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Cómo funciona el Fotoperiodismo
99 - La
famosa fotografía de la Piedad de Argel es tal vez la última imagen fija
que, según la fórmula consagrada, dio la vuelta al mundo. Ese día, 23 de
septiembre de 1997, el fotógrafo Hocine de la Agence
France Presse estaba
solo: ningún otro
operador ni cámara. No se podría afirmar lo mismo de
otra imagen, famosísima y casi tan reciente, la del individuo que
bloqueaba una columna de tanques que procuraban intervenir, el 4 de junio
de 1989, durante el movimiento de los estudiantes chinos.
Entre esas dos instantáneas que tienen una fuerza semejante hay una
diferencia fundamental: la primera, tomada por un fotógrafo de prensa al
servicio de una agencia, tiene la ventaja de ser única. En cambio, la
imagen del opositor chino fue captada de manera idéntica por tres
fotógrafos de tres grandes agencias (Associated Press, Magnum y Sipa-Presse),
además de una cámara de la cadena de televisión británica independiente
Itn.
Adiós al cliché único
Qué importa —se dirá— puesto que ambas fotos tuvieron un
impacto similar. Es cierto, pero un cliché único, lo que en la jerga de la
profesión se denomina un scoop, tiene la ventaja de poder cotizarse al
mejor postor en el mundo entero y de negociarse por sumas que pueden
alcanzar decenas de miles de dólares. Ello no ocurre con una foto de la
que existen varias versiones. Si el autor de la Piedad de Argel no hubiese
sido un asalariado de una agencia que a su vez atiende a sus clientes por
un precio fijo y no por pieza (ver recuadro), uno y otra habrían obtenido
por esa sola imagen sumas considerables.
¿Existen actualmente clichés únicos que se aproximen a los que, por su
impacto y su notoriedad, su composición, su valor de instantánea, han
concentrado en un mismo objeto estético informaciones y símbolos? Es
dudoso. Mientras en 1967, el francés Raymond Depardon y el británico Don
McCullin estaban solos en Biafra,1 en 1994 desembarcaron en
Rwanda varios cientos de fotógrafos en charters militares y humanitarios.
Adiós al cliché único... Y, para colmo, al llegar con tres meses de
retraso respecto del genocidio cometido a partir del 6 de abril, todos
esos enviados especiales no pudieron recoger más que las imágenes de las
consecuencias del drama: éxodo, epidemias, o sea las secuelas, pero no el
acontecimiento propiamente dicho.
La oferta y la demanda
La invención oficial de la fotografía data de 1839. Desde
entonces, unas imágenes se han ido sumando a otras, engrosando un número
que aumenta día a día de manera exponencial. Es cada vez más difícil
producir, pese al talento de los reporteros, una imagen que no sea el clon
de una anterior. De ahí que el incremento de las imágenes periodísticas
vaya unido a una baja de sus precios (debida a la ley de la oferta y la
demanda).
Además, una fotografía —imagen muda con una leyenda incompleta o ninguna—
¿tiene sentido en sí? Imaginemos, captado por un objetivo, un jinete que
azota a su cabalgadura: ¿Huye con cobardía del enemigo o se lanza a
enfrentarlo con denuedo? Todo depende, efectivamente, del texto que
acompaña la imagen y del crédito que se le da. Hoy se sabe, por ejemplo,
que las fotografías del Vel’ d’Hiv consideradas durante mucho tiempo
contemporáneas de la siniestra batida,2 son posteriores y
representan una reunión que tuvo lugar dos años más tarde. ¿Y qué decir de
esa instantánea, comentada por el filósofo francés Régis Debray en su
libro L’Oeil naïf,3 en la que aparece un tumulto de curiosos
que miran con displicencia un autobús —una escena banal en resumen— salvo
que ese autobús abarrotado transportaba judíos al campo de Drancy
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25 de septiembre de 1997, en los suburbios de Argel: esta mujer acaba
de perder a varios familiares en la masacre de Bentalha. Es la célebre
“Piedad de Argel”, que fue portada en los periódicos del mundo entero

4 de junio de 1989, durante el movimiento estudiantil en Beijing (Pekin),
un joven desconocido bloquea él solo una columna de tanques

En 1972, la niña
Kim Phuc
huye del napalm de la guerra en Vietnam, ante la indiferencia de los
invasores norteamericanos -
El ‘Agente Naranja’ de Monsanto y Dow
Chemicals
Fotoperiodismo:
cómo funciona
La actividad llamada “fotoperiodismo”
puede adoptar tres modalidades. La primera, y más antigua, se basa en
fotógrafos solitarios e independientes, que conciben y realizan “temas”,
cuya publicación proponen ulteriormente a soportes diversos, las más de
las veces publicaciones periódicas, y en ocasiones diarios. También sucede
que se les encargue su realización de acuerdo con su especialidad o su
talento. La segunda modalidad está constituida por reporteros agrupados en
agencias fotográficas. La más antigua y prestigiosa es sin lugar a dudas
Magnum, fundada en 1945, la única organizada como cooperativa. La más
famosa es la agencia Gamma, fundada en 1967 por Raymond Depardon y sus
socios. A continuación surgieron las agencias Sygma y Sipa-Presse. Todas
están instaladas en París. El principio de remuneración y por ende de
trabajo cambia radicalmente: lo más corriente es que la agencia y el
fotógrafo, después de un acuerdo con la redacción antes de cada misión, se
dividan por mitades tanto los gastos de reportaje como los beneficios
potenciales, esta vez pagados por las publicaciones periódicas en forma de
derechos de reproducción negociados caso por caso. Conservan derechos de
autor sobre todos los clichés. Es la ley del “50-50”, que revolucionó la
práctica del gran reportaje.
Por último, existe una tercera modalidad, el de las agencias de
información (la francesa Agence France Presse, la norteamericana
Associated Press, la británica Reuters) llamadas “telegráficas” en razón
de su origen hace 160 años: todo despacho o fotografía sólo podía enviarse
recurriendo al telégrafo. Los medios de comunicación convenían con las
agencias abonos por un precio fijo, en cuya virtud la utilización de los
clichés era ilimitada igual que la de los despachos. Sus fotógrafos son
remunerados y casi anónimos como la mayoría de los periodistas de agencia.
Perciben emolumentos fijos, cualquiera que sea el volumen de venta de sus
clichés, trátese de una operación inmediata o a largo plazo. Desde hace
poco, las agencias fotográficas internacionales (Gamma, Sygma y Sipa-Presse)
también pagan un salario a una parte de sus fotógrafos. La cifra de
negocios de cada una de esas tres primeras agencias internacionales gira
en torno a 17 millones de dólares al año. |
Esa es una de las limitaciones más serias del fotoperiodismo y, de modo
más general, de la fotografía. La imagen “en la era de su
reproductibilidad técnica”, según la fórmula del filósofo alemán Walter
Benjamin, sólo dice lo siguiente: “Soy la imagen y nada más”. Pese a ese
inconveniente, ciertas instantáneas provocaron un vuelco en la opinión y
cambiaron el curso de la historia. Pensamos inmediatamente en la niña
desnuda huyendo de la aldea de Trang Bang bombardeada por error con napalm
por la aviación sudvietnamita el 8 de junio de 1972 (foto 3, del
vietnamita Nick Ut, agencia AP). O, cuatro años antes, en el asesinato a
quemarropa de un “sospechoso” por Nguyen Loan, jefe de la policía de
Saigón (foto del estadounidense Eddie Adams, agencia AP).4 O en
el cadáver del soldado norteamericano arrastrado desnudo por las calles de
Mogadiscio, que humilló a Estados Unidos y movió a su opinión pública a
rechazar la intervención de sus tropas en Somalia.
Allí radica la debilidad pero también la fuerza del fotoperiodismo:
desencadenar en una fracción de segundo, siempre que las revistas y
periódicos del mundo entero lo capten y le sirvan de relevo, un terremoto
en la opinión. Pero, en este aspecto, la televisión lo ha reemplazado.
Aunque en la pantalla pequeña, la imagen a menudo sea de calidad inferior
a las instantáneas de las horas de gloria del fotoperiodismo, le añade
complementos nada desdeñables: el sonido, el comentario y eventualmente la
transmisión en directo, que suscitan mucho mejor la adhesión del público.
Desde el punto de vista estético, la fotografía no tiene nada que envidiar
al documento televisado que poco a poco ha ocupado su lugar. La imagen
fija puede observarse con detenimiento y perdura, en cambio la imagen
televisada es efímera. Pero el reportaje televisado, aunque no sea siempre
de excelente calidad, suele ser explicativo, pedagógico, didáctico. Y,
puesto que a partir de los años sesenta en casi todos los hogares hay un
aparato de televisión, la imagen televisada conquista una audiencia muy
vasta. La foto sólo puede hacer valer la belleza de su elaboración, el
coraje de sus reporteros y esa nobleza que consiste en fijar el instante,
ni un segundo antes, ni un segundo después.
La “telepresencia”, según la expresión del francés Jean-Louis Weissberg,5
terminó con el reinado de las revistas impresas, incluso las más
prestigiosas, que, salvo si dan un “golpe” excepcional, ya no fabrican
opinión. Lo que Debray llama la “videosfera” se ha apoderado
definitivamente de la actualidad inmediata, dejando al periodismo
fotográfico sólo ciertas obras de autores, cuya publicación por lo demás
les resulta cada vez más difícil.
¿Cabe afirmar entonces que asistimos a su fin? Tal vez no, pero la
metáfora deportiva de la recta final quizás pudiera aplicarse a la
situación. Todas las agencias fotográficas, si no fundadoras al menos
renovadoras de ese oficio (Gamma, Sygma, Sipa-Presse), se han ido
debilitando al punto de trasladar su actividad a sectores que no
corresponden a su vocación inicial (ilustración de libros, diccionarios,
enciclopedias; ejecución de pedidos de instituciones públicas y privadas
para ilustrar sus actividades de comunicación; fotos sobre los altibajos
del destino de personas famosas; o incluso simples tareas de laboratorio).
Así la agencia Sygma, hasta que fue comprada hace dos años, vivía en un
60% de sus fotos de gente famosa, y las imágenes de actualidad ni siquiera
representaban 10% de su cifra de negocios.
Por consiguiente, dichas agencias se han debilitado también en el plano
económico, convirtiéndose en presas fáciles y tentadoras para capitales
exteriores. A ciertos grupos financieros que inicialmente no tenían ningún
vínculo especial con la fotografía, convertirse parcialmente en dueños de
una agencia famosa les reporta más, en cuanto a prestigio, que lo que les
cuesta su adquisición, por lo demás a un precio bastante módico si se
consideran los recursos de que disponen. Así, hay capitales bancarios que
consiguieron una participación importante en Gamma en 1997. Y grupos
gigantescos, como el de Bill Gates con su banco de datos Corbis, tratan de
apoderarse de los fondos de archivos fotográficos: de ese modo Corbis
compró Sygma en junio de 1999. Como todas las imágenes tomadas por los
fotógrafos remunerados por la agencia están libres de derechos de autor,
pueden reproducirse hasta el infinito sin que sus autores puedan reclamar
la más mínima compensación. Dichos grupos pueden entonces entrar a saco en
esos fondos para ilustrar a bajo costo sus actividades multimedia o lanzar
esos clichés mucho menos caros al mercado, aunque sean antiguos.
Cuestión de talento
“Hoy resulta sumamente difícil distinguir una foto de
actualidad, reciente y muy costosa, de una mucho más barata, extraída de
un fondo de archivos”, explica Roger Thérond, ex director del semanario
francés Paris-Match. Ahora bien, aunque su defunción se predice desde hace
veinte años, la prensa escrita sigue existiendo y siempre va acompañada de
ilustraciones. ¿Entonces?
Entonces, estaríamos asistiendo a la ley del movimiento pendular. En 1903,
el ingeniero francés Edouard Belin inventó una máquina a la que dio su
nombre, el belinógrafo, que permitía transmitir una foto por teléfono,
de un punto a otro del planeta, tal como hoy se envía un fax. Gracias al
belinógrafo, todos los periódicos del mundo pudieron recibir en tiempo
real fotografías del día, que publicaban al día siguiente. Para hacerlo
hubo que crear redes controladas por agencias llamadas por ese motivo
“telegráficas” (Agence France Presse, Associated Press, Reuters). Hoy
prácticamente solas en el ámbito de la fotografía de actualidad, esas
agencias siguen cubriendo los acontecimientos mundiales paralelamente a
las cadenas de televisión. Sus reporteros remunerados no pretenden nada
más que eso. Como afirman ellos mismos, esos cientos de artesanos casi
anónimos no hacen más que su trabajo. A la gran mayoría de los periódicos
les bastará con eso. En cuanto al destino del fotoperiodismo en sentido
estricto, es decir la construcción de “historias” en imágenes fijas,
dependerá en el futuro del talento de un puñado de artistas que
constituirán excepciones consagradas.
1 NDLR: El conflicto de Biafra fue un intento de secesión armada de esa
región de Nigeria. Duró treinta meses (1967-1969).
2. El 16 y el 17 de julio de 1942, más de 12.000 judíos franceses fueron
detenidos y concentrados en el Vélodrome d’Hiver (Vel’ d’Hiv), en París,
antes de ser trasladados, en su mayoría, al campo de tránsito de Drancy,
en los suburbios de la capital francesa, y luego deportados hacia los
campos de la muerte.
3. Editions du Seuil, París, 1994.
4. Ambas fotografías recibieron el Premio Pulitzer, el más importante en
Estados Unidos.
5. En Présence à distance, L’Harmattan, París, 1999
Edgar Roskis es periodista y profesor del
Departamento de Información-Comunicación de la Universidad de París X (Nanterre),
Francia
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