El desarrollo
histórico de los medios, las ciencias y las técnicas de comunicación
social, como parte del proceso de modernización de las sociedades
contemporáneas , ha estado indisolublemente unido al surgimiento y
expansión de las nuevas formas de producción económica capitalista y de
universalización de los valores socioculturales del régimen político
liberal. En el proceso de modernización, los medios, las tecnologías y los
saberes informativos han cumplido una función fundamental de difusión y
homogeneización de las ideas, principios y valores de la nueva sociedad.
Los medios han desempeñado, por ello, históricamente, una función, en lo
esencial, prioritariamente persuasiva. De hecho, el origen de las Ciencias
de la Información y las primeras experiencias de estudio y análisis de los
medios de comunicación social está directamente relacionado con los
objetivos de conocimiento práctico de los modos, formas y efectos
persuasivos de la nueva comunicación de masas, tanto a nivel político, en
primer lugar, como a nivel comercial (publicitario), en segundo término, y
a nivel sociocultural, en última instancia.
Los medios de comunicación son por ello hoy día, antes
que nada, medios de información, canales de distribución y convencimiento,
dispositivos y espacios pues de construcción de la hegemonía ideológica,
en los que se configura, orienta y determina el sentido de la acción
social de los actores individuales y los sujetos colectivos mediante una
amplia variedad de formas de organización de la influencia social, en
prácticas concretas de condicionamiento, orientación y manipulación de la
percepción y la cognición receptivas.
Ahora bien, la persuasión, por el hecho de ser un tipo
de comunicación social que busca el cambio de actitudes y opiniones en la
percepción y comportamiento de los sujetos, no debe ser considerada de
antemano negativamente. El poder de persuasión de los medios y la
capacidad de influencia de los comunicadores en el cambio de actitudes y
percepciones públicas de la ciudadanía no tiene que ser, por sistema,
contraproducente política y culturalmente. El uso y sentido con que se
utilicen las técnicas y estrategias de persuasión es el que debe ayudar a
establecer la pertinencia o no de la aplicación de las comunicaciones
persuasivas. En la actualidad, por ejemplo, la extensión de la
mercadotecnia social en el desarrollo de campañas de sensibilización
pública y concienciación ciudadana recurre a la amplia variedad de
recursos retóricos para el convencimiento público cuya utilización es, sin
duda alguna, loable y necesaria. Si bien es cierto que la persuasión se
identifica habitualmente con la manipulación y alienación del público por
los intereses corporativos y privados de los comunicadores y los grupos de
interés. La persuasión, entendida como la intención consciente de
modificar el pensamiento y la acción, manipulando los móviles de los
hombres hacia fines predeterminados, está de hecho asociada con el control
público de la recepción y la manipulación informativa programada.
La persuasión se organiza, como experiencia práctica,
mediante la planificación ordenada y sistemática de los contenidos, las
formas y los canales o medios de comunicación social en función de los
objetivos funcionales que definen los grupos de interés promotores de cada
emisión. Por eso decimos que la persuasión es, en este mismo sentido, una
forma consciente e intencional de manipulación informativa, cuyo objetivo
es la orientación de las actitudes y del comportamiento de los receptores,
influyendo mental, afectiva y cognitivamente en los destinatarios del
mensaje a través de diversos medios psicosociológicos.
La persuasión busca la adhesión , sincera o interesada,
del público objetivo mediante el convencimiento explícito o tácito en
función de los intereses de los agentes emisores responsables, individual
o institucionalmente, de los contenidos informativos. La persuasión puede,
por ello, presentarse como una forma directa de codificación
intencionalmente manipuladora como , por ejemplo, los anuncios
publicitarios y los mensajes políticos en las campañas electorales, o
pueden aparecer ocultos al público como sucede en algunas informaciones de
actualidad política o en los programas de entretenimiento con la
publicidad encubierta. En ambos casos, no obstante, la intencionalidad de
los emisores es consciente y planificada, pero sólo en el primero los
intereses de los emisores aparecen manifiestos para el público receptor.
En el segundo caso, la ocultación de la intencionalidad persuasiva por
parte de los emisores limita la actitud previsora y distanciada del
público receptor, logrando así el mensaje mucha más eficacia e influencia
social. Claro que, no obstante, tanto una como otra forma de comunicación
persuasiva siempre mantienen ocultos los dispositivos y estrategias de
manipulación, en otras palabras, la técnica de persuasión es desconocida
por los receptores, porque la eficacia y el éxito de la persuasión depende
casi siempre del desconocimiento por el público objetivo de las formas
retóricas y psicosociales que motivan en la construcción y difusión de los
mensajes la orientación de las opiniones y las actitudes públicas. En
otras palabras, la estructura profunda de los mensajes, de los objetivos y
estructura de la comunicación intencionalmente planificada es de alguna
forma desconocida por el público destinatario.
Factores y efectos de la persuasión
Aunque no existe acuerdo unánime alguno sobre el poder
persuasivo de la comunicación intencional por la falta de verificación
empírica en torno a las experiencias de recepción, lo cierto es que la
investigación de los procesos persuasivos ha revelado hasta ahora la
importancia de los factores psicológicos en el logro motivacional de
algunos efectos. Hoy sabemos además que el proceso de persuasión, lejos de
ser una forma directa de modificación de las actitudes, consiste sobre
todo en una forma dinámica de interacción cognitiva del receptor con los
manejos intencionales, en el que lo central es el procesamiento y
apropiación de la información por medio de la dialéctica de mediatización
cultural de las estrategias de condicionamiento de los individuos. Esta
última perspectiva demuestra, en este sentido, la dificultad y relativa
indeterminación de la conducta individual y grupal respecto a los
condicionamientos de la propaganda y la publicidad. La autonomía de la
recepción plantea hoy la necesidad de incluir las prácticas de lectura y
decodificación de la audiencia como una forma activa de modelación y
construcción de las representaciones sociales, un proceso este de
apropiación de los mensajes en el que la persuasión configura y mediatiza
el modo de percepción y cognición social.
El enfoque del aprendizaje y las aportaciones de la
escuela de C. Hovland han contribuido desde hace años a subrayar la
importancia de las estrategias persuasivas en la determinación de la
conducta y las actitudes públicas. Tomando en consideración los nuevos
hallazgos de las ciencias cognitivas y de, por ejemplo, la nueva
psicología de la publicidad, cabría pues definir las principales variables
que determinan la mayor o menor eficacia persuasiva de los mensajes ( la
credibilidad de la fuente, la credibilidad del mensaje, el efecto de la
intencionalidad percibida en el persuasor, la similaridad fuente-receptor,
la comprensibilidad del mensaje, la estructura de argumentación, las
características del canal, las características de los receptores, . . . ).
Tras una lectura atenta de la bibliografía
especializada en la materia, entre los factores de eficacia persuasiva, la
mayoría de las investigaciones coinciden en destacar básicamente los
siguientes aspectos :
- LA FUENTE. Un primer factor ampliamente tratado por
comunicólogos e investigadores sociales es el de las condiciones y
perfiles del comunicador. La variable fuente es considerada hoy la más
importante en el proceso de persuasión, ya que, si bien el público nunca
puede ser totalmente manipulado por impredecible en su conducta,
resistente en última instancia ante las formas de control de la
información, los estudios persuasivos han incidido en la influencia del
emisor, como un aspecto decisivo en el logro de una más eficaz influencia
de los informadores sobre los destinatarios últimos de los mensajes. El
prestigio, la proyección imaginaria de valores y atributos simbólicos
asociados con los comunicadores es por ello casi siempre la variable más
recurrente en el logro los objetivos propagandísticos y publicitarios. En
numerosas ocasiones, los anuncios para campañas o promoción de
determinados productos y servicios utilizan personajes destacados de la
vida política, social, cultural o deportiva como factor de credibilidad e
identificación de los receptores. La influencia y el prestigio personal de
determinados sujetos, convertidos en actores del proceso persuasivo,
sirven así de elemento de adhesión y marco de referencia compartido por
los individuos y los grupos sociales receptores, al impregnar con su
aureola de popularidad los atributos de éxito, prestigio y reconocimiento
público, que se intentan proyectar al producto, las ideas y/o los valores
que pretende promovidos por el mensaje intencional.
Entre los aspectos más significativos que se suelen
destacar , en este sentido, como variables persuasivas de la fuente cabría
incluir :
- La credibilidad del emisor. El mayor o menor
crédito y confiabilidad que proyecta imaginariamente el comunicador para
la audiencia es quizás el más potente medio de persuasión. De hecho,
muchas investigaciones coinciden en señalar la credibilidad de la fuente
como un factor esencial que asegura el éxito persuasivo de antemano. Claro
que la credibilidad no puede ser predecida por la fuente, pues esta es una
proyección y un atributo que otorga al comunicador la propia audiencia, si
bien existen diversos factores importantes que se utilizan, por ejemplo,
en la publicidad para un hábil manejo de la variable credibilidad en los
mensajes intencionales. Los responsables de una campaña persuasiva,
conscientes de las muchas técnicas disponibles para manipular las
percepciones de la credibilidad de la fuente, pueden utilizar factores
como la edad, el sexo, la raza o la clase social para lograr la adhesión
de la audiencia. Por ejemplo, los personajes de ciertas razas son
utilizados como comunicadores para determinados tipos de anuncios y no
otros, algunos productos son presentados con la explotación comercial de
una representación estereotipada y sexista de la mujer para lograr la
identificación de los consumidores, del mismo modo que en las campañas de
algunas compañías el estatus socioeconómico que se le presupone al
presentador está proyectando unos valores de calidad, solvencia y
confiabilidad, asociadas a los valores de la clase económicamente
pudiente, esto es, persuasivamente clasistas. De este modo, la
credibilidad se construye y es recreada por la audiencia mediante la
explotación sociológica de las dimensiones proyectadas en torno a la
credibilidad de la fuente, a partir de tópicos y estereotipos sociales
referidos a la capacidad o experiencia y conocimiento del tema; la
compostura o presencia comunicacional; la sociabilidad, y la mayor o menor
extraversión del comunicador, con las que, en forma determinante, se juzga
la confianza en la fuente, de la que finalmente dependerá la eficacia
persuasiva del mensaje en el proceso de transacción de la comunicación.
- La atracción. El carisma que manifiesta
personalmente el emisor es otro factor decisivo de influencia social en el
proceso de persuasión. La atracción condiciona la atención, percepción y
retención selectivas de la audiencia, así como la conversión y
reforzamiento de creencias, opiniones, valores y conductas compartidos por
la audiencia con la fuente, como modelo ideal de socialización. La
atracción determina por ejemplo el recurso frecuente a comunicadores de
gran belleza física para una mayor eficacia persuasiva. La cultura de
masas explota de hecho esta característica en las estrategias de
convencimiento y manipulación pública, por captar fácilmente el interés
perceptivo de la audiencia, facilitando así el acceso y recepción del
mensaje intencional, a costa de un mayor reforzamiento de los estereotipos
sexistas y de imposición de una estética y una cultura de la imagen.
- La similitud. Por último, en la comunicación
persuasiva publicitaria es cada día más común acentuar las formas de
identificación entre el comunicador y la audiencia por el proceso de
segmentación del mercado. La definición de la edad, la educación , la
identidad cultural, étnica, religiosa, sexual, o del nivel socioeconómico
del emisor, es un objetivo esencial de las estrategias de marketing y de
las campañas publicitarias para lograr captar el interés y adhesión de los
grupos de receptores a los que se dirigen las estrategias persuasivas. Al
presentar un comunicador con el que la audiencia comparte referentes
socioculturales, por similitud, el proceso de comunicación es favorecido
estableciéndose de este modo un vínculo con el que la fuente puede
persuadir a la audiencia de los beneficios del producto, las ideas u
objetivos perseguidos por la campaña de publicidad o propaganda.
- EL MENSAJE. El estilo del mensaje, el modo de
organización y estructuración del contenido, de las ideas y propuestas de
las comunicaciones persuasivas tienen, en la planeación, una especial
forma retórica que, sistemáticamente, organiza la percepción y el proceso
de adhesión del público receptor respecto al contenido de los mensajes y
los objetivos de los emisores. Hay que tomar por ello siempre en cuenta
cómo se seleccionan los mensajes y cómo se estructuran en el proceso de
creación persuasiva. Burgoon y Miller resumen, citando a Toulmin, en tres
componentes los argumentos persuasivos de toda comunicación:
11) La demanda, en la que el emisor solicita a la
audiencia un curso de acción específico con la intención de producir un
cambio en la conducta o actitud del receptor, afirmando, negando o
evaluando los contenidos objeto de la campaña.
21) La garantía, que, en apoyo de la demanda, ofrece un
marco de justificación a la audiencia sobre la necesidad de aceptación de
la propuesta del mensaje persuasivo, con el fin de ser aceptada
implícitamente a través de la promesa.
31) Y la evidencia, que provee datos y pruebas
racionales mediante la simple presentación de información objetiva que
refuerza la demanda, la creencia en el cumplimiento y verosimilitud de la
garantía, y la propia credibilidad de la fuente, a través ya sea de la
demostración o de la cita autorizada.
El modo de persuasión de un mensaje intencional puede
operar, en este sentido, a través de tres formas de acceso al público
receptor : la explotación de los factores emocionales, la argumentación
racional y el recurso a los atributos del comunicador como factor de
cohesión y credibilidad de los enunciados. Estas formas de comunicación
utilizan para ello un estilo y una intensidad lingüística adecuados a las
mismas. La intensidad del lenguaje puede sin duda lograr la manipulación
de la audiencia en varias formas de manera directa y permanente. El uso,
por ejemplo, de adjetivos, la utilización de metáforas, el recurso
calculado a las connotaciones de todo tipo o la intencionada asociación
semántica, además de intensificar el contacto del público con el mensaje y
el proceso de comunicación persuasiva, favorecen una mayor accesibilidad
de los objetivos de la fuente en la interacción con la audiencia.
Entre los temas habituales que son considerados en el
desarrollo de las formas persuasivas, destaca, por otro lado, la
pertinencia o no del denominado "efecto advertencia", esto es, si conviene
por razones de eficacia mantener al auditorio en la oscuridad acerca de la
intencionalidad de la persuasión o, por el contrario, resulta más útil
revelar de antemano la estrategia persuasiva para evitar cualquier
predisposición negativa en el proceso de recepción. Se entiende, por lo
general, que la manifestación de la intencionalidad persuasiva por el
emisor en la introducción del mensaje persuasivo genera una mayor
resistencia al convencimiento de parte del público receptor, al producirse
un efecto retroactivo, por el cual el receptor, consciente de la voluntad
manipuladora del comunicador, discrimina y se distancia de los contenidos
del mensaje. Algunos investigadores han demostrado, sin embargo, que
cuando el comunicador manifiesta en el mensaje abiertamente los objetivos
persuasivos de la comunicación, el público meta manifiesta una mayor
receptividad y apertura, al otorgar a la fuente una confianza y capacidad,
digna de crédito, por la honestidad misma de afirmar directamente su
intención de influir socialmente con el mensaje. Claro que, en ocasiones ,
la supuesta sinceridad del comunicador sobre los objetivos de manipulación
persuasiva no es más que una técnica utilizada al servicio de la
estrategia general de persuasión. El emisor puede hacer creer a los
receptores que el propósito de la comunicación intencional es informar y
convencer, por medio de la educación, sobre algún asunto de interés
público general, cuando en verdad está favoreciéndose una estrategia
programada de persuasión ideológica conforme a los fines e intereses de la
fuente.
Otro de los temas relevantes en materia de comunicación
persuasiva es el tipo de mensajes que se diseñan : pues pueden ser
unilaterales, cuando sólo se desean presentar los argumentos y datos que
apoyan nuestra posición, o bilaterales, cuando en ellos incluimos
contrapunteándolos los argumentos contrarios a nuestra posición e
intereses. Son muchos los estudios que se han venido realizando , en esta
línea, para comprobar cómo insertar los argumentos propios y ajenos, cuál
es la estructura del mensaje más conveniente para la exitosa manipulación
de la audiencia, o qué orden deben llevar los argumentos favorables y
contrarios en la difusión del mensaje persuasivo. Pero, en general, la
estrategia de empezar los mensajes con los puntos y argumentos favorables
a la posición del emisor es la más utilizada en las estrategias de
manipulación pública, cuya eficacia depende además de la capacidad
movilizadora que logre el contenido en sí del mensaje.
Una de las condiciones básicas de la persuasión es
recurrir a factores motivacionales poderosos para el condicionamiento del
público meta : el miedo, la pasión, el sexo, la solidaridad o el deseo de
reconocimiento pueden ser ítems movilizadores que actúan como
ideas-anzuelo, influyendo determinantemente sobre los receptores. Por lo
general, es el sexo y el miedo los factores persuasivos más recurrentes
por ejemplo en publicidad o en la propaganda durante conflictos bélicos.
La ansiedad de los receptores es, en este sentido, un elemento de cohesión
que favorece los objetivos de influencia social de los emisores. La
construcción de mensajes sobre el inminente peligro del enemigo, en
situaciones de guerra, los riesgos de salud, la inestabilidad de la
familia, el futuro del empleo, y otros tantos temas explotados por la
planificación persuasiva son bastante eficaces en la organización de
campañas de manipulación de la opinión pública. Por ello, la intimidación,
más o menos encubierta, es frecuente en muchos de los mensajes
intencionales. La eficacia de la persuasión está relacionada, de hecho ,
con la explotación demagógica o pragmática de las necesidades,
aspiraciones y deseos más profundos de la audiencia.
- EL CANAL. A los anteriores factores, hay que añadir
además el hecho de que la credibilidad y características del canal otorga
a los medios una alta capacidad de influencia. Se trata de una forma de
persuasión sin código que el propio medio genera en función de sus formas
de comunicación y del modo de organización de sus contenidos. Por ejemplo,
el modo de influencia de la televisión es distinto al de la prensa, y la
capacidad persuasiva de un informativo se considera mayor al que pudiera
lograr un programa de entretenimiento. Pero en todos los casos,
institucional y socialmente, tienen una legitimidad y reconocimiento
público que les otorga amplio margen de verosimilitud y veracidad
utilizables en el proceso de persuasión.
- EL CONTEXTO DE LA RECEPCIÓN. En los últimos años, el
avance de los estudios culturales en la investigación de los efectos de la
comunicación social han venido demostrando la importancia que adquiere las
diversas formas de interacción del público objetivo con el contenido y los
mensajes de la comunicación intencional. Las conversaciones , por ejemplo,
adquieren un papel determinante en la capacidad de influencia de los
mensajes persuasivos, al ser un espacio de comunicación cotidiana abierto
a la interactividad y libre identificación de los actores sociales. En los
grupos primarios, los líderes de opinión, las redes de interacción social,
las representaciones e identidades grupales filtran, organizan y
determinan el alcance y eficacia de las estrategias de persuasión social.
Por ello quizás, los medios reproducen con frecuencia los contextos
cotidianos de la recepción para presentar como naturales opiniones,
creencias, ideas y valores, a difundir en los mensajes persuasivos,
representando en la pantalla situaciones domésticas de la conversación
familiar y/o privada. La publicidad, por ejemplo, recurre cada vez con
mayor frecuencia a contextos cotidianos de la vida diaria en las historias
que relatan los anuncios con el fin de "naturalizar" el contenido mismo de
la persuasión en el consumo público, pues se ha demostrado que la eficacia
persuasiva es mucho mayor cuando la persona destinataria supone no ser el
objetivo de la comunicación intencional, ya que el receptor se muestra
menos a la defensiva y puede modificar su criterio conforme a la fuerza
argumentativa del mensaje en virtud de considerar el proceso comunicativo
una situación natural, cotidiana, de íntima familiaridad y hasta
banalmente trivial. Esta y otras formas de utilización de las técnicas de
persuasión en la comunicación colectiva tiene, en cualquier caso, por fin
lograr el cambio de actitudes, creencias y valores del público receptor.
El receptor es, en este sentido, no el destinatario final del proceso de
comunicación persuasiva, sino más bien el centro y origen de toda
iniciativa de manipulación y convencimiento de la opinión pública. La
investigación de mercados y los estudios de audiencia tienen precisamente
la función de obtener información sobre los contextos de consumo
informativo para, a través del conocimiento del comportamiento, las
actitudes y los valores del público receptor, diseñar eficazmente los
mensajes de intencionalidad persuasiva. La persuasión exitosa como la
modificación o reversión de opiniones, creencias o valores o como la
inducción a la resistencia cultural a futuros intentos de persuasión
requiere, por ello, conocer los principales elementos de la realidad
vivencial de la audiencia considerando :
- Los sistemas de creencias que comparten los grupos y
las comunidades interpretativas respecto a sus percepciones sobre la
realidad y el entorno.
- Los sentimientos de la gente y sus respuestas
afectivas, así como el posicionamiento axiológico que mantienen sobre
determinados hechos, temas y problemas concretos.
- La representación del mundo y de la realidad que
comparten y defienden.
- Y las características sociodemográficas en la que
viven y efectúan el proceso de consumo de información.
En las estrategias de persuasión, se considera por
ejemplo la importancia de la edad de los receptores, pues el público joven
ofrece mayor disponibilidad a ser convencido que aquellos sectores de la
audiencia con edades superiores, normalmente más precavidos y proclives
sólo a una recepción muy selectiva y conservadora. Por otra parte, la
manipulación persuasiva articula también sus mensajes considerando el sexo
de los grupos destinatarios, pues el modo de interacción con los textos y
los medios de la audiencia varía dependiendo los patrones culturales de
género. Además de estas variables demográficas, las comunicaciones
persuasivas consideran en ocasiones especiales las características de
personalidad de los receptores, su mayor o menor capacidad de
"decodificación inteligente" de los mensajes, la susceptibilidad a la
influencia, la autoestima del público y los factores de ansiedad, si los
hay, que pueden intervenir en el contexto de recepción.
Todos estos elementos son fundamentales en las
estrategias de comunicación social, pues toda estrategia persuasiva es
organizada tomando en cuenta las diferentes formas y fases de la
persuasión :
- Confrontación : En la fase de confrontación,
el persuasor se enfrenta a un público completamente hostil hacia la
posición y el mensaje persuasivo motivo de la comunicación. Por ello, el
contexto de la audiencia es confrontado con la intención de reducir, en la
medida de lo posible, la abierta oposición y la actitud negativa a la
influencia social de la fuente, buscando sobre todo ofrecer información
suficiente para que los receptores acepten en el cuadro de creencias,
opiniones y valores que defienden la posibilidad de otra opción distinta a
sus posiciones. El objetivo por tanto del mensaje persuasivo es incidir en
las percepciones y apreciaciones del público, no tanto en sus actitudes o
valores.
- Conversión : En la situación de conversión,
por el contrario, el contexto de la audiencia es favorable a una
modificación o reversión de actitudes y percepciones por la fuente. En
ella el mensaje persuasivo se enfrenta con tres tipos de públicos
claramente diferenciados : los incrédulos, críticos y distantes respecto
con el emisor y su objetivo manipulador; los desinformados, más asequibles
a los esfuerzos persuasores pues con sólo una buena disposición de las
informaciones favorables a la fuente se puede modificar las actitudes de
este tipo de audiencia; y los apáticos, en los que el emisor procura
resaltar la importancia del posicionamiento favorable a la fuente del
público en torno a las propuestas sugeridas en el mensaje respecto al
problema o tema de la comunicación, haciéndole ver la decisiva importancia
y necesidad del posicionamiento del receptor.
- Disuasión : Por último, en la estrategia
disuasoria, a diferencia de la conversión y la confrontación, no se busca
modificar las actitudes y creencias del público receptor, sino más bien el
reforzamiento de los valores ya compartidos, intensificando aquellos
aspectos actitudinales, cognitivos o axiológicos más relevantes para la
fuente en virtud de los objetivos particulares que busque en cada momento
el emisor, por medio de sencillas técnicas de refuerzo.
En este último caso, no es que se ofrezca a los
receptores la capacidad de rebatir los mensajes persuasivos, sino más bien
la de resistir la contra propaganda de los mensajes contrarios al
reforzamiento, ya que en todos los casos la persuasión es una forma de
inoculación ideológica que refuerza una asimetría esencial entre los
actores de la comunicación, estableciendo una distancia insalvable entre
el emisor y el receptor. Pues, como comenta Hall, para que toda forma de
dominación sea eficaz debe mantener oculto el hecho mismo de la dominación.