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0298 -
La Laguna - Esta investigación tiene el objetivo de hacer un diagnóstico de la
profesión de fotoperiodista en ciudades donde el fotoperiodismo es
practicado aún con algunas carencias ocasionadas por la mala división del
trabajo en los periódicos.
Es un estudio sobre la prensa en la ciudad de Bauru,
elegida como espacio geográfico del objeto de estudio para la observación
del autor.
En este trabajo, las opiniones de los
profesionales buscan detectar los problemas y las posibles soluciones que podrán ser
engendradas para que los reporteros gráficos puedan cumplir con
responsabilidad ética la profesión que eligieron.
Esta investigación tuvo como objetivo el estudio del
reportero gráfico tomando como recorte la práctica de este profesional en
la prensa. Nació de la necesidad de iniciar una reflexión sobre la
actividad del profesional de la imagen en la prensa, incluyendo análisis
que pudiesen contemplar desde su formación hasta su postura ética.
Como profesor de la asignatura Fotoperiodismo en la
carrera de Comunicación Social - Habilitación en Periodismo en la
Universidad Estatal Paulista en Baurú (Brasil), tendríamos la preocupación
con la carencia de publicaciones que enfocasen la función social del
fotoperiodismo.
En nuestra revisión bibliográfica, verificamos que las
publicaciones existentes tienen como foco el análisis del lenguaje
fotográfico como culto personal a los profesionales destacados en el
escenario de la prensa hecha a través de la divulgación de sus trabajos,
valorizados como registros de hechos que se tornaron noticia o como
verdaderas obras de arte.
La ausencia de bibliografía específica, aliada con los
problemas ya ampliamente discutidos, como la disociación entre la
Universidad y el mercado de trabajo, propicia desvíos indefiniciones
respecto del papel de la asignatura de Fotoperiodismo en la formación del
futuro profesional del fotoperiodista.
Así, intentamos con esta investigación iniciar una
reflexión, aunque aún incipiente, sobre el uso de la imagen en la prensa y
sus implicaciones, principalmente éticas.
Nuestro objetivo es conseguir, como mínimo, alertar a
los editores y redactores de los periódicos sobre la importancia del uso
de la fotografía que puede, según nuestra opinión, ser alcanzada cuando se
piensa en el fotoperiodista como un transmisor de mensajes y no como
simples ilustrador de textos escritos.
El desarrollo de la investigación incluyó un
levantamiento histórico que fue desde las primeras imágenes hechas por los
hombres hasta llegar al que llamamos fotoperiodismo.
Como soporte teórico, usamos las análisis del lenguaje
no verbal realizado por autores como Susan Sontag, Roland Barthes, Arlindo
Machado, Pierre Francastel, Philippe Dubois y otros.
En la investigación de campo, recogimos opiniones de los
reporteros gráficos más expresivos en la prensa del Estado de San Pablo,
así como de editores y redactores.
Enseguida analizamos ejemplares de los periódicos de
mayor importancia en circulación en el mismo Estado.
El trabajo ejecutado por el fotoperiodista en enseñar un
fragmento del tiempo y del espacio para la información, la mayoría de las
veces es distorsionado por el editor, que remite el lector a una lectura
ya decodificada por los cortes impuestos por el periodista responsable del
texto o por otras necesidades ocasionadas por la necesidad de la
diagramación.
La foto es, ante todo, un signo visual y figurativo, que
intenta reflejar la realidad o la representación que hace de ella. Su
objetivo es transmitir una información de asimilación instantánea, pues en
su proceso de lectura hay un amplio y directo desencadenamiento de las
reacciones emocionales, ya que este suprime la fase intermediaria de la
lectura escrita, que poco a poco va concibiendo mentalmente la imagen. La
veracidad de la fotografía es difícil de ser discutida, pues nos induce la
imagen de un poder de credibilidad y contabilidad a lo mismo tiempo.
Con todo, la mayor parte de las fotos son utilizadas
como mero elemento de ilustración de textos, desfigurando la función
primordial de la imagen, que es la de concentrar el mensaje visual del
hecho transmitido. Esta práctica es perceptible por la utilización
indiscriminada de imágenes de archivo, en las cuales el desfase temporal
indica una valorización excesiva de la palabra impresa en contraste con el
valor intrínseco del la imanencia de su mensaje.
Cumple resaltar que el empleo de la fotografía en la
prensa está subordinado a las imposiciones de la orientación política,
filosófica y estética de cada empresa informativa. Siendo así, compete al
fotoperiodista ajustarse a la directriz de su empresa, si pretende
mantenerse en su empleo.
Más que otro medio, la foto consigue viabilizar los
deseos y las necesidades de las diversas clases sociales que podrían
interpretar, a su modo, todos los acontecimientos de la vida social. La
objetiva fotográfica, instrumento aparentemente imparcial, tiene la
capacidad de reflejar y retratar, permitiendo, así, todas las
deformaciones posibles de la realidad, ya que el carácter de la imagen es
determinado por quien la opera y debe tener una sintonía mínima con la
ideología de la empresa que las publica.
Entre los criterios tenemos el de Zarcilo Barbosa, ex
editor, que afirma:
"La fotografía, como la pintura, debe transmitir la
propia mente del fotoperiodista. La imagen visible es un reflejo de algo
invisible, y ese algo es la mente del fotoperiodista".
Habitualmente han sido incorporadas a lo cotidiano las
imágenes del dolor, de la muerte, de la violación a la integridad humana,
que aportan material propio al establecimiento de una comunicación
inmediata e intensa con el público. Se trata de un campo delicado donde
cabe la reflexión sobre la corrección ética de la transmisión de estas
imágenes, así como el cuestionamiento de la postura del espectador delante
de ellas. La gran cantidad de sensacionalismo frecuentemente presente en
la transmisión de imágenes violentas llega a sugerir la duda: si la
realidad de la violencia precede a las imágenes, o si son los medios los
que acaba por hacer germinar la violencia real.
Actualmente, las publicaciones tienden a buscar imágenes
de grandes conflictos y tragedias que son "dramáticamente sensacionales",
pero sin intentar investigar casos específicos o descifrar causas, no
contribuyendo a la comprensión de la imagen en su contexto social.
Por ejemplo, las imágenes de fotoperiodismo que causaron
tanto impacto durante la guerra del Vietnam. Son fuertes por su realismo,
pero muchas veces fueron publicadas como una especie de homenaje a un
voyeurismo que no tiene preocupación por explicar los hechos. Con la misma
saña con que se asisten a las películas de terror, se compran periódicos
con fotos de personas pisoteadas en estadios de fútbol, masacrados en un
presidio o en el momento en que antecede su muerte o mismo en el momento
de su muerte. Así como en una película, ello ha contribuido a que el
lector se acostumbre a la imagen de la violencia.
Por esto, aunque aún venda bien actualmente, el
fotoperiodismo viene siendo amenazado en cuanto a su credibilidad y pasa
por un período de decadencia.
Para cumplir con seriedad su función social, existe la
necesidad de una reforma estructural que preserve lo que es efectivo y
autentico y expanda su influencia de forma que haga pleno uso de su
capacidad y de la integridad, exactitud, ambigüedad y inteligencia, además
de solo transmitir información. En caso contrario, puede tornarse
irrelevante y ser superado por formas más interesantes o atrayentes de
imágenes que se enriquecen cada vez más con las nuevas tecnologías.
La fotografía tiene valor histórico para nuestra
sociedad y cabe al fotoperiodista decidir como se va a posesionar para
hacer la foto. Como ha dicho el fotoperiodista brasileño José Medeiros:
"El reportaje fotográfico es una operación conjunta de ojos, curación y
inteligencia. Fotografiamos lo que vemos y lo que vemos depende de quien
somos".
Un fotógrafo habilidoso es capaz de fotografiar bien
cualquier cosa. El fotoperiodista fotografía cualquier cosa, pero con más
objetividad, buscando a través de la imagen detener el máximo posible de
belleza plástica, con preocupaciones sociales, creyendo que su obra es
capaz de transmitir, de alguna forma, la seguridad de quien está revelando
la verdad.
Con esto el fotoperiodista se encuentra en la posición
privilegiada al hacer fotografías porque puede alcanzar mayor calidad por
lo desarrollo de técnicas y conocimientos especiales.
La fotografía es fuerte y poderosa, arte e idea, hecho y
prueba, mucho más que sueño prosaico de Niepce y Daguerre."
Divisiones del fotoperiodismo
De un modo general, el fotoperiodismo se divide en
distintas áreas: política, social, artística, policial, deportiva y
general, y que se destaca de cada sector depende de la dirección del
periódico. Esas divisiones implican una especialización también del
fotoperiodista, que permaneciendo mucho tiempo en un sector, acaba por
determinarlo.
Jehovah y Medeiros poseen el mismo punto de vista sobre
el fotoperiodista, de esa forma, algunas exigencias son impuestas por
Jehovah, para quien desea ingresar en esta profesión: coraje, paciencia,
presencia de espíritu, habilidad y técnica. Para Pedro Romualdo,
fotoperiodista del ‘Jornal de la Ciudad de Bauru’, el fotoperiodista "es
un profesional de la fotografía que registra hechos no visto por otros
ojos, capta momentos de la fotografía diferente de los ojos comunes que
fotografían. Pero en esencia el fotoperiodista es el profesional de la
fotografía que se ha dedicado a fotografiar y publicar sus fotos para
otras personas como información y reforzando la credibilidad de la
noticia."
El fotoperiodista no trabaja con planeamiento o
"layout". Tiene que captar lo que está ocurriendo y pensar rápidamente. No
existe el mejor momento para fotografiar. Todo momento es para ser
fotografiado. Lo que hay es oportunidad de fotografiar, con efecto,
sintiendo el hecho relevante para que la foto pueda tornarse documento,
historia y confirmar la noticia.
Para Zarcillo, que es también profesor de Edición en el
curso de periodismo de la Universidad Estatal Paulista, "el fotoperiodista
es un luchador. Cada acontecimiento importante es una lucha para la
conquista de un espacio en el palco de los acontecimientos. Si el
fotoperiodista no tuviera valentía, va a tener vida corta en el periódico.
Ese tipo de riesgo, es evidente, tiene sus limites. Nadie puede exigir que
el profesional ponga en juego su vida o su integridad física. El
fotoperiodista no puede pasar de testigo a personaje del hecho. La foto
proporcionará al publico una lectura inmediata, sin esfuerzo, del
acontecimiento. La foto de una persona debe enseñar más que solo su
apariencia. El fotoperiodismo necesita descubrir formas de llenar la
imagen con informaciones al respecto de su manera de vivir, o captar
expresiones que caracterizan el estilo y de vida de la persona
fotografiada o los aspectos dramáticos del hecho. Debe establecer una
relación personal entre el fotoperiodista y la imagen que hace.
Zarcillo siempre defiende el uso del talento, más que la
sofisticación de los equipamientos: "Cuando era responsable por la
administración de un periódico rehusé, muchas veces, a comprar filtros y
objetivos sofisticadas encargadas por el sector de fotoperiodismo.
Reconozco la importancia de la técnica en el fotoperiodismo, pero para
conseguir expresar el "invisible" de la mente del fotógrafo no es
necesario toda una parafernalia. Tenemos que perseguir la realidad
objetiva, sin "filtros".
Las personas, en general, creen que la fotografía es 50%
técnica y 50% creatividad. En el fotoperiodismo esta norma no es válida.
El futuro nos reserva equipamientos cada vez más automatizados, hasta el
día en que la habilidad técnica exigida del fotoperiodista será mínima y
todo se resumirá en su capacidad técnica y no en su sensibilidad".
Discutir al respecto de ética en fotoperiodismo es una
tarea difícil porque no están bien definidas de quién es la
responsabilidad de la foto, que se queda siempre entre el fotoperiodista
que ha hecho la captación de la imagen y el editor que la ha publicado.
El profesor responsable de la asignatura Ética en
Periodismo de la Universidad Estatal Paulista, Paulo Sérgio Simonetti,
comenta "Ya fue exhaustivamente estudiado y discutido el comportamiento
ético en el fotoperiodismo. Sabemos que la invasión de la privacidad, la
publicación de fotos sin autorización, fotos sensacionalistas, etc., son
procedimientos condenables por los códigos de ética profesional. Todo esto
lo entendemos como materia más que conocida y de discusión permanente.
Como contribución para el tema me gustaría levantar otro problema.
Entendemos por producción periodística la reproducción de hechos del
cotidiano que atienden a características especiales, entre ellas, la
objetividad. En el caso del fotoperiodismo, ¿cuál sería entonces su
compromiso ético? Puedo garantizar que es sin duda también la objetividad,
que es la actitud de reproducir en lo simbólico el hecho. En este momento,
la cuestión ética se mezcla con la estética.
¿Hasta dónde los recursos tecnológicos de producción
pueden distorsionar la imagen publicada? ¿Dónde y cómo se quedan los
principios éticos del fotoperiodismo?
Recientemente, Julia Nogueira de Sá, ombudsman del
periódico brasileño ‘Folha de São Paulo’, ha traído a la discusión un
problema ético de la mayor actualidad y gravedad: la distorsión deliberada
de imágenes fotográficas por las nuevas tecnologías.
Su ejemplo fue la publicación de las portadas de las
revistas americanas ‘Newsweek’ y ‘Time’. En ambas están las fotos de O.J.
Simpson, famoso deportista y actor norteamericano, un ídolo acusado de
matar a su ex novia y al entonces novio de ella.
En ‘Newsweek’, la foto era normal; en ‘Time’, la foto
estaba alterada por poderosos ordenadores y enseña a un Simpson con cara
de malvado y criminal, una figura asustadora.
De esta forma, esta foto ha perdido su objetividad
periodística, por la distorsión que ha hecho de la realidad, tornándose
anti-ética.
Con el avance de las técnicas que posibilitan la
manipulación de imágenes es necesario empezar a discutir seriamente los
limites de esta práctica.
La creación de un Código de Ética del Fotoperiodismo por
supuesto sería un mecanismo importante de auto-reglamentación, o que
infelizmente es vista por la mayoría de los profesionales como algo
incómodo por el poder de coerción que podría tener con relación a gran
parte de los fotoperiodistas que se aprovechan de su profesión para ganar
dinero de forma deshonesta
Luiz Augusto Teixeira Ribeiro
es Profesor de la Universidad Estatal Paulista, UNESP; Sao Paulo, Brasil.
Doctorando en Periodismo por la Universidad de La Laguna.
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