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En los años noventa, el papel que
ocupan, o que deben tener, los periodistas en la
opinión pública ha ocupado un espacio central en
la actualidad política e informativa. Se ha
escrito mucho sobre este asunto, ya sea sobre el
periódico como actor político (Borrat,1984),
sobre la relación entre el poder y la prensa (Sinova,
1995), sobre la función del periodista en el
espacio público (Dader, 1992) y en general sobre
las múltiples relaciones encontradas entre el
poder y los medios de comunicación. Incluso en
los últimos días (febrero de 1998) a raíz de las
declaraciones de Luis María Ansón, al semanario
Tiempo, se ha reavivado la polémica relativa al
papel de la prensa en un sistema democrático,
que han puesto en boca de políticos y
periodistas multitud de argumentos relativos a
la legitimidad de unos y otros para intervenir
en el debate público condicionando decisivamente
la vida política.
Éste es un tema
complejo, pero es sabido que la posición de los
medios, o un cambio en la posición de los
medios, suele preceder a un cambio en las
actitudes personales. La conducta de la gente se
suele adaptar a la evaluación del clima de
opinión pero, recíprocamente, también influye en
las evaluaciones del clima de opinión en un
proceso de retroalimentación que suele provocar
una suerte de tendencias de opinión de distinta
intensidad, pudiendo alcanzar su máximo grado en
la conocida como espiral de silencio. Por este
motivo, la entrevista del ex director de ABC ha
desatado todo tipo de declaraciones y
calificativos en todos los sentidos, sólo por
citar algunos, en los últimos días nos hemos
acostumbrado a escuchar términos como
conspiraciones periodísticas, golpismos de
salón, comandos mediáticos, chismes de la Corte
y Villa, principios deontológicos, tramas
civiles, confabulaciones y prácticas
deleznables, acoso y derribo, legitimidad
democráticas... y toda suerte de expresiones
imaginables.
Seguramente, una
de las sensaciones finales de esta polémica y
aquella sobre la que nos interesa incidir es la
que firmaba Pedro de Silva en un artículo
publicado en el diario Faro de Vigo con el
expresivo título "La ansonada":
"Hoy, para dar un
golpe de timón se reúnen directores de medios y
líderes de opinión. El poder está en el cuarto
poder, y casi sobran los otros tres, sería la
conclusión. La Facultad de Periodismo debería
llamarse de Ciencias Políticas".
Nada más lejos de
la realidad que esta idea sobre la función del
periodista en la opinión pública y su capacidad
de influencia sobre la alternancia en el poder,
o el control de la gestión de los personajes
públicos.
Opiniones,
periodistas y consecuencias
La percepción de
la profesión periodística y de su influencia
cambia mucho a lo largo del tiempo, de las
coyunturas históricas y de los diferentes países
y sociedades en las que desempeñan su labor.
Así, el último barómetro de la libertad de
prensa (publicado por el diario El País e
febrero de 1998) incidía en esta realidad:
"Sólo en 79 de
los 185 países miembros de Naciones Unidas puede
considerarse como correcta la situación de la
libertad de prensa. En otros 80 países, la
situación informativa es difícil, y en 26, muy
grave. En el último mes se registraba el
asesinato de un periodista, 44 detenidos, 86
todavía encarcelados, 47 agredidos o amenazados
y 47 medios de comunicación censurados en
distintos países marcan la situación de la
libertad de prensa en el mundo. Un periodista,
Morteza Fiaruzi, puede ser colgado en cualquier
momento en Irán tras haber confirmado la Corte
Suprema su condena a muerte por supuesto
espionaje. Sigue sin esclarecerse el asesinato
del reportero gráfico José Luis Cabezas en
Argentina, el 25 de enero de 1997".
Se podrían seguir enumerando
casos y situaciones de máximo riesgo en el
ejercicio de la profesión periodística. En el
último informe del Instituto Internacional de
Prensa (IPI) se sitúa a Colombia, con siete
víctimas en el último año, en el primer lugar de
riesgo periodístico de Latinoamérica. Sorprende
incluso que los propios periodistas consideran
lógicas las amenazas que reciben dentro de la
propia situación de violencia que vive el país.
María Teresa Herrán, una de las periodistas más
influyentes del país y mujer de uno de los candidatos presidenciales,
Juan Camilo Restrepo, declaraba en una reciente entrevista: "Los
periodistas colombianos no deben posar de mártires porque su caso no es
especial en esta sociedad; hay más asesinatos entre jueces, activistas
de derechos humanos o educadores".
En fin que, en un contexto mundial, la
gravedad de las situaciones de riesgo periodístico se encuadran en
situaciones políticas, económicas o sociales también conflictivas, es
entonces cuando se suele reproducir con facilidad en la opinión pública
el fenómeno de la espiral del silencio ante el que inevitablemente se
sitúa el periodista.
Las novedades y la espiral de silencio
Noelle Neuman, autora de la teoría de la
espiral del silencio, ha rebuscado en la historia de la literatura, en
la filosofía, en la ciencia política precedentes y enunciados anteriores
al enunciado de su conocida idea de la espiral de silencio. En una de
estas alusiones, la de William Temple, resume el eje central de la
espiral de silencio: el hombre "difícilmente esperará o se arriesgará a
introducir opiniones nuevas donde no conozca a nadie, o a pocos que las
compartan, y donde piense que todos los demás van a defender las que ya
habían recibido".
Noelle-Neuman detecta y explica en todos
sus trabajos la tendencia de los individuos a concordar lo interior y lo
exterior, la existencia de una opinión pública y de una opinión privada
en los individuos, y de la elaboración en la mayoría de los casos de un
discurso de racionalización y autoconvencimiento, de adaptación a la
opinión pública generalmente aceptada. Concluyendo, que cuando se
produce un fenómeno de estas características, la mayoría de las personas
están dispuestas a expresar una opinión acerca del punto de vista
mayoritario sobre un tema controvertido y que "sólo cuando una espiral
de silencio se ha desarrollado plenamente y una facción posee toda la
visibilidad pública mientras que la otra se ha ocultado completamente en
su concha, sólo cuando la tendencia a hablar o a permanecer en silencio
se ha estabilizado, las personas participan o se callan
independientemente de que las otras personas sean o no amigos o enemigos
explícitos. Pero, además de esas situaciones decantadas, hay
controversias abiertas, discusiones todavía inconclusas o casos en que
el conflicto latente aún tiene que salir a la superficie".
Por definición, el trabajo del periodista
consiste en ser portavoz de las novedades que se producen, en dar
informaciones y emitir opiniones en la esfera pública, se tiene que
situar, por tanto, de forma individual y notoriamente pública ante los
fenómenos de espiral de silencio que puedan producirse en la opinión
pública.
El Lisboa, Pereira y la espiral de
silencio
Antonio Tabucchi nos presenta en su
novela "Sostiene Pereira" un ejemplo magnífico del dilema del periodista
ante este tipo de situaciones. En la ciudad de Lisboa en 1938, Pereira,
un viejo periodista, dedicado a escribir la página cultural del Lisboa,
un periódico vespertino de poca monta, desde el que por diversas
circunstancias se verá obligado a afrontar la realidad totalitaria que
recorre Europa.
A lo largo de la novela, Tabucchi
describe continuas situaciones en las que Pereira va tomando conciencia
de la situación política de su entorno y de la responsabilidad social
que sus amigos depositan en él. La presencia en su vida de un joven
colaborador, Monteiro Rossi, en el que ve el hijo que no tuvo, es
determinante para afrontar su situación.
Tabucchi, en una nota a la décima edición
italiana de su novela, explica cómo en septiembre del año 92 leyó la
noticia de que un viejo periodista había muerto en el Hospital de Santa
María de Lisboa. Afirma que era alguien a quien había conocido
fugazmente en París a finales de los años sesenta, cuando él, como
exiliado portugués, escribía en un periódico parisiense. Era un hombre
que había ejercido su oficio de periodista en los años cuarenta y
cincuenta en Portugal, bajo la dictadura de Salazar. Y había conseguido
hacerle una buena jugarreta a la dictadura salazarista publicando en un
periódico portugués un feroz artículo contra el régimen. Después,
naturalmente, había tenido serios problemas con la policía y se había
visto obligado a escoger la vía del exilio. El protagonista de la novela
corre igual suerte y será la denuncia pública del asesinato de su
colaborador Monteiro Rossi la circunstancia que le obliga a romper el
silencio.
A lo largo de la novela, la percepción de
la realidad y la versión que se ofrece de la misma en las páginas de su
periódico remueven su conciencia. Cada vez que acude al Café Orquídea,
Manuel el camarero le informa de la situación política al cabo de la
calle y en cierta forma le reprende por la selección de noticias que
publica su periódico.
En uno de los capítulos, una mujer judía,
la señora Delgado, que huye de una Europa en la que se presagia otra
gran guerra, le sugiere: "Las personas como usted tienen que hacer
algo". Pereira se justifica en la conversación: "Quizá yo tampoco esté
contento con lo que esta sucediendo en Portugal", admitió Pereira.
La señora Delgado bebió un sorbo de agua
mineral y dijo: "Pues, entonces, haga algo".
-- ¿Algo, como qué?, contestó Pereira.
-- Bueno, dijo la señora Delgado, usted
es un intelectual, diga lo que está pasando en Europa, exprese su libre
pensamiento, en suma haga usted algo.
Sostiene Pereira que hubiera querido
decir muchas cosas. Hubiera querido responder que por encima de él
estaba su director, el cual era un personaje del régimen, y que, además,
estaba el régimen con su policía y su censura, y que en Portugal estaban
amordazados, en resumidas cuentas, que no se podían expresar libremente
las propias opiniones, y que él pasaba sus jornadas en un miserable
cuartucho de rúa Rodrigo de Fonseca, en compañía de un ventilador
asmático y vigilado por una portera que probablemente era una confidente
de la policía.
Pero no dijo nada de todo ello, Pereira,
dijo solamente:
-- Haré lo que pueda, señora Delgado,
pero no es fácil hacer lo que se puede en un país como éste para una
persona como yo...".
La descripción del fenómeno de la espiral
de silencio que atenaza a la sociedad portuguesa, y con ella al señor
Pereira es tan exacta que incluso en este pasaje de la novela se
reproduce una de las técnicas utilizadas por Noelle Neumann para
describir el fenómeno, y consistente en sondear las opiniones que
mantienen distintos viajeros en un tren al participar en una
conversación espontánea, sobre un tema especialmente comprometido y que
pueda ser motivo de autocensura entre los interlocutores.
Para concluir, en el relato de Tabucchi
nos encontramos con una acertada descripción del dilema del periodista
ante la espiral de silencio, con sus presiones políticas y sociales, con
la obligación del periodista de informar con veracidad de aquello que
acontece, con la obligación ética de afrontar la opinión dominante de
forma individual y pública. Actúa Pereira con la prudencia y el valor
necesarios para dejar en la calle su exclusiva y romper de esta forma la
espiral de silencio en la que se ha visto atrapado.
Marcello Mastroianni, que interpreta la
magnífica adaptación al cine de Roberto Faenza, se pierde entre la
multitud en la última secuencia. En la calle se escucha: !Ha salido el
Lisboa!, !Joven periodista asesinado sin piedad.
Bibliografía
Borrat, H. El periódico, actor político.
Gustavo Gili, 1989.
Dader, J. L. El periodista en el espacio
público. Bosch. Barcelona, 1992.
Miranda, I. "Periodistas en Colombia,
peligro de muerte". El Mundo, 13/2/1998.
Noelle-Neumann, E. La espiral de
silencio. Paidós. Barcelona, 1995.
Periodistas sin Fronteras. "Barómetro de
la libertad de prensa". El País, 16/2/1998.
Price, V. La opinión pública. Paidós
Comunicación, Barcelona, 1994.
Silva, P. "La ansonada". Faro de Vigo.
18/2/1998.
Sinova, J. El poder y la prensa. EIU.
Barcelona, 1995.
Tabucchi, A. Sostiene Pereira. Anagrama,
Madrid, 1995.
Sostiene Pereira. Adaptación cinematográfica de Roberto
Faenza. Coprodución Italo-franco-portuguesa, 1996.
Fermín Galindo Arranz es Profesor del
Departamento de Ciencias da Comunicación - Facultad de Ciencias da
Información - Universidad de Santiago de Compostela.
Fuente:
Revista Latina
de Comunicación Social - La Laguna (Tenerife) - abril de 1998 -
número 4 - D.L.: TF - 135 - 98 / ISSN: 1138 - 5820
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