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Fuente
Comunicación
y Medios
Fotoperiodismo y fotoarte
- El fotoperiodismo ilustrado - El sesgo de la
fotonoticia - El imperativo colorista
- El discurso fotográfico de los diarios - La
clausura de la mirada
1. Fotoperiodismo y fotoarte
La lucha de la
fotografía por convertirse por sí misma en un medio de comunicación de
masas forma parte de la historia entera del siglo XX. A lo largo de este
tiempo se dio un proceso continuo de aproximación por parte de los
fotógrafos-artistas al primer plano de la realidad contada o interpretada,
que tendría que superar aún las reticencias de la cultura bienpensante al
manejo periodístico de tomas cada vez más "verdaderas" sobre el mundo
percibido.
La
"objetividad" fotográfica atestiguó desde muy pronto, y a medida que fue
robando espacio periodístico al discurso de la escritura, la
preponderancia del imperio de lo visible -una imagen vale más que mil
palabras- sobre lo inteligible -una imagen por sí misma no dice nada-,
como una de las notas definitorias de lo que algunos denominarían luego la
"era posmoderna".
La era
posmoderna está hoy enfáticamente definida sobre la base de una
supervisibilidad de los acontecimientos, por lo menos en un plano teórico.
Cualquier cosa que pase en el mundo y que tenga una significación pública
será fotografiada desde todos los puntos de vista posibles, interpretada
una y mil veces y digerida por el sistema de la opinión social como un
fait accompli que sedimentará el poso de lo que se ha dado en llamar la
memoria colectiva. Pero esto no siempre ha sido así. La fotografía como
medio de comunicación pública tuvo que alcanzar su estatus poco a poco.
El medio
fotográfico comenzó disputándole el campo de la representación figurativa
al arte plástica, y obligó -ya desde los albores del siglo XIX- a un
replanteamiento general de las bases de toda arte que se venía practicando
desde la Edad Moderna (la etapa de la pintura dentro de los cánones
renacentistas de Vasari), primero sobre la puesta en cuestión del estatus
ontológico de la obra pictórica y posteriormente sobre la búsqueda de
nuevas vías que ayudaron a alcanzar la especificidad -tanto material como
representacional- de los distintos géneros.
La tecnología
fotográfica hizo proclamar en algún momento -y no precisamente a los
espíritus más exaltados- que se estaba produciendo entonces "la muerte de
la pintura" porque un cuadro hecho con pinceles no conseguiría ser jamás
(...) un duplicado exacto de la realidad, lo que sí se efectúa con el
cliché de impresión fotomecánica.
Los primeros
fotógrafos-artistas se movieron dentro del terreno del "pictorialismo"
intentando legitimar su trabajo como arte, y la posición elevada del
fotógrafo como demiurgo (que el retratista alcanzara desde el origen mismo
del nuevo invento en tanto develador de una magia capaz de "robar la
vida"), cuando aquel acto primigenio se convierte en una práctica "al
alcance de todos" con la puesta en el mercado de las cajas negras de la
Eastman-Kodak en el último tercio del siglo XIX.
El debate en
torno a si la fotografía es una técnica que se puede dominar mediante la
adquisición de destreza en el uso, o bien por el contrario si se trata de
un dominio artístico que requiere de sensibilidad creativa y de talento
natural, alimenta los foros fotográficos desde estas fechas.
El nacimiento
de un lenguaje específico de la fotografía se forja precisamente en el
momento en el que el desarrollo técnico-instrumental permite una cierta
autonomía de las "capacidades espirituales" del hombre detrás de la
cámara. Cualquiera puede ser fotógrafo, pero no todo el mundo puede ser
artista: es el planteamiento de los primeros movimientos intelectuales de
la fotografía que aparecen en los años que abren el nuevo siglo, una
centuria que se caracterizará a posteriori por la prevalencia del elemento
(audio)visual en la representación mediática de los acontecimientos
públicos.
"La
introducción de la foto en la prensa es un fenómeno de importancia
capital. Cambia la visión de las masas. Hasta entonces el hombre ordinario
no podía visualizar los acontecimientos que ocurrían justo ante él, en la
calle, en su ciudad. Con la fotografía se abre una ventana sobre el mundo.
Los rostros de los personajes públicos, los hechos que acontecen en el
país o más allá de sus fronteras, devienen familiares. Con la ampliación
de la mirada el mundo se reduce. La palabra escrita es abstracta pero la
imagen es el reflejo concreto de un mundo en el cual todo puede ser visto.
La fotografía inaugura los mass-media visuales cuando el retrato
individual es reemplazado por el retrato colectivo" (1).
El trabajo de
los primeros reporteros fotográficos consistió en hacer fotos aisladas
para ilustrar una historia. A partir del momento en el que la imagen
deviene en sí misma una historia es cuando aparece realmente el
fotoperiodismo.
El hecho de que
algunas fotografías de prensa se subasten hoy en galerías como Sotheby's
alcanzando precios que antes sólo estaban destinados a pinturas
excepcionales nos hace reflexionar sobre la consideración artística que
algunos trabajos de nombres importantes adquirieron con el paso del
tiempo. La fotografía de prensa consiguió a través de los reporteros de
guerra una dimensión que no había tenido el periodismo al acercar al
público una estética de la condición humana en el trance de sus límites
existenciales. La guerra ha sido un campo de experimentación plástica
sobre los excesos éticos y fisiológicos del comportamiento social en los
objetivos de autores como Robert Capa, quizás el fotógrafo de prensa que
marcó el camino de lo que había de ser el fotoperiodismo en la modernidad.
2. El
fotoperiodismo ilustrado
Alrededor del
año 1900 un inquieto fotógrafo y también galerista norteamericano llamado
Alfred Stieglitz trató de elevar la respetabilidad artística del uso de la
fotografía como medio de expresión mediante la puesta en marcha de una
revista dedicada exclusivamente a "exponer" fotograbados. La Photo-Secession
americana, recogiendo el testigo de la Royal Photography Society inglesa,
iniciaba entonces una trayectoria pionera a favor de la legitimación de la
fotografía como arte a través de la publicación del álbum trimestral
Camera Work. Este título llegó a salir durante cincuenta entregas con una
periodicidad irregular desde el año 1903 hasta 1917 y supuso un hito en la
intrahistoria de la fotografía.
Camera Work
mostraba en sus páginas el germen del reportaje fotográfico -del que se
podría decir que tiene su origen remoto en los trabajos del propio
Stieglitz, de Edward Steichen y de Paul Strand-, reproducidos allí para un
público minoritario pero cualificado. El mismo Stieglitz, en su faceta de
divulgador, introdujo por primera vez la pintura cubista de Picasso en
América al exponerla en su sala de arte de Nueva York en la temprana fecha
de 1911.
El nacimiento
del fotoperiodismo, sensu strictu, se produciría en el período de
entreguerras en Alemania y tuvo como vehículo las revistas ilustradas que
florecieron allí entonces para dar salida a una demanda creciente de
información visual por parte de una sociedad que "experimentaba" con la
democracia después de la época oscura del autoritarismo prusiano.
El magazine
-nombre genérico con el que se conoce el formato periodístico en el que
prevalece la cobertura visual de las noticias- da sus primeros pasos de la
mano de las revistas alemanas Berliner Illustrirte y Münchner Illustrierte
Presse, que salen a la luz bajo el espíritu liberal que propició el
establecimiento político de la República de Weimar, de duración efímera.
La Guerra truncó el proceso de maduración de la fotografía en los medios
europeos y llevó a sus profesionales a buscar cobijo en la incipiente
prensa ilustrada norteamericana.
El fenómeno que
asienta definitivamente el fotoperiodismo como práctica normal de prensa
será la aparición, primero, de la revista Time en 1929, y después de su
gemela Life en 1936, en EE.UU. -ambas fundadas por Henry Luce-, cuyo
alcance se establece en torno a la dimensión sociológica que ejercerán sus
portadas sobre la magnitud de las noticias y de los personajes. Durante la
inmediata posguerra y en las dos décadas siguientes las portadas del
semanario ilustrado Life llegarán a suponer una suerte de consagración
para los temas de abanico informativo y de notoriedad para los individuos
retratados.
La mítica
revista alcanzará durante las décadas de los 60 y 70 -en su momento de
máximo esplendor- una tirada media de ocho millones de ejemplares
difundidos por todo el país con un público cercano a los cuarenta millones
de lectores -frente al público local que tenían y tienen aún hoy allí los
diarios- en un desarrollo en paralelo al auge del cine y más tarde de la
televisión. Esto significa que la información visual se retroalimentó
desde los soportes anteriores, lo cual hizo crecer exponencialmente la
demanda de imágenes periodísticas.
El éxito sin
precedentes de la fórmula de Life, cuyas influencias inmediatas están en
los magazines alemanes y también en el apreciable semanario parisino Vu
(Visto) se debe a que fue concebida enteramente bajo la idea de contar
historias mediante secuencias de fotografías. Su puesta en el mercado en
la época de la guerra, que los americanos observaban a distancia,
respondió a un momento en el que la publicidad alcanzaba también su
madurez reflejada ahora en este soporte tras la forja de un escaparate
gráfico donde no se establecieron restricciones creativas para los
reclamos comerciales.
Life supuso un
punto de inflexión para el establecimiento de la figura del fotógrafo como
testigo de la realidad más allá de la intermediación del periodista. En
este, como en otros muchos magazines ilustrados que florecieron a mediados
del siglo XX en Europa y América, el escritor pasaba ahora a ocupar por
primera vez un segundo plano a favor del reportero gráfico y, por fin, las
historias pudieron contarse directamente con imágenes para cuya
interpretación no era implícitamente necesario acudir al texto de rigor.
El fotógrafo ya tenía todo el protagonismo a la hora de abordar una
noticia. Ni que decir tiene que la prensa ganó en definición porque, como
apuntaba Gisèle Freund, las imágenes nos enseñaban un mundo concreto
cuando las palabras nunca habían sido suficientemente explícitas.
El empuje del
fotoperiodismo practicado en las revistas irá haciendo que los diarios se
pongan a pensar seriamente en introducir la fotografía como un elemento
propio, algo que resultaría en un proceso a largo plazo.
En torno al
reportaje fotográfico que consumían los magazines por aquella época se
creó un destacamento de reporteros que empezaron a observar el mundo con
una mirada penetrante e inquisitoria. El fotógrafo dejó de ser un sujeto
pasivo que tomaba recortes de la realidad allí donde ésta fuese
significativa para involucrarse en un oficio que consistirá en pensar el
mundo fotográficamente y actuar siempre en función de esa premisa. Hasta
el extremo de integrase en los acontecimientos y sufrir así sus
consecuencias. Como decía Robert Capa a sus fotógrafos de Mágnum -la
agencia que creó en 1947- "si vuestras fotos no son lo bastante buenas
entonces es que no estabais lo bastante cerca". Muchos reporteros,
incluyendo al propio Capa, murieron por estar demasiado cerca. Pero la
fotografía era, ahora ya, la carta de realidad que necesitaba el mundo
para conocerse a sí mismo desde las páginas de prensa.
La foto de
autor, conceptuada durante la guerra civil española, inaugura el
fotoperiodismo como fenómeno comunicacional de masas: "En la guerra de
España nos percatamos de la gran diferencia del uso de autor de la cámara
fotográfica. Con ello se entra en una relación nueva, que antes no
existía, con la tragedia. En esta relación aparece el punto de vista
humano (participación, pasión, compasión) que liga al autor con el
acontecimiento" (2).
A partir de
aquí ocurre algo imperativo que tiene que ver con la apertura de la mirada
individual a un público ecuménico, al establecerse -a través de los medios
de comunicación y en interrelación con ellos- la existencia de un lector
que observa y participa de los acontecimientos "como si estuviese allí".
El mundo, de una vez por todas, "se hace fotografiable". Ya no habrá más
relatos periodísticos de oídas (...) porque la experiencia directa es
posible y se traslada a los espectadores mediante la difusión periódica de
imágenes vivenciadas. Ningún acontecimiento volverá a ser un acto ingenuo
después de esto. El fotoperiodismo establecerá, bajo el decreto moral de
la información, una vigilancia permanente sobre el mundo ...
3. El sesgo
de la fotonoticia
El día 11 de
septiembre del año 2001 el fotógrafo James Natchwey despertó, como toda la
ciudad de Nueva York, con un gran sobresalto. Eran las 8:43 de la mañana
cuando el primer avión se estrellaba contra la torre norte del World Trade
Center y presagiaba lo que iba a ocurrir. Al avistar la primera línea de
humo sobre el cielo de Manhattan el reportero recogió rápidamente su
equipo y salió corriendo hacia el muelle en donde el ferry de Staten
Island iniciaba la maniobra de salida. Cruzó la pasarela por segundos.
Aquel fue el último transbordador que entró en la terminal de Battery
antes de que cortaran las comunicaciones con la otra isla del río Hudson.
Natchwey estuvo durante 48 horas fotografiando en estado de trance lo que
parecía ser una tragedia inconcebible.
El relato
fotográfico del derrumbamiento de las Torres Gemelas apareció en todos los
diarios del mundo como una crónica tomada en tiempo real por docenas de
foto-reporteros. Algunos, que eran profesionales curtidos, temblaron ante
la magnitud de la tragedia como jóvenes amateurs mientras pulsaban
incansablemente sus disparadores. Estaban dentro del desastre y no podían
hacer otra cosa sino enfocar frenéticamente todo lo que acontecía
alrededor. Las mínimas reflexiones posibles sobre la manera de tratar el
tema dejaron paso al instinto elemental del francotirador, haciendo
periodismo de emergencia.
Las imágenes de
James Natchwey fueron inmediatamente publicadas por la revista Time en un
número especial bajo la forma de un foto-ensayo que se constituiría
después en el relato visual canónico de los acontecimientos. La secuencia
de 12 tomas titulada "Shattered" (Añicos) por el propio autor fue
reproducida por medios gráficos de los cuatro rincones del planeta
encuadrando así la "toma" de una ingente masa de espectadores dentro de la
mirada recogida por la cámara de Jim. El poder de sugestión sobre las
mentes que estas fotos ejercieron ahondó el horror de un público aterrado
ante tal acto de barbarie y creó una imagen retiniana que permanece
indeleble en la memoria colectiva (sin olvidarnos, por supuesto, del
primer "impacto" de la televisión).
***
En 1985, poco
después de alcanzar el derecho a ser miembro de la más prestigiosa
foto-agencia del mundo -la Mágnum Photo-Agency, con sedes en Nueva York,
París y Tokio- James Natchwey, que entonces tenía 36 años, escribió el
siguiente texto, una especie de credo sobre la relevancia de su trabajo
como fotógrafo:
"Siempre
ha habido guerras. Ahora mismo hay alguna guerra en marcha que está
azotando el mundo. La verdad es que tenemos pocas razones para creer que
dejará de haber guerras en el futuro. Mientras el hombre se hace cada
vez más civilizado, los medios de que dispone para destruir a sus
semejantes se hacen eficientes, crueles y devastadores. ¿Es posible
poner fin a esta conducta humana, que se mantuvo a lo largo de la
Historia, mediante la fotografía? Las posibilidades de que esto ocurra
parcen ridículas. Aún así es la única idea que me motiva" (3).
El discurso
fotográfico en los periódicos ha conseguido transmitir en muchas ocasiones
la necesidad de que alguien debía actuar sobre los acontecimientos, y
cambiarlos. Esta idea condiciona al prestigioso fotoperiodista convencido
de la función pacificadora de su presencia en el centro de los conflictos.
"Creo que
todos y cada uno de nosotros deberíamos estar allí tan sólo una vez para
poder ver lo que el fósforo blanco puede hacerle al rostro de un niño,
para poder ver el dolor inenarrable que causa el impacto de una bala o
como una mina destroza la pierna de una persona; si cada uno de nosotros
pudiera ver ese miedo y esa rabia entonces quizás en mundo entendería
que no sirve permitir que las cosas lleguen a extremos semejantes para
nadie" (4).
El reportero
afirma que trata de hacer fotos suficientemente poderosas que permanezcan
más allá de la contingencia pasajera de los medios de comunicación para
movilizar a las personas desde su indiferencia: "Lo peor de todo es el
sentimiento de que, en tanto fotógrafo, me estoy beneficiando de la
tragedia de los demás. La idea me obsesiona. Es algo con lo que debo
convivir y sé que si alguna vez permito que mi ambición supere la
compasión genuina estaré vendiendo el alma. Creo, simplemente, que para mí
el límite está muy claro; no puedo pensar de otra manera" (5).
En esta
declaración de principios firmes vemos a un reportero que se enfrenta a la
guerra desde un prisma moral, quizás el único posicionamiento aceptable.
Se refleja en sus resultados francos, unas fotografías que no tienen
artificio y que comunican porque hacen común el dolor de esas víctimas que
captan. Algo que, a día de hoy, no resulta una tarea fácil debido a que el
fotoperiodismo se ha prestado demasiadas veces a juegos sospechosos,
alejándose de la idea primigenia de la "verdad" en términos periodísticos.
La búsqueda de
esta verdad pasa, para la fotografía, por un compromiso ético más
inmediato aún que el de los redactores, porque la instantánea transmite un
mensaje emocionalmente crudo allí donde la escritura elabora racionalmente
los datos. Las preguntas que se encuentra el reportero ante una situación
extrema como las que a menudo vive pasan por el cuestionamiento de esa
información que lleva en la mochila bajo la forma de los prejuicios
culturales y de algunas otras variables etnocéntricas: ¿Qué sé? -pero,
sobre todo-, ¿qué debería saber? ¿Cuál es mi propósito periodístico? ¿Y mi
compromiso ético? ¿Debo considerar importante la filosofía editorial del
medio para el que trabajo? ¿Cómo incluir ideas ajenas y perspectivas
diferentes? ¿A quién afecta mi decisión en el "instante decisivo"? ¿Y si
los papeles cambiaran, cómo me sentiría dentro de la mirada de esas otras
personas? ¿Cuáles son las consecuencias posibles de mis acciones? ¿Estoy
sacrificando la verdad a favor del virtuosismo técnico? (6).
Cuando el
intelectual uruguayo Eduardo Galeano trató de describir lo que sentía ante
de las fotos de Sebastiao Salgado -un fotógrafo que también pertenece a
Magnum cuyas inquietudes excesivamente estéticas lo colocan tras el velo
de la sospecha- se le ocurrió decir que "esas fotos sobrevivirán
después de la muerte de sus protagonistas y de su autor, proveyendo el
testimonio de un mundo desnudo que oculta su brillo. La cámara de Salgado
recorre la oscuridad violenta buscando la luz. ¿Pero esa luz desciende del
cielo o sale de nosotros mismos? El instante que fulgura en las
fotografías nos revela lo imprevisto, la presencia inapreciada, la
ausencia poderosa. Nos enseña que dentro del sufrimiento de la vida y de
la tragedia de la muerte existe una fuerza mágica, un misterio iluminado
que redime la aventura humana sobre la faz del planeta" (7).
Este
deslizamiento poético que se da en el trabajo de Salgado define sus
carencias con respecto al periodismo fotográfico porque el reportero busca
siempre la verdad informativa -por dura o triste que ésta sea- sin
sobrecargar de drama la realidad. El sesgo introducido por el efectismo
resulta en que la noticia deje de actuar como información pura para cruzar
una barrera peligrosa: la del arte, la de la ficción (dramatizando los
hechos). Y el arte, dentro de los límites del discurso periodístico, se
relaciona con la "mentira".
"Las
fotografías de Salgado, un retrato múltiple del dolor humano, nos
invitan al mismo tiempo a celebrar la dignidad del hombre. Brutalmente
francas, estas imágenes del hambre y del sufrimiento son también
respetuosas y verosímiles. No guardan relación con el turismo de la
miseria, no violan, pero penetran el espíritu humano para revelarlo.
Salgado nos muestra a veces esqueletos, casi cadáveres, con dignidad.
Ahí está la fuente de su belleza indescriptible. No se trata de algo
macabro o de una exhibición obscena de la miseria. Es poesía del horror
porque ahí está el sentido de su honor" (8).
Cuando miramos
más de cerca la foto que el periodista toma desde un helicóptero sobre una
"patera" cargada de inmigrantes ilegales en el Estrecho de Gibraltar,
vemos que la potente luz del aparato enfoca los rostros de un grupo humano
desesperado, cuyo pánico emana de sus ojos. Nos fijamos además en la
oscuridad que los rodea, un fondo negro de noche muy profunda donde se
intuye el filo de la guadaña. Nos damos cuenta de que ahí existe una
"composición" porque la luz cenital vulnera la escena. Se trata de una
pintura (picture) tenebrosa, impactante como foto y también como documento
pero cargada de un atisbo de retórica porque fuerza la realidad para que
reaccione ante la cámara. ¿Hasta qué punto es lícita esta toma? -debemos
preguntarnos. ¿Debe dramatizarse la información?
Los editores de
magazines argumentan que las portadas de sus productos son instrumentos
para la venta y no tienen por qué ser representaciones objetivas de la
realidad. Los periodistas tradicionales argumentan que la manipulación
distorsiona la realidad ante le lector, especialmente cuando no se hace
explícita.
En el coloquio
sobre "El futuro del Periodismo" que tuvo lugar el día 19 de septiembre de
2001 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid entre algunos de los editores
gráficos y jefes de fotografía de los principales medios españoles se
habló de la evolución creciente del papel de la fotografía en la prensa.
Joan Barandika -jefe de fotografía de El Periódico de Catalunya-, Juan
Ignacio Fernández -editor-jefe de fotografía de El Correo-, Benito Ordóñez
-jefe de fotografía de Diario 16-, y Cipriano Pastrano -jefe de fotografía
de La Razón-, participaron en una mesa redonda que moderaba Manuel López,
el director de la revista Foto. Todos los ponentes coincidieron en
destacar el periodismo visual como uno de los elementos más importantes de
los periódicos de hoy, constatando que las imágenes se han convertido en
información por ellas mismas cuando apenas hace unos pocos años eran
concebidas como un simple acompañamiento de los textos.
4. El
imperativo colorista
La evolución
tecnológica de la fotografía de prensa dio un salto cualitativo a mediados
de los años 80 con la invención del escáner portátil por parte de un
fotógrafo de la agencia Associated Press (AP) que además era ingeniero.
Tan pronto como el nuevo aparato pudo reproducir el color, las grandes
compañías de publicidad empezaron a presionar a los diarios para que la
adoptasen como norma. Manejaban estudios mercadológicos en los cuales se
certificaba que los colores generan respuestas afectivas en los receptores
de los anuncios. Desde aquel momento la AP invadió el mercado con miles de
fotografías en color y los periódicos incorporaron los contenidos en color
para guiar a sus lectores hasta las páginas con publicidad. En menos de un
año los grandes diarios, los semanarios y las principales agencias
periodísticas trabajaban exclusivamente con la película Kodacolor. Dejaban
atrás décadas de especialización en el positivado en blanco y negro y
descubrían al público todo un abanico de tonalidades cromáticas que antes
estaban reducidas a la mera gradación de los grises. Cuando llegó del Este
el Fuji-Film (con un producto superior al de la Kodak y con películas de
mayor velocidad de exposición) se hizo más sencillo, rápido y barato usar
los negativos en color que el tradicional blanco y negro periodístico. (9)
Hoy en día, en
la mayor parte de los periódicos y de las agencias de prensa las cámaras
que sacan fotografías en film de color fueron sustituidas por cámaras
digitales en las cuales las imágenes son grabadas en una tarjeta
electrónica. La imagen se traslada al software de edición gráfica -llámese
Photoshop u otras aplicaciones específicas- para su tratamiento
contextual. La calidad que se obtiene con el manejo digital es
"suficientemente buena" para el trabajo periodístico cotidiano aunque
muchos fotógrafos optan aún por el empleo de la película debido a que con
ella se logra una mejor definición cuando lo que se busca es un resultado
perfecto. Para decirlo con las palabras de un practicante: "Como
fotógrafo yo soy antes documentalista y después contador de historias.
Necesito cada detalle que pueda capturar para decir cosas sobre quién o
qué estoy fotografiando. La desaparición de la nitidez absoluta es un
problema importante para mí." (10)
La búsqueda de
precisión en la captura de las imágenes permanece como una constante en el
proceso de reproducción de las fotografías en función de la materia de los
soportes. Sabemos que el papel-periódico no conseguirá ofrecer jamás una
calidad óptima de imagen porque tiene una resolución deficiente debido a
su porosidad. El papel que se usa normalmente para los magazines es mejor
-más denso y pulimentado-.
***
Entre las
mejoras introducidas a lo largo de su historia por el Chicago Tribune, uno
de los diarios decanos de EE.UU., la impresión en color ha sido una
prioridad desde 1897, fecha pionera para un periódico diario (11). La
búsqueda de tintas consistentes supuso un desafío tecnológico que se
extendería durante un siglo de periodismo sucio, porque los ejemplares
manchaban realmente las manos de los lectores. Tan sólo en 1989, cuando la
tecnología de impresión lo permitió, consiguieron utilizar las tintas
limpias deseadas.
La Newspaper
Asociation of America creó en 1996 un organismo de control para la calidad
del color en respuesta a las quejas que venían exponiendo los anunciantes
sobre la baja calidad reprográfica de sus reclamos en los diarios.
Como hemos
podido ver, la llegada del color a los periódicos fue promovida por las
centrales de publicidad que buscaban un impacto visual sobre los
consumidores en orden a estimular una percepción óptima de sus anuncios.
El paso siguiente consistió en generar un estándar homogéneo de calidad,
lo que dio muchos problemas técnicos e hizo que los diarios asumieran
inversiones multimillonarias en el cambio hacia offsets modernos. La
fotografía estuvo muy condicionada por estos avatares -ajenos a su
naturaleza conceptual- y derivó por los senderos del mercado.
En septiembre
del año 1997 The New York Times rompió con una tradición señera al
introducir el uso del color en sus portadas (12). Otros diarios usaban el
color desde tiempo atrás como el Usa Today, que había sido uno de los
primeros en adoptarla durante los años 80. Incluso el Times publicó a todo
color las portadas de los domingos desde 1993 -cuando abrieron una nueva
rotativa en Edison, Nueva Jersey, que es una de las más grandes del
mundo-. ¿Pero por qué tardaron tanto en usar el color en su cabecera y en
las páginas interiores? Probablemente debido a las limitaciones
tecnológicas y a las dificultades que hubo para conseguir una paleta
consistente. La idea de conseguir mercado para los anuncios en color
pasaba, desde luego, por obtener una calidad mínima dentro de los
estándares de este diario -cuyo valor como bandera para la profesión
define las tendencias más allá de las noticias que publica. Cuando el NYT
obtuvo la calidad de impresión deseada asumió inmediatamente la foto en
color como un elemento propio de su diseño y legitimó así su empleo para
cualquier otro diario que se considerase a sí mismo un informativo con
mayúsculas. Durante la década de los años 90 el color entró en los
periódicos más importantes de todo el mundo dejando atrás aquel prejuicio
que lo relacionaba desde siempre a los magazines como género menor -por
tener menos peso informativo y por jugar en el terreno de la frivolidad.
La prensa es
una de las formas de comunicación más extendidas del planeta. En los EE.UU.
más del 58% de las personas adultas leen los periódicos a diario y casi
dos tercios los domingos. La industria japonesa ofrece estadísticas
semejantes con 582 ejemplares por cada mil habitantes. La demanda de
periódicos está creciendo a un ritmo paulatino en las regiones de Asia y
de Sudamérica a medida que las economías de los países se desarrollan y
aumentan sus niveles de alfabetización. Por ejemplo, China tiene ahora
2.202 diarios -tras su incremento espectacular en los últimos 20 años- y
la India ronda los 500. Un periódico brasileño está montando 140 unidades
de prensa en su planta de impresión y pronto pasará a ser el mayor
consumidor de tinta del mundo. Y el Miami Herald tiene 10 plantas
repartidas por toda Sudamérica . El uso del color se ha generalizado en
las redacciones. Además de ayudar a los diarios a competir contra la
televisión e Internet, aumenta el flujo de publicidad. Los beneficios
empresariales pasan por el valor de esta plusvalía.
Cuando
abordamos el cambio del blanco y negro al color en la prensa debemos
recordar que se trata de un elemento que estimula la respuesta de los
lectores en su nivel emocional. Los gabinetes de diseño repiten, por ello,
que los colores deberán utilizarse bajo criterios de contenido y nuca
gratuitamente. Están en contra de su empleo como decoración. El uso
apropiado pasa por la aportación de información dentro de un contexto.
"La vida es en
color -argumenta Mario García, uno de los diseñadores que más está
influyendo en los cambios de los medios-. El color suele ser bien recibido
en los diarios. Los lectores de la mayoría de los periódicos ya no
etiquetan a un periódico como menos serio porque vaya impreso a todo
color. Su uso atrae más bien a los lectores de 25 a 35 años pero lo que
realmente importa, y debe enfatizarse- es que trabajar con el color
resulta lo más apropiado para un diario y su comunidad" (14).
García sostiene
que "el uso del color frente al blanco y negro, sin embargo, es secundario
con respecto al contenido de las imágenes, a su lugar en la página, y al
papel que éstas ocupan dentro del diseño completo de un periódico" (15).
5. El
discurso fotográfico de los diarios
Si miramos un
diario cualquiera de nuestros días y de nuestro entorno -europeo,
americano- podremos apreciar a simple vista que abre a menudo con una gran
fotografía que acompaña al titular más importante situada en la parte
superior de la plana. Esta foto de salida es una costumbre hoy en los
diarios cuya presencia subraya el gran poder de las imágenes por encima de
cualquier otra nota dentro de los medios de información escrita. Donde no
hay demasiado tiempo se primaba la letra como el vehículo comunicativo
principal, ahora, la aparición de estas imágenes certifica el hecho de que
los periódicos conceptualizan a su lector, antes de nada, como un
espectador.
La tendencia a
publicar fotografías de tamaño cada vez mayor está ligada muy de cerca a
la relación compleja que se da actualmente entre los medios escritos y los
audiovisuales, en un mercado de competencia cruzada en donde la misma
oferta de contenidos aparece en plataformas complementarias e incluso
antagónicas. Nos encontramos en un punto en el que se confunden más que
nunca las características que diferenciaron desde antaño el periodismo
escrito del periodismo gráfico del periodismo audiovisual.
La
espectacularización de la información que han traído los tiempos más
recientes ha obligado a los reporteros a trabajar condicionados por las
exigencias de un entorno que persigue imágenes impactantes para captar el
interés de los lectores. La idea del impacto-enganche propia de los
anuncios de la televisión parece que ha sido asumida por la prensa escrita
tradicional asediada ahora por las huestes del marketing.
Si tomamos de
nuevo aquel diario que observábamos hace un rato y nos metemos de lleno en
su lectura veremos fácilmente que en cada página ocurre lo mismo que
acabamos de apuntar. Una noticia destacada en todas las planas interiores
cuyos titulares van escritos de letra que superan los 30 puntos de tamaño,
a una o dos líneas de extensión, y con una foto a tres o cuatro columnas y
a tercio o media página. Medidas superlativas para mejorar el impacto de
las noticias, una jerarquía decreciente de arriba abajo y de izquierda a
derecha, y una estructura cerrada de los distintos elementos que compone
la maqueta.
Al lado de la
gran fotografía resaltan los grandes titulares y, después, los titulares
más pequeños que así mismo se acompañan de fotografías, esta vez, sin
duda, más dosificadas, aunque respondan a la premisa de que siempre que
sea posible una noticia deberá aportar su propia imagen. Las noticias
breves suelen ser las únicas que, por definición, van exentas.
Si existe una
sintaxis de la fotografía en los periódicos ésta tiene que ver con la
agrupación de las imágenes por temática dentro de un orden interno en el
que se compartimentan los contenidos. Un periódico está organizado siempre
por secciones que atienden a la procedencia geográfica (lejos-cerca), a la
urgencia relativa (actual-atemporal), al repertorio periodístico (sucesos,
política, economía, cultura, ocio), y también al género acotado dentro de
esos esquemas menos rígidos que a veces permite la paginación para dar
relevancia a algunas noticias, reportajes y entrevistas de lo cotidiano.
Consideración
aparte merecen los pies de foto que son -o deberían ser- un género en sí
mismo. No deberíamos olvidar que estamos ante los textos más leídos de los
diarios después de los titulares. Escribir un pie de foto supone todo un
magisterio cuando lo que se pretende, en su empleo genuino, es
complementar la imagen sin duplicar lo obvio. La comprensión correcta de
una foto pasa a menudo por esa frasecilla que acota el "corte
espacio-temporal" -por sí mismo absurdo dentro de una lógica de la
narración- en un espacio y un tiempo definidos. Sin ella no habría manera
de saber quién es o qué es lo que nos muestran muchas fotos.
La búsqueda de
una diversidad de las imágenes dentro de un contexto gráfico llevará a los
editores que manejan conocimientos de diseño a implementar criterios de
composición a sus propios periodistas, haciendo que los equipos trabajen
como tales tras un resultado homogéneo. Como se sabe, aunque a veces no se
manifieste, el periodismo es un trabajo colectivo que busca homogeneidad
en los criterios y diversidad en los contenidos: "La diversidad marca la
diferencia entre el fotógrafo y el reportero" -destaca Kenny Irby, del
Poynter Institute (16).
Durante el
transcurso del siglo XX se fraguó lo que podríamos denominar -utilizando
la expresión de Noël Burch para el lenguaje del cine- un Modo de
Representación Institucional a través del cual se establecieron las bases
del discurso fotográfico en tanto que práctica normal de prensa.
El periodismo
de géneros -trasladado desde la redacción escrita al bagaje del fotógrafo-
acotó su empleo para la foto-noticia como una imagen poderosa que contiene
por sí misma una información auto-explicativa. El foto-reportaje será una
secuencia de clichés que narra por sí misma una historia completa. Una
crónica fotográfica, la serie que mezcla los elementos de actualidad con
una interpretación de autor. Tendremos una foto-entrevista cuando un
retrato o una serie de retratos acompañe con su matiz flagrante las
palabras de un personaje noticioso. La presencia de la fotografía en los
diarios convirtió el acto de "ver" una noticia en requisito imprescindible
para "comprender" la información.
El auge del
periodismo en los sesenta había introducido de un modo sistemático las
fotografías. Un deseo permanente de saber de las cosas de primera mano
entró en las redacciones que pudieron disponer de los medios para
trasladar la realidad directamente a sus lectores. Será el tiempo de la
revista Life y de su ejército de foto-reporteros repartido por el mundo,
trabajando para agencias de distribución fuertemente pertrechadas. También
será el tiempo del periodismo de investigación representado para la
mitología por el caso Watergate.
El manejo de la
fotografía como elemento periodístico creció en paralelo a la implantación
del Nuevo Periodismo en los principales diarios norteamericanos. El
enfoque que buscaba la transparencia en la veracidad rigurosa acercó una
manera diferente de concebir la información, esta vez como un reflejo
exacto de lo real y sin mistificaciones extemporáneas. Escritores de
periódico como Tom Wolfe o Truman Capote encabezaron el relevo del antiguo
periodismo por maneras representacionales apegadas a lo concreto en la
forma de narrar. Un periodismo vivo y vigoroso floreció en torno a la idea
de una redacción fidedigna de los hechos noticiables. No hubo marcha
atrás. La fotografía se contagió de la pasión por la verdad, limpia y
claramente. Después vendrían los vietnams ...
****
"En 1997
Shelby Coffey -entonces director de Los Angeles Times- dimitió al
enterarse de que los dueños del periódico pretendían romper las barreras
que habían separado desde siempre la parte editorial de la parte
comercial. Poco antes The New York Times anunciara un cambio radical
apostando por introducir las fotos a todo color y sumarlas a la
aparición de una nueva sección diaria de deportes. La cobertura que
había hecho The Washington Post sobre la muerte de la princesa Diana de
Gales en las mismas fechas había sido más propia del papel couché que de
un diario serio ... " (17).
"¿Qué tienen
estos hechos, aparentemente ajenos, en común?" -se preguntaba Jon Katz
desde su columna de HotWired (18)- "De maneras diferentes son espasmos
emblemáticos de una parte de la cultura de la información que,
tristemente, está cambiando."
6. La
clausura de la mirada
Después de ver
publicado el artículo de Xurxo Lobato (La Voz de Galicia, Noviembre, 1999)
sobre la exposición de la Colección Lambert en el Pazo de Cultura de
Pontevedra (Galicia, España) - que tituló significativamente "La
provocación en la mirada" y donde daba cuenta de la introducción de la
fotografía como objeto museable-, estuvimos dándole vueltas a la idea de
realizar un trabajo en el que se reflejasen las líneas de convergencia que
se dieron a lo largo del siglo XX entre fotoperiodismo y fotoarte, ese
movimiento que elevó precisamente la fotografía a la categoría de arte en
las propuestas rupturistas en la estética de Andy Warhol y otros autores
que adoptaron este soporte como medio de expresión, junto con la tendencia
documentalista en la fotografía de prensa desde Robert Capa, para destacar
algunas de las tendencias del fotoperiodismo moderno (o posmoderno)
vigente. Un recorrido vislumbrado desde el realismo a la irrealidad.
El "realismo"
que culmina el panorama de la literatura europea a partir de Flaubert
avanza en paralelo al arte de la visibilidad (de la panóptica) instaurada
por los experimentos fotográficos que desde Muybridge hasta Nadar van
explorando las virtualidades técnicas del nuevo medio. Así nos lo confirma
el trabajo teórico que Paul Virilio desarrolla en sus textos,
clarificadores de las relaciones entre las artes y las tecnologías.
La constitución
de un universo de imágenes sobre los fondos gráficos, que como un
precipitado químico van poblando el imaginario colectivo -con mayor
relieve a partir del punto en que se perfilan las grandes masas
sociológicas al amparo de los medios de comunicación social desde los años
30-, dará lugar a finales del siglo XX a toda una imaginería visual de
carácter ecuménico -puesto que es virtualmente observable por la población
entera del planeta a través de Internet, la televisión, el cine, la
publicidad, las revistas y los diarios-, que ha sido conceptualizada de
manera muy oportuna por Jean Baudrillard como VIDEOSFERA.
La saturación
de imágenes dentro del espacio comunicativo -un fenómeno de los tiempos
más recientes- nos remite cualquier nueva toma -única ó foto-secuencia- al
referente cerrado de ese universo establecido como tópica. Andy Warhol
descubrió esto, y le sacó partido artístico a la familiaridad del público
con las imágenes que trataba. Un pintor actual como David Salle recurre al
mismo principio cuando "revisita" un lugar común del imaginario para
adaptarlo a su estilo, ya como obra. En su caso cada imagen se vuelve una
"mención" de la que se desplaza el significante.
Ver hoy una
fotografía ya no es lo mismo que pudo suponer como experiencia estética
antes de la 2ª mitad del siglo XX. Porque la mirada "posmoderna" proyecta
sobre ese ojo-que-ve una carga de imágenes que pertenecen a la tópica
gráfica con la que el espectador solapó el papel del individuo en nuestras
sociedades de comunicación universal.
Es
aleccionadora la experiencia de la fotografía en los museos. En esta
inversión de la finalidad y del valor objetual de la fotografía según su
contexto de lectura quizás exista un condicionante más profundo que el
mero cambio de formatos. ¿Por qué cada nueva fotografía de una nueva
guerra nos resulta extrañamente familiar? ¿Por qué la imagen bruta de la
muerte y del dolor ya no nos conmueven? ¿Por qué cada vez más la
fotografía que supone el testimonio de una injusticia, y por lo tanto una
denuncia, nos deja con una sensación de irrealidad? ¿Quiere decir, acaso,
que en la superficie plana del cliché termina el objeto que nos muestra?
El referente de
la fotografía no está siendo otra cosa, en muchos casos significativos del
momento, más que toda la imaginería antecedente. Una foto que revisita un
tema o propone una variación sobre un referente conocido ejecuta una
lectura de la Historia desde un prisma nuevo, pero ¿qué ocurre cuando el
referente de la fotografía no es la realidad sino la propia fotografía?
Diremos que el
periodismo tiene una responsabilidad social, probablemente, que no tiene
el arte.
Notas
(1)
Freund, Gisèle: Photographie et Société; Seuil, París, 1974; p.102
(2)
Colombo, Furio: Ultime notizie sul giornalismo; Gius, Lateza & Figli,
Roma, 1995; p. 140
(3)
Natchwey, James; en War Photographer (documental de Christian Frei
producido por First Run/Icarus Films, 2000)
(4) Cit.
Ibíd.
(5)
Ibíd.
(6) Cfr.
Art. "Doing Ethics for Photojournalists", Poynter.org, Tampa, Florida, 1
de agosto de 1997.
(7)
Galeano, Eduardo: "Salgado, 17 times" en Uncertain Grace Essays by Eduardo
Galeano & Fred Ritchin; Aperture, N.Y., 1992.
(8)
Ibíd.
(9) Cfr.
Mironchuk, Greg: "Thrown your pictures in a hole in the ground. Musings on
archiving and picture tecnology"; The Digital Journalist, 15 de Abril de
2001
(10) Cit.
Ibíd.
(11) Cfr.
"Switch to rub-free inks helps Chicago Tribune"; Newspapers & Tecnology,
decembro de 1999.
(12) Cfr.
"The gray lady gets a splash of color"; Graphic Design, 18 de Setembro de
1997.
(13) Cfr.
"The Information Age"; 2000 World Development Indicators; Informe da
UNESCO.
(14)
Garcia, Mario: "10 universal newspaper design myths, debunked", en
Newspaper Evolutions; Poynter Institute, Tampa, Florida, 1999.
(15) Cit.
Ibíd.
(16) Cit.
en Quinn, Aaron: "Improving photographic acuity"; Poynter.org; Tampa,
Florida; 5 de abril de 2001.
(17) Cfr.
Wired, Outubro de 1997.
(18)
Katz, Jon: "Clueless in the newsroom", en Wired, 24 de outubro de 1997.
BIBLIOGRAFÍA
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-Photographie
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The Century's most unforgettable faces: Jordan, Killian (ed.); Time-Life
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-W. Eugene
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1998.
-Inferno:
Natchwey, James; Phaidon Press, N.Y., 1999.
-Magnum:
Fotógrafos de Magnum (Introducción de Michael Ignatieff);
Phaidon Press, N.Y., 1999
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(ASNE), Maio de 1999.
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Poynter.org; 17 de Outubro de 2001.
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-"Télésurveillance
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-"Clueless in
the Newsroom": Katz, Jon; Wired Magazine, 24 de Outubro de 1997.
-Después del
fin del arte: Danto, Arthur C.; Paidós, Barcelona, 1999.
-Tristísimo
Warhol. Cadillacs, piscinas y otros síndromes modernos: De Diego,
Estrella; Siruela, Madrid, 1999.
Eric Casais -
LA CORUÑA, 1970
Ha sido columnista de opinión de La Voz de Galicia y ha colaborado con
diversas publicaciones. Es autor de los siguientes libros: "Televisión e
Sociedade"; Edicións Lea, Santiago, 1998 (Coordinador). "Xoves Xornalistas.
Crónica aberta"; Edicións Lea, Santiago, 1999 (Coordinador). Actualmente
trabaja en la redacción de un libro sobre los nuevos periodismos del que
el capítulo extractado forma parte, en un libro de viajes, y en una serie
documental sobre los recursos de la Tierra.
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