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2.2.2.8
Análisis Sintagmático
En los textos individuales, los significantes están
organizados en estructuras sintagmáticas. El análisis sintagmático de un
texto, ya sea este verbal o no-verbal, implica el análisis de su estructura
y la relación entre sus partes. No debe pensarse que este tipo de análisis
solamente implica a la formas narrativas, ya que en el cine y la televisión
un análisis de este tipo debe incluir el como cada toma, escena o secuencia
se relaciona una con la otra.
El estudio de las relaciones sintagmáticas revela las
reglas o convenciones que subyacen a la producción e interpretación de los
textos, como la gramática y el lenguaje. El uso de una estructura
sintagmática sobre otra también influencia el significado. Un cuento de Juan
Rulfo no tendría el mismo impacto si conservara el argumento pero tuviera
una organización sintagmática convencional, un mensaje persuasivo visual no
tendría la misma efectividad si no presentara primero estímulos que
desencadenan una respuesta afectiva, para luego aparejar ese arousal con un
objeto que debe tener, temer, amar u odiar.
Chandler (1994), enumera tres formas sintagmáticas, la
narrativa, basada en relaciones secuenciales y causales (como las
secuencias narrativas del cine y la televisión), las formas basadas en
relaciones espaciales (como el montaje en posters y fotografías, cuyo
funcionamiento es en base a la yuxtaposición), y las relaciones
conceptuales (como en el caso del argumento en los avisos
publicitarios). En cualquier caso, los textos suelen contener más que uno de
los tipos de estructuras sintagmáticas mencionadas, aunque siempre
encontraremos una que es dominante y que involucra diferentes tipos de
participación en la semiosis que el receptor del signo construye a partir
del texto.
Muchas veces la narratología semiótica, al enfrentarse con
un texto, ha tendido a focalizarse en las unidades narrativas mínimas y en
la "gramática de la trama", según las tradiciones de Vladimir Propp y Claude
Lévi- Strauss. De sus estudios se desprende que quizás la forma más básica
del sintagma narrativo se compone de tres fases equilibrio-disrrupción-equilibrio,
que corresponden al principio, mitad y final de una historia. Es esta
forma narrativa Aristotélica los eventos acaecidos en el comienzo
condicionan a los del medio y estos últimos a los eventos finales. El uso de
una estructura familiar como la anterior serviría, de acuerdo a la
semiótica, para naturalizar el contenido de la narrativa en sí misma, al
hacerla más verosímil de acuerdo a su referente en la realidad cotidiana.
Aún así, muchos teóricos cuestionan el uso de esta narrativa por su vuelta
al equilibrio predecible por su presunta implicancia como reforzadora de
ciertas lecturas del texto sobre otras, tanto en su valor ideológico como
comercial (un final feliz parece vender más) y como un ejemplo más del
status quo. La narrativa parece ser formuláica y reduccionista, al
transformar lo inusual en familiar según patrones convencionales de
expectativas. Entonces la narrativa deja de cumplir su función de ordenar
los hechos para lograr una comprensión y se transforma en un esquema, un
patrón replicable en muchos casos que genera ganancias y esta presente no
por su interés para la comunicación, sino porque sirve propósitos
ulteriores. Podemos aventurarnos a darle la razón a ciertos críticos
cinematográficos que afirman que el cine de hoy, en especial el
hollywoodense tiende a repetir formulas probadas (sexo, sangre, acción,
efectos especiales o historias "del corazón") o simplemente hacer un
remake de una película antigua exitosa.
A modo de ejemplo, Umberto Eco (en Chandler, 1994)
interpreta las novelas de James Bond en términos de un esquema narrativo
básico de inspiración cuasi ajedrecística:
-
M mueve y le asigna una tarea a Bond.
-
El villano mueve y se le aparece a Bond. (estas dos
primeras movidas pueden cambiar de acuerdo a quien parte con la acción).
-
Bond mueve y la da el primer jaque al villano o el
villano le hace el primer jaque a Bond.
-
La mujer mueve y se le presenta a Bond.
-
Bond consume a la mujer: la posee o comienza su
seducción.
-
El villano captura a Bond.
-
El villano captura a Bond.
-
Bond conquista al villano.
-
Bond convalesciente disfruta a la mujer, a la quien
después perderá.
Análisis Paradigmático.
Mientras que el análisis sintagmático estudia la estructura de la superficie
de un texto, el análisis paradigmático busca identificar los variados
paradigmas o sets de significantes preexistentes que subyacen al que está
presente en el texto, en particular se busca establecer el sentido del uso
de un significante en vez de otro, así como se intenta interpretar a los
paradigmas temáticos ocultos en la forma de oposiciones binarias (como
serían abierto/cerrado, caos/orden). Las relaciones paradigmáticas revelan
las oposiciones y contrastes entre los significantes que pertenecen al mismo
set, desde los cuales fueron sacados los significantes usados en el texto (Chandler,
1994).
Los semióticos usualmente fijan su atención en el problema
del porqué se presenta un significante en particular en vez de otro
alternativo dentro de los que componen un set, dentro de un contexto
específico, a lo que ellos se refieren como ausencias. Fiske (1982,
ídem) argumenta que "en cada texto el significado de lo que fue elegido esta
determinado por el significado de lo que no lo fue".
Estamos, según Chandler, en la búsqueda ausencias,
sean estas las que "van sin decirse", lo que se implica y lo que "es
denotado por su ausencia". Lo que va sin decirlo refleja lo que un individuo
da por hecho o le es obvio, apoyado en las implicaciones derivadas del uso
del modelo heurístico en el razonamiento social ("la gente como nosotros
está de acuerdo en lo que pensamos en asuntos como ese"). En el segundo tipo
de ausencia, un ítem presente en el texto puede burlar las expectativas
convencionales al no ser atendido, haciendo que el ítem convencional
denote por ausencia y haciendo del ítem no esperado una declaración
deliberada con significado intencional.
El análisis paradigmático implica la comparación de los
significantes presentes en un texto con los significantes ausentes que en
circunstancias similares pueden haber sido escogido, considerando el sentido
que construyen las elecciones hechas, siendo aplicable en cualquier nivel
semiótico (palabras, imágenes y sonidos hasta el nivel de la elección en
términos de estilo, género o medio). Thwaites (1994, citado en Chandler,
1994) señala que el uso de un significante sobre otro del mismo paradigma
está basado en factores como inconvenientes técnicos, de código, de
convención, de connotación, de estilo, de propósito retórico o según las
limitaciones del repertorio del propio individuo.
Algunos semióticos se refieren a lo que denominan el "test
de conmutación" que puede ser utilizado para identificar significantes
distintivos, así como para definir su significancia. Para llevarlo a cabo,
lo primero es seleccionar un significante en particular dentro de un texto,
para luego pasar a considerar las alternativas a ese significante. Los
efectos de esta sustitución son considerados en términos de cómo cada
substitución afecta el sentido que construye el signo. Esto involucra un
trabajo intelectual de imaginación acerca de la substitución de objetos,
signos y relaciones entre los mismos. La influencia de la substitución en el
significado nos sugiere la contribución del significante original, así como
a la identificación de unidades sintagmáticas. Así el test puede identificar
el set de paradigmas y los códigos al que los significantes pertenecían. Por
ejemplo, si el cambiar el setting de un comercial contribuye a
cambiar el sentido del comercial, entonces el setting es uno de los
paradigmas.
Tomemos el caso de un comercial de cigarrillos "Kent",
cuya imagen de marca tiende a apuntar a los estratos socio-económicos
superiores o a quienes quieren aparentar pertenecer a ellos. Los avisos
publicitarios importados en campañas pasadas siempre transportaban a quienes
fumaban la marca a las paradisiacas playas del caribe, incluso se llegó a
regalar pasajes para conocer esos lugares. Una de las muchas implicancias
acerca del status que confiere el cigarrillo es que, como no todos pueden
acceder a esos lugares (o soñarlos siquiera), el cigarillo-estímulo neutro
pasa a aparejarse con los reforzadores positivos visuales de la "buena onda"
que trae el cigarro, el goce que produce fumarlo y la aceptación que todos
brindan al fumador de tan distinguido tabaco en tan exclusivo lugar,
manteniendo una ilusoria coherencia entre el lugar y el producto. El setting
es la playa paradisiaca exclusiva, llena de gente linda con poca ropa.
Evidentemente el estímulo hacia la conducta de fumar Kent no es tan poderoso
si imaginamos un cambio paradigmático de setting por un pub exclusivo o por
una playa cualquiera, así como no existiría mucha coherencia entre setting y
producto si el ejecutivo exitoso sacara una cajetilla de "Life" o "Belmont".
El test de conmutación involucra cuatro transformaciones
básicas, algunas de las cuales involucran la modificación del sintagma. De
cualquier forma, la consideración de un sintagma alternativo puede ser visto
como una sustitución paradigmática.
Transformaciones paradigmáticas
-
Substitución
-
Transportación
Transformaciones sintagmáticas
En lingüística, estas transformaciones fueron
identificadas por Noam Chomsky, así como estos mismos cuatro procesos han
sido identificados como características de la percepción y el recuerdo.
Roland Barthes (1967, citado en Chandler, 1994) argumenta
que "una de las partes importantes de la tarea semiológica es dividir los
textos en unidades mínimas de significancia mediante el uso del test de
conmutación, para luego dividir estas unidades en clases paradigmáticas para
finalmente clasificar las relaciones sintagmáticas que unen estas unidades".
Esta es una técnica muy común en el análisis semiótico de
inspiración estructuralista, que involucra el estudio de los paradigmas como
oposiciones binarias o polares como las del cuadro. Muchas de las llamadas
oposiciones son en realidad contrastes, ya que no siempre son opuestos
directos a pesar de involucrar frecuentemente un proceso de polarización.
Oposiciones Binarias, adaptado de
Chandler (1994)
|
positivo/negativo
verdadero/falso
primario/secundario
amor/odio
bueno/malo
padre/hijo
teoría/práctica
yo/otro
hecho/ficción
forma/contenido
parte/todo
grabado/en vivo
O`Higgins/Carrera |
si/no
este/oeste
hombre/mujer
vida/muerte
pérdida/ganancia
adulto/adolescente
Pinochet/Allende
sujeto/objeto
héroe/villano
pasado/presente
medio/mensaje
razón/emoción
día/noche |
publico/privado
causa/efecto
público/privado
facho/comunacho
figura/fondo
frío/caliente
arte/ciencia
humano/animal
estático/dinámico
mente/cuerpo
natural/artificial
orden/caos
fuerte/débil |
La semiótica de Saussure considera a las oposiciones
binarias como esenciales en la generación del significado, ya que el
significado depende de las diferencias entre los signos. Lévi- Strauss
afirma que las oposiciones binarias son la base de los sistemas
clasificatorios subyacentes dentro de las culturas:
"Si, como nosotros creemos que es el caso, la actividad
inconsciente de la mente consiste en imponer forma sobre contenido, y si
esas formas son fundamentalmente las mismas para todas las mentes –antiguas
o modernas, primitivas y civilizadas (como el estudio de la función
simbólica expresada en el lenguaje tan fuertemente indica)- es necesario y
suficiente el entender la estructura inconsciente que subyace a cada
institución y a cada costumbre, con el fin de obtener un principio de
interpretación válido para otras instituciones y costumbres, con precaución
por supuesto de que el análisis está llevado lo suficientemente lejos" (Lévi-
Strauss en Chandler, 1994).
Hartley (1994, ídem) cree que las oposiciones binarias son
creaciones características de la cultura y no fenómenos naturales, aunque
justamente una de sus propiedades es hacer que parezcan como tales a los
miembros de esa cultura en cuestión. Sólo en contextos críticos,
comparativos o discusiones de más alto nivel las oposiciones binarias son
calificadas como "falsas dicotomías".
Los significantes pariados son vistos por los teóricos
estructuralistas como parte de "la estructura profunda (u oculta)" de los
textos, que dan forma a las lecturas preferibles de un texto, ya que se cree
que la estructura de un texto ayuda a posicionar al lector y que éste
privilegie un grupo de valores y significados por sobre otros, donde
frecuentemente las oposiciones son resueltas a favor de las ideologías
dominantes, sin dejar de lado el caso de que tales disputas tal vez nunca
son completamente resueltas.
El caso de lo que se denomina teoría de la marca (theory
of markedness) de Roman Jakobson es congruente con la semiótica de Saussure
y su énfasis en que el sentido es generado por la diferencia entre
significantes, así como es una demostración de la influencia de la ideología
y otros factores en las formas de significar. Jakobson se refiere a los
polos de oposición paradigmática argumentando que tales significantes
pariados consisten de una forma marcada y una no marcada, ya
que el pareo de dos significantes involucra una relación no simétrica, sino
más bien jerárquica. Si pensamos en que ambos significantes pariados suelen
representar convencionalmente valores diferentes, el significante marcado
representará una forma implícitamente negativa o que denota la ausencia de
la propiedad expresada por el término neutral o no marcado. La forma no
marcada es típicamente dominante dentro de un contexto y por lo tanto
parece ser neutral, normal y natural, casi invisible e incluso usada como
término genérico (como es el caso cuando nos referimos al Hombre
cuando queremos decir Humanidad), mientras que la forma marcada
es presentada como diferente e investida de alguna característica semiótica
especial. Este punto es focal en los argumentos feministas y para los
representantes de ciertas minorías y subculturas de cualquier índole dentro
de un contexto social, ya que el término marcado usualmente se usa
para referirse a ellos de forma implícitamente denostativa, como es el caso
de referirse como "indio" a un mapuche o "maricón" a un homosexual, aunque
muchas veces el término marcado no es tan evidente, como en el caso de los
significantes joven/viejo, donde en la antigua Esparta
podríamos decir que viejo no estaba marcado dado su jerontocracia,
pero hoy sí lo estaría debido al llamado culto a la imagen que ensalza a la
juventud. Estudios empíricos han demostrado que el procesamiento cognitivo
es más difícil con los términos marcados que con los no marcados
(Clark & Clark, 1977 en Chandler, 1994). Woodward (1997, ídem) argumenta que
"es mediante la demarcación de las diferencias que el orden social es
producido y mantenido", el término no marcado refleja la
naturalización de los valores culturales dominantes.
Los críticos de este tipo de análisis paradigmático de
inspiración estructuralista como Buxton (1990, ídem) creen que tales
oposiciones binarias no necesitan sólo ser relacionadas unas con otras e
interpretadas, sino que también deben ser contextualizadas en términos de
los sistemas sociales que dieron a luz a tales textos. También se les
critica por subestimar el marco conceptual de quien interpreta el texto al
darle demasiada importancia a lo que sugiere el texto, planteando a
un intérprete pasivo en su proceso de semiosis. Otra crítica recurrente a
este tipo de análisis se refiere a la creencia implícita de quienes usan
este tipo de aproximación, ya que se afirma estar en búsqueda del
"significado latente", siendo su interpretación de ese denominado contenido
subyacente sólo una de las posibles lecturas del texto, a veces influenciada
por intereses e ideologías.
Denotación y Connotación. Los
semióticos suelen hacer una distinción analítica entre dos tipos de
significados respecto a su referente. Muchos de ellos definen
significado en términos de las asociaciones denotativas y connotativas
producidas en un lector al decodificar un texto (Eco, 1976 en Chandler,
1994). La denotación tiende a ser descrita como la definición literal,
obvia o del sentido común del significado de un signo,
mientras que la connotación se refiere a las asociaciones personales y socio
culturales, como son las ideológicas y emocionales.
Ambas distinciones involucran el uso de códigos aprendidos
-socializados-, aunque Chandler (1994) nos ilustra en el pensamiento
divergente frente a los alcances de ambas nociones, ya que sobre el tema los
semióticos estructurales enfatizan la relativa arbitrariedad de los
significantes, mientras que los llamados semióticos sociales enfatizan la
diversidad de la interpretación y la importancia del contexto histórico y
cultural, no aceptando fácilmente la idea de un sentido literal. Entonces
nos quedamos con la solución de que la denotación que produce un
significante respecto a su significado involucra un consenso amplio en los
sentidos posibles.
John Hartley (1982, en Chandler, 1994) piensa que "el
significado tiende a ser multiplicado desde un signo en particular...hasta
que el signo puede ser cargado con múltiples significados que van más allá
de lo que actualmente nos dice". Roland Barthes (en ídem) nos aclara
ambas nociones al adoptar la noción de que existen diferentes órdenes
de significación o niveles de significado. El primer orden
de significación es justamente la de la denotación, en cuyo nivel existe
un signo que consiste de un significante y un significado. La connotación es
una significación de segundo orden que usa al signo denotativo (o sea
con significante y significado) como su significante, al que luego se le
asocia un significado adicional.
La distinción de Barthes considera a la connotación como
un signo que se deriva del significante de un signo denotativo, de forma tal
que la denotación nos lleva a una cadena de connotaciones. Esto nos sugiere
una idea controversial entre los entre los semióticos, y que la denotación
es un significado tanto subyacente como primario, pero nosotros evitaremos
extendernos en esta discusión y nos quedaremos con la idea de que el
significante o el significado dependen enteramente en el nivel en que opera
el análisis, entonces lo que es significado en un nivel puede ser un
significante en otro.
No es que la semiótica sea una aproximación relativista en
sí, sino que la problemática del signo es compleja. Debemos recordar
siguiendo esta teoría del signo de que los cambios en la forma del
significante puede generar distintas connotaciones. Por ejemplo, sabemos por
experiencia propia que los cambios de estilo o tono en el discurso involucra
diferentes connotaciones, así como el uso de distintas letras y énfasis
tipográficos (como estas cursivas), el uso de distintos
focos al sacar una fotografía. De cualquier forma las connotaciones no
parecen derivarse del signo mismo, sino de la forma en que la sociedad usa y
valora tanto al significado como el significante. La elección de las
palabras connotan, el auto connota libertad y virilidad en la cultura
occidental, la metáfora y la metonimia (términos retóricos que explicaremos
más adelante) involucran a la connotación.
En síntesis, la definición de la connotación de un signo
bien puede ser el set de posibles sentidos o significados, mientras que la
denotación sería tal vez la más estable y aparentemente verificable de las
connotaciones. Si el signo es algo que se antepone en vez de otra,
interpretado por un observador, podemos afirmar que el signo siempre
connota, y tal vez la denotación sea sólo la connotación dominante que llega
a ser vista como el verdadero significado de un texto.
El sociólogo británico Stuart Hall (1980 en Chandler,
1994) es claro con respecto acerca de su visión acerca del tema:
"El término denotación es ampliamente equiparado
con el significado literal de un signo: porque el significado literal es
casi universalmente reconocido, especialmente cuando se emplea el discurso
visual, la denotación ha sido a menudo confundida con la
transcripción literal de "realidad" en el lenguaje –y como tal confundida
con un "signo natural"- uno producido sin la intervención de un código.
Connotación, por otra parte, es empleado simplemente para referirse a
significados asociativos, no fijos y por lo tanto más convencionalizados y
cambiables, que claramente varían de instancia a instancia y por lo tanto
dependen de la intervención de códigos.
Nosotros no usamos la distinción denotación/ connotación
en este sentido. Desde nuestro punto de vista la distinción es sólo
analítica. Es útil, en el análisis, para aplicar una regla dura que
distingue aquellos aspectos de un signo que parecen estar tomados, en
cualquier lenguaje comunitario en cualquier momento, como su significado
"literal" (denotación) de los significados más asociativos del signo que es
posible generar (connotación). Pero las distinciones analíticas no pueden
ser confundidas con distinciones en el mundo real. Existirán muy pocas
instancias en que los signos organizados en un discurso significan sólo
su significado literal (eso es, casi universalmente consensualizado).
En el discurso actual la mayoría de los signos combinan aspectos tanto
dennotativos como connotativos (como fueron redefinidos al comienzo). Puede
entonces ser preguntado porque mantenemos la distinción de cualquier forma.
Esto es mayoritariamente un asunto de valor analítico. Es porque los signos
aparecen adquirir su completo valor ideológico...al nivel de sus
significados asociativos (eso es al nivel connotativo), ya que allí los
"significados" no están aparentemente fijados según una percepción natural
(ya que no están totalmente naturalizados), y la fluidez del significar y de
la asociación pueden ser más completamente explotada y transformada. Así que
es en el nivel connotativo del signo que las ideologías situacionales
alteren y transformen la significación. A este nivel podemos ver de forma
más clara la intervención activa de las ideologías dentro y sobre el
discurso...esto no significa que el significado "literal" o denotativo este
fuera de la ideología. Indudablemente, nosotros podríamos incluso decir que
el valor ideológico está fuertemente apegado, ya que se a transformado
enteramente en universal y "natural". Los términos denotación y connotación
son meramente útiles herramientas analíticas para distinguir, en contextos
particulares, no entre la presencia/ ausencia de la ideología en el
lenguaje, pero entre los diferentes niveles en que la ideología y el
discurso se intersectan".
Pero, a pesar de la influencia destacada por Hall de la
ideología o visión del mundo en el proceso de interpretación, las
concepciones acerca de los signos define a los tales como polisémicos,
abiertos a la interpretación. Si bien la subjetividad individual de la
interpretación es una constante en el proceso interpretativo, esta
"subjetividad" es más bien una "intersubjetividad", donde las respuestas
interpretativas son compartidas en algún grado por los miembros de una
cultura, en donde un ejemplo individual está sujeto sólo a un rango limitado
de connotaciones con algún sentido.
Thwaites (1994, en Chandler, 1994) agrega que las
connotaciones acerca de la interpretación del signo no son simplemente los
que personalmente hacemos con el signo, ellas son lo que los códigos a los
que cada uno tiene acceso hacen del signo. La connotación está relacionada a
factores como la clase, la edad, el género, la etnia, entre otros. También
el paso del tiempo y no sólo los factores individuales y socio-culturales
cambian las connotaciones y denotaciones. Chandler (1994) argumenta que los
signos referentes a grupos de bajo poder, como era el caso de la mujer a
principios de siglo podían considerados con más denotaciones y connotaciones
negativas de los que tienen aún aquí y ahora, a causa de su encuadre con los
códigos dominantes y autoritarios de esa época, lo que incluía supuestos
códigos científicos "objetivos".
John Hartley (1982, ídem) nota que la connotación puede
trabajar tanto sintagmática como paradigmáticamente; puede resultar de una
fuerza acumulativa de una frecuencia, o como de una comparación implícita
con elecciones alternativas ausentes. La connotación paradigmática explota
nuestras expectativas de lo que podría haber sido elegido, con el fin de
compararla con lo que esta allí. Es fácil leer valores connotativos como
hechos denotativos, por lo que uno de los fines de análisis semióticos
mediante un método y una forma de pensar es el para protegernos de estas
malas lecturas.
Relacionado con la connotación está lo que Barthes refiere
como un mito o ideología, que es un tercer orden de significación
formado por la denotación y la connotación, ambos también órdenes de
significación. El uso semiótico del término mito se aleja del uso
popular como creencias demostrablemente falsas. Esta concepción de mito es
arbitraria con respecto a sus referentes, así como culturalmente específica.
Estos mitos culturales expresan y sirven para organizar formas compartidas
de conceptualizar algo, sirviendo para la función ideológica de la
naturalización. El poder de tales mitos es que van incluidos en el mensaje
sin ser notados, llegando al extremo de poder esconder una realidad el
trabajo semiótico dentro de un texto o código. Las denotaciones pasan a ser
tan verdaderas que los signos parecen ser cosas en sí mismas. El mito de
esta forma transforma los signos sociales en hechos.
Ahora bien, el análisis semiótico de los mitos culturales
involucra un intento de de-construir las formas en que los códigos operan
dentro de textos populares o géneros, con el fin de revelar como ciertos
valores, actitudes o creencias son reforzados, mientras otros son
suprimidos. Una tarea de "desnaturalización" que los semióticos consideran
problemática cuando el analista pertenece a la misma cultura.
2.2.2.9
Metáfora y Metonimia
Roman Jakobson define con los términos metáfora y
metonimia dos modos de comunicar el significado connotativo generado por un
signo o un texto. Ambos términos son ampliamente usados por los semióticos y
se derivan de la crítica literaria y de la retórica.
La metáfora expresa lo desconocido en términos de
lo familiar, donde se ocupan términos, características o situaciones
normalmente no relacionadas, involucrando un salto imaginativo para
reconocer la resemblanza a que la metáfora alude. En términos semióticos una
metáfora es un significante que es usado para referirse a un significado en
una manera inicialmente no convencional porque descarta la resemblanza
"literal" o denotativa, a pesar de de que algún tipo de resemblanza debe ser
aparente si se quiere que la metáfora haga sentido alguno a sus interpretes.
Las metáforas son plausibles de ser creadas desde cualquier tipo de signo
(visual, verbal, sónico, etc.). En el cine una metáfora se aplica cuando se
tienen dos tomas consecutivas y la segunda funciona en una forma comparativa
con la primera.
Aunque algunas metáforas pueden requerir un salto
imaginativo en su uso inicial, como los usos estéticos en poesía o en las
artes visuales, muchas metáforas son tan habitualmente empleadas que ya
dejan de ser percibidas como tales. De cualquier forma, acerca del proceso
de la construcción de sentido en la metáfora, este estaría dado a través de
una analogía.
Thwaites (1994, en Chandler, 1994) nota que la metáfora
puede involucrar una función de transferencia, de transferir ciertas
cualidades de un signo a otro, especialmente en el caso de la publicidad.
La metonimia ampliamente involucra a un ejemplo
individual representando a toda una categoría general, o según el caso
específico, a un detalle asociado con un objeto, donde este detalle se
antepone por el objeto completo. Es un concepto muy relacionado a la noción
en percepción de pars pro toto, donde la interpretación del objeto se
construye en base a una característica particular del mismo por sobre el
conjunto.
Un caso de metonimia podemos ejemplificarlo con cierta
campaña de pastas y tallarines donde siempre aparecía una mujer en su rol de
madre cocinando el producto tierna y emocionadamente para sus hijos, y estos
famosos fideos eran presentados finalmente como "la pasta
de mamá".
Al igual que las metáforas, las metonimias pueden ser
tanto visuales como verbales, entre otras. Fiske (1982, en Chandler, 1994)
afirma que "la selección de una metonimia es claramente crucial, ya que
desde allí construimos la porción de realidad que falta". Siguiendo este
análisis el autor plantea las noticias como metonimias, "ya que el evento
reporteado es interpretado como representando a toda la realidad de la cual
es sólo una parte".
En Publicidad se usan tanto la metáfora como la metonimia
de forma profusa: la madre que sirve un determinado cereal en la mañana a
sus hijos es una metonimia para todas sus actividades maternales clásicas de
cocinar, limpiar y vestir a los niños, pero es una metáfora para el amor y
la seguridad que ella entrega. La característica de la metonimia de lograr
una asociación indirecta entre el signo antepuesto y el producto puede
explicar porque la metonimia (y la metáfora) sean recursos muy empleado en
los países en que las leyes prohiben los avisos explícitos que incluyan los
cigarrillos en sí mismos o a gente consumiéndolos
Algunos teóricos (como James Monaco, que aplica la
semiótica al cine), identifican una forma particular de metonimia, llamada
synecdoché. De acuerdo a esta noción la synodoché es una forma
metonímica donde una parte es puesta por el todo o viceversa (el policía es
la "ley", los trabajadores son "manos"). Algunos viejos clichés fílmicos son
sinedóquicos, como los close-ups de botas militares marchando para
representar un ejército, u otros clichés de estilo metonímico, como las
hojas del calendario que caen para mostrar el paso del tiempo, o
metafóricos, como la típica toma de un mapa donde se va trazando un surco
entre dos o más puntos para representar un viaje largo.
Umberto Eco, sin embargo, rechaza cualquier distinción
entre sinedoquia y metonimia, ya que, a diferencia de la metáfora, la
metonimia está basada en la contigüidad entre el objeto representado y el
detalle del mismo que representa al conjunto total, por lo que no requiere
de la transposición que presupone el salto imaginativo que la metáfora
requiere. Está diferencia, según Eco, puede llevar a la metonimia a ser
interpretada como más "natural" que la metáfora, que actúa según similaridad.
Cualquier intento para representar la realidad sería, siguiendo este
análisis, metonímico ya que el hecho de representar involucra una selección,
y tales selecciones son capaces de revelar estructuras subyacentes más
amplias donde se enmarca esta selección.
Algunos semióticos como Fiske y Hartley (1978, en Chandler,
1994) sugieren que la metáfora es una dimensión paradigmática (vertical,
selectiva/ asociativa), mientras que la metonimia está en una dimensión
sintagmática (horizontal y combinativa), aunque la posibilidad de combinar
ambos recursos está siempre presente . Las metonimias operan de forma
sintagmática, ya que nosotros construimos el resto de la historia desde la
parte que se nos ha dado.
2.2.3
Diferencias entre la Semiótica y Otras Aproximaciones de Análisis de
"Textos"
Cuando pensamos en formas alternativas de análisis dentro
de los estudios del medio y la comunicación, nos encontraremos primeramente
con la Retórica, la Hermenéutica, la crítica literaria, el Análisis de
Discurso y el Análisis de Contenido. Chandler (1994) sostiene que mientras
la semiótica se enmarca hoy dentro de los estudios culturales, el análisis
de contenido está bien enraizado dentro de la investigación de las ciencias
sociales. Mientras que el análisis de contenido es una aproximación
cuantitativa al análisis de los contenidos manifiestos los textos, la
semiótica los aborda como todos estructurados e investiga lo latente, sus
significados connotativos. La semiótica tiene el pecado y la virtud de ser
rara vez cuantitativa, manifestando a menudo rechazo de tales
aproximaciones. Oliver Burgelin (1968, en Chandler, 1994) argumenta: "No
existe razón para asumir que el ítem al que se recurre de manera más
frecuente es el más importante o el más significativo, porque el texto es,
claramente, un todo estructurado y el lugar ocupado por los distintos
elementos es más importante que el número de veces que este ocurre".
Nosotros sabemos que a veces basta que se diga algo sólo una vez para ser
comprendido.
Un semiótico social también enfatizaría la
significancia que los lectores atribuyen a los signos dentro de un texto.
Entonces, mientras el análisis de contenido se focaliza en los contenidos
explícitos y tiende a sugerir que estos representan un solo y convenido
significado, los estudios semióticos se centran en el sistema de reglas que
gobiernan el discurso envueltos en los textos mediáticos, subrayando el rol
del contexto semiótico el moldeamiento del significado. Sin embargo, es
posible mezclar el análisis semiótico con el análisis de contenido, según
las preferencias teóricas del investigador o si la complejidad del caso
implica una aproximación ecléctica en búsqueda de una mayor precisión.
Douglas (en Chandler, 1994) sugiere que cualquier
disciplina académica que ha dado por hechas las condiciones de su propia
comunicación puede encontrar que el análisis semiótico abre nuevas
profundidades de atención e inspirar nuevas preguntas teóricas. Hodge y
Kress (ídem) plantea que la semiótica ofrece la promesa de un estudio
sistemático, coherente y comprensivo del fenómeno de la comunicación, y no
sólo de algunas partes de él. La semiótica nos entrega un marco de trabajo,
así como un set de métodos y términos aplicables a prácticas significantes
como los gestos, la vestimenta, la escritura, los discursos, la fotografía y
la televisión, entre otros. La semiótica no es una disciplina, pero al menos
es un foco de preguntas preocupados por las prácticas con significado o las
que lo crean que otras disciplinas consideran como periférica. No hay
disciplina más preocupada de la representación. Las semiótica actual se ha
volcado progresivamente hacia lo que concierne al rol del lector de un
texto, pero en cualquiera de sus campos es una herramienta invaluable para
ver más allá del contenido manifiesto de esos textos, donde la búsqueda de
lo que está "oculto" bajo lo "obvio" sirve para análisis fructíferos. La
semiótica como se vio sirve también para ver los significados connotativos.
La semiótica social nos alerta de cómo un mismo texto
puede generar diferentes significados para diferentes lectores. En relación
a esto se sostiene que los signos están relacionados con las convenciones
sociales que aprendemos, nos hace estar conscientes de los sistemas sígnicos
en la construcción del significado, de no dar al mundo por sentado. Con esta
visión uno no necesita ser marxista para apreciar la realidad de quien es
privilegiada en el proceso de significación al "desnaturalizar a los
textos".
Hace presentes las convenciones en los medios como el cine
y la televisión, afijarnos en tomas y cortes al analizarlo sintagmáticamente,
a ver la convención manipulativa. La semiótica no refuerza necesariamente la
idea de la irresistibilidad de la influencia de los medios tanto como la
noción de la diversidad de la interpretación, en contra de la posición que
equipara "contenido" con significado. La semiótica nos recuerda que el
significado no es absorbido, sino que es un proceso activo de interpretación
tanto del mundo como de nosotros mismos.
Por su parte las críticas hacia la semiótica afirman que
hay poco acuerdo dentro de los semióticos en su enfoque y en sus técnicas.
Saussure proyectó a la semiótica como parte de las ciencias sociales, pero
está aún no constituye una teoría unificada. Se le acusa de
interpretativamente subjetiva, grandilocuente, charlatana, imperialista por
su cantidad de aplicaciones. Sabemos que no es muy dada a la cuantificación,
donde el análisis de contenido está más adaptado. Se le acusa de ser una
técnica impresionista, donde lo observable y obvio al análisis se expresa en
una jerga para iniciados. Sus fundamentos en la lingüística la hacen de
difícil adaptación al análisis de otros textos y campos, como la fotografía.
Se le acusa también de ser formalista, destructora de la apreciación
estética, con tendencia a no considerar al dominio afectivo. Debemos notar
la paradoja que aparece al considerar al conocimiento como codificado en
términos ideológicos, ya que cada intento de descifrar ese código implica la
creación de otro nuevo. No podemos acceder a la interpretación final de un
fenómeno cultural, ya que eso implica trascender la mitología en que
vivimos, lo cual es imposible.
3. Los Medios y la Opinión Pública
En general se cree que los medios de comunicación tienen
el poder de cambiar la opinión pública de cierta manera. Esta creencia (real
o imaginaria) está implícita en las conductas de todos los actores políticos
y sociales que han pisado la tierra en el último siglo, cada uno adaptando
su imagen y su discurso público a las formas de ser visto públicamente
dominante en sus respectivas épocas y gastando enormes sumas de dinero tanto
en campañas de diversa índole. Si en un momento la comunicación masiva se
daba lugar en el ágora griega mediante la expresión oral, ahí estaba quien
sentía que decir algo que debía ser escuchado, desde Platón a Diógenes
Laercio.
Si un príncipe deseaba perpetuarse en las páginas de la
historia, una gran obra arquitectónica era levantada, en parte debido a que
la comunicación de un mensaje se efectuaba a través de los medios que
cumplían esa función según cada etapa histórica, en este caso la
arquitectura. No por cualquier motivo Lutero clavó sus bulas en la catedral
de Wittenberg, plaza pública y símbolo del poder eclesiástico frente al cual
se revelaba. No es azaroso que los poderosos de antaño se codearan con los
miembros de la corte celestial en las representaciones gráficas...no es
casualidad que los políticos aparezcan en nuestras radios, periódicos,
televisores y, hoy por hoy, tengan su propia página web. "Ser
visto o morir" es la consigna, aunque esta es ciertamente reversible y puede
leerse también como "morir para ser visto", como es el caso de muchos
mártires cristianos o fanáticos de diversa índole. "Matar para ser visto" es
otra opción común, literal o figurativa, sobre todo en regímenes
totalitarios, pero no será tratada en este trabajo.
De cualquier forma, el sentido común, las encuestas y los
hábitos en la investigación social parecen señalar cambios en la actitud de
los individuos respecto a un tema que directa o indirectamente los afecta
según la influencia de los medios de comunicación masivos. Los teóricos (o
gurús, si se quiere) del mass-media como Marshall McLuhan nos muestran cómo
somos afectados por los cambios tecnológicos, si bien sus teorías son
efectistas, rutilantes como el mismo mass-media (ideas que, paradójicamente,
sobrevivieron gracias al mass media más que a la difusión académica),
utilizando ese mismo nuevo medio, la televisión en su momento, para lograr
ser divulgadas e inmortalizadas si se quiere. Se pueden hacer muchas
críticas tanto metodológicas como epistemológicas a este nuevo escenario
planteado, pero parece existir un consenso en que ya no somos los mismos.
Eco y McLuhan, cada uno en su campo han llegado a conclusiones similares
respecto al mito de la neutralidad del medio en la transmisión de la
información, si se quiere uno centrado en el contenido e interpretación y el
otro en el canal, aunque esto es sólo en términos relativos ya que esta
oposición binaria no es un absoluto, sino parte del contínuo mensaje-medio.
La inclusión y pertinencia de los modelos psicológicos de
persuasión en este trabajo está dada por el uso habitual de estos enfoques
(incluso antes de ser conocidos y sistematizados como fueron presentados) en
ese proceso de cambio de la actitud, sea este en referencia a la
formación, refuerzo o mutación de la misma, como así de otros procesos
posibles como los que veremos a continuación. Estos enfoques psicológicos
(las cursivas son por la sospecha de que la palabra es más bien
aristotélicos) son empleados frecuentemente y pueden ser perfectamente
observables en su uso diario sin necesidad de que quien los usa actualmente
los conozca.
Los medios de comunicación masiva cambian de una u otra
forma los procesos de opinión pública, aunque estos efectos no son del todo
planificados o controlables y el cambio pueda ocurrir tanto por lo que se
hace (bien o mal) como por lo que no se hace o simplemente se
omite. Sabemos de igual manera que los textos son interpretados por
las audiencias según sus propios esquemas de acuerdo a su género, etnia,
grupo socioeconómico, nivel educacional, ideología, entre otros factores, lo
finalmente acabó con la idea subyacente de las primeras investigaciones y
teorías de la comunicación de masas del hombre a merced de los medios con
pocas posibilidades de resistir al mensaje.
Debemos precisar que cuando nos estamos refiriendo a
cambios en la opinión pública estamos hablando de cambios en la actitud más
que en la conducta, reconociendo la brecha existente entre lo que se afirma
y lo que realmente se hace.
3.1 ¿De qué
hablamos cuando hablamos de "opinión pública"?
Normalmente, al tratar de definir este término se generan
grandes problemas al tratar de llegar a una definición consensuada entre los
autores del tema, tanto acerca de sus causas así como sobre sus mecanismos
de inicio, desarrollo, cambio, mantenimiento y reforzamiento a nivel
individual y colectivo. Así también parece presentarse un problema
epistemológico en el momento en que los modelos teóricos acerca del tema
intentan hacer un traslape desde la actitud o creencia individual acerca de
un tema hacia un referente que englobe tales actitudes subjetivas e
ideográficas en un nuevo conjunto coherente y abarcativo, denominado lo
"público"; modelos que muchas tienen su punto de partida en variadas
disciplinas de las ciencias sociales.
Este problema epistemológico también se da en la esfera de
la intersección que el tema en sí constituye entre la psicología, la
sociología, las ciencias políticas, las teorías de la comunicación y la
filosofía entre otras, así como los análisis que han aportado el periodismo
y el desarrollo de profesiones como publicista o las relacionador público.
El problema de la multifactorialidad del problema en tanto los abordajes
hechos por las diversas disciplinas y sus focos de atención y énfasis de
diversa índole, desde el interés ideológico hasta el pecuniario, se complica
más aún cuando consideramos que los procesos de generación de lo que
denominamos opinión pública muchas veces raya con la influencia de
fenómenos como el liderazgo, los procesos grupales, los cambios
tecnológicos, el poder, la situación o contexto (como puede ser lo económica
o la agitación social), la cultura, etc.
Familiarizado con esta problemática, Katz (1960) plantea
que la aproximación más frecuente al tema debe ser de construida desde una
visión interdisciplinaria, que a su vez permita la división profesional
especializada y metodológica. La razón de la inclusión en el tema de las
muchas disciplinas sociales es obvia. Las ciencias políticas por definición
incluyen las dinámicas del cambio político; la sociología y la antropología
se preocupan del control social, de la determinación social de la opinión
pública y de la relación entre la estructura social y la opinión; la
psicología social se interesa en las dinámicas individuales y del
reforzamiento grupal de los valores, aspiraciones y creencias básicas a la
opinión.
Frente a un término compuesto como opinión pública,
abarcable de muchas formas según las múltiples perspectivas que se interesan
por él, una de las primeras definiciones posible es la pragmática, donde lo
público expresa un nombre colectivo que designa a un grupo de
individuos relacionados entre sí por intereses comunes, que comparten un
sentimiento de solidaridad, mientras que la opinión es sencillamente
la expresión de una actitud respecto a un tema de controversia (Aravena,
1999). Evidentemente esta definición no nos dice mucho acerca de la
naturaleza de la opinión pública ni de sus dinámicas internas y es más bien
una aproximación somera al tema. Nos habla de una acumulación de opiniones
individuales sobre un asunto de debate público. En contraste, Stauss (en
Katz, 1960) nos ofrece una miríada de definiciones posibles e implicancias
de la opinión pública.
-
"Los gustos y disgustos de una sociedad, o de alguna
poderosa porción de ella son, empero el principal asunto que ha
prácticamente determinado las reglas para la observancia general, bajo las
penalidades de las leyes o la opinión". John Stuart Mill –Sobre la
libertad.
-
"Opinión pública... es comúnmente usada para denotar la
suma de perspectivas que los hombres mantienen con respecto a materias que
afectan el interés de la comunidad...es un cúmulo de todo tipo de nociones
discrepantes, creencias, gustos, prejuicios y aspiraciones. Es confusa,
incoherente, amorfa, que varía de día en día y de semana a semana".
Bryce –Democracias Modernas.
-
"Como la fuerza está siempre del lado del gobernado,
los que gobiernan no tienen nada más que la opinión como apoyo. Por lo
tanto, es solamente en la opinión que el gobierno es fundado; y esta
máxima se extiende desde al más despótico y más militar de los gobiernos
hasta el más libre y popular. El sultán de Egipto o el Emperador de Roma
pueden guiar a sus inocuos súbditos como bestias brutas, contra sus
sentimientos e inclinaciones; pero el debe, por lo menos, guiar a sus
mamelucos o bandas pretorianas como hombres, por su opinión.
A pesar que los hombres son en gran parte gobernados por
el interés, aún el interés en sí mismo, en todos los asuntos humanos, está
gobernado por la opinión". David Hume –Ensayos,
vol.I.
Las implicancias del razonamiento de Hume son importantes
para un supuesto básico de este trabajo, no necesariamente declarado pero
intuíble. Esto hace referencia a la importancia del concepto opinión
pública. ¿Para qué investigar acerca de él, si no tuviera alguna influencia
en las conductas de las personas dentro de ese contexto?.
Muchas de las aproximaciones hacia la opinión pública son,
en cierta medida, interesadas, ya que desean algún provecho de la
potencialidad del paso de la actitud a la conducta. El deseo de reafirmar
posiciones de poder mediante el manejo de esa fuerza amorfa y conducirla de
forma beneficiosa para sus intereses es patente, si bien es cierto que
también que el tema es de interés para las ciencias sociales de igual forma,
pero buscando el conocimiento del fenómeno
Lemert (1983), vuelve indirectamente hacia el problema del
interés cuando analiza la formación de la opinión sobre la opinión pública,
valga la redundancia, por parte de quienes tienen el poder de tomar
decisiones. En gran medida el conservar el poder implica tener una
percepción acerca de los efectos de nuestras acciones en el público general.
Las percepciones idiosincráticas, autocráticas, los errores de juicio o la
subvaloración de la inteligencia de la opinión pública, sobre todo en la
arena política son pagadas de forma cara y con intereses. Es necesario que
estos príncipes estén constantemente informándose de las
fluctuaciones en el apoyo del público a lo que cada uno de ellos dice
representar y ofrece a los ojos de esa población en particular.
La opinión pública importa, sino no se
justificarían los onerosos gastos en encuestas y campañas de diversa índole.
Un observador puede dedicarse a contar la cantidad de veces en que ambos
términos aparecen en el discurso de los políticos, los jueces, los
empresarios, los candidatos, sus comandos y el gobierno en tiempos de
campañas electorales para hacerse una idea los valores subyacentes, los
objetivos de la comunicación y la escuela de pensamiento sobre la opinión
pública que cada bando denota. He aquí donde aparece, subrepticiamente,
nuestro segundo punto de interés en este trabajo, que son los medios de
comunicación de masas. Ellos son la fuente de la cual las gentes beben para
saciar su sed de información, fuente que a su vez es un reflejo imperfecto
(como todo reflejo) de quien contempla las aguas moverse.
Lo "mágico" -si se me permite el término- del asunto es
que aún cuando esa necesidad de información no sea percibida, nosotros
estamos dentro de un ambiente informático, según las ideas de McLuhan,
sistema del cual difícilmente podemos escapar, con mayor razón para quienes
habitamos las polis. No podemos escapar del influjo de las comunicaciones,
porque ellas han constituido un ambiente informacional que no nos permite
escapar de las formas (o formatos) y contenidos de la información. Para
escapar tendríamos que mutilar nuestros sentidos o volcarnos al ascetismo.
Probablemente si se hicieran estudios empíricos en jóvenes
no inscritos en los registros electorales con el fin de evaluar sus razones
para la aplastante falta de participación, un investigador probablemente
encontrará que no existe apatía o abulia en los términos
periodísticos que manejamos. No es que a los jóvenes no les interese el
tema, sino que no encuentran representación en el sistema, por lo que votar
no sería una acción racional y con un coste de respuesta demasiado elevado
para una conducta valorada como fútil; no hay utilidad en validar al sistema
tal cual como está configurado. Si uno pregunta, ellos presentarían sus
percepciones y actitudes a favor o en contra de algunos o todos los
candidatos, referentes en los cuales sería posible identificar muchos de los
elementos presentados por las campañas electorales reinterpretados y
reacomodados en sus propias percepciones, aparte de los aprendidos según las
estructuras familiares y de pertenencia, como es esperado. Ellos, como todos
nosotros, están insertos en este ambiente y no pueden escapar a su influjo,
por lo que el asunto más bien está en el ámbito de la representatividad de
los partidos políticos y sus actores más que en un individualismo no
comprometido.
3.2 Componentes
del Modelo de la Opinión Pública de Lemert
Los componentes que se detallarán a continuación son,
según Lemert (1983), los elementos básicos para entender el papel de los
medios de comunicación masivos en el proceso de la opinión pública.
Para este autor "opinión pública" es una percepción
impuesta por el perceptor sobre la información respecto a actitudes
ciudadanas hacia un tema, una personalidad, un candidato, una actividad o
resultados que se debaten públicamente.
La opinión pública es entonces un fenómeno subjetivo donde
el perceptor o individuo hace uso de sus procesos perceptivos y
atribucionales para tratar de formar una imagen del estado actual de la
opinión pública o para procurar anticipar una reacción pública a una medida
que se tenga en mente poner en práctica. Esta definición de opinión pública
se relaciona con la percepción acerca de la opinión pública dentro de las
esferas de poder, personas que toman decisiones.
Dentro del modelo de Lemert, ellos son un grupo importante
a considerar ya que a los diversos poderes les importa de sobremanera lo que
la opinión pública tiene que decir sobre ellos. También significa que uno
puede aproximarse al problema al fijarse en la percepción de individuos en
general sobre temas específicos con el fin de hacer investigación empírica
acerca del tema, cosa que muchas de las herramientas que se usan como
parámetro de la opinión pública – encuestas y elecciones- no contempla.
La opinión pública es una percepción sobre la información,
lo que genera actitudes con los componentes que veremos a continuación, pero
que también poseen un objeto y un contexto, como veremos a continuación.
Marcos de Elección e Influencia.
Las percepciones sobre información acerca de actitudes
ciudadanas se dan dentro de dos contextos generales:
-
Elecciones: Rito cree que ayuda a mantener la potencia
de la opinión pública como factor que debe ser considerado dentro del
marco de la influencia política
-
Marco de influencia: Los que toman las decisiones
reciben información sobre las actitudes ciudadanas de forma directa
(cartas, telegramas, teléfono, feedback) o indirectamente (reportes de
informantes, encuestas, editoriales, cartas al director, medios
noticiosos). El término "marco de influencia" se usa ya que la opinión
pública es sólo uno de los criterios que compiten frente a los
poderosos para que estos tomen decisiones.
La información en el marco de las elecciones es más bien
escasa, ya que sólo se cuentan con los resultados, registros electorales y
las entrevistas (si las hay) a quienes fueron a votar, además de que en este
contexto y a diferencia del marco de influencia, existe consenso de la
legitimidad de estas formas de información. Sin embargo el marco de
influencia deja más margen a la variación que las elecciones al haber menos
consenso sobre que formas de información deben ser considerada.
Los decididores pueden escoger sólo algunas de las
diversas formas de información sobre actitudes ciudadanas y desechar otras,
o dar más relevancia a cierta información sobre otra o conceder más
importancia a cierta encuesta y no a otra.
La variabilidad entre ambos marcos se explica porque en el
marco de elección los temas están más simplificados, mientras que en el
marco de influencia los temas quizás todavía no forman parte de la agenda.
El marco de influencia es menos estructurado, donde la aquiescencia de la
ciudadanía será con frecuencia el punto central de la disputa entre
ganadores y perdedores de las elecciones. Aún así, los medios dan
informaciones con interpretaciones alternas del significado de los
resultados de las elecciones. Los candidatos por su parte pregonan que el
pueblo "dio su aprobación" a sus esquemas.
Las elecciones han recibido demasiada importancia como la
forma de expresar actitudes, tal vez mucho más que cualquier otra forma de
participación.
Actitudes. Una actitud es
definida por Lemert (1983) como un estado de afecto sentido por un individuo
hacia lo que es para ese individuo, un objeto psicológico. La actitud
individual tiene dos componentes; el estado de sentimiento o sentir, ergo el
afecto o pathos y el objeto de ese estado de sentimiento. El
componente afectivo está a su vez compuesto de dirección e
intensidad. La dirección se refiere al signo del afecto, que puede ser
positivo (favorable), neutro o negativo (desfavorable). La intensidad, por
su parte, mide que tan positivo o negativo es el afecto.
Un objeto psicológico es todo aquello que el individuo
considere que lo es: una persona, un político, una ley, un ideal, etc.
Además de la dirección y la intensidad, las actitudes
tienen prominencia, la cual abarca los componentes de objeto
afectivos y de actitud. Una actitud prominente es aquella de la cual
depende un gran número de otras actitudes; esta es por lo general una
actitud central en la vida del individuo, como pueden ser las actitudes
hacia uno mismo sobre las actitudes sobre asuntos que se analizan en los
medios. Lemert cree que es más fácil producir un cambio reduciendo la
vinculación entre el objeto de la comunicación y la actitud prominente,
difuminando el vínculo.
Es posible que la gente tenga actitudes intensas que no
sean prominentes, pero no al revés. Es también factible distinguir entre
actitudes prominentes e intensas pero periféricas, mediante estudios que
comienzan preguntando que les preocupa a las personas de la muestra. Al
hacer más explícitas las preguntas, aumentó el porcentaje de respuestas
relacionados a temas que normalmente aparecían en los medios, pero con un
bajo porcentaje. Al hacerse aún más explícitas las preguntas acerca de los
temas puestos en agenda por los medios, este porcentaje aumentó aún más.
Para el porcentaje que respondió en relación a los temas de los medios en la
segunda parte del cuestionario, se asume que esos temas eran un objeto de
actitud prominente, sin embargo la gente que respondió a la tercera parte
del cuestionario puede haber respondido con gran intensidad y vehemencia,
pero no se considera que estas problemáticas sean las más prominentes.
Efectos en la Actitud por Causa de los Medios.
Lemert (1983) plantea que los estudios sobre actitud
tienden a concentrarse en dos tipos de cambios en el afecto; el cambio
de actitud y el reforzamiento de la actitud, considerando a ambos
fenómenos como mutuamente excluyentes. Por otra parte, el autor plantea que
se ha dado menos atención a los cambios que llevan en sí el componente del
objeto de la actitud; se trataría de la formación de la actitud y del
cambio de objeto de la actitud.
a) Cambio de Actitud y sus Tipos.
Lemert (1983) plantea que el sentido común considera al
cambio de actitud como una conversión desde un punto de vista a su
opuesto. El siguiente cuadro reproduce los cinco tipos de cambio de actitud
posibles para este autor. Es necesario tener en mente el error común de los
investigadores de considerar como cambio de actitud sólo a aquellos cambios
que ocurren hacia la dirección defendida por la comunicación. Cuando esto
ocurre, los otros cambios son restados de la puntuación de cambio de actitud
o se cuentan por separado en categorías que pueden confundir cambio de
actitud con reforzamiento de la actitud, evidenciando problemas en las
metodologías tradicionales, de acuerdo a lo que afirma el autor. En general,
al medir cambios de actitud, Lemert recomienda especificar el tipo de cambio
de actitud que estemos considerando. De no ser así, la expresión "cambio de
actitud" se referirá al caso más general de
movimiento de afecto hacia un nuevo signo.
Cinco Tipos de Cambio de Actitud
|
Bueno |
<=============> |
Malo |
|
extremadamente |
bastante |
ligeramente |
nada |
ligeramente |
bastante |
extremadamente |
|
+3 |
+2 |
+1 |
0 |
-1 |
-2 |
-3 |
|
Tipo de cambio de actitud |
¿Cambia el signo? |
¿Sube la intensidad? |
¿Baja la intensidad? |
Ejemplos
Antes / Después |
|
Conversión |
Si |
No |
No |
+2 a –2 |
|
Superconversión |
Si |
Si |
---- |
+2 a –3; -1 a +3 |
|
Cambio ordinario |
Si |
----- |
Si |
+1 a 0; -2 a +1 |
|
Cambio leve |
No |
----- |
Si |
+2 a +1; -3 a –2 |
|
Entrega |
Si |
Si |
---- |
0 a +1 |
b) Reforzamiento de la Actitud.
El segundo tipo general de cambio de afecto es el
reforzamiento de la actitud, definido por Lemert (1983) como un aumento en
la intensidad del afecto sentido hacia un objeto sin que haya cambio de
signo.
c) Formación de Actitud.
Lemert (1983) propone como tercer efecto que posible de la comunicación
masiva la formación de una actitud, que implica el reconocimiento de un
objeto de actitud como el aprendizaje de una respuesta afectiva hacia él.
Este proceso, según Lemert (1983), ha sido ampliamente estudiado en términos
de socialización en niños y jóvenes, pero no tanto en relación a que sea
efecto de los medios de comunicación, aunque la capacidad de los mismos de
presentarnos hechos ajenos a nuestra experiencia sensible, conceptualizables
como objetos y muchas veces con un afecto relacionado ya dado por el medio,
es algo casi evidente.
Lemert considera que los estudios acerca de la formación
de la actitud se han centrado, como ya se dijo, en la socialización primaria
por parte de los padres de ciertas actitudes que acompañarán a la persona el
resto de su vida, aprendizaje que también afecta la esfera de las creencias
políticas. Luego los estudios, según este autor pasarían a centrarse en la
influencia de las instancias de socialización secundaria, como maestros y
compañeros. Los estudios con respecto a la formación de actitudes con
respecto a los medios, en especial la televisión, han "tendido a observar la
adquisición de destrezas y hábitos, más que la formación de la actitud".
Teóricamente, esta sería una temática de investigación
sugerente e interesante, pero que presentaría la dificultad de poder
distinguir fehacientemente la formación de la actitud del cambio de objeto,
considerando que la gente al reconocer nuevos objetos de actitud, atribuye
una respuesta afectiva, este preparada o no para nuevos roles sociales.
e) Cambio del Objeto de la Actitud.
El cambio del objeto de la actitud es la sustitución de un
objeto de la actitud por otro. Cuando esto ocurre, es de esperar que tanto
el objeto como su afecto correspondiente sean reemplazados por un objeto
completamente nuevo y por su afecto asociado (Lemert, 1983). La importancia
del cambio de objeto es que puede llevar a cambios en la forma en que
reaccionamos y nos comportamos sin que haya cambio alguno en el afecto
sentido tanto por el objeto nuevo como por el antiguo.
Tanto la formación de la actitud como una clase de cambio
de objeto de la actitud requieren el reconocimiento de un nuevo objeto de la
actitud. Lemert cree que es más útil distinguir entre ellos determinando si
la respuesta afectiva es nueva o si ha estado asociada anteriormente al
objeto. Si el afecto también es nuevo, estaremos frente a la formación de
una actitud; si es anterior, es posible que sea un cambio de objeto.
Lemert se basa en la creación social de eufemismos para
hacer más evidente que significa para el un cambio de objeto. Durante la
crisis de los misiles balísticos en Cuba, Estados Unidos dijo imponer una
cuarentena a la isla, para no ocupar la expresión bélica de bloqueo.
Pinochet, por su parte hablaba de estado de guerra, para justificar
el pronunciamiento militar (léase golpe de estado). Los
ejemplos son aparentemente claros, pero no libres de la discusión conceptual
por parte de otros autores, disputas demasiado largas para incluir en este
trabajo.
Finalmente, Lemert plantea que para entender y medir
correctamente el concepto de cambio de objeto, se deberían utilizar
metodologías de investigación que permitan a los entrevistados la
oportunidad de explayarse más en los asuntos que se investigan, cosa que los
cuestionarios de respuesta cerrada generalmente no permiten a diferencia de
las preguntas abiertas.
El cambio de objeto de la actitud puede ser, como se
afirmó anteriormente, efecto de los mensajes recibidos por los medios, en
especial en gente inactiva, conformista o poco instruida. Lemert cree que el
concepto de cambio de objeto de la actitud es tal vez el mejor concepto
disponible para explicar como se producen ciertos cambios en los procesos de
opinión pública, ya que al parecer gran parte de la población no establece
espontáneamente muchas relaciones entre sus objetos (políticos) de actitud,
a pesar de que la ideología parece estar existiendo dentro de una población
determinada.
Actitudes hacia Temas y Actitudes de Participación.
Lemert, en su revisión acerca del tema de la
opinión pública, asegura que históricamente los estudios acerca de la
actitud y sus cambios se han preocupado de la actitud centrada en temas,
entendiendo a estos tópicos como objetos de la actitud. Sin embargo, él
considera importante distinguir entre las actitudes hacia temas y las
actitudes hacia la conducta de la participación política, con el fin de
entender cómo afectan los medios masivos a la opinión pública. Esto es
lógico para el autor si consideramos si acaso existe algo más relacionado
con los procesos de opinión pública que los objetos de actitud como los
partidos políticos, los candidatos, las propuestas sobre problemas de
diversa índole, gobierno, calidad de vida, economía, entre otros.
Actitudes centradas en temas hace referencia a aquellas
actitudes en relación a materias de asunto público como las anteriores,
consideradas como su objeto. Por su parte, las actitudes hacia la conducta
puede incluir como objetos a la situación donde se desarrolla la conducta,
nuestro sentido de adecuación al cometer un acto y las consecuencias de esa
conducta. Lemert (1983) afirma que las actitudes hacia temas son frecuente
foco de la comunicación política en los medios, en cambio las actitudes
hacia la conducta no siguen esa tendencia, en especial cuando la conducta es
participación en el marco de influencia. En los comienzos de la Psicología
Social norteamericana se prefirió estudiar acerca de las actitudes hacia
temas, presumiendo que su conocimiento sería una anticipación o predictor de
la conducta.
De forma tal que Rokeach (en Lemert, 1983) cree que la
separación entre actitudes sobre problemas de actitudes conductuales ha
"retrasado gravemente el crecimiento no nada más de la teoría de la actitud
sino la del cambio de actitud". Se distrajo la atención de la participación
política como un medio de comunicación a los que toman decisiones de las
actitudes de los ciudadanos hacia problemas.
Otros autores también se valen de la distinción entre
actitudes hacia problemas y actitudes hacia conductas. Rokeach (en Lemert,
1983), distingue entre actitudes hacia "objetos" (como fueron definidos
anteriormente) y actitudes hacia la "situación", este último elemento
definido como un contexto social que puede ser visto o no como una
oportunidad apropiada para la expresión conductual de la actitud hacia
problemas. Para Rokeach las actitudes hacia temas y las actitudes
situacionales "afectan la conducta en una proporción directa a su
importancia percibida con respecto a cada una" (Rokeach en Ajzen 1971,
citado en Lemert, 1983).
Martin Fishbein (en Lemert, 1983) también propone que la
conducta es una función conjunta de actitudes hacia problemas y de factores
situacionales, pero sin el vocabulario de Rokeach. Para Fishbein, la
conducta es una función de la actitud hacia la conducta, las "creencias
normativas" que incluyen las llamadas actitudes hacia temas y la motivación
para obrar de acuerdo a esas "creencias normativas". Ajzen (1971, en Lemert,
1983), por su parte ha reportado resultados que muestran que no hay gran
diferencia entre la formulación de Rokeach y el enfoque más complejo de
Fishbein. Las motivaciones producidas por la situación social parecen
determinar si las actitudes hacia la conducta o "creencias normativas"
predecían de mejor forma la conducta.
La Eficacia Política como una Actitud a la
Participación. La eficacia política se refiere al
sentimiento del individuo de que puede lograr cosas mediante la
participación política. Votar es sólo un modo posible de participación, un
medio que tiene el ciudadano a su alcance para comunicar alguna de sus
actitudes frente problemas, dentro del marco de elecciones.
La opinión pública conceptualizada como una percepción
impuesta la información sobre actitudes ciudadanas permite vislumbrar formas
de comunicación de la actitud frente a problemas en que los ciudadanos
pueden, usando los medios de comunicación, acercar su tema de interés a un
público más vasto, como en los casos de presiones gremiales hacia las
autoridades para que tomen cartas en ese asunto, considerando de forma
muchas veces anticipada la reacción del gobierno a negociar o reprimir.
La Participación. El
participar en los procesos de opinión pública es el acto de expresar
actitudes relacionadas con problemas, sea votando en el marco electoral o
por medio de actos concretos dentro del marco de influencia. La
participación es un requisito necesario para que la actitud sea visible a
quien toma decisiones, aunque esto también puede suceder de forma indirecta
o sin la participación activa de la ciudadanía, como cuando se publican los
datos de encuestas en los medios.
¿Cómo se puede creer que "las calles estaban llenas de
manifestantes"? Lemert cree una buena cobertura televisiva infla la
visibilidad, la extensión y la urgencia de los temas, lo que implica que
dentro del marco de influencia no se necesita tanta gente para impactar a la
opinión pública, sino acciones coordinadas para lograr el interés de los
medios, y estos últimos provoquen el impacto mediático en las audiencias,
formando opiniones.
Poder. El acto de
participación, según Lemert (1983) significa que algunas actitudes son
visibles a quienes deciden. Se desprende que la participación da a quienes
mantienen estas actitudes más poder que a otros. Un efecto de los medios es
el de amplificar el poder de quienes participan en procesos dentro del marco
de influencia para "abrirse paso por entre el sistema político" hasta llegar
a quienes toman decisiones. Aún así, el sistema no le da igual peso a todas
las opiniones. El efecto pasa según dos procesos; el primero es según el
método por medio del cual la opinión fluye en la estructura
gubernamental, que afecta a los supuestos y percepciones de quienes toman
decisiones, así como el modo en que se hace política dentro de la
misma estructura gubernamental. Así, las manifestaciones violentas son un
método que afecta a la estructura probablemente de forma tal que generen
resistencia, rechazo y acciones en su contra, así como es una manifestación
normalmente opuesta al modo de hacer política en democracia, teniendo en
consideración que el modo de hacer política son los supuestos sobre los que
descansa la ideología del gobierno, que afectará a su vez el tratamiento que
la estructura gubernamental dará a la opinión pública.
En relación al proceso de la opinión pública, el poder es
la habilidad o aptitud relativa de los actores políticos para:
-
Bloquear o iniciar la discusión pública de problemas
conceptuales.
-
Influir sobre las percepciones de opinión pública
sostenidas por las personas claves que toman las decisiones luego que un
problema sale a la luz pública.
-
Definir cuestiones y opciones sujetas a discusión.
-
Influir en la participación de los demás.
-
Inducir a los decididores o actores políticos a adoptar
una postura determinada.
La primera y la cuarta de estas instancias parecen afectar
mucho a los tipos y contenidos de la información sobre actitudes ciudadanas
al irse incorporando a la discusión pública. Claramente los medios masivos
ayudan a controlar, directa o indirectamente, el flujo de información sobre
actitudes ciudadanas. Indirectamente los medios parecen ayudar o interferir
con el poder de los participantes de controlar este flujo de información, a
la vez que de forma directa el poder interfiere en la cobertura y valoración
de los hechos. De por sí los medios afectarían directamente las clases de
información que llegan a los que toman las decisiones referentes a las
actitudes de la ciudadanía, a la vez que condiciona la información que llega
a la ciudadanía.
El poder rotula relaciones entre los actores, relaciones
que no son fijas, por lo tanto el poder no es patrimonio absoluto de ninguno
de los actores políticos.
3.3 Cómo los
Medios Encuadran los Asuntos Políticos
Una aproximación a este tema se enmarca dentro de la
tradición de los "efectos" de los medios y sus investigaciones
correspondientes. Un encuadre es la idea central que organiza el hacer
sentido de los eventos, a la vez que sugieren que está en el tapete.
Las noticias y la información no tienen valor intrínseco a
menos que se les ubique en un contexto con significado, que lo organice y le
de coherencia. Las historias presentadas en las noticias pueden ser
consideradas como narrativas, que incluyen información y elementos fácticos,
pero también conllevan un mensaje implícito. El medio, en el caso de la
cobertura noticiosa, es el último mensaje.
Para identificar el encuadre, el contenido informacional
de los reportes noticiosos es menos importante que el comentario
interpretativo que va junto a la noticia. London (1993) plantea que esto es
evidente en el periodismo en general, y que es especialmente evidente en las
noticias televisivas, llenas de frases anclas, metáforas, metonimias y otros
simbolismos que nos entregan un camino corto que sugieren una historia
subyaciente. Estos artilugios proveen un puente retórico en el que los "sound-bites"
de información son puestos en un contexto dado y en relación unos con otros.
Shanto Iyengar (en London, 1993) plantea que los televidentes son sensibles
a las claves contextuales cuando ellos razonan acerca de asuntos nacionales.
"los asuntos como el terrorismo y la pobreza dependen de los puntos de
referencia dados en las representaciones de los medios".
Según este autor "el encuadre de una historia es raramente
elegido conscientemente, pero representan el esfuerzo de el periodista o de
su auspiciador de poner la historia en una forma directa y con significado.
Como tales, el encuadre de las noticias es extraído, a la vez que refleja,
narrativas culturales compartidas y mitos, a la vez que resuenan con los
asuntos sociales mayores frente a los cuales los periodistas suelen ser
agudamente sensitivos".
Iyengar (en London, 1993), a través de experimentos de
laboratorio, afirma que el encuadre de los asuntos por la televisión da
forma al modo en que el público entiende las causas y las soluciones a los
problemas políticos centrales. Ya que los conteos electorales son el
fundamento de las democracias representativas, el público debe ser capaz de
establecer responsabilidades frente a los problemas sociales. Pero los
medios sistemáticamente filtran los asuntos y cargan la culpa al
establishment, al enfocar a las noticias como "un desfile de eventos
específicos, un contexto sin contexto".
Las noticias televisivas reportan en la forma de eventos
específicos y casos particulares. Iyengar llama a esto "encuadre episódico
de las noticias", que se contrapone a la cobertura "temática" que pone a los
eventos políticos en un contexto general. Para este autor el encuadre
episódico describe eventos concretos que ilustran asuntos, mientras que el
encuadre temático presenta evidencia colectiva o general. Los estudios de
Iyengar mostraron que los individuos expuestos a reportes episódicos eran
más propensos a considerar a la sociedad como responsable por ese evento,
mientras que los expuestos a un encuadre temático considera a individuos
como responsables.
La preponderancia del encuadre episódico en la cobertura
noticiosa nos entrega un reflejo inexacto de "eventos recurrentes no
relacionados". Esto no permite al individuo el acumular evidencia hacia
cualquier consecuencia lógica y definitiva. Más aún, esta práctica
simplifica asuntos complejos al nivel de evidencia anecdótica, a la vez que
refuerza el razonamiento por resemblanza, o sea, que la gente queda fija en
causas y tratamientos que se ajustan a los problemas observados.
El medio como instancia fijadora de una agenda es
un asunto que ha demandado gran atención de algunos investigadores. Iyengar
(1987, citado en London, 1993) afirma que la televisión determina lo que los
norteamericanos creen que son asuntos importantes al darle atención a
ciertos problemas en desmedro de otros. La evidencia de Iyengar plantea que
el público americano tiene una frágil memoria y es vulnerable a la noticia
del día. Cuando la televisión se focaliza en un asunto, las prioridades del
público son alteradas, y nuevamente alteradas cuando la televisión se mueve
hacia algo nuevo.
McCombs y Shaw (1972) se preocuparon de investigar el
poder de la televisión la fijación de la agenda en los tiempos de la
elección en Estados Unidos de 1968, concentrándose en la transmisión de la
información -lo que la gente puede aprender de las historias televisivas,
más que en el cambio de actitud, asunto de las primeras investigaciones-
demostrando la importancia de los medios en la transmisión de la información
política.
Ambos investigadores plantean que el más importante efecto
del mass media es su "habilidad para ordenar mentalmente y organizar
el mundo por nosotros. Dentro de poco, los medios no serán exitosos en
decirnos que pensar, pero serán asombrosamente exitosos en decirnos sobre
que pensar".
El poder de la prensa americana (y probablemente también
la chilena) es uno de suma importancia, ya que plantea la agenda de la
discusión pública, mientras que su poder político no es restringido por ley
alguna. La prensa determina sobre que la gente hablará y pensará.
McCombs y Shaw también notan la tendencia que marcan los
medios en estructurar las percepciones de los votantes acerca de una
realidad política. "en un alto grado el arte de la política en democracia es
el arte de determinar que asuntos son de mayor interés para el público o
cuales deben ser subrayados para lograr el apoyo público".
3.4 Los Medios
Favorecen el Status Quo
Las conclusiones de Iyengar acerca de las atribuciones
causales que el público construye en el encuadre episódico, alejando la
culpa de los representantes de los poderes estatales, implica la
invariabilidad, el status quo en la distribución del poder, sostenido
también a partir de otras fuentes.
El ex presidente americano Lyndon Johnson dijo una vez
"los periodistas son marionetas. Simplemente responden al tirón de las
cuerdas más poderosas".
Paletz y Entman (1981, en London, 1993) en su libro "Media
Power Politics" argumentan que "al darle a las elites control substancial
sobre el contenido, énfasis y flujo de la opinión pública, las prácticas de
los medios disminuyen el poder del público", por lo que "los medios masivos
son muchas veces las dóciles amas de llaves de los poderosos".
El problema de los medios es que su metodología
investigativa está relacionada con sus fuentes de información. Los nexos que
se dan entre el periodista y su fuente son fuertes, como es sabido y
corresponde, los periodistas se comprometen a no revelarlas. Muchas de esas
fuentes son "oficiales", por lo que la visión que ellas entregan muchas
veces es interesada o sesgada. Los gobierno democráticos no tienen una
secretaría u oficina de comunicaciones por casualidad, ellos proveen
información a los periodistas para que ellos simplemente la diseminen,
organizan las conferencias de prensa, dan "información oficial", preparan
discursos, asesoran la imagen de las figuras públicas y se preocupan de
medir la popularidad del gobierno. Chile no es ninguna excepción.
3.5 Críticas a
la Objetividad Periodística
La llamada objetividad ha significado un aumento en la
cantidad de hechos literales presentados en las noticias, aportando en gran
medida a aumentar la disciplina y la ética en el periodismo en respuesta al
"amarillismo" en las noticias. London (1993) nos recuerda en ser cautos en
no equivocar "objetividad" con "justicia", que implicaría la presentación de
puntos de vista opuestos y de forma balanceada.
El historiador social Michael Schudson (1978, citado en
London, 1993) plantea que la objetividad se volvió un ideal en el periodismo
(norteamericano) "precisamente cuando la imposibilidad de sobreponerse a la
subjetividad en la presentación de noticias era ampliamente aceptado
y...precisamente cuando la subjetividad estaba siendo considerada como
inevitable".
Glasser (citado en London, 1993) es claro y enfático en
señalar que la objetividad impide la responsabilidad:
" Primero... la objetividad en el periodismo está sesgada
a favor del status quo; ella es inherentemente conservadora al punto que
estimula a los reporteros a confiarse en lo que el sociólogo Alvin Gouldner
tan apropiadamente describe como "gerentes del status quo" -los prominentes
y la elite. Segundo, el reporteo objetivo está sesgado contra el pensamiento
independiente; el castra al intelecto al tratarlo como a un espectador
desinteresado. Finalmente, el reporteo objetivo está sesgado contra la
propia idea de la responsabilidad: la noticia del día es algo frente a lo
cual el reportero se siente compelido a reportear, no algo de lo cual ellos
son responsables por crear...lo que la objetividad ha traído es, en el corto
plazo, un descuido por las consecuencias del hacer noticias".
Por cierto que esta tendencia descomprometida y episódica
no es un absoluto en el periodismo. Existe también una tendencia hacia la
responsabilidad y a construir patrones noticiosos continuados y más
contextualizados, dentro de lo que el medio puede ofrecer. Muchos reporteros
se vuelcan a los reportajes de seguimiento y no solamente a la noticia del
día, a lo episódico. Mucho de esto es atribuible al estilo propio del
periodista, así como el tema en que este se especialice. Existen tópicos que
permiten el análisis a fondo, como las noticias internacionales, y otros que
ya de por sí compele a la inmediatez y a lo efectista, como la crónica roja;
los hechos de sangre.
Acerca de las consecuencias políticas de los medios en la
opinión pública, al parecer existe una brecha entre la cobertura de los
medios y la creación de una conciencia crítica dentro de las personas que
conformamos la opinión pública. Política parece reducirse a campañas,
elecciones y asuntos del gran gobierno, pero en general existe poco apoyo de
los medios para facilitar un debate público. Burstein (en London, 1993)
plantea que en Estados Unidos, la democracia requiere un debate público, no
sólo información, a menos que esta sea generada desde ese debate necesario,
somos tomados muy en serio como consumidores, pero no tanto como ciudadanos.
Eso es allá en apariencia, pero sabemos que los
representantes chilenos pueden limpiar y hasta fabricarse nuevas
imágenes públicas, ya que no existe memoria de los hechos ni una voluntad
clara de hacerlo. Mucho de esto es achacable al supuesto implícito de la
objetividad, pero probablemente el causante directo del olvido es el poder y
su necesidad de mantener las aguas calmas.
En nuestro país existen grupos de poder, tanto económico
como político no permiten que hayan cambios reales, que siguen manteniendo
el tan citado status quo. El "debate" entre los precandidatos de la
coalición de gobierno no fue tal, no hubo contra preguntas, réplicas,
preguntas del público; nada que manchara la imagen de ninguno, ambos pactos
se declararon ganadores. ¿Y cómo no?, si los comandos negociaron desde el
principio, el desarrollo y el final del supuesto debate, tratando de no
quemar a ambos candidatos del oficialismo. Algunos personeros del comando de
la Democracia Cristiana no querían que su candidato se diera la mano con el
representante del Socialismo, ya que la falta de estatura física de su
candidato frente al otro podría tener efectos sobre la percepción de la
audiencia, considerando los prejuicios y sus consecuentes burlas hacia la
gente de baja estatura. Evidentemente era un debate prefabricado, de
laboratorio, frente al cual la prensa, los medios siguen apareciendo como
títeres. Johnson no estaba tan equivocado, y si los periodistas después se
quejan acerca de esto... ningún colega estuvo ahí para preguntarle porque se
presto para el circo. Círculo completo.
Ahora bien, esta práctica se pudo apreciar en el segundo
"debate" publico entre el candidatos del oficialismo de ¿Izquierda? y el de
la (Derecha) (Económica) [los signos de pregunta son a causa del
desperfilamiento de ese candidato con el fin de buscar el voto moderado, y
los paréntesis son porque eso se ha tratado sistemáticamente de omitir en la
campaña, lo que "va sin decirse"]. Lo que se presenció evidentemente fue, en
el texto, algo más parecido a lo que la idea de debate significa, pero en el
contexto nacional no fue más que una demostración la influencia de ambos
grupos de poder, ya que no se permitió dentro de ese foro televisado a todo
el país y por todos los canales la presencia de los otros 4
candidatos. Una dispersión de los votos entre los otros candidatos,
catalogados como representantes de minorías ideológicas como posible
resultado de un debate público no convenía a ninguna de las otras dos
"grandes posturas".
Tenemos un texto, un contexto, pero ¿Qué nos dice el
subtexto? Nuevamente: Poder y Status Quo, aguas calmas, objetividad
condicionada no es objetividad. La opinión pública no es tonta,
probablemente percibió el manejo, pero eso frente a la polarización típica
de las elecciones e histórica desde el golpe del `73 a la polarización no le
importa, probablemente no hay espacio hacia nuevas posturas mientras no se
cierren viejas heridas. Olvidaba decir que también ambos, como es habitual,
se declararon ganadores...
4. Discusión y Conclusiones
El uso de la propaganda, como fenómeno o como herramienta
usada deliberadamente ciertamente es polémico y a veces hasta brutal, pero
más importante que la novedad o el escándalo es la discusión moral que esta
encierra. Packard (1969) reporta que los ejecutivos de las empresas que
vendían grandes cantidades por medio de la propaganda declaraban por medio
de la propaganda todo mundo era feliz, ya que el cliente obtenía los suyo… y
ellos su dinero. Pero, ¿Qué moralidad, en el campo de las ventas por medio
de la propaganda, existe si lo ellos compran es en realidad lo que el
inversionista quiere que compremos?, ¿Hay buena fe tras el uso de nuestros
deseos infantiles, nuestra agresión, nuestras angustias y las ansias de
autorrealización? La falacia de la felicidad no se cumple, ya que para
mantener ese estado, se nos adoctrina en que es necesario seguir consumiendo
y que el objeto recién adquirido, puede ya ser obsoleto.
No existiría tal ley superior de felicidad o justificación
por medio de la voluntad del comprador o afectado por la persuasión, si no
existe un propósito razonado y propio detrás de la conducta. En realidad
sólo se está potenciando el consumismo a gran escala, a la compra
compulsiva, a la erotización de los productos, al manejo de nuestra auto
imagen, todo esto sin que lo advirtamos, y si lo hacemos, ya no nos
sorprenderá, porque nos estamos acostumbrando.
En la propaganda tampoco existe una ética científica, si
es que queremos defender los avances en su uso y sus postulados. Packard
(1969) nos muestra el desarrollo de los medios de propaganda en Estados
Unidos, donde se unieron tanto los principios psicoanalíticos, hablando de
lo subyacente, con el conductismo, para aumentar la efectividad de las
campañas varias. Lo anterior no tuvo ninguna reflexión crítica, sino una
síntesis de recetas psicológicas para lograr que la gente comprara lo
que ellos ofrecían. Sabemos ahora que este acto de "comprar" no sólo se
refiere a adquirir bienes por medio del dinero, sino también aceptar
representaciones de políticos en elecciones o creer que las cosas están bien
y quienes nos dirigen saben de lo que hablan, o de pensar que las aguas
están calmas cuando en realidad se agitan. Tenemos a la vuelta de la esquina
el caso de dos políticos de derecha, uno Senador y la otra Diputada, que
protagonizaron un escándalo por el descrédito en televisión que planeaba el
Senador y la intervención telefónica que logró obtener la Diputada. Después
del escándalo, la opinión pública o bien los perdonó o los olvido, ya que la
Diputada sigue en su cargo gracias a la reelección y el Senador ahora fue
precandidato presidencial de su partido.
El problema ético de la persuasión por medio de la
propaganda en los medios tampoco deja al margen a los psicólogos, que han en
general hecho el rol de bueno y malo de la película indistintamente. Por un
lado existió el afán científico de investigar los procesos de influencia, en
un primer momento. Por el otro lado muchos profesionales han servido para
hacer consejería de cómo lograr propagandas aún más efectivas, cayendo en el
juego que propone el sistema, y usando lo aprendido en la academia sin
reflexión acabada y con un eclecticismo oportunista e interesado, para
luego, en otro momento, volver a preocuparse por el tema, con un afán que
une lo científico y lo ético, y hablar de los factores de prevención contra
la manipulación psicológica, ya sea mediante el entrenamiento de habilidades
críticas, la inmunización por compromiso consigo mismo (con los valores del
individuo), la inmunización por anclaje o consistencia interna de la
creencia, el modelo de inoculación por exposición leve a la propaganda,
hecho por McGuire (Estévez, 1974), o el estudio de la resilencia frente a
los mensajes persuasivos.
Parece, tomando una mirada más realista que gris, que el
uso de la manipulación psicológica no está cayendo en desuso, de hecho, las
cifras del dinero que se invierte en propaganda crecen año tras año, y en
tiempos de crisis económica, ellos tienden a aumentar para mantener a las
empresas a flote, y no a decrecer por recortes o ahorros, como uno puede
llegar a creer. En 1997, en Estados Unidos se gastaron 88,92 miles de
millones (Revista Muy Interesante, 1998) de dólares en publicidad, cifra
más que elocuente.
Todo esto en un campo donde la labor que antes aglutinaba
a mucho psicólogos, ahora pertenece a publicistas, profesión preparada para
lograr dar notoriedad a cualquier producto o persona. La propaganda
entonces, siguiendo a los principios de Adam Smith, ha dado a la
especialización del trabajo, en búsqueda de una mayor eficiencia. Lo
anterior nos conduce a la conclusión lógica que el propagandismo es ya algo
validado en nuestra sociedad, hecho que puede reflejarse en la alta demanda
de la carrera de publicista, así como la proliferación de lugares donde esta
se imparte, hecho que incluso se ha extendido a universidades tradicionales
del país (hecho presente en nuestra Universidad de Santiago de Chile).
El problema de la propaganda y su uso actual no tiene
solución fácil, y en estos momentos es probable que ni siquiera se quiera
cambiar la dinámica actual, ya que esta es fruto y uno de los ejes del
sistema. La globalización de las comunicaciones también abre nuevos
mercados, que a su vez son cada vez más cercanos por medio de la
informática. Los países se abren a estas posibilidades y el aislamiento no
es una opción de desarrollo. La lógica actual de mercado logra divisas
incluso vendiendo a un país como un buen lugar para vacacionar, por
lo que ya no sólo hay divisas por el consumo de bienes, sino por la
preservación de lo pintoresco y propio de cada nación, haciendo a veces un
cuadro de dudoso gusto estético el mantener lugares "criollos" o "naturales"
que son fachadas para el turismo. Es por esto y mucho más que seguiremos
escuchando sobre la propaganda y la manipulación psicológica por un largo
tiempo más.
Por su parte la influencia de los medios es materia de
sesudos análisis en las esferas de las ciencias sociales, siguiendo una
lógica que contabilización de efectos sin una teoría unificadora detrás. No
es de extrañarse, ya que el problema es complejo tanto por la cantidad de
factores que integra cualquier modelo, como por la influencia e la ideología
en el análisis y construcción de los mismos.
Si aceptamos la tesis de McLuhan acerca de un nuevo
ambiente tecnológico, me parece que avanzamos un pequeño trecho, ya que es
una idea que nos desafía a dejar los análisis reducidos para intentar
avanzar en un modelo abarcativo que incluya elementos que tradicionalmente
no se han ocupado de forma generalizada al momento de medir esos efectos.
¿Cómo hacer estudios descriptivos por ejemplo del perfil
de los candidatos presidenciales y sus cambios?. Ellos no están sujetos a
los límites del laboratorio, así como no todos los datos acerca de su
perfilación no son obtenibles por medio de cuestionarios y entrevistas.
Muchas personas jamás llegan a ver al abanderado en persona, solo lo ven en
pantalla, como saben que es una persona "buena", confiable, culta,
inteligente, etc.
La respuesta es que lo ven por televisión. Ninguno de los
otros medios tiene el impacto de éste, ni siquiera la "omnipotente"
Internet. Las páginas de candidatos no tienen grandes números de visitantes,
la cantidad de avisos en radios no es tanta, los murales transmiten frases
ancla, slogan, por lo tanto no sirven para construir representaciones
complejas de un actor político. Sólo nos queda la televisión.
Podemos desglosar muchos de los avisos de la propaganda
política y analizarlos según las teorías de la persuasión y ver muchos de
los factores esperados para un candidato, pero nos quedamos cortos, ya que
no tenemos herramientas para descomponer el texto y contexto de la
comunicación, del mensaje en su contenido y forma. Los análisis propuestos
por la semiótica nos pueden servir para estos efectos, ya que su
terminología y objetos incluye muchos de los recursos típicos para denotar y
connotar mensajes implícitos no sólo en los panfletos y discursos. Muchas al
hacerse un análisis de efectos de los medios de comunicación en la opinión
pública, en asuntos específicamente relacionados con política, no se analiza
la construcción del texto televisivo. La música de fondo construye un
setting, al igual que las tomas. Los enfoques hablan, denotan y connotan con
un énfasis en lo que podemos llamar credibilidad o modalidad si se quiere.
El tiempo en televisión es corto y no todo es verbalizaciones de atributos
posibles de contabilizar.
Un enfoque de análisis de efectos debe fijarse en los
estímulos a los que se les atribuye el mismo y la naturaleza de estos
estímulos es, por la parte del medio, eléctrico y veloz.
La televisión no es, como sabemos, arena para discursos, a
nosotros nos llega un pedazo, un abstract imperfecto y más encima
interpretado de antemano por un periodista para nuestra posterior
reinterpretación.
Podemos también concluir que, dada la naturaleza de los
medios, estos tienden no sólo a la fabricación de ficciones ideológicas
absolutas, sino que tienen un contacto con la realidad social y cultural.
Esto reivindica el rol de la participación activa de los ciudadanos en los
procesos de cambio, ya que la cobertura periodística en búsqueda de
material, de la "noticia del día" bebe de la realidad tanto como nosotros
bebemos de los medios para construir y entender la realidad actual según
nuestros nuevos sentidos. La participación es una puerta abierta para el
ciudadano de poner en agenda sus problemas para el resto de sus
conciudadanos. No es necesaria mucha gente, ni la violencia; a veces basta
con la creatividad y la confianza. La línea de análisis de Hume, acerca del
interés que deben tener los poderosos sobre la opinión pública reafirma esta
tesis. El ignorar, dentro del marco de influencia de Lemert los clamores de
quienes acaparan tiempo en la televisión, puede a la larga significar un a
derrota en el marco de las elecciones. Los efectos de las representaciones
de los medios tardan, pero seguro que llegan.
Aún así, tampoco debemos ser tan ilusos. Debemos tener en
cuenta que dentro del marco de influencia los mensajes de la opinión pública
compiten entre sí por preeminencia.
Un caso interesante se dio este año en Estados Unidos,
donde los senadores daban jugosos aportes a las campañas de las
"enfermedades de moda", Sida, cáncer, epilepsia, diabetes, obesidad y otros
competían en un sistema de mercado por ver quien hacía más demandas
llamativas, quien conseguía a más estrellas famosas como patrocinadores. En
nuestro país las diversas urgencias sociales también pelean por tiempo en la
televisión. La salud, el transporte, la educación, entre otros siempre
acaparan titulares, para luego ser olvidados.
Otro punto a tener en cuenta es lo que nos dice tanto el
marxismo como la semiótica, existen realidades que son privilegiadas por los
medios, y no casualmente es la de los poderosos. Siempre pueden haber
intereses en contra de los cambios, ya que el sistema tal como es ha
beneficiado a algunos que quieren mantener esa posición, ya sea ideológica o
moral o económica.
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