, si los argumentos son contrarios al mensaje, la distracción, al
hacer que el receptor construya menos argumentos, produce un mayor impacto
en la dirección indicada por la fuente (Morales, 1994).
2.1.4 El
Modelo Heurístico
Hemos visto que los modelos anteriores presuponen que para
que un mensaje sea eficaz, el receptor debe implicarse activamente en el
procesamiento cognitivo del mensaje. Deberá atenderlo, entenderlo, ver sus
consecuencias para derivarlo a una aceptación, relacionarlo con sus
conocimientos previos, etc. A pesar de esto tenemos conciencia de que muchas
veces se nos persuade sin que nos demos cuenta, sin haber escudriñado el
contenido del mensaje.
En ocasiones somos persuadidos porque seguimos reglas
heurísticas de decisión, por lo que la persuasión no es tanto resultado del
análisis de validez del mensaje, sino de alguna señal o característica
superficial del mensaje, como la longitud o el número de argumentos que
se dan, o bien puede ser la fuente que lo emite (apelando a su
atractivo o experiencia), o de las reacciones de los otros que reciben el
mismo mensaje (Eagly y Chaiken, 1984 en Morales, 1994).
Los heurísticos más frecuentes se basan en la experiencia
de la fuente: "Los que saben de motores ocupan Aceite X" (con Eliseo
Salazar, corredor de autos, hablando de las bondades del producto). También
está el heurístico de semejanza ("Toda la gente cool (buena onda) usa
Levi’s"); el de consenso ("Si la gente vota por él es porque es una buena
persona"); o en el número y longitud de los argumentos ("Con tanto que
decir, debe tener un sólido conocimiento"). También existe otros heurísticos
más específicos como "las estadísticas no mienten", "los que me caen bien
tienen las opiniones más interesantes" y otros similares.
Obviamente, no siempre nos dejamos llevar por las señales
periféricas, por lo que es más probable que nos dejemos llevar por ellas en
las siguientes situaciones:
- baja motivación.
- baja capacidad para comprender el mensaje: por
experticia, capacidad intelectual, etc.
- alta prominencia de la regla heurística en la
situación: como el uso del discurso de "los datos no mienten" en
discusiones científicas o que exijan el uso de la razón por sobre los
sentimientos y no en el caso de discusiones amorosas y
- los elementos externos al propio mensaje son muy
llamativos, o sea, una fuente que llame poderosamente la atención del
receptor.
2.1.5 El
Modelo de la Probabilidad de la Elaboración
Petty y Cacioppo han elaborado un modelo que crítico e
integrativo de los enfoques anteriores, proponiendo que al recibir el
receptor el mensaje, éste puede ser analizado tanto de forma racional como
de forma automática, o sea, guiada por algún heurístico. A su vez criticaron
el modelo de Yale al considerar que los factores como el comunicador, el
mensaje y la audiencia son de importancia secundaria en el cambio de actitud
y que su efecto se reduce al caso en que la persona no este realmente
envuelta en la situación (Philipchalk y McConnell, 1994).
¿Realmente nos preocupamos de los productos que se nos
anuncian?, si no es así, indudablemente el "atractivo" de un comunicador(a)
nos podría embaucar. Pero al involucrar asuntos importantes de nuestra vida,
tendemos a "reflexivamente observar y elaborar en los méritos centrales de
los mensajes que recibimos". Si nuestras observaciones son positivas,
nuestras actitudes cambiarán en una dirección positiva. De cualquier forma,
es nuestra respuesta cognitiva al mensaje lo que cambia las
actitudes; mientras más elaboramos o pensamos acerca de los mensajes
persuasivos, mayor será la probabilidad que este nos afecte (Petty y
Cacioppo, 1986 en Philipchalk y McConnell, 1994).
Petty y Cacioppo definen dos principales estrategias
usadas por el receptor para decidir si aceptará o no el mensaje:
- La primera estrategia, denominada ruta central,
se da cuando el receptor intenta realizar una evaluación crítica del
mensaje, para lo cual analiza detenidamente los argumentos presentados,
evalúa sus posibles consecuencias y los pone en relación con sus
conocimientos previos sobre el tema. Es, por lo tanto, una elaboración
sistemática de pensamientos en serie sobre un mensaje (Petty y Cacioppo,
1986 en Morales, 1994).
- La segunda estrategia, la ruta periférica,
ocurre cuando el receptor carece de motivación o capacidad de realizar una
evaluación detenida del mensaje. El procesamiento periférico describe el
cambio de actitud que ocurre sin necesidad de mucho esfuerzo cognitivo en
torno al contenido del mensaje y su emisor, canal, etc. En este caso las
actitudes se ven más afectadas por elementos externos al propio mensaje,
como el atractivo de la fuente o las recompensas por asumir cierta
actitud. Este camino utiliza un procesamiento heurístico de lo percibido
con respecto al mensaje y su trasfondo.
Modelo Petty & Cacioppo sobre la
Probabilidad de la Elaboración
| Comunicación Persuasiva No
Importante |
|
| Ruta Periférica Procesamiento No
Involucrado |
|
==> |
| Cambio Basado en Heurísticos
Persuasivos |
|
Comunicación Persuasiva
Importante |
|
| Ruta Central Procesamiento
Involucrado |
|
==> |
| Cambio Basado en la Fuerza del
Argumento |
|
El cambio de actitud producido a través de la ruta central
será, según Petty y Cacioppo, más duradero, será un mejor predictor de la
conducta y será más resistente a cualquier intento de persuasión contraria
que el cambio de actitud producido a través de la ruta periférica.
Evidentemente ambas estrategias son extremos de un continuo; el continuo de
la probabilidad de la elaboración. Por elaboración se entenderá básicamente
que el receptor se implique en pensamientos relevantes al tema. Cuando la
probabilidad de elaboración es muy elevada, el receptor estará usando la
ruta central; cuando es muy baja estará ocupando la ruta periférica. En
ambos casos podrá haber persuasión, y esta podrá darse en cualquier punto
del continuo, ya que la naturaleza del proceso persuasivo es diferente en
cada caso. Al tratarse de un continuo, conforme la probabilidad de
elaboración aumenta, la importancia de las señales periféricas disminuye;
como al bajar la probabilidad de la elaboración, las señales periféricas
aumentan su injerencia. Según Morales (1994), Petty y Cacioppo, al concebir
el modelo como un continuo, reconocen que en niveles moderados de
probabilidad de elaboración, el proceso de persuasión representará una
mezcla compleja de características de ambas rutas.
La probabilidad de elaboración depende de dos factores
necesarios y simultáneos, como son la motivación, ya que a mayor
elaboración, mayor necesidad de tiempo y esfuerzo, y la capacidad.
Entre las variables motivacionales más estudiadas está la relevancia
personal del tema del mensaje. Otros factores que aumentan la motivación del
receptor para elaborar es el hecho de que el mensaje provenga de múltiples
fuentes con múltiples argumentos y la necesidad de cognición que cada
receptor tenga. Esta última variable permite diferir en que grado nos
implicamos y disfrutamos pensando, y a mayor de necesidad de cognición
personal, mayor será su tendencia a elaborar respuestas cognitivas.
Otros factores que influyen en la capacidad del receptor
para implicarse en la elaboración de respuestas cognitivas son la
distracción (a mayor distracción, menor probabilidad de elaboración y el
conocimiento previo, que mientras mayor sea, mayor capacidad de generar
pensamientos relevantes sobre el tema.
2.1.6
Estrategias para el Cumplimiento (u obediencia o aceptación)
En 1967, Marwell and Schmitt listaron 16 técnicas que
creyeron que la gente usa para lograr la obediencia de los otros. Su
taxonomía corresponde al campo de la Sociología, pero, según Liska y
Cronkhite (1995), su trabajo fue mejor considerado en las esferas de la
comunicación, específicamente con respecto a la persuasión, más que en su
disciplina de origen. Si bien sus planteamientos se refieren a formas
persuasivas (o disuasivas, si se quiere), muchos de estos axiomas son usados
en el diseño de mensajes persuasivos en los medios de comunicación de masas.
Tabla 1. Dieciséis Estrategias para
Lograr el Cumplimiento u Aceptación
| 1. Promesa |
Si tu obedeces, yo te recompensaré |
| 2. Amenaza |
Si tu no obedeces, yo te castigaré |
| 3. Experticia (positiva) |
Si obedeces serás recompensado porque es "la
naturaleza de las cosas" |
| 4. Experticia (negativa) |
Si no obedeces serás castigado porque es "la
naturaleza de las cosas" |
| 5. Agrado |
El actor es amistoso y cooperador para poner al
otro en buen ánimo de acceder a su propuesta |
| 6. Pre- entrega |
El actor recompensa al blanco antes de pedir su
aceptación |
| 7. Estimulación Aversiva |
El actor continuamente castiga al blanco, logrando
que este finalmente obedezca |
| 8. Deuda |
Me debes obediencia por favores pasados |
| 9. Petición Moral |
Tu eres inmoral si no obedeces |
| 10. Autopercepción (positiva) |
Te sentirás mejor acerca de ti mismo si obedeces |
| 11. Autopercepción (negativa) |
Te sentirás peor acerca de ti mismo si no obedeces |
| 12. Reflexión Alterna (positiva) (Altercasting
+) |
Una persona de buenas cualidades
obedecería |
| 13. Reflexión Alterna (negativa) |
Sólo una persona de malas cualidades
no obedecería |
| 14. Altruísmo |
Necesito tu aceptación, así que hazlo por mí |
| 15. Estima (positiva) |
Los que valoro pensarán mejor de mí si obedezco |
| 16. Estima (negativa) |
Los que valoro pensarán mal de mí si no obedezco |
Fuente: Marwell & Schmitt (1967) en Liska y
Cronkhite (1995)
Las estrategias para ganar la obediencia son un subset de
las técnicas persuasivas en general, pero se distinguen de los estudios
acerca de la persuasión en que:
- La lista fue construida e ilustrada en el contexto de
la comunicación familiar, y la investigación subsecuente ha asumido que el
fenómeno de la obediencia ocurre en las relaciones interpersonales,
mientras que el fenómeno de la persuasión fue investigado en relación a la
comunicación pública diseñada para afectar audiencias.
- El anunciado propósito de las estrategias de obediencia
ha sido lograr obediencia conductual, no para cambiar las mentes de
los receptores o sus actitudes. Amenazas, promesas y la enumeración las
consecuencias físicas y en términos de status y sentimientos acerca de
ellos mismos han sido los tipos principales de estas estrategias (es por
este enfoque en la conducta mediada que elegí traducir del inglés
compliance al castellano obediencia, aunque también hace
alusión a aceptar o acatar, por sobre complacencia, docilidad o
sumisión, N.del A.).
Los estudios consistían en la descripción de escenarios en
que una persona querría lograr la obediencia de otra, y preguntando por las
estrategias que ellos usarían para este fin o que indicaran las
probabilidades de cuál estrategia ocuparían de una lista que se les
mostraba.
La gran crítica a este estudio y los que la tendencia que
lo siguió es que no existía una teoría que enmarcara u organizara los
hechos, por lo que no se ha divulgado mucho acerca del enfoque, las
estrategias en sí, el nivel de relación en que se usan (interpersonal,
intergrupal, extragrupal, etc), los efectos y su nivel de efectividad.
2.1.7
Elementos Claves en el Proceso Persuasivo en Psicología Social
La Fuente Persuasiva. Las
investigaciones apuntan a dos características asociadas a las fuentes de
mayor poder persuasivo: credibilidad y atractivo.
Credibilidad de la Fuente. Ya
los estudios de Hovland sugerían que cuanto más creíble fuera la fuente,
mayor sería su efecto en el cambio de actitud. Las investigaciones también
han explicitado que la credibilidad depende de dos dimensiones básicas,
la competencia y la sinceridad; se refiere la competencia a si receptor
considera que la fuente tiene experiencia o si está informada o calificada
en lo que dice, o sea, si conoce la verdad o sabe lo que es correcto. No
será lo mismo si el mismo argumento lo sostiene un premio Nobel o un jugador
de fútbol. En sí, la competencia de la fuente depende de las siguientes
características (Morales, 1994):
- Educación, ocupación y experiencia de la fuente.
- Fluidez en la transmisión del mensaje: al tratarse de
mensajes verbales, las repeticiones, pausas vocalizadas, dificultades de
articulación y otros indicios de falta de fluidez, disminuye la
competencia con que la fuente es percibida.
- La cita de fuentes con cierta autoridad o prestigio
incrementa la competencia con que se percibe el emisor, aunque este efecto
no suele ser muy grande y a veces se limita a fuentes que tienen baja
credibilidad inicialmente.
- La posición defendida por el emisor: Cuando el mensaje
de la fuente viola las expectativas del receptor (por ejemplo, cuando la
fuente habla aparentemente contra su propio interés), entonces se
incrementa la competencia percibida y consecuentemente su credibilidad.
Tenemos que considerar el hecho de que, cuando el receptor
tiene experiencia con el objeto de actitud, apenas prestarán atención al
hecho de que el mensaje procediera de una fuente competente o incompetente.
Estévez (1974), agrega que además de la experticia no es factor suficiente,
también la fuente debe parecer también lo suficientemente honrada y sincera
como para rebelar la verdad. Otros factores que aumentan la credibilidad
serán la percepción de ausencia de afán de lucro, de su falta de intención
persuasora, del atractivo que ejerce sobre el receptor, de que hable en
contra de las preferencias de la audiencia y de que lo haga sin saber que
está siendo observada, pero por sobre todo son percibidas como sinceras
cuando hablan en contra de su propio interés.
Los efectos de la credibilidad son complejos y no
lineales. Ya que la credibilidad de la fuente no tiene el mismo impacto
sobre el cambio de actitud y porque la credibilidad no sigue la regla de la
proporcionalidad directa, que sería a mayor de ella, mayor cambio de
actitud. Hay veces que una fuente de baja credibilidad produce un mayor
cambio de actitud que una de alta credibilidad.
La importancia relativa de la credibilidad depende de dos
factores. Uno, del grado de implicación que el receptor tenga con el
contenido del mensaje, ya que a menor implicación, mayor es la importancia
de la credibilidad. El modelo de probabilidad de la elaboración explica esto
en el caso de que el mensaje tenga poca relevancia personal para el
receptor, este optará por la ruta periférica, si tuviese importancia
personal se sopesarán más los argumentos.
En segundo lugar, la importancia del efecto que la
credibilidad tiene sobre la persuasión depende de cuanto el receptor conozca
quien es el emisor –y su grado de credibilidad -. Puede existir persuasión y
después diluirse ésta cuando conocemos quien escribió el artículo, por
ejemplificar. Es importante destacar que la credibilidad de la fuente no la
hace más efectiva. Por ejemplo, cuando el receptor tiene una actitud
positiva o proactitudinal a un mensaje, una fuente de baja credibilidad es
aún más efectiva que la de un erudito (O´Keefe, 1990 en Morales, 1994),
explicable por la teoría de la respuesta cognitiva y las argumentaciones
cognitivas que hará el receptor para "ayudar" a la fuente para defender un
punto de vista común.
Atractivo de la Fuente. En
general, las fuentes más atractivas poseen un mayor poder persuasivo, debido
posiblemente en que logran mayor atención, también porque su atractivo puede
influir en la fase de aceptación, pues el receptor pasa por un proceso de
identificación, en el que puede querer desear actuar, pensar o verse como la
fuente. El atractivo puede incrementar la credibilidad de la fuente sólo por
su presencia, según las investigaciones de Chaiken, Mc Guire y O´Keefe
(citados en Estévez, 1974 y Morales, 1994), aunque los efectos del atractivo
son más débiles que los efectos de la credibilidad, y si existiesen
conflictos entre ambos, se impondrá la credibilidad. Así una fuente de alta
credibilidad y bajo atractivo es más persuasiva que lo contrario.
El atractivo de la fuente se define normalmente como una
señal periférica, de manera que su importancia depende grandemente del canal
o medio de comunicación del mensaje (radio, televisión, etc.). Ciertamente
también depende de la implicación personal, que a mayor sea ésta, mayor
atención habrá hacia el contenido del mensaje y no a las señas periféricas.
El Poder de la Fuente. Este
concepto designa la capacidad de la fuente para controlar los resultados del
receptor, o más bien, para administrar recompensas y castigos. Su eficacia
reside, según la teoría de la disonancia cognitiva, en que al hacer que el
individuo actúe de cierta forma, aunque este no esté de acuerdo en un
comienzo, paulatinamente se convencerá internamente, reduciendo la
disonancia. El poder depende, según esta perspectiva, de:
- que los receptores crean que la fuente tiene claramente
control sobre las recompensas y castigos.
- que consideren que la fuente utilizará ese poder para
que la audiencia se conforme con ese mensaje.
- que prevean que la fuente se enterará de su conformidad
o disconformidad.
Estos tres factores deben darse conjuntamente para que la
fuente sea "poderosa".
La Semejanza. Los efectos de
esta característica dependen de cómo se consideren estas semejanzas (de
actitudes, personalidad, procedencia, etc.). La semejanza actitudinal
produce en general una mayor atracción hacia la fuente y su eficacia depende
de los factores ya considerados.
La semejanza de pertenencia a una categoría social es
importantísima. Las fuentes que comparten una identidad social con el
receptor son más influyentes (Sears y cols, 1991 en Morales, 1994). La
semejanza influye en la percepción de competencia e importará más en temas
que no se pueden contrastar empíricamente, como gustos u opiniones que en
cuestiones fáciles de comprobar objetivamente.
El Mensaje y sus Tipos. Dos
son los tipos de mensajes más investigados: Racionales y emotivos El
primero es el de la retórica clásica y de los oradores de la antigüedad,
donde hay un gran aprecio por la lógica de la argumentación. Y el emotivo,
donde se prometen cosas o se amenaza con desastres, donde hay una búsqueda
manifiesta de conmover al receptor (Morales, 1994).
McGuire (en Estévez, 1974) hizo una distinción de
inspiración Aristotélica, en la cual se plantea un ethos, pathos y un
logos en el mensaje. El ethos busca incrementar la influencia del
lenguaje, apelando a la fuente que lo ha emitido, buscando la credibilidad
apelando, por ejemplo, al consenso universal, a las "generalidades
brillantes" (Estévez, 1974) ("por el bien de la Democracia", "Porque Dios
así lo quiere"), así el ethos presenta al mensaje como proveniente de
una fuente de alta valencia positiva, por lo que el receptor debe aceptar su
influencia. Al diriguirse la propaganda a poblaciones hetergéneas en
intereses y medios, los propagandistas han elaborado dos técnicas derivadas
del ethos (Estévez, 1974).
- La primera técnica se denomina de las facetas,
donde se presentarán imágenes distintas según a la fracción de la
población a la que se dirija, o se genere una imagen compuesta y se
utilice a promotores o agitadores para que resalten lo conveniente de esa
imagen a cada fracción.
- La segunda técnica es el mito del amigo, donde
se construye una imagen mítica de poder y bondad que resolverá los
problemas, conciliando incluso a los intereses y opiniones antagónicas.
Según el psicoanálisis, se desea construir una imagen paterna, añorada y
confiable. Este sería un recurso utilizadísimo por los políticos. El
recurso puede usarse inversamente y crear el mito del enemigo,
donde se intenta identificar y achacar a una fuente enemiga todo el mal y
convencer a la población de que existe un enemigo común. Este chivo
expiatorio no solo se le achacarán males reales o imaginarios, sino que
canalizará proyecciones e instintos reprimidos, donde se le descargará
autorizadamente el odio de un grupo o nación. Goebbels usó
sistemáticamente esta técnica para que Alemania odiara a los judíos
irracionalmente. Hitler una vez dijo: "Si el judío no existiese,
tendríamos que inventarlo".
El pathos agrupa a los recursos que apelan a la
afectividad, sentimientos, valores y emociones del receptor, buscando
influir por a través de las vivencias afectivas, que validarán el mensaje no
por su contenido, sino por la evocación que este provoca. El uso del
pathos es tan intenso en la publicidad, que se le atribuyen poderes casi
mágicos (Packard, 1969), especialmente a través del uso de estímulos
sexuales, el uso de las necesidades psicológicas o sociales (por ejemplo, la
reafirmación del machismo por medio del alcohol), los sentimientos ("los
buenos" y "los malos" sentimientos), los prejuicios y, últimamente y
congruentemente con el ideal occidental, la efectividad. Es necesario
consignar que estas técnicas del pathos no son infalibles y el efecto
boomenrang es un riesgo siempre presente.
Finalmente, el logos pretende aumentar la
efectividad del mensaje por medio de la argumentación lógica o de la
presentación de evidencias, buscando la persuasión a partir de la deducción
que hará el receptor a partir de elementos que se le entregan o de
principios generales que él ya acepta, o el cambio de actitud por evidencias
empíricas que apelan a la lógica. En las campañas publicitarias muchas veces
se presentan argumentaciones débiles y sin consistencia o se emplea la
desinformación como herramienta, lo que interesará en propaganda no es la
lógica o evidencia en verdad, sino que el público crea en lo que se le
presenta como verdadero y lógico. Es frecuente también la presentación de lo
verdadero como inverosímil para obtener ciertos beneficios, por lo que se
deduce que lo que más interesa es saber que es lo verosímil para la
población a la cual se le presentará el mensaje o presentar algo que parezca
verdadero, independientemente de si lo es o no.
Cuando una fuente monopoliza la información, el uso de la
censura y de la información falsificada va en contra de la propaganda. Sobre
este respecto Goebbels, decía "la propaganda debe tener una base real, por
pequeña que esta sea, y si no, es necesario crear "noticias" mediante la
acción" o "la verdad debe usarse con la mayor frecuencia posible, de otros
modos el enemigo o los hechos mismos pueden revelar la falsedad"; y "las
mentiras son útiles sólo cuando no se pueden refutar" (Doob, 1948 en
Estévez, 1974).
El Receptor. Siguiendo al
modelo de McGuire (en Estévez, 1974), existen matices entre las personas y
el efecto de la persuasión. Las primeras investigaciones se centraron en
variables singulares como la inteligencia, la autoestima, el género y la
necesidad de aprobación social, donde las conclusiones con respecto a exceso
o carencia de alguna de esas variables no explicaba el grado de
influenciabilidad (Morales, 1994). McGuire propuso un modelo sobre la
relación entre las características de un receptor y su posibilidad de ser
influido, donde el cambio de actitud viene determinado fundamentalmente por:
A) la recepción del mensaje (incluyendo la atención, comprensión y
retención) y B) la aceptación. Las características de inteligencia o
autoestima, por ejemplo, a veces tienen efectos contrarios sobre los dos
componentes anteriores, ayudando la primera a entender mensajes complejos
que requieren entendimiento para ser aceptados, pero interfiriendo en los
mensajes simples. La autoestima parece relacionarse positivamente con la
recepción y negativamente con la aceptación, siendo la autoestima negativa
más influenciable por su dependencia de la opinión ajena. El modelo de
McGuire permitió unificar la información dispersa e interpretarla, pero aún
así han quedado muchos cabos sueltos por atar sobre la autoestima, la
inteligencia y otras características del receptor.
El grado de implicación del receptor y la influencia
dependerán de que ruta predomine, central o periférica, en el proceso
persuasivo. Según Morales (1994), el modelo de probabilidad de la
elaboración predice que los argumentos de alta calidad afectarán a los
sujetos más implicados, en cambio la credibilidad de la fuente o las señales
periféricas en general afectarán a quienes se sientan menos implicados.
Con respecto a la discrepancia entre la posición del
mensaje y la del receptor, las personas tendemos a buscar mensajes que
concuerden con nuestras creencias y evitamos a quienes nos contradicen
(exposición selectiva), esto explicaría porque a pesar de la enorme cantidad
de información que recibimos, las personas cambiamos poco nuestras
actitudes, pero prestamos atención a mensajes moderadamente discrepantes al
parecer estos interesantes, novedosos o útiles (McGuire en Estévez, 1974 y
Morales, 1994). Asimismo el receptor puede distorsionar el mensaje de cierta
manera o fijarse en lo que concuerda con sus opiniones, o cuando se le
presenten varios mensajes con dos ejes argumentales, a favor y en contra,
acepten los primeros (los que concuerdan con sus creencias) y se impliquen
en refutar los segundos. Por último, en lo que se refiere al propio cambio
de actitud, éste es relativamente pequeño cuando este se trata de mensajes
muy discrepantes o apenas discrepantes, mientras que los más eficaces son
aquellos de moderada magnitud, dependiendo el cambio actitudinal
fundamentalmente del prestigio de la fuente para el receptor y el grado de
implicación del receptor, que a mayor sea, menor persuasión puede ocurrir.
2.2 Hacia el
Contenido de la Comunicación de Masas: La Semiótica
2.2.1 La
Construcción del Significado desde la Perspectiva Semiótica
Un punto crítico acerca de los procesos de comunicación
humana es acerca de los mecanismos de construcción y atribución de
significado a los eventos de nuestras vidas. En psicología, las perspectivas
han tendido desde los polos del psicoanálisis hasta la perspectiva de la
interacción humana, pasando por el conductismo, lo sistémico y lo cognitivo.
Simplificando en extremo, mientras unos profundizan acerca de los procesos
de aprendizaje, o interpretaciones de nuestras experiencias tempranas y las
significaciones simbólicas atribuidas –positivas o negativas- como ejes de
nuestra conducta actual y consciente, otros trabajan desde la perspectiva
que presupone la subjetividad de la experiencia humana, su construcción,
interpretación y asignación de significado, donde la construcción contiene
elementos compartidos con los demás, derivados de una cultura en común.
El conductismo tiene mucho que decir acerca del cómo
aprendemos -o somos condicionados- a responder de diversas formas a
estímulos -en este caso verbales- con otras conductas como respuestas
aparejadas a la aparición de ese estímulo específico. Esas conductas
verbales, a mi parecer, son opiniones y encierran un sentido con valoración
y significancia, aunque la palabra "opinión" hubiera sacado ronchas por su
referencia a procesos mentales no observables.
El problema era cómo lograr una perspectiva acerca de la
construcción del sentido del hombre frente a los medios y cómo estos
provocan cambios en los mismos, a la vez que tal visión sirviera para el
análisis, al tener esta un lenguaje técnico, un énfasis en la actualidad y
en los medios (lo que supone un acercamiento tanto a las tecnologías que los
hicieron posible como una dimensión social, que hablara de contenidos
compartidos por ciertos grupos) y una metodología o por lo menos que tal
visión fuera plausiblemente transformable en un modelo teórico cercano a la
psicología, con el fin de medir los efectos que se desean investigar.
Ante estas demandas, las teorías psicológicas acerca de la
persuasión son modelos explicativos de procesos mentales y conductuales que
no poseen un énfasis en la construcción del sentido y muchas veces su valor
aplicado a la vida social es instrumental al poder, sea cual sea su
intencionalidad y naturaleza, lo que no nos es suficiente para los
propósitos anteriores. De igual manera, aquellos modelos no permiten de
optima manera acercarnos a un desglose descriptivo/predictivo, y su
correspondiente nomenclatura de los elementos que serían constitutivos en la
construcción de la significancia que el observador atribuye al mensaje
mediático, problemática que sí ha sido abordada por otras disciplinas como
la semiología o semiótica o las técnicas de análisis de contenido y
discurso.
Las teorías trabajan siempre sobre personas que están
socializadas, educadas en ciertos contenidos, que poseen códigos sociales
comunes que les permiten entender situaciones nuevas y les entregan
directrices conductuales tanto de manera ritualista como frente a lo nuevo y
desconocido. Esto presupone en ese ser una cosmovisión relativamente
estable, definida, según la perspectiva profunda a la que el observador se
adscriba. Pero los modelos acerca de la persuasión, ocupados en los medios
muchas veces para lograr cambios, no harán distinciones; operan sobre la
base de esos contenidos y sus efectos; los investiga con el fin de lograr su
entendimiento y comportamiento, para en último caso predecir y controlar el
proceso.
El qui está en el cambio, la modificación entre
polos binarios, pueden discurrir entre lo prosocial y la manipulación, pero
en consonancia con los intereses de quién desea persuadirnos de algo. Como
segundo aspecto, las primeras investigaciones psicológicas acerca de la
persuasión no estaban muy lejanas de las concepciones aristotélicas,
emparentadas específicamente con su Retórica, respecto al como lograr que
nuestras opiniones fueran compartidas por quienes nos escuchan.
Era necesario tratar de salir de ese marco conceptual y no
seguir solamente actualizándolo, en el mejor de los casos, con nuevos
términos, práctica común hasta el advenimiento de los modelos cognitivistas.
Acerca del uso de otros marcos teóricos usados para el
cambio en la opinión pública, ya sea en política o en los negocios, el uso
tradicional ha sido recurrir al psicoanálisis. Packard (1969) es claro en
denunciar el uso del psicoanálisis para lograr un aumento en las ventas
mediante trucos derivados de esta teoría (por ejemplo, el uso de las
represiones ya sea fomentándolas con mensajes morales o tentándonos con
contenidos sexuales), mientras que en política se recurre al uso de diversas
frases, gestos, entonaciones de la voz, y otros significantes con el fin de
lograr la identificación y el fenómeno de proyección de las gentes con el
candidato como figura paterna u objeto de identificación.
Sin embargo existen otras perspectivas de análisis, como
la semiótica, que nos habla también del significado, con una tradición
filosófica extensa, y en constante actualización en sus análisis, según las
nuevas formas de significar frente fuerte cambio cultural que, entre otros
factores, nos impone la tecnología, ampliándose el campo de estudios actual
por el uso de la Internet. La semiótica nos es útil como una herramienta de
análisis de contenidos y connotaciones -del lenguaje de los medios- (McQuail,
1991), así como de cambio, tal cual como los modelos persuasivos.
Sus términos son claramente definidos, pero frente a los
complejos problemas del análisis textual y contextual estos son
recombinables entre sí, no sin su debido análisis crítico. Esta disciplina
de inspiración filosófica posee, como es habitual, diferencias en su seno
entre autores distintos, lo que para algunos puede denotar un
precientificismo, para otros connota signos de vida.
La semiótica, como dijimos, es también una herramienta.
Algunos la ocupan para vender, ciertos teóricos (muchos de ellos marxistas)
hacen de ella una teoría crítica, mientras otros, en una línea
administrativa -apegada al mercado- (Lazarsfeld, 1941 en McQuail, 1991),
la usan para construir discursos de estabilidad y consenso. Los usos son
múltiples y sus efectos sólo estarían en la conciencia de quien la
ocupa...existe una definición de Umberto Eco que no está incluida en las que
procederán: "Semiótica es, en principio, la disciplina que estudia todo lo
que puede ser usado para mentir".
2.2.2 La
Semiótica: El Signo y su Organización
La semiótica es generalmente definida como el estudio de
los signos y sus relaciones (Liska y Cronkhite, 1994), "una técnica de
investigación que explica de manera bastante exacta como funcionan la
comunicación y la significación", donde los signos son la materia
principal, examinados en relación con códigos e integrados en
unidades más vastas como enunciados, la figura retórica, la narrativa, etc.
(Eco, 1973). Según este autor, la semiótica es la disciplina que estudia las
relaciones entre el código y el mensaje, entre el signo y el
discurso, existiendo el ciclo de la semiosis o vida de la
comunicación; el uso e interpretación de los signos para comunicar,
informar, mentir, engañar, dominar y liberar, no sólo desde la teoría sino
la praxis. John Hartley (en Chandler, 1994) afirma que la semiótica no es
una disciplina académica en tanto es una aproximación teorética con métodos
asociados de análisis, no siendo institucionalizada como un "sujeto".
La definición común y abreviada de la semiótica es "el
estudio de los signos" o "teoría de los signos", envolviendo el estudio no
sólo de lo que en el lenguaje común denominamos como "signos", sino de
todo lo que se coloca en lugar de otra cosa, que sería la definición
abreviada de signo (Eco, 1973. Chandler, 1994). En el sentido
semiótico, los signos incluyen palabras, imágenes, sonidos, gestos y
objetos, estudiados dentro de un "sistema de signos" semióticos como un
medio o código.
Stam (en Chandler, 1994) define semiótica como "el estudio
de los signos, significación y sistemas de significados", o sea, el estudio
de cómo el significado es construido, y como tal, no sólo es
concerniente a la comunicación, sino a la construcción y mantenimiento de la
realidad. Fiske y Hartley (en Chandler, 1994) señalan que "la preocupación
de la semiótica es la relación entre el signo y su significado (o
sentido) y la forma en que los signos se combinan en códigos".
Para Umberto Eco, el signo se ocupa para transmitir
información, inserto dentro de un proceso de comunicación del tipo fuente-
emisor- canal- mensaje- destinatario (receptor),
al estilo del modelo de comunicación de Shannon y Weaver. Desde este punto
de vista el mensaje equivale a un signo, donde este mensaje en sí
está compuesto por signos y pasa a constituir un nuevo signo en sí. El
lenguaje se recrea a sí mismo en una constante semiosis.
Para que este proceso funcione se necesita un código
común o reglas que le atribuyan un significado a este signo, sino el
receptor sólo recibirá una entidad sonora indiferenciada en vez de un
mensaje. (Ejemplo: si yo no sé hablar Ruso, lo que me digan en este idioma o
código me sonará "a Chino", incluyendo sus onomatopeyas que intentan
resemblar el sonido real de algo por medio del lenguaje).
Considerando este ejemplo, se comprenderá que el signo no
es solamente un elemento más del proceso de comunicación, sino que es una
entidad cardinal que forma parte del proceso de significación. Cada texto
está organizado en sistemas significativos de acuerdo a ciertas reglas
propias de lo que denominamos código. En semiótica estos códigos no son sólo
"convenciones" de la comunicación, ya que son a su vez sistemas de
procedimiento de las convenciones relacionadas que operan en ciertos
dominios, como sería el caso de la conducta humana. El significado de un
signo también depende del código donde este está situado, ya que los códigos
entregan un esquema (compuesto también por convenciones sociales) dentro del
cual el signo adquiere sentido y permite tanto la producción como la
interpretación de un texto, cada uno de éstos organizado de acuerdo a
códigos y subcódigos que reflejan valores, actitudes, creencias, asunciones
y prácticas.
Esto implica semióticamente una cierta estabilidad en las
relaciones entre significante y significado, restringiendo la cantidad de
interpretaciones posibles de un texto.
Podemos encontrar diversas tipologías acerca de los
códigos, pero las que se mencionarán a continuación son adaptaciones de
Chandler (1994) con respecto a los códigos mencionados en el contexto de los
estudios británicos acerca de los medios y la comunicación, inspirados tanto
en los trabajos de Umberto Eco y de Roland Barthes.
Códigos sociales (en un
sentido amplio todos los códigos semióticos son "códigos sociales")
- Lenguaje verbal
: subcódigos
fonológicos, sintácticos, lexicales, prosódicos y paralingüísticos.
- Códigos corporales
: contacto
corporal, proximidad, orientación física, apariencia, expresión facial, la
mirada, movimientos de cabeza, gestos y posturas.
- Códigos de valor (commodiy codes)
:
modas, vestimentas, autos, joyas.
- Códigos conductuales
:
protocolos, rituales, role-playing, juegos.
- Códigos regulatorios
: el
código de tránsito, los códigos de la práctica profesional.
Códigos
textuales
- Códigos
científicos:
lenguaje científico, matemáticas.
- Códigos
estéticos
dentro de las artes expresivas como la poesía, el drama,. La pintura, la
música, etc. –que incluyen al clasicismo, al romanticismo, al realismo
mágico, etc.
- Códigos de género, retóricos o estilísticos:
la narrativa, la exposición, la argumentación.
- Códigos del mass-media:
que
incluyen los códigos fotográficos, televisivos, fílmicos, de radio, de
periódicos y revistas, sean estos tanto técnicos como convencionales. Se
incluye también al formato como código (considerando las diferencias
patentes que presentan los formatos para presentar un texto mediático al
representar la realidad, ej. video, video 8, cinta de cine).
Códigos interpretativos
(donde existiría menos acuerdo respecto a estos como códigos semióticos)
- Códigos perceptuales:
como la
percepción visual o cualquier otro fenómeno perceptivo, donde no se asume
necesariamente una comunicación intencional.
- Códigos de producción e interpretación:
códigos y involucrados tanto en la codificación como en la decodificación
de un texto –incluyendo lo dominante, lo negociado o la oposición.
- Códigos ideológicos
(aunque
todos los códigos pueden ser vistos como ideológicos): John Fiske menciona
al individualismo, la libertad, el patriarcado, la raza, la clase, el
materialismo, el capitalismo y el cientificismo, entre otros.
Existe la posibilidad de que dentro de un código existan
subcódigos. Donde lo que para algunos es un código, corresponderá a un
subcódigo para otro, ya que incluso los códigos estilísticos como los
personales (o ideolectos) son considerados subcódigos.
La elección de un subcódigo dentro de un código implica
una relación de exclusión mutua. Por ejemplo, si yo deseo ser "científico"
deberé evitar ocupar los modismos asociados a la juventud en general o la
cultura popular, como a los diversos subgrupos que la componen. Mi interés
es que mis pares en ciencia comprendan lo que digo, pero a la vez debo ganar
cierta credibilidad ("el hábito sí hace al cura"), ya que sabemos que no
sólo importa el argumento, sino la presentación personal o "look" en
general ordenado, una parole moderada, clara, con pocos adjetivos,
mesurada, salpicada de citas y tecnicismos, el uso de algunos códigos de
producción que apoyen mis aciertos, entre otros factores característicos que
deberé adoptar con el fin de representar, lo que ciertamente
es válido cuando un candidato se presenta en la arena pública. Es un hecho
común de que los candidatos se "disfrazan" según el lugar geográfico del
país que visitan, así como que los términos dentro de su discurso cambia
según el electorado al cuál desean llegar con su mensaje.
Los signos no son fenómenos naturales, no dicen nada por
sí mismos. Ellos "hablan" en la medida que una tradición(de tantas) nos ha
enseñado a leerlos. Eco (1973) se pregunta si es posible tener consciencia
del propio dolor, la posibilidad de pensarlo y clasificarlo, si la sociedad
y la cultura no nos hubiera humanizado como un animal capaz de elaborar y
comunicar signos. Esta pregunta niega la presunción de que la posible
inundación de signos en que vivimos en el llamado postmodernismo sean
producto del mismo (refiriéndose a los anuncios, los medios, etc.), ya que
una manera de interpretar fenómenos, como por ejemplo la dirección y
temperatura de una corriente de vientos y su relación con las estaciones o
posibilidad de lluvias, se dan también en la tradición campesina como una
semiosis o sistema interpretativo, que transforma los datos naturales en
culturales, proceso que se tratará más adelante.
El análisis semiótico es con frecuencia utilizado para el
análisis de textos en un intento de caracterizar su estructura y la
identificación de significados potenciales, aunque su potencial de objetos
observables es más amplio e incluye el análisis del medio, la publicidad, el
cine, la fotografía, el arte o la dimensión estética humana. Es necesario
notar que "texto" no se refiere a la connotación logocéntrica del término y
que este existe en cualquier medio y puede ser verbal, no-verbal o ambas,
siendo "un mensaje con existencia física propia, independiente de su emisor
o receptor", lo que nos permite hablar, en nuestro caso, de textos
mediáticos.
El texto es un ensamblaje de signos construido e
interpretado en referencia a la convención asociada al género de su medio
particular de comunicación (Chandler, 1994). Sabemos que medio
(derivado de la acepción anglosajona medium) se usa en forma variada
según el autor que la emplee, por lo que puede incluir categorías tan
amplias como el discurso público o la escritura, el medio (sic) impreso o
las transmisiones o relacionarse con formas específicas dentro del mass
media como la radio, la televisión, los diarios, revistas, libros,
fotografías, películas y grabaciones de sonido o los medios de
comunicación interpersonal como el teléfono, las cartas, el fax, e-mail,
video conferencias y sistemas de chat.
Fiske (en Chandler, 1994) nota que cada medio es capaz de
transmitir códigos dentro de sus canales, así como que "las características
físicas del medio limitan al medio y los códigos que este puede llevar". Se
deduce entonces que los sistemas semióticos no son sinónimos o equivalentes
y que no podemos decir "la misma cosa" en sistemas basados en distintas
unidades. El medio, como lo afirmó McLuhan, no es neutral con respecto a las
posibilidades de transmisión de la información.
Pensemos en la prensa, que ocupa un canal visual, en
lenguaje escrito y que se apoya en tecnologías de reproducción fotográfica,
diseño gráfico e imprenta. La radio, en contraste, ocupa un canal oral y
lenguaje hablado y se apoya en tecnologías de grabación y transmisión,
mientras que la televisión combina tecnologías de grabación de imágenes y
sonido y de transmisión. Las diferencias en el canal y tecnología tiene
incidencia en el potencial de la transmisión del significado, como lo esbozó
McLuhan. El medio impreso se percibe como menos personal que la radio o la
televisión. La radio permite la individualización y la intimidad por medio
de la transmisión de las cualidades e inflexiones de la voz, la televisión
rompe los moldes del tiempo y el espacio, la secuencialidad, etc.
2.2.2.1 La
Semiótica: Autores
La semiótica es esencialmente una aproximación teórica a
la comunicación cuyo fin es establecer principios ampliamente aplicables. No
es una ciencia en el sentido estricto del método que define al término. Es
vulnerable a la crítica de ser demasiado teórica, demasiado especulativa y
de que sus semióticos no hacen intentos en comprobar o desconfirmar sus
teorías de una manera objetiva o científica (Fiske en Chandler, 1994). Aún
así, la semiótica representa un rango de estudios en arte, literatura,
antropología y el mass media más que ser una disciplina académica
independiente. Los envueltos en la disciplina incluyen lingüistas,
filósofos, psicólogos, sociólogos, antropólogos, teóricos literarios,
mediáticos o esteticistas, psicoanalistas y educadores. Como nos es común,
existe en la disciplina una considerable variación acerca de lo que la
semiótica envuelve, ya que no sólo se fija en la comunicación intencional,
sino con la adscripción de significancia.
Las "semióticas" han cambiado con los tiempos e ha
intentado remediar las debilidades que la aquejaban en otros momentos.
Usualmente se le atribuye sus primeros fundamentos al lingüista suizo
Ferdinand de Saussure, al filósofo americano Charles Sanders Peirce y a
Charles William Morris. Actualmente, los modernos semióticos incluyen a
Roland Barthes, Umberto Eco (que une las tradiciones de Saussure y Peirce,
Christian Metz, Julia Kristeva y Algirdas Greimas, así como lingüistas de la
talla de Roman Jakobson. En el uso de la técnica o enfoque (ambos términos
son ampliamente controversiales referente a este tipo de análisis, por lo
que no ahondaremos en esta disputa a favor de la parsimonia) estructuralista
dentro de la semiótica está el antropólogo Claude Lévi-Strauss y al
psicoanalista Jacques Lacán. La moderna teoría semiótica también incluye la
visión marxista, que subraya el rol de la ideología, como se vio
anteriormente.
2.2.2.2 El
Signo y la Semiosis
De manera introductoria, semiosis es un término de
Peirce que es expandido por Eco (1973), donde se denomina el proceso
mediante el cual una cultura produce signos o atribuye significado a los
mismos. Para Eco la producción de significado o semiosis es una actividad
social, aceptando que existen factores subjetivos envueltos en los actos
individuales de semiosis. Esta noción es pertinente a los dos énfasis
actuales de la teoría semiótica postestructuralista. Una es la semiótica que
se preocupa en los aspectos subjetivos de la estructuración de la
significación, fuertemente influenciada por el psicoanálisis Lacaniano,
donde el significado es construido como sujeto-efecto (el sujeto siendo un
efecto del significante). La otra es una semiótica concerniente a subrayar
el aspecto social de la significación, su uso práctico, estético o
ideológico en la comunicación interpersonal, donde el sentido o significado
es construido con un valor semántico producido por códigos compartidos
culturalmente.
2.2.2.3 Los
Signos
Los hombres somos calificados por diversos autores como
Homo Significans, poseedores de un drive o impulso a fabricar
significados. Este proceso de producción está a la base de lo que concierne
a la semiótica.
En semiótica, los signos son unidades significativas que
toman la forma de palabras, imágenes, sonidos, actos u objetos. Tales cosas
no tienen un significado intrínseco y se transforman en signos sólo cuando
los investimos con significado. Para calificar como un signo, ese algo debe
tener una forma física, debe referirse a otra cosa más que a sí mismo y debe
ser reconocido al hacer esto por los usuarios del sistema sígnico (Turner,
1982 en Chandler, 1994).
Para propósitos analíticos en semiótica, cada signo está
compuesto (según Saussure) por:
- Un Significante –o forma que el signo toma.
- Un Significado –el concepto que representa.
Modelo del Signo según Saussure

Hoy por hoy, el significante es comúnmente interpretado
como el material o la forma física del signo, es algo que puede ser captado
por alguno de los sentidos tradicionales del hombre. El significado, por su
parte, es un constructo mental. La relación entre el significado y el
significante es referido como significación y es representado
en la el diagrama de Saussure como una flecha de dos cabezas. Charles
Sanders Peirce incorporó más tarde al ente material al que el signo hace
referencia y lo denominó referente, lo que dio origen al llamado
triángulo semiótico.
Permítaseme un ejemplo lingüístico clarificador:
- Signo: La palabra escrita "abeja".
- Significante: Las letras "a-b-e-j-a"
- Concepto significado o referente: categoría de insectos
en singular "la /esa abeja".
Triángulo Semiótico Clásico, en Eco
(1973)

El signo incorpora al significante y al significado: es la
entidad material con siginificancia (o "meaning" en inglés). Saussure
afirmaba que el significado y el significante eran inseparables como los dos
lados de un papel. No existe signo -o sentido o significancia o "meaning"-
sin el significado y el significado. Dentro de esta visión el significante
es considerado como la forma de un signo y el significado como el
contenido. Esta distinción metafórica de la forma como contenedor de la
significación generó sesudos debates acerca del proceso de interpretación
activa del hombre, ya que lo menoscababa en función de algo que ya está
dado. También implicaba que la forma no es en sí misma significante (Chandler,
1994).
Otro problema acerca de esta distinción puede ser efecto
de lo que denominamos como postmodernismo. Sin el ánimo ahondar en el tema,
podemos observar que muchas veces ocupamos significantes sin querer dar a
entender su significado original. Usamos ropas, por ejemplo, que en un
comienzo eran distintivas de ciertas etnias, culturas y subculturas. Hoy,
por el uso frecuente, la estética, la moda, el consumismo, la normalización
o naturalización cultural o por lo que queramos, según el caso o fenómeno,
han pasado esos elementos a ser significantes vacíos o sin
poseer estos un significado preciso. También es preciso recordar que las
distinciones de Saussure se basan en su aproximación lingüística/filosófica
(aparte de que el autor nació en el siglo XIX).
En contraste con la diada de Saussure, Peirce ofreció una
triada, llamada usualmente el "triángulo semiótico", del cual existen muchas
variaciones según cada autor, he aquí una de sus variaciones, incluida la
Peirce.
Triángulo Semiótico Comprensivo, en Eco
(1973)
| |
interpretante (Pierce)
referencia (Odgen-Richards)
sentido (Frege)
intención (Carnap)
designación (Morris 1938)
significatum (Morris 1946)
concepto (Saussure)
connotación, connotatum (Stuart Mill)
imagen mental (Saussure, Peirce)
contenido (Hjemslev)
estado de conciencia (Buyssens |
|
| |
 |
|
signo (Peirce)
símbolo (Ogden-Richards)
vehículo sígnico (Morris)
expresión (Hemslev)
representación (Peirce)
sema (Buyssens) |
|
objeto (Frege-Peirce)
denotatum (Morris)
significado (Frege)
denotación (Russell)
extensión (Carnap) |
Siguiendo el ejemplo de la abeja dentro del triángulo, Eco
(1973) afirma que todo el proceso de significación se puede dar sin que
tengamos ningún objeto interpelado presente para explicar lo que es, por lo
que podemos intentar explicarlo por medio de dibujos, imitando sus conductas
o característica, en fin, siempre adscribiendo mi explicación a un código (o
traduciendo abeja al código de quien intento explicar qué es una abeja).
Independiente de que haga para explicar, siempre ofreceré otros
significantes (visuales, verbales, etc. o interpretantes de ese signo).
La abeja, todas las que existen, existieron y existirán
serán el referente del significante "abeja". La línea de
puntos entre el significante y el referente en el triángulo se debe a la
relación entre ambas entidades, muchas veces oscura y arbitraria. Esto es en
primer lugar, porque no existe razón más que lo convencional para llamar
"abeja" a la abeja, y en segundo lugar, podemos ocupar el significante
"abeja" sin tener nunca una presente, o bien que jamás haya existido, como
el caso del "unicornio", que tiene un significado mitológico o heráldico, un
significante la imagen de "un caballo con un cuerno" y una palabra que lo
designa, pero un referente inexistente.
Es importante marcar una diferencia clara. Sin importar el
modelo teórico, en semiótica existe un amplio acuerdo entre el signo y el
vehículo del signo (significante de Saussure o representamen
de Peirce). El signo es más comprehensivo que el significante y el uso tanto
común como filosófico del mismo ha degenerado esta taxonomía.
Análisis Semiótico de un Aviso Publicitario, en
Chandler (1994). En Chandler (1994), podemos
encontrar un ejemplo no lingüístico que nos puede ser muy útil para analizar
el uso de la semiótica para la construcción de los mensajes mediáticos -y
como deconstruirlos. Este es un aviso de perfume. Toma la forma de un close-up
fotográfico de la cabeza y hombros de la glamorosa actriz francesa
Catherine Deneuve (cuyo nombre aparece en fuentes pequeñas). Superimpuesto
al costado inferior derecho aparece la imagen de una botella de perfume
llamado Chanel Nº5. Debajo de él está el nombre del perfume repetido en las
fuentes tipográficas que le son típicas. En este aviso el significante
clave es la botella de perfume, el significado es el chic
francés, la sofisticación, la elegancia, la belleza, el glamour. El
significado y el significante combinados constituyen un signo
que nos ofrece el significado o sentido que Chanel Nº5 es belleza y
elegancia. La construcción de afiches y fotos de campañas políticas responde
a la misma lógica para su construcción e interpretación.
2.2.2.4
Tipos de Signos
Para Eco (1973), las corrientes diversas de la semiótica
intentan incluir en la categoría de signo todos los tipos de señales que
comunican de alguna manera, y que todos los seres, incluso el hombre reciben
de otros seres o de la misma materia inorgánica. Se incluyen también las
señales atribuidas al código genético y las comunicaciones astrales y hasta
las supuestas señales extraterrestres. Evidentemente está nueva dirección
incluyen la llamada zoosemiótica, que estudia los sistemas de
comunicación animal tanto química como olfativa, como los sistemas de
comunicación gestuales tanto en humanos como animales.
Al ser tan amplios los niveles de análisis donde se
practica la comunicación y los diversos tipos que el término conlleva, el
hacer una tipología de los signos es una tarea casi titánica, ya que tendría
que incluir tanto distinciones según los canales físicos de la comunicación
y el aparato receptor de tal, la intencionalidad atribuida o real del signo,
su condición natural o cultural, sus revisiones filosóficas, etc. El
análisis de los tipos de signos también debería incluir la influencia
cualitativa y cuantitativa de cualquier accidente o fenómeno que ocurra en
cualquiera de las tres esferas que componen al signo (significante,
significado y referente), al existir signos que se distinguen en relación a
su significado (unívocos, equívocos, plurales, vagos), o al existir signos
en relación a la capacidad de réplica del significante (como el caso de las
obras de arte, el dinero, etc.).
Ahora bien, para una revisión es recomendable recurrir a
las obras de Umberto Eco acerca del tema ("Hacia un análisis semiótico
acerca del mensaje de la televisión" (1980), "Signos" (1973), "Una teoría
semiótica" (1976), entre otras obras). Chandler (1994) afirma que este autor
es clave en el tema acerca del tema al unir las tradiciones de Saussure,
Morris y Peirce con sus propios conocimientos en filosofía, psicología y
estética. Mención aparte es la condición de escritor literario del autor, lo
que hace a sus obras considerablemente más inteligibles que algunas
revisiones anteriores. Aún así para una primera aproximación al tema de la
semiótica y una relación entre esta y las teorías acerca de la persuasión y
la formación del constructo llamado "opinión pública".
Terence Hawkes (en Chandler, 1994) hace una distinción de
los signos según sus modos de relación. Esta categoría es idéntica a la de
Peirce en Eco (1973), sólo que él las define como signos que se
distinguen por el tipo de vehículo que se les presume con el referente,
o sea, las relaciones que Peirce creía que el signo mantenía con el objeto,
a saber:
- Símbolo/ simbólica: Un modo en que el significante no
resembla al significado y que es más bien arbitrario o convencional, de
forma tal que la relación debe ser aprendida. Ejemplificada con el signo
"Pare", luz roja en el semáforo, una bandera nacional o un número.
- Ícono/ icónica: Modo en el que el significante resembla
o imita física o psíquicamente el significado (reconocible por medio de
los sentidos humanos), donde el ícono es similar al poseer alguna de las
cualidades del significado (como el caso de un cuadro, una foto, un modelo
a escala, una onomatopeya, samplers en música, efectos de sonido en TV y
radio, gestos imitativos).
- Índice/ indexical: Modo en el que el significante está
directamente conectado de alguna forma (física o causal) con el
significado, donde se observa o se infiere una conexión (el humo que
sugiere fuego, los termómetros y la temperatura, las veletas y la
dirección del viento, los pronombres demostrativos como "este", las
pisadas y la persona, las huellas dactilares, los sarpullidos, el dolor).
Este orden es según su grado de convencionalidad y
arbitrariedad, es más fácil reconocer un símbolo como tal dentro de un
código o sistema que ver las relaciones de causalidad y efecto, dentro del
mismo sistema, como en el caso del índice. Sabemos que no siempre el humo
indica fuego y el humo-signo se pone en lugar del fuego por ausencia. Así
también, Peirce pensaba que la fotografía es indexical, no icónica ya que
reflejan el objeto que representan, pero la resemblanza es también producto
del papel, la luz, el foco, el ángulo, etc., representando no una verdad
estática, sino una interpretación de esa verdad cuya fuerza real yace en su
significación icónica (sabemos que las modelos no son solamente hermosas
per se, sino más bien es trabajo del fotógrafo el de representar o
manipular esa belleza potencial). Aunque esta taxonomía es
filosóficamente controversial, ya que los signos parecen combinarse y
recombinarse entre sí, haciéndola muchas veces equívoca, podemos concluir
que las categorías no son excluyentes: un signo puede ser un ícono, un
símbolo un índice o cualquier otra combinación. Un mapa puede es indexical
(indica la posición de ciertos lugares) e icónico (representa lugares según
su relación topográfica). Lo que no podemos omitir es que, a pesar de que
los signos icónicos e indexicales son identificados como "naturales" –que no
es el caso del símbolo- la conexión entre significante y significado ocurre
cuando el uso o reconocimiento es habitual. Algunos semióticos sostienen que
no existen los íconos puros, y que la convención cultural siempre
está envuelta en el proceso de semiosis.
2.2.2.5 La
Semiosis y la Cultura
La arbitrariedad de los signos da pie a su vez a darle una
mayor importancia a la interpretación y a la importancia del contexto. Los
signos, más que ser unívocos presentan múltiples significados. Dentro de un
solo lenguaje, un significante puede referirse a múltiples
significados (Ej: Chistes de doble sentido), como también un significado
puede tener varios significantes (Ej: Sinónimos), (Eco 1973, Chandler,
1994).
Charles Sanders Peirce ofreció una triada representada en
un modelo triangular como el expuesto anteriormente:
- Representamen: la forma que toma el signo, no
necesariamente material, puede ser también una imagen psíquica o mnémica
(significante).
- Interpretante: el sentido que hace el signo. No
confundir con un intérprete u observador (significado).
- Objeto: a lo que se refiere el signo (referente).
En favor del espacio, no parece necesario explicitar las
diferencias entre los modelos de Saussure y Peirce, pero sí parece
importante notar que el modelo y la filosofía del signo de Peirce da pie
para incluir un intérprete, que rechaza la ecuación de un signo que
contiene un significado dado. El concepto de semiosis se refiere a un
proceso de interpretación donde el rol del intérprete es importante al dar
pie a un proceso de interpretación activo y dinámico, cercano, por que no, a
las postulados afines de la teoría cognitivista.
Peirce nos demuestra que en el proceso de semiosis es
mediado culturalmente. Un individuo no puede entender un signo sin referirse
a un sistema aprendido socialmente que le otorga un sentido a la percepción.
De la misma forma, la clasificación de los signos en tipologías cerradas
puede ser engañosa, ya que el status del signo depende fuertemente en la
forma en que el mismo es usado. Un significante puede ser icónico en un
contexto o simbólico en otro: La fotografía de un candidato con su familia
puede ser un solo un recuerdo de sus vacaciones o una insinuación de la vida
ejemplar de familia que éste parece llevar. Entonces convendremos que los
signos no pueden ser clasificados en términos de categorías sin referencia a
los propósitos de sus usuarios dentro de contextos particulares (Chandler,
1994). Un signo, para ser verdaderamente icónico, debería ser transparente
para alguien que jamás lo haya visto, caso muy improbable, ya que al parecer
tendemos a ver resemblanzas cuando ya conocemos el significado dentro de un
código.
Ahora bien, si la convención (social) es necesaria para el
entendimiento de un signo, y la convención en sí es producto de la misma
construcción social, la semiosis y la mismísima relación entre el
significante y el significado de un signo está sujeta a los cambios propios
de la vida social y cultural de los pueblos, regla que afecta tanto a los
usos lingüísticos habituales como a las metáforas y los símbolos. El signo
dentro del proceso de semiosis no es un ente monolítico y arbitrario en sí
mismo, sino que abierto a los usos e interpretaciones (Eco, 1973. Chandler,
1994).
En el nuevo medio electrónico y en especial en el cine, la
televisión y la fotografía la brecha entre el significante y el significado
se acorta, ofreciéndonos lo que se ha llamado "reflejos de la realidad",
pero bajo los principios del análisis paradigmático (que veremos más
adelante), debemos siempre tener en cuenta que lo que vemos es sólo una de
las posibles formas de representación, sin importar lo realista de
los textos mediáticos. Roland Barthes (en Chandler, 1994) argumentó, en el
caso de los medios fotográficos, de que ellos sirven una función ideológica
al ser representaciones y no realidades, que son más aún solapadas al
parecer que retratan algo más que transformarlo o significarlo. Bolter (en
Chandler, 1994) afirma que los signos están siempre anclados a un medio, al
punto que algunos signos pueden depender en diversos grados en las
características de cada medio en particular y son traducibles a otro medio
con diversos grados de efectividad, pero lo que nunca existirá será un signo
sin un medio. Hodge y Tripp (ídem) subrayan que "lo fundamental en el
análisis semiótico es el hecho de que cualquier sistema de signos o código
semiótico es llevado por un medio material que posee sus propios principios
de estructura" que afectan, en términos semióticos y valga la redundancia,
nuestro proceso semiótico, como ya podíamos deducir de la distinción que
McLuhan, Ong y Havelock, entre otros teóricos que ven cambios sustanciales
en nuestras formas de percibir, razonar y significar según la educación y
socialización dentro de un medio u otro, según sus análisis acerca del paso
de una cultura literaria oral a la escrita y de esta al medio electrónico, y
donde dentro del mismo, la televisión y el cine, por ejemplo se apoyan en
sistemas sígnicos interactuantes como lo verbal, visual y auditivo. El medio
no es neutral, cada uno posee sus propias reglas que condicionan a la
semiosis dada su "carga de significación cultural" (Eco, 1976 en Chandler,
1994).
Si el medio condiciona al contenido o mensaje, se nos
presenta ahora una problemática en la distinción entre forma y contenido.
Tanto Louis Hjemslev como Roland Barthes tratan de resolver dentro de la
lingüística y la filosofía del lenguaje este problema al introducir la idea
de que tanto la expresión (significante) y el contenido
(significado) poseen substancia y forma.
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Substancia |
Forma |
| Significados o plano
del contenido. (Hjemslev/Barthes) |
Substancia del contenido:
"contenido humano o intencional", mundo textual, materia, género. |
Forma del contenido:
"estructura semántica", "estructura temática" (que incluye la
narrativa. |
| Significantes o plano
de la expresión. |
Substancia de la expresión:
materiales físicos del medio (Ej. Imágenes y sonidos). |
Forma de la expresión:
estructura sintáctica formal, técnica y estilo. |
Thwaites et al. (en Chandler 1994) mencionan siete
funciones de los signos necesarias para que se desarrolle cualquier
actividad sígnica. Estas funciones consideran la influencia del medio en el
texto, la expresión y el contenido del signo y la situación social en la que
se da el acto de la comunicación.
Funciones de Significancia
- Referencial:
aludiendo a
algún contenido.
- Metalinguística:
sugiriendo
los códigos dentro de los cuales el signo puede ser interpretado.
- Formal:
la estructura formal
y el formato del signo.
Funciones de representación (address)
- Expresiva:
acerca de la
construcción de un remitente o persona autorial.
- Conativa:
la construcción de
un destinatario o lector ideal.
- Pática:
la construcción de
una relación entre remitente y destinatario.
Funciones Contextuales. Se
refiere a la situación social en la que el signo opera. Desde la perspectiva
de la Semiótica social se insiste en que los sistemas semióticos tienen
esencialmente tres metafunciones.
- La
metafunción
ideacional: es el representar, en un sentido referencial o
seudo-referencial, los aspectos experiencial fuera de un sistema de signos
en particular.
- La
metafunción
interpersonal: es la proyección de relaciones entre el productor de un
signo y el receptor/reproductor de ese signo.
- La
metafunción
textual: es la formación de textos, complejos de signos que son
coherentes tanto internamente como dentro del contexto dentro de sí y para
lo que fueron producidos.
2.2.2.6
Modalidad o Status Ontológico de Verdad
La semiótica, según Chandler (1994), es encontrada muchas
veces en la forma del análisis textual, pero también ella envuelve una
teorización filosófica acerca del rol de los signos en la construcción de la
realidad. En este sentido, la modalidad se refiere al status de realidad
acordado o reclamado por un signo, texto o género. La modalidad se refiere
al status, autoridad o confiabilidad de un mensaje, a su status ontológico o
a su valor como verdad o hecho. En la semiosis, en la construcción del
sentido de un texto, los intérpretes hacen Juicios de Modalidad
acerca de éste según su propia experiencia en el mundo y el medio. Se asume
la plausibilidad de los eventos descritos en el texto o las argumentaciones
que en él se hacen. Nuevamente las creencias sociales influyen en la forma
en que construimos nuestros propios juicios de modalidad, ya que lo
plausible acerca la posibilidad del volar para un nativo del amazonas
puede ser sólo un mito para un experto en aerodinámica.
El nombre de modalidad proviene del modelo de Peirce, que
al introducir el concepto de referente como algo dentro del mundo
experiencial, a lo que el vehículo sígnico se refiere. Adoptó
Peirce entonces la noción lógica de modalidad para referirse al valor de
verdad de un signo, distinguiendo tres categorías: de actualidad, de
necesidad lógica y de posibilidad hipotética. También es importante destacar
que la clasificación acerca de los signos de Peirce considera que los modos
de relación entre el vehículo sígnico y el referente es un reflejo de su
modalidad, su aparente transparencia en relación a la realidad (un modo
simbólico, por ejemplo, tendría baja modalidad).
Sin importar nuestras posiciones filosóficas respecto a
Peirce o la realidad, nuestro comportamiento cotidiano se basa en que
algunas representaciones de la realidad son más confiables que otras,
algunas veces en referencia a claves interpretativas, sugerencias o
indirectas dentro de cualquier texto, lo que los semióticos y lingüistas
llaman "hacedores o fabricantes de modalidad",
cuyas indirectas son muchas veces descritas como la plausibilidad, la
confiabilidad, la credibilidad, la verdad, la precisión y la facticidad de
los textos dentro de un género dado como representaciones de una
realidad reconocible (recordemos el modelo heurístico).
La semiótica social no puede establecer la absoluta verdad
o falsedad de las representaciones, pero bien puede mostrar cuando una
proposición dada (visual, verbal, etc.) es representada como verdadera o
no. La semiótica social cree que la verdad es un constructo de semiosis, y
como tal es la verdad de un grupo social particular, que se alza desde los
valores y creencias de ese grupo (Kress y van Leeuwen 1996 en Chandler,
1994, versión actualizada).
Desde esta perspectiva, la realidad tiene autores, muchos
de ellos, y por tanto muchas realidades subjetivas, ellas son producto de
las definiciones sociales y como tales ellas no son todas iguales en status.
Las realidades se confrontan entre sí, son sitios de lucha.
Las claves o indirectas (del inglés cue) de
modalidad en los textos incluye características formales del medio y las
características del contenido, que interactúan entre sí a la vez que son
interpretadas, siendo este último proceso el de mayor importancia ya que es
aquí donde las representaciones o actitudes que tenemos son formadas,
reforzadas o cambiadas, tanto en la forma en que las valoramos (valencia
positiva o negativa) o ocurre un cambio de objeto en la actitud, tema que
será detallado cuando lleguemos al tema de la opinión pública y los cambios
que los medios logran con respecto a las actitudes y conductas. De cualquier
forma, los contenidos típicos de alta modalidad serán listados en el
siguiente cuadro comparativo, siendo estos los de mayor modalidad (o poder
persuasivo si se quiere) los primeros de cada par, probablemente por su
resemblanza en la representación de lo que nos parece o más cercano o más
real según nuestra experiencia.
Claves de Modalidad en los Textos
Mediáticos (Según Chandler, 1994)
| Características Formales del
Medio del Texto |
Características de los Contenidos
del Texto |
| tridimensional (3D)- plano |
posible- imposible |
| detallado- abstracto |
plausible- implausible |
| color- monocromático |
familiar- no familiar |
| editado- no editado |
actual- pretérito |
| en movimiento- estático |
local- foráneo |
| audible- silente |
|
Los juicios de modalidad involucran comparaciones de las
representaciones textuales con modelos extraídos del mundo cotidiano y con
modelos basados en el género (que en semiótica es entendido como un
código semiótico dentro del cual somos posicionados como "lectores ideales"
de tal texto a través del uso de formas determinadas de referencia hacia el
lector), por lo que su dependencia en la experiencia relevante tanto del
mundo como del medio es obvia. Hodge y Tripp (1986, en Chandler, 1994)
condujeron un estudio semiótico acerca de Los Niños y La Televisión ,
enfocándose en el desarrollo de los juicios de modalidad en niños. Ang
(1985, ídem) argumenta, por ejemplo, que el ver teleseries puede involucrar
algún tipo de realismo psicológico y emocional para los televidentes que
existiría en un nivel más connotativo (referido a asociaciaciones
socio-culturales y personales como la ideología, las emociones, etc.) que a
un nivel denotativo o evidente acerca del significado de los signos. Los
televidentes perciben a algunas de las representaciones como emocional o
psicológicamente más cercanas a la realidad, incluso si denotativamente el
tratamiento del asunto parezca ficción.
Chandler (1994) afirma que, en el caso de las
teleseries de largo aliento (como Los Simpsons, Los Archivos Secretos X
o Dragon Ball) ocurre un fenómeno llamado realismo genérico,
refiriéndose a que los televidentes familiarizados con los personajes y las
convenciones de la serie juzgan al programa bajo sus propios términos
genéricos más que en referencia a alguna realidad externa. El autor nos
plantea una ampliación del fenómeno de la Suspensión del descreimiento (suspension
of disbelief) del cual depende la atención hacia el drama o trama, que ahora
es más prolongado que en una película por la naturaleza y extensión del
texto, y al cual nos conectamos libre pero sistemáticamente...en su horario
habitual.
Cada género distinto entre sí que clasificados según su
medio, como el cómic, los dibujos animados, el cine, la televisión, la
pintura, etc. o por contenido (Vaqueros, ciencia ficción, romance, noticias)
establecen sets de constructores de modalidad, y un valor extenso que actúa
de base para ese género.
Lo que es reconocido como un estilo realista de
representación refleja un código estético, que con el tiempo, ciertos
métodos de producción dentro de un medio y dentro de un género parecen como
naturales. El contenido pasa a ser un reflejo de la realidad
aceptado. Si usted ha visto una película norteamericana hollywoodense de los
años ‘30, probabilidades hay de que se aburra, atribuyéndolo el hecho a las
tomas estáticas, unidimensionales, y de larga duración , al punto de
sentirse impaciente con problemas para concentrarse, y pudiendo incluso
llegar al juicio de que no le gustó (o simplemente mentir diciendo que vio
un "clásico imperecedero de la época dorada del cine"). Como sea, existen
convenciones dentro de los medios que le parecerán naturales y crearán
juicios de modalidad "verdaderos" acerca del texto cuando este se le
presenta, al estilo de un condicionamiento clásico. Tenemos el caso de los
textos "realistas", que se presentan como sobrios y enfatizando el
contenido sobre la forma. El discurso científico, con tablas,
datos, con tantos adjetivos como sentido del humor. Los "Reportajes de
denuncia", tanto en Estados Unidos como en Chile (¿Quién copió a quién?),
presentan periodistas incisivos, que narran mucho con voz en off, con
humor mordaz y un constante ubi sunt (¿Dónde están?) en referencia a
valores perdidos, con un poderoso uso de la edición, donde los muy listos
pueden incluso adelantarse a los argumentos (generalmente de baja modalidad
o credibilidad de los entrevistados) y así en adelante. Podemos seguir
ejemplificando, al especular acerca de porque cualquier demostración de
afecto o emoción gatilla un inmediato close-up del rostro del emotivo
entrevistado, cual reflejo condicionado en directores, camarógrafos y
nosotros como televidentes, que pondremos más atención al texto según las
convenciones que adopta. Entonces el medio y el código pasan a ser
"neutrales" y "transparentes", dejando a sus autores en un segundo plano.
Consecuentemente la "realidad" pasa a preexistir a su representación y a
"hablar por sí misma", adquiriendo el aura de lo verdadero. La explicación
semiótica de Tagg (1988, citado en Chandler, 1994) es que "el significante
es tratado como si fuera idéntico a un significado preexistente, entonces el
rol del lector (en su semiosis ya pauteada por el texto), es el de un
consumidor...se unen aparentemente al significado con el significante, pero
el significante parece trasparentarse hasta que el concepto se presenta a sí
mismo, y el signo arbitrario es naturalizado por una identidad espúrea entre
referencia y referentes, entre el texto y el mundo". Este proceso de
naturalización no excluye otras representaciones de realidad(es) o bien que
sea negada la existencia de lo que es representado fuera del proceso que lo
representa, sino que plantea el problema crucial del significado con asuntos
de la pragmática y el poder, donde lo real es un complejo de discursos
dominantes y dominados que ciertos textos excluyen, separaran o no
significan.
El problema acá es diferenciar lo real de lo significado,
de quebrar el vínculo impuesto. Cuando el significante es "realista", como
en el caso del cine y la fotografía, es muy fácil caer en calificarlos como
idénticos a sus significados. El caso lingüístico sería que Nomina sunt
numina, que la palabra es la cosa como en la mente de las culturas
antiguas. Los niños, como lo muestra Piaget con su concepto de "realismo
nominal", muchas veces presentan dificultad de separar las palabras de lo
que representan. René Magritte nos desconcierta cuando nos presenta
imágenes, signos visuales conocidos rotulados con palabras que no les
corresponden. "La palabra no es la cosa", "el mapa no es el territorio", la
fotografía y la película son sólo una de las tantas posibles
representaciones de un objeto, pero el sentido común nos hace tratar a los
significantes de alta modalidad de forma "real" (la cámara nunca
miente). El argumento de los lingüistas y semánticos acerca de la
distorsión de la realidad por nuestros sistemas sígnicos, tema presente en
la filosofía empirista inglesa, antes incluso presente en Platón, en la
Psicología Social y sus estudios de sesgos y atribuciones de causalidad, en
la percepción mediada de los hechos, etc. Estamos llamados a aceptar la
evidencia ante nuestros ojos, pero las representaciones "realistas" en
cualquier medio siempre derivan de un punto de vista.
Chandler (1994) nos hace detenernos en un fenómeno que al
menos tiene dos caras: la realidad es distorsionada por nuestros sistemas
sígnicos, pero esa realidad no existe independientemente de los signos,
entonces dirigimos la atención acerca de las realidades de quién son
privilegiadas en las representaciones particulares, perspectiva que,
evitando el subjetivismo extremo, es un reflejo de la distribución desigual
del poder en el mundo social.
La realidad es construida socialmente mediante sistemas
sígnicos, y esa realidad ha sido afectada y cambiada, hasta el punto de ser
reconstruida según los intereses del poder, cualquiera sea este. Los
teóricos postmodernistas han incluso postulado la desconección del
significante del significado, cuestionando el modelo semiótico de Saussure,
que apoyado en la lingüística, ha enfatizado la relación arbitraria entre
ambos. El resultado es denominado como un significante vacío o flotante,
o sea, un significante con un significado vago, inespecífico o inexistente.
Estos significantes significan cosas distintas para gente diferente, al
punto que se anteponen a muchos o a cualquier significado. Goldman y Papson
(1994, en Chandler, 1994) lo plantean como "un signo que sólo significa que
significa". Barthes (1957, ídem) lo define como un significante sin un
significado definitivo, por lo que para él éste no califica como un signo.
Estas nociones fueron anticipadas por Peirce en su concepto de semiosis
ilimitada, pero las teorías postmodernistas no garantizan el acceso a
realidad alguna fuera de la significación. Jean Baudrillard (1984, ídem)
extiende el análisis interpretando muchas representaciones como medios para
conciliar la ausencia de realidad, llamando a estas representaciones
"simulacros" o copias sin originales. Baudrillard ve una evolución
degenerativa en los modos de representación en que los signos carecen
progresivamente de significado. En la misma línea, Daniel Boorstin plantea
el advenimiento de los llamados "seudo-eventos", eventos producidos por los
mass-media para ser reportados. Baudrillard argumenta que cuando el habla y
la escritura fueron creados, los signos fueron inventados para destacar una
realidad material o social. Al aparecer la publicidad y la propaganda, el
signo empezó a ser usado para esconder una "realidad básica". En la era
postmoderna de la hiperrealidad, en la cual las ilusiones de los
medios parecen muy reales, los signos ocultan la ausencia de una realidad y
sólo pretenden significar algo. Para este autor el simulacro, los
signos que caracterizan al capitalismo, vienen en tres formas: imitación,
donde todavía existe un vínculo directo entre significantes y sus
significados, producción (o ilusión) donde esa relación tiene un
vínculo indirecto y simulación (o falsedad), cuando los significantes
se ponen en lugar de algo en relación a otros significantes y no en relación
con una realidad externa. Entonces, ¿Qué es lo "real" hoy en día?
2.2.2.7 Dos
Métodos para el Análisis de Textos: Análisis Sintagmático y Análisis
Paradigmático
De acuerdo a la semiótica de Saussure, los signos se
organizan en códigos en dos según dos formas: según paradigmas y sintagmas.
Estas dos dimensiones son presentadas como "ejes", donde el eje vertical es
el paradigmático y el eje representa horizontal al sintagmático. Roman
Jakobson (citado en Chandler, 1994) afirma que el plano del paradigma es el
de la selección, mientras que el plano del sintagma es el de la
combinación.
Ejes Sintagmáticos y Paradigmáticos en
Chandler (1994)
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eje paradigmático |
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| eje sintagmático |
Para entender esta idea debemos pensar en el paradigma
como un set de significantes asociados que son miembros de una categoría
definida, pero en el cual cada uno de esos significantes son claramente
distintos. Langholz Leymore (1975, citado en ídem) nos dice que "las
relaciones paradigmáticas son aquellas que pertenecen a un mismo set por
virtud propia o de acuerdo a una función que comparten...un signo entra en
una relación paradigmática con todos los signos que también pueden ocurrir
en un mismo contexto pero no al mismo tiempo". En un contexto dado, un
miembro de un set paradigmático puede perfectamente ser reemplazado con
otro, por lo que el uso de un significante (como una palabra, por ejemplo)
en vez de otro, siendo ambos miembros de un mismo set, da una forma
preferida al sentido de un texto, idea que también esta al corazón de las
teorías Whorfianas acerca del lenguaje, con respecto a la significancia de
las diferencias entre significantes aparentemente sinónimos. En el cine y la
televisión, los paradigmas también comprenden las formas de cambiar la toma,
como son el corte, el difuminado, la disolución, etc. Fiske y Hartley (1978,
en Chandler, 1994) muestran que el medio o el género son también paradigmas,
y como textos mediáticos particulares derivan su significado de las formas
en que el uso ambos difiere de las alternativas posibles, entonces el
significante queda intacto, pero el signo en sí mismo es alterado a causa
del cambio de género o de medio. El aforismo de McLuhan "el medio es el
mensaje" tiene una implicancia semiótica, ya que el medio no es neutral
según como este afecta al signo.
Un sintagma es una combinación ordenada de significantes
que interactúan, formando un todo con sentido, muchas veces en la forma de
una cadena de elementos ordenados uno después del otro. Estas combinaciones
son construidas dentro de un conjunto de reglas y convenciones sintácticas
(ambas explícitas e implícitas). Pensemos entonces, en el caso del lenguaje,
en una oración como un sintagma de palabras, o en un aviso impreso como un
sintagma de significantes visuales. Las relaciones sintagmáticas son las
variadas formas en que los elementos dentro de un mismo texto pueden estar
relacionados entre sí. Langholz Leymore (ídem) afirma que "un significante
entra en relaciones sintagmáticas con otros significantes del mismo nivel
con los que simultáneamente ocurre y que constituyen su contexto". Los
sintagmas son frecuentemente definidos como "secuenciales" -y por lo tanto
temporales-, pero aún así ellos pueden representar relaciones espaciales,
como en el caso de la fotografía.
Los sintagmas son creados según la concatenación de
significantes en sets paradigmáticos, que son escogidos según su pertinencia
convencionalmente atribuida o requerida por algún sistema de reglas, como
puede ser la gramática. Es importante notar que, en los sintagmas, el
significado de una unidad está determinado por como esta interactúa con los
otros, mientras que un paradigma está determinado por como este se distingue
de los otros, en el sentido de que los paradigmas entregan una pluralidad de
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